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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 196 | Julio 1998
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Honduras

Proyecto Patuca II: alerta nacional, alerta global

Ningún proyecto de tan gran escala en Centroamérica, después del Canal de Panamá, como el proyecto Patuca II. Ninguna amenaza mayor para la vida de los bosques y para las riquezas naturales escondidas en el "corredor biológico mesoamericano" que este gigantesco proyecto transnacional.

Marvin Barahona

El tema de la Mosquitia Hondureña, convertida en puente del narcotráfico internacional, logra en los medios de comunicación nacionales más espacio que el que merece la secular pobreza y el abandono en que se encuentra esta región del noreste del país. El diario La Prensa, de San Pedro Sula, dedicó en junio páginas completas a relatar fantásticas historias sobre el frenesí de abundancia en que estarían viviendo los habitantes de la Mosquitia, transformados en "buscadores" y "revendedores" de cocaína.

El diario describía el modus operandi de los carteles que actúan en la región: la droga queda a la deriva en alta mar, la dejan allí embarcaciones sudamericanas que no se atreven a desafiar la vigilancia de la DEA y de las autoridades hondureñas, los habitantes de las costas se dedican a buscar los fardos flotantes para venderlos a los "capos" locales del narco, intermediarios de una red con tentáculos que llega hasta Estados Unidos...

El tráfico de cocaína según La Prensa habría producido un boom económico en toda la región, donde las formas tradicionales de subsistencia, la agricultura y la pesca, empezarían a ser recuerdos de una época triste de pobreza y atraso y hoy, gracias a los jugosos ingresos del tráfico de drogas, los "antiguos" pobres ya pueden adquirir todo lo que el mundo moderno les ofrece para una vida cómoda y feliz...

Desconocida y abandonada

Historias así, sensacionalistas y generalizadoras, provocan sonrojo e indignación en todos los mískitos y ladinos honrados, que lejos de disfrutar del botín que los medios les atribuyen, siguen trabajando con abnegación para sobrevivir a su miseria. Aunque el incremento del narcotráfico en la Mosquitia es un hecho indiscutible para las autoridades, las organizaciones de base y los moradores de la región, la realidad es que el fenómeno se limita a un reducido espacio de los más de 16 mil kilómetros cuadrados de esta región y que el ilícito negocio sólo beneficia a un reducido número de sus más de 50 mil habitantes.

En el fondo, lo que estas historias evidencian es un profundo desconocimiento de la realidad de la Mosquitia y el afán de algunos medios por desviar la atención de la opinión pública de los graves problemas que la región enfrenta. La "magia" de la comunicación busca transformar un Macondo olvidado en un reino de abundancia, pretende que el abandono estatal se lea con fatalismo y que la voracidad de las transnacionales y de los depredadores de la ecología sean vistos como imprescindibles manifestaciones de la globalización.

Un "vacío oneroso"

Lo que reflejan los medios de comunicación de hoy obedece a una vieja y arraigada costumbre hondureña: ignorar a la Mosquitia atribuyéndole siempre lo peor. Región excéntrica, remota e inaccesible, selva sin dueño que, aunque pertenece geográficamente a la nación hondureña, aún no es conocida por sus nacionales ni ha sido aceptada plenamente en la historia del Estado.

Tan cerca como en los años 50, cuando el alemán Karl M. Helbig exploró el noreste de Honduras, no pudo encontrar ningún mapa exacto de esa porción del territorio nacional. Esto lo motivó a elaborar él mismo algunos mapas y a escribir y publicar una de las monografías más completas que existe sobre la Mosquitia. Relata Helbig que el desconocimiento de la región entre los funcionarios del gobierno era tal que, cuando él les informó sobre la invasión de una parte de ese territorio por tropas nicaragüenses, dijeron no saber nada o negaron la veracidad de los hechos. La ignorancia sobre la región no era entonces exclusiva de los hondureños. Según Helbig, los mapas de la Aeronautical Chart Service en Washington no hicieron referencia a la Mosquitia hasta 1953. "Vacío oneroso": así calificó esta situación el científico alemán. Cuatro décadas después, la Mosquitia hondureña sigue siendo vista por los hondureños de la misma forma en que ven la lejana Amazonía. Ya no falta información, pero sí continúa predominando el desdén y la ausencia de una visión estratégica sobre esta región del país.

Frontera cultural

Con sus 16 mil 630 kilómetros cuadrados, el territorio de la Mosquitia es el segundo en extensión del país. Está situado en el extremo nororiental de Honduras, entre los ríos Patuca y Segovia. Se ubica principalmente en el departamento de Gracias a Dios, prolongando sus extremos hasta los departamentos vecinos de Olancho y Colón y traspasando la frontera con Nicaragua en otro de sus extremos hasta llegar a Bluefields. Su densidad poblacional es la más baja de Honduras: 2.8 habitantes por kilómetro cuadrado en 1996. Apenas supera, en total, los 50 mil habitantes, mayoritariamente mískitos. Entre las minorías se cuentan varios miles de ladinos nativos o recién llegados , de negros garífunas y de indígenas tawahkas y pech. La mayoría de estos 50 mil pobladores vive en agrupaciones pequeñas y dispersas a lo largo de los ríos, la costa y el llano. La diversidad étnica hace de la Mosquitia la frontera cultural de Honduras.

Patrimonio de la humanidad

Son inmensas las riquezas naturales de la Mosquitia. Merece especial mención la Reserva de la Biosfera del Río Plátano, declarada por la UNESCO patrimonio de la humanidad; la Reserva de la Biosfera de Tawahka Asangni y el Parque Nacional Patuca. Estas tres reservas naturales cubren una extensión que se aproxima al millón de hectáreas. Además, las llanuras de la Mosquitia albergan el área más extensa de bosque húmedo tropical intacto de Honduras y forman parte del "corredor biológico mesoamericano", que se extiende desde México hasta Colombia conteniendo una de la más rica biodiversidad del continente. Estas riquezas, de importancia mundial, están hoy amenazadas por peligros y riesgos que no son sólo los del narcotráfico.

Según lo denunciado por organizaciones indígenas de base como la Moskitia Asla Takanka (Unidad de la Mosquitia) y la Federación Indígena Tawahka de Honduras (FITH), los dos peligros más graves son hoy el proyecto transnacional Patuca II, destinado a construir una represa hidroeléctrica sobre el cauce del río Patuca; y el "frente de colonización", formado por campesinos migrantes, cortadores de madera y compañías ganaderas y agroindustriales que avanzan sobre la región y destruyen sus reservas naturales.

¿Financia el Banco Mundial?
La represa hidroeléctrica, un proyecto de Harza Engineering Company International y Panda Energy International, se construirá sobre el río Patuca, a pocos kilómetros de las reservas Río Plátano y Tawahka, y producirá 700 megavatios de energía eléctrica. Según las dos empresas transnacionales, el proyecto aprovechará el potencial hidroeléctrico del río Patuca el más largo del país con la construcción de un área de embalse de 45 kilómetros cuadrados y el almacenamiento de 1 mil 390 millones de metros cúbicos de agua en una represa que alcanzará 105 metros de altura.

Harza firmó en 1996 una carta de intenciones con la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, obteniendo los derechos para la construcción del proyecto. Este será financiado con fondos privados externos y está previsto su inicio para mediados de 1999. La energía empezaría a ser aprovechada hasta el año 2003 y serviría para satisfacer la demanda de varios países centroamericanos.

En declaraciones de los representantes de las organizaciones indígenas y de otros grupos integrados a la Plataforma creada para oponerse al proyecto, se menciona al Banco Mundial como uno de los financiadores del proyecto a través de la IFC (Corporación Financiera Internacional). Pero un funcionario del Banco Mundial, en conversación con dirigentes indígenas, sostuvo que no existen compromisos formales entre esa institución y Harza y en caso de haberlos, las empresas constructoras deberán cumplir con los requisitos ambientales establecidos por el Banco Mundial.

Tesoros en peligro

La ONG Moskitia Pawisa (MOPAWI), radicada en la región, elaboró comentarios y observaciones sobre el Estudio de Impacto Ambiental propuesto por Harza. Sostiene que, con la excepción del Canal de Panamá, no existe proyecto de tan gran escala en Centroamérica, lo que exigiría una estrategia ambiental elaborada por un personal altamente calificado y experimentado y señala que el gobierno de Honduras carece de personal ambiental, de seguridad y de operación apto para supervisar un proyecto de tal envergadura.

El área de ubicación del proyecto Patuca II abarca una porción importante del bosque húmedo tropical, colindante con la Reserva Indígena Tawhaka, la Reserva de la Biosfera del Río Plátano y las áreas protegidas propuestas en Río Patuca/Bosawás, zonas que atesoran el bosque húmedo tropical de mayor extensión del continente, después del Amazonas. Los riesgos y peligros identificados por MOPAWI son, entre otros: la pérdida de la biodiversidad y el incremento de la colonización y la deforestación, con la apertura de vías terrestres de acceso a la región. Una de ellas será una carretera de 100 kilómetros entre el municipio de Catacamas, en Olancho, y el área que ocupará la represa.

Una estructura de retención de agua tan grande como la proyectada sostiene MOPAWI crearía, en caso de presentarse una falla, un riesgo significativo para las personas y propiedades cercanas a la represa. Por otra parte, las poblaciones mískitas y tawahkas ubicadas río abajo del lugar del proyecto quedarán expuestas a mayores presiones de la población ladina del interior, lo que pondrá en riesgo la propia sobrevivencia de estas comunidades. Otro punto negativo. La represa y otros componentes del proyecto Patuca II estarán ubicados en un área colmada de sitios arqueológicos de gran valor para Honduras y para la humanidad. Estos tesoros, sin duda, serán destruidos por el proyecto, como ya ocurrió con la represa El Cajón, en el norteño departamento de Cortés.

¿Por qué el gigantismo?

Son muchos los riesgos y los posibles daños que encierra este proyecto. Son muchas también las preguntas que exige. ¿Por qué se ha seleccionado precisamente este lugar para la construcción de la represa? ¿Por qué el gigantismo sigue siendo considerado como solución a los problemas energéticos de Honduras, si otro gigante hidroeléctrico, la represa El Cajón, se agotó como solución antes de que el país hubiera terminado de pagar la deuda contraída para su construcción?

Otras alternativas de generación de energía eléctrica más baratas, sostenibles y adecuadas a la protección del ambiente no han sido exploradas suficientemente por el gobierno hondureño. MOPAWI y otras organizaciones y expertos han presentado alternativas: construcción de estaciones pequeñas y descentralizadas, esquemas hidroeléctricos pequeños y manejables, tecnologías de energía renovable solar, eólica, biomasa o vías para un uso más eficiente de la energía ya disponible. Todas estas alternativas disminuirían los elevados costos de megaproyectos como Patuca II y evitarían sus terrribles riesgos ecológicos.

Plataforma contra Patuca II

A la oposición de las organizaciones indígenas de base se ha sumado un número creciente de otras organizaciones, incluyendo dos municipios, los distritos escolares, agrupaciones ambientales, ONGs y otros grupos de dentro y fuera de la región. En la actualidad, los grupos opositores suman más de 50 y han creado una coordinadora, la Plataforma Patuca II. Su objetivo es unir esfuerzos y crear conciencia en la opinión pública hondureña e internacional sobre las nocivas consecuencias que la construcción de la hidroeléctrica traería a las áreas protegidas, a los pueblos indígenas y a todo el medio ambiente de la Mosquitia.

De las asambleas realizadas por la Plataforma han surgido ya tres declaraciones, conocidas por el nombre del lugar donde han sido suscritas: Catacamas (Olancho), Ahuas (Gracias a Dios) y Tegucigalpa. La Declaración de Catacamas fue tajante al declarar que la pretensión de construir la represa amenaza los frágiles ecosistemas del corredor biológico mesoamericano y afectaría, hasta el límite de la sobrevivencia, a los asentamientos humanos concentrados en él.

A mediados de mayo, las organizaciones reunidas en Catacamas rechazaron el proyecto hidroeléctrico, condenaron las negociaciones del gobierno con las empresas transnacionales y exigieron al Estado firmeza en la conservación y protección del corredor biológico mesoamericano y la adopción de medidas para detener los cortes de madera y el avance agrícola y ganadero en las Reservas de la Biosfera del Río Plátano y Tawhaka y en el Parque Nacional Patuca.

Carlos Luna, mártir en Catacamas

Catacamas es puerta de entrada a las esplendorosas reservas naturales de Honduras y al corredor por donde el "frente colonizador" avanza con más rapidez y peligrosidad. Pocos días después de emitida la Declaración de Catacamas fue asesinado uno de sus firmantes, el ecologista y regidor municipal Carlos Luna, férreo opositor de quienes arrasan el bosque. El asesinato de Luna se sumó al de Janneth Kawas, ambientalista que años atrás murió por defender la misma causa justa. Ambos crímenes continúan impunes, aunque la policía no deja de asegurar que trabaja para esclarecerlos. Hoy, la protección de los recursos naturales de Honduras se está convirtiendo en terreno de conflicto en el que los más comprometidos ponen en riesgo hasta su vida.

Desde México a Colombia

El corredor biológico mesoamericano está compuesto por fajas, hábitats o bloques naturales que van desde México hasta Colombia. En él coexisten diferentes ecosistemas que, en su rica diversidad, acogen especies de valor mundial. La sección hondureña de este corredor biológico incluye todas las áreas protegidas o por proteger. En Honduras, son 107 las áreas protegidas y en total abarcan el 24% del territorio nacional, unos 2.5 millones de hectáreas. Pese a su condición de "áreas protegidas", más de la mitad de su extensión ha sido convertida ya a tareas agropecuarias. La Reserva de la Biosfera del Río Plátano tiene 525 mil 100 hectáreas; la Reserva de la Biosfera Tawahka Asangni, 233 mil 142 hectáreas; y el Parque Nacional Patuca, una extensión similar a la reserva de Tawahka.

"Frente de colonización"

Diversas misiones estatales de reconocimiento enviadas a la región entre 1990 y 1993 registraron la presencia de 20 a 30 mil habitantes asentados en Río Plátano, unos 3 mil 700 de los cuales había penetrado ya en el núcleo de la Reserva. Algo similar sucedía en el área núcleo de la Reserva de Tawahka Asangni y en el Parque Nacional Patuca. Este contingente humano crece con el paso del tiempo y avanza aceleradamente sobre las riquezas naturales. Es el "frente de colonización", que está creando serios conflictos en la región y amenaza con su destrucción masiva.

¿Quiénes integran este frente colonizador en la región nororiental y qué intereses se mueven a su alrededor? Un estudio reciente trata de responder a esta pregunta clave. A primera vista dice el informe se trata de campesinos pobres del sur, habituados a arrasar el bosque. Tras sus huellas vienen otros que no tienen nada de pobres: medianos y grandes ganaderos, que compran las tierras y las "mejoras" hechas en ellas por los campesinos para convertirlas en pastizales. En ocasiones, existen compromisos y acuerdos previos entre ambos grupos.

Los grandes ganaderos suelen ser "políticos influyentes" o militares, como los que se establecieron en los linderos de la Reserva Tawahka, denunciados en su momento por representantes de esta etnia. "Ultimamente agrega el estudio se sabe que empresas agroindustriales han iniciado la compra de tierras en las cercanías de esas regiones para desarrollar proyectos de plantaciones, posiblemente de palma africana". Otro grupo importante en el "frente de colonización" es el de los cortadores de madera de color. Provistos de automotores y motosierras destruyen extensas áreas del bosque en la más completa impunidad.

Una trama de intereses

El estudio concluye: "Los testimonios de las poblaciones indígenas afectadas y de técnicos de campo revelan toda una trama de utilización del poder político, militar y económico y de las necesidades de los campesinos pobres para sacar provecho de las debilidades institucionales existentes y sumarse al juego de la especulación de tierras y la depredación". El estímulo para que las comunidades de la región participen en el cuidado de las áreas protegidas es insignificante o nulo. Y la sociedad, en general, maneja una información limitada acerca del valor de las áreas protegidas. Así, las riquezas naturales de Honduras están desamparadas y la sociedad civil apenas puede desarrollar acciones más significativas.

El XIII Congreso ordinario de Moskitia Asla Takanka (MASTA), la organización que representa al pueblo mískito, celebrado a finales de mayo, puso en perspectiva la agenda actual de esta región y propuso algunas alternativas de solución ante el complejo conjunto de problemas que mantiene a la Mosquitia sumida en la miseria, la inseguridad y el abandono.

Drogas y buzos lisiados

El narcotráfico fue motivo de discusión en el Congreso de MASTA, expresando los líderes comunitarios su inquietud y preocupación, especialmente por el incremento del consumo de drogas entre los jóvenes. La situación de los buzos lisiados cuyo número se eleva a diario constituye una especial preocupación de las organizaciones mískitas. El gran número de mískitos que resultan discapacitados por la explotación a la que son sometidos en la pesca submarina de langosta y camarón es un problema creciente. Las compañías pesqueras no cumplen con los requisitos mínimos de seguridad y protección de los trabajadores indígenas, violando el Convenio 169 de la OIT. MASTA y otras organizaciones mískitas exigen al gobierno hondureño apoyo para rehabilitar a los trabajadores lisiados y la inmediata aprobación de un decreto que regule las actividades de pesca submarina y dé protección y garantías a los trabajadores.

La tierra: un tesoro

El problema de la tierra y su condición jurídica sigue siendo un problema central. La falta de titulación de los espacios ocupados por los mískitos y otros pueblos originarios es un reto para las organizaciones que los representan. Lo es también para el Estado y el régimen jurídico vigente. En los últimos años, las comunidades de la Mosquitia han demandado públicamente al Estado que titule las tierras ocupadas por los pueblos de la región respetando su tradición y su cultura, pero apenas se ha logrado avanzar en la solución de este problema. Las organizaciones mískitas someterán a consideración del Congreso Nacional y del Instituto Nacional Agrario, responsable de la adjudicación y titulación de tierras en el país, un anteproyecto de ley. El talante socialdemócrata y la vocación negociadora del director de este organismo, el liberal Aníbal Delgado Fiallos, hace pensar a los indígenas en una solución favorable. No obstante y como también lo saben los dirigentes indígenas , el poder en Honduras no reside en las instituciones estatales. Es monopolio de las cúpulas políticas y económicas, cada vez más vinculadas al capital global.

El pueblo: otro tesoro

Pero siempre hay fisuras. También el interés global ha hecho del manejo sostenible de los recursos naturales un tema prioritario. Muy diversas organizaciones mundiales están interesadas en preservar la riquísima biodiversidad de Honduras, hoy en peligro por el proyecto Patuca II. Además, el tema de los recursos naturales y el de las tierras indígenas aparecen vinculados a la aplicación del Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, ratificado por el Congreso hondureño en 1994 y cuya implementación está siendo exigida por las organizaciones indígenas.

Aunque los indígenas reclaman la intervención del Estado en la resolución de los problemas más urgentes, no dejan de realizar esfuerzos para consolidar la capacidad organizativa, movilizadora y propositiva de sus propias organizaciones, aún no suficientemente fuertes. Esas debilidades están compensadas y así se ha demostrado en diversos momentos con la capacidad de diálogo de los indígenas, muestra de su madurez y habilidad política, sin duda otro de los valores que atesora la Mosquitia, esta singular región de Honduras.

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