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  Número 308 | Noviembre 2007
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Guatemala

Razones, pasiones y valores de un voto

Álvaro Colom es el nuevo Presidente de Guatemala. ¿Seguirá los pasos de su tío, Manuel Colom Argueta, asesinado en 1979, tal vez el líder político más notable de los últimos 50 años? Los próximos cuatro años lo dirán. Lo que ya nos ha dicho este año electoral es que una voluntad política colectiva le bloqueó el camino al gobierno a un militar, al general en retiro Otto Pérez Molina. Una decisión positiva y de gran valor simbólico.

Juan Hernández Pico, SJ

Terminó en Guatemala la campaña electoral de 2007. Concluye con el triunfo en segunda vuelta del ingeniero Alvaro Colom Caballeros, autodenominado socialdemócrata, sobre Otto Pérez Molina, ex-general del Ejército, quien se ubicó como de centro-derecha.

RAZONES DE LA ABSTENCIÓN

Una vez más, la participación de la población fue en la segunda vuelta muy inferior respecto a la primera vuelta. Casi el 52% del electorado se abstuvo de emitir su voto. En la primera vuelta fue el 40%.

Muchos análisis coinciden en que este alto porcentaje de abstencionismo en la segunda vuelta, ya tradicional, se debe a que no hay segunda vuelta para las alcaldías y esto hace que disminuya sensiblemente el interés local en votar. Parece evidente que otros dos factores intervinieron esta vez para aumentar el abstencionismo. Que asqueó a la ciudadanía el elevado nivel de grosería y mutua agresión en la campaña por parte de ambos candidatos. Y que la facilidad para unir las fechas del 1 al 5 de noviembre en un prolongado puente de feriados, provocó la tentación -difícil de superar- de abandonar la capital y otras ciudades, más aún cuando ya la mayoría de los institutos y colegios habían clausurado su ciclo escolar.

POR PRIMERA VEZ
NO DECIDIÓ LA CAPITAL

Alvaro Colom obtuvo 1 millón 449 mil 153 votos (53.82% de los votos vàlidos). Otto Pérez Molina logró 1 millón 294 mil 645 (47.18%). La diferencia entre ambos fue de 5.64% a favor de Colom. Se contabilizaron además 101 mil 214 votos nulos y 50 mil 601 votos en blanco.

Colom ganó en 20 de los 22 departamentos del país. Pérez Molina ganó en dos, uno de ellos el departamento de Guatemala, con la capital dentro de él; el otro el Departamento de Baja Verapaz, geográficamente justo al norte de Guatemala. A pesar de que Pérez Molina derrotó a Colom por veinte puntos porcentuales (60-40) en el departamento de Guatemala, capital incluida, esta victoria no fue suficiente para compensar la pérdida que sufrió en los departamentos del interior de la República, en algunos de los cuales fue derrotado por Colom por porcentajes aún mayores. El voto de la capital -donde el abstencionismo provocado por el puente de feriados probablemente impactó como en ninguna otra región del país- perdió su hegemonía y, por primera vez, fue el voto del interior del país el que más influyó en la elección del nuevo Presidente.

Muchas veces se ha preguntado, con admiración y asombro, cómo en departamentos como Huehuetenango
y El Quiché, por ejemplo, de mayoría indígena y donde la guerra fue tan dura, en elecciones anteriores el voto haya sido mayoritariamente por el FRG del ex-general Ríos Montt. No es fácil analizar esta circunstancia. En esta ocasión, la respuesta del voto indígena ha sido más adecuada a las expectativas y los departamentos indígenas se volcaron a favor de Alvaro Colom. Muchos recuerdan su buena gestión como director de FONAPAZ durante el gobierno de Alvaro Arzú (1996-2000).

LA DEMOCRACIA PROCESUAL
Y LA DEMOCRACIA SUSTANTIVA

El texto anterior que Envío publicó, “Sobrevivir a las elecciones” -que escribí analizando los resultados de la primera vuelta- causó un cierto interés en algunos grupos intelectuales de la capital. Miguel Angel Balcárcel organizó un “Café político” en el PNUD el 15 de octubre, al que asistimos unas 35 personas tomando ese texto como base para un debate.

Después de haberlo expuesto, lo comentaron Edelberto Torres-Rivas y Mauricio López Bonilla. Edelberto subrayó en pocas palabras la importancia de distinguir entre la democracia procesual o instrumental y la democracia sustantiva a la hora de examinar y valorar los avances democráticos en Guatemala en el período 1985-2007. Es en el campo de la democracia procesual o instrumental -que antes llamábamos formal desde la izquierda y cuyo valor disminuíamos estratégicamente- donde se han dado los avances que él destaca. Otra cosa es el campo de la democracia sustantiva, donde estamos aún lejos de alcanzar objetivos importantes: disminución de la pobreza, reducción de la brecha de la desigualdad, auge participativo en la sociedad civil, consolidación de la descentralización del poder en consejos comunales y departamentales, etc., etc. Enfatiza Edelberto que debemos mantener clara la distinción conceptual y asimismo valorar estratégicamente lo que en otros tiempos no valoramos.

LA DEMOCRACIA HOY POSIBLE
Y LA DEMOCRACIA IDEAL

Mauricio López Bonilla, teniente coronel retirado del Ejército y politólogo, insistió en que debemos pensar en la democracia posible hoy por hoy y no en el paradigma ideal de país democrático que desearíamos. Planteó la pregunta de si debemos afrontar la elección presidencial como un voto de castigo a quien se considere el peor de los dos o como un voto proactivo por el mejor de ambos. Y eso, en un país donde estamos viviendo las consecuencias de cómo se enfrentó militaristamente el problema social: se mató a las mejores cabezas de la academia y a los mejores políticos. Hizo pensar realistamente en que es difícil pensar en independencia, tanto en términos del CAFTA como en la agenda de seguridad, en un país que está ubicado en la alargada frontera sur de los Estados Unidos.

IDEOLOGÍA, PLUTOCRACIA, FRAGILIDAD...

Se abrió luego un amplio debate. No es mi objetivo resumirlo. Sí quiero destacar algunos aportes cruciales, a mi juicio. Uno, el de Pedro Trujillo, de la Universidad Francisco Marroquín, que juzgó que lo que mi texto había hecho, en lugar de mantenerse en los términos tan lúcidamente expresados por Edelberto Torres-Rivas, era intentar imponer a la democracia un esquema ideológico además de trasnochado.

Otro, el de Miguel Angel Reyes, que indicó que, la forma de régimen constituye, en su opinión, la articulación entre la democracia procesual y la sustantiva; y que en Guatemala la forma de régimen está convirtiéndose en plutocrática, de manera que el poder del dinero es el que determina las candidaturas, el espacio que medios de comunicación masivos les otorgan y el financiamiento que les permite lanzarse y mantener una campaña competitiva.

Otro, el de Alejandro Balsells, que llamó la atención sobre la crítica fragilidad de la democracia procesual, ya que estas elecciones estuvieron a punto de no celebrarse por falta de presupuesto y por poca capacidad para administrar la nueva desecentralización de las Juntas Receptoras de Votos. Además, se produjeron 73 impugnaciones a las elecciones municipales y el trabajo del Tribunal Supremo Electoral fue severamente cuestionado.

Otro aporte, de Víctor Hugo Godoy, iluminó un fallo en la elaboración constitucional del proceso electoral: el hecho de que las alcaldías sean ganadas por mayoría relativa y no absoluta.

Finalmente, el aporte de Amílcar Burgos, constituyente de 1985, quien destacó que se ha logrado que el proceso electoral no sea manejado ni por el gobierno ni mucho menos por el Ejército y que no haya en él discriminación de candidaturas en base a las ideas de los candidatos. Pero que no se ha logrado que los partidos políticos tengan arraigo a nivel local, ni que se elabore el Documento Universal de Identidad. Además, la descentralización electoral ha sido mal concebida por no haberse basado en una microterritorialización de los municipios, para definir quiénes pueden votar y cómo impedir que se obtenga vecindad donde no se vive.

NO SÓLO LA RAZÓN,
TAMBIÉN LA PASIÓN

Puede ser que este debate tenga continuidad. Lamentablemente, no se elaboró un formato que permitiera realmente la oportunidad para dialogar contrastando las diferentes opiniones y aportes en una verdadera conversación. Adelanto aquí alguna contribución a la continuación de este debate. Considerar que emitir juicios de valor sobre las candidaturas presidenciales no es parte de un procedimiento analíticamente riguroso y que, por el contrario, equivale a pretender ilegítimamente imponer un esquema ideológico a la democracia es, al menos, cuestionable.

Como diría Boaventura de Souza Santos, existe una alternativa entre continuar utilizando en los análisis sociopolíticos únicamente el paradigma del conocimiento regulativo, es decir, el del dominio de las ciencias de la naturaleza y de la tecnología -donde supuestamente no habría ideología sino simple y sencillamente sometimiento de la investigación y del análisis a la pretendida objetividad de los datos-, o acceder a un nuevo paradigma del conocimiento emancipador que trabaje no solamente con la razón sino también con la pasión y los valores.

En la elección de Guatemala, cuyo proceso acaba de terminar, interesa analizar los procesos democráticos argumentativamente, utilizando toda la fuerza de la razón creativa, sabiendo -está claro desde Heisenberg y su principio de indeterminación- que la investigación modifica la realidad investigada. Por ejemplo, las encuestas de intención de voto modifican las opiniones y tal vez hasta algunas decisiones de los futuros votantes. Pero a mí me interesa investigar y analizar movido por la pasión de la participación, de la profundización y consolidación de la libertad, y de la lucha por la justicia que ubique a los votantes en una condición humana mejor para tomar sus decisiones.

QUIEN ESTÉ LIBRE DE IDEOLOGÍA QUE LANCE LA PRIMERA PIEDRA

Como decía Polanyi, ninguna investigación progresaría mucho si no fuera llevada adelante hacia sus resultados por las “pasiones intelectuales” del investigador.

Me interesa analizar el proceso democrático guatemalteco con una vinculación abiertamente confesada con los valores a los cuales les doy mi adhesión: prefiero una patria guatemalteca de gente menos machista, menos pobre, menos enferma, más educada, menos desigual, más responsable demográficamente, con menor necesidad de emigrar para poder trabajar, más civil, más honesta, donde el dinero sea un caballero menos poderoso... Ya hace años, en una asamblea de alcance latinoamericano, frente a la exigencia de análisis independientes de ideologías, alguien dijo úcidamente: “Quien esté libre de ideología, que tire la primera piedra.”

¿QUÉ HACEMOS,
Y CÓMO LO HACEMOS?

No basta que estemos conscientes de la distinción entre democracia procedimental y democracia sustantiva. Ni del auge en Guatemala de la democracia procedimental. Eso tiene una importancia excepcional.

Pero el paso siguiente para avanzar en humanidad es preguntarnos qué hacemos con la distinción y con el auge. Cómo hacemos para que la enorme relevancia de la democracia procedimental -por ejemplo, de la libertad para entrar en la política cualesquiera que sean mis ideas, de que las elecciones sean administradas sin fraude, de que el padrón electoral sea cada vez más correspondiente con las realidades demográficas y de identidad nacional y vecinal, etc., etc.- no nos paralice en el camino hacia la democracia sustantiva.

El régimen plutocrático de gobierno del que hablaba Miguel Angel Reyes, hoy profundamente complejizado por la diversificación del poder del dinero en poder del capital tradicional y emergente y del capital delincuencial, todos ellos globalizados, ese régimen de gobierno que actúa hipotéticamente como articulación entre la democracia procedimental y la democracia sustantiva creando poderes ocultos políticamente efectivos pero no democráticos, funciona también como un factor paralizante de la democracia mientras no se grave al capital con una carga fiscal que le permita asumir su responsabilidad social y contribuir a que la ciudadanía pueda ejercerse con una libertad más ilustrada y a la vez más apasionada y más basada en valores.

NO GANÓ UN MILITAR:
GRAN VALOR SIMBÓLICO

La actual ciudadanía guatemalteca, con sus acciones participativas y también con sus omisiones a través del abstencionismo, del voto nulo y del voto en blanco, ha formado una voluntad política colectiva que ha bloqueado por el momento el camino hacia el gobierno y hacia un cierto uso del poder del candidato Otto Pérez Molina, general retirado del Ejército. Tal vez eso tenga una eficacia solamente durante cuatro años y el actual candidato derrotado sea electo en 2011.

Si la rueda de la voluntad política de la ciudadanía guatemalteca se mueve, como ha sido el caso en las últimas cuatro elecciones presidenciales, así acontecería: el derrotado en la segunda vuelta de cada elección se “corona” en la segunda vuelta de la elección siguiente. Sea como fuere, la actual decisión política de mujeres y hombres guatemaltecos tiene un gran valor simbólico. El Ejército no ha sido reivindicado en la persona de uno de sus generales, aunque sea ya un general que regresó a la vida civil, un general en retiro.

No se ha podido decir: “Los civiles lo intentaron y no han podido hacernos mejorar”, pues ese significado personal además de institucional tendría esta frase más abstracta: “No han podido mejorar al país” y “por consiguiente, volvámonos de nuevo hacia un militar”.

Mientras el Ejército de Guatemala no se haga responsable de la terrible realidad que el Informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico iluminó en 1999, el que uno de sus miembros -aunque sea uno de sus miembros vuelto a la vida civil por haber finalizado su carrera militar- hubiera llegado a la Jefatura del Estado y a la Presidencia de la República, tendría una carga simbólica inevitable. Yo pienso que no es posible “desperdiciar la experiencia”, como de nuevo diría De Souza Santos. Es necesario, más bien, ir contra “la razón indolente”.

¿LA HERENCIA
DE COLOM ARGUETA?

No sabemos si el Presidente electo, Alvaro Colom, tendrá la inteligencia y el coraje para gobernar bien, como lo ha prometido. No sabemos si reivindicará así la memoria de su tío, Manuel Colom Argueta, asesinado por los poderes ocultos de la época del general Lucas García, precisamente cuando su partido había sido inscrito legítimamente. Manuel Colom, de ideología realmente socialdemócrata, fue tal vez el líder político más notable de los últimos cincuenta años en Guatemala. Fue uno de esos “mejores políticos” recordados por Mauricio López Bonilla como asesinados mientras se pretendía afrontar militaristamente el problema social del país.

No sabemos si Alvaro Colom seguirá sus pasos, naturalmente desde su propio carácter y con su propia personalidad. No sabemos si limpiará su entorno partidario de todos aquellos que han sido señalados como implicados con los poderes ocultos y el crimen organizado. No sabemos si la elección de Alvaro Colom habrá sido únicamente un acto simbólico para que Guatemala siga teniendo presidentes civiles mientras transita de la democracia procedimental hacia la democracia sustantiva, o si la mayoría del 4 de noviembre habrá acertado con el Presidente que el país necesita.

Sólo los cuatro próximos años lo dirán. Si su gobierno se llena de personas como algunas de las que han sonado para su gabinete -José Alejandro Arévalo, Fritz García Gallont, etc.-, si en lugar de premiar lealtades partidarias o de “repartir huesos” deja en su puesto de Relaciones Exteriores a Gert Rosental, por ejemplo, tendremos ante nosotros una decisión con sabor a gesto de conciliación y a eficacia de gobierno. No sabemos si lo hará. Sólo la historia es maestra de la vida. Y la historia de Alvaro Colom apenas comienza.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN GUATEMALA.

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