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  Número 308 | Noviembre 2007
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Nicaragua

“Con el programa con el FMI, el Presupuesto 2008 y lo que hagan con la deuda interna nos jugamos el futuro”

Adolfo Acevedo, economista y coordinador de la Comisión Económica de la Coordinadora Civil, compartió con Envío su apasionada preocupación y sus reflexiones sobre el acuerdo del gobierno con el FMI y sobre la lógica del Presupuesto 2008, similar a la de los Presupuestos del gobierno neoliberal anterior, en una charla que transcribimos.

Adolfo Acevedo

Hace poco más de un mes especialistas en macroeconomía expresaban en los medios de comunicación su satisfacción: por fin habíamos llegado a un acuerdo con el Fondo Monetario y esto nos garantizaba la estabilidad macroeonómica, el clima de inversiones y nos ponía en un camino seguro para el desarrollo del país...El Presidente de la República dijo que había sido “una hazaña” conseguir el acuerdo con el Fondo. Después, el Presidente presentó a la Asamblea el Presupuesto para 2008 y vemos en él reflejada la lógica del Fondo Monetario, una lógica similar a la del gobierno Bolaños: la misma política económica, la misma política fiscal, la misma política de priorizar el pago de la deuda... Ante todo esto, yo no puedo dejar de estar preocupado y angustiado, tanto por el acuerdo con el FMI como por el Presupuesto para el próximo año.

Lo que más me preocupa a mí es algo que preocupó hace mucho tiempo, hace más de un siglo, a los países que hoy son desarrollados. Estos países se desarrollaron porque resolvieron el problema de la educación de sus poblaciones en el siglo XIX, cuando priorizaron la educación básica obligatoria y gratuita para todos. Y después, siguieron invirtiendo cada vez más en la educación de su gente. En Nicaragua, estamos en el siglo XXI y ni siquiera alcanzamos todavía la educación primaria para todos. Y no es que los países hoy desarrollados crecieron económicamente y después invirtieron en educación. No, crecieron porque invirtieron en la educación de su gente, en su capital humano. No hay nada de más valor en un país que su gente. Nosotros vamos por un camino opuesto, y eso significa que con las decisiones que estamos tomando hoy nos estamos jugando el futuro. Y que de seguir así, lo estamos perdiendo.

Quiero demostrarlo partiendo de la certeza comprobada de que la escolaridad que recibe una persona determina en gran medida su futuro. Hagamos números. Los nicaragüenses que en 1990 tenían entre 0 y 19 años, los que estaban en edades escolares, 15 años después, en 2005, representaban el 63% de la población en edad de trabajar. En esos 15 años, el país no invirtió lo que debió haber invertido en la educación de todas estas personas, porque el gobierno, siguiendo la lógica de todos los programas del FMI, destinaba el 51% de sus ingresos fiscales al pago de la deuda pública. Por esta prioridad, la mayoría de esta población ingresó al mercado de trabajo con unos niveles de escolaridad bajísimos. En las zonas rurales, con dos o tres, y cuando mucho, cuatro años de primaria. En las zonas urbanas, con tres, cuatro, cinco, y cuando mucho, seis años. Y hasta para trabajar en la zona franca se requiere, cuando menos, haber terminado la primaria. Lo que aprendieron ni siquiera les permitía trabajar en la maquila. Tan baja escolaridad significa que se condenó a la mayoría de esa población, por los siguientes 50 años de su vida, a sólo encontrar ocupaciones o empleos precarios o informales, que los mantendrán siempre en el umbral de la pobreza.

Veamos ahora lo que puede pasar en los siguientes 15 años, del 2005 al 2020. Los nicaragüenses que en 2005 tenían entre 0 y 19 años, representarán en el año 2020 el 55% de toda la fuerza de trabajo del país. Y como las prioridades no han cambiado, desde ya los estamos condenando también a ellos a niveles de escolaridad tan bajos que repetirán el ciclo de los empleos precarios y de la pobreza de por vida.

Las cifras son preocupantes. En Nicaragua, sólo el 35% de los niños en edad de recibir educación preescolar la reciben. Y ya sabemos que la educación preescolar es un factor crucial para el desarrollo de las capacidades de un niño. Y 7 de cada 10 niños no reciben ese estímulo. El 87% de los niños en edad de recibir educación primaria se matriculan en ese nivel. Se matriculan, pero no necesariamente logran terminar la primaria. Y son los niños de las familias pobres los que se van quedando en el camino. Sólo un 60% de quienes se matriculan en primaria logran terminar ese ciclo. Es un porcentaje que está por debajo del de los países de menor ingreso del planeta. El gobierno dice que cumplirá los Objetivos de Desarrollo del Milenio porque se ha puesto la meta de alcanzar un 100% de matrícula en la primaria para el año 2010, que es la meta que Guatemala -que tiene niveles educativos muy bajos- ya alcanzó en 2004. Pero el Objetivo de Desarrollo del Milenio en el nivel primario no es la matrícula, es que el 100% de niños y niñas logren culminar completo ese ciclo.

Además, la CEPAL ha hecho estimaciones que indican que para que una persona tenga un 80% de probabilidades de no tener que sobrevivir el resto de su vida en la pobreza necesita por lo menos 12 años de escolaridad, lo que significa culminar la secundaria. Y por eso, la CEPAL y la UNESCO están proponiendo que en los Objetivos del Milenio se incluya una meta relativa también a la secundaria. ¿Qué pasa en Nicaragua con la secundaria? Sólo 4 de cada 10 chavalos y chavalas se matriculan en secundaria. Seis se quedan fuera de ese nivel educativo. Y de los cuatro que se matriculan, sólo el 40% logra culminar ese nivel.

El Ministerio de Educación ha hecho una serie de estimaciones para calcular cuánto costaría que en 2015 -fecha en que los países del mundo se comprometieron a tener cumplidas las Metas del Milenio- la tasa de matrícula preescolar fuera del 55%, la matrícula en primaria alcanzara el 100% y el 100% de los matriculados la culminaran -una meta que ya alcanzó Bolivia, un país tan pobre como Nicaragua-, el 60% de los niños se matriculara en secundaria, y el país tuviera una escolaridad promedio de nueve años, en vez de los cinco años que hoy tenemos. El cálculo dio que todos estos logros exigirían llevar el presupuesto del Ministerio de Educación al 6% del PIB en el año 2010, pasar de los 200 millones de dólares que hoy se dedican a Educación a 400 millones. Ése es el costo, ése es el esfuerzo que el país tiene que hacer para evitar que la mayoría de los chavalos y chavalas de esta generación estén condenados, como los de la generación que les precedió, a vivir en la pobreza. Ése es el futuro que nos estamos jugando hoy. Y no vale decir que es poquito a poco que esto se va a resolver.

¿Y el salario de los maestros? Que tengan un salario mejor no es sólo importante por el reconocimiento a su dignidad profesional, sino por otra importante razón. Las maestras y maestros de Nicaragua devengan un salario que en promedio es la mitad del salario promedio que devenga el resto de trabajadores nicaragüenses. De tal manera que una persona calificada puede ganar en promedio el doble dedicándose a cualquier otra profesión que a la del magisterio. Esto significa que nunca atraeremos a la profesión docente a los más calificados. Significa que lo que vamos a tener siempre son maestros con baja calificación, como realmente es hoy nuestro magisterio. Y eso significa que la educación va a ser de baja calidad. Además de una pobre cobertura, tenemos educación de mala calidad. Y recibir educación de mala calidad es casi como no recibirla.

En Nicaragua, siete de cada diez empleos son empleos precarios e informales. Es lógico: la economía nicaragüense está creando el tipo de empleo que puede absorber a la fuerza de trabajo nicaragüense, poco calificada. Con mucha frecuencia, los políticos dicen que van a crear empleo de calidad y la principal demanda de la población es tener un empleo bien remunerado. Pero el empleo de calidad y bien pagado requiere de calificación.

En todo el mundo sin excepción se observa una correlación entre el nivel de escolaridad que una persona alcanza y el nivel de ingresos que tendrá a lo largo de su vida. Si tiene sólo primaria tendrá pocos ingresos. Si llega a la secundaria podrá comprar la canasta básica. Si logra más estudios tendrá ingresos mejores. Y por eso es que todos los padres quieren que sus hijos puedan llegar a la universidad. Si en Nicaragua sólo los hijos de las familias de mayores ingresos irán a la secundaria y a la universidad y sacarán maestrías, se producirá una mayor concentración del ingreso entre los pocos que pueden tener mayor escolaridad. Y no sólo eso: el nivel promedio de escolaridad de nuestra población le impedirá a Nicaragua ser competitiva en esta economía global que, sin misericordia, deja fuera a los países y a las personas que no logran desarrollar una capacidad mínima de asimilar conocimientos y tecnología. ¿Ése es el futuro que nos estamos dando? Y digo “nos estamos” dando porque no es posible que digamos que sólo los políticos son los culpables. ¿Y nosotros? ¿Qué hicimos? ¿Qué hace cada uno, cada una? Estamos hablando del destino de nuestro país, el que decimos amar, y del destino de los niños y los jóvenes, de quienes decimos son el futuro del país.

El programa con el FMI y el Presupuesto para 2008 no tienen en cuenta nada de esto. Al FMI no le interesa que para que Nicaragua cumpla los Objetivos de Desarrollo del Milenio en materia de educación haya que recomponer el salario de los maestros y llevarlo, por lo menos, al promedio del salario del resto de trabajadores. No le interesa que para cumplir haya que contratar a miles de maestros más. Al FMI lo único que le interesa es que la masa salarial -se obtiene multiplicando el salario promedio de los trabajadores públicos por el número de estos trabajadores- quede congelada en un porcentaje fijo del PIB. Esto significa que si el PIB nominal crece un 12%, el salario en el Estado no puede crecer más de un 12%.

¿Y por qué al FMI le preocupa que aumente el salario de los maestros? Porque dice que si se le aumenta el salario a los maestros, los demás trabajadores se van a entusiasmar con este “efecto demostración” y habrá luchas por mejores salarios y la consecuencia será que se va a elevar el costo de la fuerza de trabajo en Nicaragua y entonces Nicaragua va a perder el principal atractivo que tiene para atraer inversión extranjera, pues perdemos nuestro principal factor de competitividad, que es tener una fuerza de trabajo baratísima. El enfoque del FMI es especializarnos en ser pobres, manteniendo una mano de obra muy barata, que pueda competir incluso con la mano de obra china, que es mucho más barata que la nuestra.

Aunque nos lo repitan y repitan, la estabilidad macroeconómica no tiene nada que ver con un acuerdo con el FMI. ¿Qué tiene que ver dejar de invertir en educación con la estabilidad macroeconómica? La estabilidad macroeconómica significa que el gasto del gobierno no se financia con la emisión inorgánica de dinero, con la famosa “maquinita”. Hacer eso está prohibido por la ley. La estabilidad macroeconómica significa que el gobierno no se endeuda por encima de sus posibilidades. Y eso también está prohibido por la ley. ¿Entonces, para qué queremos un programa con el Fondo? No es para asegurar la estabilidad macroeconómica. Es para asegurar el predominio de determinados intereses nacionales e internacionales.

Los economistas que pontifican en nombre del Fondo Monetario deberían leer a un Premio Nóbel de Economía como Joseph Stiglitz, jefe de asesores económicos del Presidente Clinton y economista jefe y vicepresidente del Banco Mundial, cargo del que lo obligaron a renunciar por enfrentarse públicamente a las prescripciones del FMI y del Departamento del Tesoro de Estados Unidos cuando se produjo la crisis asiática. Desde esos puestos, Stiglitz se dio cuenta de cómo estas instituciones están al servicio de los intereses de la comunidad financiera de negocios y de cómo las prescripciones del Fondo Monetario tienen que ver muy poco con conclusiones derivadas del análisis de la ciencia económica, de cómo no son prescripciones técnicas, sino prescripciones ideológicas que tienden a privilegiar los intereses del capital financiero.

¿Por qué teníamos que negociar un acuerdo con el FMI? Este año se conjugaron una serie de circunstancias afortunadas que permitían que por primera vez Nicaragua tuviera la posibilidad de presentar un programa propio y de negociarlo de manera soberana. O incluso de no negociar nada. Pero no ocurrió así. El gobierno corrió desesperado a negociar, lo negoció todo en secreto y publicó el programa que le presentó al FMI hasta que estuvo ya acordado y cuando ya no hay nada que hacer. Es difícil entender la lógica política que hay detrás de todo esto.

La primera circunstancia afortunada es la crisis en la que está hoy el Fondo Monetario. Se nos dice que era “inevitable” un acuerdo, que no podíamos hacer “nada”... No es cierto. El FMI es hoy una sombra de lo que fue. Y no tiene ni trazas del poder que tuvo hace apenas dos años. Ya no tiene la capacidad de imponer nada a los países. Tal vez sólo a los países africanos más pobres. Pero en Nicaragua no tiene poder de imponer nada.

¿Cómo sucedió esta crisis? El FMI tiene una enorme burocracia, que gana salarios exagerados: 13 mil dólares al mes, por ejemplo. El presupuesto del FMI es casi del tamaño del presupuesto de toda Nicaragua. ¿Cómo cubre el FMI ese presupuesto? Durante muchos años el Fondo ha otorgado préstamos importantes a los países grandes de ingresos medios: a México, a Argentina, a Brasil, a varios países asiáticos. Los pagos de los intereses que estos países le hacían el FMI eran su principal fuente de ingresos. Con estos recursos el Fondo financiaba su presupuesto. La relación con estos países le daba un gran poder al FMI, que podía imponer condiciones a Brasil -uno de los países más grandes en vías de desarrollo en el mundo-, a Argentina, a Indonesia, a Turquía…

Pero en diciembre de 2005 pasó algo importantísimo en Argentina. En 2001, Argentina -que era el país que el Fondo Monetario presentaba como modelo- entró en una crisis brutal. El FMI prescribió entonces políticas que empeoraron la crisis. Pero al llegar al gobierno, Kirchner decidió aplicar políticas para recuperar la economía que eran opuestas a las recomendaciones del FMI. Además, aplicó una reestructuración soberana de la deuda externa con poderosos acreedores y sin ninguna intervencióndel Fondo. A los tenedores de títulos de deuda argentina, el gobierno les dijo: vamos a cambiar los títulos de deuda por otros a pagarse a un plazo mucho más largo y a un interés mucho más bajo. Esto significaba que en términos de lo que se denomina el “valor presente neto” la deuda argentina se reducía nada menos que en un 80%. El gobierno le dijo a los acreedores: tienen dos opciones voluntarias, aceptar estos nuevos títulos a cambio de los que tienen o no aceptarlos y entonces no les podremos pagar nada. Ya había antecedentes de este tipo de reestructuración en Corea del Sur, que hizo exactamente lo mismo con sus acreedores externos. Entonces, el FMI, en vez de apoyar los esfuerzos de Argentina para recuperarse, tomó una actitud destructiva contra el nuevo gobierno argentino. De nada sirvió. La economía argentina se recuperó a gran rapidez y desde entonces ha venido creciendo a tasas de entre 8-9% en promedio anual. Y el país no perdió ni credibilidad ni inversionistas, como nos dicen a menudo en Nicaragua que nos pasaría si tomáramos decisiones soberanas frente al FMI.

Stiglitz dice que cuando un país reestructura su deuda, los inversionistas acuden con mayor confianza a ese país. A una persona muy endeudada nadie le presta, pero si esa persona logra quitarse de encima esa deuda, la ven con más confianza. Cuando se reduce la enorme carga de endeudamiento de un país como resultado de la reestructuración, el prospecto económico del país mejora, y los economistas dicen que en ese contexto la rentabilidad esperada de todas las inversiones aumenta. Y si aumenta la rentabilidad esperada, ¿cómo no van a venir inversionistas a invertir? Eso es lo que ocurrió en Argentina después de la reestructuración. El prospecto económico mejoró, y mejoró mucho. Y muchos inversionistas llegaron a Argentina. Lo mismo ocurrió en Corea del Sur y en Rusia y en todos los países que han reestructurado sus deudas. Así que lo que nos dicen que nos pasaría en Nicaragua es sólo un chantaje para intimidarnos.
Nos viven intimidando con el Fondo Monetario. Que no tenemos otra opción, que no tenemos más remedio que hacer lo que nos digan. Y lo hacemos, aunque el país se vaya quedando sin futuro. Nuestra juventud es tan sabia que lo siente, que ve que este país no tiene futuro y se quiere ir a otros países. Y se van. Y con la emigración de lo mejor de nuestra juventud nos estamos quedando sin futuro en medio de una gran pasividad.

Sigamos con la historia del FMI. En cuanto pudo recuperarse, Argentina le hizo una jugada magistral al Fondo, con el apoyo de Venezuela, y hay que reconocerlo. Le pagó por anticipado toda su deuda al FMI. Después, Brasil hizo lo mismo. Los países de ingreso medio deudores del Fondo comenzaron a hacer lo mismo, a pagarle sus deudas por anticipado. Y así, la principal fuente de ingresos que tenía el FMI, que eran los pagos de intereses por esos préstamos, se acabó. Y ya el nuevo director gerente del FMI está anunciando que tienen que reducir el tamaño de la institución porque tiene mucha “grasa” y tienen que ahorrar.

Esto sucedió apenas el año 2006, el año pasado. ¿Y ahora qué hace el Fondo, cuál va a ser su poder y su influencia: ir a negociar con un pobre país africano e imponerle condiciones? Su poder era el poder de negociar con Brasil, con Argentina, con Polonia... Perdiendo a sus principales clientes grandes, los únicos que le generaban ingresos para cubrir su presupuesto, ha entrado en una crisis financiera y ha perdido influencia. Como cuando un gran banco pierde a sus grandes clientes y los únicos clientes que le quedan son los pobres del barrio.

Entre todos los países del mundo, hoy solamente 24 tienen programas con el FMI. Y aunque el FMI mantiene un departamento del Hemisferio Occidental con un aparataje enorme, en América Latina, sólo seis países tienen programas con el Fondo: Haití, Dominicana, Paraguay, Nicaragua, Guatemala y Perú, porque Alan García lo negoció para “lavarse la cara”: como en su primer mandato fue acusado de populista, ahora quiere, por razones políticas, darse otra imagen. Después de la crisis financiera y de las políticas que les impuso el Fondo para superarlas, los países asiáticos no quieren saber nunca más en su historia del FMI. Y han comenzado a acumular reservas internacionales y ahora tienen la mitad de las reservas internacionales del mundo. Brasil y Argentina tienen también una enorme cantidad de reservas. Y Venezuela, no digamos. ¿Para qué quieren ya al Fondo? Esta nueva situación también le permite a Venezuela convertirse en una fuente alternativa de financiamiento.

Cuando Argentina pagó su deuda de una sola vez, el Fondo recibió una gran cantidad de dinero, pero no puede ya prestar ese dinero a los países grandes de ingreso medio, que no quieren nada con el FMI. Ahora, con ese dinero, el Fondo se ha convertido en un especulador financiero. Invierte en los mercados financieros para obtener rentabilidad y así mantenerse. Para los préstamos que nos hacen a nosotros, que son concesionales, con intereses subsidiados, reciben apoyo de los países que son miembros del Fondo, que le dan aportes para cubrir ese costo, aunque el Fondo dice que esos aportes ya no cubren ese costo. Ya hay críticas al involucramiento del Fondo con los países más pobres. Se le achaca que no sabe de políticas para reducir la pobreza ni de políticas de desarrollo y por tanto, se le dice que debe de retirarse del financiamiento concesional a los países más pobres. Actualmente, hay ya un consenso generalizado -y hasta el propio Fondo dice compartirlo-: el FMI no sabe nada de reducir la pobreza.

Nosotros viajamos a Washington en febrero de este año para reunirnos con el directorio del Fondo Monetario. En 2004 habíamos ido a una reunión similar y entonces nos encontramos con una gran soberbia y prepotencia, todo inspiraba una sensación de poder. En cambio, ahora nos encontramos con una gran humildad, todos econociendo que se habían equivocado y que estaban dispuestos a enmendar sus errores. Y es que ya saben que han perdido poder.

Esta circunstancia afortunada da mayor gravedad a la actuación del gobierno de Nicaragua. Porque fue en esta situación de crisis del FMI que el gobierno de Nicaragua fue a buscar al Fondo para firmar un acuerdo para los próximos tres años. No había terminado Daniel Ortega de ganar las elecciones cuando su equipo económico se propuso lograr un programa con el FMI y entró en desesperación por lograrlo. Nosotros advertimos que había temas fundamentales que teníamos que debatir hasta lograr un consenso antes de negociar con el FMI: la educación, la salud, el salario del magisterio, la vivienda, los caminos rurales, el agua potable, el saneamiento. Pero quien cree que tiene la verdad absoluta, ¿para qué va a escuchar?

La otra circunstancia afortunada que hubiera podido evitar lo que hoy tenemos es que el Grupo de Apoyo Presupuestario, el de los países del Norte que le desembolsan a Nicaragua el 7% del financiamiento de su presupuesto anual, venía vinculando desde hace años esos desembolsos a que Nicaragua tuviera un programa con el Fondo Monetario. En esto también hubo cambios. Antes de que el gobierno buscara al FMI, sabíamos que en el propio Grupo de Apoyo Presupuestario había países que individualmente no ponían como requisito un programa con el FMI. Eso le daba a Nicaragua mucha mayor libertad y capacidad de negociación. Pero no se tuvo en cuenta esta circunstancia, también favorable. En la página web del Ministerio de Hacienda aparecen las conclusiones de la última reunión del gobierno con este Grupo y ahí se puede leer que el Grupo reafirma que los desembolsos no están vinculados a un programa con el FMI.

El gobierno nos ha dicho que presentó al FMI un programa “soberano”. Y efectivamente, el gobierno presentó su propio programa, el que había elaborado el equipo económico del gobierno. Por eso, cuando el Presidente nos diga: “Es que el Fondo Monetario nos impone”... no es cierto. Todos los compromisos que asumió el gobierno de Nicaragua con el Fondo fueron propuestos por el propio gobierno de Nicaragua: el aumento de las tarifas eléctricas, el congelamiento del salario de los trabajadores del sector público como porcentaje del PIB, la prioridad absoluta del pago de la deuda pública… Ese programa ya se puede leer, está publicado, y está en español.

La prioridad de pagar la deuda fue una propuesta del gobierno. Porque lo primero que hizo el gobierno fue hacer suyo el enfoque del FMI sobre la “sostenibilidad” de la deuda. Pero la sostenibilidad de la deuda se puede entender de muchas maneras. Por ejemplo, quien fuera secretario general de la ONU, Koffi Annan, declaró que una deuda es “sostenible” cuando se puede pagar sin reducir la inversión en salud y en educación. Primero se cubren todas las necesidades sociales y lo que resta se dedica al pago de la deuda. Esa es una deuda “sostenible”.

El enfoque del Fondo es absolutamente opuesto. Y el gobierno de Nicaragua asumió como suyo ese enfoque. Y por eso, en el Presupuesto no están asegurados los recursos para que el presupuesto en Educación sea el 6% del PIB y no condenemos a otra generación a falta de escolaridad, empleos precarios y pobreza. Y por eso, en el marco presupuestario de mediano plazo -porque el programa con el FMI es para los próximos tres años y se hacen proyecciones presupuestarias- aparece que el presupuesto del Ministerio de Educación va a pasar del 3.7% del PIB en el 2008 al 3.9% del PIB en el 2010. Es decir, no va a llegar al 6%. Con este enfoque, ¿qué van a hacer los ministros por más buena voluntad que tengan? A mí la Ministra de Salud me encanta, pero ¿con qué va a comprar los medicamentos? El presupuesto para medicamentos viene en 2008 igualito que el que hubo en 2007.

El principal problema del Presupuesto para 2008 es que tiene la misma lógica de los presupuestos de estos últimos cinco años. En primer lugar pusieron el pago del desmesurado servicio de la deuda pública y las transferencias al Banco Central para acumular reservas. Para el servicio de la deuda fueron asignados 298 millones de dólares y para atender la emergencia en el Caribe por el huracán Félix, sólo 6 millones de dólares. Para capitalizar el famoso Banco de Fomento, 2 millones de dólares, que yo creo que no darán ni para pagar el salario de la planilla de sus funcionarios y cuando cualquier microfinanciera presta mucho más que eso. Para el famoso programa Hambre Cero, que va a acabar con el hambre en Nicaragua, 15 millones de dólares. Para el programa Usura Cero, 5 millones de dólares.

La política sobre el pago de la deuda generada por los CENIS y el discurso sobre los CENIS han sido exactamente los mismos que los del Presidente Bolaños: que hay que pagarlos porque si no el país pierde credibilidad. Después de presupuestar para 2008, el pago de 48.3 millones de dólares por el servicio de la deuda derivada de la emisión ilegal de los CENIS bancarios -posteriormente sustituidos, también ilegalmente, por los denominados bonos bancarios- y a causa del desastre por las secuelas del huracán Félix y los diluvios, el 30 de octubre, el Presidente Ortega propuso enfrentar el problema de la deuda con una moratoria de dos años en el pago de los intereses de los CENIS para dar respuesta a la emergencia. Dos días antes de proponerla había dicho que esa deuda era sagrada. ¿Quién sabe qué cambió para que propusiera la moratoria?

¿Qué decir de la propuesta de la moratoria? De acuerdo con las estimaciones de Naciones Unidas, hacer frente a las secuelas devastadoras del huracán Félix y de las lluvias se necesitarían casi 400 millones de dólares, equivalentes a casi 8 mil millones de córdobas, casi la tercera parte del monto total del Presupuesto Nacional para 2008. Entonces, una moratoria es magnífica, es urgente, es una primera respuesta nacional adecuada ante una gravísima crisis nacional. Primera respuesta, porque desde el paso del Félix, casi dos meses después de este anuncio de moratoria, no se había adoptado ninguna decisión para asegurar los recursos básicos requeridos para hacer frente a esta crisis, al menos en sus aspectos mas apremiantes, y ya era tiempo de que se hiciese algo significativo.

Responder a las víctimas de los desastres debe ser una prioridad fundamental del Presupuesto. Sin embargo, la moratoria debe ser sólo el primer paso para avanzar rápidamente después hacia la reestructuración a fondo de esa deuda, incluyendo tanto el pago por los bonos CENIS como por los bonos BPI, emitidos como indemnización a los confiscados.

Esa reestructuración debe extender los plazos de pago hasta 30 años y reducir a la mitad las tasas de interés. En 2002-2004, en la Coordinadora Civil pusimos el énfasis en reestructurar solamente la deuda por los CENIS, porque representaban la mayor carga para el Presupuesto. Pero ahora los BPI significan más carga que los CENIS.

Sin una reestructuración a fondo de toda la deuda interna, Nicaragua jamás tendrá los recursos para poder elevar la inversión en educación y salud hasta los niveles que serían necesarios, ni podrá hacer frente al enorme déficit de viviendas, ni podrá capitalizar adecuadamente el Banco de Fomento, ni siquiera tendrá recursos para asegurar el mantenimiento anual de los caminos de penetración.

No hay “fórmula mágica” para enfrentar la deuda interna, como dio a entender el Presidente al anunciar la moratoria. No hay magia, la fórmula es simple: que las instituciones públicas, que están bajo el control del Ejecutivo, o bajo su influencia, cumplan la responsabilidad que les compete: que diriman de una vez por todas los asuntos relativos a la legalidad de esa deuda; que se revise el conjunto de la deuda interna por las instituciones responsables de hacerlo para determinar la parte de esa deuda que es resultado de operaciones fraudulentas, como consecuencia de la asociación entre funcionarios públicos y los tenedores de la deuda y que, por tanto no puede ser reconocida; y que el saldo remanente -siempre y cuando no haya sido ya cancelado-, sea reestructurado, bajo la forma de un canje de títulos, a por lo menos 30 años de plazo y con una reducción drástica en las tasas de interés. En estas condiciones, el gobierno estaría en una posición negociadora distinta a si aceptara, de partida, embarcarse en lo que le han solicitado a los acreedores: “refinanciar” esa “deuda” como si fuera legítima.

Ningún gobierno como éste ha tenido tantos instrumentos a su favor para resolver definitivamente, y a fondo, el gravísimo problema de la enorme sangría de recursos del erario que representa el pago de la deuda interna. Este gobierno controla directamente la Procuraduría, Aduanas, la DGI y tiene una influencia muy grande sobre la Asamblea Nacional, sobre la Corte Suprema de Justicia, sobre la Contraloría y sobre los gremios. Basta conocer un poco las atribuciones y poderes que tienen estas instituciones, y la capacidad de movilización que tienen los gremios, para saber que el gobierno dispone de una batería impresionante de recursos para resolver este asunto sin recurrir a la arbitrariedad, sino actuando en estricto apego a derecho. Si lo hace, contaría con el respaldo de toda la sociedad. Todos lo apoyaríamos y con todos los fierros.

El caso de la ESSO es paradigmático. El gobierno movilizó todos los instrumentos de que dispone para poner de rodillas a esta poderosa empresa transnacional, que usualmente ha tenido detrás el respaldo de su poderoso gobierno. En el caso de la ESSO se alegó que se habían cometido algunos “deslices legales” de procedimiento, pero que se hacía por un interés nacional superior. En el caso de esta deuda, donde el interés nacional superior es muchísimo más claro y evidente, ¿el gobierno sólo usará una moratoria porque la deuda es sagrada y no la puede tocar, porque entonces se tendría que enfrentar con el capitalismo global y todo se vendría abajo? A mí me parece que era mucho más probable enfrentarse al capitalismo global al intervenir los tanques de la ESSO bajo el argumento de que debía impuestos aduaneros -que no tiene que pagar- que darle una solución, apegada a derecho a una deuda que no es “sagrada” ni en sus orígenes. Creo que en este caso, el problema no es el capitalismo global, sino la estrecha alianza que el gobierno ha ido tejiendo con los empresarios y los exponentes del gran capital nacional.

¿Qué hará el gobierno? ¿Decidirse a reestructurar a fondo toda la deuda o refinanciarla, beneficiando así a los banqueros? Es difícil entender la lógica económica de este gobierno. Y no es que el equipo técnico de este gobierno no tenga formación. Lo que sucede es que tienen la misma formación que los funcionarios del Fondo y a lo mejor hasta estudiaron en las mismas universidades. El enfoque que tienen es el mismo. En el disco duro tienen exactamente lo mismo. El problema no es sólo el equipo técnico del gobierno, sino quién está teniendo la dirección política. ¿Por qué el gobierno salió corriendo a buscar un programa con el Fondo con tanta desesperación? Por la misma razón, pienso yo, por la que el gobierno privilegia las relaciones con el gran capital privado nacional. Por una razón política: necesita una suerte de aval político, quiere “lavarse la cara”. Necesita proyectar una determinada imagen. Por eso hay una retórica extremadamente radical y a la vez, hay coincidencia con el FMI y continuas reuniones con la gran empresa privada. Decía el representante del Fondo Monetario que los empresarios nicaragüenses ya aprendieron a hacer caso omiso a la retórica del Presidente y a fijarse en la política real: hay un programa con el Fondo que les asegura condiciones y hay reuniones permanentes con ellos, donde el Presidente les dice que se va a acatar lo que decidan.

¿Para qué la retórica entonces? Daniel Ortega necesita reforzar en las bases del Frente la apreciación de que es un revolucionario y también necesita un discurso para la exportación hacia Venezuela. Y al mismo tiempo necesita una alianza fuerte con el gran capital nacional y darles garantías. Ya los empresarios han aprendido a reconocerlo y han comenzado a decir que Ortega no es como Chávez, sino como Lula.

El destino de Nicaragua se está jugando hoy, cuando en vez de estar concentrados de manera obsesiva en la educación de la gente, unos cuantos están negociando reformas constitucionales para asegurarse la perpetuidad en el poder. ¿Y nosotros? ¿Vamos a dejar en manos del sistema político el futuro del país? El sentido del actuar de la Coordinadora Civil es enseñar a los ciudadanos que tenemos el derecho y la responsabilidad de involucrarnos en los asuntos públicos, porque estos asuntos son demasiado importantes para dejarlos en manos de los políticos. Involucrarnos significa buscar la información, interpretar la información, posicionarnos, criticar, proponer e intervenir en el proceso que lleva a tomar decisiones. Nos dicen que estos temas son muy técnicos, muy complejos. Pero no, son sencillos. Y son importantes, porque en ellos nos estamos jugando el futuro del país y el de todos nosotros. Entonces, o asumimos el derecho y la responsabilidad de involucrarnos…o sálvese quien pueda.

Mi esperanza con este gobierno era que interpelara a la ciudadanía y le dijera: Vamos a resolver el problema de la educación, vamos a tener recursos adicionales de Venezuela y los vamos a colocar en el Presupuesto para priorizar la educación, para resolver el problema de la vivienda, del agua potable, y vamos a reestructurar la deuda interna a fondo, y vamos a hacer una reforma tributaria que asegure que quienes concentran el ingreso paguen lo que les corresponde en impuestos.

Para hacer esta reforma y que sea efectiva, no basta con eliminar las exenciones y las exoneraciones. En ningún país del mundo eso asegura un sistema tributario progresivo. Lo que lo asegura es que quienes tienen más y ganan más paguen más. En Estados Unidos, las familias que concentran el 10% del ingreso nacional pagan el 30% de su ingreso personal en impuestos sobre la renta. La embajadora de Suecia, Eva Zetterberg, nos ha dicho que ella paga la mitad de su salario en impuestos. ¿Cómo los países desarrollados logran mantener un gasto social que, como porcentaje del PIB, es el doble del de los países de América Latina? Porque tienen una carga tributaria que es el doble que la nuestra y porque los impuestos no recaen, como en nuestros países, sobre la gente de menores ingresos, sino que, proporcionalmente, recaen sobre los sectores de mayores ingresos. Por eso tienen recursos. Mientras que nuestra carga tributaria recae, más que proporcionalmente, sobre los de menores ingresos, y por eso es una carga pobre y no tenemos recursos. Y para colmo, con los impuestos que pagan los pobres le pagamos la deuda a los más ricos. El presupuesto se convierte así en un mecanismo para enriquecer más a los más ricos. También es ésta la lógica del Prespuesto 2008. Y entonces, ¿arriba los pobres del mundo?

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