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  Número 306 | Septiembre 2007
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Nicaragua

“No se organiza a la gente ni se crea conciencia por decreto”

William Grigsby, periodista y director de Radio la Primerísima, compartió con Envío sus reflexiones sobre la actual situación del FSLN y sobre algunas de las medidas políticas del gobierno del FSLN, en una charla que transcribimos.

William Grigsby

El primer interrogante que debemos despejar para analizar el gobierno del Frente Sandinista es definir si estamos o no estamos en “revolución”. Hay dos respuestas, dos corrientes, dos maneras de analizarlo. Tanto Daniel como Rosario, que son las fuerzas dominantes dentro del Frente Sandinista, consideran que estamos en una nueva etapa revolucionaria. Y hablan con frecuencia de la “segunda etapa de la Revolución”.

En mi opinión, no estamos en un proceso revolucionario. Prefiero definirlo como un proceso de transición hacia algo distinto. Una transición que no sabemos a qué nos va a conducir, si hacia algo mejor o peor, eso está por verse. Me parece que las pre-condiciones, los elementos, que pueden definir un proceso revolucionario no están presentes hoy en Nicaragua. ¿Qué es Revolución? En una frase de 2001 Fidel lo expresó así: “Revolución es sentido del momento histórico. Es cambiar todo lo que debe ser cambiado. Es igualdad y libertad plenas. Es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos. Es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos. Es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional. Es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio. Es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo. Es luchar con audacia, inteligencia y realismo. Es no mentir jamás ni violar principios éticos. Es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas”. Estas ideas me parecen justas para analizar y definir esta etapa que estamos viviendo. Y a partir de ellas, vemos que no estamos viviendo una revolución en Nicaragua. En primer lugar, porque no tenemos un pueblo organizado, y eso se debe a falta de conciencia. Y si no hay conciencia, no hay organización. En segundo lugar, porque la fuerza motriz de una Revolución, el Frente Sandinista, ni está lo suficientemente organizado ni tampoco es mayoría política en la sociedad. En tercer lugar, porque ni siquiera el gobierno del Frente tiene un programa dirigido a cambiar las estructuras socioeconómicas de nuestra sociedad.

Si observamos las acciones del gobierno -no el discurso-, están dirigidas a mejorar sensiblemente la administración del sistema. A mejorar la política energética, a mejorar la política de Salud, a mejorar la política de Educación, a abrir políticas crediticias. Pero no se está pensando ni hablando de un cambio estructural de la sociedad. Y no porque no lo quiera el Frente o porque no lo quieran Daniel o Rosario, sino porque no existen posibilidades políticas para lograr esas transformaciones económicas y sociales. No existe correlación de fuerzas en la sociedad para lograr eso, tampoco existe esa correlación en el terreno internacional. Por todas esas razones -podríamos ampliarlas más- no vivimos un proceso revolucionario.

Tenemos un gobierno que tiene el ánimo de mejorar la administración de las cosas públicas, de cambiar las prioridades políticas del ejercicio público y de colocar a las masas empobrecidas como prioridad. Si de 1990 a 2006 tuvimos -o padecimos- tres gobiernos cuyo principal objetivo era mejorar los ingresos de los sectores pudientes y hacer más ricos a los ya ricos, tenemos ahora un gobierno con la tendencia a colocar a las masas empobrecidas como prioridad de sus políticas. ¿Es esto en sí mismo revolucionario? Eso es discutible. Es revolucionario en el sentido de que es novedoso o en el sentido del resultado que esto va a tener para la gente más pobre. Pero no es revolucionario en el sentido tradicional de la palabra, no lo es en relación a las transformaciones estructurales que requiere Nicaragua.

Yo creo que si el gobierno sabe utilizar la ayuda que va encontrando de tantos países -Venezuela, Irán, Brasil, Taiwán y otros más- como palanca de arranque para el desarrollo, y para lograr un desarrollo diverso, vamos hacia una sociedad mejor, que no conocemos ahorita. La refinería, el algodón, las hidroeléctricas, los nuevos puertos… Todo eso va a cambiar el país. Si todo eso se hace realidad -y yo creo que se va a hacer realidad- va a haber empleo, va a haber retorno de nuestros emigrantes. Las encuestas dicen que el 60% de los nicaragüenses tiene como su primera prioridad irse del país. Si logramos cambiar eso, si conseguimos que sólo sea el 20% el que se quiera ir, ¡qué clase de cambio! Estábamos en un país en el que nadie quería estar. Con sólo que sintamos orgullo de volver a vivir en este país porque este país mejora, ya habremos hecho mucho.

Yo haría también otra pregunta: ¿Necesita Nicaragua de una Revolución? ¿Necesita, urge, este país, la sociedad nicaragüense, de una transformación de sus estructuras? Y esa pregunta es pertinente, porque cuando el sandinismo comenzó su lucha existía la necesidad obvia de una revolución, sentíamos que había que cambiar la sociedad. Primero, por el poder omnímodo de la dictadura. Segundo, por la acumulación de riqueza en manos de la familia Somoza y de un pequeño grupo de oligarcas que eran asociados suyos. Y tercero, por la enorme pobreza de la inmensa mayoría de la población. Teníamos una realidad económica y social, unas contradicciones en el seno de la sociedad, que nos hacían pensar y sentir que no se podía continuar así. Y por eso hubo Revolución.

Pero la Revolución no se inventa, la Revolución no sale de las cabezas de los seres humanos. Responde a una necesidad de la sociedad. Una cosa es que uno tenga ideas revolucionarias y otra cosa es que esas ideas se correspondan con una necesidad social. Partiendo de eso, debemos preguntarnos: ¿Necesita Nicaragua una Revolución? ¿Tenemos problemas estructurales que requieren cambios estructurales? En mi opinión sí, pero no estamos en condiciones en este momento de emprender una Revolución. Debemos crear las condiciones. Y sobre todo, las que más nos faltan: las condiciones subjetivas. Según la vieja teoría, cuando las condiciones objetivas -marco social, peso económico- se unen con las condiciones subjetivas surge el movimiento revolucionario, algo que ocurre en muy contadas ocasiones y que marca su impronta en la Historia.

¿Cómo ocurrió la Revolución en Nicaragua? Creo que vale la pena echarle un rápido vistazo a lo que pasó, a cómo ocurrió, para entender lo que nos está faltando ahora. Había condiciones objetivas: una familia que detentaba el 60% de la economía, el 85% de la población con acceso solamente al 5% de la riqueza nacional, no había libertades políticas... Ésas eran las condiciones objetivas. Hacía falta la organización popular.

Recordemos cómo se funda el Frente Sandinista: con un puñado, sobre todo, de muchachos estudiantes. Carlos Fonseca era un estudiante universitario, Tomás Borge, Silvio Mayorga y todos los fundadores del Frente lo eran. Y el Frente empieza a nutrirse principalmente de ese sector social: estudiantes, hijos de familias pobres que habían hecho un gran sacrificio para enviar a sus hijos a las universidades. Son hijos del pueblo que han tenido acceso a una formación. A lo largo de los años 60 el Frente Sandinista se nutre de esa cantera. Después subirán a la montaña y empezarán a organizarse las redes campesinas y aparecen Bernardino Díaz Ochoa, la Benigna Mendiola, la Gladys Báez. Pero lo principal era la cantera estudiantil.

En los sucesos de Pancasán -en 2007 se han cumplido 41 años- murieron 29 compañeros. Allí cayó la inmensa mayoría de los principales compañeros del Frente. Y los otros caen presos. En 1969, cuando cae Leonel Rugama y ya cayó Julio Buitrago, el Frente prácticamente desaparece. No llegan a 100 sus miembros. Y sin embargo, tenían una proyección importante en la sociedad porque daban un golpe a una sucursal bancaria o ejecutaban a un guardia -como ocurrió en León, cuando se ejecuta a Gonzalo Lacayo y cae Mildred Abaunza-, que son espectaculares y que, además, colman aspiraciones de la gente. Son acciones que conectan inmediatamente con las aspiraciones de la gente. Había una conexión muy íntima entre las acciones del Frente -políticas o militares- y el sentimiento de la gente.

Fue muy importante también para la consolidación del Frente como alternativa de poder la incorporación al sandinismo del movimiento cristiano. Sin el movimiento cristiano -sin las tomas de iglesias, de la Catedral de Managua y de la de León, que tanto impacto tuvieron en la sociedad-, el Frente Sandinista no hubiera crecido de la manera que creció. Yo recuerdo que en aquella época nuestra “guía” era el libro “El infierno de los pobres”, de Reynaldo Antonio Téfel, que era del partido socialcristiano y que tuvo una influencia sumamente poderosa en la formación ideológica de toda una generación, la generación inquieta de los primeros años 70. Con ese libro íbamos a hacer investigaciones a Acahualinca. Con ese libro, nosotros, los muchachos de los sectores medios, descubrimos los barrios marginados. Y teníamos cifras y podíamos demostrar que teníamos la razón, y teníamos una herramienta para decir por qué todos debíamos ser anti-somocistas. En aquellos primeros años 70 no era lo mismo ser anti-somocista que ser revolucionario. ¿Qué definía en aquel momento lo uno de lo otro? La opción por la lucha armada.

El terremoto del 72 no sólo cambió dramáticamente la economía nacional, sino también la correlación de fuerzas en el país. En 1972 el Frente tendría en armas sólo a unas 300 personas, y cuento muchas. Para el 73,74, el Frente se comienza a nutrir de cuadros que vienen del movimiento cristiano: Javier Carrión, Joaquín Cuadra, Mónica Baltodano, Aminta Granera, Luis Carrión: El movimiento cristiano se convierte desde entonces en la segunda gran cantera del Frente, después de la que aportaba el movimiento estudiantil universitario. Hubo también algún trabajo en el sector de los sindicatos de la mano de José Benito Escobar. Entre los maestros hubo otra gran cantera para el Frente. En Salud, no tanto.

El terremoto cambió la estructura de la sociedad: se destruyó el centro político y económico del país, murieron entre 12 y 15 mil personas de las 150 mil que vivían entonces en Managua. Hasta ese momento la dictadura había logrado consolidarse, pero con el terremoto todo empezó a cambiar. En Nicaragua más se habla de un “antes y después del terremoto”, que de un “antes y después de la Revolución”.

En el 73 matan a Ricardo Morales Avilés en la cárcel. Probablemente, la mayor pérdida estratégica del Frente. A partir de diciembre de 1974, tras el golpe espectacular que fue la toma de la casa de Chema Castillo, el Frente empezó a crecer. En el comando que participó en aquella operación ya observamos una mezcla importante de orígenes sociales y políticos: sectores universitarios medios y altos, sectores cristianos, algún sector obrero -de los sindicatos de la construcción, del magisterio- y alguna base campesina organizada sobre todo por el Partido Socialista. Aquella operación, además, le dio por primera vez al Frente Sandinista una proyección internacional: fotos, noticias en todo el mundo.

A partir de la toma de la casa de Chema Castillo, a partir de aquel diciembre de 1974 todo mundo quería ser del Frente. Toda la chavalada, toda la juventud, tenía aquella ilusión. El poder de la imagen: el guerrillero, el uniforme, el pañuelo, el fusil, las declaraciones... Todo mundo quería ser del Frente. Era la gran novedad, ¡era como parecerse a John Wayne!. ¿Cómo reaccionó la Guardia? De una manera feroz. Los años 75, 76 y 77 son los peores de la dictadura de Somoza. Tierra arrasada en el campo. Los Jueces de Mesta mataban sin preguntar, impusieron el terror en el campo. Cienes de nombres de asesinados que ya hemos olvidado. En las ciudades no sabías quién te podía estar espiando y sospechabas de todo mundo.

A partir de 1977 comienzan a surgir las tres tendencias en el Frente. Los hermanos Ortega impulsan la insurrección. Y llega entonces un factor clave para insuflar ánimo de esperanza a la gente, la confianza de que era posible acabar con la dictadura: el surgimiento del Grupo de los Doce. Grandes personalidades, ciudadanos reconocidos, que le dan al Frente el estatus de fuerza beligerante, algo supremamente importante, porque los movimientos guerrilleros estaban proscritos, eran terroristas, asesinos. Con los Doce cambia drásticamente la correlación de fuerzas a nivel político. Luego viene la unidad, un poquito forzada, impulsada por Fidel, sin que hubiese una clara hegemonía de una de las tres tendencias a nivel interno. Y después, 1979: la toma del poder.

¿Qué hicimos durante los diez años de la Revolución? Defendernos, nos defendíamos. ¿Se hablaba de ideología con la gente? Durante la alfabetización y algo después de la alfabetización. Y poco más, poco menos que nada. Se formaron un montón de organizaciones populares, se fortalecieron algunas que ya existían y se formaron otras. Los CDS sobre la base de los Comités de Defensa Civil, los sindicatos, la ATC, la UNAG, AMNLAE que ya estaba creada desde el 77 en base de AMPRONAC, la Juventud Sandinista... Pero lo que más hicimos en aquellos años fue defendernos y cumplir órdenes. La formación político-ideológica fue el talón de Aquiles del Frente.

En mi opinión, el mayor quiebre ocurre cuando se resuelve convertir la lucha contra la contrarrevolución en una lucha institucional y se crea el Servicio Militar. Por ley, tenías que ir a defender el país y la Revolución. Hasta ese momento todo era en base a una decisión voluntaria. Pero esa cantera se agotaba, porque la gente estaba muriendo en los frentes de guerra. En la medida en que vos comenzás a enterrar a tus muertos ya la pensás dos veces para irte al monte. Y en la medida en que vos no sentís que eso que vas a defender con tu vida es tuyo, ya la pensás tres. Sin trabajo político masivo era muy difícil movilizar a la gente por conciencia.

El impacto del Servicio Militar fue brutal, demoledor. No solamente porque te ibas a la guerra y te podías morir, sino también por el procedimiento de “cacería de chavalos” que ocupamos. Igual con la Reforma Agraria. Repartíamos las tierras, pero las tierras repartidas no tenían un dueño. Hasta 1984, 1985, yo estaba convencidísimo de que todo mundo vivía mejor con la Revolución. Cuando me mandaron a cortar café en aquellos años descubrí que no era así.

Durante todos los años 80 el Frente Sandinista como partido se nutrió de su fuerza histórica. Los de la Primera y Segunda Promoción fueron los que habían ingresado al Frente como militantes antes de septiembre del 78. En total 1 mil 200. Mil doscientos sandinistas dirigieron la insurrección. Hasta ese momento la filosofía del Frente era la de un partido de cuadros clásico: sólo entraba el mejor, el más abnegado, el más humilde. Era muy difícil ingresar al Frente. La mayoría de los chavalos que cumplían el Servicio Militar no eran del Frente. Entonces, el Frente no se estaba nutriendo de las fuerzas que de verdad estaban peleando. En el 90 las cosas se pusieron peor: la reducción del Ejército, los despidos masivos… Recuerdo a los retirados militares, hombrones llorando de rabia, porque los habían corrido del Ejército, después de haber perdido en el Ejército toda su juventud. Y te decían: “Con todo lo que yo hice y ni siquiera del Frente soy”.

En ese momento, el Frente era poco más o menos la cenicienta de las prioridades de la Revolución. No se tenía una conciencia clara de lo que era un partido. En los años 80 lo que hubo fue un Partido-Estado, los ministros eran la Asamblea Sandinista, los delegados de la Presidencia en los departamentos eran los que mandaban. Y mientras esto era así, la gente que estaba en la guerra, en las fábricas, en la concreta, la pobretería, ésa no estaba en el Frente.

Después de la derrota electoral vino la famosa discusión ideológica sobre qué rumbo iba a tomar el Frente. Resumiendo: ¿Ser un partido del sistema o un partido anti-sistema? Un partido del sistema significaba abandonar la lucha callejera, las barricadas, que en aquella época estuvieron tan de moda…Quienes encabezaban esa tendencia decían que ésos eran métodos del pasado, que así no podíamos volver al poder, que había que modernizarse. Algunos de esos cuadros que pensaban así, y que hoy ya no están en el Frente, fueron personalmente a algunas de esas barricadas de aquel año 90 a pedirle a la gente que se desmovilizara.

En 1994, en el Congreso del Frente se dio esa discusión. Y ganamos ese Congreso, que creo ha sido el proceso más democrático que ha habido en la historia de los partidos políticos de Nicaragua. Porque hubo pura discusión en la base desde febrero hasta mayo de ese año. Todos los fines de semana discusiones políticas con una asistencia supernumerosa. Los delegados que llegaron a aquel Congreso venían representando lo que abajo se estaba pensando y diciendo.

En ese Congreso, todo el sector que consideraba que el Frente debía modernizarse, abandonar los métodos de lucha popular y asumir la lucha parlamentaria y la lucha electoral como prioridades, se va del Frente y hace otro partido. No hubo expulsiones ni exclusiones. Se fueron. En el Frente queda una tendencia, de izquierda revolucionaria. Pero la vida da muchas vueltas y las ideas que derrotamos en 1994 son las que, con el correr del tiempo, triunfaron en el Frente que hoy conocemos. Las ideas, no las personas.

En 1998, con el gobierno de Alemán, viene otro quiebre. Había dos opciones: convertirse en un partido del sistema y empezar a compartir cuotas de poder o mantener la opción revolucionaria. En ese momento, el Frente, tal como estaba, ya no era capaz ni de ganar elecciones ni de ganar luchas populares. Había que cambiarlo. Y empezó una lucha adentro. Dura. Por la puerta trasera, casi escondidos, subrepticiamente, se metieron los del que se llama Bloque de los Empresarios, que empezó desde entonces a tener una influencia poderosa dentro del Frente. Y comenzó a agarrar fuerza la corriente que proponía que había que negociar, que había que buscar espacios de poder, que había que prepararse para elecciones, que no era tiempo de luchas revolucionarias de masas, que la correlación de fuerzas internacional no era favorable... Así se comenzó a construir el pacto con el PLC. El primer eslabón del pacto fue la reforma a la Ley de Propiedad, a mediados de 1997. Y detrás vino lo otro y lo otro.

¿De qué se nutrió el Frente en todos esos años? ¿Quiénes entraron a las filas del Frente en ese tiempo? En 1994 se hizo un censo partidario y salieron 104 mil militantes del Frente sólo en Managua. A nivel de todo el país éramos 420 mil. Una fuerza poderosa. A partir de 1996, con la gran decepción de la derrota electoral de aquel año, un montón de gente se sale. No se van a otro partido, se salen de la política, no quieren saber nada de política, se vuelven electores del Frente y no activistas del sandinismo. El Frente, ¿un partido de activistas y militantes o un partido de electores? Ése era otro aspecto de fondo en la discusión. Todavía en 1994 se podía hablar de un partido de militantes, pero con el transcurrir del tiempo el Frente Sandinista se fue convirtiendo en un partido de electores.

Después de la derrota electoral del 96, ¿qué crecimiento tiene el Frente, tiene política de crecimiento? No la tiene. ¿Nuevos militantes del Frente? Ya ni siquiera, porque la categoría de ser militante ya no atrae a nadie. Además, ¿quiénes son las víctimas principales de las políticas de los gobiernos liberales? Los sandinistas por ser sandinistas. Los campesinos sandinistas por ser sandinistas. Se corría del Estado a los que eran sandinistas. Y además, ¿qué miraba la gente? Que quienes quedaron diputados del Frente tenían trabajo y ganaban bien. Que los concejales del Frente en las alcaldías también ganaban bien. Entonces, todo mundo en el Frente empezó a querer ser concejal y diputado o, al menos, ser “broder” del que era diputado o concejal.

Ya no se aspiraba a llegar al poder para servir a la gente, para cambiar las cosas, para mejorar el nivel de vida de la gente, sino sólo para mandar, para tener realitos en la bolsa, tener mi carro, mi casa, que mis hijos vayan a estudiar a tal o cual lado… Este fenómeno se generaliza desde entonces en el Frente. Esa corrupción, que se convierte en una política de Estado, corrompe también la mentalidad de la gente sandinista.

Otro factor previo que influyó notablemente en corromper la mentalidad de la gente sandinista fue la Piñata del año 90. No las leyes 85, 86 y 88, que son motivo de orgullo y no de vergüenza, sino la otra piñata, la subrepticia, la subterránea, la que nunca se reveló. Personeros del gobierno del Frente que se llevaron carros, computadoras, casas, dinero, fincas… Esa piñata demolió la autoridad moral del Frente. Y se pasó llevando a un montón de dirigentes del Frente, si no a todos a un montón. Recuerdo una frase de Humberto Ortega, que creo es crucial para entender lo que les ocurrió a muchos dirigentes del Frente tras aquel viraje ideológico. Dice él en una entrevista: “Antes de la Revolución todos éramos jóvenes que no teníamos nada que perder, sólo la vida. Hoy tenemos hijos, tenemos casa, tenemos carro, tenemos cosas que defender…y ya no somos jóvenes”.

Diversos cambios ideológicos del Frente, una base social sandinista dispersa, el desprestigio por la piñata subterránea, el cambio de ubicación del Frente como partido dejando de ser un partido anti-sistema para convertirse en un partido
del sistema, un partido no de militantes sino de electores, no de lucha de masas sino de lucha electoral… Y errores ideológicos y políticos que no tienen explicación ni defensa, como uno de los más recientes: olvidar lo que hizo el Cardenal Obando y por andar en connivencia con él, penalizar el aborto terapéutico…Con todo eso encima, en estas circunstancias el Frente Sandinista -un partido de electores con un ejército de unos 30 mil fiscales electorales muy eficaces- ganó las elecciones de noviembre de 2006.

Y hoy eso es el Frente. Eso y nada más que eso. Un esqueleto eficaz, una maquinaria electoral eficaz dirigida por determinadas personas. ¿Partido de militantes? Claro que son compañeros sandinistas y siguen defendiendo las ideas
de Sandino, las ideas de la Revolución de los años 80 y han educado así a sus hijos. Pero ¿militancia, discusión de por dónde vamos, cómo está el país, qué podemos hacer, qué proponemos, cómo funcionamos? De eso no hay nada.
Nada de eso existe desde hace años.

Ése es el Frente con el que se ganaron las pasadas elecciones. Con secretarios políticos que llevan, como el de Granada, electo desde 1990. Con un candidato a alcalde de Granada como Álvaro Chamorro Mora, que ya se sabía que era ladrón. Granada, donde no pasamos de un 30% de votos y donde ganamos sólo dividiendo a la derecha. Y como ese caso hay muchos. También hay muchos casos buenos. Para mí es magnífico el ejemplo del departamento de Madriz, que fue cuna de los cabos de la Guardia Nacional. Y en ese departamento la gran sorpresa en las elecciones del 96 fue que el Frente ganó en cinco de nueve municipios gracias al trabajo de Manuel Maldonado, que pasó solo trabajando con la gente. Ya eso no es tan así ahora, pero aquello fue un ejemplo muy importante. La mística que hay por los lados de Ocotal, de Estelí, no tiene nada que ver con lo que vivimos en Managua. Los sandinistas de allá son otra cosa. El otro ejemplo que creo que es bueno es el de León, porque allí sí hay discusión, sí hay dinámica de base. En Boaco y Juigalpa la situación es patética. Aún en Matagalpa, donde alguna vez fue importante la base sandinista, ahora se ha reducido bastante. Ya no se diga Managua. Managua está en la situación peor, en mi opinión.

Esta realidad política la conocen Daniel y Rosario. Ambos están conscientes de lo que ha ocurrido. Están absolutamente claros. Probablemente, la evaluación que ellos hacen es la relación costo-beneficio. Todo lo que pasó fue el costo que hubo que pagar para ganar las elecciones, para ganar el gobierno. Probablemente ésa es la conclusión que ellos sacan. Yo tengo otra.

Viéndolo así, ellos saben que no pueden avanzar en la sociedad si no tienen un instrumento que les sirva para ir cosechando los beneficios que el gobierno pueda ir implementando para favorecer a la pobretería. Ellos dos saben que alguien tiene que ir como cosechadora. Y no tienen ya gente para cosechar, porque en el Frente todo mundo ha ido buscando su “huesito”: “¿Me vas a dar un trabajito?”: ésas son hoy las “discusiones”. Porque no hay trabajo político desde hace mucho tiempo. Entonces, si quieren avanzar, si quieren ganarle la lucha ideológica a la derecha, podrán lograr nada sin un instrumento político de base. Les es imprescindible. ¿Quieres no ser un gobierno más, tienes la aspiración de trascender, de cambiar? Entonces, necesitas a la gente. Por eso decidieron crear los Consejos del Poder Ciudadano. Lo que pasa es que esa base con conciencia, la están organizando por decreto: “Yo decreto que hoy la gente se va a organizar”. Y eso no es así, eso no funciona así, en mi opinión.

¿Cómo surgieron los Comités de Defensa Civil en la guerra? Había un combate en un barrio cualquiera, llegaba la Guardia, dejaba un par de heridos. ¿Cómo atendemos a estos heridos? “La fulanita es enfermera, andá, decile que te mande la gasa, y el zutanito es doctorcito, andá que te preste una jeringa”. Así comenzaron: para ayudar a los heridos en los combates. Y después eso se fue masificando, porque también los heridos se masificaban y los CDC ya adquirieron otra connotación, otras tareas. Fueron escuelas políticas. Recuerdo que en aquella época me tocó organizar los Comités de Acción Popular, los CAP. Íbamos a un barrio, buscábamos a los chavalos para hacer ligas de beisbol, de bolibol, de lo que fuera. Hacíamos fiestas de fin de semana…Así íbamos ganando a los jóvenes para el Frente, para la guerrilla. Aquello fue muy eficaz. Discutíamos, hablábamos con ellos, los concientizábamos. Recuerdo que comencé con cinco y de ahí salieron después dos escuadras del Frente, que atacaron el cuartel de Ticuantepe.

¿Serán los Consejos del Poder Ciudadano una escuela como lo fueron aquellas otras formas de organización popular? Sería ideal que fueran eso: una escuela política, de debate, con capacidad de crítica. Porque si no somos críticos perdemos nuestra condición humana. Y si no estamos organizados no podemos avanzar. Yo no le hallo sentido al papel de francotirador.

¿Serán los CPC escuela política? Según Daniel y Rosario, los CPC debían ser pluralistas. Nos dijeron que eran para discutir la situación de su entorno geográfico y tomar decisiones y para que esas decisiones fueran obedecidas por las estructuras del Estado. Básicamente, eso es lo que nos han dicho. Pero, en la práctica eso no siempre es lo que ha ocurrido. Los CPC no son muy pluralistas. En algún barrio tal vez lo son, pero la tendencia predominante es que no son muy pluralistas. Es más, ni siquiera son muy pluralistas entre los sandinistas. Porque hay sandinistas que están con los secretarios políticos y sandinistas que no están con ellos.Y a los que no están no les permiten entrar en los CPC. A los sandinistas que estaban inactivos no les permiten entrar. Y como ya vienen las elecciones municipales, en cuanto asoma uno que quiere ser candidato, ése tampoco entra.

Eso es lo que ha ocurrido. Un instrumento que pudo haber tenido posibilidades de desarrollo, se ha convertido, en una gran cantidad de casos, en un instrumento político para colmar aspiraciones de las estructuras del Frente. Y esas estructuras son hoy fundamentalmente tan sólo una maquinaria electoral, donde en una muy buena cantidad de casos, no dirigen los líderes de la comunidad. Los dirigentes de las estructuras del Frente son sólo organizadores electorales: el que te lleva al elector a la casilla, el que te garantiza que no te roben el voto, el que te moviliza a la gente cuando va a llegar el candidato… Pero más allá de esas actividades electorales, no hay nada más. Y para hacer conciencia, para conectar con la gente, lo que necesitamos es el liderazgo real de las comunidades. Necesitamos forjarlo o atraerlo. Y eso no se está haciendo.

Esa necesidad que tenemos, la aspiración del gobierno, no ha sido totalmente satisfecha con los CPC, entre otras razones porque es esa estructura del Frente, parásita y parasitaria de cargos políticos y de cargos institucionales, la que ha copado los Consejos. Hay casos excepcionales en León, donde, con todo y sus defectos, sí ha habido trabajo político. El trabajo político consiste en ganar la conciencia de la gente. ¿Vamos a seguir cambiando de gobierno y confirmando fuerzas políticas en los gobiernos o vamos a cambiar el sistema y los problemas que nos ha generado? El corazón del problema de Nicaragua es el capitalismo, no el “capitalismo salvaje”, con el apellido que le han puesto ahora. El sistema es el que oprime a la gente. Y para cambiar eso, tenemos que ganar la conciencia de la gente para que comparta un enfoque de cambio y empujemos el carro para cambiar el sistema. Esto es un proceso a largo plazo y requiere de mucha conciencia.

El Frente Sandinista, como partido político, el que conocimos, el que algunos tenemos como referencia histórica, ya no existe. Ese Frente fue pulverizado por el mercado, por conductas personales, por decisiones políticas estratégicas. ¿Cuál es el gran problema que tiene el Frente Sandinista? El Frente mismo. Porque está copado por gente que aspira a tener cuotas de poder y no a servir, no a cambiar la realidad de la gente. No es ésa la aspiración de la mayoría. La aspiración es ocupar un cargo para tener un buen salario.

Estatutariamente, la máxima autoridad del Frente es el Consejo Sandinista Nacional, creo que son 35 sus miembros. ¿Han escuchado ustedes de alguna reunión? La Asamblea Sandinista, creo que son 700 miembros. ¿Se ha reunido? A nivel institucional más abajo hay Consejos Sandinistas departamentales, municipales, y territoriales. ¿Funcionan en general? Si yo soy un partido que llegué al poder, ¿no sería lo más razonable que me ponga a discutir qué voy a hacer con el poder como partido? Pero no. El Frente tampoco existe institucionalmente. Hay quienes ostentan cargos institucionales y tienen representaciones legales, y por lo tanto tienen los sellos, y además tienen cuotas de poder institucional. Pero la verdad política es que institucionalmente el Frente no existe.

En esta situación, y para poder avanzar, el gobierno -desde la perspectiva que ellos tienen, que es que estamos en “la segunda fase de la revolución” o desde la perspectiva que otros proponemos, que éste es un gobierno de transición;
en cualquiera de las dos perspectivas- necesita organizar a la gente con mucha conciencia. Necesita tener instrumentos políticos para llegar a la gente, a toda la gente y no sólo a la gente sandinista. Lo necesita. Si no, no va a poder seguir.

Creo que los CPC no satisfacen todavía esa necesidad. Y no es asunto de que si la derecha los deroga o no. Porque el funcionamiento de los CPC depende de la voluntad política. Y si el Presidente de la República dispone que sus ministros, que son sus delegados, van a oír y a obedecer lo que les digan los CPC, eso va a ocurrir, haya Ley o no haya Ley. Eso es una decisión política. Que si eso es legal o ilegal es irrelevante, eso depende de la voluntad política. También la Ley de Participación Ciudadana dice que para tales o cuales decisiones tienen que tomar en cuenta a la gente. Pero, ¿alguna vez la tomaron en cuenta en estos años? Y lo dice la ley. No es el marco legal el que va a determinar si los CPC van a tener o dejar de tener influencia. Será la voluntad política.

Lamentablemente, los CPC no son suficientemente plurales y ésta sociedad es plural. Y los sandinistas somos minoría. Y eso es algo que todavía no terminamos de entender. Somos minoría. Si aspiramos a ser mayoría, tenemos que trabajar con la conciencia de la gente. Somos minoría electoral y somos minoría social. En términos sociales, es decir, ideológicos, creo que andamos como por el 20% y soy optimista. Y en términos electorales está medido en el 38% por la última elección, aunque creo que eso puede haber subido quizás hasta el 45%, sobre todo entre la gente que no votaba por el FSLN, no por convicción antisandinista, sino por miedo.

Si nosotros no logramos la mayoría, si no avanzamos con la conciencia de la gente, ¿cómo vamos a cambiar las cosas? A lo largo de estos años ha habido esfuerzos para construir instrumentos a favor de algunos de los intereses de la gente, pero ninguno ha sustituido al Frente Sandinista. El Movimiento Renovador Sandinista, por ejemplo, no es una fuerza revolucionaria, no es una fuerza anti-sistema. Es una fuerza del sistema. Yo diría, socialdemócrata.

Si yo quiero cambiar el sistema en Nicaragua, el MRS no me sirve para eso. Si quiero cambiar de manos en el poder sí, y tal vez ahí puedo alcanzar algún puesto.

Y ese instrumento que fue el FSLN, ¿ha perdido vigencia? Creo que las cuatro letras siguen cobijando a la gente, que la bandera rojinegra sigue siendo la bandera que cobija a los sandinistas. Creo que el instrumento sigue siendo el Frente. Pero así como está ahora no nos sirve para cambiar el sistema. Probablemente, servirá para ganar elecciones, pero para cambiar el sistema no nos sirve. Para que sirva, tenemos que cambiar al Frente Sandinista. Pero si la gente que está abajo no ha cambiado ¿cómo va a cambiar lo de arriba? A mí me enseñaron que todo cambio empieza en la base. Si queremos cambiar la manera en que el gobierno está haciendo las cosas, tenemos que involucrarnos, trabajar abajo, mojándonos, peleándonos.

¿Te marginan, te censuran, te pasan las mil vainas? No importa, hay que seguir trabajando abajo. No conozco otra manera. A estar como francotirador, esperando los errores del gobierno para criticar, no le veo sentido. La realidad es que tenemos este gobierno por lo menos para cinco años y podemos mejorar las cosas. Quien tenga oportunidad que se meta a los CPC. Y si los sectarios no nos dejan participar por cualquier motivo, ¡a hacer otro CPC! ¡Y a ver quién tiene más gente!

Yo creo que el enfoque del gobierno de que estamos en una segunda etapa de la Revolución es una matriz que origina errores de análisis y de medidas políticas. Creo que hay que ser menos ambicioso, más humilde, aspirar a hacer por lo menos un buen gobierno que nos permita acumular fuerzas, aspirar a hacer trabajo en la conciencia de la gente para que en las siguientes elecciones nos permitan, de verdad, abrir ese nuevo espacio revolucionario. Y nada de esto se hace por decreto.

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