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  Número 305 | Agosto 2007
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Nicaragua

“Hasta dónde llegue el autoritarismo de este gobierno dependerá de nosotros”

Dora María Téllez, fundadora y actual directiva del Movimiento Renovador Sandinista, compartió con Envío sus reflexiones sobre el rumbo del gobierno de Daniel Ortega, en una charla que transcribimos.

Dora María Téllez

Los campesinos dicen que “por las pintas se conoce el invierno”. A los siete meses del gobierno de Daniel Ortega ya tenemos “pintas” suficientes para hacernos una idea de cuál es el rumbo que quiere seguir. De casi todas las preguntas que nos hacíamos en enero, al inaugurarse la administración Ortega, tenemos ya las respuestas sobre la mesa.

En política exterior el gobierno ha privilegiado una relación armónica con los Estados Unidos. Daniel Ortega puede hacer muchos discursos anti-imperialistas, pero lo que quiere realmente es tener una buena relación con Estados Unidos. Ahí están las señales. No hemos visto ningún intento de declarar nulo el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos o de modificarlo y el Ministerio de Fomento, Industria y Comercio está trabajando dentro del marco y en los términos del TLC. Y ése es un tema esencial para Estados Unidos.

El otro tema esencial para Estados Unidos es el combate al narcotráfico. Estamos viendo señales de que el gobierno va a actuar para combatir al narcotráfico. Esta política es una novedad. Y para apreciar su novedad basta recordar que en estos últimos años fueron jueces y magistrados del Frente Sandinista quienes han liberado a muchos narcotraficantes. Y que fueron jueces y magistrados del Frente Sandinista quienes se vieron involucrados en la sustracción, desde la Corte Suprema de Justicia, de más de medio millón de dólares procedentes del narcotráfico. Está claro, pues, que la política de contención del narcotráfico es una política del gobierno de Daniel Ortega, pero no era una política de Daniel Ortega antes de llegar al gobierno. El objetivo actual es mantener una relación armónica con Estados Unidos, porque para el gobierno norteamericano la lucha contra el narcotráfico resulta esencial en su esquema de seguridad nacional. Bienvenida sea esta política, que es ahora una política de Estado. Y ojalá sea coherente y consecuente hasta el final, porque es muy importante para Nicaragua que no se le sigan abriendo las puertas al narcotráfico, como se las abrieron en los años anteriores, tanto en el sistema judicial como algunos aparatos políticos.

El gobierno de Daniel Ortega está dándole plena satisfacción al gobierno de Estados Unidos en dos temas esenciales: el libre comercio y la seguridad nacional. En cuanto al terrorismo, también es buena la colaboración.

Otro tema que prioriza Estados Unidos es el tema migratorio. El interés de Estados Unidos es que Nicaragua frene a los migrantes que desde el sur de América Latina intentan llegar a territorio estadounidense. Y eso es lo que el gobierno de Nicaragua está haciendo todos los días: deteniendo a peruanos o ecuatorianos, o de otras nacionalidades, que llegan a nuestro territorio en tránsito hacia Estados Unidos. Se trata de que pongamos un muro para que estos emigrantes que vienen desde el sur no lleguen a ese otro muro que el gobierno de Estados Unidos ha construido en la frontera con México. Y ese muro lo está facilitando el gobierno de Daniel Ortega, que en este tema también prioriza una buena relación con los Estados Unidos.

Pero Nicaragua también tiene muchos emigrantes y hasta ahora el gobierno de Ortega no ha dado ninguna señal de querer abogar por nuestros compatriotas que viven y trabajan en Estados Unidos o en Costa Rica, pobres en su gran mayoría. Y esto es dramático. A mí me dolió ver la rueda de prensa del Presidente Calderón y del Presidente Ortega en el mes de julio en México. Felipe Calderón, que es un hombre de derecha, reconocido y orgulloso de serlo, fue duro, claro y contundente para cuestionar la política de Estados Unidos hacia los emigrantes. Y el Presidente Ortega ni tocó el tema, siendo así que casi tenemos un millón de compatriotas fuera, en Estados Unidos y en Costa Rica.

El tema de nuestros emigrantes en Costa Rica y en Estados Unidos es un tema de los pobres. Los grandes inversionistas de Nicaragua son los emigrantes nicaragüenses, que ingresan anualmente al país unos mil millones de dólares, el equivalente de todo lo que Nicaragua produce al año. Ellos sostienen la economía de Nicaragua, todos vivimos de sus remesas. Si el Presidente Ortega quisiera priorizar a los pobres, debería estar en Costa Rica hablando con el Presidente Arias y en Estados Unidos discutiendo con el Presidente Bush el estatus de los emigrantes nicaragüenses. Y debería hacer también esto en El Salvador y en Honduras, a donde están yéndose cada vez más nicaragüenses. Y pronto debería hacer esa misma discusión con España, porque es cada vez mayor el número de compatriotas que están emigrando a España.

El gobierno de Nicaragua, toda nuestra sociedad, debería abordar el tema de los migrantes bajo dos perspectivas. Abogar por nuestros emigrantes, defenderlos, representarlos. Y con los migrantes que vienen desde el sur en condición de ilegalidad buscando llegar a Estados Unidos y que son ecuatorianos o peruanos pobres tratando de cruzar Nicaragua, lo mismo que los nuestros tratan de cruzar México, deberíamos tener una política humanitaria seria y responsable desde el gobierno y desde toda la sociedad. Tenemos el ejemplo de la iglesia católica de Costa Rica, que ha asumido la tarea de respaldar a nuestros migrantes allá.

Ninguno llega a Nicaragua desde el Ecuador porque va de shopping a Miami, pagando cuatro mil dólares por un viaje lleno de riesgos. Van buscando trabajo, son pobres. ¿Y los apresamos y los devolvemos a sus países? ¿Y cómo pagarán los cuatro mil dólares que prestaron para hacer ese viaje? Caerán en el otro rumbo, en el de la droga, para poder pagarlos. Como país, como Estado, como sociedad, deberíamos tener una política humanitaria con ellos. No verlos como delincuentes, si no queremos que los nuestros sean vistos como delincuentes. Porque lo que no quiero para los míos, ¿por qué lo voy a hacer a los otros?

Por mantener intacto el TLC, por la novedad de la lucha contra el narcotráfico y por la actual política migratoria, Estados Unidos está muy satisfecho con el gobierno de Nicaragua y esto se puede apreciar en las declaraciones del embajador Trivelli. A pesar de eso, Daniel Ortega va a seguir hablando de antiimperialismo y el embajador Trivelli va a seguir diciendo que las relaciones de Nicaragua con Irán le molestan. Pero no pasarán de ahí. La relación entre el gobierno del Presidente Bush y el gobierno del Presidente Ortega se basa en el principio de “Ladrémonos, pero no nos mordamos”. Actualmente, Estados Unidos está privilegiando sus temas de política global y dejando de lado los de la situación interna nicaragüense. Esta política, que fue una práctica durante la administración Clinton, había sido abandonada. Ahora está siendo retomada.

En política exterior, el otro elemento que ha privilegiado el Presidente Ortega es el dinero. Las relaciones exteriores esenciales de este gobierno se orientan sobre la base de quién puede darle al gobierno dinero en efectivo y rápido. Por eso, la relación con Venezuela es “de primer piso” y la relación con Taiwán “de segundo piso”. Otras relaciones, con los europeos o con otros países, son ya “de tercer piso”. Y esto, a pesar de que, por ejemplo, los países nórdicos han sido solidarios con Nicaragua durante treinta años consecutivos de manera ininterrumpida y casi de manera incondicional, manteniendo relaciones, yo diría que excepcionales, con todos los gobiernos desde 1979 a la fecha. En política interna, tenemos una política económica igual a la del Presidente Bolaños, que privilegia el equilibrio macroeconómico y el control de la inflación, lo que se verá reflejado en el acuerdo al que llegará el gobierno de Ortega con el Fondo Monetario Internacional. Y ya sabemos que el acuerdo con el FMI es una condición esencial para las grandes empresas que evalúan las posibilidades de invertir a Nicaragua. En política macroeconómica el gobierno está siguiendo los pasos del gobierno neoliberal de Bolaños, del gobierno neoliberal de Alemán y del gobierno neoliberal de doña Violeta.

Básicamente, este gobierno mantiene una política neoliberal que privilegia el acomodo del gran capital. Y para afirmarlo así tenemos dos señas claras. Primera: el gobierno de Ortega se ha negado a renegociar la deuda interna, la de los CENIS, que está en manos del capital financiero, de los grandes banqueros de este país. Nicaragua destina casi una cuarta parte del presupuesto gubernamental para pagar la deuda interna. Segunda: este gobierno se ha negado a cobrarle los impuestos no pagados durante años al capital financiero del país, que le debe al Estado una cantidad enorme de dinero. Son señales de que este gobierno está privilegiandosu acuerdo con el gran capital, que es básicamente el gran capital financiero. No hay ninguna medida, ninguna decisión, y prácticamente ni siquiera ningún lenguaje duro, contra el gran capital.

Las grandes empresas transnacionales están cómodamente sentadas con el gobierno de Daniel Ortega. Las amenazas en los discursos de Daniel son para facilitar una negociación en mejores términos, en aquellos casos considerados de interés político del gobierno, como es el de la distribuidora transnacional de energía eléctrica Unión Fenosa. Pero, es fácil observar que el presidente Ortega no ha cuestionado, ni aludido siquiera, a la privatización de Enitel, que envolvió mucho más dinero que la privatización de la distribución y generación de energía.

Estas grandes negociaciones, con el FMI, con Unión Fenosa, están cubiertas bajo el velo del secretismo del gobierno. ¿Qué acuerdo negocia el gobierno de Nicaragua con Unión Fenosa? No lo sabemos. Es secreto. ¿Qué acuerdo está negociando el gobierno de Nicaragua con el Fondo Monetario? No lo sabemos. También es secreto. Las decisiones económicas esenciales de este gobierno, de interés de toda la sociedad, se mantienen como secreto gubernamental.

Junto a la política macroeconómica neoliberal, el gobierno ha hecho algunos ajustes de políticas en algunas materias sociales. Parte del dinero de Venezuela está siendo usado en créditos para pequeños productores. Eso es bueno, pero es muy poco dinero: menos de 10 millones de dólares, menos que lo que el IDR utilizaba en créditos. También es muy bueno que se esté comenzando a entregar títulos de sus tierras a las cooperativas, a los campesinos, a las empresas de los trabajadores, lo que hasta ahora había sido un proceso lentísimo. Estaremos muy satisfechos si se acelera ese proceso y se le entregan títulos a todas las cooperativas, que en estos años han estado sometidas al acoso de grupos poderosos, incluidos los de quienes hoy están en el gobierno.

En política social, tenemos gratuidad en la Salud, pero sin garantizar abastecimiento de medicamentos y materiales. Gratuito el servicio, pero sin medicinas. Y en Educación, tenemos gratuidad, pero con garrote. Gratuitos los servicios educativos, sin suministros para la limpieza de las escuelas, sin materiales didácticos para los maestros, y con garrote para educadores y educadoras que reclaman mejores salarios, que reclaman que se les equiparen sus salarios a los del magisterio centroamericano. Garrote también para todo el que no está de acuerdo con la política que el nuevo ministro está estableciendo, en violación a la Ley de Participación Educativa.

Tenemos también el programa Hambre Cero, que ha sido muy propagandizado, pero que es muy cuestionado en su eficiencia. Nosotros no estamos en contra del Hambre Cero. Pero queremos un programa verdaderamente contra el hambre. No estamos en contra de que se entreguen vacas y chanchas paridas a un pequeño sector de la población, y que se les entreguen precisamente a las mujeres. Pero no podemos dejar de decir que eso no es un verdadero programa contra el hambre. Ese bono productivo que entrega el gobierno en algunas regiones campesinas es similar a las viejas fórmulas “contra la pobreza” del Banco Mundial. Y esas fórmulas no han funcionado en ninguna parte, sólo sirven para hacer propaganda política.

No hay que confundir la propaganda de un programa gubernamental con la eficiencia de ese programa gubernamental. Además, los más pobres, los que tienen más hambre pero no tienen ni una manzana de tierra, no están recibiendo nada de ese programa. El hambre tiene distintas causas en cada lugar. En Waspán las cosechas son afectadas por las plagas de ratas. En otras zonas del Caribe la tierras se inundan permanentemente. En otros lugares la gente no tiene caminos para sacar sus productos al mercado. Si el gobierno quisiera combatir el hambre, llamaría a cinco o diez personas -y las hay en Nicaragua- con experiencia, con años de estar en esto, con resultados, que le diseñarían gratis el mejor programa multifactorial, participativo y realista contra el hambre. Pero, ¿quiso el gobierno escuchar a alguien, quiere escuchar a alguien? No quiso, ni quiere.

La política para enfrentar el hambre y la pobreza es mucho más compleja que repartir vacas, chanchas y gallinas ponedoras, que sólo ponen si comen cantidad de un concentrado que luego la gente no puede comprar, como parecen ignorar los filósofos inspiradores de ese paquete precocinado que es el bono productivo. Proyectos como el Hambre Cero ya se han hecho en este país, y no funcionan. No han funcionado. ¿Por qué no aprende el gobierno de los errores cometidos? Un programa contra el hambre debe ser integral. Comienza porque las mujeres aprendan otros oficios que no sean los del campo, porque las relaciones de pareja sean sin violencia, porque la salud sea accesible, porque los servicios municipales avancen, porque haya un banco de fomento que les garantice créditos... Llevamos siete meses ¿y por qué no aparece ya el Banco de Fomento? Porque el gobierno quiere dar créditos contra votos, quiere comprar la voluntad política de la gente.

La gran ausencia en este gobierno es una verdadera política de desarrollo integral del país. En la época de Bolaños, el desarrollo económico se hacía depender del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y ahora se hace depender de la colaboración venezolana. Ninguna de éstas dos políticas es la correcta, pues ubican nuestro desarrollo en las políticas de otros. Este gobierno ha sido incapaz, hasta ahora, de mostrar una política de desarrollo, que se enfoque en las capacidades nacionales, que respalde el trabajo de los campesinos y campesinas, de pequeños y medianos productores y empresarios que requieren créditos en buenas condiciones, programas de apoyo técnico, orientación y capacitación para aprovechar los mercados. Y más allá de la gratuidad de los servicios educativos y de salud, la política social no parece existir o es aún desconocida en sus objetivos, su alcance y sus compromisos.

Hasta aquí los hechos. Las señales. Las “pintas” que nos indican por dónde va el rumbo del gobierno. Daniel Ortega ha establecido diálogo con los empresarios en el INCAE, con grandes inversores como el mexicano Carlos Slim, el hombre más rico del mundo, con las transnacionales y con los organismos financieros internacionales, con el Fondo Monetario. Diálogo con los pobres no ha habido. Sin embargo, a pesar de estos hechos, de estas realidades, mucha gente se confunde cuando oye el discurso de Daniel Ortega. Y cree que el gobierno va hacia una radicalización. Es un error.

El discurso de Daniel Ortega sólo apunta a mantener tranquila y confortable a una base social que quiere oír ese discurso, un discurso revolucionarista. No revolucionario, porque lo revolucionario tiene contenido y lo revolucionarista es la pura frase. Esos discursos responden a mucha gente que necesita oír esa fraseología, aunque de concreto no haya nada, a mucha gente que le da más importancia al discurso y que necesita escuchar que la revolución sigue y que sigue en un proceso de radicalización infinito. Hay muchos verdaderos sandinistas que quieren oírle eso a Daniel Ortega. Su discurso se dirige a confortarlos, a alentarlos, aunque las palabras estén alejadas de los hechos. Así, mientras Daniel hable mal de Unión Fenosa, no parece importar que con la otra mano se arregle con Unión Fenosa. Mientras hable mal del Fondo Monetario, no parece importar que se arregle en secreto con el Fondo Monetario en el otro lado de la mesa.

En materia económica, éste es un gobierno que privilegia al gran capital, es populista y demagógico. Y en materia política es un gobierno esencialmente autoritario e intolerante. Tiende a la concentración de poder en la pareja presidencial y en la familia presidencial. Y ésa es la lógica de los Consejos del Poder Ciudadano: un mecanismo del danielismo para agrupar todas sus fuerzas evitando que haya debate y dispersión y manteniéndolas cohesionadas alrededor de una única figura, Daniel Ortega, que es la cabeza, con su brazo ejecutor, que es Rosario Murillo.

La derecha piensa que los Consejos están diseñados exclusivamente para perseguir, para controlar, para frenar a los opositores. Algo van a hacer de eso, porque los Consejos son muy sectarios y el sectarismo siempre conduce a más sectarismo. Una secta no tiende a abrirse sino a cerrarse y a buscar la exclusión de quien no pertenece a ella . Pero una de la funciones más importantes de los Consejos es la de congregar al danielismo y, a la vez, eliminar de la competencia a otros líderes del Frente. ¿Por qué tiene necesidad Daniel Ortega de eso? Porque la Constitución Política establece que él ya no se puede reelegir. Fue Presidente en 1984 y se reeligió en 2006. Ya no tiene opción adicional. Para poder reelegirse tendría que haber una reforma constitucional y eso sólo lo logrará continuando su acuerdo, su alianza y su intimidad con Arnoldo Alemán. Pero eso no le basta: para reelegirse también necesita que no haya otros aspirantes a la candidatura presidencial en el Frente. Por eso hay cabezas que ya están rodando o a las que les están dando su sombrerazo para que no estén sobresaliendo. Y para reelegirse necesita tener cohesionada, alineada a su base, al núcleo central de los votos que consiguió en 2001 y en 2006. Todas las figuras potencialmente candidateables en el Frente están fuera del gabinete. Porque estando fuera, están también fuera de la mirada pública, fuera de “la foto”. Por eso el gabinete que escogió Daniel es políticamente débil. Algunos son buenos técnicamente, otros regulares y otros malos, pero el común denominador de todos es que políticamente son débiles. Los que tienen peso político están colocados convenientemente en el nivel de asesores, no están a un nivel que les permita un protagonismo cotidiano, un protagonismo que pueda ser competitivo ante una eventual próxima candidatura de Daniel Ortega.

El danielismo necesita cohesionar a su base y fortalecerla alrededor de Daniel. Ya ni siquiera se habla del Frente Sandinista. El objetivo es concentrar poder e imagen en Daniel Ortega. Asistimos a la consolidación del danielismo desde el gobierno. Para así perpetuarse en el poder. Y ése no sería el problema, porque la lógica de todo partido político es continuar en el poder. El problema es que el modelo de un danielismo fortalecido y concentrado, implica también autoritarismo. El caudillismo implica autoritarismo, implica lesionar la democracia. Y eso es el danielismo: caudillismo. Viendo la desnaturalización del FSLN a lo largo de estos años y el comportamiento del actual gobierno, comparto la opinión de Edelberto Torres Rivas que dice que hay que preguntarse ahora si hay o no un “sandinismo de derecha”.

El sentido de una revolución es darle protagonismo al pueblo. Una revolución no es para darle todo el poder al partido ni mucho menos para dárselo al secretario general del partido. No hay poder revolucionario sin protagonismo popular. No se es revolucionario por hablar de socialismo. El fascismo también hablaba de socialismo, era populista y nacionalista, y llevó a la humanidad a la segunda guerra mundial.

Para que haya protagonismo popular, poder popular, el pueblo tiene que tener información, tiene que estar informado. ¿Cómo va a ejercer su poder el pueblo frente al acuerdo con el Fondo Monetario si no tiene información de lo que se está acordando? ¿Estamos a favor o en contra? No tenemos información. La información es poder. La información es la base del poder de la ciudadanía, que expresa su poder a través de sus propias asociaciones y agrupaciones, de sus propias organizaciones, de sus movilizaciones, de sus luchas. ¿Pero será “poder ciudadano” el administrado, regulado, controlado y dirigido desde el gobierno, desde una familia con poder gubernamental? Eso no es poder ciudadano, es autoritarismo.

Poder ciudadano es reconocer que hay asociaciones de pobladores en los barrios, que hay asociaciones de campesinos, que hay cooperativas, que hay grupos de mujeres campesinas organizadas, que hay padres y madres de familia organizados en torno a los consejos escolares y que ellos deben tener información para ejercer el poder. Poder ciudadano es el que ejercieron en julio los maestros, las maestras y los padres de familia de San Dionisio, en Matagalpa, que rechazaron al delegado municipal de educación, nombrado por politiquería y exigieron que les nombraran al que ellos consideraban que era el más capaz. Se sentaron en la plaza del pueblo a reclamar y no se levantaron hasta que el ministro tuvo que rectificar. Eso es poder ciudadano.

Si verdaderamente se quiere un poder ciudadano, un poder popular, habría que fortalecer lo que el pueblo mismo hace, crea y construye y no venir a montar un mamotreto nuevo desde el gobierno, con dirigentes e interlocutores seleccionados por el dedo del poder gubernamental. Porque, ¿quiénes son los delegados de los Consejos del Poder Ciudadano en los departamentos? Los secretarios políticos del Frente Sandinista. Qué casualidad... Están ahí para hacer clientela política, para repartir prebendas, para asegurar la cohesión de la base danielista y la exclusión del resto de la sociedad.

Este gobierno llegó a la extraña conclusión que en Nicaragua la gente es una manada de borregos, que no está organizada. El gobierno debe tener el valor de reconocer que en Nicaragua la gente está organizada. En este país hay multitud de organizaciones, desde la asociación de scouts de Nicaragua y las Hijas de María hasta los gremios y los sindicatos, las organizaciones campesinas e indígenas, de mujeres y de jóvenes, de pobladores y sectores, las organizaciones de empresarios, grandes, medianos y pequeños. ¡Todo el mundo está organizado en Nicaragua! ¿Quién no pertenece por lo menos a una organización?

La Ley de Participación Ciudadana, que está vigente, dice que esas organizaciones tienen poder, que pueden inscribirse en la alcaldía, que la alcaldía no es la que les da el poder, que sólo certifica que existen. Ésa es la base del verdadero poder ciudadano. Eso es lo que hay que reconocer, respetar, promover y consolidar. ¿Para qué queremos entonces que nos encajen los Consejos del Poder Ciudadano, que son el poder del danielismo enmascarado?

Este gobierno amenaza la democracia. Y no la democracia del COSEP ni la libertad de los grandes empresarios o de los grandes medios. Amenaza las libertades, el poder y las capacidades de la ciudadanía y de los más pobres en sus asociaciones y en sus organizaciones.

El gobierno ya ha dado las pintas, las señales, de lo que quiere hacer. No es un gobierno para todos, para todo el país. La política del Presidente Ortega está siendo la misma del dictador Somoza García: plata para los amigos y palo para los adversarios. Con los medios de comunicación, la línea ha sido asfixiarlos por la vía económica y por la vía de las amenazas. Hay medios que han sido amenazados clara y explícitamente. También hay amenazas contra ONG a los que se quiere sacar del juego, eliminar, restringir, alinear o subordinar. Y en los municipios hay campañas, desde las alcaldías del FSLN y desde las instituciones del Estado contra todo el que piense diferente. Eso es autoritarismo y el autoritarismo es por definición excluyente. Plata para los amigos, palo para los adversarios. Eso quiere decir que todo el que no se alinee de manera incondicional recibirá palo. Este gobierno no quiere lealtades ni fidelidades, quiere incondicionalidad. Una cosa es ser leal, y otra ser incondicional. Y a todo el que no sea incondicional le van tratar de dar un garrotazo.

¿Aprenderá el gobierno a ser tolerante? No, si no lo obligamos. Si nos amenazan y nos callamos, ¿aprenderá el gobierno a ser tolerante? No, lo que aprenderá es que su método es efectivo. Aprenderá a ser democrático si lo obligamos y luchamos para que lo sea. El que crea que la manera de enseñarle al danielismo a ser democrático es callándose y agachando la cabeza está equivocado. Aquí se están instrumentando amenazas políticas por todas partes para que la gente se “suavice”. Ya Orlando Núñez se dejó ir contra la revista “Envío”, contra la UCA, contra la comunidad jesuita, a ver si los jesuitas agachan la cabeza. Si logran que la revista “Envío” no sea independiente, verán que su método funciona. Quieren que nos autocensuremos. Porque practicar la censura es muy trabajoso. La meta es lograr que nos autocensuremos y así los responsables del silencio seremos nosotros mismos. ¿De qué dependerá que este gobierno se enrumbe o no por un cauce democrático? Dependerá de nosotros. Si en esta “toma de medida” inicial nos callamos, agachamos la cabeza y nos autocensuramos, ¡alistémonos! Porque ese modelo autoritario familiar, se hará dinástico y así es como se encajan las dictaduras en los países.

Sin embargo, no creo yo que lleguen a eso, que lo consigan. Ya he visto demasiado. Vi caer a la dictadura somocista, que nadie creía que se iba a caer, ni ellos mismos, ellos menos que nadie. Y se cayó. Pero no se cayó sola, la botamos. Cuando llegó Alemán al poder, mucha gente creyó que Alemán y los liberales iban a estar cien años en el gobierno y hubo mucha gente que corrió a venderse. Daniel Ortega corrió a entregarse en brazos de Alemán en una transacción de compra-venta: cargos, prebendas, nombramientos, poder institucional, sillas en la Corte Suprema, en el Poder Electoral, más magistrados, megasalarios. Eso no fue un acuerdo. Porque un acuerdo tiene que ver con el país, con su bienandanza. Y el pacto sólo tuvo que ver con la repartición de cargos y con andar tapándole los robos a Alemán, favoreciendo la gran corrupción de aquel gobierno. Y todos los grandes corruptos del gobierno de Alemán están libres ya por transacciones hechas con el danielismo, antes de que el danielismo llegara al gobierno.

El MRS está en la mira de este gobierno. Hay gente a la que han corrido de sus trabajos en el gobierno por ser del MRS, porque suponen que lo son o simplemente porque sospechan que pueden serlo. Pero no vamos a agachar la cabeza. Haremos oposición basados en nuestro programa. El MRS ha sido siempre un partido programático, no coyunturalista. Vamos a orientarnos en la oposición desde el programa que presentamos al pueblo en estas elecciones. Haremos oposición en la Asamblea Nacional, en la calle, en contacto con la gente y con todos los mecanismos que tengamos. Y también iremos a las próximas elecciones municipales. Queremos que haya realmente poder ciudadano y trabajaremos en esa dirección.

Hay algunos sectores nacionales que sienten una “ansiedad opositora”, que se sienten obligados a oponerse a todo, a confrontarlo todo. En el MRS no sostenemos la tesis de que hay que oponerse a todo lo que haga el gobierno. A nosotros, por ejemplo, nos parece muy bueno para Nicaragua el acuerdo petrolero con Venezuela. Lo que no nos parece bueno para Nicaragua es que el gobierno trate de pasar el dinero de ese acuerdo por fuera del presupuesto. Porque eso quiere decir que no sabremos para qué va a servir, cómo se va a gastar. Después de haber reducido bastante nuestra deuda externa, tenemos un problema potencial de incrementarla con la ayuda de Venezuela.

El acuerdo petrolero involucra unos 300 millones de dólares anuales, que se convertirán en un financiamiento que hay que pagar en un plazo largo y con una favorable tasa de interés. Es efectivamente un préstamo muy ventajoso, pero al fin y al cabo préstamo. Y los préstamos hay que pagarlos. Tenemos la opción de usar ese crédito en inversiones para el desarrollo del país o de usarlo en prebendas y en clientelismo político. Trescientos millones en cinco años serán 1,500 millones de dólares, una cantidad que casi duplica la deuda externa actual. ¿Qué intención tendrá un partido que quiere administrar 300 millones de dólares fuera del presupuesto gubernamental? No puede ser una buena intención. Darle poder a la ciudadanía es hacer transparente el uso de esos fondos. Y por eso el MRS introdujo una iniciativa en la Asamblea Nacional para establecer en qué debe usarse ese dinero: viviendas, salud, educación, banco de fomento, reforestación, agua y saneamiento, energía. ¿Tiene coincidencias programáticas el MRS con la ALN? En materia de democracia representativa tenemos algunas coincidencias. Pero, ¿coincidencias con el gran capital, que es a quien representa la ALN? Ninguna. La preocupación central de la ALN son los empresarios y la nuestra son los pequeños y medianos productores, los trabajadores, los pobres. No tenemos ninguna coincidencia programática con la ALN. ¿Tenemos coincidencia con la ALN en sus críticas a todo lo que ocurre en Venezuela? Tampoco. ¿Hay que oponerse a la ayuda venezolana porque hay que oponerse a Chávez? No, lo que sucede en Venezuela es un problema de los venezolanos. Lo que nos importa a nosotros es si Chávez se mete en nuestra política interna. Lo que nos importa es lo que haga el gobierno nicaragüense con la ayuda venezolana. Y así como creemos que la ayuda venezolana es positiva, también creemos que el presidente Chávez debe guardar absoluto silencio en materia de la política interna nicaragüense. Nicaragua no es una provincia de Venezuela.

No coincidimos con la ALN en su oposición a la relación con Irán. Creemos que Nicaragua puede tener relaciones con cualquier país. Y no creemos que nuestras relaciones dependan del visto bueno del gobierno de Estados Unidos. Nuestra preocupación es que el Presidente de Nicaragua se convierta en un pelele de un gobierno extranjero. Y dio pena ver al Presidente Ortega, en el acto del 19 de Julio, convertido en un agitador más coreando el nombre del presidente Chávez. Si en algo estima la soberanía nacional, Daniel debería recordar que él porta la investidura del país, que lo obliga a comportarse como tal, particularmente en política exterior.

Hay gente que dice que como éste es un gobierno “de izquierda” hay que tenerle paciencia y no hacerle el juego a la derecha criticándolo. Nosotros decimos que éste es un gobierno. Y que un gobierno tiene que apegarse a las leyes. Y que debemos seguir luchando por la democracia y por los más pobres de Nicaragua.

¿Tenemos que hacer una transacción con este gobierno, sólo porque dice ser sandinista? No, tenemos que ser intransigentes. Lo que ha caracterizado a la izquierda es su intransigencia, su radicalidad. Lo que cuenta no es la etiqueta que este gobierno quiera colocarse, el vestido que quiere ponerse para lucir en el desfile político. Lo que cuenta son los hechos, la práctica, ni siquiera las intenciones.

Yo deseo ardientemente la unificación del sandinismo, pero no al precio de olvidarnos de la lucha contra la corrupción, de la lucha por los pobres y de la lucha por la democracia. Miles de nicaragüenses murieron por eso. Miles.

Como sociedad estamos hoy viviendo sobre la sangre de miles de nicaragüenses que murieron para terminar con una dictadura, para terminar con la pobreza. ¿Por qué tendríamos que tolerar la conducta de un gobierno que pretende imponernos un modelo autoritario y que quiere hacer de la necesidad de los pobres una escalera para sus ambiciones de poder político?

Yo creo que el pueblo nicaragüense logrará atravesar este trecho de su historia, enfrentando el autoritarismo, la manipulación sectaria, la demagogia. Soy optimista y creo que el pueblo continuará avanzando para construir su democracia, para construir su poder, para mejorar su vida, para alejar el hambre y la pobreza de la mesa de la mayoría de las familias nicaragüenses. Lo único que nos toca hacer es seguir luchando en esa dirección.

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