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  Número 305 | Agosto 2007
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Nicaragua

Las cartas sobre la mesa

Tenemos ya todas las cartas sobre la mesa del gobierno Ortega-Murillo: su gran proyecto son los Consejos del Poder Ciudadano. Harán contrapeso a la Asamblea, repartirán recursos para cosechar votos y neutralizarán la sociedad civil y las ONG. Este proyecto busca transformar el modelo de gobierno. ¿Agrietarán los CPC el pacto dentro del PLC, tan encementado en el antisandinismo? ¿Cómo reaccionará la población, tan habituada al clientelismo y al caudillismo?

Equipo Nitlápan-Envío

Julio es siempre un mes de acontecimientos políticos. También este año. Aunque con más novedades este año que en los más recientes.

ALN: HAGAMOS UN MURO


El domingo 8, Eduardo Montealegre celebró con la Alianza Liberal que él preside el 114 aniversario de la Revolución liberal, convocando a las fuerzas democráticas, empezando por nuestros hermanos liberales del PLC a construir un muro de contención contra las pretensiones totalitarias del Presidente Ortega. Se refería especialmente a la puesta en marcha de los Consejos del Poder Ciudadano.

El miércoles 11, el PLC celebró el mismo aniversario que ALN, con su tradicional Convención. Después de cinco años ausente de este acto anual por estar “detenido”, la presidió el reo Arnoldo Alemán, una impunidad insólita, pero ya tolerada por toda la clase política. Alemán gritando hermosamente a su pueblo y su pueblo reaccionando con emoción: así describió el papel de Alemán en la Convención su principal asesor político, René Herrera. Efectivamente, Alemán se dedicó a gritar descalificando a Montealegre y no habló de las cuestionadas decisiones del gobierno de Ortega sino de sí mismo, de que por fin volvía al PLC como manager que ya está en el terreno de juego.

PLC: PACTO SÍ, PACTO NO

Alemán presidió el encuentro, pero no logró controlar completamente a quienes se encontraron. Desde que en enero Ortega le concedió a Alemán el país por cárcel facilitándole así recorrer toda Nicaragua y participar en cualquier actividad política y dar todo tipo de declaraciones,, el liderazgo de Alemán no ha levantado más cabeza que la que ya tenía. Alemán no enarbola la bandera del antisandinismo, sino la del anti-montealegrismo. Eso entorpece la unidad del liberalismo -lo que le conviene a Ortega-, pero también le resta simpatías a Alemán, porque para una mayoría de liberales Ortega es un problema y una amenaza mayor que Montealegre.

Según Eliseo Núñez -hoy en ALN y buen conocedor de las entrañas del PLC- Alemán mantiene dividido al PLC en dos sectores: los que prebendariamente viven del pacto con el FSLN y opinan a favor de que el pacto continúe. Y los que quieren presentarse como candidatos a cargos de elección popular y el pacto les estorba porque para ganar esos cargos necesitan de los votantes antisandinistas. La radiografía que ofrece Núñez es la de un partido sin ideología. Sus líderes se mueven en función de cualquier cosa que les resulte conveniente. Apoyar el pacto si eso conviene. Rechazarlo, si apoyarlo resta votos. Es precisamente ese pragmatismo de los liberales y de los danielistas la filosofía común que facilita su colaboración para mantenerse en el poder.

Hoy por hoy, y por el pragmatismo del PLC y del FSLN el pacto sigue vivo y colea: en el primer trimestre de este año, el FSLN y el PLC se repartieron 32 cargos públicos en las instituciones estatales en el marco del arreglo político amañado que mantienen desde hace ocho años y por el que controlan las instituciones “mita y mita”.

ALEMÁN A LA DEFENSIVA

Pero el pragmatismo que domina las conductas de los líderes de los dos partidos pactistas no necesariamente condiciona la visión y las aspiraciones de su militancia. Las crecientes evidencias de que el proyecto Ortega-Murillo es autoritario y excluyente han desgastado el alemanismo dentro del PLC. Certeramente, las bases liberales le atribuyen al pacto la victoria de Ortega y todo lo que hoy está ocurriendo. Y también acertadamente, al problema judicial en el que Alemán está atrapado se le atribuye la continuación del pacto. También hay evidencias de que el pacto y la conducta errática de Daniel Ortega han empezado a causar molestias en la militancia y hasta en un sector del liderazgo del FSLN, aunque de esto se habla en voz muy baja.

El mes ha estado pleno de señales novedosas en el monolitismo alemanista del PLC: alcaldes que se le rebelan a Alemán y lo desconocen en público, diputados que lo llaman “tirano” y compiten con él por la dirección del partido, declaraciones que cuestionan las del “máximo líder”, hasta abucheos de alcaldes liberales contra el Cardenal Obando, en presencia de Alemán, reclamándole al jerarca por su alianza con Ortega.

En respuesta, reacciones defensivas de Alemán: intentos de purgas y declaraciones incoherentes. Alemán ya no parece tener ni la primera ni la última palabra en el partido. Sin embargo, la crisis actual en la granja liberal muestra también el profundo arraigo del liderazgo de este hombre hombre y, por lo tanto, la solidez con la que está plantado el caudillismo en la cultura política del país.

Todo esto permite predecir la permanencia del pacto Alemán-Ortega por un buen tiempo. Al menos, mientras no haya sentencia definitiva sobre el caso Alemán. Y permite predecir que, entre desobediencias y adulaciones, asistiremos a un permanente vaivén en los encuentros y desencuentros que se dan en los diálogos por la unidad entre las dos mitades del antisandinismo liberal, el PLC y la ALN.

UN MURO
O UN SOMBRÍO HORIZONTE

Aunque el análisis político nicaragüense es cada vez más superficial, porque lo político se convierte cada vez más en una mampara que oculta la realidad del poder ilegítimo e ilegal que nos domina, y aunque la política no es matemática, el número de diputados en la Asamblea Nacional que siga controlando o no Alemán es crucial para la pervivencia del pacto, y por consiguiente, para el futuro político de Alemán. ¿Para el futuro de Nicaragua? Eso ya es mucho decir.

De un total de 92 votos, si el PLC en pleno se decantara por construir el “muro” para detener el autoritarismo de Ortega -lo que significaría el principio del fin del pacto- y uniera sus votos a los de ALN y el MRS, habría una mayoría de 50 votos. Habría un muro parlamentario.

Sin embargo, si el PLC en pleno permaneciera bajo la sombrilla del pacto, Alemán y Ortega reunirían 63 votos, lo que les permitiría reformar la Constitución y eso significaría la reelección de Ortega -a eso aspira- y significaría más: ver enfrentados como candidatos presidenciales en el año 2011 a Daniel Ortega y Arnoldo Alemán, que aspira también a la reelección y así lo viene declarando por todos lados. Sombrío y patético horizonte. Pero posible.

UN COSTOSÍSIMO 19 DE JULIO

La tercera gran actividad política de este julio fue la más reveladora. El jueves 19, el gobierno Ortega-Murillo celebró el 28 aniversario de la Revolución que derrocó la dictadura de Somoza, montando un costosísimo espectáculo que desdice de la austeridad que el gobierno proclama.

En la conmemoración del histórico 19 de Julio el gobierno del FSLN puso ya sobre la mesa todas sus cartas: se nos anuncia que hemos entrado en la “segunda etapa de la revolución”; sabemos ya que esta segunda etapa se financiará con ayuda externa, especialmente la de Venezuela -¿y la de Irán?-; será central en esta etapa el culto a la personalidad de Daniel Ortega; y serán los Consejos del Poder Ciudadano los que garantizarán esa revolución, los que repartirán la ayuda y los que mantendrán el culto.

Unas 150 mil personas -tal vez más-, pobres de todo el país, sandinistas de toda la vida, sandinistas nuevos y existenciales por la pobreza que padecen, acudieron a la plaza a celebrar el 19 de Julio. El espectáculo tuvo una solemnidad externa desproporcionada a sus contenidos y el derroche de recursos -remodelación de la plaza, pantalla gigante, juegos de luces, profusión de fuegos artificiales nunca vistos, bombas que llenaban el cielo de globos de colores con banderitas de los países del ALBA-, resultaba ofensivo para el empobrecido país en que vivimos. Junto al Presidente Daniel Ortega, el Presidente venezolano Hugo Chávez y los Presidentes de Honduras y Panamá, Mel Zelaya y Martín Torrijos. Chávez y Zelaya extasiados ante la multitud enfervorizada. Torrijos no tanto.

Un dato muy significativo: a pesar de lo fastuoso del espectáculo, a pesar de que Hugo Chávez estaba en Managua, a pesar de que Nicaragua es miembro del ALBA y a pesar de las vivas que Ortega tributó a Fidel Castro durante su alocución, el diario oficial cubano Granma no dedicó una sola línea a la celebración del aniversario de la revolución sandinista ni antes ni después de la efemérides. El distanciamiento cubano con el FSLN es más que evidente. Un dato para la re¬flexión de las “izquierdas del mundo”.

HABLA “DANIEL DE AMÉRICA”

En la plaza de la celebración todo fue desmesurado, incongruente y contradictorio. La maestra de ceremonias, Rosario Murillo, presentó así al orador central: Con nosotros, tu Presidente, tu Comandante, tu hermano, tu amigo, ¡Daniel de Nicaragua, Daniel de América, Daniel de los pobres de América Latina! Ver el rostro inexpresivo de Daniel Ortega y escuchar su incoherente discurso después de la rimbombante presentación que le hiciera su esposa, era como presenciar el brillo de una bujía “de 25”, después de que se anunciara la salida del sol.

En correspondencia a la presentación, Ortega quiso revestir de grandiosidad su fragmentado y disperso discurso, en el que arremetió contra el capitalismo salvaje, el colonialismo europeo y el imperialismo yanki enlazando sus dispersas palabras con un bíblico hilo conductor.

Así arrancó: Cuando me tocó hablar, al escuchar el nombre de Abel (Abel Prieto, ministro de cultura de Cuba, presente en el acto), inmediatamente me acordé de la historia de la Humanidad, una historia que podemos definir con mucha sencillez. Lo dicen las Escrituras, lo dijo Cristo con toda claridad. Y es que cuando Dios creó el mundo, creó los mares, ríos, bosques, montañas, volcanes, las diferentes especies y al final en el Paraíso a Adán y Eva. Luego, la historia de la manzana. Después los descendientes de Adán y Eva, Caín y Abel. Allí empieza, allí están los orígenes de los sufrimientos de la humanidad, de los pueblos. Caín asesinó a su hermano Abel... Allí mismo tenemos dos comportamientos en los orígenes de la humanidad: el que viene con una actitud de avaricia, egoísmo, capaz de asesinar a su hermano; y el que viene con un espíritu solidario, de amor, de justicia.

Y así se detuvo, casi dos horas después: ¡Abel tiene que triunfar! ¡Caín va a ser derrotado por los pueblos!

¿UN MILLÓN ORGANIZAD@S?

Lo verdaderamente concreto del colorido acto fue el informe que Rosario Murillo rindió al Presidente Ortega. Según su Coordinadora, ya están organizados en todo el país 6 mil 334 Consejos del Poder Ciudadano, con 500 mil 288 integrantes. Para el 14 de septiembre, Murillo anunció que estaría lista toda la estructura de esta “democracia directa”: 16 mil 957 CPC con 938 mil 523 personas integradas, sin contar los CPC del Caribe Norte.

¿Son reales estas cifras? De serlo, Murillo habría logrado en tan sólo unos meses organizar en los CPC a una cantidad similar a la de todos los votantes por el FSLN, que son unas 900 mil personas, ese 38% que permitió a Daniel Ortega regresar al gobierno. ¿Son todos los integrantes de los CPC votantes sandinistas? En cualquier caso, casi un millón de personas adultas organizadas comarca por comarca, barrio por barrio, municipio por municipio, no dejan de ser una fuerza tremendamente significativa en un país con tan sólo unos dos millones y medio de gente adulta.

¿Organizadas cómo? La estructura es complicada y muy jerarquizada. Cada Consejo atiende a 100 personas, en cada Consejo hay 16 responsables de 16 áreas precisas y delimitadas. Con los responsables del Consejo barrial se armará el “gabinete” barrial, por encima estará el gabinete distrital, por encima el gabinete municipal… y así hasta el gabinete nacional. En la cumbre de esta pirámide está la pareja presidencial.

Enrique Picado, directivo del Movimiento Comunal -la organización comunitaria nacida en 1988, surgida tras una autocrítica de los CDS sandinistas de los años 80- destaca que, a pesar de su origen sandinista, no han sido tomados en cuenta para aportarle a los Consejos su experiencia de 29 años, tanto en errores como en aciertos. Y señala el principal error cometido por los CDS: sandinizarse. Y la principal lección aprendida desde 1988: “La organización de la gente funciona cuando la gente se organiza como quiere y para lo que quiere”.

UN CONTRAPESO A LA ASAMBLEA

En enero, recién estrenado el nuevo gobierno, la primera “batalla opositora” fueron las reformas a la Ley 290, de Organización del Estado, dentro de la cual Ortega creaba estas nuevas estructuras, los Consejos de Ciudadanía -así se llamaron primeramente y han ido cambiando de nombre-, poniendo al frente como Coordinadora a Rosario Murillo. Ortega tuvo que aceptar las reformas, que establecieron que los Consejos no recibirían recursos del presupuesto público y que sólo tendrían carácter consultivo. Pero, al igual que en ocasiones previas, la pareja presidencial ha privilegiado sus planes por sobre las leyes y le ha ido dando a los Consejos el perfil que quieren que tengan.

El control que Daniel Ortega fue consiguiendo desde 1999 en todas las instituciones del Estado por su pacto con el entonces Presidente Arnoldo Alemán, y el poder casi total del que goza ahora que es Presidente, tiene un límite en la Asamblea Nacional, donde el FSLN no es mayoritario (38 diputados frente a 22 de los liberales de ALN, 25 del PLC, 3 del MRS, más 3 votos flotantes pro-FSLN).

Y aunque la pobreza, la miseria y la falta de oportunidades sí son mayoritarias en la población, también ahí, en la sociedad, el proyecto de Daniel Ortega está en minoría. Los Consejos del Poder Ciudadano tratarán de superar ambos límites: servirán de contrapeso a la Asamblea Nacional durante estos cinco años y manejando recursos de todo tipo, ampliarán la base de votantes del FSLN para que en el próximo período la pareja Ortega-Murillo pueda reelegirse y cuente por fin con mayoría parlamentaria.

UN EMBUDO Y UN CAOS

Las reformas impuestas a Ortega en enero no lograron reformar los Consejos. La reforma legal no fue respetada. Aunque no manejarán partidas presupuestarias, los CPC ya están administrando recursos o haciendo listas para cuando los recursos venezolanos o iraníes o taiwaneses o de otros lugares lleguen: becas, medicinas, empleos, proyectos de viviendas, titulación de tierras, los bonos productivos alimentarios del proyecto Hambre Cero, urea venezolana, créditos del nuevo proyecto Usura Cero...

Y desde enero a acá, el Presidente y su esposa han ido “subiendo la parada”: los CPC serán órganos de decisión, propondrán leyes, harán propuestas y reclamos ante cualquier autoridad, tendrán puerta abierta en los ministerios y alcaldías, vigilarán la actuación de los funcionarios de todos los niveles, podrán destituirlos, podrán destituir a los alcaldes, sustituirán las instancias de participación municipales y departamentales ya existentes... Es decir, “gobernarán”. Según Elías Chévez, Delegado de los CPC en Managua -que cuentan ya en la capital, dice él, con 100 mil personas organizadas- tendrán tan enorme poder de decisión en todo, porque a diferencia de los electos en la democracia representativa no reciben salario, lo hacen por vocación, por amor a la comunidad.

¿Es posible que un millón de personas gobiernen a la vez, que las más de mil personas organizadas en un municipio decidan a la par de las autoridades municipales que ya, por ley, convocan cabildos para consulta y ya, por ley, debaten con instancias de participación municipal en procesos que no han sido ni fáciles ni suficientemente fluidos? Desde su experiencia de gobernar la capital, el alcalde del FSLN en Managua, Dionisio Marenco, declaró que si el modelo de los CPC es el que anuncia la pareja presidencial provocará un embudo y generará un caos.

“HAY UN MANEJO SECTARIO”

Pero, ¿dónde estaría el problema, el riesgo, lo negativo, de una población tan masivamente organizada y tan empoderada, personas a las que se les confían tareas de tanta importancia y que las asumen por amor a la comunidad? ¿No es esto, como dicen los defensores de los CPC y sus propagandistas, algo inédito y prometedor en un país como Nicaragua?

Hasta el momento, todas las informaciones de que disponemos indican que los delegados de los CPC son los secretarios políticos del FSLN en los distintos niveles -departamentos, municipios, barrios, comarcas-, que en muchos lugares han ido haciendo listas, casa por casa, con sus “jefes de ruta” electorales, de los votantes sandinistas, un método que ahuyenta a quienes conocen a los sandinistas lugareños como personas de trayectoria dudosa o como gente que apoyará incondicionalmente lo que les ordene Ortega.

El diputado socialcristiano Agustín Jarquín, aliado del FSLN, ha tenido que reconocer que en el territorio, en la concreta, hemos visto que los Consejos han tenido un manejo sectario.

Hasta el momento, la tendencia que se vislumbra es que los CPC han sido creados para ser cajas de resonancia de las políticas gubernamentales, que no cuentan con un consenso nacional, entre otras cosas porque la pareja presidencial son incapaces de articular ese consenso. Y que serán cajas chicas o medianas para repartir ayudas, prebendas y favores, profundizando así el tradicional clientelismo político, que sí tiene arraigo nacional. Quitar autonomía y dar regalos: una combinación nefasta.

UN PROYECTO PARTIDARIO
VESTIDO DE ESTATAL

En varios departamentos ya no se consigue un empleo en ninguna institución estatal sin una carta del secretario político del FSLN, delegado también del CPC. Tampoco se conseguirán otras cosas. En algunos lugares, los CPC ya han empezado a actuar. En otros son aún un proyecto: una lista de personas apuntadas en un papel, que han acudido a varias reuniones, pero que todavía no saben con claridad lo que harán con los nuevos atributos de poder que se les prometen. En algunas alcaldías en manos de alcaldes liberales los CPC ya están actuando por encima de las disposiciones municipales. En otras, se anuncia que las instancias de participación organizadas por la ley dejarán de funcionar.

El problema es legal y de fondo: se trata de un proyecto partidario y sectario que se está vistiendo de proyecto estatal, institucionalizando así una nueva modalidad de gobierno, desconociendo leyes ya existentes que daban forma a la participación ciudadana y tratando de suplantar las primeras experiencias de participación que ya estaban funcionando en algunos lugares del país.

Se está confundiendo el derecho a la participación y a la organización que garantiza la Constitución y el derecho de los ciudadanos a decidir libremente las formas de organizarse, con la organización desde el Estado de instancias públicas de participación.

EN EL PAÍS REAL

En nombre de la legalidad, de la institucionalidad, para detener el clientelismo político, por temor a revanchas políticas, pensando oportunista o estratégicamente en las elecciones municipales del próximo año, para desbaratar este “proyecto insignia” del gobierno, en nombre de la participación... por una multiplicidad de razones, los dos partidos liberales (PLC y ALN) y el Movimiento Renovador Sandinista coincidieron este mes en unir sus votos en la Asamblea Nacional para eliminar los Consejos de la Ley 290, dejándolos reducidos a ser una organización partidaria del FSLN, pero no una organización pública, estatal.

Naturalmente, aún si los “ilegalizaran” de esta forma -pueden porque los tres partidos reúnen una mayoría de 50 votos, pero ¿querrá realmente el PLC?-, esto no garantiza que los Consejos dejen de seguir actuando como instrumentos de presión del partido para respaldar las políticas del gobierno y torpedear otras organizaciones comunitarias.

En el país legal serían ilegales. Y en el país real actuarían como una especie de organización para-estatal. También en el país legal Nicaragua es un Estado laico, y en el país real no hay acto político del nuevo gobierno que no inicie con una oración, un sermón y las bendiciones de un sacerdote católico. En el país real -como nos decía un viejo sociólogo- se puede gobernar ilegítimamente con o sin el apoyo de la ley.

“EN LAS CALLES SE RESOLVERÁ”

Al gobierno Ortega-Murillo le preocupa que esos 50 votos se junten con este fin. Sería un precedente. Daniel Ortega culminó su discurso del 19 de Julio, visiblemente alterado: ¡Ellos tienen los votos en la Asamblea para decir que desaparezcan los Consejos del Poder Ciudadano, pero estarían, en primer lugar, incumpliendo lo que manda la Constitución y deben estar totalmente claros, que es voluntad, es un derecho del Gobierno, es un derecho del Presidente compartir el poder con el pueblo! ¡Que el pueblo sea Presidente! ¡Ellos no pueden negarme ese derecho!

Si los 50 votos se llegaran a juntar para limitar los CPC a ser herramientas partidarias y no estatales, el Presidente introduciría un recurso por inconstitucionalidad en la Corte Suprema de Justicia, en donde Ortega instru¬mentaliza la justicia a favor de sus intereses. En el país real se puede gobernar ilegítimamente dentro del marco de la ley.

Algunos dirigentes del FSLN, como Gustavo Porras, amenazaron con cercar la Asamblea Nacional si se daba una votación que pusiera una camisa de fuerza a los Consejos. Según Porras, los CPC demostrarán a los diputados dónde radica la verdadera soberanía popular. Ojalá que los prohíban, porque eso va a multiplicar a la gente en contra de esa prohibición. Entonces se va a determinar la correlación de fuerzas en las calles, porque al fin de cuentas es en las calles donde se resuelven estas cosas. En el país real, la calle y no las instituciones y los procesos legales establecidos, lo “resuelven” todo.

Aunque su Coordinadora Rosario Murillo insiste en que los CPC serán el espacio en donde se realizará “la reconciliación” de los nicaragüenses, están reavivando, ya antes de nacer y de actuar, la polarización sandinismo-antisandinismo, provocando en muchos lugares suspicacias, revanchismos, oportunismos, miedos, desconfianzas y tensiones.

OFENSIVA CONTRA LAS ONG

El debate sobre las atribuciones de los Consejos del Poder Ciudadano vino acompañado este mes de una ofensiva gubernamental contra las ONG. Esto no es nuevo. Durante el gobierno de Arnoldo Alemán hubo una muy fuerte embestida oficial contra las ONG, con el objetivo de captar para el gobierno los recursos que manejan. Alemán las descalificaba como ineficientes y por ser “modus vivendi” de vividores. El gobierno Ortega-Murillo busca también apropiarse de sus recursos, pero las descalifica como oligarcas y conspiradoras.

El asesor del gobierno en temas sociales e inspirador del Programa Hambre Cero, Orlando Núñez, encabezó la ofensiva, con un texto ampliamente circulado por Internet, titulado “El asalto al Estado nacional”. En él hace una superficial historia de la privatización neoliberal del Estado nicaragüense y del papel a favor del neoliberalismo que han jugado en esa historia las ONG nacionales para concluir en esta también simplificada clasificación de toda la sociedad civil nicaragüense: A medida que las contradicciones políticas, económicas y sociales arreciaban, la sociedad civil se fue dividiendo hasta conformar tres grupos cívico-políticos cada vez más diferenciados.

Un grupo llamado Movimiento por Nicaragua, manifiestamente afiliado a la oligarquía conservadora y a sus organizaciones partidarias (ALN-PC), muy minoritario en afiliados, pero con cuadros muy influyentes en los medios de comunicación. Un grupo llamado Coordinadora Civil, compuesto en su mayoría por ONG, cuyos dirigentes principales se inclinan cada vez más hacia las posiciones del partido político Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), con un discurso anti-FSLN, aunque gran parte de sus bases territoriales todavía militan en el Frente Sandinista. Un tercer grupo llamado Coordinadora Social, compuesto en su mayoría por movimientos sociales, gremios y sindicatos, manifiestamente cercanos al Frente Sandinista.

Para el FSLN, la Coordinadora Civil es el objetivo principal a neutralizar, precisamente por los orígenes sandinistas de una mayoría de las más de 300 ONG que la integran. Los esfuerzos que muchas de ellas vienen realizando desde hace años por sembrar conciencia de ciudadanía y de participación por todo el país plantean la más seria competencia a los CPC.

¿Y LOS ASALTANTES?

El texto de Orlando Núñez alertó a las ONG y provocó reflexiones y varias respuestas contundentes. En algunas, se le cuestiona que el recuento histórico que hace del “asalto al Estado Nacional” en Nicaragua silencia totalmente la activa participación que tuvo el FSLN en ese asalto y el protagonismo que tuvieron como asaltantes los dirigentes de ese partido al participar en las privatizaciones de empresas, en la aprobación de los dos estrictos paquetes de ajuste estructural, el de 1994 y el de 1998-1999, desmanteladores del Estado nacional e implementados bajo el gobierno Chamorro y el gobierno Alemán, y en la desmovilización de las luchas populares contra el neoliberalismo a lo largo de los años 90.

¿Y EL PACTO?

El ex-miembro de la Dirección Nacional del FSLN, Jaime Wheelock, presidente hoy de IPADE, una ONG que pertenece a la Coordinadora y que trabaja desde 1995 en la promoción de la participación ciudadana, los derechos civiles, la promoción de capacidades locales, etc. respondió a Núñez haciendo una historia de las ONG en Nicaragua mucho más ajustada a la realidad: Durante los dos primeros gobiernos que sucedieron al gobierno revolucionario, la gran mayoría de las ONG tomaron una postura crítica frente a las políticas neoliberales e hicieron oposición a las políticas gubernamentales que fueron cancelando muchas conquistas que habían favorecido a los sectores populares…

Recuerda también Wheelock lo que Núñez olvida en la historia que analiza: el pacto entre Ortega y Alemán: La celebración de acuerdos políticos entre los líderes de los dos grandes partidos FSLN y PLC fue interpretada por muchas personas, líderes y miembros de diversos organismos civiles, y por extensión de ciertas ONG, como un pacto negativo para el progreso del país. Este fenómeno de opinión no permite afirmar que las ONG hayan tomado bandera política o se hayan alineado en un sentido u otro.

CLIENTELA Y RECURSOS

El presidente de la Federación de ONG de Nicaragua, Irving Larios, recuerda que hace un tiempo Orlando Núñez se reunió con la junta directiva de la Federación para decirles que las ONG son sujetos que incomodan a cualquier gobierno y siempre van a ser relaciones conflictivas porque disputan clientela, discursos y recursos.

Los miembros del gabinete social del gobierno -añade Larios- han expresado en sus encuentros que las ONG son muy caras y que los recursos hay que dirigirlos directamente a la población al margen de las mismas. Señala también que en marzo, en la reunión entre las multilaterales y el gobierno, los funcionarios del gobierno les habían expresado que las instituciones del Estado no trabajarían con ONG en la ejecución de los programas del gobierno, sino con el voluntariado de la población. Ya ahora está claro que esos voluntarios serán los pobladores organizados en los CPC.

UN GUIÓN CONOCIDO

Tras su análisis sobre el asalto al Estado nacional, en el que tantas informaciones sustantivas faltan, Orlando Núñez anuncia que los Consejos del Poder Ciudadano serán el principal campo de batalla ideológico en el seno de la población.

Como en una guerra: debemos entender que habrá vencedores, los CPC, y vencidos: todos los demás. Daniel Ortega ha llamado conspiradores y peleles del imperio a quienes han señalado errores y límites a los dos “proyectos insignia” de su gobierno, el Hambre Cero y los CPC. O estás conmigo o estás contra mí. Hay que alinear a todos: o con Abel o con Caín. Y él, representando de Abel.

El guión de este drama -para quienes lo vivimos-, comedia o carnaval -para quienes nos visitan o nos observan desde lejos- es el mismo que la historia de Nicaragua ha registrado por casi dos siglos: gobernar es aplastar. Daniel Ortega parece no conocer otro guión. Parece incapaz de entender la idea del consenso social. Incapaz de digerir las complejidades de la democracia. Incapaz de practicar el discurso de la reconciliación con el que nos abrumó durante su campaña electoral.

UN POCO MÁS DE HUMILDAD

Nadie va a asustarse de las limitaciones políticas de Daniel Ortega. O de sus limitaciones intelectuales. Lo que resulta verdaderamente sorprendente es que en el FSLN no exista la inteligencia para señalar que el guión de la confrontación termina siempre en miseria y en la derrota de todos. Resulta incomprensible que el FSLN, protagonista de la derrota nacional que sufrimos todos como resultado de la evitable confrontación entre nicaragüenses de los años 80 insista hoy en repetir el mismo error. Y ahora, a una velocidad aún mayor, porque en apenas siete meses el gobierno Ortega-Murillo ha llevado al país al borde de un precipicio, al insistir en el “conmigo o contra mí”.

Un “Daniel de América” no es lo que necesitamos los nicaragüenses. En cualquier caso, América no reconoce a Daniel ni como líder ni como profeta ni como Abel resistiendo a Caín. Necesitamos un gobierno nicaragüense, de los nicaragüenses y para los nicaragüenses, sandinistas y no sandinistas. Con una visión nacional, con menos grandilocuencia. Con un poco más de humildad.

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