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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 303 | Junio 2007
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Nicaragua

“Don Gerardo Miranda y nosotros los ladrones”

¿En qué quedará la investigación dirigida por Carlos Fernando Chamorro sobre un caso de extorsión que vincula a la cúpula del FSLN? ¿Con los acusados sancionados o con los acusadores arrinconados contra la pared? Más de 30 años después, las palabras de Pedro Joaquín Chamorro denunciando la corrupción del Somocismo y sus trucos retóricos para evadir responsabilidades cobran máxima actualidad en Nicaragua.

Andrés Pérez Baltodano

Carlos Fernando Chamorro y el equipo del programa de televisión Esta Semana pasarán a la historia de la lucha contra la corrupción en Nicaragua por la revelación que hicieran el 27 de mayo de la existencia de una mafia de extorsionistas vinculada a la secretaría del FSLN.

ANTE DOS CAMINOS

La imagen de Carlos Fernando, al final de ese dramático reportaje, exhortando a los nicaragüenses a proclamar la verdad y a defender nuestras instituciones, será vista y admirada por nuestros hijos y nuestras nietas, cuando en los años venideros se narre la lucha por la justicia y la libertad de expresión en nuestro país.

El rostro firme y seguro del periodista Camilo de Castro, frente a la mirada vacilante, la sonrisa nerviosa y el rostro descompuesto del cónsul y ex-diputado sandinista Gerardo Miranda, formarán parte de ese registro histórico. Y no olvidemos el pulso firme y el ojo certero del héroe anónimo que con su cámara nos abrió una ventana a través de la cual pudimos apreciar la profundidad del caos moral en que vive Nicaragua. La perspectiva de esa cámara también debe ayudarnos a visualizar nuestro destino. Dos caminos se abrieron frente a nuestros ojos la noche en que Esta Semana ofreció una cátedra de periodismo investigativo, y un ejemplo de integridad y valentía profesional.

¿HACIA UN ESTADO MAFIOSO?

Uno de los caminos conduce a una Nicaragua amoral en la que nuestros hijos y nuestras nietas tendrán que formarse con los valores de los Gerardo Miranda de este mundo para sobrevivir. El otro, el que debemos abrir para recuperar la dignidad de nuestro país y la de cada uno de nosotros, es el camino de la regeneración nacional.

No debemos pensar que hemos tocado el fondo del barril. El fondo del abismo de la corrupción es profundo y se alcanza hasta llegar a la guerra de todos contra todos en la barbarie de un Estado colapsado como Somalia. O se toca cuando se consolida un Estado Mafioso en el que se vive y se muere bajo el capricho y la voluntad de un Somoza o de un Papa Doc o de un Idi Amin o de un Trujillo.

No hemos tocado aún el fondo del abismo de la corrupción. Todavía gozamos de una libertad de prensa que nos permite señalar los abusos y las desviaciones de los que controlan nuestras instituciones y manipulan las leyes. Vivimos todavía dentro de un régimen en donde -a pesar de su fragilidad- el poder de la policía y las fuerzas armadas no obedece a los dictados de un hombre, de una mujer, o de una pareja presidencial. Todavía contamos con el recurso -al menos formal- de la democracia. Todavía es legal desafiar el poder del Estado y a los que lo manejan.

Todos esos espacios de libertad pueden cerrarse mañana. El miedo y el silencio al que el miedo nos empuja pueden triunfar. Y si eso llegara a suceder, los chantajistas y los extorsionistas que desde las sombras manipulan hoy la justicia para enriquecerse, podrán cometer sus fechorías al descubierto, bajo la luz del sol, y sin temor a las sanciones de la sociedad, o a los castigos que señala la ley.

Nuestra policía podría mañana abandonar su heroica lucha contra el narcotráfico y colaborar con las mafias que controlan esa actividad. Nuestras fuerzas armadas podrían terminar convertidas en instrumentos de terror al servicio de pandillas disfrazadas de partidos. En esa Nicaragua posible y hasta probable, los diarios podrían publicar sólo aquello que las oficinas coordinadoras de la comunicación del gobierno quisieran dar a conocer. En ese país, la llamada democracia nicaragüense, podría terminar convertida en un espectáculo circense para celebrar el ascenso al poder de algún hijo, o incondicional, de un nuevo y vulgar dictadorzuelo.

LA DECISIÓN ES NUESTRA

Pero Nicaragua también puede regenerarse. Eso también es posible. El simple rechazo mental a la corrupción que hoy nos envuelve abre en nuestras mentes el horizonte de la otra posibilidad: la que nos ofrece el camino que conduce a una Nicaragua digna, libre y justa para todos.

La corrupción puede exterminarse. O por lo menos, castigarse como lo manda la ley. Podemos sanear nuestras instituciones y exigir que nuestros gobernantes actúen como estadistas. O por lo menos, que no se comporten como delincuentes. Podemos llegar a tener una Asamblea Nacional integrada por las mejores mujeres y los mejores hombres del país. O por lo menos, una en donde los incapaces, los corruptos y los incondicionales, sean una ínfima, vergonzante y clandestina minoría.

La decisión es nuestra. La Nicaragua del mañana será lo que decidamos hacer hoy, en este presente concreto en el que durante un tiempo resonarán todavía las voces y las imágenes de Esta Semana revelando, en toda su dimensión, el nivel de descomposición social en que vivimos.

RESPONSABLES SOMOS TODOS

¿Cómo vamos a responder los nicaragüenses? ¿Triunfará el miedo? ¿Se impondrá de nuevo nuestra cultura pragmática resignada, que nos empuja a atemperarnos a las decisiones y actuaciones de los que controlan el poder del Estado? ¿Depositaremos nuestro futuro en las manos del Dios mágico y providencial que en nuestro cristianismo falsificado lo decide todo y lo resuelve todo? ¿O decidiremos poner fin a la corrupción que corroe a nuestro Estado y a nuestra sociedad para empezar la regeneración del país que nos vio nacer?

La decisión es de nosotros, porque somos nosotros -no Dios ni la mala suerte-, los responsables de que individuos como Lenín Cerna, Arnoldo Alemán, Miguel Obando y Gerardo Miranda hayan acumulado el poder que hoy poseen en nuestra sociedad. Los responsables somos todos los que, por acción o por omisión, hemos permitido que Nicaragua se haya convertido en el remedo de país que somos ahora. Los responsables somos todos los que con nuestras palabras o con nuestros silencios, de ayer y de hoy, hemos contribuido a naturalizar el estado de descomposición moral en que vivimos.

Y porque todos somos responsables del coma ético en el que está postrado hoy nuestro país, todos podemos hacer algo para abrir el camino de la regeneración de nuestra sufrida patria. Cada nicaragüense debe y puede hacer algo para impedir que Nicaragua entre en un ciclo de corrupción y descomposición irreversible.

ES TIEMPO DE VENCER EL MIEDO

Como nicaragüenses tenemos responsabilidades individuales: ésa es, tal vez, la lección más importante que recibimos hace unos días, cuando Carlos Fernando Chamorro, un nicaragüense de carne y hueso como todos nosotros, elevó su voz para enviarle un mensaje a los poderosos y para reclamar el derecho a ejercer sus derechos como ciudadano y como profesional. Ese ser humano individual y concreto que vimos en nuestras pantallas, no es inmune al miedo y, mucho menos, al conocimiento de lo que son capaces quienes gobiernan hoy nuestro país. Y sin embargo, alzó su voz y cumplió con su obligación.

No todos tenemos acceso a una cámara de televisión y a un micrófono. Pero todos podemos actuar como lo hizo Carlos Fernando Chamorro, desde nuestras propias trincheras, desde nuestros propios espacios, desde nuestras propias conciencias. Todos podemos hacer algo para vencer el silencio, el miedo y la confusión ética y legal que amenazan hoy a nuestra sociedad. Todos podemos hacer algo para evitar que triunfe la mentira organizada que se promueve desde el Estado.

UNA ESTRATEGIA BIEN CONOCIDA
PARA AHOGAR LA VERDAD

Las escuetas y ambiguas declaraciones del Presidente y Secretario del FSLN sobre las denuncias de Esta Semana, así como el silencio de la generalmente locuaz Coordinadora de Comunicación del gobierno, son alarmantes. Tan alarmantes, como la campaña lanzada por los medios oficialistas para desprestigiar a Carlos Fernando Chamorro e imponer el miedo a los medios de comunicación y a los comunicadores de nuestro país.

Al silencio y al miedo se añaden los deliberados esfuerzos que hacen los allegados al gobierno para confundir a la población, utilizando para ello una estrategia discursiva tomada, casi literalmente, de los manuales de desinformación del somocismo. La esencia de esa estrategia es sencilla: revolver las aguas, enredar los hechos, y confundir las definiciones del bien y el mal, con la esperanza de que en río revuelto la ganancia sea de aquellos que logran ahogar la verdad.

Es así que presenciamos a Gerardo Miranda -aparentando una indignación que no calza con su figura-, acusando por injurias y calumnias a los que revelaron el caso de corrupción en el que él aparece como principal involucrado. Por su parte, el coordinador del CONPES, el diputado sandinista Gustavo Porras, trató de desviar la atención de los medios y de la sociedad nicaragüense exigiéndole a Carlos Fernando Chamorro que “limpie su honra”. Y por si eso fuera poco, en vez de referirse al caso de corrupción revelado por Esta Semana, Porras lanzó un discurso “anti-oligárquico”, pidiendo que “se investigue a todos”: a los denunciados, a los denunciantes, a los ciudadanos indignados y a los delincuentes indignantes: “¡A todos!”, gritó Porras.

“NOSOTROS LOS LADRONES”

Las mismas mañas discursivas, los mismos trucos retóricos fueron usados por los defensores del gobierno de Anastasio Somoza Debayle cuando el diario “La Prensa” reveló varios casos de corrupción gubernamental, en una dramática serie de reportajes publicada en el año 1974, bajo el título “La Danza de la Corrupción”. En aquella ocasión, el Dr. Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Héroe y Mártir de las Libertades Públicas, denunció, -en uno de sus memorables editoriales- la estrategia discursiva del somocismo para ahogar la verdad.

El editorial corresponde al 5 de febrero de 1974 y fue publicado con el título Don Felipe Rodríguez y nosotros los ladrones. Felipe Rodríguez Serrano -Director de Aduanas de Somoza- había respondido a las denuncias de “La Prensa” argumentando que ese periódico había violado la ley ¡porque los documentos oficiales publicados para mostrar la participación de funcionarios del gobierno de Somoza en los actos de corrupción revelados eran propiedad del Estado! Felipe Rodríguez -al igual que hoy Gerardo Miranda y Gustavo Porras- no negaba la corrupción denunciada. Simplemente, trataba de desviar la atención de los nicaragüenses inventando otro “delito”.

Recordemos las palabras de Pedro Joaquín Chamorro, porque cobran actualidad, ahora que los gobernantes de hoy crean sus propios espantapájaros para confundir y engañar a la población:

“Rodríguez Serrano se lamentó de la explicación dada al público con motivo de la “danza de la corrupción”, no de que haya corrupción en el país, ni de las irregularidades aparecidas en los documentos citados por La Prensa, ni de las pérdidas fiscales por privilegios ni de la competencia desleal al comercio, ni de la falta de moralidad envuelta en todo esto, ni del aprovechamiento ilícito del poder para el tráfico de libres, sino de “el abuso” -como él lo califica- de “personas no identificadas” al proporcionar a La Prensa los documentos probatorios de todos los abusos y delitos implicados en el caso”.

Agregaba el Dr. Chamorro: “Los cogidos en evidencia nos han llamado ladrones y topes. Sí, nosotros somos ladrones porque reprodujimos un documento público en donde se demuestran el abuso y la evasión de impuestos, la importación de mercaderías particulares a través del gobierno, etc., en tanto que quienes efectúan todas esas operaciones son honorables, decentes, serios, inmaculados, etc., etc., además de lo cual están benditos por el asesor en asuntos de moralidad pública del Gobierno”.

El Dr. Chamorro le solicitaba a la población nicaragüense “recortar y guardar” la “defensa” hecha por Rodríguez Serrano como una valiosa documentación histórica “para que cuando se escriba la historia” los nicaragüenses conociéramos “no solamente sobre los hechos puros, sino acerca de las explicaciones dadas por los moralistas más calificados de la Administración somocista, para defenderla”.

UN DÍA LLEGARÁ

Nosotros deberíamos hacer lo mismo y conservar, “para cuando se escriba la historia”, las declaraciones de Porras, los spots televisivos del canal 4, las declaraciones ambiguas del Presidente, y todo lo que sirva para que nuestras hijas y nuestros nietos conozcan la historia de la verdad y la mentira en Nicaragua.

Al final de su editorial, y haciendo alusión a la cultura religiosa mágica y providencialista de nuestro país, el Dr. Chamorro ironiza y advierte: “Tal vez Don Felipe va a seguir yendo a muchas misas los domingos y ningún ángel del Señor le saldrá al paso diciéndole: Felipe, Felipe, ¿qué haces? Tal vez ningún signo externo del poder trascendental va a manifestársele para insinuar una rendición de cuentas en este asunto tan serio como es el de la tergiversación más absoluta y completa de lo bueno y lo malo, de lo legítimo vs. lo ilegítimo, llevado al extremo de proporcionar todos los elementos suficientes para que se amenace con cárcel, se insulte y se encarnezca a quien dice la verdad y denuncia los fraudes, mientras se llama bueno al que consuma los ilegítimos”.

“Nada de eso va a pasar seguramente porque parece que en el mundo actual semejantes procederes están fuera de moda, pero un día llegará y eso sí es seguro, en que otras voces, es decir, las terrenales, las de quienes han sido explotados y marginados tanto tiempo, las voces de los que siempre han pagado lo debido y jamás han usufructuado ilegítimamente granjerías de ninguna especie, martillen sobre los oídos de Don Felipe. Él y los demás participantes de los asun¬tos¬ ventilados la semana pasada, oirán algún día esas voces, porque la justicia verdadera, tarda y a veces muchos años, pero siempre llega”.

Y llegó. Porque la justicia siempre llega. Su ausencia hoy no es definitiva. No lo dudemos: regresará la justicia y el Neosomocismo que hoy trata de institucionalizarse fracasará.

CATEDRÁTICO DE CIENCIAS POLÍTICAS EN CANADÁ. COLABORADOR DE ENVÍO.

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