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  Número 302 | Mayo 2007
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Nicaragua

“El gobierno debe cambiar: el desarrollo rural no se resuelve en secreto”

Sinforiano Cáceres, presidente de la Federación Nacional de Cooperativas, FENACOOP -que organiza a 620 cooperativas, en las que se integran más de 41 mil familias campesinas-, compartió con Envío sus profundas preocupaciones sobre la política rural del nuevo gobierno y sobre la cooperación internacional con el desarrollo rural, en una charla que transcribimos.

Sinforiano Cáceres

Hablo como agricultor y como representante de buena parte de las cooperativas de Nicaragua. Somos agricultores activos, convencidos de que la cabeza no nos sirve sólo para ponernos un sombrero, sino para pensar. ¿Cómo ve nuestro sector al gobierno de Daniel Ortega? No quiero analizar cifras, quiero compartir las preocupaciones que compartimos a diario entre nosotros, después de cuatro meses de iniciado el nuevo gobierno y a las puertas de iniciar el ciclo agrícola.

El vacío principal que sentimos es que el gobierno no tiene políticas para el sector rural. Esto me lleva a pensar, y hasta a tener la certeza, por el nivel de información y de conocimiento que tengo, que el FSLN no estaba preparado para gobernar. Por eso el tan alto nivel de improvisación que vemos en el gobierno y que, lógicamente, lo vuelve errático. Uno de los errores más grandes es el silencio, con la consecuencia de que cuando uno está frente a alguien que no habla, no sabe si además es sordo y corre el riesgo de estarle hablando sin saber si escucha.

Sentimos que estamos ante un gobierno de izquierda multicolor, en el que hay matices de izquierda light, de izquierda social y de una izquierda política bastante ideologizada, con un pensamiento “congelado” en los años 80. Se quieren hacer muchas traspolaciones, como si no hubieran pasado 16 años. Esa tendencia fuerte a re-editar los años 80 conduce a errores, porque muchos de los de entonces ya no somos los mismos y hoy pensamos y reaccionamos de otra manera porque hemos vivido una historia que nos obliga a ser diferentes.

Por otra parte, vemos que aunque el gobierno tiene un pensamiento de izquierda sigue administrando el país con reglas de derecha. Y eso lo tiene encerrado en un laberinto. Y es tal vez eso lo que lo obliga a guardar silencio. El nuevo gobierno no ha logrado que en las instituciones de los anteriores gobiernos de derecha se hagan los ajustes que se requieren para crear mecanismos que privilegien al pequeño y al mediano productor. La institucionalidad sigue estando organizada para responder a los medianos y a los grandes. No hay instituciones con espacios de debate, de concertación, de discusión, de búsqueda de consensos. Lo que sigue habiendo es una relación entre amigos, no entre instituciones, sólo que ahora es entre “otros” amigos, los que habían estado fuera del gobierno en estos años. El sector público en general, y el sector rural en particular, están todavía muy desarticulados, con poca coherencia. No hay programa ni hay políticas. Y no sabemos todavía hacia dónde vamos.

Sabemos que hay fondos para otras cosas, pero muy poco para el sector rural. Hay sólo promesas, que esperamos se cumplan, afinando mejor los mecanismos de distribución de los recursos y los criterios para su asignación. Hasta ahora sólo hemos oído muchos discursos, pero al campo no nos han llegado recursos. Y el recurso que utilizan para decirnos que no hay recursos es el discurso. Y con eso no se convence ya a nadie. Este gobierno no se puede dar el lujo de cometer el error de ver al campesinado sólo como un objeto político fácil de moldear a la hora de las elecciones.

El viernes 19 de abril el gobierno presentó el plan para el inicio del ciclo agrícola, pero lo que presentó como plan para la siembra de primera no resiste un mínimo análisis. Tuve la oportunidad de ver el documento y lo esencial se reduce a seis páginas, cuatro con cuadros indicando lo que tienen las instituciones del sector y dos páginas, en donde si hay veinte frases es mucho, y no creo que eso sea por una buena capacidad de síntesis. Creo que hace falta un reconocimiento valiente del gobierno, aceptando que carece de políticas y convocando a todos los sectores del agro para organizar esas políticas. Aún no sabemos los mecanismos y las instancias para hablar con el gobierno y abordar los problemas de nuestro sector. El gobierno habla de consejos consultivos de la “democracia directa”. Pero ya le hemos hecho saber al gobierno que no queremos mecanismos consultivos, llámense consejos, instancias o comisiones. Queremos mecanismos efectivos y operativos para enfrentar nuestros problemas. El gobierno no logró entregar una información clara y precisa en relación a la siembra de primera. Se dieron cifras, pero las cifras no dicen nada si no van acompañadas de mecanismos, de procedimientos, de institucionalidad.

El gobierno tiene cinco instancias del sector público que dan crédito. ¿Y qué ha hecho en los primeros cien días? Hubieran podido reordenar los mecanismos de asignación de recursos, pero no lo han hecho. La mafia que acapara las asignaciones de recursos del Estado, que controla las consultorías y las asesorías, sigue siendo la misma. En el caso del INTA algo se hizo. Cuatro ONG tenían años de estar recetándose más de 150 mil dólares anuales en “asistencia técnica” privada (ATP 2). El director del INTA, sin violentar las normas establecidas, obligó a este “cártel” a competir en un plano de igualdad con los otros oferentes de servicio y como resultado, la mayoría de estos mafiosos no presentaron ofertas. Es una lástima que no se opere con esa misma firmeza en las otras instituciones del sector público agropecuario.

Hay muchos problemas que resolver. El programa Libra por Libra va a tener una reducción sensible. Históricamente, las cooperativas han accedido a 4,500 cupones para la Guinea y hoy nos están dando sólo 900 cupones para todo el municipio. Nos daban 1,200 en arroz y ahora le dan 200 a todo el municipio. ¿Qué pasa?, preguntamos. Ahí les vamos a explicar, nos contestan. Pero no nos explican nada. El gobierno no ha revisado el Pro Rural, que se supone es el instrumento de coordinación y alineación de las instituciones del sector público agropecuario. Sabemos que se retomarán algunas cosas de Pro Rural, pero no sabemos cuáles. Sabemos que se integrarán otros aspectos, pero tampoco sabemos qué es lo que se agregará.

También hay problemas en el programa de semillas. Un técnico del Ministerio de Agricultura de Madriz le dijo en febrero a nuestros delegados en ese departamento que Totogalpa y Palacagüina no estaban ya incluidos en el programa Libra por Libra por la escasez de semilla. Nuestras cooperativas nos dispusimos entonces para producir semilla. Y los técnicos del INTA y los del Ministerio nos enviaron a levantar diagnósticos. Y cuando los teníamos listos, nos dicen que no hay semilla para la siembra de semilla de primera y que tal vez nos consiguen para la de postrera. En la agricultura esta informalidad y esta incoherencia son graves, dramáticas.

Podemos perder este ciclo agrícola. Observamos a los funcionarios del gobierno moverse entre lo urgente y lo importante. Sólo miran lo urgente cuando les reclamamos: ¡la siembra, la producción, los insumos, el crédito! Pero enseguida los llaman y dejan lo urgente y se van a “lo importante”. Y al final no hacen nada. ¿Y qué es lo urgente y lo importante? Lo que se define en secreto. Esto provoca un inmovilismo grande y lo que menos nos esperábamos: un gobierno silencioso. Porque el mayor problema que tiene hoy un ministro es que no sabe hasta dónde llega su límite de autoridad. Si habla lo corren y si calla le dicen que es un inepto.

Tenemos que romper el silencio. Ésa es la primera tarea: saber qué pasa. Después, pensar y discutir cómo re-enfocar los proyectos y los programas y establecer qué tipo de relaciones vamos a mantener con el gobierno. No queremos una relación subordinada ni una relación vertical ni una relación donde se nos considere un anexo. Queremos una relación horizontal, que se nos trate como sujetos de la economía social, gente que tiene cosas que decir en lo político, en lo económico, en lo social, gente que tiene apuestas, que tiene propuestas y que tiene que dar. En los años 80, las cooperativas pensábamos ya de esa manera, pero justificábamos que nos vieran como de segunda categoría porque estaba la guerra y estaban los del Área Propiedad del Pueblo (APP), que eran los priorizados. En aquellos años la teoría era que las grandes empresas agrícolas estatales del APP iban a rebalsar bienestar para todos y también iban a beneficiarnos a las cooperativas. Ahora, ya no hay guerra, ya no hay APP. Deberíamos estar en ventaja porque ahora sólo estamos nosotros bien organizados. Pero no nos miran.

Nos preocupan también las mafias que actúan en el sector y que habría que depurar. En Nicaragua hay muchos cárteles: está el cartel de la urea, el cártel de las tierras el cártel de la madera…Hay varios. Son mafias que ya están institucionalizadas. Qué daríamos porque la Policía estuviera detrás de estos cárteles. ¡Cuántos Sinaloa estuvieran descubiertos y en proceso de desarticulación y encarcelamiento! Pero Amintas Graneras no hay muchas.

En el caso de ese abono químico que es la urea, pensamos que no podemos quitar un monopolio para fomentar otro. Los grandes distribuidores de urea, agrupados en ANIFODA, han sido tradicionalmente el monopolio de unas cuantas familias. Pero no podemos quitarlos a ellos para crear otro monopolio con la urea venezolana. Cuando recientemente los grandes de ANIFODA dijeron que como la urea venezolana les hacía una competencia desleal y los estaba quebrando, ellos no iban a importar más urea, al menos para este año, el gobierno decidió hacer una gestión directa para importar más urea venezolana a través de una “cooperativa”, a la vez que mantenía guardada la urea japonesa que no se vendió el año pasado. Nos informaron que era para vendérsela a las asociaciones y gremios (¿a cuáles gremios?) y que todas las cooperativas serían abastecidas exclusivamente por la Nicaraocoop, y que esta decisión la habían tomado tres altos funcionarios del sector público agropecuario y un ciudadano no nicaragüense. Cuando preguntamos al gobierno con qué políticas y bajo qué términos se iba a distribuir la urea venezolana que el gobierno había gestionado, nos contestaron que por “urgencia” todo eso lo decidiría ese Fulano de Tal, un privado delegado por el gobierno para vender la urea.

Pero, ¿qué clase de cooperativa es la Nicaraocoop, donde decide una sola persona, si cooperativismo es colectividad, asociatividad, si es organizarse para operar en escala? ¿Y cómo es eso que el gobierno le transfiere sus responsabilidades a personas privadas? Los cooperativistas estamos en contra de los monopolios sean del tipo que sean, aunque usen la figura jurídica de cooperativa o asociación.

ANIFODA estaba haciendo un vulgar chantaje, amenazando y afectando la productividad, la producción de comida,
la seguridad alimentaria, y el gobierno no fue firme con ellos. Actuó con tibieza. Nosotros pensábamos que el gobierno aprovecharía esta oportunidad para democratizar la economía y la importación de la urea y no para fomentar un nuevo monopolio. Tal vez también hubo tibieza de nuestra parte y no supimos alzar suficientemente la voz para exigir o para hacernos escuchar. ANIFODA usa la urea, un recurso económico, para hacer chantaje político. Y el gobierno usa la urea, un recurso económico, para hacer clientelismo político. De hecho, eso es lo que está pasando. Porque a la urea venezolana hasta hoy le han puesto tres precios: el que le dan al distribuidor con afinidad partidaria, el que le dan a los dirigentes de gremios privilegiados y el que le dan a los comunes y corrientes. Y eso no es justo, no es educativo, no es correcto e introduce una serie de deformaciones. Eso es un semillero de corrupción. El gobierno está promoviendo nuevamente la política de premio y castigo: si te portas bien entonces tienes más y a mejor precio y si te portas mal tienes menos y es más cara. ¿Eso es paz y reconciliación? La realidad es que la urea venezolana es más que un fertilizante y se ha vuelto un instrumento político. Y muchos de nuestros asociados así lo perciben. A nivel rural existe tanta ideologización que hay territorios que rechazan la urea venezolana “porque es de Hugo Chávez” y sólo quieren usar la urea japonesa, aunque se las vendan más cara. Y hay otros territorios que dicen que no quieren la urea japonesa sino la de Hugo Chávez…

A pesar de todo esto, es real que este gobierno tiene un enfoque más social, al menos en salud y educación. Eso lo reconocemos y nos alegra mucho. Y tiene más capacidades y habilidades que los anteriores gobiernos para lograr metas sociales y para negociar mejor con los organismos internacionales. La gran victoria que tiene pendiente es lograr la credibilidad y la confianza campesina. Así como los sectores campesinos tienen también pendiente el recuperar la confianza en un gobierno sandinista. Para que eso se logre tenemos que insistirle al gobierno en que no cometa con el campesinado los errores que cometió en los años 80. En el campo hay tantos rezagos que será difícil para el gobierno lograr esa confianza y un equilibrio, bregando, como quiere, entre las tantas demandas de los empobrecidos y los tantos intereses voraces de los grandes inversionistas.

Yo pienso que desde el triunfo de la revolución en 1979 hasta hoy nos hemos movido del “mochilismo utópico” al “corbatismo científico”. Uso estos términos humorísticos… tal vez para no llorar. En la década de los 80 vivimos en el “mochilismo utópico”: con la mochila de alfabetizadores, con la mochila de la reforma agraria, con la mochila del hombre nuevo, con una mochila de ilusiones. A partir de 1990 pasamos al “corbatismo científico”: vino la época de los sacos y las corbatas, de los licenciados y los doctores, el tiempo de la distinción. En esos años siempre nos dijeron que teníamos un gabinete “de lujo”, pero no era de lujo, sino lujoso. Creo que desde este 2007 al 2011, cuando terminará este gobierno, la tónica va a ser estarnos moviendo entre el mochilismo utópico y el corbatismo científico, porque ahora tenemos ministros de saco y corbata y ministros de camisa y gorra. El mochilismo utópico es bueno, pero no para todo. El corbatismo científico, igual. Yo pienso que tenemos que buscar la mudada adecuada para este país y para este pueblo: ni mochila ni saco, ni gorra ni corbata. Tenemos que buscar la mudada adecuada que necesita Nicaragua para ser gobernada con identidad propia.

El gobierno tiene planteado un enorme reto frente a los sectores sociales. Y esto ha generado un debate apasionado entre el liderazgo social. ¿Cómo debemos actuar frente al gobierno? Nos encontramos frente a una base social organizada sectorialmente con expectativas “a la enésima potencia”. Y con un gobierno con una capacidad real para responder a esas expectativas a “ene a la menos uno”. Esta contradicción puede generar una base social resentida o desencantada, una base social radical que se modere al chocar con la realidad, y también una base social que fortalezca sus organizaciones gremiales.

Por su parte, el liderazgo social rural -el liderazgo histórico y el más reciente, el de las distintas organizaciones campesinas y sociales -ha mostrado ante el nuevo gobierno tres tipos de comportamiento. Unos se mueven entre la lealtad gremial y la sumisión partidaria. Otros se mueven entre la lealtad gremial y la mediatización o cooptación. Y otros se mueven entre la lealtad gremial y la negociación política con identidad propia. Estamos debatiendo cómo hacer ante este abanico de posiciones. Yo creo que necesitamos una relación con el gobierno que no sea prebendaria. Hasta ahora, lo que estamos viendo es que el liderazgo que está renunciando a la lealtad gremial por la sumisión partidaria es el que está siendo beneficiado con recursos. Todo esto está generando incertidumbres. Lo que está en juego hoy es nuestra autonomía y nuestra identidad, el derecho a ser lo que somos y a representar a quienes nos eligieron. Mantener la lealtad gremial tendrá costos. Creemos que no es sano ni justo ni contribuye a construir ciudadanía que la relación de los gremios con el gobierno se base en prebendas y chantajes. Le hemos dicho al gobierno que aspiramos a una relación de respeto, de complementariedad, de colaboración y de búsqueda de consenso.

Creemos que el gobierno debería apoyar el movimiento asociativo, el movimiento cooperativo, la pequeña y mediana empresa, sin discriminar por colores o por ideologías. Porque el grande no necesita de políticas, necesita de los políticos. Los grandes normalmente no necesitan el gobierno sino a los que gobiernan. Y con eso resuelven sus problemas. Por eso nosotros demandamos la institucionalidad, porque nosotros no podemos resolver nuestros problemas a nivel personal y además somos muchos. Un reto del liderazgo de nuestro sector y de nuestras bases es recuperar la representación y la interlocución con el Estado. Por eso, en los primeros días de febrero nos desalentó mucho que la primera charla que tuvimos con el gobierno como sector fue para que nos explicaran por qué ahora todos “somos Presidente”, cómo ahora todos somos gobierno y por qué no tenemos ya que hacer ni incidencia ni cabildeo, sino dedicarnos a pensar y a trabajar como si fuéramos gobierno. Pero nosotros no queremos ser una organización paraestatal ni queremos actuar como líderes “transgénicos”: ser a la vez funcionarios de gobierno y líderes gremiales.
Eso confunde a los dos lados y vuelve ineficiente a los dos, al gobierno y al gremio. Queremos que los empresarios de la política no nos vean sólo como votos. Y eso vamos a seguírselo planteando hasta el cansancio al gobierno.

Tenemos aún pendiente la importante promesa de un Banco de Fomento que canalice recursos de largo plazo al sector rural. No hay nada todavía. El gobierno anunció que una comisión de tres diputados empezará a discutir el anteproyecto de ley de creación de ese Banco. Pero ya en el año 2006 nos encerramos con los diputados y discutimos el anteproyecto y lo consensuamos y nos dijeron que lo aprobarían en los primeros cien días del nuevo gobierno. Los dos partidos que prometieron ese Banco, liberales y sandinistas, tienen los votos para aprobar el anteproyecto. ¿Por qué no lo hacen? La realidad es que en el gobierno hay grupos ligados a los bancos, que están planteando que todo el crédito rural se canalice a través de la banca privada y no a través de un estatal Banco de Fomento. Y la banca privada está diciendo que tiene capacidad para ayudar a los pequeños. Pero, ¿por qué no lo hicieron en 16 años? Sabemos que todos los fondos que llegan a la banca privada se hacen inaccesibles a los pequeños por todos los requisitos que les ponen. En realidad, lo que explica este retraso y tantos frenos es que están en juego muchos intereses y que entre esos intereses encontramos todos los colores políticos. El Banco de Fomento pone a prueba al gobierno: el gobierno tiene que discutir el tipo de modelo económico que va a adoptar, tiene que decir cómo hará realidad la democracia económica. Hay en Nicaragua varias intermediarias financieras no convencionales que apoyan a miles de campesinos, microempresarios a los que los bancos privados nunca han atendido, y en este universo de financieras no convencionales existen fondos comunales, bancos comunitarios, hay cooperativas, hay asociaciones, las hay buenas regulares y malas, las hay elegibles, hay algunas que se pueden mejorar y capacitar para lograr una institucionalidad que nos permita salir de las manos de cuatro mafiosos banqueros que deciden en el Parlamento aunque no estén en él. ¿Por qué no se mueve esto? ¿Habrá medido bien el gobierno el costo político de no cumplir con su promesa electoral del Banco de Fomento? Es un costo alto. Porque las elecciones municipales de 2008 están a la vuelta de la esquina.

Y puede haber mucha presión social. Y mucha movilización social. La posición del gobierno en el caso de la urea nos muestra una tendencia a fomentar los monopolios a través de personajes no nacionales que actúan como testaferros -yo los llamo mercenarios de la cooperación- y utilizando como fachada cualquier figura asociativa o empresarial. El gobierno debe manejar mejor la cooperación venezolana. Cuando el Presidente Hugo Chávez vino a Managua dijo que los fondos venezolanos eran para promover las cooperativas y las empresas de trabajadores. Pero hay muchas asociaciones “de maletín” que están siendo privilegiadas con esos fondos. Hay también empresas cooperativas “de maletín” a las que se les han dado créditos millonarios en dólares aunque no tienen garantías equivalentes ni al 10% para soportar esos préstamos. Usan y abusan de la figura asociativa. Y uno se pregunta: ¿Será que el presidente Hugo Chávez no sabe o será que el gobierno y él coinciden en eso? ¿Y es esto lo que vamos a defender? ¡Cuánta necesidad de comunicación e información tenemos! ¿Cuándo y quien romperá el silencio? Antes, en el tiempo de los españoles conquistadores, nos daban espejitos por oro. ¿Será que ahora nos van a dar urea por docilidad? ¿Y por qué no se planteó la operación de la urea venezolana en la Mesa Agropecuaria, en donde estamos representados todos los gremios agropecuarios, un grupo plural con una agenda mínima construida con mucho esfuerzo, para allí, entre todos, establecer y afinar precios, criterios y mecanismos de distribución? Hubiera sido más sano que lo que está pasando ahora, cuando sólo decide una persona.

Cuando el presidente Hugo Chávez anuncio que a través del BANDES de Venezuela iba a asignar 10 millones de dólares a la pequeña y mediana producción rural, esos fondos se los repartieron entre cuatro o cinco empresas antes de que llegaran al país. Cuando fuimos a preguntar cuál era el criterio para acceder a esos fondos, nos dijeron: Eso ya se definió. Pero, ¿quién lo definió?, preguntamos. Y nos dijeron que estaba definido y no se discutía. El gobierno debe analizar lo que esta pasando: ¿Quién decide, cómo se asigna la ayuda que recibe el país como cooperación o como crédito, qué cualidades o características debe tener el que recibe, qué criterios técnicos? Creemos que en el sector rural debería ser priorizado el segmento de cooperativas y asociaciones que está más frágil y que necesita un apoyo para no desintegrarse. Y después, las que tienen más desarrollo y estabilidad, que también necesitan recursos para desarrollarse y consolidarse.

Lo que vemos como tendencia, lo que está sucediendo es que los organismos que más recursos están recibiendo no son los más necesitados, sino los que tienen a la cabeza a diputados o a cuadros de alto nivel de la estructura o de la nomenclatura del partido o del gobierno. No podemos ni fomentar ni avalar este tipo de prácticas. Tenemos ya suficientes plagas en Nicaragua. Egipto sufrió siete, aquí ya he identificado ocho: caudillismo, corrupción, cárteles de todo tipo, tráfico de influencias, irrespeto por la institucionalidad, abuso del poder a ultranza, irrespeto y desconocimiento de la ley de participación ciudadana. Y la octava, el nuevo mal: el mercenario de la cooperación, que es quien usa la ayuda para el desarrollo para manipular al pobre, instrumentalizando su pobreza.

También la cooperación con el sector rural está afectada por otros factores. En el caso de la cooperación de Taiwan hemos visto y estamos padeciendo una incoherencia muy clara entre política nacional y política exterior. Cuando en enero de 2007, para el cambio de gobierno, vino a Managua el Presidente de Taiwan comprometió más de 480 millones de dólares para los próximos cinco años. De ellos, casi un 70% para la agricultura. El gobierno nos informó que los rubros a priorizar con esa ayuda serían café, arroz, hortalizas, porcino y producción de semillas. Y nos dijo: Hay que preparar programas y proyectos para ejecutar esos fondos. Los hicimos. Y los funcionarios de la embajada de Taiwan nos dijeron: para desembolsarles el dinero lo único que hace falta es que el gobierno de Nicaragua vaya a Taiwan a firmar el convenio de gobierno a gobierno para iniciar los trámites del desembolso. El gobierno anunció que el Canciller Samuel Santos iría a Taiwan en marzo, pero no fue. Dijo que iría a mediados de abril, pero no fue. Y cuando le preguntamos a los funcionarios del gobierno por qué está sucediendo esto, nos dicen que no saben, que esperemos. Nos dicen también que están negociando con la China continental y que la China continental les está poniendo condiciones. ¿Qué hacemos? El gobierno quiere que fomentemos la producción, pero la política exterior del gobierno no colabora para concretar el esfuerzo. ¿Y cuál es la prioridad? Porque lo que Venezuela le está dando a la agricultura es mucho menos que lo que nos ofrece Taiwan. El crédito más importante de Venezuela es la urea, que ahora pasó de 40 mil a 70 mil toneladas por el pleito con ANIFODA. Y la cooperación de Taiwan para el desarrollo rural es más amplia y nos permitiría dar un primer impulso masivo y diversificado para la reactivación y fomento del agro. ¿Cómo sabremos que en cinco años nos libraremos del FMI, como anuncia el Presidente Ortega? Y ojalá que no caigamos en el FMHU... en el Fondo Monetario de Hugo. Porque eso también es dependencia. Porque ambos “fondos” politizan y condicionan los recursos.

¿En cinco años se va a sacar de la pobreza a 75 mil familias? ¿Con el Programa Hambre Cero? Este programa -que consiste en entregar a las familias más pobres un “bono productivo alimentario” de 2 mil dólares, que incluye una vaca y una cerda preñadas, cuatro gallinas y un gallo, materiales de construcción para alojar a estos animales, semillas, y un biodigestor que servirá como letrina y que sustituirá a la cocina, evitando el uso de leña- es un diseño basado en experiencias locales del CIPRES, que han sido buenas, pero con sus detalles y bemoles.

Hemos hablado con sus diseñadores y responsables operativos y les hemos planteado que es muy riesgoso universalizar de la noche a la mañana un experimento controlado para aplicarlo a las dimensiones de toda Nicaragua. El proyecto del bono productivo alimentario -que es el centro del Programa Hambre Cero- va a estar ahora más a la intemperie. Entre otras cosas, porque los costos operativos del Programa Hambre Cero no están incluidos en el Presupuesto aprobado por la Asamblea Nacional.

No todo el mundo va a poder asimilar ese bono: ¡dos mil dólares así de repente! Para poder asimilar eso se requiere cierta gradualidad y un período de aprendizaje que no se puede obviar. Si a una persona pobre le dejas caer de repente 36 mil córdobas, que es toda una inversión, y no tiene experiencia empresarial, no tiene experiencia organizativa, no sabe manejar fondos, ¿qué hará? ¿Qué harán, cómo van a administrar eso, si sabemos que en el campo hay tan alto grado de analfabetismo? Otra cosa que es problemática es que con este programa y con el bono piensan instalar 300 cooperativas por año imponiéndolas para acceder a esa ayuda, a ese bono. Yo les recordaba a los organizadores que en la década de los 80 se organizaron 3 mil cooperativas. ¿Y ahora van a hacer la mitad en cinco años y con una décima parte de los recursos que había entonces? ¿Y por qué darle a todo el mundo una vaca, si hay mucha gente que prefiere cabras o quieren pelibuey? Creemos que a los pobres también hay que consultarles qué tipo de organización quieren, preguntarles cómo piensan ellos que se les puede apoyar para salir de su situación de pobreza.

Cuando preguntamos a los organizadores de Hambre Cero por qué definen de previo un modelo con todos sus detalles, nos contestaron: “Queremos implantar un modelo para salir de la pobreza”. Consideramos que eso es muy atrevido desde cualquier punto de vista. Más todavía cuando no fueron consultados los supuestos beneficiarios. Salir de la pobreza no es algo mecánico. Este programa debería partir de un proceso de diagnóstico con la gente, donde se le pregunte a la gente cómo conciben que debería ser su proyecto de desarrollo, para ver qué gradualidad tendría y qué tipo de inversión necesitan. Deben tomar en cuenta la opinión de la gente. Ahora no la están tomando en cuenta. No le están preguntando a nadie y sólo le están informando a todos los que ellos han decidido informarles. Honestamente, yo no quiero que fracase este proyecto, pero a como lo están haciendo creo que va a tener un alto nivel de fracaso. Porque no se puede imponer una cooperativa o un modelo. Hay que hacer estudios de viabilidad y hay principios: en el movimiento cooperativo hay el principio de gradualidad y el de voluntariedad y ahora no los están respetando. En los años 80 quedó demostrado que la gente se metía a la cooperativa para llegar a la tierra. Ahora la gente se va a hacer cooperativa para llegar al bono. Y esto distorsiona la conciencia, la actitud y la conducta de la gente.

También está el problema de la selección de los beneficiados con el bono productivo. Ofrecen una metodología y un procedimiento para hacer la selección y con eso lo que están es creando instancias paralelas a los consejos de desarrollo municipales y departamentales que ya existen. Y ahora habría una oportunidad para que estas instancias -que se han creado con miles de dificultades y a regañadientes- funcionen mejor. Pero si a la par les crean otras instancias, que van a durar lo que dilata el proyecto, afectarán la institucionalidad y el capital social, que es lo que debe fomentarse si queremos beneficiar a la gente pobre.

La conclusión a la que llego al ver todo lo que está sucediendo es que el gobierno no estaba preparado para gobernar.
Y que no lo quiere reconocer. Y que debe abrirse a una concertación. Porque los temas del desarrollo rural
no se resuelven ni en privado ni en secreto. No se puede caer en la política en que caía el Presidente Bolaños, que ponía a tres iluminados y formulaban un plan y después todo el mundo debía admirarse de lo que nos decían estos iluminados en un taller o en un “foro consulta”. Ojalá ésa no sea la tónica del nuevo gobierno. Creemos que los temas del desarrollo rural tampoco se resuelven usando la cooperación como la están usando, cometiendo las torpezas que se están cometiendo.

Tenemos confianza en que el gobierno puede cambiar. Y esperamos que la cooperación europea, la japonesa y la de los otros organismos contribuya a la democracia económica y al bienestar de la gente y no caiga en los errores en los que se está cayendo con la generosa cooperación de Venezuela, politizándola, instrumentalizándola, fomentando monopolios.

El gobierno está empezando a caminar. Tenemos la esperanza de que el camino recorrido hasta hoy les sirva para hacer una revisión. Para que empiecen a hablarnos claro. Para que nos digan claramente lo que se puede y lo que no se puede. Y para que empiecen a escucharnos. Así se romperá el silencio. Y así el gobierno sería de verdad un gobierno de reconciliación, y de unidad nacional.

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