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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 193 | Abril 1998
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Nicaragua

El granero de Centroamérica: ¿piedra de tropiezo?

El gobierno comete un error estratégico, tropieza de nuevo en la piedra, al concentrar todos sus esfuerzos en el sector rural para desarrollar únicamente el sector agropecuario. Las ciudades y campos de Nicaragua están llenas de pequeñas empresas industriales. Hay en ellas un camino más seguro y más prometedor para lograr desarrollo.

Mario Davide Parrilli

El presidente Arnoldo Alemán prometió una y otra vez en su campaña electoral que haría de nuevo de Nicaragua "el granero de Centroamérica". Volver a ser ese granero que el país fue hace más de veinte años se transformó en una especie de tierra prometida del desarrollo soñado. Ya en el poder, Alemán continuó coloreando ese sueño, y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) no ha dejado de hacer énfasis en la orientación pro agrícola de la política económica del gobierno liberal. El documento oficial Preparándose para el nuevo milenio y todas las intervenciones públicas de algunos altos funcionarios del gobierno acentúan la determinación de hacer del sector primario el eje del desarrollo económico y social de Nicaragua en los próximos años.

En el diseño de este proyecto, con granero al fondo, no aparece con suficiente claridad una consideración más amplia del desarrollo como una propuesta que debe involucrar a todos los sectores económicos agropecuario, industrial, de servicios de forma integrada para así beneficiar de forma circular a todos los nicaragüenses. Ni aparece tampoco en este paisaje una adecuada consideración de la exitosa experiencia de desarrollo que han vivido otros países en el mundo.

Desempolvando una teoría

En los últimos quince años en América Latina y en los últimos ocho diez años en Nicaragua, la política económica ha sido determinada por las instituciones financieras internacionales y por los gobiernos acreedores: liberalización comercial y fomento de las exportaciones de productos agropecuarios, tradicionales o no tradicionales, porque pueden ser producidos sin grandes inversiones públicas, porque generan divisas rápidamente y porque le permiten al Estado concentrarse en un puntual y cumplido pago de la deuda externa. Para justificar teóricamente esta política, los círculos académicos neoliberales desempolvaron la famosa teoría de las ventajas comparativas de Heckscher y Ohlin (1934), totalmente menospreciada durante sus primeros 50 años de vida, cuando para la reconstrucción de Europa se prefirió optar por la teoría keynesiana de la indispensable inversión pública.

La teoría de las ventajas comparativas afirma que para que cada país logre un mayor crecimiento debe impulsar sus sectores económicos comparativamente más ricos en términos de dotación inicial de factores productivos. Si la riqueza es la tierra, impulsar el sector agropecuario, si tiene capital, impulsar la industria, y en uno u otro sector, concentrarse en aquello en lo que ya tiene ventajas.

La teoría parte de la hipótesis de que, en un contexto de liberalización de los mercados, los países que tienen comparativamente muchos factores productivos en un determinado sector o subsector, deben especializarse en esa producción, para garantizarse con ello la máxima capacidad de compra de los bienes que no producen. La especialización aumentará su capacidad productiva y reducirá progresivamente los costos de producción, lo que hará al país más competitivo en su producción específica.

La adopción simplista y estática de esta teoría conduce al reforzamiento del intercambio desigual entre las naciones. Alemania y Estados Unidos seguirán especializándose en sus ventajas comparativas: las producciones de alto valor agregado, mientras que Nicaragua y los países del Africa subsahariana seguirán produciendo frijol, maíz y frutas tropicales. La teoría de las ventajas comparativas tiene límites teóricos y prácticos y además, es posible que detrás de ella se escondan intereses personales y políticos, que son probablemente los que han determinado la opción de hacer de Nicaragua el granero de Centroamérica.



El lugar de Nicaragua en el mundo

Para que el sueño de hacer de Nicaragua el granero de Centroamérica se convierta en realidad, el MAG ha prometido asegurar el sesgo pro agrícola de la política gubernamental: se mantendrán los impuestos sobre los bienes de consumo agropecuarios con bajo o nulo nivel de procesamiento y se eliminarán los impuestos sobre los bienes importados de capital y sobre los insumos para la producción agrícola y agroindustrial; se facilitará una depreciación real del tipo de cambio para facilitar las exportaciones; se aumentará el crédito para el sector agropecuario.

¿Qué efectos tendrán estas medidas? Que Nicaragua no logrará nunca entrar en mercados distintos a aquellos en los que ya está: los mercados de productos agropecuarios. El lugar de Nicaragua en el mundo de la integración centroamericana y en el mundo del comercio con México será el mismo de siempre. La meta no parece ser un intercambio balanceado entre países como el que existe entre las naciones de la Unión Europea , de forma que Nicaragua exporte también bienes y servicios de sus sectores secundarios y terciarios. El objetivo parece ser que Nicaragua se concentre en la exportación de bienes primarios y que siga obligada a importar bienes y servicios secundarios y terciarios, los que, por costosos, mantendrán su agudo déficit comercial. El objetivo parece ser mantener el actual y desigual intercambio: Costa Rica nos exportará su maquinaria industrial y Nicaragua le exportará ganado en pie y frijol del "granero". México nos exportará zapatos y Nicaragua le exportará madera y maíz del "granero" a los mexicanos.

Mientras los esfuerzos se concentren únicamente en el desarrollo agropecuario, nunca logrará Nicaragua salir de su empobrecimiento. Porque las dinámicas productivas y comerciales de los otros sectores industria, servicios, comercio crecen mucho más intensamente. Para explicar esto hace también 50 años los estructuralistas Prebisch y Singer elaboraron otra teoría, la del deterioro de los términos de intercambio. Intercambiar un quintal de frijol por un "quintal" de computadoras dijeron se vuelve más y más negativo con el paso del tiempo, porque el crecimiento del precio del frijol no puede compararse con el crecimiento del precio de una computadora. Además, la productividad crece más rápidamente en el sector industrial que en el sector agropecuario, lo que incrementa lo desfavorable del intercambio.

Cómo se desarrollaron otros

La política económica de Nicaragua se ha orientado tradicionalmente a impulsar y a defender los intereses de los grupos oligopólicos. En los años 70 y 80, los sistemas de agroexportación algodoneros fueron el equivalente de lo que hoy son los sistemas de producción y exportación cafetaleros. Estos oligopolios son cerrados, se bastan a sí mismos. No tienen mucho interés en que las cosas cambien, no demuestran ningún empeño en fortalecer, por ejemplo, el desarrollo de las industrias que tuestan el café.

Los países que han ido pasando del subdesarrollo a ciertos niveles de desarrollo no lo lograron aplicando políticas basadas en la teoría de las ventajas comparativas. Lo lograron con sustanciales inversiones en industria y en tecnología, en servicios avanzados y en infraestructuras. Lo lograron con inversiones públicas y privadas, subsidiadas o con líneas de crédito preferenciales. El Plan Marshall en Europa y un programa similar en Japón son los más claros ejemplos.

La historia económica de los países del Norte y la de algunos países del Sur que han emprendido con cierto éxito las mismas vías de desarrollo del Norte, muestra cómo estos países han invertido mucho en sectores en los que no tenían ventajas comparativas. Los cuadros muestran los resultados de la reorientación productiva de las economías de algunos países de América Latina y del Sudeste asiático. Todos estos países han llegado a tener niveles del PIB primario que no superan el 10 15%, mientras que en Nicaragua el PIB agropecuario es superior al 30%. Las estadísticas del PNUD indican que los países que han ido reduciendo porcentualmente su PIB primario y aumentando el PIB de los sectores secundario y terciario están, en cuanto a la calidad de vida de su población, entre los primeros 60 países del mundo.



Nicaragua ya es más urbana que rural

La historia económica vincula siempre lo industrial con lo urbano, por ser la ciudad el centro privilegiado para el desarrollo de la industria dada la concentración en los espacios urbanos de trabajadores y de infraestructuras. Todas las estadísticas e importantes estudios demuestran que Nicaragua es un país mucho menos rural de lo que comúnmente se piensa. El 66% de la población nicaragüense es urbana y el 25 30% de esa población vive en Managua. ¿Tiene sentido seguir haciendo del ámbito rural el ámbito privilegiado para el desarrollo de Nicaragua? Durante los últimos años, la tasa de crecimiento de la población urbana ha sido del 4.1% annual. ¿Hay posibilidades reales de frenar este proceso?

A menudo se escucha decir que en Nicaragua la pobreza es una realidad fundamentalmente rural. Pero la población que se ha urbanizado en estas últimas décadas carece de servicios básicos y de trabajo. Muy probablemente es ya mayor el número de los empobrecidos que sobreviven en las ciudades que el de los pobres del campo. La pobreza urbana es un problema muy serio que demanda medidas urgentes si se quiere lograr un desarrollo integral de la sociedad nicaragüense.

En este contexto, el gobierno liberal comete un error estratégico en el sector rural cuando pretende desarrollarlo atendiendo solamente al desarrollo del sector primario, del sector agropecuario.

El desarrollo rural de Nicaragua pasa también por impulsar una serie de actividades que aún no existen en las zonas rurales, pero que podrían existir en ellas: agroindustria, comercio, servicios tradicionales por ejemplo de transporte , servicios avanzados por ejemplo, de finanzas, de telecomunicaciones, etc. La presencia en las zonas rurales de todas estas actividades estimularía las actividades agropecuarias y las haría más fluidas y más estables.

Hoy no existe en Nicaragua ninguna otra agroindustria sólida que la que controlan los oligopolios. No tiene por qué ser así. Con capacidad agroindustrial, con servicios financieros, energía, comunicaciones y transporte en las zonas rurales se facilitarían las actividades económicas y se crearían mercados donde aún no existe mercado. Cuánto no se desarrollaría la producción agrícola si hubiesen empresas de transporte presentes continuamente por todo el campo, capaces de llevar el producto inmediatamente a las plantas procesadoras, cuánto desarrollo no habría si hubiese mayor número de estas plantas para transformar los productos del campo y para conservarlos. El caso de la leche y sus derivados es el más evidente.

Pequeñas empresas: traje a la medida

El desarrollo mundial ha recorrido distintas fases: desde la economía de recolección hasta la economía agropecuaria, desde el comercio hasta las dos olas de la industrialización, para llegar, finalmente, al desarrollo del sector avanzado en los servicios. Actualmente, los intercambios financieros que entrecruzan el mundo entero tienen un volumen diez veces superior al de los intercambios de productos reales.

Mientras esto sucede, Nicaragua se ha quedado estancada en la economía agropecuaria y el gobierno pretende estancarla más proponiendo el mito de que volviendo a ser el granero de Centroamérica el país se va a desarrollar y va a poder competir con otras naciones más avanzadas. Ciertamente, ningún país puede soñar un desarrollo para el que no tiene ningún asidero real. Nicaragua debe buscar un camino viable y posible a partir de su desarrollo actual. Debe encontrar el traje a su medida. Sería absurdo que Nicaragua se planteara hoy hacer del sector terciario avanzado el eje de su crecimiento. Pero también es absurdo pensar que el país esté predestinado a crecer desarrollando su sector agropecuario, su "granero".

Es verdad que todas las actividades económicas nacionales agroindustria, transporte y relativa actividad financiera tienen su base en la producción agropecuaria. Partiendo de esta realidad, se debe ir más allá, pensando en desarrollar intensivamente las actividades de transformación industrial que generen valor agregado y divisas. Para lograrlo, existe una base: las muchísimas pequeñas empresas industriales que ya existen y que pueden contribuir a trazar una realista senda para el desarrollo económico nacional.

En un país tan pequeño, poblado por sólo cuatro millones y medio de personas, el número de pequeñas empresas y microempresas nicaragüenses resulta significativo y constituye una realidad que merece una adecuada valoración. Miles de trabajadores encuentran empleo en estas industrias, que también se ubican en las zonas rurales. ¿Por qué no fomentar a nivel nacional una política que valorice esta presencia, esta dotación como la llamarían Heckscher y Ohlin , para responder a una demanda nacional e internacional de bienes necesarios calzado, vestuario, muebles, papel, etc., que de otra manera se deberían importar, y para estimular una oferta enraizada en importantes tradiciones artesanales? La creación de empleo es una de las grandes razones para apoyar a las pequeñas empresas: dan más trabajo que las grandes y medianas plantas agroindustriales, que trabajan con capital intensivo. Por una opción de este tipo pasó el envidiado desarrollo de ese "tigre asiático" que es Taiwan, tan citado y alabado por el gobierno de Nicaragua.



Un espacio polarizado y atomizado

Aunque actualmente algunas organizaciones trabajan en el desarrollo de las pequeñas empresas, éstas son todavía escasamente competitivas. El gobierno gestiona para ellas algunos recursos externos del BID, de Taiwan, Holanda, Noruega, Suiza , pero tan limitados que parece no tener mucha fe en este sector económico. Entre 1991 y 1996, el PAMIC (Programa Nacional de Apoyo a la Microempresa), nacido durante el gobierno Chamorro, sólo gestionó 7.5 millones de dólares para las microempresas, y como donación externa. El gobierno como tal no invirtió nada en ellas.

A esta limitante hay que sumar el individualismo y fragmentación que existe en el sector: El PAMIC y la CONAPI (Cámara Nacional de Apoyo a la Pequeña Industria), nacida durante el sandinismo, no parecen colaborar entre sí, poniendo en evidencia la ideologización y polarización que lo atraviesa y afecta todo en Nicaragua. Otras organizaciones que trabajan con las pequeñas empresas las agencias de desarrollo extranjeras, ONUDI, el Programa Bolívar, UNIPYME , APYME , UAM, Nitlapán, Chispa, Fama y todos los entes financieros de crédito alternativo padecen de la miopía de cerrarse en pequeñas actividades con sus pequeños grupos de artesanos.

Cada una de estas instituciones trabaja en algún ámbito para impulsar a las pequeñas empresas comercialización, crédito, asistencia técnica, etc. , pero no tiene la capacidad de desarrollar un plan integral de fortalecimiento de todo el sector. Sería necesario unir "tantos vigores dispersos" para organizar un "ajuste estructural" y nacional que desarrolle las pequeñas industrias, y partiendo de ellas, toda la industria nacional. Sin esta opción, el desarrollo de mediano y largo plazo sólo será un espejismo.

¿Por qué no "invadir" México?

Nicaragua no puede permitirse desperdiciar más recursos ni más tiempo. Son muchos los nicaragüenses a quienes urge tener trabajo y un ingreso que les permita algo más que sobrevivir comiendo gallopinto una o dos veces al día. Son muchos los que necesitan garantizar su salud, vivir en una casa digna, dar educación a sus hijos... vivir mejor. En la historia universal, la industrialización ha activado dinámicas productivas que tras intensas luchas sindicales han permitido construir niveles de vida aceptables para los trabajadores. Todos los países han ido creando sus ventajas comparativas partiendo a veces de cero y en sectores nuevos, demostrando que para desarrollar la manufactura no hay que utilizar ni alta tecnología ni calificadísimos recursos humanos.

Es obvio que en un mercado abierto e inevitablemente globalizado, el pequeño mercado de Nicaragua de 4.5 millones de personas, de las cuales 4 millones tienen un bajo o bajísimo ingreso no tiene suficientes capacidades para asimilar niveles de producción más altos que los actuales. Esto significa que el desarrollo industrial sólo es posible si se empieza a concebir un mercado más amplio que el nacional.

Alrededor de Nicaragua se extiende el mercado centroamericano. Las pequeñas empresas nicaragüenses deberían enfocar su producción al área centroamericana si quieren poder comercializar su producción. El mercado centroamericano es de 40 millones de personas, y el más lejano aunque también cercano mercado de México cuenta con otros 100 millones. Cunde actualmente el temor de que los mexicanos invadan Nicaragua con su producción. ¿Por qué no pensar en la posibilidad de "invadir" México penetrarlo más exactamente con algunos productos nicaragüenses? ¿Y por qué no pensar en los mercados de Venezuela, Colombia, Brasil, que en muchos casos tienen un mayor poder de compra y que no quedan tan lejos del istmo? ¿Y en el de Estados Unidos? Son todos países tan grandes respecto a Nicaragua que sólo lograr entrar en uno de ellos cambiaría totalmente el potencial productivo de las pequeñas empresas nacionales.

Instituciones de apoyo: tareas

Este camino tiene un primer paso: mejorar la competitividad de las pequeñas empresas nacionales. Competitividad significa mejorar la eficiencia de estas empresas, asegurar la calidad y la innovación de sus productos y lograr su penetración en nuevos mercados. Tal objetivo sólo se alcanzará si el Estado, las instituciones nacionales e internacionales de apoyo y los pequeños industriales se reúnen y acuerdan cómo alcanzar organizada y sistemáticamente estas metas.

Las instituciones de apoyo tienen que coordinarse más para resultar eficaces. Si una se orienta a la capacitación técnica, otra a la comercialización y otra al financiamiento, ¿por qué no unir esfuerzos para que las pequeñas empresas atendidas por una institución se beneficien de los servicios de las otras? Hay gastos que los pequeños industriales no pueden afrontar. ¿Por qué el Estado y las organizaciones internacionales no comparten proyectos de constitución de redes de información, mercadeo y distribución comercial para los productos nicaragüenses en el exterior?

Las pequeñas industrias tienen que mejorar mucho para entrar competitivamente en el mercado internacional. ¿Por qué no estimular la creación de joint ventures con grupos empresariales internacionalmente reconocidos e incorporar elementos empresariales estratégicos licencia exclusiva, know how, tecnología e inversiones, etc. para ganar cuotas del mercado centroamericano y del conjunto del mercado americano?
Los artesanos carecen hasta de la tecnología básica. ¿Por qué no crear líneas de crédito preferenciales tarea del Estado y buscar significativos canales de compra tarea de las organizaciones internacionales para que los pequeños empresarios se puedan beneficiar de tecnologías que son obsoletas ya en otros países, pero que serían muy adecuadas en Nicaragua?

Pequeños empresarios: aprendizaje

Ninguna de estas iniciativas tendrá éxito sin la participación activa de los propios artesanos. Ellos son los primeros responsables y a ellos corresponde aceptar que tienen aún mucho por aprender si quieren ser competitivos. Tendrían que aprender, por ejemplo, la experiencia de los llamados distritos industriales que han surgido en muchos países del mundo y que tienen en Italia el más interesante desarrollo.

En los distritos industriales concentraciones de pequeñas industrias del mismo subsector en determinadas zonas geográficas la competitividad que logran los pequeños empresarios es mayor porque tienen la posibilidad de actuar juntos en asociaciones gremiales, consorcios, cámaras, para solucionar muchos de sus problemas básicos crédito, compra de materia prima, canales de exportación, división del trabajo y porque al encontrarse juntas en la misma zona muchas empresas especializadas en la misma producción todas se benefician por la alta cualificación que llega a alcanzar la mano de obra, por compartir un mayor flujo de información, por la mayor afluencia de clientes, etc.

En Nicaragua existen potenciales distritos industriales en Masaya, Masatepe, San Juan de Oriente, León, Chinandega, La Paz Centro, Nagarote, Matagalpa. ¿Por qué no buscar información e intercambio con las experiencias exitosas de pequeñas empresas de otros países para aprender de ellas y para adaptar a Nicaragua lo que ellas ya descubrieron? Nicaragua está en capacidad de superar la lamentable situación que existe hoy en sus supermercados, que en un estante venden latas de piña costarricenses o estadounidenses a 28 córdobas y en el de al lado venden la piña fresca nicaragüense a 3 córdobas. Nicaragua puede superar la triste realidad de los artesanos de Masaya, que hacen magníficas prendas de vestir, pero sólo las venden a los turistas que buscan un souvenir, mientras los nicas compran la ropa usada que llega de los Estados Unidos. Nicaragua puede entrar con éxito en todas estas producciones y en otras fácilmente industrializables. Esto no significa prohibir la entrada de los enlatados ticos o de las pacas de ropa del Norte. Significa que los productos hechos en Nicaragua compitan con ventaja y así se generen mayores ingresos y se creen más empleos en el país.

El margen de acción es amplio, pero es esencial mirar al horizonte y superar el cortoplacismo que nos proponen y nos imponen hoy los gobernantes nacionales, aliados incondicionales del gobierno transnacional que pretende controlar la economía mundial.

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