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  Número 301 | Abril 2007
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Nicaragua

“Vamos hacia el Sur, en alianza con las asociaciones navegando en la contradicción democracia- justicia social”

Orlando Núñez, sociólogo e intelectual sandinista, integrado hoy a la administración pública como asesor del programa Hambre Cero, analizó las tendencias del nuevo gobierno del FSLN, en una charla con Envío que transcribimos.

Orlando Núñez

Voy a señalar las tendencias que percibo en el nuevo gobierno y voy a hacerlo como analista, no como militante del Frente Sandinista o como funcionario del gobierno. Me parece que así manejo una brújula mucho más adecuada.

Yo veo que en Nicaragua el Estado, en los últimos dieciséis años de gobiernos neoliberales, ha tenido un perfil: gobierno + corporaciones transnacionales. ¿Qué perfil está tomando ahora el nuevo Estado? Un perfil entre gobierno + asociaciones. Eso es lo que percibo. No quiere esto decir que ahora ya no existan las corporaciones ni que este gobierno no vaya a tener vínculos con las corporaciones. Quiere decir que estamos en un triángulo gobierno-asociaciones-corporaciones y que el gobierno está priorizando el vínculo con las asociaciones. Pienso que, si algún Estado nuevo puede nacer en América Latina, será un Estado que vaya construyendo también ese perfil, no priorizando a las corporaciones, sino a las asociaciones. A todas: a las políticas, las sociales, las culturales, las civiles, las religiosas… Todas estas asociaciones están creciendo, desarrollándose y estrenando banderas nuevas en América Latina. Desde mi punto de vista, creo que lo más importante para lograr transformaciones serán las asociaciones económicas. Es fundamental que en las asociaciones encontremos sujetos económicos que puedan ir sustituyendo a las corporaciones y al capital privado. Creo yo que si hay algo atractivo en el nuevo gobierno, algo que pueda alimentar nuestras viejas esperanzas, es la relación entre el gobierno y las asociaciones.

En el siglo XX todos los objetivos de justicia social se administraron desde un gobierno con un socialismo de Estado. Los soviets -que pudieron haber sido las asociaciones, los consejos- nunca arrancaron. No caminaron. Y el socialismo -el proyecto de eliminar la propiedad privada capitalista y la diferenciación social- fue administrado desde arriba. Desde el Poder Ejecutivo. Y la historia y la experiencia nos enseñaron en Nicaragua que, cuando se pierde la Presidencia, el Poder Ejecutivo, se revierte todo en un día. En un día se revierte todo en un modelo estatista. Incluso en experiencias más largas que la nuestra de intervención del mercado, como la de la Unión Soviética, que duró ochenta años, el día en que se perdió el Poder Ejecutivo, se revirtió todo, todo lo construido en ochenta años se perdió en un día.

Si esta lección ya la hemos aprendido, no podemos poner la esperanza de sustituir las relaciones capitalistas y de construir una nueva sociedad sólo con el Poder Ejecutivo. Hemos aprendido que esa transformación depende de construir nuevas relaciones de producción, construyendo nuevos sujetos económicos con la gente organizada en asociaciones. Mientras no haya sujetos económicos no va a haber nueva sociedad. Cada nueva sociedad es nueva no porque haya un gobierno nuevo, sino porque hay un sujeto económico nuevo. En Nicaragua, primero fueron los encomenderos, después los terratenientes, después la burguesía nacional, últimamente la burguesía transnacional. Y hoy estamos construyendo el nuevo sujeto económico, que es el que podría darle viabilidad a este proyecto: los pequeños y medianos productores asociados o los trabajadores administrando empresas.

Nicaragua está inserta en los nuevos procesos que se están dando en América Latina. Estos procesos arrancan con dos orientaciones. Orientados hacia el Sur. Y orientados hacia las asociaciones. Con la orientación hacia el Sur dan continuidad a lo que fueron los movimientos de liberación nacional, a aquella autodeterminación que buscamos hace años y que el Imperio condicionó. Los nuevos gobiernos latinoamericanos van hacia el Sur y en el Sur buscan mercados mayores, buscan la integración. Y lo hacen rechazando los grandes esfuerzos que ha hecho Estados Unidos por integrar el Sur al Norte.

Los nuevos gobiernos latinoamericanos tienen también una orientación hacia las asociaciones. No sólo buscan vincularse económicamente con el sector privado grande y mediano, sino también con las asociaciones, cuyo desarrollo va a depender no sólo de la voluntad política del gobierno, sino de que este nuevo sujeto económico se constituya como tal. Porque si no existen, si no se constituyen, ¿cómo se vincularía el gobierno con ellos?

Los vínculos del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional con el gobierno de Venezuela van en esta dirección. Cuando hablo de “unidad y reconciliación nacional” esto significa sacar al sandinismo del aislamiento en el que ha estado durante 16 años, significa quitar el veto que pesa sobre el Frente Sandinista para ser una opción de poder alternativo en Nicaragua. Hablar de reconciliación no es negar las contradicciones ni la lucha de clases. Es tomar conciencia de que la reconciliación es necesaria porque la gente políticamente organizada en el Frente Sandinista ha estado excluida y vetada en Nicaragua. La reconciliación es un proyecto para que los sectores populares se junten. Porque la contradicción con el sandinismo no sólo se da en el Parlamento. Se da en el campesinado, en la clase obrera, en los trabajadores por cuenta propia. A lo que apostamos es a la reconciliación de los sectores populares. Porque si están divididos jamás van a poder defender sus intereses.

La relación del Frente Sandinista con Venezuela se inició desde antes del triunfo electoral del 5 de noviembre. Y arrancó precisamente con un acuerdo entre el gobierno de Venezuela y una federación de cooperativas nicaragüenses, la Nicaraocoop: importarían urea de Venezuela y la venderían en el país a precios más bajos. Resulta simbólico que la relación con Venezuela haya comenzado antes que el Frente tomara el Poder Ejecutivo y que Venezuela no haya hecho este acuerdo con una corporación, sino con una asociación de cooperativas, que entra al mercado y con las reglas del mercado entra a competir con los agentes económicos tradicionales. Y lo logra y gana. Y no porque sea superior moral, política o socialmente a los empresarios tradicionales, sino porque lo supo hacer con superioridad económica.

Una cooperativa no va a desplazar al sistema capitalista por ser superior moralmente, sino por ser competitiva económicamente. Y ahora, este sujeto económico que es la Nicaraocoop, vendiendo la urea a siete dólares menos el quintal, ya ha desplazado al 50% del sector privado que comercializa urea en Nicaragua. Y no es poca cosa, porque los empresarios de ANIFODA tienen el monopolio de la urea desde hace 40 años y en tantos años sólo instalaron 4 puntos de distribución en todo el país. Hoy, estas cooperativas, en menos de un año de trabajo, ya tienen el 50% del mercado y 60 puntos de distribución y ya empiezan a incorporar a cooperativas de El Salvador. Es con esa cooperación y solidaridad, con esa organización, que podremos ganar la competencia a los empresarios privados.

Vemos entonces que el giro hacia el Sur no es sólo del Frente Sandinista y del gobierno de unidad y de reconciliación nacional. Giran también hacia el Sur las expresiones más progresistas de la sociedad nicaragüense, como son las cooperativas. Y giran por sus propios intereses. El liberalismo nos vendió la idea de que los intereses privados coinciden con los intereses sociales. Adam Smith decía que la búsqueda de los intereses privados garantizaría el bienestar social. Hoy vemos, en este caso lo vemos, que los intereses de estas cooperativas -que no son totalmente colectivos ni públicos- sí mejoran las condiciones de la sociedad en su conjunto. Es una muestra de lo que se estaba haciendo ya antes del cambio de gobierno, incluso con un gobierno adverso. Porque hay que recordar que Norman Caldera, el Canciller del gobierno de Enrique Bolaños, afirmaba que la urea venezolana era para fabricar explosivos y que le estábamos haciendo un dumping a los empresarios privados.

Es muy interesante ver que, al llegar el Frente Sandinista al gobierno, en vez de decirle a esta federación de cooperativas que el Estado iba a administrar el proyecto de la urea venezolana, decide que lo sigan administrando las asociaciones. Privatizamos, pues. Privatizamos también, como lo hace el neoliberalismo. Pero no a favor de las corporaciones, sino a favor de las asociaciones. El propio sistema capitalista, que ha favorecido las privatizaciones en todo el mundo, ha creado las condiciones para este giro hacia la privatización colectiva. Que esta orientación camine no dependerá solamente de la voluntad política del gobierno sandinista, sino de que existan asociaciones.

Hoy en día no toda la cooperación al desarrollo pasa por los gobiernos. Esto de administrar proyectos de desarrollo a través de entidades privadas es ya una tendencia. Estados Unidos ha entregado 172 millones de dólares a los departamentos de León y Chinandega de la Cuenta del Reto del Milenio para la construcción de carreteras y caminos. Pero no lo hicieron a través del presupuesto, del Estado, del gobierno, sino que, para administrarlo, crearon una fundación en la que están alcaldías y asociaciones. Este ejemplo nos habla de lo que parece ser una tendencia y no un asunto ideológico. Y es una tendencia interesante, porque aunque no es todo lo colectivo que queremos, abre un camino hacia eso.

Otro ejemplo previo al cambio de gobierno es el de la alfabetización. Antes del 5 de noviembre una ONG estaba haciéndose cargo de una tarea social, la alfabetización de adultos con el método cubano “Yo sí puedo”. Ahora, el gobierno sandinista no se va a hacer cargo de ese proyecto. No lo estatizará ni lo pasará al Ministerio de Educación, sino que se lo asignará a esa ONG que lo inició. Como ven, nada que ver con el perfil del Estado de los años 80. Otro ejemplo lo tenemos con el bono productivo alimentario, la entrega a las familias campesinas de una vaca, una cerda, gallinas, semillas y un biodigestor. Este proyecto, que busca garantizar la seguridad alimentaria, lo ha estado administrando durante muchos años una ONG, el CIPRES. Ahora pasa a ser política de Estado dentro del rograma Hambre Cero, pero esa misma ONG seguirá trabajando con el proyecto, arrastrando ahora a participar a centenares de otras ONG, que ya se están organizando. Ya hay 130 ONG organizadas, con sus familias seleccionadas en Estelí, Madriz, Nueva Segovia y en la Managua rural.

Estos tres o cuatro ejemplos muestran la tendencia en la que estamos: pasar de un Estado con el perfil Gobierno + Corporaciones, a un Estado con el perfil Gobierno + Asociaciones. La lucha para lograrlo no sólo será política sino económica y habrá que organizarse no sólo políticamente sino económicamente, incluso aprovechando las reglas impuestas por la derecha en estos años.

En Nicaragua estamos en una transición cuya contradicción principal no es sólo Norte-Sur, sino Democracia-Justicia social. La democracia es una forma política de gestionar la sociedad. Si la sociedad es capitalista, una buena democracia gestionará bien esa sociedad. Estar administrando bien una sociedad capitalista no a todos nos alegra, aunque los procedimientos de esa administración estén llenos de ética, de transparencia, de representatividad, de gobernabilidad. Porque si la sociedad es capitalista, la gobernabilidad será también capitalista. Por el otro lado está la justicia social, que significa transformar la realidad. Hace años no nos importaba mucho cómo la transformábamos, priorizábamos la transformación. La justicia social era el fin y no nos importaban los medios. Ahora, en este nuevo gobierno, estamos intentando transformar y hacer justicia social, pero desde una perspectiva más democrática. Pero hay contradicciones. Porque si le pregunto y le consulto a los de Managua si están dispuestos a reducir su consumo de agua para que haya más agua en Juigalpa o en el Río Coco, me van a decir que no. Y si le digo a los maestros que el presupuesto para aumentarles su salario se lo vamos a dar a los campesinos, que son más pobres que ellos, no lo aceptarán. Y si, aunque no estén de acuerdo, lo hago, en nombre de la justicia social, voy a forzar la democracia, forzaré la voluntad de la gente. Pero si no lo hago, retrocederá la justicia social, aunque me lamarán “demócrata”. A veces la democracia y la justicia social pueden coincidir, pero siempre va a haber una tensión. Donde más claro se ve esto es en la distribución del presupuesto nacional.

A mí me toca trabajar con el bono productivo alimentario. Mi propuesta es que comencemos con la gente del Río Coco y continuemos con la zona norte, Madriz y Nueva Segovia, y con la Managua rural, los tres sectores más pobres del campo. Ésa es mi propuesta, pero si consulto a Chinandega, me van a decir que primero ellos, que no quieren esperar. Eso es lo que me están diciendo los alcaldes, los secretarios políticos del Frente, toda la sociedad rural chinandegana. ¿Qué hacemos? Si optamos por los más pobres, yo estoy forzando el principio que dice que todos somos iguales y estoy violentando a quienes piden que comencemos por Chinandega y León. En contradicciones así vamos a estar todos los días.

En el Río Coco, un viaje de Wiwilí a Waspan cuesta 1,700 dólares ida y vuelta, en una lancha con motor fuera de borda para cuatro personas. Yo me reuní con las 40 ONG de la Costa para organizar lo del bono productivo alimentario y me decían que ahí invierten 8 millones de dólares, pero poco le llega a la población, por lo que se encarece todo con los costos del transporte. Entonces, lo primero que hicimos fue ir a PETRONIC y les propusimos que subsidiaran el transporte en la Costa Caribe para garantizar el programa Hambre Cero. ¿Y cómo hacemos?, me dicen. Pues quítenle el subsidio al transporte de Managua, les digo. Y me miraron como loco. ¿Y los de Managua no son solidarios, no quieren la justicia social? Y si le consulto a la gente de Managua, ¿va a estar de acuerdo? La contradicción entre justicia social y democracia la vamos a tener siempre, y todos estamos metidos en esa contradicción.

La aprobación en el Parlamento del bono productivo alimentario fue muy positiva, le da institucionalidad al proyecto. Pero no siempre vamos a poder hacer eso ni siempre vamos a lograrlo. Tendremos que aprender a administrar la contradicción entre el respeto a la institucionalidad y las medidas de justicia social. Y claro que tenemos que buscar institucionalidad. Porque la institucionalidad genera consenso. Y todo proyecto necesita de consenso. Después del siglo XX, es difícil llevar adelante proyectos de justicia social con minorías políticas. Un proyecto de transformación revolucionaria necesita de una mayoría política.

La democracia no es un fin, es un medio. Pero también se transforma la democracia. No podemos conformarnos con una democracia que consista en que cada cinco años se nos permite votar. O con una democracia donde sea solamente el gobierno quien ejecuta los presupuestos públicos. No podemos confundir el respeto a la institucionalidad con el respeto a la institucionalidad de ayer. No debemos enamorarnos de la institucionalidad existente porque nos puede frenar la justicia social. Tenemos que construir democráticamente otra institucionalidad. Las leyes están hechas para acatarlas. Pero también para cambiarlas. Además, las leyes no son la justicia. Las leyes hay que acatarlas porque no nos queda de otra, pero si podemos cambiarlas, mejor. ¿Y la Constitución? La Constitución también expresa un tipo de sociedad, pero si no estoy de acuerdo con ese tipo de sociedad, si es una sociedad capitalista, tengo que buscar cómo cambiar la Constitución.

Es necesario que nos acostumbremos a la contradicción entre democracia y justicia social, porque vamos a navegar en ella durante estos cinco años. Algunas veces van a coincidir y muchas veces no. Hay mucha gente que se entusiasma con la institucionalidad. La agenda actual de la derecha es la de la institucionalidad: qué pasa en el parlamento, qué pasa en la Corte Suprema de Justicia, qué pasa con el gobierno, qué pasa con Rosario Murillo… Su agenda no es la justicia social, sino que funcionen las instituciones. Pero, ¿cuáles instituciones? Las que le dan gobernabilidad a este sistema capitalista.

Como en este gobierno queremos priorizar la justicia social, cuando viajamos a Venezuela le presentamos al gobierno venezolano la agenda de lo que más necesita Nicaragua y dijimos: energía, construcción e inversión pública y enfrentar el problema de la pobreza. Energía, porque el país se estaba paralizando. Por eso, el primer acuerdo fue traer plantas pequeñas, de emergencia, para que produjeran los 60 megavatios de déficit que tenemos en las horas de mayor consumo. Esas plantas valen 120 millones de dólares. Es un acuerdo que todavía no se ha formalizado y por no formalizarlo, estamos violentando la institucionalidad. Pero era nuestra prioridad resolver el problema de la energía.

Antes de conseguir estas plantas, ya había un acuerdo del gobierno de Venezuela con las alcaldías -no con el gobierno de Bolaños- para suministrarnos petróleo en condiciones favorables. Ese acuerdo se ha concretado ahora: 10 millones de barriles al año, que es el consumo anual de Nicaragua, el 60% de ese suministro a pagarlo en tres meses -pero podemos pagarlo con productos, lo que nos abre una oportunidad para exportar- y el otro 40% a pagarlo en 25 años. Después del triunfo electoral del Frente Sandinista estamos en una discusión: ¿Se queda este acuerdo en manos de las alcaldías o pasa al Estado? Yo digo que si se pasa al Estado y después se pierde el Poder Ejecutivo, todo se va a privatizar. Pero, por otra parte, no tenemos todavía nuevos sujetos económicos para que se hagan cargo del acuerdo. A la Secretaría del Frente Sandinista llegaron 40 gasolineros de una cooperativa diciendo que ellos se hacían cargo. Pero se trata de centenares de millones de dólares. Y ahí vemos la contradicción: los nuevos sujetos económicos no están desarrollados como para hacerse cargo del Estado.

Otros acuerdos con Venezuela en relación a la energía son la asistencia técnica y jurídica para producir energía hidroeléctrica, geotérmica, eólica y biomasa. Con el objetivo de liberarnos del petróleo. Y ese gran acuerdo que consiste en la construcción en Nicaragua de una refinería que exporte combustible venezolano a los Estados Unidos refinado aquí . La ganancia -7 dólares por barril- le quedaría a Nicaragua. En energía, Venezuela va a invertir en Nicaragua muchísimo. Sólo la refinería cuesta 2,500 millones de dólares. Esos 10 millones anuales de barriles de petróleo representan otros 600 millones de dólares. Y otros 500 millones en otros proyectos. Es una cooperación de mucha envergadura, un nivel de cooperación con Nicaragua equivalente al de todos los otros países en los próximos cinco años.

Cuando uno estudia Economía, le enseñan que los dos ejes de la acumulación son la energía y la construcción, tanto la horizontal -carreteras, puertos, aeropuertos- como la vertical: las casas, los edificios. En construcción, le pedimos a Chávez que el ejército venezolano se uniera al nicaragüense para construir carreteras. Y nos lo aceptaron. Los dos ejércitos van a construir la carretera de Bilwi a Río Blanco, con lo que se cumplirá el sueño de unir el Pacífico con el Atlántico. Este año van a priorizar los veinte pegaderos que hay para que, al menos, ya se pueda pasar. En construcción, ése es el proyecto principal y hay también proyectos de reparación de escuelas y otros, que son menores.

Hay otras inversiones venezolanas: fábricas de aluminio, fábricas de sacos. Son inversiones de costos menores. También hay cooperación en forma de créditos: 37 millones de dólares para empezar, a través del Banco de Desarrollo y del Banco de Comercio Exterior de Venezuela, que funcionarán en Nicaragua con una sucursal, bajo las leyes de la Superintendencia de Bancos. Esos 37 millones vendrán para ir construyendo ese modelo nuevo que se puede tejer. 10 millones son no reembolsables y se decidió que fueran directamente para la educación. Y vamos a ver cómo lo hacemos sin violentar la institucionalidad democrática. Con el programa Hambre Cero no la violentamos. Nosotros propusimos 180 millones de córdobas para el bono productivo alimentario y el Parlamento lo aprobó. Hubo una discusión fuerte, pero al final lo aceptaron.

Otros 10 millones de los 37 millones en créditos venezolanos serán para las asociaciones de cooperativas. Crédito al 5% para las cooperativas de pequeños productores del campo, sobre todo para los productores de ajonjolí, para las cooperativas de Amerrisque, que son de leche, para las de CAFENICA, de café, y para instituciones de crédito como CARUNA y SIFINA. Sabemos que el crédito pequeño en el campo siempre es muy caro, pero la propuesta venezolana es que la tasa de interés no pase del 5%. Ésa no es una política contra las microfinancieras, es una política a favor de las cooperativas.

Estos pequeños productores llevaban ya 16 años sin acceso al crédito. Y son productores importantes, porque todo el ajonjolí que se produce, se procesa y se exporta en Nicaragua sale en un 100% de esas cooperativas. O sea, que darles crédito no es un asunto sólo de voluntarismo. Es que el país está cambiando y estos cambios se han dado durante los gobiernos neoliberales y eso significa que los pequeños productores salieron adelante a puro pulso. Éstos son los nuevos sujetos económicos, que se han hecho superiores a los viejos sujetos económicos, pero no por las armas ni por los votos en el Parlamento ni por las mañas de los políticos, sino por las leyes de la economía.

Las cooperativas de los años 80 se deshicieron porque fueron construidas desde arriba. Hay que construirlas desde abajo. Éstas de las que hablo se hicieron no sólo desde abajo, sino en contra de todos los gobiernos liberales y sin crédito. Lucharon. Y cambiaron el país. El país está cambiando: productores con menos de 5 manzanas producen ya el 100% del ajonjolí. En el café, los pequeños producen el 60%, en los frijoles y el maíz el 100%, en las frutas y verduras el 80%, en el arroz de secano el 40% y el porcentaje tiende a crecer porque los grandes productores de arroz se están convirtiendo en maquila: importan el arroz de Estados Unidos, le quitan la cazulla y lo venden.

Hubo otros acuerdos con Venezuela. Por ejemplo, apoyo para la comercialización de los productos campesinos en las pulperías. Estamos trabajando con todas las pulperías de Managua afiliadas al FNT -no porque estén afiliadas al FNT, sino porque son las que están organizadas económicamente- para que ellas distribuyan los productos campesinos.

Con todos estos acuerdos con Venezuela estamos en la ruta hacia el Sur y en la ruta hacia las asociaciones. En esas rutas vamos a encontrar muchas contradicciones, muchos problemas. Y vamos a cometer muchos errores. Pero lo que importa es la direccionalidad del proyecto. No va a ser fácil en una sociedad como la nuestra, que no está hecha para ese proyecto. Por ejemplo, hay campesinos que nos reclaman: “Dicen que ustedes quieren quebrar a don Tuto Navarro -que es un productor de urea-; y ¿por qué lo quieren quebrar, pobrecito? Eso es revanchismo”. Y les explicamos que es para beneficio de las cooperativas. Pero no siempre lo entienden. Y no siempre son simpáticas las medidas de justicia social. Y si son medidas de fuerza son antipáticas. Yo digo que éste es un gobierno sandinista en una sociedad liberal. Porque la cultura en Nicaragua es liberal y aunque la gente padezca el liberalismo, aún lo quiere.

Los compañeros de Venezuela tienen su modelo. Lo llaman Socialismo del Siglo XXI. Es un modelo montado sobre una ruta muy política, sobre los Consejos. Para mí la seguridad de un proyecto está en las asociaciones económicas. Pero parece que estos Consejos son también una tendencia. Hay que recordar que en estos 16 años se crearon en Nicaragua decenas de consejos, desde el CONPES hasta los consejos de desarrollo departamental, los consejos de desarrollo municipal, consejos de producción en todos los ministerios, consejo de educación… Parece ser que ésta es también una tendencia en todas partes. Y el gobierno sandinista, este gobierno de unidad y de reconciliación, sigue sobre esa misma ruta. Hay contradicciones: que ése consejo sirve o no sirve, que mis consejos son mejores… Hay discusiones políticas, pero lo que está claro es que la cultura de los consejos está caminando, que caminó con el neoliberalismo y que va a caminar con nuestro proyecto.

Hay que tener en cuenta que en el Sur están también, por supuesto, Cuba, Libia, Irán, que son el Sur, aunque no sean simpáticos para Occidente, pero que son el Sur. También de ellos nos llegan ofertas de cooperación. Los iraníes nos están ofreciendo construir maquinaria agrícola para toda Centroamérica. Porque Nicaragua es un mercado muy chiquito. Ellos piensan en Centroamérica, ven a Centroamérica como una opción. Igual que los europeos, que son los “buenos”. También nos dicen: Júntense, si no, no negocio con ustedes.

La integración es una tendencia mundial, tanto en los del Norte como en los del Sur. Es un signo de estos tiempos que el Sur quiere integrarse. Ése es el común denominador del Sur en esta hora. Hay muchos análisis que comparan la izquierda de Bachelet, que es “buena y civilizada” -aunque un gobierno socialista ahí, el de Lagos, privatizó el agua-, que es “muy simpática”, con la izquierda de Lula, que es “menos simpática”, y la de Chávez, que es “fea”. Pero, independientemente de cómo es la Bachelet, cómo es Lula y cómo es Chávez, todos están por la integración. Hay gente que quiere ver las contradicciones entre Chávez y Lula. Para unos Lula es flojo y para otros Chávez es dictador. Pero, ¿cuál es el común denominador de ambos? ¿Por qué no vemos los comunes denominadores?

Yo digo que este gobierno va a tener que gobernar con las dos manos, con la derecha y con la izquierda, con el Norte y con el Sur. Porque tenemos presiones fuertes. Y porque tenemos límites. Como tuvimos límites en los 80, cuando no respetamos una realidad que no se transformaba a la velocidad política que queríamos. ¿Cuándo va a terminar la tensión CAFTA-ALBA? Creo que se va a mantener. Es una contradicción que vamos que tener que administrar. Nosotros tenemos más simpatía por el ALBA. Y el mayor apoyo no nos viene del CAFTA, sino del ALBA. Pero vemos la realidad y administramos la contradicción. Las opciones no hay que esconderlas y las contradicciones que generan esas opciones hay que aprender a administrarlas.

Resumiendo: la orientación de este gobierno es hacia el Sur y hacia las asociaciones, siempre navegando en la contradicción entre la democracia y la justicia social. Por ahí vamos a avanzar. Y avanzaremos más si construimos un proyecto. Aún no tenemos en Nicaragua un proyecto. Está escasa la mística y la ética. Pero es que ni la mística ni la ética nacen solas, nacen cuando hay un proyecto. ¡Dame un proyecto y te traigo santos! Porque cuando uno encuentra un proyecto uno se entusiasma y no le importa nada. Es como cuando uno se enamora.

¿Qué es lo importante ahora? Que construyamos un proyecto para que nos enamoremos de ese proyecto. No de un partido, sino de un proyecto. El partido es un medio, el gobierno es un medio. El fin es el proyecto de la gente. En la política los fines justifican los medios. Y en el mundo cívico es al revés: los medios cuentan más que los fines, se sacrifican los fines por los medios. Por eso es que a veces nos gusta más un político bien educado que uno mal educado, aunque los fines de uno sean a favor del capital y los del otro sean a favor de la justicia. Porque en el campo de lo cívico lo que importan son los medios, y en el de la política son los fines. Ésa es todavía la realidad, aunque no nos guste. Conviviremos también durante estos cinco años con esa contradicción. Y tenemos que aceptarlo, tenemos que entenderlo. Y tenemos que aprender a navegar en esa contradicción.

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