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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 300 | Marzo 2007
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Guatemala

Rigoberta Menchú irrumpe en el escenario electoral

“Quiero abrir una brecha hacia un nuevo rumbo en Guatemala”, ha dicho Rigoberta Menchú al presentar el nuevo movimiento social que ella encabeza, “Winak”, y al aceptar su candidatura presidencial para las elecciones de septiembre. ¿En qué escenario político le tocará “bailar” a Rigoberta? ¿Qué intereses enmascaran las siglas de los numerosos partidos políticos guatemaltecos?

Juan Hernández Pico, SJ

Una fuerte sacudida ha hecho temblar el escenario electoral en Guatemala en vísperas de las elecciones residenciales, congresales y municipales a celebrarse en uno de los dos primeros domingos de septiembre. Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992 y actual Embajadora del Gobierno Berger para el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, anunció la formación del movimiento social “Winaq”, que podría convertirse en partido político y que en estos meses daría soporte a la candidatura presidencial de Rigoberta. En quiché y en otras lenguas mayas “Winak” significa “personas” o “gente”.

UN DIÁLOGO DIFÍCIL

No se preveían fáciles los diálogos para una alianza política-electoral entre Winaq, MAIZ -Movimiento Amplio de Izquierda, que incluye a la URNG como el partido que lo sustenta y que se amplía a muchas otras personas de izquierda independiente- y EG (Encuentro por Guatemala, movimiento a punto de constituirse en partido y liderado por la diputada Nineth Montenegro). Y los diálogos no fueron fáciles. El 21 de febrero la prensa nacional anunció que Rigoberta Menchú había declinado la alianza con la URNG y había decidido ir de candidata presidencial de Encuentro por Guatemala. En Winak y en EG, dos lideresas, Menchú y Montenegro -ambas comparten tragedias personales durante el conflicto armado- unían sus respectivos movimientos, mientras otra lideresa, Alba Estela Maldonado, diputada por la URNG y su ex-secretaria general, quedaba por fuera.

¿GOBERNADOS
POR “UNA INDITA”?

El día en que se difundió la primera noticia de la participación electoral de Regoberta Menchú las reacciones inmediatas en la radio fueron de un profundo racismo. La frase de una señora ladina las resume: “¿Voy a ser yo gobernada por una indita? ¡Nunca!”. En los medios impresos, columna tras columna de opinión, le hablaban a Rigoberta con respeto, al menos aparente, pero al mismo tiempo con tonitos de maestros de escuela o de abuelos experimentados y sabios, aconsejándole que no se metiera en camisa de once varas porque saldría desprestigiada y su aura de Premio Nobel de la Paz quedaría sin resplandor si entraba en la cueva de leones que es la política en Guatemala. Con racismo y con consejos, el escenario electoral cambió. Para algunos se ha teñido de tenebrosas y amenazantes nubes. Para otros se ha abierto con tintes aurorales.

¿REPRESENTANTES O ÁRBITROS?

La ciencia política enseña que en las sociedades nacionales los partidos políticos actúan como representantes de los intereses conflictivos de los distintos grupos y como intermediarios de esos intereses entre el Estado nacional y esos grupos sociales, organizados o no. Un ejemplo lo tenemos en el problema del salario mínimo. Existe una cierta costumbre alrededor de este tema económico de tanta importancia para gente de la ciudad y del campo: discutirlo
en un áspero diálogo tripartito entre representantes gremiales de la empresa privada y representantes sindicales
de obreros urbanos y jornaleros rurales -grupos ambos de la sociedad civil- y como árbitros desde la sociedad política, representantes del gobierno, que suele estar conformado por miembros de un único partido político, o de una alianza de varios partidos más algunos funcionarios sin afiliación partidaria o “independientes”.

Este diseño significa que los miembros del gobierno se identifiquen con intereses sociales concretos, aunque luego desde el gobierno no tengan más remedio que arbitrar entre intereses sociales en conflicto. A veces se vuelven intransigentes defensores de sus propios intereses, como pasó con el gobierno conservador de Margaret Thacher en Gran Bretaña o con el gobierno republicano de Ronald Reagan en Estados Unidos, que introdujeron contra viento y marea el capitalismo neoliberal a favor de las grandes transnacionales, y como está pasando hoy con el gobierno republicano de George W. Bush, que ha introducido el neoconservatismo unilateral expresado en la guerra sin escrúpulos y sin fronteras contra el terrorismo. También actuó así el primer gobierno de François Miterrand, que intentó ir en Francia por un camino de nacionalizaciones empresariales, ya inviable en el ámbito de la comunidad europea. En cambio, el Presidente Franklin D. Roosevelt, demócrata, fue electo tres veces seguidas en Estados Unidos por cómo intentó luchar contra las consecuencias de la Gran Depresión de 1929, arbitrando todos los intereses en conflicto, y una cuarta vez por un consenso excepcional en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. En esta línea también, el Presidente de Chile, Ricargo Lagos, que arbitró de manera tan equilibrada los intereses conflictivos en Chile y que terminó su sexenio con un 70% de aprobación de la ciudadanía.

LOS INSUSTITUIBLES
PARTIDOS POLÍTICOS

Hasta el día de hoy no se ha encontrado en la esfera sociopolítica de la construcción de la democracia una institución que sustituya a los partidos políticos. Todos hablamos de su declive, de su desprestigio y falta de credibilidad, especialmente por la corrupción que los ha ido corroyendo, tanto en Brasil como en Venezuela, en Francia lo mismo que en Japón, en Sudáfrica igual que en la India. También han ido perdiendo el perfil identitario de su “denominación de origen”, como le ha ido pasando a la Social Democracia británica o alemana a manos de la “Tercera Vía” de Tony Blair o de Gerhard Schroeder, algo distinta de la pensada teóricamente por el sociólogo Anthony Giddens.

Y sin embargo, no hay sustitutos ni sucesores para los partidos en la sociedad política. Los partidos tradicionales de la construcción democrática en Venezuela -el socialdemócrata Acción Democrática (AD) o el socialcristiano COPEI-
se hundieron en la corrupción, en el canibalismo interno y en los protagonismos infructíferos, después de algunas décadas de florecimiento e innegable contribución. Pero en el mismo país, hundidos AD y COPEI en un abismo del que muy difícilmente resurgirán, la Revolución Bolivariana de Hugo Chávez no sólo no puede prescindir de organizar un partido político, sino que está queriendo unificar en un solo partido del Socialimo para el siglo XXI la diversidad de partidos y movimientos contenida en la alianza que lo llevó al poder y que lo ha reelecto después de ocho años en él.

PARTIDOS “PROPIEDAD”
DE FEUDOS INDIVIDUALES

En Guatemala nadie puede presentarse como candidato a la Presidencia y Vicepresidencia de la República si un partido político no presenta su candidatura. Nadie puede tampoco presentar una candidatura al Congreso de la República si no lo hace dentro de la lista nacional o departamental de un partido político. Y esa lista es cerrada: el votante elige toda la lista o se abstiene. No se pueden elegir nombres de varias listas ejerciendo un discernimiento personal entre las personalidades cuyos nombres aparecen en diferentes listas. Sólo a nivel municipal, para la alcaldía y para el Concejo o Corporación municipal se pueden presentar candidaturas arropadas no por un partido, sino por un Comité Cívico, que represente más directamente intereses sociales.

A veces se construyen candidaturas en base a alianzas entre grupos políticos, de los cuales sólo uno tiene personería jurídica como partido político. El actual Presidente Berger y el Vicepresidente Stein fueron electos por una alianza de cuatro grupos políticos, la Gran Alianza Nacional (GANA), donde la personería jurídica de partido la otorgó el Partido Solidario liderado por el empresario Ricardo Castillo Sinibaldi. Y esto sucedió, después de que Oscar Berger ganó las primarias del partido PAN. Las bases de este partido lo votaron mayoritariamente. Tuvo, sin embargo, que renunciar a esa candidatura porque la dirigencia nacional del PAN no quiso aceptar sus condiciones como candidato. Esto nos indica cómo en Guatemala los partidos políticos son “propiedad” de aquellos que se hacen con su secretaría general y dominan la Dirección Nacional o el Consejo Ejecutivo. Son partidos con una identidad políticamente enfeudada a individualidades.

GUATEMALA:
PARTIDOS SIN IDEOLOGÍA

Que los partidos sean feudos de individualidades se puede decir también de muchos otros partidos políticos alrededor del mundo. En Rusia, Yeltsin primero y Putin más tarde dominaron totalmente a los partidos que los lanzaron como sus candidatos. En Francia, Mitterrand reinó por décadas sobre los socialistas y Chirac lo ha hecho sobre la Unión Nacional de la República, de derechas. Lula viene liderando -y dominando- al PT brasileño desde 1980. La familia Nehru -Javajarlal primero, después su hija Indira, después su nieto y aún la esposa de éste- dominó al Partido del Congreso en la India prácticamente durante medio siglo. Aún peor es cuando detrás de las personalidades que dominan los partidos no hay perfiles ideológicos claros ni proyectos de nación identificables. Y ese es el caso de Guatemala.

LOS PARTIDOS EN EL ESCENARIO

En Guatemala existe una multitud de partidos políticos. Está el Frente Republicano Guatemalteco (FRG), el más antiguo de los que aún conservan fuerza, bajo el liderazgo indiscutible de Efraín Ríos Montt, General del Ejército, de baja durante 18 años. Está el Partido Acción Nacional (PAN), iniciado por el ex-Presidente Alvaro Arzú hace 17 años y hoy en otras manos, primero en las de Leonel López Rodas y luego en las de Rubén Darío Morales. Está el Partido Unionista (PU), donde, escindiéndose del PAN, se refugiaron hace siete años algunos de los más adictos seguidores de Alvaro Arzú.

Vienen después otros partidos que tienen más o menos una misma edad: siete años. La Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), en manos de Alvaro Colom Caballeros. El Partido Patriota (PP), dominado por Otto Pérez Molina, General del Ejército, de baja. Viene después el actual partido en el gobierno, la Gran Alianza Nacional (GANA), que empezó como alianza de cuatro asociaciones políticas: el Partido Solidario (PS), de Ricardo Castillo Sinibaldi, el Partido Patriota (PP) de Otto Pérez Molina, el Partido Reformador (PR) de Jorge Briz y un grupo de seguidores de Oscar Berger, y el G 17. La GANA, que obtuvo su propio reconocimiento jurídico como partido, se ha ido desgranando paulatinamente: primero se desgajó el PP, después el PR y finalmente el PS.

Existen otros partidos menores. También existe, como consecuencia de los Acuerdos de Paz, la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG). Fruto del caudillismo de izquierda se formaron la ANN, dominada por Jorge Ismael Soto, más conocido en la URNG como Pablo Monsanto; y el Encuentro por Guatemala (EG), cuya líder indiscutible es Nineth Montenegro.

LOS TRES GRUPOS DE IZQUIERDA

¿Qué ideologías y qué intereses representan estos partidos? Es difícil adentrarse tras las bambalinas del escenario. Es claro que la URNG es un partido de izquierda, de origen marxista-leninista y hoy socialista, cuyos intereses quieren ser principalmente los de los pobres, las clases desposeídas, los obreros y campesinos y de alguna manera, los de la población indígena.

Lo mismo se podría decir de la ANN, si no fuera porque en ella se ha dado -al estilo del PAN- un baile de líderes. Primero, cuando estaba unida a la URNG, Alvaro Colom. Después Nineth Montenegro y finalmente Jorge Soto, disidente de la URNG después de no haber sido reelecto secretario general. También es partido de izquierda EG, aunque aún no ha sido constituido como partido por el Tribunal Supremo Electoral y no tiene, por tanto, más historia que la de su lideresa Nineth Montenegro.

En términos de votos, todos estos partidos, en el momento de su máxima alianza, que fue en 1999, obtuvieron un 15% del electorado que fue a las urnas en primera vuelta y consiguieron una cosecha de 9 diputados y diputadas.

LOS PARTIDOS
DEL “DINERO VIEJO”

Las máscaras en el escenario del baile electoral aparecen al querer identificar a los otros partidos. La GANA, o mejor lo que queda de ella -el G 17 y el PU- son partidos empresariales. Defienden, aunque no lo digan abiertamente, los intereses del “dinero viejo” y la “propiedad de antes”, lo que antes llamábamos oligarquía. Lo que los diferencia no es más que la rivalidad personalista entre Oscar Berger y Alvaro Arzú. Naturalmente, se trata de una oligarquía cuyos intereses económicos están ya muy diversificados. Los de Pantaleón, S.A., donde la familia Herrera son máximos accionistas de una gran empresa cañera y azucarera, extendida ya a Centroamérica, que podría pronto, con asesoría brasileña, diversificarse al etanol, y en cuyas propiedades urbanas se han instalado desde hace treinta y tantos años la Universidad Francisco Marroquín y dos de los hospitales mejores del país. Los de la familia Castillo, hoy internamente dividida y enfrentada, que trabajó tradicionalmente en el negocio de la cerveza y las bebidas gaseosas y que ya es accionista fuerte del Banco Industrial y está representada en los medios impresos con “Siglo XXI”, mientras coopera con Multiinversiones, S.A. en gigantescos centros comerciales de lujo como “La Pradera” del Condado Concepción junto a las colonias ricas de la Carretera a El Salvador. Están también los intereses de los creadores del “Pollo Campero”, la familia Gutiérrez, también dividida y en pleitos internos. Los Gutiérrez están diversificados hoy bajo el Grupo Multiinversiones, S.A., poseen bastantes granjas avícolas, son accionistas mayoritarios en el Banco Reformador -que acaba de comprar el Banco SCI- y cooperan con los cerveceros en fuertes negocios inmobiliarios y comerciales. También están los intereses de la familia Novella, accionista oligopólica de “Cementos Progreso”, cuyo negocio es tan floreciente como el de los cerveceros, porque las carreteras de Guatemala están tan sedientas de pavimentos de cemento como lo están las gargantas guatemaltecas de cerveza.

Forman otro grupo interesante las familias cafetaleras, diversificadas en el Banco Agromercantil y en cultivos no tradicionales de agroexportación: flores, frutas, etc. Estar diversificados no convierte necesariamente a estos capitalistas “de antes” en grupos “modernos”. Su vinculación cultural con la tierra -las grandes fincas- y su consecuente oposición a una reforma agraria moderna impide esta transformación. El PAN representaba también estos intereses, aunque la conquista de este partido por fuerzas algo crípticas -con presencia tal vez de los poderes ocultos- no permite clasificarlo hoy tan fácilmente en este renglón.

FRG: SOMBRA ROJA Y TURBIA

El FRG sigue vivo, a la sombra roja -de sangre, desapariciones y lágrimas- de su líder, el anciano Ríos Montt, reclamado por la Audiencia Nacional española como violador de los derechos humanos y genocida junto a otros compañeros de armas y civiles, asociados o no a él.

Como lo mostró su período en el gobierno (2000-2004), a pesar de la retórica de candidato en campaña y de discursos presidenciales pro-pobres del ex-Presidente Alfonso Portillo, detrás de la máscara del FRG se ocultan los negocios del “dinero joven” y de “la propiedad emergente”, envueltos en corrupción. La posición del Vicepresidente Francisco Reyes en el momento crucial de apoyar o dejar caer el pacto fiscal mostró muy claramente la tendencia del FRG auténtico, cuando la retórica se disolvió y el Pacto fue desgarrado. Para desgracia de Guatemala, detrás de la demagogia portillista y de la habilidad de Reyes, prosperaron también los generales y coroneles de baja que, desde la aduana nacional, hicieron negocios durante la guerra y el tiempo de la violencia con las armas y tal vez más tarde con la droga.

El narcotráfico ha contribuido a formar la riqueza emergente más importante de América Latina y también de Guatemala. El vicepresidente Stein no deja de alertar sobre la probable infiltración del narcotráfico en las diversas candidaturas de la próxima campaña electoral. Y es evidente que, junto con el narconegocio, se infiltrarían también el tráfico de armas y otros tráficos prohibidos que pululan en su cauda.

PP Y PS: SOLIDARISMO
Y NARCOTRÁFICO

En la misma línea del FRG está el Partido Patriota (PP), defensor de intereses aún menos claros. Algunas fuentes conocedoras de las entrañas de Guatemala, no se recatan en afirmar que también este partido está traspasado por los intereses del narcotráfico. Su actual retórica de “mano dura” aparece como un presagio de lo que podría constituirse en la vuelta del militarismo crudo y descarnado, que sería apoyado ahora por una no pequeña parte de la población, harta de inseguridad en las calles, en los hogares y en las instituciones públicas.

Otto Pérez Molina mezcla el lenguaje social pro-bienestar de los pobres con la mano dura de la seguridad, preparando así un coctel que interesa, atrae y embriaga. Con él se está uniendo el Partido Solidario (PS) de Castillo Sinibaldi. Aquí “solidaridad” tiene el sentido del “solidarismo” o de lo que más recientemente se llama la “responsabilidad social” del empresariado. Castillo Sinibaldi representa la iniciativa y las mayores inversiones tras la construcción de los diversos parques de recreación para los trabajadores (IRTRA) que se han construido con todos los lujos en diversos lugares del país. Este solidarismo es perfectamente compatible con la “flexibilización” del trabajo: con los contratos temporales, la falta de seguridad social, la ausencia de pensiones y la falta de protección colectiva sindical.

UNE: UN CIERTO ENIGMA
Y UN CANDIDATO PUNTERO

La UNE, aparentemente dominada por Alvaro Colom Caballeros, es una gran incógnita. Colom es sobrino del gran alcalde de la capital de Guatemala, Manuel Colom Argueta, asesinado en 1979 durante el Gobierno de Lucas García. Colom ha sido candidato presidencial en dos ocasiones antes de ahora. En 1999 con la ANN, cuando ésta incluyó también a la URNG, obtuvo un 12% del electorado. Cuánto de este resultado se debió a la izquierda relativamente unida y cuánto al prestigio de Alvaro Colom, especialmente entre la población del Altiplano indígena, es una incógnita.

Izquierda relativamente unida, porque todavía una parte de ella participó con el Frente Democrático Nueva Guatemala (FDNG), que en 1995 había representado en las elecciones a la URNG aún en guerra. El FDNG logró en 1999 un 3% de la votación. Así, la izquierda en total logró aquel año un 15% del voto.

En 2003, ya como líder del nuevo partido por él fundado, la Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), Alvaro Colom fue nuevamente candidato. Su adversario fue Oscar Berger, al frente de la alianza de la GANA. Colom perdió, pero, ahora es el primero en la intención de voto con poco menos del 36%. Le sigue Otto Pérez Molina con poco más del 15%.

Los intereses detrás de la UNE son un cierto enigma. Varios de sus afiliados, incluso un diputado por Alta Verapaz, han sido asesinados. La explicación más corrientemente aducida es que tras esos crímenes se oculta la “mano pachona” de los cárteles del narcotráfico, uno de los cuales es el cartel de Cobán, cabecera departamental de Alta Verapaz. En todo caso, bajo su máscara hasta cierto punto impenetrable, la UNE puede estar representado ciertos intereses profesionales y a la par, los de otro sector de la riqueza emergente.

Alvaro Colom ganó en 2003 en casi todo el Altiplano indígena y tiene mucho arraigo en esta zona porque dirigió durante la presidencia de Alvaro Arzú la agencia Fondo Nacional para la Paz (FONAPAZ) con fama de haberlo hecho con competencia y honestidad. Es a la candidatura de Alvaro Colom a la que la de Rigoberta Menchú podría arrebatarle más votos entre un sector de la población indígena. Un factor en contra de Colom y que hace dudar de él es la influencia negativa que se dice tiene sobre él su esposa.

NI BLANCO NI NEGRO

No todo es blanco o negro tras las máscaras que ocultan los intereses reales de los partidos y los candidatos. La presencia de Eduardo Stein en la actual Vicepresidencia de la República alteró evidentemente las tendencias dominantes pro-empresa privada de la alianza de abolengo en el gobierno y permitió que los intereses del campo y de los indígenas tuvieran cierta plataforma de lucha en el gobierno.

¿Qué supondrá para la UNE la probable candidatura a la actual Vicepresidencia de la República del gran cardiólogo Rafael Espada? Por otro lado, las aún delgadas clases medias de Guatemala distribuyen sus votos en forma no fácilmente detectable entre varios partidos, según prevalezcan sus intereses de ascenso social o su apego a los valores solidarios.

CÓMO PENETRAR LOS INTERESES ENMASCARADOS

Es muy difícil definir qué intereses intermedian los partidos políticos guatemaltecos. La respuesta fácil, pero simple, es decir que no importa mucho saberlo, porque cuando llegan al gobierno se deben a todos los guatemaltecos y tienen que convertirse en árbitros políticos a través de sus planes y proyectos.

La respuesta compleja y difícil requeriría descifrar las impenetrables máscaras que los cubren, tan impenetrables
como las de animales, héroes ancestrales o personajes de la Colonia que cubren los rostros de los danzantes que pagan “mandas” o cumplen promesas religiosas en los “convites” de las fiestas patronales de los municipios indígenas de Guatemala.

Alvaro Arzú pasó por dos partidos políticos modernos, pero en su juventud perteneció al ultraderechista y ultranacionalista Movimiento de Liberación Nacional (MLN). Alvaro Colom pasó también por dos partidos o alianzas de partidos. Nineth Montenegro ha pasado también por dos partidos. El único que se mantiene firme es el viejo Efraín Ríos Montt. Mientras tanto, otros partidos de gran tradición de derecha o de centro, como el MLN de Mario Sandoval Alarcón, el Partido Revolucionario (PR) de los hermanos Méndez Montenegro, la UCN del asesinado Jorge Carpio Nicolle o la Democracia Cristiana (DC) del ya fallecido René de León Schlotter han desaparecido o están en peligro de desaparecer.

Los partidos guatemaltecos o los dirigentes de los partidos se camaleonizan y duran algo más. Los que permanecen son los intereses económicos enmascarados tras ellos, que intentan reforzarse o consolidarse con el poder del Estado.

EN EL SALVADOR
NO HAY MÁSCARAS

Vecino y diferente es el caso de El Salvador, donde desde hace 20 años existe un modelo diferente. Allí no hay máscaras. Los danzantes en el baile electoral son elegidos con plena conciencia de lo que representan. Los intereses empresariales están claramente representados por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). Los intereses del “antiguo” -de hace aproximadamente 45 años- capital emergente de los militares y de sus aliados civiles siguen representados por el Partido de Conciliación Nacional (PCN). El centro izquierda de una clase media reformadora lleva desde la guerra representado por Convergencia Democrática (CD), con ése u otro nombre. Y la izquierda, a pesar de sus fraccionamientos, está representada en el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), un partido con una férrea dirección y, sin embargo, con tendencias internas no poco diversificadas. Allí no hay máscaras. En el Salvador los intereses son claros y las máscaras, si se las intentan poner demagógicamente, resultan bastante transparentes.

En estos casi 20 años, ARENA ha elegido a cuatro presidentes: Cristiani, Calderón, Flores y Saca. Pero en la Asamblea, ARENA no ha conseguido sobre el FMLN una diferencia que le permita gobernar sin tener en cuenta los intereses que este partido representa. Los escaños del PCN se han inclinado en momentos y cuestiones cruciales a favor de ARENA. Los de CD han mantenido cierta independencia y una menor predictibilidad en su voto. Y ese mismo electorado salvadoreño ha dado no pocas veces su voto al FMLN en el nivel municipal, de tal manera que más de la mitad de la población salvadoreña ha sido gobernada en algunos periodos por el FMLN.

COMPARANDO LAS GUERRILLAS
DE GUATEMALA Y EL SALVADOR

¿Cuáles son las claves de la diferencia entre Guatemala y El Salvador?Sólo a brochazos habría que recordar que, en Guatemala la presencia de la izquierda durante las dos oleadas guerrilleras fue poco a poco marginada a zonas del país alejadas de la capital: la sierra de Las Minas en el Nororiente o las zonas fronterizas con México de la Selva y de la Sierra, en Huehuetenango, Quiché y Alta Verapaz, así como las alturas de los volcanes y la selva petenera. Esto, en una Guatemala que no es un país muy grande pero que es cinco veces mayor que El Salvador, convirtió la guerra en cuestión de rumores fácilmente ensordecidos.

En El Salvador, al Ejército le fue imposible contener a la guerrilla en zonas aisladas. El Norte y el Oriente fronterizos con Honduras estaban a muy pocas horas de camino. El centro en San Vicente tocaba los arrabales de la capital. Más aún la presencia guerrillera en los volcanes de Guazapa, El Boquerón y el Picacho. Y el occidente, la zona menos guerrillera, era también alcanzable fácilmente desde los otros frentes. En Guatemala no hubo nada comparable con la Ofensiva Urbana de 1989. Si las fuerzas guerrilleras hubieran estado ya constituidas, lo más parecido podría haber sido la rebelión universitaria de 1962 en la capital.

Estas diferencias de tamaño de país y de organización guerrillera hicieron que en El Salvador se lograra un empate militar, mientras que en Guatemala la fuerza militar guerrillera fuera derrotada, aunque su recuperación después de las dos derrotas de finales de los años 60 y de principios de los años 80, logró que no pudiera ser extinguida. Una vez firmada la paz, las consecuencias fueron muy diferentes para la fuerza política de las dos guerrillas.

En Guatemala, el enorme desprestigio del ejército, a consecuencia de la magnitud de las masacres y la posibilidad de que la guerrilla siguiera hostigándolo, sin probabilidad de victoria pero por tiempo indefinido en enclaves sostenibles, hizo que la intervención internacional obligara a unas negociaciones de las que salieron unos Acuerdos de Paz modelados como un ambicioso proyecto de nación.

En El Salvador, el empate militar y un similar desprestigio del Ejército, catalizados por el asesinato de los jesuitas de la UCA en 1989, aceleraron los Acuerdos de Paz, que no llegaron a constituir un proyecto de nación tan avanzado como los de Guatemala. La fuerza política de la guerrilla, en un país tan pequeño, quedó mucho menos deteriorada que en Guatemala. En ambos países las fuerzas guerrilleras revolucionarias militarizaron muchas de sus bases populares organizadas. Pero la militarización separó mucho más a las bases guatemaltecas, que lo que las separó en El Salvador.

EL FACTOR ROMERO
Y EL FACTOR INDÍGENA

Todo esto no es más que una hipótesis de trabajo, demasiado sencilla para la complejidad histórica de procesos aparentemente similares, pero en realidad tan diversos. Y no hemos hablado de la figura de Monseñor Romero, que galvanizó a San Salvador, la capital, con su elocuencia cristiana, mientras la capital guatemalteca permanecía religiosamente atrapada bajo la égida del Cardenal Casariego, con estrechos vínculos con los militares.

Tampoco hemos incluido en la hipótesis el aspecto étnico. En El Salvador, un país con no pocas raíces indígenas, la masacre de 1932 -se cumplen 75 años en 2007- invisibilizó a la población indígena. En Guatemala, la extensa población indígena fue movilizada al principio por la guerra, sobre todo en 1980 por la resonancia del triunfo sandinista, para ser después terriblemente masacrada. Esto la dejó sin fuerza ante un vendaval de requerimientos políticos, sobre todo de los militares, que intentaron dividirla.

EN ESTE BAILE
IRRUMPE RIGOBERTA

Es en este escenario político, donde la democracia está aún tan en construcción, donde los partidos bailan una danza de máscaras que, excepto en los pequeños partidos de izquierda, ocultan enigmáticamente los intereses por los que en realidad luchan para consolidar su dominio del Estado o para aspirar a un trozo de él, donde la ideología de los grandes partidos es casi única -la ideología de la riqueza-, donde por eso la democratización es tan lenta y el cumplimiento de los Acuerdos de Paz va a ritmo tan poco ágil, donde las ideas políticas carecen de consistencia sólida y los candidatos son camaleones que se camuflan según sea el color de la vegetación que les acoge, es en este escenario donde irrumpe Rigoberta Menchú con su movimiento social Winaq, en búsqueda de alianzas que lo conviertan en un movimiento tan plural como es Guatemala en culturas, en lenguas y en etnias.

¿Será sólo un globo sonda en el camino hacia las próximas elecciones de 2011 o será un intento intensamente planeado y cuya ruta hacia el éxito será tan imprevisible como lo ha sido en otras latitudes la larga marcha de los movimientos liderados por candidaturas indígenas? ¿Será durable la alianza entre Winaq y Encuentro por Guatemala? ¿Qué pasará si el TSE no constituye como partido a Encuentro por Guatemala, a pesar de las mucho más que 15 mil firmas certificadas y las Asambleas constituidas en 13 de los 22 departamentos, siendo los otros 9 de amplia mayoría indígena, donde Winaq se movería con mayor cercanía? ¿Volvería entonces a considerarse una alianza con MAIZ y con la URNG? ¿O las costuras se descoserán rápidamente una vez alcanzado el éxito o sufrido el fracaso en las elecciones? Son preguntas candentes y aún tal vez prematuras, mientras no sepamos con mayor detalle cuáles son las bases sobre las que se montará o se desmontará un acuerdo sociopolítico.

LOS DEMONIOS DEL RACISMO

Una cosa se puede prever: el desencadenamiento de todos los demonios del racismo si la candidatura de Rigoberta Menchú llegara no sólo a cuajar sino a tener probabilidades de éxito. Muchos más demonios, si -como lo ha anunciado- el Presidente de Bolivia Evo Morales concretiza una asesoría para la candidatura presidencial de Menchú, a la que Menchú tendría pleno derecho, el mismo derecho que varios gobernantes guatemaltecos han tenido al solicitar y recibir asesoría de diversos gobiernos estadounidenses.

Mucha de la fuerza que llegara a tener la candidatura de Rigoberta Menchú vendrá de sus múltiples relaciones internacionales en los movimientos indígenas del continente y del planeta, en la comunidad de Naciones Unidas y en muchos gobiernos de países occidentales, lo que tiene también lógica en un mundo ya globalizado.

TENER MÁS HUMILDAD
Y TENER UN PROYECTO

Otra cosa es también clara. El que esta candidatura entre un movimiento indígena y otro ladino haya cuajado es tal vez una candela prendida en el fuego de un futuro nuevo. El horizonte sería auroral, pero para que las nubes oscuras no prevalezcan sobre los rayos tibios del sol que despunte las candidatas y los otros candidatos tendrían que ser más humildes de lo que han sido percibidas hasta el momento.

¿Ha reflexionado Rigoberta Menchú si su candidatura es lo mejor y lo más responsable para servir a Guatemala
y en especial a sus pueblos indígenas? ¿Tiene listo un proyecto de nación para iniciar su gobierno si fuera electa?
Hay aún tiempo para responder. La campaña que conducirá a la prueba electoral de septiembre apenas comienza en mayo.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN GUATEMALA.

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