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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 295 | Octubre 2006
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América Latina

Política y energía: en el presente y para el futuro

Petróleo, gas, hidroeléctricas, redes de abastecimiento, nuevas energías renovables, energía nuclear… El manejo del desafío energético que haga cada país latinoamericano es ya muy complejo hoy y será decisivo para su futuro. Tal vez las nuevas redes e interconexiones energéticas conduzcan un día a la ansiada integración latinoamericana.

Rolf Linkohr

Probablemente no haya otra región en el planeta donde la energía y la política estén tan estrechamente relacionadas como en América Latina. Disponer de una compañía petrolera o de una empresa de gas estatal se considera un signo de soberanía nacional, y los símbolos nacionales tienen un valor muy alto en la región. Esto podría sorprender a los europeos o a los estadounidenses, que han aprendido que el capital es claramente apátrida. Pero en América Latina, un continente cuyas materias primas son explotadas por extranjeros desde hace siglos, el hecho de poder disponer de los recursos propios constituye mucho más que una inversión de capital. Refleja también el deseo de poder utilizar en beneficio propio, y por fin, las riquezas naturales, aparentemente inconmensurables. Trabajar para sí mismos y no para potencias extranjeras: ése parecería ser el deseo de muchos latinoamericanos. Y es un deseo que no se les puede reprochar.

Esto no quiere decir que el resto de los países no tenga también una relación especial con sus materias primas, sobre todo cuando se trata de reservas estratégicas. América Latina no se diferencia del resto del mundo en este sentir básico, sino en la medida en que se conectan entre sí la política y las materias primas y, sobre todo, la política y la energía.

PETRÓLEO Y GAS:
DOS PODEROSAS HERRAMIENTAS

Las materias primas -sobre todo el petróleo y el gas- son una adecuada herramienta para hacer política. En 2005, cuando Buenos Aires vivió un verano extremadamente caluroso, el Presidente Néstor Kirchner dispuso que el gas argentino se destinara en forma prioritaria al consumo interno. A partir de entonces, se exportó menos gas a Chile. Como consecuencia, hubo que racionalizar la energía en Santiago. Más conocida es la negativa de Bolivia de venderle gas a Chile, país al que presiona de esta forma, exigiéndole una salida al mar.

Pero una política de apropiación del petróleo y el gas tiene dos caras, una favorable y otra no tanto. Entre los aspectos positivos está el hecho de que los ingresos provenientes de la extracción de petróleo y gas le otorgan a los países un margen mayor de acción, interno y externo. En algunos casos, como en México o Venezuela, los ingresos de las compañías petroleras estatales fluyen en gran parte hacia el presupuesto público y financian el Estado. La nacionalización de estos recursos impide, además, que las multinacionales -sobre todo las estadounidenses- se inmiscuyan indirectamente en los asuntos de política interna. Funciona, por lo tanto, como una medida defensiva contra las intrusiones de las potencias extranjeras.

Para quienes conocen la historia de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos, esta actitud resulta comprensible. Por ejemplo, la nacionalización del petróleo mexicano y la creación de PEMEX en 1938, bajo la presidencia de Lázaro Cárdenas, no sólo respondió a motivos económicos, sino que reflejaba la compleja relación con Estados Unidos. Para demostrar la importancia que otorgan los mexicanos a esta decisión, basta con mencionar que tiene rango constitucional. El Presidente Vicente Fox intentó modificarla, aunque sin éxito. Y para ser justos, hay que decir que todos los estados de Estados Unidos -a excepción de Texas, Luisiana y Mississippi- prohíben la extracción de petróleo en sus aguas territoriales por parte de empresas extranjeras.

Por lo general, los latinoamericanos tienen una conciencia nacional muy marcada. Esto podría deberse a que el nacionalismo es a veces lo único que mantiene unidas a sociedades tan heterogéneas y desiguales. Los símbolos nacionales reemplazan el consenso social, y cuanto más grande es la brecha entre los ricos y los pobres, mayor es la necesidad de realizar acciones simbólicas de compensación para mantener unido al país. Las materias primas -sobre todo el gas y el petróleo- son esa clase de símbolos.

PAÍSES PETROLEROS:
¿PAÍSES RICOS?

Tras estos comentarios, se debería concluir que los países latinoamericanos con reservas de petróleo y gas se encuentran entre los más ricos del mundo. Sus ingresos deberían garantizar un alto nivel de vida. Sin embargo, lamentablemente, y como bien sabemos, no es así. Al contrario: los países petroleros suelen ser países pobres.

La riqueza derivada del petróleo se reparte entre la clase alta y para el grueso de la población queda poco o nada. Además, ni la industria del petróleo ni la del gas, ni tampoco la minera, generan empleos para mucha gente. Su valor agregado se advierte sólo después del refinamiento y la comercialización. Es evidente que tener petróleo no es en sí mismo una condición suficiente para el bienestar. En ese sentido, tal vez sea Noruega el único país que utiliza sus riquezas naturales para promover el bien común. Para que un país sea rico, no basta con que tenga petróleo o gas. Sin democracia y sin una política social, la mayor reserva de petróleo no resultará suficiente.

LOS GRANDES RIESGOS
DE LA RIQUEZA PETROLERA

Pero aun cuando se implementen políticas sociales financiadas con los ingresos del petróleo, esto tampoco basta. La distribución no es suficiente si no viene acompañada por una ética del trabajo que no apueste a las limosinas de los altos funcionarios de un Estado supuestamente rico. En ese sentido, el nacionalismo energético impide el desarrollo de una ética del trabajo dinámica. No sólo en América Latina. También en Rusia y en Oriente Medio, observamos cómo el nacionalismo energético paraliza a las sociedades. Los ingresos del petróleo vuelven generosos a los gobiernos -al menos mientras se mantengan los precios-, pero al final generan una cultura asistencialista.

Un buen ejemplo es Venezuela. El hecho de que un país tan bendecido por la naturaleza, y por ende tan rico, tenga que pedirle a Cuba maestros y médicos para cubrir sus necesidades básicas habla a las claras de la mentalidad generada por la riqueza petrolera. Las inversiones futuras -si es que las hay- se orientarán sólo al sector primario -petróleo y gas- y no a aquellos sectores que generan la verdadera riqueza de una nación: educación, investigación, instituciones sociales, infraestructura vial y, sobre todo, industria. Solo así se explica por qué los países más prósperos no son los dotados de grandes reservas de petróleo y gas, sino, asombrosamente, los que deben conseguir ese petróleo y ese gas en el mercado mundial y a precios altísimos.

El nacionalismo energético latinoamericano genera una desventaja adicional: impide las inversiones extranjeras y disminuye así las posibilidades de innovación. México es ejemplo de esto: el Estado obligó a PEMEX a pagar impuestos abusivos, y por esa razón no se realizaron las inversiones necesarias para explorar nuevos yacimientos. Por otra parte, como las empresas multinacionales no tenían permiso para operar en el territorio, comenzó a extraerse menos petróleo y menos gas. Ahora, incluso, México tiene que importar gas. Bolivia, bajo la conducción de Evo Morales, corre un riesgo aún mayor. La nacionalización puede cerrar el acceso al capital y a la tecnología, y es dudoso que la venezolana PDVSA pueda cubrir el espacio que quedará vacante en Bolivia si otras empresas internacionales abandonan el país.

PAÍSES CON DESVENTAJAS

No todos los países latinoamericanos disponen de yacimientos de petróleo y gas. Algunos -sobre todo los entroamericanos- sufren la escasez de petróleo. A la hora de repartir las reservas de este hidrocarburo, la naturaleza también se olvidó de Cuba. Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, países que no son exportadores, sino importadores de petróleo o gas.

Las reservas de agua latinoamericanas también están distribuidas de manera desigual, aunque sigue habiéndolas en cantidad suficiente. Para empeorar las cosas, las distancias suelen ser grandes y la densidad poblacional baja. Sin bien los grandes centros urbanos están bien abastecidos de electricidad y gas, la energía en el campo es a menudo un problema debido a sus altos costos. Según datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), 46 millones de latinoamericanos carecían en 2002 de acceso al suministro de electricidad.

LAS VENTAJAS
DE LA INTERCONEXIÓN

Cada vez hay más esfuerzos orientados a buscar salidas a esta situación. Por un lado, se están construyendo más redes y, por otro, se crean instituciones de suministros descentralizadas. En este sentido, resulta alentador el hecho de que cada vez son más firmes los esfuerzos por interconectar las redes de energía y gas de los distintas regiones o países latinoamericanos. De este modo, con el correr de los años podría afianzarse una red energética latinoamericana y, en consecuencia, un mercado común energético.

Muchos ejemplos recientes confirman esta hipótesis. El 13 de junio de 2006, el presidente mexicano, Vicente Fox, y su par guatemalteco, Oscar Berger, inauguraron las obras de la línea de interconexión con otros países latinoamericanos. De este modo, no falta mucho para que se pueda transportar corriente eléctrica desde la ciudad mexicana de Chiapas hasta Colombia. También está prevista la construcción de una central térmica conjunta en Guatemala o Panamá, cuyo costo rondaría los mil millones de dólares. Además, para 2015 se planea finalizar la construcción de un gasoducto que unirá Venezuela con Chiapas.

También hay planes para tender líneas de interconexión eléctrica en Sudamérica. Existen proyectos entre Colombia y Ecuador, entre Perú y el norte de Chile y entre el sur de Bolivia y el norte de Argentina. Las ventajas económicas son evidentes: las líneas de interconexión eléctrica permiten un intercambio que trasciende las fronteras y evita gastos en la construcción de instalaciones de generación innecesarias. Expertos de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) calculan que la integración energética permitiría ahorrar entre 4 mil y 5 mil millones de dólares por año.

PROYECTO VENEZOLANO:
EL GRAN GASODUCTO DEL SUR

Una propuesta que generó aún más repercusión es el proyecto venezolano de construir el Gran Gasoducto del Sur, que parta de Venezuela y atraviese Brasil hasta llegar a Argentina, con la integración posterior de Bolivia, Paraguay y Chile. Su costo se calcula en unos 20 mil millones de dólares y se estima que su construcción generaría empleos para un millón de personas. Actualmente, el proyecto es analizado por grupos de expertos de los países involucrados, que están evaluando su viabilidad económica. Las cifras son enormes: se contempla el suministro de 150 millones de metros cúbicos de gas circulando a lo largo de 8 mil kilómetros.

Aún es pronto para juzgar la factibilidad de este proyecto. Probablemente es ventajoso si contribuye a que el continente estreche sus lazos hasta formar un mercado gasífero unificado. En ese caso, sería un símbolo tangible de la integración latinoamericana. Pero, por lo que se sabe hasta el momento, su conveniencia parece dudosa. Hasta ahora, siempre se consideró que no es rentable transportar gas a una distancia mayor a los 4 mil kilómetros. Como las pérdidas de presión son muy altas, es preferible transportarlo en forma de gas natural licuado (GNL) por vía marítima y regasificarlo en las terminales.

Este megaproyecto fue propuesto por Venezuela, país que cuenta con reservas de gas suficientes y cuyos ingresos petroleros le brindan el capital necesario para impulsar las obras. La iniciativa también se relaciona con el deseo de Venezuela de ingresar al MERCOSUR. No es la primera vez que Venezuela utiliza el petróleo y el gas para su política exterior. En junio de 2005, el Presidente Hugo Chávez creó Petrocaribe, un acuerdo que permite a los países caribeños pagar sus cuentas petroleras con créditos a largo plazo -24 años- y a tasas del 1%, previendo un período de gracia de dos años sin intereses.

En virtud de este proyecto, sólo República Dominicana ahorra anualmente unos 240 millones de euros. Como si fuera poco, Chávez ha llegado a ofrecer suministro de combustibles en estas tan favorables condiciones a municipios gobernados por el FMLN en El Salvador y por el FSLN en Nicaragua.

ENERGÍA Y POLÍTICA:
ALIANZAS Y CONTRA-ALIANZAS

No todos en América Latina están entusiasmados con estas iniciativas. México y Colombia, por ejemplo, las ven como una provocación. El 3 de junio de 2004, los Presidentes de esos dos países anunciaron la construcción de una refinería en Centroamérica para reducir los costos de los combustibles en la región. Se planea que esta refinería procese 360 mil barriles diarios de petróleo, 70% de los cuales provendrían de México. Se estima que la construcción costará unos 6 mil millones de dólares. El proyecto cuenta con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo y se llevaría a cabo en Panamá o Guatemala. Una vez en funcionamiento, se espera que genere un ahorro de hasta ocho dólares por barril. Como demuestra esta iniciativa, México tiene sus propias metas en política exterior. En diciembre de 2005, en Cancún, se sentaron las bases para la creación de un mercado eléctrico y gasífero centroamericano, un proyecto que enlaza la ciudad de Chiapas, en el sur de México, con sus vecinos más próximos en Centroamérica.

Como contrapartida, Venezuela profundiza sus lazos con Cuba. Chávez se propuso modernizar la refinería construida por la Revolución en Cienfuegos en la década de los 80 con la ayuda y la tecnología de la URSS, para lo que planea desembolsar -según datos oficiales- entre 635 y 780 millones de dólares. En la actualidad, casi todo el petróleo que se procesa en Cienfuegos es de origen venezolano, y parte de sus productos refinados se venden en Centroamérica.

Hay otros proyectos tendientes a interconectar las redes gasíferas entre países vecinos, entre los cuales se incluye la anexión de México a la red de gas boliviano. Actualmente, México exporta a Estados Unidos parte del gas natural que extrae. Estados Unidos se ha ido convirtiendo cada vez más en importador de energía. Y como no puede extraer lo suficiente para abastecer su gigantesco mercado, debe cubrir el bache con importaciones de gas. Lo lógico es que lo adquiera en Sudamérica.

Estos pocos ejemplos demuestran hasta qué punto las inversiones en energía responden a esquemas políticos. Se reafirman alianzas, como la que existe entre Cuba y Venezuela. O los países centroamericanos se anexan a México y se transforman, en cierto modo, en su “patio trasero” o, en el mejor de los casos, en un puente hacia Colombia. Con su proyecto del Gran Gasoducto del Sur, Venezuela también intenta acercarse al MERCOSUR para crear, junto con Brasil y Argentina, un contrapeso frente a Estados Unidos.

BOLIVIA-CHILE-ARGENTINA:
UN COMPLEJO TRIÁNGULO

Muchas veces no es sencillo tender un puente entre países. Tomemos como ejemplo el caso de Chile y las relaciones con sus vecinos. Chile genera un tercio de su energía a partir de gas, que proviene exclusivamente de Argentina: 15 millones de metros cúbicos de gas diarios. Pero la capacidad de extracción argentina no alcanza para cubrir la demanda interna y las exportaciones a Chile. Además, como el Estado argentino dispuso que los precios del gas se mantuvieran bajos, las compañías no invirtieron lo suficiente. Por otro lado, las reservas de gas argentino son limitadas, por lo que Argentina se ve obligada a importar de Bolivia 5 millones de metros cúbicos de gas adicionales. Aunque Argentina pagaba 3.35 dólares por millón de BTU (Unidad Térmica Británica), después de una negociación entre los Presidentes Néstor Kirchner y Evo Morales el precio se fijó en 5 dólares por BTU.

Uno podría preguntarse cuál es el problema. Argentina podría trasladar el aumento a Chile y Chile -que ya se acostumbró a pagar precios altos por la energía- tendría que ver cómo se las arregla. Pero las cosas no son tan sencillas. Chile y Bolivia interrumpieron sus relaciones diplomáticas en 1978, por la negativa chilena a ceder a Bolivia una franja costera para que ese país recuperara su salida al mar en el Océano Pacífico. Por esa razón, Bolivia no le vende gas natural a Chile, e incluso considera ilegal el abastecimiento desde Argentina, en tanto no se pruebe que se trata de gas extraído únicamente en suelo argentino. En este sentido, no se descarta la posibilidad de que Bolivia disminuya sus exportaciones a Argentina, lo cual podría redundar en la suspensión del abastecimiento a Chile.

Ante esa perspectiva, a Chile se le plantea un camino difícil. Tendrá que reemplazar el gas argentino por gas natural licuado (GNL) proveniente de Asia, que es muy caro. Pero para poder importarlo, primero debe construir terminales y negociar acuerdos con los abastecedores y esto lleva tiempo. Consecuencia: Chile podría sufrir escasez de energía en el corto plazo.

Hay que señalar, además, que esta situación afecta principalmente el norte chileno, donde se asienta la explotación minera. Y sucede que, por razones geográficas, el norte, el centro y el sur de Chile no están interconectados energéticamente, por lo que no podrían abastecerse internamente en caso de escasez. Todo esto significa que la negativa de Bolivia de abastecer a Chile por intermedio de Argentina podría asestar un duro golpe al sector minero chileno.

FRONTERAS Y BANDERAS
AGUDIZAN EL PROBLEMA

En muchas ocasiones se ha apelado a argumentos económicos para intentar eliminar las trabas políticas. No caben dudas de que sería provechoso que las corrientes eléctricas y el gas fluyeran libremente a través de las fronteras, que hubiese seguridad de inversión y seguridad jurídica y, sobre todo, que existiera una corte de justicia políticamente neutral capaz de intervenir para resolver los conflictos. Es por ello que las compañías de petróleo y de gas radicadas en Sudamérica insisten en que se separe la cuestión energética de la política y que se les permita construir conductos y centrales eléctricas según criterios económicos, sin la obligación de respetar las fronteras. También exigen que se redacte una “Carta Sudamericana de Energía”, según el modelo del “Energy Chapter Treaty” que funciona en la Unión Europea.

Hasta el momento estas iniciativas han tropezado con resistencias por parte de algunos gobiernos. Bolivia cree que cuenta con las mejores cartas para el largo plazo, teniendo en cuenta sus reservas de gas y las necesidades de sus vecinos. Pero podría equivocarse. Cuanto más presiones haga a Brasil, Argentina y Chile, más se preocuparán estos países por buscar alternativas.

Otro ejemplo está en la venta de gas a la costa oeste de América del Norte. Los predecesores de Evo Morales iniciaron negociaciones con Chile para crear una terminal de gas en el norte de Chile que permitiera exportar gas licuado a México y California. Sin embargo, Bolivia no aceptó la propuesta de crear una zona económica boliviana en territorio chileno e insistió en recuperar su territorio costero. Chile se opuso y sugirió construir una terminal de gas en el sur de Perú, pero esta alternativa resultó no ser rentable. Entre tanto, México y California compran gas licuado a Indonesia. Y Bolivia perdió un mercado interesante.

Probablemente, el conflicto no se solucionará ni siquiera si Chile aceptara cederle a Bolivia una franja de su territorio. En la Guerra del Pacífico, Chile no solamente le quitó a Bolivia su territorio costero, también se apropió del sur de Perú, incluyendo la ciudad de Arica. De modo que, aun si Chile le cediera una franja costera a Bolivia para que construyera allí una terminal de gas, se trataría de territorio peruano. El conflicto continuaría, pero entre otras dos banderas.

¿CUÁNTO PETRÓLEO QUEDA? ¿CUÁNTO CARBÓN?

Suponiendo que el crecimiento de la demanda actual se mantuviera en el futuro, se calcula que las reservas energéticas de América Latina son éstas: las centrales hidroeléctricas, con una capacidad de generar 109 mil 720 megavatios cuentan con un potencial no utilizado de 444 mil 501 megavatios; las reservas de petróleo alcanzan para
31 años; las reservas de gas alcanzan para 36 años; y calculando el nivel de extracción actual -75 millones de toneladas por año-, el carbón alcanza para 280 años más.

Este cálculo, un tanto esquemático, realizado por la OLADE precisa de algunas aclaraciones. En primer lugar, el desarrollo de la energía hidráulica enfrenta una resistencia cada vez mayor: no todos son partidarios de inundar los valles andinos ni de crear grandes lagos en la llanura brasileña para poder aprovechar el potencial de los cursos fluviales. A todo esto hay que añadir algo que a menudo se olvida: los grandes embalses de Brasil emiten, en forma de metano, una cantidad equivalente al dióxido de carbono que produciría una central de carbón. Y esto, por el simple hecho de que se olvidaron de eliminar los árboles y arbustos de los fondos de los embalses. Aunque quitar la madera antes de inundar los embalses incrementa los costos de inversión, los proyectos serían factibles de todos modos.

Hasta ahora, el carbón ocupa un rol secundario. Se extrae sobre todo en Colombia y se exporta a Europa. Por razones técnicas, prácticamente se puede transportar únicamente por vía marítima. Por esto las centrales de carbón se erigen en zonas costeras. Sin embargo, en el futuro el carbón podría adquirir un rol más preponderante a través de las centrales térmicas de “carbón limpio”, que reducen las emisiones de dióxido de carbono. De todos modos, hay que señalar que no todos los carbones son iguales. El carbón brasileño, por ejemplo, se caracteriza por ser muy rico en azufre y para utilizarlo sin dañar el ambiente se requiere un proceso muy complicado.

A MEDIADOS DEL SIGLO XXI
COMENZARÁ LA CRISIS

Algunos cálculos sostienen que el petróleo y el gas de América Latina pueden durar tan sólo 40 años. La estimación es conservadora, ya que Venezuela dispone de reservas apenas por debajo de las de Arabia Saudita, gracias a la orimulsión, un combustible fósil no convencional, altamente energético y no explosivo, que resulta de combinar 70% de bitumen (hidrocarburo pesado) y 30% de agua con una mezcla especial de sulfactantes. Junto con las arenas de petróleo de Alberta, en Canadá, Venezuela cuenta con una de las reservas de petróleo no convencionales más grandes del mundo. Es probable que Venezuela continúe siendo por mucho tiempo el centro de la política petrolera latinoamericana. Pero también es posible que el resto de otras reservas sean más grandes de lo que hoy se calcula. Brasil, por ejemplo, ha logrado extraer tanto petróleo en aguas abiertas que acabó por convertirse en exportador.

De todos modos, incluso suponiendo que se lograran utilizar de manera más intensiva las reservas de combustibles fósiles y las centrales hidroeléctricas, está claro que, a más tardar en la segunda mitad del siglo XXI, comenzarán los problemas de abastecimiento. En esta perspectiva, no hay que olvidar que la población latinoamericana sigue creciendo y que buena parte de ella aún no tiene acceso al suministro de energía.

POR UN DESARROLLO “LIMPIO”:
NUEVOS PROYECTOS

A todo esto se suma la cuestión climática. En este punto, los mecanismos flexibles -mecanismos de desarrollo limpio, MDL- incluidos en el Protocolo de Kyoto podrían beneficiar a América Latina. Como los países industrializados no logran reducir lo suficiente sus emisiones de dióxido de carbono, se ven obligados, cada vez más, a comprar derechos de emisión de ese gas a los países en vías de desarrollo.

Para que América Latina logre vender sus derechos de emisión debe asumir un compromiso con el ambiente y, para negociar en mejores condiciones, será necesario que se presente como un solo bloque unido. Esto, además, podría generar transferencias de capital por miles de millones de euros. Si los proyectos se diseñan de manera adecuada, junto con ese capital fluirán el conocimiento y la tecnología. Por lo pronto, la búsqueda de proyectos MDL adecuados ya ha comenzado. En la actualidad, existen casi 200 proyectos certificados en el mundo y una gran parte de ellos se llevará a cabo en América Latina, sobre todo en México y Brasil.

ENERGÍAS RENOVABLES:
PLANTAS, SOL Y VIENTO

Un manejo más inteligente de la energía ofrece grandes posibilidades. Aunque hasta ahora el único país que ha conseguido mejorar su eficiencia energética es México, hay técnicas muy sencillas y baratas que pueden aplicarse. Si en Brasil, por ejemplo, el “chuveiro eléctrico” -la ducha eléctrica- se reemplazara por un calentador de agua que funcionara con energía solar térmica, la demanda pico de electricidad por las noches se eliminaría prácticamente. Los proveedores de energía podrían ahorrar inversiones costosas y los clientes gastarían menos, ya que las inversiones quedarían amortizadas en pocos años.

El segundo potencial es el de las materias primas renovables. Brasil demostró que es posible obtener alcohol de la caña de azúcar y hoy ese alcohol es utilizado como combustible sin subvención por una gran cantidad de automóviles. Muchos otros países cuentan hoy con programas para fabricar combustibles biológicos y les conceden particular importancia a los combustibles de segunda generación, a aquellos en cuya fabricación se utiliza en su totalidad la planta de la que se obtiene.

La energía solar prácticamente no se aprovecha en América Latina, a pesar de tener mucho futuro, sobre todo en las regiones más apartadas y alejadas de las redes de abastecimiento tradicional. Lo mismo ocurre con la energía eólica. En la Patagonia argentina, probablemente el sitio más ventoso del planeta, existen grandes proyectos eólicos, pero faltan el dinero y la confianza.

BRASIL, MÉXICO Y ARGENTINA
TIENEN ENERGÍA NUCLEAR

En cuanto a la energía nuclear, hay tres países -México (Laguna Verde), Brasil (Angra dos Reis) y Argentina (Atucha y Embalse)- que ya la utilizan. Sin embargo, hasta el momento ningún político mexicano inauguró de manera oficial los dos reactores nucleares de Laguna Verde, aun cuando ya se encuentran funcionando, pues la energía nuclear no goza de popularidad. Las obras de construcción de Angra III en Brasil y las de Atucha II en Argentina están suspendidas desde hace varios años. Y la planta nuclear de Juraguá, cerca de Cienfuegos, en Cuba, resultó una inversión ruinosa.

Es difícil prever el futuro de la energía nuclear en América Latina, ya que los gobiernos evitan hacer declaraciones al respecto. Sin embargo, hay claros signos que apuntan a su revalorización. En algún momento, Brasil tendrá que terminar de construir Angra III, si no quiere que la inversión se transforme en una tumba multimillonaria. Seguramente, la decisión se tomará después de las elecciones presidenciales de octubre 2007.

Y como clara muestra de que Brasil quiere continuar utilizando energía nuclear en el futuro, podemos señalar la inauguración, a comienzos de mayo 2006, de un innovador centro de producción de uranio enriquecido en Resende. En un principio, la producción se utilizará para abastecer de uranio escasamente enriquecido (entre 3.5% y 4%) a las centrales nucleares de Angra I y Angra II y más tarde se sumará Angra III. Por el momento, se busca cubrir el 60% de la demanda interna. Brasil pretende, incluso, comenzar a abastecer al mercado mundial a partir de 2014.

¿MÁS PLANES NUCLEARES?

Lo cierto es que los planes nucleares de América Latina siguen siendo bastante difusos. ¿Cómo se preparan Venezuela y México para la etapa posterior al agotamiento del petróleo? ¿Qué hará Argentina frente a una subida en los precios del petróleo y del gas? ¿Se terminará alguna vez Atucha II, una central nuclear construida en un 70% por Siemens-KWU? ¿Se quedará Chile con sus reactores experimentales o intentará alguna vez abastecer su escasez con energía nuclear? ¿Y volverá Cuba a interesarse en la energía nuclear, como cuando la ex-URSS aprobó la construcción de cuatro plataformas en Juraguá?

Se habla poco de la energía nuclear. En esto tal vez influya, entre otras cosas, el hecho de que en América Latina los primeros en impulsar proyectos de este tipo fueron los gobiernos dictatoriales, lo cual despierta sospechas sobre la relación entre esa industria y los intereses militares. Pero en tiempos de democracia muchos países latinoamericanos continuaron desarrollando tecnologías pacíficas de energía nuclear.

Dos años atrás, Argentina le vendió a Australia un reactor de investigación en una licitación internacional abierta. Bajo la presidencia de Hugo Chávez, Venezuela pretende apoyarse cada vez más en la energía nuclear y para avanzar en ese plan, firmó con Brasil un acuerdo de cooperación en materia nuclear. Por otra lado, México y Argentina trabajan en un plan nuclear internacional de “cuarta generación”, una nueva generación de centrales seguras que estarían finalizadas en 20-30 años. Y tal vez en algún momento a alguien se le ocurra emular el trabajo EURATOM de la Unión Europea y firmar un acuerdo latinoamericano para crear una autoridad atómica conjunta. Ya Brasil y Argentina crearon en 2001 la Agencia Argentino-Brasileña de Aplicaciones de la Energía Nuclear.

EL DESAPROVECHADO POTENCIAL
DE LOS VOLCANES

Y no debemos olvidarnos de la geotermia. Con sus encadenamientos montañosos -extendidos de norte a sur de todo el continente desde México hasta Tierra del Fuego-, América Latina posee un potencial geotérmico inmenso, que sorprendentemente apenas utiliza. Hasta ahora, los únicos países que han encarado algunas experiencias dignas de mencionar son México, El Salvador y Nicaragua. Últimamente el tema ha comenzado a estudiarse en Chile.

Se trata de una alternativa interesante para desarrollar en forma conjunta un centro de investigación y desarrollo latinoamericano, del que también podrían participar los países industrializados. Hace diez años, la Unión Europea financió un estudio sobre las oportunidades de la geotermia en América Latina y su conclusión fue constatar que existe un gran potencial. Lamentablemente no se avanzó mucho más.

¿HACIA LA INTEGRACIÓN?

El abastecimiento energético de América Latina ha cobrado envergadura política, y su importancia aumenta cada vez más. El manejo de este desafío por cada país es decisivo para el futuro económico e industrial del continente. Tal vez algún día las redes energéticas se conviertan en los eslabones de una cadena que conduzca a la integración latinoamericana. Sería deseable. Después de todo, la unificación de Europa también comenzó hace décadas con un acuerdo sobre energía.

FÍSICO. ASESOR ESPECIAL DEL COMISARIO DE ENERGÍA DE LA UNIÓN EUROPEA. DURANTE 25 AÑOS, DIPUTADO POR EL PARTIDO SOCIALDEMÓCRATA ALEMÁN EN EL PARLAMENTO EUROPEO.

TEXTO APARECIDO EN “NUEVA SOCIEDAD”, JULIO-AGOSTO 2006. EDICIÓN DE ENVÍO.

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