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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 293 | Agosto 2006
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Guatemala

¿Puede ocurrir “Evo Morales” en Guatemala?

Lo que ocurra en Bolivia y el desempeño del gobierno de Evo Morales tendrá consecuencias en Guatemala. Tal vez no antes del 2011. ¿Qué similitudes y diferencias hay entre las realidades de ambos países que anuncien un cambio parecido en Guatemala?

Juan Hernández Pico, SJ

En Bolivia, por primera vez en la historia de un país latinoamericano, un ciudadano indígena, Evo Morales, y su partido Movimiento al Socialismo (MAS) triunfaron en dos elecciones nacionales consecutivas por mayoría absoluta. En diciembre de 2005 ganaron la elección presidencial y en julio de 2006, la elección para una Asamblea Constituyente. Y aunque en esta Asamblea necesitarán aliarse con otras fuerzas políticas para poder sacar adelante su proyecto de una nueva Constitución que abra el camino a un nuevo Estado pluricultural y no neoliberal, estos triunfos inéditos están escribiendo ya una nueva historia en América Latina.

En Guatemala, también país con una gran proporción de población indígena, ¿podría ocurrir el acontecimiento “Evo”? en un futuro relativamente cercano?

¿YA ES TIEMPO
PARA UN PRESIDENTE INDÍGENA?

Una encuesta de Vox Latina sorprendió a los guatemaltecos con la publicación de un resultado inesperado: más de dos terceras partes de la población consultada (71.2%) afirmaban que en las próximas elecciones (finales de 2007) votarían por un indígena para Presidente o Presidenta. Una respuesta con cierta coherencia con otras dos: un 85.6% afirmaba que le gustaría que en las próximas elecciones surgiera un nuevo e inesperado líder, que fuera una sorpresa; y un 88.8% decía que le gustaría que apareciera un nuevo líder que fuera una alternativa diferente a los candidatos presidenciales que ya se mencionan.

En agosto 2005 dimos cuenta en “Envío” de la opinión de Rigoberta Menchú, Premio Nobel de la Paz 1992, afirmando que no había perspectiva para que los indígenas intentaran una candidatura presidencial en 2007, porque aún hacía falta formar muchos cuadros intermedios para configurar un equipo de gobierno indígena.

Tanto Rigoberta Menchú -de lengua materna quiché-uspanteco- como Alvaro Pop -quecchí-, politólogo y reconocido líder ciudadano, estaban muy claros en que lo importante para el futuro no era ni un Estado indígena ni un partido indígena. “Yo no creo en un Estado (indígena) dentro de otro Estado (ladino), ni mucho menos separado”, decía Rigoberta. Y Alvaro Pop completaba: “¿Un partido político indígena? ¿Etnificar la política? No, no creo que haya que pintar de maya al Estado. Eso es como religiosizar la política, como eclesializar o confesionalizar al Estado. Otra cosa es que haya varios partidos políticos de base indígena”.

Así, las visiones de dos de los líderes indígenas guatemaltecos más destacados coincidían con el 71.2% de quienes en esta encuesta de Vox Latina de mayo-junio de 2006 proyectaban para el futuro del país un Presidente o una Presidenta indígena. Pero con plazos distintos.

¿CUÁNTA POBLACIÓN INDÍGENA
TENEMOS Y ADMITIMOS?

Intentemos una comparación entre Bolivia y Guatemala para entender nuestros pasados e imaginar el futuro guatemalteco. El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD correspondiente a 2004 -“La libertad cultural en el mundo diverso de hoy”- recoge un cuadro de la distribución porcentual de la población indígena en América Latina, realizado por David de Ferranti, investigador del Banco Mundial. Bolivia, con el 71%, sería el país con la mayor población indígena de América Latina. La seguiría Guatemala con el 66%, Perú con el 47%, Ecuador con el 38%, Honduras con el 15% y México con el 14%. Sin embargo, el Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD para Guatemala en 2005 -”Diversidad étnico-cultural: la ciudadanía en un estado plural”- da cifras diferentes (Bolivia 66.2%, Perú entre 25 y 48%, Ecuador 6.8% y México 7.9%).

El porcentaje en Guatemala sería, según el Censo Nacional de Población y Habitación levantado en 2002, del 39.5%. Un científico social estadounidense, John Early, estudió algunos censos guatemaltecos anteriores a 1973, y llegó a correcciones que aumentan el porcentaje de población indígena en un 3-5%, cifra no despreciable, pero que tampoco cambia sustancialmente las cosas al no invertir la situación minoritaria de la población con identidad netamente indígena.

El porcentaje de la población indígena guatemalteca va descendiendo de censo en censo (1880: 69%, 2002: 39.5%), aunque va aumentando el número absoluto de población que se reconoce como indígena: 1950: 1.491,725 (53.45%), 1994: 3.832,443 (42.72%). Las cifras de población indígena son siempre un campo de batalla, tanto porque a los Estados no les interesa que sean muy abultadas -no les interesa tener que responder a reivindicaciones muy altas, como consecuencia, por ejemplo, del Convenio 169 de la OIT-, como porque una cantidad importante de indígenas quieren aparecer como tales, porque sienten el peso del racismo y de la discriminación en las sociedades donde viven.

¿PODRÍA SER
A CORTO O A MEDIANO PLAZO?

Lo que resulta innegable en Guatemala es el notable peso de la población indígena y de su identidad y cultura. Y esto después del brutal intento genocida de diezmarla hace sólo 26 años, con cientos de masacres y el desplazamiento forzoso de más de medio millón de personas.

El Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indígenas -uno de los Acuerdos de Paz firmado en 1996- habla de Guatemala por primera vez como una nación “multiétnica, pluricultural y multilingüe”, un notable avance sobre la Constitución de 1985, en la que se lee -en contexto tutelar de protección- que “Guatemala está formada por diversos grupos étnicos, entre los que figuran los grupos indígenas de ascendencia maya” (art. 66). Aún no se ha podido cambiar la Constitución y el Vicepresidente Stein reconocía en su balance de dos años y medio de gobierno que “lo más difícil, duro y complejo es la conjunción de los rezagos en la agenda indígena con la problemática agraria”.

Éste es el marco en el que debemos plantearnos si en Guatemala podría ocurrir “Evo”, si a corto o mediano plazo podria acontecer la elección de un Presidente o Presidenta indígena.

PROCESOS Y TRAYECTORIAS
NO COMPARABLES

En Guatemala ninguna mujer u hombre indígena han sido proclamados candidatos a la Presidencia de la República, excepto en 2003 Rigoberto Quemé Chay por un corto tiempo, antes de que renunciara a la candidatura. Y sólo dos indígenas han sido proclamados candidatos a la Vicepresidencia de la República, los dos por partidos de izquierda, en 1995 y en 2003. Los resultados fueron más bien modestos.

Los partidos de izquierda que han presentado esas candidaturas indígenas, sobre todo la URNG en 2003, no pueden compararse con el MAS boliviano de Evo Morales. El MAS es el resultado de la lucha de partidos políticos y movimientos sociales indígenas anteriores -el Movimiento Revolucionario Túpaj Katari, más campesino; el Movimiento Indígena Túpaj Katari, más urbano; y el movimiento de los cocaleros del Chapare cochabambino con Evo a la cabeza- y de su evolución hasta desembocar primero en el partido Izquierda Unida (IU) y finalmente en el mismo MAS, ambos partidos con militancia mayoritariamente indígena y con alianzas con grupos no indígenas de izquierda clasista. En cambio, tanto el Frente Democrático Nueva Guatemala en 1995 como la URNG post Acuerdos de Paz son antes que nada partidos de izquierda clasista con una militancia indígena minoritaria y sobre todo, con una mayoritaria dirigencia no indígena.

Los partidos y movimientos indígenas bolivianos participaron en elecciones durante varios períodos antes de triunfar en diciembre de 2005 con el indígena aymara Evo Morales como candidato a la máxima magistratura.

El camino guatemalteco parece vislumbrarse -si llega a su meta- como el gran salto de alguna aislada candidatura indígena para la Presidencia, que llegaría al gobierno desde uno de los partidos mayoritariamente no indígenas en su militancia y en su dirigencia, que además ha tratado a sus votantes indígenas en forma clientelista y prebendaria. Según el antropólogo boliviano jesuita Xavier Albó, en el actual proceso que vive Bolivia, “adquieren peso los sectores y organizaciones sociales del país y el MAS se alía con otros sectores de izquierda, remozados en la atmósfera del ‘otro mundo posible’ pregonado en el Foro Social Mundial”. Es muy diversa la trayectoria histórica de las etnias indígenas en Bolivia y en Guatemala, como es diverso el proceso reciente vivido por ambas.

TEMOR A “LA INDIADA”,
UN IMPERIO MAYA EN DECADENCIA

Nunca en Guatemala indígenas rebeldes lograron sitiar la capital y mantener el sitio durante cuatro meses, como sí lo hizo con La Paz la rebelión aymara encabezada por Túpaj Katari en 1781. Por eso tal vez, un Atanasio Tzul -rebelde indígena en Totonicapán (Guatemala) al comienzo del siglo XIX- no tiene la envergadura de liderazgo mítico-histórico que tiene en Bolivia Túpaj Katari o también Túpaj Amaru. En Guatemala, a quien se teme es a “la indiada” en general, y ese temor proviene en concreto de los más de trescientos motines históricos, documentados por el historiador Severo Martínez Peláez, que fueron sólo motines locales o regionales, pero nunca abarcaron todo el territorio colonial o nacional. El temor a “la indiada” supone tal vez el temor a que los motines de “pueblos indígenas” -en el sentido de “pueblos de indios” coloniales o los actuales municipios- se conviertan en la rebelión de todas las etnias indígenas del país, de todos “los pueblos indígenas”.

En el imaginario histórico de Guatemala falta una bandera humana personal mítico-simbólica. Tecún Umán está demasiado lejos, al comienzo de la Conquista, y ha sido cooptado por los criollos como cacique indio derrotado por Pedro de Alvarado, generosa y honorablemente elevado a la categoría de héroe nacional.

Más de fondo puede estar el hecho de que los grupos indígenas bolivianos tengan mayoritariamente sólo dos lenguas distintas en el altiplano -aymaras y quechuas-, aunque también haya guaraníes y otros en las enormes tierras orientales, mientras que en Guatemala son cuatro los grupos mayoritarios con lenguas distintas (quichés, cacchiqueles, quecchíes y mames) y en el pequeño territorio del altiplano y la selva conviven otros 18 grupos con lenguas diferentes. Todavía más en las raíces está el hecho de que los conquistadores encontraron un imperio maya ya dividido y en decadencia, mientras que hallaron una Bolivia unificada con Perú y Ecuador en el imperio inca, aún en todo su esplendor.

SEMEJANZAS Y DIFERENCIAS
AL ENTRAR AL SIGLO XX

Viniendo a tiempos más recientes, Bolivia y Guatemala tienen una entrada al siglo XX bastante parecida. Ambos países intentan casi al mismo tiempo una primera modernización capitalista con énfasis en la Reforma Agraria. En Guatemala, la Revolución de Octubre de Arévalo y Arbenz (1944-54) y en Bolivia la Revolución del MNR de Paz Estenssoro y Siles Suazo (1952-1964). Pero hasta ahí llegan las similitudes. Escribe Albó que 20 años más tarde “se desmanteló el Capitalismo de Estado que había impuesto Víctor Paz Estenssoro en la Revolución Nacional de 1952.” Esto significó una serie de nacionalizaciones, especialmente la de las minas de estaño y otros metales y la de los primeros yacimientos petrolíferos, que están en los orígenes del surgimiento de la poderosa Central Obrera Boliviana (COB). Paz Estenssoro logró sostener este Capitalismo de Estado aliando a su partido, el MNR, con los militares, lo que fue después el principio de las dictaduras de los Generales Barrientos, Ovando, Bánzer y García Meza, entre otros.

En Guatemala, en cambio, nunca se logró consolidar un Capitalismo de Estado con una Reforma Agraria que subsistiera y una minería nacionalizada. La Reforma Agraria de 1952 fue revertida en 1954 por “La Liberación”, ayudada por la CIA, impulsada a su vez por la UFCO, de la cual John Foster Dulles, Secretario de Estado de Estados Unidos, había sido abogado, además de ser hermano de Allan Dulles, director de la CIA, todo ello en tiempos del Presidente Eisenhower y en plena Guerra Fría.


El desafío a Estados Unidos fue el discurso nacionalista del Canciller Torriello en la Asamblea de la OEA en Caracas, y el pretexto para que actuara la CIA fueron las armas checas, que nunca llegaron más allá de Puerto Barrios. Pero sobre todo, la Reforma Agraria fue revertida por la traición de los militares, que no actuaron contra el pequeño Ejército de Liberación del Coronel Castillo Armas.

¿ANTE LAS FUERZAS
DEL MERCADO?

Escribe Albó: “Desde 1985 una economía muy abierta a las fuerzas externas del mercado, al menos en la práctica boliviana, dejaba a los pobres de siempre incluso más desprotegidos que antes, por su peor relación con el mercado”.

Probablemente en Guatemala los “pobres” -aunque no tan pobres si se trata de los indígenas de Quetzaltenango o los de San Francisco el Alto-, al menos los indígenas comerciantes, no están tan desarmados frente al mercado, incluso el de más allá de las fronteras -El Salvador, México- como lo están los pobres bolivianos. Por la tradición guatemalteca de comercio -si bien en parte importante anclada en la economía informal- puede ser mayor la acomodación y la supervivencia de los negocios de los pobres guatemaltecos aun dentro del TLC con Estados Unidos. Incluso, la reconversión de algunos pobres en “pequeños empresarios exportadores”, como los hortaliceros del Departamento de Chimaltenango, hace ver otras perspectivas para ellos, aunque siempre quede la duda de si serán aplastados por hortaliceros estadounidenses o europeos en el despliegue futuro del TLC y en caso de que los agricultores del Norte sigan recibiendo tantos subsidios.

NI CONVULSIONES SOCIALES
NI MOVIMIENTOS SOCIALES

Albó se refiere también a años de prolongadas crisis en Bolivia: “A partir del año 2000 el modelo neoliberal con toques sociales empezó a hacer crisis con una nueva era de convulsiones sociales”. En Guatemala no ha habido una convulsión social en estos últimos años, como sí sucedió en Bolivia cuando en el 2000 la disparó la privatización de las fuentes de agua de Cochabamba y su distribución a los hogares por la transnacional Bechtel, que incrementó los precios sin incrementar la eficiencia. También generó convulsiones sociales la lucha por la siembra de la hoja de coca en el Chapare, donde una base militar de Estados Unidos tenía el objetivo de erradicar la planta con la excusa de las vinculaciones de los cocaleros con el narcotráfico.

Probablemente, la militarización de las organizaciones populares en Guatemala durante la guerra ha tenido como consecuencia que los movimientos sociales quedaran desmovilizados al llegar la paz. En estos años, sólo los movimientos del magisterio y los de los ex-patrulleros civiles -militarizados aún-, han logrado algo. Los del campesinado -en cuyo seno descuellan los del campesinado indígena, estimulado por los despidos de mozos colonos en la crisis del café, las ocupaciones de fincas y los desalojos- mantienen una lucha bastante persistente. Pero hasta el momento, el Estado los controla con diálogos que no llegan a ninguna parte. Los médicos empleados en hospitales del Estado han desarrollado también una lucha importante.

Durante el gobierno actual varias fuerzas sociales se aliaron para luchar contra la ratificación legislativa del Tratado de Libre Comercio. Fueron reprimidas con fuerza y una vez que no lograron su objetivo, dejaron de luchar en las calles, trasladando su lucha a la Corte de Constitucionalidad.

No hay en Guatemala actualmente nada parecido a las convulsiones sociales de Bolivia. Ni siquiera el crimen organizado, que se apoya también en las maras -vinculadas al narcotráfico y también militarizadas-, ha despertado un rechazo masivo de la sociedad reclamando seguridad ciudadana en las calles.

LA FUERZA HISTÓRICA
DE LOS MINEROS BOLIVIANOS

En Guatemala hubo un importante movimiento obrero en los años 70, pero fue aplastado por la represión militar. Los restos de las centrales sindicales obreras urbanas apenas son lo que son sus liderazgos. Les faltan militantes. No como en Bolivia, donde aún hay sindicatos fabriles y cooperativistas mineros vinculados a mineros individuales. En Guatemala no ha habido un movimiento minero como el de Bolivia, excepto por un breve tiempo el de los mineros de Ixtahuakan. Ni el petróleo del Petén ni el níquel de Izabal, ni el oro actual en San Marcos, han dado a luz un movimiento laboral fuerte.

En Guatemala el problema es regular la minería de modo que no devaste el medioambiente y deje ganancias importantes al Estado y a las municipalidades donde están las minas, sin que todos los beneficios sean expatriados por las transnacionales mineras y los pueblos mineros se vean condenados a un auge efímero que los deje al cabo de unos años como pueblos fantasmas. En Guatemala, la resistencia a la explotación minera no ha sido protagonizada por los mineros, como en Bolivia, sino por grupos ecológicos y por la jerarquía de la iglesia católica. Tampoco la economía informal guatemalteca tiene la herencia de lucha que la incorporación masiva de ex-mineros le ha inyectado a la economía informal en Bolivia.

ORGANIZACIONES CAMPESINAS
DE MUY DISTINTO PESO

En Bolivia, al protagonismo de los mineros de la plata y los del estaño antes, y ahora los del petróleo y del gas natural -principales miembros de la COB- le ha sucedido el protagonismo del campesinado, y más exactamente -como escribe Albó- el de un “movimiento campesino, cada vez más consciente de su condición indígena”. Sobresalen los sectores aymaras y los cocaleros, quechuas en su mayoría.

En Guatemala existe el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (CNOC) y la Confederación Nacional de Indígenas Campesinos (CONIC) -con identidad enfáticamente indígena-, pero su fuerza no es aún comparable a la de la Confederación Sindical Unica de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), que ha logrado pervivir desde los tiempos de la Revolución del MNR en 1952. Los “agraristas” guatemaltecos del 52 fueron reprimidos y dispersados con absoluta eficacia.

En Guatemala, los movimientos sociales populares indígenas no han sido hasta el momento capaces de consolidar un significativo movimiento campesino, como sí lo han hecho en Bolivia a través de la CSUTCB, repercutiendo esto en la Federación de Colonizadores de las tierras bajas. Esto ha sido crucial para el proceso de Reforma Agraria relanzado hoy por el gobierno de Evo Morales, a partir de las tierras bajas ociosas de los grandes terratenientes santacruceños del Oriente.

UNA “AGENDA ÉTNICA”
EN EL PARLAMENTO BOLIVIANO

En Bolivia, se inicia en los años 70 un movimiento étnico “katarista” -por Tupaj Katari, el héroe aymara anticolonial-, de etnia aymara (25% de la población boliviana es aymara, ubicada en el altiplano de La Paz y Oruro). En 1978 rompen el pacto militar-campesino al irse derrumbandola dictadura de Banzer y crean dos Movimientos: el MRTK, más pegado aún a la CSUTCB, y el MITK, más ideologizado y urbano. Ambos se convierten pronto en partidos.

En Guatemala, nace en 1978 el Comité de Unidad Campesina (CUC), con carácter no étnico sino clasista, de alianza entre campesinos ladinos e indígenas pobres, que se convierte en brazo social civil del Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP) y luego se militariza dentro de la URNG para volver a surgir como movimiento social al finalizar la guerra. En los años 70 comienza también en la capital el movimiento maya, más intelectual-profesional.

Como partidos, el MRTK y el MITK, convertidos en Izquierda Unida (IU) y luego en Movimiento al Socialismo (MAS), van a tres elecciones, que coinciden con el camino -interrumpido por golpes militares- que llevará en 1982 al comienzo de la transición democrática boliviana. En Guatemala estábamos entonces en plena masacre y tierra arrasada. Los pocos diputados aymaras elegidos en estos comicios introducen la “agenda étnica” en la política boliviana.

En Guatemala hemos tenido diputados indígenas desde hace varias décadas -y desde 1995 también diputadas-, pero siempre como miembros de partidos políticos no étnicos, no indígenas. Y nunca han introducido desde el Congreso una agenda étnica.

SIN RECURSOS VITALES:
NI COCA NI PETRÓLEO NI GAS

El otro movimiento importante indígena en Bolivia es el de los cocaleros, sobre todo en el Chapare, a 200 kms. de Cochabamba, formado por inmigrantes internos de diversas regiones andinas con mayoría quechua. Evo Morales, aunque aymara, es uno de esos migrantes, originario de Orinoca, una pequeña comunidad rural de Oruro. La lucha de los cocaleros contra la erradicación de la hoja de coca ha desembocado hoy, con Evo, en una consigna étnico-nacionalista: “Coca sí, cocaína no” o “Cocaína cero, coca 1 cato (0.16 hectáreas) por familia.” En Guatemala no ha existido nunca un cultivo tradicional y vital así de amenazado. Ni el maíz ni el frijol ni el chile. Tal vez sea el TLC el que llegue a amenazar al maíz y al frijol, con la importación de maíz amarillo y de transgénicos.

Tampoco en Guatemala se ha descubierto hasta el momento y en cantidades importantes un recurso energético de la categoría del petróleo o del gas natural, la energía limpia y no contaminante del futuro, que Bolivia posee en cantidades extraordinarias. En Bolivia, acaba de ser descubierto también un importante yacimiento de hierro y manganeso.

¿EN QUÉ NOS PARECEMOS?

En Guatemala, como en Bolivia, hay una creciente decepción con los partidos políticos. El Partido Revolucionario (PR), sucesor de los partidos de la Revolución de Octubre, desapareció hace tiempo del mapa, de manera similar a como ocurrió con el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), desprestigiado notablemente en Bolivia, aunque aún no desaparecido, porque el MNR ha sido capaz de elegir en 2006 prefectos (gobernadores de departamentos) y algunos diputados.

De los partidos que han gobernado durante la transición democrática en Guatemala -la Democracia Cristiana Guatemalteca (DCG), el MAS, el Partido Alianza Nacional (PAN) y el Frente Republicano Guatemalteco (FRG)-ninguno ha sido capaz de hacerlo por más de un período de gobierno, y es improbable que los actuales gobernantes de la Gran Alianza Nacional (GANA) lo logren (81.8% no lo cree posible según la última encuesta de Vox Latina). De ahí el brutal desprestigio del Congreso: el 86.9% de los encuestados siente que los actuales diputados no han defendido sus intereses y el 78% piensa que los diputados hacen mal su trabajo.

En Bolivia se habla de la ineficiencia del aparato estatal, por su incompetencia y por el flagelo de la corrupción generalizada, una de las mayores en el continente. Guatemala comparte con Bolivia ambas plagas.

En Guatemala ha tenido lugar desde 2004 un fuerte desencuentro entre el Ejecutivo y el Legislativo -ya lo hubo en los 90 en tiempos de Ramiro de León-, como lo ha habido en Bolivia entre 2000 y 2005. Además, la Corte Suprema de Justicia y en general todo el Organismo Judicial, la Fiscalía General y gran parte de su equipo, y la Policía Nacional Civil, están fallando lamentablemente ante la violencia y la impunidad.

La nueva Corte de Constitucionalidad no ha sido aún totalmente constituida y en estas circunstancias es difícil una mayoría de carácter independiente. Son una incógnita las próximas elecciones del Contralor y la del Procurador de los Derechos Humanos. Toda esta incertidumbre, si se decantara por el lado más conflictivo, acabaría acercándonos a un aumento de la impunidad y la corrupción, y con ello a un caos parecido al vivido en Bolivia entre 2000 y 2005 ¿Podría ser la hora de una resolución constitucional de la crisis que diera paso a elecciones en las que triunfara un líder indígena?

¿RIGOBERTA MENCHÚ PRESIDENTA?

En Guatemala existe una lideresa de la altura de Evo Morales: Rigoberta Menchú, aunque su experiencia es más a nivel internacional que nacional y su organización más de tipo “fundación” que de tipo “movimiento social popular”. Además, está trabajando con el actual gobierno -nunca lo hizo Evo con ningún gobierno- como Embajadora de buena voluntad para promover apoyo y financiamiento al cumplimiento de los Acuerdos de Paz.

Hay indígenas guatemaltecos que no le perdonan a Menchú la intervención, a su juicio disgregante y divisiva, de su Fundación en la postguerra en el Ixkan. Hay otros que cuestionan su actuación como empresaria copropietaria de farmacias de genéricos. Pero en las encuestas es la figura más reconocida (96.5%) y más valorada del país: le cae bien al 66.6% de la población encuestada y le cae mal al 22.9%, para un resultado positivo del 43.7%.

Si se presentara como candidata a la Presidencia -como ya ha anticipado es probable lo haría en 2011- Rigoberta dice que “el reto indígena en los próximos años es la participación en el poder” y que “hace falta un instrumento político que lleve a los indígenas al poder”. Si fuera electa algún día, tendría asegurada una acogida internacional de calibre parecido al que Evo tuvo en su viaje relámpago alrededor del mundo y para nadie sería extraño su traje indígena -ya conocido alrededor del mundo- si lo vistiera como mandataria al ganar las elecciones.

HAY OTROS: POP, COJTÍ,
QUEMÉ CHAY, LUX DE COTÍ...

No es sólo Rigoberta la única que piensa en una candidatura a la Presidencia. Alvaro Pop está también pensando en la política. Ante los resultados de la última encuesta ha dicho: “Una figura indígena podría saltar en cualquier partido, sector o escenario. El problema es que el paternalismo y la discriminación no han sido superados por la dirigencia política no indígena. Todavía se cree que los indígenas deben estar todos juntos en un partido bajo la lógica de la segregación”.

El intelectual maya Demetrio Cojtí, fecundo escritor de temas políticos, quien ya fue Viceministro de Educación, podría tener también aspiraciones políticas más elevadas. Ha habido también un pequeño partido indígena -que hoy debe ser sólo Comité-, CASA, con Rigoberto Quemé Chay, ex-alcalde de Quetzaltenango por dos períodos consecutivos, como su principal líder. Otilia Lux de Cotí, ex-comisionada para el Esclarecimiento Histórico y ex-Ministra de Cultura, podría tener también arrastre.

En los actuales partidos no indígenas hay algunos líderes indígenas que podrían un día disputar la candidatura a la Presidencia de la República. Por ejemplo, Haroldo Quej y Aura Marina Otzoy -los dos, diputados del FRG- o Pablo Ceto, de la URNG, quien ya fue diputado y corrió para Vicepresidente.

Alguno de ellos o ellas podrían llegar al gobierno por la vía electoral, como en Bolivia. según Vilma Sánchez -directora de la Asociación Política de Mujeres Mayas “Moloj”- esto requeriría la formación de un partido “con una visión plural donde participen mayas, ladinos, xincas y garífunas”. Este partido debería ser liderado por alguno de ellos o si no, tendrían que disputar la candidatura al interior de alguno de los partidos actuales, como ya ha anunciado que lo va hacer Rigoberto Quemé Chay en las primarias de la Gran Alianza Nacional (GANA), el partido del Presidente Berger.

Al igual que en Bolivia, esto podría ser el paso para una Asamblea Constituyente que fundara la Segunda República, como ha dicho Alvaro Pop. Una República no neoliberal y más abierta al pluralismo al interior del Estado.

¿DIVISIONES Y ADHESIONES
COMPARABLES?

En los movimientos del campesinado guatemalteco -no suficientemente unidos porque existen en ellos penosos antagonismos- descuella la identidad indígena, sobre todo en la CONIC. Tanto en el período revolucionario (1944-54) con los “agraristas”, como después en tres de los cuatro grupos que conformaron la URNG, la identidad indígena pretendió ser diluida dentro de la identidad clasista de “los pobres”. Así lo intentó también la Revolución Nacional boliviana de Paz Estenssoro y Siles Suazo en 1952. Aunque el CUC guatemalteco ha sido más clasista que étnico en su identidad, los teatros de la guerra desde 1972 a 1996 -no así antes, de 1962 a 1968, cuando el teatro estuvo en el Oriente menos indígena- se dieron fundamentalmente en tierras de mayorías indígenas -el altiplano central y occidental y la selva noroccidental- e hicieron que la URNG fuera percibida acercándose peligrosamente a liderar una rebelión indígena. En ese temor pueden hallarse raíces del “genocidio” y de las masacres étnico-racistas, según la Comisión de Esclarecimiento Histórico.

Uno de los líderes aymaras, Felipe Quispe, quien se denominó el “Mallku” -voz aymara para la autoridad, tal vez equivalente al “k’amal b’e” (guía para el camino) quiché- se involucró en un pequeño movimiento guerrillero, asociado con líderes universitarios de izquierda, como Alvaro García Linera, hoy Vicepresidente de Bolivia, quien había participado en la guerrilla de Nicaragua contra los Somoza. Ese movimiento, el MITKA tuvo relaciones con el MRTA peruano -que asaltó y ocupó la Embajada del Japón-, pero no con Sendero Luminoso. Hay, pues, posibilidad de comparar este proceso boliviano con la incorporación de indígenas a la URNG, en la cual también Rigoberta Menchú estuvo implicada en su juventud. Las divisiones entre los movimientos indígenas bolivianos -entre el MRTK y el MITK- se dan también hoy entre los movimientos campesinos indígenas en Guatemala.

LEYES PARECIDAS,
DECEPCIÓN COMPARTIDA

En Bolivia, la reforma educativa, abierta al enfoque intercultural bilingüe (1993-97) puede compararse con la que quiso impulsar Demetrio Cojtí como Viceministro de Educación en 2000-2004, y tal vez ya antes Alfonso Tay, Ministro de Educación en tiempos del presidente Ramiro de León. Ambas han sido cuestionadas por el magisterio, que ve peligrar su seguridad laboral.

La ley del INRA en Bolivia (1993-97), que por un lado fomentaba las grandes empresas agrarias de las tierras bajas -para soya y madera- y por otra, reconocía los territorios indígenas, podría ser comparable en Guatemala con la explotación de la madera en Petén y por otro lado con el reconocimiento del Convenio 169 de la OIT (1997).

La Ley de Participación Popular boliviana (1993-97), que dinamizaba los municipios rurales antes prácticamente muertos, podría ser comparable en Guatemala con las leyes de descentralización y la creación de los COCODES y COMURES en tiempos de Portillo (2000-2004).

En general, todas estas leyes pueden compararse de alguna manera con los Acuerdos de Paz (1996), que pretenden, como en Bolivia, trazar lo que Albó llama “correctivos sociales” después del “shock neoliberal”, que instaló en Bolivia “una economía neoliberal abierta a la globalización pero con un cierto toque social, presentado con frecuencia al mundo como un modelo exitoso que valía la pena imitar en otros países latinoamericanos”.

En Guatemala se ha intentado, a través del Fondo de Inversión Social (FIS), de FONTIERRA y de la Secretaría de Asuntos Agrarios, enfrentar los conflictos del campo y, nominalmente por lo menos, a través de la Ley del Catastro y los Tribunales Agrarios. Dice Albó que “esas innovaciones no llegaron tan lejos como se había soñado”, una experiencia de decepción que compartimos en Guatemala con los Acuerdos de Paz.

AUTONOMÍA INDÍGENA:
DESCONCIERTO Y CONFLICTIVIDAD

También en Guatemala se ha planteado el escenario de las autonomías, pero no entre las tierras altas y las tierras bajas -“collas” y “cambas” en Bolivia; altiplano y costa-tierras bajas calientes en Guatemala-, porque es obvio que en Guatemala no existe actualmente un reconocimiento social, menos aún político, del altiplano como “indígena”, más allá de lo folclórico. Intelectuales mayas -especialmente Demetrio Cojtí- plantean ya esas autonomías, incluso territoriales, para los indígenas. Y exigen -con el PNUD Guatemala 2005- “la implementación del Estado de autonomías y del Sistema de Poder Compartido”, empezando también a concretarlo: “Un primer paso será la configuración de distritos electorales sobre bases étnicas y lingüísticas, y la elección de diputados indígenas en listas separadas para hacerlos responsables ante sus electores indígenas”.

Naturalmente, la tradición de la identificación de la identidad indígena con “el pueblo” -hoy con “el municipio”- sólo podría hacerse identificación con una identidad maya de nacionalidad si surgiera el líder o la lideresa maya que aglutinara democráticamente el proyecto y la circunstancia del Estado que lo propiciara. Probablemente, esto provocaría mucha conflictividad y desconcierto en el país, incrementados por los resultados del TLC y tal vez por el descubrimiento en el actual territorio de los pueblos indígenas de recursos naturales estratégicos.

NARCOTRÁFICO, MIGRACIÓN
Y RACISMO

Lo que puede emparejar a Guatemala con Bolivia en cuanto a conflictos actuales es ser ambos países corredores del narcotráfico y corredores de migrantes. En Guatemala, migración hacia el Norte; en Bolivia hacia el Sur (Argentina y Brasil), además de hacia España.

Como en Bolivia, también en Guatemala los medios de comunicación tienen acentos racistas. Los medios guatemaltecos han reaccionado a la victoria de Evo Morales mostrando desprecio, sobre todo en editoriales y columnas de opinión. Se explica por ese tradicional temor a que “la indiada” -como en privado la llaman- pueda aquí recorrer caminos similares hacia su organización y hasta desembocar en un triunfo electoral.

LO QUE OCURRA EN BOLIVIA
Y CON EVO MORALES

Será muy importante seguir de cerca el desempeño de Evo Morales y de su gobierno, su alianza entre aymaras, quechuas e indígenas de las tierras bajas y entre indígenas y no indígenas -especialmente gente capaz de izquierda y algún representante de las élites ricas santacruceñas-, y sobre todo la competencia o calificación de sus ministros.

Será importante estar atentos a su desempeño en los desafíos externos: coca-cocaína, recursos naturales, acceso al mar con Chile, competencia con Venezuela por la comercialización y distribución del gas natural y negociaciones con las transnacionales energéticas. El camino que siga la Asamblea Constituyente y la solución que se dé al problema de las autonomías serán especialmente estratégicos.

El desempeño de Evo en Bolivia tendrá consecuencias para la apropiación o la pérdida de las posibilidades de acceso a la Presidencia de Guatemala de líderes indígenas, hoy insertos en los numerosos movimientos sociales de todo tipo y en las escasas organizaciones políticas indígenas guatemaltecas.

Así como la alianza de indígenas con no indígenas en el gobierno de Lucio Gutiérrez, en Ecuador, no tuvo buenos resultados, un buen desempeño de Evo Morales tendrá, sin duda, consecuencias en Guatemala. No parece probable que esto ocurra antes de 2011. En cualquier opción, el eco de los movimientos indígenas de Bolivia o Ecuador o el del Zapatismo en México, nunca podrán sustituir a un movimiento social y político con participación y liderazgo indígenas en Guatemala. El “efecto vitrina” no llega hasta ahí.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN GUATEMALA.

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