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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 290 | Mayo 2006
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Costa Rica

El país sobre el que volará el “águila” Oscar Arias

El 8 de mayo inició su gobierno Oscar Arias. Asume con un mandato electoral sumamente frágil, con un Parlamento fragmentado, con una oposición organizada, con un movimiento social combativo y con serias dificultades para cumplir con su agenda, donde es central aprobar el TLC. ¿Cómo actuará el “águila” ante tantos “caracoles”?

Amaru Barahona

La implantación neoliberal que desde los años 80 ha asolado América Latina ha sido, en el caso de Costa Rica -y en el de Uruguay-, la menos ortodoxa. Dos rasgos la particularizan.

Se mantiene un amplio sector de activos estratégicos en manos del Estado (telecomunicaciones, energía, banca, procesamiento de petróleo, instituto de seguros, acueductos, fábrica nacional de licores). Y aunque la extensa red de instituciones de bienestar social construida entre los años 50–70 -cuando este crecimiento se acompañó de una política social sin parangón en América Latina, con excepción de Cuba-, está en franco deterioro, su desmantelamiento ha sido menos radical y traumático que en el resto de países del continente.

NEOLIBERALISMO HETERODOXO
Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

Costa Rica es también el único país de Centroamérica que logró una reconversión de su producción exportadora tradicional en crisis (café, banano, azúcar, carne) hacia la producción “no tradicional”, que hoy domina sus rubros de exportación (frutas y verduras tropicales, plantas ornamentales, maquila textil y maquila sofisticada).

El país posee también la industria turística más avanzada del istmo. El dinamismo de sus exportaciones y los ingresos por turismo le han permitido a Costa Rica un modesto pero sostenido crecimiento desde 1984 hasta hoy que se revela en la magnitud del valor -aun considerando las conocidas limitaciones del indicador- de su PIB per cápita, que ronda
hoy los 4 mil dólares anuales.

La heterodoxia y el crecimiento han producido dos fenómenos fuera de la norma dentro del panorama
del neoliberalismo latinoamericano.

El primero: no se ha provocado un incremento significativo de la pobreza. Actualmente, este índice está alrededor del 23%, algo superior al 18% que existía a finales de los años 70.

El segundo: no ha habido un aumento considerable del desempleo, lo que se evidencia en el hecho de que hasta ahora -pensamos que en el futuro ya no- Costa Rica ha sido uno de los polos receptores de la población nicaragüense sin trabajo en su país.

EXCLUSIÓN SOCIAL
Y CULTURA CONSUMISTA

El especial desempeño neoliberal tico no ha evitado la crisis social, política y ética que es común al resto de América Latina. Los pequeños productores de granos (maíz, frijoles, arroz) han desaparecido y los pequeños productores de tradicionales (café y caña) se encuentran en profunda crisis. La distribución del ingreso se ha polarizado y el salario real tiene hoy menos poder adquisitivo que a finales de los años 70. Las capas medias se han pauperizado ostensiblemente y sus estratos más bajos se encuentran en un límite de vulnerabilidad próximo al de los estratos pobres.

El gasto social per cápita es menor que en los años 70 y los servicios públicos de salud y educación se han degradado severamente, priorizándose cada vez más la opción de la compra privada de estos servicios. El transporte colectivo, antes excelente, es cada vez de peor calidad, y los programas populares de vivienda están en extinción.Se han impuesto las relaciones laborales “flexibles” y las nuevas generaciones de trabajadores están perdiendo derechos sociales históricos: contratos de largo plazo, seguro social, derecho de pensión, preavisos, etc.

Todos estos procesos de exclusión social se acompañan con la promoción de una cultura de consumismo voraz, que sobrepasa las capacidades reales de la economía, genera frustraciones y apetitos delictivos, y se expresa en la contaminación en ascenso en los centros urbanos y en el auge de la delincuencia, la prostitución, la drogadicción y la violencia social y sexual. La inseguridad ciudadana poco tiene que envidiar a la que se observa en el resto de países centroamericanos, y un ejército privado de más de 12 mil guardas armados, gestionados por más de 100 empresas, vigilan “malls”, supermercados, bancos, empresas, universidades privadas, instituciones, barrios y viviendas residenciales.

SISTEMA POLÍTICO:
EN CRISIS DE CREDIBILIDAD

En América Latina, Costa Rica ha tenido el único modelo de democracia liberal con atributos respetables que ha funcionado ininterrumpidamente desde 1948. El neoliberalismo ha venido acabando con estos atributos y ha llevado el modelo político a una profunda crisis. Desde mediados de los años 80, los escándalos de corrupción entre la clase política vienen acaeciendo cada vez con mayor extensión y magnitud.

Los políticos y los partidos en general, sobre todos los partidos tradicionales, el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), la Asamblea Legislativa, el Poder Ejecutivo, el sistema judicial y la misma política como actividad, generan desencanto y han perdido credibilidad entre los ciudadanos. Incluso una institución de la sociedad civil con peso político tradicional, la Iglesia Católica, apareció involucrada en el caso del asesinato del periodista Parmenio Medina. Es evidente que la sociedad costarricense vive un momento de intenso desgaste de su institucionalidad tradicional.

PACHECO: MAL BALANCE

El Presidente que termina su período, Abel Pacheco, llegó al poder en las elecciones del 2002 con un mandato frágil, representando a una tendencia disidente de uno de los dos partidos tradicionales, el PUSC. Ganó, por primera vez en la historia del país, no en la primera ronda sino en la segunda, debido a que en la primera no pudo alcanzar el 40% de los votos que establece la Constitución. Y ganó con un abstencionismo que en la primera ronda llegó al 31.6%, más 2.5% de votos nulos y en blanco. En la segunda ronda, el abstencionismo creció: 39%, más 2% de votos nulos o en blanco. De hecho, ese 41% de costarricenses que se abstuvo, votó en blanco o anuló su voto se constituyó en el primer bloque del padrón electoral.

Cuando tomó posesión, Pacheco prometió que se terminaría la corrupción y que gobernaría para los pobres. Ninguna de estas promesas se cumplió y su gestión termina con bajísimos niveles de apoyo popular. La crisis ética de la clase política llegó a su clímax cuando tres ex-Presidentes de los dos partidos tradicionales fueron acusados por corrupción. Dos de ellos, Miguel Ángel Rodríguez y Rafael Ángel Calderón, ambos del PUSC, estuvieron encarcelados y están con juicios pendientes. El tercero, José María Figueres, del PLN, anda prófugo fuera del país. El mismo Abel Pacheco ha sido acusado de recibir financiamiento ilícito para su campaña, con una larga lista de donaciones misteriosas, dentro de la cual aparece el gobierno de Taiwán y la inefable familia Pellas de Nicaragua.

LÍMITES DEL CRECIMIENTO
Y PROYECTO DE LA OLIGARQUÍA

Durante el gobierno de Pacheco, la pobreza no diminuyó y se mantiene rondando el 23%. Continuó en ascenso la concentración de la riqueza y se ahondó la desigualdad de ingreso entre ricos y pobres. Los salarios mínimos reales disminuyeron. La crisis fiscal se agudizó generando una tasa inflacionaria que está por encima de un dígito, lo que ha acentuado el proceso de empobrecimiento de las capas medias.

El potencial de crecimiento del modelo económico comienza a revelar sus límites: las maquilas textiles están en crisis por la competencia china en el mercado estadounidense. La exportación de los bienes agrícolas “no tradicionales” disminuye su ritmo de crecimiento, también por el ingreso de nuevos concurrentes en el mismo mercado -Estados Unidos y Europa- y con el mismo recetario de desarrollo. El turismo, la única actividad del modelo que ha funcionado con ciertos efectos multiplicadores, reduce también su ritmo de crecimiento, también por la incursión competitiva de países vecinos y por una demanda que tiende a permanecer invariable: la de las poblaciones de los países del Norte.

Todo esto limita la capacidad de absorción de fuerza de trabajo por el sistema económico, tensionando la xenofobia hacia la migración nicaragüense, que adopta manifestaciones crecientemente sórdidas. La Ley de Migración aprobada en noviembre de 2005 es una copia, sin muro, de la ley que discute el Congreso estadounidense, al criminalizar a los indocumentados y penalizar a quienes les suministren albergue o ayuda.

La oligarquía tica se ha remozado como grupo social, con inversiones diversificadas que se ubican en los enclaves modernizantes que promueve el modelo económico, todos con un mayor o menor control del capital transnacional, especialmente de Estados Unidos: finanzas, maquila industrial, agropecuarios “no tradicionales”, turismo, grandes medios, gran comercio importador y servicios para élites.

Es una oligarquía que ha perdido toda vocación de independencia. Ve la salida, tanto a los límites del crecimiento y la problemática social, como a la crisis del sistema político, en una profundización de las reformas neoliberales y en la reconstitución de la hegemonía oligárquica. Sin mediaciones que puedan distorsionar la canalización de sus intereses. Con esta racionalidad, ve en el TLC con Estados Unidos el instrumento más adecuado para poner al día a Costa Rica en sus rezagos respecto a la ortodoxia neoliberal. Y de aquí que escogiera a un personaje con el perfil de Oscar Arias como su representante político para la instrumentación de su proyecto de clase.

ELECCIONES 2006: CONTEO MANUAL, ALTA ABSTENCIÓN

Después de las votaciones del 5 de febrero, pasó más de un mes -hasta el 7 de marzo- antes de conocerse la declaración oficial del nuevo Presidente electo de Costa Rica.

El conteo inicial y provisional de votos dio como resultado un virtual empate entre Oscar Arias, candidato del Partido Liberación Nacional (PLN) y Ottón Solís, candidato del Partido Acción Ciudadana (PAC). Ambos aparecían con un registro que superaba, décimas más décimas menos, el 40% de los votos necesarios para evitar una segunda ronda. Por eso, el Tribunal Supremo Electoral tuvo que contar manualmente los votos para terminar proclamando vencedor a Oscar Arias, con 18,167 votos por encima de Solís (Arias 40.92% y Solís 39.80%).

En un lejano tercer lugar quedó Otto Guevara, del Movimiento Libertario (derecha neoliberal) con 8.48% de los votos válidos emitidos. De los votos restantes, el 10.8% se repartió entre los otros partidos. Uno de ellos el PUSC, que de ser uno de los ejes del bipartidismo tradicional pasó casi a la invisibilidad política, con un 3.4% de votos para Presidente y sólo 5 diputados.

El abstencionismo alcanzó el 34.79% del padrón electoral, la cifra más alta para una primera vuelta en las últimas décadas. Los votos nulos y blancos sumaron el 2% del padrón.

ARIAS: RED CLIENTELAR

Oscar Arias fue presidente en 1986-90, época en que recibió el Premio Nóbel de la Paz por su papel en las negociaciones de Esquipulas II (1987), que condujeron a finalizar las guerras en Centroamérica. Hoy, Arias no es sólo un representante político de la oligarquía costarricense, escogido en la actual coyuntura como bomba de oxígeno para mantener a flote su hegemonía en crisis.

Es también uno de los miembros económicos más representativos de su clase, con inversiones diversificadas en el sistema económico: control del grupo financiero Sama (negocios con bonos de la deuda política y con bonos de la deuda del Estado), producción agropecuaria y procesamiento agroindustrial (azúcar, alcohol, etanol, café), industria avícola, empresas mediáticas (periódicos y cadenas radiales), bienes raíces, generación privada de energía, cervezas...

Para emerger como candidato, Arias estructuró una poderosa red clientelar con capacidad de interferencias en los distintos poderes del Estado. La influencia de Arias en la Sala Constitucional del Poder Judicial fue divulgada por el intelectual y hoy Ministro de Cultura, Guido Sáenz, en la publicación de sus memorias. Esta influencia le permitió, mediante un cuestionado recurso de inconstitucionalidad, anular la prohibición de reelegirse que tenían los ex-Presidentes, allanando así el camino para su candidatura.

Durante un largo período, su hermano y jefe de campaña, Rodrigo Arias, fue asesor privilegiado del presidente Abel Pacheco. Arias se apoderó y asumió el control del Partido Liberación Nacional (PLN) mediante procedimientos que el secretario general y la directiva desplazados calificaron como fraudulentos. El control del aparato partidario le posibilitó el control de la fracción legislativa del PLN durante la administración Pacheco. Arias eliminó las primarias en ese partido, se impuso como candidato único y seleccionó entre sus incondicionales los candidatos a diputados del PLN.

Activando su red clientelar, Arias determinó el nombramiento de la Contralora General de la República, Rocío Aguilar y de la última magistrada del Tribunal Supremo de Elecciones, Eugenia Zamora. Ambas, según los medios, personas “cercanas” al presidente electo, eufemismo tico para designar la subordinación clientelar en una red patrimonial de poder.

YO SOY, YO VOY, YO NO DISCUTO

Arias hizo una campaña llena de ostentación y acoso publicitario, en la que gastó más de 2 mil millones de colones, unas cuatro veces más que Ottón Solís. Desde hace dos años, el control oligárquico de los medios venía presentando a Arias como el estadista insustituible para resolver la crisis del sistema político.

Las encuestas–mercancías -las que subordinan un método útil de investigación social a las tasas de ganancia-, de las mismas firmas que se fetichizan en Nicaragua (Cid Gallup, Borge y Asociados, Demoscopía, Unimer), verdaderas biblias para ciertos analistas políticos “científicos”, también lo venían proyectando hace más de un año como vencedor indisputado, con una ventaja del doble de puntos o más sobre Solís.

Unos días antes de la elección y ante fenómenos que hacían ver exagerados esos números -por ejemplo, la escuálida concentración de cierre de campaña que tuvo Arias-, las firmas encuestadoras redujeron el rango de ventaja: 17 puntos según una de las encuestas y 11.1 puntos según otra, pero en ambos casos sin poner en duda el holgado triunfo de Arias.

Junto con la manipulación mediática y la de las encuestas–mercancías, la campaña de Arias se centró en la divulgación de tres tesis: yo soy el estadista anhelado y apoyado por el pueblo que necesita el país, yo voy a aprobar el TLC, yo no discuto con ningún otro candidato porque sería beneficiarlo del apoyo que mantengo. Un ejemplo de las joyas del personaje, cuando otro candidato lo convocó a debatir: “Las águilas viven en las alturas y ven desde las alturas, y no se molestan en observar lo que hacen los caracoles”.

TLC: MANZANA DE LA DISCORDIA

Tras las elecciones de febrero, la Asamblea Legislativa quedó con una composición sumamente fragmentada. De un total de 57 congresistas, el PLN obtuvo 25 diputados, el PAC 17, el Movimiento Libertario 6, el PUSC 5. Los 4 diputados restantes se repartieron, un diputado cada uno, entre cuatro micropartidos, dos de derecha y dos de izquierda.

Resultado: ningún partido tiene dentro del Poder Legislativo ni mayoría simple ni calificada. Pero los alineamientos ideológicos favorecen una correlación de fuerzas que apunta a la derecha, especialmente en lo que atañe a dos cuestiones centrales que debe afrontar la sociedad: la aprobación o no del TLC con Estados Unidos y el abordaje de la problemática fiscal.

La correlación del Parlamento no refleja la correlación de posiciones en la sociedad, sobre todo en lo que concierne a la problemática del TLC. Encuestas hechas por instancias serias, que no subordinan el método de investigación a las tasas de ganancia -el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad de Costa Rica y la Escuela de Estadísticas de esta Universidad- señalan que sólo un porcentaje minoritario de la población está convencido de la conveniencia de su aprobación. El resto, o aduce que necesita información para pronunciarse, o explícitamente se opone.

Desde la sociedad política, la Defensoría de los Habitantes se pronunció firmemente contra el TLC, recomendando a la Asamblea que no lo apruebe. Y una comisión de notables, nombrada por el gobierno Pacheco para analizar el documento, demandó el consenso de la sociedad antes de decidir su aprobación.

Desde la sociedad civil, dos instituciones con peso han mantenido posiciones críticas: la Iglesia Católica manifestó serias objeciones con respecto a las consecuencias de su aplicación. Y la prestigiada Universidad de Costa Rica envió a la Asamblea su dictamen oponiéndose a la aprobación.

Excluyendo las cámaras patronales -una mayoría, aunque no todas- y alguna directiva de colegios profesionales, todo lo que existe de sociedad civil organizada (sindicatos públicos y organizaciones campesinas, comunales, ecologistas, culturales, universitarias, indígenas, estudiantiles y feministas), se opone abrumadoramente al TLC y está dispuesta a movilizarse y a luchar para evitar su ratificación. tribunal electoral: irregular y arrogante.

El 15-20% de las mesas electorales, -la mayoría en las provincias periféricas donde ganó Arias (Guanacaste, Puntarenas y Limón)- tuvieron como único delegado de mesa al representante del PLN. El partido de Arias fue el único que contó, mediante el pago a sus delegados, con representación en todas las mesas. Además, el Tribunal Supremo Electoral eliminó el procedimiento de voto con huella dactilar y tinta indeleble, sustituyéndolo por la marca de una cruz con bolígrafo. Este nuevo procedimiento facilita, si hay voluntad para hacerlo, la anulación de los votos de los candidatos contrincantes. En estas condiciones estructurales, se dieron serias anomalías en 712 mesas, denunciadas por el PAC por varias infracciones: falta de padrón de registro, papeletas sin firmas, votos sobrantes (más votos que el número de electores inscritos), miles de papeletas con paradero desconocido.

Con base en estas irregularidades, el PAC solicitó repetir el escrutinio en las mesas cuestionadas y contrastar las firmas de los sufragantes con las del registro cedular, peticiones que adquirían una extraordinaria relevancia habida cuenta el apretado margen que diferenciaba a Solís de Arias. Pero el TSE reaccionó con arrogancia en contra de estos cuestionamientos, apoyado por los medios, que apelaron a argumentos religiosos: la sacralidad de la institución y la falta de respeto a la democracia. Al final, el TSE terminó rechazando las apelaciones del PAC. Como consecuencia, para muchos ciudadanos la credibilidad del TSE se erosionó y el TSE pasó a engrosar la lista de instituciones que alimentan el desencanto.

MOVIMIENTO SOCIAL:
INTEGRAL E INDEPENDIENTE

Compensando el vacío político que ha dejado la desaparición de los que fueran influyentes partidos de izquierda, a partir de los 90 se ha desarrollado en Costa Rica un vigoroso movimiento social popular. Además de los sindicatos del todavía importante sector público, participa en este movimiento una pléyade de organizaciones sociales: campesinas, comunales, ecologistas, estudiantiles, culturales, académicas, feministas, indígenas, cooperativas.

Además de su amplitud y capacidad movilizadora, este movimiento posee dos cualidades que -para hacer una comparación que nos resulta oportuna- no son muy visibles en las débiles organizaciones sociales de Nicaragua.Una: desde hace varios años ha establecido en sus luchas una conexión sistemática entre el combate contra la corrupción en el sistema político y el combate contra la implantación neoliberal. Este movimiento social ha logrado bloquear con éxito el avance de la ortodoxia neoliberal y en el 2000 organizó una auténtica insurrección popular -conocida en la memoria popular como la lucha contra “el combo eléctrico”-, que estancó el proyecto oligárquico-imperialista que pretendía privatizar las comunicaciones y la energía.

La otra cualidad -distintiva en relación con la situación nicaragüense- es su completa independencia de los partidos políticos en general, y sobre todo de los partidos de la oligarquía, el PLN y el PUSC. Ha demostrado también su independencia frente a las agendas que imponen las fuentes financieras de la cooperación para el desarrollo.

En la actual coyuntura, este movimiento está impulsando una lucha de resistencia obstinada contra la aprobación del TLC con Estados Unidos, que tiene en jaque a la oligarquía y ha impedido hasta el momento que el Parlamento ratifique el tratado. En esta resistencia ha jugado un papel trascendente la izquierda intelectual académica, analizando a profundidad el texto del TLC, desenmascarando su perversidad, publicando libros, revistas, espacios web, folletos y artículos, y organizando mesas redondas y debates a lo largo y ancho del país, un esfuerzo que ha tenido resultados extraordinarios contrarrestando la apabullante propaganda divulgada por el gobierno, las cámaras patronales y los “think tanks” financiados por Estados Unidos. La labor de análisis y comunicación ha estado siempre acompañada por movilizaciones organizadas que, además de sistemáticas, han ido creciendo en magnitud.

IGLESIA: GIRO PROGRESISTA

El nombramiento de Monseñor Hugo Barrantes como nuevo Arzobispo de San José ha provocado un giro progresista en la cúpula de la Iglesia Católica. Este giro se ha dado después de los escándalos que afectaron la respetabilidad de la Iglesia, a raíz de las acusaciones contra el sacerdote Mainor Calvo, director de la que fuera muy popular Radio María, por el asesinato del periodista Parmenio Medina; y tras la remoción por el Vaticano de quien fuera por décadas obispo de San José, el muy conservador Monseñor Román Arrieta.

Junto con la hondureña, la dirigencia eclesiástica costarricense se ha colocado en el nivel más avanzado de Centroamérica. Su discurso es nítidamente antineoliberal, aún sin alcanzar el brillo y la riqueza conceptual que usa el cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez. Barrantes ha guardado distancia del apoyo tradicional que la jerarquía eclesiástica venía otorgando a los partidos oligárquicos. En las elecciones fue evidente su distanciamiento del coro de apologistas de Oscar Arias. Barrantes ha adoptado también una posición crítica frente al TLC, demandando la consulta y el consenso nacional para decidir su aprobación o su rechazo.

GUEVARA: SÍMBOLO SEXUAL

En la campaña electoral, junto con la exaltación de la figura de Arias, los medios y las encuestas–mercancías promovieron el ascenso político del Movimiento Libertario y de su dirigente Otto Guevara difundiendo una visión fundamentalista del liberalismo económico acompañada con poses populacheras para postales de televisión: Guevara vestido de blanco con zapatos para caminar en alfombras, con una pala en la mano haciendo trabajos comunales.

Después del PLN, el partido de Guevara fue el que más dilapidó y acosó con propaganda publicitaria. Guevara fue convertido en símbolo sexual apetecido por las mujeres ticas. Después de cada escena con la pala terminaba repartiendo besos a supuestas admiradoras.

Los resultados electorales apuntan a que este exponente grotesco de la política tica llegó al límite de sus posibilidades de crecimiento. Su partido obtuvo 6 diputados -el mismo número que había alcanzado en la elección de 2002- y Guevara alcanzó el 8.48% de los votos para Presidente, contradiciendo a las encuestas–mercancías, que proyectaron para él un número de votos próximo al que logró Ottón Solís.

PAC: PROPUESTA ÉTICA
Y PLANTEAMIENTOS CLAROS

En las elecciones de 2002 el PAC surgió con una propuesta sustancialmente ética, orientada contra las cúpulas de los partidos tradicionales (PLN y PUSC), permeados hasta la médula por la corrupción. El PAC plantea modificar la visión y práctica de la política con una rigurosa reivindicación de la moral pública.

Ideológicamente, no se define como un partido de izquierda y no tiene hasta ahora una propuesta societal, pero ha desarrollado planteamientos precisos importantes que se pueden calificar como de resistencia al neoliberalismo y de rescate de una política económica de corte keynesiano. Defiende un Estado habilitado para intervenir y regular el mercado, con capacidad de conducción estratégica y protección social y ambiental. Está en clara oposición a privatizar los activos estatales considerados estratégicos. Plantea medidas proteccionistas para apoyar la producción interna. Y especialmente, rechaza la aprobación del TLC con Estados Unidos y promete retirarlo de la Asamblea Legislativa y solicitar una renegociación.

PAC: TRES LÍMITES

Después de su aparición hace cuatro años como fuerza que busca desligarse de la decadencia generalizada del quehacer político tradicional, ya es posible mirar con perspectiva los límites y alcances del potencial transformador del PAC.¿Cuáles son sus límites? El énfasis reduccionista de su propuesta programática, centrada en una reforma ética del sistema político. Esta reforma resulta insoslayable, pero al formularse sin un referente a la totalidad societal, dificulta la cohesión ideológica de su militancia, lo que en la pasada gestión parlamentaria contribuyó a una división de su fracción -casi la mitad de sus diputados se separaron del partido-, y a deserciones de alcaldes y concejales electos bajo su bandera.

Otro límite es el recurso a valores fomentados por la oligarquía, como el de la absolutización de las particularidades históricas de Costa Rica. Esta visión alimenta una falta de vocación latinoamericana y una miopía que no ve la importancia de alianzas estratégicas que den eficacia a la lucha antiimperialista, por muy modesta y limitada que ésta sea. Alimenta también su afinidad con el chauvinismo histórico que ha promovido la oligarquía -por ejemplo, el imaginario de la superioridad tica con respecto a Nicaragua y al resto de Centroamérica-. Resulta revelador que los diputados del PAC hayan votado a favor de la facistoide Ley de Migración.

Otro límite es su escasa voluntad o capacidad para desarrollar estructuras organizativas de base, especialmente entre los estratos más pobres, que siguen cautivos de los estilos clientelares de los partidos oligárquicos. En las elecciones de 2002, el voto del PAC fue el voto de los estratos medios urbanos y educados que habitan en las provincias con mayor nivel de desarrollo y que sufren la pauperización que provoca el modelo neoliberal. En las elecciones de 2006 las tendencias no cambiaron cualitativamente. Aunque el PAC aumentó su votación en términos absolutos y relativos, su triunfo se dio en las provincias de mayor desarrollo: San José, Alajuela y Cartago; mientras Arias ganó en las provincias
con mayores niveles de pobreza -que también fueron las de más altos índices de abstencionismo-: Guanacaste, Puntarenas y Limón.

PAC: TRES VALORES

El PAC se revela también como una fuerza transformadora. Hasta ahora ha desplegado una práctica consecuente en relación con los dos ejes de su plataforma programática: su voluntad de lucha contra la decadencia ética del sistema político y su impulso de nuevas formas de hacer política que rechazan las redes clientelares y abogan por una comunicación transparente que debe medirse por la coherencia entre discurso y práctica. También ha demostrado su voluntad de resistir el avance del modelo neoliberal y su consolidación como sistema jurídico con la aprobación del TLC, aunque como alternativa no exista más que el esbozo de una política económica de corte keynesiano, algo así como el retorno al exitoso modelo económico socialdemócrata que tuvo Costa Rica durante los años 50–70.

Otro valor: en las elecciones, el PAC se afianzó como la segunda fuerza política muy cerca del PLN, logrando invisibilizar al PUSC, la otra mancuerna del bipartidismo oligárquico. Realizó una campaña con pocos recursos -la cuarta parte de los que utilizó el PLN-, con un diseño publicitario sobrio pero efectivo y con un discurso que relevó la ausencia de promesas demagógicas.

Otro valor: en contraste con la exaltación mediática de la figura de Arias, como la del estadista–mesías largamente anhelado; o con la imagen de luminaria cinematográfica que le montaron a Otto Guevara; el liderazgo de Ottón Solís se afirmó como el más consistente entre la clase política costarricense. Un liderazgo que manifiesta coherencia entre discurso y práctica, sobriedad, cultura y flexibilidad con firmeza en la defensa de principios. Junto o frente a él, Arias siempre lució como un personaje lastimero: acartonado y cursilón, retórico e impreciso, recurriendo a un estilo de política que ya no calza en la coyuntura, centrado en el autobombo y las promesas huecas.

ARIAS EN PROBLEMAS

Arias asume el poder con un mandato del electorado sumamente frágil apoyado sólo por un 25.7% de los ciudadanos con derecho a voto. Con un 37% entre abstención, votos nulos y en blanco, expresión, en su mayor parte, de posiciones ciudadanas duras, de desencanto con el sistema político y de crítica hacia los procesos electorales. Y con otro 25.07% que votó para Presidente por Solís, que plantea un programa de “frente ético” antioligárquico y de resistencia al neoliberalismo. Además, se encontrará con un Parlamento con fuerzas fragmentadas, que requerirá de permanentes negociaciones para funcionar.

Le será sumamente difícil a Arias cumplir con la agenda de clase que se había impuesto: poner al día el modelo neoliberal, que en Costa Rica se encuentra atrasado respecto a las exigencias de la ortodoxia. Y sobre todo, aprobar el instrumento más avanzado para la consecución de este propósito, el TLC. Durante la campaña, y amén de su propaganda egocéntrica, el único punto programático claro de Arias fue su compromiso de aprobar el TLC. Aprobar o rechazar el TLC se convirtió en el punto central de confrontación entre las propuestas electorales de Arias
y las de Solís.

Con los resultados de las elecciones y la presencia de un movimiento social combativo -que conecta la lucha contra la corrupción con la lucha contra el neoliberalismo-, llevar adelante la agenda neoliberal de Arias sólo puede profundizar el conflicto social. Recién conocidos los resultados del empate técnico en la competencia por la presidencia, Arias lució por primera vez modesto y sensato: “Tenemos la casa dividida, quien quede como Presidente tendrá que negociar”. Pero después de proclamado vencedor, volvió a manifestar su determinación inflexible de aprobar el TLC.

Su problema está en cómo lograrlo. Entre su círculo de “próximos” se formulan dos rutas. Una es -la que se comenta defiende su hermano Rodrigo-, que coincide con las presiones de celeridad que ejerce Estados Unidos: “Hay que hacerlo inmediatamente. Unos cuantos meses de garrote y después las aguas vuelven a su cauce”. Peligroso camino porque subestima la correlación de fuerzas de la sociedad, en un país donde la represión brutal no forma parte de las tradiciones con que se ha ejercido la dominación.

La otra ruta está más cercana a las habilidades idiosincrásicas de la clase política tica: “Hay que crear las condiciones, y cuando estén maduras aprobar el tratado”. Por este camino parecería inclinarse el Presidente electo. “Crear las condiciones” significará fragmentar y provocar contradicciones entre el movimiento social para desmovilizarlo. Y sobre todo, significará utilizar la poderosa maquinaria mediática de la oligarquía para generar un terror colectivo con la consigna: “Sin TLC viene la catástrofe”. Ambas rutas son rutas críticas. Y ambas llevan al conflicto social que se perfila en el horizonte como espectro amenazante.

CIENTISTA SOCIAL NICARAGÜENSE RESIDENTE EN COSTA RICA.

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