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  Número 284 | Noviembre 2005
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Nicaragua

"Arnoldo Alemán sigue controlando el PLC y le dará la victoria a Daniel Ortega"

León Núñez, agudo analista, brillante escritor y profesional del Derecho, reflexionó sobre el pasado y el presente del Partido Liberal Constitucionalista, al que perteneció durante años, e imaginó escenarios electorales en una charla con Envío que transcribimos.

León Núñez

Se puede predecir cuándo va a pasar un cometa tres siglos antes y la meteorología puede calcular el clima para los próximos cuatro o cinco días, pero en Nicaragua no podemos siquiera predecir o calcular lo que puede pasar dentro de una hora. En Nicaragua se ha roto el principio de contradicción de los griegos, porque aquí todo puede ser y no ser al mismo tiempo. Es tan grande el cúmulo de mentiras de los políticos y tanta la incertidumbre que producen sus actuaciones -incluso las de personas que yo creía eran serias-, que es enorme la frustración y la confusión que uno siente al reflexionar sobre la política nacional.

Con la aprobación de la Ley Marco, mucha gente que respaldaba al Presidente Bolaños se ha sentido frustrada. Tanto embate que el ingeniero Bolaños hizo contra las reformas constitucionales, nacidas del pacto entre Alemán y Ortega, fundamentando su oposición en razones de principio, diciendo que no las aceptaría nunca y, de repente, las acepta y acepta que se apliquen a partir de enero de 2007. ¿Y toda aquella palabrería? Un sinsentido. ¿Y la gente que repetía lo que él decía, inclusive yo? Quedamos colgados de la brocha…Yo he dicho que en el gobierno del ingeniero Bolaños han faltado tres Secretarías: la Secretaría de la Humildad -porque hay entre sus funcionarios una soberbia enorme-; la Secretaría de la Coherencia Jurídica y la Secretaría de la Gimnasia Política, que le enseñara a no actuar tan tieso, a mover la cintura y las piernas sin perder la gravedad. Ahora, después de la Ley Marco, creo que también falta una Secretaría de la Verdad.

Cuando vemos a los políticos y a los diputados hablando en la televisión no debe sorprendernos que en cuestión de minutos cambien. Cuando los escuchamos, debemos pensar que lo que dicen es mentira. Y si les damos el beneficio de la duda, sólo el tiempo nos dejará ver si es cierto o no lo que dijeron. En sociedades normales, y a pesar de que la política siempre está tan divorciada de la moral, los analistas trabajan con elementos más o menos estables y con elementos lógicos, pero en Nicaragua la lógica ha perdido todo su valor y la inteligencia ha perdido todo su prestigio.

Repasemos la historia del PLC. En 1969, cuando a Anastasio Somoza Debayle empezaron a vérsele “síntomas reeleccionistas” uno de sus ministros, Ministro de Educación, que era su pariente, el doctor Ramiro Sacasa Guerrero, se opuso tenazmente y empezó a organizar un movimiento dentro del Partido Liberal Nacionalista, el PLN, el partido de Somoza, al que llamó Movimiento Liberal Constitucionalista. Somoza lo destituyó de Ministro. El Movimiento Liberal Constitucionalista fue fundado por una docena de personas y realmente no hizo nada,se quedó siendo una cúpula de gente bienintencionada. Quizás no se desarrolló más porque la opción de la guerra, entablada ya por el Frente Sandinista fue más atractiva para el pueblo de Nicaragua. Este Movimiento, el MLC, planteaba luchar contra Somoza desde un campo cívico, y era imposible triunfar cívicamente contra la dictadura de Somoza.

Con el triunfo del Frente Sandinista se formó el Consejo de Estado y el MLC tuvo ahí un escaño. El Frente se lo suprimió después, alegando su escasa representatividad. Poco después, Ramiro Sacasa Guerrero murió en un accidente automovilístico. Fue hasta 1983 que el MLC se transformó en partido, el Partido Liberal Constitucionalista, el PLC. Volvió a tener un escaño en el Consejo de Estado, representado por el actual Fiscal, Julio Centeno. El PLC no participó en las elecciones de 1984. Optó por la abstención, junto al Partido Socialcristiano y al Partido Socialdemócrata. Los tres habían conformado ya lo que se llamó Coordinadora Democrática Nicaragüense, bautizada después con el nombre de Ramiro Sacasa Guerrero. El PLC estaba reducido a la mínima expresión y hacía oposición al Frente Sandinista, aunque evitando confrontaciones, sólo interesado en sobrevivir. En 1988, cuando empieza a vislumbrarse un arreglo político para darle fin a la guerra, el PLC se integra a la Unión Nacional Opositora, la UNO, la organización política que aglutinó a 14 partidos -casi todos los que se oponían al Frente Sandinista- y que triunfó en las elecciones de 1990.

El partido seguía siendo minúsculo. Eso iba a cambiar muy pronto por la viveza de uno de sus principales representantes, el doctor Arnoldo Alemán. Alemán fue electo concejal por la UNO en la Alcaldía de Managua. La elección de alcalde no se hacía aún de manera directa, sino que los concejales lo escogían. Alemán empezó a luchar por el cargo de Alcalde, no obstante que ya se había acordado que los concejales escogerían al ingeniero Agustín Jarquín. Pero Alemán se adelantó y, con una serie de maniobras indecorosas, resultó electo por el Concejo Municipal de Managua como Alcalde de Managua. Ahí empieza el liderazgo de Alemán. Y el crecimiento del PLC.

Alemán es un político muy vivo. Y con el dinero de la Alcaldía de Managua empezó a recorrer toda Nicaragua, pueblo por pueblo, comarca por comarca. Es públicamente conocido por todos que él sustraía millones de la Alcaldía para sus actividades políticas.

Con el triunfo de la revolución, miles de liberales, de media para arriba, nos fuimos al exilio. Quienes se quedaron y no murieron o no estaban en la cárcel, vivían en “operación cusuco”, casi clandestinos. No hablaban, trataban de sobrevivir. Pero en 1990, con el triunfo de la UNO, regresamos todos. Unas 300 mil personas volvieron a Nicaragua. En ese ambiente, llegaba él a cualquier pueblo y no tenía que andar haciendo ningún proselitismo político. Le bastaba llegar y preguntar: “¿Quiénes eran aquí los directivos del Partido Liberal?” Se iban identificando: el presidente, el vocal, el activista… El Partido Liberal tenía mucha gente. Alemán empezó a agarrar a toda esa gente para reorganizar con ella las directivas locales y hasta las comarcales del PLC. ¿Qué hacía en esas visitas? Grandes comilonas, guaro, chistes, grandes abrazos, dinero… Y levantaba la bandera de que no había que tener miedo: “¡Hay que decir que somos orgullosamente liberales!”. A los liberales aquello les entusiasmaba.

Con esa labor de hormiga, pueblo por pueblo, comarca por comarca de toda Nicaragua y con el dinero de la Alcaldía de Managua, fue organizando un liderazgo hasta convertir al PLC en el partido más grande de Nicaragua, el partido que lo llevó a ganar la Presidencia de la República en 1996, no obstante haber sido acusado de malversación de caudales públicos y ser de público conocimiento que había dilapidado dinero de la Alcaldía de Managua en cantidades enormes. Todo el pueblo lo sabía. Pero la polarización entre sandinismo y antisandinismo, el recuerdo de la guerra y de la represión del Frente Sandinista -que mantenía las mismas caras-, hizo de aquella bandera antisandinista que enarbolaba Alemán una bandera poderosa. Con ella ganó la Presidencia de la República.

Arnoldo Alemán es un hombre muy hábil, y contrario a lo que se esperaba de él, a la primera prueba de fuerza que le hizo el Frente Sandinista, acordó con Daniel Ortega una “tregua” que duró todo el tiempo de su gobierno. Hubo una paz total entre el Frente y Alemán. ¿Cómo operaban los dos en esa tregua? Con la fórmula de “tomá y dame”, siempre en un intercambio. Alemán repartió entre la gente del Frente todas las empresas de la CORNAP, que ya habían sido empezadas a repartir en tiempos de doña Violeta. La paz fue total, siempre hubo un arreglo. Hasta llegar al pacto con Ortega, en el cual Alemán consiguió quedar de diputado sin ser electo al terminar en la Presidencia, y Ortega consiguió poder ser electo con el 35% de los votos siempre que hubiera un diferencial mayor al 5% con el candidato del segundo lugar.

Además de la repartidera económica que hubo en esos años, el sistema bancario fue saqueado. El saqueo había empezado ya en tiempos de doña Violeta, cuando del Banco Nacional se robaron 50 millones de dólares anuales. Esto siguió con Alemán. También fue saqueado el BANIC, el Banco Popular, el FNI… Lo hacían entre todos. Entre antisandinistas y sandinistas danielistas saqueaban el país.

Alemán sabía perfectamente el poder que da el dinero. Tal vez llegó un momento que perdió la perspectiva y empezó a apropiarse del dinero público en forma descarada. Yo he dicho públicamente -también lo he dicho en la Presidencia de la República- que debía explicarse al pueblo de Nicaragua cómo se repartió el dinero de la Donación Taiwán, 50 ó 54 millones de dólares. Pero el gobierno de don Enrique Bolaños nunca ha querido explicarlo. Todos los funcionarios del gobierno de Alemán -algunos hoy en el gobierno de don Enrique- recibían dinero “por debajera”. Si un ministro ganaba 3 mil dólares, Alemán le daba “por debajera” 7 mil más y siempre en efectivo. Era un sistema que ya había empleado el ingeniero Antonio Lacayo en el gobierno de doña Violeta para mantener control sobre los funcionarios. También lo usó Alemán, como una forma de controlar y de humillar a sus funcionarios. Porque el ministro llegaba a traer sus 7 mil dólares y a veces le daban sólo 4 mil. “Son instrucciones del doctor Alemán”, le decían. Y el ministro tenía que ir donde Alemán a rogarle. Así los mantenía. Eso es público. Alemán regalaba también complementos salariales a los diputados. Él vivía conquistando a los diputados con dinero, con privilegios y con beneficios ilegales, para que votaran inmediatamente todas las leyes que mandaba a la Asamblea. Él cabildeaba con ellos, vivía almorzando con ellos, bebiendo guaro con ellos. Don Enrique, en cambio, sólo les manda la ley, no cabildea nada, les dice que él tiene la razón y que le tienen que cumplir. Pero los políticos en Nicaragua están acostumbrados a preguntar cuando se les pide algo: ¿cuánto me vas a dar?

Hoy, todos los políticos viven buscando dinero y todo lo que hablan y todas las estrategias que desarrollan, todas las tácticas que despliegan, son para tratar de mantener su puesto en el próximo gobierno. Para ellos lo importante es vivir sin trabajar. Si tenemos en cuenta que todos los días a las 7 de la noche hay una recepción diplomática o una fiesta oficial, y que por las mañanas y a mediodía, todos los días, hay un congreso o un seminario o un foro, y que a todos esos eventos van ellos, ¿cuándo trabajan? Los políticos viven del presupuesto de la República, viven haciendo negocios por debajera, en pedideras en las embajadas, en viajaderas…Todo eso es lo que tiene a Nicaragua en una situación dramática, con Haití el país más miserable del continente, y viviendo de la caridad internacional, ya acostumbrados a actuar como pedigüeños profesionales.

¿Por qué el Presidente Bolaños no da a conocer cómo se gastó toda la Donación Taiwán? Porque había centenares de personas, que no eran ni diputados ni funcionarios del gobierno de Alemán que también llegaban a traer sus reales en efectivo mensualmente a la oficina de Alemán. ¿Por qué no denuncia don Enrique las 13 ó 14 mil introducciones de vehículos libres de impuestos que dio Alemán a lo largo de cinco años? ¿Por qué no dice los nombres de quienes se beneficiaron de esas “libres”? Por otra parte, hubo 300 y pico de personas que durante el gobierno de Alemán se compraron un vehículo con notas de crédito. Los beneficiados llegaban a la empresa y les daban el carro a su nombre y no les costaba ni un peso. Uno de los jurados que absolvió a Byron Jerez, en uno de los juicios que Jerez tenía por comprar vehículos con notas de crédito, dijo: “¿Y cómo lo vamos a condenar, si hay 300 y pico de personas que hicieron lo mismo?” ¿Quiénes son esas personas? Yo conozco a algunas. Pero no se conocen públicamente.

Para el ingeniero Bolaños ha sido difícil entablar una lucha frontal contra la corrupción en un país casi prácticamente corrompido. Él escogió sólo el símbolo de esa corrupción: Arnoldo Alemán. De don Enrique se tiene una muy buena imagen en el exterior: porque ganó las elecciones libremente; porque no hay represión en el país y respeta el sistema de libertades públicas; porque ha hecho una administración que, comparada con todos los gobiernos anteriores,
es honesta; y porque personalmente es hombre honrado, incapaz de echarse un peso a su bolsa.

Cuando Alemán se hace con el liderazgo del partido, es él quien decide hasta el último puesto en el partido. Después, ya en la Presidencia, es él quien decide hasta el último puesto en el gobierno. Él llegaba, por ejemplo, a Chontales,
de donde soy, y la cosa era así: “No nos enredemos, porque estoy muy apurado: Fulano, vos vas de administrador de rentas, vos vas de diputado, vos vas de convencional, vos vas de esto, vos de lo otro…” Y hacía eso mismo pueblo
por pueblo, comarca por comarca. Yo empecé a escribir que el partido debía de democratizarse internamente. Alemán se disgustaba conmigo y me decía: “El partido me cuesta a mí, yo lo hice, ¿lo voy a entregar? Me estás tratando de restar autoridad, no sigás en esa campaña”. Yo le decía: “Doctor, ya vio usted lo que le pasó al Partido Liberal por unir su destino al destino de Somoza. Cuando usted termine su período presidencial, debe retirarse y dejar que el partido se democratice”. Me decía: “Si yo hago eso, el partido se desintegra y el Frente Sandinista ocupa el poder”. Yo insistía en que los liberales no debíamos de ser obedientes ciegos de Arnoldo Alemán. Pero él actuaba dictatorialmente. Finalmente, ordenó que me corrieran de mi empleo en el Banco Central. Después, yo renuncié de convencional del PLC y también a su militancia.

No hay democracia en ningún país del mundo si no hay democracia en los partidos políticos. Para democratizar los partidos, los candidatos a diputados por cada departamento deben ser elegidos en elecciones internas de cada partido y por voto secreto. Igual con los candidatos a la Presidencia y a la Vicepresidencia. Cada candidato debe organizar su estructura de campaña, debe financiar su campaña y debe ser capaz de luchar para ser elegido. Así, cuando gane la candidatura, y después el cargo, sentirá que él se lo ganó, que no fue nombrado por el “dedazo” de nadie. Y por eso, no tendrá lealtad a quien lo puso en el cargo, porque nadie lo puso. Hoy hay diputados que dicen: “Yo estoy aquí por méritos propios”. Y hay magistrados de la Corte Suprema o del Poder Electoral que se refieren a “lo que les cuesta el cargo”, a su “experiencia profesional”, a sus “méritos”. Pero en absolutamente todos los casos ha sido el dedo mágico de Arnoldo Alemán y el de Daniel Ortega el que los puso en esos cargos.

Don Enrique Bolaños ganó las elecciones en el año 2001 con la decisiva influencia de Alemán. Pero entraron inmediatamente en contradicciones. Porque Alemán quería seguir siendo el número uno y Enrique Bolaños no es un hombre fácil. Por los pactos con Ortega, Alemán fue de diputado a la Asamblea Nacional y se hizo elegir Presidente de la Asamblea. Desde ese cargo pretendía gobernar el país y que Enrique Bolaños fuera como un pequeño administrador del gobierno. Esto provocó una confrontación muy grave. Bolaños empezó a investigar todas las bandidencias y cachandingas de Alemán y promovió una “lucha contra la corrupción”, que a la postre fue una lucha contra Alemán. Para desaforar a Alemán y meterlo en la cárcel, se alió con el Frente Sandinista e inició desde entonces una íntima alianza con Daniel Ortega, tan íntima que he sido testigo de cómo se abrazaban y se decían “hermanos”.

Cuando Alemán fue desaforado en el año 2003 y fue condenado a 20 años de prisión por lavado de dinero, todo el mundo creía que la bancada de los 40 y pico de diputados del PLC se iba a desgranar. Yo lo creí también. Pero esto no ha sucedido. Los diputados no se desgranaron y siguieron apoyando y defendiendo a Alemán. ¿Por qué? Una explicación está en la “teoría del embije”, de la que habla Jorge Castañeda, autor del famoso libro “La herencia”, quien fue Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Fox. Según esta teoría, en la sucesión presidencial mexicana, cuando mandaba el PRI, el Presidente de turno escogía al candidato que le iba a suceder conociéndole todas las barbaridades que había hecho, porque eso significaba que el Presidente saliente tenía garantizada su impunidad en base a lo que conocía del Presidente entrante. Es difícil que si a mí me tienen cogido en algo, yo me vaya a separar de quien me tiene agarrado. Un diputado del PLC “embijado” no puede rebelarse contra Alemán, porque inmediatamente Alemán le sacaría todo.

Otra explicación, si es que no está “embijado”, es que actúa por eso que en Nicaragua se da tanto: el concepto del agradecimiento. “Yo le agradezco al doctor Alemán todo lo que soy”, “Yo le agradezco que me operaron a corazón abierto en Estados Unidos y de la Presidencia pagaron la operación, ¿cómo me le voy a voltear a Alemán?” Ese agradecimiento también es un factor importante en la lealtad a Alemán. Y hay otro factor tan importante como estos dos: todos los que están hoy de diputados saben que no van a reelegirse ni van a tener ningún puesto si no apoyan a Alemán. Y como la mayoría quiere reelegirse, Alemán sigue fuerte, controlando no sólo la bancada de diputados del PLC sino todas las estructuras del PLC, todas esas estructuras que en los años 90 recibían reales primero de la Alcaldía de Managua y después de la Presidencia de la República. Los norteamericanos han intentado todo quitándoles visas a los diputados del PLC. ¿Qué no han hecho? Pero la potencia más grande del mundo no ha podido con esos 40 y pico de diputados… ¡que ahora se han vuelto antiimperialistas! Los diputados y los de las estructuras siguen leales al doctor Alemán. Pero la masa liberal, la gran militancia del liberalismo, ha empezado a desgranarse con la entrada en acción de Eduardo Montealegre.

En las próximas elecciones, yo creo que el PLC, de manera subterránea, bajo esas formas implícitas que se dan en la política, va a respaldar el triunfo de Daniel Ortega. Partiendo de la base de que los análisis en este país no tienen lógica, lo pienso así al observar una perfecta línea recta en el comportamiento de Alemán con Ortega.

El tiempo nos ha demostrado que el Poder Judicial está en manos de Daniel Ortega. Y todo el mundo sabe, y todos los que vivimos en Nicaragua estamos conscientes, de que Arnoldo Alemán está en El Chile o en el Hospital Militar o andando ahora por Managua bajo el régimen de convivencia familiar, porque así lo ha decidido Daniel Ortega, aunque eso le haya traído a Ortega costos políticos. Alemán ya le ha probado a Daniel Ortega que es leal con él entregándole todos los Poderes del Estado. Todos. Y no sólo para un determinado tiempo, sino parece que para toda la vida. ¿A cambio de qué? A cambio de no estar en la cárcel, en La Modelo. En esa situación, si Alemán no apoya a Ortega o le hace cualquier jugada fea, Alemán va para La Modelo a cumplir 20 años de cárcel. Pero si se porta bien, si cumple con lo prometido -y de lo prometido sólo le falta el apoyo subterráneo a Daniel Ortega para que gane la Presidencia-, el 7 de noviembre de 2006 Alemán será sobreseído definitivamente por el Tribunal de Apelaciones de Managua, que es donde hoy está radicado el juicio por lavado de dinero.

¿De qué forma se dará ese apoyo subterráneo, ese apoyo implícito? Ya lo vimos en las elecciones para Alcalde de Managua en las municipales del año 2004. El candidato del PLC, designado por Alemán, fue Pedro Joaquín Chamorro. A Pedro Joaquín se le dijo que no aceptara ser candidato del PLC porque las estructuras del PLC no lo iban a apoyar. Si el PLC hubiera apoyado a Pedro Joaquín Chamorro, yo creo que hubiera ganado la Alcaldía. Pero todos los activistas, todos los convencionales, todos los dirigentes de base del PLC en Managua, se quedaron con los brazos cruzados. Yo llegué un día a una reunión de convencionales del PLC y hablaban abiertamente contra Pedro Joaquín Chamorro: que ningún activista tenía que moverse para apoyarlo ¡porque iba a traicionar al PLC, porque iba a salir peor que Enrique Bolaños! Inclusive en la propaganda en la televisión del PLC no aparecía Pedro Joaquín, sino Francisco Aguirre Sacasa, pidiendo el voto por todos los alcaldes del PLC. ¿Propaganda para Pedro Joaquín? Cero. Esto significa que Alemán le cumplió a Daniel Ortega propiciando el triunfo de Nicho Marenco en la Alcaldía de Managua. Yo creo que así va a volver a ser en las elecciones presidenciales, en las que el candidato presidencial del PLC que designe Arnoldo Alemán va a ser “pedrojoaquinizado” y hará el papel que ya hizo Pedro Joaquín.

La “pedrojoaquinización” también se va a producir por falta de recursos. La situación económica del PLC va a ser dramática. Ya no tienen la Alcaldía y ya no tienen el Estado. ¿De dónde salían los recursos para mantener toda la maquinaria y todas las campañas durante estos años? Salían del Estado. Y si Alemán tuviera hoy 20 ó 30 ó 40 millones de dólares ahorrados, no va a invertirlos en una campaña millonaria. Veo imposible que él vaya a bolsearse. Máxime que ese dinero le puede servir también para salir libre, tal vez ya no por el pacto con Ortega, sino buscando cómo regalar dinero a cambio de su libertad. La situación del PLC es precaria. Y ya se empieza a notar en muchos lugares. Ya lo veo en Chontales. No tienen ni para movilizarse a algún lugar. Aquella movilidad permanente que tenían, de proselitismo, de hacer mitines en barrios, de ir a las comarcas y comprar una vaca y reunir a 500 comarcanos para comer y hablar del Partido Liberal, eso ya no lo están haciendo. Y mientras la situación está difícil para el PLC, el Frente va a tener muchísimos millones de dólares para su campaña.

Se espera y se pretende una masiva observación electoral en las próximas elecciones. Esa masiva observación está siendo propiciada por el mismo Daniel Ortega, que ha invitado ya al Centro Carter para que venga desde ahora a observar las elecciones. Si Daniel Ortega no gana las elecciones libremente, si no alcanza el 35%, con una diferencia de 5% sobre el que le sigue, si pierde por un estrecho margen, ahí es que va a intervenir René Herrera, un hombre super-inteligente, que ha sido nombrado por Alemán en el Consejo Supremo Electoral con esa misión: hacer un fraude de filigrana a favor de Daniel Ortega.

No será un fraude burdo, grosero, lo harán a través de la impugnación de las votaciones en algunas mesas electorales. Y como la totalidad de los magistrados del Consejo Supremo Electoral está en manos de Alemán y Ortega, el Consejo anularía esas mesas para que Daniel Ortega pueda ganar y para que sea reconocido por el PLC como el legítimo triunfador en las elecciones. Y reconocido por Arnoldo Alemán. Si no, Alemán irá a La Modelo, a podrirse en la cárcel.

Yo no veo cómo puede cambiar esto. Los Estados Unidos no le pueden ofrecer libertad a Alemán. Si estuvieran en capacidad de ponerlo en libertad, ya lo hubieran puesto, le hubieran ofrecido la libertad a cambio de que se retire. El único que podría ofrecerle la libertad a Alemán y desvincularlo de Ortega es Enrique Bolaños, ordenando a sus diputados que voten, junto con los diputados del PLC, a favor de una amnistía que favorezca a Alemán. Y al estar libre Alemán, vendría su enfrentamiento con Ortega. Está en manos de Bolaños la libertad de Alemán y que Alemán rompa con Ortega. Pero don Enrique no ha querido hacerlo. La relación de Enrique Bolaños con Arnoldo Alemán es tan agria y tan irreconciliable que él prefiere entenderse con Daniel Ortega. Y es con Daniel Ortega con quien se entiende. Y no crean que ambos empezaron a hablar sólo antes de esto de la Ley Marco. No han dejado de platicar nunca.

¿Cómo entender esta actitud de empecinamiento de don Enrique, de que con Alemán nada y de con Ortega sí se arregla, a pesar de que el gobierno de Ortega le confiscó los bienes y lo metió a la cárcel? ¿Qué es lo que no le hicieron? Sin embargo, aquello no llegó hasta el plano personal como ahora, cuando hay esa relación hostil, esa animadversión con Alemán. Puede decirse que Bolaños siente a Alemán como su enemigo y que no le perdona todo lo que le quiso hacer.

A mí me critican cuando digo que a estas alturas no veo -puede que mañana vea otra cosa- cómo Daniel Ortega va a perder las elecciones.

La maquinaria que tiene el Frente Sandinista es enorme. Yo soy de un pueblo muy pequeño, Acoyapa, y ya empiezo a ver por allí a gente que nunca antes había visto. Y me dicen: “Todos ésos son de la Seguridad del Estado”. Gente que va a ir controlando cuadra por cuadra todo el tendido electoral de Nicaragua. Y que está en capacidad de hacerlo. Además, ya hay alcaldías sandinistas que empiezan a repartir entre tanta gente que está pasando hambre alimentos y medicinas, que están repartiendo de nuevo los famosos paquetes AFA (arroz, frijoles, aceite, azúcar) de los años 80. Si a todo esto unimos el hecho de que aquí el hombre que manda es Daniel Ortega, que él es el hombre contemporizador, el hombre que sabe cambiar, el hombre que desmonta las huelgas, el hombre que suprime los apagones eléctricos, el hombre que reconoce al ingeniero Bolaños para que termine su período presidencial, el hombre que llega a un acuerdo con la Ley Marco, el hombre que acepta que el CAFTA se apruebe…¡Con ese hombre nos podemos arreglar!, podían decir hasta los Estados Unidos.

Todo esto induce a pensar que no será tan fácil que pierda. Aunque yo pienso que en elecciones totalmente libres y transparentes, con una libertad total, donde todo el mundo tenga las mismas oportunidades y los mismos recursos para movilizar a los votantes, el ganador estaría entre Herty Lewites y Eduardo Montealegre. Si las elecciones son entre cuatro candidatos: Lewites, Ortega, el que ponga Alemán y Montealegre o Alvarado, si no hay inhibiciones, si son transparentes, aún con algún fraude -si los márgenes no son muy estrechos no bastará con impugnar algunas mesas- yo creo que Herty Lewites o Eduardo Montealegre ganarían. Seguramente en una segunda vuelta, en que la disputa sería entre ellos dos. ¿Qué negociaciones habría en esa segunda vuelta? Dependería también del juego de los intereses que defenderían las cúpulas de los dos partidos que no irían a la segunda vuelta, el PLC de Alemán y el FSLN de Ortega.

¿Qué va a pasar? Puede pasar cualquier cosa. Yo no creo mucho en las lealtades políticas. Talleyrand, el ministro de Napoleón, decía que “la lealtad es cuestión de fechas”. Los partidos políticos de Nicaragua se han convertido en instituciones que defienden intereses económicos. Para entender lo que está pasando en Nicaragua hay que darse cuenta de cómo está tejida la urdimbre entre los capitalistas tradicionales y los capitalistas sandinistas. Sandinistas y antisandinistas son socios en empresas muy fuertes. Y se llevan muy bien. Entre ellos comparten proyectos, compran terrenos, montan urbanizaciones y obtienen ganancias fabulosas… y todos felices. En este país los intereses económicos están por sobre cualquier ideología política. En las reuniones en Managua, en las embajadas, en las fiestas oficiales, en las recepciones en los hoteles, lo que hacen es intercambiar información para hacer inversiones, de lo que hablan es de negocios. No hay que creer que entre el empresariado existe un antisandinismo muy militante. Hay una alianza extraña, implícita, entre el gran capital de la gente cercana a Daniel Ortega con el gran capital tradicional de Nicaragua. Se reúnen, inciden en leyes para proteger sus intereses, se defienden entre sí los intereses de unos y de otros. En Nicaragua hay actualmente una tremenda voracidad por el dinero. Todo el mundo quiere hacerse millonario de la noche a la mañana. Y todo el mundo quiere hacerse “aristócrata” para codearse con la “nobleza” nicaragüense. Es triste, pero el dinero está corrompiendo más de la cuenta a este país.

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