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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 283 | Octubre 2005
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Nicaragua

Un retrato de los partidos políticos (2) La izquierda necesaria para el país posible

¿Puede rescatarse, renovarse, revitalizarse, la izquierda en Nicaragua? ¿Que izquierda fue el FSLN, la principal organización de izquierda en nuestra historia? ¿Podríamos construir hoy un movimiento de izquierda en torno al proyecto de Herty Lewites? Es una oportunidad, un riesgo que debemos asumir.

Andrés Pérez Baltodano

Los partidos políticos nicaragüenses han carecido de fundamentos filosóficos y doctrinarios. El pensamiento político pragmático-resignado del conservatismo nicaragüense no ha pasado de ser una actitud instintiva para la defensa de un “orden” fundamentado en intereses tradicionales particulares.

En la otra “paralela histórica”, el liberalismo nicaragüense ha expresado una posición anti-oligárquica, pero no ha sido capaz de articular un pensamiento democrático, que represente e integre los intereses y las aspiraciones de los diferentes sectores de nuestra sociedad.

Los partidos de izquierda han intentado representar los intereses de las mayorías, sin lograr construir un pensamiento que haga explícitos los valores e intereses que unen a los diversos grupos sociales, étnicos y culturales que componen la amplísima sociedad marginal de nuestro país. Son notorias las debilidades filosóficas y doctrinarias de la izquierda en Nicaragua y, sobre todo, las del FSLN, la principal organización de izquierda en la historia política nacional.

¿Puede rescatarse, renovarse, revitalizarse la izquierda nicaragüense? Intentamos aportar una propuesta mínima, basada en esta premisa: la izquierda, como movimiento y como orientación política que defiende el principio de la justicia como el eje fundamental de la vida social, constituye la esperanza de los pobres, de las pobres, de todos los excluidos, que en nuestra patria son mayoría. Este texto está, por eso, interesado en transformar la realidad de los crucificados de Nicaragua y comprometido con esta tarea y con ellos.

NACE LA IZQUIERDA:
“NO VIVIMOS DE SUEÑOS, SINO DE REALIDADES”

La historia de los partidos de izquierda en Nicaragua se remonta al año 1931, cuando se funda el Partido Trabajador Nicaragüense. En el editorial de la publicación oficial del PTN, Causa Obrera, del 1 de mayo de 1935, ese partido articulaba vívidamente su posición política: ¿Por qué nos hemos constituido en Partido Socialista? Es muy sencilla la razón: los trabajadores en el sistema liberal burgués como el nuestro, económicamente vivimos explotados y políticamente engañados. Ahora, ante esa realidad quemante, ¿qué nos queda? Entendemos que reivindicarnos. Y henos aquí, pues, organizados en Partido Socialista, dando los primeros pasos… La bandera de nuestra organización no es abstracta como las de otras organizaciones políticas del país; nosotros entendemos que el hombre no vive de sueños, sino de realidades, como decir: pan, luz, agua. El que no posee estos elementos se muere y a la prueba nos remitimos. Aquí en Nicaragua se ha muerto por falta de pan, y eso no es efecto de la crisis ni cosa que se le parezca, es sencillamente el sistema político burgués que produce el hambre, y en este país somos suficientemente ricos en materia prima para bastarnos a nosotros mismos… Con semejantes ideas humanas se colorea la bandera del Partido Trabajador Nicaragüense.

El pragmatismo que se expresa en este planteamiento y la compleja situación de Nicaragua en la tercera década del siglo XX llevó al recién creado PTN a colaborar con el primer gobierno de Anastasio Somoza García, quien en aquel tiempo se presentaba como un defensor de los intereses de los trabajadores. Con fecha 19 de junio de 1938, Causa Obrera explicaba así su apoyo a Somoza: Motivos de sentimiento nacional han guiado al P.T.N. a adoptar esta posición de colaborar con el mandatario. No nos ha movido ningún resorte de lucro personal, sino la necesidad que reclama la hora de velar por el bienestar colectivo de Nicaragua… Queremos justicia y para conseguirla preciso es estar cerca de quienes pueden administrarla. No es yéndose al desierto de los actos ineficaces como se puede calmar la sed.

En 1944 se fundó el Partido Socialista Nicaragüense, que también decidió apoyar la política de beneficio popular que está iniciando el presidente Somoza. La “política de beneficio” a la que hacían referencia los socialistas se tradujo en la promulgación de nuevos derechos sociales como el salario mínimo y el derecho al descanso en el séptimo día de la semana.

TRES HITOS
DE LA IZQUIERDA CENTROAMERICANA

Casi simultáneamente, la izquierda del resto de Centroamérica impulsaba movimientos que se orientaban a promover los derechos de los trabajadores, la reforma agraria y la democracia. Edelberto Torres-Rivas nos recuerda que, a partir de 1942, el Partido Comunista de Costa Rica participa en una alianza política encabezada por Rafael Ángel Calderón, quien al llegar al poder promulgó el Código del Trabajo, las garantías sociales y otros logros.

Mientras, en Guatemala, el gobierno de Juan José Arévalo (1945-51), influenciado por la tesis del “socialismo espiritual” impulsa transformaciones sociales similares a las promovidas por Calderón, con el apoyo de grupos de izquierda de diferente tono. Al gobierno de Arévalo siguió el del Coronel Jacobo Arbenz (1951-54), quien con la colaboración del Partido Guatemalteco de los Trabajadores profundizó la orientación de izquierda del gobierno Arévalo impulsando, entre otras medidas, la reforma agraria. Un movimiento militar de derecha apoyado por los Estados Unidos puso fin al proceso de transformaciones de Guatemala.

Torres-Rivas nos recuerda la necesidad de recordar, como hitos de la historia de la izquierda centroamericana, al menos tres movimientos: el de Augusto César Sandino en Nicaragua (1927-34); el alzamiento de campesinos en El Salvador (1934) con la consiguiente matanza con que fue aplastado, y los movimientos sociales que culminaron con la huelga bananera de 1934 en Costa Rica.

TRES FUENTES DEL FSLN:
SANDINO, CUBA Y EL MARXISMO

La historia de la izquierda en Nicaragua sufrió su giro más importante en 1961, cuando se inició la formación del Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1979, el FSLN pondría fin a la dictadura de los Somozas para convertirse en la primera organización de izquierda que lograba capturar el poder del Estado en Nicaragua.

Entre el surgimiento del FSLN y el triunfo revolucionario surgieron en nuestro país otras organizaciones de izquierda de menor impacto político: el Partido Comunista de Nicaragua, el Movimiento de Acción Popular Marxista-Leninista y el Partido Revolucionario de los Trabajadores.

La formación del pensamiento político del FSLN fue condicionado por el ejemplo de la gesta anti-imperialista de Sandino, por la Revolución Cubana y por la teoría marxista. La gesta de Sandino ofreció al FSLN una referencia simbólica y una justificación histórica para su lucha contra el somocismo. La Revolución Cubana le brindó una inspiración para su lucha guerrillera y un modelo institucional para su proyecto revolucionario. El marxismo proporcionó al FSLN una racionalidad teórica y un vocabulario conceptual para expresar sus aspiraciones. Además, le otorgó una identidad política que, dentro del contexto de la Guerra Fría, le facilitó ser incluido y participar en las redes de solidaridad de la izquierda revolucionaria mundial. El marxismo alimentó también en el FSLN una visión de la historia como un proceso liberador orientado a ampliar los límites de la realidad.

UN MARXISMO DESDE EUROPA

El FSLN no sólo adoptó la visión moderna de la historia y del poder articulada en el pensamiento y la teoría marxista, sino también la interpretación marxista de la historia de Europa, como una explicación universal y, por lo tanto, aplicable a la realidad nicaragüense. En este sentido, el pensamiento marxista del FSLN fue, un pensamiento imitativo, que contribuyó a distorsionar la especificidad histórica de Nicaragua. Analizando los primeros escritos políticos de Carlos Fonseca Amador -el fundador del FSLN- en su época estudiantil, Werner Mackenbach muestra cómo los argumentos del joven revolucionario reflejaban la influencia de una concepción unilineal de la formación histórica de las sociedades, propia del marxismo no científico, que fue difundida principalmente por manuales marxistas-leninistas.

Las limitaciones teóricas que pueden achacarse a Carlos Fonseca deben ser puestas en una perspectiva histórica que nos recuerde dos cosas: el atraso cultural de una Nicaragua marcada por su historia de guerras e intervenciones extranjeras; y la dificultad que enfrentaban los pensadores progresistas nicaragüenses para obtener y estudiar la literatura marxista europea y latinoamericana, especialmente a partir de la consolidación del somocismo. Si tomamos en consideración estas dos particularidades del contexto político y cultural dentro del que se desarrolló Fonseca, tenemos que reconocer que el rescate que él hace de Sandino y su creación de un Sandinismo fundamentado en el marxismo fueron tareas intelectuales que merecen ser reconocidas -con todo y sus limitaciones- como geniales.

El pensamiento marxista imitativo coexistió con las aspiraciones de muchos militantes y dirigentes sandinistas que aspiraban desarrollar un modelo de sociedad nuevo. Después de alcanzar el poder, el marxismo imitativo del FSLN terminó imponiéndose hasta convertirse en un obstáculo al desarrollo de la capacidad política reflexiva de esta organización revolucionaria.

LA IDEOLOGÍA PURA
Y LA IDEOLOGÍA PRÁCTICA

El FSLN no logró traducir los valores de su ideología pura -la soberanía nacional, la justicia social y la participación popular- en una ideología práctica fundamentada en los intereses y las aspiraciones de los principales sectores de la sociedad. Tampoco logró aplicarla en el marco de posibilidades y limitaciones históricas dentro del que operaba Nicaragua.

El concepto de ideología pura expresa la existencia de un grupo de ideas articuladas para ofrecer al individuo una visión consciente y unificada del mundo. La ideología práctica representa un conjunto de ideas diseñadas para darle al individuo instrumentos racionales de acción. Lo explica Franz Schurmann: Los conceptos de ideología pura y práctica están íntimamente relacionados. Sin una ideología pura, las ideas reflejadas en una ideología práctica no tienen legitimidad. Pero sin una ideología práctica, una organización no puede transformar su Weltanschaung (cosmovisión) en acciones consistentes. Aunque todo movimiento revolucionario debe tener una ideología pura, no todos son capaces de desarrollar ideologías prácticas para la creación de organizaciones políticas efectivas.

Una ideología práctica, aceptada e internalizada por los miembros de una organización política, es condición necesaria para desarrollar estrategias operativas coherentes y efectivas. La ausencia de una ideología práctica dentro de una organización tiende a resultar en la articulación de acuerdos generales sobre principios políticos generales. También se traduce en desacuerdos e inconsistencias con relación a los propósitos prácticos y a los mecanismos operativos y estratégicos de un proyecto político.

RETÓRICA, VOLUNTARISMO
Y UN DISCURSO CONTRADICTORIO Y SUPERFICIAL

La incapacidad del FSLN para traducir los valores esenciales de su ideología pura -la soberanía nacional, la justicia social y la participación popular- en una ideología práctica enraizada en la realidad histórica nicaragüense desembocó muy pronto en la adopción del marxismo como un conjunto de instrumentos retóricos; en la sobresimplificación de los problemas que enfrentaba la revolución; en la adopción de una práctica política voluntarista, y en el uso de un discurso contradictorio y superficial.

La guerra contrarrevolucionaria promovida por los Estados Unidos, los desastrosos efectos del embargo económico y comercial estadounidense contra Nicaragua, y la oposición de la Iglesia, contribuyeron al congelamiento del desarrollo teórico del sandinismo. La crisis del país, especialmente la militar, promovió la centralización de las estructuras del Estado y del FSLN y terminó eliminando la posibilidad de que el proceso revolucionario generara un debate interno para definir mejor sus objetivos y estrategias.

LA CONVICCIÓN REVOLUCIONARIA
Y LA ORTODOXIA IDEOLÓGICA

En medio de la crisis que vivía Nicaragua en los años 80, el FSLN se inclinó a valorar la “convicción revolucionaria” por sobre la comprensión de los problemas enfrentados por la revolución. Las declaraciones públicas de fe en el socialismo marxista y en el modelo institucional socialista leninista -planificación centralizada, vanguardismo revolucionario y centralismo democrático-, se convirtieron en el termómetro utilizado por el FSLN para medir el compromiso revolucionario de sus miembros. Cualquier voz de moderación (dentro del partido) -señala Sergio Ramírez en sus memorias- resultaba más que sospechosa. Y añade: Bañándonos en las viejas aguas lustrales de la ortodoxia ideológica, obteníamos nuestro certificado de virtud.

A las debilidades teóricas del FSLN se agregaron las dificultades asociadas con el manejo de los imperativos prácticos impuestos por la política de alianzas promovida por el FSLN para alcanzar el poder. En un esfuerzo por ocultar las contradicciones entre su pensamiento y las ideas y valores de sus aliados, el FSLN optó por mezclar, de manera confusa y contradictoria, el vocabulario conceptual marxista, que formaba parte de su pensamiento político, y el vocabulario conceptual contenido en el programa de gobierno de reconstrucción nacional.

El “juego” político del FSLN -confirma Ramírez- consistió en negar ante aliados y enemigos la identidad del FSLN como un partido marxista-leninista. De esta manera, el plan de gobierno redactado por el FSLN y sus aliados antes del triunfo de la revolución -organizado alrededor de tres principios básicos: el pluralismo político, la economía mixta y el no-alineamiento- era visto por el FSLN como un instrumento de valor estrictamente táctico y transitorio.

CUESTA ABAJO Y DE RODADA:
EL CAMINO HACIA EL PRAGMATISMO RESIGNADO

Muy poco tiempo después del triunfo de la Revolución Sandinista, los intereses y las aspiraciones expresadas en el programa de reconstrucción entraron en contradicción con el modelo institucional de orientación marxista-leninista que centraba la visión y el pensamiento político del FSLN. Se trataba de un modelo ideal que carecía de raíces y posibilidades históricas en Nicaragua. Es decir, carecía de una sustentación teórica congruente con las posibilidades y limitaciones -nacionales e internacionales- dentro de las que se desarrollaba el proceso revolucionario.

El divorcio entre el discurso y la práctica política sandinista terminó convirtiéndose en un divorcio entre el pensamiento y la acción revolucionaria del FSLN. Así, el pensamiento sandinista y sus expresiones discursivas se mantuvieron congelados dentro de un esquema teórico carente del sustento enriquecedor de la experiencia. Al mismo tiempo, la experiencia revolucionaria degeneró en un activismo político carente del referencial teórico que el FSLN necesitaba para definir lo que la revolución podía y no podía hacer dentro del contexto internacional y nacional en el que se desarrollaba.

Eventualmente, el activismo revolucionario del FSLN degeneró en pragmatismo y, más tarde, en una actitud resignada ante el peso de una realidad nacional que se mantuvo pre-teorizada e inmune a la fuerza constitutiva y ordenadora de las ideas.

El fracaso teórico de la revolución sandinista confirmó lo que la historia política moderna ha mostrado una y otra vez: es imposible domesticar la realidad social sin el recurso de las ideas. Es imposible hacer historia sin contar con interpretaciones teóricas de la realidad que nos sirvan para entender el marco de lo políticamente posible, deseable y necesario. Es imposible hacer una revolución sin entender la naturaleza de la realidad económica, política, social y cultural de lo que se pretende y se quiere transformar, así como las implicaciones humanas y sociales que tendrán esas transformaciones.

En gran medida, la realidad social se construye con el poder de las ideas. La realidad del capitalismo, la realidad del liberalismo, la realidad del neoliberalismo son producto de acciones concretas enmarcadas dentro de modelos normativos y explicativos de la realidad.

DEFENDIENDO EL PODER DEL PARTIDO
Y SIN CONSTRUIR UNA PRÁCTICA DE IZQUIERDA

El FSLN mantuvo su discurso revolucionario durante la etapa inicial de la transición que se inició en 1990, para luego irse acomodando -pragmática y resignadamente- a la nueva realidad nacional y a la ola arrolladora del neoliberalismo.

Así pues, el FSLN fue abandonando gradualmente sus posiciones revolucionarias para adoptar una práctica política que se orientaba sencillamente a defender y preservar el poder del partido dentro de las nuevas condiciones creadas por la transición.

En este sentido, el pragmatismo del FSLN expresaba la resignación de su dirigencia política ante el peso de una realidad -la realidad del capital y del modelo neoliberal- que aparecía como ineludible. Ya inmediatamente después de la derrota electoral del sandinismo en 1990, el Comandante de la revolución y Jefe de las fuerzas armadas, Humberto Ortega, aceptaba la política económica neoliberal del gobierno Chamorro como “inevitable” y proponía un proceso de “concertación económica” para distribuir el costo social de esta política.

La crisis del FSLN culminó en 1995 en la formación del Movimiento Renovador Sandinista (MRS), integrado por personas que promovían la democratización del Sandinismo y la modernización de sus mecanismos de lucha. Augusto Zamora, un intelectual sandinista, señaló entonces: El surgimiento del MRS es sólo una expresión de una división más profunda, consecuencia de la pérdida de liderazgo y de credibilidad de la Dirección Nacional y de la persistencia de conductas y políticas violentas que hoy rechaza una abrumadora mayoría de nicaragüenses y de sandinistas.

Después de la formación del MRS, otros grupos dentro del FSLN continuaron propugnando, infructuosamente, por la renovación interna del partido. Daniel Ortega y el grupo que mantenía el control de la organización revolucionaria después de la derrota electoral de 1990 lograron neutralizar los diversos brotes de disidencia hasta el año 2005, cuando se ha materializado el reto organizado por un grupo de disidentes del FSLN encabezados por Herty Lewites y respaldados por el MRS y por líderes de la estatura moral de Mónica Baltodano, Henry Ruiz y Dora María Téllez. Pero no nos adelantemos.

EL PACTO CON ALEMÁN:
UN HARAKIRI POLÍTICO Y ÉTICO

El pragmatismo del FSLN no sirvió para ampliar la base de apoyo del partido en las elecciones de 1996. Derrotado por segunda vez, esta vez frente a la Alianza Liberal liderada por Arnoldo Alemán, el FSLN se enfrentó nuevamente a la siguiente disyuntiva: retomar sus principios y construir un pensamiento, un mensaje y un programa de acción para defenderlos; o desligarse aún más de ellos para navegar más fácilmente en el nuevo sistema político nicaragüense: un sistema fuertemente condicionado por la lógica neoliberal, que es naturalmente antagónica a los principios fundamentales del Sandinismo.

El FSLN optó por la navegación al vaivén de la corriente neoliberal. Para las elecciones del 2001, la visión política de esta organización contrastaba dramáticamente con la visión que la llevó al poder en 1979. Al momento del triunfo de la revolución, el FSLN contaba con una interpretación histórica de la sociedad y con una fundación teórica para su actividad política revolucionaria.

Se puede y se deben criticar las limitaciones de la teoría socialista sandinista y de las distorsiones que esta generó en las interpretaciones que el FSLN hacía de la historia nicaragüense. Pero hay que reconocer que el FSLN se formó y alcanzó el poder con una vocación teórica, con un reconocimiento del necesario papel de las ideas en cualquier intento de transformación de la realidad.

Veintidós años después, en 2001, el FSLN había prácticamente abandonado sus valores políticos, su teoría y su filosofía para adoptar, pragmática y resignadamente, un discurso y una visión gerencial de la función de gobierno.

Gobernar era ahora para el FSLN llevar a efecto proyectos de desarrollo dentro de los límites establecidos por las estructuras de poder del país y dentro de los marcos normativos para la formulación de políticas públicas impuestos por los organismos financieros internacionales desde el modelo neoliberal. Así lo muestra la orientación eminentemente tecnocrática que apareció reflejada en el programa de gobierno con que el FSLN participó en la campaña electoral del 2001, que concluyó con una nueva derrota del Sandinismo, esta vez frente a otro gerente del neoliberalismo,Enrique Bolaños.

UN FINAL DEPLORABLE: LA ÉTICA ENTENDIDA
COMO UN “PREJUICIO BURGUÉS”

El pragmatismo del FSLN fue la puerta de entrada a la corrupción política y moral de la organización desde 1990. Sin una fundación ética y doctrinaria, la dirigencia del FSLN orientó sus energías a luchar por el poder, a cualquier costo y de cualquier forma. En ese camino, terminó pactando desde 1998 con la corrupta cúpula del Partido Liberal Constitucionalista (PLC). En 2004, Daniel Ortega, líder del otrora partido revolucionario, terminó sentado en la mesa de acuerdos y negociaciones con el reo Arnoldo Alemán, reconocido alrededor del mundo como uno de los presidentes más corruptos en la historia política de América Latina.

Algunos, sin embargo, no renunciaron a su marxismo formal. Orlando Núñez, por ejemplo, ha intentado reciente y vanamente encontrar la justificación sociológica del pacto FSLN-PLC, argumentando que los intereses de las bases liberales son idénticos a los intereses de las bases sandinistas. Convenientemente, nunca aclaró la naturaleza de los intereses que unían a los caudillos de ambas bases.

Con mucha menor sofisticación y, en realidad, con una ignorancia teórica desconcertante, Ricardo Coronel Kautz ofreció también, en un texto reciente, un retrato del pragmatismo que llevó al FSLN a convertirse, voluntariamente, en la contraparte del alemanismo-liberal en Nicaragua: La ética -nos dice este personaje- desde la perspectiva marxista, no es más que un prejuicio burgués usado como arma para el monopolio de la política. Así pues, la política es para el FSLN simplemente un juego que hay que saber jugar para alcanzar el poder, sin que importen las implicaciones morales y el costo humano de la victoria. El resto, sugiere este empresario-dirigente del FSLN, son detalles menores: derecha o izquierda, capitalismo o socialismo, la mentira o la verdad.

¿ES LA IZQUIERDA YA UNA RELIQUIA
DEL PASADO?

¿Hace sentido hablar de izquierda y derecha en un mundo poblado de “revolucionarios” como Ricardo Coronel Kautz? La respuesta más breve a esta pregunta es un resonante SÍ, a pesar de la corrupción moral e intelectual de muchos dirigentes de la izquierda nicaragüense y latinoamericana. Y a pesar de que muchos argumentan que esos conceptos pertenecen al pasado de la historia política de la humanidad. Entre ellos, el futurólogo Alvin Toffler, quien dice: Los términos derecha e izquierda son reliquias del periodo industrial que ahora han pasado ya a la historia.

Se equivoca Toffler. Los conceptos políticos tienen un significado ético-filosófico y otro práctico y estratégico. El significado ético-filosófico de los conceptos es casi siempre estable y, como en el caso del concepto izquierda, están determinados por la naturaleza política y el sentido ético de los fenómenos sociales que ellos intentaron captar en el momento de su nacimiento. El significado práctico y estratégico de los conceptos sí es variable y cambia cuando cambia la realidad que los conceptos tratan de representar.

El significado del concepto izquierda tiene su origen en un accidente: los miembros más progresistas de la Asamblea Legislativa que funcionó en Francia en 1791 y 1792 se sentaban al lado izquierdo de la sala de la Asamblea. Este hecho histórico dio lugar a que el concepto izquierda adquiriera un significado ético-político que durante siglos ha servido para designar a las personas, partidos y asociaciones que asumen que la principal razón de ser de la política es -y debe ser- la ampliación del horizonte de la justicia social para promover los intereses y las aspiraciones de los sectores sociales más necesitados.

LA IZQUIERDA
ES HOY MÁS NECESARIA QUE NUNCA

Las implicaciones prácticas y estratégicas del sentido ético-político de la izquierda han variado, en la medida en que la realidad va cambiando y demandando que la lucha por la justicia social ajuste su racionalidad y mecanismos operativos, sin modificar su naturaleza básica y esencial. Así pues, cuando el liberalismo aplastó a la aristocracia, la lucha por la justicia social demandó que la izquierda orientara sus esfuerzos hacia la lucha contra la lógica del capital como racionalidad ordenadora de la sociedad.

Hoy en día nos encontramos de nuevo frente a cambios históricos e ideológicos que demandan una redefinición de las estrategias de lucha de la izquierda mundial, así como de la racionalidad operativa dentro de la que deben articularse estas estrategias. A pesar de esto, el valor ético-político del término izquierda continúa vigente. Más aún, la defensa de este valor es hoy más importante que nunca antes, porque nunca antes el mundo ha enfrentado una amenaza tan grande como la que para la justicia social representa la globalización del capital: su institucionalización como una ideología planetaria que no respeta ni fronteras territoriales ni límites morales.

Digamos entonces: habrá izquierda mientras exista la derecha, como ideología y como poder material que subordina la justicia social a la eficiencia del mercado. Además, habrá izquierda mientras exista una filosofía de derecha que legitima la defensa y reproducción de las estructuras de poder que hoy por hoy subordinan a las mujeres, a homosexuales y lesbianas y a los grupos étnicos y raciales marginales dentro de cualquier sociedad del planeta.

LA IZQUIERDA: MORALMENTE VÁLIDA
Y HUMANAMENTE NECESARIA

No cabe duda que el fracaso moral de la Unión Soviética, el colapso material de ese régimen, la rápida consolidación y cristalización del mercado global, la crisis ambiental y el surgimiento de movimientos sociales y realidades no contenidas en los paradigmas conceptuales de la filosofía política moderna, han creado confusión en los movimientos de izquierda a nivel mundial.

Muchos interpretan esa confusión como una confirmación de la inutilidad de la idea de la izquierda política y asumen que hemos llegado al final de la historia de las luchas sociales de la humanidad. Confunden -como lo han señalado algunos historiadores- el sebo con la manteca, de la misma manera que muchos defensores de las monarquías de Europa lo hicieron durante la Reacción Conservadora, cuando tras la derrota de Napoleón en 1814, el resurgimiento de las monarquías de ese continente les llevó a proclamar que la aristocracia era indispensable y el liberalismo inútil. El liberalismo se replegó pero no murió. El concepto y las ideas que expresa siguieron vigentes y fueron reformulados para hacerlos más efectivos. El resto de la historia lo conocemos todos. El liberalismo triunfó sobre la necedad de quienes no entienden que los conceptos y las ideas no desaparecen cuando se nutren de necesidades profundamente humanas. La justicia social y la libertad son dos de esas necesidades.

Una cosa es reconocer que el concepto político de izquierda haya perdido claridad programática, y otra cosa es argumentar que esa falta de claridad deba empujarnos a desechar su sentido ético-político y a aceptar solamente lo que el poder del capital nos impone como realidad. Si el sentido programático y operativo del concepto de izquierda no hace sentido, habrá que recrearlo. Porque la razón de ser de la izquierda, su sentido ético, político y moral continúa vigente. Y si hoy el camino hacia la justicia y la libertad no resulta evidente, habrá que limpiar el camino, o buscar atajos, o abrir otras brechas, porque la aspiración humanista de la izquierda, como contraposición a la ambición del poder de la derecha, continúa siendo moralmente válida y humanamente necesaria.

EN NICARAGUA SE RESPIRA HOY
EL OLOR A DICTADURA

La confusión que vive la izquierda en el mundo se intensifica en Nicaragua, por la pobreza ideológica y filosófica de nuestros partidos y movimientos políticos, pero sobre todo, por el derrumbe moral de la cúpula que se ha adueñado del FSLN, la principal organización de izquierda en la historia nicaragüense.

Nuevamente, cometen un error quienes identifican el colapso de una organización y una dirigencia política con el derrumbe de las aspiraciones humanistas de las que se ha nutrido la izquierda nicaragüense. El hambre, el desempleo, la falta de oportunidades y la desigualdad social que inevitablemente genera aspiraciones sociales por una sociedad mejor son hoy reclamos con voz más alta que nunca. Lo dicen los rostros demacrados que llenan nuestras ciudades y zonas rurales y lo reflejan fríamente las estadísticas de nuestra pobreza, de nuestra miseria: somos el segundo país más desnutrido de nuestro continente. Y para rematar, uno de los países más corruptos del mundo.

En medio de esta calamidad social, Nicaragua enfrenta hoy la posibilidad de caer, nuevamente, en una dictadura. Se respira en el ambiente el olor a la ambición desmedida que se respiraba en los valles, las ciudades y las montañas de Nicaragua en 1936. Es ese olor a la ambición sin límites el que anuncia que podríamos caer fácilmente, como sucedió con los Somozas, en el imperio de la arbitrariedad, la censura de prensa, las persecuciones políticas y los llantos de las mujeres del Cuá.

Si algo tendríamos que haber aprendido los nicaragüenses es a reconocer los vientos que anuncian el autoritarismo. Por eso no podemos pecar de inocentes e ignorar que el pacto PLC-FSLN es apenas el punto de partida para la institucionalización de un sistema de gobierno que permitiría a los jefes de estas dos pandillas políticas instrumentalizar la ley, el Estado y hasta los procesos democráticos para mantenerse en el poder. El PLC y el FSLN no tienen todavía todo lo que necesitan para lograr lo que ambicionan. Pero pueden llegar a obtenerlo todo, incluyendo el control del aparato coercitivo del Estado.

LOS NICARAGÜENSES DEBEMOS
“IMAGINAR EL DESASTRE”

Es necesario que los nicaragüenses nos adelantemos a lo que puede llegar a suceder y ejercitemos la “imaginación del desastre” para visualizar lo que sería, por ejemplo, un Arnoldo Alemán con una policía y un ejército a su disposición. Imaginemos la mansión de Byron Jerez en Pochomil custodiada por efectivos de la Policía Nacional para evitar que los periodistas tomen fotos de sus instalaciones o para impedir que los chavalos pobres ensucien el muro que construyó con la sangre de los muertos del Mitch.

Imaginemos a Lenín Cerna salivando mientras reorganiza la seguridad del Estado y a Rosario Murillo decidiendo nuevamente -ahora con la amargura acumulada durante sus años en la llanura- lo que es arte y cultura en Nicaragua. Pensemos lo que sería un Ricardo Coronel Kautz -el autor de uno de los artículos de opinión más ignorante publicado en la historia de la prensa escrita nicaragüense-, funcionando, por ejemplo, como Coordinador del Grupo Cívico Ética y Transparencia. Imaginemos a los obispos Miguel Obando, Abelardo Mata y Bosco Vivas encomendando en sus misas a los gobernantes de estos imaginarios pero muy probables escenarios de nuestro futuro nacional. Imaginémoslos dándole la comunión a los Silvios Conrado y condenando al infierno, por pecadoras, a las niñas Rosas y a tantas niñas sin niñez en Nicaragua.

No podemos engañarnos y tenemos que reconocer que éstas son imágenes de una realidad que se cristaliza día a día frente a nuestros ojos. Una realidad que ni la nueva imagen “reposada” y perdonavidas de Arnoldo Alemán, ni el seudo-parlamentarismo de Daniel Ortega, ni las champuseadas teóricas que Orlando Núñez ha aplicado a los amarres políticos entre Ortega y Alemán, ni el cobarde, sacrílego, e irresponsable silencio de Miguel Obando Bravo, pueden ocultar. El pacto FSLN-PLC es lo que es: una asociación ilegítima para delinquir contra la seguridad y el bien común de los nicaragüenses. Un proyecto para transformarnos, de nuevo, en una gran hacienda con dos únicos capataces.

NICARAGUA NECESITA A LA IZQUIERDA:
UNA PROPUESTA PRELIMINAR

¿Qué hacer frente a todo esto? El rescate, la renovación, la regeneración de la izquierda en Nicaragua o en cualquier otro país del mundo debe verse como un ejercicio de acción política reflexiva. Un liderazgo político orientado por una ética humanista, por una interpretación adecuada de nuestra historia, y por una visión compartida de nuestro destino nacional, podría promover la movilización colectiva de los nicaragüenses y abrirle nuevos y mejores caminos a Nicaragua.

Las ideas, la teoría y el pensamiento social deben jugar un papel central en cualquier esfuerzo destinado a revitalizar a la izquierda nicaragüense y a hacer de la justicia social su principal bandera.

Esto no significa que ese esfuerzo tenga que ser un ejercicio predominantemente académico. Lo concreto, lo inmediato, lo coyuntural, son elementos que deben conjugarse con nuestras interpretaciones del pasado y con nuestras aspiraciones futuras para encauzar nuestras acciones hacia la meta que deseamos alcanzar. Estamos en una encrucijada nacional e internacional y debemos reflexionar, dudar, pensar, teorizar, debatir, especular, hasta lograr que la mente, el corazón y todo el resto del cuerpo caminen en armonía los viejos y nuevos caminos que nos llevarán al futuro que deseamos. Empecemos.

¿UN CHÁVEZ, UNA INTERVENCIÓN MILITAR?
¿EL RESULTADO DE LAS ELECCIONES DE 2006?

Frente al desorden político e institucional que vive Nicaragua, algunos centran sus esperanzas en el surgimiento de un Hugo Chávez. Comprensible pero peligroso deseo. Una “solución” de corto plazo que no resuelve nuestro principal problema: la ausencia de una visión y de un programa. El chavismo es un valiente movimiento que sin una filosofía definida, sin un proyecto explícito y sin un horizonte que pueda ser articulado en palabras y transmitido al pueblo para que éste lo haga propio, termina siendo un ejercicio de improvisaciones dictadas por un caudillo.

Otros depositan sus esperanzas en la Embajada de los Estados Unidos: vergonzosa y despreciable “solución” que no merece comentario. Muchos que ya no se sienten a gusto con la idea de los marines estadounidenses marchando en Managua sueñan otro escenario: que marche por esas mismas calles una fuerza militar interamericana legitimada por la OEA. Posición ingenua que no toma en cuenta la enorme capacidad que tienen los Estados Unidos para lograr que otros hagan el trabajo sucio que ellos no pueden hacer.

La mayoría centra ahora sus esperanzas en las elecciones del 2006. ¿Otra ingenuidad? Apartando la posibilidad de un golpe militar o de una intervención extranjera, nos preguntamos: ¿Vale la pena luchar contra el pacto dentro del corrupto régimen político imperante?

La duda que esta pregunta encierra es comprensible. Más aún, es necesaria y debe mantenerse como parte de una actitud política escéptica que nos permita detectar las trampas y las posibilidades de fraude electoral que seguramente están ya maquinando los pactistas responsables de la organización de las elecciones del 2006. La duda, además, es el mejor antídoto contra la enfermedad de la fe política que nos hace ciegos a los errores y el oportunismo de los políticos y candidatos. La duda, sin embargo, no deben ser paralizante. Pensemos.

TRES ESCENARIOS POSIBLES
CON LAS ELECCIONES DEL 2006

Renunciar al juego democrático es -a pesar de las enormes limitaciones del modelo democrático liberal y de los obstáculos que en él han colocado y seguirán colocando las dos mafias que hoy controlan la institucionalidad política del país- abandonar una esfera de acción que resulta determinante para la organización y distribución del poder en Nicaragua. Renunciar al juego democrático es entregar a los artífices del pacto un proceso que quiérase o no, goza de fuerza normativa dentro del país y de legitimidad fuera de Nicaragua.

Son tres los posibles resultados electorales que en el 2006 pueden determinar los futuros escenarios políticos del país. La consolidación de la dura y desnuda realidad del pacto mediante una victoria del PLC o del FSLN. La consolidación (triunfo en las elecciones presidenciales y/o captación de un porcentaje significativo de escaños en la Asamblea) de la derecha anti-pactista neoliberal, representada hoy por Eduardo Montealegre. Y la consolidación (triunfo en las elecciones presidenciales y/o captación de un porcentaje significativo de escaños en la Asamblea) de la izquierda democrática nicaragüense, representada hoy por Herty Lewites.

¿Qué significaría para Nicaragua una victoria de Eduardo Montealegre o el triunfo de Herty Lewites? Ésta es una pregunta válida porque ni Montealegre ni Lewites han hecho explícitos los principios ideológicos y los imperativos éticos de sus planteamientos programáticos. Tampoco han hecho todavía planteamientos programáticos. Se han declarado enemigos del pacto y de sus dos artífices. Han afirmado estar dispuestos a colaborar juntos para cambiar la Constitución, un proyecto razonable que no debe verse como una confusión de principios, ya que un marco constitucional efectivo simplemente ordena la confrontación de las ideas. Pero nada más. Hasta ahora, los dos sólo nos han regalado frases que, como diría José Coronel Urtecho, son de galería y de labios afuera.

EDUARDO MONTEALEGRE:
NATURALMENTE LEJOS DE LA JUSTICIA SOCIAL

De los dos candidatos anti-pacto, el que menos necesita articular un discurso político claro y consistente es Eduardo Montealegre. No es una exageración decir que lo único que el banquero y ex-ministro de Alemán y de Bolaños tiene que hacer para funcionar efectivamente como candidato presidencial del sector social que representa es acomodarse a los imperativos del capitalismo global y a sus expresiones nacionales, coordinar su discurso y sus acciones con el embajador estadounidense en nuestro país, y seguir desgraciando el Palo de Mayo y otras danzas nacionales en sus visitas de campaña a la Costa Caribe y al resto del territorio nacional. Tratemos, entonces, de hacer explícito lo que oculta la sonrisa y los silencios del candidato banquero.

La visión política de Montealegre está determinada por los imperativos del capital. Esos imperativos -que son contrarios a las exigencias de la ética cristiana- promueven la adaptación de la organización política, social y económica de los países del mundo a las cada vez mayores exigencias del mercado. La ética cristiana, católica o protestante, nos obliga a adaptar las instituciones políticas y la economía, a las necesidades más urgentes de los hombres y mujeres de nuestra sociedad. Así lo señala con meridiana claridad el Nuevo Testamento y el Catecismo de la Iglesia Católica.

La filosofía de Montealegre -lo dicen su conducta privada y sus actuaciones públicas- es la del neoliberalismo. Esta filosofía establece que la racionalidad instrumental del capital debe ser la lógica que determina la distribución y uso de los recursos del Estado y de la sociedad. Desde esta perspectiva, la orientación de la política social, los objetivos de la política económica, y el marco legal que rige todo el funcionamiento de una sociedad, deben responder a los requerimientos del mercado.

Montealegre no necesita decir lo que piensa y lo que cree porque la corriente ideológica neolibral dentro de la que él nada cómodamente tiene la ventaja de lucir, para muchos, tan normal y natural como el aire que respiramos. El neoliberalismo es un sistema institucionalizado que ha logrado alcanzar un alto grado de legitimidad, gracias al poder ideológico de los organismos financieros internacionales, de la mayoría de los grandes medios de comunicación que lo presentan como atractivo e inevitable, y de los cientos y cientos de académicos del Norte que consciente o inconscientemente contribuyen a instalar esta ideología.

Así pues, dentro del neoliberalismo, los pobres se mueren de hambre legalmente y el poder del capital se reproduce con normalidad, limpieza administrativa y legitimidad. Esto explica que la visión del manejo del Estado de un banquero neoliberal como Montealegre sea incompatible con la corrupción descarada y carnavalesca practicada por un delincuente encorbatado como Arnoldo Alemán. La dignidad normativa alcanzada por el neoliberalismo, además, facilita la venta de la imagen de Montealegre aún a los pobres, quienes a veces no logran percibir que su sonrisa y su amabilidad han coexistido por toda una vida con su visión mercadocéntrica -y por tanto, injusta- de la sociedad. Es de su visión del mundo, no de sus modales, de lo que nos debemos de ocupar…para preocuparnos.

HERTY LEWITES:
¿REPRESENTA EL RESCATE DE LA IZQUIERDA?

En el terreno anti-pacto está otro candidato, Herty Lewites. Si Lewites quiere convertirse en una verdadera alternativa de izquierda para Nicaragua, y no simplemente en una versión descafeinada del neoliberalismo que encarna Montealegre, su reto es, indudablemente, infinitamente más complejo que el del candidato banquero. Para rescatar al Sandinismo -como ha bautizado Lewites a su movimiento-, para llegar a ser un verdadero líder de la renovación del Sandinismo y de la izquierda nicaragüense, el ex-alcalde de Managua tiene que nadar contra la corriente del neoliberalismo y crear un discurso y proponer unas acciones que tengan como eje programático la lucha contra la pobreza y la miseria; y como norte ético, la construcción de un balance socialmente aceptable entre la justicia social y la libertad del mercado.

Lewites tiene que crear un discurso y una propuesta de gobierno humanista que no existe, para una realidad que hay que construir, teniendo como piso la realidad del segundo país más desnutrido del continente americano. Magna tarea que no se puede encomendar ni a Diosotes ni a Diositos ni al poder de la suerte, ni a la popularidad de las encuestas, al carisma o a la improvisación. Magna tarea que no puede prescindir de la palabra clara que diga la verdad y del ejemplo de la vida personal, que debe ser la marca de un verdadero líder.

Para articular una verdadera opción de izquierda, el movimiento que encabeza Lewites tiene, además, que ser fiel al pensamiento y ejemplo de Sandino, referente indispensable de cualquier pensamiento progresista en Nicaragua. Esto significa que el pensamiento político y la propuesta de gobierno de Lewites tienen que cumplir con tres tareas fundamentales: defender la soberanía nicaragüense, promover la construcción activa de ciudadanía y expresar una visión moderna de la historia.

¿QUÉ SIGNIFICA SOBERANÍA
EN EL MUNDO GLOBALIZADO DE HOY?

Defender la soberanía de Nicaragua significa adoptar -sin ridículas estridencias y sin absurdos baños de sudor- una posición clara que defienda sin ambigüedades la inviolabilidad del territorio nicaragüense y el derecho de los nicaragüenses a decidir su destino como nación. Esta posición debe mantenerse con absoluta firmeza frente a países pequeños como Costa Rica o frente a países grandes y poderosos como los Estados Unidos, frente a los organismos financieros internacionales y frente a los donantes europeos. Pero la ética de la soberanía debe ser acompañada de acciones concretas que la hagan efectiva.

Defender la soberanía significa también desarrollar la capacidad administrativa y la legitimidad del Estado para lograr la integración social y territorial de nuestro desarticulado país. La soberanía no debe verse simplemente como un principio legal con implicaciones territoriales. Es un principió de acción política con implicaciones sociales. Sin un Estado con capacidad para organizar y desarrollar la vida de las regiones abandonadas de nuestro país, la soberanía es una ficción indefendible. ¿Cómo puede ser soberano un país con la mitad de su territorio en el más completo de los abandonos? ¿Cómo podemos indignarnos frente a Costa Rica por el Río San Juan, cuando con la más absoluta tranquilidad e irresponsabilidad hemos dejado en el abandono esa región fronteriza y a las poblaciones que se mueren de hambre en las orillas de otro río, el Río Coco? Recordemos las palabras de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal en su texto “Los Pies Descalzos de Nicaragua”: La base de sustentación geográfica, histórica y aún sociopolítica de nuestra nación esta allí, en la planta desnuda de un lago cuyos ríos, como dedos ramificados en todas direcciones, esperan el calzado necesario para integrar una estructura firme, que sirva para la marcha hacia destinos mejores.

SOBERANÍA ES ENERGÍA, SEGURIDAD ALIMENTARIA
Y LUCHA CONTRA EL NARCOTRÁFICO

Las instituciones públicas crean identidad, nos dice el sociólogo Benedict Anderson. Y es precisamente el fracaso de la institucionalidad pública del Estado nicaragüense en la zona del Río San Juan, por ejemplo, lo que impulsa a Costa Rica -país que ha logrado construir una institucionalidad real en su frontera con Nicaragua-, a atentar contra nuestra integridad territorial.

El desarrollo de la capacidad de regulación social del Estado es también necesario para actuar soberanamente y aprovechar los posibles beneficios de la globalización y enfrentar con éxito las fuerzas destructivas y disgregantes de ese proceso. No se trata de agigantar el Estado y, mucho menos, de convertirlo en sustituto o rival de la empresa privada. Se trata de construir un poder público y un aparato institucional capaz de filtrar los múltiples efectos de la globalización y acomodar las influencias y fuerzas de este proceso a las aspiraciones y necesidades más urgentes de los miembros de nuestra sociedad.

Si el neoliberalismo de Montealegre se orienta a adaptar el Estado a las necesidades del capital transnacional -esto es lo que hizo como Ministro de Hacienda-, el pensamiento y el programa de la izquierda que representa Lewites tendría que organizar el Estado en función de las dos tareas más urgentes que enfrenta Nicaragua: la lucha contra la pobreza y la integración social y territorial del país. Estas dos tareas son los puntos de referencia necesarios que un gobierno de izquierda tendría que utilizar para articular nuestras estrategias de integración regional y global. Estas dos tareas son las referencias para identificar el modelo de relaciones entre Estado, economía y sociedad que necesita nuestro país.

Recordemos también que la defensa de la soberanía es inconcebible sin una visión y estrategia para la protección de nuestro medio ambiente y de nuestros recursos naturales. La soberanía de un pueblo sin bosques, sin agua, sin un programa de generación de energía sostenible y sin las condiciones ambientales para sostener un programa de seguridad alimentaria, es una soberanía formal y sin sentido. Es también una soberanía formal la que no tenga la capacidad de frenar la penetración del narcotráfico y su consolidación como un poder que puede llegar a ser capaz de domesticar el del Estado.

¿CÓMO CONSTRUIR UNA CIUDADANÍA
QUE DOMESTIQUE Y DEMOCRATICE AL ESTADO?

La derecha practica la caridad social. La izquierda tiene que levantar como bandera la justicia social fundamentada en derechos reales y efectivos. Un programa de izquierda debería promover la justicia social a través del desarrollo de los derechos ciudadanos. Para impulsar este desarrollo, la izquierda nicaragüense tendría que promover la organización de nuestra población para crear con ella un poder social con la capacidad de domesticar y democratizar el poder del Estado.

Esto significa que la democracia nicaragüense tiene que dejar de ser un simple ejercicio electoral para transformarse en un proceso permanente de construcción de aspiraciones colectivas. De este proceso surgiría el verdadero consenso social que necesita Nicaragua: un consenso que trascienda las visiones elitistas de los grupos que hoy controlan el poder y que no comparten el drama existencial que significa ser pobre en Nicaragua.

Significa, además, que la democracia nicaragüense tiene que convertirse en un proceso de participación política sostenido y masivo que impulse la democracia local y que la articule con los procesos democráticos nacionales. Un gobierno de izquierda tiene que ser un gobierno que movilice la imaginación y las energías de nuestra población empobrecida; tiene que ser un gobierno con el que se identifiquen nuestros campesinos de milpa y machete, nuestras prostitutas y nuestros desempleados.

Tiene que ser un gobierno que cuando se reúna con el Banco Mundial se sienta representante de nuestros empresarios y también de nuestras mercaderas, de nuestros huele-pegas, y de nuestras mujeres abandonadas. Un gobierno que no se derrita emocionalmente frente a los ocupantes de la Casa Blanca como se derretía Alemán o como se derrite Bolaños, un gobierno que viva y transmita a los nicaragüenses el humanismo de Jesús y la dignidad de Sandino. Finalmente, un gobierno de izquierda tiene que ser un gobierno que termine con la visión colonial con la que ha sido administrado el Estado desde 1990. Durante los últimos quince años, nuestra administración pública ha sido manejada por funcionarios que viven en Nicaragua pero que no comparten la suerte de los nicaragüenses.

La construcción de ciudadanía y la participación deben abrirse y reconocer la pluralidad de los grupos y sectores sociales que hoy demandan su inclusión en la vida política del país. El fenómeno de la exclusión no solamente afecta a los pobres del campo y de las ciudades, sino también a las mujeres, a los niños y niñas, a los homosexuales y lesbianas, a los indígenas y grupos étnicos marginados del Caribe.Un gobierno de izquierda en Nicaragua tiene que darle voz y voto en la construcción de nuestra sociedad a todos ellos, a todas ellas.

Un gobierno de izquierda en Nicaragua tiene que liderar una lucha abierta contra el racismo que domina las relaciones entre el Pacífico y el Caribe y contra el veneno ideológico que en nombre de Jesús destilan las iglesias contra las mujeres y contra los homosexuales y las lesbianas cuando reclaman sus derechos como seres humanos y como ciudadanas y ciudadanos de nuestro país.

NICARAGUA NECESITA JUSTICIA SOCIAL
Y NO CARIDAD SOCIAL

Es importante señalar que el desarrollo de la participación política popular y de los niveles de organización de la sociedad son procesos que refuerzan el desarrollo de la capacidad de regulación social del Estado, esencial para la protección de nuestra soberanía.

La organización de la sociedad contribuye al desarrollo del poder del Estado, que funciona mejor cuando los sujetos que gobierna no están atomizados. Al mismo tiempo, una regulación social más eficaz del Estado permite a la sociedad canalizar más eficazmente sus demandas.

El desarrollo de la participación política popular y de los niveles de organización de la sociedad son, además, imprescindibles para preservar la autonomía que cualquier Estado nacional requiere hoy para enfrentar las presiones del mercado global y las influencias políticas transnacionales. Son los Estados democráticos del mundo -anclados en sociedades civiles organizadas dentro de estructuras de derechos humanos- los que hoy por hoy logran navegar mejor en las turbulentas aguas de la globalización.

¿Construye ciudadanía el neoliberalismo? No. El neoliberalismo es una filosofía individualista fundamentada en una visión de la sociedad en donde son ciudadanos quienes tienen capacidad de compra, en donde tienen derechos ciudadanos efectivos quienes son capaces de sobrevivir en el juego del mercado. La filosofía de un movimiento de izquierda como el que aspira a representar Herty Lewites tendría que orientarse a la construcción de una estructura de derechos y obligaciones ciudadanas que le otorgue a los pobres el poder de reclamar lo que por justicia y humanidad les corresponde. La justicia social de la izquierda tiene que diferenciarse claramente de la caridad social y de la visión meramente asistencialista dentro de las que se articulan hoy las políticas sociales neoliberales.

TRANSFORMAR LA CULTURA
HACIÉNDONOS RESPONSABLES DE LA HISTORIA

Más allá de las diferencias que han separado a los grupos que enarbolan el concepto izquierda como señal de identidad, la izquierda expresa una visión de la historia como un proceso que puede ser moldeado por la acción política reflexiva y así ampliar el horizonte de la justicia social. En Nicaragua, esta tarea implica la transformación de la cultura política nacional para evitar que el pragmatismo-resignado que nos domina siga reproduciendo nuestro tradicional sentido de irresponsabilidad frente a la historia.

Son irresponsables las clases altas que hoy asumen que la pobreza de la mayoría de sus compatriotas no es su problema, ya sea porque creen que Dios es el responsable de las estructuras de privilegio y exclusión que operan en el país y en el mundo, o porque cómodamente piensan que la pobreza es simplemente un estilo de vida que los miserables adoptan porque a nada más ambicionan. Son irresponsables porque, al menos, tendrían que darse cuenta que su futuro está irremediablemente ligado al futuro de los más miserables y desesperados del país. Tendrían que aprender de la historia y reconocer que esa miseria y esa desesperanza terminarán, inevitablemente, arrastrándonos a todos.

También actúan irresponsablemente nuestros pobres cuando asumen que su condición social está determinada por Dios y la suerte. Terminar con el fatalismo y la resignación de los nicaragüenses es una condición necesaria para transformar las estructuras de poder y las prácticas sociales que hoy nos mantienen firmemente colocados en el segundo lugar entre los países más empobrecidos de nuestro continente.

ESTA AGENDA DE IZQUIERDA
ES TAN DIFÍCIL COMO URGENTE

La izquierda nicaragüense es la única fuerza política capaz de iniciar la modernización de nuestra visión del mundo y de la historia. Necesitamos a la izquierda. El pragmatismo resignado y el cristianismo mágico y fetichista que impera en nuestra sociedad son perversamente compatibles con el neoliberalismo. Para esta ideología, la idea de un Dios que lo decide todo es un disfraz conveniente para ocultar el funcionamiento de la “mano invisible” del mercado, que con su dedo índice señala quién come y quién no come, quién vive y quién muere en los países pobres del mundo de hoy.

La visión moderna y transformadora de la izquierda nicaragüense debe enmarcarse dentro de una racionalidad humanista y cristiana que haga de nuestra condición humana la variable independiente a la que deben ajustarse los papeles del mercado y del Estado. En este sentido, la visión histórica de la izquierda nicaragüense debe diferenciarse claramente de la visión neoliberal, que asume que la lógica del mercado es -y debe ser- el principal determinante de la organización y del destino de nuestras sociedades.

La promoción y defensa de nuestra soberanía, la construcción de ciudadanía y la transformación cultural de nuestra sociedad para desarrollar nuestra capacidad de hacer historia constituyen una agenda de trabajo difícil para el movimiento que hoy encabeza Herty Lewites. Tarea imposible dirán algunos. Tarea necesaria decimos otros y otras que pensamos que debemos asumir el futuro con todos sus riesgos, pero también con todas sus posibilidades.

HERTY LEWITES:
UNA PUERTA, UN RIESGO QUE DEBEMOS ASUMIR

En el horizonte político nicaragüense hay tres puertas: la del pacto, la del neoliberalismo que representa Montealegre y la de un sandinismo democrático que por democrático y anti-pacto no abandone la defensa ineludible de los derechos y necesidades de los más pobres.

Hoy, apoyar a Herty Lewites es abrir esta tercera puerta. Lo que suceda después, dependerá en mucho de los principios y de la capacidad de acción y reflexión de Lewites y su equipo. Dependerá, sobre todo, de la capacidad que mostremos los nicaragüenses que rechazamos el pacto, pero que también rechazamos la idea de que para terminar con el proyecto dictatorial de Ortega y Alemán hay que rendirle homenaje al embajador estadounidense y rendirse frente a la lógica del capital.

Quienes rechazamos el pacto y cualquier forma de dictadura; quienes rechazamos los vulgares abusos de la embajada estadounidense y cualquier forma de intervención extranjera en la vida política de nuestro país; quienes aceptamos que el mercado puede y debe jugar un importante papel económico siempre y cuando se enmarque dentro de condicionamientos éticos y legales que protejan el bien común; los que aceptamos que la globalización es buena o mala dependiendo de cómo logremos filtrar y orientar sus efectos; quienes despreciamos el pragmatismo resignado de los que bailan la música del poder, tenemos que apoyar a Herty Lewites, no como un mal menor, sino como una posibilidad que debemos consolidar y ampliar.

APOYAR A LEWITES
ES COMBATIR EL PRAGMATISMO RESIGNADO

Apoyar esta posibilidad es asumir la responsabilidad de hacer historia en un país acostumbrado a vivir su desarrollo político como un eterno juego de ruleta. Apoyar esta posibilidad es desechar, como principio de nuestra cultura política, la fe en Herty o en cualquier otra persona. Apoyar esta posibilidad es intentar construir un movimiento que nos trascienda a todos individualmente; un movimiento que trascienda a su propio líder; un movimiento con la fuerza para premiar o castigar la conducta de sus representantes; un movimiento que esté listo a condenar al mismo Lewites si él, por pragmatismo, resignación u oportunismo, decide no tomar en serio la razón de ser del Sandinismo y el ejemplo de Sandino.

Apoyar esta posibilidad es combatir el pragmatismo-resignado que nos ha mantenido por siglos en la miseria. Porque tan pragmáticas y resignadas son las personas que asumen que hacer política es atemperarse a las circunstancias, como las que esperan que la realidad que desean se materialice frente a sus ojos sin correr los riesgos que implica participar en la regeneración de nuestra historia.

Catedrático de Ciencias Políticas en Canadá. Colaborador de envío.

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