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  Número 282 | Septiembre 2005
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Nicaragua

“El CAFTA será como un huracán Mitch, con nombre comercial”

Sinforiano Cáceres, Presidente de la Federación Nacional de Cooperativas Agropecuarias y Agroindustriales (FENACOOP) de Nicaragua, participante activo en “el cuarto de al lado” en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de Estados Unidos con Centroamérica y República Dominicana, compartió con Envío sus reflexiones en torno a la inminente ratificación por Nicaragua del TLC o DR-CAFTA y a su próxima entrada en vigor en la región, en una charla que transcribimos.

Sinforiano Cáceres

El TLC tuvo un grave error inicial. Estados Unidos lo acordó con los cinco países centroamericanos pidiéndoles que
lo negociaran como un solo equipo. Pero en Centroamérica somos cinco parcelas donde cada quien hala agua para su molino. Negociamos como región no siendo región, negociamos como una sola zona comercial no siéndolo. La región no estaba preparada para esa negociación, no tenía definidas prioridades regionales, sólo había prioridades nacionales. Y esto provocó grandes contradicciones. Sólo un ejemplo: para Nicaragua era prioritario el maíz y para Costa Rica la leche. A la hora de negociar, cada quien defendió su prioridad. Y a cambio, entregó lo que no era su prioridad. Estados Unidos se aprovechó muy bien de todas nuestras contradicciones. Primero planteó que los cinco países debían negociar como región, pero cuando ya había defendido sus intereses en temas como el de la propiedad intelectual y entramos a la negociación del tema agrícola, obligó a negociar bilateralmente. Dijeron que era para destrabar, para agilizar, para que cada país se sintiera más confortable. Era el clásico “divide y vencerás”. Como resultado, los grandes perdedores fuimos los productores agrícolas.

Como Centroamérica no está integrada ni es una zona comercial integrada y como no definió prioridades regionales, lo que va a ocurrir cuando entre en vigencia el TLC, aun cuando Nicaragua no lo ratificara, es lo que conocemos como “triangulación”. La facilita que Centroamérica no tiene un arancel externo común. Por ejemplo, el arancel o impuesto de entrada para la leche importada es en Honduras de 20%, en El Salvador de 45%, en Nicaragua de 65% y en Costa Rica de 65%. Al hacer negociaciones bilaterales con los productos agrícolas, Estados Unidos creó las condiciones para poder introducir los productos que más le interesan por el país donde paguen menor arancel. Y como somos territorialmente un mercado común lo que entre con aranceles bajos por un país circulará después por toda Centroamérica. La leche, por ejemplo, entrará por El Salvador y por Honduras, donde pagará menos, y desde ahí circulará por el resto de países. La triangulación, una de las principales consecuencias de no haber negociado como región, es una forma de competencia desleal. Centroamérica pudo evitar la triangulación si se hubiese puesto de acuerdo en un arancel común para la leche, sí hubiéramos conseguido lo que, en términos técnicos, se llama “armonización arancelaria”. Igual con los otros productos agropecuarios. Pero no sucedió. Esto ha permitido a Estados Unidos acomodar todas sus fichas en un engranaje que le beneficia plenamente, aprovechándose de las ventajas que consiguió en cada uno de los países.

La Unión Aduanera era un muy importante proceso previo al TLC, que le hubiese permitido a Centroamérica negociar con ventajas como región. Pero este proceso se estancó y fue dejado a un lado por los gobiernos de la región, que priorizaron el CAFTA, que priorizaron la apertura comercial por sobre la integración regional.

En el TLC hay productos ganadores y productos perdedores. Los productos que resultaron relativamente ganadores son los que no produce Estados Unidos y sí produce Centroamérica y Nicaragua. El principal de estos productos sería el café, pero el café no entra en el TLC, su comercio funciona con otras reglas internacionales. Otros productos “ganadores” son el maní y el ajonjolí. Productos perdedores serán todos los que se producen en Estados Unidos y en Centroamérica y con el TLC van a entrar en competencia. Son el maíz, el arroz, los frijoles y los lácteos, todos ellos alimentos de nuestra dieta básica y donde está concentrada la pequeña y mediana producción en Nicaragua.

Lo peor del CAFTA, lo que nos puede afectar de por vida, es que no se reconocieron las asimetrías para que los productos que producimos nosotros y producen ellos puedan competir lealmente. Veámoslo, por ejemplo, en el rubro arroz. Estados Unidos es el quinto productor mundial de arroz. A un productor estadounidense le cuesta producir un quintal de arroz 9 dólares con 4 centavos. A un productor nicaragüense del Valle de Sébaco, de las cooperativas nuestras, le cuesta producir ese quintal 8 dólares con 45 centavos. Esto quiere decir que en el arroz podríamos ser competitivos. Pero no lo seremos. Porque el productor de Estados Unidos puede vender, y venderá, en Nicaragua su quintal de arroz en 7 dólares con 65 centavos. ¿Por qué lo puede vender más barato de lo que lo produce? Porque él recibe de su gobierno un subsidio, y cuando él coloca en el puerto cada tonelada métrica de arroz (22 quintales) para venderla aquí en 179 dólares, ya ha recibido antes por esa tonelada 230 dólares como subsidio. O sea, que cuando él embarca su arroz, ya no le interesa mucho cuánto va a ganar al venderlo en Nicaragua. Porque ya tiene en la bolsa el doble del precio al que lo va a vender. Y él sabe, además, que vendiéndolo barato tendrá otra ganancia: desplazar al productor nicaragüense, que no va a poder competir con él. De esta forma, el mercado del arroz se convertirá en Nicaragua en un mercado monopólico. Sólo es cuestión de tiempo. Con un esquema de esta naturaleza, ¿de qué sirve que nos digan: sean competitivos, sean rentables, si ya sabemos que no es un problema de producir más y de bajar costos, sino que es un problema de competencia desleal, con subsidios multimillonarios que distorsionan los precios y distorsionan el mercado? Esto que pasa con el arroz pasará lo mismo con el maíz y con los frijoles. El CAFTA legaliza el dumping, lo acepta como una práctica comercial válida y normal.

Hasta ahora Nicaragua importaba arroz sólo para cubrir los déficits de la producción nacional. El CAFTA establecerá una cuota anual de importación, una cuota creciente, pase lo que pase en el mercado nacional. En el primer año del CAFTA, el arroz importado de Estados Unidos significará el 43% de lo que hoy producimos en el país. En el año 2015 será ya el 73%. Los grandes arroceros de Nicaragua, los Mansell y los Amador, dicen que le dan diez años de vida a nuestros arroceros. Porque hay diez años de gracia para que el arancel no se reduzca. Pero a partir de ahí empezará la desgravación hasta llegar al arancel cero, cuando el arroz importado entrará sin pagar ningún impuesto. A partir del año 2019 ya podrá entrar cualquier cantidad de arroz, sin cuotas fijas.
También hay que entender cuáles son en el CAFTA no los productos, sino los productores ganadores y perdedores, a quienes se quiere “matar” primero y a quienes se quiere dejar “sobrevivir”. Sigamos con el caso del arroz. Durante los primeros diez años de gracia, el arroz en granza importado pagará el 45% de impuesto y el arroz oro el 65%. En el primer año del CAFTA van a entrar al país 90 mil toneladas métricas de arroz en granza estadounidense y 13 mil toneladas métricas de arroz oro. ¿Por qué esta diferencia de cuotas? Esto tiene que ver con los productores: ganadores o perdedores. El arroz en granza es el que se corta cuando todavía está en la casulla y hay que trillarlo para que quede limpio, listo para venderse y consumirse. El arroz oro es el que ya está limpio. Todos los pequeños y medianos arroceros de Nicaragua producen arroz en granza. El arroz oro lo producen los grandes arroceros, que además son los dueños de los trillos. En la negociación del TLC, los negociadores nicaragüenses optaron por salvar a los dueños de los trillos y aceptaron que viniera mayor cantidad de toneladas de arroz en granza para que los trillos no dejaran de funcionar. Esta decisión significa que cuando el pequeño productor llegue a venderle su arroz en granza al dueño del trillo, éste le dirá: Tengo llenas las bodegas, si quieres te lo compro, pero te lo pago a menos precio. Así, se saturará el mercado del pequeño productor. Mientras que el gran productor, que produce arroz oro y vende arroz oro -a una casa comercial o directamente al mercado nacional-, no afrontará una competencia fuerte con las 13 mil toneladas que se importarán. Si en Nicaragua hay actualmente 17 mil arroceros, en poco tiempo sólo quedarán unos 2 mil ó 2 mil 500. ¿Qué pasará con el resto? Seguirán produciendo a pequeña escala para comer arroz, pero van a dejar de tener presencia en el mercado, lo que significa pobreza y escasez, porque con los excedentes de arroz que vendían compraban todo lo que no se produce en su finca, la ropa, la medicina.

En el arroz Nicaragua tenía una integración vertical, una cadena productor-procesador-comercializador que estaba bien armada y era competitiva. Pero no la defendimos. Sacrificamos al productor primario y beneficiamos al procesador y al comercializador. Ahora, nuestros trillos se convertirán en lo que son las fábricas de maquila: los chinos traen la tela, los químicos, el hilo, instalan la planta en Nicaragua, absorben nuestra mano de obra barata y luego exportan los pantalones. Igual será ahora con el arroz: tienen aquí la maquinaria, traen de fuera el arroz en granza, utilizan la mano de obra barata del país y luego re-exportan arroz oro a Centroamérica. Las corporaciones de Estados Unidos asignaron papeles en el CAFTA: a Nicaragua le asignaron la triangulación del arroz en la región. A Honduras y a El Salvador la leche, a Guatemala los pollos. Estas triangulaciones traerán como consecuencia el desplazamiento de los productos de nuestra región del mercado centroamericano. No podrán enfrentar la competencia desleal y la legalización del dumping.

Es más trágico el panorama cuando uno pone algunos nombres a los ganadores. En Estados Unidos está Riceland, que es la segunda empresa arrocera más grande de Estados Unidos. Riceland está asociada con la empresa comercializadora de arroz Agricorp de Nicaragua, que tiene su central cerca de Sébaco y que ya ha comprado todos los trillos del arroz de Nicaragua para monopolizar el procesamiento del arroz en el mercado nacional e incursionar ahora en el mercado regional. ¿Quiénes son los dueños de Agricorp? Un grupo de empresarios que también forman parte de la cúpula del partido que lucha “por los pobres”. Con la asociación Riceland-Agricorp, el subsidio de Estados Unidos lo recibe Riceland, que captará también el subsidio que el gobierno de Nicaragua da actualmente a Agricorp, que es de 29 córdobas por cada quintal que comercializa. ¿Y quiénes son los dueños de Riceland? Los que financian las campañas electorales de congresistas estadounidenses. Resulta bien curiosa esta alianza entre quienes promueven en Estados Unidos una política “imperialista” y quienes promueven en Nicaragua una política “anti-imperialista”. Contrincantes en la política y socios en los negocios.

Veamos también qué paso con la leche y los productos lácteos. En el rubro leche, Nicaragua y Costa Rica entraron en serias contradicciones. En leche y productos lácteos, los costarricenses líderes regionales en este rubro, tienen muy integrada su cadena productiva: es nacional la producción de leche y está en manos de pequeños productores, es nacional la procesadora de leche y es también nacional la comercializadora, bajo la marca Dos Pinos, que es una cooperativa. En Nicaragua, la producción es nacional y de pequeños productores, hay una gran procesadora transnacional -la Parmalat- con pequeña proporción de procesadores nacionales y la comercializadora es también la Parmalat, con pequeñas cuotas de comercialización de empresas nacionales.

En las negociaciones del TLC, Costa Rica planteó que quería resguardar la integración de su cadena productiva y quería proteger a sus pequeños productores nacionales de leche. Por eso, se opuso a que entrara a la región leche en polvo importada de Estados Unidos, que tiene la mitad del costo de la leche líquida de producción nacional, por el subsidio
que reciben los productores estadounidenses. Para seguir siendo competitivos en lácteos, la procesadora se vería obligada a dejar de comprarle la leche a los pequeños productores nacionales. Nicaragua planteó que no podía hacerle ese “favor” a Costa Rica porque la Parmalat había amenazado: si Nicaragua no permitía la importación de leche en polvo, abandonaría Nicaragua. Parmalat ganó. Costa Rica respondió entonces que si Nicaragua permitía la entrada de leche en polvo -que después triangularía a toda la región y a Costa Rica-, ellos abrirían las puertas para la importación de maíz, que no era su prioridad, aunque sí la de Nicaragua.

En el primer año del CAFTA, Nicaragua introducirá 600 toneladas métricas de leche y 850 toneladas métricas de queso, mantequilla y otros productos lácteos. Y podrá exportar productos lácteos a Estados Unidos. Pero, en nombre del principio de reciprocidad, Estados Unidos exportará a Nicaragua sus productos lácteos en la misma cantidad que los que le envíe Nicaragua. ¿Quién ganará en esta competencia? Para hallar alguna pista, basta pensar que cuando en Nicaragua empiezan las lluvias y entra el invierno ocurre cada año lo que los productores llaman “el golpe de leche”: la leche que vale 4 córdobas en verano, baja a 1 córdoba o a 1.50 en invierno sólo por el efecto de la lluvia, que desbarata los caminos y convierte en un problema sacar la leche. Si sólo el invierno baja tanto los precios, ¿cuánto más los bajará la entrada masiva de productos estadounidenses subsidiados? Nuestros productores prefieren ni imaginarlo.

Por otra parte, al aceptar que entrara leche en polvo de Estados Unidos, Nicaragua sacrificó también a los productores de leche nacionales. Nuestras cooperativas, como la Camoapán -que ha sabido colocar buenos productos en los supermercados nacionales y en los de Estados Unidos- están muy preocupadas. Están ante un dilema: o se suicidan
o mueren de muerte natural. Porque el costo de producir queso y otros productos en base a la leche en polvo subsidiada que venderá la Parmalat es casi la mitad de lo que les cuesta producirlos con la leche que les venden los pequeños productores asociados en la cooperativa. Si quieren seguir viviendo como cooperativa, les quedan dos caminos: o compran la leche en polvo y arruinan a sus propios socios o les compran a sus socios y se arruinan todos.

Sólo cuando uno empieza a desmenuzar el TLC descubre estas cosas. Sólo cuando se mira el rostro de las gentes concretas que serán impactadas por los efectos de este tratado descubre qué nos puede pasar con el CAFTA. Nos dicen: vendrán al país productos de más calidad y más baratos… ¿Y quienes producían esos mismos productos en el país? Cuando hablamos de comercio hay que hablar de las personas que producen y no sólo de los productos que se venden y se compran en Nicaragua, y es vital vincular comercio-agricultura y pobreza.

Cuando Nicaragua aceptó importar leche en polvo, Costa Rica negoció bilateralmente con Estados Unidos la importación
de maíz. La leche era prioridad para Costa Rica, el maíz lo era para Nicaragua. El gobierno de Nicaragua afirma en su propaganda que con el maíz no habrá problema porque Nicaragua negoció muy bien el maíz. Y es cierto. En Nicaragua el maíz importado tendrá un 10% de arancel y sólo entrará una cuota bajísima. Nicaragua produce actualmente 11 millones
de quintales de maíz anualmente. 160 mil pequeños productores están en ese rubro. Y lo que va a venir de Estados Unidos serán sólo 100 mil quintales, menos del 1% de nuestra producción. En el año 2015 vendrán 6 mil 500 toneladas, ni el 1%. Visto así, el gobierno de Nicaragua hizo una buena negociación. Pero lo que no dice el gobierno es cuánto maíz de Estados Unidos va a circular por la región triangulado. Desde Honduras y desde Costa Rica nos llegarán 84 mil 660 toneladas métricas de maíz blanco y 190 mil de maíz amarillo. Van a inundarnos.

El maíz amarillo es el sustituto del sorgo, el que se utiliza para fabricar el alimento balanceado de las aves, del cerdo y de otros animales menores. Desde hace dos-tres años ya está entrando en Nicaragua maíz amarillo de Estados Unidos, importado por la empresa norteamericana Cargill, y por eso los sorgueros ya están en problemas. Actualmente, los Pollos
Tip-Top y los Pollos Estrella le pagan cada camión de sorgo a los sorgueros nacionales en ocho cuotas semanales. En esas condiciones, son cada vez menos competitivos. Yo calculo que cuando empiecen a entrar vía TLC cuotas de maíz amarillo -serán 68 mil 250 toneladas métricas el primer año-, los sorgueros nacionales no durarán dos años, desaparecerán.

Arroz, leche, maíz: tres ejemplos de lo que provocará el CAFTA en los productos perdedores. ¿Qué va a pasar con la maquinaria, con los cuartos fríos, con las pasteurizadoras que tienen las cooperativas y las microempresas nacionales? Sencillamente, se van a volver maquila. A mí me dio tristeza, pero me reí por obligación, cuando el ex-Ministro de Economía Mario Arana, hoy Ministro de Hacienda, nos decía con una alegría ingenua: ¡Clase de negocio el que vamos a hacer como Nicaragua! Vamos a traer leche en polvo de Estados Unidos, la vamos a reconstituir en Nicaragua y les vamos a vender el queso. ¡Negocio redondo! Vamos a tener materia prima más barata y vamos a venderles el queso y otros productos lácteos a buen precio. Él estaba viendo el producto, yo estaba pensando en el productor. ¿Y a nuestro productor de leche quién le va a comprar? ¿Y qué va hacer con sus vacas, con sus pastos, con su infraestructura, con su crédito, con sus deudas?

Un caso muy especial y curioso es el del azúcar. El precio internacional del azúcar es 10.12 dólares el quintal. Pero en Nicaragua el quintal lo compramos a 24 dólares. Cualquiera se pregunta: ¿por qué si dejaron entrar arroz, maíz y frijol para que se venda más barato en Nicaragua, no dejaron entrar azúcar? Porque en Nicaragua existe un poderoso grupo azucarero nacional que lo impide. En él, los Pellas son el socio mayor, pero averiguando quiénes más integran ese grupo escubriríamos a representantes de los dos grandes partidos políticos, que ya no producen el azúcar, pero tuvieron ingenios azucareros -el Timal, el Javier Guerra, otros ingenios- y conservan cuotas del azúcar que se comercializa. La que más les interesa no es la que venden a 14 dólares en Estados Unidos sino la que venden en Nicaragua a 24 dólares. En Nicaragua, por cada quintal de azúcar que consumimos le “donamos” 14 dólares a este poderoso monopolio. Se nos niegan subsidios, y para subsidiar la producción de maíz necesitaríamos la mitad de lo que entregamos como subsidio a este poderoso grupo azucarero. Los subsidios que reciben los azucareros en Nicaragua son producto del despojo causado por la “privatización de los ingresos de los consumidores”.

El CAFTA viene, y tendrá el efecto de un huracán. Aunque los diputados de los dos grandes partidos políticos se hubieran metido de lleno a participar en las negociaciones -que no lo hicieron, porque cuando iban a Estados Unidos, a las sesiones del “cuarto de al lado”, sólo fueron a turistear y a comprar en los grandes almacenes- poco hubieran hecho. A la mayoría de nuestros diputados no les gusta leer. El texto del TLC es muy complejo por las conexiones que tiene con acuerdos, convenios, leyes, reformas de leyes, y es muy extenso: son más de 3 mil páginas incluyendo los anexos. Es una telaraña en la que nosotros somos como una araña con una sola pata, una araña que se enreda sola en esa telaraña…

Centroamérica no tenía, ni tiene, una estrategia de desarrollo como región. Debemos suponer, asumiendo la propaganda del gobierno, que el CAFTA es un instrumento para promover el desarrollo. Pero sin estrategia de desarrollo, el instrumento sustituye la estrategia. ¿Y qué significa que un instrumento sustituya la estrategia? Significa que sustituye las prioridades.
Las prioridades de una estrategia de desarrollo de Nicaragua están en la promoción de empleo, el fomento de la agricultura, la seguridad alimentaria, la lucha contra la pobreza…Cuando la estrategia es desplazada por un instrumento, y ese instrumento es comercial, las prioridades ya son otras: fomentar el comercio, aumentar las exportaciones
a través de los agronegocios, ajustar los aranceles… Esto se traducirá de inmediato en el presupuesto nacional,
que reflejará las prioridades del CAFTA: se asignarán más recursos a los ministerios que están de cara al comercio exterior y que favorezcan el funcionamiento del TLC y los ministerios enfocados en las prioridades del desarrollo de Nicaragua recibirán menos recursos.

El TLC logrará que Nicaragua distorsione todas sus prioridades. Muy pronto se irá debilitando la soberanía alimentaria, que es la capacidad que tiene un país de producir sus alimentos básicos a partir de sus recursos nacionales genéticos, productivos, intelectuales. Con el TLC la lucha contra la pobreza dejará de ser una prioridad y la prioridad será exportar, ser competitivos, ser un mercado atractivo para las inversiones.

Nicaragua es hoy “atractiva” sólo porque tiene mano de obra “competitiva”, lo que significa sencillamente que tenemos mano de obra mal pagada, dispuesta a trabajar por salarios de hambre. ¿Qué empleos promoverá el TLC? Más zonas francas y maquilas. Y el empleo que Nicaragua requiere para desarrollarse es un empleo productivo y no el empleo marginal que generan las maquilas.

Por todo esto, podemos pensar el CAFTA como un huracán Mitch con nombre comercial. Porque será demasiado en poco tiempo. En tan poco tiempo que no te da tiempo para definir estrategias, sólo te lo da para resguardarte, para salvar la vida, más aún cuando el huracán te encuentra viviendo en pendiente y en champa plástica. Las reglas las impone el huracán,
la tormenta, no las ponés vos. Tenés que aceptarlas. No es si te gusta o no te gusta, no es que si te salís o no te salís. Es si vivís o no vivís. En esta situación, lo primero, lo único, es pensar cómo salvar la vida y luego esperar que pare el aguacero y baje la corriente para ver dónde te vas a parar y de qué vas a vivir a partir del huracán. Eso será el CAFTA. El impacto en nuestra frágil economía será el que causa una correntada sobre una casita de cimientos débiles.

Nicaragua no está preparada para absorber el impacto social que la competencia desigual entre los productos “perdedores”, los más sensibles para nosotros, provocará en el país. ¿Qué va a pasar con nuestros arroceros, con los maiceros, con los frijoleros? ¿Hacia qué vamos a reconvertirlos? Miles de productores van a quebrar. Cuando en Estados Unidos
o en Europa quiebra un agricultor, hay para él un fondo de pensión y programas de reconversión y de reinserción productiva y el agricultor mantiene su capacidad de consumo. En Nicaragua, cuando un productor agrícola quiebra nadie se entera, hasta que lo ve vendiendo agua helada en Managua o lo ve con el uniforme azul en la Cárcel Modelo. En Nicaragua, un productor agrícola quebrado no tiene tampoco muchas posibilidades de reinsertarse en la maquila, porque los maquileros buscan gente más joven, de 14 a 25 años. Además, su bajo nivel de escolaridad no le permite reinsertarse en otra actividad que no sea en las de naturaleza agropecuaria. Cuando empiece a quebrar nuestra gente, ¿qué niveles de descomposición social vamos a ver, qué consecuencias sociales vamos a pagar?

En esta última etapa antes de que Nicaragua ratifique el CAFTA, cuando lo único que nos falta saber es cuándo se ratifica y a cambio de qué, el FSLN y el PLC lo han estado usando como un instrumento para sus propias conveniencias políticas. Para los liberales, es una carta de negociación muy importante para lograr la libertad de Alemán. Para los sandinistas, la oportunidad de aparecer como partido de “izquierda”. Las argumentaciones que ambos partidos han usado en este último tramo para ratificarlo o no ratificarlo son superficiales, son cantaletas, estribillos de consignas políticas sin ninguna profundidad, pero que les permiten alimentar a su clientela política.

¿Qué podemos hacer ante este huracán? Hemos planteado que el gobierno -Ejecutivo, Legislativo, todas las instituciones-
y la sociedad civil establezcan en consenso, un plan de transición, con metas medibles y plazos concretos, en el que se apruebe un conjunto de leyes que nos defiendan de los efectos de este huracán. Tenemos vacíos jurídicos y necesitamos leyes, similares a las que existen en Estados Unidos, para enfrentar los efectos del huracán. Proponemos una Ley antimonopolio. Fue la primera que planteamos y ya diputados y funcionarios nos dijeron: Bueno, bueno, vamos a ver…

Planteamos también otra ley, similar a la que funciona en Estados Unidos, la Ley anti-dumping, que establece que cuando un país exporta a Estados Unidos un producto y lo vende más barato que su costo de producción no se le permite la entrada.

Estamos planteando también la creación de un Banco de Fomento y Desarrollo. Si nos dicen que seamos más competitivos y que produzcamos con más calidad, para eso necesitamos, por ejemplo, poner riego, pero para comprar el riego necesitamos crédito, y el crédito tiene que ser de largo plazo y eso se llama inversión y la banca privada no nos da crédito para eso. Entonces, exigimos que el gobierno, que fue el que firmó el CAFTA, nos apoye para aprovecharlo, si es que dice que lo podemos y debemos aprovechar. No hay ningún país que tenga agricultura competitiva que no tenga una banca de fomento y desarrollo.

Tenemos también pendiente que se aclare lo que va a pasar con el recién creado Instituto de la Propiedad Urbana y Rural.
De acuerdo con la ley, este Instituto ya debería existir y funcionar. Pero el Presidente Enrique Bolaños se niega a aceptarlo, haciendo caso omiso de la ley. Para nosotros es vital resolver el problema de la propiedad. De cada cinco pequeños agricultores cooperativizados, tres tienen problema de propiedad. Con ese nivel de incertidumbre no pueden trabajar. Si el gran inversionista extranjero necesita reglas claras y estabilidad el microinversionista también las necesita.

También estamos planteando reformas institucionales. Tenemos un Estado que no está hecho para promover el desarrollo. Necesitamos un Estado con más capacidad, con un sector público menos disperso, menos frágil, y sobre todo, más coherente y con una visión de desarrollo compartida con los actores del desarrollo. Nicaragua necesita instituciones que promuevan la pequeña y mediana producción urbana y rural, porque quien genera empleo masivamente es la pequeña y mediana empresa, no la grande. Los grandes reconocen que los medianos y pequeños generan más o menos el 90% del empleo en el país. Hay que fortalecer a esos sujetos económicos, y el gobierno no está diseñado para eso. Está diseñado para promover y apoyar al inversionista extranjero… que nunca termina de llegar.

También debe haber reformas en la cooperación que llega a las instituciones del Estado para políticas y programas. No hay políticas sectoriales para algunos sectores clave en el marco del CAFTA y las políticas y programas que existen en lo rural tienen un marcado enfoque de clientelismo político. El enfoque que nosotros llamamos de “paracaidistas”: cada quien tratando de caer en un “grupo meta”. Instituciones estatales como el INTA, el MAG-FOR, el MARENA y otras ejecutan millones de dólares y dan créditos como si fueran bancos, pero sin ningún criterio de sostenibilidad o de viabilidad. Y en torno a esos proyectos pululan los consultores, muchos de ellos familiares y allegados de quienes dirigen estas instituciones, que copan las licitaciones de todos los proyectos, de los que se benefician ellos mismos con altísimos salarios. Un nivel de rapiña así en un Estado tan pequeño y tan hambriento no puede resultar en nada positivo. El Estado de Nicaragua no está preparado ni para promover el desarrollo ni para administrar los recursos de la cooperación al desarrollo.

Planteamos también la Ley de bioseguridad y la Ley de biodiversidad. Son de gran trascendencia. Porque en el capítulo de propiedad intelectual y patentes, el CAFTA establece que en el año 2008 Nicaragua tiene que reformar una ley que se llama Ley de Obtentores Vegetales, aprobada en noviembre del año 2000. Actualmente, esta ley permite la manipulación de material genéticamente modificado sin establecer quién paga los costos del daño que esto cause a la biodiversidad. ¿Qué es lo que debe decir la ley reformada? Que se permite no sólo la manipulación de material genéticamente modificado, sino también su comercialización. Esto, para favorecer a la poderosísima corporación Monsanto.

Monsanto ha inventado tres variedades de semillas transgénicas, con tres tipos de gen. Hay un gen que hace la semilla de maíz resistente a los herbicidas. El herbicida acaba con la maleza y no afecta el maíz. El problema con este gen es que cada vez es necesaria mayor cantidad de herbicida para acabar con la maleza y el cultivo de maíz termina por no ser rentable. Es lo que ya está sucediendo en México. Entonces, el campesino vuelve a su semilla criolla y ya no le compra semilla a Monsanto. Por eso, inventaron otra variedad de semilla transgénica, con el gen BT. Esta semilla genéticamente modificada crea su propio insecticida: cuando crece la planta y el gusano se la come se envenena. El “detalle” de esta variedad -ya está demostrado- es que ese tóxico se pasa también a la mazorca que uno consume. Y vuelve a las personas alérgicas o resistentes a los antibióticos. Como esta variedad de semilla no le asegura todavía el mercado a Monsanto, han creado una tercera variedad transgénica, con el gen “terminator”. Es ésa variedad la que se le permitiría comercialiar en Nicaragua en virtud de la reforma de la ley. El gen “terminator” se introduce en la semilla y la esteriliza y de los granos de esa mazorca ya no germina ninguna planta. Aún más grave: si un campesino no compra esa semilla transgénica porque quiere seguir con su semilla criolla o porque no tiene dinero para comprarla, pero cultiva al lado de otro campesino que está empleando la semilla “terminator”, cuando su maíz espigue y espigue el del vecino se producirá lo que se conoce como polinización cruzada y la esterilidad del maíz de uno se pasará al maíz del otro. Y quedará también estéril su variedad de maíz criollo.

A ese efecto de las semillas transgénicas es a lo que llamamos erosión genética: se reducen las variedades de semilla. Y esto es muy grave. Porque la semilla es la clave de la autonomía campesina. Un campesino es autónomo porque es capaz de producir y mejorar la semilla con la que vive. Un agricultor puede tener un buen arado o un buen tractor, pero si no tiene una buena semilla no es nadie. La semilla es para el campesino lo que para un ejecutivo es la tarjeta de crédito. La usa para todo: para comprar, para hacer negocios, para comer y beber…Para el campesino, su semilla es su tarjeta: siembra un puchito, saca cosecha y compra la medicina, siembra otro puchito y compra cususa, con otro puchito compra insumo... Si le quitas a un campesino la semilla le quitas la autonomía. La capacidad de poder producir, mejorar y conservar su semilla es el secreto de la autonomía de un campesino.

El CAFTA prevé la entrada a Nicaragua de la semilla “terminator”. Para las corporaciones el negocio mayor no es vendernos maíz, sino vendernos semilla. ¿Qué vale un quintal de maíz? Llegó a valer 200 córdobas y hoy vale entre 90 y 150 córdobas. Un quintal de semilla vale 30 a 50 dólares. Es mejor negocio vender semilla. Y el negocio redondo es hacer que los agricultores tengan que comprar semilla todos los años. Eso lo garantiza la “terminator”. Nicaragua tendría que comprar anualmente semilla para producir 11 millones de quintales de maíz. En este terreno, lo que el TLC nos trae es todavía más trágico: debilitaría la soberanía alimentaria y aumentaría la inseguridad alimentaria.

Para frenar la llegada de estas semillas y para enfrentar otras consecuencias del huracán CAFTA, el trabajo y la coherencia en lo local es vital. El trabajo con las alcaldías es super importante porque tienen un margen de autonomía para establecer planes de arbitrio y leyes que permiten prohibir acciones de empresas transnacionales con ambiciones desmedidas. Es muy importante por eso participar en los comités de desarrollo municipal y departamental. Es importante también establecer alianzas a nivel de territorio, y fundamentalmente a nivel de municipio.

Nosotros le decimos a la gente: Si llega alguien del Ministerio de Agricultura a experimentar, hay que decirle: Si usted me entrega un documento que diga que lo que está experimentando no es un transgénico y que ustedes se responsabilizan por los daños que le cause al ecosistema y a la biodiversidad de la zona ese experimento, usted puede trabajar. Si no, no entra. Ahí es donde es importante el papel de los gobiernos locales, que pueden emitir ordenanzas y decretos. El municipio es un espacio en donde el huracán CAFTA no llegará en los primeros años con la misma magnitud con la que va a llegar en las esferas nacionales.

Para enfrentar el CAFTA es crucial también el liderazgo. Necesitamos -y lo digo por mi sector- un liderazgo más informado, más investigador, que actúe no sólo con el corazón sino también con el conocimiento, con unos conocimientos que le permitan renovar los métodos de lucha y las banderas que van a enarbolar gremios y asociaciones. Necesitamos un enfoque más integral y para eso, un liderazgo más documentado, más informado y más capacitado.

Para enfrentar el CAFTA son necesarias también las alianzas y los binomios ONG-gremios. Es importante que la ONG y el gremio entiendan que van a ser víctimas si no son protagonistas ya de las alternativas que debemos construir para hacerle frente a tan terribles amenazas. Los tiempos que estamos viviendo exigen que gremios y ONG trabajen hombro a hombro con una lógica de complementariedad, con la lógica de sumar y multiplicar capacidades y no con la de sustituir y restar capacidades. Más unidos, tenemos que ir construyendo nuestros propios procesos. No sólo reaccionando a lo que nos viene de fuera, actuando como un buen conductor: con luces bajas viendo lo cotidiano y también con luces altas viendo el futuro. Viendo con un ojo lo mío y con el otro ojo lo nuestro. Ante el huracán CAFTA, la lucha, en esencia, es para evitar que nos conviertan el país, nuestros recursos y nuestra propia vida en una mercancía.

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