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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 183 | Junio 1997
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El Salvador

Un alcalde de izquierda en la capital más violenta del continente

Héctor Silva, un médico con "dolor de patria" y con siete prioridades estratégicas, es el nuevo alcalde de San Salvador. La izquierda centroamericana tiene los ojos puestos en este hombre, y en la oportunidad histórica que le han abierto los votos.

Ismael Moreno, SJ

Muchos ojos están puestos en Héctor Silva. Con especial puntería, los ojos del gran capital. Le siguen paso a paso. No es para menos. Héctor Silva es el primer alcalde de San Salvador que ha llegado a la silla municipal por los votos de muchas comunidades marginales, que en las elecciones de marzo 96 confiaron más en el cambio ofrecido por la izquierda que en el más de lo mismo que ofrecía la endurecida derecha política y económica salvadoreña. Desde su elección, los principales medios de comunicación, especialmente los de mayor difusión, tienen a Héctor Silva en el centro de la noticia.

Un gran dilema

Tienen en la mira a Héctor Silva y a su equipo, no porque les interese la popularidad de su gestión, sino buscando aprovechar cualquier tropiezo con el que iniciar el proceso de desgaste de la nueva administración municipal. Desde su punto de vista, lo más importante es que la nueva alcaldía no ponga en peligro los privilegios amontonados por las anteriores administraciones municipales, fieles correas de transmisión de los intereses de la oligarquía salvadoreña. O Héctor Silva se amolda al papel que de él quiere el gran capital, condescendiendo con sus intereses, o busca dar respuesta a las grandes prioridades de la ciudad de San Salvador, construyendo consensos sociales y populares. He aquí el dilema que se le plantea al nuevo alcalde. Según por donde se decante, definirá el carácter de su administración y los obstáculos a sortear.

Héctor Silva es entusiasta ante los retos. Sabe de los costos que supone comenzar con bandera de izquierda en la alcaldía de la capital de la gran oligarquía salvadoreña, y últimamente en la capital más violenta de América Latina. La oligarquía salvadoreña conoce también esos costos. Es consciente de que San Salvador se le ha ido de las manos, en gran medida por el mal manejo administrativo de su propia gente. Si Héctor Silva, por muy de izquierda que sea, pone en marcha una administración decidida a enfrentar los desafíos de la violencia juvenil con propuestas de organización de barrios y colonias en torno a la recolección de la basura y al mantenimiento de espacios de recreación por medio de microempresas juveniles, a la gran oligarquía no le quedará más remedio que apoyarlo pragmáticamente. A nadie más que a estos empresarios les urge una capital con mínimos de seguridad para sus inversiones.

"Mi base es la gente"

Héctor Silva sabe que los ojos de todos los sectores sociales están puestos sobre él. Eso nos confesó en su despacho la tarde de finales de mayo en que accedió a conversar con envío. Sabe de los riesgos y está decidido a jugársela para fortalecerse en los barrios y colonias populares de la capital. Mi base de apoyo es la gente. Desde la gente voy a negociar con los grandes empresarios, y con la gente pienso poner en marcha un proceso serio de participación ciudadana.

Oyéndolo hablar recordamos la vez que lo vimos durante la campaña electoral. Fue quince días antes de las elecciones. Era una tarde de domingo y Héctor Silva, el médico de tupida barba encanecida, llegó a la Parroquia Madre de los Pobres en un maltrecho VW para participar en un foro organizado por las comunidades de esa zona marginal de la capital salvadoreña. Héctor Silva ya conocía el lugar, puesto que siendo coordinador de un organismo no gubernamental, había llegado allí a reuniones en apoyo de la clínica popular que esa parroquia del oriente de la capital abrió sobre los escombros que dejó el terremoto de octubre de 1986.

No sólo había estado en reuniones. Más de alguna vez atendió como médico a madres con sus niños. Aquel día la gente lo esperaba como a su candidato. Héctor Silva llegó tarde a la cita, con un cansancio inocultable. La campaña no daba tregua y la demanda era inmensa. Pero la gente lo esperó con toda la calma del mundo durante dos horas. Sabía de su agotadora agenda de campaña y había certeza de que no fallaría a la cita.

Lo esperaba la gente que en el día se rebusca en los buses, en el mercado, en los semáforos, en su guerra sin cuartel por conquistar a diario unos centavos. Esa gente que en la noche regresa del centro de la ciudad, se baja de los buses que circulan por las grandes avenidas iluminadas y, de pronto, como en un misterioso triángulo de las Bermudas, desaparece y se refugia entre los barrancos y los olores del Acelhuate, ese enorme y alargado cauce de río que atraviesa la capital y que sirve de depósito diario a las mil 600 toneladas de productos fecales de los casi dos millones de salvadoreños que habitan en los departamentos de La Libertad, Cuscatlán y San Salvador.

Héctor Silva llegó tarde a la cita, pero no falló. Es en esta gente en la que ahora deposita toda su confianza. Esta es su convicción a pocas semanas de haber asumido la alcaldía, cuando todos los ojos le siguen, unos con curiosidad, otros con esperanza y otros con desconfianza y advertencia.

Un hombre sin "cola"

Héctor Silva ganó las elecciones a la alcaldía de San Salvador como candidato de una coalición de tres partidos: la Convergencia Democrática, el Movimiento de Unidad y el FMLN. Nadie duda de que ganó porque tenía el respaldo del FMLN, y a la vez, porque no tenía militancia en el Frente. La combinación de esos dos fHéctor es fue la clave de su éxito. Durante la campaña, Héctor Silva se ganó la confianza de decenas de miles de pobladores de las comunidades marginales y de los sectores medios urbanos, y se cuidó de no despertar anticipadas agresividades entre la oligarquía comercial y financiera. Para muchos era el candidato preciso. Bastantes fueron los que buscaron y rebuscaron “cola” que pisarle en su pasado como político, como profesional y como padre de familia. Y hasta el sol de ahora la búsqueda resultó en vano.

Las preguntas de la gente

Ya alcalde, Héctor Silva regresó a las comunidades de la Parroquia Madre de los Pobres el domingo 25 de mayo, a participar con la gente en su fiesta patronal. De nuevo llegó con retraso, esta vez porque venía del aeropuerto, tras la primera gira por Estados Unidos para captar apoyo con el que hacer frente a dos de sus grandes prioridades: la basura y el reordenamiento urbano de la capital salvadoreña. Estaba de nuevo ahí, con la población de los barrancos del Acelhuate, la misma que lo recibió primero como médico y posteriormente como candidato. Allí estaba la gente, esta vez con muchas dudas e interrogantes, fácilmente perceptibles en sus rostros y en sus toscas miradas.

¿Cómo podía explicar este hombre, a quien conocen desde antes de ser su candidato y en quien han puesto una confianza como nunca la pusieron en alguien, que sus asesores se hubieran autorrecetado en su primera medida municipal un aumento de cinco y hasta de diez mil colones? ¿Cómo hará este hombre para dar respuesta al problema de la basura, si sólo en el cauce del Acelhuate se depositan los desperdicios de cerca de 300 industrias, cuyos vapores y químicos son el aire que ellos respiran desde que nacen hasta que mueren? ¿Qué hará este hombre para dar respuesta sin echarse encima a sus mismos admiradores de las áreas marginales a su compromiso de campaña de reordenar las ventas callejeras, si mucha de la gente que le dio su voto tiene que vérselas durante el día en cualquiera de las calles del centro de San Salvador para arrebatarle al mal tiempo y al mal sistema los centavos que necesita para la comida del día? ¿Cómo hará este alcalde para no volverse en contra de las intereses de los vendedores ambulantes, si siempre que las autoridades han tomado medidas para despejar las calles lo han hecho por medio de la fuerza? ¿Acaso Héctor Silva, su alcalde, les jugará con esa misma moneda?

¿Por qué ganó?

¿Por qué ganó Héctor Silva las elecciones? El mismo responde: el FMLN tuvo la inteligencia de proponer un candidato que, a diferencia de los candidatos de la derecha, no fue escogido de entre las filas de sus militantes. La derecha no supo tomar esa decisión, que sí se tomó al interior de la izquierda. La derecha se ofuscó al renovar a sus candidatos dentro de las filas partidarias tradicionales. Y perdieron”.

La candidatura del médico Héctor Silva fue el resultado de la apertura de la izquierda salvadoreña. Más que decidirse por un militante partidario, el FMLN acabó designando como candidatos a varios que tenían, sobre todo, representatividad social. Así ocurrió en Santa Ana, la segunda ciudad en importancia de El Salvador, en donde el FMLN designó a un médico muy ligado al sector comercial. Igual decisión se tomó en Soyapango, con un candidato no militante pero con gran inserción social. Algo parecido sucedió con los candidatos ganadores en Mejicanos y en Santa Tecla, que siendo miembros del FMLN nunca fueron dirigentes de cúpula y están vinculados con la sociedad más como profesionales que como militantes de un partido. En San Miguel, la ciudad más importante del oriente del país y con fuerte tradición de lucha de la izquierda, el FMLN perdió por un margen reducido. La explicación la da Héctor Silva: no hubo coalición, se decidió sólo dentro del partido y se confió demasiado en la tradición partidaria de los candidatos y no en su representatividad social.

Otra forma de hacer política

Al aceptar Héctor Silva y el mismo FMLN que ganaron, no tanto por el arrastre del partido sino por la apertura del mismo hacia otros sectores sociales, aceptan en la práctica que existe una nueva manera de hacer política electoral que, además de resultar más eficaz, supone mayores compromisos políticos una vez que se accede al poder. Héctor Silva tiene un compromiso con el FMLN y con los otros dos partidos de la coalición y tiene, sobre todo, un compromiso con los sectores sociales que votaron por un alcalde al que identificaron con su trayectoria y no con los principios de un partido.

Esta nueva manera de hacer política puesta a prueba con éxito en las elecciones municipales salvadoreñas supone, según el nuevo alcalde de San Salvador, cambios al interior del FMLN. Ahora, la izquierda ha de desarrollar y construir capacidad propositiva con viabilidad y pragmatismo. Tiene que crecer en la necesaria complementariedad. Para poder seguir adelante, el FMLN tiene que ampliarse, abrirse a otros sectores sociales y también a la convivencia y alianza con otras fuerzas políticas.

Siendo la fuerza de izquierda más grande dentro de la coalición, el FMLN ha de ser respetuoso de las decisiones que tome Héctor Silva como alcalde de una coalición en la que la clave es la representatividad social. El FMLN lo respaldó como su candidato, pero como alcalde, el FMLN lo debe dejar gobernar. Ahí está el mayor reto. A mayor control del FMLN, mayor posibilidad de debilitamiento del Frente y de la gestión del alcalde. A mayor respeto ante las decisiones del alcalde, mayor capacidad propositiva y mayor inserción del FMLN en los diversos sectores sociales.

¿Silva para Presidente?

La historia viene probando que quien gobierna bien San Salvador tiene un pase asegurado para la presidencia del país. Héctor Silva es consciente de esta realidad, pero sale al paso del inevitable rumor de que se prepara como candidato para la contienda presidencial de marzo de 1999. Afirma que comportarse ya como candidato sería la peor decisión, pues tendría que actuar pensando sólo en la imagen pública, obviando la búsqueda honrada de respuestas a los problemas que plantea la municipalidad.

Héctor Silva está convencido que el mayor servicio que puede hacerle a la izquierda es construir un gobierno municipal efectivo y honesto, transparente y capaz de abrirse a las propuestas de los diversos sectores sociales. Pensar ahora en la candidatura a la presidencia le obligaría a trabajar a medias, frustrando así a la gente que lo eligió. La izquierda sí tiene la obligación de capitalizar el buen desempeño en la alcaldía de la capital para trasladar ese acumulado de honestidad, transparencia y apertura al escenario nacional, para que una experiencia municipal exitosa sea base para luchar por un gobierno de izquierdas en todo El Salvador.

¿Es de izquierda?

¿Quién es ideológicamente Héctor Silva? El mismo lo aclara: “Cada vez más el mundo define como de izquierda a ese tipo de gobernante que se siente insatisfecho e incómodo con lo que ve, a quien cree que un país no puede progresar si no existe una preocupación especial, intencional, por la inversión humana y por dedicar recursos importantes a combatir la pobreza. Yo me siento de ese grupo de gentes”.
¿Qué significa hoy ser de izquierda en El Salvador? ¿Supone definirse dentro del FMLN o crear otra representación política? Héctor Silva está convencido de que el FMLN es una fuerza política importante y con mucho futuro por delante, siempre que esté dispuesta a transformarse y a abrirse a la voz de los diversos sectores sociales. En El Salvador, no se trata de iniciar nuevas experiencias partidarias de izquierda. Se trata de desarrollar lo que ya existe, de construir sobre lo que ya es experiencia de lucha. A criterio de Héctor Silva, el FMLN tiene futuro si define una fórmula económica atractiva para la población y con viabilidad para los próximos diez años.

¿Por qué el nuevo alcalde no se considera de derecha? ¿Cuáles son sus diferencias con ella? La derecha con la que él se ha topado es la que se empecina en buscar todas las soluciones en el mercado, sin importarle el futuro de ese 60% de la población salvadoreña que vive por debajo de la línea de la pobreza. Es la derecha que concibe el crecimiento económico sin sacrificar jamás sus porcentajes de lucro. Mientras ésa sea la actitud de la derecha, yo nunca me identificaré con ella”, dice Héctor Silva, consciente de que ha de ser con esa derecha con la que tendrá que negociar desde sus convicciones de izquierda, puesto que hasta hoy y durante toda la historia salvadoreña, es esa derecha comercial y financiera la que se siente dueña de la capital y de los capitalinos.

Apuesta ecológica

Otras actitudes de la derecha también hacen que Héctor Silva no se identifique con ella. Entre ellas, está un terreno de acción al que el nuevo alcalde ha apostado su credibilidad y prestigio: el medio ambiente. Héctor Silva es del criterio de que la derecha salvadoreña habla mucho de regulación ambiental y busca aparecer adornada con un pensamiento ecologista pero nada más. De pronto, un empresario destacado siembra mil árboles o sale por ahí comprando cien manzanas para donarlas eufórico a un parque. Pero la derecha no puede alardear con esas migajas ecológicas cuando su voracidad ha destruido toda la potencialidad ecológica de El Salvador. Mientras estos empresarios no demuestren con hechos que tienen capacidad y están decididos, por ejemplo, a procesar los residuos industriales de sus fábricas, todo lo demás será pura imagen.

Más que tener una identificación partidaria, Héctor Silva quiere seguir manteniéndose como una persona inconforme. Esa actitud le permitirá alentar el deseo de crear algo nuevo y de dar auténticas respuestas sociales. La alcaldía es una espléndida oportunidad para concretar esos deseos.

Por "dolor de patria"

¿Y quién es Héctor Silva, el hombre, el salvadoreño? A sus 49 años, este médico, siente que sus capacidades no han sido aprovechadas en todo su potencial. El nuevo alcalde viene de una larga trayectoria de compromisos sociales y políticos. En la década de los 70 participó en el movimiento estudiantil. Creyó entonces que la Democracia Cristiana podía responder a sus aspiraciones de justicia. En 1980 salió de la DC, desencantado de sus incongruencias, y se unió a la Convergencia Democrática, que nacía en ese momento como una coalición de partidos con orientación socialdemócrata. De 1991 a 1994 fue diputado, electo en las filas de la Convergencia. Finalizado su período, se retiró de la política partidaria, hasta que la coalición de izquierda lo postuló para la alcaldía de la capital.

¿Por qué te metiste en eso?, le preguntó un día su hijo mayor. Por el dolor de patria, le contestó Héctor Silva. Después de la guerra civil que desangró a la nación salvadoreña y tras los acuerdos de paz de 1992, la patria no daba señales de recuperación ni esperanzaba a sus patriotas. Yo sabía que podía dar más. Tenía tres años de estar retirado de la política. Pero el dolor de patria me convocaba a buscar nuevos derroteros de servicio.

Sin dudarlo, Héctor Silva señala, contándolas con los dedos de sus manos, las siete prioridades a las que su Concejo Municipal va a dar mayor atención: la adecuada recolección, selección y disposición de los desechos sólidos, el problema de la basura; la respuesta a la violencia, especialmente a la de las maras o pandillas juveniles; el enfrentamiento del desorden y la contaminación del tráfico vehicular; la solución a las ventas callejeras; la respuesta a la falta de servicios en las comunidades y barrios marginales; la incorporación participativa de los ciudadanos a la gestión municipal; y la erradicación de la corrupción y la falta de transparencia municipal.

La basura ante todo

En San Salvador, la basura es un problema permanente que requiere de especial cuidado. Hacer frente al problema de la basura que corre por los cauces del Acelhuate supone inversiones millonarias, decisiones audaces de la comuna capitalina y de los grandes empresarios y cambios profundos en la conducta de todos los habitantes de una ciudad que huele siempre a podredumbre.

Hace una década, tras el terremoto de octubre de 1986, varios organismos internacionales hicieron la propuesta de canalizar el río Acelhuate, al menos en uno de los sectores marginales de la ciudad. Esto implicaba la construcción de canales subterráneos y un proceso de educación integral de la población de los barrancos adyacentes al cauce del río. La propuesta debía ir acompañada de un firme compromiso de la alcaldía capitalina y del gobierno central. Pero el gobierno y la empresa privada estaban más ocupados en ganar la guerra que en cualquier otra cosa y el proyecto cayó en saco roto.

Todos los gobiernos municipales han hecho de la basura su caballito de batalla, pero nunca logran domarlo. Durante mucho tiempo, la guerra fue la gran excusa y entretanto, se planteaban otras prioridades, vinculadas interesadamente al manejo de las arcas municipales como una cueva de ladrones. Cuando terminó la guerra, el gobierno municipal propuso, como siempre, hacer frente al problema de la basura. Esta vez, la propuesta era la gasificación de los desperdicios, con plantas especiales que transformaran la basura en residuos químicos gaseosos. Los grupos ambientalistas rechazaron totalmente este plan, argumentando que la contaminación sería aún mayor.

Ahora, Héctor Silva está decidido a enfrentar el problema con una visión integral. Se trata dice no sólo de recoger la basura, sino de producir menos basura, de crear participación en torno a su recolección fomentando microempresas que involucren especialmente a la población juvenil. Se trata de tirar lo menos posible y de reutilizar lo más posible. Se trata de organizar proyectos que integren lo social, lo productivo, lo organizativo y lo ecológico. Actualmente, el sistema de recogida es completamente artesanal, contaminante y no productivo. El reto es construir un sistema que genere empleo, que promueva la organización de las comunidades especialmente las de jóvenes y que proteja el medio ambiente. Un sistema así sólo es posible buscando significativos consensos sociales.

Reordenar la capital

Respecto al reordenamiento urbano, la nueva administración capitalina se esfuerza en elaborar un diagnóstico aproximado del problema, con la conciencia de que se trata de una prioridad que involucra a muchos: comercio informal, comercio formal pequeño, gran comercio, industria del transporte, gobierno central y gobierno municipal. En este momento, la alcaldía busca consensuar una agenda en la que estén definidas metas, reglas del juego, facilidades para vender, calles que se han de habilitar para las ventas y calles que se han de cerrar, regulación del transporte, reglas para el control de la contaminación, etc. Teniendo esta agenda, la alcaldía iniciaría un proceso de planificación, también consensuada, sabiendo que los costos políticos se han de distribuir entre los diversos sectores involucrados, incluyendo la propia imagen del alcalde.

Una capital violenta

Héctor Silva ha comenzado a regir la comuna de la capital más violenta de América Latina y una de las de mayor riesgo de todo el mundo. De acuerdo a una reciente investigación del Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA de San Salvador, los registros del Centro de Jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia indican que, sólo en 1996, el área del Gran San Salvador registró un promedio mensual de más de 200 muertes y de más de 400 heridos.

Los resultados de una encuesta promovida por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) arrojan cifras aún mas escalofriantes: unos 60 mil ciudadanos de San Salvador son lesionados anualmente con armas de fuego, mientras que 35 mil son agredidos con arma blanca. Las víctimas son en su mayoría hombres menores de 40 años. Héctor Silva asegura que el 70% de las víctimas y de los victimarios son jóvenes menores de 30 años, organizados en las llamadas maras juveniles, provenientes de diversos barrios y comunidades marginales de la capital. El nuevo alcalde es consciente de que un asunto de esta magnitud no se resuelve con respuestas represivas y que ha de ser una preocupación fundamental de los diversos sectores públicos y privados el buscar a mediano y a largo plazo las más adecuadas medidas preventivas, que incluyan pogramas productivos, económicos, sociales, culturales y deportivos con los que se dé una respuesta de fondo a la juventud de San Salvador.

El alcalde propone pequeñas empresas juveniles que tengan, entre sus tareas, el cuidado, mantenimiento y vigilancia de los parques y áreas de recreación, la recolección y reciclaje de desechos sólidos y la organización de programas deportivos. La propuesta debe ser integral y dar respuesta a diversos problemas: ambientes de recreación sanos y seguros, empleo juvenil, organización de los pobladores, mejoramiento ambiental, recolección de la basura, etc.

Primer paso: transparencia

En las siguientes dos semanas de la asunción de Héctor Silva como alcalde, los medios de comunicación difundieron la noticia del aumento de sueldo de sus asesores más cercanos y la creación de nuevas plazas.

El reacciona con calma ante las críticas: “Lo que ha sucedido es que estamos poniendo en marcha un ordenamiento administrativo interno. De once guardaespaldas que tenía el anterior alcalde, yo me he quedado sólo con un motorista. De tres vehículos que tenía el alcalde anterior, me he quedado con uno. Estamos haciendo frente a un ajuste administrativo. El anterior estaba fundado en la falta de claridad y en oscuros manejos económicos. Un gerente que oficialmente tenía un sueldo de 15 mil colones, en la práctica recibía mensualmente un promedio de 43 mil. Lo que hemos hecho, como primer paso, es hacer transparente toda la situación. Por eso, sale a luz de que ha habido un aumento de sueldo, pero no se informa nada de la regulación administrativa, que ha supuesto el haber llegado a la definición de sueldos reales y conforme a la verdad”.

Participación siempre

La participación ciudadana y el involucramiento de los diversos sectores sociales está en el centro de la lógica del nuevo alcalde. Se trata de abrir canales para que la gente participe, dice Héctor Silva. En los programas para jóvenes, se convocará a organizaciones de la sociedad civil, a ONGs y a organizaciones parroquiales. Que sean ellas las que dentro de los lineamientos que establece la municipalidad puedan coordinar los programas juveniles”.

El nuevo alcalde está decidido a poner en marcha un proceso en el que los principales problemas y decisiones municipales sean discutidos por barrios y colonias, a través de los cabildos abiertos, promoviendo la participación de la gente en talleres populares. Las conclusiones de estas reuniones han de servir de material definidor para las grandes decisiones municipales. Quisiéramos que la culminación de este proceso fuese el logro de un presupuesto municipal participativo. Que los grandes gastos y las inversiones se decidan en cabildos abiertos”, dice.

Aunque Héctor Silva explica los sueldos de sus asesores en el marco de un ordenamiento administrativo, a la gente le asalta la duda, sobre todo cuando su duda es atizada con respuestas como la que dio uno de los colaboradores más cercanos del nuevo alcalde, que no tuvo empacho en afirmar: Somos un equipo de lujo y merecemos estar bien pagados. Héctor Silva ha de estar atento a cada paso que dé en su difícil comienzo. Su lógica de promover la participación y la consulta tiene que ponerse a prueba desde el inicio. Y la realidad es que el proceso de ordenamiento administrativo que ocasionó las primeras críticas no fue conocido ni consultado entre los sectores sociales.

Responsabilidad histórica

Así como fueron capaces de esperar durante dos horas a su candidato, las comunidades marginales de San Salvador esperan que el nuevo gobierno municipal que eligieron vaya por el rumbo por ellas esperado. Tendrán paciencia, es apenas el comienzo.

Junto a ellas espera todo el pueblo salvadoreño y más allá de nuestras fronteras, los sectores populares de Centroamérica. También sus ojos están puestos en el espacio que los votos le han abierto a la izquierda salvadoreña. Héctor Silva y su equipo saben muy bien de esta responsabilidad que tienen con la historia centroamericana.

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