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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 280 | Julio 2005
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Nicaragua

Golpes y contragolpes, propuestas y contrapropuestas

La escalada de golpes y contragolpes, de propuestas y contrapropuestas, confunde y hastía. ¿Tiene una meta esta escalada? ¿Hay un rumbo hacia alguna parte entre tantas propuestas? ¿Augura el colapso de la clase política nicaragüense? ¿O es ya la institucionalización de su obscena mediocridad? ¿En qué manos está el futuro de Nicaragua?

Equipo Nitlápan-Envío

La inmensa brecha que separa al “país real” del “país legal” -esa genial y útil distinción que inventó Octavio Paz, que usa Carlos Fuentes y que copiamos todos- sigue ahondándose en Nicaragua. El caos político, institucional, jurídico y legal en que el país continúa girando vertiginosamente es tan grande que tendría que haber paralizado al país o haber generado ya alguna solución que enrumbe la espiral. Una pequeña parte de este caos paralizaría a cualquier sociedad del mundo funcionando realmente dentro de un Estado de Derecho. No a Nicaragua. Es más, este caos podría durar meses. Y no pasaría nada. Algunos de sus protagonistas anuncian sonrientes que se prolongará hasta las elecciones de noviembre 2006.

La escandalosa incapacidad y el atraso cultural de la clase política que nos gobierna -sea desde el gobierno o desde la oposición- no provoca ni la parálisis ni la correspondiente explosión social porque tiene como contraparte la miseria, también escandalosa, de la mayoría de nuestra gente, que asiste como espectadora desinteresada al deprimente espectáculo de estos pleitos.

LA BATALLA POR TELCOR

Hasta que el 16 de junio llegó al país José Miguel Insulza, el recién electo Secretario General de la OEA, en su primera misión diplomática de intervención en crisis continentales, asistimos a nuevos episodios en la escalada de la crisis. Los más llamativos se dieron en torno a “la toma de TELCOR”.

Hija de las reformas constitucionales decididas en noviembre 2004 como núcleo del pacto Ortega-Alemán es una nueva institución, la Superintendencia de Servicios Públicos (SISEP). Privatizada ya la distribución de la energía y abierta a la competencia de poderosos consorcios transnacionales las telecomunicaciones, la regulación de los servicios públicos de energía, agua y telecomunicaciones pasó, con la creación de la SISEP, de manos del Ejecutivo al Legislativo. El Ejecutivo, que no acepta las reformas constitucionales, no acepta tampoco la nueva institución. Para dirigirla, los diputados PLC-FSLN eligieron a cinco nuevos altos funcionarios: un superintendente y cuatro intendentes. A excepción de la intendente de ENACAL, la empresa estatal del agua, los electos componen un grupo profesional y políticamente impresentable: un reconocido somocista, un arnoldista vinculado a la corrupción de Alemán en la alcaldía de Managua, un danielista de la línea más dura y, al frente de las telecomunicaciones (TELCOR), un sandinista, desconocido y de “triste figura”, sin otro mérito que haber organizado el conteo de los votos del FSLN en las últimas elecciones. La selección pareció más bien una provocación. ¿O una señal de la desnutrición profesional y técnica que aqueja a los partidos del pacto?

TELCOR es una institución clave para la economía del país, para las finanzas del gobierno, para la anhelada inversión privada. El Presidente Bolaños decidió pelear con todo su arsenal ese espacio estratégico. Para iniciar la batalla, Bolaños ordenó al director de TELCOR atrincherarse en el edificio y a policías antimotines resguardarlo para no dejar entrar a los nuevos intendentes. Igual orden dio en las otras instituciones. Durante varios días, los cinco nuevos intendentes deambulaban de un edificio a otro buscando su lugar en el mundo. Interpusieron recursos de amparo. Se rumoraba que el Presidente emplearía al Ejército para impedir que tomaran posesión. En el cielo de esta crisis siempre ha planeado la posibilidad de que Bolaños fuerce al Ejército a entrar en el conflicto para resolverlo a su favor. Por suerte, no ha sido así y el Ejército ha continuado firme en su decisión de no participar, de no hablar, de mantenerse a la expectativa.

LOS “TIROS” DE ESTA GUERRA

El conflicto entre el Ejecutivo y el Legislativo se ha “judicializado”: ésta es una de las definiciones más usadas hoy en los análisis que proliferan para entender por dónde van los tiros en esta guerra. Los “tiros” son sentencias judiciales, resoluciones legales, apelaciones jurídicas, recursos de amparo, etc., etc. Los dos bandos las emplean todos los días. El reino de los abogados. Los foráneos a ese reino apenas logran entender bien la maraña legal. En la guerra, el Ejecutivo juega con desventaja. Con el Legislativo se alinean, sin pudor y con una celeridad que sorprende, magistrados, jueces, fiscales, contralores y hasta procuradores de derechos humanos.

El tribunal de apelaciones de Managua amparó a los intendentes electos y ordenó al Ejército y a la Policía no obedecer ninguna orden del Ejecutivo en contra de ellos. A golpe, contragolpe. Ese mismo día, Bolaños sacó la ideología de su arsenal y alertó dramáticamente al país sobre los peligros que suponía que una persona de dudosa procedencia -así calificó al nuevo intendente Freddy Carrión- estuviera al frente de las telecomunicaciones. Siguiendo al mandatario, el Ministro de Defensa José Adán Guerra cargó las tintas para afirmar que TELCOR era objetivo de la seguridad nacional. El control de las telecomunicaciones por parte de organizaciones que son enemigas de la democracia -dijo, refiriéndose al origen sandinista de Carrión- podría representar un serio peligro para la seguridad nacional y la seguridad de países amigos y aliados. Además, ceder el manejo de este instrumento a un partido con probados antecedentes antidemocráticos incrementaría la desconfianza de la población en el proceso electoral.

EXTREMO TACTO CON ALEMÁN

En esta crisis, iniciada en noviembre 2004, el Presidente ha usado siempre el alarmismo para mover la balanza de la opinión pública a su favor: que el FMI nos va a descarrilar, que la comunidad internacional va a suspender préstamos, que las inversiones huyen… Este discurso fue uno más de los “tiros” gubernamentales para asustar. Y para provocar al adversario.

Resulta muy significativo en las provocaciones que vienen de la trinchera del Ejecutivo la forma unilateral con que se vienen enfilando únicamente contra una de las cabezas de la “dictadura bicéfala”. Desde hace un tiempo, Bolaños y todos sus funcionarios se cuidan mucho de hablar de la otra “cabeza”, siendo así que fue Alemán quien respaldó la selección de Freddy Carrión y le entregó TELCOR y quien instaló en el también estratégico espacio de la regulación de la energía a Leonel Aguerri, un reconocido somocista. Y a Aguerri el gobierno sí le dejó tomar posesión de su cargo.

Nadie en el Ejecutivo ha vuelto a hablar con firmeza de la corrupción de Alemán como uno de los orígenes de este caos. Sólo en sus viajes internacionales el Presidente se presenta como víctima del pacto por su lucha contra la corrupción. En Nicaragua abunda el tacto. Y es que las elecciones son “la próxima parada” en este viaje sin rumbo. Y mientras se desarrolla en el ring nacional la lluvia de golpes y contragolpes, tras bastidores la embajada de Estados Unidos lucha denodadamente para que el PLC de Alemán se una al grupo de Eduardo Montealegre en un único frente electoral, se esfuerza para que Alemán acepte quedar libre a cambio de pasar a un segundo plano y apuestan todo a llevar al gobierno a Montealegre, el elegido para dar continuidad al bolañismo sin Bolaños.

LA “TOMA” DE TELCOR

Mientras crecía el temor de que el Ejecutivo ordenara al Ejército intervenir en la toma de TELCOR -esto causaba la mayor de las incertidumbres-, el Jefe de la Policía, en la disyuntiva de instalar a los nuevos intendentes o de desalojar a los funcionarios salientes -a diario, pujaban unos por entrar y otros por no salir-, declaró que acataría los fallos judiciales en torno a la disputa, tal como se lo ordena la Constitución.

El 14 de junio la Policía se vio desbordada. Presionada por órdenes directas del Presidente, los antimotines expulsaron del edificio de TELCOR, a la fuerza y a empujones, no sólo a los nuevos intendentes, sino también a los jueces que los acompañaban con el fallo judicial que los respaldaba para que ocuparan sus nuevas oficinas. Escenas deprimentes. Grupos de gentes muy pobres, acarreadas por uno y otro bando, gritaban en las calles su “apoyo” al “orden institucional” de unos o de otros.

El 15 de junio vino el contragolpe. Un grupo de diputados del FSLN y del PLC, enarbolando la Constitución, acompañados de jueces que enarbolaban el fallo judicial, marcharon desde el Parlamento a “tomarse” TELCOR. Saltaron por los muros, forzaron con cabillas de hierro los portones y arrancaron las rejas. Se produjo un bochornoso enfrentamiento a golpes y gritos entre diputados, jueces, policías y buscapleitos de la calle que se sumaron al tumulto. Al día siguiente, llegaba el Secretario de la OEA al país.

LA SORPRESA DE INSULZA

La sorpresa que reflejaron las palabras de José Miguel Insulza, al finalizar su misión, después de tres días tratando de entender el conflicto tripartito y escuchando a sus protagonistas, reveló que no estaba preparado para encontrarse con un grupo de “políticos” tan primitivo.

Días antes de la perplejidad inocultable de Insulza en su última rueda de prensa, un indicador no convencional de la falta de visión de nuestra “clase política” se había evidenciado también en las decisiones del gobierno de presentar al Secretario de la Presidencia, Ernesto Leal, como candidato al cargo de Secretario General Adjunto de la OEA y a Mario Alonso, Presidente del Banco Central, para la presidencia del BID. Leal fracasó. Nunca tuvo posibilidad de éxito. Se sabe que la postulación de Alonso no ha dejado de provocar hilaridad entre quienes viven en el mundo de la banca de desarrollo internacional. Una muestra más de dónde estamos y en manos de quiénes: nuestras élites asumen que el mundo es como Nicaragua y que sus posiciones dominantes en nuestro país los califican para ocupar posiciones importantes en un mundo que, a pesar de la pobreza de América Latina, es mucho más sofisticado que el nicaragüense.

No está de más recordar, para saber dónde estamos, que el Presidente Bolaños, que encarna esta pobrísima y distorsionada visión del mundo, es el mismo que hace unos años exclamaba entusiasmado, al finalizar una de las versiones anuales del bochornoso “Ben Hur”, que ahora Nicaragua ha demostrado que está en capacidad de montar espectáculos de nivel internacional.

16 DE JUNIO: LA MARCHA

No hay golpe o contragolpe de los que se dan entre los tres grupos que protagonizan la crisis que no lo presenten ante la población respaldándolo con la ley: no son provocaciones, chantajes, cortinas de humo, balas trazadoras o maniobras, son defensas de la “institucionalidad”, todo “apegado a derecho” y “por Nicaragua”. Pero el sentido común indica que este conflicto, nutrido de una retórica legal que no logra ocultar su ilegitimidad, no se resolverá legalmente, sino políticamente. El sentido común indica también que una verdadera solución difícilmente podrá surgir de los tres grupos políticos que participan en esta guerra y que son el origen del caos.

Una variable la podría, la tendría que introducir un “cuarto actor”: la población, una opinión pública reflexiva, organizada, movilizada y presionando. Hasta el 16 de junio no parecía posible que apareciera ni por una esquina del escenario bélico, aunque en los medios escritos, radiales y televisivos sí ha venido expresándose desde hace tiempo.

La marcha de unas 25 mil personas por las calles de Managua el jueves 16 de junio convocada sólo seis días antes por una amalgama de grupos, intereses, personas y personalidades y bajo unitarias consignas: “contra el pacto y contra el fraude” y “contra el pacto y contra la corrupción”, fue un acontecimiento político, novedoso en medio de la apatía o de la indignación inmovilizada que hasta ahora ha permitido actuar a su antojo y capricho a los tres grupos en conflicto.

EL DEBATE QUE PRECEDIÓ
A LA MARCHA

¿Ir o no ir a la marcha? El mismo debate que la convocatoria de voces tan diversas generó en la calle, los medios y la conciencia de mucha gente fue el primer valor que hay que adjudicarle a esta expresión pública de indignación, cansancio, rechazo o búsqueda.

La marcha fue un acontecimiento de múltiples interpretaciones. Es lógico. La convocaron inicialmente los grandes empresarios del COSEP y los grandes medios que viven de su publicidad. La empresa privada dejó libres a sus empleados para ir. Y el gobierno hizo lo propio con sus funcionarios de todos los niveles. La respaldaron también todos los partidos políticos, a excepción del PLC y el FSLN, objetivos centrales a repudiar en la marcha. La convocó, con fracturas, la Coordinadora Civil, la expresión más organizada de la sociedad civil. La respaldaron, también con algunas divisiones, las organizaciones de mujeres. Y acudió a ella mucha otra gente que no cabe en ninguna de estas gavetas.

Durante cinco días no cesó el debate sobre la marcha, sus objetivos y sus consecuencias. Se decía: la marcha es para que la vean los de la OEA, es en apoyo a Bolaños y Bolaños la manipulará en respaldo de sus posiciones. Se contestaba que a esa marcha ya nadie acudía pensando en Bolaños, que todo mundo iría pensando en lo que viene después. Y lo que viene después son las elecciones. Y que si el hoy ya está oscuro, el después asusta.

Se decía que si la marcha había surgido de los del COSEP y tenía de ellos su mayor respaldo, hasta su financiamiento, ¿cómo juntarse con esa gente, responsable también, por insensibilidad histórica, porque no pagan impuestos, por apoyar a Bolaños, del caos nacional? Se contestaba que era muy bueno que los empresarios dejaran de hacer pronunciamientos y salieran al menos a caminar, que verlos en las calles sudando era algo histórico y que no había que perderse semejante acontecimiento.

Se decía que si los empresarios privados daban el día libre a sus empleados para que fueran eso era sospechoso. Se contestaba que nada de extraño tenía porque en 1979 los empresarios privados hicieron quince días de huelga hasta que se fue Somoza.

Se decía que un tan variopinto “chacuatol” de verdes, rojos, rojinegros y de otros colores nunca funcionaría. Se contestaba que un “chacuatol” similar precedió la caída de Somoza. Y que era aquella unidad nacional la que explica su derrocamiento. Y que si ahora había un punto de unión había que sacarle punta a ese punto.

Se decía que los objetivos de la marcha eran confusos, ambiguos, turbios. Se contestaba que nada puede ser puro en momentos tan cochinos como los que está viviendo Nicaragua y que buscando purismo nos quedaremos paralizados.

Se decía que era un primer paso, que sería un termómetro, que si la marcha salía mal, ¡apaga y vámonos!, que había que hacer algo…

“¿HASTA CUÁNDO?”

La marcha superó las expectativas de sus organizadores. Y las de su gran detractor, Daniel Ortega, que usó a sus voceros para desprestigiar (“marcha de mengalos y oligarcas”, decían), a un grupito de estudiantes para intimidar en la calle por donde pasaría la gente, y a sus estructuras para sabotear la llegada a Managua de participantes de fuera de la capital.

El mayor valor de la marcha fue su diversidad sin el protagonismo de nadie: empresarios, funcionarios, mujeres organizadas, universitarios, profesionales, víctimas del Nemagón, carretoneros del Ben Hur, gente de los barrios, el movimiento que encabeza Herty Lewites… Por primera vez en 25 años las calles de la capital acogieron una marcha heterogénea en cuanto a edad, procedencia ideológica y clase social sin que nadie hegemonizara. Eso impidió a Bolaños apropiársela, como era su propósito. De hecho, nadie ha podido apropiársela, aunque no han faltado las ganas.

Abundaban las banderas azul y blanco de Nicaragua y había todo tipo de mensajes. Desde el “Déjenlo gobernar!” que llevaban los conservadores respaldando a Bolaños, hasta la más audaz de todas: “Alemán, Ortega, Bolaños y Obando: ¿hasta cuándo?”, que llevaron las mujeres, pasando por la que decía “No al pacto del gobierno y la oligarquía. No más miseria. Red de Ciudadanos Comunes y Corrientes”, enorme manta que quienes salieron a apoyar a Bolaños contra los dos pactistas quisieron esconder.

OCHO DEMANDAS

Al finalizar la marcha, dos jóvenes -él y ella-, como símbolo de la nueva Nicaragua, leyeron un pronunciamiento “por la defensa de la democracia en Nicaragua”. En él planteaban ocho exigencias: rechazar las reformas constitucionales y las leyes y nombramientos surgidos de ellas; poner fin al uso del Poder Judicial como instrumento del pacto; reorganizar con credibilidad todo el Poder Electoral; garantizar elecciones sin exclusión de ningún partido o candidato; suspender las maniobras jurídicas y políticas para excluir candidatos y partidos; reformar la Ley Electoral; realizar elecciones primarias transparentes en todos los partidos políticos; y realizar un diálogo amplio e incluyente para acordar las bases de un proceso electoral libre y honesto. El pronunciamiento cerraba con esta consigna, que también se coreó en las calles y aparecía en las mantas: “¡Ortega y Alemán, de que se van se van!”

SOLAMENTE
UN PRIMER PASO

La marcha fue totalmente pacífica, cívica, caracterizada por la tolerancia y por un espíritu tranquilo, festivo. Fue un primer paso en el camino de perder el miedo. El miedo sobre el que se asienta también el poder de los tres grupos en liza: el miedo a un conflicto que traiga de vuelta la guerra, el miedo a cambios drásticos, el miedo a dejar “lo malo por conocido”, el miedo a confesar el miedo… Fue también un primer paso para trascender esa rutina en la que se ha caído pensando que se puede hacer organización política “desde los medios” e “incidencia” desde “la foto”. Un primer paso para remoralizar, para esperanzar, para romper el aislamiento. Esta marcha fue también una primera cosecha de ideas, sentimientos y vigores, y aún muy dispersos, que se han ido sembrando en estos largos años de desastre nacional.

El reto es el después. Porque, aunque todos los caminos, por largos y complejos que sean, empiezan siempre con un primer paso, está por ver cómo serán los pasos siguientes, si otras movilizaciones que ya se anuncian mantendrán la diversidad, si serán más masivas, si crearán más conciencia, si marcarán un rumbo. Y sobre todo, si esas movilizaciones -aun con mucha gente y con un rumbo específico- servirán para deshacer el pacto Alemán-Ortega, tan perfecta y perversamente anudado, y si desenmascararán también ese otro pacto Bolaños-banqueros-USA, tan ayuno de soberanía y tan sólido. ¿Irán por ahí los siguientes pasos o sólo contribuirán al desahogo en colectivo por tantas frustraciones y ante tanta ineptitud?

EL FRACASO DE INSULZA

La visita de José Miguel Insulza, que duró tres días y se prolongó 24 horas más de lo previsto por lo complicadas que se le presentaron las cosas -así lo reconoció: me he encontrado con una división muy profunda, es mucho más difícil de lo que me hubiera imaginado-, fue otra muestra de lo complejo que va a ser hallar una verdadera solución a corto plazo. Insulza fracasó porque no logró lo que tal vez esperaba él, y se espera siempre de una misión de ese nivel: sentar a la mesa a los grupos enfrentados y dejarlos ahí sentados. Por lo menos, para una foto “histórica”.

Insulza no paró de ir y venir y se fue sin lograr nada. La posición del gobierno sobre las reformas constitucionales y el diálogo tripartito era “empezar todo de cero”, “borrón y cuenta nueva”. La del PLC y el FSLN era “lo hecho, hecho está”, las reformas y sus consecuencias “son irreversibles”. Insulza no logró hacer ceder a ninguno.

El fracaso mayor, sin embargo, fue para el Presidente Bolaños. Apoyado en este desorden por factores internacionales, esperaba que Insulza definiera la crisis como él la define. O que le diera un respaldo incondicional. O que al irse le brindara un apoyo explícito. Nada de eso le dio la OEA. No puede dárselo. Son cuestionables las posiciones de todos los implicados. De las palabras de Insulza en su rueda de prensa el domingo 19 de junio, más sinceras que diplomáticas, se desprende esto.

En las esperanzas frustradas del Presidente Bolaños se descubre nuevamente a un gobernante que, sin saberse construir apoyo interno, sólo lo reclama una y otra vez del exterior, revelando así menosprecio e irrespeto a sus compatriotas. Por otra parte su frustración con la misión de Insulza es otra muestra de su visión fosilizada del mundo. El Presidente Bolaños creía que la OEA iba a responder a sus objetivos porque, al fin y al cabo, éstos coinciden con los de Estados Unidos. Sin embargo, aunque hoy la OEA siga siendo lo que ha sido, la elección de Insulza para presidirla ha representado un cambio marginal, pero importante, en relación a la tradicional instrumentalización de este organismo por parte de los Estados Unidos.

PROPUESTAS VAN,
CONTRAPROPUESTAS VIENEN

A lo que sí contribuyó el denso y fugaz paso de Insulza fue a incluir en la dinámica de los golpes y contragolpes, la dinámica de las propuestas y contrapropuestas. El primero en “disparar” fue Daniel Ortega: adelantar las elecciones. Disparó después Bolaños: estaba dispuesto a renunciar acortando su período, si todos los otros altos cargos del Estado renunciaban a la par. (No quedó claro quién “apagaría la luz y cerraría la puerta” de hacerse realidad su idea).

Contrapropuesta de Ortega: que renuncie sólo Bolaños y se convoque ya a una Asamblea Constituyente. Contrapropuesta de Bolaños: referéndum ya sobre las reformas constitucionales y Constituyente en 2006, con las elecciones generales. Ortega: referéndum ya, pero también sobre el TLC y otros temas sociales con la meta de un cambio de total de sistema hacia una “democracia directa”…

Siguieron las propuestas. Las de corto plazo sobre el diálogo, sus participantes y sus contenidos. Las de mediano plazo sobre las elecciones. Y las de más largo plazo sobre los contenidos de una Constituyente para cambiar totalmente la Ley Fundamental y no seguirle poniendo parches -desde 1999 el pacto le ha puesto varios nefastos-. Sería la 14 vez que esto ocurre en siglo y medio de vida republicana.

APARECE ALEMÁN
EN LAS PROPUESTAS

Mientras llovían las propuestas y las contrapropuestas y también los análisis y los contra-análisis de todas ellas, el PLC guardó silencio: “Ni ponemos condiciones ni aceptamos condiciones”, repetían. Hasta que el Vicepresidente José Rizo -alineado con el pacto- lanzó su propuesta, que presentó el primero al Cardenal Obando. Rizo propone que todos cedan, detalla en qué debían ceder, y en el séptimo punto de su propuesta, el central, propone una amnistía general para todos los que estén en problemas judiciales derivados de la actual crisis. Arnoldo Alemán sería el más notorio de los amnistiados.

El Cardenal Obando, que ha guardado una gran discresión en esta escalada, habló al recibir la propuesta de Rizo de la necesidad que Nicaragua tiene hoy de perdón y de reconciliación.

¡QUE SE VAYAN TODOS!

La “propuesta” que más se escucha en la calle y entre una mayoría de gente es: que se vayan todos. Tras esta utopía, hay que leer una condena a toda la clase política nicaragüense y a la lógica que ha guiado la función del gobierno y la lucha por el poder del Estado. Sería un error pensar que la “clase política” incluye simplemente a Ortega, a Alemán, a Bolaños y a sus allegados. “Que se vayan todos” es también un grito de condena a los que explícita o implícitamente legitiman el macabro juego político nacional: los analistas que no dicen la verdad, los notables que hablan lo mismo sin decir nunca nada, los eternos candidatos presidenciales que se montan sobre cualquier crisis o escándalo nacional para ganar cámara o tal vez algunos votos.

GUERRA SIN TREGUA

Saliendo Insulza parecía que la guerra entraría en otra etapa: la de comenzar a barajar en un diálogo los pros y los contras de la avalancha de propuestas. No fue así. Aunque Insulza recomendó a los contendientes una tregua en la que no provocaran al contrario con nuevos golpes, para no avanzar en la escalada, la guerra fue reiniciada de inmediato por el propio Bolaños y con un misil.

El 27 de junio se conoció que el Presidente había emitido tres días antes dos decretos. Ordenaba a la Policía Nacional no obedecer ningún fallo judicial sin que el propio Presidente se lo autorizara previamente. La Policía “auxilia” a los jueces, pero se “somete” al Presidente: ésa fue su interpretación. En el otro decreto ordenaba traspasar todos los bienes de TELCOR a la Dirección General de Ingresos, dependiente del Ejecutivo. Así, dejaba al nuevo intendente como rey sin reino.

Contragolpe: la Corte Suprema de Justicia aireó la acusación que desde hace dos años y por delitos electorales pende sobre la cabeza de Bolaños y solicitó a la Asamblea Nacional diera trámite a la desaforación del Presidente para que responda ante la Corte por delitos de los que le acusó la misma jueza sandinista que condenó en primera instancia a Alemán a 20 años de cárcel. Bolaños habría usado recursos del Estado para financiar la campaña que le llevó a la Presidencia, de la mano de Alemán. El proceso de desaforación de Bolaños y de varios de sus altos funcionarios comenzó de inmediato.

Otro contragolpe: los jueces de todo el país -mayoritariamente alineados con el danielismo- se declararon en huelga en protesta por los decretos presidenciales. Días después dos mil jueces y juezas salieron a las calles gritando ¡Po-der ju-di-cial, po-der ju-di- cial!! ¡El poder judicial unido, jamás será vencido!! Y días después, la Corte Suprema declaró inconstitucionales los decretos presidenciales. La guerra continuó y en un campo más minado aún que el que encontró Insulza, el 29 de junio llegó a Nicaragua -sin fecha de regreso- otra misión de la OEA, presidida ahora por el ex-canciller argentino Dante Caputo.

LA EXPRESIÓN DE LOS VOTOS

Cualquier solución para esta última situación caótica en la que el país ha caído parece pasar por una u otra fórmula de consulta (referéndum, Constituyente, elecciones), donde la gente exprese su voluntad. Pasa a corto plazo por una definición electoral. Aunque la expresión de la gente no garantiza ningún cambio de fondo en lo que hoy vemos, aclararía tal vez algunos de los nublados de la disputa. Pero para que una definición electoral contribuya a alguna solución real esa expresión debería darse en una consulta que fuera creíble y transparente.

La falta de credibilidad que de forma creciente se están ganando todos los políticos y altos funcionarios salpica plenamente a los administradores del proceso electoral, actualmente connotados personeros del danielismo y del arnoldismo. Además, la Ley Electoral que administran e interpretan es la expresión condensada del bipartidismo impuesto por el pacto desde el año 2000. Quienes en medio del desorden conservan algo de optimismo, consideran que la conciencia de una mayoría de gente en Nicaragua ha alcanzado ya un nivel que permitirá, a punta de presiones, modificar esta situación, cambiar la Ley Electoral y a los miembros del Consejo Supremo Electoral.

¿CUÁNTO HA MADURADO
LA CONCIENCIA?

En cualquier caso, todas las apuestas se centran ya en las elecciones de noviembre 2006. ¿Se adelantarán algunos meses? Quien parece más seguro es Daniel Ortega, porque además de tener, por el pacto, el control de las instituciones que le aseguran el control del proceso, tiene lista la maquinaria partidaria. Por eso propone adelantarlas.

Su otra ventaja, aún mayor, es que la maquinaria del PLC está desarticulada, como lo demostraron las elecciones municipales de noviembre 2004. Y el PLC continúa apostando a que sólo la salida de Alemán de su hacienda-cárcel logrará recomponer esa maquinaria. La salida pronta o la permanencia prolongada de Alemán en su encierro se vuelve crucial con cada día que acerca la jornada electoral.

LEWITES, EL MÁS POPULAR

Víctor Hugo Tinoco, jefe de campaña de la candidatura de Herty Lewites, quien habla más extensamente desde la página 13 de este número de Envío, nos dijo: Nosotros tenemos la capacidad de establecer una maquinaria electoral que, aunque no va a rivalizar con la de Daniel Ortega, sí nos garantiza la defensa del voto, que es el principal objetivo, y también nos garantizará la victoria electoral. Daniel Ortega plantea adelantar las elecciones porque siente que todavía no hemos logrado consolidar este instrumento organizativo. Él cuenta también para su juego con la ventaja de que la derecha, el antisandinismo, el PLC, está dividido. No sabemos si seguirá así hasta las elecciones. Pero esa división no favorece sólo a Daniel Ortega, también favorece a Herty. Y tal vez favorece más a Herty. Creemos no sólo que hay probabilidades reales de que Herty gane estas elecciones. Existe una posibilidad muy seria.

Todas las encuestas de los últimos meses ratifican que Lewites es el personaje político con más popularidad en todo el país. ¿Qué significará cuantitativamente, en votos, esa “popularidad”? Todas las encuestas hablan también de la total falta de credibilidad de la población en la clase política, de la falta de legitimidad y representatividad de todos los políticos ¿Quién representa hoy a quién?

Las encuestas son engañosas. Las respuestas en este momento sólo están en la evolución de conciencia de la gente en estos últimos tiempos. ¿Qué está pasando ahí? ¿En qué medida -medible en votos- han perdido representatividad los dos caudillos y sus maquinarias en este tragicómico e impresentable escenario político? Un exagerado optimismo en este punto roza con una ingenuidad voluntarista.

Otra pregunta aún más difícil de responder: ¿En qué medida una población donde el 80% sobrevive en extrema pobreza estará en capacidad de decidir sobre “aspectos institucionales” en un referéndum, en una Constituyente, en una consulta?

¿PUNTO FINAL?

Si durante la visita de Insulza al país para facilitar una solución a la crisis los medios fueron estruendosa caja de resonancia de las declaraciones de unos y otros y de las declaraciones y encuentros del enviado de la OEA con unos y otros, informando, interpretando y especulando sobre la gestión, Dante Caputo optó por el hermetismo. Su consigna: mientras menos bulla, más claridad.

Unos días después de su llegada empezó a escucharse que “la crisis podría llegar pronto a un punto final” de un momento a otro. Terminamos de escribir esta reseña, mientras se suceden los “puntos y coma” y “los punto y seguido”.

¿Puede haber realmente un “punto final” a la crisis nacional? Tal vez a algunos de los desórdenes formales más notorios causados por las reformas constitucionales sí. Pero lo que ocurre en Nicaragua, su crisis estructural, es otra cosa. Los intereses políticos, económicos y personales a los que están atados prácticamente todos los que integran la clase política, hoy en guerra campal, es la causa más profunda de la crisis.

¿QUIÉN LOS REPRESENTA?

Esos intereses los insensibilizan y sólo con sensibilidad se podrá enrumbar a la Nicaragua de hoy. Mientras se debatía sobre el pacto y se marchaba contra el pacto, se hacían públicos los resultados de una encuesta realizada por el Ministerio de Salud sobre la desnutrición: el 20% de los niños menores de 5 años padecen desnutrición crónica. Y por todo el país hay zonas donde la cifra de desnutrición de la población alcanza hasta un 32%. La tercera parte de los nicaragüenses tiene hambre. ¿Quién representa a esta gente?

Uno de lo convocantes de la marcha, un gran empresario, declaró en el seminario donde se presentaron estos resultados que la pobreza “es una cuestión de actitud” y que a “modificar esa actitud es a lo que contribuye actualmente la empresa privada”.

Desde esta falaz perspectiva -tan presente hoy en análisis y bonitas publicidades-, donde son pobres quienes piensan como pobres, la pobreza no tiene nada que ver con la distribución y uso de la riqueza social y la explotación es una ficción inventada por los comunistas. ¿Se puede, desde una perspectiva así, “erradicar la pobreza” en Nicaragua?

EN EL REINO DEL DESAMOR

La miseria de las mayorías y la indiferencia de los ricos ante esa miseria se nutren en ese “reino del desamor” -tan acertadamente descrito por nuestra feminista Sofía Montenegro- en el que nacen, crecen, se reproducen y mueren los nicaragüenses.

Vivimos en una sociedad que no sabe amar y que es, además, profunda y contradictoriamente conservadora. La última encuesta sobre las percepciones de la población sobre el pacto, incluyó otras preguntas sobre algunas opiniones vinculadas a la vida “privada” y “familiar”. Las dos respuestas que se dieron a conocer son reveladoras. Aun cuando es práctica habitual en nuestra sociedad -una práctica bastante sensata si se hace con responsabilidad-, el 68% de los entrevistados dijeron desaprobar las relaciones pre-matrimoniales. Y nada menos el 82% respondió que el aborto terapéutico debe ser penalizado. ¿Ignorancia? ¿Deseos de dar una respuesta “correcta” al encuestador? ¿Temores religiosos influenciados por la avalancha supersticiosa y seudomística que hoy domina a tanta gente en Nicaragua y que alimenta la arraigada idea de un Dios castigador?

Sin embargo, esta sociedad conservadora y “moralista” convive con normalidad con un problema de la vida “privada” y “familiar” gravísimo: el incesto, el abuso sexual practicado por hombres, que son familiares y conocidos de niñas y de niños. Sorprende, conmueve, consterna el escuchar cada vez con más frecuencia de casos en las escuelas, por todos los hogares rurales y urbanos, en los barrios, también en las casas de personalidades políticas… Este execrable delito y la tolerancia frente a él es una de las razones más profundas de la ingobernabilidad de esta nuestra sociedad aún sin rumbo.

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