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  Número 279 | Junio 2005
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Nicaragua

Por los caminos van los campesinos… víctimas del Nemagón

Durante tres meses, miles de campesinos y campesinas de Chinandega, trabajadores del banano y de la caña, afectados por el pesticida Nemagón y por otros químicos letales, acamparon en Managua, exponiendo su dolor y presentando sus reclamos. Nos han dejado valiosas lecciones en esta nueva etapa de su lucha porque se les haga justicia.

Equipo Envío

La marcha inició en febrero. Más de tres mil hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niños y niñas recorrieron a pie los 150 kilómetros que separan a Chinandega de la capital, Managua. Eran sólo los más organizados, pero en sus llagas representaban a las más de 80 mil personas de todas las edades que se calcula están afectadas, sólo en Nicaragua, por la exposición directa o indirecta a ese veneno químico llamado Nemagón.

TRANSNACIONALES SICÓPATAS
QUE DEJARON MILES DE VÍCTIMAS

El Nemagón, nombre comercial del DBCP (dibromo-cloropropano), que también se llama comercialmente Fumazone, fue inventado para combatir unos gusanos microscópicos, del orden de los nemátodos, que alojándose en las raíces del banano afectan las plantas y decoloran las frutas. El amarillo intenso de los bananos parece ser condición para su buena venta en el mercado internacional. En el mundo de apariencias donde hoy el mercado impera como un dios, las plantaciones de banano orgánico -que producen frutas más sabrosas pero menos hermosas por la cáscara que las “envasa”- no tienen aún suficiente salida.

En los años 60 las transnacionales fruteras -Standard, Dole, Del Monte, United Fruit, hoy Chiquita Brands- comenzaron a emplear masivamente el Nemagón en las plantaciones de banano de Centroamérica, el Caribe y Filipinas. También se empleaba en las de caña de azúcar, piña y algodón. El pesticida era manufacturado por varias compañías químicas: la Occidental Corporation, la Dow Chemical Company y la Shell Oil Company. La Dow y la Shell llegaron a exportar anualmente hasta 24 millones de libras de Nemagon en los años 70. Hasta que en 1977, el sindicato de los trabajadores de una fábrica de la Occidental en California identificó el primer caso de esterilidad masculina debido a la exposición al DBCP.

En 1979 el producto fue prohibido en Estados Unidos y sacado del mercado por sus comprobados efectos tóxicos en los cromosomas humanos. La investigación demostró lo que ya se había observado hacía mucho tiempo -existe un informe interno de la Dow de 1958-: que el Nemagón causaba graves enfermedades, que tenía efectos cancerígenos. También se comprobó que contaminaba el aire, el suelo y el agua con efectos en el medio ambiente que permanecían durante generaciones. Costa Rica prohibió el uso del Nemagón en 1978. En Nicaragua la Standard Fruit la siguió usando masivamente. Durante la revolución sandinista, la Standard abandonó el país, pero el Nemagón continuó empleándose en las bananeras nacionalizadas. Hasta 1985. Aunque sin ninguna explicación. Victorino Espinales, tenaz y comprometido dirigente de los bananeros en lucha, afirma que el DBCP todavía está presente en algunos de los pesticidas empleados hoy en Nicaragua.

¿Por qué, después de su prohibición en Estados Unidos, se siguió distribuyendo el Nemagón? Como corporaciones que son, las transnacionales fruteras actúan con la misma patología del sicópata -falta de empatía, incapacidad de ponerse en el lugar del otro, falta de conciencia, falta de remordimiento, irresponsabilidad-, esa enfermedad social que tan bien describen Mark Achbar, Jennifer Abbott y Joel Bakan en el brillante documental canadiense “La Corporación”. En 1993 se contabilizaban ya en todo el mundo más de 16 mil afectados por el Nemagón. En Nicaragua, las víctimas se empezaban a contar por aquellos años. Se hablaba solamente de 195.

COCINÁNDOSE A MUERTE LENTA

Hace diez años, Envío informó sobre la primera causa judicial, presentada en Galveston, Texas, contra la Shell, la Dow y la Occidental por fabricar y distribuir Nemagón. Los más de 16 mil afectados de plantaciones bananeras de Asia, África y América Latina acusaban a estas poderosas compañías por daños irreversibles en su salud y exigían una indemnización. Nuestra periodista Raquel Fernández relataba en aquella ocasión cómo se emplea el Nemagón.

“El Nemagón se utiliza de diferentes formas. Una, muy frecuente, consiste en introducirlo directamente en el suelo, lo más cerca posible de las raíces, con una especie de enorme jeringa. Este sistema es muy eficaz y muy económico, porque casi no se pierde nada, pero tiene un inconveniente: si el chorro de nematicida choca con algún obstáculo -raíces enmarañadas, piedras- lo que es muy frecuente, salta en cualquier dirección salpicando al operario, que muchas veces no utiliza ropa protectora para su trabajo. Ni siquiera utiliza ropa: se adentra en plantaciones que rezuman tóxicos llevando encima los restos de un pantalón viejo y sólo a veces una camisa con muchos agujeros. Pero aunque el operario utilizase ropa adecuada, no se salvaría de la agresión del nematicida, porque éste penetra no sólo por la piel sino por las vías respiratorias, causando los mismos estragos.

El Nemagón también se usa añadiéndolo al agua de riego que sale por las torres de aspersión. Un obrero nos explica que el producto se aplica así cuando el suelo está seco y no sopla viento. Con estas dos condiciones, se riega la plantación con agua durante media hora, otra media hora con el preparado de Nemagón y otra hora con agua sola para garantizar la penetración. “Pero vea -nos dice-, cuando aplicábamos así el Nemagón, el olor se sentía hasta a dos leguas de distancia” (unos 11 kilómetros).

Mientras se aplica el pesticida por este procedimiento, no siempre hay trabajadores en la plantación, porque el riego dificulta las actividades. Suele hacerse al final de la tarde para que las raíces se impregnen durante toda la noche. Pero muy temprano, decenas de trabajadores, semidesnudos y descalzos, entran de nuevo a las bananeras y cuando el sol sale y calienta la tierra, convierte las fincas en ollas de vapor venenoso donde los obreros se van cocinando a muerte lenta. Y así durante años. Las hojas del banano, anchas, largas y entrecruzadas, forman un techo casi impenetrable a la ventilación. Esto es lo que ha ocurrido en las bananeras de Filipinas en Asia, en las de Burkina Fasso y Costa de Marfil en África, en Centroamérica, en América Latina y el Caribe, donde se construyeron infiernos de los que nadie desconfiaba porque venían del paraíso estadounidense”.

“COMO SI TUVIERAS FUEGO DENTRO”

Nadie explicó nada sobre los riesgos a los trabajadores de las bananeras nicaragüenses. Ni a sus mujeres, que aunque no trabajaban directamente en la recogida de la fruta, sí en el empacado, manipulando sin protección los frutos rociados de tóxico, lavándolos. Preparando diez mil y más cajas diarias, según los pedidos y las temporadas.

La luz de alerta se encendió al iniciar los años 90 y en la medida en que comenzaron a nacer en Chinandega y en las comunidades de Occidente niños y niñas con extrañas malformaciones, cuando se hizo frecuente que las mujeres abortaran una y otra vez, cuando las parejas dejaban de tener hijos sin ninguna explicación, cuando los cuerpos de los hombres comenzaron a llenarse de llagas que nunca cerraban, cuando una extraña comezón en el cuerpo -“echándote agua todo el día, como si tuvieras fuego dentro, como si te estuvieras quemando”- se fue extendiendo por la piel de más y más gente.

Hubo quienes dijeron que era “un castigo de Dios” por algún pecado individual o colectivo que nadie podía identificar. Algunos reflexionaron y entendieron que el castigo no era divino -nunca lo es-, sino humano. Que había responsables, que el pecado era de las fruteras, que habían diseminado Nemagón y otros químicos tóxicos en las ricas tierras de Chinandega durante tantos años.

Un documento titulado “Estudio de la contaminacion por plaguicidas en el acuífero y suelos de la region León-Chinandega”, realizado por el CIRA (Centro para la Investigacion en Recursos Acuáticos de Nicaragua), de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en 1999, señaló que en el Occidente del país se usaron tantos plaguicidas que en uno de cada ocho pozos en que se tomaron muestras se encontraron químicos organoclorados y grandes concentraciones de toxafeno, DDT y DDE, sustancias prohibidas a nivel mundial por su alta toxicidad.

Dos años antes, otro estudio de la UNAN, de noviembre de 1997, había revelado que en el 99% de 154 madres parturientas investigadas en el hospital de Chinandega y en otros dos centros de salud chinandeganos se detectaron altas concentraciones de DDT y DDE en la leche materna, en la grasa abdominal, en la sangre y en el cordón umbilical. Otros estudios lo han vuelto a confirmar: la leche con la que amamantan las mujeres chinandeganas tiene concentraciones de agroquímicos diez veces por encima de los límites tolerables para la salud humana.

EL NEMAGÓN AL BANQUILLO

En su crónica publicada en Envío (marzo 1995), relata Raquel Fernández: “En septiembre de 1992, Álvaro Ramírez, Presidente de la Asociación Nicaragüense de Juristas Democráticos, fue invitado a San José, Costa Rica, para participar en el primer Seminario sobre Servicios Legales Populares, Derechos Humanos y Administración de Justicia, donde conoció de la demanda que los trabajadores costarricenses del banano habían entablado contra la Standard Fruit por daños y perjuicios sufridos por el Nemagón. A su regreso a Nicaragua, Ramírez puso la Asociación de Juristas al servicio de esta justa causa e inició contactos con la Federación del Banano de la Asociación de Trabajadores del Campo (ATC). También se establecieron relaciones con bufetes de abogados de los Estados Unidos para entablar la demanda a la Shell por las cuatro irregularidades cometidas con el Nemagón, una vez que este producto fue prohibido en los Estados Unidos: producirlo, transportarlo, comercializarlo y aplicarlo”.

Aunque la historia judicial del Nemagón inicia en el mundo en la década de los 80, era la primera vez que el problema tomaba en Nicaragua un cauce jurídico. Desde los 80 en el mundo, y desde los 90 en Nicaragua, ha habido diversas demandas, diversos grupos de abogados, diversos silencios, diversas burlas… La lucha ha sido larga. Y no ha terminado.

En Nicaragua, y según otras fuentes, la Dow Chemical entregó en 1997 nada menos que 22 millones de dólares a unos abogados estadounidenses contactados por el hoy diputado del FSLN Marcelino García, como indemnización para 812 ex-bananeros nicaragüenses afectados. En la distribución, al total de los obreros se les entregaron apenas 143 mil 300 dólares, y el jugoso resto quedó en el bufete de abogados.

En enero del año 2001 y gracias a la sostenida lucha y reclamos de los trabajadores afectados por el Nemagón, la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó la Ley 364, que respalda los justos reclamos que en los tribunales de Estados Unidos mantiene la mayoría de las víctimas nicaragüenses contra la Dole, la Dow y la Shell. En diciembre de 2002, se ordenó a las tres corporaciones pagar 490 millones de dólares a 583 de estos bananeros. Cada una de las compañías se negó a cumplir, alegando irregularidades en la presentación de la demanda. La lucha continuó. Continúa. Hoy, el TLC Centroamérica-Estados Unidos amenaza con anular los efectos de un reclamo jurídico de esta naturaleza.

La marcha y acampada en Managua de este año 2005 es uno más de los capítulos de estos esfuerzos desesperados y esperanzados de las víctimas y sobrevientes de una enorme injusticia.

El sociólogo panameño Raúl Leis recuerda lo que llama “la jugada más conocida efectuada por las empresas responsables de esta tragedia”. Se dio -relata- en 1997, cuando miles de trabajadores afectados por el químico en todo el mundo fueron inducidos por sus propios abogados y políticos corruptos a cobrar una mísera indemnización de 100 dólares cada uno. Al aceptar, firmaron un contrato por el que renunciaban a futuras indemnizaciones y demandas. Sólo quienes no tragaron el anzuelo pueden hoy luchar por una suma más justa. En Nicaragua, y después de la Ley 364, conscientes del avance de los trabajadores, las corporaciones, el gobierno nicaragüense y el estadounidense han intentado torpedear varias veces los reclamos de los afectados”.

Desde hace varios años, la red PAN (Pesticides Action Network) ha trabajado a nivel mundial en una “Campaña contra la Docena Sucia” alertando sobre los riesgos del uso indiscriminado de doce plaguicidas considerados altamente peligrosos. Entre ellos despunta el Nemagón o Fumazone. También está el DDT y el Paraquat o Gramoxone.

LAS LARGAS MARCHAS
DE CHINANDEGA A MANAGUA

La primera marcha y acampada en Managua de los afectados por el Nemagón se realizó en 1999, durante el gobierno de Arnoldo Alemán. Cientos de ex-trabajadores llegaron a la capital para entregarle una carta al entonces embajador de Estados Unidos, Oliver Garza, solicitándole los apoyara en sus reclamos contra las compañías de su país. Nada consiguieron. Pero empezaron a hacerse notar.

En el año 2000, aún Alemán en el gobierno, muchísimos más caminaron de Chinandega a Managua para presionar al gobierno, exigiendo la elaboración de una normativa legal que atendiera sus demandas. Durante dos semanas realizaron diversas acciones y huelgas de hambre, consiguiendo que el Legislativo terminara aprobando la Ley 364.

En agosto de 2003, los ex-trabajadores bananeros ya estaban organizados en la actual ASOTRAEXDAN y realizaron nuevas protestas en Managua. En aquella ocasión denunciaron a los abogados Ojeda, Gutiérrez, Espinoza y Asociados de boicotear el proceso de reclamo a las compañías estadounidenses y de querer estafarlos. Acusaron también al Fiscal General de la República, Julio Centeno, y a la fiscal adjunta, María Lourdes Bolaños por las mismas razones.

Meses después, en enero de 2004, unos 5 mil miembros y miembras de ASOTRAEXDAN iniciaron su tercera larga marcha a pie desde Chinandega a Managua para protestar en los predios baldíos que en la zona de los escombros de Managua se encuentran ante la Asamblea Nacional y la Casa Presidencial. El domingo 21 de marzo de 2004, tras casi dos meses de acampar en champas de plástico bajo el sol, entre el polvo y acompañados por la solidaridad de muchos, el Presidente Bolaños aceptó reunirse con una delegación de varios grupos de afectados.

De esta reunión surgieron los llamados “Acuerdos de El Raizón”. El primero se refiere a la unidad entre los diferentes grupos de trabajadores. El segundo es la ratificación y certificación del compromiso alcanzado por el gobierno de Nicaragua en noviembre de 2002 de prestar asesoría legal en Estados Unidos a los afectados, a través de la embajada en Washington. El tercero capacitaba al Procurador de Derechos Humanos Benjamín Pérez a denunciar en la Convención Internacional de los Derechos Humanos en Ginebra el caso del Nemagón en Nicaragua. El cuarto era el más importante: si los campesinos se desmovilizaban, Bolaños se comprometía a no reformar la Ley 364. Los campesinos se desmovilizaron y regresaron a Chinandega. Pero el caso continuó estancado. ¿Desidia? ¿Complicaciones? ¿Falta de voluntad de quién, de quiénes? La lucha continuó.

“UNA LUCHA LEGÍTIMA Y CÍVICA”

La marcha de este año 2005, iniciada en febrero, fue también masiva. La motivaba el temor de que la Ley 364 fuera reformada en la Asamblea Nacional, donde los diputados del PLC, y también los del FSLN, interesados en las reformas constitucionales para restarle atribuciones al Ejecutivo y repartiéndose cargos en el Estado dentro del pacto Alemán-Ortega los ignoraban y les daban la espalda.

Victorino Espinales dirigió esta marcha y las tres anteriores. Vocero y representante de los bananeros víctimas del Nemagón, Espinales calcula que unos dos mil de sus compañeros y compañeras han muerto ya como consecuencia del mortal pesticida. Este año llegaron a Managua exigiendo una indemnización que calculan en 17 mil millones de dólares y el apoyo del gobierno de Nicaragua para contrarrestar las trampas legales que para no cumplirles les han tendido la Shell, la Dole y la Dow.

El 13 de mayo, tras mucho sol y mucha tenacidad, el gobierno y los afectados por el Nemagón llegaron a “acuerdos preliminares”: un conjunto de compromisos en 21 puntos. En la marcha y en las negociaciones los bananeros fueron acompañados por otras víctimas, los cañeros afectados por insuficiencia renal crónica -males derivados de su trabajo en el ingenio San Antonio, también en Chinandega-. Las negociaciones se establecieron sobre la base de la revisión de los Acuerdos de El Raizón y en el documento el gobierno destacó el espíritu constructivo mostrado por la dirigencia de los afectados del Nemagón, reconociendo que la lucha de las personas afectadas es legítima y cívica.

CONSULTAS Y ATAÚDES

Los acuerdos de mayo 2005 son un nuevo logro de los afectados por el Nemagón. En ellos aunque se concretan medidas inmediatas, ambas partes reconocen que las soluciones tendrán que ser de mediano y largo plazo.

El gobierno de Nicaragua se compromete a seguir garantizando atención gratuita a las víctimas en sus múltiples dolencias en los programas del Ministerio de Salud y como grupo de atención priorizado. En el anteproyecto de presupuesto del año 2006, el Ministerio de Salud deberá gestionar recursos nacionales e internacionales para cubrir esta atención. Fiscales locales y nacionales voluntarios, nombrados por los afectados, garantizarán que esto se cumpla.

Hasta mayo, el Ministerio de Salud ya había brindado 5 mil 580 consultas médicas a las víctimas, elaborando una ficha de cada una, base para los expedientes clínicos, hoy cuestionados por las corporaciones estadounidenses demandadas. También había brindado 848 atenciones especializadas de las 1 mil 230 programadas.

En el acto de firma de acuerdos, el Ministerio entregó 3 mil 883 carnets de identificación a las personas afectadas para su atención en las unidades de salud de todo el país.

El gobierno decidió también entregar ayuda para gastos de ataúd y funeral hasta un número de 300 anuales en los casos de muerte. Y, en la medida de sus posibilidades y de acuerdo con los planes de inversión pública, se comprometió a brindar asistencia en programas de viviendas.

POR EL AGUA, EL SUELO Y EL BOSQUE

El gobierno se comprometió a no solicitar reformas ni derogación de la Ley 364, “Ley Especial para la tramitación de juicios promovidos por las personas afectadas por el uso de pesticidas fabricados a base de DBCP”. Disipó con este acuerdo los temores de los bananeros de que el Presidente Bolaños -tan obsecuente a los intereses de Estados Unidos en Nicaragua- anularía este instrumento legal o diluiría sus alcances.

También se comprometió el gobierno a mantener vigente un acuerdo de 2001 que prohibe la importación a Nicaragua de 17 plaguicidas tóxicos. Existe un acta elaborada por la Comisión Nacional de Plaguicidas, que evaluó la nueva “docena sucia” y recomendó la cancelación de sus registros por los daños a la salud humana y al medio ambiente, que el gobierno se comprometió a presentar.

Desde el punto de vista ecológico, resultan también significativos otros compromisos. La Comisión Nacional de Manejo Integrado de Plagas se comprometió a reunirse para elaborar un manual del manejo integrado de plagas en la caña, en el banano y en otros cultivos. Esta Comisión y la Comisión Nacional de Plaguicidas se comprometieron a desarrollar una campaña educativa para la promoción de alternativas de producción más amigables con la salud y el medio ambiente. En junio, empezaron a escucharse en las emisoras nicaragüenses las cuñas radiales de esta campaña

Se evaluará también la calidad del agua en cuencas, ríos y pozos de las zonas afectadas por el veneno. También se estudiará la vida de las comunidades en donde se concentran los afectados y se formularán propuestas para la producción orgánica. Hubo compromisos en proyectos de reforestación en León y Chinandega y en las zonas arrasadas por los cultivos extensivos de algodón. Se acordó que, a través de la Procuraduría Ambiental, se promoverá y capacitará a 80 personas para que se desempeñen como promotores ambientales populares en las zonas envenenadas.

“PARA MORIR DIGNAMENTE”

Tras la firma de estos acuerdos -otro logro de la organización de esta gente-, quedaron en Managua tres centenares de afectados y miles regresaban a Chinandega. ¿Sobrevivirán? Durante la acampada en lo que algunos corresponsales internacionales llamaban la Ciudadela Nemagón, decenas de periodistas extranjeros visitaron Nicaragua para conocer de cerca esta historia.

De uno de ellos, el catalán Vicente Boix Bornay, tomamos estas reflexiones: “En las comunidades de Chinandega visitamos muchos hogares, muchos afectados, muchas desgracias, pero, el caso de Lebster sobresale. Su deficiencia física contrasta con su entereza psíquica. Su cuerpo está espectacularmente deformado, sobre todo sus extremidades. En el momento de nuestra visita, está postrado en la cama, acuciado por fuertes dolores en el estómago. Son insoportables. A veces, la casualidad nos lleva a escenas que no quisiéramos haber visto jamás. Su madre le acompaña, llora desconsolada e impotente mientras frota la barriga de su hijo. No puede ni pagar los diez córdobas de un taxi para llevarlo al hospital... Dos semanas después de nuestra primera estancia por Chinandega, Lebster murió. Acababa así el sufrimiento de un niño y el calvario particular de Ángela, su madre. ¿Quién será el próximo? Pregunta cínica pero muy típica por estos lugares.

Sea cual sea el futuro judicial de la lucha de los bananeros, el daño ya está hecho. Como dice don Victorino Espinales, la victoria en los juzgados es para “morir dignamente”. Curiosa aspiración en este mundo tan... ¿globalizado? No, hermano, si así fuese, todo el mundo soñaría con morir dignamente. No sé, pero, como dijo un amigo mío al leer este texto: Curioso mundo en el que vivimos, donde unos mueren trabajando en el cultivo de bananos por el contacto con químicos que otros hemos fabricado para comernos los bananos y morir de colesterol”.

“NOS SACARON DE UN LETARGO
Y MOVILIZARON NUESTRAS CONCIENCIAS”

Envío habló con la teóloga y poeta nicaragüense Michelle Najlis, que una y otra vez llegó a acompañar, con grupos cristianos ecuménicos, a los afectados por el Nemagón en esta su cuarta presencia masiva en Managua. Valora así Michelle las lecciones que estos hombres y mujeres nos han dejado como semillas de esperanza.

“Dentro de la inmovilidad social que aqueja a Nicaragua, la prolongada acampada de los afectados por el Nemagón en la capital ha sido una bendición, un cúmulo de lecciones. La primera es que, a pesar de los terribles daños que llevan en sus cuerpos, producto de la intoxicación, estos compatriotas no han sucumbido a la impotencia. Han sacado fuerzas incluso de la muerte que los acecha a cada instante y que ya ha costado tantas vidas. Nos han enseñado a no sucumbir a la idea de que no se puede hacer nada frente a la crítica situación de Nicaragua y del mundo. Con sus cuerpos enfermos nos han llamado a salir de la impotencia y también de la comodidad. Cada una de sus champas -esa ciudad que armaron entre todos con palos, hamacas y plásticos negros- ha sido un grito profético llamando a Nicaragua a la conversión. Podemos decir con Isaías, que “por sus heridas fuimos sanados” de nuestro egoísmo.

Otra lección es que, a lo largo de muchos años de lucha y de muchos silencios y reveses, estos campesinos y campesinas han sabido crear y consolidar una organización fuerte y disciplinada y esto explica la tenacidad con la que han permanecido miles de ellos y de ellas, durante casi tres meses, en condiciones muy difíciles -cocinando al sol, con sed, con lluvia, con polvo- en un predio ante la Asamblea Nacional.

Su lucha nos ha demostrado también que la no violencia es una forma de lucha y que no significa impotencia. Al contrario, una lucha no violenta requiere de más conciencia, organización, firmeza y perseverancia que la lucha violenta. En Nicaragua, significa más: desafiar toda esa cultura de violencia que atraviesa nuestra historia y que a menudo nos quieren presentar como la única capaz de alcanzar triunfos.
Finalmente, amplios sectores de la sociedad civil -entre ellos grupos cristianos ecuménicos- nos movilizamos para acompañar a “los del Nemagón”. Los visitamos para “perder tiempo” platicando con ellos, para jugar con los niños, para conocer de su lucha, para estar allí y acompañarlos, para darles apoyo con alimentos y ropa, en celebraciones de misas y cultos, con películas, fiestas y conciertos de música… ¿Nos movilizamos? Ellos y ellas movilizaron nuestras conciencias. Se supieron ganar el respeto de la sociedad nicaragüense, no sólo por la legitimidad de sus demandas, sino por la ejemplaridad de sus actitudes y por los métodos que utilizaron. Han contribuido a sacar a la sociedad civil de su letargo. Lo que han hecho debería inaugurar un nuevo camino para la sociedad nicaragüense”.

“UNA FE CAPAZ DE MOVER MONTAÑAS”

Y continúa Michelle Najlis: “En Nicaragua observamos con frecuencia que la religión opera como un elemento que profundiza la resignación y los sentimientos de impotencia y de sumisión, como si “la voluntad de Dios” fuera que las dos terceras partes de los habitantes de Nicaragua vivieran en la la miseria y la opresión, padeciendo enfermedades y maltratos, para ganar, resignados ante tantas calamidades, un premio en el más allá. Estos hombres y mujeres nos han mostrado que entre ellos no es así. Expresaban y demostraban con lo que hacían que su fe en Dios era la raíz de su lucha y de su esperanza, la fuente que ha inspirado la firmeza de su lucha no violenta. Nos mostraron una fe capaz de mover montañas.

Fue hermoso también ver cómo los afectados por tantos venenos incluyeron entre sus demandas, y así quedó reflejado en los acuerdos, no sólo sus más que justas reivindicaciones, sino planteamientos para todos, para la Madre Naturaleza: la reforestación, la vigilancia sobre el futuro uso de cualquier pesticida y el cuidado del agua como un bien de todos.

Una gran lección es también que los importantes acuerdos que lograron antes de regresar a Chinandega no les han hecho caer en un triunfalismo irresponsable. Se mantienen alerta, con la vigilancia necesaria sobre los diputados de la Asamblea, que tan poco solidarios fueron con ellos. Y sobre el gobierno. Yo destacaría mucho también la buena voluntad de los integrantes de la comisión negociadora, tanto de los representantes de los campesinos, como de la comisión gubernamental, con una muy especial mención a la Ministra de Salud, Margarita Gurdián, quien presidió la delegación del gobierno, por el papel responsable y sensible que supo jugar”.

Por todo esto, y por mucho más, quienes acompañaron a “los del Nemagón” durante tres meses en Managua los despidieron, felices por su triunfo, comprometidos en vigilar que se les cumplan los acuerdos y con lágrimas de gratitud por las lecciones que, como semillas, dejaron sembradas en Managua.

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