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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 181 | Abril 1997
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El Salvador

Prueba de fuego con resultados positivos

Los resultados de las elecciones legislativas y municipales en El Salvador abren nuevas expectativas y retos en Centroamérica. El triunfo de la izquierda en la ciudad de San Salvador está en el centro del desafío.

Carlos G. Ramos

Los comicios del 16 de marzo en El Salvador ha sido el segundo evento electoral de la etapa post-acuerdos de paz y también la mayor prueba de fuego a que se ha visto sometido el sistema electoral, el sistema de partidos y el tipo de liderazgos políticos definidos en la transición de la guerra a la paz. Las elecciones de 1997 conformaron así el escenario idóneo para medir una serie de variables sociopolíticas que pueden indicar hasta dónde el país ha avanzado en la construcción democrática.

Lo específico del proceso electoral de 1997 debe leerse en el espejo de las elecciones de 1994. Al margen de la extensa campaña de difusión que las definió como "las elecciones del siglo", los comicios del 94 fueron sobre todo el último acto de la guerra. La elección, sus temas dominantes, sus alianzas partidarias, y sobre todo sus resultados, reflejaron en buena medida la correlación de fuerzas que el conflicto dejó y, por tanto, las cuotas de poder electoral que de las elecciones se derivaron constituyeron una herencia del conflicto.

Alentador signo: la guerra va quedando atrás

Las elecciones de 1997 se ubicaron en un plano muy distinto. Concluidos cinco años de los acuerdos de paz, los ejes de motivación para la participación ciudadana y el significado del evento electoral en el marco del proceso político incorporaban redefiniciones sustanciales. Así, más que los comicios del 94, las elecciones del 97 constituyeron un espacio y una posibilidad para evaluar los avances y los estancamientos a los que nos ha conducido la transición política.

El proceso electoral puso a prueba cuánto se ha avanzado en generar confianza en los procedimientos e instituciones electorales, puso a prueba la solidez y transparencia del sistema electoral y la credibilidad en los partidos y en sus dirigentes. También puso a prueba hasta dónde los temas y problemas heredados por la guerra han dejado o no de ser ejes motivadores de la participación ciudadana.

Aunque algunos partidos intentaron llevar la contienda política hacia los problemas causados por la guerra, los electores dieron alentadores signos de no estar ya movidos por la guerra ni por la confrontación que de ella se sigue. De esta forma, las elecciones expresaron en sus resultados no las cuotas de poder heredadas de la guerra sino, entre otras cosas, la capacidad de los diversos partidos para adecuar su desempeño a las condiciones post acuerdos y para generar percepciones ciudadanas positivas sobre esta etapa.

Reglas electorales: 10 modificaciones

El período de campaña política se constituyó en una concentrada y atípica coyuntura de sucesivas y polémicas modificaciones al Código Electoral. Cuando nadie, o muy pocos, esperaban alguna novedad en materia de normatividad electoral, las reglas de la contienda se vieron sometidas a una serie de reformas y contrareformas en cuya aprobación legislativa se dieron muestras de una importante dosis de discrecionalidad, e incluso de desentendimiento del marco constitucional.

En los meses de campaña política las reglas electorales sufrieron unas 10 modificaciones. Se modificó desde el porcentaje de votos necesarios para sobrevivir como partido, y su forma de aplicación diferenciada a los partidos individuales o a las coaliciones, hasta los plazos y requerimientos para la inscripción de candidatos a elección.

El motivo central de todos estos movimientos y readecuaciones legales se encontró en la necesidad del partido ARENA de hacerse de socios de oposición, beneficiando circunstancialmente con esto a partidos como el Demócrata Cristiano (PDC) y al Partido Demócrata (PD), y en la urgencia de generarse condiciones favorables en un clima que no le garantizaba sostener sus cuotas de poder político. El sustento mayor de los cambios legales no se encontró en la más elemental lógica jurídica o política, sino en la simple necesidad de conseguir una aritmética legislativa favorable.

Los aliados de ARENA

Si compartimos que una de las características básicas del sistema democrático lo constituye el hecho de que la competencia política se realiza en un contexto de seguridad en las reglas del juego y de incertidumbre en los resultados, las apresuradas y caprichosas alteraciones a la ley electoral que se suscitaron en la campaña son un precedente negativo para la construcción democrática, pues más allá de un comportamiento irresponsable de legisladores y dirigentes de partidos, implican una transgresión real a las condiciones democráticas de la competencia política.

Lo más grave y peligroso de las acciones alteradoras de la estabilidad jurídica del sistema electoral, en las que participaron especialmente los diputados de los partidos ARENA, PDC y PD, es que estuvieron orientadas no sólo a influenciar de manera global las tendencias generales de la elección, sino que se diseñaron para generar beneficios o ventajas competitivas a actores políticos específicos. Los mayores beneficios inmediatos habrían sido, de hecho, para el PD y el PDC.

Entre muchos otros acomodos y arreglos, el PD de Joaquín Villalobos logró, con los votos de ARENA , que se modificara la ley a fin que los partidos que competían en coalición no estuvieran obligados a alcanzar cada uno de ellos el 3% de los votos válidos como porcentaje mínimo para sobrevivir como partidos. De esta forma, usando de paraguas su alianza con el PDC, el PD no se vería en el peligro de desaparecer como partido. Pese a todo, el apresurado decreto dejó vacíos al no considerar el caso de alianzas de carácter parcial, como lo fue la misma alianza PDC PD, y el PD estuvo a punto de desaparecer.

El acelerado y abrupto cambio de las reglas del juego electoral constituye un precedente grave porque nos muestra lo poco que se ha avanzado en subordinar las necesidades coyunturales de los grupos de poder a las exigencias estratégicas propias de la construcción democrática. Como en el pasado, y en parte como fruto de una mentalidad autoritaria y partidocentrista, algunas dirigencias políticas siguen creyendo que lo que es bueno para ellas lo es también para el país, y no a la inversa. Esa errada creencia se expresa en su práctica política.

Una peligrosa señal

El precedente es peligroso porque las alteraciones discrecionales de las reglas del juego nos colocan frente al riesgo de transitar desde el binomio seguridad incertidumbre, que caracteriza a la competencia política electoral en condiciones democráticas, hacia el binomio inseguridad en las reglas del juego e inaceptabilidad de los resultados, propio de condiciones de competencia electoral fraudulentas.

El riesgo es grande, pues en el caso salvadoreño, las modificaciones arbitrarias de las reglas del juego, no sólo generaron una situación de inseguridad jurídica para los contendientes. Perfilaron también para el país dos fenómenos sociopolíticos muy peligrosos para el proceso democrático. En primer lugar, generaron el riesgo de que, ante cualquier situación tendencial de pérdida de cuotas de poder, los actores políticos hegemónicos hagan de este tipo de acciones violentadoras del marco legal, el patrón normativo de su conducta política, lo que no sería otra cosa que la configuración de un nuevo tipo de autoritarismo en el ejercicio del poder. En segundo lugar, este manejo puede haber incidido negativamente en los niveles de confianza ciudadana en el sistema, en sus actores y en sus representantes y puede haber generado la percepción de escasa transparencia del proceso y del sistema electoral, lo que termina afectando la participación ciudadana.

Los temas de las campañas

El mensaje enviado por los partidos políticos a los ciudadanos no incorporó mayor creatividad en los temas ni brindó recursos que motivaran la participación electoral. Escasas excepciones pueden encontrarse a esta norma. Las hubo sólo en las campañas para el poder municipal, entre las que el caso de San Salvador es el que destaca con más claridad. La campaña global, sin embargo, tuvo mucho de lo mismo y exceso del pasado.

La oposición hizo del costo de la vida y de la corrupción los ejes centrales de su discurso. Unos más que otros, pero todos iniciaron y/o concluyeron con estos dos temas su campaña. Cada partido sumó a ellos, por supuesto, otros ejes de diverso peso: el problema agrario, la privatización de las empresas estatales, la seguridad pública, etc., pero ninguno redefinió las prioridades ni promovió un debate serio en torno a la naturaleza de los problemas o a la viabilidad de las soluciones.

Sólo la Democracia Cristiana, condicionada por difíciles conflictos de identidad ideológica y prisionera en el dilema de ser oposición o aliada de segundo nivel del partido ARENA, pareció alejarse de los patrones regulares de la campaña política. En lo fundamental, el PDC evadió la incorporación a su propaganda de los problemas reales y optó por una campaña que más que la de un partido político parecía la publicidad de al guna fundación ecológica. Su lema fue "La esperanza sigue siendo verde".

La guerra fue uno de los ejes de la propaganda oficial y de la propaganda encubierta del partido ARENA. Su aliado más cercano en este punto fue el Partido Demócrata, de un grupo de ex guerrilleros del FMLN. Ambos intentaron conducir la contienda electoral a la recuperación de los problemas y consecuencias de la guerra. El descubrimiento de un arsenal de armas encontrado en Nicaragua en febrero, que el Jefe del Ejército de Nicaragua, Joaquín Cuadra, afirmó que pertenecían al FMLN, fue usado por ARENA como recurso de propaganda para restar credibilidad al FMLN. Parte de esta campaña fue secundada por el PD y, con menor perfil, por el PDC. En el momento extremo, los ex guerrilleros del PD, Joaquín Villalobos y Ana Guadalupe Martínez, lanzaron agresivas acusaciones contra sus ex compañeros del FMLN por hechos sucedidos durante los años del conflicto armado.

ARENA: manipulación religiosa

Una segunda variante de la recuperación de la guerra como eje de campaña fue usada de forma más exclusiva por ARENA. Según los areneros, FMLN era sinónimo de guerra, destrucción e inestabilidad, mientras ARENA lo era de cambios positivos para el país. Cualquier incremento en las cuotas de poder del FMLN no representaría más que mayores riesgos de ingobernabilidad. El Presidente de la República y otros funcionarios gubernamentales expresaron de diversas formas que la garantía de la gobernabilidad se encontraba en que el partido en el gobierno sostuviera o incrementara sus cuotas de poder en el Legislativo.

El cuarto eje de campaña usado de forma, si no exclusiva sí predominante, por ARENA fue el de la religión. Lo hizo especialmente en su campaña en zonas del interior, donde revistió su discurso político de un ropaje de acentuados tonos religiosos, aún a costa de entrar en roces con los pastores o sacerdotes de la comunidades. Este discurso de sacralización del partido y sus acciones en muchos lugares se comparó la cruz de Jesús con la cruz de la bandera de ARENA expresa una tendencia que se ha incrementado cada vez con mayor fuerza en los últimos meses. Uno de los hechos más sintomáticos de esta tendencia fueron las declaraciones de la Primera Dama de la República con motivo de anunciársele la adjudicación de un reconocimiento por parte de Naciones Unidas. Según sus palabras, cuando se le anunció el galardón, lo primero que pensó fue: "Dios mío, cuánto nos querés a este país y cuanto querés a tu partido ARENA".

La hora de la verdad

En algo coincidieron los dos partidos más grandes, ARENA y el FMLN: en su lema de campaña. Ambos utilizaron el "Juntos somos el cambio". Los ciudadanos parecen haberles tomado la palabra, pues los resultados de las elecciones los han dejado en una situación tal en la que ya no es posible que uno excluya al otro en la toma de decisiones sobre los temas y problemas que definirán el futuro en El Salvador.

Concluida la campaña electoral, los preparativos para la realización de las elecciones entraron en su momento decisivo. Los problemas de esta fase final no fueron mayores y se redujeron básicamente a atrasos en los procesos de acreditación y en el envío de urnas, papeletas de votación o padrones electorales a los respectivos departamentos y municipios.

Según datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), el total de personas incorporadas en el Registro Electoral ascendía a 3 millones 4 mil 174. Sin embargo, en esos mismos datos se aclaraba que unos 368 mil 806 electorales registrados no habían retirado su carnet electoral, con lo cual el cuerpo de electores quedaba reducido a 2 millones 634 mil 368. El magistrado del TSE, Félix Ulloa, en declaraciones a diversos medios, precisó que de esta cifra debían descontarse los salvadoreños carnetizados que residen en los Estados Unidos y un número aproximado de 300 mil salvadoreños muertos que aún no han podido ser depurados del registro electoral.

16 de marzo: irregularidades

Aunque entre el cierre de campaña y la votación hubo acciones ilegales de propaganda por parte de militantes de diversos partidos políticos, especialmente del partido ARENA, fueron en general hechos menores y el día de los comicios transcurrió sin mayores incidentes que pudieran alterar la normalidad básica, o las tendencias de la votación que ya se habían venido perfilando en las encuestas de opinión política.

El propio 16 de marzo hubo incidentes e irregularidades en una importante proporción de municipios, algunos de ellos vinculados a la ineficiencia o incapacidad operativa del TSE y otros al desempeño o disputas locales de los miembros de los partidos políticos que tenían alguna responsabilidad en el proceso electoral.

Entre las irregularidades debidas a deficiencias del TSE estuvieron los retrasos en la apertura de centros de votación, la entrega incompleta de los paquetes electorales a las juntas receptoras de votos, el cambio inesperado de los centros de votación incluso en la ciudad de San Salvador , la no aparición de ciudadanos carnetizados en los padrones, la no coincidencia entre los números de los carnet y los del padrón, y la existencia de personas que al acercarse a las urnas encontraron que ya otros habían votado por ellos, lo que hace pensar en una duplicación de carnet. Todo esto dificultó a un importante número de votantes el ejercer su derecho al voto.

Achacables a la responsabilidad de los partidos, las mayores irregularidades estuvieron en la realización de acciones de propaganda en diversos centros de votación y en algunos hechos de violencia interpartidaria ocurridos en municipios como San Salvador y San Martín. En ambos casos, los partidos comprometidos fueron ARENA y el FMLN.

Se retira la empresa privada

Más tarde, ya en el proceso de escrutinio, también se suscitaron algunos problemas importantes, fruto de la deficiente organización y de la falta de responsabilidad de algunos partidos políticos. En cuanto a la organización, el primer hecho que se presentó fue el retiro del equipo y del personal de la empresa privada contratada para realizar el escrutinio computarizado de los votos. La empresa se retiró la mañana del día 17 de marzo, cuando debía haber finalizado el escrutinio preliminar, debido a que el contrato firmado con el TSE había vencido y no se consideraban cláusulas específicas que previnieran atrasos como los que hubo en el conteo realizado en las juntas receptoras de votos. En el momento de su retiro, esta empresa de cómputos apenas había digitado el 57% de las actas de elección de alcaldes y el 58% de la de diputados.

Los partidos tampoco contribuyeron mucho a superar las deficiencias. Fue hasta el 19 de marzo, tres días después de las elecciones, que se logró la instalación de la totalidad de las Juntas Electorales Departamentales, pero se hizo en un ambiente de desorden y de preocupantes acusaciones de fraude de algunos partidos políticos en al menos 13 municipios. Por si fuera poco, en medio de un clima de demandas y solicitudes de impugnación, al ya accidentado proceso de escrutinio se le sumó el traslado de las Juntas Electorales Departamentales y del centro de cómputos del TSE hacia un lugar distinto del que habían estado utilizando. Según las explicaciones, el área del hotel en que se había ubicado el TSE para realizar el conteo de votos, había sido reservado la noche del 21 de marzo para una fiesta privada. A las 4 de la tarde de ese día y con mucho trabajo pendiente, los equipos, el personal, el material y las Juntas Electorales fueron desalojadas y trasladadas a otro espacio del mismo hotel. El proceso continuó, y aunque las tendencias aparecidas desde los escrutinios preliminares ya mostraban una considerable erosión de ARENA, fue hasta 10 días después de las elecciones que los resultados pudieron conocerse con mayor certeza.

ARENA y PDC: grandes perdedores

Los mayores perdedores en los comicios resultaron el PDC y ARENA: los 18 diputados obtenidos por el PDC en 1994 se redujeron a 9: 7 obtenidos individualmente y 2 en coalición con el PD. ARENA descendió de 39 a 28 diputados. Si tomamos en cuenta que en el período 94 96, a ARENA se le sumaron en la Asamblea 2 diputados del PDC y 1 del PCN que renunciaron a sus respectivos partidos, la erosión de su poder legislativo resulta ser mayor.

El FMLN, que en el 94 consiguió 21 diputados erosionados más tarde por la renuncia de 7 de ellos, que se sumaron al PD de Villalobos logró en esta ocasión un total de 27 diputados. Otro partido sumamente beneficiado en las elecciones fue el Partido de Conciliación Nacional (PCN), que de 4 pasó a 11 diputados.

Otros partidos obtuvieron también cuotas menores de poder legislativo. Entre ellos, el Liberal Democrático (PLD) y Convergencia Democrática (CD): 2 diputados cada uno, y el Partido Renovación Social Cristiano (PRSC) 3 diputados. El Movimiento Unidad logró un diputado, al igual que en 1994, y el PD obtuvo un solo diputado por el departamento de San Miguel, gracias a los votos que le aportó el PDC, con el cual participó en coalición en ese departamento.

Municipios: gran cambio

En los resultados municipales la correlación también fue modificada sensiblemente. De los 262 municipios del país, ARENA conquistó un total de 106, el FMLN alcanzó por sí mismo 48 alcaldías, la coalición FMLN CD MU 3 y la coalición FMLN CD otros 3. El PCN logró 18 municipios, el PRSC 6, el MU 4, el PDC 25, el PD 1 y la coalición PDC PD 4.

Más que las cifras absolutas de municipios ganados, lo fundamental es cuáles fueron estos municipios. El FMLN y las coaliciones de centro izquierda ganaron 6 de las 14 cabeceras departamentales del país, entre ellas la estratégica alcaldía de la capital. Si se considera los municipios en función de su densidad poblacional, el centro izquierda ganó también 10 de los 15 municipios más poblados del país, entre los que se cuenta una buena proporción de los municipios de la gran área metropolitana de San Salvador. Así, la ex guerrilla y sus aliados estarían gobernando a nivel local y durante cuatro años sobre la mitad o un poco más de la mitad de la población salvadoreña.

Otro resultado: crisis en ARENA

Las elecciones dejaron algo más que una redistribución del poder político electoral. Uno de los primeros y más importantes efectos secundarios fueron las expresiones públicas del descontento existente en el partido ARENA con su actual dirección, a la que se responsabilizó del desempeño del partido en los comicios. Según las informaciones públicas, los descontentos mayores estarían en el sector de la juventud, en el femenino y en el agrícola y se habrían expresado originalmente en una reunión privada de los sectores del partido, realizada tras un cónclave en el pleno del COENA, especie de Comité Central de ARENA.

Ambas reuniones se habría intentado mantenerlas en reserva fueron convocadas, de acuerdo a los funcionarios del partido, para delinear una estrategia política denominada "Plan 24 meses", pensada en función de las elecciones presidenciales de 1999. Sin embargo, lo único que quedó claro es que en las reuniones lo que realmente se definieron fueron las disputas internas y las exigencias de cambios sustanciales en la dirección arenera.

Una prueba de fuego

Los comicios de 1997 han sido una experiencia trascendental en la historia electoral del país. Más que un paso en la consolidación democrática, las elecciones fueron una prueba de fuego orientada a calibrar si los cimientos erigidos en la transición son suficientemente consistentes para comenzar la construcción democrática, o si por el contrario se hace necesaria una segunda generación de reformas políticas que nos prepare mejor para el ejercicio de la democracia.

Las elecciones han dejado lecciones positivas importantes. Una, sobre la eficacia del sistema para posibilitar en el futuro la alternabilidad en el poder como elemento central del sistema político. También han llamado la atención sobre la necesidad de hacer más consistentes las reglas del sistema electoral para que sean menos vulnerables a las urgencias coyunturales de los grupos de poder y para que respondan al reto de fomentar con mayor decisión la participación ciudadana. Los altos niveles de abstención más del 45% que reflejan los resultados hacen de este segundo reto uno de los mayores y más difíciles desafíos a superar.

Las elecciones han colocado a los salvadoreños frente a un nuevo escenario político que exigirá mayor seriedad y responsabilidad en el tratamiento de los problemas de la nación. Este nuevo escenario posibilitará también un mejor aprendizaje y práctica de las reglas de juego de una convivencia democrática.

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