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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 181 | Abril 1997
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Nicaragua

La democracia que empieza y termina en una urna electoral no transforma nada, no cambia a nadie. La democracia que es participación de la gente y honestidad en quienes gobiernan construye comunidad, desarrollo, futuro y esperanza.

Alejandro González

Entre los municipios de Nicaragua hay algunos gobiernos locales que se destacan por su desempeno, porque han hecho mil y una cosas en beneficio de su gente y por su vocación de gobernar sirviendo con amor a sus comunidades. Gobiernos locales que han logrado establecer mecanismos de trabajo para transformar esos pequeños mundos que son los municipios, generando actividades productivas y empleo, luchando para enfrentar la pobreza extrema y para terminar con la tristeza que la pobreza da, llevando salud, educación y recreación a la comunidad. Han contado para hacer todo esto con tenacidad, perserverancia y organización y a menudo, con el apoyo de ONGs solidarios.

En estos municipios hubo y hay democracia, hubo y hay participación, más allá de esa participación que se traduce en los votos que eligen al gobierno municipal. La participación de la población en la solución de sus problemas ha tenido resultados sorprendentes en El Castillo, en Nindirí, en Moyogalpa, en Altagracia, en El Rosario en la meseta de Carazo, en San Francisco Libre en la costa norte del Lago Xolotlán... Visitamos dos de estos municipios. Queríamos ver el camino que han hecho y conocer cómo hicieron ese camino.

El Rosario: un mundo transformado

En octubre de 1996, algo más de la mitad de los casi 2 mil votantes de El Rosario eligieron por tercera vez consecutiva al mismo alcalde, algo inédito en la historia política de Nicaragua, plagada de lo efímero. El liderazgo de Juan Ramón Jiménez, sandinista del FSLN y que en 1996 participó como candidato del MRS (Movimiento de Renovación Sandinista), es indiscutible. Por su carisma, por su estrecha comunicación con la población y por su disponibilidad a trabajar día y noche por la comunidad. Este alcalde ha estado al frente del gobierno local durante los últimos 17 años y ha conseguido una transformación radical de su municipio.

El Rosario es un pequeño territorio de tan sólo 9 kilómetros cuadrados que nació como municipio en 1848 y que hasta los años 80 estuvo abandonado en sus cien años de soledad, dormido en su pobreza. Hoy, llegar a El Rosario sorprende. Las calles del pequeño pueblo están casi totalmente adoquinadas, hay cancha de basketbol, estadio de beisbol y parques, hay centro de salud, escuela e instituto, hay agua potable y las calles están iluminadas. En las co munidades rurales del municipio es igual: el desarrollo ha sido parejo y también hay escuelas, parques, agua y luz.

"No existe ningún municipio pobre. La riqueza de todos está en la participación popular", afirma Juan Ramón, que hoy está concluyendo sus estudios de Administración de Empresas. La participación popular. Esa es la clave. La clave no es darle a la gente, sino que la gente se dé a sí misma, que par ticipe. "Para todo lo que hacemos, nosotros gestionamos, como gobierno local, el apoyo solidario de instituciones del Estado o de organismos no gubernamentales. Gestionamos por todos lados, pero en los proyectos sólo solicitamos apoyo para lo material, para los materiales de construcción. Lo "otro", el "espíritu" el esfuerzo, la energía, eso lo ponemos nosotros", nos dice orgulloso el alcalde de El Rosario.

Para la construcción del estadio de beisbol, la alcaldía consiguió un financiamiento que cubría un 50% del presupuesto de la obra. En poco tiempo el estadio se levantó al 100%. La alcaldía compró el cemento, el hierro, las mallas, y la comunidad completó la compra del resto de materiales y realizó todos los trabajos. Los cuatro equipos de beisbol del municipio se convirtieron en cuatro brigadas de construcción. Los directivos de los equipos y unos cien fanáticos del beisbol, organizados por líderes naturales, trabajaron también como obreros en la construcción. Hubo también líderes juveniles que organizaron brigadas de jóvenes. Hubo días en que más de cien personas trabajaban sin detenerse. Unos nivelaban el terreno, otros pegaban piedras, otros las acarreaban. Así se hizo el estadio, con graderías y áreas techadas.

"Haciendo así las cosas, se consigue no sólo la obra, sino que se logra otro gran resultado: la gente quiere mucho más lo que le costó. Porque aportaron su esfuerzo lo cuidan más. Viera cómo cuidan los jugadores este estadio, y la gente lo mismo. Todo mundo lo cuida", nos comenta convencido un directivo del equipo de beisbol "Los Combinados".

Participar es organizarse

Pero participar no es sólo trabajar. Es también decidir cómo se va a trabajar, es organizarse para trabajar. Casi todas las calles de El Rosario están ya adoquinadas o empedradas. Cuando se iba a arreglar cada calle, el gobierno municipal convocaba una asamblea con los pobladores de esa calle para discutir los tiempos de los trabajos y la organización de los recursos. Llegados a acuerdos, la alcaldía facilitaba los adoquines, las piedras, las herramientas, las carretillas y a un maestro de obras para que organizara técnicamente la tarea. La gente es la que ha compuesto sus calles. Y no sólo los vecinos de una calle son los que trabajaron, los de otras calles los han ayudado. Esto no quiere decir que el poder local sólo busca la plata y después se sienta a descansar. Los del gobierno municipal están siempre pendientes del trabajo. En la hazaña de las calles, tuvieron también que estar ahí, cuidando de que no faltara ningún material o de que no hubiera conflictos entre vecinos por los niveles y líneas de cunetas.

A veces la población se acelera tanto por solucionar sus problemas que "le pone espuelas" al gobierno local. Y a éste le toca cabalgar. En un proyecto de instalación de agua potable para la comunidad Berta Díaz, se le explicó a la población beneficiaria unas 30 familias que la alcaldía podía aportar tubos y grifos e instalarlos, pero que ellos tendrían que hacer la zanja para colocar las tuberías desde el poblado de El Rosario hasta su comunidad: 3 kilómetros y 200 metros. Manos a la obra. Hombres, mujeres, niños y niñas trabajaron unidos durante cuatro días con una rapidez tan extraordinaria que la alcaldía tuvo que ponerles a dos fontaneros, que tuvieron que correr a la par y a la velocidad con la que avanzaba la zanja y la sed de la comunidad. Al quinto día los de la Berta Díaz tuvieron agua.

Quien participa, cuida después

Lo que es de todos, no es de nadie. Y nadie lo cuida. Pero si lo público, lo de todos, lo hizo cada uno, lo construyeron entre todos pueden cambiar las cosas y la desidia desaparecer. "Además del parque central frente a la iglesia nos cuenta el alcalde hemos hecho también varios parquecitos contiguos a las escuelas en las zonas rurales. Los estudiantes son los encargados de arborizarlos, de regar las plantas, de cuidar el parque. Buscamos varios fines: los parques se convierten en áreas de juego de las escuelas, se educa a los niños en el cuido de los bienes colectivos y hasta en algunos de estos parques los estudiantes han sembrado una colección de especies de árboles maderables y frutales, como un pequeño jardín botánico..."

Los estudiantes, los padres de familia, los maestros, y la comunidad hicieron estos parques y ahora los sienten suyos. Los niños son los principales guardaparques. Esto los educa en la responsabilidad ciudadana, en la colaboración y en el respeto por lo colectivo. Lo útil y también lo bello. Hay que aprender a cuidarlo todo. La alcaldía de El Rosario ha impulsado también la siembra de plantas decorativas por todos lados: en el parque, en las calles, en los parquecitos rurales, en las escuelas, en el kilómetro y medio que une El Rosario con la Carretera Interamericana. Nadie daña esas plantas ornamentales, crecen tranquilas, están muy bien conservadas. "Es el resultado de la participación popular", dice sin dudarlo Juan Ramón Jiménez.

Lo bello y también la raíz cultural, y sin dejar por fuera a nadie. También el gobierno local está construyendo un templo católico junto al existente, ya bastante deteriorado. El alcalde de El Rosario es miembro del Consejo Parroquial y participa de todas las actividades que promueve. Y el párroco de El Rosario es uno de los asesores del gobierno local y participa en sus planes. Esto no ensombrece el ecumenismo y la alcaldía apoya de diversas formas a las varias denominaciones evangélicas presentes en el municipio, coordinándose con ellas para algunas actividades. El alcalde asegura tener excelentes relaciones con todos los pastores. Y los pastores aseguran lo mismo del alcalde.

Deporte: espacio de participación

El ámbito deportivo es un espacio privilegiado de convocatoria y de participación. El gobierno local ha considerado desde hace años que promover los deportes es una de sus prioridades. Además del estadio de beisbol, se han construido dos canchas de basketbol y se está trabajando en la construcción de un campo de futbol. La alcaldía consigue uniformes y útiles de deporte para los diferentes equipos. "El alcalde es el principal apadrinador de equipos deportivos y hasta juecea algunos partidos", nos dijeron unos muchachos que jugaban basketbol en la cancha del parque.

Los dirigentes del gobierno local consideran también que el deporte es una magnífica cantera para la formación de líderes. Los deportistas estrellas, los dirigentes de los equipos, los manager, son encauzados a realizar tareas de líderes comunales en los proyectos que el gobierno local impulsa. Muchos de estos jóvenes deportistas han sido enviados a Managua por el gobierno municipal a cursos y talleres que organizan ONGs para capacitar a líderes comunitarios.

La honestidad promueve la participación

La gente participa más y se esfuerza de verdad cuando ve resultados. Y cuando ve honestidad. El gobierno local de El Rosario ha establecido una transparente comunicación con la comunidad para garantizar así la transparencia financiera. Cada vez que se va a iniciar un proyecto se realizan asambleas con los pobladores beneficiarios para exponerles sus aspectos financieros y las gestiones realizadas para obtener el financiamiento. Con los números delante, se discute colectivamente la realización de las obras, los aportes que puede dar la comunidad, se organizan comisiones y brigadas de trabajo. Y mientras se desarrolla el proyecto siempre se convoca a reuniones para discutir los problemas que se presentan y para reorientar algunas tareas. Todo esto asegura la máxima rentabilidad y eficiencia. Al final, cuando se concluye el proyecto, se realiza una asamblea evaluativa.

Ninguna de estas asambleas o reuniones, antes o después de cada proyecto, deja de estar atravesada por conflictos. Hay acusaciones, hay discusiones violentas, hay tensiones. Los que más trabajaron cuestionan a los que trabajaron menos. Los detractores políticos del gobierno local aprovechan para lanzar críticas, aunque sean gratuitas. Las reuniones reflejan la vida real. Y el gobierno local esta ahí, como uno más, metido en la vida real. Ninguna de estas tensiones ha sido causa de fracaso en ningún proyecto.

La recaudación de impuestos provee al gobierno local de El Rosario de cantidades ínfimas, que no alcanzan ni para pagar la planilla de los pocos trabajadores de la alcaldía. El promedio mensual es de unos 5 mil córdobas, aun cuando la recaudación es total y casi no existen contribuyentes morosos. No existe tampoco el colector ambulante de impuestos, porque se ha desarrollado tanto la responsabilidad ciudadana que toda la población tiene la costumbre de ir a la alcaldía a pagar sus impuestos. Pulperías, bares y panaderías acuden a mediados de cada mes a pagar 5, 10 ó 15 córdobas. Pero no fallan. El excelente desempeño del gobierno local ha hecho que la población crea en él y exprese con el pago de sus impuestos su respaldo y su confianza. Sabe que sus aportes financieros sólo enriquecerán a la comunidad con nuevas obras.

Sin el apoyo financiero de varios ONGs, ahora tan cuestionados por el torpe autoritarismo centralizador del gobierno liberal, El Rosario no habría podido hacer tanto. El go bierno local de El Rosario realiza gestiones con innumerables organismos. La Fundación Augusto C. Sandino y algunos ONGs europeos han apoyado varios proyectos. Un ONG nórdico ha facilitado incluso brigadas de jóvenes obreros finlandeses que se han unido durante varias semanas a los nicas para la construcción de varias obras. También se han obtenido financiamientos de instituciones del Estado, del FISE, de la Asamblea Nacional y de alguna empresa privada.

Un horizonte lleno de proyectos

La autosostenibilidad financiera es el ideal. Es la meta. Una esperanza concreta para lograrla es la gradual implementación del Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) y la aprobación por la Asamblea Nacional de la Reforma a la Ley de Municipalidades, para que un porcentaje mayor del 5 al 8% del presupuesto nacional se traslade del gobierno central a los gobiernos locales.

Mientras esto sucede, una decisión concreta es ir creando algunas empresas municipales que sean rentables y que permitan a la alcaldía incrementar sus ingresos. Se piensa en un vivero de variedades maderables, frutales y decorativas que sirvan tanto para iniciar una campaña de reforestación como para obtener ganancias con la venta de especies. También se piensa desarrollar un proyecto recreativo en una pequeña finca boscosa cercana a El Rosario con restaurante, piscinas y caballos, donde se promueva el consumo de comidas, licores y dulces tradicionales. Otro proyecto es una biblioteca municipal con características de centro cultural, con auditorios y salas de exposiciones. Y un centro cultural y recreativo para los jóvenes, que administren ellos mismos como empresa productiva. En todas estas iniciativas se trata de combinar las oportunidades con la participación responsable y con la rentabilidad económica, para así ir reduciendo donaciones y subsidios.

Otros proyectos apuntan a lo económico y a lo ecológico. La alcaldía está detrás de la creación de un banco de crédito municipal con fondos rotativos para financiar a los pequeños productores del campo y a los artesanos carpinteros, panaderos, zapateros, tortilleras, rosquilleras . Está detrás también del abono orgánico. El proyecto se iniciará con un proceso educativo: los estudiantes del instituto y las brigadas ecológicas explicarán casa por casa a toda la población cómo separar en la basura domiciliar lo orgánico de lo que no lo es. En El Rosario la basura se recoge casa por casa en carretas tiradas por caballos. El abono orgánico (compost) que se vaya obteniendo a partir de la basura orgánica se pondrá a disposición de los campesinos para fertilizar sus tierras.

El alcalde está convencido del éxito de esta nueva empresa y del de las demás, porque las gentes de El Rosario se han hecho responsables y organizadas. Son pobres campesinos minifundistas, pero desde hace años han aprendido a trabajar juntos, a resolver problemas, a negociar entre ellos, a respetar opiniones diferentes, a aunar esfuerzos, a pensar, a de cidir, a pedir cuentas, a rendir cuentas... Con tanta riqueza de participación ya no son tan pobres.

San Francisco Libre: otro mundo transformado

No lo logró El Rosario por ser pequeño. Una experiencia similar y multiplicada encontramos en San Francisco Libre, con un territorio 70 veces mayor que El Rosario. Ubicado en la costa norte del Lago Xolotlán, este municipio, también empobrecido y campesino, ha tenido en los últimos años sucesivos gobiernos locales de bandera sandinista que han realizado una admirable gestión en favor de los pobladores, olvidados durante décadas. El actual gobierno municipal es continuación con nueva vitalidad del anterior gobierno, también sandinista. Cruz Bermúdez, alcalde elegido en 1996 llegó a un poder local ya en vías de transformación.

Aquella cabecera municipal del que se llamó antes de 1979 San Francisco del Carnicero, con calles polvosas y de piedras por las que deambulaba una población con señales evidentes de miseria, ya no es el mismo. Las calles están empedradas y con luz, hay escuela y centro de salud, hay agua potable. En las comunidades rurales la transformación es mayor: pozos de agua, proyectos de reforestación y cientos de campesinos organizados en colectivos de producción. Y lo más importante: hay ya un gobierno local con una gran experiencia acumulada, y una población convencida, también por la experiencia, de que con su esfuerzo y su orga nización pueden salir de la pobreza y resolver sus problemas.

Sentenciado a desierto

A pesar de los cambios que la revolución trajo a este lugar, en 1991, San Francisco Libre estaba considerado por los técnicos como un territorio en un irreversible proceso de desertificación. 27 ríos se habían secado en el municipio, los pozos se estaban agotando y el lago de Managua, el Xolo tlán, alejaba cada vez más sus aguas de la costa... Cinco años seguidos de sequía y la sequía de créditos con la que el gobierno Chamorro castigó a los productores agrícolas, pusieron a la gente al borde del abismo de la desesperación.

Muchos vieron en la tala de árboles la única salida. Unos 50 camiones de leña salían diariamente de San Francisco Libre hacia Managua, donde más del 60% de los capitalinos cocinan aún con leña. Se calcula que sólo en 1991 salieron de San Francisco unas 17 mil camionadas de leña. Esto significa 450 árboles cortados cada día, 3.5 manzanas de bosques destruidas diariamente, 105 al mes, 1 mil 260 al año. En esta devastación se destruyeron también 1 millón 90 mil arbolitos pequeños, de los que se usaba sólo la corteza para hacer tiras con las que amarrar las rajas de leña, y de esa forma no gastar ni un real en mecates. El hambre empujaba al suicidio. Un informe gubernamental estimaba que en 1995 el deterioro ambiental del territorio de San Francisco Libre expulsaría definitivamente a su población, que abandonaría la zona, convertida ya en un desierto.

"Pedagogía del amor": el milagro

En 1991 y ante esta perspectiva desoladora, el alcalde Manuel Espinoza pensó en un "milagro" y buscó, por eso, a Orlando Pineda Flores. Pineda es un maestro apasionado por la tarea de enseñar y de educar, artífice en los años 80 y en los 90 de titánicos esfuerzos de alfabetización en los territorios más difíciles de Nicaragua. En su práctica como educador fue creando una filosofía que él llama la "pedagogía del amor". Pineda es Coordinador de la Asociación Carlos Fonseca Amador, una ONG nacional dedicada a alfabetizar. "Aprender a leer dice Orlando es también aprender a salir del atraso y de la pobreza, es también aprender a vivir de algo". Orlando Pineda es un revolucionario al que no han desgastado ni el tiempo ni las derrotas electorales ni las inconsistencias políticas nacionales. A finales de 1991, se trasladó a San Francisco Libre con sus técnicos, su perseverancia, su pedagogía del amor y sus mochilas llenas de esperanzas.

El trabajo inicial, el primer impulso, fue alfabetizar a las comunidades. Y a la par que leían y escribían por primera vez, aprendían de salud preventiva, de crianza de gallinas y de cerdos, de la siembra de piñas, pitahayas y aguacates. En la ofensiva final del proceso alfabetizador participaron más de 4 mil personas entre técnicos, maestros populares y habitantes del municipio ya alfabetizados en esos meses. El 23 de agosto de 1993 en el 13 aniversario de la Cruzada de Alfabetización que organizó la revolución San Francisco Libre fue declarado "territorio libre de analfabetismo".

Aprender haciendo: alfabetización productiva

Educar es el primer paso en el proceso del desarrollo. No sólo instruir, sino educar. Ya desde 1991, al poco tiempo de su llegada, la Asociación Carlos Fonseca Amador (CFA) creó la Escuela Campesina Roberto González Rocha, basada en la concepción educativa de aprender haciendo. Haciendo tareas y haciendo comunidad. No es sólo una escuela de alfabetización y de sostenimiento de esa alfabetización, sino una escuela de vida para que la población encuentre alternativas. Esta Escuela Campesina ha sido base para la organización, la capacitación y la alfabetización productiva de centenares de campesinos y campesinas integrantes de decenas de colectivos de producción, que hoy ya tienen futuro.

En el local de la Escuela Campesina hay plantaciones experimentales de hortalizas y de diversos cultivos no tradicionales, un vivero de especies maderables y frutales, gallineros, porquerizas. Los campesinos se forman allí como líderes comunales y como promotores comunales, "alfabetizándose" en nuevos conocimientos y técnicas. Lo hacen en cursos de varios días a la semana o en cursos sabatinos. Los técnicos van también a las comunidades a "alfabetizar" en actividades productivas a grupos de campesinos, a dar asistencia técnica, a apoyar a los colectivos. Más de la mitad de los egresados de la Escuela son mujeres.

Tarea municipal: promover el trabajo productivo

"Nuestro esfuerzo no es sólo dar esperanzas, que ya es bastante. Es contribuir a que esas esperanzas sean realidad", nos dice Adrián Cruz Santana, responsable de la CFA en San Francisco Libre. El nuevo alcalde, Cruz Bermúdez, es un joven que irradia vitalidad. Tomó posesión de su cargo en enero, pero durante varios años había trabajado con la alcaldía y con ONGs en proyectos de desarrollo municipal. "Nuestra preocupación principal es que haya empleo para todo el mundo, encontrar algún tipo de actividad productiva que genere ingresos para las familias". Dar empleo a la gente, sacarla de la ociosidad, hacerla producir, hacerla creadora. El gobierno local de San Francisco Libre y La Asociación Carlos Fonseca Amador y su Escuela Campesina están trabajando arduamente en esta meta, a veces de forma combinada, a veces no. Los resultados son asombrosos.

Los colectivos de producción de pitahaya y piña funcionan muy bien. Inicialmente se organizan los grupos tratando de que sean lo más afines posible. Los integran varias familias o miembros de varias familias vecinas. Se elige una directiva y un coordinador. Hay colectivos coordinados por mujeres e incluso hay uno de producción de piña en el que una muchacha muy jovencita coordina, entre otros, a campesinos ya mayores. Cada colectivo pasa por un proceso de "alfabetización productiva". Después, se les apoya con semillas, herramientas y materiales para la construcción de los viveros. A partir de ahí trabajan solos, pero se mantiene constante la asesoría técnica de la Escuela. La metodología del mínimo subsidio, combinado con una contraparte de máximo esfuerzo grupal y personal, ha tenido éxito. Más de 20 colectivos cultivan unas 15 manzanas de piña y otras 15 de pitahaya.

El próximo desafío es la "alfabetización en comercialización": saber vender donde haya los mejores ingresos para la comunidad. La alfabetización productiva incluye también que los campesinos y campesinas aprendan contabilidad. Y la aprenden. La crianza de gallinas es otro programa, dirigido a las mujeres. Se elige a las beneficiarias y se les "alfabetiza": cómo alimentar de forma balanceada a las aves, cómo vacunarlas, cómo reproducirlas con un mejor rendimiento. A cada mujer se le entregan 10 gallinas adultas. Al cabo de un año esas 10 gallinas deben haber producido unos 150 pollos. Cada mujer debe entregar 10 hembras de su producción a otra mujer para así ir multiplicando la experiencia. Se producen ganancias y se produce conciencia de poder y de fraternidad, la alegría de un pobre ayudando a otro pobre.

Todos quieren participar

Los rápidos y sorprendentes resultados productivos visibles a todos han desencadenado la confianza en sí mismos y la fe en un futuro mejor. Todas las comunidades demandan ser incluidas en proyectos de siembra de piña, aguacates o pitahayas, en los de crianza de gallinas o de cerdos... Ya saben calcular que una sola de las porquerizas, la de El Mayro, producirá en dos años 400 cerdos de 200 libras de peso cada uno. Y todos quieren participar.

Todos quieren trabajar. En San Francisco Libre se han construido más de 180 pozos comunales de agua. Una campesina que tiene un pozo con bomba de mecate en el patio de su casa, nos cuenta el proceso: "Nos reunimos con los compañeros del proyecto de la alcaldía, nos explicaron que esos pozos eran financiados por la solidaridad de un ONG amigo, platicamos sobre cómo íbamos a realizar el trabajo. Al final, se decidió que el pozo se haría en mi patio porque quedaba central a todas las casas de este lado de la comunidad. Después nos trajeron los materiales de construcción, el cemento, las piedras canteras y la bomba de mecate. También nos prestaron unas herramientas. Las piedras bolón las acarreamos nosotros, nosotros hicimos el hoyo, construimos el brocal, todo, todo... Un técnico del proyecto nos vino a instalar la bomba de mecate y le explicó bien clarito a todos los hombres y muchachos a armar y a desarmar la tal bomba. Hasta mujeres aprendieron. Eso fue hace más de un año y desde entonces no nos falla el agua. Este pocito ha sido una bendición. Antes era un suplicio esa acarreada de agua desde el río, son como dos kilómetros.

Contando con las mujeres

La incorporación de las mujeres a cualquier proyecto de desarrollo es fundamental. Esto se ha demostrado en San Francisco Libre, especialmente en uno de los proyectos, que ya de entrada se llamó "Agua para las Mujeres", pues son ellas las que más esfuerzo hacen para abastecer de agua al hogar, cargando baldes de agua en la cabeza desde largas distancias. Para este proyecto se obtuvo financiamiento de un ONG amigo, un ingeniero estatal definió dónde se haría el zanjeo, cuáles serían los diámetros de las tuberías y la alcaldía consiguió barras y palas. El resto un intenso trabajo lo pusieron unas 100 mujeres organizadas que abrieron las zanjas. Al final también los varones participaron. "Pero las mujeres eran las "dueñas" de su proyecto y ellas eran las que discutían, decidían y ejecutaban. Fue un trabajo hecho por las mujeres", nos contó Cruz Bermúdez.

Entre los méritos del gobierno municipal hay que apuntar la decisión de aplicar siempre tecnologías apropiadas. Los pozos funcionan con bombas de mecate, los viveros y áreas de cultivos con abonos e insecticidas orgánicos, las calles se empedran con materiales autóctonos.

Todo se debate, todo se decide en común

La estrecha y franca comunicación que existe entre el gobierno local y la población es otra clave democrática. Parte de esta comunicación son las transparentes y periódicas rendiciones de cuentas que el gobierno local hace a la comunidad. Cada acción que la alcaldía desarrolla, sea con fondos propios o con aportes solidarios de ONGs amigos, van precedidas de asambleas con los pobladores, especialmente con los beneficiarios, para exponerles en todos sus pormenores el proyecto que se va a realizar, para debatir cómo se puede implementar, para informarles con cuántos recursos financieros o materiales se cuenta y para discutir qué trabajo va a aportar cada uno para realizar el proyecto. Después de finalizado cada proyecto, la asamblea evalúa y revisa todo lo hecho y reflexiona sobre la experiencia. Y así acumula experiencia. Así se desarrolla.

La reforestación: un proyecto de todos

En torno a los pozos comunales se desarrollan proyectos de reforestación. Se instala un pequeño vivero, se capacita a los beneficiarios del pozo en técnicas de preparación de tierras, en los cuidados que deben recibir las plantitas, en injertos en frutales, etc.

Los viveros son de especies maderables (eucalipto, cedro, caoba, pochote, genízaro, cortés, madero, guanacaste) y frutales (mandarinas, naranjas, mangos, aguacates, limones, coco). Los viveros "amarrados" a los pozos han dado resultado. De entrada, son viveros con la garantía de que tendrán agua y cuidados porque en torno al pozo han surgido grupos de familias muy cohesionadas. El vivero es de todos y la esperanza de ver frutas en los patios de las casas y en las fincas y después en la mesa familiar es una esperanza muy concreta, especialmente para las madres y las abuelas, que son quienes más "están detrás" de esos árboles que crecen y prometen frutas.

El 5 de junio de 1996, Orlando Pineda inauguró el Parque El Paraíso, ubicado en el último reducto boscoso que quedaba ya en el municipio, un área de 900 manzanas que había sobrevivido a años de despale. Durante años, la CFA luchó tenazmente para impedir que los leñadores tocaran esta reserva. El parque se abrió el Día Mundial del Medio Ambiente y los centenares de participantes celebraron la jornada sembrando 20 mil arbolitos, que se sumaron a los 16 mil que la Asociación había ido sembrando antes.

A pesar de los ingentes esfuerzos por reforestar y del arraigado convencimiento de la casi totalidad de la población en contra de la tala, la extracción de leña ha continuado, aunque disminuida. Hoy salen de San Francisco Libre unos 8 camiones diarios. "La solución de fondo tiene que ver con encontrar otras opciones de vida para esos leñadores y con implementar planes de manejo y de reposición de árboles", dice con realismo el alcalde.

En los últimos años se ha logrado que los campesinos que cortan árboles para hacerlos leña tengan también un vivero y siembren y cuiden varios árboles por cada uno de los que cortan. Se les ha apoyado para que instalen esos viveros y de esta forma se ha logrado una reforestación dispersa en todo el municipio.

Hay esperanza. Hay técnicos que aseguran ya que en unos años San Francisco Libre podría convertirse en un municipio productor de leña de forma estable y sostenida. Hoy, decenas de personas con gran experiencia en esta actividad se han incorporado a hacer realidad esta meta. "Lo ideal es integrar la producción de leña dentro de un plan de bosques con fines energéticos", afirma con gran dominio del tema un directivo de la UNAG municipal.

El gobierno local de San Francisco Libre ha impulsado también variadas acciones de mejoramiento urbano, de salud, de educación formal, de deportes. Y va adelante en otros proyectos originales, únicos en Nicaragua, como el Centro Medicinal de Hidroterapia y Fangoterapia que la CFA está construyendo, aprovechando las cercanas fuentes de aguas termales y que en los próximos meses estará sirviendo a la población.

Haciendo malabares todo rinde más

Para su funcionamiento, el gobierno municipal obtiene unos 24 mil córdobas al mes por recaudación de impuestos, que son nada ante las demandas de la población. Cuenta también con la solidaridad de tres pequeños ONGs europeos y coordina acciones con esa ONG nacional que es la Asociación Carlos Fonseca Amador, apoyada también por otros ONGs. Para algunas acciones ha obtenido fondos estatales del FISE.

El dinero importa, pero más importante es la participación de la población en la ejecución de los planes. La comunidad ha empedrado calles, ha levantado ya unas 700 letrinas, ha construido escuelas en San Benito, La Conquista, Santa María, La Trinidad... "Una escuela de tres aulas nos cuesta sólo unos 4 mil 500 dólares. Los ONGs que nos apoyan quedan muy satisfechos viendo el rendimiento que con nuestro trabajo le damos al dinero que ellos nos entregan", dice Cruz Bermúdez.

"El gobierno municipal hace malabares, pero son siempre malabares transparentes", añade. Y lo explica así: "Hacer rendir el dinero que conseguimos y coordinar los esfuerzos de la gente requiere de malabarismos. Conseguimos, por ejemplo, un dinero para hacer unos viveros y el proyecto incluye salarios para pagar a unos peones. Ahí empiezan los malabares: llamamos a los muchachos del equipo de beisbol y les decimos: les damos uniformes y útiles deportivos si ustedes trabajan como peones en los viveros, pero con trabajo voluntario. Con el ahorro del dinero de los salarios, promovemos deporte. Así vamos estirando el dinero aportado solidariamente y logramos hacer más cosas que las originalmente presupuestadas. Todo mundo queda contento. Y los compañeros de los ONGs son los más contentos, porque ven que multiplicamos su solidaridad".

Es invalorable el aporte financiero, técnico y moral de los organismos no gubernamentales en esta alcaldía y en tantas otras, a lo largo y ancho de Nicaragua. Sin su colaboración hubiera sido imposible promover tanta participación hasta lograr que de ella renazca la esperanza en un territorio ayer en agonía y hoy reverdeciendo.

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