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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 180 | Marzo 1997
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Nicaragua

Nicaragua: un amor que sigue vivo en Estados Unidos

¿Cuáles son los retos y los dilemas que enfrenta hoy el movimiento progresista de solidaridad con Nicaragua en los Estados Unidos? En febrero, envío estuvo en la reunión que el movimiento de solidaridad celebró en Washington, conociendo estos desafíos.

Marcos Membreño Idiáquez

En los años 80, la revolución sandinista consiguió suscitar un formidable movimiento solidario con la causa del pueblo de Nicaragua en muchos países, especialmente en los Estados Unidos. Dos datos son suficientes para dar una idea aproximada de la magnitud de este movimiento, en el que participaron los sectores sociales y políticos más progresistas de la sociedad estadounidense. Según algunos cálculos algo conservadores proporcionados a envío por algunos de los dirigentes de este masivo esfuerzo de cooperación, grupos e instituciones de solidaridad norteamericanos habrían canalizado a Nicaragua entre 1985 y 1989 un promedio de 250 millones de dólares anuales en ayuda de todo tipo, personal y material, una cifra sólo inferior en 50 millones al promedio de las exportaciones anuales de Nicaragua en esos mismos años. Ningún movimiento de ningún país del mundo logró algo similar en la solidaridad con Nicaragua. Y tal vez con ningún otro país.

Otro dato. Durante la década de los 80, alrededor de 100 mil ciudadanos estadounidenses vinculados de una u otra manera a centenares de estos grupos e instituciones de solidaridad visitaron Nicaragua en el marco de innumerables iniciativas de cooperación. Eran profesionales, maestros, estudiantes, empleados públicos, obreros, religiosos o jubilados, de ambos sexos y de todas las edades, que aprovecharon sus propias vacaciones y utilizaron sus propios ahorros para pagarse su viaje y su estadía en nuestro país. Todos ellos, y todos los demás que vinieron a Nicaragua financiados total o parcialmente por alguna institución, una vez de regreso en los Estados Unidos se convirtieron en el seno de sus barrios, parroquias, centros de trabajo, colegios o universidades también ante sus congresistas y ante la misma administración norteamericana en testigos vivientes de lo que habían visto, oído y sobre todo, compartido directamente con el pueblo nicaragüense.

"Un dólar para Nicaragua"

Todos los dirigentes y activistas del movimiento de solidaridad se muestran unánimes al señalar que el comienzo del gran boom de la solidaridad norteamericana progresista con Nicaragua coincidió con la agresividad de la administración Reagan frente al gobierno sandinista, iniciada en 1982 con la ayuda financiera y militar a los contras y un par de años después con el bloqueo económico. En 1983, los grupos de solidaridad respondieron con una extensa campaña de solidaridad, destinada a enfrentar la política Reagan y a defender la revolución sandinista.

Uno de los ejes iniciales de esta campaña fue recaudar un dólar de ayuda para Nicaragua por cada dólar que la administración norteamericana destinase a financiar las operaciones de los contras. El éxito fue tan notable que sorprendió a los mismos organizadores. En muy poco tiempo lograron igualar, e incluso superar, los montos oficiales que el gobierno de Reagan y después el de Bush destinaron a la ayuda militar contrarrevolucionaria.

El movimiento de solidaridad nació como reacción de un sector del pueblo de Estados Unidos contra la política de su propio gobierno. Fue un movimiento social y político de oposición. Y en esto residió buena parte de la extraordinaria vitalidad con la que creció muy rápidamente. También en esto residió su posterior fragilidad. La agresión militar de Estados Unidos contra Nicaragua fue la clave. Si Reagan no se hubiese embarcado en esa aventura militar, la solidaridad con la revolución sandinista nunca hubiese alcanzado tanta envergadura.

"Venimos de una gran escuela"

Reagan fue el detonante, pero hubo otros factores que contribuyeron a que la simpatía por la causa nicaragüense creciera como la espuma. Centenares de grupos, instituciones y redes de solidaridad habían hecho suyas desde hacía muchos años otras causas progresistas. La principal, el rechazo a la guerra en Vietnam, un conflicto que marcó la conciencia de una generación y de la sociedad civil norteamericana.

Buena parte de los grandes líderes del movimiento de solidaridad con Nicaragua y con otros pueblos del Tercer Mundo surgieron de esa gran escuela que fue la lucha por poner fin a la intervención de Estados Unidos en Vietnam. Para muchos, la lucha en contra de la intervención militar en Nicaragua era una re edición de aquella gran epopeya en favor de la paz.

Otro suelo abonado fueron los grupos y redes que habían venido trabajando en favor de otros países latinoamericanos que sufrían represión: Chile, Guatemala y El Salvador. El asesinato de sacerdotes, religiosos y agentes de pastoral laicos en El Salvador y Guatemala había hecho brotar numerosas iniciativas de denuncia y de solidaridad entre sectores progresistas de las Iglesias.

En el caso de Nicaragua, los primeros comités de solidaridad con la lucha sandinista surgieron en la ciudad de San Francisco antes de 1979, gracias a las iniciativas de varios nicaragüenses vinculados al FSLN. Después fueron apareciendo por todos los Estados Unidos otros comités que apoyaban la lucha sandinista contra la dictadura de Somoza.

Cuando Reagan decidió agredir militarmente a la revolución nicaragüense ya se contaba con un extenso tejido humano, institucional y material y con una intensa, larga y rica experiencia de movilización y de lobby al interior de Estados Unidos. Todos cerraron filas con Nicaragua, y la prioridad de todos fue detener la guerra contrarrevolucionaria.

"Los medios nos ayudaron"

Los grandes medios de comunicación norteamericanos nunca vieron con buenos ojos a la revolución sandinista. Pero supieron usarla como tema de presión frente a los poderes políticos y económicos y, sobre todo, la convirtieron en un producto muy vendible dentro del supermercado de las noticias, dentro y fuera de los Estados Unidos. Durante los años 80, no hubo ni un solo día en que la televisión y la prensa norteamericanas no hablasen de Nicaragua. Los temas sobraban: los sandinistas, la oposición antisandinista dentro de Nicaragua, los somocistas exiliados en territorio norteamericano, la relación de la Iglesia con el gobierno sandinista, los contras, la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado, el Presidente de los Estados Unidos... Y también las acciones, el lobby, los cabildeos, los esfuerzos que hacía el movimiento de solidaridad en favor de la revolución.

Gracias a la prensa y a la televisión norteamericana y hasta gracias a Hollywood, porque no faltaron películas Nicaragua llegó a colocarse en el centro de los debates de amplios sectores de la opinión pública norteamericana. Sin preverlo ni quererlo, los grandes medios de comunicación contribuyeron a facilitar el trabajo del movimiento de solidaridad. Porque, buena o mala, había mucha información sobre lo que ocurría en Nicaragua. Y tan abundante información facilitaba la concientización de quienes no estaban tan enterados de cómo actuaba Estados Unidos en Nicaragua y alimentaba la movilización de los que sí sabían y ya actuaban en otra dirección.

"Vimos un nuevo modelo de sociedad"

Muchos norteamericanos se unieron a la solidaridad con Nicaragua por razones pacifistas: no querían que su país promoviese más guerras en el mundo, ni siquiera con el pretexto de luchar contra el comunismo, como lo había hecho en Vietnam. Pero no estaban a favor de un opción socialista: veían con reticencias el "socialismo" nicaragüense o no sabían qué significaba exactamente. Poco a poco, una parte de ellos se radicalizaron y del pacifismo evolucionaron a posiciones de izquierda. No todos dieron este paso y sólo estuvieron contra la intervención, pero nunca a favor de la revolución sandinista. Es probable que la mayoría de los norteamericanos que dejaron de trabajar en la solidaridad con Nicaragua en los años 90 hayan sido éstos.

Muchos norteamericanos progresistas vieron en las transformaciones revolucionarias promovidas por el FSLN la concreción histórica de sus sueños de una sociedad más justa y fraterna. Esto se convirtió en certeza profunda para los que tuvieron la oportunidad de visitar Nicaragua y conocer de cerca la revolución, participando en la construcción de escuelas o de centros de salud, trabajando en el campo, enseñando, aprendiendo... De esta experiencia sacaron entusiasmo para convencer a sus compatriotas de que la tarea no era sólo detener la intervención militar en nombre del pacifismo, sino también salvaguardar la viabilidad de un nuevo modelo de sociedad.

"Después de la guerra vino el bajón"

Si en los años 80 fue el boom, en los 90 se dio el bajón. Descendió abruptamente la ayuda, disminuyeron los viajes, cesaron las noticias. Se calcula que los montos de ayuda solidaria disminuyeron hasta en un 90%, lo que significaría que la solidaridad norteamericana con Nicaragua canalizaría hoy unos 25 50 millones de dólares, cifra que, a pesar de todo, es considerable, incluso comparándola con la reducida ayuda oficial que el gobierno Clinton da al gobierno de Nicaragua.

Desde que en 1990 se comenzaron a percibir las primeras señales del descenso de la solidaridad con Nicaragua, los dirigentes y las bases más activas de este movimiento comenzaron a interrogarse y a buscar nuevos temas y nuevas metodologías de trabajo.

En estos años del "bajón" ha habido dos grandes esfuerzos para repensar la estrategia de cooperación solidaria con Nicaragua: la reunión que se llevó a cabo el 2 y 3 de febrero de 1994 en Washington y la que tuvo lugar, también en la capital de Estados Unidos, el 15 y 16 de febrero de este año. envío fue invitado a esta última y pudo conversar con dirigentes y activistas de los más diversos rincones de los Estados Unidos sobre los desafíos y los dilemas que hoy enfrenta la solidaridad norteamericana progresista con el pueblo de Nicaragua.

Existe consenso sobre las causas del "bajón". La crisis se inicia con la derrota electoral del FSLN en 1990 y con el cambio de la política del gobierno de Estados Unidos hacia Nicaragua. Son dos acontecimientos estrechamente vinculados, las dos caras de una misma moneda, pero lo que más parece haber contribuido al descenso de la solidaridad fue el cambio de política en Estados Unidos a partir de 1990.

Cuando el gobierno Bush abandonó su política de intervención militar en Nicaragua dejó al movimiento de solidaridad sin su más atractiva bandera de convocatoria y movilización. El cese de la guerra trajo una reacción en cadena. Como Nicaragua había dejado de ser prioridad para la política exterior norteamericana, Nicaragua dejó de ser noticia y así, Nicaragua salió de la conciencia de muchísimos estadounidenses.

"Con Haití, Chiapas, Guatemala..."

Otros países comenzaron a atraer la atención del gobierno y de los medios de comunicación y, por esto, la atención del movimiento de solidaridad. Primero fue Haití, con la lucha por el retorno de Aristide, en la que decidió participar Estados Unidos. Después vino México, con la rebelión indígena de Chiapas, que ponía en peligro el Tratado de Libre Comercio. Guatemala atrajo también la atención, especialmente cuando se aireó la participación de la CIA en el asesinato de Efraín Bámaca, un guerrillero casado con una ciudadana estadounidense.

Muchos norteamericanos se hicieron solidarios con nuevas causas. Los que se encontraban vinculados a instituciones que trabajan en iniciativas que incluyen diversas causas o países también Nicaragua no han dejado nunca de participar en las campañas de cooperación con el pueblo nicaragüense.

"That is the question"

En la reunión de Washington algunos insistían en que la solidaridad norteamericana con las causas progresistas de los países del Sur depende considerablemente de que lo que ocurra en esos países se convierta en un problema interno de importancia para el gobierno de Estados Unidos.

"¿Cómo persuadir a la administración y a la opinión pública norteamericanas de que algunas de las cosas que ocurren en Nicaragua desde que los liberales están en el poder representan un problema para los Estados Unidos? That is the question", expresaban muchos, definiendo uno de los grandes desafíos a los que hoy se enfrentan los dirigentes del movimiento de solidaridad con el pueblo nicaragüense. Se trata de una pregunta de difícil respuesta, de la que puede depender la revitalización del movimiento de solidaridad con Nicaragua. Y que dependerá además de lo que en estos años haga o deje de hacer el gobierno de Arnoldo Alemán y de lo que haga o deje de hacer el FSLN y el sandinismo de base.

"El shock de la derrota"

También para el movimiento de solidaridad en Estados Unidos la derrota del FSLN en las elecciones de 1990 fue una sorpresa. Para poder superar el inesperado shock, dirigentes y activistas solidarios tendieron a relativizar la cuota de responsabilidad que el FSLN había tenido en su propio fracaso electoral.

Aunque todos aceptaban que el FSLN había cometido errores en su gestión, la mayoría al igual que la mayoría de los sandinistas nicaragüenses consideró que la principal causa de la derrota había sido el imperialismo norteamericano: la agresión obligó al FSLN a imponer el servicio militar obligatorio y el embargo produjo una debacle en la economía. Resultado: un profundo descontento de la mayoría de la población, expresado en la derrota del FSLN y en un casi 55% de votos a favor de doña Violeta.

Desde 1990, y durante los más de seis años del gobierno Chamorro, muchos dirigentes y activistas de la solidaridad continuaron apoyando al pueblo de Nicaragua y al FSLN basados en este análisis, demasiado simplista. Algunas actuaciones del FSLN comenzaron a ponerlo en cuestión. La "piñata", el co gobierno del FSLN con el gobierno Chamorro con todo lo que implicó de alejamiento de las bases sandinistas, la decisión de la dirigencia histórica del FSLN de conservar el control del partido a cualquier precio, incluso al precio de mecanismos antidemocráticos...

Estas actitudes comenzaron a poner en cuestión en la conciencia de muchos norteamericanos si el FSLN era tan revolucionario como ellos creían o si lo había sido antes. El que Barricada periódico del FSLN que se recibe en Estados Unidos publique fotos de mujeres semidesnudas en primera plana como estrategia para aumentar sus ventas, es algo totalmente incomprensible para las mujeres norteamericanas, que tanto destacaron en los 80 la decisión del gobierno sandinista de prohibir la utilización de la imagen de la mujer como señuelo comercial.

"Dos derrotas son demasiado"

Pero el golpe más duro para los dirigentes y activistas de la solidaridad fue la segunda derrota electoral del FSLN en octubre de 1996. Sin guerra y sin embargo, ya no podían echarle la culpa a la política de Estados Unidos y no encontraron ya ningún pretexto que eximiera al FSLN de responsabilidades. La interpretación del "fraude" no caló en la conciencia estadounidense. "¿Cómo seguir apoyando a un partido que ya no es apoyado por la mayoría de la población?", confesaba a envío una de las dirigentes de la solidaridad que participó en la reunión de Washington.

A pesar de dudas y desencantos, la solidaridad de los sectores progresistas de Estados Unidos con Nicaragua sigue viva y muy activa. Ha experimentado una conside rable reducción en el número de sus activistas, pero el entusiasmo de los que han quedado no parece haberse reducido.

"Hay temas que están de moda"

Siempre existieron en Estados Unidos dos grandes bloques en el movimiento de solidaridad con Nicaragua: quienes tenían como contraparte de su solidaridad al FSLN, aunque sin depender orgánicamente del partido; y quienes han tenido y siguen teniendo como contraparte de sus iniciativas a grupos o instituciones nicaragüenses no partidarias. Hoy, el único grupo de solidaridad vinculado directamente al FSLN es Nicaragua Network (Red Nicaragua), surgido en febrero de 1979. Actualmente agrupa a unos 300 comités locales en los Estados Unidos. De la solidaridad no partidaria un buen ejemplo es el Quixote Center (Centro Quijote), una institución que desarrolla acciones de solidaridad en favor de varios países y cuya principal contraparte en Nicaragua es el Instituto Juan XXIII, de la Universidad Centroamericana de Managua, que, entre otras tareas, promueve el crédito rural y que ha creado una importante red de mujeres pobres organizadas en torno al crédito. Junto a estos "quijotes", existen otras muchas instituciones de solidaridad no partidaria.

Las fronteras entre ambos grupos son apenas perceptibles para el observador extranjero. Ambos impulsan tareas similares: lobby ante la administración y el Congreso, apoyo a programas de desarrollo comunitario en Nicaragua, campañas educativas y de información al interior de Estados Unidos, campañas en pro de los derechos humanos y de los derechos laborales... Ambos grupos colaboran en ciertas iniciativas de gran envergadura. La reunión de Washington fue una de ellas.

En los 80, gran parte de la ayuda que canalizó el movimiento de solidaridad progresista consistió en ropa, alimentos, medicinas, útiles escolares... Lo que ellos llaman "ayuda humanitaria". En los 90 sigue habiendo esta ayuda, pero el movimiento ha tratado de incluir en su agenda las acciones de cabildeo (lobby) ante los organismos multilaterales (Banco Mundial, Fondo Monetario) o ante instituciones norteamericanas como la AID, que tienen injerencia en la elaboración de las políticas económicas que se aplican en Nicaragua. En esta dirección se orientó en 1993 una de las campañas de mayor envergadura del movimiento solidario, la que tuvo por consigna "50 years is enough!" (50 años bastan!) contra las políticas del FMI que tanto han empobrecido a los países del Sur. En ella participan unos 200 grupos de Estados Unidos vinculados a unos 180 grupos a nivel mundial.

En la búsqueda de nuevos terrenos para relanzar la solidaridad, el movimiento ha comenzado a impulsar acciones encaminadas a promover el respeto de los derechos laborales de las trabajadoras latinoamericanas de las maquiladoras instaladas en nuestros países. Nica Network y Witness for Peace (Testigos por la paz) han ve nido concertando esfuerzos para apoyar el derecho a la organización de las trabajadoras nicaragüenses de la Zona Franca, iniciativa que parece haber tenido una buena acogida entre los activistas de la solidaridad en Estados Unidos. En una encuesta que la "Nica Network" realizó en 1996 entre sus bases en Estados Unidos, las campañas por la defensa de los derechos laborales fueron seleccionadas por el 74% de los comités consultados como prioridad número uno en la futura agenda de actividades. "Este tema está hoy de moda en el mundo de la solidaridad norteamericana", nos comentó una de las dirigentes de la solidaridad con Nicaragua.

"Cada uno a su manera"

No deja de ser paradójico que, a pesar de tantas desilusiones y del bajón, la solidaridad con Nicaragua continúe viva. Los que mantienen una vinculación directa con el FSLN, consideran que, a pesar de sus errores y de sus propios handicaps internos, el partido sandinista sigue representado la mejor alternativa política, más exactamente, la única alternativa que tiene la izquierda y el movimiento popular en Nicaragua.

Estiman que el FSLN, junto con las organizaciones populares que la revolución hizo surgir en los años 80, es la mejor vía para defender las conquistas sociales, económicas y políticas que el país heredó de la revolución (reforma agraria, autonomía de la Costa Atlántica, niveles de alfabetización, etc.). A este sector de la solidaridad le alienta la esperanza de que el FSLN se renueve y regrese a sus orígenes de movimiento revolucionario, honesto y fiel representante de las demandas populares. Aunque respetan a los dirigentes históricos del sandinismo, no esconden sus críticas hacia ellos y se identifican con algunos dirigentes más jóvenes, en los que ven la posibilidad de una renovación real y profunda del FSLN.

Según la encuesta de Nicaragua Network, el 63% de sus comités de solidaridad considera que el FSLN debe seguir siendo su principal interlocutor en Nicaragua. Un 22% cree que deberían serlo directamente las organizaciones populares. Un 10% prefirió no opinar sobre el tema y el 6% restante manifestó no estar personalmente interesado en la solidaridad con el partido sandinista, aunque consideraba que no era conveniente que la Nicaragua Network abandonara una relación de tantos años con el FSLN.

Los dirigentes y activistas de la solidaridad norteamericana no partidista son mucho más críticos y más libres frente a lo que haga o deje de hacer el FSLN, a pesar de las simpatías que tienen por el partido, por considerarlo la opción política menos mala en Nicaragua o por los entrañables lazos de amistad que les unen a determinados dirigentes sandinistas. Estos grupos son sandinistas, pero lo son "a su manera". Y su manera es hoy apartidista. Para estos grupos está muy claro que una cosa es el partido y otra es el pueblo y que la prioridad no la tiene el partido, sino el pueblo nicaragüense. Consideran que es demasiado arriesgado hipotecar la solidaridad con los sectores populares de Nicaragua a la suerte de un partido político, por muy revolucionario que haya sido o por muy democrático que pueda llegar a ser.

A pesar de estas diferencias, los activistas pro partido sandinista y los apartidistas se mueven animados por motivaciones comunes. La defensa de "las conquistas de la revolución" es una de ellas. Aunque, un dirigente de la solidaridad apartidista nos decía con mucha ironía que para él, el problema era que "el FSLN se ha convertido en uno de los principales adversarios de los conquistas de la revolución..."

Entre los activistas más jóvenes los que eran niños en los años 80 o entre los que tienen poco tiempo de trabajar en la solidaridad con Nicaragua, la preocupación por la defensa de las conquistas revolucionarias está mucho menos presente. Se sienten más atraídos por otros temas: las condiciones de vida de las mujeres, los derechos humanos y laborales, la protección del medio ambiente. O lo que les atrae es contribuir en las campañas de ayuda material destinadas a aliviar el dolor de los pobres de Nicaragua.

"¿Narcotráfico? ¿Propiedad?"

El reto más grande que la solidaridad norteamericana progresista tiene hoy delante es el de convencer al gobierno y a la opinión pública estadounidense de la relación entre lo que ocurre en la Nicaragua que gobiernan los liberales y la seguridad y la estabilidad internas de Estados Unidos. Según algunos activistas, hay dos temas nicaragüenses a los que el gobierno de su país se muestra particularmente sensible: el de las drogas y el de las propiedades reclamadas por los ciudadanos norteamericanos confiscados por la revolución.

Algunos consideran que en el gobierno liberal, el lavado de dólares proveniente del narcotráfico, ya presente desde hace años en Nicaragua, va a incrementarse rápidamente, encubierto muy probablemente en inversiones de construcción, turismo, seguros y finanzas. El lavado de dólares haría circular un dinero que el gobierno no tiene y esto paliaría la crisis. El problema de los ciudadanos norteamericanos confiscados resulta más complejo de manejar para el movimiento de solidaridad progresista, porque entre los beneficiados con estas confiscaciones están también dirigentes del FSLN y sectores de las capas medias.

Algunos activistas de la solidaridad consideran viable una campaña para presionar al Congreso y a la administración para que no respalden a los confiscados, sobre todo a los que se nacionalizaron estadounidenses tras la caída de la dictadura, porque son gente que amasaron su fortuna y obtuvieron las propiedades que hoy reclaman a través de la corrupción estatal y del uso ilegal de la fuerza pública que caracterizó al somocismo. ¿Se embarcará la solidaridad progresista norteamericana en una aventura que toca el polémico tema de la propiedad y en la que podría desgastarse aún más el ya desgastado prestigio político del FSLN?

"No amamos si no vemos"

Algunos de los activistas que participaron en la reunión de febrero en Washington consideran que en el encuentro no se definieron ni se acordaron por consenso explícito los temas de agenda para los próximos años." Quedaron muchos cabos sueltos y es necesario atarlos en una estrategia común para unos años. Hay muchas tareas y es urgente tener claridad", expresó a envío uno de los participantes.

Uno de los más veteranos dirigentes del movimiento insistía en que no sería bueno querer homogeneizar el trabajo de solidaridad que llevan a cabo las diferentes instituciones o grupos. La fuerza del movimiento solidario reside en su extraordinaria heterogeneidad, con actividades para todos los gustos: desde la recogida de ayuda humanitaria y los programas de desarrollo sostenible hasta el trabajo de lobby o la investigación académica. Así, nadie queda excluido, nadie carece de espacios para trabajar.

Además de la elaboración de una agenda para los próximos años, otro de los grandes desafíos es cómo superar el vacío informativo que hoy existe en Estados Unidos sobre lo que ocurre en Nicaragua. A juicio de varios dirigentes, "ésta es nuestra mayor limitación". Para los medios de comunicación de Estados Unidos, Nicaragua no existe. Y en la Nicaragua que sí existe, los acontecimientos se suceden unos tras otro a tal velocidad y son tan efímeros y contradictorios, que en los activistas norteamericanos existe siempre un rezago considerable entre la última noticia recibida y el inicio de una nueva coyuntura. Y lo que es más grave: les es prácticamente imposible superar ciertos esquemas simplistas, un tanto maniqueos, con los que clasifican a los nicaragüenses en "buenos" y "malos", cuando en la realidad todo es mucho más complejo, más gris y nada sucede en el blanco y negro de sus interpretaciones a distancia. Se han hecho múltiples esfuerzos para superar estas limitaciones y las nuevas redes y técnicas informáticas de comunicación les abren nuevas perspectivas.

Aunque hayan disminuido en volumen, las visitas a Nicaragua siguen manteniendo el entusiasmo, el compromiso y la identificación con esta causa. Una de las jóvenes estudiantes que asistió a la reunión de Washington señalaba lo importante que había sido para ella una primera visita a Nicaragua, en el marco de contactos entre universidades. Los que tienen más tiempo de andar bregando en el mundo de la solidaridad saben que resulta bastante difícil ser fiel cuando el país o el pueblo por cuya causa uno sacrifica su tiempo libre, y hasta su dinero, es sólo una noticia suelta en la prensa, una palabra en la televisión o el tema de uno de los boletines que edita la solidaridad. "No se ama lo que no se ve y no se conoce", decían en Washington los veteranos.

"Hay otra solidaridad"

Mientras la solidaridad progresista de Estados Unidos se enfrenta a estos retos y trata de desentrañar estos dilemas, otra solidaridad, de otro signo político e ideológico, avanza y toma fuerza en los Estados Unidos: una solidaridad de corte "conservador” dirigida también hacia Nicaragua.

Todo indica hoy que, mientras los esfuerzos y las ayudas de la solidaridad "progresista" han ido disminuyendo sustancialmente, las ayudas de la solidaridad "conservadora" han ido en ascenso desde 1990 y han crecido mucho desde que Arnoldo Alemán comenzó su campaña electoral a inicios de 1996. No dispone la solidaridad progresista de información sobre las decisiones y montos de esta "otra" solidaridad, pero sabe que consiste fundamentalmente en ayuda humanitaria (medicina, equipo médico, etc.) y conoce que en ella es significativa la presencia de estadounidenses de origen latino, sobre todo de cubanos. Le preocupa también que esta solidaridad se pueda incrementar durante los próximos cinco años, mientras la Alianza Liberal gobierne Nicaragua. Es otro desafío en el horizonte.

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