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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 273 | Diciembre 2004
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Nicaragua

Se alquilan burócratas: la rentable industria de las consultorías

Éste es un ensayo de observación participativa. Observo desde fuera la abundante fauna de consultores y consultoras que hoy puebla Nicaragua. Y observo desde dentro. Participo en esa fauna. Nuestro país merece una reflexión en profundidad sobre esta industria en ascenso. Como consultor, ensayo una. No me la aceptarían en ninguna consultoría.

José Luis Rocha

La industria de las consultorías mueve en Nicaragua millones anualmente. En 2003, la suma de gastos en asesorías y consultorías, sueldos a cargos transitorios y retribución por estudios y asesoramiento técnico absorbía un alto porcentaje del presupuesto anual de muchas instituciones estatales: 45% en el Instituto de Fomento Municipal, 38% en el Ministerio del Ambiente y Recursos Naturales y 27% en el Consejo Supremo Electoral. Una situación parecida encontraríamos en ONG, universidades, medios de comunicación e iglesias enchufadas a la ayuda internacional en esta era de transfusión.

Somos tantos los que vivimos en la burbuja de la cooperación externa. Muchos somos los que por vías directas u oblicuas tenemos alguna conexión con el mercado de las consultorías en algún eslabón de la larga cadena. El trabajo de campo de una ONG o un ministerio debe ser evaluado por un asesor -mejor si es sueco, holandés, danés-, que “lavará” las ideas de algunos nativos entrevistados, será provisto de datos por encuestadores y estadígrafos y requerirá el apoyo de una socióloga para presentar unas notas, hilvanadas luego por un analista en un informe ilegible que será repellado por una editora y expuesto por un buen comunicador. Es el guión de todos los días por todas partes de Nicaragua.

NUESTRA CRISIS PERMANENTE OFRECE UN SINFÍN DE OPORTUNIDADES

Diseñadores de políticas y editoras, asesores y planificadoras estratégicas, traductores y especialistas en marco lógico, expositores de saco y corbata y charlistas de cotona. Todos comen del generoso cuerno de la abundancia de la ayuda externa que parece no tener fin ni poner restricciones. Todos tienen un lugarcito o lugarzote en la pirámide trófica de la cooperación internacional. Todos tienen un papelito o un papelón en esta comedia de las alegres comadres y los gozosos compadres de la consultoría. Y en el mundo, en conclusión, muchos hacen de consultor, aunque no todos lo entienden.

Las consultorías son el único factor que convierte a Nicaragua en un país de migración de retorno. Regresan profesionales tras muchos años de residencia en Alemania, Inglaterra y otros países industrializados porque aquí se hace dinero. Para Somoza, el terremoto fue la revolución de las oportunidades. La crisis permanente de Nicaragua la convierte en el país de las oportunidades. Lo es para los banqueros que engullen más ancho con las elevadas tasas de interés de los bonos estatales. No lo es menos para las empresas privadas de seguridad porque la policía no se da abasto en un contexto de pobreza y anomia que invita a la delincuencia. Lo es para los Pellas, que con un telefonazo pueden frenar las auditorías que develan su evasión fiscal. Jugosa ventaja sacan los jueces que cobran un tiempo extra informal: el tiempo exento de moral. Y no en primera pero tampoco en última fila están los consultores, que ven abrirse ante sí un abanico infinito y jamás obsoleto de temas sobre los cuales asesorar y cobrar. La crisis engorda a muchos, salvo a los muchos que la padecen.

FUGACES CARGOS DE UNA BUROCRACIA “GOLONDRINA”

En un país como Nicaragua, el sistema de esta burocracia de alquiler semeja una ecuación con tres variables. Fulano paga para que Mengano trabaje para el mismo Fulano o para Perencejo. Fulano es un gobierno o agencia de cooperación del Primer Mundo. Perencejo casi siempre es una institución estatal o una ONG. Mengano son las todólogas y los ningunólogos, los hacelotodo que se rifan en cualquier tema y que son alquilados por Fulano a beneficio de Perencejo.

En el sistema de la burocracia de alquiler, Mengano es la variable dependiente: habrá más consultores mientras el estado de postración del país sea más dramático, porque entonces más fondos volcará la cooperación externa, más analfabetas serán los funcionarios estatales y mayor clientelismo marcará el ritmo del mercado de las consultorías.

El sistema de consultorías ha inaugurado en Nicaragua y en otros países una nueva forma de ser burócrata: la burocracia de alquiler, la burocracia golondrina, la burocracia de libre movilidad y flexible fidelidad. Los fugaces cargos de esta burocracia ya no imprimen carácter: hoy se es supervisor de alcantarillas, mañana asesor de museos. Que se joroben quienes no encuentren el vínculo entre estas ocupaciones. El consultor está generalmente desligado formal y físicamente de la institución que le paga y de aquella para la que trabaja, situación que no garantiza independencia ideológica, sino que sólo configura otras formas de vincularse: el compadrazgo, la inercia, el “no hay otro palo en el que ahorcarse”, el prestigio, el marketing… formas a veces bendecidas por licitaciones reales o ficticias.

BURÓCRATAS POSTMODERNOS TRABAJANDO EN CASA

Este sistema rompe con el modelo burocrático tradicional. En la burocracia convencional, el sociólogo Max Weber encontró que el conjunto de los funcionarios públicos estables, los instrumentos de trabajo y los archivos de documentos correspondientes a una misma competencia jurisdiccional se encontraban reunidos en una oficina. En el modelo actual de alquiler de burócratas, todos estos elementos están dispersos, y no pocas veces el contacto entre ellos es mínimo. No existe una oficina que concentre a los escribas, ni que vincule a los escribas con sus archivos. Hay tantas oficinas y archivos como consultores contrate la institución.

El lazo temporal del consultor con la institución se mide en días, sin entrar al desglose dentro de cada día. Se compromete un bloque de días, y no una serie de jornadas. Todo cargo requiere ajustarse a normas. Las del consultor están consignadas en unos escuetos términos de referencia. A los que hay que agregar tácitas reglas para administrar su imagen en sociedad y otras en las que se juega su futuro en ese mercado. Pero no son reglas de fidelidad a una institución para comprar una existencia segura. El consultor sacrifica la seguridad que da un empleo estable en aras de un mayor ingreso presente.

El servicio civil en la modernidad había logrado separar la oficina del domicilio privado del funcionario. La burocracia generalmente consideraba la actividad oficial como un ámbito independiente de la vida privada. En la postmodernidad, con frecuencia, los burócratas trabajan en su casa. Oficina y casa comparten el mismo espacio. Los fondos y equipos privados del consultor siempre están a disposición de sus obligaciones laborales. Patrimonio, correspondencia y amistades privadas y públicas se entrecruzan. Y así como el espacio y los objetos fusionan su pertenencia privada, su servicio empresarial y su utilidad pública, el tiempo público y privado del consultor suele ser una amalgama indiscernible. Todo ello hace que, mucho más que por una ocupación, los consultores hayan optado por un estilo de vida.

DE FERNÁNDEZ DE OVIEDO A LOS DESASTRÓLOGOS

Los consultores no son una novedad en Nicaragua. En épocas pasadas fueron escasos, generalmente “cheles” y bastante más eficientes que los actuales. Quizás el primero fue Gonzalo Fernández de Oviedo -chele, claro- que vino en 1527 como veedor de la corona española, mucho antes de que la AECI abriera operaciones. Luego vinieron otros menos dotados literariamente. Aunque no llegaron a formar una masa crítica, empezaron a fluir con profusión. El potencial canalero de Nicaragua tuvo mucha responsabilidad. Gobiernos del Primer Mundo enviaron decenas de ingenieros al río San Juan para valorar la factibilidad de construir un canal interoceánico que aprovechara ese gran desaguadero.

Uno de los más ilustres consultores fue W. W. Cumerland, contratado para hacer un estudio de la economía nicaragüense en los años 20. Problemas con la ley electoral siempre ha habido, y consultores que la estudien no han faltado. Como relata el historiador Knut Walter, en 1921, el doctor Harold Dodds, catedrático de ciencias políticas, fue contratado por el gobierno de Nicaragua -bajo fuerte presión de Washington- para analizar la ley electoral vigente y proponer las reformas necesarias para garantizar su imparcialidad. En abril de 1923, el Congreso nicaragüense aprobó un nuevo código electoral, cuyo contenido se ajustaba a lo propuesto por Dodds, con algunas modificaciones mínimas. Esa reforma electoral fue la institucionalización formal en Nicaragua del sistema bipartidista. Las consultorías ya empezaban a dar frutos.

En el siglo XIX y XX vinieron muchos politólogos, economistas, ingenieros y naturalistas. Una diferencia notoria entre aquellos consultores y los actuales es que éstos últimos rara vez producen textos medianamente digeribles. En cambio, Karl Bovalius y Paul Levy tenían una pluma aguda en el análisis y lúcida para describir detalles pintorescos. Otra diferencia radica en que aquellos tenían profesiones más ordinarias: biólogos, ingenieros, abogados, etc. Algunos de los de ahora se buscan especializaciones rayanas en lo estrafalario. Tras el huracán Mitch, el PNUD contrató a una consultora cuya tarjeta la presentaba como Desastróloga. Se supone que no los vaticinaba, sólo sabía cómo mitigarlos. Y aunque parezca invención de García Márquez, circulan por ahí una angelóloga y un Máster en Divinidad. ¿Será que las universidades no demoran en iniciar la fabricación de Corruptólogos y Ortególogas?

MÁS QUE UNA OCUPACIÓN, UN ESTILO DE VIDA

La diferencia más palmaria entre los consultores de otrora y los de ahora es el hecho de que hoy ser un consultor se ha convertido en un estilo de vida. La condición de consultor empapa muchos ámbitos de la existencia porque tiene múltiples exigencias: asistir a cuanta recepción se organice, cultivar determinadas relaciones, alternar en este bar, cenar en aquel restaurante… Vida comercial y familiar se superponen. El negocio resulta mejor si el cónyuge es chele y tiende lazos étnico-afectivos con embajadas, agencias y ONG internacionales.

Las relaciones que se van tejiendo siempre pueden ser útiles. El consultor debe sembrar, regar, abonar, aporcar y fumigar las relaciones, porque dan mucho para cosechar. La instrumentalización de las relaciones humanas es un vicio al que muchos resbalan. Parecen no percatarse de cuánto se deteriora la calidad de vida con el ejercicio de la hipocresía.

Por supuesto que esa instrumentalización no es monopolio exclusivo de los consultores. Pero algunos de éstos han sabido llevarla a extremos de corrupción con algunas contrapartes cuando se encuentran situados en una posición de poder. Hace cuatro años, un funcionario de la ahora justamente cuestionaba Fundación Augusto César Sandino (FACS) notó el acelerado acercamiento amistoso hacia él de un alto mando de Oxfam América que ocasionalmente supervisaba las operaciones en Nicaragua. Venía de El Salvador en misiones muy puntuales. Una vez cultivado el terreno, soltó la piedra: Yo te contrato como consultor para los próximos estudios de Oxfam y vamos mitad y mitad en la ganancia.

TEXTOS SECOS, REITERATIVOS, INOCUOS

El estilo de vida demanda disfraz y poses. Con tino dijo Francisco Umbral que el pensamiento también tiene su sastrería. Y donde no hay mucho pensamiento, debe haber mucha sastrería. Los consultores deben lucir presentables, señoriales y glamorosas. Deben ser magníficos exponentes del “síndrome del figureo”. Y pregonar su condición a cada instante. Mi mejor amiga impartía clases de antropología los sábados. Entre sus alumnos había un consultor. No un pichón, sino todo un chompipe de las consultorías. Se lo hacía saber en una breve nota al pie de cada examen. Su oficio era la excusa permanente para justificar sus ausencias. Como muy sabiamente dicen los pandilleros, quería aprobar el curso “a la pura impresión”. Pero lo más impresionante de todo era su absoluta incapacidad para redactar una línea sin masacrar la gramática y atropellar la ortografía.

Obviamente, más que la gramática y ortografía, e incluso más que el atuendo, importan los gestos y el lenguaje. Quienes se invierten a sí mismos en la industria de las consultorías han de tornarse políglotas y dominar el lenguaje cepalino, la jerga faoísta, el argot politiquero, decenas de dialectos oenegeistas, incluyendo el derroche generoso de arrob@s para bisexualizar palabras… En todas las aguas hay que saber moverse, porque en todas hay que pescar, seducir con el lenguaje, emplear los conceptos consagrados, lucir los términos que tienen carta de ciudadanía ahí y no en otro sitio.

Mi trabajo como investigador, en el que ahora hago más de consultor, me ha obligado a cuidar las formas y a domesticar mis impulsos literarios. Generalmente me enfrento a “clientes” que desean la mesura de lo mil veces dicho. Debo escribir de la manera más seca e inocua posible. Ablandar y descremar las frases. Acartonarlas y arrugarlas. Revisar meticulosamente el texto para extirpar los adjetivos temerarios, los nombres que deben permanecer en el anonimato y usar un vocabulario que no exceda de las cien palabras que, como piezas de lego, constituyen el único paquete para toda arquitectura verbal de los informes de consultorías.

En el afán de castrar los textos es casi imprescindible abundar en esas formulaciones impersonales de las que en Nicaragua echamos mano y pluma cuando queremos omitir la mención del culpable, especialmente si somos nosotros. Si en el habla coloquial y pedestre decimos se cayó en vez de él la botó o se rompió en lugar de ella lo rompió, en los informes de consultorías se estila escribir se pretende en lugar de aquí nosotros pretendemos. Quizás esa sea la contribución más notoria del lenguaje coloquial nicaragüense al lenguaje profesional de la cooperación al desarrollo.

El estilo de un informe de consultoría deber ser seco y pesado para dar impresión de seriedad. Mejor si se sitúa en el extremo opuesto al “placer del texto” descrito y ensalzado por Roland Barthes. En esa esfera se practica el bochorno de una prosa plúmbea y reiterativa. Cuatro conceptos se repiten sin cesar en una sucesión de combinaciones y permutaciones sin límites. Porque en el feliz universo de los consultores, como en Un mundo feliz de Huxley, la repetición de una frase la convierte en verdad. Mecanismo básico de trabajo: cortar y pegar. Repetir hasta la saciedad los mismos tópicos en el mismo tono con idénticos conceptos hace que muchos consultores sean enanos sobre hombros de pigmeos.

NO NACEN, ASÍ SE HACEN

Los consultores se han ido haciendo gradualmente. Sobre todo aquellos que ya han alcanzado cierto renombre. Hay algunos novatos que se lanzan al ruedo sin mayores credenciales. Difícilmente triunfan. Los consultores de prestigio no nacen, se hacen. Desde que conozco más de cerca este sistema me pregunto cómo se fabrican esas eminencias a las que suelen entrevistar los periodistas cuando un tema en el que se les tiene por especialistas salta al candelero. O aquellas que reiteradamente son buscadas por las mismas instituciones. Y aunque ése es tema de otra investigación y otra reflexión, hay indicios del barro y el torno en que son amasados.

En una acera están los manufacturados en universidades estadounidenses, sean nacionales o extranjeros. Por ellos tienen predilección las entidades estatales y algunos organismos multilaterales. Tienen el currículo académico e ideológico adecuado. En otra acera están los viejos zorros de un rubro, que se apoltronaron donde están cuando nadie más estaba ni podía estar ahí. Surgen competidores en la actualidad, pero la tradición y la inercia es una ventaja comparativa inamovible.

También están los fabricados durante los años 80. Altos funcionarios de la administración sandinista. No faltan entre ellos algunos comandantes y comandantas. Primero fueron radicales que pretendían poner todo de cabeza. Luego devinieron en marxistas platónicos, o ni eso, y pronto lanzaron a la letrina todo el Konstantinov que directamente o a través de Martha Harnecker mamaron en los años 70 y 80. Pasaron de un fundamentalismo marxista al fundamentalismo tecnocrático. Transitaron de la revolución a la alegre adaptación a las condiciones dadas, a veces con oscilaciones y ambivalencia emocional en relación al FSLN, siempre con pragmatismo resignado u oportunismo solapado.

FRANCOTIRADORES PRIVILEGIADOS QUE SE NUTREN DE LA MISERIA

En todos estos grupos hay intelectuales de talento y profesionales mediocres. Trigo y paja mezclados. Desafortunadamente todos han optado por una libertad ficticia, el dinero rápido y la aventura individual, en lugar de abonar a la famélica institucionalidad nacional. Esos vigores dispersos son necesarios en la solidificación de muchas instituciones. Pero jamás una universidad pagará a sus docentes, o una alcaldía rural a sus funcionarios, o un medio de comunicación a sus redactores, lo que retribuye el PNUD, el BID, DANIDA, ASDI o COSUDE a sus consultores. Y el deseo de mejorar la propia situación económica es arrebatador y casi unánime.

Montar una empresa consultora es la fórmula gremial para cerrar filas frente a competidores. Es la tentación de muchos nuevos profesionales que se lanzan a las procelosas aguas del mercado laboral. Pero rara vez cuaja en este país. Fresco tengo el recuerdo de un grupo de amigos que llegó a fundar una de esas empresas. Todos estaban y están muy favorablemente enyugados a la cooperación externa: uno habla alemán, otro había sido consultor para la FAO por más de una década y otra ha trabajado en diversos organismos. Un capital social envidiable. En menos de un año estaban destazándose mutuamente. El consultor prefiere ir de francotirador y suele buscar alianzas puntuales. El resto de consultores son rivales en busca de los mismos fondos, antes que colegas con quienes compartir ideas, intercambiar información y conspirar por una Nicaragua mejor.

Su principal rival, sin embargo, es su principal aliado... a la fuerza. A lo largo de la historia mundial, la confrontación entre los intereses de los profesionales y de los obreros y campesinos ha sido un hecho del que se han ocupado generaciones de sociólogos. Pero jamás esa confrontación había llegado a niveles tan descomunales de cinismo. Nunca antes los profesionales habíamos parasitado tanto de los pobres. Nos hemos convertido en una nueva aristocracia que se nutre de la miseria que investiga, contabiliza, diagnostica, analiza y disecciona, con una prosperidad en algunos casos directamente proporcional a la indigencia de nuestros conciudadanos.

CORTAR-PEGAR, PEGAR-CORTAR...SIN TIEMPO PARA PENSAR

Este subterráneo conflicto de intereses no sería tan nocivo si el sistema de la burocracia de alquiler garantizara calidad y continuidad en los productos de los consultores. El sistema, por el contrario, favorece la mediocridad y la repetición. A los consultores se les ofrecen sumas de hasta más de 10 mil dólares en un mes, que en la práctica pueden reducirse a 15 días laborales o menos porque el consultor está en varios trabajos a la vez. En ese tiempo récord, debe cumplir con unos términos de referencia que le piden el oro y el moro, los cuernos de la luna, decir todo acerca de todo, saber más que quienes saben más. No hay tiempo para conocer el lugar que se estudia, no hay tiempo para pensar.

El consultor, si es imprescindible, subcontrata ayudantes de bajo precio y experiencia para que hagan el “trabajo sucio” (trabajo de campo) y parte del limpio, con el efecto inevitable sobre la calidad. Pero existe otra solución que depende de un factor providencial. Como el sistema también propicia la repetición -me encantaría escribir Bosawás, la reserva mil veces estudiada-, el consultor puede echar mano del cut and paste y reciclar viejos trabajos propios -también ajenos- para salir del apuro. La compra-venta de refritos está enteramente legitimada en el sistema. De hecho, muchos trabajos “originales” son un reciclaje de frases manidas, una maquila de ideas zurcidas sobre retazos de un mismo esquema ideológico. Sus amigos en la cooperación externa se lo admiten. Sus empleadores no amigos jamás llegarán a conocer todo lo anteriormente escrito sobre un tema o lugar porque no existe un banco único nacional de información sobre las miles de consultorías realizadas.

INNECESARIA EXPERIENCIA Y COMPADRAZGO

El compadrazgo es una de las instituciones culturales nicaragüenses que más se ha inoculado en el mercado de las consultorías. Es parte de nuestro aporte a la configuración nacional del modelo. No es el único. Ni el más visible. Pero es uno con el que hemos conseguido contagiar incluso a los extranjeros. ¿O será un rasgo universal que en Nicaragua sólo actualizamos? Los audaces desenmascaramientos de la corrupción francesa emprendidos por el sociólogo Pierre Bourdieu apuntan en esta última dirección.

Hace unos ocho años, poco más, poco menos, un copetudo funcionario suizo y un sesudo consultor francés se dieron cita en un conocido bar capitalino. El suizo representaba a la cooperación helvética para el desarrollo. El francés dirigía un equipo de investigadores en una conocida universidad nicaragüense. Ambos eran compañeros habituales de tertulias, cenas, vinos y quesos.

En la mesa de tragos negociaron 250 mil dólares, que al bote y al meado fueron aplicados como tarifa de diez investigaciones sobre finanzas en Nicaragua: spread bancario, ahorro en microfinancieras, consolidación institucional, y otras materias más y menos vagas. Hasta los suizos, precisos como relojes, y los muy cartesianos franceses se tropicalizan y se deslizan hacia la deliciosa laxitud de nuestros códigos del laissez faire y el dolce far niente. Poco se dice que la inserción cultural tiene su precio.

Lo que etílicamente fue negociado, tuvo concreciones casi alucinógenas. Un año después del desembolso de la marmaja, la cooperación suiza recibió una colección de estudios de lo más variopinto en calidad y en temática: arborización, comercio justo del café, zonificación agroecológica, y otros más y menos pintorescos. El instituto del poco pascaliano francés dispuso del convenio y el dinero con alegre liberalidad. Y aunque el suizo actuó después como navaja suiza, el daño ya estaba hecho y nadie lo ponía derecho.

En el mercado de las consultorías, los mismos encargan consultorías a los mismos. La simulación de licitaciones es un mecanismo tan trillado que a nadie mosquea. Los consultores únicamente deben estar pendientes de cuál es el tema de moda para transfigurarse o adaptar sus viejos estribillos y especialidades a nuevos temas, de modo que los especialistas en Costa Atlántica, hoy pueden ofrecer este catálogo: identidad y género en Bilwi, migraciones en Kukra Hill, gobiernos locales de la Región Autónoma del Atlántico Sur, deforestación en Bocana de Paiwas, ecoturismo en Laguna de Perlas, medio ambiente en Bismuna, y muchos más.

“Nosotros hacemos de todo”, me dijo una consultora que trabajaba con su marido. Y no miente, hasta donde he podido comprobar. La burocracia de alquiler no necesita experiencia. No hay que instalar la capacidad de trabajar bien un tema. Es más rentable instalar y cultivar un tendido de relaciones sociales adecuadamente distribuidas en posiciones clave. Las especializaciones pueden ser improvisadas. Así le ocurrió a un amigo economista, que pronto supo convertirse en un experto en masculinidad y fue contratado por una ONG nacional a 2,500 dólares. Uno de sus colegas y compañero de graduación sigue sin conseguir trabajo, terco en su empeño de trabajar como economista.

LO EFÍMERO, LO ANÓNIMO, LO RUTINARIO: LA BAJA CALIDAD

¿Se gana o se pierde con la burocracia de alquiler? Es la pre-gunta del millón. Como todo cambio, no todo es para mal ni todo para bien. Poco se me ocurre que sea para bien. Una aparente virtud salta a la vista. Aun cuando el principio de que “el que paga manda” sigue gozando de validez incuestionable, la relación entre los consultores y sus empleadores es más democrática y no está determinada por la estructura rígidamente jerárquica que caracteriza a la burocracia tradicional.

Pero entonces, ¿cómo y a quién apelar si el trabajo no satisface? ¿No hay oportunidad de rectificar? Difícilmente porque la relación de los consultores con los beneficiarios suele ser muy distante, efímera y débil. A veces su trabajo se desarrolla con un conocimiento muy pobre de la realidad sobre la que escriben o actúan. El breve período por el cual son contratados no les permite profundizar. Y terminan sin chance de seguimiento futuro al final de la consultoría. El cargo y la función se extinguen cuando expira la consultoría.

El anonimato en el que permanecen los consultores refuerza estas debilidades. Y surgen otras. Como hay consultores para toda fiesta y ocasión, quienes consiguen algunos fondos se convierten en meros contratadores: religiosos, intelectuales, empresarios y funcionarios estatales dejan de hacer su trabajo para trasmutarse en gestores de recursos financieros porque estiman que esa posición en la pirámide está más cercana a la cúspide y relumbra hasta obnubilar.

Si muchos son los defectos, muchos pueden ser los remedios. El primero de ellos pasa porque la cooperación externa entienda que el problema no consiste sólo en el hecho de que existan fraudes, embustes y trapacerías. Ni en que la fauna de los consultores incluya lagartos y rémoras. El sistema es intrínsecamente perverso. Adolece de una perversión que le es consustancial.

Como cada consultor ignora cuándo y de cuánto será la próxima consultoría, debe aceptar todo lo que se presente, trabajando a toda prisa o subcontratando profesionales de escasa experiencia en detrimento de la calidad de su producto final. Y si además caen ofertas jugosas, negarse le parecerá estúpido. Enfrenta muchas presiones en el ambiente que lo empujan a maximizar sus ingresos: alcanzar el nivel de consumo de sus empleadores, poner a su hija en un mejor colegio, comprar el último modelo de computadora, organizar fiestas para cultivar relaciones ordeñables, etc. Éstas son las debilidades cotidianas que construyen la gran corrupción.
El hecho de que los consultores estén desligados de tiempos y espacios institucionales hace más difícil garantizar su plena capacidad de trabajo. Algunos sí están vinculados a instituciones. Tienen en ellas un empleo fijo y un salario regular. Pero es en las consultorías, que a menudo realizan hurtando tiempo a su institución, donde obtienen sus mayores ingresos. El problema fundamental es que muchas instituciones no tienen una política de manejo de las consultorías o la que tienen es poco compatible con la aspiración del trabajador de que ese plus esfuerzo le sea bien retribuido. Esa debilidad multiplica las “cuajadas” y daña la cultura laboral. Es preferible llegar a un convenio para garantizar la calidad.

HAY REMEDIO: ALGUNAS ACCIONES MÍNIMAS

En el caso de Nicaragua, un país de tan débil institucionalidad -por la que dicen apostar los funcionarios de la cooperación internacional-, es inaudito que los fondos destinados a consultorías no se empleen en fortalecer las instituciones. ¿Por qué no invertir en consultores insertos por largos plazos en alcaldías con dificultades financieras?

¿Cómo invertir para hacer investigaciones, en lugar de ese sucedáneo devaluado que es el análisis -travesti de la indagación científica salpicado de palabras andrógin@s- que son muchos de los informes de consultorías? ¿Por qué no invertir en puestos permanentes en sectores clave del Estado, compatibles con una visión de largo plazo y sujetos a evaluaciones participativas?

La metamorfosis de servidor público a vendedor de servicios profesionales imprime un giro ético en la concepción del trabajo, en su motivación y en su ejecución. Y aunque este giro no necesariamente resulta reflejado en una práctica peor de la habitual -porque los que se auto-bautizan como servidores públicos son lobos con piel de cordero-, debe defenderse el principio de que los recursos de la cooperación externa son ante todo un servicio al colectivo nicaragüense y no una mercancía que se remata en el gran mall donde se alquilan burócratas.

Por último, urge la creación de un banco de informes de consultorías para no seguir pagando por más de lo mismo. La reserva de Bosawás debe tener exploradas y analizados hasta la última piedra, escarabajo y pleito vecinal. Ha sido objeto de numerosos estudios que se ignoran entre sí y que, por ello, poco añaden. Es responsabilidad de la cooperación externa mantener un archivo que reúna todos los informes y los ponga al servicio del público. Del actual desorden, muchos somos beneficiarios. Y muchos más los perjudicados. Éstas son algunas acciones. Mínimas, por cierto. Porque el sistema requiere muchas reformas para que no sigamos expuestos a decidir entre perder el trabajo o perder el alma.

INVESTIGADOR DE NITLAPÁN-UCA. MIEMBRO DEL CONSEJO EDITORIAL DE ENVÍO. CONSULTOR.

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