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  Número 271 | Octubre 2004
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Nicaragua

Dora María Téllez: “En estas elecciones está a prueba la validez y el futuro de la Convergencia”

Dora María Téllez, Presidenta del Movimiento de Renovación Sandinista (MRS), uno de los partidos que, en alianza con el FSLN, integran la Convergencia Nacional, compartió con Envío reflexiones sobre las elecciones municipales, sobre las candidaturas de la Convergencia y sobre la cultura política nacional, en una charla que transcribimos.

Dora María Téllez

En las elecciones municipales del 7 de noviembre compiten bajo la bandera rojinegra del FSLN candidatos y candidatas a alcaldes y a vicealcaldes de la Convergencia Nacional. En 87 de los 152 municipios del país un miembro del FSLN encabeza la fórmula como candidato a alcalde. Y en 65 la encabeza un miembro de las fuerzas aliadas de la Convergencia. Un total de 157 de las 204 candidaturas (alcaldes y vicealcaldes) para estos dos cargos del gobierno local surgieron de los aliados del FSLN en la Convergencia. Entre los candidatos a alcaldes y vicealcaldes que salieron de las fuerzas aliadas al FSLN, 13 pertenecen al MRS, 35 vienen del liberalismo, 13 son de tendencia conservadora, 19 pertenecen al Movimiento de Unidad Cristiana, 16 a la Resistencia Nicaragüense, 7 a la Unión Demócrata Cristiana, 4 al movimiento indígena de la Región Autónoma del Atlántico Norte y 50 son líderes locales independientes, no vinculados a ningún partido.

La Convergencia Nacional es una alianza en la que participan partidos políticos, grupos y personalidades. Como partidos, están el Frente Sandinista y el MRS -dos partidos sandinistas-, la Unión Demócrata Cristiana y el Movimiento de Unidad Cristiana, un movimiento de base evangélica. También está un segmento de la Resistencia Nicaragüense, el que tiene al frente a Elia Galeano, la hermana de Franklin, jefe de la Resistencia cuando se desmovilizó la Contra. Éstas son las fuerzas más orgánicas. Participan también algunos grupos conservadores y personalidades conservadoras, como la doctora Miriam Argüello. Y grupos liberales y personalidades liberales, como Julia Mena. Y otro grupo, Arriba Nicaragua, además de varias personalidades como Alexis Argüello.

Para entender el valor o la novedad de esta alianza, lo primero que hay que considerar es que en Nicaragua no existe tradición de alianzas políticas duraderas. Lo que ha habido hasta hoy son amarres coyunturales, amarres electorales que se disuelven rápidamente. Las alianzas han sido siempre “para mientras”... Para mientras se llega.

La alianza que llevó al poder al Frente Sandinista se fraccionó en dos o tres partes después del año 79. Estaba construida en torno a la derrota de la dictadura, no era una alianza programática. La alianza que llevó al poder a doña Violeta, la UNO, que juntó a 14 partidos políticos y a varias personalidades, se dividió en dos el día antes de la toma de posesión de doña Violeta: los que apoyaban a doña Violeta y a Antonio Lacayo -con una posición más negociadora- y los que apoyaban al Vicepresidente Virgilio Godoy. Después, la UNO se siguió fraccionando. Estaba construida sobre el único objetivo de derrotar al FSLN. Igual sucedió con la Alianza Liberal, que duró el tiempo de la campaña electoral de 1996 y apenas un año después, cuando Alemán empezó a barrer de sus cargos a los aliados a los que les había regalado esos cargos, la Alianza se fue disolviendo.

Tras las primeras crisis de la alianza anti-somocista que culminó con la derrota de la dictadura en 1979, el Frente Sandinista mantuvo, durante los años 80, una alianza con los conservadores de Córdova Rivas, con el Partido Popular Socialcristiano y con una fracción del Partido Socialista, en aquello que se llamó Frente Patriótico de la Revolución. Esta “alianza” duró hasta el año 90, aunque ya estaba prácticamente disuelta mucho antes. El Frente Sandinista no trabajó ninguna alianza hasta que comenzó a construir la Convergencia Nacional.

La Convergencia inició a partir de un acercamiento entre la Democracia Cristiana y el Frente Sandinista en torno a las elecciones municipales del 2000. Hubo entre ellos alguna negociación de cargos y alguna negociación programática. Para las presidenciales de 2001 la Convergencia se fue ampliando, sumándose cada nueva fuerza o cada nueva personalidad tras hacer una negociación bilateral con el FSLN. Después de las presidenciales, este esquema de negociaciones paralelas persistía. Poco a poco fue siendo desplazado por acuerdos más globales sobre la naturaleza política de la alianza y en torno a algunas bases programáticas mínimas. Quedaba siempre pendiente cómo se iban a expresar estos acuerdos en materia electoral. Este diseño inicial se ha mantenido hasta hoy, con dificultades. Porque hay desacuerdos en aspectos políticos, desacuerdos sobre lo que hace o no hace el Frente Sandinista o alguno de los partidos o grupos que integra la alianza. Pienso que lo básico que se ha ido construyendo son acuerdos de conducta política, y siempre sobre la marcha, en medio de las dificultades que uno encuentra en un país como Nicaragua.

El primer gran problema de la alianza ha sido, y es, que haya dentro del Frente Sandinista una completa conciencia de que la alianza es válida, es valiosa y es útil, tanto para el Frente como para el resto de los integrantes. Dentro del Frente ha habido una gran corriente que considera que esta alianza es inútil. Y así lo siguen creyendo: que no necesariamente potencia capacidades políticas. Creen que es un estorbo, porque el FSLN puede buscar solo los votos que necesita para ganar. Esta tesis se ha mantenido en un grupo importante del Frente Sandinista, desde el liderazgo nacional hasta el liderazgo de base. Junto a éstos, hay otra gran corriente que ha mantenido y mantiene que la alianza es válida, es valiosa y es útil. Que es necesaria. Porque consideran que el Frente no puede seguir caminando de manera aislada y sin una alianza no podrá superar los diques antisandinistas que encuentra por todas partes.

Dentro de estas dos posiciones hay, naturalmente, todos los matices. Las resistencias y los apoyos se expresan de muy distintas maneras. Las resistencias más consistentes se han expresado en los acuerdos y en la organización de estas elecciones municipales. El Frente y los aliados de la Convergencia suscribimos un acuerdo electoral muy novedoso y muy complejo, tanto para el FSLN como para todos los integrantes de la alianza. Acordamos que casi la mitad de las candidaturas para alcaldes y vicealcaldes serían para partidos, fuerzas o personas vinculadas a la Convergencia y la otra mitad para el FSLN. Para los cargos de concejales el acuerdo fue que la participación para esos cargos quedara abierta.

Dentro de este gran acuerdo, lo primero que decidimos fue lo que llamamos “la yunta”: donde va un candidato del Frente a la alcaldía, va un candidato de la Convergencia a la vicealcaldía y donde va para la alcaldía uno de la Convergencia, va uno del Frente para la vicealcaldía. Con excepciones, a petición de los liderazgos locales. No fue fácil llegar a este acuerdo. Es mucho más fácil un acuerdo de participación en las elecciones nacionales que en las municipales. Porque en las elecciones locales se está tocando el liderazgo local de cada grupo. Y “tocar” al grupo de poder que el liderazgo local del FSLN tiene en cada municipio no era fácil. Cada liderazgo local del Frente debía estar convencido de que el acuerdo era funcional, debía apoyarlo y colaborar a hacerlo viable a nivel local.

Fue muy difícil: la resistencia no era sólo una resistencia arriba, ¡eran 152 resistencias y expresadas de manera distinta! Una alianza a nivel nacional es mucho más fácil: nos ponemos de acuerdo diez dirigentes y resolvemos. Pero en el ámbito local las alianzas son más complejas. Tienen que ver con rivalidades locales, con las particularidades de los liderazgos locales, con los caudillismos locales, con estructuras familiares, con estructuras de poder históricas, tradicionales... ¡Es complicadísimo! Por eso, el acuerdo en torno a estas elecciones municipales es, sin duda, una de las pruebas más duras que ha superado la Convergencia.

El hecho de que el Frente asumiera la alianza y este acuerdo lo obligó a hacer algunos cambios internos, en los cuales ya venía caminando y que se precipitaron con la alianza. Para la elección de sus candidatos cambiaron de método: pasaron de la consulta a las elecciones primarias. Hasta ahora, el Frente había hecho consulta. Pero después, las asambleas municipales y departamentales del FSLN podían elegir a un candidato distinto al que había salido en la consulta. Esto generaba tremendos conflictos. El que controlaba la estructura controlaba el resultado de la asamblea municipal y podía pasar por encima de los resultados de la consulta.
Las primarias del FSLN vienen ya con dos características novedosas y positivas. La primaria decide y después no hay asamblea que cambie el resultado. Y la primaria es una votación totalmente abierta en la que pueden participar los miembros del Frente y cualquier ciudadano, sólo presentando su cédula. Esto significaba que los candidatos tenían que buscar apoyo no sólo en la militancia, sino en otros sectores de la sociedad. Y esto los obligaba a hacer una campaña más allá de su partido. El control de la estructura ya no les garantizaba el triunfo. Tenían que ir a la calle a buscar apoyo y votos.

Por su parte, la Convergencia decidió cuál sería el método para seleccionar a sus candidatos. Teníamos un dilema: o los elegíamos “de dedo” o los sometíamos a un “colador”, lo que también nos suponía un reto. Decidimos una fórmula mixta: en las cabeceras departamentales, todas las candidaturas a alcaldes y a vicealcaldes que nos correspondían a los aliados de la Convergencia las resolveríamos por encuestas. En las de otros municipios no cabeceras departamentales, en donde le correspondía el candidato a alcalde o a alcaldesa a la Convergencia, nos decidimos por elecciones primarias. Si el MRS tenía un candidato en San Juan de Oriente, el MUC otro, la Democracia Cristiana otro, todos se presentarían a primarias. Y quien ganara, quedaba de candidato.

Para las encuestas contratamos a una organización independiente, el centro de encuestas de la UCA, presidido por Manuel Ortega. Más que una encuesta con preguntas, usamos el método de intención de voto con “caja negra”: cada quien inscribió a sus candidatos y con los candidatos que se inscribieron se confeccionó una boleta que se entregaba a los encuestados, que marcaban su voto y depositaban la boleta en la caja negra. Como en una elección. La selección de la muestra, la fecha y el procesamiento matemático lo hizo el centro de la UCA. Lo único que le suministramos nosotros fue la lista de los candidatos.

En las cabeceras en las que el Frente siempre ha perdido nos interesaba conocer la opinión pública nítida. Y hubo sorpresas enormes. Hubo candidatos que obtuvieron un alto porcentaje de las opiniones en listas amplias de candidatos.

Comprobamos así quién era la gente con prestigio acumulado. Este cambio en los métodos -primarias y encuestas- es, en mi opinión, un primer paso clave dentro de un proceso democratizador. Me parece estratégico. Porque establece el camino para quebrar el caudillismo como fenómeno estructural en la política nicaragüense. Y porque da paso al liderazgo popular, al que moviliza localmente. Las primarias y las encuestas obligan a los liderazgos locales a no sólo quedar bien con sus líderes sino, fundamentalmente, a quedar bien con sus electores. El cambio en el método es crucial: de estar viendo al líder o a la estructura comienzan a ver a sus electores.

Muy importante también fue que con estos métodos se acaba con ese nefasto método de negociar entre los dirigentes políticos los candidatos y los municipios. Impedimos que cada aliado de la Convergencia fuera donde el Frente Sandinista a decirle: dame este municipio, dame éste otro... Es el método que usó Alemán con la Alianza Liberal: mirá, yo quiero la alcaldía de tal o de cual municipio... Va, pues, agarrá vos éste y vos éste otro... y ¡a repartir! Resulta también estratégico acabar con ese método porque esa repartidera se traduce después en una pérdida de respeto entre los aliados. Porque después me pueden decir: como yo te lo di, ahora dame esto... El MRS tiene hoy candidatos en 13 municipios y todos ellos se ganaron sus candidaturas: o ganaron las encuestas o ganaron las primarias. Tuvimos perdedores en otros municipios. Y también resulta muy positivo que toda la gente del MRS que perdió está bien clara de los problemas que tuvo para ganar.

¿Funcionaron a la perfección estos acuerdos? Funcionaron, con problemas y avances. En algunos lugares, no pudimos inscribir candidatos, pero en otros, como en Boaco, el liderazgo del FSLN siempre estuvo abierto a la alianza, covencidos de que les es necesaria. Como resultado, la Convergencia está dando una buena pelea en Teustepe y en Boaco, con el apoyo de liberales, de conservadores, de sandinistas que andaban dispersos, de sectores sin partido. Jinotepe es otro caso, una excepción. Allí el Frente dijo: Nosotros no queremos asumir la candidatura a vice, mejor que la asuma la Convergencia. En Jinotepe, el candidato a alcalde es del MRS y el candidato a vice es un liberal, sin partido político. La estructura del Frente está haciendo allí campaña para dos candidatos que no son del Frente, algo completamente novedoso para ellos. Y no es fácil de asimilar. En fin, todos los casos fueron diferentes. Serán los resultados electorales los que evidenciarán, en definitiva, si la alianza fue razonable o no, si fue útil o no, si tiene o no futuro. El resultado que tenemos ya es que cultiva espacios que el Frente no podía cultivar solo. Eso es ya una evidencia para la inmensa mayoría de la gente en el Frente Sandinista.

Las dificultades conceptuales y operacionales que hemos tenido, las que aún tenemos y las que tendremos, son totalmente normales. Para un partido como el FSLN, que ha mantenido una convicción hegemónica, no es fácil asimilar que sus candidatos sean de otros partidos y que sus estructuras tengan que moverse para hacer campaña por gente que no es del Frente o que abandonó el Frente. Hay comités de campaña donde el coordinador de la campaña es el secretario político del Frente y el jefe de campaña es del MRS. En este diseño, donde se decide la utilización de los fondos, la coordinación de las actividades de campaña y los conceptos mismos de esas actividades, el equilibrio es muy complicado. En el MRS, tenemos la concepción de que nuestros candidatos tienen que trabajar y andar entre los segmentos donde el FSLN no tiene fuerza. Pero alguna gente en el Frente no lo ve así y se extrañan que los candidatos y candidatas de la Convergencia anden hablando con liberales o conservadores. Pero, precisamente ésa es la naturaleza plural de la Convergencia, con distintas expresiones capaces de llegar a un electorado diverso y también plural.

En la alianza no se trata de hacer un licuado para que todos seamos iguales o muy parecidos. Se trata de mantener la pluralidad. O de mantener el curbasá que hacía mi mama: cocinaba las frutas por separado y cada quien las mezclaba después en el plato. Al gusto. Cada fruta conservaba su sabor. Una alianza no es licuar la alianza. La alianza es, justamente, que cada quien mantenga su identidad y que en lo que no tenemos acuerdo y tenemos divergencias, éstas se puedan expresar. Y expresarse públicamente. En la experiencia que ya tenemos hay algunas iniciativas interesantes.

Por ejemplo, en Teustepe, donde la Convergencia tiene lo que ellos llaman la Juventud de la Convergencia. Un movimiento juvenil que no tiene la identidad de un partido, sino el de todos y todas en la Convergencia. Ellos son de la Convergencia en su conjunto, pero no de ninguna de las fuerzas políticas en particular. Es la identidad del que está con la Convergencia como alianza y no con ninguna fuerza específica.

El modelo es de gran flexibilidad. Esto trae muchos problemas, pero también ventajas. Es positivo también porque rompe con el molde tradicional de nuestra política, donde la gente se mantiene atrapada en la idea de que si yo nazco liberal yo muero liberal, pase lo que pase con los liberales. Creo que una vez que los liderazgos locales van rompiendo condicionamientos y la gente va rompiendo condicionamientos, los partidos tendrán que cambiar y la sociedad se irá democratizando y dejará de estar en manos de cuatro personas. Naturalmente, la gran flexibilidad que venimos teniendo nos agrega la dificultad de mantener la alianza con una institucionalidad creciente. ¿Sobrevivirá la Convergencia después de las elecciones municipales? Ésa es la siguiente pregunta que nos tendremos que hacer. En cuatro años ya sobrevivimos las elecciones municipales pasadas y las presidenciales pasadas. ¿Sobreviviremos a éstas?
Estas elecciones municipales dejan ya un primer resultado: la reducción del espectro de partidos políticos. Hasta ahora había unos 40 partidos. Después de las elecciones municipales quedarán 12 ó 13. Porque el que no participa muere.

Y con la actual Ley Electoral es tan difícil y tan caro hacer un partido que es casi imposible que alguien haga uno. ¿Quiénes van a quedar? El PLC, el FSLN, el Partido de la Resistencia, Camino Cristiano y Alternativa Cristiana -una fractura de los “caminantes”-, el PLI, el Movimiento de Salvación Liberal -una erosión del PLC, que compite ahora en su momento de máxima división y erosión-. De la Convergencia quedan como partidos, además del Frente, el MRS, la UDC y el MUC, los cuatro partidos que firmamos la alianza. En la Costa Caribe quedan el PAMUC y Yátama. Y quedará APRE, que está trabajando bien y está captando un electorado importante en muchos lugares del país y va a tener seguramente un buen resultado. Dentro de APRE quedará el Partido Conservador, el único partido que con APRE firmó esta nueva alianza. Esta reducción del espectro de partidos va a ir reconfigurando todo el escenario político-electoral del país. Y puede ir obligando a modelos de alianzas más estables. Las alianzas tienen estabilidad cuando hay menos agrupaciones políticas y las que hay tienen más representatividad.
Para mucha gente que se integra ahora a la Convergencia será su primera experiencia de votar en la casilla del FSLN.

La campaña está contribuyendo a que se pierda el miedo a votar con el sandinismo. Un líder liberal de la Convergencia de Teustepe me decía: Alguna gente me pregunta en mi comunidad: ¿Y si aquí gana el candidato que estamos apoyando, no irá a volver el servicio militar? Y él les responde: ¿No ves que en Managua hay un alcalde sandinista y no hubo servicio militar? Este temor tiene mucha lógica en lugares como el departamento de Boaco, donde no hay ni una alcaldía sandinista desde hace 14 años, desde la época de la guerra, y el recuerdo de la gente es que la última vez que hubo un alcalde sandinista también había guerra. En las elecciones municipales pasadas también había ese miedo: ¿Qué va a pasar si Herty Lewites gana la alcaldía de Managua? Hace cuatro años había que “trabajar” ese miedo: no va a pasar nada. No va a pasar nada si gana Herty, tampoco si gana Wilfredo. Nada más que van a ser alcaldes distintos, mejores o peores, pero no va a pasar nada espectacular. La gente comienza a tener capacidad de decidir con el voto cuando se percata de que con su voto no va a pasar nada espectacular y solamente va a cambiar de autoridad. Y que si le sale mal, no va a volver a votar a ese partido o a ese candidato. Lo realmente espectacular en Nicaragua es convertir las elecciones de asuntos de vida o muerte en asuntos cotidianos, en decisiones cotidianas. Un gran objetivo político en Nicaragua es des-dramatizar las elecciones. En municipios con estos temores históricos resulta especialmente positivo des-dramatizarlas. Y al hacerlo también se contribuye a democratizar el país.

Una ventaja con la que cuenta la Convergencia es que, en su inmensa mayoría, las alcaldías liberales han tenido durante estos cuatro años una gestión desastrosa. Y la gente se lamenta por todas partes. En cambio, las alcaldías sandinistas, en su inmensa mayoría, han tenido una gestión muy buena o bastante buena, con buena administración, con bastante transparencia, sin conductas revanchistas. Ha habido sus casos de corrupción y sus bandidencias, pero no ha sido la generalidad. Zeledón en Matagalpa, Valenzuela en Estelí, Centeno en Ocotal, Herty en Managua, son alcaldes sandinistas que han prestigiado mucho la gestión municipal. Y ha habido otros muchos buenos alcaldes del FSLN también en los municipios pequeños.

Introducir nuevos procesos de selección de candidatos municipales, con todas estas consecuencias positivas puede contribuir a la democracia de otras maneras. Tarde o temprano, los liberales van a tener que aceptar las elecciones primarias. Porque no puede haber un cambio importante en una de las dos grandes fuerzas políticas del país que no altere a la otra. Tendrán que entrar a primarias si quieren enfrentar la erosión en la base que están experimentando, que ya se observa por tantos lados, y que se debe también a que tienen que aceptar candidatos “de dedo”. Con primarias, crece la responsabilidad. No sólo entre los electores, también entre los elegidos. Porque si al suprimir el método del “dedo” y hacer primarias pierdo, ¿a quién le voy a echar la culpa? Esto en Nicaragua es particularmente importante. Porque en Nicaragua nadie pierde ninguna elección... ¡a todo el mundo se la roban! Sea en el caso de Miss Matagalpa o Miss Nicaragua, o sea en el caso de la alcaldía o la presidencia... Todavía no ha existido un nicaragüense que haya perdido una elección, ¡todas fueron robadas! Así somos nosotros: no hemos aprendido a perder y siempre ponemos el factor de nuestra derrota fuera, en la responsabilidad ajena.

Hay que aprender a perder. Y también hay que aprender a ganar. Porque otro problema en Nicaragua es que creemos que el mundo se acaba hoy. Perdí la primaria, ¡y es un drama de proporciones espectaculares! No, la política es un arte del largo plazo y la tenacidad es la virtud más importante que tenemos para vencer las adversidades, también la que puede significar perder una elección. En Nicaragua tenemos poca visión de largo plazo. ¿Perdí? Pues ya me comienzo a preparar para la próxima oportunidad, porque ya me conoce más gente, ya me hice una parte de la propaganda, ya caminé un buen trecho, ya conozco a gente que me apoyó. Yo no apoyaría a ningún candidato que cuando pierde se va a su casa y comienza a hablar mal del que ganó. El arte es: yo perdí y apoyo al que ganó. Eso es lo que tenemos que aprender.
La visión de largo plazo es clave para el desarrollo económico de Nicaragua y es clave para nuestra evolución política. Tenemos que educar esa visión porque en Nicaragua no vemos para atrás ni vemos para adelante. Y como no tenemos visión para atrás y creemos que todo fue ayer o que todo es hoy, tampoco tenemos visión para adelante, no tenemos visión de futuro, no existe el largo plazo. Y cuando el largo plazo para atrás no existe, el largo plazo para adelante tampoco existe. Andrés Pérez Baltodano habla de todo esto cuando explica cómo hemos ido olvidando deliberadamente, cómo borramos la memoria. Elegimos el camino más fácil. ¿Tengo que resolver mi enemistad política con los de la Resistencia? Pues, borro la guerra ¡y ya somos amigos! Y los de la Resistencia igual con nosotros: ¡lo borran todo! Borrando la memoria no acumulamos experiencia, no recapitulamos nuestra historia, no aprendemos de nuestra propia experiencia. Es un vicio nacional. Nicaragua comienza cada cinco años. El Presidente Bolaños es un magnífico y diario exponente de este vicio. Cualquier cosa que hace... “es la primera vez en la historia de Nicaragua que...” Tiene un afán de “primeriza” que asusta. Y hay gente que se cree lo que él dice porque como hacemos un tremendo borramiento de todo el pasado, todo se nos olvida.
Pensemos ahora en el día después de las elecciones. ¿Cuál es el contenido político de estos acuerdos para seleccionar candidatos? Establecimos varios criterios. Queremos alcaldías con honradez y transparencia, que den continuidad a la buena gestión de las alcaldías que ha tenido el Frente Sandinista y que han producido buenos resultados. Queremos alcaldías unitarias, donde no existan actitudes discriminatorias por razones políticas o de cualquier otra índole, alcaldías
que representen verdaderamente a toda la comunidad. Queremos alcaldías con una dinámica participativa, donde las autoridades no se encierren a hacer sus planes en una oficina, sino que discutan con la comunidad los programas de desarrollo. Queremos alcaldías que en sus planes apuesten al desarrollo comunitario y que ese desarrollo no sea sólo pavimentar calles, sino introducir dinámicas que contribuyan a generar empleos. Queremos alcaldías que se preocupen por superar la pobreza. Sabemos que no la van a resolver, pero queremos que sean capaces de canalizar todos los recursos posibles para disminuirla. Orientados a estos criterios estamos haciendo ya la capacitación de todos los candidatos.

Naturalmente, cada candidato en su localidad hará su propio programa, según las particularidades locales y con los recursos y las organizaciones locales. Hay lugares, por ejemplo, donde lo que la gente está demandando es una zona franca. Y en los planes de trabajo de esas alcaldías habrá que crear condiciones para zonas francas. Nosotros creemos que el empleo en la zona franca es temporal y es de los más duros empleos, pero cuando la gente no tiene empleo y ve que en un municipio vecino se generó rapidísimamente empleo con una zona franca, piden eso, quieren eso. Ésa es la realidad en la que vivimos, ésas son las condiciones de pobreza en las que vivimos. Una ventaja para las nuevas autoridades que resulten elegidas es que tendrán más dinero que el que nunca han tenido las municipalidades en Nicaragua, porque la ley obliga ya al Ejecutivo a destinar el 4% del presupuesto nacional para las alcaldías.
La Convergencia no puede, ni debe, hacer desde arriba los programas de las alcaldías. Es esencia de la autonomía local que los líderes locales trabajen sus programas locales. Hemos insistido, como un criterio importante, que en las alcaldías se abran a los jóvenes oportunidades laborales y de recreación cultural y deportiva. Hasta ahí. En lo cotidiano, cada quién verá después cómo lo hace. En general, las actividades culturales y deportivas son actualmente marginales porque las alcaldías tienen otras demandas de la gente. Si queremos que la gestión municipal ponga atención en las bibliotecas municipales, tenemos que movilizar a la comunidad. Porque si la comunidad se moviliza por la construcción de un camino, la presión sobre el alcalde será por el camino. Pero si los jóvenes de la comunidad se movilizan por la biblioteca y le exigen al alcalde aunque sean dos computadoras con conexión a Internet, la presión será sobre eso.

¿Sobrevivirá la Convergencia? En el Frente no ha cesado el debate. Hay muchos que dicen que ganar con la alianza, ganar con la Convergencia será una seudo-victoria. Yo no sé si será seudo-victoria, pero yo prefiero ganar con mis amigos que perder solo. El Frente Sandinista tiene 14 años de no ganar en una enorme cantidad de municipalidades. Ha venido perdiendo en otras. Jinotepe era un bastión sandinista y lo perdió. En Nueva Segovia perdió en el año 2000 municipalidades que nunca había perdido. ¿Quiere ganarlas? ¿Qué prefiere: perder Jinotepe o ganar Jinotepe con sus aliados? Ésa es una gran disyuntiva para un partido como el Frente. Y ése ha sido exactamente el gran debate dentro del Frente antes de estos acuerdos. El Frente Sandinista tiene ahora 52 municipios y los liberales han venido creciendo desde 1990 en número de municipios ganados. ¿Será una seudo-victoria que ahora la alianza gane más de 80 municipios? Eso es lo que el Frente tuvo que decidir. Y decidió: prefiero ganar con mis aliados. Eso es visión de largo plazo.

El reto ahora es que este modelo de alianza pueda estabilizarse. Está por verse. Porque en Nicaragua nunca ha habido una negociación política que produzca este diseño de alianza electoral. El cuestionamiento sobre la seudo-victoria no tendrá una respuesta definitiva hasta ver los resultados de las elecciones municipales. Si el FSLN se queda con las mismas 52 alcaldías que ganó en el año 2000, la Convergencia no sirve. Si ganamos más, si los votos crecen, sí sirve. Si en esta elección los votantes con miedo no aprenden a votar por sus candidatos locales en la casilla que lleva la bandera del Frente, les costará más aprender en otra vuelta. Y habrá vueltas más difíciles, habrá la vuelta presidencial, que es más polarizada y más compleja. ¿Quiénes serán los candidatos de la Convergencia para las presidenciales? Ése es el otro dilema, y lo iremos enfrentando poco a poco.

La misma discusión la tuvimos los sandinistas en el año 77, en el 78, en el 79. Cuando se plante un modelo de alianza anti-somocista amplia, hubo sandinistas que consideraron que eso nos llevaba a una seudo-victoria, que no era la victoria total a la que aspirábamos. Pero, ¿hubiéramos derrocado la dictadura sin aquel modelo de alianza, hubiéramos logrado aislarla nacional e internacionalmente? Yo, que estuve en esas discusiones, lo digo francamente: no, no lo hubiéramos podido hacer. Debemos recordar, no podemos borrar la memoria: tenemos que aprender de las lecciones de la historia y de la vida.

Lo que nosotros hemos querido aportar para estas elecciones son mecanismos más democráticos para seleccionar los candidatos. Únicamente eso, nada más. Que no sean seleccionados de dedo, que no sean seleccionados por las autoridades del partido, que no sean puestos por algún diablo, que no sean fruto de la voluntad de los círculos de poder. Hemos buscado mecanismos más democráticos de seleccionar candidatos. Eso es lo que hemos hecho. Donde ganemos, lo que vendrá después, para los próximos cuatro años, será el desafío de la gestión. Una buena gestión municipal no se resuelve con mejores métodos de selección de los candidatos.

Un criterio esencial que hemos planteado es el de alcaldías más participativas. Participación en la gestión, en el control y en la fiscalización. Pero esto no depende solamente de las autoridades municipales. Depende también de la dinámica de la misma comunidad. La nueva Ley de Participación Ciudadana, ya aprobada y con su reglamento aprobado, facilita notablemente, a partir de ahora, la participación.

La Ley establece que en cualquier comunidad se pueden organizar asociaciones de pobladores como asociaciones sectoriales, sin necesidad de solicitar personalidad jurídica a la Asamblea Nacional. Basta con que cumplan unos trámites y con que se inscriban en el Concejo Municipal. Y la municipalidad queda obligada por la Ley a darles participación en los asuntos de su competencia, en los que tienen que ver con la localidad o con el sector que representan.
La democracia participativa tiene dos caras: la del liderazgo político y la de la comunidad. Lo que proponemos es que nuestros candidatos y candidatas actúen cultivando la democracia participativa. Esto es una actitud, por cierto muy distinta a la del actual gobierno. El gobierno de Bolaños es anti-participativo, es un gobierno consultor: consulta y contrata consultores, pero no fomenta la participación ni la permite. Además de un componente político, la democracia participativa tiene un componente institucional. Y tiene también un componente social. Si la comunidad no se organiza para participar, no habrá democracia participativa.

La Ley de Participación Ciudadana establece algunos mecanismos de fiscalización. Pero hace falta mucha organización para la fiscalización. Porque la fiscalización no deja de ser una tarea compleja: hay que fiscalizar las obras físicas, hay que fiscalizar el dinero... Y también hay que actuar. Cuando avancemos más en la democratización, lo que tendremos que discutir son los mecanismos de revocación del mandato de las autoridades municipales. Y de las nacionales.
Creo que una de las grandes victorias latinoamericanas en materia democrática ha sido el referéndum de Venezuela. Independientemente de quién lo ganó, el referéndum revocatorio en sí mismo es un éxito. Y lo que ha puesto sobre la mesa es si seremos capaces en toda América Latina de introducir en nuestras Constituciones referéndums revocatorios para las autoridades locales y para las nacionales. Esto no es ni parlamentarismo ni populismo. Es democracia. En cuanto a fiscalización hemos avanzado bastante en Nicaragua. Los medios han contribuido mucho a mantener una fiscalización continua. El problema ahora es qué hacer después de fiscalizar: cómo sacar de un cargo a quien ha salido mal en la fiscalización.

Mucho está aún por verse. La validez o no de esta alianza en términos programáticos y políticos está por comprobarse en estas elecciones municipales y en la conducta política cotidiana de sus integrantes. Ahora lo que sabemos es que tenemos buenos candidatos y candidatas que podrán ser buenos en la gestión municipal. Creo que la Convergencia ha ido ganando en credibilidad, aunque hay gente que cree que el FSLN tiene demasiado peso y que por eso la alianza no es creíble y quiere que el Frente tenga menos peso. Yo creo, que no se trata de reducir el peso del Frente, sino de aumentar el peso específico de los aliados y, especialmente, el peso de la alianza. La durabilidad de la Convergencia más allá de estas elecciones tenemos que cultivarla y eso es lo que hemos hecho en esta campaña electoral municipal. Realmente, soy optimista de los resultados de esta alianza para Nicaragua.

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