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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 153 | Octubre 1994
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Nicaragua

NUMERO ESPECIAL ECOLOGIA- SIETE ARBOLES PARA OTRO PARAISO

Equipo Envío

La conciencia ecológica crece en Nicaragua y en Centroamérica. Nada influye tan silenciosa y profundamente en nuestras vidas como el medio ambiente que nos rodea, arropando nuestra existencia o agrediéndola.

La preocupación por los suelos erosionados, la tala de los bosques o la contaminación de los ríos empieza a ser compartida por muchos y se va convirtiendo en una prioridad. La búsqueda de tecnologías productivas alternativas, respetuosas del aire, las aguas y la vida de seres vegetales y animales y de nosotros los seres humanos, permite que cada vez seamos más los que nos encontremos en los mismos caminos.

Caminándolos, hemos visto que casi todo está por descubrir. Tesoros valiosísimos de la Madre Naturaleza permanecen aún escondidos, esperándonos, Guardan las respuestas adecuadas a las preguntas con que nos ha ido desafiando el desarrollo.

Los árboles son una de esas fuentes inagotables de respuestas que la vida nos reserva para que las desentrañemos. Miles de árboles que aún ni conocemos y otros miles que no aprovechamos llevan dentro miles de soluciones que hoy necesitamos. El tempate, el jícaro, el marango, el mangle, el nim, el bambú y el eucalipto son sólo algunos de estos tesoros ecológicos.

Nacieron en Nicaragua o ya fueron adoptados en nuestros suelos. Envío, revista de la Universidad Centroamericana, les ha estado haciendo su retrato en estos últimos meses, “presentándolos en sociedad”. Para que al enfrentar nuestros problemas volvamos la vista a estos árboles. Y para que a su sombra crezca nuestra convicción de que en el desarrollo sostenible nuestra mejor aliada es la Naturaleza.

En ocasión de la Cumbre Ecológica Centroamericana (Managua, octubre 94) todos están aquí. Son 7 árboles para otro paraíso, el que los centroamericanos tenemos hoy el mandato divino de crear.

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1. EL MANGLAR: KINDER DEL OCÉANO


Los manglares son los jardines de infancia de los mares. Las aguas son allí una nutritiva sopa para alimentar a gran cantidad de especies-niñas. El negocio del camarón no debe significar la muerte del manglar.

Tienen mala prensa: sólo sirven para multiplicar los mosquitos y, con ellos, la malaria y otros males. Pero la verdad es otra: los manglar es son los jardines de infancia de los mares, espacios privilegiados donde se protege la joven vida marina.

El manglar es una lección práctica de tolerancia, de pluralismo. Un ecosistema en el que realidades tan distintas y al parecer irreconciliables como la tierra y el mar, el agua dulce y la salada, se encuentran, dialogan, se aportan mutuamente y se fecundan. El resultado es un conjunto pletórico de vida, donde múltiples especies animales de la tierra, del agua dulce y de la salada, del aire y de los árboles, encuentran su hábitat durante tiempos estratégicos de su desarrollo.

Un ecosistema muy especial y muy frágil

A lo largo de las costas protegidas de las zonas tropicales y subtropicales de todo el mundo se pueden encontrar los manglar es, espacios donde se desarrolla una vegetación muy especial, con capacidad de vivir en un medio altamente salino, aunque recibiendo importantes aportes de agua dulce - se encuentran generalmente en la desembocadura de un río -, una vegetación que crece en un suelo permanentemente húmedo y lodoso, sumida bajo el agua durante varias horas al día o varios meses al año. El manglar es un ecosistema extremadamente frágil. El equilibrio alcanzado en su territorio por la vida, la salinidad del agua y todos los variados factores que se armonizan para mantener la exuberancia que en él se desarrolla, es siempre fácil de romper. Más aún cuando se abate sobre él la presión de las comunidades humanas.

Las costas de Nicaragua han sido abundantes en manglar es. En el Atlántico y en el Pacífico, el mar y el agua dulce se mezclan con frecuencia en la proporción correcta y producen ese milagro llamado manglar . Pero en la poblada costa del Pacífico, los manglar es que aún quedan son apenas una sombra de las inmensas extensiones del pasado. La contaminación, los despales en busca de madera y leña y la creencia de que lo mejor que puede hacerse con un manglar es desecarlo para convertirlo en "algo" más "productivo", ha acabado tal vez para siempre con enormes áreas de este tesoro natural. Para convertirlo en "algo" más "productivo", han acabado, tal vez para siempre, con enormes áreas de este tesoro natural.

Crisis del algodón, crisis del manglar

Una de las más extensas áreas de manglar es que se conserva en la Costa Pacífica de Nicaragua se encuentra en el norte de Chinandega, muy cerca de la frontera con Honduras, en el Estero Real, que desemboca en el Golfo de Fonseca.

La historia ecológica, económica y social de Chinandega es compleja. Durante muchos años todo el departamento fue un enorme huerto, donde numerosos propietarios de fincas de diferentes extensiones producían un diversificado abanico de productos, con criterios de sostenibilidad no teorizados, pero sí practicados. Hasta que llegó la fiebre del algodón.

El algodón arrasó el bosque de árboles frutales que sombreaba el suelo de Chinandega. Y parte de la población fue desplazada por los terratenientes algodoneros hacia el centro del país, hacia Nueva Guinea. Y hasta les sirvió de excusa que querían salvarles la vida: en aquellos años el volcán Cosigüina tuvo una espectacular erupción, que fue muy bien aprovechada por los que tenían intereses políticos y económicos en el cultivo del algodón.

El algodón fue una catástrofe ecológica para el departamento de Chinandega, pero no afectó a los manglar es. La mayor parte de los pobladores que quedaron en la zona encontró algún acomodo laboral como obreros agrícolas en los algodonales y dejaron crecer en paz al manglar . Pasaron los años, y los precios del algodón empezaron a caer en el mercado mundial. Se fue perdiendo interés en el cultivo de la mota blanca. Entonces, llegó la hora mala. La crisis del algodón puso en crisis al manglar : toda una masa humana desempleada se volcó sobre los mangles buscando en el corte de leña una salida de sobrevivencia económica. En los cuatro años del actual gobierno - sellado por el desempleo masivo, especialmente en Occidente - se han producido más destrozos en los manglar es que en los últimos 40 años.

Hoy, esos leñeros están tomando aceleradamente conciencia de que si se termina el manglar , se termina el único medio de vida que les queda. Y han empezado a organizarse para protegerlo de ellos mismos y de otros. Porque no sólo los pobres de la costa están interesados en los manglar es. También los ricos de la ciudad sueñan con transformarlos en áreas de camaronicultura. Y es de ellos de quienes con mayor celo hay que protegerlos, pues la capacidad destructiva de un rico armado de caterpillar es mucho mayor que la de cien pobres macheteros.

El pionero mangle rojo y sus compañeros

En el manglar , unas pocas especies vegetales que han podido adaptarse a un medio hostil por su salinidad, acogen y ofrecen hogar a un sinfín de especies animales, sobre todo acuáticas. Los manglar es de Nicaragua tienen características propias y son diferentes en cada costa. En el Atlántico, casi toda la vegetación del manglar está constituida prácticamente por el árbol conocido popularmente como mangle rojo - o simplemente mangle -. Su nombre científico es Rhizophora mangle. Aunque en el Pacífico también se da en abundancia esta especie, la evolución del manglar ha sido más compleja y abundan otras especies, también adaptadas al agua salada.

"El mangle rojo es una especie pionera - explica el botánico Alfredo Grijalva, responsable del Herbario de la Universidad Centroamericana (UCA) de Managua -. Es la especie vegetal que se encuentra más cerca del agua salada, donde ninguna otra puede vivir. Desde allí va colonizando el territorio, reteniendo los sedimentos para crear un suelo donde, posteriormente, otras especies vegetales podrán enraizarse y prosperar".

Es a ese audaz mangle rojo a quien se debe una de las características más interesantes de este ecosistema: su movilidad, su tendencia a crecer, su capacidad de llegar a convertirse en todo un dique que enfrenta los embates del mar. En el segundo estrato, más alejado del mar, en tierra un poco más firme, que no se inunda necesariamente en cada marea, se encuentra otro árbol, el conocido como angelín. Su nombre científico es Laguncularia racemosa. También se le encuentra en los manglar es del Atlántico.

En el tercer estrato viven otras dos especies: el curumo blanco o palo de sal (Avicennia germinans) y el curumo negro (Avicennia bicolor). Por último, una cuarta especie vegetal es el botoncillo (Conocarpus erectus), que establece la frontera entre las zonas inundables y las que ya se han consolidado como tierra firme. Prácticamente, eso es todo. Menos de diez especies vegetales en los manglar es del Pacífico, que son los más variados y ricos. En el Atlántico la variedad es menor.

Arboles maravillosamente adaptados

Los árboles de los manglar es se han adaptado a su difícil medio de múltiples formas. Evitan que el mar los arranque del suelo fangoso y blando construyendo un sistema de raíces extendidas como las varillas de un paraguas a diferentes niveles de su tronco. Conforman así una red vegetal que sostiene la tierra y hace que los diferentes árboles se apoyen entre sí para afrontar de mejor manera las embestidas del mar. Y para facilitar la oxigenación, la respiración y un mejor intercambio gaseoso, estas raíces tienen partes aéreas pequeñitas, que asoman como dedos de entre el suelo cenagoso, en forma de rizomas.

El suelo donde crecen los mangles no es tierra firme. Es una especie de gelatina resbaladiza y pegajosa que no ofrece resistencia al pie que se apoya en ella: se abre, recibe y retiene a quien trata de caminar. Es un suelo que rezuma agua: cuando el pie se apoya hundiéndose en el pegajoso lodazal, sube el nivel de agua en el agujero donde permanece atrapado el otro pie. Quienes caminan entre manglar es por razón de su trabajo, advierten que hay que apoyar el pie cerca de las raíces de los mangles, porque es allí donde el suelo está más compacto. Sin embago, el mejor andador mete las patas y luego tiene problemas para sacarlas. Pero no hay peligro de que el aventurado caminante termine sepultado en el lodo. No se trata de mortales arenas movedizas. Simplemente, es una broma de la naturaleza que juega a no dejar caminar ni avanzar ni salir a quien tiene la osadía de adentrarse en territorio de manglar es.

Gracias al trabajo de los mangles ese suelo gelatinoso se va consolidando y hace que el continente avance mar adentro, poco a poco, creando nuevos hábitats y ampliando los existentes, para beneficio del ser humano que un día poblará esos suelos, ya desecados y desalinizados. Los árboles del manglar - que llegan a superar los 20 metros de altura -, son vivíparos.

No se arriesgan a dejar que sus semillas caigan sobre un suelo anegadizo donde las mareas podrían arrastrarlas hasta alta mar e impedir su germinación. Las semillas de todos estos árboles crecen en sus ramas hasta formar lo que los campesinos llaman "la candelita" y los científicos Rizophora. Esta candelita es una obra maestra de esa brillante ingeniera que es la Naturaleza. Los elementos pesados y ligeros que la constituyen están distribuídos de tal manera que al caer en el lodo, cuando ya está madura, queda sembrada. El nuevo arbolito ya está listo y sólo tiene que empezar a echar sus raíces. Dicho de otra manera, los mangles nacen de pie.

Los tesoros del mangle rojo

Todo el manglar es un tesoro, todo se aprovecha. Sobre todo, el mangle rojo. Su madera da excelente leña para cocinar y también sirve para la elaboración de carbón vegetal. Durante muchos años, la demanda de leña procedente de los manglar es fue relativamente pequeña. Sólo la utilizaban las familias que viven cerca del manglar y algunos leñeros profesionales que cortaban allí y vendían después en la ciudad.

Desde aquellos tiempos, los leñeros tenían una costumbre altamente dañina para el mangle: cortaban el mangle rojo justamente por encima del primer estrato de raíces, para aprovechar solamente la mejor parte del tronco, dejando las numerosas y amplias raíces al arbitrio de la Naturaleza. Desaprovechaban así la madera de las raíces leñosas, que es útil para elaborar carbón vegetal. Y como el mangle rojo no tiene la capacidad de retoñar y cuando se le corta, muere, perdían buena parte del árbol. La madera del mangle rojo también tiene uso en la construcción por su resistencia. Y además, durante mucho tiempo, los jóvenes mangles rojos aprovisionaron de barules - horquillas que sostienen las piñas de bananos -, a las extensas bananeras de los alrededores, en lo que puede considerarse como un auténtico arboricidio de plantas de repoblación. En los años 80 fue prohibida esta práctica y actualmente ya no se utiliza.

De la corteza del mangle rojo se extraen taninos que sirvieron durante mucho tiempo para curar y teñir cueros en las tenerías. Actualmente tampoco se utilizan estos productos naturales, pues se importan sustancias químicas. Pero tanto tiempo arrancando sin contemplaciones la corteza de los mangles rojos y provocándoles así la muerte, llenó el manglar de esqueletos blancos de árboles, que se asomaban entre el agua y el lodo como fantasmas.

Cuando, teniendo en cuenta la necesidad de leña y de trabajo, se autorizó el corte de estos esqueletos, se descubrió que los árboles descortezados habían alcanzado una dureza tal que los hacía impenetrables al machete y al hacha. Y entonces se autorizó el uso de la sierra mecánica, con lo que prácticamente quedó decretada la muerte del manglar . Porque el mangle rojo da la mejor madera del manglar , pero es también la especie más delicadamente evolucionada y adaptada a su medio ambiente. Y por esto la más frágil, la más fácil de asesinar y la más difícil de reproducir.

Y con el mangle rojo se pierde el manglar . Cuando el mangle rojo - con sus características de especie pionera - deja un espacio libre, éste es rápidamente ocupado por las otras especies, que le quitan el lugar para reproducirse. Pero las otras especies del manglar no tienen la capacidad de hacer avanzar el territorio y aquí, como en tantas otras cosas, quien no avanza, retrocede.

Gente de la ñanga

Nadie vive en el manglar . Sus suelos pantanosos y periódicas inundaciones al compás de las mareas lo hacen inhabitable para los seres humanos. Sin embargo, son muchas las personas que viven del manglar . Y no lo llaman manglar , sino "la ñanga". Así, en femenino. Como los marinos hablan de la mar, nunca del mar. A la ñanga se "entra" y de la ñanga se "sale", como se entra o se sale del centro de trabajo, para ganarse la vida. La gente de la ñanga son las personas que viven de los productos más visibles del manglar . Porque de los otros productos no tan visibles, de tantas formas de la cadena de la vida como allí se resguardan, vivimos todos los seres humanos. En ese sentido, todos somos gente de la ñanga.

Desde hace varios años, la Autoridad Danesa para el Desarrollo (ANIDA) desarrolla un trabajo de asesoría con las personas que viven de la ñanga para enseñarles a mantener vivo y vigoroso este ecosistema que es su medio ambiente y su medio de trabajo. El proyecto ANIDA-MANGLAR identifica los muchos árboles que no sólo se pueden cortar, sino que deben ser cortados. Entre ellos, los que han sido atacados por el comején, que destruye el tronco desde dentro dejándolo hueco. O los árboles que por demasiado viejos y altos, ponen en peligro el crecimiento de los demás, al no dejar pasar la luz del sol.

Para facilitar el trabajo con los leñeros, el proyecto les ha ayudado a organizarse en cooperativas donde reciben capacitación técnica sobre el manejo adecuado de los árboles: cómo reconocer un árbol enfermo y uno sano, cuáles y cómo cortar, cómo sacar el mayor provecho posible de cada corte.

José Hernández forma parte de una cooperativa de leñadores que trabaja siguiendo las orientaciones de DANIDA-MANGLAR . En su caso, no se puede decir, como en los cuentos: "Todas las mañanas, al amanecer, José Hernández toma su hacha y se dirige al bosque a cortar leña..." Porque en la ñanga quien marca los horarios de entrada y salida no es ni el sol ni el reloj, sino el mar y las mareas.

Para adentrarse en la ñanga hay que esperar la marea alta y, remando en la panga - barca hecha con un gran tronco de árbol ahuecado - avanzar por los ramales menores o caletas del estuario, introducirse en un laberinto de agua y vegetación hasta encontrar los árboles que deben ser cortados. Y esperar a que baje la marea para empezar a trabajar. El corte y el traslado de los troncos hasta la panga tiene que hacerse con la marea baja, hundiéndose en el lodo. Y cuando ya se tienen bastantes troncos cortados, esperar a que suba la marea para regresar al aserrío, donde los grandes troncos se reducen a un tamaño comercial.

Para llenar una panga es necesario esperar varias mareas, aprovechar la alta para dormir, trabajar con la baja sin preocuparse de la hora, y al cabo de tres o cuatro días, salir de la ñanga, dejando atrás nubes de zancudos, humedad y peligros. Una vida sacrificada, dura y mal pagada. Caminar por la ñanga sin nada en la mano y sin realizar ningún trabajo es agotador. ¿Cómo será la tarea de leñador en esas condiciones? En cualquier caso, el trabajo da para comer todos los días y eso, en la Nicaragua neoliberal de hoy, es mucho más que lo que tiene la mayoría.

José Hernández asegura que ni él ni su cooperativa -integrada por 19 leñeros - cortan árboles sanos. "No nos conviene, porque si cortamos todos los árboles, después no tendremos ninguno". En un enorme remolque de tractor, lleno de leña cortada por José y sus compañeros, todas las trozas tienen una característica: los troncos están ahuecados por el comején. "Antes, sí - confiesa -.Arrasábamos con todo. Cualquier árbol nos servía. Pero ahora somos más cuidadosos. Hemos tomado conciencia, los de DANI-DA-MANGLAR nos han explicado, nos han dado talleres. Y ahora sólo cortamos árboles enfermos".

El kinder de los seres marinos

Con sus raíces, los manglar es forman una especie de red donde sólo las especies muy pequeñas o las crías de las especies grandes pueden vivir y moverse sin tropezar. Los mangles son árboles que están constantemente renovando sus hojas, botando hojas y produciendo otras nuevas. Esa masa vegetal cae al agua y allí se pudre. El agua se mueve poco. Sube y baja, pero sin oleaje. Grandes tempestades tiene que haber en el mar para que el agua del manglar se rice un poco, porque los árboles la sujetan e inmovilizan.

Por todo esto el manglar es un magnífico lugar para que muchos insectos pongan sus huevos. De hecho, una de las peores acusaciones que se hacen al manglar es que resulta una fábrica de insectos, muchos de ellos dañinos para la salud. Pero los huevos y las larvas de los insectos son buen alimento para muchas especies acuáticas. El agua de los manglar es es como una sopa altamente nutritiva para las especies marinas, que viven en ella etapas clave de su infancia, cuando más necesitan comer porque están en la edad de crecer. Las enmarañadas raíces forman además un lugar seguro: las especies-niñas comen abundantemente sin riesgo de ser comidas. El manglar es el jardín de infancia de los océanos.

El ciclo del camarón

Prácticamente, la mayoría de las especies marinas, comercializables o no, dependen del manglar para alguna importante etapa de su vida, como la infancia o la puesta: la anchoa, el mero, el bagre, el sabalo. Y, por supuesto, el camarón. El delicioso camarón tiene una vida corta: apenas vive año y medio. En ese tiempo, recorre un largo camino desde alta mar hacia los manglar es, donde vive algún tiempo, regresando al océano para el apareamiento. Cada hembra pone de 500 a mil huevos, ya fertilizados, y los confía a los cuidados de la mar. Las corrientes los arrastran y cuando han transcurrido unos 20-22 días, los que tienen suerte llegan a la entrada de los esteros y van buscando dentro de los manglar es los lugares más intrincados de las caletas, estero arriba. Antes de llegar al manglar , ya tienen bastante autonomía y pueden alimentarse de las algas microscópicas que se encuentran en el agua - fitoplancton - y después de los pequeños animalitos del mar - zooplancton -.

En el estero, el camarón vive durante tres meses, lo que podríamos considerar su infancia y su primera adolescencia, el tiempo en que necesita alimentarse más y mejor para regresar al mar, donde alcanza su madurez sexual y vive el resto de su vida. La camaronicultura se sirve del ciclo del camarón para su aprovechamiento comercial. Las larvas se capturan en los esteros y caletas y se llevan a estanques especiales para su engorde hasta que alcanzan el tamaño y el peso adecuado.

Sembrar camarones sin destruir el manglar

Pero la codicia hace que el ser humano se vuelva miope. Con el fin de aprovechar al máximo los camarones, y de reducir al mínimo los costos de explotación, algunos talan grandes extensiones de manglar para construir piscinas de engorde. La camaronicultura, que depende directamente del manglar , lo destruye en el afán de ahorrarse cuatro pesos.

Porque inmediatamente detrás de los manglar es hay tierras salinas, incapaces de producir nada, donde pueden instalarse las piscinas de engorde sin afectar los manglar es. Eso supone hacer un poco más largos los canales de ingreso y los tubos de bombeo de agua. Requiere de una inversión un poco mayor. Pero quien puede invertir un millón de dólares en "sembrar" cien hectáreas de camarones - ésa es la inversión mínima que suelen realizar las grandes empresas camaroneras - puede muy bien invertir un poco más para mantener vivo el manglar , del que dependen los camarones y cien especies más. Datos científicos señalan que en los manglar es se produce más vida marina que en el total de las pescas mundiales.

Lo que sucede es que muchos de los que "compran" unas cuantas hectáreas de terreno de manglar se sienten "dueños" de él y con derecho a hacer de este ecosistema lo que quieren. Y lo primero que se les ocurre a muchos es talarlo y desecarlo - por motivos de salud -. Los efectos devastadores se sufrirán allí, con la pérdida de este privilegiado espacio de la vida, y los sufren de inmediato en alta mar los pescadores, que ven reducir drásticamente sus capturas.

Sucede también que quien compra un manglar , si necesita un crédito bancario para hacerlo producir, tiene que introducirle "mejoras". Y en algunos descarrilados criterios bancarios, la primera mejora que demanda un terreno donde hay árboles, sea o no manglar , es talarlos. Para los bancos ésa es una mejora. Sólo después vienen los préstamos.

Las liberadas mujeres del manglar

Los manglar es del Pacífico de Nicaragua estan siendo también escenario de una realidad que no estaba en el programa: la lucha de la mujer por su emancipación. Todo empezó en 1987, cuando 35 mujeres se organizaron en la cooperativa Lucrecia Lindo para desarrollar la camaronicultura.

Desde un comienzo las mujeres se plantearon respetar la Naturaleza tanto como les fuera posible y decidieron instalar el estanque de engorde en las tierras salinas de detrás de los manglar es. Construir las instalaciones les exigió un duro trabajo durante mucho tiempo. Empezaban a trabajar cuando aún era oscuro y continuaban hasta bien avanzado el día.

El mayor obstáculo vino de los maridos y de las mujeres que no estaban integradas al proyecto. Zoila González es fundadora de aquella cooperativa y permanece en ella a cualquier costo, pero tiene recuerdos amargos. "Cuando íbamos a trabajar, como teníamos que empezar cuando todavía era de noche, nos avisábamos unas a otras para levantarnos, porque si no, se nos pegaban las cobijas. La gente del pueblo decía: `Ahí van ésas - aquí, una palabrota -, que están embramadas. ¿A dónde van esas mujeres, fuera de su casa, cuando todavía está oscuro, si no es que van a "eso"? La mujer, en su casa, que nada tiene que estar haciendo en la calle y menos de noche'. Y así un día y otro día."

Hubo hombres que obligaron a la esposa a elegir entre el proyecto y ellos. La mayoría de las mujeres abdicaron ante esta disyuntiva y renunciaron a la cooperativa. A otras, aunque les sobraba valor, les faltaba fuerza física para enfrentar la dureza del trabajo. Actualmente quedan 16 mujeres en la cooperativa. Dueñas de su destino y de su vida, hablan de tú a tú con los gerentes de los bancos, discuten sus criterios y nada se les pone por delante. Nada. Tanto que han iniciado otro proyecto: la cría de iguanas, especie propia del manglar y que se está extinguiendo. La iguana tiene una carne sabrosa y tierna, como de pollo, y sus huevos son un manjar exquisito, con alto precio en el mercado.

La granja de iguanas de la cooperativa tiene tres objetivos: la carne y los huevos; la venta de mascotas a personas interesadas, porque la iguana es una animalito de compañía cariñoso, dócil, que da poco trabajo y que es muy apreciada en Estados Unidos; y la suelta de especímenes en los manglar es para su repoblación.

Las mujeres de la Lucrecia Lindo no se conforman con esos ingresos, porque todas tienen que atender a varios hijos. También están sembrando frutales y hortalizas en los linderos de los estanques, para diversificar la dieta familiar. En toda su actividad reciben la asesoría de los técnicos de DANIDA-MANGLAR , que las apoyan con cursos de capacitación.

Ante el evidente éxito de estas decididas mujeres, se han organizado en la zona otras cuatro cooperativas, integradas exclusivamente por mujeres. Y los hombres, que siempre profetizaron el desastre para las infractoras del orden establecido, ya no se atreven a decir nada.

Incluso hombres que fueron compañeros de las primeras integrantes de la Lucrecia Lindo y las abandonaron para irse con otra mujer menos decidida, ven ahora con resignación que su actual compañera también se incorpora a las nuevas cooperativas, pero ya no se atreven a decirles nada, porque la realidad los ha dejado sin argumentos.

Sabemos poco, tenemos que saber más

Es poco lo que aún se sabe de los manglar es. Y eso poco se ha estudiado, sobre todo, en el sudeste asiático, demasiado lejos de las costas nicaragüenses. Aplicar esos conocimientos a la realidad nacional es difícil. Para salvar distancias y vacíos, el proyecto DANIDA-MANGLAR realiza desde hace dos años constantes estudios en los manglar es del Estero Real, para poder aplicar esos conocimientos a otras zonas del país.

Los biólogos Chester Conrado y Leonel Martínez y la ecóloga Silvia Palacios, integran un equipo que, con la coordinación de la ingeniera Ninoska Hurtado, desarrollan actualmente investigaciones que son imprescindibles para iniciar un manejo científico de los manglar es de Nicaragua. "No soy partidario del bosque romántico. Tampoco del manglar romántico - dice el botánico Alfredo Grijalva -. Considero que hay que aprovecharlos y obtener beneficio de ellos, pero con criterio, sabiendo lo que hacemos, cuidando del recurso, para que se renueve y sirva también a las próximas generaciones.

Por ahora, no se sabe cuánto tardan en crecer los mangles, cuánto tiempo es necesario para su reposición, cómo restaurar los manglar es en las áreas donde ya han desaparecido, cuál es la densidad promedio. Sí se sabe que los manglar es, donde los hay, defienden las costas de los estragos de oleajes y maremotos. Las densas copas de los árboles del manglar enfrentan y detienen el primer golpe del agua, que después llega hasta las zonas habitadas remansada e inofensiva. En Estados Unidos, donde se han eliminado grandes extensiones de manglar es, han tenido que construirse enormes y costosísimos diques que cumplen muy deficientemente con la función defensiva que cumplía el manglar , que estaba ahí de gratis.

Los manglar es han sido históricamente lugares "malditos" y las personas que viven en sus alrededores, gente sospechosa. Hollywood ha hecho un mal servicio a los manglar es. Sólo aparecen como escenario donde el villano se esconde para atacar al héroe. O como telón de fondo donde tiene lugar una persecución, que culmina con la muerte atroz de un desventurado héroe de segunda categoría. Otra más de las muchísimas simplezas "made in USA". El manglar evidentemente es muchísimo más complejo. Como todo lo que esta cercano a la vida.

2. BIODIESEL: EL MILAGRO DE UN ARBUSTO LLAMADO TEMPATE


Nicaragua puede ahorrar decenas de millones de dólares sembrando tempate y cosechando diesel. En estos tiempos de polarización y paralización, este proyecto brinda a la nación un gran ejemplo de cómo pensar y trabajar con visión de futuro.

Según datos científicos, el tempate (Jatropha Curcas L.) es una oleaginosa de porte arbustivo, perteneciente a la familia de las Euforbiáceas, que tiene más de 3 mil 500 especies agrupadas en 210 géneros. Pero la verdad menos solemne y más concreta es que el tempate es un árbol aparentemente inútil y bastante feo. Tan inútil y tan feo que casi llegó a extinguirse en Nicaragua, porque nadie se tomaba la molestia de sembrarlo ni de dejarlo crecer. Sólo se utilizaba como cerca viva: sus frutos venenosos ahuyentan el ganado, con lo que se asegura que las reses permanezcan en los pastos. El tempate no sirve para sombra, porque en el verano, cuando el calor aprieta, se le caen las hojas. Ni para leña, porque su madera arde mal. En una palabra, un árbol bueno para nada.

De Africa llegó la noticia

La sospecha de la posibilidad de que era muy bueno para algo llegó desde un lugar insospechado: el Africa negra. El tempate, árbol originario de la América Latina, había llegado allí en las galeras portuguesas que traficaban con esclavos hacia Brasil.

En los países africanos de Cabo Verde, Madagascar y Malí se utilizaba el aceite de la semilla para la producción de combustible, que servía para consumo y para el alumbrado público. En 1988, y casi por casualidad, llegó a Nicaragua esta información. El buen uso que de ella se hizo es una manifestación de los frutos que podría dar una eficiente comunicación Sur-Sur.

Cuando se tuvo conocimiento de las posibilidades inexploradas del tempate, surgió un problema: casi no quedaban tempates en Nicaragua. Y fueron dos mujeres, las ingenieras Maritza Sánchez y Josefina Romo, quienes encabezaron el equipo internacional Austria-Nicaragua que fue en busca del árbol perdido. "Quedaban pocos, aislados, y no teníamos cómo saber cuáles tenían las características genéticas más adecuadas para elaborar diesel", explica Romo. "Tuvimos que recurrir a seleccionar los ejemplares para la obtención de semilla para resiembra a partir del fenotipo".

Tenían que hacerlo a ojo: cuando veían un tempate con aspecto gallardo, recogían sus semillas para dar inicio a una plantación experimental con dos fines: iniciar las pruebas para lograr diesel de origen vegetal y obtener nuevas semillas para ampliar el área de siembra.

Austria da apoyo

Las investigaciones sobre el tempate se desarrollan desde hace tres años en la División de Investigación y Orientación Tecnológica de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), con financiamiento del gobierno austríaco, a través de la empresa Sucher y Holzer.

Nikolaus J. Foidl es el director de la parte austríaca en el proyecto. En este país europeo hay una larga experiencia en la elaboración de combustible a partir de aceite vegetal. Desde hace varias décadas, derivados del aceite que se obtiene de una semilla de la planta de colza se utilizan para movilizar toda la maquinaria pesada del país. "De toda la inmensa variedad de plantas que hay en el planeta, sólo el 1.5% se ha investigado en serio", señala Foidl. "Y de ese 1.5% conocido, apenas se aprovecha el 10%. Hay mucho trabajo por hacer. Y puede asegurarse que todas las necesidades de la humanidad tienen respuesta en las plantas, que son un recurso renovable".

La vocación del tempate

El tempate es un árbol con vocación tercermundista. Sobrevive y crece en las tierras marginales y erosionadas, en las tierras que ya no sirven para la actividad agrícola, porque se agotaron. Existe una variedad traída desde Cabo Verde, que necesita poca agua para crecer: con 200-250mm. de precipitaciones lluviosas por año tiene suficiente, aunque tampoco le molestan las lluvias copiosas de hasta 2 mil mm. por año. En pocas palabras, el tempate crece donde no crece casi nada y se puede adaptar a la inundación y a la sequía.

En cuanto a la productividad, su vocación es de servicio: empieza a producir de manera rentable al cabo de un año de sembrado, su producción se incrementa año con año durante los primeros 5 años y a partir de ahí se estabiliza en los 30-50 años que le quedan de vida. De momento, varias cooperativas ubicadas en las tierras pobres y arcillosas de Telica, departamento de León, han iniciado la siembra de tempate para cosechar la almendra de la que se extrae el biodiesel . En este su primer ciclo agrícola (1993-94), se esperan entre 13-15 quintales por manzana, en una plantación de 70 manzanas. Toda la cosecha está ya vendida al Proyecto Tempate de la UNI.

El cultivo, en sus actuales dimensiones, ha generado 80 puestos de trabajo. Pero para el próximo ciclo, las cooperativas se plantean incrementar el área de siembra hasta las mil 330 manzanas, lo que generará más de mil 200 empleos nuevos. En Telica, el 80% de sus casi 25 mil habitantes se encuentra hoy en el desempleo.

Todo tiene un uso

El fruto del tempate es como una pelotita de ping-pong de color café claro en cuyo interior, envuelta en una cascarita pergaminosa, se encuentran varias semillas del tamaño, forma y apariencia de una almendra, aunque más blancuzca.

Para obtener la almendra, es preciso pelar el fruto. Pero como el tempate es un árbol para pobres, las peladuras también sirven. No se botan, se almacenan en un tanque especial donde, mediante un proceso natural, se transforman en biogás y fertilizante líquido.
En este primer paso, se obtienen las almendras, todavía envueltas en su cascarita pergaminosa de color grisáceo, la que es necesario eliminar. Para ello, se secan las semillas en un horno especial.

Del horno, la semilla pasa a un molino, donde se separa la almendra de la cascarilla. La almendra continúa su proceso y la cascarilla regresa al horno de secado, donde sirve también como combustible, porque aquí nada se pierde. Entretanto, la semilla es prensada y en este paso, se obtienen dos productos. El jugo de la semilla, que es un aceite vegetal que puede ser utilizado en la alimentación humana. Y una torta prensada, que es lo que queda de la almendra después de exprimirla.

Esta torta, que contiene algunos componentes tóxicos, también es muy útil: una vez eliminados los elementos peligrosos, se transforma en un excelente alimento balanceado para el ganado, con un contenido proteínico superior al 50%. Nicaragua importa anualmente 10 mil toneladas de alimento balanceado para ganado. Si el tempate se aprovechara adecuadamente, estas importaciones podrían disminuirse hasta desaparecer, con el consiguiente ahorro de divisas.

¿Modificar los motores o el aceite?

El aceite vegetal ha sido utilizado como combustible desde tiempos remotos. Las lámparas de aceite iluminaron las noches silentes de la antigüedad y todavía permanecen encendidas ante los sagrarios de los templos católicos.

En tiempos más recientes, se han realizado experimentos para utilizar el aceite vegetal como combustible en maquinarias diesel de inyección directa. Pero después de varios intentos, realizados en varios países - Canadá, Tailandia y Brasil - se comprobó que este aceite presenta graves inconvenientes en motores normales diseñados para trabajar con diesel, por su alta viscosidad, su densidad, su alto punto de inflamación y porque forma residuos sólidos.

El aceite de tempate plantea los mismos problemas de cualquier otro aceite vegetal, por lo que se propusieron dos alternativas: modificar los motores actuales para que puedan funcionar con aceite vegetal; o modificar el aceite vegetal para que pueda hacer funcionar a los motores actuales. La primera alternativa escapaba a las posibilidades tecnológicas de Nicaragua. Por lo tanto, se impuso la alternativa de desarrollar las investigaciones en dirección a la transformación del aceite.

Interviene la química

En química existe una reacción conocida como trans-esterificación. Consiste en convertir un éster de un ácido orgánico en otro éster. En el caso del tempate, se necesita obtener un éster de menor masa molecular. Esto se consigue mediante una reacción de alcoholisis con metanol, etanol, butanol u otros. Es una tecnología que se realiza en Nicaragua sin dificultades.

En este proceso se forma un producto que se denomina ester metílico del aceite de tempate (emat), que es una combinación de ésteres de los diferentes ácidos grasos contenidos en el aceite: oleico, linoleico, esteárico y palmítico. El emat tiene características de combustión similares a las del diesel, pero produce menos residuos. Es más puro, lo que evita la contaminación del ambiente.

La maltratada Madre Tierra

En épocas antiquísimas, cuando vivían los dinosaurios - tan de moda actualmente - o quizás antes, la atmósfera del planeta Tierra tenía un alto contenido de carbono. Tanto carbono, que la vida, tal como la conocemos actualmente, hubiera sido muy difícil. La Tierra, como preparándose para acoger en su seno esta especie animal autodenominada "Homo Sapiens Sapiens", se pasó millones de años enterrando en sus profundidades el exceso de carbono que nos hubiese incomodado. Y lo convirtió en hidrocarburos.

Pero el hombre civilizado inventó el automóvil y la necesidad de combustible líquido y barato. Y en menos de 100 años el hombre ha arrojado nuevamente a la atmósfera un porcentaje incalculable, pero en todo caso excesivo, del carbono que tan trabajosamente ocultó la Madre Tierra en los últimos repliegues de sus bolsillos.
Como un atolondrado aprendiz de brujo, el hombre desencadenó la emisión de carbono, ignorando todavía las consecuencias de su acción. Esta es una de las muchas ventajas que presenta el combustible de origen vegetal: se devuelve a la biosfera lo que el árbol tomó de la biosfera. Se cambia de lugar, pero no se rompe el equilibrio y la Naturaleza tiene mecanismos de sobra para redistribuir los elementos de la mejor manera.

Revive el desierto

El tempate es una especie que puede desarrollarse bien en los suelos que ya no sirven, en los suelos agotados por una agricultura insensata y rapaz. En esos suelos crece el tempate y cuando al llegar el verano, sus hojas caen y se pudren, enriquecen la tierra empobrecida.

Las raíces del tempate no son muy profundas, pero aún así ayudan a retener el agua de la lluvia y a que penetre en el subsuelo hasta llegar a la capa freática. Como todo árbol, es beneficioso y equilibra el ecosistema. Con sus hojas verdes y por medio del proceso de fotosíntesis, aporta oxígeno a la atmósfera y la limpia de los cada vez más abundantes tóxicos y contaminantes. Aunque es un árbol con muchas utilidades, el tempate sigue siendo un árbol.

Las tierras agotadas por la imprevisión humana recuperarán poco a poco su fertilidad y, mientras tanto, serán muy bien aprovechadas. Y a la sombra de los tempates, seguramente volverán a correr los arroyos que se han secado a consecuencia del avance del desierto. Pero aún hay un aspecto más a tener en cuenta: con frecuencia asoman a las pantallas de televisión aves marinas agonizando con sus plumas pringadas de petróleo, como consecuencia de otro nuevo desastre ecológico, ocurrido cuando un gigantesco petrolero transportaba una inmensidad de crudo desde un extremo del planeta al otro. Esas situaciones no ocurrirían si se explotara el tempate, porque no habría que transportar nada. Se podría cultivar el árbol y obtener el emat cerca del lugar donde se consume. Eso también es ahorro. Y en el caso de que en el breve trayecto ocurriese alguna desgracia, la naturaleza necesita sólo de una semana para reabsorber y reincorporar el emat. Todo pasa, nada queda.

Un diesel más barato

La obtención del emat es muy económica. El precio final al consumidor podría estar por debajo del actual precio del diesel convencional, y tendría una ventaja adicional: no habría que quemar las divisas que con tanto sacrificio consigue el país con el trabajo de todos.

Por ahora, el cultivo de tempate tiene sólo una utilidad experimental: la obtención de semilla para ampliar las áreas de siembra. Los estudios realizados señalan que para satisfacer la actual demanda nacional de diesel sería necesario sembrar 160 mil hectáreas con tempate. Puede parecer que esa extensión es inmensa, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que el tempate se cultiva en tierras de todo tipo. Y sólo en el área del Pacífico, Nicaragua cuenta con un millón y medio de hectáreas marginales. Es decir, si por un impensable milagro económico Nicaragua multiplicase por 10 su demanda de diesel, el tempate estaría en condiciones de satisfacerla, utilizando las tierras marginales de una sola de las zonas del país.

Al "haber" del tempate habría que añadir, además del ahorro de divisas en concepto de combustible, la obtención de abonos e insecticidas y además, como resultado del proceso de trans-esterificación, la producción de glicerina.

Miles de empleos

En las tierras marginales siempre sobreviven los marginados. Si las tierras marginales empiezan a tener valor, lo normal será que se margine nuevamente a los marginados, expulsándolos de las tierras de valor recobrado y desplazándolos a otras tierras sin valor.

En el caso del tempate nicaragüense se está haciendo el esfuerzo para que no se repita este esquema, sino que las cooperativas surgidas donde no quería estar nadie permanezcan allí, siembren, cosechen y procesen el tempate de principio a fin, para que todos los beneficios queden en manos de los eternos olvidados.

Por ahora, se está logrando. Todavía es poco lo que hay, pero se toman las medidas para evitar que todo se venga abajo cuando haya más que repartir. De momento se calcula que, además de los empleos permanentes que requieren las plantaciones, en el tiempo de cosecha se generarán miles de empleos temporales, que podrán percibir un salario mínimo al día de unos 16-18 córdobas, al valor actual. En estos momentos, el salario promedio en las zonas tempateras es sólo de 7 córdobas diarios. Y sólo para los privilegiados que logran conseguir trabajo.

Nicaragua a la cabeza

Nicaragua es el primer país del mundo donde se han desarrollado investigaciones sobre trans-esterificación del aceite de tempate y, naturalmente, es donde más se ha avanzado. En estos momentos, Nicaragua está desarrollando una tecnología punta en el ámbito de los combustibles de origen vegetal, una tecnología de futuro, porque el petróleo se agota en el mundo. Nuestro pequeño y subdesarrollado país podría estar incluso en condiciones de exportar esa tecnología. La maquinaria para la obtención del emat o biodiesel ya está diseñada y en construcción para después producir.

Hacia 1996, el emat podrá ser utilizado masivamente en los vehículos y maquinarias de Nicaragua, según estimaciones de los científicos que trabajan en el desarrollo de esta tecnología. Para esto, deberán sembrarse mil hectáreas de tempate en Occidente e instalar la planta procesadora, en conjunto con PETRONIC.

El ahorro en divisas será muy importante. En 1992, Nicaragua gastó en la importación de gasolina, 20 millones de dólares, en bunker para la generación de electricidad, 43 millones, y en diesel - que sustituiría el emat - 33 millones.

Sólo un detalle final. ¿Qué cambios o adaptaciones tendrían que hacerse en los carros y en las bombas de diesel de las gasolineras para iniciar la distribución y el consumo del emat o biodiesel ? La respuesta cabe en una sola palabra: nada. No habría que hacer ni cambiar absolutamente nada.


3. EL JÍCARO: ÁRBOL SAGRADO Y RESPUESTA ECONÓMICA


Con productos del jícaro se pueden alimentar las personas, el ganado, la industria, los automóviles y las cocinas. El jícaro es también una trascendental respuesta para democratizar la ganadería, dando oportunidades a los pequeños ganaderos.

Los antiguos códices mayas narran cómo del sagrado jícaro nació la liberación del pueblo. Recientes investigaciones científicas están encontrando en este árbol respuestas económicas que podrán contribuir a la liberación de nuestros empobrecidos campesinos. El jácaro sabanero es un árbol muy frecuente en el paisaje de la zona occidental árida de Nicaragua, en el trópico seco. Tan abundante que hay que tener cuidado para que no crezca y se desarrolle en cualquier patio o jardín. El árbol es bonito. Su tronco leñoso y sus ramas retorcidas se elevan con gracia durante la temporada seca. En la estación lluviosa se llenan de pequeñas hojas verdes que tiemblan con el viento.

Durante todo el año lo adornan las jácaras, redondas u ovaladas pelotas verdes que aparecen en las ramas donde menos se espera, porque no son un fruto, sino una excrecencia de la parte leñosa, un bulto del tronco. Desde tiempo inmemorial, los pobladores de tierras de jácaro - o de morro, como también se le conoce en otros países de Centroamérica - han utilizado la corteza de estas jácaras para elaborar platos y cucharas, útiles imprescindibles del hogar. Y también vasos, sencillos o decorados, donde se bebe el pinolillo o la deliciosa horchata elaborada con semilla de jícaro .

Un árbol bello pero pobre

El jícaro es un árbol lindo pero pobre. O más bien, empobrecido, como los descendientes de aquellos mayas precolombinos que lo adoraron como sagrado y le cantaron en el Popol Vuh. Al igual que ellos, el jícaro ha sido expulsado de las buenas tierras, dedicadas a más rentables cultivos agrícolas, y lanzado a zonas marginales, donde nunca hubo infraestructura de ningún tipo ni tampoco atención a los seres humanos que sobreviven en ellas.

Como árbol, su vocación es crecer en suelos franco -arenoso-arcillosos de la sabana seca, pero tuvo que adaptarse al suelo sonsocuitoso, que sólo puede utilizarse para ganadería extensiva, porque es el que le dejaron para crecer. Este suelo sonsocuitoso es malo para cualquier vegetación. Durante la época de lluvia se encharca y empantana. Y cuando llega el calor y el verano aprieta, se seca formando grandes pelotas de tierra que se cuartean y rompen raíces de las plantas. Sólo las fuertes y leñosas raíces del jícaro afrontan sin peligro ni temor el verano en estos suelos. Su dureza les permite permanecer enteras mientras a su alrededor la tierra se seca y se deshace.

Un árbol estudiado

El jícaro es un árbol que ha llamado bastante la atención de los investigadores. Los primeros estudios hechos en Centroamérica sobre sus posibilidades datan de 1948, cuando la calidad de sus proteínas interesó a un grupo de estudiosos del El Salvador. Los campesinos ya habían observado que cuando una vaca comía pulpa de jícaro , su leche era más sabrosa, más cremosa y más nutritiva. A partir de ahí se iniciaron las investigaciones. Los elementos más estudiados del jícaro fueron el aceite de la semilla y el azúcar de la pulpa que encierra la jícara. Así las cosas, y ya con bastante literatura cientifica en las manos, un ciudadado alemán, Karsten Jochim, instaló en Nicaragua en 1983 una planta procesadora de jícaras para obtener de ellas etanol y otros productos. Pero los resultados no fueron los que esperaba y desistió. El jícaro nuevamente al olvido.

Un árbol que produce muchos frutos

El aparente fracaso del señor Jochim no desalentó a Nikolaus J. Foidl que llegó a Nicaragua en 1989 al frente de un equipo de investigaciones de Austria, como resultado de un convenio patrocinado por el gobierno austríaco, entre la empresa Sucher y Holzer y la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) de Managua.

El equipo mixto de investigaciones austríacos y nicaragüenses inició hace dos años experimentos sobre las posibilidades del jícaro , sus utilidades prácticas y la inversión económica necesaria para hacer rentable su cultivo. Porque del jícaro se puede obtener aceite vegetal para consumo humano, etanol o alcohol para la industria farmacéutica o la producción de bebidas espirituosas, carbón vegetal, harina para alimento concentrado para animal y una pulpa que también sirve para elaborar ese concentrado.

Villanueva de los Jícaros

Villanueva es un municipio de Chinandega ubicado a poca distancia de la frontera con Honduras en medio de un jicaral casi infinito. Para decirlo de otro modo -menos poéticos y más comprensible-, en medio de extensas tierras marginales, buenas para nada, casi infinitas.

La población económica activa de Villanueva es, según censos oficiales, de 5,855 personas. El 22.6% de ellas se encuentra en el desempleo absoluto. El 21% son trabajadores temporales, los que les condena al desempleo absoluto durante una considerable parte del año y salarios que no dan para ahorrar durante el tiempo en que trabajan. Otro 21% son trabajadores por cuenta propia, lo que en la realidad de Villanueva significaque son casi subempleados que logran sobrevivir sólo porque no tienen ni en qué caer muertos. El 15.6% restantes son asalariados que teniendo en cuenta lo escaso salario promedio de Nicaragua -equivalente a unos cien dólares mensuales en la ciudad, menor en el campo -tampoco pueden considerarse afortunados. El resto son agricultores cooperados que, por carecer de financiamiento -sus tierras no se consideran sujetas de créditos por no ser aptas -producen poco, si es que producen.

Como consecuencia inevitable de la pobreza del municipio, nadie está interesado en invertir allí. Tampoco el gobierno. Un gobierno neoliberal no es una institución de resposabilidad nacional ni de justicia social ni tampoco de caridad. Un gobierno neoliberal sólo produce en la sociedad efectos caricaturescos, exagerando y acentuando al máximo los rasgos: alos pobres los hace mucho más pobres y a los ricos, muchísimo más ricos.

Y Villanueva, pobre de solemnidad, se depaupera sin inversión y sin infraestructura. El alcoholismo -hermano de la desesperación - y la vagancia y la delincuencia -compañeros de la falta de oportunidades y el hambre se ensañan en los vecinos de Villanueva con características de epidemia. Como mecanismo de supervivencia, los más audaces se dedican al abigeago, transportando reses robadas a la vecina Honduras.

Una luz al final del túnel

Por inmensos jicarales y por la urgencia de encontrar alguna solución a sus muchos problemas económicos, sociales y humanos, Villanueva ha sido elegida por el equipo austríaco-nicargüense para instalar allí la primera planta agroindustrial para el procesamiento del jícaro . "Sin sembrar nada por ahora. Sin invertir en infraestructura agrícola -explica Foidl -.Aprovechando solamente los árboles que ya crecen espontáneamente en los terrenos del municipio".

De momento, se proyecta instalar una pequeña planta procesadora, con un equipamiento correspondiente. El valor de este conjunto asciende a poco más de medio millón de dólares.

La pequeña planta tendrá una capacidad de producción anual de 33 mil galones de etanol, que es todo lo que Nicaragua importa cada año de este producto.

El precio de tonelada métrica de etanol en el mercado internacional es de 2 mil dólares. El proyecto la producirá a un costo de 900 dólares. Y como el precio del alcohol está regulado por el Estado, se puede trabajar en este rubro con total garantía de rentabilidad. El proyecto piloto producirá también 75 toneladas de aceite crudo con el que alimentar las refinerías de aceite comestible del país, que atraviesan grandes dificultades como consecuencia de la crisis algodonera, que les ha dejado sin su materia prima: la semilla de algodón. Actualmente, las refinerías se ven obligada a importar el 80% del consumo nacional, lo que equivale a 24 mil toneladas de aceite anuales. Las 75 toneladas de aceite crudo que puede producir el pequeño proyecto piloto que se instalará en Villanueva significan apenas el 0.4% del consumo nacional anual.

Pero aunque parezca por ahora una cantidad insignificante, no hay que perder de vista que el aceite es sólo otro de los frutos de un proyecto que comienza a producir con una inversión mínima. Y sobre todo, que los pobladores de Villanueva tendrán garantizada su comercialización.

Un proyecto para proteger el bosque

La corteza leñosa de las jícaras es excelente materia prima para la obtención de carbón vegetal, del que se consume anualmente en el país unas 20 mil 500 toneladas métricas, lo que equivale a unas mil héctareas de bosque quemado.

El proyecto de Villanueva producirá unas 250 toneladas cada año, con lo que se evitará la destrucción de unas 13 hectáreas de bosque. Quizá esta cantidad puede parecer también pequeña, pero además de salvar al menos esas hectáreas, se estará dando un primer paso en la posible y deseable industrialización de la corteza de las jícaras.

El carbón vegetal que se obtiene de la corteza de las jícaras no tiene el aspecto del carbón que usan las amas de casa, por lo que éstas podrían rechazarlo por "inservible". Para solventar este posible problema, el carbón será prensado en una máquina especial, en la que adquirirá la forma de las briquetas alargadas y negras que tiene el carbón vegetal que ya conocen.

En cuanto a la harina y a las tortas de concentrado que se obtienen como alimento para el ganado, tienen asegurado el mercado. Nicaragua es un país ganadero que importa la totalidad de estos dos productos. Y Villanueva es una zona ganadera donde los terneros y novillos lo necesitan para alimentarse. Para obtener todos estos productos, imprescindibles para la economía nacional, el nuevo proyecto utilizará apenas la mitad de las 7 mil hectáreas de los jicarales silvestres, aparentemente sin valor, que se extienden a lo largo y ancho del municipio de Villanueva.

Cuando el proyecto empiece a funcionar, en un par de año, necesitará de energía eléctrica y agua: del 5% de la energía eléctrica que llega al municipio y del 11.24% del agua que se le suministra. El servicio público de agua sólo la proporciona al 16.32% de las viviendas de Villa nueva. El resto se las arreglan con pozos. Los posibles inconvenientes que podrán surgir con la instalación del proyecto serán pocos y seguramente se resolverán pronto y los resultados positivos de la planta obligarán al gobierno a realizar inversiones de fomento que beneficiarán a los excluidos de siempre.

Objetivo: el ser humano

Entre los impactos positivos, el primero será la generación de empleos. No muchos al principio. En la planta procesadora sólo serán necesarias 11 ó 12 personas de tiempo completo, pero se necesitará de la colaboración de unos 500 cosechadores de jícaras durante 4 meses del año.

No será en cualquier mes, sino precisamente en los cuatro meses que vana desde el fin de la zafra de azúcar y de todas las otras cosechas clave del país hasta mayo, cuando se inician las labores de preparación de los suelos para el nuevo ciclo. Entre enero y mayo, esos cuatro meses de mayor desesperación y hambre en el campo.

En ese tiempo, cada uno de los cortadores de jícara podría obtener unos 200 dólares. No parece gran cosa, porque hay que dividirlo entre cuatro meses, lo que da un promedio apenas de 50 dólares mensuales.

Pero el cortador nicargüense no se mueve solo. Toda la familia le acompaña y trabaja coordinadamente. Así, una familia podría conseguir hasta 500-600 dólares en el corte, lo que equivaldría a un salario promedio al mes. Para una familia que tiene hoy como única perspectiva la muerte por inanición de alguno de sus miembros, ese salario, aún siendo pequeño, podría significar la seguridad del pan de cada día, lo que tiene un valor incalculable.

Nuevo caminos y cooperativas

La planta industrial tendrá también que pagar impuestos al municipio. De momento, se calcula que serán por lo menos 10 mil dólares anuales, que se podrían invertir en las mejoras que tanto necesita la comunidad. Finalmente, donde no hay nada, nadie invierte, pero donde hay algo que trabaja y produce con éxito, eso sirve como imán para otras inversiones y otros proyectos.

Para empezar, será necesario mejorar los caminos y carreteras, porque el proyecto está diseñado para comprar las jícaras en la planta procesadora y habrá que transportarlas hasta allí desde los jicarales por caminos que deberán estar razonablemente transitables. También tendrán que trasladarse los productos desde el punto de su elaboración hasta los centros de consumo. Todo es ajetreo potenciará los servicios de transporte y obligará a mejorar la red viaria, con todas las ventajas que esto reporta. Y quién sabe cuántos beneficios más. Para garantizar que el proyecto tenga tantos beneficios como sea posible y para que sus beneficios no vayan, como suele suceder, a las manos de los de siempre, su implementación y desarrollo se realizará por medio de cooperativas.

Mucho trabajo por hacer

"Todo esto puede lograrse con una pequeña planta que aprovecha sólo la mitad de los jicarales de un solo municipio, sin intentar mejorar ni sembrar nada -señala Foidl-. Pero ahora empieza el trabajo de verdad: para obtener mejores jícaro s, con densidades óptimas y con frutos cada vez más adecuados a nuestros fines".

Según Foidl, el jícaro tiene una gran riqueza que ofrecer en el futuro. Hoy la cantidad de jícaras por árbol y año oscila entre 5 y 600, con un promedio de 60 por árbol. Su tamaño presenta grandes oscilaciones de árbol a árbol, lo que hace sospechar que un proceso científicamente controlado de mejoramiento genético logrará arboles que producirán muchos más jícaro s que el promedio actual, de mayor tamaño y de más elevado contenido en proteínas, azúcares y grasas. Creciendo de forma silvestre, como ahora, las densidades oscilan entre los 20 y los 240 árboles por hectárea.

El árbol que conocemos tiene raíces muy profundas, que le permiten enfrentar las tremendas oscilaciones que sufre el suelo donde crece, que en sólo unas semanas pasa de ser un charco a estar duro como un ladrillo que se cuartea con el calor del sol. Por alcanzar tanta profundidad, las raíces del jícaro absorben nutrientes a los que otras especies no llegan. Por eso, no necesita el jícaro de fertilizantes artificiales. Tampoco necesita de insecticidas. Su largo exodo hacia las peores tierras del mundo, donde ninguna especie animal o vegetal quiere vivir, parece haberlo inmunizado contra todas las plagas.

Las pelotas verdes que los jícaro s producen en su corteza son su mayor riqueza. Esas pelotas tienen una cáscara leñosa muy dura. En su interior hay una pulpa de color morado oscuro, muy esponjosa, donde se incrustan las semillas de jícaro , con las que, hasta ahora, sólo hemos producido horchata y algunas medicinas caseras.

La producción de jícaras comienza cuando el árbol tiene entre 4-5 años y alcanza máxima cota entre los 8-12 años. A partir de ese momento empieza a descender el número de jícaras.
Este es el expediente de los jícaro s silvestres. Pero el equipo de Nikolaus Foidl se ha propuesto desarrollar sus investigaciones hasta lograr un árbol de jícaro que pueda vivir en desidades superiores a los 400 árboles por hectárea, con una producción por árbol de 200 jícaras y con un peso por jícara de 350-380 gramos. Con un promedio así -e incluso mucho ante- se puede emprender ya la producción industrial de etanol, que sirve como combustible para el transporte automotriz. Combustible limpio, que puede sustituir a la gasolina. Ya existen en el mundo motores diseñados para utilizar etanol y son muchos los vehículos que emplean estos motores. El único inconveniente es que si el vehículo es de gasolina hay que cambiarle el motor.

Etanol: ¿de caña o de jícaro?

La caña de azúcar es una importante fuente para la producción de etanol. Con 100 kilos de caña se pueden obtener 7 litros de este alcohol. 100 kilos de pulpa de jícara producen 6 litros. Pero la caña presenta grandes inconvenientes, que no compensan esa mayor producción. El más grave es el costo de su cultivo. La caña necesita mecanización y consume combustible, herbicidas, pesticidas y fertilizantes. El jícaro no necesita nada de esto. Crece alegremente, sin que nadie se ocupe de él.

La caña necesita de buenos suelos, que con el tiempo quedan erosionados y degradados. El jícaro crece en cualquier suelo, en las peores tierras y, pocos a poco, las enriquece y mejora mediante las hojas que caen al suelo y lo van abonando. La caña sólo produce azúcar y etanol y en sus terrenos no puede crecer nada más ni desarrollarse ninguna otra actividad agrícola. El jícaral produce aceite, etanol, carbón vegetal, torta y concentrado para el ganado. Y su sombra de encaje, poco tupida, permite asociar su cultivo con la ganadería.

En el jícaro todo se aprovecha

El proceso de transformación de las jícaras en los diferentes productos se desarrolla en distintas etapas, que tratan de aprovechar al máximo la materia prima y dejar la menor cantidad posible de desechos. El primer paso se da en una trituradora que tiene tres puertas de salida. Una para la pulpa, otra para la semilla y otra para la cáscara. La pulpa sigue un proceso de fermentación y destilado que culmina con la producción de alcohol y de un producto denominado vinaza, que sirve para alimento del ganado. La semilla, después de secarse al sol en un secador, se almacena en un silo, de donde pasa una prensa, en la que se obtiene torta para alimento del ganado y un aceite muy mezclado con harina. En una prensa filtrante se obtiene de una mezcla aceite crudo para la alimentación humana y harina, que al separarse se utiliza para la alimentación animal.

La cáscara pasa a una carbonería, donde se transforma en carbón vegetal. Durante este proceso, desprende unos gases inflamables que son aprovechados en la destilación del alcohol. Así, no se necesita otro combustible para desarrollar las operaciones que necesitan de calor pues el proyecto produce en una de sus faces gran parte del combustible que se necesita en las otras.

Lo más importante de esta jícara

Porque es árbol cuya sombra deja pasar los rayos del sol y permite que en el suelo crezca pasto en los meses lluviosos, el jícaro se asocia bien con la ganadería extensiva. Tradicionalmente, el jícaro , árbol de pobres, ha estado ligado a la ganadería de vacas flacas.

Las zonas de jicarales, y Villanueva en particular, son lugares donde se produce el hato ganadero nacional. Son los pequeños productores ganaderos de la misería zona del jícaro -entre otros sectores igualmente olvidados- los que cargan sobre sus hombros de gente trabajadoras la tremenda resposabilidad de reponer con nacimientos los decesos que la muerte, el sacrificio y el abigeato producen en la cabaña de ganadería mayor. Sin su valeroso aporte, Nicaragua ya no tendría reses.

Pero son ganaderos pobres "de vacas flacas". Pueden producir terneros, pero no pueden convertirlos en novillos. Cuando el animal empieza a ser grande, el pequeño ganadero no tiene con qué alimentarlo y se ve obligado a malvenderlo para que no se muera de hambre. Es en ese momento en el que aparece el gran "ganadero", el que nunca ve nacer un animal en sus tierras, y compra el ternero por cuatro centavos, porque un animal que pesa menos de 200 kilos no tiene todavía valor comercial.

No tiene valor comercial, pero ya ha pasado la etapa más peligrosa, cara y difícil de su desarrollo, el tiempo de la mortalidad infantil, las vacunas, los desvelos del pequeño ganadero en el establo del ternero enfermo. Y cuando esa etapa difícil ha terminado, el ganadero grande se lleva por nada unos animales, que con un año más de engorde, ya sin riesgos, podrían venderse a precios fijados en dólares por el mercado internacional.

Aunque el jícaro produce en el interior de sus jícaras color de esmeralda un alimento excelente para el engorde del ganado, precisamente cuando no hay pasto, es casi imposible para el pequeño ganadero recoger las jícaras, partir sus dura cáscara y vaciarlas en cantidades suficientes para saciar con ellas la voracidad de los terneros. Y si sólo fuesen una o dos las reses, aún se podría, pero si son diez o veinte, es imposible hacerlo sin contar con una máquina adecuada, que no existía.

Y este es otro aspecto, quizás el más importante de este proyecto, que fue concebido con carga de profundidad. El proyecto de procesamiento del jícaro sabanero pone a disposición del pequeño ganadero un alimento de altísimo contenido proteínico para su ganado en los meses sin pasto. El pequeño ganadero podrá engordar con él sus terrenos hasta que alcance los 350 400 kilos de peso y tengan un gran valor comercial, con lo que disfrutará del fruto de sus esfuerzos.

Se democratizarán así el riesgo y el beneficio. El riesgo, porque si el gran ganadero quiere vender novillos, tendrá que criar los terneros, con todas sus consecuencias y con las pérdidas correspondientes. Y se democratizará el beneficio, porque el pequeño productor podrá obtener todo el provecho de su arduo trabajo. Se repartirán equitativamente los riesgos y los beneficios. Y eso es también democracia.



4. El marango: varita mágica en el agua


Puede medir quince metros, da sombra y belleza, sus flores son blanco-amarillas y sus semillas hacen el prodigio de purificar el agua de beber en cualquier casa o en las cañerías de las grandes ciudades.

La industria y la tecnología actuales parecen estar en condiciones de enfrentar todos los problemas y satisfacer todas las necesidades. Pero sus respuestas y soluciones crean a veces problemas aún más graves. Los ojos de los científicos de alto quilataje se vuelven entonces hacia las plantas, a las humildes plantas de crecimiento silencioso y terco, para descubrir en ellas las verdaderas soluciones.

Es esto lo que ha ocurrido con el tratamiento del agua para hacerla potable. en los países desarrollados se usa en este proceso sulfato de aluminio, pero entre el aluminio y la terrible enfermedad conocida como mal de Alzheimer existe una estrecha relación poco estudiada todavía, pero cierta. La naturaleza tiene la respuesta alternativa: un árbol de esbelta figura y airosa fronda llamado marango puede resolver el mismo problema en menos tiempo, con menores costos y sin riesgos para la salud. Sus semillas son una varita mágica para limpiar el agua.

Las mujeres chinas lo sabían

El marango (Moringa olifera) es un árbol originario del corazón de Asia. Crece en las regiones subhimalayas, entre los 600 y 700 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, y durante la ocupación de la India y países vecinos por los británicos, el marango se esparció por todo el mundo en las mochilas de los soldados de Su Graciosa Majestad. Su belleza, el encanto de sus flores blanco-amarillas y su rapidez para crecer, convirtieron a este árbol en privilegiado candidato para adornar los jardines ingleses. Ya antes el marango era conocido en China y allí había despertado el interés de las mujeres. Obligadas a dar de beber a sus hijos las terrosas aguas del gran río Yangtzé, habían descubierto que las semillas de aquel hermoso árbol que sombreaba su casa tenían el don de arrastrar la suciedad del agua hasta el fondo de la vasija donde la almacenaban y que aquel el poso de lodo no volvía a la superficie.

El agua quedaba transparente y limpia. También descubrieron las mujeres que para obtener este efecto, era necesario agitar el agua con las semillas de marango . Ellas lo hacían a su manera: agarraban las semillas y las restregaban hasta desgastarlas contra las ásperas paredes de las vasijas de arcilla donde guardaban el agua.

Naturalmente, estos conocimientos los adquirieron las mujeres chinas a lo largo de los años, observando, compartiendo experiencias, comentando unas con otras, mediante ese proceso de prueba y error que ha hecho avanzar la ciencia hasta llegar a los prodigios que hoy tanto nos sorprenden.

Si las hadas existieran

En las mochilas militares de los ingleses, el marango llegó hasta el Sudán, en Africa. Allí lo encontró Samia Al Azharia Jahn, una de las personas que en el mundo más saben del marango , a cuyo estudio ha dedicado más de 20 años de su vida en ocho países de Africa, Centroamérica y el Caribe. Si este fuese un cuento de hadas, Samia Al Azharia Jahn sería el hada madrina de los marango s del mundo, su espíritu protector. Un hada entrada en años, regordeta y canosa, llena de vitalidad y energía, con ojos de profundo mirar en gris y el largo cabello rebelde recogido en un moño inquieto. Pero como esto no es un cuento de hadas, Samia Al Azharia Jahn es una científica de amplio espectro, con estudios y postgrados en Química, Biología, Medicina, Genética, Botánica y Fisiología. Estudió en su Alemania natal - porque a pesar de su nombre de resonancias árabes, es absolutamente germánica -, y en Suecia.

Después de realizar diferentes investigaciones biológicas de alto nivel, respondió a la llamada del Africa que muchos norteuropeos escuchan alguna vez en su vida, y se trasladó a Sudán y a Egipto, donde fue profesora en las Universidades de Jartún y El Cairo. Su espíritu de investigadora la llevó a intentar conocer profundamente los países en los que estaba trabajando, sus leyendas, sus tradiciones, sus costumbres. Aprovechándose de su condición de mujer en países árabes - donde las mujeres deben tener poca o ninguna relación pública con los varones -, penetró los ámbitos prohibidos, reservados sólo a las mujeres, donde se ocultan los verdaderos tesoros de la cultura profunda, del alma colectiva.

Fruto de ese esfuerzo recopilador, publicó un libro de tradiciones y leyendas del Sudán, país que cuenta con una rica tradición de vudú y otros ritos religiosos, conservada solamente por las mujeres y los niños pequeños. Fue precisamente durante esas búsquedas que Samia Al Azharia Jahn se encontró con el marango .

Las aguas del Nilo

Sudán y Egipto son dos países atravesados por el Nilo, ese gran río que cruza el desierto y lo transforma en un fértil oasis. Pero el Nilo es un río con altibajos sorprendentes en su caudal. De diciembre a julio, sus aguas son razonablemente limpias. Pero cuando llegan las crecidas, las aguas del Nilo avanzan turbulentas, arrastrando lodo, plantas y todo lo que encuentran en su camino. El río está sucio, turbio, del color de un chocolate mal hecho. Sólo de ver esas aguas se quita la sed. Pero como no hay otra agua, se impone el beberla, aún a riesgo de afrontar enfermedades.

Pero las mujeres egipcias y sudanesas venían observando que en las orillas del Nilo hay una arcilla que, al mezclarla en pequeñas cantidades con el agua turbia del río, la clarificaban. Unas horas después de mezclar esta arcilla con el agua, ésta quedaba transparente y cristalina, como la de los arroyos de montaña. La arcilla "milagrosa" servía, pero con algunos inconvenientes. Es escasa, se localiza en unos lugares sí y en otros no y no es fácil su comercialización. Además, es un recurso no renovable: cuando se acaba, se acabó.

Aparece la varita mágica

Las mujeres sudanesas - que tenían el mismo problema que sus hermanas egipcias - habían hecho otras observaciones y comprobaron que las semillas del marango - árbol llegado a Sudán en los años de la Segunda Guerra Mundial - tenían las propiedades de la arcilla milagrosa y mayores ventajas: el árbol crece en el patio de la casa, da una sombra luminosa y agradable y se tiene la certeza de que mientras haya árboles de marango , habrá semillas disponibles y por lo tanto, agua limpia.

Además, la arcilla tiene que ser dosificada en dependencia de lo turbia que esté el agua y hay que tener mucho pulso para no poner ni de más ni de menos. Con las semillas es más fácil: aunque se pongan de más, el agua sólo toma la cantidad necesaria para limpiarse y no es posible el error.

Un hada con microscopio

En su búsqueda de tradiciones, cuentos y costumbres de las poblaciones ribereñas del Nilo, Samia Al Azharia Jahn platicaba con las mujeres sencillas, las que guardan de generación en generación los conocimientos ancestrales. Por ser mujer, podía conversar sin prejuicios religiosos con las mujeres musulmanas, que no veían en ella un peligro, sino alguien diferente a quien contar y sorprender con cosas que ya todas sus vecinas conocían. Samia se hacía acompañar de su hijito y esto le facilitaba el ingreso a los hogares. Una mujer, sobre todo si es pobre, siempre se solidariza con otra mujer cuyo hijo tiene sed y le ofrece sin reparo su hospitalidad y un vaso de agua.

Aquel agua tenía con frecuencia un aspecto amenazador para una mujer europea y universitaria, educada en el temor a virus y bacterias. Sin embargo, en algunos hogares le ofrecieron agua perfectamente limpia y la investigadora se interesó por conocer el tratamiento utilizado para obtenerla. De esta forma supo de la existencia de las arcillas y del marango .

Un análisis de laboratorio le demostró que la arcilla que las mujeres egipcias y sudanesas habían utilizado durante siglos para limpiar las aguas del Nilo, era simplemente bentonita, una arcilla de color claro constituida esencialmente de montmorillonita, originada por la alteración de cenizas volcánicas y con numerosos usos industriales en los países desarrollados. La montmorillonita es un filosilicato de alumnio, magnesio y sodio, utilizado en la purificación de carburantes, vinos y otros productos comerciales líquidos.

En cuanto al marango , descubrió que sus semillas necesitaban de un mínimo tratamiento para producir el efecto deseado. Era necesario machacarlas en un mortero, preferiblemente de madera, hasta reducirlas a polvo y así mezclarlas con el agua. Tanto las semillas pulverizadas como las arcillas, necesitaban que se agitará el agua mezclada con ellas durante un rato para que el agua quedara limpia.

De micropartículas a macropartículas

¿Cómo queda purificada el agua? La limpieza es efecto de la diferencia de cargas eléctricas que se establece entre las partículas que se encuentran en suspensión en el agua y la ensucian y las partículas pulverizadas de la arcilla o de la semilla de marango . Las corrientes eléctricas aglutinan las partículas en suspensión en torno a las partículas de las semillas. Después de un rato, lo que empezaron siendo muchas partículas microscópicas que por su poco peso permanecían suspendidas en el agua sin dificultad, se van convirtiendo en gruesas macropartículas, cada vez más grandes, hasta que la fuerza de la gravedad las arrastra hacia el fondo.

El marango no garantiza que el agua quede totalmente libre de gérmenes patógenos. El agua se limpia, pero no se convierte en agua totalmente purificada. Pero al reducir drásticamente la cantidad de partículas en suspensión, también se reduce la cantidad de microorganismos, pues éstos viven en torno a las partículas. Más aún, los microorganismos quedan apresados entre las gruesas macropartículas que caen al fondo del recipiente, de donde ya no pueden liberarse. El marango no convierte el agua cruda en agua purificada y sin gérmenes - esto sólo se logra con tratamiento químico o hirviéndola -, pero deja el agua potable, digna de un con- sumo humano digno.

Aunque hasta ahora el marango sólo se utiliza de forma artesanal en recipientes caseros, puede emplearse en la purificación de aguas para el uso de grandes comunidades humanas, de ciudades. Todo lo que hay que hacer es poner en el agua mayor cantidad de semillas. La proporción adecuada es 2 gramos de semillas pulverizadas por litro de agua, cuando ésta está totalmente lodosa. Después, ya es cuestión de observación del agua y cálculo de dosis. El marango nunca altera el sabor del agua.

Aluminio mortal

En todos los países, el agua que circula por las cañerías recibe un tratamiento para purificarla y hacerla potable antes de que llegue a los consumidores. En la mayoría de las ciudades de los países desarrollados se utiliza para este fin el sulfato de aluminio. Cuando se sabía poco sobre los posibles efectos secundarios del sulfato de aluminio, se consideraba que el agua estaba correctamente potabilizada cuando contenía unos 200 microgramos por litro. Para entonces, ya se había observado que el sulfato de aluminio provocaba algunos desajustes intestinales a personas especialmente sensibles, pero no se le dio mucha importancia, pues eran casos excepcionales.

Sin embargo, cuando el mal de Alzheimer empezó a afectar a porcentajes crecientes de personas de más de 55 años y las investigaciones médicas encontraron un inesperado vínculo entre la enfermedad y el aluminio, las autoridades sanitarias prohibieron que el agua potable contuviese cantidades superiores a los 50 microgramos por litro. Pero con esta dosis el agua pierde potabilidad, pierde limpieza y se puede volver peligrosa para la salud. Las autoridades sanitarias internacionales se encuentran así ante una grave disyuntiva. Por ahora, la mejor y más segura solución serían las semillas de marango machacadas.

El mal de Alzheimer afecta fundamentalmente a los ciudadanos de países desarrollados, porque la esperanza de vida en los países subdesarrollados no supera la edad en que los síntomas se hacen graves, generalmente después de los 65 años. El uso del marango no garantiza la desaparición del mal de Alzheimer, pero elimina una de las posibles causas de su proliferación.

También para las aguas servidas

El marango no sólo purifica el agua para su consumo. También puede limpiar las aguas servidas para que no conviertan ríos, mares o lagos en cloacas. Con el marango , los desagües se transformarían en nuevos afluentes artificiales que aportarían a los ríos más agua, y agua limpia, garantizando así su vitalidad.

El procedimiento es muy sencillo. Se trata de construir lagunas de oxidación y sedimentación, en las que desaguarían las aguas servidas de los centros poblacionales. En esas lagunas, el agua recibiría, entre otros, el tratamiento con marango , para que las partículas en suspensión sedimenten y el agua se limpie debidamente. La basura que arrastra el agua se depositaría en el fondo de las lagunas. Al almacenar una cantidad suficiente de residuos se vaciaría la laguna y se procesaría el sedimento mediante secado y prensado en tortas, que servirían como alimento rico en proteínas para el ganado o como abono orgánico.

Como el agua de las ciudades tiene el inconveniente de que arrastra cantidades importantes de productos no orgánicos, habría que aplicarles en ese caso determinadas especies de algas que son capaces de transformar casi todo lo que existe en productos inocuos.

Los metales pesados -que abundan en los desechos de las grandes metrópolis industriales y contaminan el agua- también pueden ser tratados y absorbidos por las plantas. Se ha demostrado que el exhuberante lirio de agua (Scirpus lacustris) utiliza en su metabolismo por lo menos cuatro metales pesados peligrosos, entre ellos el estroncio y el cobalto. Respecto a los problemas que plantea la vertiginosa multiplicación del lirio de agua - por ejemplo, en nuestro lago de Apanás -, éstos se compensan porque esta planta es una excelente materia prima para la producción de biogás.

Marango en el Xolotlán

No hay duda de que otros productos dañinos que se vierten en los desagües también podrían recibir tratamiento adecuado con otras plantas cuyas propiedades aún no conocemos o aún no se han estudiado. En el caso del lago Xolotlán, un tratamiento correcto de los desagües de Managua significa la diferencia entre la vida y la muerte.

Desde tiempos inmemoriales - quizá milenios - el lago está sufriendo un proceso de desecación, que se ha acelerado en las últimas décadas por una actividad agrícola irracional y por la deforestación. El lago depende de los ríos que desembocan en sus orillas para mantener su nivel y hoy se ha quedado prácticamente sin entradas de agua, porque varios de sus antiguos afluentes se han secado. Sólo el Río Viejo de Matagalpa le aporta un chorrito de agua, que arrastra cantidades preocupantes de agroquímicos. Actualmente, los únicos afluentes constantes y abundantes que alimentan al Xolotlán son los canales de desagüe de Managua. Y el agua que le llevan está sucia y contaminada. Así, el agua del lago de Managua está cada día más sucia, poniendo en peligro hasta la habitabilidad de la capital.

¿Qué pasaría si el agua que llega al lago estuviese limpia, sin basura ni contaminantes tóxicos? Esto es posible. No sólo en el Xolotlán, sino en todos los ríos y lagos de nuestro país y del mundo, aplicando a las aguas recursos renovables, inagotables: el marango , las algas, el lirio de agua y otros. Todas estás plantas están al alcance de los países del Sur. Porque se producen en los países del Sur y en los países del Sur se están realizando investigaciones sobre ellas. En el caso de Nicaragua, se llevan adelante en el Proyecto Biomasa de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), que fue la institución que invitó en mayo/94 a la profesora Samia Al Azharia Jahn a compartir durante varias semanas sus vastos conocimientos sobre el marango .

Limpiador del aceite

El polvo de semilla de marango no sólo sirve para limpiar el agua sucia, sea cual sea su origen y destino. También sirve para refinar el aceite y producir con el poso resultante una pasta que sirve para alimentación del ganado. Uno de los más graves problemas que plantea la producción de aceite para el consumo humano es precisamente su refinado. Por su viscosidad, el aceite tiene la capacidad de mantener en suspensión grandes cantidades de partículas que a muy corto plazo lo ponen rancio, incomestible.

Todos los procedimientos que se utilizan para refinar aceite son caros, complicados y de difícil manejo. Son tecnologías importadas que los países pobres pagan en divisas. Solo hay un método fácil, barato y de producción nacional: espolvorear un poquito de semilla de marango en el aceite sin refinar y esperar un par de horas. Al cabo de ese tiempo, en la parte inferior del recipiente se habrá formado un grueso poso de alto contenido proteínico para alimentación animal, mientras que el aceite quedará transparente y limpio, sin olores ni sabores extraños.

El poder refinador del marango es tan fuerte que al echar polvo de sus semillas en aceite oficialmente refinado - el que se vende en cualquier supermercado - aún puede extraerse un considerable poso de sustancias que no hubieran debido estar allí, pero que están por las limitaciones de los actuales procesos depuradores.

Ocho metros en un año

Las semillas del marango - del tamaño de un frijol y colocadas dentro de una vaina - hacen el milagro de limpiar líquidos. Producen también, al ser prensadas, un aceite que sirve para el consumo humano. La torta resultante de los residuos es también un excelente alimento para el ganado. Las hojas del árbol tienen muy buen sabor para comerlas en ensalada y sus raíces, bien preparadas, se transforman en un alimento sabroso y riquísimo en proteínas.

El marango gusta de los suelos franco-arenosos, desarrollándose bien en países tropicales y subtropicales. Es una planta que crece a un ritmo rapidísimo. En menos de un año, la semilla se transforma en un frondoso árbol de ocho metros de alto, que ya da flores y nuevas semillas. En Nicaragua no es un árbol muy conocido. Sus lindas flores blanco-amarillas sólo se utilizan para curar la tos, en cocimiento endulzado con miel de jicote. La velocidad en el crecimiento de la planta hace pensar a los científicos que actualmente estudian el marango que este árbol debe tener algunas hormonas de crecimiento muy activas que podrían aplicarse a otros cultivos.

El aguacate, por ejemplo, es un árbol de crecimiento relativamente lento en el trópico. Si se lograsen aislar las hormonas de crecimiento del marango para acelerar con ellas géneticamente el desarrollo del aguacate, esto tendría importantes consecuencias económicas para la agricultura. Lo mismo podría lograrse con especies maderables preciosas, como la caoba, de gran belleza y demanda internacional, pero cuyo pleno desarrollo tarda varias décadas. El marango forma parte de la familia de las moringáceas, integrada por catorce especies de plantas. Todas tienen la característica de este veloz crecimiento.

Sólo siete de las especies han sido estudiadas. Tal vez todas encierran valiosos tesoros. Quien más tiempo de su vida ha dedicado a descubrirlos y a penetrar en los secretos de esta familia vegetal ha sido Samia Al Azharia Jahn, que por estas fechas debe estar en cualquier remoto lugar de la tierra, en donde se abren las varitas mágicas y estallan las flores amarillas de un marango .

5. EL NIM: UN INSECTICIDA FABRICADO POR LA NATURALEZA


Ningún laboratorio del mundo ha logrado fabricar un insecticida tan selectivo, tan original y tan respetuoso de la vida como el que se esconde en los amarillos frutos del árbol del nim, una planta que ya tiene ciudadanía nicaragüense.

Cuando la revolución verde, con sus agresivos y cortoplacistas métodos de producción agrícola se extendió por todo el ancho mundo, se tenía un muy mal concepto de los insectos. Los campesinos, que diariamente trabajan la tierra con sus propias manos, sabían que no todos los insectos son perjudiciales. Realmente, casi ninguno lo es: apenas el 5% de los insectos son dañinos para las plantas y las destruyen, comiéndosel as. Los demás, les son beneficiosos o son inocuos. A la larga, todos los insectos - aun esos dañinos - resultan beneficiosos cuando mueren, porque fertilizan la tierra en la que caen.

Pero los técnicos, que todo lo que sabían del campo lo habían aprendido en bibliotecas, laboratorios o parcel as experimentales, impusieron sus criterios. Y la Revolución Verde avanzó, acompañada de ingentes volúmenes de insecticidas, pesticidas y plaguicidas, los que a pesar de sus dañinos venenos, son hasta el día de hoy un suculento negocio para 10 transnacionales químicas.

Más veneno, más destrucción, más veneno

Los insecticidas químicos son una calamidad en varios sentidos. Reducen las poblaciones de insectos - todos, dañinos o no - de forma drástica. Los que resisten sus efectos - por alguna razón, sólo ese 5% de los dañinos logran desarrollar resistencia a los químicos - se tornan más fuertes, más voraces y sin competidores, se multiplican muy por encima de lo que es normal en su especie. Años y años de uso indiscriminado de químicos han creado un fuerte círculo vicioso: los insecticidas tienen que tener venenos más y más concentrados - más destructivos - para superar las resistencias de las plagas y éstas, a su vez se adaptan, resisten más y se vuel ven también más destructivas.

Es evidente que la agricultura necesita de mecanismos para controlar los insectos dañinos. Lo bueno sería un insecticida sel ectivo: que sólo afectase a los insectos que se comen los cultivos. Mejor aún sería que ese insecticida los afectase de tal forma que no hicieran daño a los cultivos, pero que pudiesen permanecer en el los para abonar la tierra después de muertos. Y el colmo de la perfección sería que ese insecticida fuese inofensivo para el ser humano, para los animales domésticos, para las plantas y sus frutos, para el aire y el agua.
Ningún laboratorio lo ha logrado. Pero la Naturaleza sí ha creado para beneficio del ser humano, que tan mal la trata, un árbol del que puede obtenerse un insecticida que cumple todas estas tareas sin causar ningún inconveniente: el nim.

De la India a Nicaragua

El neem - conocido en Nicaragua por su pronunciación inglesa: nim - es un árbol de unos cuatro o cinco metros de altura, con hojas pequeñas de color verde intenso y frutos arracimados de forma cónica y de color amarillo, que destacan entre el follaje. Por su bel leza y originalidad podría servir como planta ornamental en cualquier jardín. Procede de la India, su nombre científico es Azadirachta indica A. Jus y pertenece a la familia de las Mel iáceas. Como casi todos los árboles originarios de la India que hoy son conocidos en todo el mundo, el nim pudo llegar tan lejos gracias a la extensión del Imperio Británico y a la movilidad de los ejércitos que lo sostenían.

Sin embargo, el nim no llegó a Nicaragua por la vía militar. En 1975, un grupo de estudiosos británicos trajeron el árbol con fines científicos, para estudiar su adaptabilidad a nuestro medio, y sembraron pequeñas parcel as experimentales. Las abandonaron en 1979, tras el triunfo revolucionario, pero el recién creado Instituto de Recursos Naturales y del Ambiente (IRENA), las retomó de inmediato.

Los experimentos continuaron y se llegó a la conclusión de que el nim se adaptaba a Nicaragua con buenos resultados. Soporta la sequía, ayuda a controlar la erosión de los suel os, da buena sombra y es capaz de crear un microclima de frescura y verdor en zonas especialmente secas y áridas. Sus hojas, al caer, se descomponen y ayudan a recuperar hasta los suel os más degradados. Su madera es de buena calidad y puede utilizarse tanto para muebles, cuando se talan los árboles viejos para reponerlos con otros jóvenes, como para leña cuando se hacen las necesarias podas anuales.

Al ataque en tres direcciones

El nim es todo él insecticida. La sustancia activa se encuentra presente en todo el árbol, pero se concentra en las semillas. El insecticida que produce el nim es muy complejo y actúa simultáneamente en tres direcciones contra los insectos dañinos, los que devoran los cultivos: es repel ente, es fagodeterrente y ataca el sistema hormonal del insecto.
Como repel ente, el nim ahuyenta algunos insectos. Pero ésta no es su función más importante.

El nim es también fagodeterrente: detiene el crecimiento de los insectos dañinos. Las plantas tratadas con insecticidas de nim pueden ser comidas por esos insectos y hasta parece que el nuevo aliño hace que las encuentren aún más sabrosas. Pero al llegar a cierto punto de ingestión, el insecto, todavía en su etapa de voraz larva, empieza a comer cada vez menos, hasta que deja de comer y muere, sin alcanzar la madurez sexual. El daño causado al cultivo por los insectos que alcanzaron a comer, puede considerarse una inversión para ir reduciendo la plaga en sucesivas generaciones.

La tercera y más interesante forma de acción del insecticida es su ataque al sistema hormonal del insecto dañino. Este vive su vida tranquilamente, se desarrolla perfectamente en todas sus etapas y, aparentemente, nada le pasa. Los problemas comienzan a la hora de aparearse. Simplemente, no puede. Pequeñas malformaciones físicas se lo impiden: un ala que no creció en su sitio, una pata más larga o más corta, falta de apetito sexual, esterilidad. Y al no haber apareamiento, tampoco hay crías. Y la población de insectos dañinos se va reduciendo en cada generación.

El principio activo del nim es la azadirachtina, cuya composición química es tan compleja que los laboratorios químicos más sofisticados no han logrado aún sintetizarla artificialmente, aunque realizan investigaciones desde hace varios años.

El insecticida artesanal

Son muchos y cada vez más numerosos los campesinos nicaragüenses que cultivan en sus patios unos cuantos árboles de nim para proteger sus siembros. El cuidado del nim no es muy complicado, el árbol es poco exigente y se acomoda casi a cualquier circunstancia, aunque demanda ser sembrado en vivero. Sólo hay que tener cuidado con una de sus características: es una especie que rápidamente ocupa todos los espacios disponibles.

El nim crece rápido. Al tercer año ya se pueden utilizar los primeros frutos para la el aboración artesanal de insecticida. El trabajo es sencillo: se muel en unos cinco kilos de semillas bien limpias y secas, se envuel ven en un trapo limpio y se colocan en agua. Doce horas más tarde, se escurre bien el trapo prensándolo lo más que se pueda para que suel te tanta sustancia como sea posible. En otro recipiente se diluyen unos 10 gramos de jabón sólido del que se usa para lavar ropa, que se agrega a ese extracto. Después, se añade agua hasta completar cien litros. Y a fumigar. Naturalmente, las cantidades varían dependiendo de las dimensiones del terreno que haya que proteger.

Por primera vez en el mundo

El éxito de la aplicación del insecticida de nim en pequeñas fincas, donde es el mismo finquero el que el abora el producto, planteó la conveniencia de producirlo en grandes cantidades, con calidad y hasta con presentación comercial. En 1987 se fundó en Managua, sobre la carretera a León, la Cooperativa de Producción de Insecticida de Nim (COPINIM), con 12 socios.

No es lo mismo manejar media docena de árboles de nim en el propio patio para fumigar pequeñas plantaciones que levantar una planta industrial, aunque de proporciones modestas. Y no había en todo el mundo ninguna experiencia anterior de un bosque-factoría de nim. Los socios de COPINIM enfrentaron animosos el desafío y los desconocidos problemas que encerraba. Siete años después de haber iniciado las primeras siembras, el bosque de nim - que no necesita riego - se extiende por 70 hectáreas y ya saben que produce entre 20 y 25 kilos de fruto por árbol y año en dos cosechas, que se inician cuando el árbol cumple 3 años y se estabilizan al tener siete.

Dos son los únicos enemigos naturales del nim. El chapulín o langosta, al que le gusta comer los brotes tiernos, donde todavía no se acumula suficiente insecticida como para acabar con un insecto tan grande. Y el zompopo, que se lleva las hojas a los hormigueros para producir con la fermentación de el las y de otras hojas los hongos que les sirven de alimento. Como no come las hojas, no sufre los efectos de su veneno. Para enfrentar ambas plagas se utilizan procedimientos mecánicos para ahuyentar a los insectos o dificultar su acceso al árbol.

Cortadores y sel eccionadoras

El nim produce dos cosechas al año: la primera y más importante, de junio a agosto. La segunda, que no siempre se da, pero que es preciso estar alerta para no perderla, entre diciembre y enero. Durante el tiempo de la cosecha, sobre todo de la primera, la planta procesadora tensiona sus engranajes pues demanda de abundante mano de obra. Las brigadas de cortadores recogen los frutos maduros y los frutos sazones - los que ya alcanzaron su tamaño completo, pero todavía no han madurado totalmente - y talan las ramas por encima de los tres metros sobre el suel o para evitar que el árbol se convierta en un gigante de frutos inalcanzables y para mejorar la producción del año siguiente. Así, el bosque de nim produce cada año una buena cantidad de leña que beneficia tanto a quien la usa como al árbol, que crece después más sano y vigoroso.

En la planta esperan los equipos de sel eccionadoras, que separan el fruto maduro del sazón. Esta actividad da empleo temporal a entre 25 y 80 trabajadoras, dependiendo de los momentos pico de la cosecha. Sólo mujeres trabajan en esta tarea, que es muy del icada.

Los frutos sazones se ponen a madurar en galerones especiales, muy extendidos, muy ventilados, a la sombra y sobre suel o de cemento, hasta que alcanzan su completa maduración, lo que se logra generalmente en una semana.

Lavado, presecado y secado

El primer paso del proceso industrial consiste en lavar los frutos. Durante las primeras cosechas y a falta de otra máquina mejor, los de COPINIM hacían esto en lavadoras de ropa, sel eccionando el programa que menos dañase el fruto. Pero el trabajo se hacía demasiado lento para atender el volumen de cosecha que llegaba a la planta. Ingenieros locales diseñaron pronto una máquina específica para esta tarea y con capacidad para lavar hasta 5 tonel adas diarias.

En el proceso que se desarrolla en la máquina, se separa la pulpa de la semilla, cuidando mucho de que ésta quede bien limpia, sin rastro de pulpa. Esa pulpa se amontona en composteras para que se transforme en abono orgánico, que se utilizará para fertilizar los suel os. No es un fertilizante cualquiera: a los muchos beneficios que aporta el uso del compost, el el aborado a partir de la pulpa del nim tiene uno adicional muy importante: lleva incorporado el insecticida. Un insecticida especialmente eficaz contra los insectos dañinos que habitan en el suel o y que comen las raíces de los cultivos, como los nemátodos.

La semilla ya separada de la pulpa se expone al sol durante tres o cuatro horas para el presecado. Posteriormente, en un lugar aireado pero a la sombra - la sustancia insecticida es sensible al calor -, se continúan secando hasta por veinte días y más, dependiendo de los grados de humedad de la semilla y del ambiente.

El insecticida industrial

Cuando la semilla tiene menos del 9% de humedad, ya está lista para extraer de el la el insecticida. El primer paso consiste en descascarillar la semilla, lo que se hace en un trillo de los que se utilizan para el café, adaptado al tamaño y a la dureza del nim. A la semilla se le quita una cascarita que la envuel ve y con esa cascarita pulverizada se el abora un polvillo que sirve como base para el insecticida de nim en determinadas aplicaciones en seco, lo que refuerza su acción.

De la semilla ya completamente limpia se obtienen tres diferentes productos. La semilla pulverizada, conocida comercialmente como Nim-20, que se aplica disuel to en agua. El aceite de nim, que se obtiene al prensar la semilla. Puro, sirve para el aborar un jabón medicinal para la piel . Mezclado con emulsionantes es el insecticida CE-80, que se aplica también disuel to y en gotitas muy finas. Este producto es el único derivado del nim que tiene algún grado de toxicidad por los ingredientes emulsificantes que hay que agregarle para su utilización en la agricultura, aunque su pel igrosidad para los seres humanos no es comparable con la de cualquier insecticida comercial. Por último, el Nim-25, que se obtiene de moler la torta prensada que queda después de que se extrajo el aceite. Este producto se puede aplicar disuel to en agua o en seco, dependiendo de la clase de cultivo y del objetivo que se persigue. Para su aplicación es recomendable mezclarlo con la cascarilla molida, aunque también puede utilizarse arena o aserrín.

Los tres productos tienen las tres acciones propias del insecticida del nim: son repel entes, detienen el crecimiento del insecto y afectan su fecundidad. Por su viscosidad, el nim emulsionable se adhiere a los orificios respiratorios del insecto, con lo que también le provoca asfixia. Por su sensibilidad al calor del sol, las tres sustancias deben ser aplicadas a los cultivos muy temprano en la mañana o al atardecer. Cuando las fincas son muy grandes y el insecticida ha de aplicarse con avionetas, hay que diseñarles complementos adecuados al nim.

El nim industrializado ha demostrado ser un insecticida excel ente en fincas y plantaciones pequeñas y medianas. Se requiere menor cantidad que la de los insecticidas convencionales, los usos son más espaciados y los frutos, las verduras y todos los productos que se cosechan pueden ser consumidos sin ningún pel igro, porque no es tóxico para los seres humanos. El buen precio y la gran demanda que tienen hoy los productos orgánicos - cultivados sin químicos - hace un más atractivo para los agroexportadores el insecticida de nim.

Los socios de COPINIM facilitan los productos insecticidas que el aboran a precios muy favorables, sin aspirar a ganancias excesivas. Sus fines no son el lucro, sino una vida digna en una Naturaleza respetada. "Nosotros queremos facilitar al campesinado nicaragüense una solución al problema de las plagas, que les resulte favorable para sus cultivos y para sus bolsillos - explica Manuel Moraga, socio de COPINIM -. Producimos para poder vender a precios favorables. Y también compramos semilla de nim a quienes tienen algunos árboles en sus fincas y les producen más de lo que el los necesitan". Para facilitar aún más las cosas, y por la escasez de dinero en el campo, usan frecuentemente el trueque: la semilla que llega a la planta se paga al campesino en forma de insecticida el aborado.

Lo primero de lo primero: Nicaragua

En tratamiento del nim, Nicaragua es el país que está a la cabeza, abriendo caminos, acumulando experiencias y ya con capacidad de vender tecnología.

La planta de COPINIM es la más avanzada que existe hoy en el mundo para el tratamiento de las semillas de nim y la el aboración de insecticidas. Su tecnología y su desarrollo industrial se perfeccionan constantemente mediante el diseño y fabricación de nueva y más adecuada maquinaria.

Las investigaciones continúan con el apoyo y el financiamiento de la Fundación UNVERTAILEN, de Alemania, Pan para el Mundo, también alemana y Tierra del Futuro, de Suecia. La calidad del producto de COPINIM, sin recurrir a la publicidad ni al sucio procedimiento de los "mercados cautivos" que tanto gustan a las transnacionales químicas de la contaminación, ha hecho que su fama se extienda por toda Nicaragua y ya la demanda supera a la oferta. También ha trascendido la fama las fronteras nacionales y los pedidos llegan desde muy lejos, con tentadoras ofertas en dólares.

Pero los socios de esta singular cooperativa no escuchan estos cantos de sirena. "Lo primero es sastifacer la demanda nacional y liberar a nuestro país del uso de insecticidas venenosos - afirma Moraga -. Después, cuando hayamos resuel to nuestros problemas, podremos comercializar los excedentes internacionalmente. Pero ahora no, no sea que lo que quieran es comprarnos nuestra producción completa para que volvamos a usar sus insecticidas venenosos. Nosotros estamos dispuestos a compartir nuestra tecnología con otros. Pero, lo primero de lo primero es atender a lo de casa".

Los gringos quieren patentar el nim

Los nicaragüenses están alerta. También lo están los campesinos de la India. Desde hace algún tiempo, las transnacionales del Norte "patentan" plantas y animales cuyas propiedades les interesan para experimentos y para negocios.

Con el mecanismo de las patentes se escribe el último capítulo del saqueo histórico del Norte contra el Sur. Funciona así: llega un biólogo extranjero a una comunidad campesina de un país pobre. Los campesinos comparten con el "afuereño" todos los conocimientos ancestrales que sobre las propiedades de una planta o un animal han acumulado durante generaciones. Y el visitante, de regreso a su país, agradece la hospitalidad patentando la planta o el animal y los conocimientos atesorados por otros. A partir de ese momento, nadie más puede utilizar ni realizar nuevas investigaciones con esa planta o animal ni utilizarlas biotecnológicamente sin pagar "derechos de autor" a quien lo patentó. El mercado mundial tiene mecanismos legales y comerciales eficaces para garantizar que esto se cumpla.

Así está empezando a ocurrir con el nim. Durante generaciones, los indios de la India utilizaron el nim como insecticida. Hoy, la compañía estadounidense W.R.Grace ha patentado una versión modificada del insecticida, que está comercializando en Estados Unidos como "insecticida orgánico". El movimiento popular hindú ha iniciado una campaña para impugnar el derecho de patente del producto. Entre otras acciones, el 3 de octubre/93, más de medio millón de agricultores se manifestaron en Bangalore exigiendo protección de "la soberanía sobre nuestras semillas" y de "los derechos de propiedad comunitaria".

Una historia de suspense

Terminamos con una historia ejemplar. Érase una vez una cooperativa allá por los lados de La Paz Centro, llamada San Gabriel , dedicada al cultivo del ajonjolí y la soya. Un mal día de 1992 los campesinos descubrieron que sus cultivos habían sido atacados por una plaga que se conoce como la "chinche de mancha". Decididos, aplicaron insecticida de nim con la asesoría del ingeniero René Marín, en aquel tiempo socio de la cooperativa y actualmente trabajando en el CIPRES, organismo no gubernamental que también promueve el nim.

Después de muchos años de trabajar según los dictados de la agricultura convencional, los campesinos estaban acostumbrados a que al día siguiente de la aplicación de un insecticida químico, el suel o amanece cubierto de insectos muertos. No ocurrió así esta vez. Cuando los campesinos fueron a ver sus cultivos en la mañana, se encontraron las chinches correteando entre las hojas, llenas de vitalidad.

Transcurrían los días y cada mañana las chinches amanecían más numerosas y más vigorosas. "Estábamos desesperados - recuerda René Marín -. Se considera que esta plaga es muy pel igrosa para el cultivo cuando se ve una chinche por metro lineal. Nosotros llegamos a contar hasta diez". Una sola cosa evitó que los campesinos olvidasen su reciente disposición ecológica y regresaran a la agricultura convencional: no tenían dinero para comprar insecticida químico. Esa había sido la razón decisiva que les impulsó a recurrir al nim: es más barato. Y ésa fue la razón para que no desistieran.

Hasta que llegó la hora de la cosecha. Recogieron el ajonjolí y la soya y los llevaron desalentados a la comercializadora, calculando que si tenían suerte, por lo menos la mitad de los granos estarían dañados. Normalmente, en una cosecha obtenida con los procedimientos convencionales y que se considera buena, un 15% del grano sale dañado. Por eso, a los campesinos por poco se les saltan los ojos cuando les informaron que sólo habían perdido el 13% de los granos.

¿Qué había ocurrido? El nim había actuado como lo hace un producto "fabricado" por la Naturaleza: respetando la vida. Toda la vida. La de los insectos y la de los cultivos. Los insectos permanecieron vivos, pero no hicieron daño. Ese era el secreto. "Sería recomendable que, junto con los tarros de insecticida de nim, faciliten tranquilizantes fuertes, por lo menos en la primera experiencia", sugiere medio en broma, medio en serio, René Marín. El mismo ingeniero es un convencido de que el nim es una respuesta, pero en base a las experiencias que el los han venido desarrollando presume que no es la respuesta.

Todos los insectos son capaces de desarrollar defensas eficaces contra todos los insecticidas al cabo de unas pocas generaciones. Por esto es necesario seguir buscando nuevos, más y mejores procedimientos para proteger las cosechas: rotación de cultivos, alternancia de plantas en una misma plantación para que unas defiendan a otras, control biológico de las plagas, utilización del nim y de otros insecticidas naturales aún por investigar. Todos los procedimientos deben orientarse a proteger las cosechas, pero sin alterar el del icado equilibrio de la vida. De la vida de todos: plantas, animales y seres humanos, llamados a una armoniosa convivencia en este maravilloso Planeta Azul.


6. EUCALIPTO: LAS BENDICIONES DE UN ÁRBOL MALDITO


Arrasar bosques para sembrar eucaliptos es un desastre. Pero en tierras donde ya nada crece, donde sólo el eucalipto puede crecer, ¿no será este "árbol maldito" una respuesta, una bendición de la Naturaleza?

¿Es bueno sembrar eucalipto s? ¿Es malo? ¿O no es ni bueno ni malo, y depende de cada caso? La señora Andrea Ortiz tiene una mirada infrecuente en la campesina nicaragüense. En sus ojos no hay temor, no asoma ese aire de perro apaleado que sobrecoge la expresión de tantas mujeres. "Mire, licenciada - explica -, yo tengo siete hijos y no se imagina todo lo que he tenido que hacer para sacarlos adelante. Yo lavaba ajeno, yo inventaba qué a hacer veces dejando a mis hijos solos todo el día.
Pero ahora, sólo lavo lo de mi casa", manifiesta con satisfacción. La diferencia entre el "antes" y el "ahora" son 3 manzanas (1 manzana = 0.7 hectáreas) sembradas de eucalipto en tierras comunales, pero de usufructo privado. Explotando ese bosquecillo, Andrea Ortiz obtiene unos 100 dólares al mes. Puede parecer muy poco dinero, pero con ese salario fijo, unido al que le dan los huevos y la carne de unas cuantas gallinas en el patio y algún chancho y alguna de esas actividades que se pueden hacer cuando se vive en el campo, Andrea redondea una subsistencia bastante digna. Los eucalipto s separan la frontera entre la zozobra y la tranquilidad. Si ése es el fruto de los eucalipto s, bienvenidos sean estos polémicos árboles.

Suelos maltratados y campesinos sin esperanza

A los pies de la Cordillera de los Maribios, en la zona noroccidental de Nicaragua, se extiende la planicie leonesa y chinandegana, gravemente erosionada y contaminada por 30 años de monocultivo del algodón. La cordillera también ha sufrido históricamente por la deforestación y por los estragos de sus volcanes. Poco a casi nada puede crecer en estos suelos maltratados.

Pero 464 pequeños campesinos, cabezas de familia, de la comunidad de Posoltega - un 60% de los que habitan en el lugar más desertizado de la zona - se han organizado para sembrar más de 600 manzanas de eucalipto s y de ahí, han integrado diferentes asociaciones relacionadas con el cultivo, el aprovechamiento y la vigilancia del eucalipto . La organización popular surgida en torno al eucalipto tiene entre sus objetivos proteger a los árboles de los ladrones, que podrían talarlos para su venta como leña, y del fuego, gran enemigo de los eucalipto s. Para prevenir ambos peligros, se han levantado 5 torres de vigilancia donde, día y noche, alguien cuida del bosque de todos. Los vecinos de Posoltega, asesorados por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), han tenido la sabiduría de sembrar los eucalipto s de tal manera que la plantación forma un todo continuo, aunque cada parcela es propiedad privada. De este modo, es más fácil vigilar entre todos los bienes de cada uno.

La unidad surgida alrededor de este patrimonio común - que garantiza la subsistencia - ha facilitado el que surjan nuevos pequeños proyectos que ayudan a mejorar el nivel de vida: huertos familiares y comunales, parcelas de granos básicos, cría de gallinas, cerdos y vacunos. Los excedentes los venden los posolteganos en la vecina ciudad de León, la segunda más grande del país. Estos campesinos, que fueron pequeños productores de algodón, consideraban cerrado su futuro con la caída del precio del algodón en los mercados internacionales y la dramática degradación de sus tierras por el prolongado uso de agroquímicos. El eucalipto es hoy para ellos una esperanza. Ven en este árbol una alternativa de supervivencia con dignidad.

Garantía de seguridad y vida

Un grupo de vecinas de Posoltega se afana en una pequeña parcela. Están en una jornada de trabajo voluntario para preparar un vivero de pochote (Bombacopsis quinata), un árbol en acelarado peligro de desaparecer por la demanda que tiene su excelente madera para fabricar muebles finos. Aunque todas ellas son cultivadoras de eucalipto s, estas campesinas se interesan también por el pochote.

Angela Velázquez es dueña de dos manzanas de eucalipto s y madre y abuela en una familia de más de 30 adultos y niños. Pero aún tiene tiempo para donarlo al vivero. "Es que la madera de pochote es más bonita que la de eucalipto para los muebles y yo quiero mi casa amueblada con cosa fina", explica. Pero el pochote tarda más de 35 años en estar listo para la cosecha. ¿No sería mejor hacer los muebles con eucalipto s? "Bueno, pues, con la madera del eucalipto me mando a hacer una silla ¡y me siento en ella a esperar a que crezca el pochote!", responde entre carcajadas.

Nilvia Guido, mucho más joven que Angela, es madre de un niño y dueña a nombre propio de media manzana de eucalipto . Esa pequeña parcela la hace también dueña de su propio destino. "Si el hombre se me va con otra, yo tengo con qué salir adelante con mi hijo", afirma con seguridad. Los campesinos de Posoltega, como los de otras zonas reforestadas con eucalipto , han aprendido a querer a este árbol, a cuidarlo y a respetarlo como se cuida y se respeta aquello de lo que depende la propia vida, el alimento y el futuro.

Gracias, eucalipto

Durante toda una historia, el campesino nicaragüense, como el de muchos otros lugares de América Latina, ha sido condicionado a odiar al árbol. Veía en cada árbol como un estorbo que se interponía entre el arado y la cosecha, algo que dificultaba extender los pastizales para la alimentación del ganado. Los árboles tenían que ser eliminados para facilitar el trabajo humano y la producción de riqueza y bienestar. Fue necesario destruir inmensas extensiones de bosques para que comprendieran para cuánto sirven los árboles. Pero a la hora de esta revelación, el suelo ya está tan empobrecido que lo poco que en él podría crecer, lo hace tan lentamente que no representa una alternativa para quienes habitan las tierras degradadas.

Sin embargo, hay solución. Existen algunos árboles capaces de vivir casi en cualquier sitio, de soportar casi cualquier circunstancia y además, de crecer de prisa, en un plazo tan breve que los convierte en verdadera alternativa. Entre estos árboles se encuentran las más de 600 variedades de eucalipto s que existen en el mundo. Al eucalipto habrá que agradecerle un aspecto fundamental para el futuro de Nicaragua como país: el rescate de la cultura forestal entre los campesinos nicaragüenses. Sólo por eso valdría la pena sembrar eucalipto s.

Desde Australia al mundo

El eucalipto es un árbol procedente de Australia. Todos los eucalipto s que existen son originarios del Continente Austral y de las islas que éste tiene al Norte y hacia el Oeste. O de Tasmania. Hay decenas de variedades locales que sólo se encuentran en alguna pequeña isla y en ninguna otra más.

Los eucalipto s empezaron a salir de su ambiente natural en los barcos del Capitán inglés James Cook hacia 1766. Uno 20 años después, el árbol era descrito y bautizado con su nombre actual por el botánico francés L'Heriter.

Durante todo el siglo XIX los eucalipto s fueron cada vez más estudiados y conocidos y se iniciaron experiencias para aclimatarlos fuera de su zona natal y así aprovechar su más interesante característica: la velocidad con que crecen y producen leña y madera. En condiciones óptimas, ciertas variedades de eucalipto crecen hasta cinco metros por año.

Desde que salió de Australia, el eucalipto se ha extendido por todo el mundo y en la actualidad, más de 80 países tienen siembras que oscilan desde unas pocas hectáreas de carácter experimental y de aclimatación hasta más de un millón de hectáreas en Brasil, medio millón en la India y más de 400 mil hectáreas en España, los tres países donde viven más eucalipto s fuera de su ecosistema original. En los tres existen florecientes industrias madereras y papeleras que encuentran en los inmensos bosques de eucalipto s su materia prima.

Leyenda negra: se bebe toda el agua

Quizá sea este éxito universal del eucalipto el que ha hecho que sobre él y contra él se hayan tejido muchas opiniones contrarias, teorías según las cuales el eucalipto sería un árbol peligroso, capaz de generar muchos males y pocos bienes, un árbol maldito. Si esto fuese cierto, Australia, su país de origen, cubierta en inmensas áreas por interminables bosques de eucalipto s, sería un continente muerto. Y no es así. Muy al contrario, es un santuario donde se han preservado hasta hoy especies y formas de vida únicas en el planeta.

Se dice que el eucalipto seca las tierras, porque para crecer tanto y tan aceleradamente necesita mucha agua. Esta es una verdad a medias. Es cierto que el eucalipto absorbe bastante agua, como todos los vegetales, pero la usa más eficientemente que otras especies. La acacia - que es otro árbol de crecimiento rápido - necesita un tercio más de agua para producir la misma cantidad de madera. Pero nadie habla mal de las acacias.

También se acusa al eucalipto de dificultar el paso del agua de las lluvias hacia la capa freática o subterránea. Es cierto. Pero también lo es que cualquier especie vegetal, grande o pequeña, absorbe con sus raíces, para su supervivencia, una parte del agua de lluvia a su paso hacia el subsuelo. La única forma de asegurar que toda el agua de lluvia que cae desciende hasta la capa freática consiste en no dejar que crezca absolutamente nada sobre la tierra, lo que es una solución nada rentable.

El eucalipto consume menos agua de lo que parece, porque tiene la facultad de cerrar sus hojas, de manera que durante las sequías, su evaporación - transpiración se reduce radicalmente. Cuando no llueve y los demás árboles se ponen amarillos y secos, el eucalipto se mantiene verde y alegre. Y no porque tenga enormes reservas de agua hurtadas a sus vecinos vegetales, sino porque cierra los estomas de sus hojas - que vienen a ser como los poros de la piel humana - y no deja escapar por ellos el agua. Los eucalipto s no "sudan".

Como prueba de que el eucalipto chupa mucha agua, sus enemigos señalan que este árbol se utiliza para desecar pantanos. Según y depende. El eucalipto tiene ciertamente raíces poderosas y profundas para soportar la enorme carga de su gigantesca estatura - unos 40 metros promedio -. Sus raíces raramente superan los 20 metros de profundidad, pero tienen una característica muy especial: son pivotantes. Crecen girando hacia abajo, perforando la tierra como un sacacorchos.

Pero esto no es siempre malo. Entre los varios cientos de variedades de eucalipto s, hay algunos cuyas raíces son especialmente fuertes, capaces de perforar poco a poco rocas muy duras. Incluso las de esa capa de roca impermeable que en algunos lugares no deja pasar el agua de lluvia hacia el subsuelo. Si logran perforarla, poco a poco el agua superficial escurre hacia el subsuelo por las grietas abiertas por las raíces y reaparecerá en algún otro lugar en forma de manantial o pozo. El eucalipto no se "bebe" el pantano, sino que "desatasca" sus desagües. Desde hace muchas décadas hay eucalipto s sembrados en zonas pantanosas y sus aguas permanecen en el mismo sitio.

Más leyenda negra: arruina el suelo

Otra de las acusaciones que se hacen al eucalipto es que agota los suelos. Esta es otra verdad a-medias-mentira- completa que rodea al eucalipto y que tiene que ver con la falta de cultura forestal que impera todavía en casi todo el mundo. El eucalipto es un cultivo de explotación económica, no un adorno en el paisaje. Todas las especies extraen nutrientes del suelo y si éstas se siembran y se cosechan, el suelo se va empobreciendo. Esto ocurre con los bosques y con los maizales. La diferencia consiste en que los maizales reciben alguna forma de abono.

La desgracia del eucalipto es que cuando se siembra en formación cerrada tiene la apariencia de un bosque y no todo el mundo entiende que un bosque también necesita alimentarse. Pero el eucalipto economiza al máximo los nutrientes que necesita para su desarrollo, porque retoña. Cuando lo talan para cosecharlo, el eucalipto produce nuevos brotes, varios, entre los cuales el dueño de la plantación tendrá que escoger el más adecuado para sus fines y cortar los demás. Esta selección se hace generalmente dos años después de la tala, y significa para el dueño de la plantación un interesante ingreso por leña o madera para estacas.

El tallo escogido vuelve a crecer y en un período de tiempo que oscila entre los 5 y los 25 años -dependiendo del uso que se le quiera dar - está listo nuevamente para la cosecha. Por lo tanto, el eucalipto "ahorra" a la tierra todos los nutrientes que necesitó el árbol para producir el complejo sistema radicular y el tocón del tronco que no se corta. Y se puede extraer madera del mismo tocón hasta por 100 años, sin necesidad de reforestar de nuevo.

Las raíces del eucalipto penetran muy profundamente en la tierra y por eso absorben nutrientes a los que no llega ninguna otra especie. Así, este árbol no entra en competencia con otras plantas. Esos nutrientes que están en lo más hondo de la tierra no benefician a ninguna especie. Pero el eucalipto tiene la capacidad de traerlos a la superficie para transformarlos, entre otras cosas, en sus propias hojas. Marchitas, caerán al suelo y lo fertilizarán.

Leña en el propio patio

Pese a que el eucalipto es una especie de reciente aprovechamiento masivo - sólo 100 años, frente al roble, la haya o la caoba, de larga tradición -, son muchas las utilidades que ya se le conocen. La primera y más inmediata, el producir buena leña. Esta opción es muy importante en un país como Nicaragua, donde se calcula que más del 55% de la energía que se consume procede de la combustión de la madera, lo que supone alrededor de un millón de toneladas métricas de leña al año. Hasta ahora, ese cúmulo salía de los bosques naturales, cada día más maltrechos y reducidos. Los bosques de eucalipto pueden ir supliendo paulatinamente la leña de los bosques naturales.

"Los eucalipto s realizarán una tarea de protección del bosque natural", afirma Ben Chang, asesor principal de la Misión de la FAO que, con financiamiento holandés, se ocupa de la repoblación con eucalipto s. Muchas son ya las familias campesinas nicaragüenses que siembran eucalipto s con fines leñeros. Los siembran cerca de la casa, donde los puedan vigilar fácilmente. Porque la repoblación con eucalipto s no tiene que hacerse en algún recóndito lugar tierra adentro, sino en el propio patio.

Papel, vigas, postes, cajas

También sirve el eucalipto para la construcción. Su tronco, recto y largo, es una viga natural. Es poste para cercas o es un durmiente de ferrocarril - suponiendo que en Nicaragua vuelva a haber trenes -. Es poste de telégrafo y teléfono. Sirve también en minería y para madera de cajas de embalaje, sobre todo para los productos no tradicionales de exportación.

Naturalmente, también puede usarse para la fabricación de muebles, aunque teniendo en cuenta que el árbol crece tanto, tan de prisa y es tan delgado, que en su interior se generan grandes tensiones, que no importan mientras el árbol está vivo, pero si se tala, esas tensiones se pueden manifestar en rajaduras que estropean los muebles y los hacen inservibles. Si se quieren hacer muebles con madera de eucalipto , es necesario dar tiempo al árbol para que se asiente y consolide. Esto significa esperar a que cumpla unos 25 años. Mucho tiempo, aunque menos que el que demandan otras especies maderables.

"El gran problema del eucalipto en Nicaragua es que todavía hay poca producción - afirma Chang -. Si hubiese una oferta de 20 mil toneladas al año, se podría instalar una fábrica de pulpa para papel o de tableros de conglomerado, de marcos, molduras o parquet, productos que tienen todos una gran demanda internacional y muy buenos precios. Eso daría trabajo a muchos nicaragüenses y generaría riqueza".

En farmacia y en perfumería

Muchas otras cosas se pueden hacer con el eucalipto . Los árboles florecen con multitud de flores de un aroma muy especial, que atraen a las abejas productoras de miel. El eucalipto poliniza casi exclusivamente por medio de insectos y la miel de eucalipto tiene un sabor característico, de gran demanda y buen precio en el mercado internacional.

En Nicaragua y en todo el mundo se utilizan las hojas de eucalipto para curar catarros, aunque son pocos los que saben que también curan la diabetes. Siete hojas de eucalipto se hierven en un litro de agua y el líquido se bebe repartido en tres tomas: desayuno, almuerzo y cena. En un tiempo prudencial, la incurable diabetes se cura.

Si hubiese suficiente producción de eucalipto s, se podría instalar en Nicaragua una planta procesadora para extraer de las hojas los aceites esenciales que contienen y que son los que tienen efectos medicinales, para su uso en la industria farmacéutica y en la de perfumería.
En países con amplia infraestructura industrial, el eucalipto se transforma también en carbón vegetal para la elaboración de acero y cemento.

Las cortinas rompevientos

El eucalipto llegó a Nicaragua hace unos 50 años, pero no llamó mucho la atención. Fue durante la década de los 80 que alcanzó popularidad, al emplearlo masivamente para formar cortinas rompevientos que controlaran la erosión que causa el viento en las peladas llanuras algodoneras de Occidente.

Al chocar el viento con estas barreras de árboles - de varios kilómetros de largo - pierden fuerza y no levantan capas de tierra fértil ni dañan los cultivos. Las cortinas lograron que las ciudades de León y Chinandega, cuyas poblaciones sufrían de graves afecciones respiratorias desde la introducción del algodón, viesen descender drásticamente estos males. Diferentes científicos del mundo vinieron en aquellos años a Nicaragua a estudiar esta utilidad del eucalipto para aprovechar la experiencia en otros lugares del planeta.

Al caer el precio del algodón, los trabajadores y campesinos desempleados en los algodonales volvieron su mirada hacia las cortinas rompevientos machete en mano, y encontraron en los eucalipto s, convertidos en leña y comercializados, una alternativa de subsistencia. "Los eucalipto s salvaguardaron así el poco bosque nativo que iba quedando en estos lugares -señala Chang -. ¿Por qué no continuar de manera organizada y sembrar bosques enteros para leña? O para otras cosas. La madera es un producto cuyo precio nunca ha caído en los mercados internacionales".

Los mataron los zompopos

Peter Devereux es un ecólogo australiano que trabaja en Nicaragua desde 1988, en la Fundación Augusto César Sandino (FACS). Cuando llegó por estas tierras le sorprendió mucho la enorme desconfianza que el eucalipto provocaba entre los nicaragüenses preocupados por la Naturaleza y su conservación. Una preocupación sólo comparable a la que provoca en Australia nuestro amado y respetado pino, que allí es una especie exótica y "sospechosa". Esta realidad le obligó a reflexionar y algunas experiencias que hizo le llevaron a ciertas conclusiones. "Soy un enamorado del eucalipto - afirma -, pero considero que, en la medida de lo posible, es mejor reforestar con especies nativas".

Y relata un suceso que vivió. Participaba en la reforestación de una gran extensión de Pueblo Nuevo, en el norteño departamento de Estelí, con eucalipto s y con una especie nativa, el mandagual (Casealpinia velutina), también de crecimiento rápido. Un tiempo después, los eucalipto s habían muerto todos, devorados por los zompopos - hormigas que cultivan hongos sobre detritus de vegetales en la profundidad de sus hormigueros -. Entretanto, los mandaguales crecían alegres, rodeados de los mismos zompopos.

Hay un explicación muy sencilla para este fenómeno. Durante miles de años, el mandagual ha desarrollado en nuestras tierras las defensas contra los zompopos, mientras que el eucalipto no tuvo necesidad de ellas en su ambiente natural de Australia. Al venir a suelos nuevos para ellos, los zompopos los mataron.

Donde ya no crece nada

Sin duda, lo ideal es reforestar con especies nativas, preferiblemente de la misma comarca, y que tengan un rendimiento económico rápido y suficiente para que sean alternativa para la población. Pero hay muchos lugares de Nicaragua y de otros países urgidos de alivio económico, cuyo bosque natural hace ya mucho tiempo que desapareció. Son esas amplísimas zonas las que podrían ser reforestadas con eucalipto s, siempre que las condiciones sean adecuadas a este cultivo. En eucalipto es un árbol, una creación de la Naturaleza, un ser vivo. Y todo lo que tiene vida es bueno, aunque puede ser mal utilizado por el ser humano. Pero eso no es culpa del eucalipto .

En muchos lugares se han arrasado bosques nativos para sembrar eucalipto s y este error ha provocado en parte la mala prensa que este árbol tiene actualmente entre los ambientalistas. Sin duda, arrasar bosques para sembrar eucalipto s es antiecológico. Pero en terrenos donde ya no crece nada y donde el eucalipto es el único que puede crecer, ¿por qué no utilizar este recurso que la Naturaleza nos ofrece?


7. LOS MIL Y UN USOS DEL MILENARIO BAMBÚ


Con él se construye una casa entera: tejas, paredes, cañerías y puertas. Con él se fabrican muebles, telas y papel. También se come y es sabroso. Y se vende bien. Produce la mejor madera al menor costo ambiental. Hay mil y una razones para que en Nicaragua se extienda el milenario bambú.

Cada día aumenta en el mundo la demanda de madera para la construcción y para la fabricación de celulosa, papel, resinas, carbón vegetal y mil otros productos. Tanta es la demanda que los bosques han perdido su capacidad de regenerarse por ellos mismos y en los escasos países donde existe una efectiva política de reforestación tampoco son muchas las esperanzas. La batalla parece perdida para los árboles. Para resolver un problema tan grave - que también afecta a la especie humana - sería necesario encontrar un sustituto de la madera, que pueda utilizarse masivamente sin causar daños al medio ambiente. Este material existe, es conocido y usado por la humanidad desde hace miles de años. Es el bambú .

Conocido y usado desde hace 6 mil años

A pesar de que, por su tamaño y aspecto, los bambú es parecen árboles, no lo son. Son hierbas. Son monte que crece de prisa y espontáneamente, sin cultivo, silvestre, como crece la hierba. Se diferencia de la mayoría de las hierbas por su tamaño y por su tiempo de vida. Un bambú puede alcanzar 30 metros de altura y 45 y hasta 60 centímetros de diámetro. Y puede vivir muchos años, hasta más de un siglo. Por lo demás, su forma de nacer, de crecer y de vivir es igual a la de cualquier gramínea. Y, como las gramíneas, muere cuando florece y fructifica. Exactamente igual que el arroz, el trigo, la cebada o nuestro sagrado maíz.

Cuando se habla de bambú , la primera imagen que nos viene a la mente es la de un bosque tropical en el que se mueven animales feroces y seres humanos que soportan el calor ligeros de ropa. Pero hay variedades de bambú nativas de zonas tan frías que pueden permanecer varios meses al año bajo la nieve, como ocurre con los bambú es del norte de Japón o con los que crecen en los Andes, a 4 mil metros sobre el nivel del mar.

El bambú es una planta nativa de todos los continentes, excepto de Europa, donde no sólo no hay bambuzales, sino que algunos intentos realizados para aclimatar esta planta han terminado en éxitos muy dudosos o en fracasos. En Asia fue donde empezó a utilizarse el bambú , hace más de 6 mil años. Desde entonces, los asiáticos experimentan usos y posibilidades, calculándose que han encontrado más de mil 500 aplicaciones: alimentación humana y animal, construcción, mobiliario, vestido, medicina, diferentes ramas de la industria y hasta aeronáutica.

Pese a que Oceanía es un continente que ha tenido su propia evolución, con características diferentes a las de las otras masas continentales, cuenta con extensos bosques de bambú . Africa también produce bambú nativo. En América, los bambuzales se extienden desde el sur de los Estados Unidos hasta el Norte de la Argentina.

Al florecer todo el bambuzal muere

Aunque el ser humano ha utilizado el bambú desde hace milenios, ignora aún mucho sobre esta planta, que ha logrado esconder mucho de su intimidad a las miradas de observadores y científicos. Por ejemplo, no se sabe con certeza cuántos son los géneros y especies de bambú que existen en el mundo, calculándose que hay más de 50 géneros y entre 600 y mil 200 especies. Y es que para definir con precisión el género y la especie de un vegetal, son datos imprescindibles las características de la flor y del fruto. Y el bambú puede estar hasta más de un siglo sin florecer y por lo tanto, sin dar fruto. Son muchos los que viven toda una larga vida en un paisaje de bambú es y mueren sin verle una floración.

Tal vez es mejor así porque, como gramínea que es, cuando el bambú florece y fructifica, muere. Muere todo el bambuzal aunque tenga muchos kilómetros de extensión. Porque, aunque entre los dos extremos del bosque de bambú es haya 200 o más kilómetros de distancia, todo él es una sola planta y cuando se seca, se seca todo de una vez. En Asia, la floración del bambú es considerada como señal de desgracias prolongadas y de hambruna. No les falta razón: después de que florece y muere, el bambuzal necesita unos 10 ó 12 años para regenerarse y esos años son sumamente difíciles para las poblaciones que viven en, de y con el bambú .

No se siembra por semillas

El bambú no se reproduce ni fácil ni frecuentemente por semillas, pues raramente las produce, sino por rizomas subterráneos. Las raíces del bambú se extienden ampliamente bajo tierra, llenas de yemas que, a su debido tiempo, desarrollan una nueva vara de bambú . Dependiendo de las especies, las raíces son gruesas y cortas - lo que obliga a que las varas crezcan agrupadas, en formaciones muy comprimidas, en "macolla" - o son largas y delgadas y avanzan bajo tierra a grandes distancias. Esto es importante a la hora de definir qué tipo de bambú es el más adecuado para cada uso.

Desde tiempo inmemorial, las diferentes culturas que han vivido del bambú han aprendido a cultivarlo. La siembra no es difícil y es similar en todas las especies. Se corta una vara de bambú joven de un metro o metro y medio de largo que tenga en alguno de sus nudos una yema y se siembra bajo tierra, inclinada, de tal manera que un extremo asome en la superficie mientras el otro se hunde en la tierra. Conviene sembrarlo con las primeras lluvias y regarlo abundantemente hasta que esté bien enraizado. Cuando el nuevo brote de bambú asoma en la tierra, ya trae todo su calibre. Nunca se engrosará más. Por esto, es fácil saber qué destino se dará a cada vara con bastante tiempo de anticipación, aunque aún tengan que pasar algunos años para que esté listo para su uso.

Récord mundial: más de un metro en un día

En toda la Naturaleza, el bambú es la planta que más rápidamente crece. Un brote crece un prometido de entre 8-15 centímetros diarios en su ambiente natural. En cultivos experimentales y en condiciones óptimas puede crecer más de un metro en un día. Ninguna otra especie - aun otras hierbas - es capaz de batir ese récord.

A esa velocidad, el brote alcanza su máxima altura en unos 3 meses como promedio. A partir de ese momento, el tallo comienza su prolongado proceso de maduración, que dura entre 3 y 6 años, dependiendo de las especies y del uso que se le quiera dar. Durante ese tiempo, el tallo - que inicialmente es relativamente blando - sufre una transformación en su estructura, que se conoce como lignificación: la hierba se transforma en leña, en madera.

Hay que cortarlo al ponerse el sol

A los 6 años aproximadamente, el bambú alcanza su máxima dureza y es el momento de cosecharlo porque el bambú comienza entonces un rápido proceso de envejecimiento que podría afectar la buena salud del bambuzal y su misma existencia, al provocar su floración y en consecuencia su muerte. Una vez que ha arraigado, el bambú requiere en general de muy pocos cuidados. Pero en la cosecha es necesario prodigárselos en abundancia si se quieren obtener varas sanas y bien adecuadas a los distintos usos y si se pretende preservar la salud de todo el bosque de bambú .

Debido al sistema de crecimiento del bambú , los tallos maduros y aptos para el corte se encuentran bambuzal adentro. Los corteros tienen que adentrarse entre los firmes y larguísimos troncos para realizar una cosecha selectiva, cortando solamente los troncos maduros. Un cortero con alguna experiencia reconoce fácilmente el tronco que ya está a punto por la cantidad, consistencia y forma de las hojas y ramas. Al contrario de lo que ocurre en los árboles - que se ramifican y tupen cuanto más años tienen - los bambú es se van quedando pelones con los años.

Una mezcla de costumbres, superstición o misterio - que la ciencia no ha podido discutir por falta de elementos - aconseja que los bambú es que se van a utilizar en construcción y mobiliario se corten tres o cuatro días después de la luna llena. Recomienda también que se corten al final de la tarde, unas horas después de que el sol haya cruzado el cénit, cuando la savia ha comenzado su regreso a las raíces.

Cien años garantizados de buena madera

Las características de la madera de bambú exigen cortarla a unos 30-50 centímetros del suelo y con motosierra de dientes finos o con un machete muy filoso para evitar que se astille. Si la madera se va a usar en carpintería o construcción, se recomienda dejarlo curar en la mata durante una semana, un poco inclinado y apoyado en una piedra para que no lo ataquen las hormigas.

El tallo de bambú es muy ligero y por eso es relativamente fácil sacar los troncos cortados de la profundidad del bosque. Bastan dos o tres hombres para los tallos de las especies más gruesas y con una sola si se trata de otras variedades. Nunca hacen falta pesadas grúas ni tractores, que al penetrar el bosque maltratan la vida vegetal más pequeña y hasta a algún aventurado rizoma, encargado de extender más el bambuzal. Tampoco son necesarias enormes inversiones en caminos de penetración, que sólo servirían para dañar las raíces. Esto facilita y abarata la extracción de tan valiosa madera. Si se cosecha debidamente, el bambú puede producir nuevos tallos cada año, sin necesidad de reforestación, y sin que el bosque se agote, pudiendo estar todo un siglo en extracción constante.

El bambú también se come

Uno de los grandes desafíos en el cultivo del bambú es mantener al ganado a respetuosa distancia de sus hojas. Las vacas, cabras y ovejas tienen en las cortezas y ramas del bambú un muy apetecido pasto, con elevadas concentraciones de proteínas. Pero la entrada descontrolada de animales en el bambuzal puede dañarlo. En los países con larga tradición de cultivo y aprovechamiento del bambú , los ganaderos podan las hojas sin dañar los tallos y las usan como forraje para el ganado.

También el ser humano puede alimentarse con el bambú . Los cogollos - tallos todavía pequeños pero que ya emergen del suelo - sirven para la alimentación. Como con los espárragos, es preciso cubrir los cogollos con tierra, porque si no, se ponen fibrosos y pierden calidad. Cuando el cogollo asoma a la superficie, hay que esperar 10-15 días y al alcanzar una altura de unos 30 centímetros ya puede cortarse. Se hierven largo rato, como los frijoles. Saben tan sabrosos como las papas y son mucho más nutritivos. La demanda internacional de cogollos de bambú en conserva está en alza, a la misma velocidad con que el Japón y los "tigres de Asia" se imponen en la economía mundial, lo que augura buen futuro a este producto no tradicional.

Medicinas, telas, carbón, papel, madera...

Son muchas las aplicaciones del bambú . El elegante rayón, tan de moda en los últimos tiempos para audaces vestidos de gran caída, está hecho con fibras de bambú . Durante la II Guerra Mundial, se experimentó con éxito el uso de paneles tejidos de bambú en la construcción aeronáutica. Del bambú se obtienen componentes que se utilizan en cosmética para mantener hermoso el cabello y la piel. La industria farmacéutica ha comprobado que ciertas sustancias que se obtienen del bambú poseen efectos anticancerígenos. El carbón obtenido del bambú tiene mayores ventajas que cualquier otro carbón para la fabricación de baterías eléctricas. Y como dato curioso, hay que recordar que Edison utilizó filamentos carbonizados de bambú en sus experimentos para descubrir la lámpara incandescente.

Mil y un usos tiene el bambú . Hay uno especialmente trascendental: la fabricación de papel. Cada año se sacrifican miles de hectáreas de bosque para utilizar los troncos de miles y miles de árboles en la producción de papel. Frecuentemente, esos bosques no se reponen jamás. A veces, porque es imposible: el ser humano no logra imitar la complejidad y variedad de un bosque natural. Otras veces, los criterios cortoplacistas de las empresas explotadora-expoliadoras del bosque no incluyen la inversión en reforestación. En otras ocasiones, se prefiere destinar las tierras de bosque arrasado a fines teóricamente mas rentables; ganadería extensiva o agricultura de frontera. Y así, el planeta se desertiza.

El bambú es una alternativa. Sobre el bosque, el bambuzal tiene la ventaja de que puede ser manejado durante períodos ilimitados de tiempo sin muchas dificultades. Y además, la fibra de bambú es mejor que la mejor fibra de madera para fabricar papel. La utilidad de una fibra se calcula en función de su relación largo-ancho. Cuanto más larga y más estrecha sea la fibra, mejor papel produce. La fibra de bambú resulta ser mucho más apropiada que cualquier otra. Para saber cuánto bambú hace falta para producir papel, existen ya cálculos bastante precisos: una hectárea de bambuzal produce aproximadamente una tonelada de pulpa de papel.

Casas elegantes, baratas y a prueba de todo

Una vez más, Hollywood tiene la culpa. Las únicas viviendas construidas con bambú que conocíamos en muchos lados del mundo eran las miserables chozas en que habitaban los negros de las películas de Tarzán. El león las destrozaba de un zarpazo o un viento fuerte las deshacía.

Fue necesaria la irrupción de las películas de artes marciales protagonizadas por los orientales para que pudiésemos admirar las elegantes mansiones de tres pisos construidas de puro bambú , donde viven los más ricos en aquellos países de poderosas economías. La vivienda de bambú , que en América es considerada como una manifestación de miseria rayana en la indigencia, es considerada en los países de Asia como una señal de opulencia.

El bambú tiene múltiples usos en la construcción, desde las vigas y las paredes exteriores, hasta los tabiques interiores, las cañerías y las tejas. Todo puede construirse con bambú . Las paredes internas, de bambú trenzado. Las paredes exteriores, de los troncos más gruesos. Las cañerías, de los más finos. Las tejas, de troncos de bambú partidos por la mitad. Para darle mayor consistencia, el bambú se puede repellar y la apariencia será la de cualquier vivienda levantada con materiales convencionales.

El bambú tiene algunas ventajas. Su flexibilidad lo hace antisísmico. Ya hay experiencias. En Costa Rica, durante el terremoto en Puerto Limón de 1991, las únicas viviendas que resistieron fueron las construidas con bambú . Hasta ese momento, los costarricenses miraban con desconfianza las viviendas de bambú , pero a partir de ese momento, el interés por ellas se incrementó significativamente.

Otra ventaja más: las viviendas de bambú aíslan del frío, del calor y del ruido por las cámaras de aire que forman los troncos de bambú . Los bambú es también se utilizan para hacer paneles prefabricados, que resultan más resistentes, flexibles y livianos que los convencionales. En zonas sísmicas son muy aconsejables porque es muy difícil que una vivienda llegue a desplomarse por fuerte que sea el terremoto y porque si esto llegase a ocurrir, la ligereza del material evitará las pérdidas humanas.

Y una ventaja decisiva: su costo. La construcción convencional, para alcanzar un aspecto presentable, requiere de una inversión que oscila entre los 250-350 dólares por cada metro cuadrado construido. Para alcanzar el mismo buen aspecto, el bambú sólo requiere entre 75-100 dólares por metro cuadrado.

Visionarios nicas confiaron en el bambú

En Nicaragua, el bambú tiene mala prensa. La vivienda de caña o de bambú está bien para ranchito de la indiada, pero nadie "decente" se aventuraría a vivir en "eso". Cuando en los primeros años de la revolución, el gobierno sandinista decidió financiar viviendas para los habitantes de Monimbó, barrio indígena de Masaya, donde históricamente se construyó con caña, lo primero que exigieron los monimboseños fue que las nuevas casas no fuesen de bambú . Sólo aceptaban viviendas de concreto.

Fue tanta la oposición y la resistencia al bambú que hizo el pueblo nicaragüense, que algunas exitosas investigaciones que estaba desarrollando el Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos tuvieron que ser interrumpidas y luego fueron olvidadas. Sólo un visionario expulsado de todas partes por su capacidad de pensar con su propia cabeza, continuó trabajando con el bambú en una finca que era un territorio libre de prejuicios, en Matagalpa: Alan Bolt.

Alan Bolt y sus locos compañeros del grupo de Teatro Nixtayolero sembraron bambú , compraron bambú , experimentaron con bambú , construyeron con bambú y afrontaron con energía las burlas de quienes se oponían al bambú por "saberlo todo". Cuando Alan tuvo una oportunidad de desarrollo profesional en Chile y viajó a este país, el bambú quedó en manos de la Asociación para la Promoción del Bambú y Materiales Locales, integrada por varios ex-compañeros de Alan. Entre ellos, Iván Castellón, un hombre largo y delgado como una vara de bambú y enamorado de esta planta.

Una historia de sobresaltos y esfuerzos

La vida de la Asociación ha sido difícil y sobresaltada. Encontraron ubicación en Catarina, donde intentaron demostrar las excelencias del bambú para la construcción. Contaron con el apoyo de la alcaldesa. En 1990 construyeron en la plaza principal del pueblo un kiosko de bebidas, con una zona cubierta para protegerse del sol y la lluvia, hecho todo con bambú . Plantearon la posibilidad de desarrollar construcciones de bambú en todo el parque, con juegos infantiles, áreas de descanso y otros detalles, queriendo hacer del lugar un espacio encantador.

Desde el primer momento, un concejal se opuso al proyecto. "Les doy seis meses para que todo ese caramanchel se les venga abajo", repetía. Y a los seis meses, como seguía en pie, renovaba el plazo. Pasaron cuatro años y el kiosko no se vino abajo. Pero, cuando por esas cosas de la política el concejal llegó a alcalde, su primer acto de gobierno fue arrasar el kiosko para sustituirlo con una barraca de ripios de hojalata, por razones de "progreso". Entre tanto, las espaciosa casa sede de la Asociación, con varios niveles, escaleras, ventanas, bodegas y demás, se mantiene en pie, construida entera con bambú , incluyendo todo el mobiliario, de elegante diseño. "Toda una casa y todos sus enseres pueden estar hechos de puro bambú - afirma Iván Castellón -. Toda la vivienda, los muebles, los platos, las cucharas, hasta los cuchillos y los picheles. Todo. Unicamente porras y pailas y lo que tiene que estar en contacto directo con el fuego tendría que ser de metal. Lo demás podría ser de bambú y a mejores precios".

Nicaragua necesita del bambú

Según cálculos conservadores, en Nicaragua existe un déficit de medio millón de viviendas, lo que significa que dos millones y medio de nicaragüenses, más de la mitad de la población, viven hacinados o en casa ajena. Para construir todas las muchas viviendas que se necesitan sería prácticamente inevitable arrasar con los bosques que todavía nos quedan. O utilizar bambú .

El bambú no es un desconocido en el país. Cuando las transnacionales del banano llegaron al país, ya sabían que los terrenos donde se extendían determinado tipo de bambuzales eran aptos para el cultivo del banano. Y no vacilaron en arrasarlos para sembrarlos de bananos. Les resultó difícil, porque los bambuzales son difíciles de eliminar. Ni siquiera el fuego acaba con ellos. Una quema puede significar, simplemente, nuevos retoños en cuanto llegan las lluvias.

Todavía quedan enormes extensiones de bambú en Chinandega y existen comunidades enteras que viven de él, pero con tan escasa tecnología que no les ayuda a salir de su pobreza. "En Nicaragua, el bambú se ve como señal de pobreza o de exotismo. Es necesario cambiar esa mentalidad, porque para Nicaragua y para muchos otros países, el bambú puede ser una solución a muchos problemas", afirma Castellón. Con este criterio, la Asociación ha organizado ya varios cursos para capacitar a artesanos en el manejo y el trabajo del bambú . Castellón cree que el bambú debería ser sembrado masivamente, sobre todo en lugares como Carazo, donde recientemente se han secado varios ríos por el caótico manejo de los bosques. Hay algunas variedades de bambú que atraen la lluvia y enriquecen la capa freática.

Hiroshima: la persistencia del bambú

Cuando se desvanecieron los vapores contaminantes en Hiroshima, después de la explosión de la bomba atómica, las brigadas que se aventuraron hacia el epicentro sólo encontraron muerte, desolación. Todo había sido arrasado, nada quedaba, pero en medio del cráter asomaba erguida, como un símbolo de esperanza, una vara de bambú . Totalmente quemada, muerta, pero de pie, firme.

El bambú es un vegetal extraordinariamente resistente. Nicaragua tiene un potencial casi ilimitado para su cultivo, pues el bambú gusta de suelos inclinados. Las laderas desnudas de las montañas despaladas bien podrían convertirse en bambuzales para resolver algunos de los muchos grandes problemas que tiene el país, como el de la vivienda. ¿Qué impide hacerlo?.

Es necesaria una política de promoción del bambú y amplia información sobre sus posibilidades, sobre la cantidad y calidad de soluciones que puede aportar a la vida cotidiana del país. Para que se generalice su uso. Nada impide hacerlo. Tal vez sólo arraigados prejuicios culturales. Esperamos que tengan raíces menos persistentes que las del milenario bambú .

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