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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 267 | Junio 2004
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Panamá

“Con Torrijos será más de lo mismo”

En la mitología griega, Adonis fue un muchacho tan bello, tan atractivo y tan seguro de su hermosa apariencia que las mismas diosas se lo disputaban. “Adonismo”: ésta es la enfermedad que el prestigioso profesor Juan Jované diagnostica entre los políticos panameños. Identifica también las limitaciones con las que llega Martín Torrijos al poder.

William Grigsby

Es un vehemente defensor de la unidad popular construida sobre la base de relaciones horizontales y sin protagonismos, apasionado de la filosofía de la no violencia de Gandhi y un comunicador excepcional. Es también uno de los más destacados economistas centroamericanos, feroz crítico del neoliberalismo y potente portavoz del otro mundo posible. Su honradez, su dignidad y su honor, son las tres cualidades personales sobre las cuales ha edificado una personalidad que tiene la cualidad de unir y generar consenso. A sus 58 años, Juan Jované es también una síntesis del señorío y la nobleza del pueblo panameño.

El profesor Jované, como todos le conocen, ha participado intensamente en todos los procesos importantes que ha vivido Panamá desde hace 30 años: desde formar parte del equipo de asesores económicos del General Omar Torrijos, hasta dirigir la Caja del Seguro Social. Catedrático universitario por vocación, también fue parte del equipo de economistas que rodeaba a Henry Ruiz, el comandante Modesto, durante el gobierno revolucionario de los años 80 en Nicaragua. Ni él ni nadie pudo convencer a los sandinistas de que para edificar una economía al servicio de la nación y de la gente, no era suficiente la voluntad política ni se podía hacer esto con proyectos faraónicos o ensayando los caprichos de los dirigentes.

Para conocer a Juan, hace falta también conocer a su compañera, confidente, amiga, asesora y crítica, Margarita del Pilar González, o Pilar Jované, como todos la conocemos. Una experta en organización y dirección del trabajo, Pilar también trabajó en los primeros años de la Revolución Sandinista y ayudó a construir el nuevo Estado nicaragüense. Padres de dos hijos, Miguel y Juan Antonio -hoy dos brillantes profesionales-, Juan y Pilar han sabido mantenerse a la izquierda, implicarse a fondo en las luchas populares, sin hipotecarse con militancias en partidos mezquinos y con frecuencia apóstatas.

UNA BRILLANTE PÁGINA EN LAS LUCHAS PANAMEÑAS

Entre mayo y octubre del año 2003, el profesor Jované protagonizó una de las mas brillantes páginas de la lucha popular en Panamá. En septiembre, la Presidenta Mireya Moscoso lo destituyó de su puesto de director de la Caja del Seguro Social (CSS), furiosa porque además de oponerse a su privatización y de plantear una fórmula nacional para resolver la crisis de la institución, se negó a obedecer dos de sus caprichos: nombrar a una sobrina en un cargo clave y dejarla tomar 500 millones de dólares de los fondos de la Caja para financiar ilegalmente la campaña electoral oficialista.

Su gestión transparente a lo largo de cuatro años, durante los cuales trabajó estrechamente con los trabajadores, médicos y enfermeras de la CSS, y con los sindicatos y gremios del país, fue premiada con el cariño de la gente: más de 10 mil panameños se manifestaron espontáneamente por las calles de Panamá el 12 de septiembre de 2003, protagonizando la más grande protesta nacional desde la invasión norteamericana, para exigir la restitución de Jované como director del Seguro Social.

Moscoso no cedió. Muchos analistas consideran que con su decisión, la Presidenta sepultó las posibilidades electorales de su partido panameñista y el 2 de mayo, el partido oficial recibió una humillante derrota. En cambio, el profesor Jované tiene ahora que invertir tres veces más de tiempo cada vez que hace una visita al supermercado: todos quieren saludarle, conversar y preguntarle su opinión sobre cualquier tema de la vida nacional.

A Jované le repugnan los protagonismos de las vedettes de la izquierda, de ésos que se autonombran vanguardias y líderes, pero que por su intolerancia y sectarismo son émulos de los patrones. Este año, trabajó duramente para ayudar a construir un Frente Amplio Popular. Los “adonis” -como les llama- no lo han permitido. Para el Primero de Mayo, en lugar de un único acto en homenaje a los trabajadores, hubo dos. A ninguno fue el profesor, en protesta por la división.

Sentado en una de las cuatro sillas abuelitas -las mismas que Pilar compró hace 20 años, cuando vivían en Nicaragua- en una sencilla terraza de su casa en la capital panameña, el verbo del profesor Juan Jované transita del torrijismo al futuro de la humanidad. Más allá de la realidad panameña después de las elecciones, sus conclusiones arropan con validez la realidad de los pueblos centroamericanos.

“NO SON ELECCIONES POLÍTICAS, SE ELIGE UN ADMINISTRADOR”

Pregunta: Martín Torrijos ha sido electo presidente de Panamá. ¿Cambia esto de alguna manera lo que hoy ocurre en Panamá, podemos esperar un cambio para dentro de cuatro meses o simplemente veremos más de lo mismo?
Respuesta: Opino que será más de lo mismo. Por varias razones. En primer lugar, ninguno de los candidatos intentó en su momento presentar un proyecto nacional que fuera distinto a lo que ya se viene haciendo en este país desde la invasión hasta ahora. El gobierno de Guillermo Endara reactivó el proceso de los llamados ajustes estructurales.
Pasó la primera ley de privatización. Cambió el gobierno y apareció un gobierno del PRD, y lo que hizo fue consolidar lo que venía haciendo Endara. Ya no se trató de una ley general de privatización, sino que privatizó las compañías de teléfono y energía eléctrica. Intentó privatizar el agua, y no le salió bien. Propuso los primeros intentos de privatización de la Seguridad Social y tampoco le dio tiempo.

Apareció después otro gobierno, el de la señora Moscoso -era un cambio de partido, de vuelta al partido arnulfista-, con la promesa de que ya no se iba a hacer lo mismo. Pero, de hecho, sus cinco años marcan, en cosas muy claras, que se siguió profundizando la misma política. Por ejemplo, por primera vez en la historia del país apareció un decreto de gabinete permitiendo a empresarios privados empezar a tocar los fondos de la seguridad social. Hay un momento en que hay que optar entre la CSS y el Fondo Complementario, y ella opta por el Fondo. De hecho, ella inicia la institucionalización de esta política en el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Está claro: se trata del desenvolvimiento del mismo modelo. Y ahora, eso ya no va a cambiar. Se va seguir profundizando este mismo modelo. Por eso nosotros señalamos, en nuestra visión, que las elecciones no deberían llamarse políticas, sino de administrador. Porque no está en juego el estilo de política, que ya está definido. Y lo que hace cada uno de estos gobernantes es tratar de administrar ese estilo de política.

¿SE COMPRAN LOS VOTOS?

P: ¿Eso significa que la gente no tiene líderes propios o propuestas propias?
R: No diría que no hay propuestas propias. Creo que sí las hay. Por ejemplo, en el caso de la CSS, se avanzó y hay un documento completo. En un momento favorable de esta lucha, se logró que se sentaran todos los sectores (trabajadores, profesores, pensionados y jubilados, los gremios profesionales, los concejos comunitarios o concejos de barrio) y consiguieron hacer un documento completo de lo que piensan todos estos sectores que debe hacerse con la seguridad social.

Sin embargo, esto no se ha logrado en otros temas. Y es lo típico: hay tanto protagonismo y tanta fricción entre los sectores populares que han hecho difícil que esto cuaje como debería. Para que una cosa así tenga fuerza, tiene que cuajar en algún tipo de fuerza política, no necesariamente en un partido, sino en un frente muy amplio, en un movimiento muy amplio que permita no sólo resistir al neoliberalismo, sino ir más allá y plantear alternativas. Pero lastimosamente, eso no se ha llegado a dar en Panamá. Y mientras no se logre algo así, lo que vamos a tener es más de lo mismo. Aquí en Panamá decimos que las elecciones son como si uno escogiera si le gusta la Pepsi Cola o la Coca Cola. Puedes escoger la marca, pero el sabor y la gaseosa ya están seleccionadas.

P: ¿Significa que también la política ha sido privatizada, que también es una mercancía?
R: Creo que sí. Recientemente leí un trabajo interesante de Joseph Stiglitz, su último libro, donde él aborda si en Estados Unidos se compran o no votos. Obviamente, no se compran directamente, pero él dice: hay gente que da donaciones que se usan en los medios de comunicación y la gente se convence por los medios de comunicación que tienen que votar por un candidato. Y dice -y yo estoy de acuerdo- que aunque ésa no es una compra directa de votos, es poder económico que influye para obtener determinados resultados políticos. ¿No se acerca mucho eso a una compra de votos?
Lo que podemos decir en el caso de Panamá, es que ahora somos más refinados. Aquí la compra de votos se hacía antes quitándole a uno la cédula y dándole la papeleta de votación y hasta que no se aseguraran que votabas, no te pagaban por el voto. ¿Cuánto puede costar una campaña electoral? Son millones de dólares en los medios de comunicación, que son aportados por privados, que después van a tener influencia en los gobiernos. De ahí a comprar votos… Creo que el signo que mejor le queda a esta nueva realidad -y en eso estoy de acuerdo con Stiglitz- es un signo de igualdad con las realidades de antes.

“EL PRD HA RENUNCIADO A SU PASADO”

P: Martín Torrijos aparece como un heredero de las ideas progresistas de su padre. ¿El torrijismo continúa siendo un pensamiento político en la sociedad panameña?
R: De hecho, sí lo podría ser. ¿Lo es? Hay que ver esta alianza entre el Partido PRD y el Partido Popular, la alianza ganadora en estas elecciones. Si bien la estructura y la gran cantidad de votantes la pone el PRD, la forma ideológica, a mi juicio, la pone el Partido Popular, que no se diferencia para nada del partido de Aznar en España. Es tan neoliberal como el Partido Popular de Aznar. A mi juicio, en esa alianza, desde el punto de vista del conteo político, pareciera ser -y de hecho así lo es- que el Partido Popular se suma al PRD. Pero si lo vemos desde el punto de vista ideológico es al revés: es un PRD renunciando a eso que ellos entienden como un pasado populista y que puede ser peligroso andarlo aireando, y se meten detrás de un partido que en el fondo mantiene tesis neoliberales. Ésas son las tesis que van a prevalecer en el gobierno del PRD.

P: ¿No hay ningún beneficio de la duda? ¿Qué haya sido una táctica electoral, pero que una vez en el gobierno cambien las cosas?
R: Creo que no. Porque si quisieran hacer un cambio, si quisieran hacer algo distinto al neoliberalismo, creo que la campaña política hubiera sido el período de oro para concientizar a la gente de que hay que hacer un cambio en esa dirección y para preparar a sus militantes en esa dirección. Y la campaña política, la de todos los partidos, se caracterizó precisamente por no tocar estos temas.

P: ¿Acaso no ocurrió eso para no asustar al “papá” yanki?
R: Asustarlos antes o después es lo mismo. Creo que sería una mala política decirles cuando soy candidato:
“Yo no voy a decir que no voy a hacer política neoliberal” y después, el primer día que tomo posesión, decirles. “Yo no te firmo el Tratado de Libre Comercio”. Si actúo así, estoy en la peor condición porque no le anuncié eso a mi electorado y ahora lo estoy tratando de hacer. La gente va a estar desconcertada. No, no creo que haya sido una táctica electoral. Creo que hubo mucho cuidado. Lastimosamente, los ideólogos del PRD entienden que romper con el pasado implica hacerse potable para los norteamericanos y no crear fricciones. Y aspiran a no hacer nada que pueda parecerle mal a los organismos financieros internacionales. Sobre todo, nada que pueda parecerle mal a las empresas calificadoras, porque aquí en Panamá le tienen pánico a lo que éstas puedan decir. A nuestro juicio, lo que ha hecho el PRD es comprometerse a no tocar esos intereses. Estamos frente a una situación de continuismo. Además, en la campaña no hubo ninguna promesa. Nadie se podrá quejar de que le dijeron que iban a hacer algo distinto del neoliberalismo. Nadie les podría cuestionar eso, porque tampoco lo prometieron.

CÓMO SE EXPLICA EL MIEDO
DE LOS TRABAJADORES

P: Catorce años después de la invasión, ¿qué tanto ha cambiado Panamá?
R: Afortunadamente, se revirtió el Canal. Creo que ése es un hecho histórico que ahí está y es un éxito del General Torrijos, que tuvo la visión de que lograr eso era factible. Más allá de eso, creo que todos los otros cambios que se han dado no son necesariamente positivos para la población.

Aquí, como en todos los países, se dijo que privatizar sería positivo, pero cualquiera que vea su cuenta de teléfonos o de consumo de luz, sabrá que no es así. Aquí se dijo también que abrir la economía al exterior era lo más sano, y prácticamente desapareció la industria. En Panamá nos prometieron: como ustedes son buenos en finanzas, les irá bien en finanzas. Pero no nos fue bien en finanzas, porque cuando los bancos y las financieras panameñas entendieron que tenían que salir a competir, lo que hicieron fue compactarse y a esta altura probablemente hay menos empleados en el sector financiero que en 1998. Hablar de cosas relativas a veces esconde la realidad. Cuando se compara 1998 con hoy, el número de desempleados ha crecido en un 30 por ciento.

Además, se ha dado una situación de precarización del trabajo. Tengo una experiencia, que creo es interesante: cuando hacía inspecciones de la seguridad social en los comercios de la avenida central, los trabajadores tenían miedo de que los inscribieran en el Seguro Social, porque el trabajo estaba tan precarizado que si el funcionario de la CSS inscribía de oficio a un trabajador, al día siguiente lo botaban. Cuando en quince días volvía a inspeccionar, en ese puesto de trabajo estaba otra persona que tampoco estaba inscrita en la seguridad social. Me tocó ver a trabajadores de la construcción huyendo por un río para que cuando llegara la inspección no los inscribieran.

Hay que preguntarse: ¿por qué un trabajador no quiere que le den el derecho de salud y el derecho de riesgos profesionales? Su temor es que con la masa de desempleo que hay, si ellos se ponen a reclamar derechos, los botan. Era como un juego de gato y ratón. Porque había que hacer una nueva inspección y había otros trabajadores ahí y los volvían a botar... ¿A qué se debió esto? A que se cambió el Código del Trabajo, que le daba cierta estabilidad al trabajador y los patronos no podían actuar así. Pero como ahora el trabajador no es estable, si queda inscrito en el Seguro Social, se hace más costoso que uno que no lo está, y simplemente lo botan. Existe un fuerte proceso de precarización del trabajo en Panamá. En todo el comercio de la avenida central se hacen contratos por tres meses. Después, los rotan con otro grupo de gente. Y tres meses después los vuelven a rotar. Hay dos o tres grupos de trabajadores y cada uno trabaja tres meses. En esas circunstancias el trabajador no se atreve a protestar.

P: ¿Tampoco a sindicalizarse?
R: Mucho menos. Estas rotaciones tienen también una función antisindical. Si tú vas mezclando trabajadores que sólo trabajan juntos tres meses, ni siquiera se conocen lo suficiente para imaginarse poder tener un sindicato. Y todo camina en esa dirección.

“ESTE MODELO ATACA
A TODOS LOS TRABAJADORES”

Aquí el estado tiene un hospital -el San Miguel Arcángel- que en apariencia es público, pero que en realidad es privado. Cuando estaba en la CSS hicimos una inspección y encontramos que en ese hospital, que es propiedad del Estado, había 16 empresas privadas, de las cuales 12 ni siquiera tenían el número patronal. No estaban escondiendo a los trabajadores, sino que ni siquiera habían sacado el número patronal en la CSS para poder después inscribir a sus trabajadores, y la gran mayoría estaba contratada por servicios profesionales. Un trabajador contratado así no tiene ninguna estabilidad. Y no sólo eso. No tiene derecho a seguridad social, no tiene derecho a vacaciones, no tiene derecho a nada. ¿Qué tipo de trabajadores eran? En esas circunstancias trabajaban médicos, enfermeras, auxiliares de enfermería. Viendo eso, entiendes que este modelo no sólo ataca la condición de vida de los trabajadores menos calificados, sino las condiciones de vida de todos los trabajadores.

P: Sin embargo, cuando uno visita Panamá, uno observa una sustancial diferencia con países en la miseria como Nicaragua, en nivel de vida, en desarrollo comercial. El salario mínimo aquí es 260 dólares y en Nicaragua es menos de 50 dólares. En términos proporcionales, ¿Panamá está mejor que el resto de Centroamérica?
R: Yo no podría decir eso, porque esas cosas también pueden ser relativas. Aquí el salario mínimo puede ser 210-220 balboas, pero eso no alcanza ni para la canasta básica alimenticia. Hay quienes dicen que la canasta completa en Panamá -hay una gran discusión al respecto- podría estar entre 500-600 balboas para una familia de 4-5 personas. Al trabajador panameño su salario no le alcanza para vivir. Gana más pero también gasta más. El problema también es el tipo de empleo que se está creando. En este país el tipo de empleo que se crea no tiene ascenso, es sin salida. Si alguien trabaja como salonero, arriba no hay nada más y dentro de veinte años, seguirá siendo salonero. Ese tipo de empleo no es tampoco lo que puede resolver la situación de un país.

“EL CANAL NO FUNCIONA
COMO RIQUEZA PANAMEÑA”

P: México, Brasil, Venezuela, Ecuador tienen petróleo. Son países que pueden resolver su situación mejor que nosotros. Panamá tiene el Canal, pero no logra despegar. ¿Quién saca los réditos? ¿En dónde se concentra la riqueza?
R: Para comenzar, el Canal no funciona como riqueza propia. ¿Qué significa propiedad? Tiene varios significados: derecho de uso, de disfrute y de disposición. ¿Quién es realmente el dueño del Canal de Panamá? Porque si entre los elementos de la propiedad está no sólo el uso, sino el disfrute, significa que las rentas debían ser panameñas. Sin embargo, por Constitución y para no hacer lío con “los grandotes del barrio”, aquí se dejó establecido en la máxima legislación panameña que el Canal funciona sólo cubriendo costos.

La Autoridad del Canal no puede promover una tarifa del tránsito que implique un valor más allá del costo. Puede añadir un pequeño extra para, digamos, la ampliación del Canal, pero no puede maximizar sus ganancias. Esto significa que todo lo que sería el beneficio y la renta del Canal se convierten en un subsidio para los usuarios del Canal? ¿Y quiénes son los grandes usuarios? Estados Unidos, Japón y ahora China. Entonces, lo cierto es que con el Canal, con esta riqueza panameña, se está subsidiando en alguna medida el desarrollo económico de los Estados Unidos, de Japón y de China.

P: ¿Panamá no puede cobrar más de lo que le cuesta pasar un barco de un lado a otro?
R: Ése es exactamente el problema. Después de la invasión, aquí se elaboró un título constitucional completo sobre el Canal. Y ahí quedó establecido ese principio. Las fuerzas que invadieron Panamá fueron tan hábiles que lo pusieron en la Constitución. No es fácil cambiarlo, porque no se trata de un simple cambio de política tarifaria. Yendo más allá: aunque el Canal le produce algunos ingresos al Estado panameño, cuando uno piensa que de cada 100 balboas -un balboa es un dólar, pero nosotros hablamos en balboas- el gobierno está destinando 33 balboas a pagar la deuda externa, es evidente que una parte importante de la renta del Canal de Panamá está siendo utilizada para pagar el servicio de la deuda. Y mientras tanto, el panameño está esperando que le llegue algo.

“EL CANAL NO ESTÁ TENIENDO
EL USO SOCIAL MÁS POSIBLE”

Teniendo un recurso tan importante, el problema es que, por un lado, nosotros mismos nos hemos negado el derecho a generar con el Canal un excedente y así subsidiamos a las grandes empresas de navegación y a los capitales que utilizan el canal de Panamá. Y por otro lado, lo que es ingreso fiscal se nos está yendo en el pago del servicio de la deuda.

Lo que sostengo es que Panamá debería tener una política diferenciada. Porque hay países hermanos, como Nicaragua o Ecuador, a quienes si a Panamá se le ocurriera subirles el peaje, les crearíamos un gran problema económico. Siendo, como somos, un país en vías de desarrollo, debemos pensar en términos de asimetría.

No se le puede dar el mismo tratamiento a estos países hermanos, que sé que los tengo que tratar con cariño, por decirlo de alguna manera. No se puede tratar de maximizar la ganancia cuando la mercancía va para esos países, porque les creo un problema mayor del que ya tienen. Pero tampoco se le tiene que dar ese subsidio a Estados Unidos o a Japón.
Todo el ideal del rescate del Canal está en la frase del General Torrijos, quien decía: “El uso más social posible del Canal de Panamá”. Eso no se está aplicando. Seguimos subsidiando la navegación internacional y estamos utilizando parte de los recursos que nos genera el Canal para servir la deuda externa, sin que el Canal le produzca mayores beneficios al país.

P: ¿El Canal no podría ser el pivote para el desarrollo de Panamá?
R: Sí podría serlo, pero antes varias cosas deben de cambiar, incluido el régimen constitucional. Nunca se ha visto que la transformación social de un país la hace el tipo que sabe más de economía. Porque si fuera así, sería un concurso entre economistas para ver cuál es el más sabio. El problema es político. Y mientras no haya un cambio en la concepción política del país, evidentemente habrá esta limitación.

Pero además, se trataría de poder usar el Canal y la posición geográfica del país como un pivote para otras cosas. Si bien el régimen de propiedad del Canal pasó a manos de los panameños, volvemos a lo mismo: la propiedad no es algo abstracto, sino concreto, y significa poder de uso, de usufructo y de disposición. Panamá no tiene el derecho de usufructo del Canal. Panamá mismo se lo negó por una presión de quienes antes fueron sus dueños. Tampoco puede disponer de él. Entonces, dentro de la forma jurídica de propiedad panameña, sigue existiendo una forma real de propiedad norteamericana del Canal.

ESTADOS UNIDOS SIGUE PRESENTE EN EL CANAL

P: ¿Significa esto que Estados Unidos no necesita tener en Panamá bases militares, si ya tiene un régimen constitucional que le garantiza el Canal?
R: Sí, y además le resulta más barato. Si hubiera que ampliar el Canal, eso podría costar entre 7 mil y 10 mil millones de dólares. Para hacer esa obra, Panamá se tendría que endeudar porque ahora es el dueño. Tendría que duplicar su deuda pública para poder construir un tercer juego de esclusas. Cuando lo haga, el nuevo Canal continuaría en el mismo régimen, sin producirnos ganancias. Sería lo que los norteamericanos llaman “non profit bases”, bases de no ganancia, donde sólo se cubre el costo. Seguiríamos operando así.

Hay algo más. Si uno se pregunta quién construirá las nuevas esclusas y uno ve el TLC de Estados Unidos con Centroamérica y el que ahora están negociando con Panamá, una de las grandes presiones de los norteamericanos es que las construcciones de obras públicas se abran al capital extranjero. Mira bien el negocito: nosotros nos endeudamos por 10 mil millones de dólares y el Canal sigue en un régimen, en el que para pagar pasará quién sabe cuánto tiempo, porque no podemos maximizar las ganancias. Y encima, ¿quién se va a llevar la ganancia de construirlo? ¡Las empresas norteamericanas! Y para acabar de rematar, las nuevas esclusas requieren inundar grandes zonas donde vive un campesinado que tendrá que ser desplazado. Pareciera ser que Panamá peleó cien años por su soberanía política, pero está al borde de perderla de nuevo en la esfera económica, que es donde se están definiendo las cosas en el mundo de hoy.

“HAY ADONISMO ENTRE MUCHOS POLÍTICOS”

P: ¿No hay ninguna fuerza política panameña que se percate de este problema o que tenga voluntad de cambiar esta situación?
R: En este país tendría que surgir algo nuevo. Creo que hay sectores que están conscientes de esta necesidad. Pero hacen falta más ganas en los sectores populares. Hay una especie de “adonismo” político entre quienes dicen representar a los sectores populares.

La mitad del tiempo estos adonis se la pasan diciendo: “Yo sí me veo bien”... cuando hablan en televisión.
Pero ése no es el problema, la imagen. El problema es cómo le transmitimos ideas a la población y cómo la población las hace suyas. Y a partir de ahí, cómo podemos organizar a la población y crear una fuerza política que por lo menos empiece a decir lo que está ocurriendo.

Panamá va a enfrentar un gran problema. Porque ya se está hablando que el próximo año, cuando ya estén listos los estudios de ampliación del Canal, hay que convocar a un referéndum para determinar si se hacen o no las esclusas. Éste es un hecho político, y quizás más importante que las elecciones que acaban de pasar. Ya no será el problema de si la gente estuvo organizada o no para participar con una opción distinta en las elecciones. El problema es si vamos estar o no organizados para algo que va a ser tan definitorio para el país, como es un gasto de miles de millones de dólares para construirle un tercer juego de esclusas al Canal, con todo lo que eso significará.

Cuando llegue ese momento, vamos a tener, por un lado, a una Autoridad del Canal con muchos recursos, a un gobierno con muchos recursos, diciéndole a la gente “Vamos a ampliar el Canal y cuando lo hagamos, vendrá la bonanza”. Y por otro lado, vamos a tener los sectores populares bloqueados por la propaganda en los medios y bloqueados por desorganizados. Porque practicamos el “adonismo” político. Sólo llegaremos a la población por la única vía que nos queda: ir directamente a donde está la gente para explicarles qué significa todo esto.

“LA ESENCIA DEL PENSAMIENTO TORRIJISTA ES RESCATABLE”

P: Vuelvo a insistir. ¿Existe un pensamiento torrijista en Panamá? ¿Es rescatable el pensamiento de Torrijos?
R: Son nuevos los problemas, pero creo que la esencia de ese pensamiento es rescatable. Se puede inferir de él una doctrina. Y es la doctrina de un país que se siente país y trata de desarrollarse en su propio beneficio. Obviamente, no estamos en los años 70 del siglo pasado, cuando había otros problemas. Torrijos no tuvo que enfrentar algunas contradicciones actuales, porque era un período en el que era fácil conseguir préstamos.

Si querías hacer más escuelas, podías evitar una reforma tributaria que confrontara a los ricos y les pusiera impuestos en serio. Te ibas por el camino del endeudamiento. Era más fácil en esa época. Si querías hacer hospitales, conseguías créditos internacionales y te los daban. Eso ya no sucede. Hoy, si quieres hacer obras públicas, tienes que agarrar a la gente que gana más y ponerle un impuesto progresivo sobre la renta. Pero eso es todo lo contrario de lo que están haciendo en nuestros países: están con los IVA, con los impuestos sobre el consumo, buscando que sea la gente la que pague y no que paguen quienes tienen más.

Está en la esencia última del pensamiento torrijista decir lo del “uso más colectivo del canal”, decir que en el país hay que luchar contra la pobreza. Esas ideas claro que son rescatables. Más aún, hacen parte de lo que sería un plan alternativo de desarrollo.

“LA IDENTIDAD PANAMEÑA ESTÁ EN PELIGRO”

P: ¿Existe la identidad panameña?
Tuve la oportunidad de visitar el Panamá profundo. Y realmente la gente se siente panameña. La gente siente que son un país. Yo no diría que eso se ha roto ya. El problema es que eso se puede romper y no solo en Panamá. La polarización que produce la globalización es tan extrema que se puede llegar a tener dos Panamá: uno conectado al Internet y otro conectado a la pobreza, con dos grupos humanos que pierden la base común. Y ahí sí se disuelve la nacionalidad.

Esto está ocurriendo en todo el mundo. Porque la globalización está produciendo zonas que se vinculan bien al mercado mundial y les va relativamente bien y zonas que se quedan rezagadas. Y empieza a ocurrir un fenómeno: en algunas zonas prósperas la gente dice “¿Y yo por qué tengo que pagar impuestos para sostener a ésos a quienes les va mal con la globalización?” A esto sí que hay que tenerle miedo.

Una política de equidad tiene casi tanto un sentido económico como un sentido político. En sentido económico, es un valor por sí misma, es el fin, es el objetivo del desarrollo. Desde el punto de vista político, está claro que si yo diferencio tanto a la población, ¿soy realmente una nación? ¿O dentro de una nación tendrá que haber dos naciones?
A mí me parece que si es así, la identidad panameña podría estar en peligro.

“VAMOS HACIA DEMOCRACIAS
DE SEGURIDAD NACIONAL”

P: Estos cinco años que se avecinan con Martín Torrijos, además de ser más de lo mismo, ¿serán también de frustraciones de la gente?
R: Esa es una de las preocupaciones. Y no sólo en Panamá. Es el modelo de la globalización el que cada día trae más frustración. Cuando lo que escoges es entre Pepsi Cola o Coca Cola, al final de cuentas ves que ni la una ni la otra resolvió. Esto va a erosionando la gobernabilidad y la gente se va sintiendo frustrada.

Me atrevo a decir que tal vez lo que vamos a tener serán “democracias de seguridad nacional”, donde toda persona que hable mal del neoliberalismo se va a parecer a un terrorista. Veo las cosas moviéndose en esa dirección y eso es algo que preocupa. Lo importante es si podemos abrir avenidas en otra dirección.

Un profesor de la Universidad de Harvard, de la segunda generación de los neoliberales, en su libro “El poder del razonamiento económico”, plantea esta pregunta: “¿La democracia es buena o es mala para la economía?” Primero dice que no está muy seguro. Después dice: “Hasta cierto punto es mala, porque empiezan a distribuir el ingreso”.

Después, él mismo se responde: “Yo les voy a decir hasta qué punto es buena: no más allá de Carlos Salinas de Gortari en México”. Así lo dice, textualmente. Y después va más allá. “Bueno, si no funciona, hay regímenes de fuerza, que no tienen los defectos de la democracia, porque hacen realmente lo que es importante, que es la libertad de mercado”. Y da ejemplos, y los tres que da son espantosos: el Chile de Pinochet, el Perú de Fujimori y el Irán del Sha.
Ahora, el sistema está en una fase que podemos llamar de democracia formal. Pero se puede ir corriendo fácilmente hacia una democracia de seguridad nacional. Y fácilmente también, si la cosa no para, a otro nivel peor.

“HAY MÁS VANGUARDIAS QUE MILITANTES”

La responsabilidad no es sólo de estos gobiernos, ya sin alma nacional y sin alma social. Es también nuestra. Y para nosotros la pregunta es si creemos en estas ideas. ¿Qué estamos haciendo ante eso? Nosotros no sólo tenemos que decir que esto está mal, sino que tenemos que dejar esa posición de pensar que somos vanguardia. Aquí en Panamá hay más vanguardias que militantes, porque todo mundo se siente superior. Esto ha sido algo histórico.

Debemos hacer redes, redes y redes, donde cada uno sin perder su personalidad participe en un movimiento organizado y vaya construyendo un modelo alternativo de desarrollo. Creo que ésa es una apuesta necesaria. Cuesta trabajo. Caminas un poquito y llega alguien y dice no y caminas para atrás. Esto es un compromiso de por vida. Para asumirlo, creo que lo más importante es conservar una idea doble: vale la pena que nuestros países sean países, y la gente debe vivir en estos países no para pasarla mal sino para vivir bien. Lo que ocurre es que decimos: esas dos metas son buenas y son ciertas, siempre y cuando yo sea la vanguardia. Son dos ideas bien sencillas, ni siquiera radicales. Si las tomamos en serio y tenemos un compromiso serio con una movilización en esa dirección, algo tiene que cambiar.

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