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  Número 267 | Junio 2004
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Panamá

La sombra del General Torrijos tras la victoria de su hijo

“Sé que donde quiera que se encuentre, mi padre, Omar Torrijos, estaría orgulloso de lo que juntos hemos hecho”, dijo Martín Torrijos, recién electo nuevo Presidente de Panamá. ¿Seguirá el hijo el ejemplo del padre? ¿Potenciará la vigente herencia política del General?

William Grigsby

La noche del domingo 2 de mayo, Martín Torrijos estaba exultante. El presidente del Tribunal Supremo Electoral le telefoneó para informarle que había ganado las elecciones. Era la confirmación de un triunfo que había forjado con un tenaz trabajo por cada corregimiento, municipio y provincia de Panamá. Al saberlo, habló ocho minutos. Centenares de activistas y dirigentes de su Partido Revolucionario Democrático (PRD) lo aplaudieron. Les habló, pero no dijo ni una palabra sobre su padre, el ya legendario General Omar Torrijos Herrera.

Un silencio harto significativo. Diez minutos después, el ya presidente electo de Panamá debió salir al portal del local del PRD para hablar a una multitud, en su mayoría muchachos y muchachas de los barrios pobres y de clase media de la capital. Y ahora sí habló de su padre. Quizás porque le pesaba su anterior silencio, tal vez porque necesitaba rendirle honor, o quizás porque no tuvo más remedio ante el reclamo vigoroso y sin palabras que brotaba de las decenas de fotografías del General Torrijos que portaban tantos jóvenes, rebosantes de entusiasmo por la victoria del torrijismo.

Entonces, la sombra del General partió de quién sabe qué sitio y se apoderó de la garganta de su hijo y cobijó las entrañas del istmo. La voz de Martín se quebró. Sus palabras trepidaron en el corazón de quienes le escuchaban en aquella plaza y en el de quienes sintonizaban radios y televisores. “Sé que donde quiera que se encuentre, mi padre, Omar Torrijos, estaría orgulloso de lo que juntos hemos logrado”. La multitud reventó en aplausos y vivas a su General, agitando frenéticamente los retratos. Y fue como si Martín recuperase el alma.

¿Cuánta sinceridad encierran las palabras del hijo del General? ¿Tiene conciencia Martín de que gran parte de su triunfo lo debe a la memoria colectiva de las buenas cosas que hizo su padre, más allá de la recuperación del Canal?
¿O acaso ha crecido tanto su propio ego que ya olvidó sus raíces y renegó de su herencia? ¿Será su matrimonio con los rabiblancos que tanto aborrecieron al General Torrijos mucho más poderoso que la herencia política paternal?

UNA CLARA VICTORIA

La victoria del PRD fue abrumadora. Los panameños se volcaron en las urnas arrastrados por el carisma de Martín, y le otorgaron un mandato inapelable: un 47.4% de los votos presidenciales, 43 de 78 miembros en la Asamblea Legislativa, 53 de las 75 alcaldías, incluyendo la codiciada capital; 325 de los 619 representantes de corregimiento y 9 de los 20 diputados al desprestigiado Parlamento Centroamericano (PARLACEN). Lograron casi el 54% de todos los 800 cargos en disputa.

Cuadro 1


El principal partido rival, los panameñistas de la presidenta Mireya Moscoso y el finado Arnulfo Arias, obtuvieron su peor resultado en 40 años. Y otro de los partidos oligárquicos, el Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA) casi desaparece del mapa político.

Son resultados que parecen aplastantes, pero pueden ser engañosos. Si bien la distancia entre la alianza del PRD y Endara es de casi 17 puntos, en términos relativos Martín Torrijos apenas tiene el respaldo explícito de poco más de la tercera parte del electorado. Si sumamos todos los votos depositados y a los abstencionistas, el 47.4% de votos válidos que captó se convierten en un modesto 35.58% del electorado.

Vigiladas por más de 1,575 observadores, unos 75 de ellos internacionales, incluida una misión de la Organización de Estados Americanos (OEA) y varios procuradores de derechos humanos de América Latina, las elecciones se caracterizaron por la ausencia de incidentes significativos, la transparencia del escrutinio y la velocidad en la difusión de los resultados. Auxiliado por Internet, 90 minutos después de cerradas las urnas, el Tribunal Electoral ya había difundido el resultado del 10% de los votos. El desenlace ya era previsible. En estas elecciones se registró la más alta articipación de la ciudadanía desde los comicios de 1948, aunque sumando a abstencionistas y a quienes votaron en blanco se comprueba que casi el 24% del electorado se sintió ajeno a la elección. La provincia donde mayor participación hubo fue en Los Santos (90.96%), y la que tuvo menor, el territorio indígena Comarca Ngobe Bugle (66.19%). En la capital votó el 74.58%.

NI VOTO EN BLANCO NI VOTO NULO

El derrumbe de los arnulfistas fue estrepitoso. Con José Miguel Alemán como candidato lograron 163,162 votos. En 1999, con Mireya Moscoso, 367,865. Antes, en 1994, cuando Moscoso perdió, tuvieron 211,780 votos.

En dirección opuesta se movió el PRD. En 1994, con Ernesto “El Toro” Pérez Balladares, obtuvieron 326,095 votos y ganaron la presidencia. En 1999, cuando Torrijos perdió frente a Moscoso, el PRD logró 403,649 votos. Ahora, alcanzó 649,200, casi el doble que hace diez años.

También fracasaron quienes desde distintas organizaciones populares pidieron al electorado votar en blanco, como lo hizo el Movimiento Popular Unificado (MPU); o manchar su voto con el nombre de Victoriano Lorenzo, el líder campesino fusilado por órdenes de Estados Unidos poco antes de la independencia de Panamá, como lo hizo el sindicato de obreros de la construcción (SUNTRACS). Sólo el 1.13% de los electores votó en blanco, y la mayor parte de los votos nulos se debieron a confusión de los ciudadanos, principalmente en las comarcas indígenas.

El MPU desconoció a todos los candidatos presidenciales: “¿Qué diferencia esencial puede existir entre un candidato como Alemán, cuyo padre preside la junta directiva de Banistmo, principal banco del país; Endara, apoyado por Samuel Lewis Galindo, que también es parte del mismo grupo financiero; y Martín, cuyo vicepresidente es Lewis Navarro, sobrino del anterior?”, sentenciaba en un documento publicado en febrero. En el mismo tenor se pronunció el SUNTRACS, que denunció “la partidocracia, el clientelismo electoral, las falsas promesas, la corrupción de los poderes del Estado; los ladrones de cuello blanco, la deuda externa, el caso CEMIS, la privatización de la CSS, entre otros males del país”.

VALIDACIÓN DE LAS ENCUESTAS
Y LAS FIRMAS ENCUESTADORAS

Gran parte de los panameños está inscrito formalmente en un partido político. De acuerdo al último registro oficial (diciembre 2003), 1 millón 53 mil 886 ciudadanos pertenece a alguna agrupación constituida o en formación (52.71% del padrón electoral). El que cuenta con mayor cantidad de miembros es el PRD (434,599). Hay seis organizaciones aún no legalizadas que declaran contar con 57,180 afiliados.

Con más de la mitad del electorado prácticamente definido antes que empezara la campaña electoral, la batalla se concentró en el resto, potencialmente calificables como indecisos o como sujetos a cambiar su simpatía de acuerdo al candidato o a las propuestas partidarias. En este sentido, las encuestas podían jugar un gran papel de apoyo para los aspirantes. Pero no ocurrió así. Sólo el PRD, y en mucha menor medida el Arnulfista, asumieron los resultados de las encuestas de todas las firmas, para modificar o acentuar su campaña. El resto solía menospreciar los resultados que periódicamente aparecían en los medios de comunicación.

Estas elecciones también han servido para validar a las firmas encuestadoras, descalificadas en la propaganda de los adversarios del PRD tras el inesperado triunfo de Mireya Moscoso en las elecciones de 1999. Esta vez la gran mayoría acertó, no sólo en el orden en el que finalmente quedaron los candidatos, sino también en los porcentajes.

El diario “Panamá América” señalaba en un editorial que durante toda la campaña electoral las encuestas “siempre fueron objeto de mofa y burla por quienes no resultaban favorecidos, aunque algunos, con mejor juicio y madurez, preferían callar y seguir trabajando”. Tras elogiar el trabajo de todas las firmas, el editorialista concluye que “ganaron las encuestas serias, porque anticiparon el resultado con precisión matemática, y al hacerlo, ganaron el respeto que muchos ignorantes les negaron. Se hundieron, en cambio, con sus promotores, otras que prostituyeron su oficio y sacrificaron su credibilidad para arrojar resultados falsos”.

La encuesta de mejor desempeño fue LatineNetwork Ditcher And Neira, que hacía sus trabajos para el diario “La Prensa”. La última encuesta que publicó el 20 de abril, y que realizó entre el viernes 16 y el domingo 18, asignó a Torrijos 47%, a Endara 28%; a Alemán 19% y a Martinelli 6%. Un día antes de las elecciones, L&Neira filtró una encuesta entre dirigentes de todos los partidos y algunos periodistas. Los resultados: Torrijos 47%, Endara 32%, Alemán 16% y Martinelli 5%. En cifras redondas, ésos fueron los resultados del 2 de mayo.
La certeza de estos pronósticos reivindicó el trabajo de las firmas. Por primera vez utilizaron con rigor científico los instrumentos estadísticos, sin introducir elementos perturbadores, acomodando los datos según variables de carácter subjetivo o sencillamente, complaciendo los intereses políticos de sus clientes.

EL PAPEL DE ESTADOS UNIDOS

Habitualmente, el pronóstico certero de las encuestas está también vinculado a ese condicionamiento previo que es la percepción masiva de los electores. Así opinan algunos especialistas. En esta elección, los más poderosos medios de comunicación se alinearon contra la candidatura de Torrijos, aunque moderadamente. No hubo feroces campañas de descalificación ni dominó la propaganda destructiva.

“NO HABIA DIFERENCIA
DE FONDO ENTRE LOS CANDIDATOS”

Quizás la clave fue el papel de Estados Unidos. Contrario a su tradición injerencista, aplicada rigurosamente a otros procesos electorales en Panamá o en el resto de Centroamérica, esta vez los norteamericanos no intervinieron directamente. El profesor Juan Jované, uno de los más destacados intelectuales de la izquierda panameña, dice que no lo necesitaban puesto que los cuatro candidatos son políticos del sistema y reconocen explícitamente la supremacía del mercado.

Cuenta Jované que al terminar un “debate” entre los candidatos, un representante de la empresa privada dijo algo así: “El debate estuvo muy bueno porque todos estuvieron de acuerdo en que el mercado es la solución”. Y explica que la inusitada no injerencia norteamericana se debió a que ningún candidato representaba una amenaza para sus intereses.
“Es como quien va una carrera de caballos y apuesta a todos. Con el caballo que llegue primero, gana. Evidentemente, frente a una situación así Estados Unidos no necesita tomar partido. Eran los mismos candidatos quienes se apuraban a decir: “Yo estoy de acuerdo con los planteamientos que pueda hacer el Fondo Monetario o el Banco Mundial”. No había ninguna diferencia de fondo entre los candidatos, en cuanto a cuál sería un plan de desarrollo nacional. Ninguno de los partidos tiene un planteamiento que no sea recibir las directrices de los organismos financieros internacionales”. Esto es lo que sostiene el profesor Jované.

El criterio de Jované lo comparte el periodista y analista político, Raúl Leis. En un artículo publicado en noviembre 2003, se quejaba de que “en la escena no aparece ninguna fuerza alternativa -como fue el Movimiento Papa Egoró en 1994- o de izquierda, como sucedió en las elecciones de 1984”.
“Las propuestas políticas vigentes se mueven en el marco de un gran pragmatismo, sin que todavía se den a conocer propuestas de fondo para solucionar los grandes problemas nacionales, mientras que muchos electores expresan su decepción ante lo que sienten como una especie de repetición de opciones ya experimentadas, o simplemente se insertan en el proceso electoral en el marco de las redes clientelistas donde esperan resolver o por lo menos mejorar su situación económica”.

LA ENCRUCIJADA ELECTORAL
EN SITUACIONES LÍMITE

Según Leis, “la ciudadanía se acerca cada vez más a una encrucijada electoral, de donde todavía no surgen propuestas de fondo para resolver las tensiones de un país, mas que pobre empobrecido, y de una democracia algo asfixiada en sus limitaciones y vacíos de conducción política. Panamá, dueña al fin de su destino, está aherrojada en situaciones límite de modelos de desarrollo y marcos globales restrictivos. La violencia que no llegó nunca por su frontera centroamericana en los ochenta, que estalló en dictadura e invasión en los noventa, hoy está cada día más amenazadoramente presente en la frontera con Colombia, de la que hoy cumple cien años de separación”.

El único candidato -que no su partido- que podía suscitar alguna suspicacia en Washington era Martín Torrijos. Pero no por él, sino por su padre. Porque si de Martín se trata, había muchos elementos que tranquilizaban a los norteamericanos, particularmente su formación académica.

EL GOBIERNO SALIENTE:
“UNA EDAD DE PLOMO”

Si los cuatro candidatos presidenciales se parecían tanto, ¿qué hizo ganar a Torrijos? O mejor, ¿qué hizo perder a los otros tres? El primer factor es el desgaste del gobierno de la señora Moscoso, particularmente sus continuos actos de corrupción. El segundo: lejos de cumplir sus promesas electorales de 1999 y resolver alguno de los más agudos problemas económicos y sociales del país, los profundizó.

Aunque responsabiliza al sistema neoliberal aplicado por los equipos de Endara, Pérez Balladares y Moscoso, el profesor Jované considera que “el gobierno ha mostrado, más allá de cualquier duda razonable, una extraordinaria baja calificación desde el punto de vista económico”.

Como ejemplo, señala que “aun tomando como cierto el dudoso hecho de que la economía haya crecido en un 3% en 2003, la tasa de crecimiento promedio de la economía en cuatro años (2000-2003) alcanzó tan sólo el 1.65%, cifra que, comparada con la tasa de crecimiento de la población, significó un deterioro del producto disponible por habitante. Se trata, desde luego, de lo que algunos economistas gustan describir como una edad de plomo, por su escaso dinamismo en la producción, el empleo y, sobre todo, en la generación de bienestar para la población”.

DEBILIDAD DE LOS PARTIDOS
Y FALTA DE LIDERAZGO

El sociólogo Raúl Leis describe así la situación: “El país vive una crisis económica que parece remontar levemente con el aumento del PIB este año, lo que no incide signifivativamente en el desempleo y el subempleo. Los activos de la banca están muy bajos. Las exportaciones caen en 8%. La industria en un 23%. El agro está afectado por una politizada y desacertada administración de la gestión agraria, no lográndose la reconversión para la exportación mientras se amplía la pobreza rural. La inseguridad aumenta y el crimen creció en 15%”.

Un tercer factor de la victoria de Torrijos es la debilidad organizativa de los partidos de la derecha, especialmente notoria en el Arnulfista, acostumbrado a girar en torno a su caudillo -Arnulfo Arias, fallecido en 1988- o a su viuda. Un cuarto factor es la carencia de nuevos líderes con carisma, al punto que un político como Endara, quien dejó el gobierno en 1994 con un bajísimo nivel de popularidad, logró arrastrar por sí solo, casi medio millón de votos y de paso resucitó a un partido que estaba a punto de extinguirse.

DE “NOVIAZGO” PARLAMENTARIO A “MATRIMONIO ELECTORAL

En la acera de enfrente, el PRD aprovechó al máximo sus dos ventajas: su poderosa maquinaria partidaria y la herencia del General vinculada a su hijo, cuyo carisma y oratoria prendieron sobre todo entre la juventud y las mujeres.
Las cualidades de Martín neutralizaron cualquier aprehensión que los sectores medios y más conservadores hubieran tenido contra él, por ser hijo del General. Martín supo administrar bien esa herencia ante los distintos públicos.

El PRD aprovechó también su alianza con la democracia cristiana del PP para reducir al mínimo los temores del gran capital y los de los norteamericanos. Realmente, fue una alianza sorprendente. Si bien fue labrada desde el 2000, con el pacto conocido como META, pocos hubieran podido anticipar entonces que aquel “noviazgo” parlamentario terminaría en un “matrimonio” electoral. Más aún, cuando los viejos torrijistas no olvidan que el principal líder del PP, Ricardo Arias Calderón, fue uno de los más feroces adversarios del gobierno de Omar Torrijos. Cuentan que cuando falleció el General, Arias comentó públicamente: “Nada pierde Panamá con la muerte de ese borracho”.

La alianza de Torrijos fue más allá de la política y alcanzó al todopoderoso sector financiero panameño. Torrijos escogió como uno de sus compañeros de fórmula a Samuel Lewis Navarro, sobrino de uno de los dueños de BANPAÍS, Samuel Lewis Galindo, ex-embajador de Panamá en Estados Unidos durante el gobierno del General. Lewis Navarro abandonó Solidaridad -aliado del PRD en las elecciones de 1999-, el partido de su tío, para integrarse como candidato a vicepresidente de Torrijos. Y aunque fue públicamente repudiado, los vínculos sanguíneos y empresariales no son tan fáciles de romper. En el selecto equipo de asesores de Torrijos, figura también uno de los hijos del presidente de la junta directiva del Banco General, Federico Humbert. Ambos grupos bancarios se supieron cuidar las espaldas y colocaron también a personajes clave dentro del equipo de Endara.

EL “TEAM MARTÍN”

Torrijos y su partido hicieron una campaña electoral inteligente. Ubicaron como su principal “mercado” -dicen que esto fue idea de su mujer- a los menores de 30 años y a las mujeres, especialmente a los 252 mil 564 nuevos votantes. Con este objetivo, inventaron el “Team Martín”, equipos de jóvenes que hicieron una ruidosa y eficaz labor de proselitismo, adueñándose prácticamente de los mítines electorales. En un país de profunda vena musical, hasta las canciones de campaña hicieron su trabajo, compitiendo con cualquier otro éxito del hit parade y para ubicarse en el gusto de la juventud. Era habitual escuchar a gente de todas las edades tararear alguna de las versiones musicales de la campaña perredista en los coloridos autobuses o en las universidades.

Un elemento importante fue que Torrijos no cayó en las provocaciones. Pese a que una y otra vez sus adversarios intentaron que respondiera a sus insultos. Con alguna excepción supo esquivarlas, confiado en el primer lugar que le concedían las encuestas. Un ejemplo de provocación: en el cierre de campaña del partido Solidaridad, Guillermo Ford, el candidato a vicepresidente, gritó a todo pulmón: “¡Martincito, yo trabajo desde los 17 años, sin embargo tú eres un vago de toda la vida!”.

MARTÍN TORRIJOS:
PÁGINAS DE UNA VIDA

Ford dijo algo que no se corresponde con la realidad. Aunque evidentemente Martín nunca pasó hambre y formó parte de la familia política más poderosa de Panamá en los años 70, su padre no lo educó en una urna de cristal. Alguna vez en su adolescencia anduvo cortando caña de azúcar, cosechando las quejas de su madre y de su abuela, y hasta combatió en la guerra contra Somoza en Nicaragua.

En 1977, junto a su hermanastro Omar José, y cuando solo tenía 14 años -nació el 18 de julio de 1963- Martín Torrijos fue enviado por su padre a Wisconsin, Estados Unidos, donde culminó sus estudios de secundaria en la exclusiva St. John’s Military Academy.

Según una semblanza biográfica publicada por el diario “La Prensa”, “la idea había sido de Omar José, quien había estado en la Stauton Military Academy y no quería regresar a otra academia solo. Entonces le pidió a su padre que lo enviara con Martín. El General comenzó a pensar a quién podía confiar la educación de sus hijos en Estados Unidos. Por esos días estaba en Panamá Cirilo McSween, un panameño radicado en Chicago y dueño de una cadena de restaurantes McDonald’s en esa ciudad. Cirilo había conocido al General a mitad de la década del 70 y lo estaba ayudando a conseguir los votos en el Senado de Estados Unidos para la aprobación de los tratados Torrijos-Carter, mientras los negociadores hacían su parte. Un día, el General le pidió a Cirilo que lo acompañara a una gira en Santiago. Allá, en el portal de una casa le dijo en privado: “Yo tengo dos hijos y he investigado algunas escuelas, hay una cerca de Chicago y los voy a mandar allá... Mi deseo es que usted piense en eso para que sea el padre de mis hijos allá. ¿Qué dice?”. Cirilo no conocía aún a Martín ni a Omar José. Sin siquiera pensarlo, esbozó una sonrisa y le respondió que sí. Dos semanas después los dos hijos del general estaban en St. John’s bajo su responsabilidad”.

Martín es uno de los seis hijos que tuvo el General con cuatro mujeres. Era el favorito, según algunos. “La Prensa” cita declaraciones de Edén Pastora -amigo de Omar hasta que rompió con los sandinistas-, quien asegura que su padre “vio en él la vena que lo llevaría a seguir los mismos senderos que recorrí en mi vida”. Pocos días después de ingresar a la Academia, Martín fue testigo del hecho más importante en la historia de Panamá, cuando desde Washington presenció la firma de los Tratados Torrijos-Carter, que devolvieron a Panamá la soberanía sobre el Canal.

EN LA NICARAGUA REVOLUCIONARIA

En 1979, durante las vacaciones del verano norteamericano, Martín pidió a su padre que le permitiera combatir en la guerra contra Somoza. Durante dos meses, el hijo mayor de Torrijos estuvo bajo el mando de su tío, “Charro” Espino, en la brigada panameña que lideraba el médico Hugo Spadafora, decapitado por órdenes de Noriega en 1985. Allí conoció, entre otros, a Dionisio Marenco, hoy candidato a alcalde de Managua por el Frente Sandinista.

En Nicaragua, Martín cumplió sus 16 años. Al día siguiente, celebró el triunfo de la Revolución. También acompañó a su padre durante su histórica visita a Managua y Estelí, donde fue aclamado por la gente. Aunque no es un tema del cual le gusta hablar, Martín dice que “fue un mes, dos meses en mi vida. Yo era un joven con muchos ideales y me atrajo en ese momento todo lo que se estaba viviendo en Nicaragua”.

LA MUERTE DE SU PADRE

1981 fue un año clave para Martín. En junio, el General viajó a Wisconsin para asistir a la ceremonia de graduación de sus hijos. El 31 de julio moría víctima de la explosión del avión en el cual viajaba desde Penonomé a Coclesito. Martín estaba en casa de su madre, adonde había llevado a dormir a su amigo y antiguo jefe en el Frente Sur, Edén Pastora, quien recién había renunciado a sus cargos en el gobierno sandinista. Pastora asegura que en aquellos días nunca vio llorar al muchacho. Pero Martín los describe como uno de los tres momentos más dolorosos de su vida.

“Tras la muerte del General, estuvo año y medio dando vueltas, mientras decidía qué hacer con su vida. Finalmente se fue a estudiar a la Universidad de Texas A&M, en Estados Unidos, donde obtuvo una licenciatura en Ciencias Políticas, en 1987, y otra en Economía en 1988”, relata “La Prensa”. En Estados Unidos permaneció hasta 1992. Desde allí presenció la pulverización del Estado que había construido su padre y la ignominia de la invasión de Estados Unidos a Panamá. Tras su graduación y hasta que regresó al país, ayudó a su padre adoptivo Cirilo McSween a administrar su cadena de restaurantes Mac Donald’s en Chicago.

DEL FRENTE JUVENIL DEL PRD
A LA CANDIDATURA PRESIDENCIAL

Apenas regresó a Panamá, Martín se involucró en el PRD y encabezó su frente juvenil. Participó activamente en la campaña electoral que llevó al poder al “Toro” Balladares y asumió el cargo de viceministro de Gobierno y Justicia (Interior), desde donde se dio a conocer a la opinión pública. Según su biografía oficial, “desde esa posición le correspondió participar como miembro del Consejo de Gabinete y miembro del Consejo Nacional de Seguridad, presidir las Juntas Directivas de la Dirección de Aeronáutica Civil y el Instituto Nacional de Telecomunicaciones y presidir el Programa de Modernización del Sistema Penitenciario. En este programa tuvo una participación destacada, que le valió el reconocimiento de su labor por parte de la Organización de Naciones Unidas y el gobierno de España”.

Después, logró el respaldo del “Toro” -a quien conocía desde sus tiempos de Ministro de Finanzas del gobierno del General Torrijos- y fue designado candidato presidencial del PRD en 1999. No pudo vencer a Mireya Moscoso, entre otras razones porque Pérez Balladares había dilapidado los relativos éxitos de sus primeros tres años de gobierno con una desastrosa gestión signada por la corrupción en el último año, después que en 1998 perdió el referéndum con el cual pretendía aprobar una reforma constitucional que permitiera la reelección presidencial.

Tras la derrota como candidato presidencial, Martín logró que lo contrataran como asesor económico varias empresas multinacionales de comunicación, marítimas, de la construcción y de la agroexportación. Simultáneamente, se dedicó a la reorganización total del PRD. Junto a su esposa, la hábil publicista Vivian Fergo, recorrió todo el país, introdujo las elecciones directas y secretas de todos los órganos partidarios y las primarias para seleccionar candidatos a cargos públicos, y se afianzó en la secretaría general. La señora Fergo formó también una Fundación, recogió dinero entre los empresarios afines y se dedicó a realizar obras sociales de menor envergadura pero de gran impacto social y político, mientras apuntalaba la candidatura de su marido.

PROGRAMA DEL PRD: NADA EXCEPCIONAL

El programa de gobierno del PRD no tiene ninguna novedad excepcional. El propio Torrijos lo resume así: “Panamá necesita un nuevo proyecto de país para unir a todos nuestros compatriotas en las urgentes tareas del desarrollo; un proyecto nacional capaz de sacarnos del atraso, la inequidad y la pobreza, para alcanzar al Primer Mundo en un plazo relativamente corto. Proponemos alcanzar ese objetivo en varios años, pero consideramos que la actual generación también debe disfrutar los productos de su esfuerzo. Somos el país de América Latina con más posibilidad de lograrlo. De esta visión se derivan las prioridades fundamentales de nuestro programa de gobierno: Desarrollo humano sostenible, ejecutable través de una política de Desarrollo Económico y Generación de Empleos y de Políticas Económicas organizadas y ejecutadas directamente con las comunidades marginadas a fin de garantizar las mejoras rápidas en la infraestructura nacional y en la prestación de los servicios básicos. La ejecución de esta estrategia y de los programas correspondientes conduce necesariamente a una Reforma del Estado, con el fin de erradicar la ineficiencia y la corrupción como modo de vida”.

DEL PAÍS QUE SE TIENE AL PAÍS QUE SE QUIERE

Según Torrijos, el programa fue elaborado sobre la base de una “amplia consulta con todos los sectores de la sociedad”, que se hizo “con el objeto de entender mucho mejor el país que se tiene para estar en condiciones de construir con mejores herramientas el país que se quiere”.
Promete que “los reclamos y ofertas de la comunidad, legítimos y urgentes, no caerán esta vez en saco roto”. “El objetivo central de nuestro gobierno -dice- será erradicar la pobreza mediante el crecimiento económico y la ayuda directa a los más pobres”. Y como paliativo, promete un poco de caridad: “Serán apoyos temporales, pero efectivos, para que permitan a los ciudadanos estar presentes en el proceso de desarrollo que vamos a iniciar”.

Al mismo tiempo, promete corregir el gasto público: “No vamos a fatigar a la sociedad con nuevos impuestos ni contribuciones ni reformas sin haber realizado una cirugía a fondo a la forma como se despilfarran los dineros de los contribuyentes”. “Reorientaremos -afirma- el gasto público con preferencia marcada hacia los sectores que viven en pobreza y pobreza extrema. Actualmente, millones de balboas son entregados a sectores y a personas que lo necesitan menos que los más pobres, o simplemente que no lo necesitan”.

Como una lejana referencia al pensamiento de su padre, el programa del PRD afirma que la “visión integral del desarrollo no pasaría jamás por alto la relación que hay entre la inversión de capitales y la transparencia. Pecan de ignorancia quienes desvinculan el desarrollo con el país moral. Una propuesta de desarrollo sostenible sólo es viable si a la inversión productiva la acompaña la decencia”.

También asoma el torrijismo en esta frase: “A nadie le conviene el incremento de la pobreza y ningún empresario debe sentirse confiado en una sociedad en la que cerca de un millón y medio de personas -más de un tercio de la población panameña- no tiene capacidad de compra y vea con recelo a quienes gobiernan y a quienes crean puestos de trabajo”.

CONCEPTOS CALCADOS DEL FMI

También aparecen en el discurso de Torrijos conceptos calcados de muchos otros documentos publicados por el Banco Mundial, el FMI o, quizás, la CEPAL: “Éste es un programa integral y participativo”. “Es la agenda social de la población y la comunidad también tiene responsabilidad de ayudar a ejecutarla”. “El crecimiento económico se alcanza a través del incremento del capital, la generación de empleos y el progreso tecnológico. La competencia eleva la calidad y la productividad”.

“El intercambio comercial genera riqueza y bienestar y Panamá debe seleccionar sus socios comerciales para negociar Tratados de Libre Comercio”. Aunque promete que “no dejaremos a ningún sector abandonado a su suerte, pero pediremos a estos sectores un compromiso de modernización y productividad”. Advierte que “es la responsabilidad de un gobierno que los ajustes que se requieren en una situación de crisis no se distribuyan de manera perversa, es decir, en contra de los que menos instrumentos tienen para soportar los periodos de recesión”.

Abundan las promesas -como si fuese una carta al Niño Dios o un listado de buenas intenciones- de programas especiales de todo tipo para ancianos, niños, jóvenes, indígenas y mujeres. Mejorar las condiciones financieras de los productores industriales y agropecuarios. “Reformar nuestro sistema legal con miras a crear un sólido marco Institucional, seguridad jurídica y un Sistema Judicial independiente, rápido y eficiente”. “Cada panameño tendrá asegurado los servicios básicos”.

LAS PRIORIDADES PANAMEÑAS

Para superar la crisis, harán falta en Panamá mucho más que promesas y buenas intenciones. Hay consenso en ubicar las prioridades del país: abatir el desempleo (entre el 12 y el 18%); reformar la constitución -Endara propone una Constituyente- para adecuar el sistema jurídico a la nueva realidad nacional; ampliar el Canal, con la construcción de un tercer juego de esclusas, lo cual implica determinar con qué dinero se emprenderá el proyecto -mayor deuda externa del país, que Japón y Estados Unidos aporten una parte, o fijar un tributo a los usuarios del Canal-; erradicar la corrupción de la gestión pública; y un programa de reducción de la delincuencia, especialmente la vinculada al narcotráfico -y de paso, el blanqueo de dinero, delito de cuello blanco-.

¿SEGUIRÁ MARTÍN TORRIJOS SU EJEMPLO?

Cuando Martín Torrijos empezó su campaña electoral el 15 de enero, contó que un amigo de la infancia le había pedido que no cambiara su manera de ser y que no dejara de tener nunca los pies sobre la tierra. Juró que no lo haría, que lo que cambiaría sería la Presidencia. “No me entrará picazón en los pies para salir de la Presidencia -dijo entonces-. Al término de mi gestión, mi mayor recompensa sería escuchar a los panameños y panameñas decir: Tengo comida, tengo agua, tengo salud, tengo educación, tengo casa, tengo mi jubilación asegurada, no tengo mi sueldo empeñado. Y sobre todo, tengo futuro”.

Algunos torrijistas “ideológicos” dicen que Martín no decepcionará y pronostican que aplicará el modelo de sociedad que quiso construir su padre, ni a la derecha ni a la izquierda. Uno de los más brillantes intelectuales de la historia de Panamá y amigo personal del General Torrijos, Rómulo Escobar Bethancourt, cuenta que alguna vez, conversando con Lewis Galindo -su embajador en Washington- Torrijos le dijo: “Mira, Gabriel, estoy atravesando un desfiladero mortal. Si me detengo, el viento me tumba hacia los riscos. Si me inclino a la izquierda, caigo con todo y mi buena voluntad, y si me inclino a la derecha, puedo matarme contra la maraña. Entonces mi único camino es echar para adelante”.

Omar Torrijos definía al ser humano como el objetivo de su gobierno y solía repetir una y otra vez que su mejor manera de conocer la situación del país era conversando con el pueblo pobre. Y decía: “No hay pueblo malo. Ningún pueblo quiere ser malo. Nadie quiere tener hambre, nadie quiere carecer de recursos para mandar al hijo a la escuela, nadie quiere no trabajar. Todo el mundo quiere una esperanza, una posibilidad, una oportunidad. No hay pueblos malos, hay gobernantes malos. Nuestro pueblo ama a su patria. Sólo está buscando un gobernante que sienta el mismo profundo cariño por su patria”. Puede que Martín siga el ejemplo. Al menos, tiene derecho a que le otorguemos el beneficio de la duda.

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