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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 266 | Mayo 2004
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Nicaragua

Sobre un ¿frágil? taburete de tres patas

El gobierno de Enrique Bolaños ha hecho su apuesta estratégica en la economía. Y la ha colocado sobre un taburete de tres patas: la HIPC, el TLC, el PND, siglas mágicas a las que vincula el futuro desarrollo del país. ¿Es sólido o es frágil ese taburete? ¿Y el piso político que le sirve de base?

Equipo Nitlápan-Envío

La última serie de tensiones políticas -que alimentaron todo tipo de especulaciones dramáticas sobre el “abismo” al que los dos caudillos políticos conducirían al país- “concluyeron” el 14 de abril, tras una conversación nocturna de dos horas entre el Presidente Enrique Bolaños y Daniel Ortega. El país ha amanecido hoy más tranquilo, dijo sonriente Bolaños a la mañana siguiente. Como si le hubieran quitado un peso de encima, confundiendo al país con su persona.

En esta nueva negociación, el FSLN recuperó espacios con el gobierno de Bolaños y Daniel Ortega reafirmó su protagonismo. Bolaños evidenció una vez más su vulnerabilidad y el frágil terreno que pisa su gobierno. La estrategia estadounidense, puesta en marcha por Bolaños desde la visita de Colin Powell en noviembre 2003, consistente en el aislamiento total de Ortega y del FSLN, se quebró por primera vez. El PLC, enfrascado en luchas internas, resultó el gran marginado. En la cárcel, Alemán recibió una nueva señal de que su castigo se prolongará aún por un buen tiempo.

COMO A GUADAMUZ

En vísperas del encuentro Bolaños-Ortega, la banda de Ortega y la de Alemán estaban en pláticas. Voceros de uno y otro grupo sugerían, filtraban o confirmaban en los más variados “géneros literarios” lo voluminoso del “juego” que barajaban: despojar de su inmunidad a Bolaños para enjuiciarlo por delitos electorales -la jueza sandinista Méndez, quien lleva este caso anunciaba a diario un inminente fallo, que insinuaba comprometedor para el Presidente y para otros de sus altos funcionarios -seguramente entre ellos, Eduardo Montealegre-, destituir a Bolaños acortando su período presidencial, sustituirlo por el Vicepresidente Rizo, juntar las elecciones municipales de noviembre 2004 con las generales de 2006... y naturalmente, excarcelar a Arnoldo Alemán.

El mismo 14 de abril, horas antes de encontrarse con Ortega -encuentro que tuvo la ya habitual “mediación” del alcalde de Managua, Herty Lewites- Bolaños participó en una reunión con los grandes empresarios agropecuarios del país y éste fue el tono de sus palabras: Está en peligro una decisión que puedan tomar este par... el calificativo se los dejo a ustedes. ¡Pero, cuidado con lo que estos dos puedan querer hacer! A Enrique Bolaños no lo van a doblegar así nomás. Enrique Bolaños jamás va a firmar una renuncia a la Presidencia. A mí no me van a dominar así nomás. Van a tener que hacerme lo que le hicieron, quién sabe quién, a Guadamuz. Es la única manera. Espero que ustedes decidan a quién van a acompañar. Unos días antes, y en el acelerado “camino al abismo”, embajadores y representantes de la comunidad internacional habían reiterado por enésima vez que “acompañaban” incondicionalmente a Enrique Bolaños.

BOLAÑOS RETROCEDE

¿Cuánto de “fabricación teatral”, por parte del FSLN, había en este plan extremista? Casi todo. Ortega sabe de sobra la condena que recibiría la Nicaragua surgida de un plan de esta naturaleza de parte de la comunidad internacional, de la que tanto depende el país, que sería aislado. Por otro lado, a Ortega no le conviene que Alemán salga de la cárcel ahora. Tampoco que el FSLN pague ahora el costo político de su liberación.

El interés de Ortega con los extremistas detalles de este plan era hacer retroceder a Bolaños del proyecto de Ley de Carrera Judicial, que el Presidente había consensuado entre sus diputados azuliblancos y los diputados arnoldistas. Retener el poder que tiene en el Poder Judicial es la pieza clave de la estrategia política del FSLN en esta etapa. Para lograrlo, Ortega tenía en la mano la más eficaz herramienta: amenazar a Bolaños con un enjuiciamiento por los delitos electorales cometidos por el PLC durante la campaña que lo llevó al poder. En estos tiempos del pregonado “estado de derecho”, la intimidación por la vía judicial le da al FSLN un extraordinario poder.

Buscando ganar tiempo, Bolaños retrocedió. Tras la conversación apaciguadora con Ortega, declaró haberse comprometido a impulsar la aprobación de una Ley de Carrera Judicial en consenso con todos, incluidos los sandinistas. Es el primer paso que da el Presidente en sentido contrario a la estrategia ultra-antisandinista que el gobierno de Estados Unidos le trazó. Por su parte, Ortega declaró que recortar el período presidencial, desaforar a Bolaños o postergar las elecciones municipales estaba ya fuera de la agenda del FSLN.

Ambos, Bolaños y Ortega, confirmaron que uno de los frutos del acuerdo era cambiar la directiva de la Asamblea Nacional, que no funciona con normalidad desde su conformación en enero con la exclusión de los sandinistas, según la “facilitación” de la embajadora estadounidense. Ortega y Bolaños se comprometieron a superar esta crisis en el Legislativo para así poder aprobar un paquete de casi 60 leyes sociales y económicas pendientes, algunas de ellas de supremo interés del Ejecutivo, debido a sus compromisos internacionales.

Casi un mes después de este fragilísimo y coyuntural acuerdo de “gobernabilidad”, la Asamblea seguía sin funcionar normalmente. Lo único que sí funcionó de inmediato fue el retraso del “inminente fallo” en el caso de los delitos electorales. La jueza Méndez declaró que era necesario seguir estudiando el expediente. En manos de Ortega continuará ese expediente, como mecanismo de presión sobre Bolaños.

LOS “CASOS SENSIBLES”

En las negociaciones extremistas Ortega-Alemán -calculado teatro para desembocar en la pragmática negociación Ortega-Bolaños-, el FSLN mostró una vez más su habilidad y el poder político -y económico- que le significa disponer de jueces y de magistrados responsables de “casos sensibles”. En el actual triángulo fatal del poder en que está atrapada la nación, Ortega tiene en sus manos el caso Alemán y el caso de los delitos electorales, que tanto asusta a Bolaños y a más de una docena de dirigentes liberales y altos funcionarios del gobierno. Como tuvo y retiene también en sus manos el caso Jerez, hoy prácticamente libre ¿tras qué arreglos la cúpula del FSLN?

Con variados matices de ira, los diputados y dirigentes del PLC mostraron su repudio al entendimiento entre Bolaños y Ortega. Pero no lograron pasar de ahí. La terca obsesión de Arnoldo Alemán por salir de la cárcel y por recuperar en 2006 la Presidencia de la República, personalmente o a través de alguien de su entera confianza -su esposa o un dócil correligionario- facilitó que el FSLN “embarcara” una vez más a los arnoldistas, ansiosos por recuperar a su líder, confiando en que sólo él resolverá los graves problemas por los que está atravesando el partido.

QUE ALEMÁN PIDA PERDÓN

El PLC atraviesa por una crisis ya escandalosa. El maquiavélico René Herrera insiste en describirla como fruto de la contradicción entre liderazgo -se lo sigue reconociendo a Alemán- y conducción del partido.

Las contradicciones en la conducción -que Alemán no cede con claridad a nadie, mientras mantiene un férreo control del partido desde su encierro- desgastan a diario al PLC y al mismo liberalismo, tanto política como emocionalmente. La conducción del PLC, según Herrera, es hoy dispersa, contradictoria, incierta y confusa, lo que impide operar las decisiones del liderazgo.

Herrera no ha dudado nunca en afirmar que el “líder” Alemán debe salir libre, y confiesa abiertamente que esto sucederá y que por esta causa trabaja. Considera que Alemán es quien tiene la solución a la crisis del PLC. ¿Cómo? Que asuma distancia -dice Herrera-, que recomponga la conducción y el liderazgo del partido y que admita que se equivocó y pida perdón a la nación. Arnoldo no piensa más que en cómo salir. Y no va a salir ahorita. Alemán no quiere asumir la realidad de que no va a salir ahorita y si no admite esto se va a seguir equivocando. Mientras, el PLC se hunde. En el partido no hay capacidad para tomar decisiones. Nadie asume, nadie decide. En el partido hay un inmovilismo y un desánimo que aterra.
Que el PLC y el liberalismo permanezcan divididos, aterrados y entrampados en esta parálisis -que ya dura muchos meses- es también pieza clave de la estrategia política del FSLN en esta etapa. Si el carcelero Ortega, que es quien tiene la llave de la cárcel de Alemán, no la abre, y si Alemán continúa buscando negociar esta llave con el carcelero, la crisis del PLC continuará profundizándose.

COMO SHEREZADE

La crisis, el teatro de la crisis, evidenció de nuevo la fragilidad en la que transcurre el gobierno de Enrique Bolaños. Magnífica la metáfora con la que describió la situación el político conservador Emilio Álvarez Montalván: El gobierno de don Enrique me parece como la Sherezade de “Las mil y una noches”: cada día tiene que inventar un cuento para amanecer viva al siguiente día.
¿Se puede pronosticar que en lo que le resta de su período, el gobernante continuará viviendo en esta fragilidad, moviéndose en la paradoja de un gran respaldo internacional y un constante deterioro del respaldo interno, obligado a diario a “inventarse un cuento”?

No es aventurado calcular que en las elecciones municipales de noviembre, el GUL -el liberalismo sin arnoldismo construido desde la Presidencia- habrá sufrido una derrota y que esto debilitará más a Bolaños, su “presidente honorario”.
¿Y en el terreno de la economía? La economía nacional en 2004 está siendo algo mejor que en 2003, pero es una mejoría apenas perceptible. La demanda de empleos -principal promesa de campaña de Bolaños-, para lograr una mejoría en el nivel de vida de la mayoría de la gente, ¿hallará respuesta en 2005? De los recursos derivados de la entrada de Nicaragua en la HIPC, del TLC -si es que se firma-, ni de los avances que se logren con el Plan Nacional de Desarrollo, ¿se derivarán mejorías notables en la economía para la mayoría de la población? ¿Tendrá Bolaños que seguir siendo Sherezade y terminará su gestión entre la reprobación nacional y el aplauso internacional? ¿O su fragilidad política se verá compensada con avances económicos que de verdad se sientan, tal como es su apuesta estratégica?

FMI: SIN OPTIMISMO

Según las proyecciones que el gobierno de Nicaragua hizo con el FMI en el marco del ajuste fiscal vigente, la economía de Nicaragua crecería en 2004 , 2005 y 2006 entre el 3.5 y el 4% anual. Ésta fue la proyección hasta el final del gobierno de Bolaños.

En el último documento del FMI sobre Nicaragua, de enero 2004, se lee textualmente: Las metas del crecimiento económico del país se han revisado para que puedan ser compatibles con políticas macroeconómicas prudentes y con reformas institucionales. En el texto se afirma que las proyecciones del crecimiento han sido recortadas (trained) para reflejar las tendencias recientes en el mediano plazo. Las proyecciones que hace el FMI en este documento van más allá del período de Bolaños, abarcan hasta el año 2008.

El FMI no es optimista y así lo reconoce. Para 2004 proyectan un crecimiento de 3.7%, el máximo al que calculan se puede aspirar. Para 2005 la proyección es similar. Y es hasta 2006 que proyectan un crecimiento por arriba del 4%, considerando que a partir de entonces ya podrá ser sostenido.

Se trata de proyecciones, cálculos, estimaciones. Lo que ha sucedido, una y otra vez, hasta hoy, es que los cálculos del FMI sobre Nicaragua siempre han estado fuera de la realidad y no se han cumplido.

Sobre la pobreza, dice el documento del FMI: Menos de la mitad de las metas monitoreables incluidas en la Estrategia de Reducción de la Pobreza se consiguieron en el segundo año de implementación del programa. Esta moderación realista, derivando hacia el pesimismo, no se hace presente nunca en el voluntarista discurso del gobierno, que repite, con una obvia cuota de insensibilidad social, que “no estamos tan mal” y que “vamos bien” y que apela permanentemente a “la fe”: en Dios y en “la palabra” de Bolaños.

¿CELEBRANDO LA POBREZA?

El gobierno de Enrique Bolaños ha hecho su apuesta estratégica en la economía y ha colocado ésta sobre un taburete de “tres patas”: la HIPC, el PND y el TLC, siglas mágicas a las que la propaganda oficial vincula el futuro desarrollo del país.
En enero, el gobierno celebró la entrada de Nicaragua en la HIPC, un mecanismo de los organismos internacionales para reducir la impagable deuda externa de 43 países: los más pobres y altamente endeudados del planeta, que eso significa en inglés la mágica sigla HIPC.

Este indudable logro macroeconómico, tras años de ajuste estructural y de sacrificios inmensos -cuyas consecuencias sociales están a la vista- fue presentado por el gobierno como prenda del futuro desarrollo nacional. Pero hasta hoy no ha habido señales concretas de que los recursos liberados tras la condonación de parte sustancial de nuestra deuda externa hayan sido destinados a proyectos en beneficio de los más pobres, como el gobierno anunció. Faltan las señales y sobran las sospechas de que buena parte de esos recursos hayan sido orientados al pago de deuda interna a la banca nacional.
En este mes de mayo, tocó otra “celebración” de nuestra pobreza. Nicaragua fue admitida por el gobierno de Estados Unidos a un club aún más reducido: el de los países miserables y gobernables, merecedores por eso de las donaciones de la llamada Cuenta del Milenio, iniciativa del Presidente Bush para repartir durante un año mil millones de dólares. Fueron elegidos 16 países. En América Latina, tres: Bolivia, Honduras y Nicaragua.

Para entrar a este club, y para mantenerse en él durante los cinco años previstos en el proyecto, los países no sólo tienen que demostrar su miseria sino que mantener buenas notas en “gobernabilidad”, “apertura de sus mercados” y otros condicionantes que Estados Unidos establezca.

Al felicitar a Bolaños por haber sido admitido, la embajadora de Estados Unidos, Bárbara Moore comentó satisfecha: Creo que cuando el Presidente Bush concibió este nuevo esquema de asistencia, tenía en mente al señor Presidente Bolaños y a su gobierno por el rumbo al que está llevando a Nicaragua.

TLC: LO QUE YA TENÍAMOS

El rumbo económico de Nicaragua tiene otra apuesta fundamental en el Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica y Estados Unidos. Los gobiernos centroamericanos están invirtiendo recursos y energías en cabildear con los congresistas estadounidenses para que el TLC -bautizado por el gobierno como el puente al progreso- se firme antes de que se caliente la competencia electoral en Estados Unidos.

El gobierno Bolaños reitera el notable logro del TLC: garantizar el acceso de nuestros productos al mercado más grande del mundo, el de Estados Unidos. Pero no explica que muchas de las concesiones en el acceso de productos nicaragüenses y centroamericanos al mercado estadounidense ya estaban contenidas en la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC), aún vigente, lanzada por el Presidente Reagan en los años 80 como pieza comercial dentro de su estrategia militar de contención de los movimientos de izquierda en Centroamérica y el Caribe.

Las concesiones se hicieron entonces para fomentar la inversión internacional en la región, confiando en que eso generaría crecimiento económico y ese crecimiento serviría de contrapeso a las insurrecciones populares, en ascenso tras la derrota del somocismo en Nicaragua.

TLC: LO QUE DIMOS A CAMBIO

Haciendo una caricatura de los resultados del TLC, podríamos afirmar que lo conseguido es que lo ya acordado en la ICC no sea temporal sino permanente. Hemos recibido lo que ya teníamos: acceso permanente al Norte de los productos textiles, los productos electrónicos y todo lo que se produce en las maquilas, y a cambio, hemos dado la apertura de nuestros mercados a los productos agrícolas del Norte.

A nadie -entre los defensores del TLC- le cabe la menor duda de que lo que dimos a cambio supondrá una grave afectación para la economía rural de Centroamérica. El supuesto “optimista” de los funcionarios de nuestros gobiernos se basa en la esperanza de que los inversionistas extranjeros, teniendo ya la seguridad del acceso permanente, con un horizonte de largo plazo, vendrán en mayor número a instalar sus empresas en territorio centroamericano, atraídos también por la mano de obra barata y el cero pago de impuestos que les ofrece la región.

LAS METAS QUE NO CUMPLIREMOS

Es mucho lo que hemos ofrecido. El TLC es también un “acta de rendición”: las élites de Nicaragua y las élites centroamericanas -y los gobiernos que las representan- se han rendido y confían en que sea la inversión extranjera la que venga a sacar a nuestras economías del marasmo en el que están, de las bajas tasas de crecimiento que se observan en toda la región. En la globalización, han hallado ya su nicho ideal: comercio y servicios.

La CEPAL ha calculado que la tasa de crecimiento en Nicaragua y en los países de Centroamérica podría aumentar en un 1% como resultado de la puesta en marcha del TLC. Aunque puede parecer muy poco, sería un impulso considerable, tal como estamos. Pero nadie se atreve tampoco a asegurar ese crecimiento del 1%.

En su informe sobre Nicaragua, el FMI afirma también que, aún con las optimistas tasas de crecimiento proyectadas, las metas sociales a las que se comprometió Nicaragua en la Cumbre del Milenio del año 2000 para cumplirlas en el año 2015 -reducir a la mitad la extrema pobreza, el analfabetismo, la mortalidad infantil, la desnutrición, etc., etc.- no se van a poder cumplir. Para poderlas cumplir Nicaragua debería crecer al 5% anual.

El FMI entiende que vive en “extrema pobreza” una persona que sólo dispone de un dólar diario (16 córdobas) para sobrevivir o una familia de seis personas que sólo dispone al día de 90 córdobas (menos de 6 dólares) para malvivir. En los últimos tres años (2001-2003), y especialmente en los dos últimos, los dos años iniciales del gobierno Bolaños, la economía de Nicaragua, en cuanto a ingresos por habitante, no sólo no ha crecido sino que ha caído, en buena medida porque la tasa de crecimiento del país ha sido menor que la tasa de natalidad, actualmente de 2.8%.

En esta situación, si fuera realmente cierto que el TLC significara un incremento del 1% anual en el crecimiento económico, tal vez podrían cumplirse esas metas. Tal vez.

MUCHOS PERDEDORES Y MUCHAS MAQUILAS

Aunque el TLC significara ese 1% en el crecimiento de la economía nacional, eso no significará que la economía de cada nicaragüense crecerá. Con el TLC serán muchos los perdedores, pues son muy numerosos los sectores rurales que no tienen capacidad para producir, competir y ganar ante los productos agrícolas que llegarán de Estados Unidos.

Todos los promotores del TLC admiten que serán muchos los perdedores y saben que la mayoría de ellos estarán entre los productores campesinos. Lo más grave es que aunque esto se sabe, no existe en Nicaragua ninguna reflexión ni previsión sobre cómo se va a financiar la compensación social y la generación de oportunidades que necesitarán los productores rurales que sufrirán por la competencia extranjera.

Por una parte, confían en algunas medidas tomadas para que el efecto negativo en la economía rural no sea tan inmediato. En el maíz, por ejemplo, el TLC establece que durante 20 años la importación de maíz de Estados Unidos se manejará con cuotas bastante pequeñas. Calculan así que el impacto sobre un producto tan básico se producirá en un lapso de tiempo suficiente para que cada país lo pueda absorber.

Por otra parte, y guiados, como siempre, por el cortoplacismo, los gobiernos centroamericanos y los funcionarios de los organismos internacionales que respaldan el TLC tienen unas expectativas extremadamente optimistas sobre la generación de empleos que desencadenará el TLC en la región. En algunos documentos se llega a pronosticar que en los primeros cinco años del TLC se crearán anualmente en la región entre 200 y 250 mil empleos, básicamente en las zonas francas y maquilas.

MIGRACIÓN Y REMESAS:
LO QUE SÍ REDUCE LA POBREZA

Quines analizan con mayor optimismo la región después de la puesta en marcha del TLC saben que el creciente flujo migratorio no sólo no se va a detener, sino que se va a incrementar. Y que, por tanto, se incrementará el flujo de remesas. Se cuenta con ello. Migrantes y remesas son indispensables.

En un estudio reciente hecho en El Salvador se comprueba que más de la mitad de la cacareada “reducción de la pobreza” conseguida durante la década de los años 90 no la lograron los programas de los organismos internacionales sino las remesas de los emigrantes.

De las remesas no se habla mucho en Nicaragua en los discursos oficiales. Y sin embargo, estabilizan nuestra economía dando capacidad de compra a muchísimos pobres, haciéndoles posible la sobrevivencia en condiciones tan difíciles. ¿Por qué no celebrar este dinero que ganan los pobres con su trabajo y que supera en cantidad las donaciones de cualquier “cuenta del milenio? ¿Qué pasaría en Nicaragua si los 800 millones de dólares en remesas que llegan anualmente al país -datos del BID- no llegasen o si tan sólo llegara la mitad? La situación sería inmanejable para el gobierno.

NO ESTAMOS PREPARADOS

Por otra parte, la implementación del TLC supone, exige, cambios institucionales y de infraestructura muy serios. Se necesita, por ejemplo, que todo el sistema de aduanas y de puertos de la región sea transformado. En este terreno, Nicaragua tiene más rezagos que el resto de países centroamericanos.

Con el TLC se propone, y con razón, que desaparezcan las fronteras terrestres en Centroamérica y se mantengan sólo dos: Guatemala-México al norte y Costa Rica-Panamá al sur. Con este diseño, ¿qué pasará con la gran cantidad de impuestos aduaneros que Nicaragua capta? La CEPAL ya ha calculado que, al suprimir las aduanas terrestres y sus impuestos, Nicaragua podría perder hasta el 0.5% del PIB. Los ingresos actuales por impuestos representan en Nicaragua el 16% del PIB. Perder un 0.5% significará mucho.

El gobierno hace grandes esfuerzos de cabildeo para que se firme el TLC, pero es evidente que Nicaragua no está lista para el TLC ni en su infraestructura de carreteras ni en su infraestructura aduanera ni en su estructura de impuestos ni mucho menos en la previsión de una compensación social para los perdedores de este tratado.

Tampoco está lista para capacitar y tecnificar a los sectores rurales y urbanos que podrían aprovechar las nuevas oportunidades que a algunos productores podría brindar el TLC. Por ejemplo, la oportunidad del libre acceso al mercado de Estados Unidos de vegetales y frutas centroamericanas. La producción de Nicaragua es muy baja en comparación a la de Costa Rica y Guatemala. ¿Cómo apoyar tecnológicamente a un buen sector de agricultores para que puedan dedicarse a producir y a exportar frutas y vegetales? Nada hay previsto. El Estado debería trabajar con las organizaciones del sector privado y de la sociedad civil para aprovechar estas potencialidades concertando con las asociaciones de productores y con los organismos de la sociedad civil la transferencia de tecnologías. Pero hasta hoy no existe ni la institucionalidad ni tampoco la voluntad para hacerlo.

PND: ¿UN CAMBIO DE RUMBO?

La otra sigla mágica del gobierno es el PND, el Plan Nacional de Desarrollo. El Presidente Bolaños viaja continuamente a los departamentos y a los municipios para darles a conocer el programa de inversiones que para cada lugar fue diseñado en Managua dentro del PND. No llega a dialogar con las fuerzas vivas de los departamentos ni a concertar lo que se va a hacer.
Sin embargo, algo parece estar cambiando por presiones que los gobiernos locales vienen haciendo al gobierno central. Como resultado, en los últimos meses se han venido desarrollando esfuerzos de los gobiernos municipales, de instancias de la sociedad civil y, finalmente, del gobierno central intentando ponerle “alma” al PND.

El origen de este giro está en las iniciativas que ya existían en muchos municipios del país, en las comisiones de desarrollo municipal, con experiencia en la formulación de planes de desarrollo local. Estas comisiones han permitido una apertura a planes de desarrollo departamental. Es una pequeña brecha de esperanza. Porque uno de los vacíos más graves del PND es priorizar zonas y sectores excluyendo a buena parte del país, a las zonas más empobrecidas, a las carentes de “potencial” de desarrollo a juicio de los diseñadores del gobierno central. Pero ahora el gobierno central se está encontrando con departamentos enteros que han logrado formular programas de desarrollo, armonizando las demandas de todos sus municipios, sin exclusiones.

Esta situación ha obligado al gobierno a cambiar algunas de sus reglas del juego y a prometer que, a partir de 2005, los proyectos de desarrollo serán el resultado de una concertación entre los municipios, los departamentos y el gobierno central. Ya hay negociaciones iniciales. Queda por ver hasta dónde llegará el esfuerzo y cómo se concretarán las promesas. Si hubiera avances en esta dirección, el PND mejoraría sustancialmente y se convertiría en una “pata” realmente estratégica, aunque sólo fuera por adecuarse más a las necesidades y realidades del país.

UNA CONTRADICCIÓN INTERESANTE

¿Se llegará a un mejor balance entre las prioridades que para inversiones públicas ha tomado el gobierno central en Managua y las prioridades que plantean los municipios y los departamentos? ¿Será posible un plan de desarrollo que no sea el producto de la reflexión de un grupo de técnicos del gobierno apoyados por instituciones internacionales, sino un verdadero plan nacional?
En la presentación del PND en algunos departamentos, funcionarios del gobierno han admitido públicamente que ha habido y hay contradicciones entre el gobierno y el Banco Mundial alrededor del PND. Desde hace tres años, el BM formuló la Estrategia de Reducción de la Pobreza y el PND tiene apenas un año de formulado. Cuando se le pregunta a los funcionarios gubernamentales cómo se vincula una cosa con otra, admiten que la Estrategia fue diseñada por el Banco Mundial, mientras reivindican que el PND es de “diseño nacional”. Y defienden con convicción lo nacional de ese diseño.

Efectivamente, si se leen los documentos del FMI y del BM, su referencia para la asignación de recursos es la Estrategia, mientras que para el gobierno su referencia para la asignación de recursos es el PND. ¿Se derivarán resultados positivos de esta interesante contradicción?

UN RAYO DE ESPERANZA
EN EL ESPACIO LOCAL

En la medida en que efectivamente se diera un proceso de auténtica negociación con todos los municipios, el país podría tener una posición más propia, más consensuada, más concertada, que, además, no pasaría por las contaminadas negociaciones, amarres, pactos, repactos, crisis y teatros de la crisis que continuamente se seguirán dando entre Bolaños y las cúpulas del FSLN y del PLC. Pasaría directamente por las fuerzas locales.

En todas las discusiones de los planes de desarrollo departamentales y municipales -las que han comenzado a incidir en un cambio de rumbo en el PND- han estado presentes los pre-candidatos de todos los partidos para las elecciones municipales de noviembre, y a todos se les ha hecho comprometerse en estos planes.

Es una de las muchas muestras de la importancia y los beneficios que tiene para Nicaragua que las elecciones municipales se celebren separadas de las presidenciales y del daño y retroceso que podría haber significado juntar ambos comicios, tal como era la intención del FSLN.

En todas las presentaciones que el gobierno central hace del PND, puede observarse que, a pesar del extremo nivel de polarización política nacional, en los municipios y en los departamentos resulta relativamente fácil que quienes están en aceras opuestas negocien, se pongan de acuerdo y propongan juntos lo que es de interés y beneficio de su gente. Lo que no se puede lograr a nivel nacional se consigue más fácilmente a nivel local.

En medio de tanta confusión y desesperanzas, ante la evidencia de la parálisis social que los malos ejemplos de la clase dirigente están generando y generalizando, hay en la emergencia de la identidad y del poder local, municipal y departamental alguna esperanza -siempre frágil, aún en brote- de que se pueda formular y llevar adelante un proyecto de desarrollo más equitativo. No es poco.

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