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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 265 | Abril 2004
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El Salvador

¿Perdió el FMLN o ganó el miedo?

Casi 2 millones 300 mil salvadoreños acudieron a las urnas el 21 de marzo. Más de 1 millón 300 mil votaron por ARENA y por Antonio Saca. O mejor: contra Schafik Hándal y contra el FMLN. ¿Cuántos de ellos lo hicieron motivados por el miedo? Algunos dicen que por lo menos la mitad.

William Grigsby

La jornada electoral del domingo 21 de marzo será recordada en El Salvador por muchas razones, entre otras por el rompimiento de tres marcas: la más alta concurrencia de votantes en la historia nacional, la más rotunda de las cuatro victorias de la derecha, y la mayor cantidad de votos para un partido de izquierda en “el Pulgarcito de América”. No fue una larga noche de angustiosa espera ni hubo tensión ni sobresaltos.

Apenas en 90 minutos la incógnita se había despejado. El Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) no pudo. El partido de los asesinos de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, entre otros sangrientos “méritos” lo había vencido. Más aún: lo haba apabullado. Los procedimientos empleados por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) para ganar estas elecciones fueron sucios, cuestionables, antidemocráticos. La revista “Proceso” de la Universidad Centroamericana (UCA), regentada por los jesuitas, describía así la sensación de impotencia frente al éxito de los areneros: “ARENA ganó pasando por encima de las más elementales reglas de la ética, tanto en el ámbito privado -invadiendo los hogares salvadoreños, con su publicidad de miedo, a través de programas televisivos y llamadas telefónicas- como en el ámbito público: cines, periódicos, plazas, parques, empresas públicas y privadas... Todos estos espacios fueron usados para deslegitimar al FMLN, para asociarlo con los peores males pasados y presentes del país, para demonizar a quienes estuvieran vinculados, como militantes o meros simpatizantes, con el partido de izquierda. ARENA jugó con las reglas del miedo y del chantaje, no con las reglas de la democracia y la civilidad”.

SURGEN LAS MISMAS PREGUNTAS

Para la izquierda salvadoreña la del 21 de marzo será una noche inolvidable. Los ex-guerrilleros estaban seguros que ganarían en primera vuelta y ni siquiera admitían que alguien osara ya no decir lo contrario, sino apenas dudarlo. Los resultados se ensañaron en su triunfalismo y ARENA les sacó una diferencia de más de 22 puntos, casi la misma de cinco años atrás. De paso, arrolló mortalmente a los únicos otros tres partidos legalmente constituidos.

Aunque ya ha participado en cuatro elecciones presidenciales y en tres municipales y legislativas, el FMLN no termina de asumir tres prerrequisitos impuestos por la democracia electoral latinoamericana: de poco sirve el programa si el candidato no convence, las encuestas son un instrumento para tomar decisiones políticas a tiempo, y tan importante como el contacto directo con los electores son los medios de comunicación. En suma, que hace falta mucho más que buenas intenciones para ganar elecciones.

Al igual que hace cinco años, surgen las mismas preguntas. ¿Ganó ARENA o perdió el FMLN? ¿Qué tan legítima es la victoria del empresario radial y locutor deportivo Elías Antonio Saca? ¿Fueron los candidatos los factores decisivos? ¿Era Schafik Hándal el mejor símbolo del lema de campaña del FMLN “El cambio es hoy”?

¿Acaso el pueblo salvadoreño está satisfecho con la situación en que vive y con la clase económica que lo oprime desde siempre? ¿O está resignado? ¿O es que simplemente los antiguos guerrilleros no han sido capaces de ofrecer una alternativa viable que gane la confianza y el corazón de los ciudadanos? ¿O quizás la ingenuidad -con una dosis de arrogancia- les hizo exagerar sus propias posibilidades?

NUEVA ETAPA CON BIPARTIDISMO

En las elecciones del 21 de marzo participaron 2 millones 277 mil 473 salvadoreños, alrededor del 65% del electorado, que según los registros oficiales está constituido por 3 millones 503 mil 668 ciudadanos. En 1999 la abstención fue casi del 60%.

El escrutinio final dio a ARENA 1 millón 314 mil 436 votos (57.71%), al FMLN 812 mil 519 (35.68%), a la coalición CDU-PDC (socialdemocracia, antiguos aliados de la izquierda y democracia cristiana) 88 mil 737 (3.90%) y al Partido Conciliación Nacional (PCN, de los viejos militares) 61 mil 781 (2.71%). De los cinco partidos que participaron sólo dos han sobrevivido por obra del lapidario veredicto ciudadano, lo que abre en El Salvador una nueva etapa, la del bipartidismo, con consecuencias que habrá que analizar.

ARENA ganó en las 14 capitales departamentales, incluyendo las 10 donde gobierna el FMLN, y en 245 de los 262 municipios del país. La derecha venció hasta en Teotepeque, departamento de La Libertad, el pueblo natal de Farabundo Martí, líder comunista de la rebelión campesina de 1932, cuya gesta inspira a la izquierda salvadoreña. La más alta votación la tuvieron los areneros en Meanguera, un pequeño municipio a orillas del Golfo de Fonseca, en el departamento de La Unión, donde obtuvo el 92.28% de los votos. El FMLN aplastó a sus rivales en San José Las Flores, Chalatenango, con el 96.14%.

A SANGRE Y A BALAS

La extrema derecha hizo una campaña feroz contra el FMLN y en particular, contra su candidato presidencial. Pero eso no fue una sorpresa, y en guerra avisada no muere soldado.

Desde principios del siglo XX, la clase económica dominante en El Salvador -aquellas tradicionales catorce familias y otras tantas surgidas en los últimos veinte años- ha demostrado con creces de qué cosa es capaz con tal de conservar el poder político.
En los años 30, recurrió a un general asesino para masacrar a 30 mil campesinos encabezados por Farabundo Martí. Y a lo largo de los siguientes sesenta años gobernó con mano de hierro. Utilizó generales, coroneles o tenientes activos o en retiro, contrató sicarios y fundó escuadrones paramilitares para asesinar impunemente a decenas de miles de salvadoreños de todos los estratos sociales, a quienes percibía como agentes subversivos de “su” orden establecido.
Hasta que el pueblo se alzó en armas y a lo largo de los años 80 arrinconó a los poderosos, puso en jaque su sistema y finalmente les obligó a negociar los acuerdos de paz de 1992, con los que el país conquistó, por primera vez, algunos derechos democráticos fundamentales. Algunos, no todos. La oligarquía hizo concesiones políticas, pero mantuvo intacto su modelo económico y social.

La Comisión de la Verdad, creada al amparo de los acuerdos de paz, documentó que los militares fueron responsables del 85% de los crímenes de guerra cometidos en los doce años de guerra civil, otro 5% lo atribuyó al FMLN, no pudiendo determinar la autoría del restante 10%. Once años después de aquel informe, ninguno de los principales autores de las matanzas de campesinos, periodistas, maestros, dirigentes sindicales y gremiales, estudiantes, sacerdotes, religiosas, empresarios, jueces, alcaldes y vecinos de prácticamente todas las ciudades del país ha sido juzgado.

En sus recomendaciones, la Comisión de la Verdad -que fue presidida por el colombiano Belisario Betancourt-, retrató así la organización criminal que asoló El Salvador entre 1980 y 1992:
“La amplia red de grupos armados ilegales que actuaban indiferentemente dentro y fuera de la institucionalidad, con absoluta impunidad, conocidos como escuadrones de la muerte, sembró el terror en la sociedad salvadoreña. Su origen fue básicamente una acción de civiles, concebida, financiada y dirigida por ellos. El papel de los núcleos de oficiales de alta que inicialmente se limitaba a servir de meros ejecutantes y ejecutores, se fueron apoderando, gradual y progresivamente de los “escuadrones de la muerte”, para su lucro personal o para promover determinados objetivos ideológicos o políticos”.

EN EL NORTE Y BAJO SU INFLUJO

La guerra primero y el modelo económico neoliberal después causaron la diáspora. Hasta 2 millones de salvadoreños viven ahora fuera del país, en Estados Unidos principalmente, y sus mensuales remesas se han constituido en el principal ingreso de sus familias y del país (2 millones 105 mil dólares en 2003, un crecimiento del 110% en relación a 1994). La influencia de esa enorme masa de salvadoreños en el exilio -pobres tenían que ser- no se circunscribe a lo financiero. En la revista Theorethikos, de la Universidad Francisco Gavidia, dice el sociólogo Rolando Vásquez Ruiz: “Aparentemente, el consumismo de las naciones desarrolladas ha pasado a ser un patrón cultural de la “identidad salvadoreña”, esto favorecido por los emigrantes salvadoreños y por la globalización. No se puede objetar que los salvadoreños residentes en Estados Unidos y sus familiares en el país están viviendo situaciones de transculturación y desculturación. La nación estadounidense, como uno de los polos de la globalización, está penetrando más fuerte que antes en la sociedad salvadoreña, erosionando aún más la débil “identidad nacional”. Los valores, pautas de consumo y estilo de vida estadounidenses están siendo asimilados por las personas salvadoreñas que emigran hacia esa nación. Y qué decir de los salvadoreños que están en el país. Aunque es menor la influencia, no quita que tenga cierto grado de repercusión”.

Cuadro 1


MIEDO: PRINCIPAL ARGUMENTO

El poder de los medios de comunicación salvadoreños está al servicio irrestricto de la clase dominante. En su inmensa mayoría, los medios responden políticamente a ARENA. Salvo honrosas excepciones -de limitada incidencia masiva-, la televisión, los diarios y las radiodifusoras están alineadas con la intransigente defensa del orden de cosas prevaleciente, y aunque a veces algunos ofrecen informaciones sobre otras fuerzas políticas o sociales, su enfoque se orienta habitualmente a descalificar posiciones y demandas.

La revista “Proceso” atribuye al poder mediático gran parte de los méritos de la victoria de ARENA en estas elecciones presidenciales: “La campaña de ARENA no sólo fue una campaña mediática.

Las elecciones fueron ganadas por los grandes medios de comunicación, controlados por un selecto grupo de familias salvadoreñas. ARENA no ganó por sus propuestas y planes de gobierno. De hecho, la mayoría de sus votantes -gente pobre de las zonas urbanas y rurales- no tiene ni la más remota idea de lo que el partido de derecha le ofrece en términos de políticas económicas y sociales. ARENA ganó, en parte, porque las grandes empresas mediáticas hicieron del miedo el principal argumento de convencimiento (o de chantaje) social. Y no se detuvieron ante nada, violando incluso la misma legislación electoral, que prohibía hacer campaña durante el día de los comicios. El FMLN perdió la batalla ante los medios. De antemano, por sus mismas limitaciones financieras, el partido de izquierda debía caminar cuesta arriba en la guerra de imágenes. Sus posibilidades empeoraron cuando los grandes medios se alinearon abiertamente en su contra. Sólo por ello, el FMLN tenía una desventaja abismal respecto de ARENA, casi en el mismo punto de arranque de la campaña: el terreno en el que se libraría la batalla -los espacios mediáticos más poderosos- no era ni neutral ni imparcial, sino totalmente inclinado a favor de uno de los dos principales contendientes”.

ASCENSO DEL FMLN, DECLIVE
DE ARENA Y ABSTENCIÓN

Pese a condiciones estructurales tan adversas, el FMLN ha logrado a lo largo de estos diez años no sólo consolidarse como un partido político sino también ganar elecciones. Ya en las primeras elecciones en las que participó, en 1994, obtuvo 21 diputados, convirtiéndose en la segunda fuerza partidaria del país. Después, su primer gran triunfo lo obtuvo en 1997. Contra la mayoría de los pronósticos ganó ese año la alcaldía de San Salvador y otros importantes gobiernos municipales. Tres años después validó su mandato con la reelección de Héctor Silva, ganando también 10 de las 14 capitales departamentales. En el 2003, con un candidato prácticamente desconocido, Carlos Rivas Zamora, apoyado en la extraordinaria gestión del alcalde Héctor Silva, el FMLN venció nuevamente en la capital y ganó nuevamente las alcaldías de 10 de los 12 municipios del Gran Salvador. Perdió sólo en los de Cuscatancingo y Antiguo Cuscatlán, en donde gobierna una alcaldesa arenera reelecta seis veces. Ese año perdió también cuatro gobiernos municipales, entre ellos San Miguel- la segunda ciudad del país- y Ahuachapán. Y logró en las municipales 50 mil votos menos que los obtenidos en las elecciones legislativas, celebradas simultáneamente.

En esos mismos años ARENA fue en franco declive. En 1994 ganó 206 municipios; en 1997, 160; en 2000, 127; y en 2003, 111. En cambio, otra fuerza de derecha, el Partido de Conciliación Nacional, mantuvo un crecimiento sostenido en las elecciones municipales: desde 1994, cuando gobernaba 9 municipios, hasta 2003 cuando conquistó 53, ha multiplicado por seis su influencia municipal. Actualmente, tras los comicios de 2003, ARENA gobierna 111 de los 262 municipios, el FMLN 74, el PCN 52, la Democracia Cristiana 19, el CDU 4 y dos partidos ya desaparecidos legalmente, otros 2.

El FMLN también ha avanzado significativamente en la Asamblea Legislativa, compuesta por 84 diputados. De los 21 escaños conseguidos en 1994 pasó en 1997 a 27, apenas uno menos que ARENA. En el año 2000 llegó a 31, dos diputados más que los de la derecha. Repitió esa cifra en 2003, cuando ARENA obtuvo su más baja cantidad: 27 legisladores.

En todas estas elecciones, la gran vencedora fue la abstención. En promedio, hasta el año 2003, un 50% de los salvadoreños no acudió a las urnas. Paradójicamente, la ausencia de votantes perjudicó al FMLN en 1994, cuando deliberadamente el gobierno de Alfredo Cristiani excluyó a unos 300 mil ciudadanos del padrón electoral. Pero en 2003, el costo de la abstención lo pagó ARENA. La izquierda logró 475 mil 130 votos, casi 50 mil más que los 426 mil 289 obtenidos tres años antes y más de 100 mil que los de 1997, cuando alcanzó 369 mil 709. En cambio, ARENA, con sus 446 mil 279 electores descendió un 12% en su caudal electoral y apenas logró 27 curules.

Desde los acuerdos de paz y hasta el año 2003 tres tendencias dominaban en las elecciones salvadoreñas: un masivo abstencionismo, un declive sostenido de ARENA y un crecimiento constante del FMLN.

En estas elecciones presidenciales el sesgo ha sido ligeramente diferente.

En 1994, con Armando Calderón Sol, ARENA venció en segunda vuelta a Rubén Zamora, candidato de la coalición FMLN-CDU. En la primera vuelta, la izquierda logró 325 mil 582 votos y en la segunda, 378 mil 980, cuando ARENA dobló esa cifra. Cinco años después, Francisco Flores venció a Facundo Guardado en primera vuelta y el FMLN descendió en número de votos: apenas logró 343 mil 472. La diferencia la hizo la abstención: en 1994 en primera vuelta fue del 50% y en la segunda del 55.8%. En 1999 la abstención alcanzó el 61.5%.

MUCHA EUFORIA Y 3 CÁLCULOS

Con la euforia que generó en el FMLN haber ganado en 2003 en solitario la alcaldía de las principales ciudades del país, incluida la de la capital y con un candidato prácticamente desconocido, y con el cálculo de que la participación electoral sería baja, como siempre, de un 50% de los electores, la dirección política del FMLN se fijó como objetivo en las elecciones presidenciales de 2004 ganar en primera vuelta con 724 mil votos. Asumió además dos criterios muy significativos: no era imprescindible hacer alianzas con las agrupaciones de centro izquierda y el candidato presidencial no era una pieza crucial.

De hecho, las posibilidades de alianza que tenía el FMLN eran francamente difíciles. Con Héctor Silva -quien emergió como presidenciable en el FMLN tras su reelección como alcalde de San Salvador gracias a su impecable gestión municipal- la ruptura fue amarga. Se produjo después de la decisión unilateral de Silva de aceptar en diciembre de 2002 la desesperada invitación que le hizo el Presidente Francisco Flores para que “mediara” en el conflicto que el gobierno afrontaba con los trabajadores de la salud. Durante siete meses, encabezados por los médicos y por su principal dirigente, el pediatra Guillermo Mata, habían dado una batalla frontal -huelgas, manifestaciones, movilizaciones- contra los planes del gobierno arenero de privatizar el sistema de salud pública.

A medida que esta lucha se profundizó, el FMLN la había acompañado, dadas las funestas consecuencias que tenía para las mayorías empobrecidas la consumación de los planes del gobierno. La dirección del FMLN rechazó tajantemente la mediación de Silva. Entonces, Silva abandonó su alianza con el FMLN, con lo cual, obviamente, renunciaba no sólo a un eventual tercer período como alcalde de San Salvador, sino también a su posible candidatura presidencial. Los dirigentes del FMLN consideraron la “jugada” de Silva imprudente y desleal. Y hay quienes lo califican abiertamente como un auténtico traidor. Ciertamente, el ex-alcalde capitalino mantuvo siempre sus propios criterios para manejarse en política, y eso lo sabía la cúpula del partido.

Hay quienes piensan que los ex-guerrilleros no supieron trabajar políticamente con un hombre de gran carisma, talento y capacidad, por no saber diferenciar entre un aliado, con quien se discute y se negocia permanentemente, y un militante, quien simplemente se subordina a las decisiones de sus autoridades superiores.

¿ALIANZA CON EL CENTRO?

Héctor Silva renunció oficialmente a su relación con el FMLN el 11 de enero de 2004 y aceptó la oferta de su amigo Rubén Zamora, un ex-aliado de la guerrilla, del Centro Democrático Unido (CDU). Fundado en 1998 por la alianza de tres partidos políticos, Convergencia Democrática (CD), Partido Popular Laborista (PPL) y Partido Demócrata (PD), y por dos escisiones del Partido Demócrata Cristiano, el CDU había logrado ubicarse como la tercera fuerza política del país en las presidenciales de 1999, con Zamora de candidato y 88 mil 640 votos de respaldo. No obstante, la alianza se despedazó inmediatamente después de aquellos comicios y a las elecciones de 2000 estas agrupaciones concurrieron separadas en dos bloques. Finalmente, tras una amarga disputa entre sus dirigentes, Zamora logró acreditar el partido con las siglas del CDU, participó en los comicios del año 2003 logrando cinco diputados -incluido Héctor Silva- suficientes para fundar su propia fracción parlamentaria.

Animados por influyentes grupos de académicos e intelectuales que, sobre todo desde las universidades, proclamaban la “necesaria” conformación de un llamado “centro izquierda”, Zamora, Silva, Héctor Dada Irezi, entre otros, no tenían mayor interés en una alianza con los ex-guerrilleros. Zamora tampoco estaba muy interesado en una nueva alianza con sus antiguos compañeros, puesto que en las elecciones de 1999 había alcanzado por sí solo la nada despreciable cifra del 7.5% del electorado y en sus cálculos, la popularidad de Silva le aseguraba el suficiente crecimiento para quizás incluso llegar a una segunda vuelta, batiéndose con ARENA y desplazando al FMLN.

Quizás por abrigar esta idea fue que -según dirigentes de la izquierda- la única manera que Zamora aceptaba concurrir en alianza con el FMLN era si el CDU tenía la hegemonía en la redacción del programa, en la selección de la fórmula presidencial y en la eventual conformación del gabinete. Zamora se quejó de que con la dirección política del FMLN -a la que calificó como autoritaria y de izquierda “ortodoxa”- no era posible negociar. Así las cosas, la eventual alianza fracasó antes de ni siquiera iniciar la negociación.

¿CON LA DC? ¿CON EL PCN?

Otra posibilidad para el FMLN era ensayar una alianza con la alicaída Democracia Cristiana. Después de lograr en 1984, con el fallecido José Napoleón Duarte, el 53.59% de los votos, la DC apenas cosechó el 5.68% en 1999.
Tan escaso electorado y las obvias diferencias ideológicas y hasta antiguos resentimientos -el gobierno democristiano toleró una gran cantidad de matanzas de los escuadrones de la muerte y hasta protegió a muchos de sus autores enquistados en el Ejército o en ARENA-, hicieron inviable la alianza.
La tercera fuerza con la cual el FMLN podía eventualmente formar alianza era el Partido de Conciliación Nacional (PCN). Esta agrupación había tenido un crecimiento electoral importante en los comicios municipales y legislativos, aunque en la lucha presidencial había caído en picada: del 19.31% obtenido en 1984 al 3.82% en 1999. El partido de “las manitos” -como le bautizaron los medios por su símbolo partidario- fue el instrumento de las clases dominantes durante más de veinte años.

Con coroneles y generales de candidatos, que eran electos presidentes mediante fraudes masivos y descarados, el PCN gobernó en los años 60 y 70 imponiendo el “orden” a sangre y fuego, cercenando todo tipo de libertades y enmascarando una auténtica dictadura militar con una democracia al peor estilo del big stick del big brother del Norte.

La tentación de una alianza con el PCN surgió tras la victoria del FMLN en los comicios legislativos y municipales de 2003, cuando “las manitos” se alzaron con el 19% de los votos y consiguieron 16 diputados, convirtiéndose así en la llave para controlar la Asamblea Legislativa. De hecho, en abril de 2003 el FMLN y el PCN pactaron la composición de la junta directiva de la Asamblea y la de las comisiones parlamentarias, lo que hizo revolcarse de rabia a los de ARENA. El PCN asumió la presidencia de la Asamblea y sumó sus votos a la izquierda para aprobar un decreto ley mediante el cual se restituyó en sus puestos a los centenares de médicos y otros trabajadores de la salud que habían sido despedidos por el gobierno en su afán de aplastar la vigorosa protesta que protagonizaron para impedir los planes privatizadores.

A pesar de esa alianza coyuntural, las diferencias políticas, históricas e ideológicas entre ambos partidos eran demasiadas, y tampoco hubo demasiado interés de ninguna de las partes en concretar una alianza electoral.

¿CON MAURICIO FUNES?

El FMLN tanteó también alianzas con algunas personalidades, la más importante el periodista Mauricio Funes, quien con su estilo sobrio y equilibrado, desde el canal 12 de televisión se ha labrado un sólido prestigio profesional y goza de mucha simpatía entre los ciudadanos.

El propio Funes fue quien se autopropuso como eventual candidato presidencial, en una entrevista publicada en marzo de 2003 en el semanario digital “El Faro”. En esa oportunidad, Funes, aseguró que sería candidato del FMLN bajo tres condiciones: “No aceptaría ir a una elección interna, porque no voy a ir a disputar protagonismos con dirigentes históricos como Schafik. Tampoco lo haría si el FMLN no construye una amplia coalición con diferentes partidos y con fuerzas sociales. Y la tercera condición sería que esté agotado mi rol como periodista”.

En general, los dirigentes del FMLN reaccionaron positivamente y hasta halagados. El diputado Humberto Centeno, dijo que Funes “engrandecería a cualquier partido político”.

El coordinador general del FMLN, Salvador Sánchez Cerén -más conocido por su seudónimo Leonel González- calificó sus declaraciones como “un honor”, pero advirtió sobre la “gran cantidad de personas que quieren aspirar” a la candidatura presidencial del FMLN. Hándal fue menos diplomático: “No me interesa opinar al respecto”. Otros dirigentes, como la diputada Violeta Menjívar y el alcalde de Santa Tecla, Oscar Ortiz, fueron pródigos en sus elogios a Funes.

UNA ENCUESTA TAN REVELADORA COMO INÚTIL

A mediados del año 2003 tres firmas ya habían publicado encuestas sobre las posibilidades de varios eventuales candidatos presidenciales de los dos grandes partidos.

Para despejar sus dudas, la dirección del FMLN decidió sondear las posibilidades de seis precandidatos presidenciales. Tres eran personalidades independientes: el periodista Funes, el ex-ministro de economía Arturo Zablah y la magistrada de la Corte Suprema de Justicia Victoria de Avilés. Tres eran dirigentes del partido: Hándal, su líder histórico; Oscar Ortiz y la diputada Violeta Menjívar. Sobre la base de esta lista, contrató a la empresa Vox Latina para que realizara una amplia encuesta sobre las preferencias de la ciudadanía ante estos seis precandidatos, y también sobre temas de interés ciudadano -para formular el programa- y sobre la percepción del electorado sobre el gobierno, ARENA y su eventual candidato. La encuesta se realizó entre el 4 y el 17 de mayo.
Los resultados fueron harto reveladores. Pero fueron inútiles, al menos en lo que concierne al candidato. Porque las decisiones tomadas posteriormente evidencian que la dirección efemelenista o no los tomó en cuenta o no los supo interpretar. Por ejemplo:

- El 58.6% de los ciudadanos consideraron que las elecciones municipales y legislativas del 16 de marzo de 2003 las ganó el FMLN por lo mal que gobierna ARENA. El 26.9% dijo que las ganó por lo bueno que es el Frente.

- A la pregunta: “Si usted fuera político y quisiera que su partido ganara la Presidencia, ¿a qué líder o político propondría como candidato?”, el 44.5% no respondió. Del resto, el 9.5% propuso a Funes, el 8.1% a Silva, el 5.2% a Hándal y el 3.1% a Ortiz. Seguían otros veinte nombres más con porcentajes inferiores.
- Aunque un 56.5% no quiso responder a la pregunta sobre quién creía que ganaría la nominación del FMLN, el 18.4% dijo que sería Hándal, el 8.4% creyó que Funes, el 6.6% que Ortiz y el 3.7% que Silva.

- Se presentó a los encuestados una lista de 20 personalidades preguntándoles si le caían bien o mal. De Hándal, no opinó el 59.7%. Del resto, un 80.5% dijo que les caía mal. En el caso de Funes, al 5.2% le caía mal y el 3.9% opinó así de Ortiz y de Silva.

- De entre los líderes del FMLN, el 15.9% opinó que Hándal era el mejor, el 5.3% dijo que era Ortiz y el 3.2% dijo que Silva. Muy significativo: el 27.3% opinó que el peor era Hándal, el 2.5% opinó que era Silva y el 1.1% optó por Sánchez Cerén.

- A la pregunta “¿Con qué candidato se la haría más difícil ganar al FMLN?”, el 34.4% dijo que con Hándal, el 2.7% señaló a Silva, el 2.3% a Ortiz y el 0.9% a Funes.

- A la pregunta “¿Con qué candidato se le haría más fácil ganar al FMLN?”, el 14.1% contestó que con Funes, el 6.8% que con Ortiz, el 6.6% nombró a Silva y el 5.6% a Hándal.

- A la pregunta “¿Qué candidato presidencial podría sumarle votos al FMLN?”, el 11.6%, respondió que Funes, el 8.7% dijo que Silva, el 4.3% Ortiz y el 2.5% Hándal.

- Le preguntaron a los encuestados cómo sería más fácil que el FMLN ganara las presidenciales: si con un líder de su partido o con un candidato seleccionado de fuera del Frente. Esta respuesta fue la más significativa de todas. Porque la contestó el 94% de los encuestados. Y porque el 53.3% dijo que con uno de fuera del Frente. El 40.7% contestó que con uno del partido.

- El 88.4% de los encuestados dijo no conocer a Guillermo Mata. El 88% dijo conocer a Silva y un 60% le señaló diversas cualidades: buen alcalde, trabaja por el pueblo, sabe gobernar...

El 55.9% no conocía a Oscar Ortiz, y de entre quiénes sí le conocían, lo consideraban un buen alcalde. Más de un tercio lo admiraba y respetaba.

El 70.5% sabía quien es Mauricio Funes y lo consideraban un buen periodista que dice la verdad. El principal defecto que le señalaban, aunque menos del 3%, era no reconocer las cosas buenas que hacía el gobierno. Dos terceras partes de los encuestados dijeron respetarlo y más de la mitad, admirarlo.

- El 81.7% de los encuestados dijo conocer a Schafik Hándal. De entre sus cualidades la que más apareció es que ayuda al pueblo (15.8%). Entre sus defectos, un 21.6% dijo que es violento, un 6.4% prepotente, un 4.6% señaló como defecto “su personalidad” y un 3.4% ser líder de la guerrilla. Un 24.7% afirmó que no le inspiraba respeto.

El 55.9% dijo respetarlo. Admirarlo, el 34.4%. No lo admiraba el 46.4%.

El 10.7% dijo despreciarlo y el 69.9% dijo no despreciarlo. El 9.8% dijo que le inspiraba miedo y el 71.1% dijo que no. El 35.5% dijo que le inspiraba esperanza, mientras que al 44.8% no se la inspiraba. El 21.9% dijo que le daba lástima porque nunca sería Presidente. El 57.8% dijo que eso no le daba lástima.

SCHAFIK, EL ELEGIDO

Con los resultados de esta encuesta en sus manos, la dirección política del FMLN inició consultas con algunas de las personas sobre las que sondeó opiniones. En algún momento se dijo en los medios que habrían explorado la posibilidad de la fórmula Schafik-Funes, pero el periodista aseguró: “No me lo han planteado oficialmente, pero si lo hicieran la respuesta es no. No voy a ser compañero de fórmula de Schafik”.

En privado, los dirigentes del FMLN aseguran que Funes, además de las precondiciones ya señaladas, pedía demasiado: él redactaba el programa, él escogía el candidato a vicepresidente, él seleccionaba el gabinete. Señalan también que Funes tiene flancos débiles en su estilo de vida, y eso iba a hacer las delicias de la derecha arenera en la campaña sucia que pensaban implementar. Descartada la posibilidad de elegir como candidato a una personalidad de fuera del partido, la cúpula del FMLN procuró lograr consenso alrededor de Hándal. No lo logró. El “pelo en la sopa” fue Oscar Ortiz. El 24 de mayo, la Comisión Política del FMLN pidió a los miembros del Consejo Nacional, la máxima autoridad partidaria cuando no está reunida la Convención Nacional, que ratificaran a Hándal, líder histórico del partido y jefe de la bancada parlamentaria del Frente, como candidato presidencial.

De los 53 miembros del Consejo presentes en ese momento, sólo 37 lo respaldó.

Desde marzo del año pasado, después de ser reelecto como alcalde de Santa Tecla, Oscar Ortiz no sólo había planteado su aspiración a ser candidato presidencial de su partido. Declaró públicamente su oposición a que fuese Hándal. En privado, varios dirigentes del Frente achacan a Ortiz el defecto de la megalomanía y dicen que es manipulado por un selecto grupo de colaboradores, supuestamente involucrados en actos poco transparentes. Ortiz mantuvo su precandidatura y el Consejo Nacional no tuvo más remedio que convocar a elecciones primarias tal y como lo establecen los estatutos partidarios.

ORTIZ RETA A HÁNDAL

Oscar Samuel Ortiz Ascencio es un ex-combatiente guerrillero de 41 años, y licenciado en Ciencias Políticas. Fue electo en 2000 y reelecto en 2003 como alcalde de Santa Tecla (Nueva San Salvador) y tiene un excelente expediente en la gestión de ese gobierno local y en el cargo de presidente de la Corporación de Municipalidades (COMURES), asociación que agrupa a la totalidad de los alcaldes del país. Adquirió notoriedad nacional e internacional, por su destacado papel durante la emergencia vivida en su municipio por los devastadores terremotos del año 2001.

El 27 de julio se realizaron las elecciones primarias. Hándal obtuvo el 52.5% y Oscar Ortiz el 47.4%. El Tribunal Electoral del FMLN tardó más de seis horas en revelar los resultados y Hándal declaró que no había sido fácil: Ortiz “ha demostrado su liderazgo en el partido”, admitió. Ortiz aceptó:
“Tal y como lo dijimos, la última palabra la tendrían ustedes, los militantes. Después de conocer los resultados no hicimos más reparo que dar a conocer al ganador. La elección fue cerrada, intensa, pero con ese porcentaje es suficiente y respetaremos el resultado”. En esas elecciones primarias el FMLN eligió como su candidato a vicepresidente -no tuvo rival- al prestigioso médico pediatra Guillermo Mata, 21 años más joven que Schafik y líder de la resistencia de los trabajadores de la salud a la privatización del sistema de salud pública.

¿PODÍA SER HÁNDAL
UN ICONO DEL CAMBIO?

Schafik Hándal posee una impecable trayectoria como revolucionario, y sus cualidades de honradez, capacidad y liderazgo interno son incuestionables; Fue elegido como diputado desde 1997 y fue secretario general del disuelto Partido Comunista. Emergió como el principal líder del FMLN desde la salida del partido de Joaquín Villalobos, Fermán Cienfuegos y Fabio Castillo. Sin embargo, sus 74 años y su salud quebrantada, su papel clave en la guerra, entre otras cosas, hacían muy difícil presentarlo como icono del cambio, aspiración de más de la mitad de la población salvadoreña, según las encuestas de mediados del año 2003.

Y lo hacían fácil presa de la guerra sucia que preparaba ARENA, acostumbrada a actuar sin escrúpulos ni límites contra sus adversarios.

Todos estos factores eran conocidos de antemano en la dirección del FMLN. Fueron analizados y llegaron a la conclusión que estaban en capacidad de vencer los prejuicios porque, según argumentaban, se vota al partido y al programa y no al candidato, y porque lo más sólido era el deseo de los salvadoreños de expulsar a los areneros del poder para cambiar el rumbo del país. Además, estaban convencidos de que fuera cual fuera el candidato, la derecha lanzaría la misma campaña destructiva de calumnias. Y otra razón: consideraban que se trataba de hacer un acto de justicia con Hándal, un hombre que había dado todo por su país, considerando que no tendría ya otra oportunidad de ganar la Presidencia de la República.

ARENA: PROCESO DE SELECCIÓN

En ARENA el proceso de selección fue un tanto diferente. Todas las decisiones que tomó ARENA desde su derrota en marzo de 2003 estaban dirigidas a impedir a cualquier precio el triunfo de “los comunistas”. Después de la debacle en las legislativas y municipales de 2003, sus principales dirigentes renunciaron y los ex-Presidentes Armando Calderón Sol y Alfredo Cristiani, directamente vinculados a los más poderosos grupos económicos salvadoreños, intervinieron personalmente en la toma de decisiones. Una de las más importantes fue enmascarar la selección del candidato presidencial con una elección primaria “controlada”: votarían todos los dirigentes territoriales, los diputados nacionales y los diputados al Parlamento Centroamericano, y los líderes de los ocho sectores que integran el partido, pero el voto no sería secreto sino a mano alzada.

El candidato favorito, tanto de los dirigentes del partido como de sus bases, era Roberto Murray Meza. Inesperadamente, éste declinó, aduciendo “razones personales”.
Se desató entonces una recia competencia entre dirigentes intermedios o funcionarios públicos de segunda línea para lograr el favor de los areneros más poderosos. En aquel momento, querían competir Mauricio Sandoval, ex-director de la Policía Nacional Civil;, Alberto Carranza, ex-viceministro de Seguridad Pública, el empresario Juan José Gómez y los militantes Ireneo Tobar Pinto y Manuel Campos. Ninguno de ellos era del total agrado de dirigentes y miembros del partido.

Armando Calderón Sol quiso ser candidato a la reelección bajo el argumento de que ninguno de los que hasta junio figuraban como candidatos tenía las cualidades para vencer. “Es un clamor nacional del partido -decía-.
No es que yo lo diga, sino que lo dice casi todo el mundo. La verdad es que hasta este momento no hay cartas ganadoras, no hay cartas que puedan unificar al partido”. Lo mismo insinuó Cristiani, desde la mansión donde prefiere provocarse alucinaciones y pocas veces se encuentra sobrio.

APARECE EL CANDIDATO:
“ME GUSTA QUE ME DIGAN TONI”

Tras bambalinas, la nueva generación de ARENA, principalmente la clase empresarial reunida en la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), empezó a mover sus fichas. En cuestión de tres semanas lograron convencer a su presidente, el empresario radial Elías Antonio Saca -“me gusta que me digan Tony”-, quien poco antes había sido reelecto en su cargo.

Desde su posición como presidente de ANEP, Saca tenía una notable proyección pública, a la que agregaba su condición de empresario radial y locutor deportivo. Durante su gestión, se ganó la simpatía del presidente Flores, a quien se le atribuye la idea original de promoverlo como candidato. Flores y el resto de la directiva de la ANEP, respaldados por el presidente del partido, José Antonio Salaverría, consideraban que para frenar al FMLN había que luchar con un candidato lo más “limpio” posible y que pudiese atraer a jóvenes y a mujeres, sectores en donde tradicionalmente se ubica el electorado de ARENA.

Saca reunía estas condiciones: era joven -39 años-, tenía 27 cuando terminó la guerra -en esa época, era director de deportes del canal 4- y nunca ocupó ningún cargo público ni militar, y no parece haber estado vinculado a los escuadrones de la muerte. Tras pensarlo una semana, Saca renunció a la presidencia de ANEP y se inscribió como precandidato en junio de 2003. Un día antes, el Vicepresidente de la República Carlos Quintanilla, había anunciado sus intenciones de competir.

ROSTRO NUEVO, IDEAS FRESCAS

Los medios de comunicación acompañaron ruidosamente la inscripción de Saca e hicieron todo lo posible por posicionarlo rápidamente como favorito, propiciando el retiro de los demás candidatos. Así ocurrió con la mayoría. Hasta Calderón Sol debió anunciar pocos días después que abandonaba sus aspiraciones y le daba su total respaldo a Saca, algo que ya había hecho Cristiani. Después, siguió el rosario de deserciones y finalmente sólo quedaron el locutor y el Vicepresidente.

El 13 de julio de 2003 se realizó la elección primaria. Saca aplastó a Quintanilla en un ejercicio de participación tutelada. Tony -¿no sería más salvadoreño Toño?- ganó en 273 organismos territoriales y en los 8 sectores nacionalistas del partido. Quintanilla sólo obtuvo tres. Toño Saca atribuyó su triunfo a que “las bases quieren un rostro nuevo, un programa nuevo, ideas frescas para gobernar el país”.

Según los estatutos areneros, el candidato presidencial escoge a su compañero de fórmula de una terna que le presenta la directiva del partido. Ese mismo día, Saca anunció que prefería una mujer y poco después escogió a Ana Vilma Albanez de Escobar, una economista egresada de la universidad de los jesuitas con un escaso currículo político y con una única experiencia de gobierno: en 1999 fue directora del Instituto de Seguridad Social, con la misión de privatizarlo. Encontró una tenaz resistencia de los trabajadores, encabezados por el presidente del Colegio de Médicos, Guillermo Mata, y aunque no pudo culminar su tarea, su actuación fue intransigente y despiadada: despidió masivamente a todos los que participaron en las huelgas. Bajo el lema de “Tengo mis manos limpias y listas para el trabajo”, Saca y la señora de Escobar se lanzaron a la carrera electoral.

DOS OPCIONES:
PRINCIPIOS VS. MERCADOTECNIA

En la contienda electoral, el FMLN apostó a su “herencia revolucionaria y a la lealtad a los principios” con un candidato de 74 años, jefe guerrillero y comunista reconocido, mientras ARENA apostaba a la mercadotecnia electoral, confirmando su tradición de nunca hacer alianzas electorales, y eligiendo a un joven empresario, sin vínculos con la guerra y sin experiencia política.

La fórmula de la derecha combinó mujer y juventud. La de la izquierda, tradición y lucha social. ARENA se trazó como objetivo conquistar el voto de la mayoría del 59% del electorado, los menores de 40 años, y la mayoría del 52.22%, las mujeres. El FMLN apostó más al 47.78%, a los varones, y al 41% de los mayores de 40 años. En términos geográficos, ambos partidos concentraron sus esfuerzos en los 21 municipios más poblados del país: los 12 de la zona del Gran San Salvador, y las principales capitales departamentales.

Dos semanas después de electo Hándal, cinco después de la selección de Saca y una semana más tarde de la proclamación de Héctor Silva como candidato del CDU, el Centro de Investigación de la Opinión Pública Salvadoreña (CIOPS), de la Universidad Tecnológica de El Salvador, publicaba la primera encuesta: el candidato de ARENA ganaba por casi 30 puntos al del FMLN en cuanto a valoración individual. Sin embargo, esta ventaja se reducía a sólo 10 puntos cuando los encuestados revelaban sus preferencias por partido. La encuesta del CIOPS colocaba a Saca como más capaz con un porcentaje favorable del 45.89%. Hándal lo seguía con el 18.77%. Detrás, Silva con el 13.75%. Un 44% percibía a Saca como concertador, un 7% consideraba así a Schafik y un 15% a Silva. Como moderado, Saca lograba el 46.6%. En este atributo, sólo un 14.12% percibía así a Hándal, que ocupaba un tercer lugar detrás de Silva (16.47%). En cuanto a los partidos, el 39% anunciaba que votaría por ARENA, el 29% por el FMLN y poco más del 10% por la coalición PDC-CDU.

LA SUCIA ESTRATEGIA DE LAS 3 M

Los programas no brindaron mayor novedad. ARENA ofrecía continuar con la receta neoliberal y consolidar la lucha sin cuartel contra las temidas maras o pandillas de delincuentes juveniles.
La izquierda enarboló cuatro banderas: la lucha contra la corrupción (“Cárcel para los corruptos”) reformar o anular el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, recuperar el colón como moneda nacional -desde hace tres años, el dólar es la moneda oficial-, y mantener relaciones de amistad, no de subordinación con Estados Unidos.

El eje fundamental de la propuesta del FMLN era hacer realidad los principios constitucionales que establecen el fortalecimiento del Estado como garantía de una justa distribución de las riquezas.

La diferencia no la marcaron los programas, sino la campaña que lanzó la oligarquía no sólo a través de ARENA, sino también utilizando instrumentos inventados para la propaganda electoral más sucia jamás desarrollada en El Salvador, como la Fundación Libertad. El objetivo principal era pulverizar la imagen del candidato presidencial de la izquierda. La campaña estuvo basada en lo que algunos analistas llamaron “las tres M”: Mentir incesantemente a través de los Medios masivos de comunicación, para sembrar el Miedo en los electores.

MEDIOS: INTERESES Y TEMORES

Un estudio del Proyecto Veritas, presentado en abril de 1999, cuyo objetivo principal era evaluar la participación de los medios en la campaña presidencial de aquel año, señaló que “existe una interrelación entre los lideres políticos, el gobierno y los propietarios, editores y gerentes de los medios, mientras los empleados, periodistas y la sociedad en general resuenan en sus propias interacciones”. Agrega que “los medios carecen de credibilidad porque reflejan los intereses económicos de los propietarios”.

De acuerdo con las entrevistas que el estudio hizo a dueños de medios y a periodistas, “las conclusiones son menos que optimistas, porque los medios son parte de un sistema económico y político que permite y que incluso motiva a la desinformación”. Entre otras cosas, el estudio cita que el gerente de una radioemisora admitió que entre su empresa y el partido ARENA “existía un contrato comercial para hacer sonar las actividades proselitistas del partido como noticias” y explicó como fundamento de semejante distorsión que “nosotros apoyamos ARENA porque los propietarios de los medios tenemos una larga historia apoyando a la derecha, por mas de 40 años”.

En esta ocasión, los dueños de las empresas de comunicación, desde “El Diario de Hoy” y “La Prensa Gráfica” hasta las cadenas de televisión y de radio, pasando por las agencias publicitarias, lo hicieron también en defensa de sus propios intereses: alegaban que si el FMLN ganaba, tendrían que pagar impuestos, se les impondrían restricciones a su trabajo, y -un aspecto crucial- se autorizarían permisos a otros empresarios para nuevas frecuencias u otros periódicos, mermando así su lucro. Veritas cita que un empresario radial llegó a reconocer que ARENA le pagaba el salario a un periodista de su equipo para que se dedicara a tiempo completo a cubrir las elecciones según los intereses de ese partido.

PERDERÁN EL EMPLEO,
LAS REMESAS Y LA LIBERTAD

En esta campaña electoral, el régimen, a través de sus medios de comunicación o valiéndose de cualquier organización real o inventada, usó la mentira, la difamación y la calumnia para descalificar a Shafidk: lo estigmatizaron como secuestrador, asesino, come-niños, decrépito, diabólico, etcétera, etc.
En su balance de las elecciones, la revista “Proceso” afirma: “Las empresas de comunicación escrita, radial y televisiva más poderosas del país -entre las que destacan la Telecorporación Salvadoreña, los matutinos El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica y algunos influyentes grupos radiales- no escatimaron esfuerzos para llegar a todos los rincones del país con su contundente mensaje: la libertad de los salvadoreños estaba seriamente amenazada con un probable triunfo del candidato efemelenista Schafik Hándal. Dieron rienda suelta a la campaña sucia que comparaba al principal candidato opositor con el mismo demonio y a un posible gobierno suyo con el mayor caos que pudiera conocer El Salvador.

La inminente debacle se anunció a diestra y siniestra, tocando las fibras más sensibles del electorado salvadoreño: la amenaza de perder sus fuentes de empleo, sus remesas y sus ya maltrechas libertades. Gustosos de servir como profetas del inexorable desastre comunista, los grandes medios de comunicación se prestaron al juego antidemocrático de difamar al FMLN y a su candidato, incluso en el período en que el Tribunal Supremo Electoral -otra entidad cómodamente situada en la hipocresía antidemocrática institucionalizada- prohibía, a tres días de los comicios, publicar cualquier llamamiento al voto. Los “renglones torcidos del comunismo” no pedían explícitamente el voto a favor de ARENA, pero era suficientemente clara su intención de amedrentar a los salvadoreños para que no dieran su voto al FMLN”.

“NO ES CAMPAÑA SUCIA, ES CREATIVA”

La organización fachada que usó ARENA fue una tal Fundación Libertad, con apenas nueve miembros y cinco directivos, que inició su proceso de inscripción legal en los límites de los plazos que le permitirían actuar antes de las elecciones. Su cabeza visible es un tal Rafael Menjívar, quien tuvo el cinismo de justificar el carácter de utilidad pública de su organismo: “Promovemos el valor de la libertad y la democracia y eso es de utilidad pública”.

Su Fundación gastó decenas de miles de dólares en formular y publicar decenas de mensajes desplegados a toda página por los dos principales diarios, en editar y difundir otros tantos spots televisivos y cuñas radiales, en todos los cuales, el mensaje dirigido a los ciudadanos era el mismo: su “libertad” estaba amenazada por un comunista asesino y secuestrador.
“Los spots hacen referencia a los comunistas y están dirigidos a la ideología comunista del FMLN -explica Menjívar-. Yo no veo lo sucio, porque estos spots me han gustado a mí, a mujeres y a ancianos, no le veo lo sucio ni la agresividad, yo lo que le veo es creatividad, no considero que estoy dañando la imagen de nadie ni se ha ridiculizado con todo el cálculo a ningún candidato. Nosotros hemos analizado como fundación la concepción ideológica de la estructura de poder y de hegemonía del Partido Comunista dentro del Frente y consideramos que es una amenaza para la sociedad salvadoreña. El mismo candidato a la presidencia es reo confeso porque él ha dicho que es comunista y pone nervioso a Washington por su relación personal con el comunista Fidel Castro y el aprendiz de dictador Hugo Chávez”.

Menjívar explicó que recibían dinero de cualquiera, pero que apenas manejaron fondos por 25-30 mil dólares mensuales -”es poco”, dice- aunque quizás ni los necesitaban, porque aunque admite que “todo tiene un costo”, confiesa también que “si te regalan una producción, tiene un costo diferente a pagarlo o si te lo reducen sólo a la mitad del precio”. Menjívar es un experto en el oficio.

El año pasado, para las elecciones municipales y legislativas, dirigió la Fundación para el Bienestar Salvadoreño (FUNDABISA). Y cuánta casualidad, su papel fue idéntico. Ahora, según él, tiene en el “congelador” a esta organización y es pura coincidencia -“está bonito ese término”, dice- que cuando aparecen sus spots es porque se van a celebrar elecciones.

Saca hizo lo propio. Durante la campaña le gustaba decir: “Tengo las manos limpias, yo no he secuestrado” y acusaba al FMLN de proteger a los mareros. Hasta se quejó de que sus adversarios atacaban su campaña.
En cuanto discurso hacía, hablaba siempre de los candidatos secuestradores, asesinos, terroristas, enemigos de Estados Unidos, cuando menos. Según Saca, no lo hizo en alusión a nadie, sino para resaltar que él no era nada de eso.

La autoridad electoral sólo retiró uno de los montones de spots televisivos, y aunque supuestamente ordenó que cesara la transmisión del resto, la verdad es que jamás resolvió las quejas oficiales del FMLN y no hizo nada para hacer cumplir su propia orden. Hasta en el llamado período de silencio, una vez concluida la campaña, permitió que Menjívar continuara con sus “creaciones”.

FMLN: CAMPAÑA ELECTORAL
CON MUY POCOS RECURSOS

La campaña del FMLN fue diferente y se basó en la propaganda directa. Sin contar con ningún medio de comunicación que les ayudara a difundir sus propuestas, visitaron casi un millón de hogares en todo el país, les entregaron su programa y se lo explicaron, intentando demostrar cómo todo lo que decía ARENA sobre un eventual gobierno de Hándal eran calumnias. Enfatizaban la necesidad de cambiar el rumbo del país y, sobre todo, conocieron personalmente a mucha gente. En este sentido, la izquierda dio una lección ejemplar de cómo hacer una campaña electoral con pocos recursos financieros y luchando contra una gigantesca maquinaria de poder.

Al inicio de la campaña, Hándal intentó recuperar como un mérito propio su papel en la guerra. Pero ARENA y sus medios se lo arrebataron con un discurso perverso: sustituyeron la verdad del papel crucial jugado por Hándal para alcanzar los acuerdos de paz que abrieron las puertas de la democracia para El Salvador, con la imagen de un secuestrador, terrorista y delincuente.

Ni una palabra sobre las horrendas masacres de El Mozote o del río Sumpul, del asesinato de Monseñor Romero -ordenado por Roberto D´Aubuisson, fundador de ARENA, según la Comisión de la Verdad- o el de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos empleadas, ordenado por el ex-Presidente arenero Alfredo Cristiani. En cambio, todas las acciones de la guerrilla, en legítima campaña de defensa militar, fueron presentadas como destructivas y dañinas para los intereses del país y de la gente. Lamentablemente, alcanzaron su propósito.

PERDIÓ EL FMLN,
TAMBIÉN PERDIERON LOS MEDIOS

La revista “Proceso” analiza que en las elecciones no sólo perdió el FMLN y sus electores. “También los grandes medios de comunicación -aunque nunca lo lleguen a reconocer- perdieron una oportunidad histórica de mostrar su credencial democrática, al plegarse a los intereses del partido oficial, que son los mismos que defienden desde sus tribunas. No se trata solamente de no haber mostrado con tanta contundencia sus preferencias electorales a favor de ARENA y su candidato, sino de abrirse a la pluralidad de voces que resuenan en El Salvador”.

“Tampoco se trata de una mera concesión equitativa de espacios a los candidatos contendientes, sino de algo que va más allá: someter a la sana crítica a quienes laboran desde el Estado en perjuicio de los salvadoreños y vehicular los intereses de estos últimos. Reclamarles mayor compromiso democrático es pedirle a los medios que renuncien a sus intereses, que consideran legítimos. Es exigirles sopesar entre las jugosas ganancias que obtienen de sus negocios y el compromiso ante una sociedad que todavía no aprende a vivir en democracia”.

ESTABA PREPARADO EL FRAUDE

ARENA no se descuidó. Temerosa de que le fallaran sus cálculos y su estrategia, se había preparado también para adulterar los resultados electorales, en caso de que no le fueran favorables. Fuentes de inteligencia revelaron que había instrucciones precisas para acuartelar a los militares el mismo día de los comicios, para controlar a los observadores internacionales que no habían sido invitados por el gobierno o por el tribunal electoral -eran centenares quienes llegaron en nombre de organizaciones internacionales de derechos humanos, por ejemplo- y hasta para ejecutar apagones en los principales centros de votación y en la sede del centro de cómputos, entre otras medidas. La decisión sería tomada a primera hora de la tarde y sobre la base de la tendencia que mostraran los sondeos a boca de urna que ARENA había contratado. Evidentemente, no lo necesitaron, pero estaban dispuestos a hacerlo.

EL MENSAJE
MÁS ATERRORIZANTE DE TODOS

El gobierno de Estados Unidos no actuó como espectador. Intervino directamente, principalmente a través de un enviado especial, Róger Noriega, anticomunista trasnochado y conspirador contra toda fuerza que no se subordine a los intereses de su grupo -hay quienes dicen, por ejemplo, que en 1999 se encargó de organizar el fraude en Florida para robarle el triunfo a los demócratas y obsequiárselo a Bush junior-.
Pese a los denodados esfuerzos -a veces exagerados- del FMLN por asegurar durante la campaña que no era enemigo de Estados Unidos, los medios de comunicación se encargaban de magnificar cualquier declaración de cualquier personero del gobierno yanki, aunque tan sólo dijera “Nos gustaría seguir trabajando con ARENA” o “El presidente Flores es nuestro amigo”.

La más aterrorizante de las mentiras empleadas por ARENA fue la relativa a los millones de salvadoreños exiliados. Probablemente fue el principal factor que inclinó definitivamente la balanza electoral. ARENA difundió reiteradamente esta idea: si el FMLN gana decretará un impuesto sobre las remesas familiares. Después, dijeron que si Schafik ganaba eliminaría las remesas. Para rematar, la Casa Blanca declaró que si los salvadoreños elegían al comunista Hándal como presidente, revisaría inmediatamente el estatus temporal de aproximadamente 600 mil salvadoreños residentes en Estados Unidos. Incluso, tan tarde como el jueves 18 de marzo, dos días antes de las elecciones, un funcionario de Washington repitió la amenaza, profusamente difundida día y noche por todos los medios de comunicación.

La apelación al voto de ARENA -por los medios, en llamadas telefónicas a cada potencial votante, en pintas, en volantes sin firma, y con la más poderosa de las armas, el rumor- era constante: deben ir a votar para que no les quiten las remesas y para que no devuelvan a nuestros compatriotas de Estados Unidos. El efecto fue devastador.

La gente entró en pánico. Si las amenazas yankis se cumplían, ¿cómo harían más de 300 mil familias salvadoreñas para sobrevivir? ¿En que trabajarían esos 600 mil ciudadanos obligados a regresar a su empobrecido país? ¿Dónde vivirían?

ATEMORIZADOS Y CONVENCIDOS

Casi 2 millones 300 mil salvadoreños acudieron a las urnas. De ellos, más de 1 millón 300 mil votaron por ARENA y por Saca. O mejor, contra Hándal y el FMLN. ¿Cuántos de ellos lo hicieron motivados por el terror? Algunos dicen que por lo menos la mitad.
El FMLN superó su meta electoral, pero no ganó. En las presidenciales de 1999, Flores ganó con 614 mil 268 votos. El FMLN se propuso esta vez lograr 724 mil votos. Alcanzó 812 mil 519, casi 100 mil más. No fue suficiente. Sin embargo, en contraste con los muchos electores atemorizados que captó ARENA, el voto que recibieron Schafik y el FMLN fue el de gente cansada del régimen arenero y convencida de la necesidad de cambiar el rumbo del país, segura de que las propuestas del Frente eran la mejor opción para El Salvador.

OTRAS RAZONES DE PESO
EN LA DERROTA DEL FMLN

El semanario “Proceso”, de la UCA señala las que considera son algunas causas de la derrota del FMLN: “Además de la campaña sucia, hay que añadir, como otro factor explicativo de la derrota del FMLN, la incapacidad del partido para, primero, fraguar una candidatura competitiva y, segundo, diseñar una propuesta de gestión gubernamental que disminuyera la incertidumbre que despertaba en distintos sectores sociales su posible triunfo. En su momento, se insistió hasta la saciedad en la debilidad del candidato del FMLN, Schafik Hándal. Su perfil no era el mejor, antes al contrario, ofrecía demasiado flancos débiles que podían ser aprovechados por los estrategas de ARENA. Sin embargo, cargar toda la responsabilidad de la derrota en Hándal es excesivo, puesto que es el partido como un todo el que no supo (o no pudo) estar a la altura de los desafíos que le planteaba ARENA y su campaña sucia”.

“El FMLN y su candidato jugaron el juego de ARENA: por una parte, permitieron que la batalla se librara en el espacio mediático; por otra, hicieron una campaña en la que se apeló al pasado histórico del partido, comenzando con la propia figura de Hándal, sin tener el tino para vislumbrar que la derecha mediática tenía la capacidad de apropiarse de la historia reciente de El Salvador y teñirla de su visión. Fue esta visión la que se impuso; en ella, la guerra y sus males son responsabilidad exclusiva del FMLN, a cuya cabeza estaba, como candidato, uno de sus líderes históricos.

Cotidianamente, la gente más sencilla del país fue saturada con ese mensaje; su eficacia fue corroborada el 21 de marzo”.

“Por último, no se puede dejar de señalar la cultura política de la mayoría de salvadoreños. En ella, predomina el ansia de seguridad y de orden, el conservadurismo y el afán de poseer cosas o de tener éxito. ARENA explotó al máximo esos ejes culturales. Sus estrategas y asesores demostraron poseer un conocimiento bien cimentado de la sicología popular. El FMLN no pudo hacerlo. Apeló a un referente -“El cambio es hoy”- para el cual la mayoría de salvadoreños aún no estaba preparada. Porque el cambio ofrecido por el FMLN era demasiado arriesgado, porque suponía sacrificios y renuncias, porque amenazaba con socavar el orden en el que cada cual, mal que bien, lleva su vida”.

NO HAY TIEMPO QUE PERDER

Pasado el trauma de esta derrota, el FMLN necesita una profunda revisión de sus métodos electorales, una recomposición de su liderazgo y un replanteamiento serio para lograr llegar a la juventud y a las mujeres, dos sectores que no ha podido conquistar. No podrá ganar ninguna elección si no logra enchufarse con los intereses y los anhelos de los jóvenes y de las mujeres. Necesitará también desatar iniciativas audaces que le doten, por una parte, de medios de comunicación eficaces, al menos una radio y un diario de alcance nacional, y por otra, crear algún mecanismo que le permita mantenerse en comunicación con ese gigantesco caudal electoral que tanto le costó conquistar.

Nada de esto será suficiente si la dirigencia del FMLN no es capaz de hurgar en sus propias fallas. En eso centraremos la reflexión en un próximo análisis. Hay muchas otras preguntas que el partido en su conjunto debe responder, y no hay tiempo para postergar una auténtica discusión democrática desde la base. No hay tiempo porque hoy el régimen arenero está envalentonado y seguramente arremeterá muy pronto contra la educación y la salud públicas, se avecina la entrada en vigor del TLC con Estados Unidos y Saca no tiene voluntad de resolver los grandes problemas sociales y económicos de la gente. Son tres de las tantas batallas inminentes. Mientras respalda la resistencia de los gremios y asume la lucha por los intereses de la gente, el FMLN necesita cambiar las formas, revisar aquellos conceptos que ya no están vigentes y aprender a difundir sus propuestas para cautivar no sólo las mentes de los ciudadanos, sino también sus corazones.

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