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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 262 | Enero 2004
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Guatemala

Nuevo gobierno: optimismo y expectativas

Después de cuatro años políticamente catastróficos, se respira en Guatemala un sentimiento de optimismo. También de impaciencia. Son demasiados los problemas acumulados. Superar el estilo de parchearlos e identificar soluciones para los más crucialeses el reto del nuevo gobierno.

Juan Hernández Pico, SJ

Un día después de las elecciones en segunda vuelta los resultados eran ya oficialmente del dominio publico. Oscar Berger había vencido a Alvaro Colom con el 54.13% de los votos válidos, equivalente a 1 millón 235 mil 303 votantes. Por Colom votó el 45.87% de quienes votaron válidamente, 1 millón 46 mil 868 personas. Los votos nulos fueron 67 mil 106. En blanco, 24 mil 192. A las urnas asistieron 2 millones 373 mil 469 personas, el 46.78% de la ciudadanía empadronada, un 12% menos de quienes votaron en la primera vuelta. Así y todo, Oscar Berger es el presidente electo en Guatemala con mayor número absoluto de votos, casi 64 mil más de los que obtuvo Alfonso Portillo hace cuatro años en su aplastante victoria contra el mismo Berger.

UNA VICTORIA URBANA
Y ÉTNICAMENTE DIFERENCIADA

La victoria de Berger sobre Colom no fue aplastante, aunque sí suficiente. La diferencia a favor de Berger fue de 188 mil 435 votos, el 8.26% de los votantes. Las diferencias principales con las que Berger ganó la elección se concentraron en la capital (70% contra 30%), en el resto del departamento de Guatemala (58% vs. 42%) y en Alta Verapaz (64% vs. 36%), departamento con algunos de los municipios más poblados del país. Berger ganó también en el Oriente (Jutiapa, Jalapa, Zacapa y Chiquimula), en Baja Verapaz y en uno de los departamentos de Occidente (Quetzaltenango), aunque con una diferencia minúscula (51% vs. 49%). Su victoria se basó en la capital y en ocho departamentos.

Colom ganó en Occidente, con la excepción de Quetzaltenango. Pero sus victorias en varios departamentos de los más poblados del país, como Huehuetenango, San Marcos y Quiché no las obtuvo por diferencias tan grandes (54-46, 57-43 y 56-44 por ciento respectivamente). Colom ganó también en la costa sur del país (Suchitepéquez, Retalhulehu, Escuintla y Santa Rosa), siendo Escuintla el departamento donde obtuvo -junto con Petén- la máxima diferencia de votos (59%-41%). Ganó también en parte del Norte (Petén e Izabal) y en El Progreso por un pelo (50.25%-49.75%).

Quedó claro que en el Occidente, de fuerte mayoría maya (quiché, mam, kaqchiquel, ixil, kanjobal...), no hubo suficiente confianza en Berger. Esta valoración hay que matizarla con la confianza que le otorgaron Alta Verapaz, Baja Verapaz y algunos municipios de Guatemala, también de fuerte mayoría maya (kekchí, achí y pokomam). No puede afirmarse que el pueblo maya no capitalino votó contra él, pero sí que Berger tendrá que ganarse al Occidente mayoritariamente maya con una cercanía real y un trabajo eficaz. Todo lo que en el nuevo gobierno camine en dirección de crear condiciones para que en Guatemala la gente desarrolle nuevos hábitos de respeto interracial, reconozca su multiculturalidad y la viva como una riqueza de comunicación intercultural, y ofrezca nuevas oportunidades de trabajo a la población maya, significará cimentar la aspiración presidencial a esa confianza.

PARTIDOS ENDEBLES, POLÍTICA PERSONALISTA

Oscar Berger es el tercer candidato derrotado en su primera campaña presidencial (1999) que consigue triunfar en un segundo intento (2003). Así le sucedió antes a Álvaro Arzú (1990 y 1995) y a Alfonso Portillo (1995 y 1999). Desde el comienzo de la transición a la democracia (1985) ningún partido identificado con el Presidente en ejercicio ha podido volver a elegir a otro Presidente: ni la DCG, ni el MAS, ni el PAN ni el FRG. Uno de ellos, el MAS del ex-Presidente golpista Serrano, ya desapareció del escenario político. La Democracia Cristiana Guatemalteca, el partido más antiguo de los aún vigentes, habría dejado de existir jurídicamente como partido a no ser porque el ex-Presidente Vinicio Cerezo ganó ahora, una vez más, un escaño en el Congreso por lista nacional. El PAN ha sufrido varios fraccionamientos y su número de diputados ha descendido de 37 (el 32% del total de 113) en las elecciones de 1999 a 17 (el 10.76% del total de 158) en las de 2003. Por fin, el FRG ha bajado desde 64 (56.64%) en 1999 a 43 (27.21%) en 2003. Tanto el PAN como el FRG han empezado ya a perder diputados, tres cada uno, quienes han renunciado a sus respectivos partidos y han quedado como independientes. Esto también ha sucedido con dos diputados de la UNE de Colom y con dos de la izquierdista ANN.

Resulta muy claro que en la política guatemalteca los partidos son plataformas electorales poco ideológicas y con casi ningún programa que los defina y singularice. Son trampolines para el lanzamiento a la Presidencia de la República o al Congreso de personalidades con garra política y arraigo más o menos temporal entre la población. Una vez electos, los Presidentes no tienen partidos sólidos en que apoyarse y, si quieren hacer un buen gobierno, están mucho más obligados a llegar directamente a la gente y a escucharla, y también a rodearse de equipos con personas de alta calidad, de probada habilidad y de incontestable honradez, con un elevado grado de competencia, capaces de generar un proyecto auténtico. Y a fundamentar su gobierno en líneas maestras de unidad nacional que apunten a empezar el camino de la resolución de los más graves problemas nacionales.

EL EQUIPO DE BERGER:
LOS “COMISIONADOS”

¿Qué clase de equipo ha seleccionado el Presidente Berger? En primer lugar, un equipo complicado por la aparición de un tipo de funcionario relativamente nuevo -al menos por su número-: los comisionados. La articulación de estos funcionarios con los ministros, por un lado, y con el Vicepresidente, por el otro, no ha quedado clara en absoluto. Constitucionalmente le corresponde al Vicepresidente “coordinar las labores de los ministros de Estado”. Así, los comisionados sólo podrán, en cualquier tema o cualquier tipo de coordinación de ministerios, ser ayudantes o asistentes del Vicepresidente. Más aún, siendo como son los comisionados una especie de representantes del Presidente para el seguimiento de determinados temas, problemas o proyectos, parece sensato pensar que caen bajo la figura de “asesores” del Ejecutivo. Si fuera así, también es al Vicepresidente a quien constitucionalmente le corresponde la función de “presidir los órganos de asesoría del Ejecutivo”. Finalmente, la Constitución parece entregar a los ministros de Estado una jurisdicción total sobre su ministerio, sujeta sólo a la aprobación o desaprobación -incluida la destitución- del Presidente y a la coordinación con otros ministros por el Vicepresidente. De manera que los comisionados no pueden tener ninguna función de jurisdicción sobre los ministerios o de coordinación de ellos.

El Presidente Berger nombró inicialmente a 11 comisionados, a 13 ministros de Estado, y a 9 secretarios de la Presidencia. Y el 7 de enero, cuando el Presidente presentó públicamente a casi todo su gabinete, el Vicepresidente Eduardo Stein explicó a los periodistas que “la figura de los comisionados tiene el objetivo de mantener mejores niveles de coordinación en el Ejecutivo”. Indicó también que tendrán “una remuneración adecuada a sus responsabilidades”.

Sin embargo, el 27 de enero, el Presidente Berger afirmó que los comisionados presidenciales “no van a cobrar ni un centavo al Estado” y no van a dirigir a los ministros, sino que van a ser “visionarios (¿diseñadores, supervisores?) de proyectos” y sus comisiones tendrán “poco personal e infraestructrura para trabajar”. Uno de los comisionados, el ex-Vicepresidente Luis Flores Asturias, explicó que “el coordinador legal e institucional de los ministros y su gabinete” es el Vicepresidente. Un estilo nuevo.

Desde el mismo día de su toma de posesión, el 14 de enero, Berger intentó un estilo nuevo, de cercanía con la gente y de presencia en sus ambientes. El domingo 18 recibió en el Palacio Nacional de la Cultura, junto con el Vicepresidente Stein y las esposas de ambos, a una gran multitud, que aprovechó la oportunidad para un encuentro, un apretón de manos, una breve pero apremiante petición, la expresión de una angustia y, sobre todo, la de su optimismo y expectativas de que Guatemala se transforme en un mejor país. Dos días más tarde, Berger recibió a más de 200 de los 331 alcaldes -Arzú, el recién electo alcalde capitalino, fue el más prominente entre los ausentes- para abrir cauces, crear vínculos y poner bases a un trabajo descentralizador y cooperativo con las municipalidades, sin distinción del partido al que pertenecen sus autoridades.

Algunos días más tarde, Berger comenzó a hacerse presente en algunas de las barriadas y colonias capitalinas más amenazadas por la delincuencia y por la inseguridad. La idea era supervisar los operativos conjuntos de la Policía y del Ejército y asegurara la ciudadanía que para lograr la tranquilidad no se violarían los derechos humanos. En su primera quincena de gobierno visitó algunos de los hospitales en mayor quiebra de todo el país. Y antes de terminar enero viajó con miembros de su gabinete hasta el triángulo ixil, al norte del departamento de El Quiché, para tener una especie de sesión de trabajo con la población de Nebaj, Chajul y Cotzal y escuchar sus demandas para así empezar a ganarse a un pueblo que en su mayoría votó por su rival Colom. Con este nuevo estilo Berger intenta demostrar que quiere empezar a hacer verdad las palabras con que comenzó su breve discurso de toma de posesión: “Soy un ciudadano como cualquiera de ustedes que alguna vez soñó en una Guatemala solidaria y unida”.

PELIGRO DE REMILITARIZACIÓN

Mucha gente se siente hoy desgarrada entre la urgencia de la seguridad y el espectro de un regreso del Ejército a las calles. En el nombramiento de un general, aunque sea retirado, como comisionado para la seguridad, se percibe un peligro de remilitarización del país con “limpiezas” sociales en las que se empleen la crueldad y la implacabilidad -inclinaciones que no hay seguridad hayan desaparecido del Ejército-.

Lo que verdaderamente puede generar seguridad a mediano y largo plazo es un programa serio de ataque a la pobreza, con un aumento de la inversión que cree empleos y que vaya acompañado de un esfuerzo redoblado en salud y educación. En el campo de la seguridad, mucho más que operativos cortoplacistas, que por necesidad va a hacer la misma policía corrupta de hace tres semanas y el mismo Ejército no reconvertido -mucho menos “convertido”, es decir capaz de pedir perdón al pueblo de Guatemala por los enormes excesos que cometió durante el conflicto armado-, ayudará comenzar en serio un programa de depuración de corruptos en la Policía y de depuración de militares irredentos en el Ejército, de educación en valores en ambas instituciones, de formación competente, de búsqueda de mandos honestos, renovados y comprometidos con la transparencia y el humanismo, incluso en la persecución del delito. Y no en último lugar, ayudará un programa de salarios adecuados y justos a quienes deben hacer el servicio de la seguridad ciudadana aun a riesgo de sus propias vidas, y programas de rehabilitación serios y con probabilidades de éxito en cárceles o reformatorios, para hacerlos más seguros y más humanos.

EXPECTATIVAS E IMPACIENCIA

El ambiente de Guatemala es hoy de optimismo y de expectativas favorables. Desde hace mucho tiempo no había estos sentimientos en el país. Aprovechar estas energías en su gobierno es un desafío para Berger. Existe también una impaciencia extrema, que demanda resultados del nuevo gobierno en todos los campos.
El Presidente Berger y sus colaboradores al más alto nivel deben hablarle al pueblo guatemalteco con una gran crudeza. No se resuelven los males acumulados durante tanto tiempo en un abrir y cerrar de ojos. Pero para poder hablar así deben reconocer las necesidades, las carencias y la justeza de las múltiples demandas que agobian a la mayoría del pueblo. Y deben tener el valor y la inteligencia para atinar con las que deben y pueden estratégicamente atenderse. El gobierno debe poder mostrar que tiene un proyecto, debe mostrar que ese proyecto se puede ir realizando por etapas. Y debe mostrar un cronograma para las etapas que pueden realizarse durante este período presidencial.

LOS PUNTOS CLAVE DE UN PLAN DE GOBIERNO

En su discurso inaugural Berger dijo que existe una unidad básica de objetivos en el pueblo guatemalteco, aunque haya diversidad de pensamientos sobre cómo alcanzarlos. Y continuó afirmando que los Acuerdos de Paz son “básicos” para esa unidad. Después que la ciudadanía vive con la impresión de que el cumplimiento de los Acuerdos de Paz ha sido muy escaso y deficiente durante siete años, el nuevo gobierno tendría que definir hoy una ruta clara para su cumplimiento. Y los pasos que se van a ir dando para caminar esa ruta. La desmilitarización del Estado, el compromiso práctico por una Guatemala étnica, cultural y lingüísticamente plural, la inversión y la creación de puestos de trabajo necesarios para recuperar un crecimiento económico que supere la tasa de crecimiento demográfico, la prioridad en el presupuesto por la educación y la salud, el enfoque ciudadano y humanista de la seguridad: todos son puntos cruciales para poner en marcha un proyecto de nación con el contenido en los Acuerdos de Paz.

Parte de la inversión necesaria ha de ser pública: obras de infraestructura que contribuyan a dar trabajo bien pagado y también a disminuir los enormes costos de ineficiencia en el transporte, las comunicaciones informáticas y telefónicas, y la distribución de la energía eléctrica. Y otro punto crucial: ¿la política exterior de Guatemala se alineará con las iniciativas del Presidente de Brasil contra el hambre y en defensa de los intereses latinoamericanos en la negociación del ALCA ya en marcha?

En su discurso inaugural, Berger se comprometió a gobernar “sin caudillismos”, como “el primer servidor público del país”, con transparencia y luchando contra la corrupción en el Estado, contra la impunidad. Más aún: contra toda sospecha de impunidad. La lucha contra la corrupción, el compromiso de investigar “los escándalos de corrupción y abusos de poder” y de “entregar los resultados de la investigación a la justicia” son medios para que el Estado de Derecho se reponga de los golpes sufridos y comience a consolidarse. El Presidente mostró también su conciencia de que la participación popular -el ejercicio de la ciudadanía más allá del voto, en forma de propuestas y de críticas- es indispensable para que el proyecto gubernamental tenga posibilidades de éxito. Y reconoció que “si Guatemala no ha colapsado” ha sido “gracias al esfuerzo de la gente y a la ayuda de las remesas”. Veremos si este primer y justo reconocimiento a los emigrantes se traduce también en la facilitación de la ciudadanía, al menos del derecho al voto, para esa gente y para cualquier nacional que viva, trabaje o se encuentre temporalmente fuera de Guatemala.

“LE MARCARON LA CARA CON EL AZÚCAR”

El período presidencial de Berger fue saludado por una parte de los empresarios guatemaltecos, el sector azucarero, con un aumento del precio del azúcar. “Los empresarios le marcaron la cara al Gobierno”, dijo alguien. Como respuesta, el todavía Presidente Portillo aumentó la cuota de importación de azúcar. Si el nuevo Ministro de Economía y el mismo Presidente Berger -cuyos lazos de familia con los azucareros son patentes- no logran un acuerdo que favorezca la canasta básica, y si además revocan el aumento de la cuota de importación del azúcar, las críticas al gobierno como excesivamente “empresarial” encontrarán un serio fundamento: empezará a no ser visto como un gobierno de “productividad” sino de “lucro” empresarial. Tanto más cuanto que las tarifas de la electricidad y de otros productos de la canasta básica subieron al tomar posesión Berger.

Subieron también los precios de los combustibles derivados del petróleo. Y la situación se vuelve más dura cuando no se puede ocultar que el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos no va a favorecer a las mayorías.

PACTO FISCAL, CATASTRO Y PROBLEMA AGRARIO

Hay dos temas esenciales para que la Presidencia de Berger se mueva del simple parcheo hacia la formulación y la puesta en práctica de soluciones. Uno es el fiscal. Berger ha anunciado que ha encontrado el gobierno en bancarrota. Por muy grave que esto sea, es algo coyuntural. Lo realmente grave, porque es estructural, es que el Estado siga sin tener los ingresos que necesita para poder hacer una inversión pública atinada y un gasto social eficiente.
La recuperación del espíritu del abortado Pacto Fiscal no puede ser para mañana. Porque mañana ya será tarde.

El otro problema es el agrario. ¿Cabrá esperar de un Presidente finquero que tome por los cuernos este problema crítico, que ponga en marcha la legislación necesaria para que se levante el catastro pedido por los Acuerdos de Paz, y que se decida a invertir en el campo creando pequeños propietarios asistidos con toda la capacitación, la tecnología y el crédito necesarios?

UN FRÁGIL CONSENSO EN EL CONGRESO

Por fortuna, en el Congreso se disipó el fantasma del caos y se logró un consenso de gobernabilidad, tal vez frágil, pero al menos incipiente, entre las bancadas de GANA, UNE y PAN. Descontados los diputados que se han hecho independientes, estas tres agrupaciones políticas cuentan con 90 congresistas, el 57% del Congreso. Constituyen así una mayoría para la presentación, discusión y aprobación de leyes ordinarias, si bien en la sesión inaugural del Congreso algunos dijeron que el consenso no es un cheque en blanco para una agenda de legislación. Otras alianzas tendrán que hacerse si se quiere abordar -cuanto antes- la reforma a la Ley electoral y de partidos políticos, que requiere de una mayoría de dos tercios. Algunas bancadas pequeñas, como las de la izquierda, se quejaron en la sesión inaugural del nuevo Congreso de que no se había contado con ellas para el pacto de gobernabilidad.

El escándalo que la mayoría de los diputados y diputadas protagonizaron cuando el nuevo presidente del Congreso anunció que no se pagarían las dietas por trabajo en comisiones pues éstas no se habían constituido aún, ni tampoco se pagaría a congresistas ausentes que no hubieran pedido y obtenido dispensa, hace augurar poca sensibilidad, no mucha sensatez y tiempos difíciles en el Congreso.
De hecho, la presidencia del Congreso, de UNE, se echó atrás en estas medidas y pagará el mes de enero completo, un notable privilegio para los diputados mientras la mayoría de la gente lucha por sobrevivir.

EL CANCILLER Y LOS MINISTROS
DEL ÁREA ECONÓMICA

¿Tiene Berger un mejor equipo de gobierno en el Ejecutivo que en el Congreso? En el Ministerio de Relaciones Exteriores fue nombrado Jorge Briz Abularach. Briz perdió en su lucha por la alcaldía de la capital contra Alvaro Arzú. Abogado y notario por la Universidad Rafael Landívar, es fundador del Partido Renovador, uno de los tres que constituyen la Gran Alianza Nacional (GANA), primera fuerza en el Congreso. Briz no tiene ninguna experiencia en relaciones exteriores. Ha sido directivo de los empresarios del CACIF. Lideró el paro empresarial contra el gobierno de Portillo en agosto de 2001. Como comerciante y ex-presidente de la Cámara de Comercio de Guatemala, puede tratar de representar los intereses del capital guatemalteco en ajustes al TLC y en la negociación del ALCA. Pero su cargo parece más una condición para la estabilidad de la GANA, uno de esos “huesos” previstos antes de la victoria de Berger. Berger nombró a la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú como Embajadora para promover el apoyo internacional a los Acuerdos de Paz.

En el Ministerio de Finanzas está María Antonieta Del Cid, economista, ex-vicepresidenta del Banguat, ex-representante de Centroamérica ante el FMI y ex-directora del BID para Belice y Centroamérica. En Economía está Marcio Cuevas, ingeniero en sistemas, empresario ex-vicepresidente del CACIF y ex-gerente de AGEXPRONT, asociación que reúne a los exportadores de productos no tradicionales del campo, de la industria, de la artesanía y del mar.

En Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda fue nombrado Eduardo Castillo, arquitecto, empresario de proyectos habitacionales urbanos, estrecho colaborador del entonces alcalde Berger como vicealcalde de la Capital
(1991-99).

En Agricultura, Ganadería y Alimentación, Alvaro Aguilar, ingeniero industrial con maestría en administración de empresas, gerente general de AGEXPRONT. En Energía y Minas, Roberto González Díaz-Durán, economista con maestría en finanzas en Chile, catedrático en la facultad de Economía de la Universidad Francisco Marroquín. Trabajó en la alcaldía de la capital con Berger de alcalde.

Con estos ministros colaboran varios comisionados. Comisionado para la Inversión y la Competitividad, Miguel Fernández, compañero de curso en el Liceo Javier de Berger y Stein, ingeniero civil e industrial, ex-gerente general de Pantaleón S.A., complejo industrial basado en el azúcar, propiedad de una de las familias más acaudaladas del país, los Herrera, también propietarios de un ingenio en Nicaragua. Es también empresario en la maquila de textiles y ropa Koramsa, con 13 mil obreros, la más importante de Centroamérica.

Comisionado para Megaproyectos y el FIS es Luis Flores Asturias, odontólogo, ex-vicepresidente con el gobierno de Arzú, diputado electo por el departamento de Guatemala. Comisionado para el Turismo es Willi Kaltschmitt Luján, ex-primer embajador de Guatemala en Cuba, empresario en la industria química y directivo de organizaciones deportivas. Hay que añadir también en este grupo a varios secretarios. En la Secretaría General de Planificación y Programación, Hugo Beteta Méndez-Ruiz, ingeniero y doctor en economía por MIT, ex-vicerrector administrativo de la Universidad Rafael Landívar, miembro del grupo Barómetro fundado por Xabier Gorostiaga. En el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología está Héctor Centeno, ingeniero con estudios de física en Brasil y en la Universidad de Texas, ex-rector de la Universidad del Valle, miembro de la Comisión de Acompañamiento de los Acuerdos de Paz y del Pacto Fiscal.

LOS MINISTROS DEL ÁREA SOCIAL

En Educación fue nombrada María del Carmen Aceña, ingeniera en sistemas con maestría en el INCAE, ex-directora del proyecto nacional para la descentralización de la educación (PRONADE), directora ejecutiva del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (CIEN) de la Universidad Francisco Marroquín, catedrática en la Facultad de Economía de la misma universidad, miembro del grupo Barómetro. En Salud, Marco Tulio Sosa, ingeniero químico, ex-ministro de salud en el gobierno de Arzú. En Trabajo, Jorge Gallardo, ingeniero, ex-secretario general del Partido Solidaridad Nacional, uno de los tres aliados en la GANA. En Medio Ambiente y Recursos Naturales, Mario Dary, biólogo, hijo del ex-rector de la Universidad de San Carlos, Mario Dary Rivera, biólogo también, quien abrió espacios para la conciencia ecológica y fue asesinado en 1981 por la izquierda armada. En Cultura y Deportes, Manuel Salazar Tezahuic, licenciado en filosofía y letras, perteneciente a la etnia maya kaqchiquel, ex-viceministro de educación, ex-decano de humanidades de la Universidad Rafael Landívar.

A estos ministerios se añade el Comisionado para el Desarrollo Local, Rodolfo Páiz Andrade, ingeniero y doctor en administración de empresas por Harvard, secretario general del partido Unión Democrática (UD), que retiró su candidatura presidencial a favor de la de Berger, ex-ministro de finanzas con el gobierno de Cerezo.

Hay que añadir también al director de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos, Frank La Rue, abogado laboralista discípulo de Mario López Larrave, asesinado durante el gobierno de Lucas García (1978-82), ex-miembro de la Representación Unitaria de las Organizaciones Revolucionarias de Guatemala (RUOG) ante la ONU, ex-director del Centro de Asistencia Legal para los Derechos Humanos (CALDH), miembro del grupo Barómetro. Y en la Secretaría de la Paz, Víctor Montejo, de la etnia maya jacalteca, doctor en antropología, profesor y director del departamento de estudios americanos nativos de la Universidad de California en Davis, ex-presidente de la Fundación para la Educación Maya.

LOS MINISTROS DEL ÁREA DE SEGURIDAD Y DEFENSA

En el Ministerio de Defensa fue nombrado el general de brigada César Augusto Méndez Pinelo, con 28 años de servicio, agregado militar de la embajada de Guatemala en Honduras, con experiencia en inteligencia militar y cercano al general en retiro Otto Pérez Molina. En Gobernación, Arturo Soto, abogado y ex-magistrado de la Corte Suprema de Justicia. A ambos se suma el Comisionado para la Seguridad, general en retiro Otto Pérez Molina, ex-director del D2 del Ejército (inteligencia) y ex-jefe del Estado Mayor Presidencial, conegociador de los acuerdos de paz, secretario general del Partido Patriota -uno de los tres en alianza con la GANA- y diputado electo por la lista nacional. En la Secretaría de Asuntos Administrativos y Seguridad, Juan Carlos Leal, muy involucrado en la campaña electoral de Berger. Esta secretaría es la sucesora del suprimido Estado Mayor Presidencial. Falta el nombramiento para la Secretaría de Asuntos Estratégicos. Asimismo, falta por constituir el Consejo Nacional de Seguridad Ciudadana, cuyos miembros deben ser propuestos al Presidente por organizaciones de la sociedad civil. Se ha mencionado a Helen Mack como su posible directora.

TRES COMISIONADOS PARA LA REFORMA DEL ESTADO

El Presidente ha nombrado a varios otros comisionados. Tres de ellos se pueden agrupar alrededor de problemas que miran al mejor funcionamiento del Estado y del Gobierno. Comisionado para la Reforma Política es Mario Fuentes Destarac, quien ha sido Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Rafael Landívar y también abogado del CACIF y columnista de temas políticos en “El Periódico”. Comisionado para la Modernización del Estado es Harris Whitbeck Piñol, ingeniero, empresario que colaboró con el general Ríos Montt cuando este era Jefe de Estado golpista en el programa “Fusiles y frijoles” y fundó luego con él el FRG. Es miembro de una de las antiguas familias de la oligarquía guatemalteca, ex-Secretario de Coordinación Ejecutiva en el gobierno de Alfonso Portillo, encargado de la descentralización. Portillo lo destituyó por desobedecer una orden suya en 2002, y luego renunció a su participación en el FRG.

Comisionado para el Seguimiento del Plan de Gobierno es Richard Aitkenhead Castillo, licenciado en economía y master por la Kennedy School de Harvard, ex-ministro de economía y finanzas en los gobiernos de Serrano y de Ramiro de León Carpio, miembro del Foro de Equidad Social del BID, presidente del Comité Nacional del INCAE en Guatemala, ex-miembro del Consejo Directivo de la Universidad Rafael Landívar.

DOS COMISIONADOS CONTRA HAMBRE Y CORRUPCIÓN

Otros dos de los nuevos comisionados pueden agruparse alrededor de problemas especialmente preocupantes, que adquirieron mayor relieve e incidencia durante la presidencia de Alfonso Portillo. El comisionado para la Transparencia y contra la Corrupción es Carlos Vielman, empresario, ex-presidente de la Cámara de Industria, y activo forjador, junto con Peter Lamport, en nombre del CACIF, de la Instancia Nacional de Consenso contra el “serranazo” de 1993.
Y es comisionado para el Frente contra el Hambre, Andrés Botrán, empresario de la industria licorera de rones que lleva en su marca su apellido. En julio de 2003 firmó -única firma de este nivel- el manifiesto de la comunidad de defensores de derechos humanos que protestaba contra la decisión de la Corte de Constitucionalidad que daba curso libre a la candidatura presidencial del general Ríos Montt.

Varias personas más ocupan puestos importantes en las secretarías de la Presidencia. En la Secretaría Privada, Alfredo Vila, industrial azucarero, hijo de Fraterno Vila, mago de las finanzas del antiguo PAN -cuando Arzú dominaba el PAN y Berger era de su equipo íntimo-. Eduardo González, banquero, ex-director del Banco del Café, director de la campaña de Berger, en la Secretaría de Coordinación Ejecutiva. Jorge Arroyave, ex-secretario del Concejo Municipal de Guatemala durante la alcaldía de Berger, en la Secretaría General. Y Rosa María Angel de Frade, empresaria y diplomática, en la Secretaría de Comunicación Social, como portavoz de la Presidencia de la República.

Falta por nombrar a quien estará al frente de la Secretaría de la Mujer.

UN GABINETE EMPRESARIAL, PROFESIONAL Y ACADÉMICO

En el reparto de funciones del más alto nivel en el gobierno se cuentan quince empresarios -tres de ellos, al menos, muy identificados con el CACIF-, seis profesionales -incluidos los dos militares, uno ya retirado-, ocho académicos y uno que procede de la comunidad de defensores de los derechos humanos. De Arroyave y de Leal no sabemos gran cosa. Más de una tercera parte de los altos cargos, incluyendo al Presidente y al Vicepresidente, han tenido ya experiencia de gobierno, bien en el Ejecutivo, en la Corte Suprema de Justicia, en instituciones internacionales o en la diplomacia. Casi dos terceras partes se estrenan como funcionarios del Estado.

Entre las 33 personas analizadas, sólo cuatro son mujeres y sólo tres pertenecen a etnias indígenas mayas. Algunos de los nuevos funcionarios, incluyendo al Vicepresidente, tienen doctorados en sus especialidades profesionales. Tres de ellos han sido electos como diputados al Congreso y les ha sido concedido permiso para ausentarse indefinidamente y ocupar esta función en el Ejecutivo.

Berger ha recibido fuertes críticas por seguir, una vez más, la larga y perversa tradición de que ciudadanos electos para representar al pueblo en el Congreso terminen ocupando puestos en el Ejecutivo. De esta manera no sólo disminuye la calidad del Congreso sino que se ubica en el Legislativo a suplentes que ni siquiera fueron conocidos por los votantes durante la campaña electoral. En un régimen parlamentario, no presidencialista, los miembros del gabinete son a la vez diputados, pero éste no es el caso en Guatemala. Berger ha sido también criticado por poblar de empresarios su gabinete y por darles funciones del más alto nivel en su gobierno. También ha sido criticado por dar poco espacio a las mujeres y a personas de las etnias mayas.

Al comienzo de su gobierno puede, con todo, ser acreedor al beneficio de la duda. Se puede esperar que algunos, al menos, de los empresarios escogidos sean personas de firmes valores éticos y que algunos pertenezcan a esa nueva especie de empresarios con sentido social, que saben y asumen que el mayor enemigo de la prosperidad, incluyendo la suya propia, son las actuales dimensiones de la pobreza y de la miseria en Guatemala. Puede que algunos de estos empresarios, profesionales y académicos, hoy funcionarios del Estado, sean aún fieles a la educación que recibieron en instituciones que hacen de la justicia social pieza esencial de una concepción cristiana de la vida. El mismo Berger ha tratado de justificar así su decisión de conformar el gabinete como lo ha hecho: “Hemos integrado este equipo, muy dirigido a la productividad, a promover la inversión y a generar empleo para todos”, manera de hablar que se corresponde con la convicción planteada en su campaña electoral de que la creación de empleo es el desafío mayor de su gobierno.

EL RETO FUNDAMENTAL

El reto fundamental del gobierno de Berger es identificar pronto aquellos tres o cuatro puntos cruciales sobre los que debe enfocarse su programa. Porque ningún gobierno sensato puede pretender abordar con la misma urgencia y a la misma profundidad todo lo que habría que arreglar y componer en Guatemala. Aunque sí tendría que hacer ver la conexión y articulación de lo que elija hacer con aquello que todavía no pueda afrontar. Reconocía el mismo Presidente Berger, tras sus primeros quince días de gobierno, que sólo había estado poniendo parches y no entrando a diseñar y poner en práctica soluciones. Haberlo reconocido requiere valor y sinceridad. ¿La situación que ha encontrado tras cuatro años políticamente catastróficos absorberá su atención y su tiempo, forzándole a desarrollar la costumbre de intentar ponerle parches a la realidad? ¿O logrará consolidar otro modo de actuar?

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