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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 262 | Enero 2004
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Nicaragua

Elecciones municipales 2004: ¿un cuadro "casi" rayado?

Los trazos fundamentales del escenario electoral ya están dibujados. Contando con ellos se puede ya atisbar el panorama que surgirá de las elecciones de noviembre. Aunque en Nicaragua siempre puede haber sorpresas y todo imponderable puede ocurrir.

William Grigsby

No fue un repentino ataque de “democratitis” lo que hizo desistir a Arnoldo Alemán, Daniel Ortega y Enrique Bolaños en su pretensión de acabar con la independencia de las elecciones municipales del 2004 juntándolas con las elecciones generales. De todas formas, es una buena noticia que las elecciones municipales serán este año y que el Consejo Supremo Electoral ya ha convocado a casi tres millones de electores a concurrir a las urnas el domingo 7 de noviembre para elegir alcaldes, vicealcaldes y concejales en 152 gobiernos locales.

CAMBIOS EN EL ESCENARIO,
TRES ACTORES Y UN ÁRBITRO EXTRANJERO

Si bien en un país cuya dinamia política es muy intensa y hace que lo que hoy es de una manera mañana sea exactamente lo contrario y todavía es prematuro anticipar resultados, gran parte de los trazos fundamentales del ambiente en el cual se van a realizar los comicios ya están dibujados. Y, por encima de los imponderables, ya es posible atisbar el panorama que puede surgir dentro de menos de 300 días.

La estrategia del FSLN y del PLC para las elecciones municipales de 2000 y para las generales de 2001 estaba signada por el pacto de 1999 entre Alemán y Ortega. Cada quien lo hizo con el obsesivo deseo de imponerse como únicas alternativas políticas, eliminando de un solo machetazo a casi todos los competidores, apropiándose impúdicamente de instituciones clave como el Consejo Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia y cercenando el derecho de los ciudadanos a postularse como candidatos sin necesidad de militar en un partido.

Cinco años después el panorama parece un poco distinto. Si bien las atrocidades políticas y jurídicas del pacto continúan esencialmente vigentes, en las elecciones municipales de 2004 podrán competir casi 30 partidos que habían perdido su personería, los liberales están divididos y la sociedad en su conjunto no cesa de dar muestras de estar harta de una clase política mezquina, corrupta y ambiciosa, y de un sistema económico que, por más que predica el bienestar para todos, ha hundido al país en la miseria y la desesperanza.

Serán tres los actores fundamentales en las próximas elecciones: el gobierno, los liberales y los sandinistas. Habrá algunos actores periféricos, sobre todo los partidos Conservador, Camino Cristiano y Unidad Nacional. Y por enésima vez en la historia nicaragüense, habrá un árbitro extranjero cuyas pezuñas suelen convertirse en garras para unos y palmadas en el hombro para otros: el gobierno de Estados Unidos. Todos los últimos movimientos de todas las fuerzas políticas dominantes en Nicaragua han estado contaminados desde hace varios meses por las directrices de los delegados del grupo fanático que dirige la política exterior de Estados Unidos.

FSLN Y PLC: PROYECCIONES PARA EL AÑO 2004
SOBRE LOS RESULTADOS DEL AÑO 2000

Ganar las elecciones municipales tiene varios significados. Para los liberales, no es suficiente repetir la victoria en las 94 alcaldías que hoy gobiernan. Necesitan conquistar la mayor cantidad posible de capitales departamentales, especialmente Managua. Para los sandinistas es de vida o muerte ganar la capital, no sólo porque vive ahí la quinta parte de la población nacional. También porque sería un premio a la gestión de gobierno de Herty Lewites, un alcalde conciliador, y porque este triunfo colocaría al FSLN en primera línea para las presidenciales de 2006. Por esas mismas razones, una derrota sería catastrófica. Con tal de ganar Managua, los sandinistas podrían hasta conformarse con simplemente mantener el control de los municipios que ahora dominan y con la ayuda de sus aliados de la Convergencia lograr una docena más. Está claro que la batalla principal será Managua y quien la gane podrá decir que ganó las elecciones.

En las elecciones municipales de 2000, los sandinistas conquistaron 52 alcaldías, los liberales 94 y los conservadores 5. Cualitativamente, la victoria fue para el FSLN, pues no sólo ganó 11 de las 17 capitales departamentales, sino que además ganó en 17 de las 25 ciudades más pobladas del país, gobernando así a más del 60% de la población nacional. En esas elecciones los sandinistas se confirmaron como fuerza hegemónica a nivel urbano y los liberales lo hicieron a nivel rural.

Aunque, todavía no se puede decir con certeza si finalmente los liberales llegarán a las elecciones de noviembre divididos en dos fuerzas -el Partido Liberal Constitucionalista (PLC) de la familia Alemán, y el partido Gran Unidad Liberal (GUL) de Bolaños y sus amigos- lo más probable es que los sandinistas repitan su triunfo del año 2000 en las once capitales departamentales que ahora gobiernan, y que conquisten otras tres. En el resto de los municipios, podrían vencer hasta en 60 ó 70.

Para que los liberales logren ganar mayor número de alcaldías y recuperen el control, por ejemplo de Managua, Matagalpa o Chinandega, lo crucial no es su reunificación -al menos para las elecciones- sino que todas las fuerzas antisandinistas postulen candidaturas únicas. Esto ya quedó probado en el 2000: los candidatos conservadores, y en menor medida los de Camino Cristiano, le impidieron al PLC alzarse con la victoria en por lo menos 30 de las 52 alcaldías que ganaron los sandinistas.

Es precisamente por esto que los comendadores norteamericanos han tomado las riendas de la política interna nicaragüense. La banda de Colin Powell y sus compinches de origen cubano, los mismos que articularon la guerra de agresión contra Nicaragua en la década de los 80, si bien están contentos porque los gobiernos electos entre 1990 y 2001 han surgido de entre sus huestes, se han trazado ahora como objetivo fundamental la reducción del sandinismo a la mínima expresión, cuando no su erradicación del escenario como fuerza política. Es por eso que impulsan el desarme humillante del Ejército, reunificaron a los diputados liberales para elegir la directiva del Parlamento, alientan la barrida de sandinistas en el Poder Judicial y hasta están dispuestos a dejar en libertad al corrupto Arnoldo Alemán.

Aún está por verse qué hará Estados Unidos con los conservadores y con el resto de fuerzas de la derecha. Los resultados favorables al FSLN de las municipales del 2000 los animaron a impulsar un candidato único en las generales del 2001, cuando de la mano de Carlos Pellas -el todopoderoso empresario más rico de Centroamérica- sacrificaron al candidato conservador Noel Vidaurre, aún cuando las encuestas le otorgaban el respaldo de más de la quinta parte del electorado. A cambio, Pellas impuso a Alemán su candidato: Enrique Bolaños. Ahora, dada la mayor complejidad de los comicios locales, es muy difícil que Estados Unidos logre sembrar listas únicas. En cambio, podrían -por ejemplo- propiciar un acuerdo entre todas las fuerzas de derecha para que cada una decline sus respectivas candidaturas en aquellas municipalidades en donde no tengan oportunidad real de triunfar o a favor de quien esté en primer lugar en las encuestas.

¿QUÉ QUIERE ALEMÁN?
¿QUÉ QUIERE Y QUÉ TIENE BOLAÑOS?

Al margen de los intereses del gobierno de Estados Unidos, Alemán y Bolaños tienen otras necesidades políticas particulares, que conforman una situación peliaguda aunque no antagónica. Para bolañistas y arnoldistas las elecciones pueden ser el escenario ideal para demostrarse uno al otro a quién respalda la base liberal. Pero la oportunidad de esa demostración dependerá de cuánto presione Washington para la reunificación de los liberales.

Uno y otro quiere demostrar quién es más poderoso o más simpático ante los ciudadanos. Y uno y otro harán todos los esfuerzos posibles para demostrarlo. Cada quien cuenta con una fuerza respetable. Alemán, la maquinaria partidaria. Bolaños dispone del dinero y del padrinazgo estadounidense. Al PLC le gustaría concurrir a las elecciones sin Bolaños y sus amigos, porque, además de la revancha política que esto significaría, los nuevos alcaldes -y los recursos que administren- quedarían bajo su control. El mandatario, en cambio, está dispuesto a la reunificación, pero con la condición de asumir el control, al menos parcial, de quiénes serán los candidatos y decidir la administración de los fondos y la estrategia electoral.

Para seleccionar los candidatos, sobre todo los que encabecen las listas, los criterios de Alemán y de Bolaños son encontrados. Para Alemán lo fundamental será la lealtad incondicional, probada entre otras cosas en no ser empleado del gobierno. Para Bolaños la lealtad se prueba exactamente al revés. Desde las filas del PLC se escuchó la propuesta de elegir candidatos sobre la base de encuestas, tomando en cuenta a cualquiera sin importar si está en un bando o en otro. Y aunque el proponente fue virtualmente aplastado por su osadía desde las oficinas de la comendadora Barbara Moore -embajadora de Estados Unidos en Nicaragua- se escuchó después que ésa será la solución salomónica.

El Presidente Bolaños está usando su acceso privilegiado a los fondos públicos como arma para negociar con el PLC. El partido de Alemán está en bancarrota financiera: huérfano de los recursos del Estado, sin capacidad para organizar un sistema de cuotas militantes, sin la generosidad de los empresarios del COSEP, sin las coimas que pagaban los inversionistas extranjeros para abrirse puertas y sin las arcas comunales de Managua. En esas condiciones, para financiar la campaña electoral, el PLC depende totalmente de la fortuna del propio caudillo -mermada por los gastos de su defensa y porque ya no es capaz de seguirse incrementando- y de algunos recursos que pueda extraer de la Asamblea Nacional.

EN EL PRESUPUESTO, EL GOBIERNO OCULTA
MIL MILLONES DE CÓRDOBAS

Bolaños sí tiene dinero disponible. Detrás suyo está el gran capital financiero y el resto de los grandes empresarios, encabezados por el grupo Pellas. Y, por si esto fuera poco, el Presidente está dispuesto a repetir la operación que en su momento hizo Alemán en sus tiempos de alcalde de la capital y de Presidente de la República: ocupar los fondos públicos para financiar la campaña.

Desde finales del año pasado, varios economistas independientes vienen denunciando que, en forma deliberada, el gobierno ha ocultado en el Presupuesto que presentó a la Asamblea Nacional el ingreso fiscal de al menos mil millones de córdobas. Los analistas advierten que una de las razones es reservar ese dinero para la campaña electoral. El gobierno presupuesta un monto de recaudación de impuestos de 10 mil 196 millones de córdobas, equivalentes a 640 millones de dólares en 2004, y aproximadamente igual al 15% del PIB. Este porcentaje de la carga tributaria conduce a afirmar que no es correcta la proyección de la recaudación de impuestos para 2004, ya que la carga tributaria de 2003 se ubica en el nivel de 16.4% del PIB, dice el catedrático universitario y doctor en economía Néstor Avendaño, explicando lo que se oculta.

Esta proyección la confirma Adolfo Acevedo, otro destacado economista, asesor de la Coordinadora Civil: La proyección de recaudación de impuestos no puede, de ninguna manera, ser correcta. Es fraudulenta. El Programa con el FMI se basa en que la carga tributaria se mantiene relativamente invariable en 2004 en relación a 2003, es decir en 16.5% del PIB. La caída proyectada en el presupuesto es sencillamente imposible. Después de la Reforma Tributaria de 2003 se esperaba un incremento en la recaudación en base anual de 1.2% del PIB, y en efecto se tradujo en un sobrecumplimiento de las metas de recaudación acordadas con el FMI en agosto de 2003.

Esta caída proyectada en el Presupuesto 2004 equivale a una reducción de 1.5 puntos porcentuales del PIB. Esto sólo sería posible, hipotéticamente, en el caso de una drástica contracción económica, no con un crecimiento previsto del PIB. De hecho, lo mínimo que cabe esperar es que la recaudación tributaria aumente en la misma proporción que el PIB corriente, manteniendo invariable la carga tributaria. Así lo atestigua la evidencia empírica, sin excepción, en todo el mundo, y en nuestro país. Es una regla básica. No hay manera de que ocurra una caída en la recaudación como proporción del PIB de semejante magnitud.

Acevedo calcula: Si aplicamos a la recaudación de 2003 la tasa de crecimiento del PIB nominal de 9.9%, esto nos da una recaudación mínima esperada para 2004 de 11 mil 200 millones de córdobas, que equivaldría por cierto al 16.5% del PIB. De hecho, mientras el gobierno presupuesta una recaudación de impuestos para 2004 de 10 mil 196 millones de córdobas, la meta de recaudación acordada con el FMI para 2004 asciende a 11 mil 350 millones. Es decir, que el gobierno no está presupuestando más de 1 mil millones en recaudación, que lo mínimo que cabría esperar, y que la meta acordada con el FMI.

Evidentemente, el gobierno tomó la decisión de ocultar esta cantidad con el consentimiento expreso del FMI. La pregunta es: ¿en qué utilizará ese dinero? Hay tres respuestas probables: financiar la campaña electoral de los liberales -sin importar el grupo que decida respaldar-, robarlo y distribuir ese dinero entre quienes detentan el poder, o hacer aparecer mágicamente esos mil millones a mediados del ejercicio presupuestario para asignarlos según sus prioridades políticas -entre ellas, por ejemplo, pagar más a los banqueros por los intereses de la deuda interna-. Quizás hay una cuarta respuesta: una combinación de las tres.

UNA BOCANADA DE AIRE FRESCO
QUE VIENE DESDE LAS ALCALDÍAS

Otras palancas que desde el poder usará seguramente el Presidente son los proyectos ejecutados con fondos fiscales desde el Fondo de Inversión Social de Emergencia (FISE) o desde otras instancias gubernamentales presentes en el campo o la ciudad, mediante los cuales intentará impactar al electorado de determinados municipios, según evolucione la campaña y de acuerdo a sus intereses partidarios.

El mandatario tiene también a su disposición otro recurso de magnífica utilidad: la asignación de los recursos externos destinados a las municipalidades. Los sandinistas denunciaron recientemente que unos 3 millones de dólares donados por Holanda para inversiones municipales habían sido repartidos arbitrariamente por el Instituto de Fomento Municipal (INIFOM), privilegiando a los ayuntamientos liberales. En este caso, lo extraordinario no fue la conducta oficial, sino la reacción de los alcaldes: los 151 -arnoldistas, bolañistas, conservadores y sandinistas-, agrupados en la Asociación de Municipios de Nicaragua (AMUNIC), rechazaron los criterios del gobierno en el reparto de los recursos y exigieron una distribución proporcional a la población y a los ingresos de cada ayuntamiento. La decisión de AMUNIC va mucho más allá de lo anecdótico: refleja la madurez alcanzada entre los líderes locales. Es, sin duda, un hecho esperanzador, una bocanada de aire fresco sobre la caótica situación política nacional. También otorga la razón a las voces que desde la sociedad se opusieron vigorosamente a la postergación de las elecciones municipales y a la cancelación de su independencia, pues demuestra que los asuntos locales -cada vez menos polarizados- tienen una dinámica y una naturaleza diferentes a los nacionales.

EL FACTOR ALEMÁN, LOS CÁLCULOS DEL GUL Y LOS DE ESTADOS UNIDOS

Un sector de los dirigentes del GUL, encabezado por el ministro de TELCOR Eduardo Urcuyo y el presidente del INIFOM Alejandro Fiallos -ambos, altos dirigentes del liberalismo bolañista- estima que sus padrinos del Norte les dejarán suficiente margen de autonomía, pues lo que está en disputa en las próximas elecciones no es la Presidencia. Esperan que Washington no vetará la participación de dos agrupaciones liberales. Una cosa parece segura: si el GUL y el PLC concurren por separado ante los electores, Bolaños sufrirá una humillante derrota porque difícilmente sus candidatos lograrán ganar siquiera una alcaldía. Y no porque su grupo no tenga simpatizantes, sino porque -de acuerdo al comportamiento histórico de las bases partidarias en Nicaragua- al final los electores votan por quien les propone su partido. Y el partido con arraigo es el PLC de Alemán. Los bolañistas más optimistas apuestan a conquistar un tercio del electorado liberal y con ello, impedir que sus adversarios del PLC superen o tan solo igualen sus resultados del 2000. De acuerdo con sus cálculos, con ese tercio del electorado estarían en una mejor posición para después negociar con Alemán el control del partido y las candidaturas para las elecciones generales del 2006, aún y cuando el precio que tengan que pagar sea la victoria de los sandinistas en las municipales.

El factor clave es la libertad o la prisión de Alemán. Hasta ahora, Bolaños ha dicho que no respalda que su antiguo mentor político sea exonerado por ninguna vía, llámese amnistía o fallo judicial. Pero desde noviembre, y después de la visita a Managua del general Colin Powell, la embajada de Estados Unidos guarda un elocuente y también embarazoso silencio sobre la lucha contra la corrupción de la administración Bolaños. Y se sabe por diversas fuentes que la embajadora Moore ha discutido las condiciones políticas que permitirían la liberación del caudillo liberal.

El gobierno de Estados Unidos se habría convencido de que Alemán ganó la batalla intestina entre los liberales, y de que su fortaleza es de tal magnitud que no se puede pensar en ganar elecciones sin tomar en cuenta al caudillo liberal. Incluso, uno de los enviados de Washington habría comentado en privado al Presidente Bolaños que reconsidere su posición, puesto que es un hecho inobjetable el liderazgo de Alemán entre la base liberal y su control total sobre el partido.

MIENTRAS ESTADOS UNIDOS DECIDE...

Los “demócratas” necesitamos la influencia de Alemán, para impedir que los sandinistas avancen, le habría dicho ese funcionario norteamericano al mandatario. Partiendo de esa razón, el Departamento de Estado habría acordado con el PLC no inmiscuirse en ninguna iniciativa legislativa o judicial conducente a la exoneración de Alemán, con dos condiciones: que tanto el partido como sus 42 diputados respalden todas las iniciativas del Poder Ejecutivo, y que una vez en libertad, el caudillo Alemán deje gobernar a Bolaños. Si Alemán queda libre y exonerado -al margen de las brutales consecuencias para la vida democrática del país y para el propio Bolaños- sería una señal inequívoca de que no habrá dos partidos liberales en la liza electoral del próximo 7 de noviembre.

Mientras Estados Unidos decide, en cada municipio ya se han lanzado múltiples candidaturas desde uno u otro agrupamiento liberal. En Managua, la candidatura del PLC la disputan Pedro Joaquín Chamorro Barrios -quien fue ministro y embajador del gobierno de Alemán- y Víctor Guerrero, actual diputado y más estrechamente vinculado con el caudillo, en razón de que son cómplices de actos de corrupción cuando ambos trabajaban en la Alcaldía de Managua. En cualquier caso, Chamorro y Guerrero necesitan la aprobación expresa de Alemán, y ambos saben qué requisitos necesitan para lograr esa anhelada bendición. Los bolañistas han postulado a Leonel Téller, ex-diputado y ex-emba-jador del gobierno Alemán hasta que fue destituido. Aunque cada quien paga encuestas para aparecer en el primer lugar, es un hecho que ninguno de los tres tiene suficiente carisma y capital electoral personal como para imponer su candidatura por sí mismo ni en el PLC ni en el GUL, menos aún si se tratara de designar un único candidato liberal.

Algunos dirigentes del PLC muy cercanos a Alemán advierten que su líder no se pronunciará por ninguno hasta que “el cuadro esté rayado”. Es decir, hasta que se sepa con certeza si habrá o no candidaturas unificadas de los liberales. Por supuesto, para Alemán es innegociable su propia libertad y sus decisiones estarán directamente vinculadas a si lo logra o no.

CONSERVADORES: UNA BUENA CARTA
DE NEGOCIACIÓN EN MANAGUA

Para que los liberales avancen no es suficiente que el PLC y el GUL presenten candidaturas únicas. El Partido Conservador (PC) intentará conservar el gobierno de los cinco municipios que ahora detenta y quizás lograr de tres a cinco ayuntamientos más, principalmente en los departamentos de Chontales y Boaco. Aunque la decisión final no está en manos de sus dirigentes, sino de sus propietarios -la familia Pellas-, quienes a su vez actuarán de acuerdo a los intereses de Estados Unidos, los conservadores aspiran también a igualar o mejorar sus resultados en Managua, después que en el 2000, con el empresario William Báez de candidato, lograron más del 25% de los votos, aprovechando el descontento del electorado de derecha con la gestión de gobierno de Alemán, signada por la corrupción y el despilfarro. Los conservadores tienen dos opciones de alianza: con los liberales si van unificados, o con Bolaños si van divididos. De hecho, su positivo desempeño en Managua en el año 2000 es su principal carta de negociación con los liberales. En cualquier caso, lo más probable es que decidan alianzas por municipio y no a nivel nacional.

La cuarta fuerza nacional de la derecha con caudal electoral propio es el Partido Camino Cristiano. Sus líderes, encabezados por el reverendo Guillermo Osorno, son encarnizados defensores de Alemán y apasionados partidarios de Estados Unidos. Su máxima demostración de fuerza la dieron en las elecciones generales de 1996, cuando lograron más del 4% de los votos y se instalaron con su propia bancada parlamentaria. Sin embargo, ni en aquel año ni en el 2000 lograron ganar al menos una alcaldía. En el 2001 concurrieron como parte de la Alianza Liberal encabezada por el PLC y lograron cuatro diputados. Aunque no se percibe ningún crecimiento de su fuerza electoral, en al menos una docena de municipios importantes sus votantes tradicionales pueden hacer la diferencia entre la victoria o la derrota de los liberales. Lo más probable es que Osorno decida negociar con el PLC candidaturas a concejales y a lo sumo alguna para vicealcalde.

Hay una veintena más de partidos de derecha, pero difícilmente alguno podrá siquiera postular candidatos propios en media docena de municipios. Seguramente intentarán sumarse a alguno de los grupos nacionales, para formar “sopas de letras”, cuya única ventaja es la apariencia de multitud.

UN NUEVO ACTOR SIN ARRAIGO: UNIDAD NACIONAL
Y UN ACTOR CON PROBADO ARRAIGO: YÁTAMA

Una nueva fuerza aparece en el escenario: el Partido de Unidad Nacional, cuya principal y solitaria figura es el General retirado Joaquín Cuadra Lacayo, ex-jefe del Ejército y uno de los más destacados comandantes guerrilleros en la lucha antisomocista. Aunque su partido logró organizar nominalmente directivas en todos los municipios, no es aún un partido de arraigo y su participación en estos comicios será crucial para definir su futuro político.
Pese al origen sandinista de su fundador se ha ubicado en el centro derecha, y las sociedades de negocios de Cuadra con algunos banqueros se han trasladado también al ámbito político. En Managua, ha postulado como candidato al conservador Rafael Córdova Álvarez, un joven abogado y ex-funcionario de la Contraloría, destacado por su frecuente participación en algunos canales de televisión y en los periódicos gracias a su discurso de crítica al pacto Alemán-Ortega, de respaldo al gobierno y contra la corrupción de Alemán. Difícilmente podrá alcanzar el 5% de los votos.

En el Caribe -donde otro gallo canta- hay otras fuerzas políticas que también jugarán su papel. Tanto en la Región Autónoma del Atlántico Norte como en el Sur, hay fuerzas autóctonas, especialmente Yátama, que están en capacidad de disputar de igual a igual algunas alcaldías. De hecho, Yátama no pudo conquistar al menos tres de los seis ayuntamientos del Norte debido a la ilegal decisión del Consejo Supremo Electoral de inhabilitarlo para las elecciones municipales del 2000, con el objetivo de despejarle el panorama a los candidatos liberales. El resultado, sin embargo, fue contrario a lo que Alemán esperaba: la abstención en el Caribe fue superior al 60% y el Ejército debió intervenir para frenar la justificada furia de los costeños y garantizar la celebración de los comicios.

En estas elecciones, Yátama aspira a conquistar la capital de la RAAN, Bilwi (Puerto Cabezas) en recia disputa con los sandinistas, con quienes también lucharán por el control de Waspán y Bonanza. Con los liberales pelearán Prinzapolka. Waslala se la disputarán los tres partidos del Pacífico y el FSLN seguramente repetirá en Rosita. En el Sur, es menos probable que las fuerzas locales logren desalojar a los partidos nacionales, a excepción de Corn Island y Laguna de Perlas, aunque tienen un apreciable caudal electoral en Bluefields y Kukrahill, donde también están implantados liberales y sandinistas. En el resto de la Costa Caribe, los liberales suelen arrasar en Bocana de Paiwas, La Cruz de Río Grande, El Tortuguero, Muelle de los Bueyes, Nueva Guinea y La Desembocadura de Río Grande.

LA ESTRATEGIA ELECTORAL
DE LA CÚPULA DEL FSLN: FÓRMULAS MIXTAS

A nivel nacional, en el centro izquierda la única fuerza partidaria que existe en el país es el Frente Sandinista. Y aunque en el caso de su cúpula esa definición es discutible y hasta ha merecido extensos ensayos y análisis, es inobjetable que su base popular está claramente definida como antiimperialista y hasta socialista en el sentido más amplio de esta palabra.

Este año, por primera vez desde que no es gobierno, el FSLN ha adoptado una estrategia electoral y ha diseñado un plan de acciones con suficiente anticipación. El núcleo principal es la alianza con un puñado de pequeñas agrupaciones políticas, como el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) y el Partido Social Cristiano, y un apreciable contingente de ex-comandos de la contrarrevolución o Resistencia, aglutinados todos bajo el nombre de Convergencia Nacional. Entre sus principales figuras están la comandante guerrillera Dora María Téllez, el socialcristiano Agustín Jarquín Anaya, ex-Contralor y hoy diputado suplente de Ortega, la abogada conservadora Miriam Argüello, ex-presidenta de la Asamblea Nacional y el ex-campeón mundial de boxeo Alexis Argüello. Jarquín, doña Miriam y Alexis fueron golpeados por decisiones del gobierno sandinista: Jarquín y Miriam, presos durante seis meses por organizar una manifestación durante el estado de emergencia de finales de los 80. A Alexis le confiscaron todas sus propiedades por sus vínculos con la dictadura somocista.

La cúpula sandinista ha tomado dos decisiones fundamentales: la primera en sus propias filas y la otra frente a sus aliados de la Convergencia. A nivel interno, en aquellos municipios considerados clave -Managua, León, Matagalpa- el propio secretario general, Daniel Ortega, se ha encargado de señalar claramente quiénes son sus elegidos como candidatos y ha reducido drásticamente el universo del cual pueden emerger candidatos para cualquiera de los puestos en disputa, bajo el estricto control del coronel retirado Lenín Cerna y su temido aparato partidario. Aunque teóricamente el FSLN ha mantenido -a celebrarse en distintas fechas del mes de marzo- el mecanismo de elección primaria, la otrora llamada consulta popular, cada estructura departamental se ocupará de filtrar a los posibles nominados y éstos a su vez deberán ser aprobados por el comando nacional encabezado por Ortega y Cerna. Aunque el requisito fundamental será la lealtad al secretario general, la cúpula tendrá que complacer a algunos colegas como Tomás Borge, o tendrá que tener en cuenta los intereses de grupos de poder a nivel departamental -en Managua, por ejemplo, existe una antigua y feroz pugna de Cerna con el magistrado del Consejo Supremo Electoral Emmett Lang y con el diputado Elías Chévez- para satisfacer mínimamente todos los apetitos, mantener la cohesión interna y asegurar el trabajo de todos en la campaña electoral.

FSLN: CRITERIOS, CONDICIONES Y CONCEPCIONES

También elaboró el FSLN un reglamento en el cual se establecen los requisitos formales y los políticos para competir. Por ejemplo, el artículo 21 dice que para alcaldes o vicealcaldes, podrán ser precandidatos y precandidatas los miembros del FSLN que tengan diez años de membresía ininterrumpida y para Concejales Propietarios y Suplentes los que tengan siete años. Y el artículo 45 del capítulo de las inhibiciones, calcado del reglamento que rigió las elecciones internas de 2000 y 2001 y sirvió para purgar a todos los dirigentes y militantes que se opusieron al pacto, dice: Todos aquellos miembros del Frente Sandinista que violenten los Estatutos, que ataquen o denigren al Partido, a sus instituciones, a su dirigencia y a sus miembros en general, por cualquier medio que sea comprobable, pierden sus derechos partidarios. ¿Quién determina cuál es la diferencia entre la crítica y el ataque, entre cuestionar y denigrar? ¿Con qué parámetros se mide lo “comprobable”?
Una perla más. En el artículo 29, que establece los requisitos formales de los aspirantes a precandidatos, equipara la militancia partidaria a la afiliación a las organizaciones gremiales “reconocidas” por el FSLN. En este sentido, dice que para comprobar que se es militante, se puede presentar el aval de su respectivo secretario político, o en su defecto, presentar aval escrito de haber militado en una Organización Gremial reconocida por el Consejo Sandinista Nacional, firmada por el Secretario Nacional de dicha organización. Este artículo revela la concepción que aún prevalece en la cúpula sandinista sobre el carácter de los movimientos sociales y la fragilidad de la autonomía de aquellos cuyos dirigentes son militantes de ese partido.

CON LOS ALIADOS DE LA CONVERGENCIA:
MUCHO PRAGMATISMO Y ALGUNAS ASTUCIAS

De cara a sus aliados de la Convergencia, el FSLN ha impuesto un criterio pragmático para seleccionar las candidaturas: en los municipios donde ganó en los últimos comicios o en aquellos donde perdió con menos del 5% de votos de diferencia y antes los había gobernado, encabezará la fórmula un sandinista y un aliado será postulado para vicealcalde. En aquellos municipios donde nunca ha ganado el FSLN, aunque haya perdido con menos del 50%, el candidato a alcalde será de la alianza. Donde perdió por entre 5-10% aplicará una combinación de criterios -incluyendo encuestas- para seleccionar la fórmula. En el resto de alcaldías los aliados serán los candidatos a alcalde.

En los casos en donde supuestamente un aliado sea quien encabece la fórmula, se deja abierta la posibilidad para que también sea un sandinista o un independiente, pues el texto utiliza la frase se privilegia a la alianza, expresión amplia que no obliga a nada, y como ni siquiera se menciona nunca por su nombre a la Convergencia, esto abre las puertas a candidaturas de personalidades que no están vinculadas a ningún partido político. En compensación, también se establece que la dirección de un departamento podrá proponer a la Comisión Ad Hoc que la fórmula la conformen dos aliados en aquellos municipios que sea de interés del FSLN proyectar dicha estrategia electoral. O también: podrá proponer candidatos de alianza para Alcalde en municipios que siendo del FSLN se considere que un candidato de alianza es la mejor opción electoral, quedando el cargo de Vicealcalde para el FSLN.

El reglamento define que para el otorgamiento de aval en el caso de los candidatos de alianzas para el cargo de Alcalde y Vicealcalde se constituye la Comisión Ad Hoc en el nivel nacional, la cual estará presidida por el Secretario General del FSLN y coordinada por el Departamento de Organización y estará integrada por el Jefe del departamento de organización (Cerna), el secretario político departamental, un representante de la Convergencia Nacional, el ejecutivo nacional de organización (general retirado Álvaro Baltodano), el representante del FSLN ante la Convergencia, el secretario político municipal y el presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Éticos.

Para las fórmulas de alcalde y vicealcalde, también se establecen como mecanismos de selección de candidatos de alianza: a) los candidatos de alianza corren en las elecciones primarias en fórmula cerrada con el candidato sandinista; b) Los candidatos de alianza participan en las elecciones primarias en boletas separadas. La fórmula definitiva se integra por el candidato de alianza que resulte en primer lugar con el candidato sandinista que obtenga el primer lugar; c) en los municipios donde existan dificultades para que los candidatos de alianza acepten correr en las elecciones primarias, podrá utilizarse el mecanismo de selección por encuesta. El candidato que obtenga el primer lugar se integra a la fórmula definitiva junto al candidato sandinista que obtenga el primer lugar en las elecciones primarias del FSLN; y d) mecanismos por consenso en la Comisión Ad hoc. En cambio, decreta que las candidaturas para concejales son abiertas, podrán participar en las elecciones primarias en igualdad de condiciones los candidatos de alianza que cumplan con los requisitos establecidos para los aliados.

FSLN: CANDIDATOS A ALCALDE
EN 71 MUNICIPIOS

De acuerdo a todos estos criterios, el FSLN se reservó ir en cabeza de las fórmulas en 71 municipios, incluyendo ocho capitales departamentales que ahora gobierna Ocotal, Somoto, Estelí, Chinandega, León, Managua, Matagalpa y Puerto Cabezas. Además, en Jalapa, El Jícaro, Telpaneca, San Lucas, Las Sabanas, Condega, Pueblo Nuevo, San Juan de Limay, San Nicolás, El Viejo, Chichigalpa, Somotillo, Villanueva, Posoltega, Puerto Morazán, Corinto, El Realejo, San Francisco del Norte, San Pedro del Norte, Cinco Pinos, Malpaisillo-Larreynaga, La Paz Centro, Santa Rosa del Peñón, Quezalguaque, Nagarote, El Sauce, El Jicaral, Achuapa, Telica, Tipitapa, Ciudad Sandino, Mateare, San Rafael del Sur, Ticuantepe, San Francisco Libre, Masatepe, Niquinohomo, Tisma, Catarina, Diriamba, San Marcos, Dolores, La Paz de Carazo, El Rosario, Diriomo, Nandaime, San Juan del Sur, Cárdenas, Altagracia, Belén, Tola, Potosí, La Libertad, San Ramón, San Isidro, Tuma La Dalia, Muy Muy, La Concordia, Puerto Cabezas, Waspán, Bonanza, Rosita, El Castillo y San Miguelito.

CONVERGENCIA NACIONAL:
CANDIDATOS A ALCALDE EN 69 MUNICIPIOS

Los aliados de la Convergencia designarán el candidato a alcalde en 69 municipios, incluyendo cuatro cabeceras departamentales donde el FSLN no ha ganado: Boaco, Rivas, Masaya y Granada. Además, en Quilalí, Wiwilí-Nueva Segovia, Murra, Mozonte, Ciudad Antigua, Macuelizo, Santa María, Totogalpa, San Juan de Río Coco, Yalagüina, Palacagüina, La Trinidad, Santo Tomás del Norte, Villa Carlos Fonseca, El Crucero, Nindirí, San Juan de Oriente, La Concepción, La Conquista, Diriá, Moyogalpa, San Jorge, Buenos Aires, Nueva Guinea, El Rama, Muelle de los Bueyes, Acoyapa, Santo Tomás, Villa Sandino, Santo Domingo, Comalapa, San Pedro de Lóvago, El Coral, San Francisco de Cuapa, El Ayote, Camoapa, Teustepe, San Lorenzo, Santa Lucía, San José de Los Remates, Río Blanco, Sébaco, Rancho Grande, Terrabona, San Dionisio, Matiguás, Ciudad Darío, Waslala, El Cuá Bocay, Wiwilí-Jinotega, Santa María de Pantasma, San Sebastián de Yalí, San Rafael del Norte, San José de Bocay, Siuna, Prinzapolka, Paiwas, La Cruz de Río Grande, El Tortuguero, Laguna de Perlas, Corn Island, Desembocadura de Río Grande, Morrito, San Juan del Norte y El Almendro.

Quedan pendientes de definición tres cabeceras donde ahora gobierna el FSLN: Juigalpa, San Carlos y Bluefields. Y otras dos: Jinotepe, donde por primera vez el FSLN perdió en las elecciones pasadas; y Jinotega, donde siempre ha perdido por estrecho margen. También están en esta lista aún sin definición: San Fernando, Dipilto, San José de Cusmapa, Nandasmo, Santa Teresa, Esquipulas y Kukra Hill.

UN GRAN DESAFÍO PARA LA CONVERGENCIA
Y UNA NUEVA POSIBILIDAD PARA EL FSLN

Al margen de los legítimos cuestionamientos a los procedimientos autoritarios de la cúpula del FSLN, de las crudas reservas ideológicas sobre la naturaleza de los intereses que efectivamente defiende y del carácter pendular de sus posiciones sobre la situación económica y política del país, lo cierto es que en esta oportunidad, Ortega y su grupo han actuado con mucha astucia y pragmatismo. Y de paso, le plantean un desafío a la Convergencia: demostrar que son más que un grupo de brillantes personalidades.

En la estrategia diseñada, los aliados están obligados a ganar al menos la tercera parte de los municipios en donde serán cabeza de lista, y principalmente, las cuatro cabeceras departamentales en las que desde 1990 no ganan los sandinistas. Si los “convergentes” lo logran, alcanzarán una posición privilegiada para negociar con Ortega listas conjuntas para los diputados a la Asamblea Nacional y, eventualmente, hasta para pelear la nominación presidencial en las elecciones de 2006. En caso contrario, el FSLN podrá desprenderse sin muchas explicaciones de aliados a los que un sector importante del partido considera como un lastre político mientras otros califican a algunos como oportunistas.

Los dos principales grupos de la Convergencia, los socialcristianos y el MRS, son quienes están en mejores condiciones para aprovechar al máximo las puertas abiertas por el FSLN y colocar a sus principales cuadros como candidatos a alcalde o vicealcalde, espacios que después podrán utilizar como catapulta para crecer como partidos. Paradójicamente, ninguna de estas dos agrupaciones políticas tiene suficiente arraigo en la mayoría de los municipios que les han concedido para encabezar las fórmulas y la mayor fuerza de ambos grupos está precisamente donde el poderío sandinista es indiscutible, Occidente y Managua.

Con la alianza, a los sandinistas se les abrirá la posibilidad de gobernar municipios de base campesina, en donde por sí solos difícilmente podrían avanzar a mediano plazo, no sólo por los recuerdos aún frescos de la guerra de los años 80 y de sus desastrosas políticas agropecuarias, sino también porque en todos estos años han sido incapaces de articular una política nacional de defensa de los intereses de los campesinos y de los trabajadores agrícolas.

FSLN: UN ESCENARIO FAVORABLE

A las astutas decisiones tomadas por Ortega, hay que sumar un muy favorable panorama económico y social, dada la torpeza política del gobierno de Bolaños, su objetivo desgaste y la división de los liberales. El caudillo sandinista logró finalmente salir airoso de la coyuntura del “repacto” con Alemán de noviembre-diciembre 2003. La abierta intervención de Estados Unidos en los asuntos políticos del país está permitiendo a Ortega acudir a su alforja antiimperialista, convenientemente escondida desde hacía ya algún tiempo, la que no quiso utilizar durante años para denunciar la odiosa imposición de las políticas económicas neoliberales como moderna vía de los norteamericanos para su conquista neocolonial.

En el caso de Alemán, no es que Ortega no estuviera dispuesto al “borrón y cuenta nueva” que desde las filas liberales le han propuesto una y otra vez, sino que no pudo llegar a un acuerdo sobre la “moneda de cambio”. Pese a que durante meses mantuvo una política dual, y a veces hasta con declaraciones de simpatía de parte de algunos connotados miembros de la cúpula hacia Alemán, el fallo del 7 de diciembre de la jueza Juana Méndez y su posterior ratificación en enero por el Tribunal de Apelaciones de Managua, le han permitido a Ortega volver a asir como propia la bandera contra la corrupción, dándole una oportunidad de oro para capitalizarla electoralmente.

FSLN: VICTORIA O DERROTA SEGURAS

En las actuales condiciones, no es aventurado afirmar que si la derecha acude a las elecciones dividida en dos (PLC y GUL) o en tres (PLC, GUL y Conservadores), el FSLN tiene la posibilidad real de repetir sus triunfos en Managua, León, Chinandega, Matagalpa, Estelí, Somoto, Ocotal, Puerto Cabezas y San Carlos, y reconquistar Jinotepe. De sus aliados dependerá que logren conservar Bluefields y Juigalpa, y ganar en Jinotega y Granada. Difícilmente podrán triunfar en Boaco, Masaya y Rivas. De las 25 ciudades de mayor importancia por su población o su economía, además de estas cabeceras, es muy probable que el FSLN logre hacerse también de los gobiernos de Jalapa, Corinto, Chichigalpa, Condega, El Viejo, Tipitapa, Ciudad Sandino, Masatepe y Nandaime. Del resto, quizás logren mantener al menos treinta ayuntamientos y conquistar unos doce o quince más, sobre todo en los departamentos de Masaya, Carazo, Granada, Rivas y Matagalpa.

Pero si la derecha va unida, la derrota del FSLN, incluida Managua, es segura. El principal obstáculo que debe vencer la alianza Convergencia-FSLN es la política hostil de Estados Unidos. A pesar de todo, si la derecha va dividida el daño puede ser relativo, puesto que excepto en Managua -por razones obvias-, en la vida municipal este enfrentamiento no necesariamente influye en los electores.

“MANAGUA, LINDA MANAGUA...”

En la codiciada capital, “la muchacha” más disputada, los sandinistas tienen a su favor la buena gestión del alcalde Herty Lewites, cuyo mérito más importante es haber acabado con la corrupción como estilo de gobierno. Aun cuando algunos de sus funcionarios no han estado exentos de fundamentadas acusaciones de manejos sospechosos, el alcalde como tal, y el gobierno municipal en su conjunto, han logrado revertir la percepción ciudadana de que la alcaldía de Managua servía para enriquecer al alcalde y al partido de turno. Además, Lewites ha incrementado sustancialmente la recaudación tributaria, ha resuelto gran parte del problema de la recolección de la basura, ha habilitado miles de kilómetros de las destrozadas calles de la ciudad, con gran esfuerzo ha logrado mantener el precario equilibrio con los sindicatos de todo signo y ha sabido “jinetear” a los hostigosos y a veces intransigentes empresarios del transporte urbano.

Si a esto sumamos el inteligente manejo de su relación con Bolaños -el uno siempre llama al otro amigo- y el talante no confrontativo de su gestión, el FSLN tiene un excelente punto de partida para intentar retener el control de la capital. Si bien el candidato designado por Ortega para la alcaldía de Managua, Dionisio Marenco, no es un político carismático, esto puede neutralizarse con una adecuada estrategia de marketing electoral. Marenco intentará balancear ese aspecto negativo con su innegable capacidad organizativa y sus nuevos conocimientos municipalistas, a lo cual ha dedicado muchos meses de estudio en Brasil y en otros países con experiencias exitosas en ese ramo. Su compañero de fórmula, el candidato a vicealcalde Alexis Argüello, sí es un hombre popular entre las grandes masas de electores, no sólo por su extraordinaria carrera deportiva en el boxeo -la mejor en la historia del país- sino por su origen humilde y su permanente vinculación con los sectores populares.

Vistos los resultados del 2000, si la derecha se une, el FSLN necesita para vencerla en Managua ganar por mayoría absoluta. El principal escollo no proviene ni de su fórmula ni de su eventual propuesta ni de su gestión actual. Viene del miedo: la derecha volverá agitar los temores aún latentes en la memoria colectiva de un importante sector del electorado. En el 2000 lo intentó y, si sumamos el 29% que ese año logró el PLC en Managua con el 25% que alcanzó el candidato conservador, podríamos decir que lo logró.

FSLN: UNA FORMIDABLE OPORTUNIDAD

Los sandinistas tienen también en este año electoral una oportunidad para dar un giro a su patética actuación política de los últimos ocho años. No sólo es la posibilidad real de surgir como la primera fuerza partidaria, sino la manera en cómo lo logren: al menos, una vez electos los candidatos -ya que en el FSLN de ahora, las cosas se hacen al revés-, pueden desatar un intenso proceso participativo de los ciudadanos en cada municipio, evaluando la gestión del gobierno saliente y proponiendo el programa para el entrante. De esa manera, estarían sentando las bases para involucrar efectivamente a la gente en la gestión de su ayuntamiento y consolidando el proceso democrático y participativo, sin importar quién gane después la elección. ¿Sabrán aprovechar esta formidable oportunidad?

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