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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 259 | Octubre 2003
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Nicaragua

Liderazgos tradicionales caribeños: ¿una especie en extinción?

Delegados del gobierno central, concejales autonómicos, alcaldes, delegados de los partidos... ¿Qué espacios, qué poder de decisión, conservan ante todas esas autoridades los líderes comunitarios y tradicionales de la Costa: Consejo de Ancianos, síndicos, pastores, maestros? ¿Son una especie en extinción?

William Grigsby

En estos tiempos donde el mercado ha sustituido a la sociedad y sus leyes suplantan los valores, los
caribeños tienen una razón por la cual sentirse orgullosos: pese a tantas invasiones armadas o disfrazadas, la base de su organización comunal se mantiene y gracias a ella, han logrado defender la esencia de sus raíces. Sin embargo, ahora lidian con una amenaza: los partidos han absorbido a gran parte de sus liderazgos autóctonos, pervirtiendo la naturaleza de sus tradiciones.

Dentro del Estado nicaragüense, el Caribe tiene una organización singular que le permite integrar distintas clases de instituciones desde las cuales se ejerce el poder en varios niveles: estatal, autonómico, municipal y comunal. Las instituciones comunales se asientan sobre la base de una tradición celosamente trasmitida por los antepasados. A su vez, cada uno de estos poderes se ejerce en ámbitos socialmente diferenciados y a veces, políticamente contrapuestos: los delegados del gobierno central (los colonizadores o los Ishpail, como los llaman los negros); las autoridades autonómicas y los alcaldes (los políticos caribeños) y las entidades locales (los líderes indígenas y comunitarios).

Los representantes del gobierno de Managua, y las autoridades autonómicas y municipales, se rigen por un marco jurídico en cuya definición la participación de los caribeños ha sido nula o escasa: la Constitución, el Estatuto de Autonomía, la Ley de Municipios, y todas las leyes derivadas. Y aunque todas estas autoridades están legalmente constituidas, su legitimidad está cuestionada por su práctica o por su origen. En cambio, la tradición -casi siempre oral- es la norma de las entidades locales autóctonas y de sus dirigentes, auténticos líderes.

LO ANCESTRAL, LO TRADICIONAL,
LO QUE UNE, LO QUE INSPIRA RESPETO

Dorotea Wilson -socióloga, sandinista, dirigente nacida en Bilwi- define el liderazgo local como la autoridad tradicional, la organización propia de las comunidades. En el caso de los mískitos, menciona figuras básicas de este liderazgo: el Consejo de Ancianos, en el cual están incluidos el juez comunal, encargado de castigar las infracciones de los miembros de la comunidad; el síndico, cuya misión es regular la tenencia de la propiedad, el pastor de la iglesia; y los maestros. El síndico y el juez son la gente mayor de la comunidad. La comunidad los nombra, mandan una delegación y la alcaldía lo que hace es certificar. En cambio, entre los mayangnas, que son gente de mucha espiritualidad, el pastor de la iglesia morava es el líder fundamental de la comunidad. No hay otro tipo de organización, no tienen organizaciones ancestrales como los mískitos, explica Dorotea.

Una buena aproximación a las diferencias entre los grupos caribeños, la ofrece Noel Campbell, ingeniero blufileño. En Sandy Bay (RAAS) es muy distinta la forma de organización a la de Bluefields o a la de los garífunas. Son diferencias de carácter étnico, es una forma muy distinta de ver el mundo. El mískito convive con su medio ambiente, ha practicado más o menos un respeto ecológico. El de Bluefields no. Cortará los árboles si busca madera. El mískito tiende a respetar más las autoridades de los religiosos y de los ancianos. En Bluefields son más díscolos, por no decir valeverguistas. La autoridad de un pastor, de un gobernador o de un policía no llega mucho a la gente de Bluefields. La gente de Bluefields mira todo lo que nosotros consideramos ilegal contrabando, narcotráfico- como una cosa buena. De forma parecida piensan también los mískitos, quienes no ven mal tener un poco de cocaína y venderla para su beneficio. Los garífunas tienden a ser más unidos, tienen un mayor sentido de quiénes son, de sus raíces históricas, por la experiencia que han vivido. Están más identificados con África y con las cosas africanas. Entre ellos, todo gira alrededor de un espíritu que llaman Gúbida, a quienes tienen un enorme respeto. Ellos pueden ser revolucionarios, contrarrevolucionarios, anglicanos o moravos, pero a la hora del peligro o de la enfermedad, todos recurren a Gúbida, quien une a los garífunas. En el caso de los mískitos, lo que los une es la cuestión ancestral, el respeto hacia los pastores, hacia los ancianos. En el caso de los negros de Bluefields, las leyes los pueden unir.

La abogada y dirigente feminista negra, Matilde Lindo, nacida en Bilwi, cuestiona la autoridad real del Consejo de Ancianos. Los mískitos dicen que los Ancianos son la máxima autoridad en sus comunidades. Sin embargo, en la práctica muchas veces quedan siendo sólo una figura ancestral. No les veo con tanta autoridad. La han perdido por no conjugar el hoy con las tradiciones ancestrales. Y entre la problemática que vivimos hoy y sus tradiciones hay contradicción.

YÁTAMA: SÍNTESIS DE LOS LIDERAZGOS ÉTNICOS

Casi el cien por ciento del liderazgo tradicional de prácticamente todas las comunidades caribeñas se involucró directamente en la guerra de los años 80. Sin importar las intenciones, los sandinistas causaron un daño profundo a todos los grupos étnicos caribeños. Y al mismo tiempo, también sin importar las intenciones, lo cierto es que las comunidades indígenas terminaron convirtiéndose en instrumentos políticos y militares de Estados Unidos en su guerra contra el pueblo nicaragüense. Paradójicamente, fue el gobierno del FSLN el que le concedió la Autonomía al Caribe, y ha sido ese partido, el único interesado en que la autonomía se ponga en práctica.

YÁTAMA (Yapti Tasba Masraka Nanih Aslatakanka, Organización de los Pueblos de la Madre Tierra) fue la síntesis de todos los liderazgos indígenas y étnicos del Caribe, hasta que concluyó el conflicto militar en 1990. Esta organización fue fruto de un largo proceso organizativo iniciado en 1969, cuando surgió una especie de sociedad campesina llamada Asociación de Clubes Agrícolas del Río Coco (ACARIC), con el objetivo de promover la mejora de la vida social y económica de la población del indígena en el Río Coco (Wanki), mejorando el sistema de producción. Tres años después, se formó la Alianza para el Progreso de los pueblos Miskitus y Sumus (ALPROMISU) -nótese la influencia del proyecto Kennedy- con el fin de defender sus territorios y sus recursos naturales, para la defensa de la vida integral ante el gobierno central, quien los cedía a transnacionales para su explotación irracional. Era el final del dictador Anastasio Somoza Debayle y de su hombre fuerte en el Caribe Norte, el entonces senador Pablo Rener. En ese tiempo, Steadman Fagoth, un joven a quien gustaba autollamarse heredero del Rey Mískito, estudiaba en Managua, en la Universidad Nacional, con una beca pagada por la dictadura.

Poco después del triunfo sandinista, el 11 de noviembre de 1979, se celebró la gran asamblea general de los pueblos indígenas de la Costa Atlántica y la organización cambia el nombre a Miskitu Sumu Rama Sandinista Asla Takanka (Organización de los Pueblos Miskitu, Sumus, Ramas y Sandinista, MISURASATA). La inclusión del nombre Sandinista evidenciaba la profundidad de las esperanzas caribeñas en la Revolución que comenzaba. Ya desde entonces y de acuerdo con sus documentos oficiales, MISURASATA se trazó como objetivos establecer un gobierno autónomico, la demarcación de los territorios indígenas de los pueblos de la Costa Caribe, la defensa de los recursos naturales y el desarrollo integral de la Costa Atlántica de Nicaragua. Pero aquellas esperanzas quedaron frustradas y el gobierno norteamericano utilizó hábilmente los errores sandinistas para organizar a miles de indígenas y adiestrarlos como soldados de la contrarrevolución.

En 1987, al amparo de los Estados Unidos, se celebró la siguiente asamblea de los pueblos indígenas caribeños en Rusrús, Honduras, donde la organización traza sus nuevas líneas y adopta el nombre YÁTAMA, que -según uno de sus documentos- no se limita a grupo racial sino de identidad con el Cosmos, y que se define como la genuina expresión representativa de los pueblos indígenas y comunidades étnicas de la Costa del Caribe nicaragüense, surgido en el seno y forjado en la resistencia por la dignificación y reivindicación de la identidad y derechos históricos, dirigiendo las diferentes etapas de lucha que han atravesado estos pueblos y comunidades durante los últimos 27 años. YÁTAMA se involucró totalmente en la guerra contra el gobierno sandinista, a pesar de que una de sus principales banderas de lu-cha, el Estatuto de Autonomía, había sido promulgado precisamente el año de su fundación, y en el proceso de su redacción fueron consultadas la mayoría de las comunidades indígenas.

EN LA GUERRA Y EN LA PAZ:
EL NUEVO LIDERAZGO DE LAS MUJERES

Desde el punto de vista del blufileño Henningston Hodgson, es difícil hablar de autoridades comunitarias a estas alturas. La guerra vino a destruir casi todas las estructuras comunales originales, el liderazgo natural y toda su cosmovisión comunitaria. Y digo esto porque en la guerra el liderazgo adquirió un carácter muy militar. Cuando terminó la guerra en 1990, la mayoría de los líderes que asumieron funciones, eran comandantes o ex-combatientes. Hasta los Consejos de Ancianos, los integraban en algunas comunidades ex-combatientes, algunos muy jóvenes para ser Ancianos. Pero eran miembros por ser ex-jefes militares. Esto vino a distorsionar un poco la visión que se tenía de las estructuras originales comunitarias. Ahora hay una mezcla, conviven ambos modelos, ambas formas de autoridades -la formal y la tradicional-, pero una tiene más peso sobre la otra, en base a conceptos y a criterios que realmente no tienen que ver nada con procesos de democracia o de descentralización.

Distinta es la apreciación de Dorotea Wilson, quien recuerda que el liderazgo comunitario en los años 80 era la iglesia morava con sus pastores, y muchos de esos pastores ahora ya no están en la comunidad, pues están en territorio hondureño o han dejado su misión porque muchos de ellos se integraron a la Contra y se fueron del país. Ahora, hay otro liderazgo comunitario, nuevo: las mujeres. Los hombres y los hijos varones fueron a la guerra y las mujeres se quedaron asumiendo todas las responsabilidades de la familia, todas las cosechas. Y esas mujeres impulsaron la repatriación de sus hombres, que se habían ido con YÁTAMA o MISURASATA, y se habían quedado en Honduras. Las mujeres se organizaron en las Comisiones de Paz y Autonomía y lograron que los hijos y los esposos regresasen a sus casas. Al haberse ido, el hombre perdió autoridad, perdió su liderazgo. Regresó y ya estaba dividida la familia. Después las mujeres encabezaron las Comisiones de Paz y de Autonomía para impulsar la Autonomía de la Costa Atlántica. Las mujeres son un nuevo liderazgo: estuvieron al frente de la autonomía y de la repatriación.

Hoy, trece años después de la guerra, tenemos muchas mujeres que estuvieron al frente de las Comisiones de Paz y Autonomía y que son pastoras. El fenómeno es novedoso: la Iglesia Morava, tan conservadora que no permitía mujeres pastoras, ha cambiado y ahora ordena pastoras, que están en la comunidad prestando servicios. Tenemos también mujeres al frente de proyectos productivos, impulsados por la alcaldía local; mujeres que están protegiendo el medio ambiente y los recursos naturales -por ejemplo, a las tortugas, para evitar su exterminio-. Son líderes reconocidas en sus comunidades. Existe un gran movimiento y las mujeres están al frente, como Elizabeth Enriques, una mujer joven muy reconocida, de YÁTAMA. Con sus propias costumbres y tradiciones, las mujeres están impulsando todo. A esto yo también le llamo desarrollo local.

JÓVENES Y ANCIANOS: LA CRISIS DE LOS 80

Noel Campbell, nativo del Caribe Sur, tiene la misma visión de Henningston. El liderazgo tradicional –dice- ha quedado destrozado desde los años 80 con la Revolución. Era difícil que fuera de otra forma. Quizás la revolución no entendió nuestra organización. Me resulta difícil saber si estaba bien o mal, pero la verdad es que sucedió. La forma tradicional contradecía mucho de lo que quería la revolución. Los jóvenes, por ejemplo, tenían muy poca participación en una organización tradicional. ¿Cómo consiguen su autoridad los Ancianos? Porque supuestamente conocen mejor las cosas de la comunidad. Cuando viene la revolución, envía a un montón de jóvenes a estudiar al exterior -algunos se fueron hasta Alemania Democrática y Rusia- y cuando estos jóvenes regresan a su comunidad y se dan cuenta que la autoridad tradicional es una persona analfabeta, empiezan a crearse problemas.
Una persona prácticamente con educación, será joven en edad pero tiene madurez. Lo lógico fue que estos jóvenes sintieran que ellos deberían ocupar los lugares de autoridad y esto provocó rechazo en gran parte de la población. Conozco muchos casos. Los primeros médicos, odontólogos, directores de colegio y graduados universitarios que daban clases, fueron obligados a salir de la zona cuando se dio el cambio de gobierno en 1990. Y era gente de allí. Pero el Consejo de Ancianos no los miraba con buenos ojos: ¡Cómo es posible que un chavalo de 28 años, por el simple hecho de ser doctor, por el simple hecho de ser un abogado, tenga tanta autoridad como yo! ¿Qué sucedió? Que todos estos profesionales se fueron para Managua, para Estados Unidos o, en todo caso, para Bluefields. No se quedaron en sus comunidades. Entonces, esa idea, esa impresión de que se va regenerando el liderazgo, de que la persona preparada va escalando, aquí no funcionó.

PREVALECEN LOS INTERESES
DE LOS PARTIDOS POLÍTICOS

Estas cuatro personalidades caribeñas -Matilde, Dorotea, Noel y Henningston- coinciden en que uno de los factores determinantes para debilitar el liderazgo tradicional ha sido la acción de los partidos políticos, que en unos casos han reclutado a muchos líderes para que sirvan sus intereses y no los de la comunidad y en otros han impuesto a sus militantes como líderes.
Matilde Lindo cree que se trata de un problema común al del resto del país. Quienes están en los cargos de los gobiernos municipales llegan a ellos a través de sus partidos políticos. Igual sucede con cargos en los Consejos Regionales autónomos. Los 45 concejales de la RAAN y los 45 de la RAAS llegaron por elecciones, pero llegaron a ser candidatos por sus partidos. Y aquí como en Managua los intereses de los partidos son los que prevalecen. En los Consejos y en los gobiernos municipales, comenzamos a tener subordinacio-nes diversas, entre ellas la obediencia al partido. Aún necesitamos seguir trabajando para tener poderes autóctonos. En algunos momentos hemos pensado en la suscripción popular (eliminada por los sandinistas y liberales en el pacto de 1999, para impedir que los disidentes compitieran con sus militantes). A pesar de tener autonomía, no tenemos ninguna autonomía ante las leyes que emanan de la Asamblea Nacional.

¿DEL PUEBLO Y PARA EL PUEBLO?

Según Matilde Lindo, aunque los dirigentes locales de los partidos en las zonas caribeñas no están necesariamente divorciados de la gente, lo que hacen los partidos es agarrar a los líderes comunales y convertirlos en sus adeptos. Los reclutan. Por ejemplo, en 1990 -cuando la Unión Nacional Opositora derrotó al FSLN-, en la primera elección del Consejo Regional Autónomo, YÁTAMA barrió en la RAAN y obtuvo la gran mayoría en los dos Consejos Regionales. Pero cuando ya entró el PLC (en 1994) bajo el mando de Arnoldo Alemán, muchos de esos mismos líderes volvieron al Consejo Regional, pero ya con la camisa del PLC. Estos líderes, que en algún momento creímos que eran del pueblo y para el pueblo -aquellas consignas en las cuales queremos seguir creyendo- están ahora al servicio de un partido.

¿Y ahora, con la camiseta del PLC, se olvidaron de sus raíces y de la comunidad a la cual representaban? No diría que se olvidaron, pero sí que convierten las demandas de su pueblo y las de sus raíces en herramientas a favor de su propio partido. Y ahí es donde la cosa se descompone. Porque el PLC o el Frente Sandinista -porque igual ha sucedido con el Frente- tienen otros intereses. Si coinciden con algo del pueblo, está bien, pero si no coinciden, el pueblo queda marginado, aplastado.

Como ejemplo, Matilde cita la demarcación territorial y la reglamentación de la autonomía. ¿Por cuántos años estuvieron engavetadas estas leyes? ¡Desde que estaba en la Presidencia doña Violeta! Los asuntos que son tan importantes el Caribe dependen siempre de algo que está fuera de nuestras manos, y yo creo que también fuera de las manos de nuestros líderes...

CLIENTELISMO, PATERNALISMO, CENTRALISMO

Henningston cree que el liderazgo natural no ha desaparecido, pero sí ha cedido mucho espacio a ese liderazgo partidista, donde se han beneficiado las élites políticas. No obstante, el liderazgo natural viene poco a poco buscando cómo recuperar ese espacio que perdió desde el tiempo de la guerra y se le impuso otra forma de organización, la partidaria, la cual va a tener que ir cediendo espacio, porque el liderazgo natural viene desde abajo, desde las bases. En cambio, el partidario, fue impuesto. Según Hodgson, se están abriendo espacios de concertación en los espacios institucionales formales que permiten este proceso.

Él también comparte la preocupación por la injerencia de los partidos: Predominan criterios del clientelismo político, que tiene que ver con el paternalismo. Eso ha influenciado mucho todas las estructuras comunitarias. Un partido que gana una alcaldía, trabaja más y organiza mejor en las comunidades donde tiene un representante de su partido político. Se está imponiendo esa forma clientelista partidaria en las comunidades y en muchas de ellas, se trata de un proceso muy avanzado.

Dorotea Wilson considera que los partidos políticos lo que hacen es comprar a los líderes naturales caribeños. ¿Qué pasó con Brooklyn Rivera, uno de los fundadores de YÁTAMA y con Steadman Fagoth? Dejaron de ser líderes auténticos de sus comunidades. En los años 90, con doña Violeta, nombraron a Brooklyn director de un aparato del Estado para el Caribe, INDERA, fueron a imponer a Brooklyn por encima de los gobiernos municipales y del gobierno regional y él respondía al nivel central, en detrimento de las atribuciones propias de los gobiernos regionales y municipales.

¿QUÉ HAGO? ¿MILITANTE O COSTEÑA?

Recuerdo -dice Dorotea Wilson- que durante la Revolución, un grupo de dirigentes caribeñas nos cuestionábamos por qué siempre se tenía que nombrar o enviar gente del Pacífico para asumir las diferentes responsabilidades políticas en la Costa, por qué no nos escuchaban y por qué no éramos nosotras las que teníamos que estar frente a esas tareas. Llegaba un momento en que una decía: ¿Qué hago ahora: me comporto como militante del Frente Sandinista o me pongo al frente de las reivindicaciones propias de las comunidades indígenas? Se sentía efectivamente una confusión. Lo platicábamos y llegamos a esta conclusión: Si estoy aquí, tengo que responder por las reivindicaciones de las comunidades negras, de las comunidades indígenas. Hazel Lau, dirigente mískita, rompió con el Frente Sandinista para poder asumir verdaderamente reivindicaciones importantes que estaban en contra de muchas posiciones políticas del Frente. Creo que eso se ha superado en gran medida en el caso del Frente Sandinista. No así con otros partidos políticos, y hay costeños que siguen asumiendo responsabilidades partidarias y se han olvidado completamente de las reivindicaciones propias de sus comunidades.

LA EXCLUSIÓN DE YÁTAMA

La evidencia más contundente de cómo los intereses de los grandes partidos foráneos han pervertido la vida en el Caribe fue la exclusión deliberada de YÁTAMA de las elecciones municipales de 2000, cuando eran claros favoritos para ganar la mayoría de las alcaldías del Atlántico Norte. En esta oportunidad, los cuatro magistrados liberales del Consejo Supremo Electoral no quisieron autorizar la participación de YÁTAMA, porque sabían que eso mermaría considerablemente los votos del PLC.
Tan grave fue esta violación de los derechos políticos de las comunidades caribeñas, que el Estado nicaragüense resultó condenado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en una decisión sin precedentes. Es inaudito que una organización propia comunitaria no pudiera ir a elecciones municipales y regionales. YÁTAMA siempre dijo que le interesaban más las elecciones regionales y municipales que las nacionales, y se lo impidieron, afirma Dorotea Wilson.

“ESTAMOS BASTANTE ATOMIZADOS”

Para Matilde Lindo, la absorción del liderazgo natural por parte de los partidos ha debilitado la organización comunitaria. El liderazgo tradicional tampoco tiene una posición firme. Miramos que fluctúan, nunca se sabe qué esperar de ellos. Hoy por hoy, YÁTAMA ya es un partido político y los Consejos de Ancianos no comparten muchas ideas con YÁTAMA. Están aparte. En el territorio comunitario hay muchísimos problemas alrededor del liderazgo. Cuando hay elección de síndicos, es un problema, porque también en ellos han incidido los partidos políticos. Y en mi opinión, como se organizan a través de las alcaldías, esto ha hecho que se pierdan muchas de las tradiciones ancestrales, en cuanto a elecciones, formas de elecciones y períodos que debe estar alguien en el poder. Tenemos un montón de islitas: un síndico, un Consejo de Ancianos, un juez comunitario, el suplente de ese juez... Además, los delegados del gobierno central y el delegado del partido. Realmente, estamos bastante atomizados en cuanto a liderazgo.

UN CLÁSICO CONFLICTO QUE REFLEJA PROBLEMAS DE LIDERAZGO

A veces, las competencias de los liderazgos naturales y las de las autoridades locales entran en conflicto. Un caso típico es el de Bilwi (Puerto Cabezas), en el Caribe Norte, donde ha habido problemas con la demarcación territorial entre las comunidades. Dorotea Wilson relata: Gran parte de las tierras donde está asentada la ciudad, incluyendo la pista de aterrizaje, pertenecen a la comunidad de Karaká, pero estamos viviendo ahí costeños nacidos en la Costa, que estamos pagando un arrendamiento. Cada año, los dirigentes de la comunidad reciben el pago del arrendamiento de los pobladores y de las diferentes empresas.
Mi abuela, nosotros, tenemos títulos de propiedad emitidos desde la Colonia inglesa y de la Standard Fruit Company cuando esta empresa bananera entregaba títulos de propiedad en Puerto Cabezas. Ahora, la comunidad de Karaká, con su organización propia, sube el arriendo. Este año hay que pagar más de mil y pico de córdobas -un poco más de 60 dólares- por el arriendo y muchas personas que viven allí no tienen esos recursos. La alcaldía dice que van a declarar de utilidad pública esas tierras para favorecer a quienes tienen años de vivir allí. Se tiene que negociar. El gobierno regional autónomo, la alcaldía municipal y los comunitarios tratan de resolver un conflicto de propiedad de muchos años.
¿Qué hace el liderazgo comunitario con el dinero del arrendamiento? Supuestamente es para el desarrollo de la comunidad. Pero ahí también hay otro conflicto, porque no hay mucha transparencia en la administración de esos recursos, que quedan en manos del grupo dirigente. Ese dinero debe ser para becar a los niños o a las niñas de las comunidades, para mejorar las calles de las comunidades, para los puestos de salud, donde no hay medicamentos. En algunos casos, donde hay presión de la comunidad, la directiva usa adecuadamente el dinero.
En este conflicto aparece nítidamente reflejado el problema del liderazgo. Según Dorotea, las autoridades comunales han ido cambiando, se están muriendo los viejitos, y los que están asumiendo son jóvenes que no quieren negociar en la misma forma en que los ancianos negociaban con la gente del casco urbano de Puerto Cabezas.

¿PARA QUÉ EXISTEN LAS ALCALDÍAS?

En la práctica hay dos poderes paralelos: la alcaldía y el liderazgo comunitario. La pregunta natural que surge es: En las comunidades donde hay una organización de acuerdo a costumbres ancestrales, ¿para qué existen las alcaldías?
¡Ah! -exclama Dorotea Wilson-. Ése es un tema que está en debate. Desde hace años, en las universidades caribeñas están impulsando una maestría en Derecho Autonómico, y ahí se debate la tesis de que, efectivamente, en vez de tener un gobierno municipal, en el caso de la RAAN, donde hay más de 160 comunidades, lo que debería existir son territorios indígenas. No es una tesis concluida, pero se está haciendo un planteamiento de fondo. Siempre hemos dicho que las alcaldías y la ley de municipios sustituyen o suplantan a los gobiernos regionales autonómicos en muchas cosas. Y que se ha tratado de equiparar la Ley de Municipios con la Ley de Autonomía.
Para Matilde Lindo el ejercicio de los gobiernos municipales es bastante deficiente y no lo podemos negar. No logran siquiera hacer un planteamiento de desarrollo, entendiéndolo desde nuestra idiosincrasia, desde nuestras necesidades, desde las cosas más básicas que necesita todo ser humano. Por ejemplo, se suponía que la alcaldía de Puerto Cabezas iba a ver el asunto de la luz y del agua y no lo hicieron, dijeron que no tenían suficiente capacidad administrativa y política. Y hasta ahí, no hubo más explicaciones, ni siquiera en algo tan sentido. Otra deficiencia: no tienen influencia en todo el territorio del municipio. Quienes viven alejados de donde está la sede municipal, no se dan cuenta ni de que existe el alcalde, excepto durante la campaña electoral. Después, ¡sálvese quien pueda! También ha habido muchísimas deficiencias en planificar de manera tal que en el sistema municipal los actores puedan, de manera armoniosa, incidir en la solución de los problemas. La alcaldía debiera ser rectora y facilitadora, pero no es así. Porque el alcalde y los concejales casi siempre andan en campaña y muchas de sus energías y de su tiempo se les van en ser vistos y no en estar haciendo.

HEMOS VIVIDO EN CONCERTACIÓN,
HEMOS CONVIVIDO SIN MATARNOS

Noel Campbell cree que los gobiernos municipales sí tienen sentido. Y cree que los líderes naturales deberían actuar como consejeros de los alcaldes. Me parece que la autoridad municipal electa debería reunirse de vez en cuando con quienes tienen liderazgo natural en el ámbito local, sentarse con estas personas como en un Parlamento y decirles: “Éstos son nuestros planes, esto queremos hacer. Ustedes no son los electos, pero son las personas respetadas de esta comunidad. Vayan, averigüen si la gente está de acuerdo, si a la gente le parece sí o no. Y escuchemos su opinión”. Lo ideal sería que las autoridades entendieran que en cada zona hay particularidades que se deben respetar, aún cuando puedan chocar con algunas leyes nacionales. Por su lado, los Consejos de Ancianos y los consejos locales deben entender que también hay que modernizarse y que las autoridades municipales han sido electas para llevar a cabo sus tareas.

Henningston Hodgson recuerda que la presencia del Estado de Nicaragua en el Caribe ha sido muy reciente y que el pueblo costeño considera espacios muy nuevos, tanto la Autonomía como los gobiernos locales. Hay que aprovecharlos para incluir en ellos las particularidades costeñas. Más que todo la vida comunitaria que hemos llevado. Tenemos seis, siete grupos étnicos en la región. Y hemos podido convivir sin matarnos unos a otros. En el Pacífico hay un solo grupo hegemónico y toma las decisiones. En el Caribe hemos vivido históricamente en procesos de concertación entre grupos distintos. Pensamos en otra manera de hacer las cosas.

Así, aprovechando los espacios creados después de décadas de lucha y sorteando la voracidad de los partidos, los caribeños van creando una manera diferente de resolver sus contradicciones y las de todos con el Estado. Por eso recuerda Matilde Lindo: Hoy la lucha de la autonomía nos une. Pero hoy, y siempre, y a pesar de que puede haber racismo entre nosotros, de que hay diferencias interétnicas, si vos tocás a un costeño, tocás a la Costa, nos tocás a todos.

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