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  Número 258 | Septiembre 2003
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Nicaragua

Costa Caribe: pluriétnica, multilingüe, ¿autonómica?

El 9 de julio la Asamblea Nacional aprobó la reglamentación del Estatuto de Autonomía de la Costa Caribe de Nicaragua. ¿En qué momento llega a la Costa tan esperada reglamentación, después de 16 años de espera? La respuesta, a cuatro voces caribeñas, desde Bilwi y desde Bluefields.

William Grigsby

Los pueblos caribeños del Estado nicaragüense no son muy distintos de otros pueblos indígenas de América Latina. Pero son excepcionales porque, después de once guerras y tres sangrientos procesos de colonización, han logrado -con todo y sus defectos- un Estatuto de Autonomía, instrumento con el cual podrían alcanzar a mediano plazo un desarrollo autóctono. Y quizás, hasta la independencia.

Ese Estatuto nos brinda a los nicaragüenses la oportunidad de construir una sociedad en la que se armonicen intereses raciales, políticos y culturales muy diversos. Si acopiáramos la suficiente humildad para aprender de quienes hasta ahora han sufrido una brutal explotación de sus recursos humanos y naturales, podríamos edificar una nación efectivamente multiétnica, pluricultural y multilingüe, basada en la democracia, el pluralismo, el antimperialismo y la eliminación de la explotación social y la opresión en todas sus formas, tal como dice la Ley 28, el Estatuto de Autonomía.

La singular situación del Caribe nicaragüense es, sin duda, una esperanza para el resto del país. El sociólogo caribeño, nativo de Bluefields, Henningston Hodgson Mairena lo vislumbra: Si nosotros partimos de la multietnicidad, de esa diversidad que somos los nicaragüenses, formaríamos un Estado-nación multiétnico, donde no sólo vas a fortalecer un régimen autonómico, sino que vas a fortalecer una nación. Vas a refundar una Nicaragua más bonita, la que todo mundo desea ver. Y no la de ahorita, adonde nos están llevando, donde todo va a ser destrucción y caos. Vas a refundar una Nicaragua en la que realmente vale la pena pensar.

ESPECTACULAR CRECIMIENTO POBLACIONAL Y EXTREMA POBREZA


El territorio caribeño es muy extenso, casi la mitad de Nicaragua. Con aproximadamente el 46% del territorio nacional (59,673.60 kilómetros cuadrados) y el 53% de los recursos naturales de todo el país, en 1987 -cuando se aprobó el Estatuto de Autonomía- tenía cerca de 300 mil habitantes (9.5% de la población nacional), distribuidos así: 182 mil mestizos de habla hispana; 75 mil mískitos con su propia lengua; 26 mil creoles de habla inglesa, 9 mil mayangnas con su propia lengua; 1,750 garífunas, la mayoría con su lengua perdida; y 850 ramas, de los cuales sólo 35 conservaban su lengua.

Políticamente, el Caribe está dividido en dos: la Región Autónoma Atlántico Norte (RAAN), diez años después, en 1997, con 243 mil 416 pobladores agrupados en siete municipios distribuidos en 32,127.28 kilómetros cuadrados; y la Región Autónoma Atlántico Sur (RAAS), con 343 mil 877 pobladores viviendo en once municipios repartidos en 27,546.32 kilómetros cuadrados. Waslala, municipio de la RAAN, está adscrito al departamento de Matagalpa; y El Rama, Nueva Guinea y Muelle de los Bueyes, municipios de la RAAS, al departamento de Chontales. Esto significa que solamente seis municipios en la RAAN y ocho en la RAAS se rigen por el Estatuto de Autonomía.

Habitan el Caribe seis comunidades étnicas: los pueblos indígenas Ramas, Mayangnas y Mískitos, y las etnias Creoles, Mestizos y Garífunas. Los mestizos predominan en los municipios mineros de Rosita, Siuna y Bonanza. Los mískitos en Bilwi, la capital de la RAAN, Río Coco Arriba y Waspán. Los creoles en Laguna de Perlas y Corn Island. Bluefields, la capital de la RAAS, es multiétnica.

El investigador Alfonso Navarrete, de la Fundación para la Autonomía y Desarrollo de la Costa Atlántica de Nicaragua (FADCANIC), asegura que todos los años nacen comunidades nuevas, generalmente desmembradas de una comunidad madre, localizadas en terrenos reclamados por ésta. Desde la colonización de los criollos en 1893 -llamada oficialmente Reincorporación de la Mosquitia-, encabezada por el general liberal José Santos Zelaya, las comunidades aún no tienen personería jurídica por parte del Estado y tampoco existe un registro nacional de comunidades indígenas. En los casos de Bilwi y Waspán, en los años veinte del siglo pasado sus pobladores recibieron títulos comunales o multicomunales, así reconocidos por el gobierno sandinista en los años 80.



De acuerdo a la proyección para 2003 de FADCANIC, los caribeños serían ya 587 mil 293 (11% de la población nacional, de un poco más de 5 millones 300 mil habitantes).

Mientras el país, de acuerdo con cifras de 1998, tiene un índice de crecimiento poblacional de 3.5%, el Caribe alcanza el 5.1%, un 1.6% por encima. En los municipios de la RAAN, el índice de crecimiento es espectacular: 17% en los últimos años. En Bilwi, la población creció en casi un 30%, en Siuna el 14.8%, en Rosita el 12.5%, en Bonanza el 11.9%, en Prinzapolka el 8.5% y en Waspán el 7.3%.

No es que las familias caribeñas tengan mas hijos. Lo que está ocurriendo es una masiva colonización de los territorios fronterizos con los del Pacífico, por parte no sólo de campesinos pobres que avanzan en la frontera agrícola, sino también de dizque empresarios extranjeros y nacionales que ocupan deliberadamente territorios vírgenes como auténticos depredadores de sus valiosos recursos naturales. Su voracidad, que no parece tener límites, arrastra consigo a centenares de familias paupérrimas de las zonas rurales de prácticamente todo el país.

Navarrete sostiene que el mayor índice de crecimiento poblacional por migración en Nicaragua se registra en la Costa Atlántica, y se debe a un aumento neto de familias mestizas que se asientan en forma sistemática en las zonas de frontera agrícola. Y brinda estos otros datos: el 33.3% de la población total de la Costa se asienta en las zonas urbanas y el 66.7% en las zonas rurales. El 43% de la población mayor de diez años es analfabeta y en las zonas rurales el porcentaje se eleva al 55%, con mayores índices entre niñas y mujeres (la media nacional de analfabetismo es 24.5%). Un 73-75% de la población vive en situación de pobreza y extrema pobreza. Para quienes tienen empleo, el salario apenas les permite cubrir un 50% de la canasta básica, y destinan el 80% de sus ingresos a la compra de comida.

LAS ETNIAS ¿EN PELIGRO DE EXTINCIÓN?


Jurídica y socialmente, en el Caribe nicaragüense se combinan varios poderes: el liderazgo comunal (manera ancestral de organizarse en la comunidad), el gobierno municipal (regido por una ley nacional), el gobierno autonómico, y el gobierno central del Estado nicaragüense. El marco para que todos funcionen es la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Resulta admirable y ejemplar cómo todos los pueblos caribeños han logrado armonizar tan complejas relaciones sin menoscabo de su identidad y con una visión cada vez más lúcida del tipo de sociedad que desean, dentro o fuera de lo que hoy conocen como Nicaragua.



Étnicamente, la realidad ha venido cambiando. Según Dennis Williamson, en 1997 la población estaba distribuida según indica el cuadro. Hoy los mestizos son abrumadora mayoría. Noel Campbell Hooker -ingeniero químico formado en las universidades de León, Polonia y Estados Unidos, y gerente de producción de un laboratorio farmacéutico de Managua- cita como ejemplo los cambios en la población negra de Bluefields, donde nació hace 53 años: En los años 60 el negro en Bluefields era un 70% de toda la población. Actualmente, el negro -algunos dicen criollo, yo digo negro- es apenas un 30%. En apenas cuarenta años todo cambió.

¿Hay peligro de extinción de las etnias? Campbell responde que sí. Hay peligro si la gente no cuida la situación. Creo que las universidades -BICU en el Caribe Sur y URACCAN en el Norte- pueden jugar un rol muy importante formando profesionales con mentalidad autonomista para evitarlo. Pero a veinte años plazo, étnicamente seremos una ínfima minoría.

Henningston Hodgson, 41 años, no está de acuerdo con ese riesgo. Coordinador desde 1994 del programa para el Caribe de la cooperación sueca, considera que en la medida en que los mestizos continúen ocupando los territorios caribeños se van a dar procesos muy interesantes de transculturización y todo va a depender de cómo los costeños van a capitalizar eso.

No obstante, admite que el campesino que va avanzando a través de la frontera agrícola lleva un esquema estatista y cuando llega a esos territorios de las regiones autónomas se comporta así y reconoce sólo la presencia del Estado. En este sentido, Hodgson considera que el Estatuto de Autonomía y la Ley Electoral, son dos instrumentos vitales porque defienden el marco multiétnico y multicultural de la región. Esas dos características están todavía defendidas en estas dos leyes, ya que ahí se habla de que las circunscripciones electorales están definidas por grupos étnicos.

LOS ESPACIOS MULTIÉTNICOS DEFENDIDOS POR LA LEY


El artículo 19 del Estatuto de Autonomía establece que los Consejos Regionales, definidos como órganos de administración, están integrados por 45 concejales electos, debiendo estar representadas todas las comunidades étnicas de la Región Autónoma respectiva, de acuerdo con el sistema que determine la Ley Electoral. En su artículo 142, establece que los concejales de cada región serán electos a razón de tres por cada una de las 15 circunscripciones en que se divide cada Región. En el caso de la RAAS, especifica que la número once es la de los garífunas y la doce la de los ramas. Y agrega que en las zonas ocho, nueve, diez, once, doce y catorce, el primer candidato de toda lista presentada deberá ser mískito, creole, mayangna, garífuna, rama y mestizo, respectivamente. Para la RAAN, dispone que en las circunscripciones uno, siete, trece y catorce, el primer candidato de toda lista presentada deberá ser mískito, creole, mayangna y mestizo, respectivamente.

Hodgson valora el que estos espacios multiétnicos estén todavía defendidos ahí, y el que las circunscripciones estén definidas por grupos étnicos, aunque tal vez ya no sean dominantes. Te puedo citar dos casos típicos -dice-: Corn Island (en la RAAS) y Las Minas (Siuna, Rosita y Bonanza, en la RAAN). Para la circunscripción de Corn Island, la ley establece que los primeros dos candidatos deben ser un creole (de raza negra), cuando hoy la etnia creole representa un poco más del 1% de toda la población. En la actualidad, la población mískita es mayoritaria en Corn Island. ¿Cómo conjugar eso, cómo defenderlo, cómo explicarlo? Eso se entiende dentro de la cultura. Hay una explicación en la pertenencia. El mískito sabe, y está claro mentalmente, que ésa no es su comunidad, que él es un emigrante en Corn Island. Y a su vez, el creole sabe, y está claro mentalmente, que ésa es su comunidad, ése es su territorio.

Del caso de Las Minas, donde la ley obliga a elegir como primero de la lista de tres a un mayangna en el casco urbano de Rosita, y a un mestizo en el sector rural de ese municipio, Hodgson opina: Si bien es cierto el campesino de frontera agrícola ha avanzado mucho ahí, y el mestizo supera a los grupos indígenas, también se tiene que valorar que ése es un territorio de pertenencia de las comunidades mayangna y mískita. Ahí el campesino mestizo es un emigrante. Yo siento que una vez que todo este proceso se enriquezca y se incorporen nuevos valores -donde tanto mískitos, mayangnas y mestizos sientan que el valor o la misión principal de todos es desarrollarse y salir adelante- esto va a poder ir cambiando. Pero por ahora, siento que la distribución étnica de los Consejos se va a mantener y también la presión en el sentido de pertenencia en ese territorio.

LA INFLUYENTE CULTURA MÍSKITA


Una dirigente feminista, Matilde Lindo Crisanto, abogada y socióloga, graduada en Cuba, considera que la influencia de la raza dominante en cada territorio terminará por absorber culturalmente a todos los demás grupos étnicos. Según Matilde, orgullosa representante de la raza negra nacida en Bilwi, hay personas que pueden ser negras con todas las características negroides, o pueden ser blancas con todas las características físicas de un chele, o pueden ser chinas con todas las características de un asiático, pero dicen que son mískitas. Afirman ser mískitas y además lo asumen con propiedad. La cultura mískita es muy, muy influyente. En el caso de los mayangnas es diferente: ellos casi siempre se mantienen unidos, aunque entre ellos no hay un crecimiento en términos cuantitativos, porque siguen reproduciéndose entre sí. Aunque hayan salido y se hayan relacionado con otros o con otras, ellos mantienen siempre su identidad mayangna.

UNA MESCOLANZA DE CULTURAS


Campbell concuerda con el criterio de Matilde sobre la influencia determinante de las culturas autóctonas sobre los grupos de mestizos, y en ello cifra sus esperanzas de que la Autonomía perdurará más allá de las etnias. Una persona de Masaya -dice- llegó a Bluefields. No come las comidas de la Costa ni le interesa la música costeña, pero usted observa y verá como ya sus hijos y sus nietos se hicieron costeños. Y así, entre una persona que toda la vida ha vivido en Bluefields, caso mío, y el nieto de un masaya, no hay ninguna diferencia cultural. La segunda y tercera generación de masayas tienen la misma necesidad de ser escuchados y de participar, y por eso son autonomistas, casi con igual fuerza que un caribeño autóctono. Llega un momento en que, por alguna razón, la segunda y la tercera generación, son absorbidas por la forma de ser de los bluefileños.

La forma en que los habitantes de Bluefields ven el mundo -continúa Campbell- es resultado de la dinámica participación de piratas holandeses y franceses, de los domados moravo-germanos del centro de la antigua Checoslovaquia -y digo domados porque su férrea disciplina germana tuvo que acomodarse al trópico-, de los implantados descendientes de africanos no esclavizados, y de los taciturnos indios ramas. Por esa mezcla, que está ahí, es por lo que creo que todos los que vivan en el Caribe se seguirán sintiendo diferentes a los del resto del país y por lo tanto, seguirán sintiendo como una necesidad propia la Autonomía. Y es por esa mezcla que yo digo que, aunque étnicamente seamos minoría, nuestra forma de ver el mundo seguirá siendo moldeada por las formas originales que nos trajeron estos pueblos.

MÍSKITOS, CREOLES, MAYANGNAS: “HAY RACISMO ENTRE NOSOTROS”


Matilde Lindo reconoce que los creoles son un grupo étnico que no ha conservado todas sus tradiciones, al menos en lo que se refiere a organización. A partir de su experiencia en Bilwi, donde los negros son considerablemente minoritarios, considera que no tenemos una representación clara y específica de cómo ejercemos determinado tipo de autoridad. Podemos -dice- hablar del asunto en reuniones de gente negra, que en estos últimos años se están haciendo más y más. Y hablar en algunas iglesias donde nos reunimos gente criolla para hacer nuestro culto. Pero tanto como ejercer nuestras prácticas, un ejercicio de autoridad, no. Nos sumamos a lo que está establecido en el marco estatal o a cualquier otro.

Según Matilde, la etnia mískita es la que realmente maneja sus tradiciones ancestrales. Ellos viven invocando siempre sus costumbres. Donde llegan, los mískitos van pregonando sus costumbres y tradiciones. Los mayangnas no, lo viven en su comunidad. Ellos son el grupo más cerrado, en términos de no mezclarse con otros ni con otras. Pero cuando salen de su comunidad reaccionan igual que los criollos.

Matilde Lindo identifica tensiones entre los creoles aún más y así lo confiesa: Hay racismo entre nosotros. ¿Los mískitos se sienten superiores? A veces -responde-. ¿Sabés? Realmente, somos los negros quienes nos sentimos superiores. Y por eso, en la RAAN, aunque somos una minoría ínfima de la población, en el ejercicio del poder formal hay mucha gente negra y el número no está en relación con la cantidad de población que somos. Lo que siempre hay es una suerte de pugna entre los mískitos y los negros. Los mayangnas tienen otra forma de ser. Los veo como más intelectuales. Son muy buenos en eso. No hacen mucha bulla, como la puede hacer un mískito o la puede hacer la gente negra. Ellos andan como más calladitos, pero se andan metiendo por todos lados. Como que tuvieran más claro qué es lo que quieren como grupo, no como individuos.

UN GOBIERNO AUTÓNOMO LIMITADO Y UNA REGLAMENTACIÓN QUE AÚN NO SE CONOCE


Los dirigentes caribeños no parecen satisfechos con el status quo actual. Dorotea Wilson es una de las precursoras de la Autonomía, desde que, como dirigente del FSLN, participó en las negociaciones de paz con los líderes del movimiento indígena que se alzó en armas contra la Revolución en la década de los 80. Maestra y socióloga, ex-monja que se salió del convento para irse a las montañas como guerrillera al mando de “Modesto”, el comandante Henry Ruiz, esta dirigente feminista caribeña nacida en Bilwi hace 55 años considera que, en la práctica, los gobiernos autónomos no pueden ejercer su autoridad simplemente porque no poseen los recursos suficientes.

El gobierno regional autonómico -dice- está limitado porque el cien por ciento del presupuesto le viene del gobierno central. Entonces, funciona sólo si hay plata para convocar a los 45 miembros de cada Consejo Regional Autónomo. Si el presupuesto no llega en dos, tres meses, en ese tiempo no hay sesión. No hay capacidad para autoconvocarse y hacer sus reuniones con su propia agenda, definir sus prioridades y sentarse a trabajar. Muchas veces el gobierno central de turno los ha boicoteado. Durante la administración de Arnoldo Alemán, los gobiernos regionales no sesionaron durante un año entero, porque nunca les enviaron el presupuesto. Y sin dinero no se puede convocar a los dieciséis concejales que viven en el sector de Las Minas o a los cuatro que están Río Coco arriba o Río Coco abajo, en la RAAN. Y lo mismo pasó en el Sur.

Otro problema es la reglamentación. En este momento no está funcionando nada -se queja Noel Campbell-. Es más, la Asamblea Nacional ya aprobó el Reglamento de la Ley de Autonomía y nadie en la Costa sabe qué es lo que se aprobó. Están esperando que la Asamblea Nacional imprima el documento para poder saber. Es un buen ejemplo de cómo funciona esto. ¿Cómo es posible que nosotros, que somos los de la región, que somos los que vamos a tener que ejecutar esta decisión, no sepamos cuáles son las reglas del juego? Y su queja tiene una mezcla de amargura, frustración y rabia contenidas.

1992: LA ESTOCADA A LA AUTONOMÍA


Noel Campbell cree que en el origen de los problemas actuales se ubican las carencias de hace trece años y califica como papel mojado la Ley de Autonomía. Creo que perdimos la oportunidad histórica en 1990.

El Frente Sandinista, que era el partido que empujaba la Autonomía, perdió las elecciones, tanto regionales como nacionales. Que el FSLN hubiera ganado las elecciones regionales, aún perdiendo las nacionales, hubiera sido lo mejor para nosotros, porque hubiera obligado a los delegados regionales a ser mucho mejores. Pero no fue así y llegó el gobierno de doña Violeta, que no quería para nada la Autonomía. Y ahí comenzó la distorsión. Tanta, que en el Sur, en 1992, siguiendo las reglas del juego de las autoridades autonómicas, los delegados decidieron cambiar al gobernador y a toda su gente. ¿Y qué hizo el gobernador Alvin Guthtrie en ese momento? Recurrió de amparo al Pacífico. Antonio Lacayo (entonces todopoderoso Ministro de la Presidencia) junto con Sergio Ramírez (quien tenía el control del grupo parlamentario del FSLN), le dieron largas al asunto y todo quedó en nada. Pero si se hubiera permitido el cambio en ese momento, en el 92, yo creo que sí hubiéramos visto algo distinto. Porque ésa era la señal para decirles a los Consejos Regionales: Sí, ustedes tienen toda la autoridad y la vamos a respetar”. Yo creo que ésa fue la gran estocada que se le dio a la Autonomía. A partir de eso, las autoridades autonómicas perdieron autoridad en la región. Todo mundo se dio cuenta que hay que quedar bien con el gobierno central y si lo logras, todo marchará bien para tus intereses particulares.

Dorotea Wilson coincide y agrega: Dieciséis años tuvimos que esperar para que se aprobara la reglamentación de la Autonomía. ¡Dieciséis años! La Ley de Autonomía fue aprobada en 1987 y nos volamos dieciséis años para que se pudiera reglamentar. Y hay descontento entre los caribeños y las comunidades étnicas por la forma en que se reglamentó, porque no fue aprobada a como la gente quería. Se tuvo que ceder en muchas cosas y otras cosas tuvieron que eliminarse para que pudiera aprobarse. ¿Qué cosas se cedieron, cuáles se eliminaron? Wilson explica que los gobiernos autónomos no tendrán jurisdicción para administrar los recursos naturales porque el gobierno central no quiso ceder ese espacio.

Para Managua es vital controlar la madera, los mariscos y el petróleo costeños, y también el muelle de Puerto Cabezas, privatizado hace tres años, y hoy a punto de derrumbarse totalmente. Eso nunca se va a descentralizar, nunca va a quedar en manos de las autoridades locales, asegura Wilson.

“EL ESTATUTO DE AUTONOMÍA YA ESTÁ DESFASADO”


Hay un aspecto del Estatuto de Autonomía sobre el cual estos cuatro dirigentes caribeños discrepan. ¿Es suficiente así como está? ¿Habría que reformarlo? ¿Habría que elaborar uno nuevo? Henningston Hodgson cree que el Estado actual ya no se corresponde con la realidad costeña. Siento que no sólo hay que reformarlo, tal vez hay que hacer uno nuevo que recoja toda la poca experiencia que ya se tiene con él. Considera que, actualmente, cada vez que hay elecciones hay malestar por la distribución étnica. Se dice: Bueno, si nosotros los mestizos somos la mayoría ahora, ¿por qué vamos a elegir a un mayangna, por qué me va a gobernar a mí un mayangna si los mestizos ya somos mayoría? Siento que hacer un nuevo Estatuto es lo ideal. Reformarlo, es término medio. Pero también es verdad que tal como está la situación política en este país, que no ha madurado nada, que más bien se está retrocediendo, si tú metes la discusión de un nuevo Estatuto, te vas a quedar tal vez con nada.

Dorotea comparte esta opinión. Creo que la Ley 28 está desfasada en muchas cosas. Creo que se reglamentó un Estatuto que ya no está a la altura de lo comunitario o del pueblo de la Costa Atlántica de Nicaragua. Yo estaría por un nuevo Estatuto de Autonomía que fuera reglamentado conforme los tiempos. Pertenecí a la comisión de elaboración del Estatuto y participé en la consulta que se hizo a las comunidades y creo que ahora hay mayor madurez en los costeños. Estamos más claros ahora, después de ver la entrada de todas estas empresas extranjeras en la región y viendo que eso no está reglamentado.

Ni siquiera está regulado qué porcentaje de esos recursos naturales va a quedar para el uso, goce y disfrute de la comunidad de la Costa Atlántica. Igual con el problema de la tenencia de la tierra, con el problema de la propiedad. Nada de eso está muy claro. Se habla de que las tierras comunales no se transfieren, no se embargan, no se regalan, pero no se habla de esas tierras de nuestros ancestros en las cuales todavía nosotros estamos viviendo.

En su opinión, ahora que los partidos políticos empiezan a discutir las reformas a la Ley Electoral -deformada después del pacto- los costeños tenemos que poner nuestro punto de vista. Y sin descartar la opción de reformar el Estatuto de Autonomía, propone que sean los propios Consejos Regionales los que aprueben un nuevo Estatuto, con el voto de las tres cuartas partes de sus miembros. ¿Por qué no nos dan la facultad de aprobar las leyes que tienen que ver con el bienestar y con el desarrollo de la Costa? Yo digo que un Consejo Regional Autónomo, en vez de ser administrativo solamente, debe ser político, debe ser realmente un parlamento, con todo lo que implica para la elaboración de leyes propias.

“BASTARÍA CON REFORMAR EL ESTATUTO”


Campbell no cree conveniente discutir un nuevo Estatuto. La razón la halla en el tráfico de intereses en el que están inmersos los partidos nacionales. Creo que sería un grave error -y hay mucha gente que quiere hacerlo- una nueva Ley de Autonomía. Más bien, creo que debemos de poner en práctica lo que tenemos, y al mismo tiempo, ir elaborando algunas reformas dentro de la ley, pero no cambiar la ley en general. Que las autoridades regionales autonómicas vean en qué parte pueden hacer enmiendas para ir mejorando. Porque las cosas han cambiado desde cuando originalmente se redactó la ley. ¿Hacer una nueva? Contesto con el dicho “Es mejor pájaro en mano que cien volando”. Si intentamos hacer una nueva ley, se va a formar un alboroto de nunca acabarse. Creo que la ley existente es buena. ¿Tiene limitaciones? Sí, las tiene. ¿Hay que mejorarla? Sí, yo creo que se puede, pero con enmiendas, y no necesariamente hay que cambiarla toda.

“NO SABEMOS QUIÉNES SOMOS NI LO QUE SE ESPERA DE NOSOTROS”


Si se pusiera en práctica la ley de Autonomía y el Reglamento -opina Noel Campbell-, si realmente se jugara con las reglas de esa Autonomía, veo a veinte años plazo una zona muy próspera desde el punto de vista cultural, político y económico. ¡Nosotros tenemos tanto con lo que podemos contribuir al resto del país! Por cuestiones raciales y étnicas, el negro siempre se ha destacado tanto en deportes como en el arte. Pero ¿cuánta es la contribución nuestra ahora? ¡Mínima! Y es mínima porque no sabemos quiénes somos ni qué es lo que se espera de nosotros. Pero una vez que cada caribeño llegue a entender quién es, qué es lo que se espera de él, estoy convencido que será un mejor ciudadano, un mejor atleta, una mejor profesional. El problema es que nosotros no sabemos qué carajo somos en este momento. ¿Por qué no contribuimos grandemente con Nicaragua o por qué nuestra contribución es mínima? Porque no nos conocemos todavía. No hemos sido capaces de presentarnos tal como somos porque siempre estamos tratando de quedar bien con el gobierno central de turno.

Un factor adicional que menciona Campbell es la inmigración de los mejores talentos caribeños. Entre los negros, nuestros mejores hombres y mujeres en este momento se van para Estados Unidos y el mejor momento de su vida productiva lo pasan allí. Conozco muchos médicos de Bluefields que están trabajando en Estados Unidos. Regresarán a Bluefields cuando tengan sesenta años. ¿Y qué harán? Vivirán de sus rentas, se construirán bellísimas casas, tanto en Bluefields como en el resto de la zona, pero su vida productiva no la habrán hecho en su patria. Si tuviéramos condiciones reales en Bluefields, y en toda la región, estoy seguro que esas personas estarían aquí y nuestra riqueza cultural aumentaría. Con una ley clara de Autonomía, yo veo en veinte años una zona muy próspera. Para bien nuestro y también para el bien de todos los nicaragüenses.

UN CARIBE INDEPENDIENTE “HABLANDO CON EL CORAZÓN”


Hodgson cree que la construcción en Nicaragua de un verdadero Estado-nación provendrá de la experiencia del Caribe. Tuvimos un momento histórico con la Revolución donde participó todo mundo para formar un Estado-nación con una visión más amplia. Con la Revolución hubo esa oportunidad y se perdió. Siento que ahora hay una nueva oportunidad. Ya la Constitución política de este país dice que Nicaragua es una nación multiétnica. Si nosotros partimos de este hecho, de esa diversidad de lo que somos los nicaragüenses, creo que de ahí puede surgir un Estado-nación, multiétnico, donde no sólo fortaleceremos el régimen autonómico, sino que fortaleceremos una nación.

Matilde es más radical. Quiere a su región independiente. Desde su punto de vista, a mediano plazo, con la situación política actual y dentro del Estado nicaragüense el Caribe no tendrá mucho más desarrollo. Yo me imaginaría al Caribe fuera de Nicaragua, con su propio poder, ejerciendo sus propias relaciones con el resto de naciones del Caribe. Me la imagino cuidando sus recursos naturales, aprovechando sus recursos naturales, beneficiándose de ellos. Lindo admite que eso, más que un pronóstico, es una aspiración. Es sólo hablando con el corazón.

Hablando con la cabeza, calcula que en las regiones caribeñas habrá cambios sustanciales pero no precisamente como fruto del régimen de Autonomía. La misma globalización así lo indica. La necesidad de este mundo y de este país de tener control sobre recursos tales como el agua, el bosque y la tierra, y la evidencia de que todo eso está en el 53% del territorio, en la Costa Caribe de Nicaragua, indica que tiene que haber cambios y que tiene que haber concesiones. ¿Cómo vamos a ejercer nuestro liderazgo dentro de esa negociación? Estaría en dependencia del desarrollo del liderazgo de la Costa. Porque el desarrollo va a llegar. Y va a llegar porque hay fuerzas y necesidades fuera de nuestro control, como por ejemplo la reactivación de los puertos. Y todo eso se va a mover no sólo porque lo está necesitando Nicaragua, sino que lo necesita el mundo. En este momento, dentro del contexto de nuestra autonomía, todo eso está bastante precario. Pero llegará.

“LOS COLONIZADOS NOS COLONIZAN”


El tema de la independencia es, evidentemente, tentador. Campbell hasta especula con la posibilidad de una federación. Una autonomía verdadera es la única cosa que podría fortalecer al Estado nacional. Por eso yo siempre he dicho que no veo con malos ojos una autonomía verdadera o una federación con el resto de Nicaragua. Doble problema tenemos nosotros: queremos quedar bien con el gobierno central de Nicaragua, y éste, a su vez, quiere quedar bien con el Fondo Monetario, con los gringos. Es un Estado colonizado quien nos coloniza a nosotros. Hay una línea, una organización, en la que todos somos colonizados. Mientras no rompamos esa línea siempre tendremos problemas. (Continuará)

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