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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 257 | Agosto 2003
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México

Ausencia ciudadana y fortalecimiento del viejo régimen

En las elecciones legislativas del 6 de julio la ganadora más notoria fue la abstención. En 1997, antes de la “euforia democrática” del año 2000, la abstención fue del 42%, ahora rebasó el 58%, a pesar de que también se elegían -y esto motivaba la participación- seis gubernaturas y cuatro gobiernos locales. Los mexicanos dieron un voto de castigo a una muy deficiente gestión de la democracia.

Jorge Alonso

Las campañas electorales se caracterizaron por falta de propuestas de los partidos. Se privilegió un vacío marketing y un conjunto de conflictos. La alta abstención fue el fruto más significativo de estas campañas y el resultado más llamativo de las elecciones. Muchas razones explican la ausencia ciudadana.

LAS CORRUPCIONES PREVIAS ESTUVIERON PRESENTES

El pasado ilegal de las más recientes campañas presidenciales salió a relucir desmotivando a los votantes. El Instituto Federal Electoral (IFE) había sancionado al PRI con una multa de mil millones de pesos por la sangría que había practicado en la paraestatal PEMEX para financiar su campaña presidencial. Según el PRD, una alta proporción de estos recursos mal habidos se habían dedicado a la compra de votos. Cuando el IFE ratificó la sanción, el vocero priísta, sin dar nombres, denunció que se trataba de la herencia dejada por un equipo de corruptos y desleales ya sustituido. Se revelaron así las hondas divisiones internas que existen en este partido. Otra demanda -que no prosperó- fue la de desaforar a los líderes petroleros que, amparados por sus cargos en el Congreso, eludían los juicios penales en su contra por esa situación.

Finalmente, después de los comicios, estos líderes y todos los demás implicados en el escándalo quedaron impunes, pues la Procuraduría General de la República (PGR) exoneró a los involucrados en el Pemexgate, manteniendo abierta únicamente una averiguación por delitos electorales.

El PRD denunció también ante la PGR que el líder priísta de los ferrocarrileros había cometido un fraude de 600 millones de pesos de las pensiones de los empleados, de los cuales al menos un millón había ido a parar también a la campaña de Zedillo. La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación solicitó al IFE que se investigaran también estos desvíos del sindicato magisterial a las campañas priístas.
El PRI se autoincriminaba defendiendo a los corruptos. Dos acusaciones y una actitud en la que se expresa la pervivencia del viejo régimen.

Otra denuncia que influyó aún más en el ánimo de los electores, por ser muy publicitada sobre todo al final de la contienda electoral, fue la relativa a los recursos provenientes de los Amigos de Fox. En una de las acusaciones se hablaba de triangulaciones desde el extranjero que implicarían lavado de dinero. El PRI y el PRD presionaban al IFE para que aclarara este caso antes de la jornada electoral. Funcionarios de la PGR reconocieron por fin que entre un 15-20% del dinero de la campaña de Fox vino el extranjero, aclarando que su origen era lícito. Por esto, la falta era administrativa y no un delito electoral perseguible por la PGR.

Aunque estos dos casos no eran iguales, principalmente porque en el Pemexgate se trataba de sustracción de recursos públicos y en el de los Amigos de Fox era cuestión de dinero privado, en los medios de comunicación no hubo muchas diferenciaciones.

En el ánimo de muchos electores quedó algo irrefutable: en ambos se había violado la ley. Sin embargo, el castigo fue mayor para quien se presentaba como “diferente”
y “defensor del cambio”.

Dos semanas después de los comicios, el IFE precisó que en el caso de los Amigos de Fox se habían dado seis ilegalidades graves: recibir recursos del extranjero, aceptar donativos de empresas mercantiles, rebasar los topes para las campañas, permitir a particulares pagar publicidad en diferentes medios de comunicación, no reportar al IFE más de 100 millones de financiamiento privado, y falsear información de las aportaciones de simpatizantes panistas. Todo esto violaba gravemente la legislación electoral. Las multas serían de 500 millones de pesos, la mitad de la multa impuesta al PRI.

DECLARACIONES DE OBISPOS CALDEARON LA CAMPAÑA

Mientras las campañas languidecían por falta de propuestas que tocaran la conciencia de los ciudadanos, las intervenciones de algunos obispos vinieron a caldear el panorama electoral. Algunos plantearon que los candidatos debían estar “bien preparados” y no ser “oportunistas”. Otro afirmó que no votar era “pecado”. Obispos como los de Querétaro, Acapulco, Tlaxcala y Cuernavaca hicieron un llamado a los católicos para que no votaran por partidos y candidatos que estuvieran a favor del aborto y de la convivencia de homosexuales. Uno de los partidos de nuevo registro, México Posible, levantó denuncias contra estos obispos apelando al artículo constitucional 130, que prohibe a los ministros de culto realizar proselitismo a favor o en contra de candidatos o partidos.

La Secretaría de Gobernación prometió hacer investigaciones y aplicar la ley y pidió a los obispos no inmiscuirse en las campañas electorales. La PGR advirtió que no se daría trato especial a los obispos. Algunos obispos acudieron a la Secretaría de Gobernación y aclararon que no estaban violando la ley porque no estaban señalando a ningún partido o candidato en particular. Insistieron en que no dejarían de defender la vida, y que si las autoridades los consideraban culpables irían contentos a la cárcel por defender el evangelio.

El gobierno precisó que no se trataba de encarcelar a nadie, pero sí de aplicar las sanciones administrativas conforme a la ley. El obispo presidente de la Conferencia Episcopal anunció que los obispos seguirían convocando a un voto razonado, y el Cardenal de México se quejó de que quisieran amordazar a los obispos. Organizaciones católicas publicaron desplegados respaldando al Cardenal.

Otro debate durante la campaña, tuvo que ver con el regreso del ex-Presidente Salinas de Gortari y su influencia en la campaña. En una entrevista, Salinas destacó que el líder del PRI, Madrazo, era su “amigo”, y confesó a la prensa extranjera que “se había acabado la persecución de Estado”. Se estima que una tercera parte de las candidaturas plurinominales del PRI correspondieron a salinistas.

UN DERROCHE OFENSIVO

Con una escandalosa cantidad de dinero público, la más alta de la historia, los partidos se enfrascaron en ambiguas campañas de pura imagen, muy alejadas de sus propias plataformas. Ante un pueblo que padece tan altos índices de pobreza hubo un derroche ofensivo: unos 500 millones de dólares.

De recursos públicos, los 11 partidos recibieron 4 mil 843 millones de pesos. El PRI obtuvo un 29.4% de esa cantidad, el PAN el 26.4%, el PRD el 11.6%, el PVEM el 7.5%, el PT el 5.8% y Convergencia el 4.8%. Los restantes cinco partidos sumaron entre todos una cantidad superior a la que el PRD había recibido.

PRI: FALLÓ LA “CAMPAÑA SUCIA”

Los principales partidos fueron adaptando sus campañas a los resultados de las encuestas y a los planteamientos de sus estrategas.Al inicio, el PRI buscó afianzar a los convencidos, con una campaña en que recordaba el pasado, cuando en el gobierno este partido ofrecía trabajo y servicios. Después, se propuso ir por los indecisos atacando a los gobiernos del PAN y al perredista alcalde de la capital López Obrador, achacándole que no había reducido los índices de inseguridad. El publicista del PRI, Carlos Alazraki, defendió que esta “publicidad negativa” debía emplearse cuando la contienda era muy cerrada y el situado en segundo lugar podía probar alguna debilidad del competidor. Alazraki defendía la eficacia de las “campañas sucias” alegando que si en “el mercado había códigos de ética, en la política no”.

La realidad es que su agresiva campaña contra el gobierno perredista del Distrito Federal sólo le quitó intención de voto al PRI. Además de prometer volver al pasado, el PRI decía: “El PRI está de tu lado” y destacaba su experiencia para gobernar. En los Estados donde el PRI gobierna hubo recursos públicos para las campañas y se privilegió la compra de votos. En 97 distritos el PRI hizo alianza con los verdes del PVEM en la Alianza para Todos. PRI y PVEM fueron los que pagaron más mensajes televisados.

PAN: UN PLEBISCITO SOBRE LA GESTIÓN DE FOX

El PAN quiso montarse en la buena percepción que arrojaban las encuestas sobre el Presidente Vicente Fox. Decidió centrar su campaña en los logros presidenciales. La campaña sería un plebiscito sobre la actuación presidencial. “Quítale el freno al cambio” “Juntos hacemos el cambio” y “Elige bien” fueron sus lemas.

El PAN insistió en que si las cosas no marchaban era porque los legisladores de los partidos opositores estorbaban los cambios. Pronto se les encendieron focos rojos: sus propios sondeos no les auguraban buenos resultados y las encuestas anunciaban que la Cámara de Diputados quedaría tal como ya estaba.

PRD Y PVEM: DEBILIDADES

En el PRD había conflictos, sobre todo por algunas candidaturas de acusados de salinistas. Se evidenció la necesidad de una refundación de ese partido y la erradicación de los clientelismos internos. Consciente de que tenía que diferenciarse de las imposiciones del PRI y de la disciplina gerencial estilo PAN y de que no podía seguir siendo visto como un partido sin soluciones, el PRD trató de hacer ver que PRI y PAN eran iguales, al aumentar el impuesto al valor agregado y apoyar el millonario, inútil y oneroso rescate de los banqueros. No sólo había que “quitarle el freno al cambio”, había que modificar su rumbo.

El PVEM, cuyo líder es viejo amigo del dirigente priísta Madrazo, se presentó como “el partido joven para el México nuevo”. Sus respuestas para los problemas de educación, salud y vivienda no pasaron de generalidades y nunca explicó de dónde provendrían los recursos necesarios para llevar a cabo sus propuestas.


HASTÍO ANTE CAMPAÑAS GRISES Y VACÍAS

El partido Convergencia prometió poner de acuerdo a los partidos en la Cámara de Diputados. El partido México Posible defendió el derecho de las mujeres al aborto y el respeto a la diversidad de opciones sexuales. Lo que más notoriedad le dio fue su controversia con los obispos, aunque resultó una espada de dos filos pues muchos votantes volátiles decidieron huir de ese conflicto.

Varias encuestas indicaron que una gran mayoría de los ciudadanos estaban hastiados de las campañas. Fueron costosas, grises y vacías. No contribuyeron a una educación cívica. No estaban a la altura de la nueva democracia que está conociendo el país. Muchos eran los partidos y pocos los proyectos auténticos y viables.

EL PRD CON 41 DIPUTADOS MÁS

El resultado electoral arrojó un 36.9% para el PRI, un 32.8% para el PAN y un 18.8% para el PRD. El PVEM mantuvo su posición. Dos partidos más, el PT y Convergencia, alcanzaron a refrendar su registro. Cinco partidos tuvieron tan pocos votos que quedaron fuera del escenario. Los ciudadanos que optaron por anular su voto fueron más que los que votaron por los dos partidos pequeños que mantuvieron su registro. Quienes votaron, optaron por un pluralismo acotado: dejaron en pie a seis partidos y desecharon a cinco.

Al PRI le correspondieron 224 diputados, al PAN 153, al PRD 95. El PRI consiguió 16 curules más en la Cámara de Diputados, el partido verde se quedó igual, el PAN perdió 52 curules. Y el PRD obtuvo 41 escaños más. Fue el partido que obtuvo una importante mejoría en este renglón.

BAJA REPRESENTATIVIDADY EL PRI CON VENTAJAS

En términos porcentuales, los tres principales partidos se quedaron igual. Pero en números absolutos perdieron muchos votos, situación más preocupante al haberse incrementado la lista electoral. Conclusión: los partidos llegaron a menos votantes. El PRI no alcanzó presencia en la capital de la República. El PAN no logró impactar en una tercera parte de las entidades federativas. Y el PRD, que arrasó en el Distrito Federal, alcanzó porcentajes insignificantes en dos terceras partes de los estados del país.

Con el 15% de la lista electoral, el PRI se quedó con 45% de la Cámara de Diputados. Con el 12%, el PAN llegó al 31%. Y con el 8%, el PRD consiguió el 19% de las curules. Alta abstención que se traduce en la más baja representatividad de la historia electoral.

Primera consecuencia: ningún partido, por sí solo, alcanzará la mayoría simple. Segunda: sin el PRI, ninguna combinación de los otros partidos podrá hacer reformas constitucionales y tendrán que llegar a acuerdos para poder legislar. Pero el PRI tendrá ventajas.

Al mismo tiempo que las elecciones federales hubo seis comicios locales para gobernadores. El PAN perdió Nuevo León, donde se asienta una de las ciudades más importantes por su industria; refrendó Querétaro, ganó San Luis Potosí, y compitió cerradamente en los otros tres estados, donde el PRI mantuvo las gubernaturas.

UNA ABSTENCIÓN ALARMANTE

Lo más alarmante de las elecciones mexicanas de julio de 2003 fue que, pese a tan escandaloso gasto, la mayoría de los ciudadanos repudió a los partidos al no acudir a las urnas. Seis de cada diez votantes prefirió el abstencionismo como castigo por las expectativas no cumplidas. Los dos casos de rechazo más activo al proceso electoral se dieron en la zona del conflicto zapatista y en la comunidad de Atenco, donde hasta se impidió colocar las urnas. Pese a las presiones de los partidos, el organismo electoral se mostró como una institución imparcial, garante de la legalidad del proceso.

Hubo impugnaciones, pero existen tribunales para resolverlas.

Al término de la jornada electoral el Presidente Fox se dirigió a la nación con un mensaje. Interpretó el sentir de las elecciones como una señal del electorado a las fuerzas políticas
para que construyan acuerdos entre si para beneficio del país. Y se comprometió a tratar de entender las razones del silencio y la ausencia de los no votantes.

PAN Y GOBIERNO: UN GRAN DESCALABRO

Aunque no se aceptara, el gobierno y el PAN sufrieron un gran descalabro. El PAN optó por hacer de los comicios un plebiscito sobre el Presidente, el Presidente se empeñó en una campaña electoral resaltando sus logros y el PAN había destacado la figura presidencial en su propaganda televisiva. Pero la inmensa mayoría no fue a votar; y entre los que acudieron, el PAN obtuvo una votación menguada. Era lógico que la prensa local y extranjera interpretaran los resultados electorales como una derrota de Vicente Fox.

Después de las elecciones, hubo presiones para que el Presidente hiciera cambios en su equipo. El PRI se adelantó a decir que “gobernaría desde el Congreso” y Fox respondió que sería él quien seguiría gobernando, ya que no había cambiado el equilibrio de la Cámara de Diputados. Rechazando que se pudieran interpretar las elecciones como un voto de castigo a su gestión, adujo que había mandado a hacer dos encuestas según las cuales no había merma en su popularidad: ésta se mantenía entre 7 y 7.2, cifras que concordaban con las publicadas por el diario “Milenio”, en las que se apreciaba que antes de las elecciones la aceptación presidencial estaba en 7.3 y después en 7.1. Fox aceptó que lo que las elecciones indicaban claramente era que el sistema político ya había dado de sí, pues no se había ideado para una pluralidad de partidos. El sistema seguía garantizando paz social, estabilidad y alternancia, pero -dijo- se requerían cambios de fondo.

AUTOCRÍTICA DEL PAN

Los dirigentes panistas reconocieron que los resultados los habían sorprendido y no fueron los esperados, pero no interpretaban que eso implicara una debacle para su partido. Eran tan sólo una importante llamada de atención para realizar ajustes y rectificaciones.

La elección de malos candidatos y la división originada en las elecciones internas del PAN habrían contribuido a la derrota. El Secretario General del partido reconoció que la sociedad no había confiado en el PAN y que el gobierno tendría que hacer cambios, abandonar la política del espectáculo, no dejarse llevar por intuiciones, realizar cálculos precisos y hacer una política decorosa. Constató también que, en muchos casos, funcionarios y delegados de dependencias federales habían intervenido en las elecciones a favor del PRI. Esto sucedió en las oficinas del Seguro Social, de la Seguridad Social de los trabajadores al servicio del Estado y en la Nacional Financiera. Encargados de políticas sociales fueron acusados de haber condicionado la entrega de recursos federales al voto priísta.

PRI: EUFÓRICOS Y UNIDOS

Aunque la primera intervención del dirigente priísta, Madrazo, fue conciliadora, remarcando que era tiempo de construir, la euforia ante los resultados en las filas priístas fue inocultable. Contaban con menos de una sexta parte del electorado, habían perdido más de cuatro millones de los votos que habían alcanzado hacía tres años, pero sentían que su estrategia electoral y su avance en la Cámara de Diputados les abrían la puerta para recuperar la Presidencia de la República en el 2006. La táctica de alejar votantes para hacer crecer la proporción de su voto fiel, les había redituado buenos dividendos. Aunque habían casi desaparecido en el Distrito Federal, mantenían una importante fuerza en dos terceras partes de los Estados.

En el PRI fueron visibles dos grandes tendencias. La más numerosa alimentaba el ánimo revanchista de recuperación y reconstrucción de los viejos moldes de ejercer el poder. Viéndose en el mito del ave fénix. La minoritaria estaba convencida de que esto no era lo más conveniente para su propio futuro y alentaba plantearse victorias, pero en nuevos términos. Más que evaluaciones, en el PRI hubo celebración.

Pronto las pugnas internas volvieron a aflorar en la búsqueda de la coordinación de la bancada priísta en la Cámara de Diputados. Como ha sido su costumbre cuando invocan la democracia interna, la lucha se expresa en las conocidas maniobras antidemocráticas que son sello de su herencia. Y la lucha no es por ideas o proyectos nacionales, sino por asegurar posiciones en pos de la futura campaña presidencial. Pese a sus hondas fisuras, hay que reconocer que el PRI ha logrado conservar una unidad interna que le da fortaleza.

PRD: METAS INALCANZADAS FUERA DE LA CAPITAL

El PRD casi duplicó el número de sus diputados. Creció en dos entidades federativas. Fue competitivo: en 36 distritos el margen que lo separó del partido ganador fue de apenas tres puntos. Puede contar entre sus logros el que una normatividad de ese partido -que ningún sexo tenga más del 70% de las candidaturas- pasó a convertirse en ley nacional, por lo que se dio un paso importante en la lucha por los derechos políticos de las mujeres.

Gracias a esta norma, entrará a la Cámara de Diputados en septiembre del 2003, Marcela Lagarde, destacada antropóloga, socióloga e investigadora bien conocida en grupos y redes feministas de América Latina y Europa, quien desde un enfoque de género ha contribuido a traducir en la práctica los postulados teóricos sobre la participación política de las mujeres.

El PRD fue el indiscutible ganador en el Distrito Federal (44.6% de los votos), en base a la buena gestión y buena imagen de Andrés López Obrador. En cuatro estados más el PRD también consolidó victorias. Sin embargo, no llegó a la esperada meta de superar el 20% de los votos; y, fuera de las entidades donde gobierna, su presencia sigue siendo muy pequeña -hay Estados en donde no llega al 2%-, por lo que sus aspiraciones para ser opción presidencial en el 2006 se ven disminuidas.

PRD: QUÉ FALLÓ Y POR QUÉ FALLÓ

La evaluación de las elecciones y la autocrítica del PRD vinieron después de los comicios. Cárdenas lamentó el preocupante descenso en sus votos, pues de 1997 a 2003 se habían esfumado más de dos millones de simpatizantes. Exhortó a buscar formas para implantar al partido en todo el territorio nacional, atrayendo a quienes se han alejado y retomando la abandonada elaboración y discusión ideológica y programática. Propuso hacer alianzas con movimientos sociales y recuperar el carácter de partido-movimiento. Otro de los dirigentes del PRD destacó otras fallas: la carencia de alianzas con otros sectores sociales, que había dejado fuera a buenos candidatos; y la falta de apoyo a las “brigadas de la esperanza”, lo que había repercutido en que sólo se atendiera, y mal, el voto fiel del partido, ocasionando graves retrocesos regionales.

Muchos militantes volvieron a señalar que si continuaba la práctica de dar cuotas a las corrientes del partido, la prevalencia de grupos sectarios y clientelares -y concomitantemente los pleitos intestinos- haría inviable el aspirar a ganar la Presidencia de la República. Un lastre que no permitió que el partido surgiera como opción nacional fue que en los sitios donde el PRD no gobernaba, el partido había quedado atrapado en guerras intestinas donde grupos con imagen de rijosos trataban de apoderarse como de un botín de las direcciones regionales partidistas, excluyendo a muchos que no se sometían a sus orientaciones facciosas. Esto hizo ver la urgencia de correctivos en la democracia interna.

OTROS PARTIDOS

El PVEM verde ha logrado, con alianzas, obtener más diputados que los que podría haber conseguido compitiendo solo. En el 2000, con una alianza total con el PAN, logró 17 escaños. Ahora, con una alianza parcial con el PRI, refrendó ese mismo número. Participando solo consigue un 3.9% de los votos, lo que indica su real tamaño electoral. En campañas muy reñidas este porcentaje puede hacer la diferencia, y eso ha convertido a este partido en un buen negociador de sus alianzas. En el 2003 su alianza logró que se le contabilizaran más de millón y medio de votos para un 6.5%.

El partido México Posible no consiguió el número de votantes que le permitieran conservar el registro, pero logró una diputación plurinominal en la Asamblea del Distrito Federal.

UNA BUENA SÍNTESISDE LAS ELECCIONES

Quien fuera coordinador de la bancada perredista en la saliente Cámara de Diputados sintetizó así el proceso electoral del 2003: Fox obtuvo el resultado de una opción equivocada. Al ganar la Presidencia de la República en el año 2000 se le presentó una alternativa: buscar apoyo en el PRI y dar continuidad a su proyecto económico, o tratar de desmantelar el viejo régimen corporativo y castigar a los grandes corruptos que lo apuntalaron. Eligió respetar los viejos liderazgos y darle oxígeno a la antigua clase política. El PRI aprovechó las indecisiones del gobierno para ganar tiempo y recuperarse. Fox buscó ir tras los favores del PRI y le entregó su formidable capital político sin recibir nada a cambio.

Posibilitó el regreso impune del ex-Presidente Salinas.
Fox hubiera podido apoyarse en el PRD para lograr una reforma política que hubiera implicado la democratización del sindicalismo. Pero, sólo utilizó al Pemexgate como medida de presión, sin castigar a los responsables. Al renunciar a transformar el régimen, traicionó el anhelo de justicia de sus votantes. El PAN le apostó a un castigo electoral al PRI y al PRD, acusándolos de no querer colaborar.

Desprestigiado el Congreso, una gran cantidad de electores no quiso votar por esa institución. Esto alimentó la abstención, que fue alta porque Fox banalizó la política, y porque los partidos no tuvieron propuestas.

Las elecciones mostraron que los votantes no confían en un solo partido para que conduzca el destino de la nación. La población no le dio al PAN vía libre para incrementar los impuestos a medicinas y alimentos. Tampoco para que privatice PEMEX o la industria eléctrica.

SEÑALES DE AVANCE DEL VIEJO RÉGIMEN

No todo lo ocurrido es unicausal ni unidireccional. Una señal de que el viejo régimen ha ido reganando espacios es la disminución de la observación electoral y que los principales partidos se han contaminado por la cultura política de manosear los votos.

Los observadores de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos constataron la persistencia de prácticas de intimidación de votantes, inducción del voto, proselitismo el día de la jornada electoral, robo de urnas y compra de votos, sobre todo en Estados gobernados por el PRI. Pero éstas no son prácticas exclusivas de ese partido. Al parecer, el afán de ganar introduce a no pocos grupos de los principales partidos en un pragmatismo que es deudor de una arraigada cultura política antidemocrática.

Tampoco hubo equidad. Según datos del IFE, del 19 de abril al 30 de junio, el PRI fue el partido al que más tiempo se dedicó en noticiarios de radio y TV (un 33.7%), y también fue el que más información positiva recibió de parte de los medios. Dos oligopolios televisivos concentraron la mayoría de los cuantiosos recursos públicos de los partidos.

GRAVE CRISIS DE LOS PARTIDOS

Ciertamente, hubo una gran competitividad, lo que permite alternancias y también rapidez en el cambio de los sentidos del voto. Pero el proceso electoral mostró la grave crisis de los partidos, incapaces de atraer a la mayoría del electorado. Crece el divorcio entre los partidos y la sociedad. Ganaron los que con sus maquinarias pudieron apuntalar su voto fiel. Y la recuperación del viejo régimen, expresada en el hastío y la abstención de una gran proporción del electorado, frena la democratización del país.

El que pese a los escándalos del Pemexgate, el PRI haya conseguido una mayoría relativa indica que a quienes votan por él no les importa la corrupción de ese partido ni sus pugnas, sino el mantener los beneficios del clientelismo. El PRD quiso presentarse como opción, pero no pudo atraer a un electorado desilusionado.

CORRECTIVOS PROFUNDOS Y URGENTES

Urge una profunda reforma electoral que ponga fin a los enormes gastos de los partidos, a las largas campañas y precampañas, al uso de recursos que evaden la fiscalización, y a la corrupción partidista. Siendo los colores patrios un patrimonio nacional, ningún partido los debería usurpar. La democratización tiene que llegar a los medios de comunicación. Todavía está pendiente el garantizar el voto libre, no coaccionado ni comprado. Se requieren elecciones libres y limpias, pero también partidos que transparenten sus finanzas y que sean ejemplo de democracia en su vida interna.

Se necesita un Congreso que no se enfrasque en los cálculos de la partidocracia, sino que responda en verdad a las demandas de la sociedad. Si no hay rápidos y profundos correctivos en todo esto, la democratización de México está en riesgo, y la amenaza es clara: un retroceso hacia una recomposición autoritaria.

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