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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 256 | Julio 2003
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Estados Unidos

Estados Unidos: ¿Roma del Siglo XXI?

“La manera más lógica para enfrentar el caos, y la que se empleó con más frecuencia en el pasado, es la colonización. Se necesita una nueva forma de imperialismo para imponer el orden y la organización... El mundo postmoderno debe acostumbrarse a aplicar dos pesos y dos medidas”. Así habla Robert Cooper, asesor de Tony Blair, aliado de George W. Bush en su aventura imperial “contra el terrorismo”.

Jonathan Freedland

Imperio: ésa es la palabra del momento. Ningún otro término describe mejor la extensión del poderío esta-dounidense. Un contestatario de izquierda, como Gore Vidal, ha titulado su recopilación de ensayos sobre Estados Unidos The Last Empire (El último imperio) y ha encontrado un aliado en el analista conservador Charles Kraut-hammer, que escribió hace un tiempo en el The New York Times:

Las personas ya no temen utilizar la palabra imperio. Según él, los estadounidenses deberían admitir la realidad y asumir sus responsabilidades como amos incontestables del planeta. El debate sobre el papel de Estados Unidos en el mundo, asumido a consecuencia de los atentados del 11 de septiembre de 2001, ha contribuido a difundir la idea de que Estados Unidos es la Roma del Siglo XXI.

APLASTANTE PODER MILITAR: ROMA CON COLONIAS, ELLOS CON BASES

¿Es adecuada la comparación? He preguntado a los principales especialistas británicos en la antigüedad greco-romana y todos, sin excepción, se muestran impresionados por las similitudes entre el imperio de hoy y el imperium de antaño. El punto común más evidente es el aplastante poder militar. Roma era la superpotencia de su tiempo. Tenía el ejército mejor equipado, mejor pagado y mejor entrenado del mundo conocido: como en Estados Unidos. Pronto su presupuesto de defensa será mayor al de los gastos militares sumados de las nueve potencias militares que lo siguen.

Washington puede desplegar sus fuerzas por casi todo el planeta con la rapidez del rayo. Agreguemos a eso el neto avance tecnológico del país. Estados Unidos no tiene rivales. Hay, sin embargo, una gran diferencia. Aparte de algunas islas, como Puerto Rico y Guam, Estados Unidos no tiene colonias. No hay territorios lejanos gobernados por procónsules o virreyes norteamericanos.

Pero esa diferencia entre la Roma antigua y el moderno Washington es tal vez menos significativa de lo que parece. Algunos historiadores consideran que la fundación de Estados Unidos y su avance hacia el Oeste durante el siglo XIX, fueron una obra del imperio semejante a la voluntad romana de controlar el Mediterráneo. Aún más, Estados Unidos tiene bases militares en cuarenta países, que son la versión moderna de las colonias imperiales de otro tiempo. Según el Pentágono, Estados Unidos tiene presencia militar más o menos importante en 132 de los 190 Estados miembros de Naciones Unidas.

EL INGLÉS ES EL LATÍN DE HOY

Si los romanos nos hubieran legado una guía de conducta para los asuntos imperiales, los norteamericanos la seguirían al pie de la letra. La lección número uno podría ser la siguiente: no basta tener un gran poderío militar, es necesario que el mundo lo sepa y le tema. Los romanos recurrían a las técnicas de propaganda disponibles en su tiempo para demostrar que eran implacables. Actualmente, cumplen esa función la cobertura que hace la televisión de las operaciones militares estadounidenses o las películas de ac-ción de Hollywood.

La segunda lección es el rol central que tiene la tecnología. En el caso romano eran las célebres vías rectilíneas que permitían al Imperio desplazar tropas, víveres y recursos de apoyo con rapidez aterradora. Esas grandes vías romanas tienen su contrapartida en las autopistas de la información. Internet está situado en el corazón del sistema comercial de Estados Unidos. Y ha hecho del inglés, el latín de hoy.

IMPERIALISMO BRUTAL, IMPERIALISMO SUTIL

Roma comprendió que para perdurar, una potencia mundial debía practicar al mismo tiempo un imperialismo brutal expresado en victorias militares e invasiones y por otro lado, un imperialismo más sutil, de astucias culturales y políticas, destinado a conservar el poder más que a incremen-tarlo. Las mayores conquistas de Roma no se hicieron con la espada, sino con su capacidad para seducir a los pueblos conquistados. Como lo dijo Tácito a propósito de Bretaña, los autóctonos apreciaban mucho la toga, los baños y la calefacción central, sin comprender que se trataba de símbolos de su “servidumbre”. Estados Unidos ofrece a los pueblos del planeta un conjunto cultural coherente, una serie de productos que dondequiera que estén muestran una uniformidad tranquilizadora. Ahora no hay togas ni espectáculos de circo con gladiadores, pero hay Coca-Cola, McDonalds, Disney, y todo pagado en dólares.

EDUCANDO A LAS ÉLITES

Se puede dirigir a distancia, por medio de estados clientes y aliados. No hay necesidad de colonias cuando están el Sha en Irán o Pinochet en Chile, para hacer el trabajo que se ne-cesita. Los romanos fueron los primeros que pensaron en eso y reinaron por procuración cada vez que pudieron.

Actualmente, las grandes universidades y escuelas privadas estadounidenses están llenas de hijos de los reyes árabes “pro-occidentales”, de retoños de los políticos sudamericanos y de los dirigentes africanos, quienes serán los que gobiernen mañana en sus países. Roma educaba a las élites de los pueblos conquistados, preparándolos para reinar en interés del Imperio.

Las rebeliones era constantes, los bárbaros presionaban sin pausa en las fronteras. Según algunos contemporáneos, los rebeldes no eran necesariamente antirromanos, sino que deseaban, sobre todo, participar de los privilegios y la riqueza del modo de vida romano.

NO SE ATREVEN A ADMITIRLO

Sin duda, también hay enormes diferencias entre los dos imperios, a partir de la imagen que tienen de sí mismos. Los romanos estaban orgullosos de su estatus de amos del mundo conocido, mientras pocos estadounidenses se atreven a vanagloriarse de su imperialismo. Por el contrario, la mayoría tiende a negarlo, porque Estados Unidos nació de la rebelión contra un imperio. Los norteamericanos han aprendido a mirarse como una nación rebelde, como valerosos oprimidos y les cuesta aceptar su papel de amos.

Un último elemento les hace temer los paralelos que se hacen entre Estados Unidos y Roma: el imperio romano declinó y después desapareció. Y según los historiadores, ésa es la suerte de todos los imperios.

¿ANOCHECER O AMANECER?

A los antinorteamericanos les gusta pensar que la guerra contra Irak es la prueba de que Estados Unidos va camino a sucumbir a la tentación que derribó a Roma: la excesiva extensión imperial. Pero también es posible que estén entrando en lo que fue la segunda fase de la historia imperial de Roma, cuando cansada de reinar por intermedio de sus aliados, eligió tomar directamente el mando. ¿Qué sucede realmente? ¿Estados Unidos está llegando al final de su aventura imperial o, por el contrario, se encuentra en el amanecer de su epopeya más ambiciosa? Solamente los historiadores del futuro podrán responder estas preguntas.

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