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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 256 | Julio 2003
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Nicaragua

¿Por qué se van? La onda migratoria y las teorías que la explican

De acuerdo a cualquiera de las teorías que explican la onda migratoria que se vive en todo el planeta, Nicaragua resulta un país campeón como emisor de migrantes. Cada una de las teorías sobre las migraciones internacionales tiene implicaciones muy distintas para la formulación de políticas. Y por eso urge conocerlas y reflexionar en serio sobre los énfasis de cada una de ellas.

José Luis Rocha

No hay nada tan práctico como una buena teoría.(Kurt Lewin) Todo punto de vista es la vista de un punto.(Leonardo Boff). Muchas investigaciones se han hecho ya preguntándose quiénes son los migrantes, qué características tienen, si están mejor o peor preparados que los que se quedan, si son más pobres o más acomodados, si participaban en organizaciones comunitarias o eran apáticos a esas instituciones, si la movilidad social los estaba golpeando adversamente o sólo de manera que sus expectativas no quedaban satisfechas. Algunos estudios incluso han sido hechos para calcular, sobre la base de un perfil, las probabilidades de que determinado segmento de la población o comunidad sean proclives a salir del país.

No menos importante es saber por qué hay migrantes: por qué se van en determinadas coyunturas históricas, cuál es el resorte que los catapulta hacia el exterior, qué señuelo los atrae -¿cuáles sirenas en el mar o espejismos en el desierto?- y qué mano invisible o grosera patada los empuja a dejar familia, amigos, idioma y hábitos para roturarse tantas cicatrices en el alma al transitar miles de millas en condiciones extremadamente riesgosas, descender de estatus social y afrontar la segregación racial y residencial.

Todas estas preguntas podrían ser condensadas en una sola: ¿por qué en el mundo de hoy son tantos los que viven la onda de ser un migrante? Muchas teorías, enfoques y disciplinas han tratado de responderla, algunas desde una posición científica presuntamente aséptica, otras desde opciones políticas confesadas abiertamente. El vigor y tantos recientes cambios en la movilidad de la especie humana abonan a la importancia capital, actualidad y potencial polémico de las respuestas a esa pregunta.

NICARAGUA: RÉCORD DE MIGRANTES EN LOS ÚLTIMOS DIEZ AÑOS

En los últimos 30 años las migraciones internacionales han experimentado cambios llamativos. Su volumen ha crecido. Sólo en Estados Unidos, los inmigrantes han pasado de representar el 4.7% y el 6.2% de la población en 1970 y 1980 hasta llegar al 11.5% en el 2002. Nicaragua es una de las naciones cuya emisión de migrantes se ha disparado más en los últimos 10 años. El 71.5% de los migrantes que captó la encuesta de medición del nivel de vida en 2001 dejó el país entre 1994-2001. Y el 53% lo hizo entre 1998-2001. Es decir, más de la mitad de los nicaragüenses que se han ido han salido del país en los últimos cuatro años. Esto explica nuestra acelerada y creciente presencia en los dos destinos preferidos por quienes se van: Costa Rica (53%) y Estados Unidos (34.6 %).

En la década de los 80 el censo estadounidense registró 44 mil 166 nicaragüenses. El censo del 2000 detectó a 177 mil, un aumento de más del 300%. En Costa Rica, los censos de esos mismos años dieron cuenta de un salto de 45 mil 885 a 226 mil 374 nicaragüenses. Un incremento del 393%. Entre 1984-2000, los nicaragüenses hemos pasado de ser el 1.9% de los residentes regulares en Costa Rica a ser el 5.9%, lo que significó también pasar de ser la mitad a ser dos tercios de todos los extranjeros residentes en suelo costarricense. Y sabemos que hay en el país vecino muchos más nicaragüenses no captados por ese censo y muchos más que son migrantes estacionales, con entradas y salidas a Costa Rica “por veredas” que resultan indetectables.

UN ABANICO DE TEORÍAS QUE NOS DAN EXPLICACIONES PARCIALES

Lanzando una mirada al movimiento poblacional en todo el globo, se percata uno de que las fuentes de las migraciones se han desplazado de Europa hacia América Latina, África y Asia. Los países europeos, que tradicionalmente emitían migrantes, se han transformado repentinamente en receptores de migrantes, una novedad digerida a regañadientes, que moldea sus sociedades, las torna multiétnicas, las enriquece culturalmente y genera inesperados desafíos. El hecho de que esto esté ocurriendo hoy en todos los países industrializados es una muestra del arrastre y coherencia de las fuerzas subyacentes. Desafortunadamente, esta abrupta explosión migratoria ha encontrado desprevenidas a las ciencias sociales y políticas, al derecho y a la demografía. No menos sorprendidos han quedado políticos, periodistas, funcionarios de migración y ciudadanos de los países anfitriones, sin discursos, sin conceptos adecuados. La indiferencia, la demagogia improvisada y carente de referentes teóricos consistentes y las políticas “de hierro” que buscan frenar la movilidad humana han sido las reacciones más adoptadas.

No existe una teoría de las migraciones que articule una explicación total. Encontramos, más bien, un abanico de teorías, a menudo segmentadas según disciplinas. Varias de estas teorías iluminan el caso de los nicaragüenses que se han ido. Me apoyaré en los autores más representativos de estas teorías y en las síntesis que de las mismas ha hecho el sociólogo estadounidense Douglas Massey. Lo haré teniendo presente la sabia máxima del teólogo brasileño Leonardo Boff: Todo punto de vista es la vista de un punto. Cada una de las teorías opera a un nivel distinto de análisis. No son por fuerza mutuamente excluyentes. De hecho, en la realidad, los procesos causales y sus variables operan simultáneamente en varios niveles. Y aunque sea importante conocer qué enfoque puede acopiar más base empírica que lo valide, es sobre la marcha que uno descubre lo muy difícil que es aislar determinadas variables y encontrar correlaciones unívocas, especialmente en el caso de un país como Nicaragua, donde se juntan todas las carencias, rasgos y mecanismos que nos convierten en un país campeón como emisor de migrantes de acuerdo a cualquiera de los modelos. Sin embargo, cada enfoque tiene implicaciones muy distintas para la formulación de políticas, y por eso es tan importante analizar su pertinencia al caso de cada país y a lo que cada enfoque da de sí.

TEORÍA DE LA MACROECONOMÍA NEOCLÁSICA: SE VAN BUSCANDO MEJORES SALARIOS

La más antigua teoría sobre migraciones fue diseñada para explicar el papel de las migraciones laborales en los procesos de desarrollo. De acuerdo a esta teoría, las migraciones externas e internas son un efecto de las diferencias geográficas entre la oferta y la demanda laboral. En el caso de las migraciones internacionales, los países con una enorme dotación de mano de obra en relación a su capital tienen un bajo equilibrio en los mercados salariales, situación diametralmente opuesta a la de los países con baja dotación de fuerza laboral y alta en capital.

Las diferencias salariales activan el flujo migratorio, los trabajadores viajan del país de bajos salarios hacia el país con altos salarios y, como consecuencia de este proceso, en el país de bajos salarios decrece la mano de obra y los salarios empiezan a subir. El país de altos salarios experimenta un cambio en dirección opuesta: la mano de obra se multiplica y los salarios caen. Internacionalmente se produce una situación cercana al equilibrio. Las diferencias salariales que persisten sólo reflejan los costos pecuniarios y hasta los síquicos del movimiento migratorio.

En dirección contraria circula a veces el capital, dice la teoría neoclásica. El dinero viaja a menudo de países ricos a países pobres donde las tasas de retorno por la inversión son elevadísimas. El capital humano se mueve también a veces en esa dirección. Cuando se trata de trabajadores bien calificados, como pasa con los consultores internacionales radicados en Nicaragua, se mueven de los países desarrollados hacia los países donde hay escaso capital humano y sus habilidades son altamente remuneradas. De ahí que Douglas Massey insista en distinguir entre el flujo laboral internacional y el flujo asociado al capital humano: incluso en los datos más agregados de modelos de nivel macro debe ser claramente reconocida la heterogeneidad de los inmigrantes según su calificación profesional. No deja de ser válida esta advertencia, aun cuando haya que examinar qué tan pertinente es en cada caso. De hecho, no siempre esos trabajadores habilidosos migran porque haya escasez de capital humano en el país que los acoge, sino, como ocurre con frecuencia en Nicaragua, porque los organismos internacionales crean artificialmente esa demanda por afinidad étnica y sin guardar proporciones con las escasez real del capital humano que aquí tenemos.

Según Massey, esta teoría de las migraciones ofrecida por la macroeconomía neoclásica ha influido fuertemente sobre la opinión pública y ha proporcionado las bases intelectuales para la mayoría de las políticas migratorias. Se lee, se ve y se escucha en los medios de comunicación y en los estudios de muchos investigadores se concluye lapidariamente que “los nicaragüenses migran debido a los bajos salarios”.

Massey identifica varias proposiciones y asunciones implícitas en esta perspectiva. En primer lugar, se asume que la migración internacional de trabajadores es causada por las diferencias salariales entre países y que la eliminación de estas diferencias acabará con la migración laboral. La excepción la constituyen los flujos internacionales de cierto capital humano -trabajadores altamente calificados-, que responden a las diferencias en la tasa de retorno del capital humano, muy distinta de la tasa promedio, y que por ello genera un patrón migratorio opuesto al de los trabajadores no calificados.

LOS NICAS QUE GANAN AQUÍ 60 DÓLARES GANAN EN COSTA RICA 223

También se sostiene que los mercados laborales son los mecanismos primordiales para inducir los flujos internacionales de mano de obra y que otros tipos de mercado no tienen importantes efectos sobre la migración internacional. Como corolario de este enfoque está la política a él asociada: los gobiernos pueden controlar los flujos migratorios regulando e influyendo sobre los mercados laborales en los países receptores o de destino. Aunque, de hecho, ésa sea la política a optar sólo en caso de que los gobiernos tengan una posición adversa hacia las migraciones.

Esta teoría también implica que los países receptores -especialmente sus trabajadores menos calificados- deben temer la ola de inmigrantes debido a la depresión de los salarios que trae aparejada. El papel de los medios de comunicación estadounidendenses en la construcción de este pánico laboral xenofóbico ha sido magistralmente descrito por Leo. R. Chávez en su libro Cubriendo la inmigración: Imágenes populares y la política de la nación. Las revistas estadounidenses pronostican recurrentemente, sustituyendo la lucha entre blancos y negros, un enfrentamiento entre negros (afroamericanos) y cafés (latinoamericanos), enzarzados en una competencia por los mismos puestos de trabajo.

Es fácil encontrar en Nicaragua datos elementales que apoyen este enfoque, precisamente por su simplicidad. De acuerdo al Banco Mundial, el ingreso per cápita en Nicaragua cayó de 800 dólares a inicios de los 80 a 340 dólares a principios de los 90 y, en una modesta recuperación, apenas había alcanzado los 430 dólares en 1999. El salario mínimo promedio en Nicaragua, oficialmente establecido, es de apenas 60 dólares al mes. En Costa Rica el salario mínimo es de 223. Y no sólo: la legislación costarricense es mucho más capaz de hacer cumplir con ese mínimo y la situación económica del país permite pagar por encima de ese mínimo. De hecho, según Carlos Castro Valverde, investigador de FLACSO, el ingreso promedio mensual de los inmigrantes nicaragüenses en Costa Rica es de 78 mil 457 colones (253 dólares), cifra inferior en un 30% al ingreso promedio de la población costarricense, pero superior en un 17% al salario promedio en Nicaragua (204 dólares).

TEORÍA DE LA MICROECONOMÍA NEOCLÁSICA: SE VAN TRAS UN CÁLCULO COSTO-BENEFICIO

Estos datos importan. Pero no condensan toda la complejidad de la dinámica que activa las migraciones. ¿Qué afirma la teoría neoclásica en su vertiente microeconómica? En maridaje con el modelo macroeconómico, existe un modelo microeconómico, atento a la elección individual. Los individuos deciden migrar tras un cálculo costo-beneficio que les hace esperar una rentabilidad neta positiva como consecuencia de su desplazamiento.

Desde esta perspectiva, la migración es presentada como una inversión, y muy costosa. Para obtener mejores salarios, el migrante invierte en los costos materiales del viaje, arriesga su vida, asume los costos de su mantenimiento y quizás de la familia que dejó mientras encuentra trabajo, los costos de privar a su familia -esposa o esposo, hijos o hijas a veces pequeños, padres y madres a veces ancianos- de su presencia y apoyo monetario y afectivo, los costos de la discriminación racial, el posible aislamiento en el país de destino, el esfuerzo de aprender otro lenguaje y cultura, la adaptación a un nuevo mercado laboral y los costos sicológicos de cortar viejos lazos para forjar nuevos.

Bajo la inspiración de este modelo se han construido incluso ecuaciones del retorno neto esperado de la migración, calculado justo antes de la partida como función de la probabilidad de evitar la deportación, la probabilidad de obtener un empleo en el lugar de destino y los ingresos provenientes de ese empleo, valor al que debe deducírsele la probabilidad de empleo y los montos salariales en la comunidad de origen, así como la suma de todos los costos del movimiento migratorio, incluyendo los costos sicológicos.

Si el retorno neto esperado es positivo, la persona decidirá migrar. Si es negativo, permanecerá en su comunidad. Si es igual a cero, será indiferente a irse o quedarse. A diferencia del modelo macroeconómico, esta perspectiva incluye tasas de empleo (y no sólo salariales) y características del capital humano (educación, experiencia, entrenamiento, conocimiento del lenguaje) como incentivos para migrar.

Las características individuales y sociales inciden en la probabilidad de migrar y, como consecuencia de este conjunto de elementos, los individuos de un mismo país pueden presentar diferentes propensiones a migrar. Como se aprecia en el documental nicaragüense Desde el barro al sur, las mujeres de mayor edad tienen menores probabilidades de encontrar empleo en Costa Rica. Su propensión a migrar es menor. Las mujeres mayores de 45 años de edad que migran constituyen apenas el 5.5% del total de las migrantes. El grueso de las mujeres migrantes son jóvenes. De 17 a 25 años, un rango de apenas ocho años, son casi el 40% de las mujeres que se van a Costa Rica. Los servicios domésticos, ocupación de un alto porcentaje de las migrantes, las prefiere jóvenes.

HAMBRE, RUMORES, MITOS, EXPECTATIVAS Y MUCHA DESESPERANZA MUEVEN A LOS NICAS

El enfoque de la microeconomía neoclásica asume que los flujos migratorios entre países son la sumatoria de las decisiones individuales tomadas sobre la base del cálculo costo-beneficio. También asume que las migraciones no ocurren en ausencia de la diversidad de tasas de empleo y salario, que el monto del retorno neto esperado determina el monto del flujo de migrantes entre países, que el mercado laboral -y ningún otro mercado- incide directamente en la decisión de migrar y que los gobiernos pueden controlar la migración a través de políticas que afecten los ingresos esperados en los países receptores y emisores. Por ejemplo, imponiendo sanciones a los empleadores del país receptor -para disminuir las probabilidades de empleo- o impulsando programas de incremento de ingresos en el país emisor. O incluso, disparando los costos materiales y sicológicos de la migración a través de los controles migratorios y la deportación.

Es obvio que los costos y riesgos importan. De ahí el alto porcentaje de nicaragüenses en Costa Rica (53% de los migrantes), frente a un 34.6% que se instala en Estados Unidos, pese a que este país es más apetecido por sus altos salarios y el imán cultural activado desde diversos flancos: cine, televisión y música, la moneda, bienes de consumo, etc. Pero no sólo importan los costos ni sólo los mercados laborales medidos a través de sus tasas de empleo y salario.

Las cosas no ocurren tan racionalmente para un elevado número de migrantes. Muchos se van huyendo de enemigos y con saldos pendientes con la justicia. Muchas se van con un repentino enamorado que casi las secuestra. No pocos se van a veces impulsados por expectativas sin mucho fundamento. Los más pobres tienen que optar por destinos que, a la postre, pueden ser frustrantes porque en ellos no se hace la plata con que soñaron. Como le ocurrió, entre muchos otros, a un joven nica de 22 años, técnico agropecuario, que se fue a El Salvador a trabajar como peón de hacienda y regresó con menos dinero del que llevaba. Las experiencias frustrantes son muchas. Sin embargo, El Salvador sigue siendo el tercer destino preferido por los nicaragüenses.

En otras palabras, no se trata sólo de ingresos contra ingresos o de probabilidades de empleo. En este cálculo costo-beneficio se contrasta la seguridad personal en uno y otro país, las historias, relatos y rumores que circulan y nutren las expectativas, los mitos y los devaneos de la política nacional.

La desesperanza es una variable pocas veces considerada. El hambre produce desesperados. La política en Nicaragua, más que refugiados y asilados políticos, produce desesperanzados: refugiados utópicos. Nicaragua es un país por el que muy pocos apuestan. Algunos han llegado a declararlo inviable. Pero quizás la más fuerte debilidad de esta teoría consiste en el hecho de no incluir el interés de quienes se van por invertir en sus familias y por extensión, en sus comunidades de origen. Ignora la estrategia más amplia en la que se inscribe el deseo de incrementar los ingresos.

TEORÍA DE LA NUEVA ECONOMÍA DE LA MIGRACIÓN: SE VAN POR ESTRATEGIA FAMILIAR

El enfoque de la llamada nueva economía de la migración ha puesto en cuestión algunos de los presupuestos de la perspectiva neoclásica. Propugna que las decisiones de migrar no son hechas por individuos aislados, sino por unidades de gente relacionada -familias y hogares- en las cuales las personas no sólo buscan maximizar los ingresos, sino minimizar riesgos y eliminar las restricciones asociadas a una variedad de fallas del mercado. Las familias envían a algunos de sus miembros para diversificar sus fuentes de ingresos, reducir riesgos y realizar nuevas inversiones.

Cuando se deterioran las condiciones locales, los hogares sobreviven gracias a las remesas que les envían miembros que salieron de su seno y residen en el exterior. Esta teoría ha influido más a quienes estudian el impacto de las remesas familiares. Les proporciona un marco en el que encajan muchos de sus presupuestos.

En los países desarrollados existen programas gubernamentales, compañías de seguros y programas de crédito para que los hogares minimicen los riesgos y realicen nuevas inversiones. Los pobres de los países subdesarrollados deben buscar otras salidas porque esos mecanismos institucionales no existen, son inaccesibles o son muy costosos para ellos. Esos vacíos institucionales son fallas del mercado que estimulan la migración. De modo que no sólo los mercados laborales son determinantes en los flujos de la migración. También lo son los mercados crediticios, los programas de compensación social, los mercados de seguros, la ausencia de subsidio por desocupación y las fluctuaciones de precios en una mayoría de países subdesarrollados del Sur del planeta, que carecen de mecanismos para amortiguar sus efectos.

Produciendo migrantes y recibiendo remesas, las familias suplen las fallas y carencias de todos estos mercados en los países en que nacieron. Los hogares envían miembros al exterior y de esa forma se autogarantizan el crédito, los seguros, los subsidios y otros mecanismos para mitigar los riesgos, ampliar inversiones y mejorar el nivel de vida.

EL “EFECTO VITRINA”: VIVIR COMO VIVEN QUIENES RECIBEN REMESAS

A veces no es tan importante incrementar el ingreso cuanto diversificar sus fuentes, punto en el que este enfoque difiere radicalmente de la teoría neoclásica. Los teóricos de la nueva economía de la migración también sostienen, en contraste con la teoría neoclásica, que los hogares envían a algunos de sus miembros al exterior no sólo para mejorar sus ingresos en términos absolutos, sino también para mejorar sus ingresos en relación a otros hogares cercanos y reducir sus privaciones en relación a un determinado grupo de referencia. La familia se compara con sus vecinos y a partir de ahí se dispara su insatisfacción.

Esta tesis puede explicar el arrastre y efecto vitrina de las migraciones: a mayor número de migrantes de la comunidad que envían remesas y mejoran las condiciones de vida de sus familiares, mayor número de hogares insatisfechos deseando colocar al menos un miembro fuera del país. La probabilidad de migrar aumenta debido al incremento de los ingresos en otros hogares o a la desigualdad que se percibe. De ahí que las probabilidades de migrar sean mucho mayores en hogares más pobres y en comunidades con menor equidad.

Massey encuentra que la nueva economía de las migraciones tiene un grupo de supuestos muy distintos a los de la teoría neoclásica. Para este enfoque, las unidades de análisis más adecuadas en la investigación sobre migraciones no son los individuos autónomos, sino las familias, hogares y otras unidades culturales de producción y consumo. La diferencia salarial entre países no es una condición necesaria para que ocurra la migración internacional. Los hogares pueden tener fuertes incentivos para diversificar riesgos incluso en ausencia de diferencias salariales.

EMIGRAR PARA INVERTIR DESPUÉS EN LA FAMILIA Y EN LAS COMUNIDADES

Este enfoque también tiene un hallazgo novedoso: la migración internacional y el empleo y la producción local no son mutuamente excluyentes. De hecho, existen fuertes incentivos para que las familias inviertan simultáneamente en los dos proyectos: migración y actividades locales. Incluso la bonanza y rentabilidad de las actividades locales puede convertirse en un estímulo para migrar, como una estrategia para proporcionar el capital que las inversiones locales requieren y mitigar los riesgos a los que las mismas están sometidas. Esto significa que el desarrollo económico de las regiones emisoras no necesariamente reduciría la ola migratoria una vez desatada y alimentada por el deseo de no quedar atrás de los vecinos. De ahí que, según este enfoque, la migración no se detiene necesariamente cuando se eliminan las diferencias salariales. Los incentivos para migrar pueden persistir cuando, no los mercados salariales sino otros mercados en los países emisores, son imperfectos, desequilibrados o están ausentes, o cuando se quiere alcanzar el estatus del grupo de referencia.

En este caso, la tarea de los gobiernos que pretenden frenar las migraciones es ingente. Los gobiernos deben controlar los volúmenes de migrantes no sólo a través de políticas que incidan sobre los mercados laborales, sino también mediante políticas que impacten los mercados de seguros, de capital, de desempleo, etc. y que moderen la desigualdad. Las políticas gubernamentales y los cambios económicos que modifican la distribución de los ingresos cambiarán la pobreza relativa de algunos hogares y, de esa manera, sus incentivos para migrar. Esas políticas influyen sobre la migración independientemente de sus efectos sobre el ingreso promedio. Por ejemplo, un incremento de los ingresos en las áreas emisoras de migrantes podría inducir a la migración si los hogares relativamente pobres no se benefician del mismo. Por idénticas razones, ese incremento puede frenar la migración si no es compartido por las familias relativamente ricas.

LAS REMESAS EXPLICAN CADA VEZ MÁS COSAS EN LA ECONOMÍA DE NICARAGUA

Las remesas y sus repercusiones son el punto de apoyo empírico más fuerte para sustentar esta teoría. Las remesas explican muchas novedades de la economía nicaragüense. Su impacto está recibiendo creciente atención. Aunque el Banco Central de Nicaragua estima que su monto es de 345 millones de dólares anuales, existen otros cálculos que le atribuyen mayor magnitud. Un estudio realizado por Federico Torres para la CEPAL concluyó que en 1999 su monto oscilaba entre 400 y 800 millones de dólares, con un ingreso mensual por hogar de 70 dólares. Otros estudios hablan de 150 dólares que llegarían mensualmente a cada hogar. Las remesas podrían representar no menos del 14.4% del Producto Interno Bruto de Nicaragua.

Según el sociólogo Eduardo Baumeister, los hogares con algún miembro residiendo en el exterior explican el 48% de los hogares que pasaron de pobres a no pobres entre las dos últimas encuestas nacionales de nivel de vida. Aun cuando existan otras variables asociadas, es llamativo que el 12% de hogares con migrantes expliquen la reducción de cerca de la mitad de los niveles de pobreza medida a nivel de país. De acuerdo a un estudio de FLACSO, el monto promedio de las remesas enviadas mensualmente desde Costa Rica es de 68.3 dólares, cifra que representa un 33.4% del salario promedio en Nicaragua (204 dólares) y que supera el salario mínimo.

Un estudio de Ricardo Castellón realizado para la FAO trató de medir el impacto de las remesas en la economía local de seis municipios ubicados en la zona seca del país: Villanueva, San Francisco, La Conquista, Tipitapa, Posoltega y Santa Teresa. En esos municipios, las remesas constituyen el 60% del ingreso familiar mensual. Aún así, los niveles de pobreza son tan elevados que la mayoría de los receptores de remesas dijeron que las destinaban a cubrir gastos de alimentación básica.

LA DIFÍCIL TAREA DE CRUZAR VARIABLES EN UN PAÍS COMO NICARAGUA

Cruzar la variable de hogares con miembros en el exterior y hogares sin miembros en el exterior con las variables correspondientes a ciertos tipos de inversiones podría servir para encontrar una correspondencia entre migración y diversificación de fuentes de ingresos, disminución de riesgos, e incluso ascenso en estatus dentro de un grupo de referencia. Al hacer este cruce en la última encuesta de nivel de vida, la Mecovi 2001, descubrimos que los hogares urbanos con miembros en el exterior, comparados en diversos rubros, superan a los hogares sin migrantes en varios puntos porcentuales: casi 11 puntos en la posesión de viviendas de concreto o bloque de cemento, 8 puntos en la posesión de viviendas en buen estado, 15 puntos en la construcción con piso de mosaico o terrazo, 5 puntos en la posesión de piso en buen estado, 17 puntos en la posesión de viviendas con más de dos cuartos, 7 en la posesión de inodoro, 10.5 en el uso de gas para cocinar y 15 en la disponibilidad de teléfono.

En estas variables las diferencias entre ambos tipos de hogares a nivel rural son considerablemente menores. Podría suponerse que esto se debe a que las remesas que se reciben en el campo son más exiguas y a que contribuyen más a la subsistencia que a la inversión. Pero lo mejor es poner atención a otras áreas de inversión. En el campo, los hogares con migrantes superaron a los hogares sin migrantes en 11 puntos porcentuales en la cosecha de productos agrícolas en el patio de la casa. Incluso se podrían obtener conclusiones del impacto ecológico de las remesas, dado que los hogares con miembros en el exterior participaron con 5 puntos porcentuales menos en la tala de árboles para la venta o consumo de leña en el hogar que los hogares sin migrantes.

Sin embargo, inferir, a partir de estos datos, una correlación entre migrantes e inversiones y disminución de riesgos resulta frágil, ya que no tenemos un antes para comparar con este ahora. Tendremos que esperar a la próxima encuesta para hacer comparaciones, sobre una base suficientemente amplia, de manera que la Mecovi 2001 sirva como diagnóstico de base.

Necesitamos mucha más investigación hecha en diferentes momentos y considerando muchas más variables. El problema consiste en aislar en cada teoría las variables clave de las que no son pertinentes. Por ejemplo, en 1998 se incrementó fuertemente el número de migrantes nicas. La teoría de la nueva economía de las migraciones diría que fue una reacción para disminuir los riesgos ligados al huracán Mitch. La correlación puede parecer muy nítida. Pero es muy difícil aislar la variable Mitch de otras que también estuvieron presentes ese año: aumento del desempleo, desesperanza, etc. Este aislamiento de variables es muy difícil en un país como Nicaragua, donde el camino está salpicado con toda clase de “baches” -carencias- que motivan la movilidad humana. En Nicaragua hemos comprado todos los boletos en la rifa de la migración.

TEORÍA DEL MERCADO LABORAL SEGMENTADO: SE VAN POR LA DEMANDA EN EL NORTE

Tanto la teoría neoclásica como la nueva economía de las migraciones son modelos de decisión en un nivel micro. Otra teoría, la de los mercados laborales segmentados o duales, se aleja de las decisiones individuales y las de pequeños grupos para enfocarse sobre la demanda de mano de obra propia de las sociedades industriales. Los teóricos de esta corriente arguyen que la migración es causada por la permanente demanda de mano de obra migrante inherente a la estructura económica de las naciones desarrolladas. Aquí, las causas no son los factores que empujan en los países emisores -bajos salarios y alto desempleo-, sino los factores que atraen en los países receptores: una crónica e inevitable necesidad de trabajadores extranjeros para determinadas tareas.

Esta demanda de fuerza laboral inmigrante es provocada por cuatro problemas característicos de las sociedades industriales avanzadas. El primero es la inflación estructural: los salarios están ligados a prestigio social, hecho que desata una reacción en cadena cuando se aumentan los salarios en los estratos más bajos y hace que el costo de atraer trabajadores hacia empleos de baja remuneración sea cada vez más alto y esa tarea más difícil. Por eso los empleadores buscan soluciones más baratas y sencillas: contratar migrantes que aceptan bajos salarios.

UN MÍNIMO ESPACIO DE ACCIÓN

También están los problemas motivacionales: los migrantes son el estrato de trabajadores capaces de tener como máxima aspiración los empleos menos calificados, porque a diferencia de los nativos, para ellos el salario sólo importa como ingreso y no como indicador de estatus o prestigio social. Su prestigio lo miden no en el extranjero sino en la comunidad de origen, donde las remesas que envían y lo que con ellas logran tienen sobrado impacto y generan estatus.

Un tercer problema es el dualismo económico: los empleos intensivos en capital contratan trabajadores más calificados, invierten en su entrenamiento y pagan todas las prestaciones porque les interesa retenerlos. Los empleos intensivos en mano de obra, donde los empleadores desean pagar el mínimo de prestaciones sociales y beneficios por desempleo, buscan migrantes. Generalmente, se trata de empleos agrícolas.

Finalmente, está el problema de la demografía de la oferta laboral: la oferta de trabajadores dispuestos a aceptar bajos salarios, condiciones desagradables, gran inestabilidad y poca oportunidad de ascenso provenía anteriormente de las mujeres y de los adolescentes. Pero ambos grupos tienen ahora opciones alternativas: las mujeres acceden a empleos mejor remunerados y se interesan en el estatus y los jóvenes están absorbidos por el régimen académico y buscan una rauda movilidad social ascendente. La oferta para ese segmento de ocupaciones en la actualidad sólo puede ser suministrada por los migrantes.

Aunque no es incompatible con los modelos anteriores, este enfoque tiene implicaciones muy distintas. En esta teoría, la migración laboral internacional se basa en la demanda y es activada por la demanda de los empleadores en las sociedades desarrolladas. En el país receptor, los bajos salarios pueden caer más como resultado de un crecimiento de la ola migratoria, puesto que los dispositivos sociales e institucionales que evitan una subida de los bajos salarios no los resguardan de una caída. Aquí, el espacio para políticas hacia las migraciones es mínimo. Los gobiernos tienen pocas probabilidades de influir sobre las migraciones con políticas que producen pequeños cambios en los salarios y en las tasas ocupacionales. Los migrantes satisfacen una demanda de mano de obra construida estructuralmente en las economías post-industriales. Influir sobre esa demanda requiere cambios monumentales en toda la organización económica.

LOS NICAS EN COSTA RICA: EN LA BASE DE LA PIRÁMIDE LABORAL

Aunque ningún investigador ha sostenido que los nicaragüenses migren a Costa Rica atraídos por la demanda de mano de obra hecha desde ciertas industrias y sectores productivos costarricenses, varios investigadores han sostenido que los nicaragüenses -aunque no sean formalmente reclutados-, están satisfaciendo las necesidades de áreas económicas nítidamente identificables. Carlos Castro Valverde encontró que las industrias costarricenses de la maquila, la construcción y la agricultura absorben mucha mano de obra nicaragüense. Los costarricenses tienen menos motivaciones para ofrecer su trabajo en esos sectores porque se les abren otras oportunidades.

Según Castro, en la construcción están ocupados el 12.1% de los nicaragüenses que registra la Encuesta de Hogares, cifra que duplica al 6% de los costarricenses en esa actividad. En la agricultura se ocupa casi una tercera parte de los nicaragüenses, un 29.6%, cifra superior al 19.9% que corresponde a los trabajadores nacionales. En el caso de las mujeres nicaragüenses su peso en los servicios es muy alto, un 62.2%, lo que duplica la proporción de mujeres costarricenses en este sector: un 31.4%.

En este contexto de mercados laborales segmentados, los nicaragüenses representan para los empleadores costarricenses la oportunidad de pagar menores salarios, lo que hace muy apetecida la mano de obra nicaragüense. Carlos Castro estima que el ingreso promedio de los inmigrantes nicaragüenses es de 78,457 colones (253 dólares), cifra inferior en un 30% al ingreso promedio de la población costarricense. En la construcción el ingreso promedio de los inmigrantes es un 11.5% menor y en la industria es un 17.9% menor. En los servicios los nicaragüenses obtienen menos de la mitad del ingreso que los costarricenses, lo cual en buena medida se atribuye a una división del trabajo, pues los primeros participan en servicios no calificados como el servicio doméstico, mientras que los segundos se ocupan de servicios calificados como el empleo público y actividades privadas como las finanzas y la informática.

Todo encaja con la teoría de los mercados segmentados: menores salarios, tendencia a predominar en ciertas ocupaciones, nicaragüenses en empleos que los costarricenses tienden a despreciar y ubicación de los nicas en la base de la pirámide laboral. Todo encaja excepto un hecho fundamental: la teoría sostiene que los flujos de trabajadores migrantes ocurren más debido a mecanismos formales de reclutamiento que a las decisiones individuales. ¿Sucede eso realmente? Quizás existen otras maneras de reclutamiento laboral informales. Hay que profundizar en el tema y reunir más evidencias.

TEORÍA DE LOS SISTEMAS MUNDIALES: SE VAN DESDE LA PERIFERIA AL CENTRO

De acuerdo al enfoque de los sistemas mundiales, la migración internacional tiene poco que ver con los diferentes niveles salariales y tasas de empleo entre los países y es fundamentalmente una consecuencia de la estructura de la economía global y de la creación de mercados. La penetración de las relaciones económicas capitalistas en las sociedades situadas en la periferia crea una población proclive a migrar hacia el centro capitalista. Movidos por un deseo de lucro, los propietarios y gerentes de las grandes firmas capitalistas entran a los países pobres de la periferia del sistema en busca de tierra, materias primas, mano de obra y mercados de consumidores. En el pasado, esta penetración estaba garantizada por el poder colonial. Actualmente, la facilitan los gobiernos neocoloniales y las firmas transnacionales que perpetúan el poder de las élites locales. Esta penetración modifica de tal forma las condiciones socioeconómicas y culturales que el movimiento de la mano de obra, en dirección inversa a la de las grandes inversiones capitalistas, es un resultado ineluctable.

Así como la tierra y las materias primas, la gente también está hoy sometida a la economía mundial de mercado. Apunta el sociólogo catalán Manuel Castells que si existe una economía global, debería haber un mercado laboral global y una mano de obra global. Al momento de escribir su libro La era de la información -usando datos de los años 80 y de inicios de los 90- pensaba Castells que esta propuesta tomada en su sentido literal, no se cumplía, dada la limitada movilidad del mercado de trabajo. En 1993 sólo un 1.5% de la mano de obra global -unos 80 millones de trabajadores- trabajaba fuera de su país. Y no obstante el libre movimiento de los ciudadanos de los países miembros de la Unión Europea, sólo el 2% de los europeos trabajaba en otro país de la Unión que no fuera el suyo.

Aunque Castells observó que debido a las instituciones, las fronteras, la cultura, la política y la xenofobia, una aplastante mayoría de los trabajadores seguía confinada en su nación y que son más importantes los desplazamientos de población masivos debido a las guerras y al hambre -con esas dos puntadas relativizó la existencia de un mercado laboral global y unificado-, también destacó que existe una tendencia histórica hacia la interdependencia cada vez mayor de la mano de obra a escala global mediante tres mecanismos: el empleo global en las compañías multinacionales y sus redes asociadas que cruzan fronteras; los impactos del comercio internacional sobre las condiciones de empleo y trabajo tanto en el Norte como en el Sur; y los efectos de la competencia global y del nuevo modo de gestión flexible sobre la mano de obra de cada país.

LA MIGRACIÓN EN LAS ZONAS RURALES DE NICARAGUA

Castells no desarrolló suficientemente el modo cómo esos mecanismos están desplazando mano de obra -de forma gradual pero sostenida- y con ello, contribuyendo a tejer un mercado laboral globalizado. La invasión de las empresas multinacionales estimula el movimiento migratorio. Para ser más competitivos, los terratenientes de los países pobres concentran más tierra, mecanizan las labores agrícolas, introducen semillas de alto rendimiento y aplican insumos de producción industrial. Todas estas novedades de las transnacionales llevan a prescindir de una gran parte de la mano de obra rural y, al reducir los precios de la producción agrícola, dejan en desventaja a los pequeños productores. La fuerza laboral desplazada busca su empleo en otras zonas de su país o en otros países.

Este desplazamiento podría explicar, en parte, el hecho de que mientras en el área urbana de Nicaragua el número de emigrantes masculinos y femeninos es semejante, en la zona rural los emigrantes varones superan a las mujeres en casi 20 puntos porcentuales. Aunque los migrantes al extranjero proceden más de las ciudades -porque los del campo son más migrantes internos: campo-ciudad-, la migración al exterior se ha venido ruralizando y desurbanizando. Según la Endesa 2001, el 66% de los nicaragüenses que migraron al extranjero entre 1998-2001 eran citadinos y sólo el 34% venían del área rural. En períodos anteriores las ciudades tuvieron aún más peso en la emisión de migrantes: 71% de quienes se fueron entre 1994-97, 75% entre 1991-93 y 85% entre 1986-90.

Además, hay que tener en cuenta que ese 34% de los emigrantes al exterior de los últimos cuatros años, representado por quienes proceden de zonas rurales, se calcula sobre un volumen de migrantes considerablemente mayor y sobre un peso de la población rural bastante menor. El creciente flujo de emisión de migrantes desde nuestro campo es un síntoma de cambios notorios en ciertas condiciones. El desempleo rural -últimamente agravado por la crisis del café- es, sin duda, el cambio más drástico.

Las empresas transnacionales que penetran el área rural minan las estructuras de la economía campesina basadas en la reciprocidad y los roles establecidos, sustituyendo éstos por un mercado laboral basado en nuevas concepciones más individualistas y de ganancia privada, rasgos culturales que propician el desarraigo en las poblaciones campesinas. A medida que se monetariza más la economía, tienden a desaparecer instituciones tradicionales montadas sobre redes familiares y de solidaridad comunitaria, que son la infraestructura social de muchos otros intercambios. El salario como mediador exclusivo de todas las compras de mano de obra erosiona instituciones rurales como “la mano vuelta”, ese trueque de servicios que no requiere de dinero. Aunque en el caso de Nicaragua este deterioro de las estructuras de la economía campesina no es quizás tan atribuible a las transnacionales, ya es palpable.

LAS ZONAS FRANCAS DESARRAIGAN Y MUEVEN LA MIGRACIÓN

Otros efectos más notorios tiene la penetración de las transnacionales. Las empresas de la zona franca, por ejemplo, demandan una fuerza laboral predominantemente femenina que deja a los varones fuera de la jugada. La Zona Franca Presitex, de capital taiwanés y ubicada en Sébaco, vecina de Matagalpa, genera 2 mil plazas. Pero de ellas sólo el 13% son ocupadas por varones, casi la misma proporción que a nivel nacional en otras empresas maquiladoras. Del total de empleadas en Sébaco, el 66% son muchachas entre 18-30 años, precisamente la edad crítica para migrar: el 48% de los migrantes nicaragüenses tiene esa edad al momento de emprender su éxodo. Y aunque es muy prematuro calcular el influjo de esta fábrica sobre las migraciones masculinas de la zona, puesto que la fábrica fue instalada en febrero del 2000, se puede pronosticar una tendencia.

Algunas de éstas y otras empresas producen también bienes que compiten con los que ya elaboraba la industria nacional. Y hacen que los trabajadores se familiaricen con ciertos bienes que no están al alcance de su bolsillo. Estas empresas desplazan mano de obra y a la par abren el apetito por una nueva gama de artículos de consumo. El resultado es un grupo poblacional que está desarraigado y propenso a la migración porque no alcanza el estándar de vida al que aspira y en cambio, ha creado los vínculos ideológicos con los lugares donde se origina el capital.

Empatando con este impulso aparecen dos elementos más. Por un lado, la demanda de mano de obra migrante en las ciudades globales: Los Ángeles y Miami son las preferidas por nuestros migrantes. Por otro lado, las facilidades para movilizarse, los vínculos infraestructurales. Las carreteras que debían agilizar el viaje de las mercancías del Norte al Sur, reducen los costos y dan velocidad al viaje de las personas del Sur al Norte. Son las vías de comunicación las que construyen la aldea global.

LA IRRESISTIBLE LLAMADA DEL “AMERICAN WAY OF LIFE”

Las empresas de televisión por cable están día a día más diseminadas. Incluso en un poblado tan distante de Managua como Matiguás -de hecho, más distante cultural que geográficamente- existen unas 500 casas con conexiones de TV por cable servidas por un proveedor local. Para quienes en ese poblado reciben la señal del cable, el sentido del humor, el atuendo, los electrodomésticos, el vocabulario, la dieta y en general todo el estilo de vida de los estadounidenses, acabará resultándole más familiar que el de sus paisanos de Rivas o Managua.

La publicidad en los medios de comunicación inculca gustos de consumo de muchos bienes que Nicaragua no produce y sí importa. Los jóvenes buscan pantalones, camisetas y gorras “de marca”. Aunque sean made in Bangladesh o hechas en la misma zona franca de las Mercedes en Managua, llevan el sello USA. En las películas se exhibe en colores brillantes y hasta chillones el American way of life. Envasado en celuloide se vende un estilo de vida que alimenta los vínculos ideológicos. Los Miami boys son los heraldos de una forma de ser que arrastra a muchos. Salpican la conversación con palabras, giros, frases y hasta distorsiones del idioma inglés. Los centros urbanos están más expuestos a este tipo de influencia. De ahí que, según la Endesa 2001, el 90.3% de los nicas que migraron a Estados Unidos procedan del sector urbano, cosa que sólo ocurre con el 60% de quienes migraron a Costa Rica.

En definitiva, la teoría de los sistemas mundiales sostiene que las migraciones son el fenómeno que da continuidad a la organización política y económica de un mercado global en expansión. La migración internacional aparece en esta teoría como la consecuencia natural de la formación del mercado capitalista: la penetración de la economía global en las regiones periféricas es el catalizador de la movilidad humana. El flujo internacional de mano de obra sigue al flujo internacional de mercancía y capital, pero se mueve en dirección opuesta. La inversión capitalista fomenta cambios que crean una población desarraigada, móvil y con vínculos culturales y materiales con los países de donde proviene el capital.

¿POR QUÉ SE VAN A ESTADOS UNIDOS? ¿POR QUÉ A COSTA RICA?

La migración internacional es muy frecuente entre países industrializados y sus antiguas colonias debido a los vínculos culturales, lingüísticos, comerciales y de comunicación que se tejieron durante el período colonial, enteramente libres de competencia. El periodista puertorriqueño-estadounidense Juan González en su libro Harvest of Empire sostiene la tesis de que los vínculos entre países emisores y receptores de migrantes han sido forjados por una larga historia de relaciones comerciales, políticas y militares. Hay evidencia mundial para esta tesis: Cuba-España, Argelia-Francia, Marruecos-España, América Latina-Estados Unidos, Turquía-Alemania...

Los migrantes nicaragüenses están en Costa Rica y Estados Unidos. Estados Unidos fue en los años 80 un destino político. Costa Rica es hoy el destino económico más accesible. Hay una larga trayectoria con ambos países. Tormentosa y difícil. A Nicaragua y Estados Unidos los conectan las múltiples invasiones, la creación directa de la Guardia Nacional por el ejército estadounidense, el apoyo del gobierno de los Estados Unidos a las élites locales, a la dictadura somocista y al ejército contrarrevolucionario, el hecho de que el 27% de las importaciones nicaragüenses proceda de los Estados Unidos y de que el 32% de nuestras exportaciones se vendan a ese país.

También existen hechos destacados en la relación política, militar y económica entre Nicaragua y Costa Rica. Algunos: Costa Rica ha sido para Nicaragua -al menos desde la instalación de las compañías bananeras- un destino laboral histórico, la cesión nicaragüense de los territorios de Guanacaste y Nicoya que pasaron a formar parte de Costa Rica provisionalmente en 1825 y definitivamente en 1857, el asentamiento en territorio costarricense de campamentos militares durante la lucha antisomocista en los 70 y la antisandinista en los 80, la instalación en la Nicaragua de los 90 de las cadenas de supermercados Palí y de las panaderías Musmani...

De acuerdo al enfoque de los sistemas mundiales, puesto que la migración depende de la globalización y de la economía de mercado, los gobiernos sólo pueden influir en su volumen controlando la inversión de las grandes corporaciones y el flujo de bienes y de capital. Sin embargo, semejantes políticas probablemente jamás serán implementadas por los intereses que hay en juego. Las disputas comerciales que desencadenarían, el riesgo de una recesión económica mundial y los recursos políticos que las transnacionales podrían movilizar para neutralizarlas, las hacen impensables.

TEORÍA DE LA PERPETUACIÓN: SE VAN Y SE SEGUIRÁN YENDO

Las razones por las cuales el movimiento migratorio se perpetúa en el tiempo y el espacio pueden ser muy distintas de aquellas que dieron lugar a su estallido inicial. Y aunque la búsqueda de mejores ingresos, el deseo de disminuir riesgos y la penetración de los mercados puedan continuar empujando migrantes, en el curso del movimiento migratorio afloran nuevas condiciones y se convierten en causas independientes. Es el caso de la ampliación de las redes de migrantes y de las instituciones que apoyan el desarrollo de la movilidad transnacional.

Las redes de migrantes son lazos que conectan migrantes, familiares de migrantes e incluso no migrantes en las comunidades de origen y destino. Son un muy eficiente combustible para las migraciones porque reducen los costos y riesgos del movimiento migratorio e incrementan sus beneficios netos. Estas redes construyen un capital social del que la gente se puede servir para tener acceso a un empleo en el exterior. Una vez que el número de migrantes alcanza un nivel crítico, las redes se expanden, los costos y riesgos se reducen y el número de migrantes se multiplica dando lugar a un espiral ascendente de más redes y de más migrantes.

LA ONDA MIGRATORIA DE NICARAGÜENSES NO SE DETENDRÁ

Aunque las concentraciones de nicaragüenses en determinados barrios de Costa Rica han sido analizadas más como una forma de segregación residencial, son también la mejor expresión material de esas redes de migrantes y disparan la probabilidad de futuras migraciones. La colonia La Carpio, situada al suroeste de San José, es un asentamiento donde el 85% de sus habitantes son nicaragüenses. Sus 25 mil habitantes nicaragüenses compiten en volumen con la población que tenía el municipio de Jinotega en 1940, la ciudad de Granada a principios de los 70 y el municipio de Ocotal en 1995. Es una ciudadela mayoritariamente nica. Concentraciones de este tipo pueden hacer a los nicaragüenses aún más visibles que la diseminación en amplios espacios.

En Nicaragua, con un 12% de los hogares con migrantes, las probabilidades de que el movimiento migratorio continúe y aumente son muy altas. Si se averiguara cuántos nicaragüenses tienen un hermano o hermana, primo o prima en el extranjero, tendríamos una mejor idea de la afectación y posible contagio de la onda migratoria.

Desafortunadamente, las encuestas a nivel nacional que se hacen en Nicaragua no han indagado sobre si los migrantes dejaron hijas o hijos que posteriormente pudieran desear llevar consigo. Pero sí tenemos el dato de que el 51% de los migrantes son hijos o hijas del jefe de hogar, que podrían eventualmente animar y facilitar el viaje de sus hermanas y hermanos, o de sus padres.

Las redes de migrantes se fortalecen cuando algunos de sus miembros obtienen reconocimiento legal de su residencia en el país de destino. El estatus legal que muchos nicaragüenses pudieron adquirir tras transitar por el de refugiados o asilados políticos, hace más probable el efecto multiplicador. Como una forma de apoyo por la devastación causada por el huracán Mitch, o temiendo que este desastre elevara exponencialmente el número de inmigrantes, Costa Rica concedió en 1999 una amnistía para que regularizaran su permanencia en ese país los 160 mil nicaragüenses que demostraron haber residido allí desde antes de noviembre de 1998.

LOS HIJOS REMOLCAN A LOS PADRES, LAS TÍAS A LOS SOBRINOS...

En nuestro destino del norte, la Ley NACARA (Ajuste Migratorio para Nicaragüenses y Alivio para Centroamericanos), aprobada por el Congreso estadounidense en noviembre de 1997, concedió la residencia legal a 55 mil nicaragüenses que habían ingresado a Estados Unidos antes del 1 de diciembre de 1995. Aunque la cifra es ridícula en relación al número de nicaragüenses calificados para aplicar -unos 160 mil-, es indudable que tuvo su impacto y que muchos nicaragüenses, tras legalizar su estatus, remolcaron a sus familiares más cercanos.

Según la Mecovi 2001, de los nicaragüenses que migraron entre 1994-97, sólo el 3.7% eran nietos o nietas del jefe de hogar. En cambio, llegaron a ser el 17.4% en el período 1998-2001. ¿Son los hijos de los migrantes que empiezan a beneficiarse de la instalación de sus padres, con o incluso sin estatus legal, pero con una situación relativamente estable? Las políticas de inmigración que promueven la reunificación de los migrantes con sus familiares también refuerzan el proceso de construcción de redes.

El hecho de que una mayoría aplastante de los nicaragüenses haya migrado en los últimos seis años permite pronosticar que el efecto multiplicador de las redes no mostrará sus verdaderas magnitudes sino hasta dentro de algunos años, porque es casi una ley de las migraciones que “a más años de establecido un migrante, mayor es la probabilidad de que sus parientes se animen a seguir su ejemplo”. También cabe la hipótesis de que este boom sea, en parte, un efecto de las anteriores olas migratorias.

A partir de cierto umbral, la migración se autoperpetúa: cada migración crea la estructura social para hacerla sostenible, cada ola de migrantes reduce los costos de la siguiente, cada nuevo o nueva migrante expande la red y reduce los riesgos para quienes están vinculados a él o a ella, cada ampliación de la masa de migrantes hace que quienes aún residen en el país emisor encuentren más atractivo migrar. Los migrantes incluso hacen préstamos a sus familiares y amigos para que migren. Como el desplazamiento tiene menos riesgos, la migración se convierte en una segura fuente de ingresos y reales posibilidades de pago. Por eso, en las comunidades donde hubo una pequeña explosión de migrantes, una década después de la primera ola de migrantes la comunidad se vacía de miembros en cierto rango de edades: los tíos llevan a los sobrinos, las hermanas a sus hermanos, los amigos llevan a sus amigos y amigas. Parentesco y amistad se ponen al servicio de la migración.

Esta teoría, aunque compatible con los enfoques de decisiones individuales o estrategias de hogares, tiene implicaciones distintas: las migraciones se detienen hasta que todos aquellos con deseos de migrar lo hayan hecho -la ampliación de las redes migratorias hace cada vez menores los costos y riesgos-, el flujo migratorio no depende significativamente de las tasas de empleo o de las diferencias salariales -el descenso de costos y riesgos alimenta más la onda que los bajos salarios y tasas de empleo del país de origen- y la migración se independiza de los factores que originalmente la causaron al institucionalizarse mediante las redes de migrantes.

REDES, NUEVAS INSTITUCIONES E INCAPACIDAD PARA CONTROLAR LA ONDA

La teoría de la perpetuación de las migraciones es la más escéptica ante la capacidad de los aparatos estatales para controlar las migraciones. Los gobiernos no pueden esperar que sus políticas conseguirán fácilmente controlar los flujos de migrantes una vez que su espiral ascendente haya sido activada porque los procesos de formación de redes caen enteramente fuera de su influencia. Las migraciones abren espacios para otros dispositivos multiplicadores. Las instituciones que apoyan la movilidad también tienen un papel en la perpetuación de las migraciones. Aquí cabe incluir desde las organizaciones que protegen a los migrantes indocumentados y las casas de refugio que atienden a los migrantes en tránsito, hasta los abogados que se lucran gestionando el estatus legal y los coyotes que ayudan a pasar la frontera, pasando por los contratistas de trabajadores ilegales, las instituciones humanitarias de servicio social y consejo legal, los arreglos de matrimonios entre migrantes y ciudadanos del país receptor, los transportes clandestinos y los tramitadores de pasaportes y visas.

Estas instituciones funcionan como uno más de los componentes del capital social con que cuentan los migrantes y refuerzan el flujo, multiplican el número, disminuyen los costos y riesgos. Tanto las instituciones humanitarias como el tráfico ilegal se han multiplicado en todo el mundo. En el caso nicaragüense, la industria de las migraciones es un fiel reflejo del conjunto de su economía: el sector informal supera por muchos palmos a las instituciones formales.

Las instituciones humanitarias, que podrían constituir una infraestructura social de incentivo a las migraciones, están en pañales en nuestra región. En toda Centroamérica hay apenas cinco casas de refugio. Son casas de la pastoral de movilidad humana. En Nicaragua existe un refugio o casa de acogida de Cáritas, ubicada en San Carlos, con capacidad apenas para 20 personas, bastante exigua para un tránsito hacia Costa Rica que se calcula en 200 nicaragüenses diarios.

LA PODEROSA INSTITUCIÓN DE LOS COYOTES

Entre las instancias formales, las emisoras de radio locales, y a veces las nacionales, se han erigido en una de las infraestructuras que más vida dan a las redes entre los migrantes y sus familiares: ahorro en llamadas telefónicas, avisos rápidos, comunicación permanente. Se han convertido en un mecanismo de reducción de costos de comunicación y en un combustible cultural.

El sector informal de la migración es el que más se ha desarrollado. Precisamente cuando los gobiernos aplican medidas restrictivas, favorecen el recurso a los mecanismos del “mercado negro de las migraciones”. Los coyotes se han multiplicado en el último lustro. También han diversificado sus servicios. Ahora dan crédito y ejercen control sobre los migrantes morosos a través de sus familiares. En la ciudad de Chinandega un coyote secuestró a la esposa de uno de los migrantes morosos para forzarlo a pagar.

Los costos que imponen los coyotes no han variado. El precio se mantiene. A mayor demanda de este servicio, mayor número de oferentes. El coyotismo es también una fuente de empleo. Sólo por el cruce de la frontera con Estados Unidos cobran 2 mil dólares. Desde Nicaragua pueden llegar a cobrar más de 5 mil dólares. El tránsito a Costa Rica es considerablemente más barato: 50 dólares por el cruce de la frontera a Costa Rica y 250 dólares si hay que acompañar al migrante hasta que llegue a un poblado costarricense.

Las instituciones humanitarias están diseminando propaganda sobre cómo tramitar la visa, el pasaporte, etc. para evitar los vejámenes a que se ven expuestos los migrantes. Algunas mujeres han sido violadas por los coyotes. Bastante difusión ha tenido la hoja volante Conozca los riesgos de cruzar la frontera sur de la Comisión para la Defensa de los Derechos Humanos en Centroamérica (CODEHUCA), vinculada en Nicaragua al Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (CENIDH) y a Cáritas. Pero se necesitan muchos más recursos para trabajar en este tema. Y mucha más reflexión para darle un enfoque que realmente impacte positivamente. Mientras llegan esos recursos y ese enfoque, los coyotes seguirán siendo la institución más poderosa de apoyo a la movilidad transnacional.

LA TEORÍA DE LA CAUSACIÓN ACUMULATIVA: A MÁS MIGRANTES, MÁS MIGRACIÓN

La migración produce otros muchos cambios que provocan su crecimiento. Se trata de un proceso que el economista sueco Gunnar Myrdal denominó, ya desde 1957, causación acumulativa, y que consiste en que cada acto de migración modifica el contexto social de tal manera que migraciones subsiguientes son más probables.

Los científicos sociales han estudiado seis factores socioeconómicos que son afectados por la migración y que, posteriormente, se convierten en un estímulo para nuevas migraciones: la distribución del ingreso, la distribución de la tierra, la organización de la agricultura, la cultura de la migración, la distribución regional del capital humano y el significado social de ciertas ocupaciones en los países receptores.

La distribución del ingreso en una comunidad es modificada por la recepción de remesas. El hecho de que algunas familias empiecen a prosperar modifica la percepción que sobre su situación económica tienen otros miembros de la comunidad. La valoración del ingreso, como subraya la nueva teoría de la migración, se hace a partir de un grupo de referencia. Muchos han migrado ansiando para los suyos la bonanza que vieron en los hogares que reciben remesas. Tanto el oro como el oropel arrastran gente. Mientras más migrantes tiene una comunidad, más aumenta la desigualdad de ingresos y con ella, la sensación de que quienes no reciben remesas se están quedando rezagados. De esta forma, las migraciones inducen a más migraciones.

La distribución de la tierra y la organización de la producción agraria también sirven de dispositivos estimuladores de migraciones. Los migrantes que proceden del agro buscan adquirir tierras por razones de prestigio o para invertir en ellas a su regreso. Ésos son los planes. Algunas veces se realizan y la nueva disponibilidad de capital cambia los patrones de cultivo hacia métodos intensivos en capital -tractores, sistema de riego, semillas importadas, agroquímicos- que van desplazando la mano de obra.

En otros casos, cuando el migrante comprueba que las inversiones agropecuarias no tienen la rentabilidad que descubren tiene su mano de obra en el exterior, mantienen ociosas sus nuevas adquisiciones -también las viejas- y con ello disminuyen las oportunidades de trabajo en el área rural. En ambos casos, el desempleo es el resultado inevitable. Y ese desempleo que genera la nueva distribución de la propiedad agraria y los nuevos patrones de cultivo actúa como un estímulo para nuevas migraciones.

Sobre la tierra de las migraciones germina una cultura de las migraciones. No se trata sólo de que los migrantes, una vez que han probado otros usos y costumbres, son más propensos a migrar. También se genera en la comunidad una cultura de migrar por el ejemplo contagioso y porque los migrantes y sus familiares difunden información sobre las oportunidades, costumbres y nivel de vida de los países receptores. Un virus cultural produce una epidemia migratoria. Migrar llega a formar parte de los valores comunitarios e incluso se convierte en un rito de paso entre los jóvenes. Quienes no se atreven a migrar son vistos como temerosos, “acalambrados”, poco emprendedores.

Puesto que la migración produce un movimiento del personal más calificado, mejor motivado, educado y productivo de los países emisores a los receptores, esta dinámica mejora las condiciones económicas y de desarrollo en los países receptores, haciéndolos más atractivos, y disminuye las posibilidades de desarrollo en los países emisores, haciéndolos cada vez menos gratos para vivir, lo que mantiene en ascenso la migración.

EL ÉXODO DEL CAPITAL HUMANO NICA

En el caso nicaragüense, los países receptores no siempre saben extraer beneficios de nuestra movilidad de capital humano. Hay datos que apoyan y datos que cuestionan esta teoría. Las más de las veces nuestros profesionales llegan a Estados Unidos a desempeñar oficios que están muy por debajo de su calificación profesional. Es ampliamente conocido que el promedio de nuestros migrantes tiene niveles de escolaridad muy superiores a los de sus paisanos que no migraron: el 65% de los migrantes de 25 años o más del área urbana hizo estudios de secundaria, situación en la que sólo se encuentra el 40% de los no migrantes del mismo rango de edad. En el área rural la diferencia es mayor: 43% y 10% respectivamente. Costa Rica tampoco saca gran provecho de esta onda y mantiene a médicos y a abogados nicaragüenses trabajando como taxistas.

La encuesta de nivel de vida del 2001 realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos contiene los datos de casi 900 migrantes. 52 de estos nicaragüenses tienen carrera universitaria concluida. De ellos, apenas el 25% desempeña en el extranjero funciones acordes a su calificación profesional. El 13.5% trabaja como camareros, cocineras, niñeras y sobre todo como vendedores. El 19% trabaja como carpinteros, ebanistas, pintores, mecánicos, electricistas y principalmente como maestros de obra. El 21% son afanadoras, empleadas domésticas, porteros, lavanderas, mozos agrícolas, vigilantes y peones de construcción.

El 37.5% de los migrantes nicaragüenses captados por esta muestra y que terminaron su bachillerato o formación docente no tiene otra opción que ubicarse en esa última categoría. El 36% de quienes se ubican en esa categoría tienen bachillerato o una carrera universitaria. La categoría de los carpinteros, ebanistas, etc. hasta la de las domésticas y mozos agrícolas, pasando por los choferes y obreros de fábricas, acopia al 42% de los migrantes de la muestra con estudios universitarios finalizados y al 67% de quienes concluyeron su bachillerato. Un éxodo de capital humano que Nicaragua, incluso en un contexto de desempleo brutal, no debería permitirse.

Apoyando esta teoría, está el hecho de que, a menudo, maestras nicas de escuelas rivenses y de otros departamentos trabajan como niñeras y empleadas domésticas en Costa Rica. Naturalmente, niños y niñas ticos constantemente acompañados de personas con educación formal estarán mejor dotados para enfrentarse al mundo académico y a otros mundos. Es un indudable beneficio para Costa Rica, con repercusiones para el desarrollo de este país que no pueden ser medidas de manera inmediata ni mediante los indicadores convencionales.

UNA ONDA EXPANSIVA E IMPARABLE

La teoría de la causación acumulativa dice también que la llegada de migrantes a un país cambia la percepción predominante acerca de determinadas ocupaciones. Si los migrantes se van asentando predominantemente en determinados empleos, éstos acaban por ser considerados por la población nativa como típicos trabajos de migrantes. Se recrea así la etiqueta social que califica esas ocupaciones. El estigma que cae sobre ellas las hace menos apetecibles para los oriundos del lugar, que las perciben culturalmente inapropiadas para ellos. Y esa situación consagra su definitiva concesión a los inmigrantes. Una vez que el estigma ha sido difundido, ni siquiera el desempleo será capaz de removerlo y los gobiernos de los países receptores pueden verse obligados a retener o incluso a reclutar más inmigrantes para que realicen estas tareas.

Un enorme número de los janitors de Boston son latinos. En San Francisco difícilmente se encontrarán limpiadores y limpiadoras de piso que no procedan de Centroamérica o Etiopía. En Washisgton abundan los meseros hondureños y salvadoreños. En Miami son legión las empleadas domésticas nicaragüenses. En Costa Rica los empleados nicaragüenses van adquiriendo mayor peso en ciertos sectores: trabajo doméstico, agricultura y construcción. El documental Desde el barro al sur muestra a ciudadanos costarricenses explicando que los migrantes nicaragüenses llegan a Costa Rica a desempeñar los oficios que los nativos desprecian y cómo esos oficios empiezan a ser considerados como “típicos de nicas”.

La teoría de la causación acumulativa está en total consonancia con la teoría de la formación de redes. Los cambios económicos, sociales y culturales a que dan lugar las migraciones, tanto en los países emisores como en los receptores, refuerzan de tal forma el movimiento migratorio que lo multiplican y lo hacen más resistente a los controles gubernamentales. Con más del 10% de los nicaragüenses en el exterior y un 12% de los hogares con algún miembro en el extranjero, no debe sorprendernos que ya hayamos cruzado el umbral a partir del cual la onda expansiva de las migraciones, su causación acumulativa, muestra sus efectos. Un signo muy visible lo muestra la encuesta de M&R realizada en Nicaragua en mayo 2003: el 65% de los encuestados dijo estar dispuesto a emigrar a otro país si se le presenta la oportunidad.

FALTA MUCHA TELA QUE CORTAR

La teoría de la economía neoclásica explica las migraciones a partir de los costos de la migración y de las diferencias en las condiciones de empleo y salario entre los países involucrados como receptores y emisores. La migración es presentada como el resultado de una estrategia individual para maximizar los ingresos. La teoría de la nueva economía de la migración considera las condiciones en una variedad de mercados y no sólo en los mercados laborales. Explica la migración como una estrategia familiar para minimizar los riesgos del ingreso global y para superar las contracciones de capital que afectan las actividades de producción familiares.

En otro nivel de análisis, tanto la teoría de los mercados laborales segmentados o duales como la teoría de los sistemas mundiales ignoran esos procesos de decisión situados en un nivel micro y se enfocan sobre las fuerzas que operan a mayores niveles de agregación. La primera vincula la inmigración a los requerimientos de las modernas economías industriales. La segunda ubica la migración entre las consecuencias naturales de la globalización y de una penetración de los mercados que no respeta fronteras. Finalmente, la teoría de la perpetuación de las migraciones propugna que, independientemente de las causas iniciales, las migraciones producen cambios que contribuyen a multiplicarlas.

Como se ve, estas teorías no son forzosamente incompatibles. Simplemente fijan su atención y su análisis en diversos focos. Descubren causas en distintos niveles: individual, familiar, nacional e internacional. En el mundo real, los individuos emprenden acciones para maximizar sus ingresos y las familias adoptan estrategias para minimizar riesgos y esto sucede al mismo tiempo que las fuerzas estructurales moldean el contexto en el que todo esto ocurre. Para explicar las migraciones no bastan por sí solos ni el estructuralismo que ignora el protagonismo de los individuos ni los enfoques atomizados que desprecian los condicionamientos que las estructuras socioeconómicas, políticas y culturales imponen a las decisiones individuales.

COMPRAMOS TODOS LOS BOLETOS DE LA RIFA

No sabemos qué dirección tomarán las migraciones. La movilidad humana no sólo desencadena fuerzas que la multiplican. También despierta y fermenta las inquinas raciales. Estas convulsiones xenofóbicas que hoy vemos brotar en cualquier parte, ¿tendrán un efecto adverso sobre las migraciones? ¿Qué impacto tendrá el reflorecimiento de movimientos racistas en Estados Unidos? ¿Y los gremios étnicos en Miami, especialmente los de irlandeses? ¿O el mito de la clase media, pacífica, blanca y de origen europeo en Costa Rica, contrapuesta al mito de los nicas “pata rajada”, trigueños e indios? Para Nicaragua, la primera pregunta es otra: ¿Cómo detenernos ahora, cuando ya hemos comprado todos los boletos en la rifa de la migración? Y la segunda: ¿Debemos detenernos?

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