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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 250 | Enero 2003
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México

Marcos y los zapatistas rompen sus silencios

Marcos calificó de “fascista” al juez español Baltasar Garzón. Y Garzón dijo que Marcos era un “barco sin rumbo”. Esperamos que este grave error, que Marcos trató de enmendar, no afecte la causa que él representa internacionalmente. El incidente contribuyó a romper el prolongado silencio de los zapatistas.

Jorge Alonso

Desde que el Poder Legislativo mexicano aprobó una Ley Indígena lejana a los acuerdos de San Andrés, la comandancia zapatista, y su vocero el subcomandante Marcos, optaron por el silencio. Aunque ese silencio es estruendoso, los poderes han sido sordos a él. Y mientras los zapatistas callaban, las comunidades de apoyo a los zapatistas, junto a diversas organizaciones de la sociedad civil, no dejaron de hablar de la causa indígena.

AUTONOMÍA EXITOSA EN UN CLIMA DE HOSTILIDAD

A mediados del año 2002 se dieron a conocer las conclusiones del Encuentro Nacional por la Paz celebrado en San Cristóbal de las Casas, al que asistieron más de mil personas de 285 organizaciones y de 23 estados. Mientras los expertos discutían si lo que había en Chiapas era una guerra de desgaste, una guerra de baja intensidad o una acción contrainsurgente, los participantes coincidieron en que se trataba de una guerra neocolonista y etnocida. También, que seguía la intrusión militar en las comunidades, que la incertidumbre agraria multiplicaba los conflictos de tierra en las comunidades, y que el EZLN seguía siendo un instrumento de paz porque con enorme esfuerzo impedía que la violencia se agravara. Había otros elementos en sus análisis. El más importante destacaba que la autonomía se afirmaba continuamente, y era ya una práctica concreta que estaba expresando la capacidad de las comunidades de regular la convivencia. Muchas comunidades producían ya por sí mismas lo que les hacía falta y lograban su autosuficiencia alimentaria sin dejar de lado oportunidades comerciales.

En el Encuentro se evaluó cómo los zapatistas impulsaban con éxito mercados autónomos y conseguían combinar lo tradicional con herramientas contemporáneas. Frente a un solo mercado global en manos de unos cuantos, los mercados alternativos no regidos ni por la codicia ni por el despojo eran una realidad positiva y viable. Los participantes en el Encuentro reforzaron su decisión de proseguir defendiendo los acuerdos de San Andrés, contribuir a la reconstrucción del tejido social y comunitario en Chiapas, respaldar los procesos de autonomía y de resistencia, y profundizar la nueva cultura de respeto a la diversidad y a las culturas de México. Los pronunciamientos del Encuentro se sintetizaban en la exigencia de reconstruir los pueblos indios y su capacidad social autónoma como sociedad civil de una nación formada por múltiples culturas.

Por esas mismas fechas, el Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas publicó un informe especial sobre los desplazados por la guerra en Chiapas. A finales del año existía un consenso entre los organismos de defensa de derechos humanos en Chiapas: los paramilitares existían gracias a la complicidad de autoridades federales y estatales, sus crímenes seguían impunes, y su hostilidad no había cesado.

En el caso de la masacre de Acteal en 1997 los encarcelados no eran ni la mitad de los responsables y había averiguaciones no concluidas y órdenes de aprehensión sin ejecutar. El obispo de San Cristóbal, Felipe Arizmendi, exigía que se terminara de esclarecer la verdad sobre Acteal, mientras los familiares de las víctimas consideraban que se había hecho justicia a medias, y miembros de la agredida organización Las Abejas señalaban la impunidad con que muchos de los autores materiales y la totalidad de los autores intelectuales de tan atroz matanza continuaban gozando
de libertad.

En un taller de reflexión y planeación del Congreso Nacional Indígena, organizaciones de diez estados valoraron positivamente la política de silencio acordada por el EZLN y optaron por seguir trabajando en la construcción de autonomías en las comunidades. No hablarían con los poderes estatales. “Ya conversamos con ellos, quisimos ayudarles a entrar en razón, y no quisieron”, decían.

INDICIOS DE PALABRAS

Si bien los zapatistas se mantenían en silencio con el gobierno, a veces dejaban escuchar sus palabras ante la sociedad civil. A finales de julio del 2002, Marcos hizo llegar al Arquitecto Fernando Yánez unos versos que había escrito cuando 18 años antes estaba naciendo el EZLN. Los envió para que fueran mostrados en una Casa Museo en Monterrey. Los versos iban acompañados del deseo de que la esperanza tomara nuevos bríos. En una posterior misiva, Marcos saludó la aparición de la revista zapatista “Rebeldía”. Aclaró que “como estamos en silencio, y el silencio no se rompe sino que se cuida”, no se referiría a nada coyuntural ni comentaría la Ley indígena. Pero adelantó una promesa sobre estos temas: “Ya vendrán las palabras que vendrán”. Sin embargo, no dejó de hacer algunas alusiones a los partidos: al PRI lo consideraba “una cueva de ladrones sin Alí Baba”, al PAN “una agencia de colocaciones”, y al PRD “una alternativa de nada”, comparaciones que causaron gran enojo entre políticos de estos tres partidos.

GRAVÍSIMO ERROR DE MARCOS

La voz zapatista llegó hasta Europa. A finales del 2002 fue inaugurado en Madrid un centro de reunión al que se le dio el carácter de los Aguascalientes del EZLN considerando a los zapatistas una referencia ética en la lucha contra el neoliberalismo. En este acto fue leída una carta de Marcos en donde preveía “un crecimiento geométrico” de los globalifóbicos. En su carta, Marcos hablaba de “las sillas del poder” y de un “reggae de mariposas”. También se refería a la lucha del pueblo vasco. En este contexto, lanzó gruesos descalificativos a prominentes figuras de la política española.

Al juez Baltasar Garzón lo llamó “payaso grotesco al servicio de la clase política gobernante”, “fascista” y “terrorista de Estado”. Las críticas en España y en México a estos exabruptos de Marcos se multiplicaron. Marcos fue acusado de colocarse del lado del terrorismo vasco y las pocas defensas que se formularon argüían únicamente que Marcos era siempre irreverente ante el poder.

No pocos comentaristas coincidían en que Marcos había dado un traspiés al inmiscuirse en un lance internacional. Destacaban como grave insulto afirmar que el juez Baltasar Garzón tenía una “vocación fascista” cuando había mostrado ser un defensor del derecho internacional y de la justicia. El escritor español Fernando Savater entró al debate: “Lo que Marcos diga o deje de decir sobre casi todo cuanto va más allá de Chiapas me trae al pairo”.

Su indignación se alimentaba del alineamiento que veía en el vocero zapatista con los terroristas vascos. “Pero la impostura que me importa no es la suya, sino la de los corifeos que le jalean y acompañan en la legitimación o trivialización de los crímenes cometidos en mi tierra en nombre de una pretendida ‘causa justa’ que no sabe hacerse escuchar sin ellos ni quiere esperar a que ellos acaben para hacerse oír”.

Escritores que se habían distinguido por su apoyo a la causa zapatista también descalificaron a Marcos. Vázquez Montalbán se lamentó del error cometido por Marcos con su carta. Señaló que, gustara o no, el juez Garzón había hecho muchas cosas formidables contra el terrorismo de Estado y que la carta de Marcos frivolizaba demasiado temas importantes y polémicos. El tono del escrito del subcomandante disgustó a muchos. José Saramago consideró que Marcos había cometido un “gravísimo error”, subrayando que a todos los que apoyaban la causa indígena en

América Latina los había dejado “desconcertados” por su respaldo a ETA y por haber acusado al juez español Baltasar Garzón de impulsar el terrorismo de Estado. El articulista mexicano Luis Hernández quiso atenuar el problema sacando a luz publicaciones en las que aparecían luces y sombras del juez español, como los 200 casos de tortura contra la izquierda nacionalista vasca, muchos de ellos asumidos por Amnistía Internacional y denunciados sin éxito ante Garzón. De nada valió. Garzón ha acumulado más luces que sombras ante la opinión pública internacional.

GARZÓN RESPONDE AIRADO

El juez Garzón respondió airado a la que llamó “carta sectaria” de Marcos. Algunos párrafos de su extensa respuesta: “¿Dónde están en su carta unas palabras, tan sólo algunas palabras, para las víctimas del terrorismo? No están en ningún lado, porque usted (en su fundamentalismo represor, pleno de autoritarismo y de soberbia) destila odio hacia esas víctimas, y hacia todos los que no somos o pensamos como ustedes... Aquellos a los que usted eufemísticamente llama “rebeldes vascos” son seres sumisamente vinculados a la estrategia de la violencia más injusta y demencial que existe en Europa... Con actitudes así, usted perderá incluso a quienes siguen el espejismo del futuro que usted les ha ofrecido. La causa indígena se ve gravemente amenazada por las actitudes de intolerancia extrema que usted ha adoptado”.

“Le confieso que para mí, señor Marcos, usted representaba algo diferente: una especie de rayo de coherencia. Ahora advierto mi gravísimo error. Le había otorgado una categoría que no merece. Usted no es más que un barco a la deriva. Cuando al principio, al frente de su “Ejército”, contaba con la simpatía de muchas personas (la mía incluida), tuvo usted ocasión de llevar la causa indígena a buen puerto, pero erró el rumbo y ahora ya sabemos por qué. No necesita usted quitarse la máscara para haberse desenmascarado: usted, sencillamente, no cree en los derechos esenciales del hombre ni en la democracia, ni siquiera en los derechos cívicos de su propio pueblo”.

“Yo no soy, como afirma usted, “fascista” ni “terrorista de Estado”. Nunca he tomado un arma en mi vida (salvo para cazar alguna perdiz). Soy en esencia un pacifista. Procuro aplicar la ley y cumplirla a rajatabla, en un Estado Democrático Social, y de Derecho, lo que me corresponde como profesional del derecho y en ello está empeñada mi responsabilidad. Llevo 22 años prestando un servicio público y 14 de ellos procurando combatir con las armas que da la Ley, el narcotráfico, el crimen organizado, la corrupción, el terrorismo y los crímenes de Estado y de lesa humanidad. En esta larga batalla he podido cometer errores, pero a diferencia de usted he dado la cara y firmado con mi nombre, y he asumido mis equivocaciones. En cambio usted se parapeta cobardemente en una suerte de atalaya que le convierte en un ser extraño, exótico, un espectro detrás de una máscara y de una ridícula pipa”.

“Le reto cuando usted quiera y donde usted quiera, a que sin máscaras ni disfraces, cara a cara, podamos hablar del terrorismo, de rebeldía, de dignidad, de lucha, de insurgencia, de política, de justicia, de todos aquellos valores que sirven para construir un país y una democracia y defender los derechos de los que menos tienen. “Hoy es siempre todavía”, decía Antonio Machado. Albergo la tenue esperanza de que recobre usted la razón que parece haber extraviado y ese fondo democrático que, quizá alguna vez, tuvo”.

“DAR UNA OPORTUNIDAD A LA PALABRA”

Ciertamente, Marcos se había equivocado. Y pronto se dio a la tarea de enmendar errores. A lo largo del mes de diciembre se difundieron cinco cartas escritas por Marcos a nombre del EZLN. Aprovechó el reto de Baltasar Garzón para aceptarlo. Propuso que el debate al que Garzón lo desafiaba se celebrara en Lanzarote, islas Canarias, entre el 3-10 de abril del 2003 y que Garzón consiguiera garantías y salvoconductos necesarios para que Marcos y seis “escuderos” pudieran asistir al duelo.

Hizo otra propuesta: que en forma paralela, pero no simultánea, se realizara un encuentro entre todos los actores políticos, sociales y culturales de la problemática vasca que así lo desearan con el tema: “El País Vasco, caminos”. Invitaba a Garzón a asistir a ese encuentro a escuchar, y a contribuir a que hubiera distensión por parte del gobierno para su celebración, y solicitaba al gobierno español enviar una delegación de nivel para que escuchara y hablara.

Marcos iría al encuentro sólo a escuchar porque el tema competía sólo a la soberanía del pueblo vasco. Marcos pidió también a ETA que realizara una tregua militar de 177 días, a partir del 24 de diciembre; y demandó a la sociedad civil española y vasca que se movilizara en una campaña para “dar una oportunidad a la palabra”.

Las propuestas de Marcos combinaban elementos bien concretos con tonos lúdicos. Marcos prometía desencapucharse si perdía el debate ante Garzón, y a Garzón le solicitaba que, si Marcos ganaba el reto, exigiera el reconocimiento de los derechos y la cultura indígena.El gobierno español declaró que la carta de Marcos a Garzón era “estrafalaria” e “incoherente”. Y descalificó las propuestas de Marcos por considerarlo “un enajenado”. Autoridades migratorias de la Unión Europea aclararon que Marcos podría entrar a Europa si iba con sus papeles en regla: con su nombre, apellido y sin máscara.

MARCOS SE DISTANCIA DE ETA Y PIDE DISCULPAS

En su carta a ETA, Marcos aclaró que su texto anterior había sido mal interpretado porque claramente hacía referencia a la lucha política vasca y no a la lucha militar. Reconoció su ambigüedad. Para que no quedaran dudas recalcó que el EZLN no había realizado ni realizaría ninguna acción militar en contra de civiles. Condenó enfáticamente ese tipo de ataques y criticó las acciones de ETA contra víctimas civiles. Precisó que el EZLN consideraba legítima y justa la lucha del pueblo vasco por su soberanía, pero que esa noble y justa causa no justificaba que se sacrificaran vidas de civiles. Subrayó la condena de acciones de militares que dañaban a civiles, así vinieran de ETA, del estado español, de Bush, de israelíes o de palestinos.

Con esto se deslindaba de la interpretación que se había dado a la misiva al Aguascalientes de Madrid en el sentido de que era “un apologista del terrorismo”. En repetidas ocasiones, Marcos remachó que los zapatistas no sólo no practicaban el terrorismo, sino que lo condenaban. Enfatizó que los zapatistas pensaban que algo debía hacerse para cambiar la lógica criminal que se estaba imponiendo en todo el orbe, que al terror se le podía combatir con el terror, pero así no se le vencería y que era una trampa que se obligara a elegir entre uno u otro terror. Los zapatistas planteaban que la alternativa era un camino nuevo y esperaban que la dignidad ibérica dijera al mundo entero que era posible y necesario darle una oportunidad a la palabra, cambiar la lógica guerrerista, y convertirse en un rayo de esperanza para todos los pueblos.

A los familiares de las víctimas de ETA y del Estado español, entre las que sabía había no pocos simpatizantes de la causa zapatista, Marcos ofreció sinceras disculpas si con la ambigüedad había mostrado falta de respeto a su dolor. “Deseamos de todo corazón que nos entiendan y que algún día nos perdonen la parte que nos toca”. Lamentó que el sufrimiento de las víctimas del terrorismo de ETA hubiera sido manipulado por el gobierno español para distraer y ocultar su criminal ineficacia en la catástrofe ecológica que se abatía esos días sobre el pueblo de Galicia por el derrame petrolero en sus costas.

VUELVE A HABLAR SOBRE MÉXICO

En otra carta a las organizaciones políticas, sociales y culturales de la izquierda del País Vasco, Marcos las convocó a buscar caminos inéditos para la conquista de su soberanía. Los invitó al encuentro que él mismo estaba proponiendo. Pidió que con inclusión y tolerancia se sumaran las mayores fuerzas posibles para organizar ese foro. Argumentó que los caminos se encontraban cerrados por el terror que uno y otro lado alentaban y por eso les solicitaba que “hablaran y se escucharan”. Y de pasada, tocó un asunto mexicano al considerar que, a diferencia de la izquierda parlamentaria mexicana, los vascos sí tenían un proyecto político alternativo.

En este ramillete de cartas de disculpa hubo, de hecho, una ruptura del silencio sobre la realidad mexicana que se había impuesto el vocero zapatista, al enfatizar que los tres poderes mexicanos habían violado leyes internacionales al desconocer los derechos y la cultura indígena, anunciando que el EZLN presentaría demandas por delitos de lesa humanidad en contra del ex-Pesidente Zedillo por su responsabilidad en la matanza de Acteal.

MARCOS “SE LEVANTA DE LA LONA”

En una entrevista, José Saramago calificó de positiva la propuesta de Marcos para el País Vasco, considerando que había que esperar a ver si ETA tendría el coraje de dar ese paso. Darle un lugar al diálogo para buscar soluciones sería “la tan deseada demostración de que las utopías son realizables”, dijo Saramago, señalando que la rectificación hecha por Marcos mostraba que su pensamiento se sustentaba desde siempre “en la pedagogía de la palabra”.

Manuel Vázquez Montalbán declaró que se apuntaba a cualquier posibilidad de dialogar, pero advirtió que si no participaba la sociedad civil no habría salida posible. Manifestó su simpatía por la espléndida propuesta del líder zapatista de convocar a un encuentro de las fuerzas políticas y culturales implicadas en la cuestión vasca, aunque adelantó que le parecía difícil que el gobierno español aceptara. A la rectificación de Marcos la calificó de “una salida inteligente, lúdica, muy ingeniosa” y la propuesta le pareció buena porque, habiendo tan pocas salidas a la cuestión vasca, él se apuntaba a cualquiera, aunque fuera “surrealista”. Para Vázquez Montalbán, la segunda carta de Marcos arreglaba “la pifia de la primera, que había creado desconcierto y malestar”.

El articulista mexicano Emanuel Carballo consideró que el subcomandante se levantaba de la lona y se salía del jaque. Alabó la rectificación, porque la misiva al Aguascalientes madrileño pecaba de “desinformación, ligereza y posición poco juiciosa”, cuando la gran victoria del zapatismo había sido asociar su nombre con la paz. Ahora, con el conjunto de nuevas cartas Marcos volvía a privilegiar el diálogo.

TERRORISMO: “GENÉTICAMENTE CONTRARIO A LA IZQUIERDA”

También hubo respuestas de los partidos españoles y vascos. Herri Batasuna, el partido político independentista vasco que el juez Garzón había ilegalizado aceptó la propuesta de diálogo hecha por los zapatistas. Izquierda Unida apoyó la propuesta zapatista de diálogo para resolver el conflicto vasco y su coordinador general mandó una carta a Marcos en la que agradecía que se preocupara por temas españoles, “cuando ven ustedes muchas esperanzas propias frustradas y su silencio no ha sido creído por quienes deberían haber estado atentos a su estruendo”. Izquierda Unida reafirmaba que había condenado y condenaría cada agresión a las comunidades indígenas, así como la mercantilización de bienes y tierras que eran propiedad de la humanidad en manos de los pueblos que habían habitado ancestralmente esas tierras. Agradeció a los zapatistas que no hubieran mostrado la mínima complacencia con el terrorismo etarra, pues los militantes de Izquierda Unida calificaban a ETA como “una banda asesina” y subrayaba que “genéticamente el terrorismo es contrario a una izquierda transformadora”.

Varios intelectuales convocaron a un foro cultural en Madrid para apoyar el llamado a la paz hecho por el EZLN. Manifestaron su preocupación por la imposición de una lógica guerrerista a nivel mundial que estaba materializando un peligro contra la ciudadanía y sus libertades. El recién inaugurado centro político cultural del EZLN en Madrid también acogió la propuesta de celebrar un debate sobre el conflicto vasco. Durante el transcurso de la polémica, ETA no detuvo sus actividades terroristas. No hubo tregua.

ETA RECHAZA LA “PANTOMIMA” DE MARCOS

A principios de enero del 2003 ETA respondió a Marcos, intentando separar al subcomandante de los indígenas zapatistas. A Marcos le aclaran que están dispuestos a recibir “propuestas serias” y calificaron su misiva de “desesperada maniobra por atraer la atención internacional”, recalcando no estar dispuestos a formar parte de ninguna “pantomima”. Le reclamaron haber hecho pública la propuesta sin mediar una consulta, considerando esto “una falta de respeto”.

Marcos no se quedó callado e hizo nuevas aclaraciones. Una de ellas fue que los zapatistas habían lanzado su iniciativa sin consulta previa porque los zapatistas “no hacían acuerdos en lo oscurito”. No pretendían decirle a nadie lo que debía hacer y sólo habían pedido “una oportunidad a la palabra”. Si los de ETA no la querían dar, “ni modos”. A la afirmación que hacía ETA de que los niños y niñas del EZLN entendían todo sin palabras, Marcos les ripostó afirmando que los zapatistas trataban a los niños como tales y que era el poderoso quien, con su guerra, les daba trato de adultos. Por eso, los zapatistas sí les hablaban a sus niños y les enseñaban la palabra, junto con el amor y la dignidad.

Y una lección muy importante que les daban tenía que ver “con la enseñanza de pelear con la palabra”. Les hacían ver a sus niños que “las palabras no mataban, en cambio sí se podía matar a las palabras, y con ellas al ser humano”. Los zapatistas tenían mucho cuidado de enseñar a sus niños “la existencia de pensamientos diferentes a los cuales debían saber respetar”. Les advertían que había quienes pretendían que su pensamiento debía ser el único, y que perseguían, encarcelaban y mataban a los pensamientos que veían diferentes. Les enseñaban a hablar con la verdad, a hablar y a escuchar, porque “el que sólo habla y no escucha termina por creer que lo que dice es lo único que vale”.

MARCOS: A ETA “LE GUSTAN MÁS LAS TRAGEDIAS”

Otra precisión de Marcos se refería a la afirmación de ETA de no querer ser parte de ningún tipo de “pantomima”. Marcos la aceptó, entendiendo que a los de ETA les gustaban más “las tragedias”. Les recordó que los zapatistas no toman en serio a nadie, ni siquiera a ellos mismos, porque “quien se toma en serio acaba por pensar que su verdad es verdad para todos y para siempre”. Y les aclaró que el encuentro propuesto debería ser serio, lo cual se garantizaría por el hecho de que estaría organizado por las fuerzas políticas y sociales vascas, que fue a quienes los zapatistas habían propuesto realizarlo.

Resaltó Marcos que los zapatistas no tenían ni los medios ni la obligación de consultar a ETA antes de hablar, porque los zapatistas habían conquistado el derecho a la palabra, y para eso no tenían que pedirle permiso a nadie. No aceptaba que hubiera cometido una falta de respeto al pueblo vasco. “Debe ser porque el proponer darle una oportunidad a la palabra contraviene los intereses de quienes, desde posiciones aparentemente contrarias, han hecho de la muerte de la palabra su negocio y su coartada”. Negaba también estar desinformado. En contrapartida, demandaba a ETA que informara, pero al pueblo vasco. A la afirmación de que ETA representaba al pueblo vasco, contraponía una distinción: no es lo mismo el respeto que el miedo. Por su parte los zapatistas no alegaban representar a nadie, sino a ellos mismos: “No representamos a todo el pueblo mexicano, ni a la izquierda mexicana, ni a todos los pueblos indios de México”. Habían renunciado al papel de vanguardia y también a obligar a nadie a aceptar su pensamiento con otro argumento que no fuera la fuerza de la razón. Sus armas no eran para imponer ideas o formas de vida, sino para defender un pensamiento y un modo de ver el mundo y relacionarse con él.

Finalmente, Marcos dejaba sentado que el EZLN no necesitaba ni el apoyo ni la solidaridad de ETA. Porque la lucha de los zapatistas tiene “un código de honor heredado de sus antepasados que contiene, entre otras cosas, respetar la vida de los civiles, no acudir al crimen para allegarse recursos y no responder con fuego a las palabras”. El EZLN se refirió al final del comunicado de ETA que lanzaba un “viva Chiapas libre” para advertir que ellos no planteaban separarse de México, que querían ser parte de México, pero sin dejar de ser lo que eran. Por eso terminaron su comunicación con un “viva México con sus indígenas”.

“AMBIGÜEDADES” DE MARCOS PERJUDICARON A LOS ZAPATISTAS

Era imposible que la incursión de Marcos en las cuestiones de España no repercutiera en México. Miembros de la COCOPA dijeron que al EZLN le convenían más declaraciones nacionales que internacionales y exigieron al zapatismo aplicarse su demanda a las fuerzas políticas españolas, lo que implicaría abandonar el silencio y darle “una oportunidad a la palabra”. La Secretaría de Gobernación aseguró que no otorgaría ningún salvoconducto o beneficio fuera de la ley al líder del EZLN.

El obispo emérito Samuel Ruiz consideró que, finalmente, Marcos había dejado muy claro que la violencia no era el camino. El obispo de San Cristóbal, Felipe Arizmendi, apoyó el llamado de Marcos a la ETA y pidió al subcomandante predicar con el ejemplo y reiniciar las negociaciones en México. Aceptó que la primera carta, por sus “ambigüedades”, había perjudicado a los zapatistas. No obstante, le alegraba que rápidamente se hubiera deslindado de esos equívocos, pues el EZLN había dado muestras muy laudables de haber rechazado siempre el terrorismo, lo que era ejemplo para el mundo. El obispo manifestaba su apoyo a las causas justas del EZLN por ser las de los indígenas y las de los pobres.

LA VUELTA A LA PALABRA EN MÉXICO

En este contexto, el zapatismo inició el año 2003 rompiendo contundentemente el silencio que había guardado sobre la situación mexicana. Previamente, el Comisionado gubernamental para la Paz, Luis H. Álvarez, había hecho público que la información que había recabado en comunidades indígenas adheridas al movimiento zapatista corroboraba que las bases habían rebasado a algunos de los comandantes del EZLN en varias regiones. El Comisionado culpaba al zapatismo por la ausencia del diálogo y acotaba que ciertos sectores del zapatismo estaban siendo cuestionados por sus propias comunidades, al estar abiertas a la colaboración para instrumentar proyectos de infraestructura: caminos, producción y mejoramiento de viviendas. Consideraba que estos proyectos podrían implementarse con mayor rapidez si hubiera diálogo con los representantes del EZLN.

EL ZAPATISMO ESTÁ VIVO Y PERMANECE UNIDO

Mientras había permanecido callado, el zapatismo se había entregado a la tarea de fortalecer la autonomía en sus municipios. El primero de enero del 2003 unos 20 mil indígenas zapatistas provenientes de unos 40 municipios autónomos tomaron simbólicamente la ciudad de San Cristóbal de las Casas con machetes en las manos y encapuchados. Entre ellos aparecieron comandantes y “comandantas”, manifestándose así una dirigencia cohesionada que apoyaba a su vocero Marcos. Con sus discursos, los dirigentes zapatistas rompieron el silencio y dijeron lo que pensaban sobre la situación política y lo que pensaban hacer en el futuro.

Tomaron la palabra los dirigentes Tacho, David, Omar, Míster, Brus Li (sic) Esther y Fidelia. El acto fue para conmemorar los nueve años de aparición en público del EZLN. Quienes hablaron hicieron un repaso de los actores políticos y ofrecieron respuestas a cuestionamientos y rumores. Demostraron que el zapatismo no estaba difunto. La dirigencia zapatista denunció lo que denominó “una confabulación” de los principales partidos en contra de los indígenas. Acusaron a los partidos PAN, PRI y PRD de haber cerrado las puertas al diálogo y querer obligar a los zapatistas a quedar confinados en una guerra contra las fuerzas paramilitares.

El comandante Tacho ubicó cómo veían a los partidos. Del PAN dijo que era “un partido racista que utiliza a los indios como sus sirvientes”. Del PRI, que estaba sentido con el EZLN porque su aparición había implicado su derrota. Hizo ver que los zapatistas estaban lejanos a toda coyuntura electoral. Llamó “traidores” a los partidos, y equiparó al PAN con el PRI. Refrendó el rechazo al TLC con Estados Unidos y Canadá que habían manifestado los zapatistas desde el día en que entró en vigor, el primero de enero de 1994. Acusó a Fox de mantener una política similar a la de Zedillo.

La comandante Esther le dijo a Fox que el pueblo estaba “desencantado de sus engaños”. El zapatismo reivindicó su derecho a vincularse a las luchas en México y en otras partes del mundo. Por esto, manifestaron solidaridad con las luchas de los pueblos italiano y argentino, respaldaron la autodeterminación de Venezuela y rechazaron la política de
Estados Unidos.

En sus intervenciones rechazaron los rumores de que había una pugna interna entre los dirigentes zapatistas. “No estamos desunidos, ni peleados, no”. Se preguntaron por que estarían peleando entre ellos si todavía había contra quien pelear. Advirtieron al Comisionado gubernamental por la Paz, Luis H. Álvarez, uno de los propaladores de la versión de la desunión, que no le permitirían el ingreso a las comunidades zapatistas y que lo desconocían como mediador. Los zapatistas dejaron en claro que no querían programas asistenciales sino que se resolviera de raíz el problema de Chiapas. Y para deshacer cualquier especulación que pusiera en contradicción a Marcos con los indios, recalcaron que el Comité Clandestino respaldaba los comunicados y las acciones de Marcos. Al final, anunciaron “la globalización de la rebeldía y de la dignidad”.

EL EJECUTIVO NO SUPO QUÉ HACER

Reapareció el EZLN y el Ejecutivo no supo qué hacer. El Comisionado Luis H. Álvarez respondió que seguía abierto al diálogo y pidió al EZLN dar una oportunidad a la paz. Pero no hubo en sus palabras ni asomo de autocrítica a las razones por las cuales los zapatistas no confiaban en el gobierno. También entre los legisladores hubo desacierto. Algunos legisladores integrantes de la COCOPA, entre los que destacó la beligerancia de un perredista, acusaron a Marcos de haber arrinconado al movimiento indígena. Dijeron que Marcos era “un freno” y mentía a los indígenas. Esto, porque los zapatistas habían interpretado que Cárdenas había negociado el reconocimiento del triunfo de su hijo en la gubernatura de Michoacán a cambio de dar órdenes a los senadores perredistas para avalar la legislación indígena contraria a los acuerdos de San Andrés.

Ciertamente, había un exceso en esta interpretación de los zapatistas, pues la victoria electoral no dependió, como sucedía antes, de negociaciones cupulares sino que fue resultado de la libertad de los electores michoacanos.
La reaparición de los zapatistas obligaba a la COCOPA a convocar a una reunión urgente. Esta instancia de legisladores invitó de nuevo al EZLN a que fijara fecha y hora de una reunión para reactivar el diálogo, pero no abrió las puertas a la corrección de una legislación que había provocado el alejamiento de los zapatistas.

Los zapatistas no dejaron lugar a dudas en cuanto que nada esperaban ni del Estado, ni siquiera de partidos como el PRD, pues aunque en su momento sus diputados habían estado en contra de la aprobación de la Ley indígena, con el tiempo se habían olvidado de esa postura, pues seguían el juego jurídico de participar en su reglamentación.

A PALABRAS HUECAS, TAREAS Y RECLAMOS

Desde el poder se volvía a lo trillado de huecas y poco creíbles convocatorias a un diálogo que a nada había conducido, sino a la traición de lo acordado en San Andrés sobre cultura y derechos indígenas. Los zapatistas repudiaron un diálogo oficial nada confiable, prefiriendo optar por el fortalecimiento de su autonomía y por buscar diálogo y apoyos en un movimiento popular alternativo, lejano a la búsqueda de puestos electorales.

Simultáneamente, sigue creciendo por todo el país una combativa alianza de organizaciones campesinas independientes que se oponen a la entrada en vigor del apartado agrario del TLC, y que entre sus demandas incluyen el respeto a los acuerdos de San Andrés.

CORRESPONSAL DE ENVÍO EN MÉXICO.

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