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  Número 246 | Septiembre 2002
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Honduras

500 años en Trujillo: una fiesta desmovilizadora

Entre mayo y diciembre de 1502, en su cuarto y último viaje a América, Cristóbal Colón "descubrió" y recorrió la Costa Caribe de Centroamérica. Las celebraciones en Honduras fueron espectaculares y multitudinarias. También desmovilizadoras.

Ismael Moreno, SJ

El 14 de agosto se conmemoró en Puerto Castilla la primera misa que los conquistadores españoles celebraron hace quinientos años en tierra firme continental. Aunque formalmente se trató de un acto religioso, organizado por la Iglesia católica hondureña, en la celebración confluyeron casi todas las contradicciones de este país centroamericano. En Trujillo se expresó la devoción y confianza que mucha feligresía tiene en la Iglesia católica. También se expresó el notable distanciamiento entre un sector de la jerarquía católica y la vida y realidad de los pobres, y la notable cercanía de ese sector jerárquico con el poder del Estado y con la gran empresa privada. Se expresaron también las contradicciones que existen al interior de la Iglesia católica y la preocupación de uno de sus sectores por seguir apostando a la dimensión profética del cristianismo.

Solemnidad y represión

La misa conmemorativa fue un acto tanto religioso como político, una festividad tanto social como cultural. En Punta Caxinas -Puerto Castilla, como se le llama modernamente- se reunió la alta jerarquía de la Iglesia católica hondureña, acompañada de representaciones de otras jerarquías católicas de otros países, entre ellos el Arzobispo Primado de Santo Domingo, quien llegó en representación del Papa Juan Pablo II y se sentó en el estrado principal con los representantes de los tres Poderes del Estado, el Presidente de El Salvador, el representante del Rey de España y representaciones oficiales de diversos gobiernos de América Latina.

El escenario de la festividad fue debidamente resguardado por el ejército y la policía, que organizaron cuidadosamente la seguridad de los dignatarios, con un dispositivo que se extendió por los más de 600 kilómetros que dista Tegucigalpa del histórico puerto de Trujillo. El día previo a la fiesta, la policía reprimió violentamente una actividad de protesta organizada por productores cafetaleros en quiebra. Cuatro días antes del evento, el gobernador político del departamento de Colón -la cabecera departamental es Trujillo- expresó que no tendrían contemplación alguna con manifestaciones de indígenas y de maestros, que habían anunciado tomas de carreteras para hacer sentir sus demandas y protestas a las autoridades que asistirían al evento. Los días 12 y 13 de agosto, la carretera que conduce de Tocoa a Trujillo, unos 60 kilómetros, fue cubierta de decenas de tanquetas con el fin de disuadir a cualquier grupo que buscara desestabilizar la "loable actividad religiosa preparada por la siempre respetada Iglesia Católica", tal como expresó el gobernador político, quien en los tiempos de la seguridad nacional se expresaba de la Iglesia Católica como "enemiga de la democracia y aliada del comunismo internacional".

La idea nació desde abajo y desde adentro

En realidad, los festejos comenzaron con pequeñas conversaciones en la diócesis de Trujillo sobre cómo celebrar, dentro de la diócesis, un acontecimiento histórico importante para la vida de la Iglesia y del país. En la diócesis, nadie dudó en aprovechar la ocasión para realizar una reflexión seria sobre las luces y las sombras de la evangelización en estos 500 años, para definir la misión de la Iglesia en los comienzos del siglo XXI y los desafíos que la realidad hondureña le presenta a la Iglesia, para precisar los compromisos de una Iglesia pobre, laica y enraizada en la realidad social, económica, política y cultural de los pobres y excluidos del país.

Con estas ideas, se procedió a organizar un programa que incluyera diversas actividades que garantizaran lograr los objetivos propuestos. Se planificó una Santa Misión a realizarse en todas las parroquias de la diócesis con temas de reflexión en esas direcciones. El programa de la diócesis contemplaba una clausura en el mismo lugar en donde el 14 de agosto de 1502 Fray Alejandro celebró la primera misa en territorio continental americano. La diócesis de Trujillo invitó a toda la Iglesia hondureña a participar en esta fiesta y a hacer en ella un compromiso nacional.

Todos los meses del año antes del evento de agosto, las comunidades cristianas de la diócesis de Trujillo -que abarca los vastos departamentos de Colón y Gracias a Dios en la costa atlántica hondureña en donde también viven las poblaciones garífunas- vivieron un amplio proceso de reflexión.

Como parte de la programación del gran evento, los organizadores decidieron pasear la imagen de la Virgen de Suyapa por las parroquias para culminar con su presencia en la festividad final. Así, la festividad final, la del 14 de agosto, se entendió siempre en la diócesis de Trujillo como clausura del proceso de reflexión y como punto de partida para ir haciendo realidad los compromisos adquiridos durante ese proceso.

Una oportunidad y muchos oportunismos

En Tegucigalpa, la posibilidad de esta gran festividad fue recibida con buena voluntad en la arquidiócesis, y con oportunismo en la cúpula del gobierno y entre ciertos grupos de la gran empresa privada.

Para la arquidiócesis, la festividad se presentaba como una espléndida oportunidad para presentar una Iglesia unida y fuerte en momentos de creciente cuestionamiento a la credibilidad de la Iglesia Católica, a raíz de los juicios en marcha en los Estados Unidos por los abusos y perversiones sexuales de algunos sacerdotes, conocidos hasta en el último rincón de Honduras gracias a la globalización de las informaciones.

Para el nuevo gobierno, la festividad era propicia para legitimarse ante la feligresía católica, y especialmente ante la jerarquía, a escasos meses de asumir la administración del Estado, y cuando ya su desgaste y pérdida de credibilidad son tan grandes, que se corresponden a los que se generan tras varios años de gobierno. La festividad se le presentaba también al gobierno como una oportunidad para impulsar la industria del turismo en el Puerto de Trujillo. Junto con la industria maquilera y el sistema financiero, uno de los ejes centrales de la política económica del gobierno, en alianza con la gran empresa privada, es el sector turístico.

Finalmente, la celebración religiosa se presentó como anillo al dedo para la gran empresa privada que controla los medios de comunicación, interesada en ampliar alianzas con el gobierno, con políticos y con otros sectores para así construir la imagen de un país políticamente estable como un señuelo para atraer la inversión extranjera en momentos de notable crisis económica interna. "Nos duele la mezcla que se dio entre lo religioso, la industria turística y lo diplomático", dice la reflexión de la Conferencia de Religiosas y Religiosos del departamento de Yoro.

Todos estos factores crearon una mezcla que no sólo resaltó el triunfo de los conquistadores de hace quinientos años, sino que hizo protagonistas a los triunfadores del presente, ocultando tanto las sombras del pasado como las del presente. Triunfó así una Iglesia cercana a los grupos de poder, quedando opacada la que busca caminar humildemente con el pueblo pobre y sencillo.

Aunque la jerarquía quiso mostrar a una Iglesia fuerte y unida, lo que prevaleció fue la imagen de una Iglesia que se sienta donde se sientan los funcionarios públicos cuestionados por la sociedad por su falta de ética y por el uso del poder del Estado para sacar ventajas personales. Al destacar los medios de comunicación una fiesta desentendida de los problemas del país, la celebración religiosa pareció legitimar a grupos políticos desacreditados, lo que desacredita a la jerarquía de la Iglesia. De los medios de comunicación y de la propia festividad estuvieron totalmente ausentes los contenidos de la reflexión realizada por las comunidades cristianas de la diócesis de Trujillo. La vida, el caminar y el sentir de esta Iglesia local estuvieron ausentes.

"Sólo nos llevaron para hacer bulto"

La población se hizo presente en el escenario de la celebración desde el día anterior, 13 de agosto. El gobierno se había comprometido a garantizar agua a los miles de feligreses y a instalar letrinas. Los organizadores se comprometieron a construir hermosas champas para los obispos, sacerdotes y dignatarios. Y lo cumplieron. También decidieron levantar una enorme alambrada que separara a la feligresía de los concelebrantes en la misa y los dignatarios. Y lo cumplieron. Pero no entregaron ni una gota de agua a las miles de personas que se congregaron ni instalaron una sola letrina.

Hubo un especial interés entre los organizadores de Tegucigalpa en destacar en el evento a los invitados honorables del país y de otros países. Las cámaras de la televisión enfocaban rostro por rostro a cada uno de ellos, pero cuando enfocaban a la feligresía lo hacían en masa, sin acercar nunca el lente a ni uno solo de los miles de rostros asoleados, sudorosos, sedientos y ansiosos de palabras de esperanza y de cambio.

En masa, el pueblo sólo servía de espectador de una ceremonia organizada para una casta selecta de privilegiados y para consumo de los televidentes. "La televisión sólo presentó lo bonito -confesó a Envío una feligresa de una parroquia del norte hondureño-. Ojalá que la televisión se hubiera acercado a nosotros, especialmente cuando amanecimos en la explanada de la playa. No teníamos agua ni dónde hacer nuestras necesidades. Ellos, los presidentes, los obispos, los diputados y todos los que tienen altos puestos en el gobierno, tenían de todo. Y no es que sea malo que lo tengan. Pero si en la Iglesia nos han enseñado que todos somos hijos de Dios no debe haber diferencias entre nosotros, no es bueno que toda la gente estuviera abandonada, como dice el Evangelio como ovejas sin pastor. Sólo nos llevaron para hacer bulto".

Paseo, fiesta y contradicciones

A pesar de las dificultades, la población participó con fervor y entusiasmo. De acuerdo a la valoración de algunas de las religiosas, mucha gente se trasladó desde la capital entusiasmada por la fiesta y por el paseo. Mucha gente tuvo la oportunidad de conocer la costa norte de Honduras y el Puerto de Trujillo. Muchos no percibieron la manipulación triunfalista que se hizo del evento. "Mucha de la gente que fue de nuestras parroquias de la capital es gente acostumbrada a pasar hambre, no tiene nunca agua en sus casas y la letrina es un lugar aún inexistente. Lo que vivieron en Puerto Castilla es lo que viven con normalidad todos los días. Para ellos fue fiesta, porque aprovecharon la oportunidad de conocer", me comentó una de las religiosas que trabaja en barrios marginales de la capital.

Uno de los sacerdotes que participó del mismo sol que quemó la piel de miles de feligreses, resume así para Envío la actividad del 14 de agosto: "Esta celebración de los 500 años de la Primera Eucaristía en Centroamérica simbolizó la realidad de Honduras: los pobres excluidos de una suerte compartida, la jerarquía al lado de un poder que aplasta y deshereda a los humildes; los militares en vela para proteger los bienes y privilegios de la gente del gobierno... Y la Virgen de Suyapa, secuestrada por quienes tienen el poder".

Legitimando convicciones nocivas

Con el evento, la Iglesia contribuyó a legitimar uno de los sentimientos negativos más profundamente arraigados en la población hondureña: vivir conformes con la calamidad. Si es la Iglesia la que convoca y organiza, con más facilidad la población acepta con resignación el abandono y desprecio a los que se le someten. "Es lo que siempre nos hacen, porque nacimos para sufrir".

Los organizadores del evento dejaron constancia ante la población espectadora y ante las comunidades de la diócesis de Trujillo que aquel selecto grupo de personas sentadas en el estrado protegido por champas cuidadosamente construidas, es el que dirige la sociedad, el que resuelve los problemas, el que toma las decisiones, el que piensa por los demás, el que puede hacer favores a quienes se porten bien, no protesten y reconozcan su autoridad. Así, la Iglesia contribuyó a legitimar otro de los sentimientos nocivos arraigados en la población hondureña: esperar que de afuera y de otros vengan las respuestas a sus problemas.

Aunque mucha gente aprovechó el evento para conocer la costa de Trujillo, sin caer en la cuenta del maltrato y abandono a que fue sometida, mucha otra gente se congregó y participó con gran confianza en los líderes de su Iglesia. Muchos esperaban la voz oportuna de denuncia y de compromiso de quienes tienen la mayor responsabilidad en la Iglesia. No obstante, la palabra de los pastores fue genérica y elevada, conciliadora con la realidad injusta y desenraizada de la realidad de los pobres. Fue más un mensaje para la pasividad y el conformismo, sugiriendo que los problemas sociales y económicos, los problemas agrarios y de migración, la violencia y la inseguridad ciudadana debe cada quien resolverlos a su manera, sin organizarse para hallar respuestas comunitarias y solidarias. Así, la Iglesia contribuyó a profundizar otro sentimiento negativo arraigado en la población hondureña: vivir cada quien encerrado en su propia calamidad. Cada quien velando por su santo, cada quien rascándose su propio pellejo.

La raíz de caciquismos y autoritarismos

Guardando silencio ante los graves problemas que vive el país, sin decir ni una palabra sobre los problemas sociales y económicos, sobre la raíz de la inseguridad ciudadana, sobre la corrupción y la impunidad, la Iglesia se constituyó en legitimadora de esa nociva convicción de que mis problemas son míos y de nadie más, y los problemas sociales, económicos y políticos son de otros, unos otros que los resuelven cuando quieren y como quieren.

De esta mentalidad se nutren los caciquismos y los autoritarismos que contaminan las campañas electorales y los resultados de las elecciones. La gente vota, pero no por responsabilidad ciudadana. Vota porque no asume su propia responsabilidad para buscar solución a los problemas públicos y deposita un voto para que sean otros los que asuman, decidan y actúen en el terreno público. Esta mentalidad domina en los más altos organismos del Estado, y también en los barrios, en la elección de los presidentes de los patronatos. También impera en la estructura familiar. Se deposita el poder de decisión en una persona. Una persona que habla en nombre de la familia, del barrio, del país, una persona que usa los recursos de todos a su propio capricho y daña o premia según las filias o fobias hacia las personas a las que dice representar. Este modelo, del que se nutre la persona desde que nace, es el mismo que se reproduce en la sociedad: unas pocas personas convencidas de ser las propietarias del país y del Estado, de sus recursos y de las personas, deciden; y el resto se limita a obedecer, y en el mejor de los casos, a recibir premios de esta casta propietaria.

"Fue una llamarada de tusa"

El acontecimiento religioso celebrado en la costa atlántica hondureña ratificó lo que moviliza a los desmovilizados de la sociedad hondureña. Y uno de los factores más movilizador es el factor religioso. Y entre más bullas tenga el evento religioso, más convocatoria y entusiasmo provoca. Y la celebración de los quinientos años de la primera misa en tierra firme de América estuvo llena de muchas bullas. Así sucede en Puerto Castilla, donde la gente se moviliza semanalmente por diversas capillas, sean católicas o protestantes, buscando en lo religioso un espacio que le ayude a sobrellevar la difícil carga de su vida cotidiana. En todas estas movilizaciones, el entusiasmo es enorme, pero pasajero. La religión infantilizada de muchas bullas canaliza la evasión y esconde la impotencia ante los problemas reales.

"Lo de Trujillo fue una llamarada de tusa. Se armó una gran bulla y al final nos quedamos peor que antes. Antes teníamos la esperanza de que la Iglesia iba a definir compromisos para después del 14 de agosto. Ahora, pasó el entusiasmo, y al final quedamos con la frustración de saber que la Iglesia no se comprometió en nada con la gente más pobre. Sólo expresó compromiso con la gente de poder", dice una religiosa que estuvo en Puerto Castilla.

Organizado con la lógica de los espectáculos

Los patrocinadores del evento lo organizaron como un espectáculo. Como tantos predicadores evangélicos, que convocan a la gente hasta llenar estadios, prometiendo sanaciones a enfermedades como una manera de orientarla a poner su esperanza en acciones extraordinarias y sobrenaturales, y de alejarla de la búsqueda de respuestas sociales a sus problemas. La lógica con la que se organizó el espectáculo en Trujillo es la misma con que funcionan otros espectáculos de la política tradicional y el espectáculo más nacional y universal de todos, el del fútbol.

Cualquier propuesta de trabajo con los sectores populares debe proponerse el objetivo estratégico de contribuir a develar y a quebrar la lógica política e ideológica que se manifiesta en los espectáculos del tradicionalismo político, en el fútbol, en los eventos religiosos de muchas bullas y en ese rebusque permanente que tanto moviliza a la gente sólo para resolver las necesidades apremiantes de la mera sobrevivencia.

Urge un programa de participación ciudadana

Este objetivo estratégico demanda de la Iglesia y de todos los sectores que sueñan con una Honduras nueva, estos ejes de trabajo dentro de un programa de participación ciudadana:

Investigación y análisis

Es necesario escudriñar la realidad del país, los fenómenos desmovilizadores que ocultan y expresan el modelo de dominación y exclusión de los sectores sociales populares. Escudriñar los resortes culturales e históricos de la población hondureña que se constituyen en tierra fértil para las ofertas tradicionales. Escudriñar también la veta histórica, humana y cultural en la que se ha expresado la resistencia como factor de identidad nacional de la población hondureña.

Formación en conciencia crítica, política y transformadora.

Es necesario un proceso de formación permanente. No debe tratarse de una formación utilitarista, destinada a responder a necesidades inmediatas. Tampoco debe tratarse de formar activistas políticos o sociales. Se trata de formar a opositores permanentes al sistema y a facilitadores de procesos de transformación social. Para esto se han de organizar escuelas de formación fijas y móviles con estas temáticas: ética, derechos humanos, leyes, enfoque de género, análisis de realidad y metodología para hacer ese análisis, historia de Honduras, de los partidos políticos y de los modelos económicos, sociales y políticos, coincidencias y divergencias entre organizaciones populares y partidos políticos, vulnerabilidad social y ambiental, metodología de organización popular, identidad nacional y cultura hondureña.

Organización y gestión

Es necesario comprender la organización como un proceso de convocación, reunión, aglutinación, unidad, dinamización y gestión para que las personas y las comunidades busquen respuestas para sus problemas y para hacer realidad sus sueños.

Comunicación

Es necesario difundir palabras, análisis e ideas favorables a la participación ciudadana. Contar con medios propios ampliando su influencia en la sociedad e incidir en la opinión pública nacional haciéndonos presentes en los medios masivos vinculará la meta de participación ciudadana con toda la sociedad hondureña.

Movilización social y política.

Es necesario fomentar movilización social y política, recreativa, espiritual y cultural. Un programa de participación ciudadana no debe financiar nunca proyectos de ninguna índole, no debe ser un suministrador de recursos económicos. Debe ser un programa permanente e institucional que facilite insumos para la investigación, el análisis, la formación y la comunicación para que la gente crezca en respuestas organizadas y se haga responsable de sus propias decisiones.

Coordinación y solidaridad.

Es necesaria la apertura geográfica, superando los localismos. Se trata de insertarse en lo local y acompañar procesos locales pero con visión regional, nacional y centroamericana.

Derechos Humanos y lucha contra la impunidad

Es necesario hacer central la lucha por los derechos humanos y contra la corrupción y la impunidad. Se trata de brindar formación legal, asesoría en la defensa de los derechos de los sectores sociales en coordinación con otros sectores y con instancias nacionales e internacionales.

Soñemos ya la celebración del año 2502

"A Mecate Corto" la publicación mensual de los jesuitas de Honduras, concluyó así su reflexión sobre la conmemoración de los quinientos años de la primera misa celebrada en Centroamérica: "Soñemos en la celebración de los otros quinientos años. Será el pueblo pobre el que organice la fiesta, mientras los cardenales y obispos escuchan la palabra de los pobres. A nadie se le ocurrirá levantar cercos porque ya no habrán pobres ni habrán potentados. Sólo pueblos justos y dignos. Y si algunos se empecinan en vivir en sus riquezas, orgullos y poderes, entonces esos pocos tendrán que ver la fiesta desde el ardiente sol del mediodía, y con sus propias manos tendrán que repartir los huacales de agua para los sedientos. Será una fiesta por todos compartida. Todo mundo podrá comer de todo porque todos habrán llevado un poquito de conqué para compartir. Y entonces, en el 2502, sin cercos y sin otras separaciones, el pueblo entero celebrará la misa de un continente justo y solidario".

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