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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 245 | Agosto 2002
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Nicaragua

¿Cómo salvar el bosque? Haciendo fincas, cortando árboles

La ecología tradicional domina el pensamiento e influye poderosamente en leyes, políticas y decisiones que se toman en el Norte para preservar los bosques de los países del Sur. Para preservar los bosques de Nicaragua. La nueva ecología desafía los mitos de la ecología tradicional y puede resultar fundamental para los países del Sur. Para Nicaragua.

René Mendoza Vidaurre

Tumbando el bosque para sembrar maíz y frijoles, cultivar café y criar ganado, las familias campesinas pasaron en menos de cuarenta años de ser heroínas a ser villanas. Después que la ganadería fue fomentada y financiada por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo -¡el mercado estadounidense demandaba carne de res en abundancia para sus hamburguesas!-, ahora tan sólo la práctica de quemar la tierra para preparar la siembra es un acto penalizado. Muchos cambios. Pero la misma injusticia. Ayer y hoy, las familias campesinas e indígenas siguen perdiendo sus tierras. Sólo cambian los discursos, traducidos en leyes y en políticas. Antes perdían sus tierras porque se oponían al progreso, ahora las pierden por ser conservacionistas.

En estos mismos cuarenta años, explicaciones y soluciones arrojan nuevas interrogantes. ¿Por qué declarar grandes áreas de reserva natural en América Latina, donde no existen animales grandes para esos hábitats? ¿Por qué afirmar que los bosques se van acabando al ritmo del crecimiento de la población? ¿Por qué se han convertido en una especie de palabra divina frases como "a más áreas de bosque más biodiversidad", "las áreas protegidas son la mejor invención humana para salvar los bosques" o "la no intromisión humana garantiza una naturaleza virgen"? ¿De dónde provienen estas creencias?

En las áreas de bosque viven hoy mayoritariamente familias indígenas, y es en estas áreas donde también estallan profundos conflictos sociales. Es el caso de la frontera agrícola de Nicaragua, del Chapare en Bolivia, de Chiapas en México, de zonas de Paraguay y Ecuador, de las zonas amazónicas del Brasil. Choque de culturas, bosque y violencia. La visión de la ecología dominante recrudece aún más los conflictos. Precisamos de un nuevo enfoque para observar y valorar lo que tenemos, lo que somos y lo que soñamos. La nueva ecología emergente puede resultar fundamental para los países del Sur.

Antes de Darwin y aún después de Darwin: equilibrio y proceso lineal

El surgimiento y desarrollo de la ecología como una nueva ciencia coincidió con la revolución industrial y con el florecimiento del pensamiento intelectual, ambiente donde también nació la antropología. Una de las nociones más influyentes antes del surgimiento de la ecología asumía que el ecosistema progresa continuamente en un proceso de evolución y en una serie de etapas, una tras otra, hasta conseguir un estado de maduración y de equilibrio relativamente permanente. Un bosque en estado de "equilibrio" es el formado por diversas especies y árboles de diferentes edades, donde los más viejos dominan el área y son reemplazados al morir por los más jóvenes. Muchas otras nociones de esta etapa inicial hablan de balance, de homogeneidad de las especies, de autocorrección de los ecosistemas, de una naturaleza autorregulada que se cuida a sí misma. La noción de "cambio" se entiende únicamente desde adentro y en dirección lineal, sin requerir de una intervención externa. En un escenario así, los seres humanos juegan un rol menor, un rol "natural" y no interventor. El que juegan, por ejemplo, al controlar el fuego. Se asume que la acción humana sobre una Naturaleza ordenada y armoniosa, constante y estable, imperturbada y autorregulada, resulta destructiva. Con todas estas características, la Naturaleza resulta predecible.

A través de los siglos se desarrollaron muchos conceptos ecológicos en base a estas presuposiciones. El genial Charles Darwin, con su hallazgo de la competencia como inescapable ley de la Naturaleza, y de la evolución para lograr la selección natural como "hilo rojo" que explica toda la Naturaleza, influyó poderosamente en los pensadores que le siguieron. Para Darwin, la Naturaleza es una "red de complejas relaciones" donde sobreviven los individuos y las especies, y la economía de la Naturaleza es un sistema de "lugares" donde cada especie lucha por ocupar un lugar. Como efecto de esta lucha se beneficia el conjunto de la Naturaleza. A pesar de que con éstas y otras ideas revolucionarias Darwin quebraba los principios de la vieja ecología, sustituyendo la creación por la evolución como clave para entender, lo que obligaba a mirar en una dirección no lineal, aún después de Darwin se siguió concibiendo la evolución en un sentido gradual-lineal, etapa por etapa, y sin tener en cuenta la necesidad de la intervención externa.


El orden divino y el universo perfecto: un pardigma dominante y aún presente

Tres metáforas sobre la Naturaleza han sido paradigmas dominantes de la ecología tradicional: la Naturaleza como una criatura divina, como un organismo, y como una máquina. Hasta muy recientemente en la historia humana, filósofos y teólogos, y toda la gente común, concibieron la Naturaleza como una creación de Dios, expresión del orden divino. En este "orden", todas las especies tienen un lugar en el mundo, incluyendo a los depredadores, que mantienen las poblaciones estables y constantes. Los textos de la Biblia revelan ese orden. Antes de la era cristiana, Cicerón, Platón y Aristóteles pensaron en una Naturaleza ordenada, hermosa, destinada a satisfacer las necesidades humanas. Y después, y hasta muy avanzado el siglo XIX ése fue el paradigma dominante: una Naturaleza divinamente ordenada, y unos seres humanos puestos por Dios en la naturaleza para subordinarla, para beneficiarse de ese orden y para mantenerlo.

Cuando los avances de la ciencia en el último siglo permitieron a los científicos descubrir la complejidad del universo, tan bien medido todo para el desarrollo de la vida, y aunque la ciencia en el siglo XX ya trata con el qué y el cómo y no con el por qué de la metafísica y la religión como en la antigüedad, algunos científicos contemporáneos siguieron concluyendo que el diseño de un universo tan "perfecto" obedecía a algún propósito "divino". Así, la idea de un universo perfectamente estructurado para la vida-cercana a la idea previa, la del universo divinamente ordenado-, ha persistido debajo de la superficie, influyendo veladamente en las interpretaciones que aún hoy hacemos del medio ambiente y del rol de los seres humanos en él.

El organismo y la máquina: la obra del Artista o la obra del Ingeniero

Desde los tiempos antiguos, la Naturaleza fue vista también como lugar de peligros y riesgos, lugar del mal, inspirador de temores. En los textos bíblicos y en los filósofos de la antigüedad se hace presente esta línea de pensamiento. Las evidencias sobre la lucha por la comida, la fiera competencia entre las especies por el territorio y los recursos, sirvieron a Darwin para moldear su teoría, destinada a revolucionarlo todo. Siguiendo las ideas de Darwin, muchos que hoy llamaríamos "científicos sociales", como el inglés Spencer, consideraron la sociedad humana como un "organismo social" donde sobreviven los más fuertes. En ese proceso no hay necesidad de intervenir: después de concluida la competencia queda establecida la armonía. El paradigma del "organismo" expresa un giro frente a la anterior visión: en la Naturaleza, obra perfecta de un creador perfecto, existe una lucha a muerte, y en esas convulsiones se expresa la Naturaleza como un organismo vivo, reflejo del poder de Dios.

El tercer paradigma es el de la Naturaleza-máquina. En el siglo XVII y XVIII, siglos de la revolución industrial y de la emergencia de las máquinas, Newton y Kepler aportaron nuevas ideas y demostraron que el sistema solar, y en él la Tierra, operaban con la sincronización "de un reloj". Para algunos, esta transición -del punto de vista orgánico al punto de vista mecanicista- significó "la muerte de la Tierra". En palabras de Daniel Botkin, el desarrollo de las ciencias modernas, comenzando con la física, llevó a un cambio en las metáforas, pero más profundamente a un cambio en la explicación: de una creencia en la Tierra como un organismo creado por el Gran Artista pasamos a una creencia en la Tierra como una magnífica máquina inventada por el Gran Ingeniero. A pesar del giro, permaneció una visión teológica: si el universo era un reloj, había un relojero.

En esta explicación mecanicista, la Naturaleza, como buena máquina aceitada, tiene la capacidad tanto de mantenerse en una etapa-estacionaria conservando un balance, como de poder ser rediseñada por los seres humanos. Y, dado que cuando una máquina se daña puede ser reparada, entonces el futuro de la Naturaleza es predecible. Surge así la idea de que la ciencia y la tecnología, en lugar de Dios o de la Naturaleza misma, pueden reorganizar la Naturaleza superando sus ineficiencias o neutralizando su competencia anárquica. El mundo biológico queda así reducido a un sistema mecánico.

Estas tres imágenes de la Naturaleza han dominado consistentemente el pensamiento de la humanidad traduciéndose en distintos conceptos. Mirada con estos tres "lentes", la Naturaleza aparece fija a través del tiempo, predecible y, aun si es sometida a un proceso de evolución, éste siempre es lineal. Tan poderosas tres metáforas comparten un mismo punto de vista: el equilibrio de la Naturaleza sin la intervención humana.

Trampas y vacíos del "discurso sobre la deforestación"

Los conceptos de la ecología tradicional han sido muy influyentes en los países del Sur. Muy influyentes en Nicaragua, donde el fracaso del bosque también puede explicarse por la vigencia de dos mitos. El primero -derivado de las perspectivas de la ecología tradicional- : creer que es necesario crear y mantener grandes áreas protegidas de bosques. El segundo: creer que los bosques pueden subsistir sin que nadie los toque. La lógica de la actual Ley Forestal de Nicaragua está basada en esos dos mitos, de ahí su afán de control y su meta de "lo grande".

Impulsado por los conceptos de la ecología tradicional, se ha ido extendiendo por el mundo un "discurso sobre la deforestación" basado en datos presentados por organizaciones internacionales: FAO, World Resource Institute, World Conservation Monitoring Centre, a partir de los cuales se fabrican mapas basados en estadísticas del Geographical Information Systems, que explican cómo los bosques se han reducido con el paso del tiempo y como la deforestación se ha ido extendiendo por el planeta como una peligrosa mancha de aceite. Estas informaciones señalan siempre como causa de esta "tragedia" la intervención humana: el crecimiento de la población, las migraciones, las actividades agrícolas y ganaderas. Estos mapas sólo señalan las grandes áreas de bosques o las áreas sin bosque... y nada más. Como si no hubiera nada en el medio. No tienen en cuenta las pequeñas áreas de bosque, los grupos de árboles en las fincas, la agroforestería o las combinaciones de bosques y pastos. Todo esto lo consideran áreas deforestadas.

Las leyes y acuerdos internacionales respiran este mismo espíritu, generado por una visión estática de la Naturaleza. Los datos e investigaciones producidos bajo ese paraguas replican ese espíritu. Los acuerdos internacionales tienden a reconocer únicamente como "bosques" las grandes y compactas áreas de árboles, y presionan a los gobiernos del Sur para que protejan esas áreas de la intervención humana. En Nicaragua, las políticas forestales obstaculizan que las familias campesinas aprovechen los propios árboles de sus fincas. Y actividades como cortar árboles, quemar áreas de siembra u obtener leña son penalizadas.

Las políticas públicas se orientan a lograr el "clímax natural" ecológico. Por doquier se proponen dos tipos de políticas. Inspirados en el modelo de reserva natural que existe en los Estados Unidos, los gobiernos de los países del Sur establecen "áreas protegidas" en sus remanentes de bosques, ríos y manglares. Después, estas "áreas protegidas" son clasificadas en zona central y zona de amortiguamiento, siguiendo a menudo el enfoque de Gestión Comunitaria de los Recursos Naturales (Community Based Natural Resource Management), que considera que la misión de los humanos es restaurar la degradación de los recursos naturales, haciendo "contratos con la Naturaleza". Habitualmente, estas políticas se diseñan en base a criterios como éstos: más grande el área, más aislada la región y más homogéneo el ambiente, mejor para la biodiversidad; menos intervención humana, más estabilidad. En consecuencia: más aislamiento y pobreza de las poblaciones que viven dentro de los bosques, mejor conservación del bosque. En la actualidad, son abundantes las pruebas que desmienten estos criterios, que tanto peso tienen en leyes, acuerdos y políticas, y que mantienen en su trasfondo una perspectiva estática de la Naturaleza.

Mientras esto sucede, la degradación de los recursos naturales avanza por todo el mundo. Muy probablemente la visión tradicional acelera este proceso. Los conceptos y presupuestos tradicionales se basan en simples pero poderosas creencias. La misma ciencia fue usada para producirlas, y con ellas se construyó el "discurso de la deforestación". Hoy debemos hacer un alto: si la ciencia actuó para crear un fetiche, ¿cómo privilegiar las observaciones de la realidad para producir un nuevo conocimiento basado en métodos científicos?

¿Cuál Naturaleza es la más natural: la de hoy o la de hace siglos?

El enfoque de la "nueva ecología" fue propuesto por Zimmerer, Botkin, Scoones y McIntosh. En este enfoque lo central es una Naturaleza moldeada por los seres humanos, caracterizada por la incertidumbre, la complejidad y la variabilidad, constantemente perturbada y en continuo cambio a través del tiempo y del espacio.

La consecuencia de este enfoque es otro tipo de gestión: explotar la Naturaleza para preservarla; interconectar parches de bosques y controlar los incendios forestales, en lugar de fomentar grandes áreas y suprimir el fuego; buscar la población mínima y no la máxima para prevenir la extinción de las especies. En fin, fomentar la intervención humana de forma directa y responsable, en vez de imponer la política pasiva de "manos fuera" (hands-off) o de "dejar hacer" (laissez-faire).

En la Naturaleza ocurren continuos cambios, tanto en largos como en cortos períodos de tiempo. Sobre los largos períodos, es clásico el muy estudiado caso del área de Boundary Waters Canoe, en Minnesota, Estados Unidos. Hace unos nueve mil años esta área estaba dominada por bosques de abeto. Poco después, los abetos fueron sustituidos por pinos de nanjea (jack pine) y pino rojo. Mil años después predominaba el abedul de papel, y el aliso inmigró dentro del bosque. Y otros mil años después, llegó el pino blanco a alguna parte del bosque y comenzó a ser dominante. En cada período, el tipo de Naturaleza fue diferente. Si esto ha sido así en ésta y en tantas otras áreas, ¿cuál naturaleza es la más "natural", cuál Naturaleza es la que se quiere realmente proteger, cuál Naturaleza es la que merece ser conservada, a cuál Naturaleza le damos oportunidad para sobrevivir?

Cuando un área es legalmente declarada área de reserva, se asume que esa "Naturaleza" es un producto natural, que está en su etapa-clímax o que se halla en camino a esa fase. Pero eso no es así. La nueva ecología plantea que esa Naturaleza no es la misma de hace cincuenta años ni la misma de hace cien años ni mucho menos la de hace mil años.

Las sabanas africanas, en donde nació la humanidad, han conocido muchísimas "naturalezas" con dominio de diversas especies y ecosistemas. El paisaje ha estado siempre cambiando. ¿Cuál Naturaleza defender ahora, la de 1980, la de 1920 o la del siglo XIX? Todos estos paisajes fueron diferentes. ¿Los intereses de quiénes defender? Donantes y visitantes pueden definir su meta: una sabana estable con prados de pastoreo salpicados de determinados árboles que fueron comunes hace veinte años. Esto estaría bien, pero ésa sería una Naturaleza diseñada según las expectativas de esos visitantes-donantes.

¿Cuál Naturaleza proteger y defender?

Con asesoría sueca, e inspirado en el modelo de Chile, a mediados de los años 80, el gobierno de Nicaragua buscó plantar bosques de pino en la Costa Atlántica, cuando sólo se necesitaba de un poco de ayuda del fuego para que nacieran esos pinos. Ahora, la "moda" es penalizar el fuego. Pero en algunas áreas esto significa que no habrá bosques de pino, lo que a su vez significa que algunas aves no podrán hacer sus nidos, lo que significa condenarlas a la extinción, y también privilegiar otro tipo de vegetación.

Cuando un Estado declara área de reserva un área silvestre para protegerla, si sucediera que todas las especies se concentraran en esa única área de reserva, correrían el riesgo de desaparecer al ocurrir desastres como los huracanes. Todo esto nos muestra que la complejidad es muy grande. ¿A quiénes proteger? ¿Cuáles árboles y cuáles animales representan a la Naturaleza? Siguiendo la ecología tradicional habría que responder que hay que dejar trabajar a la Naturaleza. No sirve esa respuesta. Dejarla trabajar es también decidir qué especies sobrevivirán y qué especies dominarán a las demás. Suprimir el fuego significa que algunas especies de árboles no crecerán más y que otras sobrepoblarán el territorio. Lo mismo pasa con las actividades madereras:algunas especies desaparecen y darán lugar a otras, y donde no estén los árboles crecerán los pastos.

Partiendo de este punto de vista, la cuestión clave es decidir cuál Naturaleza y cuáles recursos naturales van a ser protegidos, por qué y para quiénes. Para decidirlo, necesitamos entender qué es más apropiado para un determinado país, para un determinado municipio, para tal o cual grupo de personas. Y entonces, surgirán nuevas preguntas. Una especie de árbol con mucho valor puede ser preferida en base a criterios económicos, pero teniendo en cuenta también sus múltiples efectos para la sobrevivencia de aves y animales. La decisión de proteger determinados recursos naturales nos conduce a decidir también sobre su cantidad. Esto significa que para prevenir riesgos de extinción, es necesario cosechar (explotar) esos recursos, una lógica que va exactamente en dirección contraria a la perspectiva que nace de la ecología estática.

La Naturaleza ha sido moldeada por los seres humanos

Después de definir el propósito de preservar determinada Naturaleza, el problema es cómo hacerlo. Para responder, necesitamos entender primero las bases teóricas fundamentales de la nueva ecología. Ponemos la primera de estas bases cuando entendemos que la Naturaleza ha sido y es moldeada por todos los seres vivientes, también por los seres humanos. Desde los tiempos primordiales, cuando las algas verdiazules comenzaban a llenar de oxígeno una atmósfera que carecía de este elemento que hoy nos es vital, los seres vivientes han transformado continuamente la Naturaleza.

Hay montañas de ejemplos. Los incendios forestales han sido una de las vías más frecuentes e importantes de la intervención humana en la Naturaleza. Las poblaciones indígenas de todas las culturas han usado desde tiempos inmemoriales el fuego para aclarar los bosques y facilitar la caza y los desplazamientos, también para lograr espacios para sus prácticas religiosas. El fuego afecta a algunas especies y favorece a otras, según unas áreas u otras. El impacto del fuego varía dependiendo de las condiciones ambientales: viento, tipo de bosque, tipo de especies y edad y heterogeneidad de éstas. Influyen también los propósitos humanos al desatar ese fuego.

La introducción de agentes patógenos -virus, bacterias, hongos- y de enfermedades, al igual que las guerras y los sistemas de colonización, han tenido consecuencias no sólo en los humanos, también en animales y plantas. A fines del siglo XIX, la introducción en África de un patógeno exótico, el rinderpest, originó una devastadora mortandad en el ganado, lo que afectó los pastos y benefició elsurgimiento de árboles en las praderas. La reducción de la población americana por la introducción de enfermedades europeas con la conquista y la colonización del Nuevo Mundo durante los siglos XVI y XVII trajo, entre otras consecuencias, la reducción de los incendios forestales y con ello, se produjeron importantes cambios en grandes áreas del continente.

La introducción en América Latina y en los países africanos de diversas especies de árboles y de ganado de Europa tuvo importantes efectos en la redefinición de multitud de paisajes. Los cambios en la vegetación, siendo ésta hábitat de muchas especies, produjeron cambios en las especies. Algunas se extinguieron, otras migraron y otras lucharon por dominar el nuevo hábitat, en un constante movimiento poblacional de especies. Todo cambió. Y a su vez, resulta obvio que la Naturaleza que los europeos encontraron en América o en África ya era un "producto humano".

La extracción de madera en la Reserva de la Biosfera de Bosawás, en el Norte de Nicaragua, se viene dando desde hace más de un siglo. En el municipio de Bonanza, la empresa minera requirió sistemáticamente de madera desde 1880, y construyó caminos exclusivamente destinados al transporte de madera en zonas que hoy en día son áreas protegidas. Centenares de indígenas y mestizos extrajeron chicle de millones de árboles de tuno durante las décadas de los años 40 y 50 en áreas que hoy pertenecen a la Zona Núcleo de Bosawás. Se trata, pues, de una reserva que cuando fue declarada como tal no era "pura" y llevaba muchísimo tiempo transformado por la continua intervención de los seres humanos.

Las actividades agropecuarias y madereras originan impactos diversos. Cultivos como la soya, el ajonjolí, el algodón y la caña de azúcar requieren normalmente de áreas vacías para lograr alta productividad, mientras que el café, el cacao, los árboles frutales y los cítricos pueden crecer productivamente combinados con diferentes cultivos, incluso mezclados con árboles maderables. Todas las formas de ganadería doméstica no son iguales. Las cabras se alimentan de cualquier planta que encuentran en su camino, mientras que las vacas comen sólo grama y algunos tipos de plantas. Los efectos de uno o de otro cultivo o de uno o de otro ganado en la transformación de la Naturaleza son claramente diversos. Por no hablar de los diversos efectos que causan las varias combinaciones entre plantas y animales, las tecnologías empleadas y las organizaciones sociales que sustentan esos cultivos y esas tecnologías.

La interacción naturaleza-humanos ha sido tan continua en el tiempo y resulta tan profunda que es lógico concluir que la Naturaleza es un producto tanto natural como social. Existen, claro, diferentes tipos de intervención humana: la no intencional y la intencional (suprimir determinadas políticas, explotar recursos naturales sin considerar su conservación, etc.). Por esto, la cuestión no es tanto si intervenir o no intervenir, sino cómo hacerlo de la manera más apropiada.

La Naturaleza vive continuamente sometida a perturbaciones y al caos

Otra base de la ecología moderna la ponemos cuando entendemos que en la Naturaleza no existe un único equilibrio, sino varios. Que la constancia y la estabilidad no son características de la Naturaleza, y sí lo son la perturbación y el caos, generadores de grandes variaciones en el tiempo y en el espacio. Paradójicamente, la Naturaleza puede encontrar su "balance" a través del "desbalance".

La perturbación se define como "cualquier evento relativamente discreto en el tiempo que irrumpe en el ecosistema, en la comunidad, en la estructura de población, en los recursos de cambio, en la disponibilidad del sustrato o en el ambiente físico". La acción de la perturbación significa una interrupción y nos impide concebir el progreso como un proceso lineal. Son muchos los factores que originan las perturbaciones. El fuego, tanto el provocado por los seres humanos como el que provocan los rayos. Eventos como los huracanes y tifones, las erupciones volcánicas, las inundaciones. Enfermedades por plagas o insectos que afectan a árboles, a animales y a los seres humanos. Y la intervención humana directa con actividades productivas o de extracción maderera.

El alcance de estas perturbaciones se calcula en términos de tiempo y de espacio. Cuando alguna perturbación cubre áreas extensas, puede causar afectaciones durante una década o incluso durante todo un siglo. La irrupción de la viruela en América redujo notablemente, y para siempre, las poblaciones autóctonas. Los incendios forestales de 1998 en Nicaragua, por efecto del fenómeno climático de El Niño, afectaron grandes áreas, y hasta hoy se sienten sus efectos. Poco meses después, el huracán Mitch modificó la geografía centroamericana en varios puntos, desplomando cerros, lavando tierras y desviando el cauce de los ríos. Los grados de heterogeneidad de los paisajes pueden aumentar o reducir los efectos de las perturbaciones. Las características de las especies -su historia, edad y variedad- deben ser tomadas en cuenta para calcular los efectos. La variabilidad climática favorece o desfavorece determinados ecosistemas, con la emergencia o la desaparición de algunas especies.

En la Naturaleza, las perturbaciones no son la excepción, son la regla. Fuegos, pestes, huracanes, tormentas, sobrepoblación de animales en un lugar o en otro: todo esto está datado desde los tiempos más antiguos. Además, dependiendo de ciertas características de algunos ecosistemas, las perturbaciones son una necesidad. Algunas especies necesitan de los bosques claros, aclarados por efecto del fuego, para desarrollarse. Un corte de árboles bien seleccionado puede reducir los efectos de una tormenta. Los incendios forestales anuales pueden crear problemas, pero si se producen cada diez años pueden ser necesarios para dar vida a ciertas especies. Cuando las perturbaciones se entienden como la regla y no como la excepción, el caos puede ser considerado como la situación normal de la Naturaleza, la situación que garantiza su preservación.

La Naturaleza varía en un constante proceso de cambios

La existencia de perturbaciones y de caos, y su necesidad, implican que la Naturaleza varía constantemente en el tiempo y en el espacio. Las variaciones en términos de tiempo resultan obvias y abundan los ejemplos. La variabilidad en el espacio la expresan diferentes factores. Como todas las especies vegetales compiten por la luz del sol, por el agua y los minerales del suelo, compiten también por el espacio. Algunas especies de árboles son más exitosas que otras en esta competencia, y esto hace variar constantemente los paisajes. Por otra parte, todo territorio acoge a diferentes especies de árboles que emigran hacia él. Nuevas semillas de otras regiones llegan con las inundaciones. Algunas semillas más livianas viajan con el viento y las más pesadas con los pájaros.

Los seres humanos también las introducen. Este flujo de semillas es una de las vías para que los paisajes vayan variando, cambiando. Las actividades madereras también contribuyen a la variabilidad de los paisajes. Algunas especies desaparecen porque en esas actividades no se dejan árboles semilleros. Los cambios también pueden generarse por erosión y por la extinción de especies -algunas especies de árboles que crecen debajo de los árboles mayores mueren cuando éstos son talados-. Con las actividades agrícolas y ganaderas, los productores permiten algunas especies de árboles en lugar de otras, destroncan algunas áreas y otras no, y también asocian algunas especies. Todo esto hace muy variable a la Naturaleza, que no es sólo sujeta de cambios, sino que requiere de los cambios.

La Naturaleza es compleja y por eso impredecible e incontrolable

Si las perturbaciones y el caos son la regla, y en consecuencia la Naturaleza es altamente variable, la Naturaleza que surge de un proceso así es impredecible y tal vez incontrolable. La complejidad, la incertidumbre y un permanente desafío basado en el riesgo-oportunidad parece ser algo inherente a la evolución de la Naturaleza.

¿Cuánto influye el medio ambiente en las especies de árboles-animales, y cómo éstas influyen en el medio ambiente? De muchas maneras. Un bosque abierto facilita la vida a algunas aves y a otras no. Los bosques densos protegen a ciertos mamíferos. Las especies resistentes al fuego dominan el bosque tras los incendios forestales, lo que aumenta el número de animales y aves que tienen en estos árboles dominantes su hábitat. Cuando no hay fuego, son otras aves, árboles y animales los que prevalecen. Si todos los cedros bebé quedan sin árboles maduros a la par, sufrirán efectos negativos en su forma y en su calidad por la falta de competencia. Otros cedros mueren cuando en la plantación sólo viven cedros bebé porque éstos favorecen la expansión de plagas. Cuando ocurren inundaciones, algunas especies de árboles no pueden resistirlo. En cambio, muchas otras especies se benefician con los nutrientes y minerales que reciben arrastrados por las aguas. Apreciaremos la complejidad si tenemos en cuenta la interdependencia de unas especies compitiendo con otro grupo de interdependientes especies.

En el bosque, la competencia entre especies genera ganadores y perdedores. Victorias y derrotas de todo tipo. Algunas especies mueren, otras dominan, algunas crecen más rápido, otras migran rápidamente, algunas crecen lentamente y apenas sobreviven, algunas expanden sus semillas, otras "deciden" crecer protegidas por sus predecesores. Todos los árboles tratan de adaptar sus estrategias a las nuevas condiciones e incluso aprenden a "cooperar" con otras especies o entre individuos de la misma especie, consiguiendo aliados y amigos que les permitan adaptarse a los cambios del medio ambiente y así recrear nuevos nichos de vida. Este conjunto de relaciones que se establecen en las áreas forestales, en dependencia del tamaño, la edad y el vigor de las especies, es sumamente complejo. Por su parte, los árboles afectan y hasta transforman los factores ambientales: la intensidad de la luz, la temperatura, los nutrientes del suelo. Y la población vegetal dominante condiciona la predominancia de unas o de otras especies animales. Por su capacidad de fijar carbono, los árboles realizan incluso un auténtico "servicio público".

¿Cuánto afecta la diversidad de intereses de los seres humanos a la Naturaleza? Aquí la complejidad nos desborda. Cada población humana tiene intereses muy diversos, y la prevalencia de algunos intereses afecta más a la Naturaleza. En las fincas grandes y en los sistemas de latifundio que privilegian el monocultivo -pastura extensiva, ajonjolí, caña de azúcar, soya, algodón- predominan las áreas sin árboles. En cambio, las pequeñas fincas favorecen las áreas diversificadas con parches de bosque. Existen otros choques de intereses, aún mayores. El que ocurre, por ejemplo, cuando unos sectores del Norte insisten en preservar los bosques del Sur, mientras otros sectores demandan las preciosas maderas del Sur para objetos de consumo.

La incertidumbre: una compañera natural

Si la Naturaleza es tan variable y tan compleja, ¿es posible predecirla? En la ecología tradicional, la predicción se daba asumiendo que la Naturaleza es estable, constante y evoluciona hacia una "etapa-clímax". Existía así un sentido de certeza que hacía a la Naturaleza no sólo predecible sino controlable. Según Botkin, la edad clásica y mecanicista de la Naturaleza fue infalible, predecible y cómoda, aunque no excitante. Cada cosa estaba en su lugar, y cada evento futuro era exactamente calculable. Al ser desafiadas estas certezas, emergió la incertidumbre y la Naturaleza se reveló difícilmente predecible recordándonos aquel viejo adagio: "Nada es cierto salvo la muerte... y los impuestos".

¿Hacia donde va la Naturaleza? El dualismo área forestal-área deforestada no calza en la nueva ecología. En la nueva ecología la Naturaleza se transforma constantemente expresándose en diferentes paisajes y bosques. ¿Qué tipo de bosque tendrá el Hutchinson Memorial Forest dentro de cien años? ¿Qué tipo de sabana prevalecerá en África dentro de dos décadas? ¿Qué áreas forestales tendremos en Nicaragua a mediados de este nuevo siglo? ¿Se mantendrá un número fijo de animales y de aves en las actuales áreas de reserva natural? La respuesta más aproximada es ésta: habrá paisajes diferentes a los que hoy vemos, habrá poblaciones de animales diferentes a las que hoy existen. Hay que señalar también que hoy se va reduciendo significativamente lo impredecible por el avance y mejoramiento en las metodologías científicas. Las predicciones de los cambios climáticos, por ejemplo, son cada vez más aproximadas y esto permite tomar medidas de precaución. Sin embargo, el desafío del cambio constante siempre estará ahí y la incertidumbre será siempre nuestra compañera.

Los riesgos se pueden transformar en oportunidades

Entre los riesgos a los que la Naturaleza nos enfrenta están, en los extremos, la muerte y la extinción. Las oportunidades emergen con el dominio de nuevas especies. En la nueva ecología la biosfera no es ni una máquina ni un espacio sin vida. Es un sistema de vida-apoyando y de vida-conteniendo cualidades orgánicas. Los riesgos y oportunidades se suceden constantemente por causa de una gran variedad de factores. Sin embargo, en el mundo en el que vivimos, donde tan poderoso Caballero es Don Dinero, un mundo dominado por los intereses comerciales, aunque las oportunidades son grandes, los riesgos lo son también, y esto debe conducirnos a una institucionalidad y a una organización social apropiadas, correctas, prudentes, bien administradas.

La relación entre los intereses socio-económicos y los intereses naturales puede significar una oportunidad o un riesgo. El riesgo se puede convertir en oportunidad y la oportunidad en riesgo. En el escenario del cambio climático previsto y ya en marcha, unas especies de árboles reemplazarán a otras y habrá presión para modificar actividades comerciales e industriales. Las maderas blandas y las actividades económicas basadas en ellas estarán en mayor riesgo, mientras crecerán las oportunidades para las especies de madera dura y para las actividades en ellas basadas.

Una situación de riesgo puede permanecer si el marco institucional prevaleciente está moldeado por una perspectiva estática, la de la ecología tradicional. Una política de no-intervención puede provocar la muerte de algunos árboles sin cosecharlos, lo que afectará a otros árboles. De igual modo, las actividades económicas organizadas desde una lógica puramente financiera, como la que domina en las corporaciones transnacionales de la madera, puede causar verdaderas devastaciones ecológicas. Los riesgos pueden convertirse en oportunidades, tanto para la Naturaleza como para los seres humanos. Se multiplican las posibilidades de este trueque vital cuando renovamos nuestra concepción de la ecología. Y naturalmente, cuando existen las condiciones básicas para establecer un marco institucional apropiado y eficaz.

Voces campesinas nicaragüenses: "No puedo cumplir la ley"

En Nicaragua, la Ley Forestal comete graves errores. A los árboles maderables valiosos que están en las fincas les aplican leyes de control, lo que desincentiva a los productores para sembrar y para dejar crecer árboles en sus fincas. Juan Pablo de Fátima, de Masatepe, se desespera: Si siguiera la ley, cada vez que nace un cedro en mi finca lo cortaría. De lo contrario, estaría permitiendo que el Estado confisque tuco a tuco mi tierra. Juan Pablo sabe que en su finca los cedros "son del Estado", que él tiene que andar días rogando a las autoridades forestales para poder cosechar su árbol. O si no, como otros vecinos, tendrá que cortar su madera a medianoche, venderlo más barato y arriesgarse.

Quienes formulan las leyes tienen dificultades en reconocer que la mayor parte de Nicaragua se compone de fincas con árboles. Basta salir de Managua para comprobarlo. Sea bajo sistemas agroforestales, como los cafetales con guanacastes, cedros y laurel; sea bajo sistemas silvopastoriles de potreros con genízaros y jícaros; sea con la regeneración natural mezclada con árboles plantados en los patios campesinos; sea en las cercas vivas. Tampoco ven las autoridades que la leña que se consume en las ciudades se produce mayormente en las fincas. Ni ven que los muebles de Masaya son hechos con los laureles, los guanacastes y los cedros que crecen entre los cafetales en las fincas cafetaleras.

Ley Forestal nicaragüense: mitos que deben ser revisados

Parece que es difícil ver lo obvio. Estimular la repoblación forestal es más barato por la vía de la regeneración natural que mediante proyectos de reforestación. Don Francisco, de la comunidad de Tadazna, en Siuna, lo sabe bien: A mi mozo le digo: Por cada arbolito que tu machete lo respete te pago cincuenta centavos. Entonces, al final del día mi mozo gana doble: por el ajuste y por los arbolitos. ¡Con este trato me deja floreada la parcela! Yo no sé por qué el Estado no fomenta cosas así. ¡Y en lugar de eso, anda tirando los reales en bolsitas! Es más barato el método de don Francisco. Ya existe un saber campesino en el cuido de los árboles, saber que también puede ser aprovechado, y apoyado, para producir madera de buena calidad que le agregue mayor valor en el mercado.

La política oficial no valora la importancia de los árboles como ahorro-inversión. Un buen ejemplo lo encontramos hoy en los cafetales, en plena crisis de los precios del café. Muchos cafetaleros podrían enfrentar mejor la crisis vendiendo su cedro a buen precio. De hecho, lo hacen. Pero a precios bajos, a escondidas y sintiéndose "pecadores". ¿Por qué? Si en un momento de crisis tus árboles te salvaron, ¿no es razonable pensar que dejarás crecer más cedros en tu finca para enfrentar otras crisis? Sin embargo, la lógica de quienes mandan, respirando cultura urbana, es otra: Si la ley no es más represiva, ¡terminarán cortando todos los árboles de los cafetales! Son algunas de las expresiones de las debilidades de nuestra Ley Forestal, con graves consecuencias para el país. No queda de otra que revisar nuestros propios mitos para poder ver lo que nuestros ojos aún no pueden ver. Y para decidir creativamente nuevas opciones. Además de los árboles en fincas, los parches de bosques interconectados, manejados por las poblaciones locales bajo reglas que superen el dualismo ecología-economía, pueden ser la mejor respuesta para conservar la biodiversidad y para reducir la pobreza. En Nicaragua, estos parches son más prometedores que las grandes áreas forestales administradas por el Estado.

Es la hora de un nuevo paradigma ecológico

Desde los años 70, al iniciarse la era de las tecnologías computarizadas y la globalización, viene emergiendo una nueva perspectiva sobre la Naturaleza, que la entiende interactuando continuamente con la sociedad de los humanos. Está construida con conceptos nuevos: variabilidad, incertidumbre, complejidad, transformación constante y plenitud de riesgos y oportunidades.

Desde esta nueva perspectiva podemos re-leer las ciencias naturales y las ciencias sociales, los movimientos sociales y las políticas existentes. Hasta hoy, distintas disciplinas -sociología, ecología política, ecología cultural, ecología humana, ecología antropológica, economía ambiental- continúan profundamente influidas por la arcaica perspectiva estática del equilibrio. Corrientes de pensamiento como la teología de la liberación, el eco-feminismo, la nueva izquierda, incluso los movimientos ecologistas radicales, confluyen en ese mismo espíritu de la ecología tradicional. Gente de pensamiento muy progresista puede compartir -y comparte- ideas ecológicas muy conservadoras. Una de las peores consecuencias de la gran influencia que ha tenido y aun tiene la ecología estática es el fracaso de muchas políticas y la pérdida de oportunidades tanto para la conservación como para el bienestar de las personas.

El punto de vista que asume el no-equilibrio de la Naturaleza puede constituir un puente entre las ciencias y darle más realismo a los movimientos sociales, ya que en la actualidad son muchas las disciplinas crecientemente preocupadas por nuevas perspectivas que asumen la variabilidad, la complejidad, la incertidumbre, la no-linealidad y la sorpresa.

Todas ellas son nociones con las que también trabaja la nueva ecología. La interacción Naturaleza-sociedad puede ser mejor entendida desde esta perspectiva: la Naturaleza como resultado de los conflictos sociales, y la sociedad influida por todos los componentes biofísicos de la Naturaleza. Valiéndose de este nuevo enfoque, es necesario revisar nuestra noción de bosques, conservación, sostenibilidad. Entender el bosque como un área grande y compacta de árboles resulta inapropiado en determinados países. Además, muchos estudios actuales nos revelan ya que a menor área mayor biodiversidad- en esos parches de bosques interconetados, por ejemplo-. Son nuevos hallazgos que indican que todas las bases de la ecología tradicional deben ser revisadas.

La Naturaleza no es natural

Son muchos los interrogantes que debemos hacernos ¿A quién benefician realmente las áreas protegidas? ¿Por qué la tendencia a mantener a las familias indígenas empobrecidas y aisladas en esas áreas protegidas, prohibiéndoles aprovechar la madera, partiendo de la creencia de que todos los indígenas son conservacionistas de nacimiento y de que todos los madereros son explotadores desalmados?

El estado de los bosques, la realidad de las poblaciones indígenas y la violencia en extensas áreas de la frontera agrícola de toda América Latina pueden ser mejor entendidas desde el nuevo enfoque de la ecología. Los indígenas mayangnas del municipio de Bonanza en Nicaragua usaron históricamente los bosques en que viven como refugio, alimento y abrigo. Se vestían con la corteza del árbol de tuno. En la década de los años 40 y 50, trabajando para las compañías extractoras de chicle, explotaron millones de árboles de tuno. Ayer y hoy han vivido y viven de la caza del chancho de monte y la guardiola. Los mayangnas han aprovechado los recursos naturales y, a la vez, los han preservado. ¿Por qué en las ideas de moda que impulsan las agencias de cooperación internacional se propone ahora que los mayangnas conserven los recursos naturales "sin tocarlos"?

Conservar y explotar son dos conceptos importados que han contribuido a tensiones mayores en la zona y a conflictos con los mestizos, mientras la práctica ancestral de los mayangnas, al igual que la de muchas familias campesinas, ha sido y quiere seguir siendo ésta: "aprovechar para conservar". Si las políticas forestales de Nicaragua tuvieran en cuenta esa práctica ancestral, tal vez evitarían que se cumpliera la dramática predicción de nuestro prestigioso cientista Eduardo Baumeister: En un tiempo tan breve como los próximos veinte años, seremos testigos en Nicaragua del fin de la frontera agrícola, veremos el bosque convertido en fincas.

La Naturaleza no es natural. La esencia de esta verdad, lejos de justificar la destrucción de los bosques, nos da una pista clave para conocer a la Naturaleza, para entender cómo trabaja desde hace miles de millones de años. En esta perspectiva cabemos nosotros los seres humanos, que somos parte de la Naturaleza y que podemos intervenir directamente en ella, cada vez con una mayor racionalidad, la que nace en las prodigiosas interconexiones neuronales de nuestros cerebros, obra maestra de la Naturaleza.

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