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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 244 | Julio 2002
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El Salvador

Paco Flores sube a la montaña mágica

Al presentar a la Asamblea Legislativa el informe de su tercer año de gobierno, el Presidente Francisco Flores habló de un país que, optimista y seguro, sube a la gloriosa cima de una montaña. ¿Es tan positiva como él la proclama la realidad de El Salvador?

Equipo CIDAI- UCA, San Salvador

Los discursos presidenciales de aniversario del Presidente Francisco Flores han sido siempre un alarde de retórica. Esta vez, a tres años de haber iniciado su gestión, no ha sido la excepción. A Flores le gustan los juegos verbales como a pocos mandatarios salvadoreños. Es un Presidente de muchas palabras y pocas obras, a juzgar por todo lo que ofrece cuando habla -retruécanos verbales incluidos- y las pocas realizaciones concretas de las que puede dar cuenta.

Su parábola de los alpinistas que suben optimistas a la cima -centro de su informe presidencial- es más ilustrativa de lo que él puede creer: lo que Flores ofrece son ilusiones y sueños para el futuro, no soluciones concretas a los problemas de hoy. Todavía no ha entendido el Presidente que el asunto no está en llegar a la cima de la montaña, sino en quedarse en su base, que es donde habitan los humanos. En definitiva, ¿de qué sirve llegar a la cima de una montaña si allí va a estar solo? O peor, ¿si esa cima es sólo una quimera?


"La desesperanza es comodidad"


Al arribar al tercer año de su mandato, Francisco Flores había recibido las calificaciones más altas que ha tenido en lo que va de su gestión al frente del tercer gobierno consecutivo de ARENA. Consecuentemente, el 1 de junio, en su discurso ante la Asamblea Legislativa, el mandatario salvadoreño estaba de fiesta, rebosante de optimismo. Según su peculiar punto de vista, su gobierno representa a los visionarios, a quienes no se dejan amilanar por la dificultades, a los dispuestos en toda ocasión a escalar la montaña hasta la cima.

En su afán por recalcar su optimismo y su fe en las mejorías que su gobierno habría aportado a El Salvador, Flores calificó a los críticos y opositores de su gestión de cómodos y predicadores de la fatalidad. "No faltará quien espere que su pesimismo contagie a los demás -dijo el mandatario- porque la desesperanza también es una forma de comodidad. De todos los peligros que enfrentamos, éste es el más pernicioso, puesto que socava las energías que necesita un pueblo para enfrentarse a los retos, problemas y adversidades que el futuro trae siempre consigo".


De parábolas y falacias


Francisco Flores se ha revelado como un maestro de engaños lleno de cinismo, capaz de pasar de largo ante los problemas más acuciantes que vive el país. Sin esta pizca de cinismo no se entiende, por ejemplo, cómo el Presidente pudo iniciar su discurso alabando el tema en el que se encuentra reprobado por la mayoría de los salvadoreños, la dolarización, para hablar de las bondades que esta medida ha traído a las familias que ganan más de nueve mil colones al mes, sabiendo de sobra que para la mayoría de salvadoreños es un insulto evocar cifras tan altas. O el Presidente quería insultar a las familias salvadoreñas que ganan el salario mínimo, o es un político inepto que desconoce las reglas básicas del diálogo con sus conciudadanos.

Es una muestra elocuente de que al Presidente no le interesa lo que piensa la mayoría de los salvadoreños, por lo obnubilado que se encuentra en su ascenso y en el de sus partidarios a la montaña de beneficios que le reportan sus políticas económicas. Por eso se da el lujo de calificar de insensatos a quienes dudan que la cima esté cerca. ¿O sus falacias se basan en la seguridad que siente de encontrar eco en una población desconcertada por la política oficial y por una izquierda inepta para capitalizar el creciente descontento popular por la insatisfacción de las necesidades más básicas?


Economía: lo dicho y lo callado


Uno de los primeros temas al que hizo referencia el Presidente Flores, en su informe de tercer año de gobierno fue el de la "Ley de integración monetaria" -nombre oficial de la dolarización- en la economía familiar, por considerarlo un tema "decisivo". Abordó también otros tres temas económicos: la eliminación de los subsidios al diesel, la expansión de las maquilas y los tratados de libre comercio.

Nada dijo del impacto de otras medidas que durante su gobierno se han implementado, ni sobre aquellas que se ofrecieron sin llevarlas a la práctica: la reducción o eliminación de los subsidios al consumo de energía eléctrica y agua, la eliminación de las exenciones al pago del IVA por compra de alimentos y medicamentos, la introducción del impuesto para mantenimiento vial FOVIAL, el incremento de los impuestos para las micro y pequeñas empresas, y los despidos masivos en el sector público.

Nada dijo tampoco del comportamiento de los principales indicadores macroenómicos: las tendencias en la producción, las exportaciones y la maquila; la situación del déficit fiscal; las necesidades de financiamiento del gasto público; y el ritmo de endeudamiento público. Estos aspectos fueron abordados previamente por el Ministro de Hacienda y Secretario de la Presidencia, Juan José Daboub, quien vertió interpretaciones triunfalistas del desempeño macroeconómico, que contrastan con evidentes tendencias económicas desequilibrantes, aparecidas incluso en las mismas estadísticas gubernamentales.


Tres años después: promesas incumplidas


Una evaluación de los tres años del gobierno, Flores debe realizarse teniendo en cuenta lo que ofreció en su programa de gobierno, y no tanto en las medidas improvisadas que ha ido tomando en el camino, o en oportunidades fortuitas como la Iniciativa de la Cuenca del Caribe y la proliferación de maquilas textiles con salarios inferiores a la línea de pobreza extrema.

En su toma de posesión, Francisco Flores anunció en otro grandilocuente discurso las grandes líneas prográmaticas de su gobierno: eliminación del riesgo cambiario para proporcionar estabilidad y predictibilidad a los inversionistas, así como la búsqueda de unas finanzas públicas sanas.

El programa económico anunciado incluía medidas para favorecer a sectores productivos debilitados y la puesta en marcha de políticas sectoriales para el agro que elevaran su competitividad y rentabilidad con sistemas de riego, asociatividad agrícola, financiamiento e información estratégica.

Tres años después, solamente el primero de los ofrecimientos ha sido cumplido y, a juzgar por el propio discurso presidencial, ello no mejoró el clima para los inversionistas como se esperaba. En los otros campos no hay logros que destacar: las finanzas públicas continúan ampliando su déficit y los sectores productivos languideciendo ante la impavidez del gobierno.


Las "ventajas" de la dolarización


De las referencias hechas por Flores a sus "logros" destaca, en primer lugar, presentar la dolarización como una medida que ha contribuido al mejoramiento de la economía familiar. Se trata de una verdad a medias. A juicio del Presidente, uno de los impactos de la "integración monetaria" ha sido la reducción de los intereses pagados por las familias a los acreedores bancarios. Aunque esto pueda ser cierto, no dice nada de la situación de las familias más representativas del país, que son las que están sin vehículo, sin tarjeta de crédito y sin acceso a crédito para adquirir viviendas.

A la mayoría de la población le da igual que las tasas de interés suban o bajen, porque la mayoría de la población no se relaciona con el sistema financiero. Son muchas las microempresas que se ven obligadas a recurrir a prestamistas y usureros para financiarse. Además, no está claro que la tendencia hacia la reducción de las tasas de interés pueda atribuirse exclusivamente a la dolarización, pues ya se registraba una disminución desde el año 2000. Lo que sí está claro es que la dolarización ha traído aparejadas muchas desventajas y complicaciones para la política fiscal, monetaria y comercial.

En cualquier caso, resultó escandaloso y hasta ofensivo que el Presidente citara los beneficios que la "dolarización" ofrece a quienes viven en el área urbana y ganan al mes casi 10 mil colones (cerca de 1,150 dólares) cuando más del 65% de la población "malvive" sin alcanzar a reunir 1,500 colones mensuales.


El "logro" de las maquilas volátiles


Un segundo aspecto reseñado por Flores fue la eliminación del subsidio a las tarifas del transporte público, lo que a su juicio también ha favorecido a la ecomomía familiar, pues "le devolvió a los salvadoreños 350 millones de colones al año". Sin embargo, esta "devolución" fue utilizada inmediatamente para que los dueños de vehículos pagaran el Fondo Vial destinado al mantenimiento y reparación de carreteras. La eliminación del subsidio ha concretado en la práctica tendencias desfavorables para la economía familiar, ya que ha abierto cauces para incrementos en las tarifas del transporte público en ciudades del occidente y oriente del país.

El incremento de las zonas francas sería otro gran logro del gobierno del Presidente Flores, quien señálo que a lo largo de sus tres años de mandato, el total de zonas francas se había expandido desde 7 a 15 dando empleo en ellas a unas 90 mil personas, predominantemente mujeres. Sin negar esta dinámica, debe decirse que este modelo de crecimiento económico adolece de una alta dosis de incertidumbre y volatilidad, a la vez que presiona para el mantenimiento y expansión de fuentes de empleo de bajos salarios y pésimas condiciones. Las maquilas textiles contratan predominantemente mano de obra no calificada que devenga un salario equivalente -o inferior- al que predomina en la línea de pobreza extrema. Además, estas empresas se caracterizan por emigrar ante la más mínima señal de cambios en el entorno: incrementos de salarios, sindicalización, imposición de impuestos eliminación de programas preferenciales por parte de Estados Unidos.


Las "maravillas" del libre comercio


Los tratados de libre comercio fueron señalados por Flores como otro logro de su gobierno, porque han estimulado las exportaciones hacia México y República Dominicana, países con los cuales El Salvador ha suscrito tratados de libre comercio. El Presidente anunció que en el futuro estos tratados aumentaron las exportaciones a Panamá -país con el que recién se firmó un tratado-, a Canadá, la Unión Europea y los Estados Unidos. La omisión es que aunque las exportaciones hacia México hayan crecido, las importaciones lo hicieron mucho más, ampliando el déficit comercial con los mexicanos. Además, el volumen de comercio con países como República Dominicana y Panamá es tan reducido como los impactos que podrían esperarse de los tratados con esos dos países.

Un gobierno realista no puede ufanarse de logros que no son suyos como la proliferación de la maquila textil y el equilibrio macroecómico logrado a base de los flujos de remesas. Tampoco puede presentar verdades a medias o escamotear la continuidad y profundización de tendencias desequilibrantes, de desaceleración económica y de contracción de la producción agropecuaria.

A tres años del actual gobierno, lo único que se ha cumplido es la eliminación del riesgo cambiario, un "logro" por el que hemos pagado un alto precio y que no ha provocado grandes cambios en los montos de inversión, como lo revela la tendencia decreciente de las tasas de crecimiento económico. El gobierno sigue en deuda con promesas como la sanidad de las finanzas públicas y el apoyo a los sectores productivos. Más importante aún: continúa postergando la adopción de medidas correctivas de problemas que han venido señalándose hasta la saciedad desde hace más de un lustro.


Aceptables niveles de estabilidad


Desde la óptica del Presidente Flores, El Salvador ha dado pasos agigantados en materia socioeconómica durante los tres años de su gestión. Apelando a las estrategias de apertura comercial, al aumento del gasto social y a la inversión pública -sin olvidar el eficiente manejo publicitario-, el mandatario destaca como sus mayores logros, junto a la creación de cientos de empleos, la suscripción y negociación de Tratados de Libre Comercio y la dolarización; la reforma del sistema de transporte y la construcción de carreteras; y entre los logros sociales, a la reducción del analfabetismo y la mortalidad infantil, la reconstrucción de escuelas, viviendas y centros hospitalarios tras los terremotos, la estabilidad migratoria para los salvadoreños en el exterior, y el combate frontal contra la delincuencia.

Evidentemente, desde los Acuerdos de Paz el país ha logrado importantes avances en todo esto y la sociedad salvadoreña ha alcanzado niveles aceptables de estabilidad, en comparación con los que tienen otras sociedades centroamericanas, pero este logro tiene su base fundamental en la canalización de las energías colectivas, sobre todo en momentos de tragedia nacional: el Micth y los terremotos de enero y febrero de 2001.


Realidades que oculta tanto optimismo


Al rendir su informe ante los diputados de la Asamblea Lesgislativa -un discurso calificado como "realista" por los grandes empresarios y "en las nubes" por la izquierda y la Procuraduría de los Derechos Humanos-, Flores hizo alarde de los logros de la Policía Nacional Civil, de los alcanzados por las diferentes carteras del Estado (Educación, Salud, Economía, Obras Públicas y Relaciones Exteriores), y de la "valentía y eficiencia" de la Fuerza Armada.

Con números se refirió a varios logros de su gobierno: apertura de ocho nuevas zonas francas con 100 mil empleos seguros; 738 millones de dólares en 2002 en inversión pública; 473 kilómetros de caminos rurales y 150 de carreteras troncales; reconstrucción de 2 mil 473 escuelas después de los terremotos; crecimiento de la población infantil en 105 mil 700 niños desde 1998; reducción del analfabetismo al 15%; dotación de techo provisional o permanente a 243 mil familias afectadas por los sismos; alrededor de 225 mil compatriotas amparados por el TPS en Estados Unidos.

El optimismo trata de ocultar una realidad que se impone. Los logros en educación son mínimos, teniendo en cuenta los grandes desafíos aún pendientes en materia educativa. La reforma del sistema de salud ha sido postergada por intereses oscuros desde los sectores oficiales. El sector vivienda enfrenta una grave crisis debido a la precariedad de las estructuras habitacionales -sobre todo, las unidades aún habitadas por las familias damnificadas-, los déficits cuantitativos y cualitativos y las dificultades financieras.

Aunque la incidencia de los secuestros ha disminuido, El Salvador sigue teniendo altos índices de homicidios. El sector laboral ha entrado a una etapa histórica de menor representatividad en la vida nacional. Y no se ha podido detener el creciente flujo de migrantes hacia el exterior ni se les ha podido brindar la protección necesaria en su ruta migratoria.


Uno de los países más inequitativos del mundo


Al presidente Flores se le olvidó mencionar que la pobreza afecta a más de la mitad de los salvadoreños (51.2% tras los terremotos) y que el desempleo y el subempleo son flagelos de la población. Adicionalmente, la inseguridad ciudadana -a pesar de los avances en el modelo de seguridad- sigue siendo un gran reto para la policía. Y resulta obvia la deficiente gestión ambiental y de riesgos en El Salvador, siendo tan limitados nuestros recursos naturales y tan recurrentes los desastres ocasionados por fenómenos naturales (sequías, terremotos y tormentas). Lo que el mandatario no dijo es que la población salvadoreña está dividida por grandes -casi insuperables- brechas en materia social y económica. El Salvador sigue siendo uno de los países más inequitativos del planeta. La concentración de la riqueza y del ingreso abre una brecha infranqueable entre los salvadoreños. Y los terremotos vinieron a ampliar el mapa de pobreza, dejando en paupérrimas condiciones a aún más sectores poblacionales.

La realidad de exclusión y de rezago social es cosa del presente y no del pasado. Es lo que está -siguiendo con la tónica de Flores- al inicio, al medio y al final de la cima a conquistar. El discurso del tercer año de gestión habla de carreteras y de libre comercio mientras miles de salvadoreños tienen que vivir en condiciones inhumanas bajo techos provisionales de mala calidad.Habla de un país con un sector financiero y empresarial de punta, mientras los sectores sociales (educación, salud, vivienda, infraestructura, y trabajo) están escandalosamente rezagados.


El "prestigio internacional" del Presidente


En su informe, el Presidente Flores se preció de un "prestigio internacional" sin precedentes. ¿En qué se expresa este supuesto prestigio internacional? El mandatario citó ejemplos: "nuestra participación en el G-8, la visita del presidente Bush, el liderazgo en la integración centroamericana, la apertura de la Comunidad Económica Europea..." En esto, fue clara la errata del mandatario, o de quienes le escriben sus discursos: hace varios años la CEE dio paso a la actual Unión Europea....

El "prestigio" de Flores nació durante la X Cumbre Iberoamericana celebrada en Panamá en noviembre de 2000, a unos pocos meses de su primer año de gobierno. La prensa de derecha aplaudió a rabiar el que Francisco Flores acusara en público al Presidente cubano Fidel Castro de apoyar al terrorismo.

Utilizando este vergonzoso episodio -vergonzoso, porque Flores fue incapaz de explicarle a Castro por qué el terrorista cubano-americano Luis Posada Carriles pudo moverse con libertad en El Salvador, utilizando documentación salvadoreña, para planificar actos criminales en contra de la isla caribeña-, la prensa de derecha destacó el exabrupto anticomunista del mandatario y lo presentó como un gesto de valentía. La Cumbre concluyó y las autoridades salvadoreñas nunca esclarecieron hasta hoy cómo operaba Posada Carriles en nuestro país. Pero, desde aquel momento se produjo un punto de inflexión en la proyección internacional del mandatario, que desde ese momento asumió una defensa explícita e incondicional de los intereses de los Estados Unidos.

El máximo honor: "amigo" de Bush


Hasta hoy el Presidente salvadoreño destaca entre sus colegas centroamericanos por ser el valedor del proyecto del "libre comercio" con Washington sin mayores medidas de protección a las economías nacionales. Y los medios salvadoreños lo proyectan como "líder" en el ámbito regional. La consagración de ese "liderazgo" se dio con la visita de Bush a El Salvador el 24 de marzo de este año. En pago por los buenos servicios de Flores el Presidente de Estados Unidos dio en llamarle a Flores "mi amigo", lo cual se convirtió en la apoteosis de su "prestigio" internacional."

Los medios hablaron de "química" entre Flores y Bush y se apostaba a que los supuestos dones de estadista de Flores harían que Bush aprobase el ansiado TLC y el Estatus de Protección Temporal (TPS) para detener una nueva deportación de inmigrantes centroamericanos. No se dio ni lo uno ni lo otro, pero Flores siguió presumiendo con el aura de "amigo de Bush".

Desde un comienzo, Flores asumió la "guerra antiterrorista" de Bush, ordenando la militarización inmediata del aeropuerto de Comalapa, violentando los derechos de quienes laboran en sus instalaciones. Y reviviendo las práticas xenófobas del general Martínez, el gobierno de Flores estableció restricciones migratorias para ciudadanos de varios países, los mismos que Washington ha estigmatizado como "terroristas": Afganistán, Cuba, Libia y la Autoridad Palestina.


¿El "líder" de la integración centroamericana?


El mandatario vende la idea de que su gobierno ha potenciado la integraciónn centroamericana. Nada más impreciso. El modelo de integración que impulsan los actuales gobiernos del área es precario, porque se basa casi exclusivamente en la competencia comercial. No puede ser de otra manera: buena parte de los actuales gobernantes centroamericanos son empresarios, y como tales, conducen los asuntos públicos. En el comercio, las alianzas son transitorias, porque el criterio es maximizar ganancias y aminorar pérdidas. Eso pasa también en los actuales conatos de integración centroamericana: la inclemente competencia comercial resulta más poderosa que la endeble voluntad política de unir a nuestros países. El gobierno de Flores no ha escapado a esta regla. Cuando Bush lo honró con su visita y su "amistad", Flores fue claro al proponerle que, en vista del desigual nivel de desarrollo de las economías del istmo, no había que esperar hasta que todas estuvieran listas para el TLC, sino que se podían firmar tratados bilaterales con las que ya se encontraban aptas para hacerlo, como la salvadoreña. Este desatino, que fue rechazado por Bush, revela cuán poco nobles son las intenciones de Flores en materia de integración.

Ningún país poderoso negociará tratados de comercio bilaterales con El Salvador, una economía insignificante en el concierto mundial. De ahí la necesidad de que Centroamérica actúe en bloque. Aunque es ingenuo pensar lo contrario, parece que el mandatario salvadoreño lo cree a pie juntillas. Flores se jacta de haber posicionado al país de forma ventajosa ante las naciones ricas, pero lo cierto es que regresa de sus viajes con las manos vacías, sin nada en concreto que ofrecerle a su gobernados. Lo único que hace Flores es "tirarse Flores" a sí mismo y a su gobierno.


Qué opina la gente


A pesar de todo, los ciudadanos salvadoreños calificaron con una nota promedio de 6.2 al gobierno del presidente Francisco Flores, en una escala del 1 al 10, por su desempeño al cumplir su tercer año de gestión, según la encuesta de opinión realizada por el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP) de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador. El sondeo se llevó a cabo entre el 18 y el 24 de mayo con una muestra de representatividad nacional de 1,223 personas adultas, entrevistadas en los catorce departamentos del país. La encuesta revela una tendencia de evaluación más positiva de la gestión gubernamental que en años anteriores. De hecho, es la segunda vez desde que Flores tomó posesión en mayo de 1999 que logra superar la marca promedio de 6 en las calificaciones de la ciudadanía. Es ésta la mejor nota obtenida hasta ahora por la administración Flores.

Como logros gubernamentales más citados los salvadoreños identifican la mejora de calles y carreteras (23.1%), los programas de reconstrucción tras los terremotos (10.3%), los convenios comerciales y los tratados de libre comercio con otros países (7%). Un poco más de la tercera parte de la gente (35%) no supo identificar éxito alguno en el tercer gobierno arenero.

Como fracasos, los ciudadanos señalaron diversos aspectos, la mayoría de ellos vinculados con la política económica. La dolarización (15.5%), el aumento del desempleo (10.8%), la delincuencia (6.9%), la política económica (6.7%) y la pobreza (6.5%) son los fracasos más señalados por la gente. Cerca de un 30% afirmó que el gobierno no tiene fallos. El área económica parece ser la más crítica para el gobierno tras tres años de gestión. El 81.6% cree que el gobierno ha logrado combatir poco o nada la pobreza en el país durante su gestión. La dolarización es vista negativamente por el 60.7% y como positiva sólo por el 17.7%.

El 58.5% considera que un tratado de libre comercio con Estados Unidos traerá beneficios al país, mientras que el 30.7% cree que traerá perjuicios. Respecto a otros problemas como la delincuencia y la corrupción dentro del gobierno, las opiniones tienden a concentrarse en lo negativo. Para buena parte de los salvadoreños (58.7%) la delincuencia ha aumentado con la actual administración.


El cuento de "la montaña mágica"


Con un discurso demagógico, ajeno a los graves problemas que aquejan a la mayoría de la población, el Presidente de la República presentó el informe sobre su tercer año al frente del Ejecutivo, en lo que ya ha sido bautizado como el "cuento de la montaña mágica".

Tan notorios fallos y ausencias en su discurso quizá se expliquen porque los lentes con los que mira a El Salvador están algo sucios, opacos. Ha terminado asumiendo como cierta la maquilladora imagen que él mismo presenta en el extranjero: la de un país líder en "libertades democráticas y económicas". Nos encontramos ante un estilo de gobierno más cercano al de un administrador de empresas y publicista, que al de un verdadero estadista. Una de dos: o miente, o no conoce el país que preside. De hecho, cualquier persona que no esté enterada de lo que realmente está sucediendo En El Salvador pudo creer -al escucharlo -que vamos bien, por buen camino. Nada más alejado de la realidad. Estamos mal y vamos mal.

Al hablar de montañas, debería recordar Francisco Flores que hace más de veinte años una buena cantidad de salvadoreñas y salvadoreños subieron a las montañas para terminar con la exclusión de todo tipo, enfrentar la violencia oficial y erradicar la impunidad y aún queda mucho por hacer para alcanzar estas cimas. En lo que sí tiene razón Flores es en reconocer que hoy la población está "dudando". Y es que la paciencia de mucha gente ante un gobierno como el suyo y el de sus dos predecesores, comienza a agotarse. Debería tenerlo en cuenta. Porque, como afirma Guillermo Briseño, músico y poeta mexicano, "la paciencia es un recurso natural no renovable".

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