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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 243 | Junio 2002
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Centroamérica

Centroamérica: ¿conejillo de Indias del ALCA?

En estas vísperas del ALCA, necesitamos una estrategia de negociación realista y audaz con Estados Unidos. Buscar esa estrategia, reducir la retórica y coordinarnos: eso nos toca hacer hoy.

Peter Marchetti

El 24 de marzo, El Salvador no fue seleccionado por Estados Unidos como anfitrión centroamericano de la visita del Presidente Bush por ser un modelo de democracia o un ejemplo de éxito económico. Tampoco el Departamento de Estado eligió esa fecha para irritar la sensibilidad popular en el día del aniversario del martirio de Monseñor Romero. Esos "detalles culturales" no entran en los cálculos de la superpotencia, que aplasta a paso de elefante a las hormigas, sin siquiera darse cuenta. Su cálculo es otro.

Hoy, tras terremotos y maremotos, tras la devastación del huracán Mitch, Centroamérica parece destinada a sufrir otro cataclismo, esta vez económico: ser conejillo de Indias en las negociaciones del ALCA, el Área de Libre Comercio de las Américas promovida por Estados Unidos, ese estrecho espacio que en el mundo globalizado se nos ha destinado para que negociemos protecciones. En realidad, este cataclismo empezó hace más de 15 años con la apertura comercial y los programas de ajuste estructural, con el nuevo modelo económico de maquila, turismo, migración y remesas, con la crisis del café y con el descenso estrepitoso del modelo agroexportador. El Salvador fue el anfitrión centroamericano del Presidente Bush porque ese pequeño país es el único en Centroamérica que salió de su proceso de acuerdos de paz con una democracia medianamente viable, también el único que ya ha hecho del dólar su moneda nacional. ¿Será El Salvador el conejillo de Indias centroamericano en las negociaciones del ALCA?


Cuando ya todo sea Occidente, ¿por dónde saldrá el sol?

Mientras que la traducción de la palabra anglosajona globalización connota un proceso que homogeniza y desconoce las culturas y potencialidades locales -la selección de la fecha de Romero por ejemplo-, la palabra mundialización permite recoger mejor los múltiples contenidos del proceso que estamos viviendo a escala planetaria. A la entrada del aeropuerto de Guatemala me encontré con una pequeña pandilla de jóvenes de doce y trece años vendiendo artesanías para turistas. Vestían el uniforme global: zapatillas Nike, pantalones sueltos, gorras con símbolos de los Bulls y los Yankees, windbreakers. Lucían juventud ladina globalizada no sólo por su ropa sino por sus modales. El único detalle discordante era el habla: platicaban entre ellos un idioma maya. Pregunté a uno: "¿De dónde eres, del Quiché?" Me contestó: "De Santiago Atitlán." "¿Entonces hablas Mam?", le dije. Con un aire un tanto despectivo por mi ignorancia, ya que en Santiago Atitlán se habla Tz’utujil, me mostró un llavero con un bonito pájaro verde y me desafió: "¿Cómo se llama esto?" Le contesté: "Quetzal." Me respondió en su muy buen español: "¡No, se llama x’uen! Para ti es quetzal, para mí es x’uen."

Vivimos en un mundo en que casi todas las culturas están evolucionando a ser biculturales y bilingües, mientras la cultura dominante se aferra a imponer a todos un esquema monocultural. Pienso que a larguísimo plazo esa cultura dominante se encontrará en una posición desventajosa. Mientras ese lejano momento llega, el resto de las culturas dominadas -las biculturales- tendrán un muy estrecho espacio de maniobra a mediano y largo plazo. Pienso que la actual evolución de la globalización representa una ventaja estratégica tanto cultural como económica del Oriente sobre el Occidente. Aunque nos viste con atuendos y modales del Eje Noroccidental del Atlántico, la globalización se ve obligada a insertarse en las dinámicas culturales locales, que actúan tanto como vehículos del proceso de globalización como filtros que transformarán a largo plazo los propósitos de los globalizadores. En la mundialización, las mezclas son imprevisibles como lo muestra mi conversación sobre el x’uen. La realidad es que la globalización que hoy se está produciendo no se produce tal cual la sueñan los globalizadores.


El músculo de la competitividad: ¡Vienen los guanacos!

La globalización de nuestros mercados centroamericanos se está concretando ya en pactos empresariales con socios privilegiados secundados por los mandatarios centroamericanos y asesorados por las agencias multilaterales. En el espacio centroamericano de la globalización, aunque casi todo pareciera previsible y con muy pocas sorpresas, y aunque no hay duda de que el ALCA se insertará en Centroamérica a partir de las realidades locales ya existentes, mucho de lo que suceda dependerá de la capacidad de negociación que tengamos los centroamericanos. Entender las dinámicas de competitividad entre los países centroamericanos, que serán incrementadas con el ALCA, resulta imprescindible para entender lo que puede pasar. Comparar la realidad de El Salvador con la de los otros tres países del CA-4: Nicaragua, Honduras y Guatemala, es un primer paso.

En Centroamérica, aunque Costa Rica se vende mejor, El Salvador siempre ha tenido más competitividad expansionista. Tanto hacia dentro como hacia fuera de la región. El Salvador invadió a Honduras primero con emigrantes y después militarmente. Fueron salvadoreños quienes abrieron brecha en la invasión de "mojados" centroamericanos en Estados Unidos. Desde Belice hasta Australia se han extendido los guanacos. El Salvador acapara la imagen del empuje competitivo centroamericano. Y la competitividad empresarial es uno de los móviles claves de la globalización. Es la estructura muscular debajo de los atuendos globalizantes.

El ALCA va a incrementar la competitividad no sólo entre los grupos empresariales de Estados Unidos, México, Canadá y los empresarios centroamericanos, pequeños, medianos y grandes. También la acrecentará entre los grupos empresariales centroamericanos. En el actual período pre-ALCA, el avance de los salvadoreños se hace evidente. Los malls de Simán ya están en toda Centroamérica, al igual que los Pollo Campero guatemaltecos. En el sector financiero no hay discusión: El Salvador cuenta con los tres bancos más fuertes del CA-4. Es evidente la guerra de posiciones del Banco Cuscatlán, particularmente en Honduras. Menos obvias pero más extendidas son las pequeñas empresas comerciales salvadoreñas, como las que exportan leche y queso desde Matiguás y otros municipios rurales de Nicaragua, de Honduras y de Guatemala.

En Honduras, el avance salvadoreño se ha montado sobre las fuerzas políticas con el nuevo Presidente Ricardo Maduro, quien para llegar a ser candidato tuvo que atravesar antes un calvario, por la resistencia empresarial de Facussé y de Rosenthal, justamente porque representaba capital salvadoreño y porque los jerarcas del capital hondureño querían incluir a los salvadoreños en Honduras, pero sólo bajo sus reglas de juego y no bajo las reglas del mercado. En otros países centroamericanos, el avance salvadoreño se debe a su propio empuje comercial y no a apoyos políticos.


Las estrategias del Pulgarcito de Centroamérica

Es preciso recordar que El Salvador sigue siendo el pulgarcito de Centroamérica no sólo por su pequeño espacio territorial sino por su peso económico frente a Costa Rica y Guatemala. Jorge Nowalski Rowinski, en su libro Asimetrías Económicas, Laborales y Sociales en Centroamérica, nos aporta una excelente radiografía de Centroamérica en el vestíbulo del ALCA. En 1998, mientras Costa Rica -pulgarcita centroamericana en cuanto a su población- dominaba un 45% de las exportaciones totales de la región (hacia fuera de la región y hacia adentro) y Guatemala, el gigante regional en población, dominaba un 21%, El Salvador sólo contribuía con un 10%, al mismo nivel que Honduras. Nicaragua con un 5% y Panamá con un 6% son los enanos de las exportaciones de bienes en la región. La hegemonía de Costa Rica y Guatemala es patente frente al ALCA. Entonces, ¿por qué la imagen del empuje de El Salvador? La respuesta tiene que ver con las estrategias exportadoras de los países centroamericanos.

La estrategia de El Salvador es hacia adentro de la región. Un 51% del total de las exportaciones salvadoreñas circula dentro de la región, mientras que las de Costa Rica son sólo un 9% y las de Guatemala un 31%. El peso de El Salvador en exportaciones e importaciones dentro de la región, con un 26%, es superior al de Costa Rica y está a la par del de Guatemala, con doble población que El Salvador. Por esto, en términos comerciales, los salvadoreños son los más centroamericanos de los centroamericanos. Con la incrementada competencia que el ALCA creará dentro de los empresarios centroamericanos, El Salvador no necesita variar su estrategia de comercio intrarregional, le bastará con ampliarla.

Como todas estas señales del avance salvadoreño son aún superficiales, y teniendo en cuenta que todos los grupos empresariales centroamericanos se están moviendo hoy dentro de la región y se están asociando con capitales internacionales en inversiones fuera de la región, es muy difícil predecir desde ahora quienes evolucionarán mejor en el ALCA, si Guatemala y Costa Rica o si El Salvador y Costa Rica. Lo que ya está claro es que dentro del CA-4 El Salvador goza hoy de dos significativas ventajas.


Dos ventajas de El Salvador: una banca sana y un Estado consolidado

La banca salvadoreña y el Estado salvadoreño, más consolidados que los del resto del CA-4, le dan a El Salvador dos ventajas comparativas sobre Guatemala para competir por los mercados centroamericanos, y en menor medida para incorporarse al proyecto del ALCA.

El Salvador tiene el aparato financiero más sano de Centroamérica. Los escándalos de la banca comercial son pan de todos los días en Nicaragua, Honduras y Guatemala. Los resultados de la impunidad bancaria abultan las deudas internas de estos tres países. Y aunque El Salvador no puede tirar la primera piedra, sí ha metido en la cárcel a gente de apellido oligárquico como Regalado. En El Salvador las tasas de interés evolucionan más según el mercado que según la ineficiencia bancaria o la voraz avaricia desatada en los otros tres países del CA-4. Los comerciantes salvadoreños aprovechan esas tasas de interés más bajas e incrementan su competitividad frente a otros comerciantes centroamericanos. En El Salvador, la dolarización se hizo a punta de eficiencia bancaria y de control sobre el enorme caudal de las remesas provenientes de los salvadoreños que trabajan en el exterior.

La otra ventaja de El Salvador es ser el único país del CA-4 que salió bien parado tras los procesos de paz: con un Estado consolidado y con una oposición capaz de crear un esquema de contienda política con distintos partidos que representan los intereses de distintas fuerzas sociales. Se puede criticar al FMLN por haberse transformado en un partido de oposición tradicional sin vasos comunicantes con los movimientos sociales, pero lo que ha hecho no es poco y los empresarios progresistas, chapines, pinoleros y catrachos, darían su brazo derecho por tener en sus países un Estado como el salvadoreño y una dinámica política como la que se vive en el Pulgarcito de Centroamérica.


Centroamérica en el pre-ALCA: apuntes para una epicrisis

En el resto de Centroamérica las contiendas políticas mantienen términos muy tradicionales. En Nicaragua se oye hablar de una cadena de rogativas abogando por magnicidios que lleven a los dos protagonistas del pacto a un merecido descanso. En Honduras domina el bipartidismo con su extremo clientelismo que pacta con los pequeños partidos, todo controlado por grupos oligopólicos (Facussé y Rosenthal). Tan grave es la situación que en los últimos veinte años, en el primer año de un nuevo gobierno siempre hay recesión económica en Honduras como consecuencia de la reestructuración del Estado para "acomodarlo" al nuevo inquilino de casa presidencial.

En Guatemala, un gobierno de corte populista enfrenta hoy a una de las oligarquías empresariales más tradicionales de América Latina buscando con esa ofensiva enmascarar los negocios sucios de la cúpula militar y a la vez, difundir esos negocios tanto en las estructuras gubernamentales como en segmentos significativos de la pequeña y mediana empresa nacional. Aunque los grandes empresarios chapines agrupados en el CACIF tienen más empuje empresarial que sus colegas de Honduras y Nicaragua, se encuentran muy condicionados por su histórico descuido de la modernización del Estado y por su pacto histórico con la cúpula militar, que ahora conspira contra ellos desde el gobierno. En los tres países, la ausencia de contiendas políticas en las que estén representados más cabalmente los intereses de las distintas fuerzas y clases sociales ha abonado una abundantísima y creciente cosecha de corrupción.

Hoy el CA-4 está partido en dos: el sureste de Honduras y Nicaragua y el noroeste de El Salvador y Guatemala. Aunque en esta coyuntura Guatemala aparece lisiada por su lenta transición hacia una democracia formal y por la debilidad de su sector financiero, no deja de ser un potencial competidor con El Salvador para expandirse en la región después del ALCA por el tamaño y por la diversificación de su economía. En 1998-99, la población bajo la línea de la pobreza en El Salvador y Guatemala era 50% y 60%. La misma cifra en Nicaragua y Honduras era 70% y 80%.

Costa Rica es en cualquiera de los planos a analizar un caso aparte. Esta nación sacó grandes ventajas de su revolución en 1948, un proceso de cambios más radical que la revolución nicaragüense de 1980. Entre muchas razones, porque a Costa Rica le tocó la mejor coyuntura de la Guerra Fría mientras que a Nicaragua le tocó, junto a Guatemala, la peor. Compitiendo hacia fuera de la región, a la par de El Salvador, Costa Rica ha avanzado en la conversión productiva. La estabilidad y sofisticación del Estado costarricense son aún mayores que las de El Salvador. Además, el posicionamiento ventajoso de Costa Rica en la industria del ecoturismo la coloca con ventaja en toda la región. Guatemala, destino por excelencia para el ecoturismo, padece una grave inseguridad ciudadana. Y difícilmente podrán competir en esta rama los salvadoreños, que tienen mínimas posibilidades de ofrecer ecoturismo en su pequeño y devastado país.


El naufragio del empresariado nicaragüense y hondureño

El naufragio económico de Nicaragua y Honduras es de larga data. Ya a principios de los años 60 se sabía que estos dos países no estaban preparados para entrar en el Mercado Común Centroamericano (MCCA). En aquellos años, Guatemala y El Salvador no estuvieron dispuestos a incorporar políticas sociales como base de aquellos tratados comerciales. Costa Rica quiso evolucionar hacia una coordinación centroamericana de política social, pero mantuvo irrenunciable su objetivo de no permitir un mercado libre de trabajo, temerosa de que emigrantes de los otros países invadieran su territorio. En Honduras, Facussé y un puño de empresarios lograron convertir las negociaciones a favor de Honduras en negociaciones a favor de sus propias empresas. Lo mismo sucedió en Nicaragua.

Desde los inicios del MCCA Nicaragua violó el esquema de precios establecido a favor de las empresas de Somoza, especialmente las de sosa cáustica e insecticidas. Cuando el Consejo de Ministros del MCCA quiso extender un tratamiento preferencial a Honduras en el convenio de incentivos para el desarrollo industrial, Somoza comenzó a aprovecharse del mismo tratamiento preferencial. Después de agrios debates en el Consejo de Ministros, el resto de países centroamericanos empezó a imitar a Somoza, blindados con las justificaciones elaboradas por sus equipos de abogados. Antes de la Guerra del Fútbol contra El Salvador, Honduras violaba ya los tratados del MCCA y planificaba salirse de la unión aduanera. La guerra con El Salvador fue una buena excusa para hacerlo. En 1970 se propuso un fondo de desarrollo especial para Nicaragua y Honduras y El Salvador se opuso. Honduras y Nicaragua tuvieron que buscar más créditos del BCIE, lo que incrementó para ambos países el costo del dinero y añadió otro eslabón a la interminable cadena de préstamos que aún hoy los mantiene atados a onerosas deudas. La permanente y creciente ineficiencia relativa de la industria de Nicaragua y de Honduras imposibilitó acuerdos del MCCA que contemplaran un tratamiento diferencial por grado de desarrollo. Tal vez el punto principal de la negociación del ALCA será ése: un tratamiento diferencial por tamaño y por grado de desarrollo.


Radiografía regional: desunidos, desintegrados, débiles

Una vez tras otra los países centroamericanos no han podido negociar una integración más equitativa entre ellos mismos. La falta de unidad centroamericana y la ausencia de honestidad, cooperación y transparencia que ha caracterizado las relaciones entre los países centroamericanos es la mayor desventaja con que Centroamérica entrará en las negociaciones con Estados Unidos para el ALCA. Y cuando entre, nuestros países cosecharán la misma plaga de desunión que ellos mismos han venido sembrando en la región desde hace cuarenta años. Cuando en mayo y en la Cumbre de América Latina y el Caribe con la Unión Europea, el Presidente nicaragüense Enrique Bolanos pidió a nombre de los gobiernos centroamericanos a la UE la suscripción de un Tratado de Libre Comercio, el Comisionado Chris Patten tuvo que responderle que Europa no puede negociar un TLC con Centroamérica porque nuestra región no es un bloque integrado de naciones.

Desde la crisis mundial del petróleo en 1973, el MCCA perdió su dinámica de crecimiento y el espectro de la falta de competitividad regional empezó a perseguirnos. Hoy, entramos en las negociaciones del ALCA más aliados con Estados Unidos que con nosotros mismos. Hoy, con la caída del modelo agroexportador y dando masivas bienvenidas a maquilas, turistas y remesas, y masivas despedidas a nuestros migrantes, las debilidades históricas de la región se evidencian. Especialmente, las del empresariado hondureño -criado en la única auténtica república bananera- y las del empresariado nicaragüense -criado por dos niñeras malévolas, el Somocismo y el FSLN- se hacen las más ostensibles en los nuevos mares de la globalización.


¿Será verdad que todos estaremos satisfechos?

En los medios de comunicación latinoamericanos podemos asistir a una contienda de retóricas a favor y en contra del ALCA. Si las opiniones que se vierten están marcadas por la globalofobia o por la globalofilia la gente sólo entenderá que la opción es entre productos gringos y productos nacionales. Esta simplificación ocultará el hecho de que el ALCA va a representar una transformación tan profunda para los países centroamericanos que ubicarnos en ese nuevo contexto demandará de nosotros muchísimo más que retórica.

Heinz Moeller, actual canciller del Ecuador, es el Presidente de la Comisión Negociadora del ALCA, el representante de América Latina y el Caribe en una negociación con Estados Unidos programada para concluir en 2005, cuando deben estar listas en América Latina todas las reformas legales y constitucionales para que el ALCA convierta a todo el continente en un único mercado globalizado. Dice Moeller: En el ALCA, o todos estamos satisfechos o nadie lo está. Su retórica parece refinadamente equívoca teniendo en cuenta que la discusión del ALCA no será una negociación hemisférica democrática en la que cada uno de los países tendrá igual voz e igual voto. Al terminarse las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ni México ni Canadá estaban satisfechos pero firmaron.


Queda claro que los grandes jugarán con ventaja

La negociación del ALCA no concluirá en un mercado común al estilo del que hay en Europa, un continente donde existe libre movimiento de capitales, de productos y de mano de obra con políticas sociales comunes. Si en el nuevo hemisferio del ALCA hubiera libre migración de mano de obra, las mayorías centroamericanas estarían muy esperanzadas. Pero, aun con la poca información de que disponen, ya intuyen que en la mesa de negociación no se tomarán en cuenta de forma equitativa los factores de capital y de trabajo ni se establecerán políticas sociales y ecológicas que sean comunes.

Ante la realidad de que todos los países latinos y caribeños cargan con una deuda externa de 792 mil millones de dólares y que todos juntos sólo aportarán el 29% del PIB del futuro ALCA, y ante la pregunta sobre si a los países más débiles y menos competitivos del hemisferio les compensa entrar al ALCA, Moeller responde con honestidad: Los países desarrollados están en una situación más ventajosa. Sin embargo, no concluye que por esto el ALCA sea negativo. Según Moeller, el ALCA es una estrategia para beneficiar a los consumidores. Los mercados libres son más competitivos. La competencia beneficia al consumidor. Y los países pobres tienen que hacerse más y más competitivos como Chile. Ésa es la lógica. Moeller argumenta que los países pobres pueden encontrar nichos en el mercado para su producción primaria y agropecuaria incrementando su productividad y su competitividad. Pero al enunciar esa salida no toma en cuenta ni la caída estructural del valor agregado de los productos primarios ni tampoco que los mercados de los productos primarios son precisamente los más competitivos y los peores del mundo por estar saturados por más de mil millones de productores, los productores pobres de los países más pobres del planeta.


Es hora de tragarnos la pastilla amarga del ALCA

Preguntado sobre la dolarización en Ecuador, Panamá y El Salvador, Moeller responde: Con la creación del ALCA debemos buscar un sistema monetario rígido que evite las emisiones inorgánicas que sólo disminuyen la competitividad de nuestras exportaciones. Yo avizoro -y esto es una opinión personal- a América Latina caminando, como Europa, hacia una moneda común que permita neutralizar la inflación, que es el peor impuesto de los pueblos. No hay duda de que esa moneda común será el dólar. Se revela así que el argumento a favor del ALCA descansa más en el poder de las economías centrales que en razones que apunten al desarrollo hemisférico, mucho menos que lo garanticen.

Los Jefes de Estado de las Américas hicieron público su plan de acción rumbo al ALCA en la Declaración de Quebec (abril 2002) con 16 puntos que representan su agenda hemisférica. El plan es una bonita compilación de todas las reformas programáticas, adornadas con frases de moda, que la clase política latinoamericana ha venido aprendiendo del Banco Mundial. Obviamente, este texto no pasa de ser una declaración de buenas intenciones en un hemisferio donde la crisis económica y política es cada vez más profunda.

El propio Secretario de Estado Colin Powell anunció en la OEA que América Latina está peor en el año 2002 que en el 2001, admitiendo que el continente va de mal en peor. A pesar de sus limitaciones, ni siquiera los 16 puntos del plan de acción de Quebec formaron parte de las agendas de las nueve comisiones de negociaciones del ALCA, lo que evidencia la línea dura y la orientación conservadora de la gestión negociadora del ALCA. Tal vez es que ya dieron por terminadas las formalidades y las tácticas diversionistas y ha llegado el momento de que nos traguemos la pastilla amarga.

En la tarea de divulgar masivamente las "ventajas" que el ALCA representará para nuestro continente, Moeller puede ser considerado un representante-estereotipo de los globalofílicos. Sin embargo, en nada nos ayudará llegar a la mesa de negociaciones orientados por estereotipos y demonizando la globalización. Ni el libre comercio ni los tratados de libre comercio ni la globalización son demonios. En sus terrenos crecen a la par el trigo y la cizaña. Un tratado de libre comercio tiene dos componentes: la competencia y la coordinación. Un tratado basado exclusivamente en una o en otro de estos dos elementos es un mal tratado. Actualmente, no existe libre comercio ni se promociona el libre comercio de productos en la economías centrales, empezando con la mercancía más básica, la comida. Si hubiera libre comercio sin cuotas y sin subsidios para los alimentos, los pobres de los países periféricos estarán mucho mejor.

Los tratados de libre comercio pueden ser un paso para incrementar la coordinación, limitando así la desenfrenada competencia que caracteriza el planeta. Parece que empieza a entenderlo así hasta la Organización Mundial de Comercio. Cada año hay más coordinación entre las empresas transnacionales. ¿Por qué no puede haber más coordinación entre los bloques de países? Los tratados de libre comercio son el arranque de un largo proceso de negociación de la cordinación a nivel global. Quienes se empeñan en demonizar la globalización y el libre comercio deberían, por coherencia con su obsesión, prescindir de correos electrónicos, celulares y conferencias internacionales para expresar sus posiciones globalofóbicas.


La Ley del Embudo: subsidios en el Norte, mercado libre en el Sur

En las negociaciones del ALCA los países centroamericanos deben negociar a favor de más mercado libre, particularmente para sus productos agropecuarios. Este reclamo es central y resultaría auténticamente transformador teniendo en cuenta que Estados Unidos, la Unión Europea y Japón tienen los mercados agropecuarios menos "libres", los más protegidos y subvencionados del planeta. Todos los años, los gobiernos de los países ricos gastan 400 mil millones de dólares en subsidiar a sus agricultores para que su producción no se vea afectada por los altibajos del mercado libre. Aseguran así su seguridad alimentaria y dejan desprotegida la de una cuarta parte de la población mundial, que padece desnutrición y hambre. Este año el subsidio alimentario en Estados Unidos fue de 171 mil millones de dólares, subsidiándose según la nueva legislación productos como la carne, el azúcar y otros alimentos que nosotros producimos en Centroamérica.

Mientras el Norte subsidia a los suyos, en el Sur se nos exige cortar subsidios y abrir mercados. Una auténtica Ley del Embudo. Desaparecen las oportunidades para el algodón de Centroamérica y de Paraguay por los enormes subsidios que reciben de su gobierno los algodoneros estadounidenses, además de la destacada eficiencia de los algodoneros chinos. Los cortadores de caña de azúcar centroamericanos y los haitianos que la cortan en República Dominicana ven desvanecerse las posibilidades de obtener salarios más justos por los subsidios que reciben los remolacheros de Europa. Los precios del arroz se desploman en Centroamérica por los enormes subsidios ofrecidos a los arroceros japoneses. Y los precios del maíz y el frijol entran en crisis en Centroamérica mientras los agricultores del medioeste de Estados Unidos reciben jugosos subsidios por producir granos básicos

Si no fuera por esta opción de los países ricos para protegerse de la dependencia alimentaria, o de lo que ellos llaman "el posible chantaje por alimentos", los pobres del Tercer Mundo producirían y venderían más alimentos, se incrementaría la productividad agrícola y se intensificaría la justa presión por una necesaria reforma agraria. Eliminarle al rico Epulón sus subsidios mejoraría la vida de millones de Lázaros y Lázaras de los países pobres, reactivaría la economía de los países pobres y fomentaría más equidad en el planeta, aunque naturalmente significaría la quiebra de muchas empresas agropecuarias y agroindustriales de los países ricos mantenidas artificialmente por los subsidios. El hecho de que cada año que pasa una hora de trabajo para producir un Toyota o un Sony valga más que una hora de trabajo para producir maíz clama al cielo. Eliminar en el Norte los subsidios a la producción de alimentos aminoraría el rápido incremento de la brecha entre los salarios en Estados Unidos y en Centroamérica. No se trata únicamente de ética, se trata también de eficiencia.


Una valiosa moneda en la mesa de negociaciones

Reorientar el uso de los 400 mil millones de dólares destinados a subsidiar la producción de alimentos en el Norte sería una intervención de alta calidad para rectificar los sesgos e imperfecciones del mercado mundial que causan tanta miseria en los países pobres. A la par de las restricciones del libre movimiento de mano de obra, este subsidio es un obstáculo clave para la vida digna por la que lucha hoy la sociedad civil de América Latina y el Caribe. No es fácil para el rico Epulón vaciar sus graneros y arriesgar su seguridad alimentaria. Tampoco es fácil que los millones de míseros del planeta capten la importancia que esta injusticia, tan sepultada en las estructuras de la economía global, tiene en sus propias vidas. Sin embargo, están naciendo en el Norte movimientos que apuntan en la dirección correcta. En Estados Unidos causó un gran escándalo el saber que la estrella de la NBA, Scottie Pippen, además de ganar cuatro millones de dólares al año como deportista, recibe otros tres millones en subsidio como finquero.

Nicaragua y Honduras tendrían mucho que ganar en un ALCA con menos protección del sector agropecuario de Estados Unidos. Oxfam Internacional está iniciando una creativa campaña analizando el tema del mercado libre para los productos agropecuarios y planteando alernativas. Por otra parte, existe ya un amplio consenso entre los economistas: las barreras del Norte a los productos de los pobres del Sur son el obstáculo más formidable para que nuestros países se desarrollen.

Aunque Estados Unidos no querrá ceder en este asunto tan clave de justicia internacional y de mercado libre, estos subsidios serían, en teoría y si Centroamérica actuara unida como un bloque, una valiosa moneda de negociación para Centroamérica en el ALCA, a partir de la cual nuestra región podría obtener concesiones en el acceso de otros productos al mercado norteamericano y en la protección a nuestras industrias aún no preparadas para el mercado libre. Porque así como Estados Unidos no está preparado para el mercado libre de productos agropecuarios, tampoco la mayoría de nuestras industrias centroamericanas están en este momento listas para ese mercado libre que se nos propone como solución.


Capacidad y unidad: de eso depende

En el mundo ya existen experiencias positivas de integración económica de países pequeños con países mas grandes y avanzados. En Europa, el caso más claro es el de la integración de Portugal y de Irlanda, dos países que tan sólo hace veinte años tenían una pobreza masiva y economías de muy bajo nivel de desarrollo. La clave de su desarrollo fueron condiciones favorables de acceso al mercado y una ayuda cuantiosa de la Unión Europea.

El tema de la ayuda externa constituyó una de las principales demandas de los presidentes centroamericanos cuando se encontraron con el Presidente Bush en El Salvador el 24 de marzo. La ayuda externa figura como uno de los temas más difíciles en la negociación del ALCA centroamericano. Aunque no se pueden esperar grandes incrementos de la ayuda internacional para Centroamérica como componente del ALCA, aunque la integración europea es diametralmente distinta a la que pretende Estados Unidos con su coro latinoamericano, aunque las distancias de Estados Unidos con Centroamérica son mayores que las que había entre Portugal e Irlanda con Francia hace veinte años, y aunque nuestras economías centroamericanas son hoy más raquíticas que las de Portugal e Irlanda hace dos décadas, algo podemos lograr si partimos de la convicción de que la integración con el mercado norteamericano no es mala en sí misma. Todo dependerá de nuestra capacidad de plantear una negociación seria y de nuestra capacidad de divulgar entre nuestra opinión pública las discusiones técnicas de los economistas. Y sobre todo, dependerá de la unidad centroamericana.


Alianza Social Continental: importantes lecciones sobre el ALCA

La Alianza Social Continental es la coordinadora de la sociedad civil más constante y organizada, la más preparada con un acervo de investigaciones para dialogar sobre el ALCA. No trabaja con retórica, tampoco es globalofóbica.

La Alianza comenzó a organizarse y creció en capacidad analítica al ritmo de la negociación del TLCAN, aunque falló al no lograr alianzas con el sector empresarial y al enfatizar más los aspectos ambientales y sociales que los netamente comerciales. Sin embargo, la experiencia acumulada en aquellos años por las coordinaciones de la sociedad civil de México, Canadá y Estados Unidos le permitió ampliarse hacia una red continental. Hasta ahora, la Alianza SocialContinental no ha encontrado suficientes ecos en Centroamérica.

Revisemos los argumentos principales de la Alianza Social Continental. El primero se desprende del análisis que hacen de los últimos veinte años en su conjunto: El abono para que germine el ALCA como en su tiempo se hizo con el TLCAN -dice la Alianza- se viene introduciendo desde años atrás mediante los programas de ajuste estructural, las privatizaciones y desregulaciones, el agravamiento de la deuda, y los condicionantes perpetuos del FMI, el BM y el BID. No cabe, pues, la ingenuidad de pensar que el ALCA cayó del cielo de repente en Miami durante un discurso de Bill Clinton.

El Consenso de Washington y los paquetes de ajuste estructural aplicados en todos y cada uno de nuestros países nos vienen preparando para el ALCA desde hace mucho tiempo. Sin embargo, aunque esto es evidente, no podemos llegar a la mesa de negociaciones soñando retroceder veinte años atrás en el túnel del tiempo y deshacer todo lo hecho. Todo lo que ha ocurrido con los programas de ajuste nos obliga al realismo, a saber y a aceptar dónde estamos parados en este momento.


Lecciones esclarecedoras: ¿qué ha pasado en México?

El segundo argumento de la Alianza se deriva de comprender los resultados del TLCAN y de ubicar este acuerdo en su contexto histórico. La iniciativa de crear el ALCA surge del gobierno estadounidense, que ve en el TLCAN el parámetro para negociar similares o mejores condiciones en todo el continente para sus intereses y para los de sus empresas. La evaluación en claroscuro de los resultados del TLCAN se convierte así en algo fundamental.

El dato básico para una evaluación de los resultados del TLCAN en México es éste: los modelos económicos implementados en ese país en los 18 años del pre-TLCAN (ajuste neoliberal) y en los tres primeros años del TCLAN han producido las más bajas tasas de crecimiento en su historia reciente.

A diferencia del modelo agroexportador centroamericano, el modelo exportador de productos primarios, vigente en México en los mismos años, completaba las exportaciones agropecuarias con minerales, petróleo y textiles. La tasa promedio de crecimiento en este modelo fue cinco veces mayor que en el modelo neoliberal y un 66% mayor que en el modelo TLCAN. El Modelo de Sustitución de Importaciones (MSI) en México instalado entre 1954-69 rendía tasas promedio de crecimiento por habitante ligeramente más altas que las de Centroamérica, coincidiendo más o menos con los años en que se implementaba este modelo en nuestra región. En México, la tasa promedio de crecimiento durante el MSI fue seis veces mayor que durante el modelo neoliberal y el doble que durante el modelo TLCAN. Entre 1970-76 este modelo entró en crisis relativa, al igual que en Centroamérica, por la misma razón: no agregar al MSI una atención a la reconversión productiva para incrementar la competitividad de la economía. A pesar de esto, los resultados fueron mejores a los de los modelos neoliberal y TLCAN.


TLC Canadá - USA - México: quiénes ganaron y quiénes perdieron

México tuvo la suerte de salir de esa crisis con el descubrimiento de grandes yacimientos de petróleo. Al parchar su modelo de sustitución de importaciones y el debilitado crecimiento endógeno de su mercado interno con el modelo petrolero, logró las tasas más altas de crecimiento de su historia. Pero su suerte se convirtió en el peor de sus desastres porque se encontró sin capacidad de resistir la imposición de 18 años de modelo neoliberal, padeciendo así el programa más consistente y prolongado de los aplicados en todo el continente, el que ha cosechado más recesión y mayores niveles de pobreza.

Es mucho más fácil comparar el modelo neoliberal mexicano con otros modelos vividos por México o comparar el modelo económico neoliberal de México con otros del continente, que compararlo con los modelos neoliberales aplicados en Centroamérica. El impacto de la guerra de los años 80 en Centroamérica hace difícil el ejercicio comparativo, porque en esos años hubo en Centroamérica fuga de capitales, ruptura del comercio intrarregional y desviación de los esfuerzos destinados al desarrollo económico a los requerimientos político-militares de la Guerra Fría. También hubo en Nicaragua, Honduras y El Salvador flujos de ayuda internacional equivalentes a los que generó el boom petrolero en México. Y en los años de la postguerra, durante la imposición del paquete neoliberal, Centroamérica gozó de la repatriación de capitales y del flujo de las remesas. Al analizar el comportamiento del PIB centroamericano en los años 90, todos estos factores deben distinguirse cuidadosamente de los factores resultantes de la estabilización macroeconómica neoliberal.

Sin duda, aunque el modelo TLCAN ha representado para México una mejoría sobre el modelo neoliberal en su tasa promedio del crecimiento del PIB por habitante lo alcanzado está muy por debajo de lo logrado con los otros modelos. El TLCAN ha profundizado una dramática realidad: crecimiento económico sin generación de empleos. En 1995-97 se generaron 3.5 millones de empleos en México y en 1998-2000 sólo 0.4 millones de empleos. En el año 2000, y a pesar de tener un crecimiento positivo, se perdieron 153 mil empleos. Desde el inicio del TLCAN el salario promedio mexicano ha perdido el 16% de su poder de compra. Mientras el TLCAN ha producido un boom de exportaciones y la economía va viento en popa para un 20% de los mexicanos, la clase trabajadora, y mucho más el sector informal, se han caído del barco.

El TLCAN ha representado también una presión hacia la baja para los trabajadores de Estados Unidos y Canadá. De hecho, la pregunta que se hacía al inicio de las negociaciones sobre qué país ganaría y cuál perdería en este acuerdo, se ve ahora claramente equivocada. La pregunta correcta era: quién dentro de cada país ganaría y quién perdería. La respuesta es hoy evidente: han ganado las transnacionales y unas cuantas familias ricas locales, y han perdido los pueblos trabajadores de los tres países.


¿Por qué actúa así el país de George Washington?

Si todo esto le sucedió al "árbol verde" que era México al entrar al TLCAN, ¿qué le pasará al "árbol seco" centroamericano? ¿Qué ocurrirá en nuestras pequeñas economías, tan incompletas y tan políticamente manoseadas al entrar al ALCA? La Alianza Social Continental no está en contra de la globalización. Lo que cuestiona con evidencias y con coherencia es la globalización corporativa. Dicen: Asumimos la globalización en el sentido de que en esta etapa de la historia no son viables las economías nacionales aisladas y cerradas.

Sin embargo, esto no quiere decir que la forma actual, basada en el libre comercio, entendido como desregulación para dejarle la dinámica económica sólo al mercado, sea la única posible y mucho menos la mejor. Nadie en su sano juicio se puede oponer a tratar de exportar, pero esto no debe estar reñido con fortalecer el mercado interno. Más aún, la experiencia histórica reciente muestra que la única garantía de estabilidad de crecimiento es el mercado interno. Estados Unidos es el primer exportador mundial, pero su economía se afinca en su propio mercado interno. Como reconoce la Reserva Federal de Estados Unidos, lo que ha impedido que la desaceleración actual sea aún mayor es el dinamismo del consumo interno y las políticas contracíclicas de bajar la tasa de interés y de expandir el gasto público en tiempos de recesión.

Conviene recordar que el modelo de crecimiento de Estados Unidos, al final del siglo XVIII y durante el siglo XIX fue el modelo agroexportador, pero con la política de George Washington, basada en un pacto económico firme con el campesinado, con los artesanos y con la pequeña industria de la frontera agrícola. ¿Por qué el país de George Washington niega sistemáticamente a Mesoamérica la oportunidad de imitar su histórico modelo económico? ¿Por qué la negación de las políticas contracíclicas? ¿Por qué el desmantelamiento de los Estados latinoamericanos, haciéndolos incapaces de promover y equilibrar el mercado interno de nuestro continente?

Hay dos respuestas a estas acuciantes preguntas. La primera respuesta es que el Modelo de Sustitución de Importaciones, que produjo tan altas tasas de crecimiento en Centroamérica y en América Latina en los años 60 y 70, no fue acompañado por un esfuerzo equivalente en la reconversión productiva. Las clases empresariales de la región se habrían dormido en los laureles de sus altas ganancias. Es decir, nosotros tenemos la culpa. La otra respuesta, complementaria de la primera, es, según la Alianza Social Continental, la aplicación irresponsable de un ajuste neoliberal cuyo objetivo era preparar la expansión estadounidense en el TLCAN y ahora en el ALCA. Independientemente de quién tenga la culpa, no podemos avanzar si no reconocemos dónde estamos hoy. Argumentar que los resultados del TLCAN han sido malos en México no nos excusa de prepararnos para que nuestra negociación en el ALCA centroamericano resulte la mejor posible para nuestros intereses.




Dos salidas para México

La Red Mexicana de Acción frente al Libre Comercio (RMALC), nacida en 1991 e impulsora de la Alianza Social Continental desde 1997 afirma: México no logrará crecer de forma estable y acelerada y menos crear suficientes y buenos empleos si no se diseña una estrategia que al menos tenga dos elementos. Uno: integrar o conectar las cadenas productivas nacionales para que los sectores que crezcan, exportadores o no, halen tras sí al resto de las unidades productivas, especialmente a la pequeña y mediana empresa. Esto no es favorecido por el TLCAN. Y dos: ampliar y consolidar el mercado interno. Para ello es indispensable mejorar los niveles de ingreso de la mayoría de la población. En otras palabras, abatir la pobreza.

Con ello, podrán crecer los sectores que producen para el mercado interno. Esto implica que se deje de considerar la mano de obra barata como nuestra ventaja comparativa en los tratados de libre comercio. Implica también que deje de considerarse la política salarial como parte de la lucha anti-inflacionaria y los salarios reales pasen a ser una palanca del crecimiento del mercado interno, y con ello, del crecimiento del grueso de las empresas que no son las exportadoras.

En teoría, la RMALC tiene razón no sólo para México sino, con matices, también para Centroamérica. Pero en la práctica, ¿cómo llevar esta posición a la mesa de negociaciones después de casi veinte años de neoliberalismo? ¿Cómo vincular cadenas productivas con plataformas de exportación, si Centroamérica carece de Estados fuertes como lo son Taiwan o Corea de Sur, capaces de intervenir en la economía a favor del mercado interno? Centroamérica no ha hecho tampoco las reformas que hizo Taiwan en el campo y las ciudades, destinadas a quebrar la tendencia ultraconservadora de su oligarquía. Debemos reconocer que la evolución de la economía mexicana no ha sido sólo producto del TLCAN sino de dinámicas económicas mucho más profundas, antiguas y arraigadas.


Urge rescatar la agenda del empleo

Nadie, a no ser los sectores más retrógados del empresariado centroamericano, está en contra del fortalecimiento del mercado interno centroamericano. La interrogante más importante es: quiénes están haciendo esfuerzos prácticos en el campo de la incidencia y la negociación para reubicar el tema del empleo en la agenda de la región. Con el ajuste y los programas de inversión social, la agenda del empleo salió de los gabinetes económicos de la región hacia los gabinetes sociales. La atención pública se orientó a empleos de baja calidad para hacer las obras municipales acordadas por los alcaldes dentro de las campañas de sus respectivos partidos políticos. La Estrategia de Lucha contra la Pobreza (ELP) retomó y reeditó los programas de compensación social del ajuste expandiéndolos con más atención a educación y salud, pero siempre dentro el mismo esquema. Después de mucho años, ya empiezan a surgir en Centroamérica críticas de la sociedad civil reclamando que la política de empleo no sea sólo competencia de los gabinetes sociales.

En Guatemala, el Foro Guatemala y el Grupo Barómetro empiezan a levantar preguntas sobre la ELP: ¿Qué factores contribuyen más al crecimiento del ingreso per cápita? El ingreso per cápita se relaciona con el nivel de salarios, las competencias laborales, la tasa de empleo y la relación de dependencia al número de trabajadores por famila. ¿A qué apostar? ¿A un mayor rendimiento educativo de los pobres, a mayores tasas de dependencia en la estructura familiar o al apoyo a la micro y pequeña empresa, especialmente la rural? ¿A una mayor participación de los pobres en los mercados laborales formales de trabajo o a una mejora de salarios reales?

El análisis de la ELP debería permitir separar los efectos del desempleo y de los bajos salarios en el nivel de pobreza, especialmente durante períodos de desaceleración económica para poder así iluminar elementos de la estrategia y las políticas públicas nacionales. La poca atención al tema del empleo en la ELP no permite definir estratégicamente acciones sujetas al actuar de políticas públicas como son estos temas y otros muchos más complejos que tienen que ver con la transición demográfica y educativa de los pobres del país. ¿Qué porcentaje de la reducción de pobreza se puede lograr con aumentos en educación? ¿Con mayor empleo? Con mejores salarios? ¿Dónde poner el énfasis: en el sector formal de grandes y medianas empresas o en el sector informal de las pequeñas? Estamos de acuerdo con el Banco Mundial que el gasto público es la mejor herramienta para intervenir en la pobreza, pero ¿cómo hacerlo si nuestros ministerios ya ni son capaces de formular ni de contestar estas interrogantes?


Aprovechar as fisuras en el muro de la exclusión

En el tema del empleo, como en otros temas, la estrategia de análisis y de incidencia de la sociedad civil requieren de una profunda diversificación y de una coordinación cabal. No hay una "única" crítica de la situación que sufren los pobres. A veces, en todos los foros de discusión se critica una y otra vez el pensamiento único con un único pensamiento. No existe un planteamiento único frente al ALCA. Los planteamientos únicos son contraproducentes y suponen un paradigma que ya no existe.

No existe una sola brecha en el muro de la exclusión. Más bien, hay múltiples pequeñas fisuras que debemos detectar en nuestros gobiernos, en los organismos multilaterales, en las agencias bilaterales y en nuestras mismas organizaciones. Debemos detectarlas, encontrar aliados al otro lado del muro y coordinarnos para consolidar el consenso emergente y seguir construyendo una alternativa que todavía no tenemos en la mano. Sin un paradigma alternativo es imposible una única agenda de negociación, pero sí son posibles múltiples agendas y la conquista de espacios parciales. El color de estas conquistas será casi siempre en tonos de grises, y en el mejor de los casos con algunos tenues colores del arcoiris, pero nunca serán conquistas en blanco y negro.


Víctimas de diversos mecanismos de "dumping"

El tercer argumento que ofrece la Alianza Social Continental es potencialmente el más importante por ser más práctico y menos analítico. Nace también de la experiencia mexicana. México es el país latinoamericano -y probablemente del mundo- con más tratados de libre comercio firmados. Además del TLCAN, los mexicanos han negociado recientemente con Europa el TLCUE y con los países centroamericanos un TLC.

El análisis que hace la RMALC de los mecanismos que se emplean en estos tratados se pueden resumir muy sintéticamente en tres tipos de dumping: el comercial, el social y el ambiental. El dumping comercial se logra inundando el mercado rival con productos baratos, vendidos a precios por debajo de los costos de producción y subsidiados. Hasta que los competidores pierden sus mercados. Después de quebrar al competidor, se vuelve a vender a los verdaderos precios del mercado. Así se va "conquistando" mercado tras mercado. Un ejemplo en Centroamérica: el mercado informal importa y vende pacas de ropa USAda sin pagar impuestos y esta práctica lleva a la ruina a los pequeños y medianos talleres que confeccionan ropa.

En el TLCAN, el dumping comercial fue terminantemente prohibido y Estados Unidos tiene prohibido vender su producción agrícola, altamente subsidiada, a México. Sin embargo, otras variedades de dumping comercial no fueron excluidas y se mantienen el dumping estructural del mercado de vendedores y el dumping estructural del mercado de consumidores. El dumping estructural del mercado de vendedores ocurre cuando una industria con superior productividad dentro de un sistema de mayor competencia sistémica elimina a su competencia. Resulta éste un punto crucial en las negociaciones del ALCA centroamericano.

En la mesa de negociaciones, Centroamérica tiene que pedir protección allí donde exista una competencia sumamente desigual. El dumping estructural del mercado de consumidores lo hemos sufrido ya con el café, cuando el café vietnamita, con una mayor productividad de la mano de obra y con subsidios estatales, se vende en otros países consumidores de café, provocando agudas crisis que han llevado a la ruina a centenares de miles de productores de café centroamericanos. Para la región, la diferencia entre estos dos dumping estructurales está en que, en nuestra pequeña industria artesanal tenemos muy pocos productores muy eficientes de productos como zapatos y otros artículos de consumo popular en Estados Unidos, mientras sobran en este mundo los productores y las productoras de café y granos básicos, gente que por producir esto llevan la marca de "excluidos" en sus frentes.


Una buena fórmula para abatir la pobreza rural en el mundo

Las "donaciones de seguridad alimentaria" que llegan a Centroamérica -granos básicos y cereales de Estados Unidos, arroz de Japón y productos lácteos de Europa- tienen entre nosotros el mismo impacto devastador que el comercio desleal, aun cuando sean regaladas. Recientemente, Brasil criticó duramente los subsidios alimentarios de Estados Unidos, para así poder entrar respaldado con más fuerza de opinión pública en las negociaciones del ALCA.

La eliminación de los 400 mil millones de dólares con que el Norte subsidia a sus productores de alimentos sería la manera más efectiva de abatir la extrema pobreza rural a nivel mundial, mucho más efectiva que la condonación de los 792 mil millones de dólares de la deuda externa latinoamericana, ya que mejoraría directamente el empleo de los productores rurales en extrema pobreza. Sin embargo, el Banco Mundial persiste en su intento de reducir la pobreza con los mismos programas de Fondos de Emergencia Social, que carecen de impacto en economías asimétricamente afectadas por el dumping estructural. El Banco Mundial persiste en la práctica neoliberal de delegar la problemática del empleo a los gabinetes sociales, dominados por una fe ciega en que la mano invisible del mercado moverá con la apertura comercial todas esas asimetrías y generará nuevos puestos de trabajo en nuestras economías.


"Ventaja" centroamericana: la mano de obra barata

Si el dumping comercial fue sólo parcialmente excluido del TCLAN, el dumping social y el dumping ambiental fueron tratados en acuerdos paralelos. Objetivo: así, el núcleo del TLCAN -liberalización del movimiento de mercancías y de capital- no sería afectado por estas dos temáticas. A bonitas declaraciones de principios sobre el medioambiente y el trabajo quedaron reducidas estos acuerdos, carentes de mecanismos para hacerlos valer en la práctica.

El dumping social se expresa en la competencia desleal que hace México a los trabajadores del Norte. Los patrones mexicanos y el Estado mexicano tomaron el camino más fácil en la negociación del TLCAN: sacrificar a los trabajadores mexicanos para que las empresas mexicanas pudieran competir un poco más en los mercados de Norte. Se impuso así una política de topes a los aumentos salariales, que debían ser no mayores que el nivel de la inflación. De hecho, este dumping social es una forma de competencia desleal a los trabajadores del Norte, que luchan hoy por mantener los estándares salariales conquistados a lo largo de luchas históricas. La presión de los sindicatos estadounidenses y canadienses sólo consiguió unos acuerdos paralelos. Se argumenta simplistamente que los trabajadores del Norte ya están muy bien y que, de todas maneras, no existe ninguna igualdad entre un trabajador del Norte y uno del Sur. La realidad es que esta falta de solidaridad entre trabajadores garantiza menos empleo y menos desarrollo en el Sur.


Otra "ventaja": abusar de los recursos naturales

La lógica del dumping ambiental es similar a la del dumping social. No se incorporaron al TLCAN en el acuerdo paralelo sobre medioambiente ni siquiera los estándares mínimos de Estados Unidos. En la práctica, la destrucción del medioambiente mexicano se consideró como una ventaja comparativa por significar una oportunidad para reducir los costos de producción. En este sentido, el campesino mexicano de frontera agrícola que tala árboles y quema tierras, no sólo estará destruyendo su futuro sin saberlo, sino que además será considerado flojo por no ser capaz de una producción más intensiva que generará más empleo. Como dice Alberto Arroyo, uno de los intelectuales orgánicos de la Alianza Social Continental: La no legislación en los acuerdos comerciales sobre los estándares ambientales mínimos, así como un tendencia calendarizada a irlos aumentando en la dirección de los acuerdos de la Cumbre de Río y otros acuerdos internacionales, presionan a la baja los estándares conquistados en el Norte del continente, cancelan la viabilidad ecológica y la sostenibilidad de la economía mexicana y, a menos que se introduzcan cambios drásticos en la política neoliberal que fomenta el TLCAN, pueden extenderse peligrosamente al resto de América Latina bajo el proyecto del ALCA.

La recomendación de la Alianza Social Continental en el tercer argumento es que se incorporen en el ALCA de una manera real y vinculante acuerdos comerciales que contengan una legislación ambiental y social. Recomienda también evitar a toda costa los acuerdos paralelos. La realidad es que en las primeras rondas de negociación del ALCA la mayoría de los gobiernos latinoamericanos se niegan a incorporar las dimensiones laborales y ambientales en los acuerdos de libre comercio, precisamente porque consideran los bajos salarios y el abuso de sus recursos naturales como una ventaja comparativa en su competencia con Estados Unidos.

El obstáculo para lograr acuerdos vinculantes en materia de medioambiente y asuntos sociales no está en Estados Unidos -aun reconociendo la tenaz negativa de Bush a firmar el Protocolo de Kyoto- sino en nuestros propios gobiernos, siempre tentados a considerar la destruccción de medioambiente y las deficientes políticas sociales y salariales como ventajas que ofrecer a los extranjeros. Mientras Costa Rica ya ha descubierto cómo convertir su biodiversidad, sus paisajes, su ecología en ventaja, encontrar sus propias y válidas ventajas es ahora el reto del CA-4.


¿Cómo llegar a la mesa de negociaciones? ¿Para qué pedir protecciones?

Dentro de la estrategia de los gobiernos latinoamericanos, hay variantes en la capacidad técnica y en el poder económico para negociar protecciones con Estados Unidos. Si Brasil tiene la mayor capacidad entre todos los demás países, Centroamérica tiene la menor. En las negociaciones de los Tratados de Centroamérica con México, sólo hablaron Costa Rica y El Salvador. Y si no hubiera sido por la compasión de México, todos los países centroamericanos habrían firmado tratados que hubieran sido la "crónica de la muerte anunciada" de la mediana empresa centroamericana. Los Presidentes y los empresarios del Norte y del Sur de nuestro hemisferio han tenido y tendrán muchas facilidades para pactar a espaldas de las clases trabajadoras de sus países y del medioambiente de sus territorios. Como en el pacto Alemán-Ortega en Nicaragua, la ropa sucia que esconden ambos caudillos engrasa y garantiza esos pactos.

La Alianza Social Continental recomienda una estrategia clara de negociación para defender la posibilidad de que en el mercado todos corramos los mismos riesgos y gocemos de las mismas oportunidades. La Alianza facilita una guía práctica para llegar a la mesa de negociaciones con una amplia agenda social para la integración hemisférica en los campos de derechos humanos, ambiente, trabajo, inmigración, el papel del Estado, la inversión, las finanzas, la propiedad intelectual -especialmente la de los pueblos indígenas-, la agricultura, el acceso al mercado, el género, los servicios y el cumplimiento y resolución de disputas. La incidencia de la sociedad civil puede ser mayor en medioambiente, salarios y pequeña empresa, donde puede ser mayor la ceguera de los gobiernos centroamericanos.


No podemos dar un giro de 180 grados a 40 años de historia

Dice Ricardo Zapata, Jefe de la Sección Comercial de la CEPAL en México: Los gobiernos centroamericanos no deben llegar a la mesa de negociaciones con la idea de que se va a negociar liberalización, a negociar un mercado libre. Lo que se va a negociar no es liberalización sino protecciones. Estados Unidos no va a sacrificar la protección de su industria de acero ni ante Europa ni ante Brasil. Centroamérica no tiene una industria de acero que proteger, pero debemos pensar lo que nos tocará proteger en este bello pedazo del planeta, aún con tantos recursos naturales, entre ellos el agua, en este territorio de ubicación privilegiada que permite la comunicación este-oeste y norte-sur, una ventaja que Estados Unidos reconoce y a la que no debe acceder sin hacernos concesiones.

No debemos alimentar la ilusión de creer que nuestra sociedad civil tendrá la capacidad de hacer retroceder el tiempo dando un giro de 180 grados a las actuales dinámicas económicas, ambientales y sociales que llevan instaladas en nuestros países desde hace cuarenta años sin la menor inflexión de ruta. Aunque la propuesta de la Alianza Social Continental es buena en teoría, tendremos que llegar a la mesa de negociaciones no con protestas, sino con propuestas concretas concertadas entre los distintos sectores de la sociedad centroamericana. La sociedad civil centroamericana debe saber combinar las experiencias concretas de los tratados ya firmados y la información de las que dispone la Alianza Social Continental con propuestas realistas sobre los tratados comerciales.


Lo que más nos conviene, lo que más le convendría a Estados Unidos

Al entrar en las negociaciones del ALCA, es importante ubicar lo que es un tratado de libre comercio. La integración dentro del mundo global tiene varias escalas o niveles: Uniones políticas, Uniones económicas con política social común, Mercados Comunes Tipo MCCA en comercio, finanzas y trabajo, Tratados de Zonas de Libre Comercio con gradualidad y progresividad, Cooperación Económica y Asociaciones de Programas de Desarrollo (Pacto Amazónico, Asociación del Río de la Plata, etc.). Lo que más convendría a los pobres centroamericanos sería cualquier tipo de tratado que permitiera un libre mercado de trabajo.

La masiva migración centroamericana hacia el Norte significa hoy un mercado común ilegal sin acceso a las políticas sociales norteamericanas. Pero, aunque retóricamente suene bien como reclamo, de antemano sabemos que éste no es un tema que podremos abordar en la mesa de negociaciones. Lo máximo que podríamos negociar es un acuerdo, paralelo y no vinculante, con posibles fases superiores de Tratado, que permitiera en el largo plazo un libre mercado de mano de obra.

En el ALCA, lo que más convendría a Centroamérica es una política social común. Pero Estados Unidos no está dispuesto a pagar los costos que pagó Alemania occidental para incorporar a Alemania oriental en los años 90. Tampoco tiene Estados Unidos lucidez suficiente como para plantear una unión económica con México y Centroamérica para expandir el alcance de su mercado interno y así enfrentar las obvias amenazas económicas de la China y la India.


América Latina en el penúltimo peldaño

Soñar con una política social común en el ALCA es ilusorio, no resulta constructivo. Lo que se le ofrece a América Latina es el penúltimo peldaño empezando por abajo. Por la amarga cosecha del neoliberalismo y por el desmantelamiento del Modelo de Sustitución de Importaciones, las pequeñas economías centroamericanas y varias de las latinoamericanas no están preparadas para otra cosa que no sean Tratados de Zonas de Libre Comercio, y quizás ni para eso. Estados Unidos pretende conseguir antes del 2005 un tratado que proteja su economía interna a expensas de las economías internas latinoamericanas, un acuerdo donde sólo fluyan libremente el capital financiero y las mercancías negociadas. Lo que América Latina requiere es de un plan de negociación que limite al máximo las claras ventajas de las que goza Estados Unidos dentro de un acuerdo continental como el que se esta configurando.


Centroamérica: ¿conejillo de Indias del ALCA?

Las primeras negociaciones claves para Estados Unidos en el ALCA podrían pasar por Centroamérica. Ojalá no fuera así. Los Estados Unidos ya han iniciado este camino con la retórica de que "la cosecha temprana" es la mejor, buscando inducir la idea de que el primer bloque en concluir sus negociaciones en el ALCA puede resultar el más beneficiado. ¿Será Centroamérica tan ingenua como para pensar que la negociación del ALCA será similar al negocio en que los elotitos tiernos tienen mejores precios que las mazorcas? ¿Creerá que una negociación temprana del ALCA se parece a la situación en que el productor que llega al mercado más temprano con su maíz y sus frijoles es el que se saca la lotería? La realidad y la trayectoria seguida hasta ahora nos indican que a Estados Unidos no le conviene negociar un buen acuerdo con los primeros 35 millones de latinoamericanos -los centroamericanos- porque tendría luego que enfrentar a los restantes 365 millones de latinoamericanos, que negociarían teniendo como techo no negociable los resultados conseguidos por Centroamérica.

Ya escuchamos la repuesta de Moeller a la pregunta ¿Y qué pasará con las economías más débiles de América? No hay duda de quiénes son. Los Estados Unidos tienen que ensayar con algunos países una respuesta a la necesidad de un tratado que dé algún tipo de tratamiento a las diferencias de tamaño y de grado de desarrollo. No es lo mismo negociar con México, uno de los 24 miembros de la OECD que con los países centroamericanos, ubicados entre los 110 colocados más al fondo del Índice de Desarrollo Humano, con un PIB regional muy inferior al del Distrito Federal de México.


Llegamos pidiendo limosna y buscando "visa para un sueño"

En este momento y con la preparación que hoy tiene, Centroamérica llega al ALCA pidiendo limosnas para mantener y consolidar su acceso a su principal socio comercial. Llega pidiendo más espacio dentro de la Iniciativa de la Cuenca de Caribe, particularmente en el área de textiles. Y llega solicitando más ayuda externa y suplicando un mejor trato para sus indocumentados.

Para la construcción del ALCA, Estados Unidos necesita un avance más acelerado en un marco subregional, particularmente en el tratamiento de diferencias de tamaño y grado de desarrollo. En un mundo en que el eje de la acumulación ha pasado de la producción hacia los servicios, le apetece enormemente a Estados Unidos esa ideal plataforma de servicios transnacionales que le ofrece Centroamérica. Durante estos últimos años, Estados Unidos ha demostrado plena capacidad para manipular a los presidentes centroamericanos. Conoce sus debilidades, su ropa sucia. Además, son mandatarios de países donde la mayoría de su población busca "visa para un sueño": migrar al gran país que nos ha invadido diecisiete veces en el último siglo. Son muchas las razones que permiten a Estados Unidos confiar en que puede negociar un techo bajo en Centroamérica, un techo que no dañe después sus posibilidades con los países andinos y con los del MERCOSUR. La economía centroamericana, demasiado frágil, demasiado dependiente, los incita a la experiencia. Centroamérica será el conejillo de Indias del ALCA si no logramos desarrollar una negociación seria, digna y concertada.


Informales y migrantes: únicas válvulas de escape

La pequeña y mediana empresa centroamericanas sufrirán mucho con la ola del ALCA estadounidense. La microempresa y el sector informal centroamericanos están ya tan mal que sentirán pocas diferencias entre el pre-ALCA de hoy y el ALCA consumado de mañana El sector informal -60% de las empresas de la economía centroamericana- continuará absorbiendo la indigencia regional. El número de microempresas del sector informal crece al mismo ritmo que crece la población. Sin embargo, en la medida en que se expande, el sector queda más excluido y posicionado en mayor desventaja. Centenares de miles de empresas fracasan cada año en Centroamérica. La presión demográfica determina quiénes son los nuevos integrantes de este sector mayoritario. La informalidad no desaparece porque es la única plataforma accesible a las mayorías centroamericanas. La informalidad o la migración, únicas válvulas de escape.

Lo peor para la microempresa y para el sector informal es no encontrar a nadie a quien vender servicios.La microempresa ya no es patriótica, ya ha sido internacionalizada. Poco le importa que el consumidor de sus servicios sea nicaragüense o salvadoreño, que sea centroamericano o que sea la maquila estadounidense. El sector informal y los servicios de transporte migran a las maquilas. Y la industria microfinanciera sigue sus pasos. La única cosa que transformaría el sector a largo plazo es un programa de crecimiento endógeno o de encadenamiento de las inversiones extranjeras y nacionales con la economía nacional y regional que aproveche una reconversión de la pequeña y mediana empresa para incrementar el nivel de los salarios y así hacer más viable la microempresa en un mercado interno ampliado. La generación de empleos que promete la maquila o la industria turística es mínima comparada con lo que podría producir una adecuada y decente promoción de los estratos más viables de nuestras pequeñas empresas y microempresas.


No debemos negociar para perder una vez más

¿Entrará Centroamérica en el ALCA? Sin duda, porque no hay otra opción. ¿Tiene suficiente fuerza de incidencia la sociedad civil centroamericana para que la negociación de los tratados sean un ejercicio digno y no un experimento con conejillos de Indias? No. ¿Será el ALCA un paquete sin pueblo? Lo será. Pero, si partidos políticos y organizaciones populares somos honestos y francos, tendremos que reconocer que una gran parte de los esfuerzos legales, institucionales y sociales de la sociedad civil son también paquetes sin pueblo.

¿Los Presidentes de nuestros países y los grupos empresariales centroamericanos podrán negociar una inserción en el ALCA que beneficie a la mayoría de la población sin la presión de la sociedad civil? Ciertamente no. ¿Las élites regionales podrían negociar un ALCA para Centroamérica que estimule su economía con una estrategia de negociación decente y fecundada con múltiples asesorías, más allá de las que ofrece la CEPAL y otros organismos multilaterales? Sí. Pero no pueden esperarse milagros ni soluciones favorables para las mayorías centroamericanas después de tantos siglos de rezago. Conseguirlo será un proceso de varias décadas que depende de la reconversión de nuestros Estados, de nuestros partidos, de nuestras ONG y de nuestras organizaciones populares. La negociación del ALCA nos da una oportunidad para una reconversión negociadora hacia afuera. La más importante reconversión, la que debemos hacer hacia dentro y desde abajo hacia arriba, difícilmente podremos hacerla ya antes de la firma del ALCA.


Nuestro deber en esta hora: bajar la retórica y coordinarnos

A todas y a todos los que sentimos la increíble pérdida del potencial de la mayoría abrumadora de las empresas centroamericanas -del pueblo centroamericano- nos asalta la duda sobre la viabilidad de una alternativa razonable dentro del actual plan del Norte. Pero la duda, aunque sea buena consejera, no puede ser nuestra guía. Y no nos exime de nuestra responsabilidad de informarnos y de prepararnos seriamente para la negociación del ALCA. No nos exime de la coordinación necesaria para poder incidir en esa negociación.

No nos exime de establecer vínculos con la Alianza Social Continental, vínculos hasta ahora mínimos o nulos. Si nuestra sociedad civil entra en la etapa de negociación sólo con retórica, estará luchando para perder otra vez. La única alternativa es una estrategia realista y un consenso amplio en torno a esa estrategia.

Lo que suceda en Centroamérica tendrá consecuencias para el resto de América Latina. Una mala negociación debilitará las negociaciones de los otros países. ¿Volveremos a ser una pequeña luz de esperanza que anime esperanzas más allá de nuestras fronteras y capacidades, a pesar del peso de este mundo globalizado? Probablemente no. Lo único que tenemos hoy en las manos es buscar una estrategia mínima, bajar el tono de la retórica y coordinarnos.


Realistas, audaces, astutas y unidos en un solo bloque

La crisis de nuestra región no va a desaparecer con un ALCA mal negociado, más bien empeorará. La crisis es tan profunda que tampoco desaparecería con una buena negociación. En esta hora de debates sobre el ALCA, los rostros de nuestra gente en los mercados municipales, los perfiles de nuestras campesinas cargando leña en las carreteras rurales, la rebusca desesperada de niños y niñas en los semáforos de nuestras calles y los pregones de frutas y servicios en la aurora de nuestros barrios deben inspirarnos. Deben convencernos de que sólo una estrategia de negociación realista, audaz, bien preparada, será más valiosa para todos ellos que cualquiera de las campañas retóricas de denuncias inflamadas, que sólo nos harán perdedores una vez más. Que el astuto Güegüense, que con humor nos enseñó a sacar ventaja en situaciones de total desventaja, nos acompañe en esta hora.

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