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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 242 | Mayo 2002
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Internacional

Crisis cafetalera: ¿la culpa es de Vietnam?

Los vínculos entre los poderes globales del Norte y las iniciativas locales en el Sur se evidencian en la devastadora crisis cafetalera. La caída de los precios internacionales del café ha agudizado los problemas económicos en Nicaragua y en toda Centroamérica. ¿Quién tiene la culpa, quién es responsable?

Gerard Greenfield

El 24 de mayo del año 2001,catorce jóvenes inmigrantes mexicanos murieron de sed en el desierto
de Arizona mientras intentaban entrar en Estados Unidos en busca de trabajo. De los catorce, seis fueron caficultores en el estado de Veracruz y habían quebrado. Formaban parte de unos 300 mil cafetaleros mexicanos que tuvieron que abandonar sus tierras en busca de otro trabajo. Estas seis muertes -ligadas directamente al desplome de los precios internacionales del café- son un símbolo de la desesperación en que hoy están sumergidos los pequeños y medianos productores cafetaleros y los trabajadores de las tierras cafetaleras a lo largo y ancho de América Latina y del mundo.

En Nicaragua, cientos de obreros desempleados emprendieron con sus familias en el año 2001 un viaje diferente al de los jóvenes mexicanos: marcharon de Matagalpa a Managua para protestar por la pérdida de sus fuentes de trabajo y exigiendo al gobierno apoyo a los pequeños caficultores. Casi 400 mil personas dependen en Matagalpa de los salarios que reciben de los 44 mil caficultores matagalpinos. Con la continua caída de los precios -una baja del 64% en tan sólo dos años-, estas familias han visto agudizarse la pobreza en la que ya vivían. Y no vislumbran aún ninguna solución en el incierto horizonte de su extrema pobreza.

MILLONES DE PRODUCTORES FRACASADOS CON UN PRODUCTO EXITOSO

Los precios internacionales del café han caído a su nivel más bajo en 32 años. Antes de este desplome, el café fue el bien primario más comercializado del mundo después del petróleo. Un estimado de 60 millones de personas encuentran su sustento en el café. Ahora, ese sustento -precario y empobrecido aun en los mejores tiempos- está amenazado.

En El Salvador la caída del precio del café se combinó con la devastación causada por el terremoto de enero 2001, dejando en el desempleo a más de 30 mil personas. Los ingresos de Timor Oriental por el café cayeron en un 35%, afectando a 40 mil familias, que dependen directamente del café para sobrevivir. En Indonesia, el precio de un kilo de café en grano cayó a 3 mil rupias, menos que las 4 mil que cuesta producirlo. En regiones productoras de café -como Lampung, Sumatra- los pequeños agricultores se encuentran profundamente endeudados. En el sur de la India, el precio del café robusta cayó de 73.03 rupias en 1998 a 30.24 en 2001, una caída de 58.6%. Al mismo tiempo, el costo de producción subió de 45.98 rupias a 66.75 el kilo, más del doble del precio actual para la venta.

En Guatemala los caficultores también enfrentan la quiebra, mientras los precios continúan cayendo por debajo de los costos de producción. Los guatemaltecos han empezado a vender café de baja calidad como combustible industrial con la esperanza de conseguir con esto un mejor precio para el producto. En Chiapas, la quema de café ocurrió por otras razones. El 17 de abril del 2001, los miembros de la cooperativa indígena de café Maya Vinic quemaron parte de su cosecha de café en protesta por el derrumbe de los precios. Otro caso de quema de café se dio en Vietnam un año antes, en agosto 2000, cuando más de 150 personas de la etnia edeh, en la provincia Dak Lak de las regiones montañosas centrales, atacaron un asentamiento de caficultores, destruyendo casas y quemando dos hectáreas de cafetales.

A pesar de la represión agresiva por parte del gobierno vietnamita, las protestas subieron de tono y en febrero 2001 miles de personas se unieron a ellas. Los manifestantes exigían la devolución de sus tierras ancestrales y poner fin de las plantaciones de café que están destruyendo sus bosques. A pesar del uso de soldados armados y del arresto de treinta líderes de la protesta, las manifestaciones duraron casi dos semanas. Fue éste el levantamiento rural más importante después de la protesta de 10 mil campesinos en la provincia norteña tailandesa de Binh de mediados de 1997.

El tema común que subyace a la quema del café en Chiapas y en Guatemala, a las protestas en Nicaragua y en Vietnam es el impacto que la crisis global del café está teniendo sobre los pequeños productores y los trabajadores agrícolas y sus comunidades, un impacto aún mayor sobre los índigenas y sus comunidades. Todas estas protestas responden tanto al fracaso de estos productores como al éxito del cultivo de café para la exportación.

VIETNAM: DE PEQUEÑO PRODUCTOR A CAMPEÓN MUNDIAL

La quiebra de los caficultores de Guatemala y Nicaragua, las enormes pérdidas financieras en Honduras, El Salvador, Timor Oriental e Indonesia, apuntan en una dirección: Vietnam. La reciente llegada al escenario cafetalero mundial de Vietnam como productor de importancia, ha lanzado una sobreoferta de café en el mercado mundial y ha causado el desplome de los precios internacionales.

El presidente de la Asociación de Café y Cacao de Vietnam (VICOFA), Doan Trieu Nhan, citando al presidente de la Organización del Café (ICO), lo declara abiertamente: Vietnam es el culpable de la caída del precio mundial del café. En una década, Vietnam pasó de ser un pequeño país productor de café a convertirse en el que ocupa el segundo lugar entre los exportadores de café en el mundo, y en el primer productor mundial de café robusta. En 1999, Vietnam superó a Indonesia como mayor productor mundial de café robusta y se colocó como tercer productor mundial de café después de Brasil y de Colombia. A finales del año 2000 la producción de café de Vietnam superó a la de Colombia, quedándole sólo Brasil en la delantera.

Este irresistible ascenso ocurrió en los últimos cinco años, con una expansión del área de cosecha de 155 mil hectáreas en 1995 a 550 mil en 2001. En este mismo período las exportaciones subieron de 4 millones a 14 de millones de sacos, lo que representa el 12.3% del total de 114 millones de sacos que se producen a nivel mundial. Sólo el 4% del café cosechado en Vietnam se consume allí, el resto se exporta, y por el limitado número de procesadoras que hay en el país todo el café se exporta sin procesar. Las plantas existentes -como la fábrica estatal Bien Hoa Café y la de Nestlé Vietnam- producen para el mercado nacional y operan muy por debajo de su capacidad.

CUANDO EL CAFETAL FUE “EL ÁRBOL DEL DÓLAR”

La cosecha de café vietnamita se concentra en la región montañosa central, en las provincias de Dak Lak, Lam Dong, Gia Lai y Kon Tum. Existen allí unas 470 mil hectáreas de tierra dedicadas al café, el 85% del área total destinada al café en todo el país. Según algunas estimaciones, el área total cafetalera en las regiones montañosas centrales es de 514 mil hectáreas. En Dak Lak está el área más grande del cultivo: 264 mil hectáreas.

Estos cafetales tienen sus orígenes en el reasentamiento oficial de casi un millón de personas del pueblo kinh -la etnia más grande de Vietnam- a Nuevas Zonas Económicas en las regiones montañosas centrales. Como estas provincias colindan con Camboya y Laos, el gobierno vietnamita promovió activamente la migración de los kinh por razones de seguridad nacional y como protección contra la subversión de las minorías étnicas. Miembros de grupos étnicos -como los edeh y los gia rai- son ya sólo el 25% de la población de estas provincias. Aun después de que el reasenta-miento oficial terminó, continuaba un “libre flujo” de trabajadores migratorios hacia las regiones montañosas centrales, debido especialmente a las riquezas que prometía el café. Al cafetal se le llamaba “el árbol del dólar”.

Desde 1996 unas 400 mil personas emigraron hacia Dak Lak para beneficiarse del auge del café. Más de 120 mil hectáreas fueron quemadas para despejarlas y darle paso a los nuevos cafetales. Mientras los bosques ancestrales de los indígenas se convertían en cafetales, muchos de ellos se aprestaron a plantar “el árbol del dólar”, mientras otros emprendían una campaña para proteger sus tierras. La destrucción de los bosques, tan rápida expansión del cultivo del café, y las prácticas de irrigación intensiva condujeron a la erosión de los suelos y a una seria escasez de agua. Los ríos y estuarios naturales se secaron y decendieron los niveles de las aguas subterráneas. Cuando en 1998 llegó la sequía, 200 reservorios se secaron y las fuentes de agua subterránea fueron sobreexplotadas. Durante la sequía, un 90% de las familias de Dak Lak no tuvo acceso suficiente al agua. Los precios del agua subieron en un 25% y las familias de los pequeños agricultores perdieron más de 70 mil hectáreas de cafetales. A pesar de la sequía, la extensión del cultivo del café no se detuvo y cada vez más campesinos pedían préstamos para sembrar cafetos y comprar fertilizantes. Los comerciantes del café empezaron a pagar sus cosechas a los campesinos por anticipado, atrapándolos así en la red de las deudas y en el monocultivo.

CRÓNICA DE UN COLAPSO ANUNCIADO

Un 80% de los cafetos en las regiones montañosas centrales pertenecen a pequeños agricultores que producen a pequeña escala. En promedio, estas familias poseen tierras de una o dos hectáreas. El restante 20% pertenece a las subsidiarias de la empresa estatal Corporación Nacional de Café Vietnam (VINA CAFÉ).

Desde 1994, el café ha sido el segundo rubro productor de divisas más importante para Vietnam, después del arroz. En el año 2000, los ingresos obtenidos por la exportación de café bajaron a 458 millones de dólares, una caída del 18.8% en comparación con los 564 millones del año 1999. Entre enero-septiembre 2001, los ingresos bajaron en 30%, comparándolos con los obtenidos en el mismo período del año 99. En las regiones montañosas centrales los cafetaleros perdieron unos 172 millones de dólares en la cosecha 2000-2001.

A inicios del 2001, hubo temporales incrementos del precio del café que animaron a los pequeños agricultores a continuar sembrando café a pesar de las señales de un colapso a largo plazo en los precios. En enero 2001, el precio del kilo de café subió a 1 mil dongs en Lam Dong y Dak Lak. Pero tres semanas después vino otra caída. A mediados de febrero los precios cayeron durante cinco días consecutivos. En respuesta, los productores de café empezaron a quemar sus árboles. Sólo en Dak Lak más de 10 mil hectáreas de café fueron taladas, quemadas o abandonadas. Al mismo tiempo, se anunciaron planes oficiales para reducir la producción total de café y subir los precios talando entre 150 y 180 mil hectáreas de cafetales. Los planes del gobierno vietnamita de destruir tanta miles de hectáreas de cafetos dieron continuidad a una serie de esfuerzos fallidos destinados a reducir la producción y a restaurar el precio mundial.

El 19 de mayo del 2000, la Asociación de Países Productores de Café (ACPC) aprobó una resolución que exigió a sus miembros retener el equivalente al 20% del volumen de sus exportaciones. Creado en 1993 bajo la dirección de Brasil, la ACPC acogió a catorce países miembros, y fue diseñado para regular el precio mundial del café, de la misma manera que la OPEP regula los precios mundiales del petróleo. Significativamente, Vietnam nunca fue miembro de la ACPC.

El esquema de retención propuesto por la ACPC en mayo 2000 pretendía reducir la sobreoferta existente en el mercado mundial y subir el precio del café. Aunque Vietnam no era miembro de la ACPC, el gobierno vietnamita anunció planes para apoyar esa propuesta, y retuvo el 20% del volumen de sus exportaciones, 150 mil toneladas. El gobierno compró y guardó 60 mil toneladas a finales del 2000, y después otras 90 mil a inicios del 2001. Sin embargo, liberó la mayoría de esta reserva a los seis meses, causando una nueva caída de los precios. Cuando el plan de retención fracasó y la sobreoferta global superó el 10%, la ACPC resolvió, en septiembre 2001, suspender el plan. Entonces, la ACPC dejó de funcionar.

ALTIBAJOS SÚBITOS PARA UNA POBREZA “ACEPTABLE”

Después del fracaso del plan de retención de la ACPC se buscaron nuevos arreglos regionales, sobre todo por parte de Indonesia. A inicios de diciembre 2001, la Asociación de Exportadores de Café de Indonesia (AEKI) anunció que los tres productores más grandes del mundo de café robusta
-Indonesia, Vietnam e India- se encontrarían en Hanoi en enero 2002 para discutir acciones conjuntas para limitar las exportaciones y aumentar los precios internacionales.

A pesar de estos esfuerzos por establecer un bloque post-ACPC de productores de café robusta para regular los precios, los exportadores de café de Indonesia jugaron su papel en el reciente derrumbe de los precios. En la temporada 2000-2001, los exportadores indonesios importaron 500 mil sacos de café verde en grano de Vietnam para exportarlo ellos. De esta cantidad, 200 mil sacos se entregaron a la industria nacional para tostarlos y exportarlos. El resto, 300 mil sacos, los exportaron sin procesar. En abril 2001, los exportadores indonesios volvieron a importar de Vietnam café verde en grano más barato, para atender nuevos pedidos de café seco y tostado a precios bajos. Todas las semanas el precio sufre una aguda caída en el mercado en Nueva York. Las fluctuaciones del precio nos afectan bastante en Timor, porque nuestro café se vende en el mercado estadounidense. Esto decía en ese momento la Directora Operativa de Café Cooperativo Timor (CCT), mientras que Celsius Lodder, Director Ejecutivo de la Organización Internacional de Café (ICO), opinaba otra cosa: Se trata de un exceso de oferta y de una demanda insuficiente. Aun así, el agricultor sobrevive. No se hará rico, pero no morirá de hambre. Su nivel de pobreza será aceptable.

Aunque Vietnam fracasó en su intento de reducir las exportaciones y contribuyó al colapso de la ACPC, hay de por medio una dinámica política y económica global-local que tiene una más importante responsabilidad en la crisis. Esta dinámica tiene como base varios factores. Citemos tres. El impacto de los mercados financieros internacionales. El papel de las corporaciones transnacionales que dominan la industria global del café. Y la presión para un modelo agro-exportador.

PRIMER RESPONSABLE: LOS MERCADOS FINANCIEROS INTERNACIONALES

El precio base del café es fijado por los comerciantes en la Bolsa de Café, Cacao y Azúcar Inc. de Nueva York, y en la Bolsa de Futuros Internacionales de Londres. Son estos precios los que impactan directamente en los comerciantes locales y en los productores. Un ejemplo: el 9 de octubre del 2001, el precio del café robusta en la Bolsa de Londres llegó a su nivel más bajo en 30 años. El mismo día, el precio del café en grano en Dak Lak cayó a 4 mil dongs por kilo, lo que significaba la mitad del costo de producción de ese kilo del grano.

Por un lado, la velocidad de esta reacción inmediata, el impacto instantáneo en los precios locales, refleja el poder de las nuevas tecnologías. Por otro lado, el poder de los grandes comerciantes de las bolsas de café y la hiperexplotación de los pequeños productores a través de transacciones especulativas se mantienen y no son nada nuevo. Son sólo una expresión del pasado colonial que mantiene impreso su sello en la industria mundial del café.

Mientras los precios internacionales sean determinados en las Bolsas de Londres y Nueva York por los poderosos intereses económicos de Europa y América del Norte, la ACPC no puede ni manejar los precios eficazmente ni tampoco proteger a sus miembros. De hecho, la ACPC sólo fue creada en 1993 cuando cuatro años antes había colapsado el Acuerdo Internacional sobre el Café. En su afán de imponer el “libre” mercado al resto del mundo, el gobierno de Estados Unidos se opuso firmemente a la regulación del precio mundial del café a través del Acuerdo, provocando su fin en 1989. Fue sólo después de esta crisis que los países productores de café a bajo costo como Vietnam entraron al mercado y socavaron los precios.

SEGUNDO RESPONSABLE: LAS CORPORACIONES TRANSNACIONALES

También juegan un papel decisivo en la crisis las corporaciones transnacionales (CTN) que dominan la industria del café a nivel global. A pesar de la crisis -o con más precisión, debido a ella- estas corporaciones continúan ganando. Procter & Gamble (dueña de Folgers), Philip Morris (cuya subsidiaria Kraft Foods es dueña de Maxwell House), Sara Lee (Hills Bros., MJB) y Nestlé dominan el mercado mundial del café. Como explica el informe anual de Nestlé sobre sus ventas de café en el año: Las ganancias del comercio aumentaron y los márgenes mejoraron gracias a los precios favorables del producto primario. (Citado en: Café Amargo: cómo los pobres pagan por la depresión del precio del café. Oxfam, mayo 2001).

No sólo es que estas CTN se aprovechan de la crisis de los cafetaleros y de los obreros, sino que su manipulación de los precios y la demanda de café a nivel mundial contribuyó a la crisis actual. En los años 80 e inicios de los 90, la feroz competencia entre las CTN por su participación en el mercado del café provocó un énfasis en el precio antes que en la calidad, animando al consumo de café robusta de baja calidad, sobre todo en cafés enlatados. Esto llevó a una rápida expansión del café robusta de baja calidad.

La devaluación en 1997 de la moneda vietnamita, el dong, fue explotada rápidamente por los comerciantes y minoristas de café. Las CTN como Nestlé empezaron a comprar a Vietnam para bajar los precios, obligando a sus proveedores tradicionales en México y Centroamérica a bajar los suyos. Pero ni siquiera Vietnam se benefició de este cambio. A pesar de incrementar los niveles de producción para cumplir con una demanda esperada de 55 mil toneladas de robusta para el café instantáneo durante la temporada 1998-99, Nestlé compró sólo 4,500 toneladas a Vietnam. Otra manipulación de los precios se vio en la reciente presión hecha por Nestlé al gobierno mexicano. En enero 2001, el gobierno mexicano tuvo que adjudicar a Nestlé una licencia para importar 600 mil sacos de café de Vietnam, lo que llevó a una caída de los precios locales aún antes de producirse esa importación.

Nestlé financia ahora nuevos programas de R&D para la producción de café en Tailandia, país vecino a Vietnam. Ya identificó a siete de las veinte variedades de café que pretende promover allí para una extendida producción de café para la exportación. Un programa de R&D similar es financiando actualmente por el Banco Mundial en otro país vecino a Vietnam, Laos.

La expansión del uso de granos de café genéticamente modificados por parte de las corporaciones transnacionales amenaza reducir aun más los precios del café y socavar las bases económicas de los pequeños productores. El avance del café genéticamente modificado aumentará la concentración de la siembra de café en plantaciones agroindustriales y la cosecha bajo contrato a las CTN.

El impacto de las CTN ha sido muy extenso. Pero es importante reconocer también dos factores importantes. Primero, las compañías vietnamitas jugaron un papel directo aumentando la producción de café. Corporaciones estatales, en particular la CAFÉ VINA y sus subsidiarias, alentaron la especulación local en el café. La CAFÉ VINA desarrolló estrechos lazos con compañías comercializadoras extranjeras y revendedoras y actuó como un canal para la explotación de los cafetaleros vietnamitas. Los bancos comercializadores estatales también recibieron mayores ingresos en base al café y destinaron sus préstamos a los productores locales del grano. Otro interés detrás del cultivo del café fue la venta de fertilizantes, tanto por corporaciones estatales que buscaban un nuevo mercado interno de consumo intensivo de fertilizantes, como por compañías comercializadoras estatales -sobre todo de países como In-donesia- que ganan con la importación de fertilizantes.

Segundo, las CTN regionales de Asia jugaron también un papel en la crisis. Los vínculos más estrechos los tiene VINA CAFÉ con compañías comercializadoras japonesas como Itochu y Mitsui. La gran expansión de la producción de café robusta se debe, en parte, a la demanda creciente de granos de baja calidad usados en la fabricación de café soluble. Mucho de este comercio se realizó vía Singapur. Otra CTN regional importante es la corporación Olam International con base en Singapur. Olam es una casa comercializadora a nivel global que comercia bienes agrícolas primarios, incluyendo café, semilla de marañón y algodón, y es uno de los comercializadores más grandes del mundo de café robusta. De hecho, entre 1995-96, el café exportado de Vietnam a Singapur dobló al exportado a Estados Unidos, y en 1997 Singapur fue todavía un destino más importante que Suiza y Estados Unidos.

Recientemente, Olam estableció en Vietnam un joint venture, Olam Vietnam S.A. con valor de 1.7 millones de dó-lares. Esto implica abrir dos nuevas fábricas procesadoras de café en el distrito Di Linh de la provincia de Lam Dong y el distrito Dac Nong de la provincia de Dac Lac. La fábrica de Di Linh tiene una capacidad procesadora de 15-18 mil toneladas por año. Y la fábrica de Dac Nong cuenta con una capacidad anual inicial de 8 mil toneladas. La apertura de estas fábricas no sólo saca provecho de los costos de producción más bajos en Vietnam, sino que también anima a los pequeños agricultores del área a continuar produciendo café.

TERCER RESPONSABLE: LA PRESIÓN PARA UN MODELO AGRO-EXPORTADOR

Aunque varias ONG, activistas de “comercio justo del café” y periodistas han culpado a las políticas del Banco Mundial por la sobreproducción de café en Vietnam, no hay muchas evidencias que apoyen esta conclusión. Si bien el Banco Mundial fue el responsable de promover la ideología neoliberal entre la élite política de Vietnam y alentar la dependencia del país de las exportaciones, hubo una mínima cantidad de préstamos del Banco Mundial dirigidos a la industria cafetalera en Vietnam.

Los préstamos indirectos podrían haber jugado un papel, pero las decisiones sobre el financiamiento fueron tomadas por el Banco Vietnamita de Agricultura y los bancos comercializadores estatales. Más aún, el cronograma del auge del café en Vietnam no coincide con el aumento de actividades del Banco Mundial en Vietnam. Dado que los cafetos necesitan de cuatro a cinco años para madurar, la extensa siembra que llevó al despegue de la producción de café se habría dado en 1990-91. La mayoría de los préstamos del Banco Mundial y su imposición de políticas de “libre mercado” se realizaron después de levantarse el embargo de Estados Unidos, en 1995. Los préstamos bilaterales y “la ayuda oficial” -particularmente de los países de Europa occidental y Japón -han jugado un papel más significativo que el Banco Mundial en el financiamiento de la expansión del café en Vietnam. Incluso en la plenitud de la crisis, el Fondo Francés para el Desarrollo anunció en 1998 un préstamo de 40 millones de dólares para Vietnam con el objetivo de crear 40 mil hectáreas de café arábigo. Aunque esto se presentó como una “alternativa” al café robusta, el énfasis se siguió poniendo en la expansión de cafetales orientados a la exportación. El reciente declive de los precios del arábigo implica que los agricultores que pidieron préstamos bajo este programa, con una tasa de 15 millones de dongs por cada hectárea, afrontaron problemas financieros aún antes de la primera cosecha.



LA RESPONSABILIDAD DE “LA ECONOMÍA DE FINCA”

La búsqueda de vínculos institucionales directos entre el Banco Mundial el FMI, la OMC y las políticas económicas internas lleva muchas veces a desconocer influencias estructurales e ideológicas más poderosas. Desde 1989 el gobierno vietnamita ha abrazado elementos importantes de la ideología neoliberal, imponiendo programas de desregulación y privatización de gran envergadura, e impulsando la agricultura orientada a la comercialización y a la exportación.

En febrero 2000, el gobierno de Vietnam reconoció la existencia de la producción capitalista en la agricultura y asumió su expansión. Etiquetada como “la economía de finca”, esta forma de producción se basa en la acumulación privada de tierras y en la contratación de mano de obra asalariada. Bajo la nueva resolución sobre “la economía de finca”, los dueños pueden contratar a un número ilimitado de obreros y determinar sus salarios. Pueden también usar sus tierras como garantía para sacar préstamos de bancos estatales. Es en el contexto de la comercialización de la agricultura, en la expansión de las exportaciones y en el auge de la nueva economía de finca que el Banco Mundial jugó un papel importante, no tanto por préstamos directos, sino por plasmar y reforzar una ideología neoliberal del desarrollo. Esto se reforzó aún más por las condiciones impuestas a Vietnam por el gobierno de Estados Unidos bajo el nuevo acuerdo de comercio bilateral y por el doloroso proceso de entrar a la Organización Mundial de Comercio.

Las presiones estructurales nacionales -incluida la presión para pagar la deuda externa- son igualmente importantes para entender el problema. Esto quiere decir que las condiciones sociales, políticas y económicas que obligan a los gobiernos a adoptar estrategias de desarrollo orientadas a la exportación y que les encierran en un “modelo de desarrollo” específico han influido poderosamente en el desarrollo de esta crisis.

“VIVIMOS CON EL CAFÉ, MORIMOS POR EL CAFÉ”

Vengo trabajando duro en el café durante 40 años, y ahora debo dinero, dice Santiago de la Rosa, pequeño productor guatemalteco de El Pajal. ¿Por qué el café debe almacenarse cuando los precios mundiales se desploman y la próxima cosecha se acerca? También VICOFA tiene préstamos que pagar y no puede permitirse el lujo de esperar por precios más altos, señala Doan Trieu Nhan, Presidente de la Asociación de Café y de Cacao de Vietnam (VICOFA). Por todo el mundo, los cafetaleros están vendiendo todo para pagar sus deudas a los bancos. Cualquier cosa de valor de la casa está a la venta para agradar a los recaudadores de deudas, cuenta un comerciante local de café en Dak Lak, Vietnam. Vivimos con el café, morimos por el café, se lamenta una mujer productora de café en Duc Minh, Dak Lak.

Una de las razones del impacto devastador del desplome del precio internacional del café es que para muchos países del Sur las exportaciones de café representan una crucial fuente de divisas, necesarias para pagar la deuda externa. La presión por el pago de la deuda impulsa a las exportaciones, encerrando a estos países en el régimen del libre comercio e inversión de la OMC y en las políticas de ajuste estructural del Banco Mundial y FMI. Incumplir con las fechas tope de los reembolsos de la deuda sólo somete a los gobiernos de estos países a un mayor control por parte de los bancos transnacionales y del FMI.

La presión de la deuda también atrapa a los pequeños productores. Los préstamos dados bajo contratos de cosecha promueven el monocultivo, la dependencia de un solo cultivo y están vinculados al cumplimiento de cuotas. El riesgo de caer en mora es perder las tierras. En octubre, el Banco del Estado de Vietnam ordenó que los cafetaleros se beneficien de una moratoria de tres años para reembolsar sus préstamos. Sin embargo, esto sólo se aplicó a los préstamos formales otorgados por los bancos estatales. Muchos productores de café se endeudan con prestamistas privados y comerciantes que cobran altas tasas de interés y buscan reembolsos en forma de tierras o de café.

Al final de este ciclo, los agricultores no pueden diversificar sus cosechas y quedan atrapados con préstamos que fomentan solo la producción para la exportación. El perjuicio es muy serio para los productores de café, por el largo período que precede a la primera cosecha. Irónicamente, mientras se derrumban los precios del café, los cafetaleros se ven obligados a intensificar el uso de fertilizantes y a aumentar la producción con el fin de poder pagar sus deudas. El resultado es habitualmente la quiebra. Según un informe publicado por Noticias Económicas de Vietnam en enero 2001, la caída de los precios de las exportaciones agrícolas coincide con la subida de los costos de los fertilizantes. El informe también pone en evidencia que sólo 9% de las 12 millones de familias de agricultores viven en casas permanentes de ladrillo, casi 3.5 millones no tienen acceso a la electricidad, y entre 3-4 millones no tienen agua potable. En Dak Lak los caficultores que quemaron sus cafetos están intentando desesperadamente encontrar otra cosecha de exportación que les permita ganar suficiente para reembolsar su deudas. Pero el bajo precio de otros productos agrícolas -incluso el arroz y la pimienta negra- lo ha hecho difícil. Los únicos productos que actualmente no sufren un declive son las frutas y las verduras.
La desesperación de los pequeños agricultores vietnamitas amenazados por la deuda y la quiebra es similar a la que llevó a los cafetaleros mexicanos de Veracruz a atravesar el desierto de Arizona en busca de oportunidades.

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