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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 236 | Noviembre 2001
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Nicaragua

Dora María Téllez: "La Convergencia es un proyecto con futuro para la nación y para el sandinismo"

Dora María Téllez, que al frente del Movimiento Renovador Sandinista, estableció con el FSLN una alianza electoral, transformada ya desde antes de las elecciones en una alianza política plural, la Convergencia Nacional, compartió con envío las perspectivas de este nuevo proyecto, del que es una de las principales impulsoras, en una charla que transcribimos.

Dora María Téllez

La Convergencia surge en el momento electoral, pero desde el comienzo tiene como perspectiva la creación y la consolidación de una nueva alianza política. En alianza con el FSLN, la Convergencia acogió a personalidades que llegaron a título individual, sin bases organizativas -Antonio Lacayo, Miriam Argüello, Álvaro Robelo, Alexis Argüello-, y en la Convergencia confluyeron también fuerzas con bases, liderazgos y enlaces orgánicos con sus propios sectores: el MRS, el Movimiento de Unidad Cristiana, los liberales disidentes del PLC Eddy Gómez y Sergio García Quintero -que tienen un movimiento que está tomando forma y organización-, los socialcristianos, un sector importante de la Resistencia, y el movimiento indígena de la RAAN bajo el liderazgo de Steadman Fagoth.

Ya antes de la jornada electoral, la Convergencia estaba planteada no sólo como una alianza electoral. Ya habíamos discutido y aceptado que éramos una alianza política de largo plazo y que teníamos que trabajar en esa dirección. No fue simplemente una táctica electoral, ni siquiera en el caso del último aliado que se nos unió, el ex-Ministro Antonio Lacayo. Su llegada a la Convergencia fue un acto de los más valientes y de los gestos más desprendidos que he visto en los últimos años. Su carta abierta, en la que afirma que decidió integrarse a la Convergencia viendo las declaraciones injerencistas de funcionarios del gobierno de Estados Unidos, fue de mucha valentía en Nicaragua, como un "detente", un buen punto de partida de política exterior.

Uno de los grandes retos de la Convergencia es cómo combinar fuerzas y personalidades. Éste fue también el reto que tuvo la Tercera Vía. De alguna manera, podemos ver la Convergencia como el traslado, al terreno del Frente Sandinista, de planteamientos y estilos que ya habríamos practicado en la Tercera Vía. De alguna manera, podemos considerar que en la Convergencia el FSLN ha adoptado mucho de lo que planteaba la Tercera Vía.

La llegada del MRS a la Convergencia tiene una historia. En el MRS consideramos que el pacto PLC-FSLN afectó gravemente la institucionalidad nacional. Las reformas a la Ley Electoral surgidas del pacto forzaron el bipartidismo, eliminaron la participación de diferentes fuerzas políticas, y partidarizaron el Consejo Supremo Electoral. Ninguna de estas consecuencias del pacto ha sido positiva para el país. Frente al pacto, el MRS se colocó como oposición, y también con una actitud propositiva. Consideramos que no era suficiente decir que el modelo institucional bipartidista era malo, y entendimos que lo más importante era presentar alternativas al modelo institucional que el pacto había dejado. Pero no sólo. También al modelo institucional que había precedido al pacto.

Durante los primeros meses del gobierno Alemán se evidenció que nuestro modelo institucional era sumamente susceptible de ser distorsionado desde la Presidencia de la República por un solo hombre ejerciendo un poder casi absoluto en todas las instituciones del Estado. La vocación autoritaria de Alemán evidenció cuán frágil era nuestro sistema institucional, herencia del modelo de presidencialismo centralista del siglo XIX. Esa herencia aún pesa mucho, a pesar de las reformas constitucionales que hicimos en 1995.

Analizando autocríticamente las reformas del 95 tenemos que reconocer que teníamos más optimismo que el que correspondía. Hemos tratado de analizar qué fue lo que nos faltó en aquellas reformas, qué hizo posible que un personaje como Alemán y el partido político que decidió acompañarle en su aventura pudieran haber desarrollado un poder tan total en el resto de las instituciones por la vía de la coacción, la cooptación, la amenaza y la corrupción. Nosotros, los diputados de la legislatura que elaboró las reformas, creímos que dejábamos al país cubierto contra el riesgo de una autoridad presidencial avasallante de las instituciones. Y no lo logramos, quedaron aún muchas brechas legales. Arnoldo Alemán nos lo demostró. Nos demostró que el aparato institucional era fragilísimo, que él podía manejarlo a su antojo y que su tendencia a alinear la sociedad a su voluntad por la vía de la confrontación tenía éxito.

Alemán nos demostró que podía asfixiar a la Contraloría, a pesar de que la Constitución no se lo permite. Que podía poner a la Corte Suprema de Justicia en un grave predicamento, a pesar de que la Constitución le otorga a la Corte un porcentaje fijo del presupuesto. Demostró que podía asfixiar a la Procuraduría de Derechos Humanos, aunque esta institución fue creada independiente. Demostró que la autonomía de la Costa Atlántica era frágil o nula, que la autonomía de los municipios era inexistente porque no estaba consolidado el esquema de descentralización y desconcentración. Alemán demostró también que podía alinear totalmente al Parlamento a la voz del Presidente de la República.

La percepción del FSLN al decidir el pacto con Alemán fue que, sin mayoría en la Asamblea Nacional y sufriendo la avalancha de Alemán, no tenía otra salida que buscar un mecanismo de defensa. El mecanismo que buscó fue el pacto con Alemán, lo que sólo contribuyó a alterar aún más gravemente la institucionalidad, profundizando la crisis. Consumado el pacto, se evidenció de forma definitiva la gran fragilidad de todo el sistema. El pacto puso en evidencia el colapso del modelo. Fue como la cereza en el daiquirí.

Ante este colapso provocado por el pacto, el MRS se colocó en una posición muy crítica afirmando: esto ni está funcionando ni va a funcionar y va a traer consecuencias graves para el país. Pero quisimos acompañar nuestra crítica con una posición propositiva. Y así, antes de las elecciones municipales del 2000, el MRS se dio a la tarea de elaborar un modelo de sistema político alternativo para el país, con cambios de fondo en el sistema institucional. A la par, decidimos colaborar a la formación de una fuerza política de Tercera Vía que presentara al país este proyecto de cambios institucionales que le garantizaran enfrentar tanto la pobreza como la corrupción.

Uno de los ejes que consideramos clave para empezar a transformar el sistema político fue el cambio en el sistema de elección de los diputados. Que no sean electos "en cascada", por listas elaboradas por los partidos, por "planchas", sino que sean elegidos por la población de forma directa e individual. Igual sistema proponemos para elegir a los concejales en los gobiernos municipales. Esto obligaría a que los líderes políticos permanezcan siempre de cara al elector y no de cara a los grupos rectores de cada partido y a sus caudillos.

Consideramos este cambio estratégico, no simplemente para enfrentar el caudillismo, sino para transformar el ejercicio del poder, facilitando que el pueblo participe y reclame directamente a sus líderes políticos. Si por caudillismo se entiende un liderazgo fuerte, ése no es el problema, porque se pueden y se deben tener liderazgos fuertes, pero cuando los líderes sean elegidos por su nombre y por su apellido tendrán que cautivar al electorado, tienen que debatir con el electorado, tienen que rendir cuentas a quienes les eligieron, porque saben que ese electorado los va a buscar por su nombre y su apellido para reclamarles, y según actúen los pueden reelegir o no. Este planteamiento del MRS fue adoptado en su programa por la Convergencia Nacional y vamos a impulsarlo ahora desde la oposición.

En el modelo de sistema político alternativo que presentamos hay también otros ejes: para la implementación de una política económica con justicia social, para la prevención de la corrupción, para transformar al Poder Judicial desde los jueces hasta la Corte Suprema de Justicia, buscando un sistema judicial que sea serio, funcional, eficiente y verdaderamente gratuito.

El MRS elaboró un programa alternativo, pero fracasó en la conformación de la Tercera Vía. El proyecto de la Tercera Vía colapsó por las presiones de grupos económicos, del PLC, de fuerzas extrañas. Hubo una conspiración para eliminar la posibilidad de una competencia alternativa al bipartidismo.Tanto el PLC como el FSLN se sintieron lesionados con esta posibilidad. Ambos partidos no querían competidores que les afectaran, porque eso representaba una ruptura al modelo bipartidista del pacto. Sea como sea, la Tercera Vía fue liquidada. ¿Cómo? El primer paso fue sacar de la Tercera Vía al sandinismo, representado en el MRS. Después, sacaron a un sector de la Tercera Vía para endosárselo al Partido Conservador. Y finalmente, se trató de sacar totalmente del juego al Partido Conservador, para endosárselo al PLC.

No sé cuál hubiera sido el escenario electoral y los resultados electorales con la participación de la Tercera Vía. No tuvimos tiempo de medirlo, de imaginarlo. En las elecciones municipales la posibilidad de la Tercera Vía se abortó demasiado rápido. El pacto quiso llevarnos a un escenario polarizado, lo que resulta un riesgo desde el punto de vista de la izquierda. Porque a ninguna izquierda en ninguna parte del mundo, ni al FSLN en Nicaragua, le conviene nunca un escenario polarizado bipartidistamente.

Destruida la Tercera Vía, el MRS decide entrar a la Convergencia por las mismas razones con que enfrentamos el pacto. Queríamos abrir espacios a una plataforma propositiva al sistema institucional surgido del pacto. Se lo planteamos con claridad al FSLN y nos dijeron que ellos apostaban a la construcción de un sistema político distinto. También le planteamos al FSLN que el MRS siempre había sido partidario de una alianza amplia y plural que acogiera a fuerzas diversas que le presenten al país una propuesta nacional. El FSLN dijo tener esa misma voluntad. El embrión de la Convergencia que ya existía tenía esa misma disposición. En tercer lugar, le planteamos al FSLN que el MRS tuviera participación en los procesos de toma de decisión en un eventual gobierno y en la Asamblea Nacional. El FSLN decidió no negociar ningún espacio en la Asamblea, pero sí se comprometió a darnos espacios en un futuro gobierno.

Bajo este entendido, el MRS entró a la Convergencia. Y estos tres acuerdos quedaron reflejados en los acuerdos que firmamos con el FSLN. El FSLN ya había firmado previamente otros acuerdos con los socialcristianos y con el Movimiento de Unidad Cristiana -ellos ya estaban en alianza con el FSLN cuando llegamos nosotros-. Posteriormente, se suscribió un acuerdo con el resto de grupos y personalidades de la Tercera Vía que hicieron alianza con el FSLN. Así se fue configurando la Convergencia Nacional, una alianza política comprometida en conformar un gobierno plural con una plataforma, orientada a transformar las instituciones públicas y a impulsar un programa de transparencia y contra la corrupción.

¿Quién necesitaba a quién: el FSLN a las fuerzas y personalidades de la Convergencia o éramos nosotros, los de la Convergencia, los que necesitábamos al FSLN? Creo que la necesidad fue mutua. Las fuerzas políticas buscan siempre vías de expresión política. Y hay circunstancias en que la mejor vía de expresión política son las elecciones. Las fuerzas políticas quieren influir en el ejercicio del poder político, en los planteamientos políticos, ésa es su propia naturaleza. Marginarse de un proceso electoral sólo puede tener sentido si uno se margina influyendo.

Si te expresás por la abstención, por ejemplo, el objetivo tiene que ser influir en el comportamiento de la comunidad para que se abstenga. En el MRS se debatió mucho sobre la abstención o no y vimos con mucha claridad que no influíamos expresándonos por la abstención, que ésa no era una opción. Hemos recorrido un largo trecho, porque en las municipales nuestra posición fue tratar de influir pidiendo la anulación del voto, a la par que fuimos a interponer un recurso de amparo contra el Consejo Supremo Electoral por la ilegalidad cometida al excluirnos de la competencia.

Como partido político, la preocupación del MRS en las elecciones presidenciales fue, después de haber elaborado una plataforma programática clara, tratar de abrirle paso. El vehículo que habíamos escogido, la Tercera Vía, fue destruido. No por nosotros, que hicimos todo lo que teníamos a la mano para construirlo. Ya destruido, vimos si podíamos construir otro vehículo junto a otras fuerzas y nos encontramos con fuerzas aliadas -prácticamente toda la gente que llegó a la Convergencia fue aliada nuestra en el impulso y la conformación de la Tercera Vía-, y con el FSLN, que es de nuestra misma identidad sandinista.

Con esta fuerza teníamos una opción interesante a considerar, teniendo en cuenta, además, que en el proceso electoral sólo participaban tres partidos, el FSLN, el PLC y el Partido Conservador, y que los conservadores habían rechazado cualquier esquema de alianza plural. Éste es un dato que no puede dejar de recordarse, porque el MRS hizo una larga negociación con los conservadores y ellos siempre nos cantaron cero. Paradójicamente, ha sido el último candidato del PC, Alberto Saborío, quien con una tremenda gallardía, centró su campaña en proponer un modelo alternativo de institucionalidad.

Al aliarnos con el FSLN e impulsar la Convergencia nuestra opción fue política, con el propósito de adelantar nuestra plataforma programática. A la Convergencia el MRS llegó con un paquete propositivo que ya teníamos madurado y que refleja lo que habíamos debatido quienes estuvimos en la Tercera Vía. En gran parte, coincide con lo que hoy planteamos en la Convergencia.

En la Convergencia pensábamos que teníamos una alta probabilidad de ganar las elecciones. Pero, aun con la derrota, tenemos algunas ganancias y en el MRS consideramos una muy buena apuesta haber hecho esta alianza. La principal ganancia es que ha nacido la Convergencia, un proyecto novedoso. En Nicaragua el primer éxito de una alianza política es superar las victorias electorales y las derrotas electorales. Ninguna alianza política en Nicaragua ha superado ni las victorias ni las derrotas electorales, todas mueren el día de las elecciones. Ésta no murió, ya es un logro.

Después de la derrota electoral, lo que estamos tratando de hacer en la Convergencia es trabajar en una plataforma de unidad de nuestras fuerzas, convocando para el primer trimestre del año 2002 una convención que defina el programa de la Convergencia, que establezca las reglas del juego de la convergencia, que defina los mecanismos de las fuerzas políticas y de las personas que estén interesadas en la Convergencia. Todo esto irá transformando la alianza electoral en una alianza política estable que sea capaz de hacerle una propuesta al país y ser durante estos cinco años una fuerza de oposición. Aunque hay que trabajar mucho, veo grandes posibilidades de que se consolide esta alianza con estas metas.

Vamos a articular la Convergencia con la bancada de diputados del FSLN en la Asamblea Nacional. Lo vamos a conseguir articulándonos en torno a un programa. La cohesión programática nos va a dar una cohesión en la bancada alrededor de planteamientos. Estamos trabajando una agenda parlamentaria conjunta. La mejor articulación no se da nunca por la vía ejecutiva, sino por la vía programática. Identificando las circunstancias que vive el país y definiendo cómo nos vamos a colocar frente a ellas, son los programas los que crean las articulaciones más profundas.

Queremos articular también a la Convergencia con las alcaldías en que gobierna el FSLN para respaldarlas. Y queremos articular a la Convergencia para su participación en los próximos procesos electorales. En el año 2002 hay elecciones en la Costa Atlántica y ya estamos trabajando en esa dirección. Dentro de tres años habrá elecciones municipales y también vamos a trabajar preparándonos para esas elecciones.

Vamos a ir avanzando tramo por tramo: en el programa, en la agenda política, en el discurso, en la estrategia de oposición, en la agenda parlamentaria, en las municipalidades, en los temas electorales. Estamos ahora tomándonos tiempo para debatir y profundizar qué es lo que queremos, cómo lo queremos, cuáles son los mecanismos que tenemos disponibles, cómo actuar, qué aporte puede dar cada fuerza.

¿Viene la Convergencia a revitalizar al FSLN? Naturalmente, la Convergencia representa ventajas para el FSLN, como representa ventajas para cada una de las fuerzas que la integramos. Ésta es una alianza donde el FSLN gana, el MRS gana, el MUC gana, gana Antonio Lacayo, gana la doctora Argüello... Ganan todos, y en esa ganancia todos tenemos parte. La Convergencia significa una oportunidad de hacer política de una forma diferente, tanto para el FSLN como para cada uno de nosotros. Es un reto. Un reto con la meta de renovar la manera de hacer política y la forma de comunicarse e interactuar con la gente.

La Convergencia no va a disolver al Frente, porque el FSLN tiene su peso específico en la Convergencia. El éxito de una alianza de este tipo es reconocer los pesos específicos de cada fuerza, su capacidad de aporte y su lógica. Ni el Frente se va a disolver ni se va a disolver ninguna otra fuerza. Nosotros estamos hablando de crear en la Convergencia un modelo en el cual cada quien conserva su identidad y sus mecanismos organizativos, y en la cual va a haber mecanismos supra-partidos, supra-fuerzas políticas y supra-personalidades, que serán comunes para todos y que regirán el comportamiento de la Convergencia como unidad política.

Daniel Ortega ha jugado un papel real e importante en la creación y en la organización de la Convergencia. Su posición ha influido mucho en abrir espacios dentro del FSLN a la comprensión y al respaldo a este nuevo proyecto de la Convergencia. En el FSLN existen voces disímiles sobre la Convergencia, y la posición de Daniel ha sido sistemáticamente favorable a ir profundizando y ampliando las posibilidades de la Convergencia.

¿Afecta a la Convergencia el danielismo? Lo que suceda al interior de cada fuerza política aliada en la Convergencia va a depender de las correlaciones internas de cada fuerza. En esta alianza, el MRS se relacionó con el FSLN de forma madura y respetuosa para un trabajo común. Hace muchos años que nosotros hemos dejado de debatir sobre los asuntos internos del FSLN. Las discusiones para la alianza fueron siempre sobre temas programáticos, sobre qué hacer con el país, nunca sobre nada que tuviera que ver con los problemas internos del FSLN. Es para nosotros un principio que las transformaciones del FSLN le corresponden al FSLN. El MRS no tiene ya problemas de identidad y está cohesionado en torno a un planteamiento programático. El peso que Daniel Ortega tenga dentro del FSLN es un asunto del FSLN. Por mi parte, no veo a Daniel Ortega dejando el liderazgo del FSLN en el corto plazo. En cualquier caso, si hay danielismo o no lo hay, si el danielismo crea o no problemas, eso es un asunto que el FSLN tiene que dirimir y que resolver.

Si éste no fuera el planteamiento de un partido respecto a otro partido, cualquier alianza se volvería insostenible. Aunque en una alianza como ésta uno siempre está informado de lo que dice uno y de lo que hace o piensa el otro, yo no debo meterme en las contradicciones o debates que pueda tener otra fuerza política. Ésa es la única posición correcta para fortalecer una alianza en la que cada partido tiene sus discusiones internas y resuelve sus temas y sus debates por sí mismo. Dentro del FSLN tampoco hay problemas respecto al MRS en términos de identidad, hace rato que todo el mundo está claro que se trata de dos fuerzas separadas que establecen un acuerdo y que actúan con su propia lógica y su propia dinámica.

Haciendo campaña a favor de la Convergencia, encontré por todo el país un ánimo muy positivo de los sandinistas para establecer acciones conjuntas entre el FSLN y el MRS, entre sandinistas y sandinistas. Esto me parece un hecho clave, porque se trata de bases del sandinismo que compartimos entre el FSLN y el MRS. La unidad del sandinismo ha sido siempre una aspiración de las bases sandinistas. La gente aceptó el trabajo conjunto que le proponíamos, se identificó con ese plan.

El ánimo fue de colaboración y no hallamos mayormente celos ni acusaciones. Existía la voluntad de dedicar esfuerzos y tiempo para hacer la campaña electoral de la mejor manera, unos con un estilo, otros con otro. Naturalmente, nos estábamos volviendo a encontrar en un momento favorable y muy específico, el momento electoral.

Encontramos entre los sandinistas apertura al planteamiento de la Convergencia y una buena disposición para entender la lógica de esta alianza: un grupo de organizaciones cada una con su sombrero y cada una con sus siglas y su identidad. Empezar a pensar en un proyecto así y aceptarlo es ya en sí mismo una gran novedad política en Nicaragua, porque las alianzas nicaragüenses tienden a fundir a todos, perdiéndose las identidades de cada uno.

Por eso, al integrar una alianza todos los partidos tienen miedo a diluirse, a que te absorba el partido más fuerte. El MRS tenía miedo a diluirse en el FSLN, el FSLN tenía miedo a que la Convergencia lo absorbiera. Ese temor existe en todas las fuerzas políticas del país, y es un asunto de tiempo entender que se trata de fuerzas distintas, que tienen una unidad política y coincidencias, pero que conservan sus espacios, sus sectores sociales, su peso específico, sus representatividades diversas, sus sectores de influencia. Por eso, esta alianza es un aprendizaje para el FSLN, para el MRS , para todos.

¿Cómo queremos que sea el sandinismo del siglo XXI? Hoy, cuando Nicaragua va a ser gobernada en los próximos cinco años por Enrique Bolaños, un hombre que, aunque ha vivido casi toda su vida en el siglo XX, tiene la mentalidad de un hombre del siglo XIX, el sandinismo tiene el reto de delinear su programa para el siglo XXI. El sandinismo tiene que ponerse al día, poner al día su programática. Esto es lo que hemos venido discutiendo en el MRS desde hace tiempo. El sandinismo tiene que tomar posición ante la globalización, los planteamientos neoliberales, la integración centroamericana, los mercados regionales, los temas del medio ambiente, del género, los temas étnicos. Tiene que tomar posición sobre el modelo económico que puede desarrollar este país, sobre una estrategia de desarrollo económico que elimine la pobreza, teniendo en cuenta que la estrategia de estos últimos años la ha profundizado.

El último programa que tuvo el sandinismo fue el de los años 80 y el mundo de aquellos años ya no existe. Después de aquella experiencia, el sandinismo ha replanteado algunos programas, más o menos electorales, pero ahora lo que hay que hacer es trabajar una plataforma de largo plazo con posicionamientos claros. Hoy te encontrás a cinco sandinistas y los cinco podemos pensar diferente sobre un mismo tema. Hay que trabajar por una identidad común. Yo no veo este trabajo como un proceso interpartidario, en el que participen sólo el FSLN y el MRS.

Lo veo como un proceso mucho más abierto, en el que deben participar todas las fuentes del sandinismo. Tampoco lo veo como un taller, como eso de "vamos a hacer un seminario para ponernos de acuerdo". Lo veo como un proceso donde ir debatiendo temas. Siempre he considerado que un proceso de recomposición del sandinismo pasa por una recomposición programática y por cambios en el sistema político nacional. En último lugar, pasa por procesos de recomposición orgánica, que son los más complejos. En cualquier caso, creo que están sentadas las bases para iniciar ese proceso de recomposición programática. Y creo más: creo que la Convergencia sienta también muchas bases para ese proceso. La Convergencia puede ayudar mucho a la actualización del programa del sandinismo,y el debate en la Convergencia puede ayudar mucho a un nuevo posicionamiento del sandinismo.

Yo no identifico al FSLN con el sandinismo. Sandinismo hay en el FSLN, en el MRS y en el sandinismo disperso. Hoy, el sandinismo enfrenta problemas similares al del resto de partidos, está afectado por los problemas estructurales que enfrenta la institucionalidad política nacional. Los partidos políticos en Nicaragua son instituciones que requieren de una modernización profunda. Todos los partidos tienen que modernizarse. Debe modernizarse el FSLN, el PLC, el PC. Nosotros, en el MRS tenemos el mismo reto de la modernización.

Tenemos que avanzar de manera sostenida en un trabajo de organización estable, que tienda a crear las bases para un mayor dinamismo, una mayor participación y más democracia. Prefiero ver el proceso de modernización que necesitamos desde el país hacia los partidos y no desde los partidos hacia el país. En este sentido, cambiar el sistema de elección de los diputados resulta clave para la modernización de los partidos. Es muy difícil que los partidos políticos se modernicen mientras tengamos el sistema político actual, que tiende a concentrar todo el poder en las cúpulas políticas de los partidos. Si quienes determinan la lista de diputados son las cúpulas, las cúpulas concentran el poder, y todos tienden a girar en torno a las cúpulas, que son las que al final toman las decisiones, dan y quitan poder. Si cambiamos el sistema político y establecemos reglas distintas, esto va a modelar de forma distinta el escenario político donde se muevan los partidos.

Otra vía que va a obligar a la modernización de los partidos es la opinión pública, las encuestas de opinión pública y el peso que tienen en los líderes, en las estructuras, en los modelos de organización y de relación con la gente. Otra vía de modernización es el enlace -virtualmente inexistente hoy- entre los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil, y que no tiene que ser un enlace orgánico sino programático, alrededor del debate sobre las políticas públicas.

Con las elecciones del 4 de noviembre ha colapsado el modelo político y la gestión política tradicional. La Convergencia significa precisamente la emergencia de un modelo político distinto, donde el liderazgo será múltiple y plural. Apenas pudo apreciarse, porque la Convergencia emergió con mayor fuerza ya al final de la campaña electoral y por eso no logró desplegar toda su fuerza, aunque sí ofreció una vocería múltiple y un liderazgo plural.

Soy optimista en el proyecto de la Convergencia. Gente que nunca quiso trabajar con el MRS, me ha llamado ahora diciéndome que quieren trabajar con nosotros. Y también gente que nunca quiso trabajar en nada, me han llamado para decirme que quieren trabajar con la Convergencia, porque sienten que es otra identidad, una nueva identidad. Como decir: "No quiero a ninguno de ustedes por separado, pero juntos sí los quiero a todos". Son buenas señales, muy novedosas. Y es por eso que me siento optimista.

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