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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 235 | Octubre 2001
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Guatemala

Dolor y preguntas en la prensa guatemalteca

"El mundo no será igual, pero Guatemala sí. Seguiremos en nuestro drama cotidiano, en nuestra sempiterna pobreza..." Guatemala, sus hijos y sus hijas, reflexionaron, en una orquesta de voces, sobre la tragedia del 11 de septiembre.

Juan Hernández Pico, SJ

La catástrofe causada por el ataque terrorista a las Torres Gemelas y al Pentágono ha tenido en Guatemala repercusiones notables. En las conversaciones de la gente sencilla y en los medios de comunicación. Y en las personas. No olvidaré fácilmente el dolor agudo y a la vez la cólera profunda que sentí al ver, como tantos millones más, aquel desastre en directo. Dolor por los que morían ante mis ojos, cólera por el negocio de armas en el mundo. En la feria comercial del armamento mundial había una explicación a lo que vimos.

Recordé que hace 42 años el Presidente de Estados Unidos Dwight D. Eisenhower pronunció un famoso discurso sobre el peligro que para la democracia podía llegar a representar "el complejo industrial militar". Se refería a la fusión de las capacidades tecnológicas siempre crecientes de la industria moderna con las inagotables necesidades de armas cada vez más sofisticadas de los ejércitos. Esta fusión podría desviar la tecnología industrial de su mejor finalidad, la creación de un creciente bienestar para la humanidad, orientándola hacia la destrucción de la vida y de la civilización democrática.

Asomaba en el horizonte la imagen de una alianza perversa entre industriales, financieros y militares cristalizando en dictaduras equipadas con sofisticadas armas para oprimir a la gente, reprimir el inconformismo y destruir la libertad y la vida. Lo más importante era que esta advertencia procedía de un general de cinco estrellas, comandante durante la Segunda Guerra Mundial de los Ejércitos aliados que derrotaron a la Alemania nazi y al Japón expansionista. Procedía, pues, de alguien, con profundo conocimiento de causa.

El fabuloso negocio de las armas

Desde entonces, el negocio de producción y venta de armas cada vez más complicadas y eficientes para la tarea de destruir, ha pasado a ser el negocio criminal más lucrativo del mundo, después del de la droga. La Conferencia de 1994 de la ONU sobre el Crimen Organizado Global estimó que el tráfico mundial de drogas suponía unos 500 mil millones de dólares anuales, monto mayor que el del comercio global de petróleo, mientras que los beneficios de todos los demás tráficos criminales -armas, material radioactivo, niñas y niños, órganos humanos, inmigrantes ilegales, prostitución, secuestros, asesinos de alquiler, tecnología de punta, vertederos ilegales de basura química o radioactiva- llegaban a 750 mil millones o incluso a un billón.

Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña, Francia, Alemania, España, Israel y la República Checa, están entre los mayores exportadores de armas del mundo. Las armas se exportan pero su destino no se controla ni tampoco la legitimidad de sus usos. Lo muestra el escándalo que ha implicado al ex- Presidente argentino Menem. Lo muestran los AK, los M-16 o las Uzi con las que se realizaron en Guatemala las masacres de los años 80, y que hoy aparecen en las manos de los asaltantes de bancos o de buses en nuestro país. Lo muestran las armas con que adolescentes norteamericanos siegan la vida de sus compañeros en las escuelas. Algo está podrido en el mercado legal e ilegal de armas en el mundo.

¿Una bomba nuclear de bolsillo?

El martes 11 de septiembre todo el mundo asistió a la transmisión en directo del más devastador ataque terrorista de todos los tiempos -si no tomamos en cuenta entre otros, los bombardeos con napalm de Estados Unidos sobre Vietnam-. Nos abrumó el dolor por las víctimas, el estupor por lo sorprendente de los golpes asestados, el pánico por la vulnerabilidad y la falta de seguridad planetarias en nuestra aldea global y la indignación por la falta de sensibilidad y el abuso fanático de ideologías y de religiones implicado en la ejecución de los atentados. Son tan devastadoras también estas emociones que oramos para que la respuesta no nos sumerja en una violenta espiral de venganzas. Esperamos que la democracia y la civilización sean defendidas con la razón ética y no sólo con la razón tecnológica. Y sobre todo confiamos en que este horrendo acontecimiento lleve a decisiones globales que recorten, regulen y controlen drásticamente la producción y la exportación de armas y persigan con suprema severidad su contrabando. Quienes pertenecemos a las generaciones contemporáneas de las hecatombes en Hiroshima y Nagasaki en 1945, no queremos llegar a vivir los horrendos resultados del imaginativo uso terrorista que podría tener una bomba nuclear de bolsillo.

Resonancias y análisis

Entre el 12 y el 29 de septiembre he leído 130 editoriales y artículos de opinión sobre los sucesos del 11 de septiembre en la prensa guatemalteca. Unos ocho cada día, y probablemente mi inventario no sea completo. Son artículos de todo tipo. Algunos se enfocan sobre los sentimientos que ha producido en el autor la catástrofe: solidaridad, impotencia, indignación, y cierta alegría porque "a los gringos les dieron". Otros se fijan en los cambios que este acontecimiento nefasto producirá en los Estados Unidos y más allá. Bastantes tratan de explicar lo ocurrido y se sumergen en análisis internacionales, especialmente en el cambio de época para el mundo, en los contrastes entre la prosecución de la justicia y la búsqueda de la venganza, en las perspectivas de guerra o de paz, y en las consecuencias a nivel económico, político y cultural.

También hay los que se embeben en análisis filosóficos sobre la humanidad, el destino de nuestra especie en este planeta, los maniqueísmos de las simplistas explicaciones emocionales, la suerte de la libertad en el futuro, y los desafíos en el campo de los valores. No faltan los que entablan una alterada discusión -¿lucha ideológica podríamos llamarla?- con aquellos que disienten de sus apreciaciones. Hay también reproducciones de editoriales de otros periódicos de América Latina, Europa y Estados Unidos. Y, por supuesto, hay bastantes que reflexionan sobre las consecuencias para Guatemala o las anticipan con audacia.

"En qué cruce tomamos la ruta equivocada"

De todo lo que he leído, me ha impactado profundamente por su humanismo y, al mismo tiempo, por su hondura filosófica y su visión política, un texto de Arturo Monterroso. Lo titula "Tiempo de Dolor": "En medio de una pesadumbre inevitable a causa de tanta muerte absurda en la más universal de las ciudades y, sin embargo, todavía torre de Babel, me he puesto a recordar aquella temporada del 69, del ocio y del amor, cuando no existían aún las torres gemelas, destruidas ahora por el terrorismo. Y ante tanto dolor vuelvo a confirmar que nada justifica la pérdida de una sola vida humana; que no hay idea, causa política o credo religioso que justifique la muerte ni la destrucción. De la misma manera como no puede justificarse ninguna ambición comercial, dominio político o poder hegemónico que obligue a la pobreza y a la dependencia a millones de seres humanos... Qué ingenuidad la de aquellos tiempos cuando John Lennon y Yoko Onno, su mujer, se metían siete días a la cama para manifestarse a favor de la paz. Quizás ha llegado el tiempo de repensar una vez más el destino del hombre; de averiguar en qué cruce de caminos tomó la ruta equivocada; de preguntarse si el modo de vida que ha escogido Occidente es igualmente bueno para todos; de preguntarse los estadounidenses cuánta responsabilidad tienen en las causas de su propia tragedia."

"Por quién doblan las campanas"

En esta misma línea se mueven otros aportes. Por ejemplo, el que se titula "¿Por quién doblan las campanas?", que intenta ser honrado con la complejidad de los Estados Unidos. "Me causa pena, tristeza y coraje la perversidad del hombre y me conmueve el sufrimiento del pueblo norteamericano... Al margen quedan vagos resentimientos y callados reproches a los gobernantes estadounidenses que han usado a América como su traspatio, su apoyo en las décadas pasadas a los dictadores militares y sus intervenciones... Porque Estados Unidos no es sólo el país imperial y arrogante de Theodore Roosevelt, de los hermanos Dulles y de Richard Nixon. También es la patria de Abraham Lincoln, de Mark Twain, Martin Luther King, Walt Whitman, de Ernest Hemingway. ¿Se acuerda usted por quién doblan las campanas?" (Eduardo Villatoro).

"Nueva York fue mi ciudad"

Dina Fernández, una columnista valiente, casi audaz, que le pone continuamente el cascabel al gato sin fijarse en qué arañazos pueda recibir, habla con profunda ternura de la inolvidable tragedia y de la ciudad que la sufrió. "A medida que se disipa el estupor provocado por el ataque terrorista, lo que queda entre escombros de ese mundo que creíamos invulnerable, es mucha indignación por las vidas segadas con alevosía, y mucha inquietud por un futuro que se anuncia tormentoso. En mi caso, también me ha quedado una tristeza inmensa por una ciudad que por un tiempo fue mi ciudad...

Entre los momentos que atesoro tengo grabada una visita al sector financiero, cuando me acosté bajo las Torres Gemelas para ver cómo ambas parecían doblarse en lo alto del cielo y acercarse la una a la otra. Hoy, esas enormes estructuras de acero, vidrio y aluminio que definían la silueta de la ciudad, su poder económico y el carácter de sus habitantes, se desintegraron con miles de personas que estaban adentro. Uno puede llegar a amar o a odiar a Nueva York, porque para vivir ahí se necesita un arrojo especial. Yo obviamente no lo tenía en cantidades suficientes y me vine de vuelta, pero no puedo negar que quedé enamorada del lugar para siempre.

Los neoyorquinos son gente incansable. Por eso estoy segura de que la ciudad sabrá recordar la fecha que la cambió a ella y al mundo, pero también sacudirse la tristeza y seguir adelante."
Muchos de los periodistas se han fijado en los cambios que esta insólita provocación causará en los Estados Unidos y en el mundo. El editorial de "El Periódico" del día después decía que el ataque "pone en evidencia la vulnerabilidad de los Estados Unidos y transformará la manera como esa enorme nación se ve a sí misma. Para nadie es bueno que el país más poderoso se sienta amenazado hasta semejante punto. El miedo suele ser un mal consejero."

"Una racha de racismo"

Mario Monteforte Toledo, el escritor y ex-político de 90 años, incontables en el exilio, explora los tenebrosos cambios que puede producir una nueva política de seguridad que enfoque a todos aquellos países más o menos desafectos de los Estados Unidos, como Irán, Cuba o Venezuela: "Desatar una racha de racismo dentro de los Estados Unidos contra los extranjeros, dar al traste con los proyectos de resolver el caso de los inmigrantes y conducir a los Estados Unidos a un aislamiento que perjudicaría seriamente a la economía mundial."

Margarita Carrera, mujer y poeta, leyó así la tragedia: "Cuando vi desplomarse las dos torres de Nueva York, sentí que dentro de mí algo moría. Primero el espanto y después la depresión. El mundo había cambiado, nada sería igual. Porque estos atentados no iban dirigidos únicamente en contra de Estados Unidos sino de la humanidad entera. Nueva York es la capital del mundo. El lugar de encuentro de todas las nacionalidades, punto clave en donde se dan cita todos los movimientos económicos y culturales de Occidente y Oriente. Y, en una u otra forma, la humanidad gira a su alrededor, para bien o para mal."

"El imperio de la fuerza tiene pies de barro"

Muchas de las opiniones ensayan exploraciones en la búsqueda de las causas de la tragedia, en las consecuencias de ella, y en el énfasis de las inevitables respuestas, adentrándose así en análisis de política internacional.

Teniente Coronel retirado, experto en inteligencia, Héctor Mauricio López Bonilla, escribe desmarcándose de quienes opinan que todo ha cambiado: "No hay que engañarse. La acción, aunque impactante sicológicamente, no ha cambiado el nuevo orden internacional. El poderío político, económico, militar, cultural y tecnológico de los Estados Unidos no ha sido afectado. Su capacidad de maniobra se verá fortalecida. Estos hechos han creado las condiciones necesarias para que se considere en toda su magnitud el peligro que encarna el terrorismo como arma criminal de grupos extremistas, bien fundamentalistas islámicos, nacionalistas xenófobos o militantes ideológicos radicales."

Gustavo Porras, ex-negociador de los Acuerdos de Paz y ex- secretario privado del ex-Presidente Arzú, no parece estar muy de acuerdo: "Ninguna represalia, por grande que sea, anulará la voluntad de lucha del terrorismo, sino que la exacerbará. Por ello, y por mucho más, es indispensable trazar un camino de paz, aunque no se tenga con quién negociarla. Si se quiere la paz, ello se puede demostrar facilitando la solución de los más agudos conflictos mundiales y renunciando a la prerrogativa unilateral de intervenir en los asuntos de otros Estados y naciones, imponiendo soluciones por la fuerza. Los sucesos del 11 de septiembre señalan que en el mundo de hoy no existe la hegemonía militar absoluta, por lo cual el imperio de la fuerza tiene pies de barro."

"En contra del terrorismo y en contra de la guerra"

La opinión de Carolina Escobar Sarti toca de lleno el dilema entre la venganza y la justicia. "Si toda la humanidad funcionara bajo la consigna del ojo por ojo, terminaríamos quedándonos ciegos. El siglo pasado nos dejó un sabor muy amargo, producto de la violencia y de las guerras. Estos actos irracionales surgen también por razones políticas y por problemas no resueltos entre países. Esto de la guerra no es así no más, es sinónimo de más hambre en el mundo y pondría en peligro los avances en Derechos Humanos, podría fomentar una cacería de brujas, el fortalecimiento de la carrera armamentista. La gente de paz tiene una función importantísima: recordarle al mundo que la violencia genera siempre más violencia y nunca más paz, que se puede estar en contra del terrorismo y también en contra de la guerra, que no hay que ir otra vez en contra de un enemigo absoluto."
Inmediatamente se destaca la opinión contraria. Lo ocurrido, dice el periodista Jorge Palmieri, ex-secretario privado del Presidente Miguel Ydígoras hace cuarenta años, "es un ataque a los símbolos del poderío económico y militar, del capitalismo. Es insensato pedir que Estados Unidos reaccione suavemente, sólo cabe en la mente de marxistas trasnochados, que en el fondo se alegran de lo ocurrido. Será en vano apelar a la nobleza del gran pueblo estadounidense para que comprenda los riesgos apocalípticos que correrá el mundo como consecuencia de la represalia."

"Mantener la cordura"

Víctor Ferrigno, tal vez uno de los columnistas más perceptivos en la prensa guatemalteca, nos daba esta interpretación: "A la sorpresa y al dolor seguirá una demanda generalizada para que el crimen no quede impune; pero no hay que confundir justicia con venganza. Los responsables deben ser castigados pero sin que haya víctimas inocentes, en el marco del Derecho Internacional, la proporcionalidad y la cordura política. El fantasma de la guerra fue apareciendo cuando los medios y los funcionarios de gobierno comparaban los ataques con Pearl Harbor, que forzó la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Ésta finalizó con el lanzamiento de bombas atómicas, más de medio millón de muertes inocentes, entre las que no se contaba el Emperador Hiro Hito, el responsable del ataque."

El mismo tema resonaba en la columna de Carolina Vásquez Araya: "El primer ministro del Japón sabe de qué habla cuando apela a la cordura, tiene en su memoria a Hiroshima y Nagasaki, donde el ejecutor de cientos de miles de seres humanos fue precisamente Estados Unidos. El clamor mundial es ahora mantener la cordura."

"Estados Unidos perdió la inocencia"

En el aporte de Savio Garavini di Turno, resuena el tema de aquel apresuramiento ideológicamente optimista que, al alborear el siglo XXI real, después de la caída del muro de Berlín y de la desintegración de la Unión Soviética, se interpretó como el fin de la historia. "A diferencia de Pearl Harbor, el enemigo no es un Estado, sino una compleja y organizada red de terroristas dispuestos al suicidio. Sin embargo, no puede haberse preparado sin el apoyo financiero y logístico de algún Estado. Los Estados que apoyan a los grupos terroristas se exponen a una retaliación sistemática, brutal y no puntual. Se acabó el concepto absoluto de la soberanía nacional ya debilitado por las intervenciones humanitarias en los Balcanes. El territorio de los Estados Unidos ha sido violado por vez primera, los Estados Unidos pierden algo de su ‘inocencia’. El efímero optimismo de la postguerra fría se agotó terminalmente."

"Injustificable pero explicable"

Mario Roberto Morales, novelista y profesor de literatura en universidades de los Estados Unidos, afirmaba que "el terrorismo es condenable, pero de hecho se puede y se debe explicar sin por ello justificarlo. Conviene aludir a la extendida secuencia de hechos de violencia entre Israel y el mundo árabe y al irrestricto apoyo estadounidense a las ideologías y políticas del fundamentalismo ultraderechista israelí, que colisiona brutalmente y a diario con el fundamentalismo islámico, ‘iluminado’, terrorista y suicida."

Francisco Pérez de Antón, académico de la Lengua, se alza contra las explicaciones y escribe: "Han llamado mi atención los escritos de esa izquierda incoherente e insolidaria que parece estar más de plácemes que de pésames. La masacre no es justificable, dicen unos, pero explicable. Y la explican. Las causas de la tragedia hay que buscarlas en la política de Estados Unidos en Oriente Medio. Los 40 mil millones que van a invertirse en la guerra contra el terrorismo deberían utilizarse para combatir el hambre, repican los adeptos al lugar común. Hay que lamentarse, ma non troppo: los gringos se lo buscaron, ahora sencillamente que lo rasquen. Es difícil encontrar en esa izquierda una sola gota de humanitarismo. Asombra su incapacidad para distinguir el terrorismo de la política."

"Una guerra que no empezó ese día"

El Rector de la Universidad Rafael Landívar, sacerdote jesuita Gonzalo de Villa, sostiene que "cuando los autores de los atentados buscan inmolarse en el acto que cometen, los problemas de seguridad que se enfrentan son infinitamente mayores. Terroristas fríamente suicidas pareciera que sólo en el ámbito del fundamentalismo islámico se producen en la actualidad. A nadie más que a los árabes interesa entonces ayudar a poner en cuarentena a este tipo de radicales que aterrorizan al mundo, a la par que tienen como rehenes al resto del Islam, al que torcidamente representan."

"Prensa Libre" caía en el falso estereotipo de la cobardía -todo menos cobarde puede ser un terrorista suicida- mientras editorializaba así: "Una nueva ironía de la historia. La acción cobarde y fanática del martes no es una victoria sino una derrota. El mundo árabe se encuentra a la defensiva. Muchas, si no todas sus posiciones en el Medio Oriente se han debilitado. Los países musulmanes no son nidos de asesinos ni de fanáticos. Toca ahora a sus líderes demostrarlo."

Desde otro ángulo enfocaba el mismo tema Oscar Clemente Marroquín, cuasi editorialista de "La Hora", recordando una entrevista reciente de CBS a habitantes de los lugares en ruinas por el ataque de Clinton contra Afganistán en respuesta a los atentados contra las embajadas en Kenia y Tanzania en 1998: "Aquí también vivían seres humanos como los afectados en las embajadas. La diferencia es que ustedes se cobraron venganza con misiles desde lejos, nosotros lo haremos con nuestras propias manos". La ley del talión sólo nos lleva a un terrible enfrentamiento en espiral. ¿Una Tercera Guerra Mundial? La ley del Talión no parece alejarnos de ese espectro."

Mario Roberto Morales recordaba que "un día después, el 12, se cumplieron 19 años de la horrenda masacre perpetrada por fuerzas israelíes en Sabra y Shatila. Vale la pena considerar ambas fechas y acciones como momentos de una guerra que no empezó con el desplome del WTC, en la que se mezclan intrincados factores étnicos y religiosos con los económicos por el control del petróleo y sus vías de canalización y distribución."

"Debilita las demandas de todos los oprimidos"

De nuevo Víctor Ferrigno opina que "la violencia irracional de minúsculos grupos terroristas no derrumbará el poderío económico y militar, aunque golpea brutalmente a los civiles y sobre todo debilita la acción y las justas demandas de oprimidos, discriminados y excluidos, exponiéndolos a las represalias indiscriminadas de los poderosos. La caracterización del terrorista, por ahora, es piel oscura, religión islámica y origen árabe. Después, tal arquetipo se extenderá a todo ciudadano del Tercer Mundo, y a todo sector social que cuestione el poder hegemónico, para felicidad de los racistas de Guatemala y del mundo. Independientemente de la validez de los postulados de Huntington (las guerras futuras serán entre civilizaciones diferentes), es una monumental estupidez plantear que Osama bin Laden representa la cultura islámica y que, en contrapartida, los custodios de la cultura occidental son el Pentágono y la OTAN."

"Cómo aumentar la seguridad sin reducir la libertad"

Un nuevo enfoque aportaba Sadio Garavini di Turno: "Estamos en un nuevo ciclo, pero en todos los ciclos hay un relativo retorno del pasado. Retorna la Política (con P mayúscula) internacional, apabullada, en la década pasada, por la economía y el comercio. Vuelve la prioridad de los temas de seguridad e inteligencia. Los agentes 007 recuperarán la perdida ‘licencia para matar’, y la CIA dejará de ser ‘el malo de la película’. El reto para la sociedad occidental y la norteamericana es cómo aumentar la seguridad sin reducir excesivamente las libertades que caracterizan a una ‘sociedad abierta’. En la guerra contra el terrorismo civilizado los Estados Unidos y el resto del mundo civilizado se necesitan mutuamente. En el mundo civilizado incluyo al mundo islámico, aliado fundamental en la lucha contra el fundamentalismo islamista, verdadera herejía del Islam. Los gobernantes, los teólogos y los doctores de la ley del Islam mayoritario deben iniciar una valiente, pero necesaria, campaña ideológica para desenmascarar esa herejía irracional y salvaje, que daña enormemente al Islam, favoreciendo las condiciones para que se autorrealice la apocalíptica ‘Guerra de las Civilizaciones’ profetizada por Samuel Huntington. Los terroristas islamistas fanatizados deben enterarse, a tiempo, que no son mártires en camino al paraíso, sino suicidas y asesinos masivos, destinados a las peores pailas del infierno."

¿La hora de los halcones?

Gustavo Berganza recuerda hechos más pedestres y no menos amenazantes que evocan en los centroamericanos los tiempos del terrorismo de Estado: "En el Departamento de Estado y en el Consejo de Seguridad Nacional se han ido recolocando los guerreros que en la década del 80 querían resolver los conflictos internos centroamericanos por la vía de la intervención armada. Elliot Abrams, Subsecretario de Estado adjunto para asuntos interamericanos durante Reagan ocupa el puesto de especialista en Derechos Humanos del Consejo de Seguridad Nacional; Otto Reich, de origen cubano, encargado de Derechos Humanos del Departamento de Estado, es ahora subsecretario de Estado adjunto para asuntos interamericanos. Un ex-asistente de Jesse Helms, Roger Noriega, ahora representante ante la OEA. Como guinda, John Dimitri Negroponte, embajador en Honduras 1981-85 es ahora embajador ante la ONU."

"Pensando en Allende"

Marco Augusto Quiroa, escritor y filósofo, escribía: "Mi solidaridad va hacia el pueblo norteamericano, israelí, palestino, y las agredidas comunidades inermes. Casi a la media noche del lunes 10 de septiembre me acuesto pensando que mañana se cumplen 28 años del martirologio del presidente Salvador Allende. Quiero dormir ‘del mismo lado de tu nombre’ como dice el Miguelón Asturias y despertar con el sol bien alto en un mundo de hombres nuevos que no sea fotocopia de éste. En un nuevo día de paz, amor y justicia. Amén."

Conrado Alonso nohablaba a Dios, hablabla de Dios: "Por Dios y gracias a Dios la historia está teñida de sangre. No puedo dejar en el tintero la irremediable paradoja de ver en todos sus billetes la leyenda emblemática ‘In God we trust’. No discuto el derecho del gobierno estadounidense de responder a la provocación. Pero, ¿lo hará en nombre de Dios? Esto ya no parece ni la sombra de una posible guerra de las galaxias, sino la guerra entre dioses, provocada y sustentada -es lo malo- por hombres que invocan a un distinto Dios."

Jorge Palmieri opinaba: "Quisiera que todos los musulmanes siguieran los mandatos de amor de Alá y que todos los budistas recordasen que Buda decía que el odio sólo genera odio y debe combatirse con amor, y quisiera que todos los cristianos viviésemos el ‘amaos los unos a los otros’. En fin, que la humanidad fuese diferente a como es. Pero es absurdo pretender que Hitler, Stalin, Gadhafi, Saddam Hussein, Bin Laden y otros como ellos puedan ser combatidos con amor."

"Bush: la arrogancia de la infalibilidad"

La Premio Nobel guatemalteca Rigoberta Menchú envió una carta abierta al Presidente Bush, diciéndole entre otras cosas: "Quienes somos expresiones orgullosas de otras civilizaciones; quienes vivimos día a día con la esperanza de convertir la discriminación y el despojo en reconocimiento y respeto; quienes llevamos en el alma el dolor del genocidio perpetrado en contra de nuestros pueblos; quienes, en fin, estamos hartos de poner los muertos en guerras ajenas, no podemos compartir la arrogancia de su infalibilidad ni el camino unívoco al que Ud. desea empujarnos cuando afirma que "Todas las naciones en todas las regiones deben tomar ahora una decisión: o están con nosotros o están con los terroristas". Antes de que dé usted la voz de "fuego", me gustaría invitarlo a pensar en un liderazgo mundial diferente, en el que no necesite vencer sino convencer; en el que la especie humana pueda demostrar que en los últimos mil años hemos superado el sentido de "ojo por ojo" que tenía la justicia para los bárbaros que sumieron a la humanidad en el oscurantismo medieval; en el que no hagan falta nuevas cruzadas para aprender a respetar a quienes tienen una idea distinta de Dios y la obra de su creación".

"Guerra entre hombres: pelea de gallos"

Margarita Carrera apuntaba en otra dirección: "Lo tremendo del terrorismo es que el victimario, al no poder dirigir su ira en contra del o los culpables, se goza en matar a inocentes. Es una manera vil, infame y cobarde de dar salida a la rabia. Ahora bien, más que la mujer es el varón el que comete estos actos de maldad insólitos. Lo mismo que los asesinos en serie, aquellos que buscan entre los inocentes a sus víctimas. ¿Es que el corazón del hombre encierra más maldad que el corazón de la mujer? Y si es así, ¿cuál es la causa sicobiológica?"

"Pelea de gallos" titula Ana María Cofiño un artículo en parangón con el anterior. "Así se sienten algunos hombres sobre todo cuando están frente a otros que los retan en términos de su virilidad. Erguidos y exaltados cual gallos de pelea, hacen una gran bulla y amenazan a quien los oiga, para sentir que son invulnerables. Con el lema de que el que no está con ellos está en su contra, justifican matanzas y asesinatos masivos. De otro lado, grupos enloquecidos por el odio y el rencor que esta dominación ha alimentado, atacan desde cualquier flanco con el afán de debilitar y herir de muerte a quien los ha sometido y humillado sin contemplación. La eliminación del otro es la única garantía de su supervivencia. Y así, el círculo de la muerte sigue girando. Mucha gente en el mundo, mujeres sobre todo, están contra la guerra, la violencia, la injusticia, la impunidad. Sus manifestaciones son disminuidas, ridiculizadas o manipuladas. Quizás por eso se organizan en redes, se comunican por otros medios, buscan maneras creativas de cambiar el mundo por otras vías."

"Un despertar de la conciencia"

Tal vez Edmundo Urrutia quiere expresar una condición sine qua non para salir del atolladero. "Sobre todo las preguntas, no sólo sobre los atentados, sino sobre la naturaleza de nuestra especie y las características de nuestra historia en este planeta. Cuando lo sucedido rebasa nuestros marcos de referencia, suele haber un despertar de la conciencia y una búsqueda infatigable para darle sentido a lo incomprensible. Pero en nada ayudan para esclarecer las grandes preguntas los planteamientos dicotómicos como la lucha entre fuerzas de la razón verdadera y de la sinrazón, la civilización contra la barbarie, el bien contra el mal. Hay que observar la historia reciente, reconocer la complejidad de los eventos para evitar reacciones como la exhibición de fuerza para que los ‘representantes del mal’ no crean débil a la potencia más poderosa del mundo."

"El turismo se desplomará"

Muchos textos tratan de husmear las consecuencias de este hecho monstruoso para Guatemala y Centroamérica. A veces se toca también el futuro de América Latina. El editorial del día 12 de "El Periódico" abordaba ya el tema: "Las regulaciones para la navegación aérea o la política migratoria tendrán que ser contempladas ahora desde otra óptica inevitablemente más restrictiva. Y a esto debe sumarse que la debilitada economía estadounidense recibe este golpe en un momento por demás inoportuno. Nada de esto puede ser considerado alentador para un país en la periferia del gran gigante, como Guatemala."

Pablo Rodas Martini, doctor en economía por la London School of Economics, desciende a detalles más concretos. "¿Cuál será el impacto en Centroamérica? En el corto plazo habrá una merma considerable en el turismo, pero más preocupante será la merma moderada pero permanente de las semanas o meses por venir. El pánico a subirse a un avión, las medidas de seguridad en los aeropuertos, llegar con tres o cuatro horas de antelación, que te abran todo el equipaje. La cooperación bilateral se reducirá y también la que Estados Unidos canaliza a través del BID, el BM, o el FMI, porque habrá una reasignación de recursos hacia gastos militares. Bajaremos en la lista de prioridades. Con las represalias en Medio Oriente, la factura petrolera del país sentirá los efectos en los precios de combustibles y en la electricidad."

Días más tarde, el mismo Rodas Martini afina su análisis en un artículo titulado "El turismo se desplomará". Habrá "pérdidas millonarias de aerolíneas por los días de cierre; costos mayores de seguridad y lentitud en el despegue. Pero serán nada comparados con la reducción de la demanda (30 a 50% según el Financial Times). No se dio algo así durante la Guerra del Golfo.

"Peor que la crisis del café"

Sigue Rodas Marín: "No sólo habrá reducción de turistas, también de ejecutivos de empresas. Los efectos puede que dejen cortos los efectos recientes en la caída de los precios del café. La maquila también se verá afectada por la contracción de la economía de los Estados Unidos. Y la pérdida de confianza del consumidor estadounidense la podría afectar aún más. De los sectores exportadores, el único que podría tener buenas posibilidades de crecimiento podría ser el de no tradicionales agrícolas. La demanda por alimentos puede que aumente a raíz del temor que generan las represalias en Asia. Volviendo al turismo, no sería raro que algunos hoteles tuvieran que convertirse en edificios de apartamentos, y que hubiera fuerte desempleo en polos de desarrollo como los municipios del lago Atitlán, Flores (Petén) o Chichicastenango."

Después de estos aportes en la línea económica, a los que puede añadirse ya la sostenida devaluación del quetzal -de una constante alrededor de 7.80 por un dólar a más de 8- por la fuga de la gente hacia los dólares, hay otros textos que bordean los temas políticos e ideológicos. El mismo Rodas Martini afirma que, frente a la crisis del turismo "el país necesita mentes con suma experiencia en turismo, no de una experta en cuidado de uñas. Del Salón de Belleza a la Secretaría de Turismo. El FRG sí que no le atina una," expresando así la desconfianza que existe en el país frente al partido gobernante y al Presidente Portillo, lo que supone un factor multiplicador de la crisis económica que se avecina.

"Ceder temporalmente algunas libertades"

Gustavo Berganza escribe: "El terrorismo es una táctica tan efectiva y fácil de poner en práctica que es difícil atacar su poder destructivo. Puede capturarse a los hechores ex post, pero prevenir y erradicar es sumamente difícil. Salvo otorgando a los gobiernos más poderes para que vigilen a las personas y concediéndole al Estado el derecho para suponer que todos somos culpables mientras no se pruebe lo contrario. El enemigo puede ser cualquiera y esto hace que el celo por erradicar esta táctica infame corra el riesgo de convertirse en una amenaza contra la libertad."

"Prensa Libre" editorializaba sobre este tema desde otro ángulo. "Es necesario que la comunidad internacional esté dispuesta y comprenda la necesidad de ceder temporalmente en algunos aspectos de las libertades que damos por sentadas."

Hay análisis que -sin haberse publicado aún- enfatizan una cierta incertidumbre como rasgo básico de la coyuntura internacional y de sus repercusiones en Guatemala. Por una parte pareciera que se podrían fortalecer las instituciones de inteligencia militar, pero por otra es probable que Estados Unidos no tolere gobiernos vinculados al crimen organizado, que está, a su vez, vinculado globalmente a grupos terroristas.

"El mundo no será igual, pero Guatemala sí"

Sam Colop, periodista indígena, escribía: "No faltarán los que para avivar odios étnicos, harán analogías entre el fundamentalismo islámico y el supuesto fundamentalismo maya."

El tono más pesimista lo daba Oscar Clemente Marroquín en un artículo titulado "El mundo no será igual, pero Guatemala sí". "Al fin de cuentas somos tan insignificantes en el contexto mundial que nuestra opinión cuenta muy poco y ni para bien ni para mal nos voltean a ver. Eso significa que volveremos a nuestro drama cotidiano, a la sempiterna pobreza asfixiante que florece en medio de un sistema que no tiene capacidad para asignar en forma más pareja las oportunidades para todos. En Guatemala sabemos mucho de represión para controlar el terrorismo y aunque sabemos que al brutalizarse el Estado para librar la supuesta lucha por la libertad se pierden los valores fundamentales, seguimos despreciando los derechos humanos como expresión de propaganda."

Mirando a América Latina

Ya traspasando las fronteras del país e incluso de Centroamérica, Héctor Rosada-Granados, sociólogo y ex-negociador de los Acuerdos de Paz en nombre del ex-Presidente Ramiro De León, afirmaba que los estadounidenses "destacan la vigencia del TIAR; lamentan el traslado del Comando Sur a Miami porque el Canal de Panamá es un elemento geoestratégico para la seguridad nacional de los Estados Unidos; Colombia y las FARC ocupan ahora la prioridad que antes correspondía a Nicaragua, al FMLN y a Cuba; proponen un plan en la lucha contra la narcoactividad que podría generar la intervención militar directa en Colombia, país vecino a Venezuela, contra cuyo presidente se consignan grandes ataques por sus vínculos con Fidel Castro y las FARC, y aspirar a reunir de nuevo la Gran Colombia como una probable república socialista. Los análisis mayoritarios sobre la responsabilidad del fundamentalismo islámico dejan al margen la posibilidad de que se tratara de una acción terrorista financiada por los grandes carteles de la droga, o -más preocupante- de una combinación de ambos grupos. Podría ser que el Armagedón alcanzara a América Latina."

"Esperamos que el ataque los haga más sabios"

Por último, opiniones expresadas por la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Guatemala en un comunicado que titula "La guerra no es respuesta". "Reiteramos que estos crímenes son inexcusables. Entendemos que es un insulto a la conciencia ética de la humanidad intentar buscarles cualquier tipo de excusa en la actual política de los Estados Unidos con Israel y Palestina, o en su rol de superpotencia, ejercido a veces en forma, a nuestro parecer, éticamente muy cuestionable, desde Hiroshima hasta Guatemala y Panamá, Ruanda y los Balcanes, pasando por Vietnam... Esperamos con firmeza que el Gobierno de los Estados Unidos no responda a esta enorme provocación con estrategias y acciones que hundan al mundo en una guerra de alcance global... El día de oración y duelo, 14 de septiembre, en Nueva York, varias personas levantaban un cartel así: War is no answer, La guerra no es respuesta. Coincidimos con ellas...

Esperamos que los Estados Unidos, la Unión Europea, el Japón, el FMI y el Banco Mundial miren críticamente al interior de un sistema económico que domina el mundo pero no es capaz de llevar la prosperidad o al menos el bienestar a la gran mayoría de la humanidad. Esperamos que la necesidad de información a nivel global no vuelva a hacer que los Estados Unidos privilegien la consecución de ésta por encima del respeto de los derechos humanos, y que no vuelvan a apoyar en los países de América y del Tercer Mundo a los aparatos militares de inteligencia responsables de tantas atrocidades y aun de terrorismo de Estado en el pasado, como el caso Pinochet lo ejemplifica y el REMHI y la CEH lo han denunciado en nuestro país... Casi todos los países del mundo han sufrido en el último siglo los estragos de la agresión externa en su propio territorio. A casi todos esta experiencia desgarradora los ha hecho más sabios y más respetuosos de la paz. Esperamos que también al pueblo y al gobierno de los Estados Unidos este ataque brutal e inexcusable en su propio territorio contra personas indefensas de tantos países, los haga más sabios y más respetuosos de la paz. Esperamos que reaccionen a estos atentados con apego a la regla de oro inscrita en los códigos de tantas civilizaciones en la historia de la humanidad –incluidos los Evangelios-: "No hagan a las otras personas lo que no desearían que les hagan a ustedes".

Amén

Desde Auschwitz a Hiroshima y Siberia, en los campos de la muerte de Camboya, en las 400 aldeas masacradas y arrasadas de Guatemala, en las Torres Gemelas demolidas y en tantos otros grandes cementerios humanos bajo el sol, nuestros antepasados reclaman hoy, en una orquesta de voces, un presente distinto que prepare un futuro esperanzador para la humanidad.

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