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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 235 | Octubre 2001
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Nicaragua

El abstencionismo del 2000 ¿Caso cerrado?

La última encuesta de IDESO-UCA aportó nuevos datos para aclarar tres tesis sobre el altísimo e inesperado abstencionismo que se produjo en las elecciones municipales de noviembre del 2000.

David Orozco González

El abstencionismo que se expresó en las elecciones municipales de noviembre 2000 fue un evento inesperado y hasta ahora poco estudiado. Sus causas parecen estar íntimamente vinculadas con la falta de institucionalidad y de alternativas partidarias, y también con fallos en la administración del evento electoral.

El caso del abstencionismo en el 2000 sigue abierto. Nadie tiene todavía una explicación lo suficientemente satisfactoria y convincente como para darlo por cerrado. Por un lado, la falta de estudios sobre el electorado nicaragüense, y por otro, la breve trayectoria electoral de nuestro país son dos de los obstáculos que enfrenta cualquiera que intente la tarea. A pesar de todo, ya vamos juntando evidencias. Y hay algunas que parecen indicar que nos estamos acercando, con bastante propiedad, a las causas de tan inesperada masa de abstencionistas.

El abstencionismo es parte de la cultura política, y su estudio no puede ser considerado un platillo exótico de cocina académica. En cualquier país, la abstención es un problema para la democracia, sobre todo en los países donde el voto es percibido por la población como un comprobado mecanismo promotor de cambios y el más empleado de los actos de participación ciudadana, como sucede en Nicaragua. En países como el nuestro, el abstencionismo supone un desafío a la legitimidad y a la gobernabilidad.

La abstención que se presentó en noviembre del 2000 ha sido objeto de estudio en tres encuestas nacionales. La primera la realizó IDESO-UCA en septiembre 2000, aproximadamente dos meses antes de las elecciones municipales. La segunda la realizó CINCO, en febrero 2001. Ambos estudios presentaban importantes coincidencias y dejaban abiertas algunas interrogantes. Por esta razón, la encuesta pre-electoral de IDESO-UCA de septiembre 2001 incluyó un módulo sobre estos temas aún no cerrados.

¿La abstención tuvo una única causa?

Raramente un fenómeno social obedece a una causa única. Y aunque la gran mayoría de las reglas tienen por definición sus excepciones, el abstencionismo del 2000 no parece ser una de ellas. Toda la evidencia recopilada confirma, muy por el contrario, que la abstención del 2000 se debió a un cruce y combinación de causas. Algunas de ellas ya se manifestaban antes del evento electoral, otras salieron a luz el 4 de noviembre, el mismo día de las elecciones.

Algunas de las causas poco reconocidas hasta hoy están vinculadas a la administración del evento electoral. La primera encuesta de IDESO-UCA, de septiembre 2000, registró que a menos de 60 días de las elecciones un 21% de los entrevistados no tenía aún cédula para poder votar, aunque la mayoría ya la había solicitado. La encuesta de CINCO, realizada unos 90 días después de las elecciones municipales, mostró que un 28.5% de los confesos abstencionistas no votó por no tener cédula. Otro 4.8% dijo que había ido a votar pero encontró inconvenientes, uno de ellos la ausencia de sus nombres en el padrón.

En la segunda encuesta de IDESO-UCA, de septiembre 2001, se rastrearon de nuevo, casi exactamente un año después, los motivos de los abstencionistas. El cuadro presenta los principales hallazgos. Las causas identificadas a partir de las declaraciones de los entrevistados son múltiples, y abarcan desde problemas cotidianos hasta problemas del sistema político y de las instituciones encargadas de administrar el proceso electoral. Constatamos que casi una quinta parte de los ciudadanos se convirtieron así en "rehenes del abstencionismo" por falta de cédula. Confirmamos que factores técnicos ligados a la administración de las elecciones tuvieron un peso muy importante en la alta proporción de abstencionismo.

Otro grupo de causas está vinculado al sistema político: un importante porcentaje de ciudadanos no encontró candidatos por quienes votar y otro grupo, mucho menos significativo, ni siquiera solicitó su cédula. En este grupo de desinteresados y poco motivados potenciales votantes podríamos incluir además a aquellos que reconocen que llegaron tarde a su junta receptora de votos (JRV). Sumando a estos tres grupos, el porcentaje de abstencionistas por razones políticas representa casi el 40% del total. En este sentido, la primera tesis está probada: el abstencionismo no tuvo una causa principal, tuvo varias causas.

¿Los abstencionistas no salieron de sus casas?

Ante el sorprendente porcentaje de abstención del 4 de noviembre del 2000, IDESO-UCA manejó, en calidad de hipótesis, la posibilidad de que algunos obstáculos técnicos como la entrega de esquelas con direcciones erradas o la confusión de nombres en el padrón y su "remedio" -dejar en depósito la cédula en la JRV a la que el ciudadano había sido citado- fueron factores que dispararon el abstencionismo. En cierta forma, esta tesis contradice la que plantea que todo el abstencionismo se fraguó previamente al día de los comicios y nada tuvo que ver con lo que sucedió durante la jornada electoral.



¿Qué dicen los abstencionistas, entrevistados un año después acerca de estos temas? Alrededor de un 18.7% de los abstencionistas reporta haber tenido experiencias negativas el día de las elecciones: no dieron con la ubicación de la JRV donde debían votar o no quisieron entregar su cédula en la JRV. Ambas experiencias se incluyen en lo que habíamos denominado, a finales del 2000, el efecto esquela y el efecto decomiso. No queda clara "la experiencia negativa" de las personas que no encontraron su nombre en el padrón, quienes -presumiendo positivamente- podrían haber votado a pesar del efecto decomiso. Aun descontando estos casos, los porcentajes hablan por sí mismos: una minoría, aunque significativa, de los potenciales votantes se convirtieron en abstencionistas "involuntarios" en su camino a las urnas. Por todo esto, no es totalmente cierto que los abstencionistas "no salieron de sus casas el 4 de noviembre". Esta tesis resulta incompleta y más bien oscurece algunos aspectos importantes sobre los cuales es necesario trabajar para promover una mayor y mejor participación en los comicios.

Queda demostrado que una parte de los que finalmente resultaron abstencionistas intentó votar y no pudo, o no tuvo la suficiente confianza para permitir que las autoridades electorales de su JRV les retuvieran su cédula.





¿La gente no votó porque tiene cultura presidencialista?

¿El electorado nicaragüense no valora las elecciones para autoridades locales? En septiembre 2001, la encuesta de IDESO-UCA incluyó una pregunta para identificar si la gente no votó en las municipales porque en estos comicios no se elegía a un Presidente. Tan sólo un 5% de los entrevistados se identificó con esta proposición, lo que indicaría que el hecho de elegir alcaldes o presidentes no es per se causa de abstención. Por otro lado, si tomamos en cuenta el convulso contexto político nacional en que se celebraron las elecciones municipales, es plausible -aunque paradójico- pensar que una parte de los abstencionistas, sobre todo los ciudadanos y las ciudadanas que reconocen no haber votado por razones políticas, emplearon las elecciones como un mecanismo para expresar su inconformidad y su falta de confianza en los partidos y en los políticos.

Todo nos lleva a concluir que el alto abstencionismo en las elecciones municipales fue un campanazo que podría estar anunciando que la distorsión que está provocando el modelo "descentralizador" que ha ido trasladando atribuciones, responsabilidades y tareas a los municipios, sin acompañarlas de los respectivos recursos, ha socavado y erosionado el perfil y el sentido de las autoridades locales, a quienes la población percibe incapaces de dar respuestas a sus demandas ciudadanas. Pero, de ahí a pensar que la gente no votó por alcaldes porque "es culturalmente presidencialista" es una conclusión bastante simple y encubre el hecho de que también el abstencionismo fue efecto del descontento y la desconfianza promovidos desde los poderes centrales, el Ejecutivo, el Consejo Supremo Electoral y la Asamblea Nacional. Con todas estas nuevas aproximaciones, puede afirmarse que el "caso abstención 2000" resulta cada vez más claro.

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