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  Número 234 | Septiembre 2001
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Nicaragua

Entre dos males y entre varios sueños

Unos votarán convencidos, otros votarán resignados. Otros no votarán. En todos los grupos se alimentan sueños.

Equipo Nitlápan-Envío

La campaña electoral inició oficialmente el 18 de agosto. Como era de esperar, tensiona y polariza, a la vez que entusiasma y fanatiza. Es ocasión para ejercicios de reflexión ciudadana y para luces de espectáculo. Es difícil resistirse a ella. Y no por el atractivo de sus melodías sino por la insistencia de sus acordes.

A los pocos días de iniciada, una encuesta "inesperada" de la empresa Borge y Asociados indicó, por primera vez, que aunque se mantiene el "empate técnico" entre el PLC y el FSLN, el candidato del PLC Enrique Bolaños superaba en 2.8 puntos en intención de voto al candidato del FSLN Daniel Ortega, lo que le hubiera dado el triunfo en primera vuelta si los comicios se celebraran en las fechas del sondeo. Estos resultados -magnificados por liberales y minimizados por sandinistas- agregaron tensiones, polarizaciones, entusiasmos y fanatismos a la competencia.

Cada día trae nuevas definiciones y nuevos alineamientos. A medida que avanza la carrera -donde el fin parece justificar todos los medios y todos los principios se subordinan a los dos únicos finales- los alineamientos bipartidistas se suceden sin dejar de sorprender: conservadores que apuestan por liberales, liberales en las listas conservadoras, sandinistas que respaldan al PLC, ex-contras que se unen al FSLN, políticos antipacto que se alían a uno de los dos partidos del pacto, el Chigüín Somoza y Alexis Argüello que toman partido... ¿Está una mitad de Nicaragua eligiendo el mal menor y la otra el menor mal? ¿Está toda Nicaragua escogiendo entre dos males diferentes? ¿O está una buena parte de Nicaragua soñando cómo podrían transmutarse en bienes esos dos males? Cada vez resulta más difícil analizar y parece más adecuado dejar volar la imaginación, soñar. Tan derecho humano es votar como soñar.


¿Un camino con dos metas?

Es obvio: en el terreno electoral, el pacto Alemán-Ortega -consumado legalmente en enero del año 2000- ha conseguido plenamente sus objetivos. Haciendo primero reformas antidemocráticas a la Ley Electoral para después administrar esa ley de forma antidemocrática, fue eliminada la suscripción popular -y con ella el surgimiento de nuevos líderes locales-, les fue cancelada la personería jurídica a varios partidos políticos, fueron eliminadas varias nuevas opciones políticas y fueron inhibidos varios candidatos. Todos los inhibidos, excluidos, cancelados y liquidados tenían posibilidades de alcanzar cuotas de poder. La filosofía del pacto no era pluralista, concebía a los pequeños como enanos y aspiraba a un poder sólo entre dos repartido.

En unos meses, con la fuerza del poder aunque siempre "en estricto apego a la ley", el pacto despejó el camino para colocar a toda la ciudadanía ante dos únicas opciones: PLC o FSLN. Una tercera opción -llamada sucesivamente tercera vía, casilla universal, alianza amplia, etc., etc.- fue sistemáticamente torpedeada por los dos partidos del pacto. La única opción que sobrevivió al pacto, la del Partido Conservador -propiciada inicialmente por el FSLN y boicoteada por el PLC, aunque ahora hay matices- se ha ido debilitando, como era de esperar.

Mientras presiones externas y disputas internas la debilitan más, la ciudadanía, convencida o resignada, se ha ido alineando en los dos carriles del único camino permitido por el pacto. Los convencidos aseguran que este camino conduce a dos metas muy diferentes. Mientras cargan con muchas incertidumbres, los resignados sueñan con que sea así.

¿Hay salidas?

Las incertidumbres más pesadas las genera la situación económica. Estructuralmente, Nicaragua es un país con rezagos históricos impresionantes en todos los terrenos. El sector rural está abandonado a su suerte. No existe industria y la que hay desaparece. Para convertirnos en un país de servicios requerimos de muchísimos años al carecer de infraestructura y de una población mayoritariamente educada y sana. Y la clase dirigente -políticos y empresarios de todas las familias ideológicas- no superan el amiguismo, el cortoplacismo y la concepción de que el Estado es un botín que saquear para su enriquecimiento personal. La república es el reino de la impunidad.

Nicaragua necesitaría crecer el 5% en su producto interno bruto durante 50 años para situarse en los niveles productivos del año 1978, en vísperas de que la guerra patrocinada por Estados Unidos para destruir la revolución, el alud de cambios económicos de la "democracia económica y globalizante" de los 90 y la plaga de la corrupción alemanista profundizaran al extremo los problemas de nuestro subdesarrollo histórico. Hoy dependemos totalmente de las remesas de nuestros emigrantes y de los créditos, las donaciones y los proyectos de la cooperación internacional, mientras la deuda externa -por más reestructuraciones y condonaciones de la iniciativa HIPC- sigue creciendo y se mantiene insostenible.

¿Se dice la verdad?

A este sombrío telón de fondo se ha sumado en vísperas electorales, una bancarrota económica en ascenso e inocultable. Tras la quiebra de ocho bancos en cadena, tres de ellos grandes y en los últimos doce meses (INTERBANK, BANCAFÉ y BANIC), el país no ha podido detener la espiral recesiva. La producción contraída. Las reservas internacionales reducidas a su nivel más bajo en estos últimos cinco años. La recaudación de impuestos debilitada.

Los desembolsos de los organismos internacionales congelados. La deuda interna disparada. Una nación insolvente. Más de la mitad de los municipios del país en quiebra. Una nación en venta a precios de saldo. Un Estado ya sin activos que privatizar. Aguda iliquidez en las arcas estatales. Las instituciones estatales sin poder pagar a sus proveedores ni a los empleados públicos. Retraso en el pago de salarios, incumplimiento de contratos.

La crisis provocada por la caída internacional de los precios del café y la sequía se combinaron para añadir dramatismo a esta situación, con la aparición en amplias zonas campesinas de la hambruna de miles de familias. La crisis del café es profunda y va para largo. Y el hambre campesina es crónica. Ni Bolaños ni Ortega hablan de todo lo que todo esto significa. Dejan volar la imaginación de los electores con promesas que camuflan la tragedia o la achacan simplistamente a lo que hizo o dejó de hacer el adversario. No informa Ortega que a "la tierra prometida" se llega después de 40 años -toda una generación- de ardua y austera marcha por el desierto. No comenta Bolaños las injusticias estructurales que a lo largo de la historia la clase social que él tan bien representa ha generado con "el trato" que hace con la población pobre.

PLC y FSLN: ¿qué se puede esperar?

Ninguna solución que logre dar el próximo gobierno podrá superar el corto plazo. Gane quien gane, en los próximos cinco años apenas podrían empezar a colocarse algunas bases para un lejano futuro. Y aún poder colocar esas bases requeriría contar de previo con una agenda nacional consensuada entre Enrique Bolaños y Daniel Ortega en torno a un proyecto que de verdad tenga en cuenta el largo plazo.
Los votantes convencidos confían en que, de ganar el partido de su preferencia, los dramas económicos irán quedando atrás pronto y habrá mejorías palpables. Los resignados entienden que, sea cual sea el resultado, los cambios no serán ni muchos ni siquiera percibibles.


En el mejor de los casos y suponiendo las mejores intenciones y el mejor de los escenarios, del FSLN se puede esperar una mayor sensibilidad social y mayor capacidad de negociación con los organismos financieros internacionales para lograr de ellos giros flexibles que atenúen algunos dramas sociales. Del PLC se puede esperar una mayor experiencia gerencial, mayor capacidad para atraer inversiones y una continuidad económica sin rupturas y con menos incertidumbres, lo que garantizaría la necesaria estabilidad para no retroceder aún más.

¿Es real la bancarrota?

Sin dudar ni un ápice de la realidad de todos los graves problemas económicos estructurales y coyunturales que aquejan a Nicaragua, cabe esta pregunta: ¿Es totalmente real o electoralmente inducida la bancarrota y el desorden administrativo con el que se está despidiendo el gobierno de Alemán? ¿No hay dinero en las arcas del gobierno o es que el que hay se está usando en la campaña del PLC y en otros proyectos?

Aunque las maquinarias de los dos partidos en contienda proclaman no sólo que van a ganar sino que gastan obscenamente millones de dólares para obtener el triunfo, tanto en la dirección del FSLN como en la del PLC puede percibirse que algunos desean ganar y para ello trabajan y otros desean perder y para ello trabajan.

Evidentemente, ganar y asumir la responsabilidad de gobernar un país tan ingobernable es tarea de titanes, propia para héroes y apóstoles del servicio público, especies en extinción en la selva política nacional. Perder el gobierno aunque conservando poder es la salida. El pacto Alemán-Ortega preparó el camino para garantizarle esta salida a las cúpulas dirigenciales de ambos partidos.

La hipótesis de que mucha de la actual debacle económica y del desorden en que malvive hoy el país están siendo propiciados o tolerados por el Presidente Alemán y su círculo más íntimo no es descabellada. Además del temor real que tiene Alemán a que el PLC pierda las elecciones, con lo que querría hacer real la consigna ¡Después de mí el diluvio!, ¿cuál sería otra de las lógicas para entender este "caos final"? Es una lógica que parte de un ejercicio de imaginación, que tiene en cuenta la convicción, el deseo, el "sueño", de un sector del liberalismo no alemanista y que se resume en esta idea: Bolaños no es Alemán.

¿Qué quiere Alemán?

Alemán controla personalmente todas las estructuras del PLC tras un hábil y permanente trabajo de nombramientos y cargos vinculados a prebendas, oportunidades y hasta inducción de delitos, que le garantizan después funcionarios-militantes dominados por lealtades y temores, subordinados por chantajes y amenazas. No existe ninguna posibilidad de democratizar a un PLC donde la inmensa mayoría de los convencionales, juntas directivas departamentales y juntas directivas municipales están en manos de empleados públicos con graves dificultades económicas para mostrarse independientes ante Alemán.

Las expectativas actuales de Alemán no tienen que ver ni con el desarrollo de Nicaragua ni con la democratización de su partido. Se centran únicamente en volver a la Presidencia en el año 2006. Y con el férreo control del PLC tiene posibilidades de lograrlo. Para acercarse a hacer realidad su reelección, Alemán tenía diseñada otra fórmula presidencial. Su candidato era el flexible Iván Escobar Fornos, no Enrique Bolaños.
Fue el gran capital conservador quien "eligió" a Bolaños a cambio de respaldar económicamente al PLC, considerando que sólo la poderosa y roja maquinaria Estado-Partido lograría derrotar a Daniel Ortega. Alemán aceptó a Bolaños, pero no confía mucho en él. El conflicto entre ellos está larvado, comentó a envío el lúcido escritor y jurista liberal León Núñez, buen conocedor de los entretelones del PLC -de donde fue "corrido" por Alemán- y uno de los más francos comunicadores de sus pliegues.


¿Bolaños es como Alemán?

La propaganda electoral del FSLN -los discursos del candidato Ortega- responsabilizan de todos los aspectos de la crisis económica nacional al gobierno Alemán, y de toda la corrupción del gobierno de Alemán a Bolaños, por haber sido Vicepresidente durante cuatro años y no haber actuado denunciando, haciendo algo, incluso renunciando. El eje principal de la campaña sandinista basada en la elección del "mal menor" es ése: Bolaños es como Alemán.

En el liberalismo no alemanista, el "sueño" se enrumba a creer que existen notables diferencias. Y echando a volar la imaginación, se piensa que, por eso mismo, Alemán no quiere la victoria de Bolaños. Además, con semejante crisis económica, a Alemán le convendría dejársela en herencia a Daniel Ortega -que tendría tantas limitaciones para aliviarla- para así presentarse como el gran opositor durante cinco años y regresar en el 2006 -o antes si es posible- como el gran salvador. Para poder volver en el 2006, Alemán se está despidiendo dejando destrozada la economía, la forma en que está actuando en lo económico es muy sospechosa, comenta Núñez.

¿Es un proyecto o es un sueño?

Alemán aceptó a Bolaños como compañero de fórmula en 1996, también a instancias del gran capital conservador. Sin apenas referirse cuando fue Vicepresidente a la avalancha de corrupción protagonizada por Alemán y su círculo de socios en el gobierno, Bolaños ha tratado, desde que fue nominado como candidato, y especialmente desde que ya fue inscrito como tal, de tomar algunas primeras distancias. "Yo soy yo y no me parezco a nadie", repite en los actos de campaña. "Ganando, termina el pacto", ha prometido.

Si Alemán no contó con Bolaños para seleccionar a uno solo de los diputados del PLC, Bolaños podría seleccionar -puede tenerlos ya in pectore- a los miembros de su gabinete, sin contar con Alemán, buscándolos entre liberales no alemanistas y otros. Sin respaldo en un partido que controla férreamente su presidente honorario Arnoldo Alemán, y sin apoyo en una Asamblea Nacional en la que el diputado Alemán controlará de la misma manera una bancada de diputados liberales que buscan fundamentalmente inmunidad para la impunidad, Bolaños sólo podría "hacerse fuerte" y lograr mostrar su independencia desde un Ejecutivo no alemanista.

¿Lo hará? ¿Ése es su verdadero proyecto? Bolaños no es un títere de Alemán, aunque ha tenido que ser taimado esperando su oportunidad. Para llegar a sus metas tiene que utilizar ciertas sutilezas y tiene que hilar muy despacio. Pero, llegado al gobierno podría poner en su lugar a Alemán y, contando con que algunos diputados recuperen su independencia y piensen en la nación, empezar a desenguaracar todo lo que Alemán ha hecho durante su Presidencia hasta enjuiciarlo. Naturalmente, si comenzara a actuar así, Alemán trataría de neutralizarlo con varios mecanismos. Si no puede, funcionaría el pacto: acordaría con el FSLN una Asamblea Constituyente para dar al traste con el gobierno de Bolaños, comenta Núñez.

Y echando a volar más largo su "imaginación" -como él califica sus análisis- añade: No sólo para poder actuar así, con esta independencia, sino incluso para "poder ganar" las elecciones, Bolaños tendría que ganarlas con un muy amplio margen de votos. Si ganara en una votación muy cerrada, el FSLN no se va a dejar arrebatar la victoria, y entonces Alemán podría ordenar a sus magistrados en el Consejo Supremo Electoral que le reconozcan la victoria al FSLN. Esta posibilidad es real, incluso puede estar ya amarrada, y sólo se entiende si se tiene en cuenta la aspiración de Alemán y el pacto oculto, todo eso que está tras el telón público del pacto Alemán-Ortega, que sigue vigente.

¿Ganar ahora o esperar?

En el lado del FSLN, los votantes convencidos basan su certeza en que el FSLN y Daniel Ortega han cambiado y si se les da una segunda oportunidad de gobernar, ya sin guerra, se podrá apreciar ese cambio. Los resignados esperan, imaginan, sueñan, que cambiará si gana. Ojalá.

En la maquinaria del FSLN hay quienes, conscientes de la actual bancarrota económica, no quisieran llegar al gobierno. Conocen el déficit de organización que arrastra el FSLN, tras once años de estar en la oposición sin ejercer una verdadera oposición. Saben de su orfandad de profesionales con experiencia y mística, tras once años de descalificaciones, exclusiones y pésimos ejemplos. Temen que, sin recursos para poder enfrentar la crisis económica con algunos éxitos rápidos y visibles, el FSLN se desgastará irreversiblemente.

Sueñan con consolidar liderazgos nuevos en el FSLN, como el del "presidenciable" alcalde de Managua Herty Lewites, cuya gestión padecería con un fracaso del FSLN en el Ejecutivo. En esta situación, preferirían esperar hasta el 2006, postergar la victoria hasta entonces. Saben también que aún no teniendo el gobierno, no perderían el poder. A estas consideraciones, otros sandinistas -y hasta algunos de estos mismos- se responden que, pese a todo, si el país sigue en manos liberales durante cinco años más, en el 2006 ya no habrá país...

¿Ha cambiado Daniel Ortega?

La propaganda electoral del PLC -los discursos del candidato Bolaños- responsabilizan a Daniel Ortega de todos los errores de los años revolucionarios y buscan inducir en los votantes el miedo a que esos errores se repitan con su regreso al gobierno. El eje principal de la campaña liberal basada en el "mal menor" es éste: Daniel Ortega no ha cambiado, es el mismo.

La estética de la campaña del FSLN -el color rosado, la consigna de la tierra prometida, las canciones, las flores, los mensajes religiosos new age- y la misma insistencia de Daniel Ortega en la "ética" de estar pidiendo perdón, tratan de desmontar ese argumento. También trata de desmontarlo desde hace meses el candidato a Vicepresidente Agustín Jarquín, aunque lo logra relativamente al no articular un discurso propio, ni siquiera en el tema que más domina, el de la corrupción.

¿FSLN o sandinismo?

La candidatura de Daniel Ortega le ha complicado las cosas al FSLN. La apuesta de Ortega en estas elecciones es una apuesta muy personal: es a vida o muerte. "A la tercera va la vencida", viene repitiendo desde hace años, tras la aceptada derrota de 1990 y la nunca asumida de 1996. El control que sobre el PLC ejerce Arnoldo Alemán es similar al que ejerce sobre el FSLN Daniel Ortega. Pero mientras el PLC está hoy organizado en torno a las prebendas del Estado, el FSLN ha estado desorganizado, disperso y desmoralizado durante años, con lealtades diluidas ¿o sólo encementadas en torno a negocios turbios?

Más allá del FSLN ha estado el mundo más ancho -y ajeno- del sandinismo. Durante los años 90, Daniel Ortega y su grupo ha excluido a los mejores y ha buscado rodearse de los peores. Más de mil cuadros históricos del FSLN han sido desplazados de cargos en el FSLN por haber asumido posiciones críticas a la dirigencia del FSLN, recuerda la sandinista Ruth Selma Herrera. A medida que avanza la campaña electoral se ha ido haciendo más obvio lo gravemente que ha afectado al FSLN esta política y la falta de democracia interna. Organizar "militarmente" un tendido electoral eficaz y poner en marcha, disponiendo de millones de dólares, una campaña electoral, es mucho más sencillo para el equipo que rodea al candidato Ortega que estar realmente preparado, y mostrarse preparado, para gobernar Nicaragua y convencer de eso al 60% de la ciudadanía -incluidos muchos sandinistas- que no confía en el FSLN ni en Daniel Ortega, con muy justas razones y muy dolorosas experiencias en las que basar su desconfianza.

¿Porqué hasta aquí?

Desde marzo, con las primeras encuestas que se hicieron, todas dando a Ortega más del 35% de los votos ya de entrada, todas dándole el triunfo en una primera vuelta, cundió el triunfalismo en las filas del FSLN. Lo peor que podía pasarle a un partido disperso y deshecho. "Pues ya ves, a pesar de todo, Daniel no es un candidato perdedor como creíamos y hasta nos atrevimos a decir. Es insustituible, nadie convoca como él": fue ésta la reflexión que comenzó a aglutinar a los dispersos. Aglutinaba también el seductor aroma del poder. Y con el poder, la prenda de un empleo asegurado. Pero a medida que ha ido avanzando la campaña y han ido surgiendo más contradicciones, cabe esta pregunta: ¿El FSLN ha llegado hasta donde está por Daniel o está imposibilitado de pasar de donde está por Daniel?
La pregunta es candente, la respuesta que se dé a ella resulta crucial. Es claro que tanto si el FSLN gana como si pierde, asumiendo la dirección de un nuevo gobierno o continuando en la oposición -en ambos terrenos se le daría al FSLN una segunda oportunidad-, Daniel Ortega tendrá que ejercer el poder y su liderazgo de otra forma. Si no ha cambiado, tendrá que cambiar. ¿Lo hará? ¿Es ése su proyecto? "No tendrá espacio para hacerlo de la misma manera ni en el partido ni en la sociedad", creen quienes sueñan.

Si no hay cambios o si Ortega se decide por un "megapacto" con Alemán -puede tomar la forma de un arreglo para la Constituyente o de un amarre para que gobierne Ortega y no Bolaños- el sandinismo, mucho más amplio, sólido y válido que el FSLN hoy dominado por el danielismo, podría entrar en una crisis aún mayor que la actual, con visos de ser una crisis terminal.

¿Buscando alianza para un sueño?

Pareciera que son éstas algunas de las consideraciones y justas inquietudes que han motivado a Dora María Téllez, Presidenta del Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y a su partido a firmar una alianza electoral con el FSLN, que estaría viendo mucho más allá de las elecciones y de una victoria o una derrota electoral de Ortega. Tenemos que empezar a organizar ya el sandinismo del siglo XXI, dijo Dora María al hacerse parte de la "convergencia" encabezada por el FSLN.
Después de seis años de haberse separado del FSLN y de construir un nuevo partido sandinista con un nuevo discurso sandinista, distante y distinto del del FSLN, el MRS se alía ahora con el FSLN, pudiéndole por eso hablar "de igual a igual". Compartiendo los mismos temores a las consecuencias desastrosas que para Nicaragua tendría una continuidad del actual gobierno liberal, el MRS tomó total distancia del FSLN por causa del pacto, para ahora acordar con el FSLN -ésa es la paradoja- un programa de transformaciones en las leyes y en las instituciones que el FSLN ha menospreciado. De cumplirse, los más de 30 puntos del acuerdo programático firmado entre el MRS y el FSLN representarían el desmontaje (¿cuándo, en qué plazos?) del pacto Alemán-Ortega en sus aspectos más antidemocráticos en el terreno electoral e institucional. El desmontaje del pacto es uno más de los sueños nacionales.

¿Estrategia frente a táctica?

En la alianza electoral MRS-FSLN parece expresarse más que una alianza con la cúpula del FSLN una alianza con el potencial de mística y organización que han conservado las bases sandinistas no encementadas con la complicidad en la corrupción. La alianza representa, en la práctica, el suicidio del MRS, el fin de este partido sandinista. ¿Asistimos a un honroso harakiri a cambio de hacer realidad el "sueño" de cambiar verdaderamente al FSLN "desde dentro", sacándole partido a una coyuntura crucial en la que, ganando o perdiendo el FSLN, se anuncia ya el final del danielismo? ¿Querrá, podrá representar el MRS a todos los sandinistas excluidos y ninguneados, atacados y descalificados en estos años, a los que Daniel Ortega nunca les ha pedido perdón? ¿O simplemente asistiremos a un cortocircuito político con un MRS que llega a la alianza con una estrategia sandinista y un FSLN que lo recibe sólo como una más de sus tácticas electorales?

Sólo el tiempo -aunque muy poco tiempo será necesario- podrá dar las respuestas. Tal vez sólo una mujer que hace 23 años dirigió la toma del Palacio Nacional vestida de guardia somocista puede tomar decisión tan aventurada. La construcción de un discurso sandinista distinto al danielista durante la campaña electoral será el primer test. Después vendrán en cadena otros muchos.

¿Y la abstención?

Las encuestas han mostrado cómo se va reduciendo el porcentaje de los indecisos y de quienes afirman que no van a votar. En la realizada a mediados de agosto ambos grupos sumaban un 20%, lo que sería un nivel normal de abstención.
Matemáticamente, el abstencionismo favorece más al FSLN que al PLC, porque como el voto sandinista es más disciplinado, llueva o truene, una base mayor de abstención eleva el porcentaje de votos válidos y aumenta así el voto sólido con que cuenta el FSLN. Es por esta razón que los llamados a no abstenerse y las condenas a la abstención están viniendo sólo del lado de quienes simpatizan con los liberales -incluidos obispos, sacerdotes y predicadores de masas-. Es por esta razón que el tendido electoral del FSLN podría incluso favorecer el abstencionismo en algunos lugares, tal como ya sucedió en las elecciones municipales.

¿Es "pecado" abstenerse?

En las circunstancias tan claramente antidemocráticas en las que se ha desarrollado el actual proceso electoral, la abstención o la anulación del voto no pueden ser calificadas sin más como una irresponsabilidad, una falta de civismo o de ética. Aunque no tenga "consecuencias políticas" desde la única perspectiva del "voto útil", la abstención y la anulación del voto son también respetables expresiones políticas de quienes no fueron convencidos ni se resignaron a caminar por los dos carriles del pacto. De quienes querían una real tercera vía. De quienes también sueñan: otros liderazgos, otra forma de hacer política.

Tras la abstención también hay pragmatismo: si en los países ricos y estables la gente no vota porque "da igual" y sabe que ninguna inseguridad le acecha tras ningún resultado electoral, en Nicaragua hay muchos abstencionistas que no votarán porque "da igual" y saben que todas las inseguridades continuarán acechándoles tras cualquiera de los dos resultados.
En cualquier caso, ausentes el 4 de noviembre de las urnas, los abstencionistas son tan necesarios como los votantes de ambos partidos para organizarse, reclamar o respaldar, participar a partir del 5 de noviembre en la ingente tarea de impedir que Nicaragua siga yendo cuesta abajo y de rodada al guindo.

¿Y el día después?

Menos para los convencidos y más para los resignados, comienza a ser tema candente de debate y de todo tipo de especulaciones lo que podría ocurrir después de que los votantes depositen sus votos y éstos sean contados. ¿Se dejará ganar el PLC? ¿Aceptará su derrota el FSLN? ¿Funcionará el pacto para alterar los resultados o para acomodar el número de diputados y su ubicación? ¿Habrá violencia? ¿De qué tipo? ¿Los simpatizantes del PLC o del FSLN protagonizarán desestabilizaciones que escapen del control de las maquinarias electorales y de los acuerdos que un pacto que nunca fue "de caballeros" diseñe para enfrentar una situación así? ¿En un escenario crítico, cómo actuará el ejército? ¿Cómo actuarán los observadores internacionales, algunos de los cuales, asqueados por la marea de corrupción alemanista, ven con optimismo el regreso al poder del FSLN?

¿Y el debate?

Es también tema de debate la celebración de un debate ante los medios masivos entre los candidatos presidenciales. En ese ambiente que va uniformando las contiendas electorales en todo el mundo, los medios nacionales e influyentes sectores de la comunidad internacional presionan política y financieramente porque se realicen uno o varios de esos debates para que la opinión pública disponga también de esta herramienta para decidirse. Aunque no está claro que en Nicaragua, y en esta contienda tan calculadamente orientada a la polarización, un debate así decida a nadie que no esté ya decidido, es cierto que un ejercicio de este tipo podría contribuir mucho a educar a la población en la reflexión y en la tolerancia.

¿Y el fraude?

Mientras avanza cansinamente repetitiva la campaña electoral, animando a convencidos y arrastrando a resignados -mezclados entre ellos van los soñadores-, todos los ojos confluyen en los magistrados del Consejo Supremo Electoral, máxima autoridad a quien tocará anunciar y proclamar a los vencedores el 5 de noviembre. El CSE está afectado, como otras instituciones del Estado, no sólo por una aguda falta de credibilidad, sino por una aguda escasez de recursos. El CSE se ha declarado en bancarrota, acumula deudas, no paga o no paga a tiempo a sus empleados.

Y continúan ejecutándose las decisiones pactadas para su bipartidarización: están siendo despedidos los trabajadores que no se hayan adherido al PLC o al FSLN. Las protestas del sindicato se suceden por razón del salario no cancelado o por el despido arbitrario. En este ambiente engorda la desconfianza. Dirigentes y medios sandinistas denuncian a diario señales del fraude que preparan los liberales. Y viceversa: dirigentes y medios liberales adelantan a diario capítulos de la crónica del fraude anunciado que van a impedir.

¿Y la transparencia?

Mientras crecen las incertidumbres por lo que pueda ocurrir "el día después" de los comicios, el CSE se esfuerza denodadamente por garantizar una total "pureza" en la "fiesta cívica" del 4 de noviembre: como quien coloca una tapa translúcida sobre una letrina rebalsada.

Admite discusiones sobre temas tan "cruciales" como si el color de la camisa que luce Daniel Ortega en la boleta electoral es azul o es celeste, porque si fuera similar al de la bandera nacional sería un delito electoral y habría que imprimir de nuevo las boletas. O destina recursos y hace viajes en busca de sofisticados métodos para evitar el fraude: una tinta indeleble que deja rastros visibles e invisibles y una lámpara de luz infrarroja que detectará los rastros invisibles de la tinta indeleble en la epidermis del dedo gordo del ciudadano que ya votó y pretenda repetir la operación...

El Nazareno nos regaló una metáfora para describir esta actitud farisaica: Cuelan los mosquitos y se tragan los camellos. Convencidos, resignados, y todos los demás, rezamos hoy con esperanza a aquel sabio Nazareno, fustigador implacable de los poderosos corruptos, para que alguno de los sueños se haga realidad.

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