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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 233 | Agosto 2001
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Guatemala

Sube el IVA y baja la legitimidad

Hacía años que no se veían protestas tan masivas en Guatemala. La gente rechaza el alza del IVA. Siente que el gobierno va a derrochar los impuestos por su incompetencia y los va a devorar por su corrupción. La legitimidad del gobierno desciende aceleradamente.

Juan Hernández Pico, SJ

En medio de una acre polémica entre el Presidente y el CACIF principal organización empresarial de choque- el Congreso, con los votos de la mayoría del FRG, partido oficial, más dos votos de diputados de la DC y la UD, aprobó el 27 de julio una reforma fiscal que incluye, entre otras cosas, la subida del IVA del 10 al 12%, y el endurecimiento de los códigos tributario, penal, y procesal penal en materia fiscal.

Resultó curioso que el ex-Presidente Vinicio Cerezo, hoy diputado, quien tuvo que hacer frente en 1987 a un paro empresarial frente a su propuesta de reforma tributaria y al fin tuvo que retirarla, no se presentara al Congreso el día de la votación. En el Salvador, el IVA es del 13% y en Nicaragua del 15%.

Día de la Dignidad Nacional

Los grandes empresarios del CACIF declararon el día primero de agosto "Día de la Dignidad Nacional", anunciaron una paralización nacional de actividades empresariales y convocaron a otras organizaciones a una marcha cívica. La Confederación General de Trabajadores de Guatemala (CGTG), la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), los partidos de oposición y numerosas organizaciones de la sociedad civil -algunas católicas- convocaron también a la marcha cívica, procurando dejar claro que sus banderas y sus objetivos diferían de los del CACIF. La huelga fue un éxito. Más de un 90% del comercio capitalino cerró sus puertas. Unas 20 mil personas caminaron desde la Plaza de la Constitución al Congreso y a la Corte de Constitucionalidad. Varias organizaciones se aprestan a pedir amparo contra la Ley de Reforma Tributaria a la Corte de Constitucionalidad.

En numerosas cabeceras del interior de la República el comercio cerró también en forma masiva. La protesta tuvo alcance nacional. Para hallar algo parecido hay que remontarse a la reacción nacional ante el "Serranazo" en 1993 y mucho más atrás, a las manifestaciones previas a la Revolución de 1944. En la capital se dieron choques violentos entre policías antimotines y provocadores, saliendo brutalmente golpeados mujeres, hombres y hasta niños. En el interior, destacaron por su violencia los incidentes en Totonicapán, donde grupos muy numerosos de gente quebraron los vidrios de la vivienda de los hermanos Arévalo, alcalde de la ciudad y diputado departamental, e intentaron quemarla junto con los vehículos parqueados en ella, mientras otros grupos cerraban el acceso de la carretera a la policía y el de la calle a los bomberos.

Total rechazo al IVA

En la noche, en cadena nacional, el Presidente Alfonso Portillo aceptó el derecho de la ciudadanía a disentir, confirmando la decisión del Ejecutivo de mantener la Reforma Tributaria. El tono de la alocución fue, una vez más, confrontador. Afirmó que los 4 mil millones de quetzales (500 millones de dólares) que le va a costar al gobierno la aplicación de los Acuerdos de Paz no pueden pagarse con déficit fiscal ni se podrá contar con el apoyo financiero del Grupo Consultivo -otros 1,900 millones de dólares- si el Estado no aporta su cuota. Dijo también que el gobierno del ex-Presidente Arzú dejó endeudado al Estado por 24 mil millones de quetzales (3 mil millones de dólares). El ex Vicepresidente Luis Flores respondió al día siguiente, mostrando otras cifras, las cifras oficiales del Banco de Guatemala. "Usted miente" –le dijo Flores a Portillo-. Y con sus mentiras quiere justificar la ineptitud y la corrupción de su gobierno. Posteriormente, el Presidente del Banco de Guatemala, desmintió las cifras de Flores. "Creo que se confunde el sebo con la manteca", afirmó.

La mayoría de la población adversa la reforma tributaria por el aumento al IVA. En un país como Guatemala, con tan escasa cultura de pago de impuestos, cualquier aumento tributario es profundamente impopular. La población sabe además que es imposible no pagar el IVA porque viene automáticamente incluido en los precios de todos los artículos de consumo, incluso cuando no se dan facturas. Los altos precios y los bajos ingresos están triturando a la gente, que sabe también que un porcentaje considerable de todas las empresas, sobre todo las grandes, con corrupción o sin ella en el gobierno, defraudan el IVA al fisco. Las empresas se quedan así corruptamente con el IVA y el gobierno no lo recibe. Resultado: la población no experimenta mejoras en la cantidad y calidad de los servicios que el gobierno tendría que ofrecerle a través del IVA. Otra parte de la población -el pequeño porcentaje educado y formado, que incluye al liderazgo de las organizaciones populares y no gubernamentales- sabe bastante bien que la reforma tributaria no ha implicado una subida o adecuación de los impuestos directos (el Impuesto Sobre la Renta –ISR-, el Impuesto Único Sobre los Inmuebles –IUSI-, el impuesto sobre tierras y terrenos ociosos o sin usar, el impuesto inexistente sobre herencias cuantiosas, etc.). Por eso les encoleriza más el aumento del IVA.

Un sabor nacionalista

Como, además, la reforma tributaria la exige el Grupo Consultivo para aportar la mayoría aún no desembolsada de los 1 mil 900 millones de dólares comprometidos durante el gobierno de Arzú para el cumplimiento de los Acuerdos de Paz, y como la "imprudente embajadora" estadounidense Prudence Bushnell ha declarado a los medios que apoya la reforma tributaria propuesta por el gobierno, se palpa también en las protestas un cierto sabor nacionalista que se alía con los intereses del CACIF.

Resultó un pintoresco ejercicio de demagogia la pequeña manifestación de unos centenares de gente adinerada elegantemente vestida de negro, que durante algunas noches y en silencio llevaron ante la vivienda de la embajadora mantas que decían: "¡Prudence, go home! ¡No U.S. Intervention in Guatemala!"

Mucho más que el IVA

La reforma tributaria no contempla sólo el IVA. Además de los impuestos que fueron subidos o reformados el año 2000 -algunos de los cuales tocaban al ISR, si bien marginalmente, y también la supresión de algunas evasiones en forma de asignaciones ilimitadas a fundaciones o en diversas exenciones-, se decretaron otros impuestos. Un incremento de un 1% a las Empresas Mercantiles y Agropecuarias (IEMA). Un incremento a la distribución del búnker c o fuel oil, exceptuando a quienes lo usan para generar electricidad. La dolarización del impuesto a todo el resto de los combustibles derivados del petróleo. La duplicación del impuesto a la circulación de vehículos marítimos y aéreos. La supresión de los descuentos en aranceles por importación de vehículos usados -que no es más que la aplicación de la Ley de Unificación y Nivelación de la Parte III del Arancel Centroamericano, en vigor desde 1992-. Y un timbre de hasta1 quetzal por litro a las bebidas gaseosas, alcohólicas y vinos, y a los paquetes de 20 cigarrillos. La gran mayoría de estos impuestos afectan a productores, distribuidores y comerciantes. En la cultura anti impositiva que prevalece en Guatemala, estos sectores los adversan. Como además, nunca aceptan la reducción de sus ganancias a márgenes menos cuantiosos, la gente sabe que es quien terminará pagando los aumentos. Esto también la hace coincidir con el CACIF en la protesta pública.

Sin cultura fiscal, sin conciencia ciudadana

La reforma tributaria implica, por último, la revisión de las penas y de los procesos administrativos y penales diseñados contra la evasión de impuestos y el contrabando. Toda persona sensata sabe que en Guatemala la evasión es enorme y admite que es aquí donde hay que dar una fuerte vuelta a las tuercas. Siempre que el gobierno habla de creación o subida de impuestos, los empresarios y propietarios le sugieren que mejore la recaudación e impida la evasión para que no paguen honrados por corruptos.

Cuando el gobierno, empero, propuso el endurecimiento de las penas contra la evasión, por ejemplo la pena de cárcel sin libertad bajo fianza por defraudación y contrabando aduaneros o la pena de cárcel por defraudación tributaria, apropiación indebida de impuestos o resistencia a la acción fiscalizadora, conmutable cuando el acusado se declare culpable y pague, o la ampliación de facultades de la Superintendencia de Administración Tributaria para cerrar una empresa o un negocio encontrado en fraude fiscal, el CACIF acuñó inmediatamente una nueva expresión: "terrorismo fiscal".
Esta actitud evidencia un déficit notable de conciencia ciudadana. En la tradición democrática la pertenencia a un Estado ha supuesto siempre la aceptación de que los representantes electos del pueblo exijan a la ciudadanía legítima y legalmente contribuir a la carga del bien común y no defraudar a su propio gobierno.

En Guatemala el asunto es complejo. Pagar impuestos podría significar no sólo disminuir ganancias y contribuir a una redistribución de la riqueza, sino también perder poder económico independiente y aceptar compartirlo con un Estado más fuerte que el actual. No es ésta la inclinación del grupo económico pequeño y poderoso -no más de un 1.5% de la población total- que posee el 80% de la riqueza en este país.
Con una actitud así no estuvieron de acuerdo en la marcha del día primero los sindicatos, los estudiantes y otros sectores populares de la sociedad civil. "Nuestros objetivos no son los del CACIF", decían algunas de las mantas populares. Por eso escribía un columnista que la marcha recordaba a las procesiones de Semana Santa, con todos los "pasos" de diversas escenas de la Pasión de Jesús en las calles, pero todos con sus propios cofrades y siguiendo sus propios recorridos. De hecho, la marcha terminó sin discursos unificadores de tipo social o político.

El dilema entre Estado fuerte y gobierno corrupto

Está claro que la indignación de la gente no se dirige contra toda la reforma tributaria. La mayoría aspira a un Estado que practique la justicia, que legisle leyes razonables y equitativas, y que responda con eficacia, eficiencia y honestidad a las necesidades más sentidas: una economía más humana y una seguridad más confiable. Si esa mayoría se opone con fuerza a los impuestos es por la falta de equidad en su estructura (91% de la población se opone al incremento del IVA) y también porque siente que el gobierno los va a derrochar por su incompetencia y los va a devorar por su corrupción.

La falta de transparencia hace verosímiles tales percepciones emotivas. En abril, Vox Latina encontró que el 80% de la gente consultada sentía que el General Ríos Montt "miente, abusa y comete actos de corrupción", que contradice el lema del cual siempre se ha sentido orgulloso y con el cual ha corrido en tres elecciones desde 1990. Y en la última encuesta de Vox Latina de julio, el 86% respondió que no cree que el gobierno gaste correctamente el dinero que recibe de los impuestos. El 31 de mayo, día de la Constitución, ante un Presidente Portillo silencioso, el Presidente del Congreso, General Efraín Ríos Montt, había anunciado que el "paquete" fiscal no podría ser pagado, en su gran mayoría por el pueblo y no sería convertido en ley. Sin embargo, Efraín Ríos Montt lo convirtió en ley el 27 de julio.

Incompetencia: madre de todas las corrupciones

Tal vez lo que obstaculiza más la resolución del dilema entre la necesidad de un Estado fuerte y la percepción de un gobierno corrupto, es que el gobierno de Alfonso Portillo parece haber incurrido en la madre de todas las corrupciones, la incompetencia. Según Vox Latina, en su encuesta de abril, el 78% de la población piensa que el Presidente Portillo está confundido y no tiene metas claras, el 68% estima que toma malas decisiones, el 59% que lo tienen aislado, y sólo el 13.4% volvería a votar por él. En julio, ya sólo el 9% volvería a votar por él. Todo esto indica una percepción general de gran incompetencia e ineptitud en el gobierno, o una clara percepción de que los conflictos y bandazos al interior del gobierno, así como las confrontaciones constantes con el Congreso, desarticulan la administración.

La ineptitud del gobierno atormenta a la gente. Es una triste aventura la del Presidente Portillo el venir a gobernar un país como Guatemala, pequeño pero complejo, sin capacidad y aptitud para tratar la cosa pública, sin más habilidad que la de un verbo cálido y confrontador, que desgrana una y otra vez populistamente la mazorca de las promesas sin que el maíz se concrete en el comal, un Presidente que levanta bandera de hombre valiente que confronta y tiene a raya a los sectores tradicionalmente poderosos y se entrega al pueblo pobre, y que sin embargo vive en la Zona 14 de la Capital entre esos mismos sectores que confronta, permite a los nuevos ricos trepadores aprovecharse de su amistad con él, y convierte en parrandas sus almuerzos en días de trabajo en restaurantes de la Zona Viva.

¿Pluralismo?

Sin duda, fue valioso conformar un gabinete de gobierno en el que, a la gente del FRG -seguidores de un caudillo hábil ("Se puede retorcer la ley pero sin romperla") tocado de autoritarismo rayano en lo fanático como Ríos Montt- se añadiera gente con historiales de servicio en la oposición de izquierda, en la universidad, en los medios y en ONGs humanitarias y religiosas. Pero este audaz paso requería de inteligencia para hacer converger las perspectivas enriqueciendo los resultados. Sin saber balancear las fuerzas, lo que resulta es el triunfo de una sola perspectiva por anulación o cooptación de las otras, y entonces el edificio de un Ejecutivo pluralista queda a medio construir y en lugar de obra maestra lo que se obtiene son escombros.

Los sueños del Presidente año y medio después

Da tristeza y cólera rememorar hoy, después de año y medio, los grandes sueños del Presidente Portillo. En su discurso inaugural, habló de construir su gobierno sobre cinco pilares. El primero era la consolidación de la democracia sobre la base del proyecto de nación que diseñan los Acuerdos de Paz. Después de más de año y medio, los Acuerdos de Paz se están estancando. El Pacto Fiscal -mucho más que sólo una reforma tributaria- quedó empantanado. En el fondo hay una contradicción entre el entusiasmo y la inteligencia que requiere la puesta en práctica de los Acuerdos de Paz y el desinterés del FRG y su caudillo por ellos.

El segundo pilar, la descentralización del poder, el traspaso de poder a las municipalidades, tampoco ha avanzado. Sigue vigente la eterna queja de que las cuotas del presupuesto que corresponden a las municipalidades se dan sólo a aquellas que presiden alcaldes del FRG. No se han reformado las Leyes de los Consejos Departamentales de Desarrollo para dar mayor participación a las municipalidades. Vuelve a haber una contradicción entre la participación democrática que implica la descentralización y el gusto del partido gobernante por el autoritarismo.

Respaldo a banqueros y empresarios corruptos

El tercer pilar era la reforma económica para recuperar un crecimiento sin privilegios. El programa económico del gobierno ha sido una mezcla de algún éxito, no poca inflación de imagen y bastantes fracasos. Ha tenido éxito el Banco de Guatemala en detener por ahora el desplome de la tasa de cambio del quetzal y en mantener la tasa de inflación anual. Pero las Operaciones de Mercado Abierto para restringir la liquidez y evitar mayor inflación han hecho subir vertiginosamente las obligaciones de amortización del Banco. Con todo, las reservas de divisas han alcanzado cifras altas. Se han bajado algo las tasas de interés. Sin embargo, no han aumentado los créditos ni tampoco las inversiones. El Indice Mensual de la Actividad Económica (IMAE) muestra tendencias negativas y obliga a revisar a la baja la predicción del crecimiento: ya por debajo del 3%.

Se ha respaldado y privilegiado a banqueros y a empresarios corruptos. Se ha jugado con la imagen de la ruptura de monopolios (azúcar, pollo, cemento, fertilizantes...) sin llegar a una liberalización realmente importante de la importación ni a una baja de los precios. Todo el ruido alrededor de la revisión de la privatización de TELGUA quedó también en imagen. Se votó una reducción del Presupuesto Nacional para después votar un aumento extraordinario mayor que la reducción y destinar por resolución ejecutiva partidas a instituciones y ministerios que, como el de Defensa, tendrían que ver bajar proporcionalmente sus asignaciones. No se ha logrado aún que el Congreso apruebe las nuevas leyes de regulación del sector bancario. No se ha afrontado de verdad la debilidad en la lucha por la defensa del medio ambiente ni las estrategias para reducir la vulnerabilidad del país frente a catástrofes naturales.

El cuarto pilar, la lucha para extirpar las enormes desigualdades sociales, no ha tenido una verdadera concreción en el aumento de los presupuestos de educación y de salud y en el seguimiento adecuado de las obras de infraestructura vial del gobierno anterior. El drama de las zonas marginales urbanas, sobre todo de los barrancos de la capital, sigue sin afrontarse. Se teme que también el gran proyecto de alfabetización quede sólo en imagen, sobre todo por falta de diálogo democrático en su programación.

Un populismo demagógico que bate récords

El quinto pilar, la lucha contra la impunidad y a favor de la seguridad ciudadana, provoca una tremenda decepción nacional. El Presidente Portillo ha tenido ya dos Ministros de Gobernación y la Policía Nacional Civil tres directores. Lo más duro es que el Presidente crea que sólo con estados de excepción que recortan las garantías constitucionales se puede afrontar el delito. Aquí es donde la ineptitud del gobierno cobra su más cara factura. Porque cuanto más débil es la estructura civil del gobierno, cuanto más se exprime a la República robando o derrochando, más campo se ofrece a la remilitarización de la sociedad, a ideologías pro orden y anti derechos humanos y al despliegue del crimen organizado.

El Presidente Portillo tuvo sus sueños muy claros, pero la cuestión era pensar cómo llevarlos a la práctica sin abusar de su excepcional mayoría y sin destrozar el país. Las famosas "matrices" económica, política y social elaboradas el pasado año por sus asesores, no se tradujeron en programas y proyectos, excepto en la alfabetización. Ni diseñaron el Presidente y su equipo una jerarquía de prioridades. Por eso, su gobierno se está hundiendo en uno de los más demagógicos populismos de que tiene memoria América Latina. Hasta el punto de que, en su último discurso en cadena nacional la noche del primero de agosto, llegó a defender a su gobierno de la acusación de corrupto afirmando que es universal la difusión de la corrupción en la política.

El fuego ceremonial y el juego con fuego

Hace año y medio, el Presidente se dirigió a la Catedral capitalina para asistir a un Tedeum y recibir las bendiciones de Dios sobre su gobierno de manos de la Conferencia Episcopal católica. Antes, había asistido a una ceremonia en que los sacerdotes mayas oraron por él al Corazón del Cielo y al Corazón de la Tierra. Hoy, la Conferencia Episcopal lo ha llamado "a escuchar el clamor popular en los diversos campos bajo su competencia".

El día antes había viajado a Momostenango, en Totonicapán, y allí, ante 89 alcaldes del país, a quienes iba a entregar sus cheques, y ante 5 mil personas, varios sacerdotes indígenas lo rociaron con aguardiente frente a un fuego ceremonial para expulsar de él los malos espíritus. Portillo había dicho en esta zona el año pasado: "Ustedes me pusieron y sólo ustedes me pueden quitar." Es simbólico que haya sido allí mismo donde haya tenido que decretar un estado de sitio menos de un año después. Afortunadamente, la oposición rompió el quórum del Congreso en el único día hábil para confirmar o rechazar ese decreto presidencial. No le quedó al Presidente más remedio que revocarlo. Tal vez esté dándose cuenta de que no está sólo celebrando ceremonias con fuegos sagrados, sino jugando con fuego.

Esta crisis tiene historia

Hace 30 años el antropólogo Richard Adams publicó un libro ya clásico sobre Guatemala. Su título, "Guatemala, Crucifixion by Power" (Crucifixión por el Poder). Evocar este título es importante para recordar que Guatemala no es sólo un país revuelto, ni tan siquiera sólo un país atormentado. Ayer como hoy, Guatemala sigue siendo un país crucificado. El poder que lo crucifica es su situación estructural interna y externa. La crisis generada por el alza coyuntural de los impuestos no debe hacer olvidar la estructura del país con su historia y su evolución previsible.

La crisis del gobierno actual no parte de cero. Berger, candidato del PAN, rival de Portillo en las elecciones del 99, perdió porque la desaceleración económica comenzó ya en el último año y medio del gobierno anterior. Perdió también, porque, sin ser tan burdamente confrontador como Portillo, el ex-Presidente Arzú mostró una intolerancia poco democrática hacia la crítica, sobre todo la de los medios, hasta el extremo de hacer la vida imposible a "Crónica", el mejor semanario del país durante una década, hasta forzar su venta y su hundimiento en el amarillismo. La imagen de arrogancia de Arzú, propia de su linaje, se proyectó hasta su último discurso, en donde poco menos que le reclamó al país su ingratitud en lugar de reconocer él sus errores. El gobierno Arzú trató con escasa transparencia la privatización y la venta de TELGUA, y esto arrojó una sombra sobre la honestidad de un gobernante que prometió luchar con energía contra la corrupción.

Más importante fue que los Acuerdos de Paz no se convirtieron con suficiente seriedad en política de Estado. Parafraseando a Kundera podríamos hablar de "la insoportable levedad de los acuerdos de paz". Arzú creó la SAT y rehuyó el resto de la tarea de la reforma tributaria, retrocediendo ante las reacciones contra el IUSI sembradas por bases del FRG entre gente pobre del interior a la que no iba a tocar ese impuesto. No enfrentó con energía el comienzo del catastro nacional. Permitió que las reformas constitucionales necesarias para el cumplimiento de los Acuerdos de Paz fueran enredadas en el Congreso y presentadas confusamente a la población. Detuvo las medidas de desmilitarización con las que comenzó su mandato. No mantuvo en la cumbre del instituto armado a los generales negociadores de los Acuerdos de Paz, Balconi y Pérez Molina. Se entregó, en cambio, en manos de su Jefe de Estado Mayor Presidencial, Espinoza.

Arzú apóstó por el olvido

Además de postergar así la creación de una seguridad presidencial independiente del Ejército, Alvaro Arzú hipotecó su propia reacción frente a la publicación del Informe REMHI, el asesinato de Monseñor Gerardi y las recomendaciones del Informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico, que desechó evasivamente. Negociador principal de la paz y obsesionado por una política a corto plazo de buena imagen para Guatemala, la prefirió a una política de saldar las terribles cuentas de un Estado que actuó criminalmente en el conflicto armado interno. Arzú apostó por el olvido, por la pérdida de la memoria. Como lo ha mostrado el caso Pinochet, estas decisiones aparentemente pragmáticas se vuelven bombas de tiempo que estallan en la cara de los gobiernos siguientes.

Igual que en El Salvador, la falta de impulso a la investigación estatal de oficio de las estructuras secretas conocidas como "escuadrones de la muerte" que fueron denunciadas por los Informes de la Verdad, ha permitido que perduren al servicio del capital delincuencial y de sus tentáculos nacionales y globales de crimen organizado, y que puedan activarse en cualquier momento para perpetrar delitos políticos como el asesinato del obispo Gerardi. Al omitir Arzú poner al descubierto algunos de las raíces del militarismo corrupto, permitió que éstas se hundieran aún más en la tierra de Guatemala con el gobierno de Portillo.

Los impuestos deben respaldar el gasto social

El problema de los impuestos llena los titulares y las imágenes de portada de los medios nacionales y alcanza algunos medios internacionales. Se subraya que un pueblo en necesidad, hambriento y sin empleo, no puede pagar el IVA. Se recalca que no se pueden pagar impuestos a un gobierno inepto y corrupto, que los derrocha y los devora. Se evade que este gobierno, por inepto y corrupto que sea, por propia iniciativa o movido por la comunidad internacional, está empezando a poner las bases legales, en materia tributaria y sólo en ella, para que cualquier gobierno posterior -o este mismo, si recapacitara- pueda programar un gasto social transparente y cumplir con los servicios que el Estado debe proporcionar para que el país tenga un pueblo sano, educado, con techo, comunicado e informado.
Faltan propuestas para que estas bases estén mejor puestas. Por ejemplo, que no deba ser igual el IVA para los medicamentos y para los alimentos, para el papel, los cuadernos, los lapiceros, los libros y las computadoras escolares, que para los automóviles de lujo, los licores importados, los terrenos urbanos privilegiados, los materiales de construcción de lujo, etcétera, etc.

La última fuga de peligrosos reos sentenciados muestra lo ineficaz e ineficiente que es manejar el Estado con funcionarios mal preparados y mal pagados. Los funcionarios y los guardias penitenciarios, ¿cómo se preparan para su empleo? ¿Con cuánta humanidad y responsabilidad?, ¿Y cuánto ganan? ¿Cómo se pueden esperar mejoras sustanciales en la educación, que es la base para que un pueblo pueda acceder al desarrollo humano, con la formación y los salarios que el Estado ofrece a maestras y maestros? El lenguaje lírico de los elogios al magisterio encubre una desvalorización fundamental de la tarea que realizan. ¿Qué médicos van a ir a los rincones apartados del país con los sueldos que cobran? ¿Qué enfermeras o paramédicos van a mostrar finura y preocupación en los hospitales públicos?

Hay mucho que no funciona

Y, sin embargo, en este país, cada vez que se habla de alza de los salarios se conjura el espectro del alza de los precios. Incluso la opinión pública, aleccionada por las realidades de un mercado inmisericorde, rechaza en un 91% (encuesta de Vox Latina de julio) el aumento del IVA aun cuando vaya acompañado de alzas salariales. Ni el Estado guatemalteco ni la empresa privada de este país representada por el CACIF como organización de choque -que no es toda la empresa privada-, ni los dueños de abarroterías ni una mayoría de las familias con empleo doméstico, entienden el valor del trabajo humano. No pocas veces pasa lo mismo también con las instituciones religiosas. Es evidente que el mercado no se encarga del desarrollo humano en países que parten de tan abajo como el nuestro ni en el Cuarto Mundo que vive en los infiernos del Primero.

Hay mucho aquí que no funciona. Una gran poeta con fama de izquierda habla en su columna periodística del maravilloso espectáculo de la manifestación del primero de agosto, en la que pudieron desfilar juntos empresarios y sindicalistas, políticos y amas de casa, activistas humanitarios y estudiantes. Sin embargo, ella no pudo nombrar en su columna más que a gente de renombre. A pesar de decir que es ella quien hace la compra en su casa, no nombró al abarrotero o a la placera ni se encontró por casualidad en la marcha con alguna enfermera que algún día le extrajo sangre para analizarla. Hay gente que tiene nombre y otra que no. Y en eso se juega también el proceso de avance democrático.

La discriminación étnica y el desafío multicultural

Sam Colop, periodista maya de Prensa Libre, y Aníbal Saldaña, párroco de Totonicapán, llaman la atención sobre la misma realidad. El estado de sitio no sólo no es proporcional a los disturbios de Totonicapán el primero de agosto. Además, es discriminatorio. En Escuintla, departamento de mayoría ladina y de grandes fincas, donde 74 peligrosos delincuentes presos se fugaron el día 17 de junio, no se declaró el estado de sitio. Sí se declaró por destrozos a la vivienda de un alcalde y un diputado, en Totonicapán, departamento con más del 90% de la población de identidad maya.

Es sólo una señal que nada dice sobre si la medida resuelve algo en un caso o en otro. Al fin y al cabo, se trata del mismo sistema inepto y corrupto el que tiene que impedir la fuga de los presos, el que debe conseguir su recaptura, el que tiene que guiarse por el Pacto Fiscal y no sólo por una reforma tributaria, y el que tiene que mantener el orden con eficacia y humanidad. Pero la señal apunta a que más allá de populismos coyunturales, el poder en este país reacciona con discriminación étnica ante los problemas y no está preparado para la multiculturalidad, para la convivencia intercultural de varios pueblos.

Y más allá, la globalización excluyente y conflictiva

En las más hondas raíces de la indignación popular contra el IVA está la situación económica del pueblo y lo que el mismo pueblo percibe como el hundimiento económico del país, el hundimiento de las posibilidades de una sobrevivencia digna. Inventó el CACIF -y logró hacer que pegara en las otras organizaciones- el lema de "Día de la Dignidad" para el día de la protesta nacional. Soslaya ese lema el problema más estructural de que a un 80% de los guatemaltecos, que tienen que vivir con el 15% de la riqueza nacional, no les es reconocida su dignidad humana.

El sistema agroexportador de Centroamérica está en una crisis irreversible. La incorporación de Vietnam a la producción cafetalera, subsidiada por los Estados Unidos a través del Banco Mundial, ha hundido a Guatemala y a los países de Centroamérica en una miseria aún mayor. Mientras la taza de café no ha bajado de precio en el mundo, los mayores beneficios se siguen quedando en manos de los importadores y las grandes almacenadoras (Maxwell, Nescafé, etc.) y en los restaurantes.

No acaban de abrírsenos los mercados del Primer Mundo. No funciona para nuestros pueblos el Comercio Internacional. Lo expresa la gran protesta global y solidaria en Génova, Davos, Seattle, donde por desgracia, también actúan con brutalidad otros "antimotines". Y por eso la migración, a pesar del muro de alambre, de acero y del desierto, es cada vez mayor y tiende a convertirse en la fuente de vida más importante para Guatemala. Pero no hay en Guatemala un "Banco de Remesas" que las familias de los migrantes pudieran administrar sin que incrementen únicamente depósitos de los bancos del sistema o las cuentas del capital delincuencial.

Un país crucificado

Se logrará un cambio en la conciencia del Primer Mundo como para dialogar mundialmente sobre el comercio y la migración -que pueden convertirse en las situaciones más agudamente conflictivas del siglo XXI- y para dar por pagada la deuda externa, como está ya pagada varias veces a través de los intereses? Al contrario de lo que manifestó Alvaro Arzú inmediatamente después del Mitch, la deuda externa es también un problema importante para Guatemala. Por lo demás, sólo algunos grupos pequeños de campesinos viven de las exportaciones no tradicionales del agro y las maquilas textiles irán en aumento con el Plan Puebla-Panamá. Al bordear este futuro, entramos ya a un panorama que necesita de más investigación y rebasa los límites de estas líneas.

Mientras no se dé un cambio estructural en la inversión de los guatemaltecos que pueden y se invierta en mejor tecnología y en capacitación humana y en salarios dignos que permitan salud y educación mejores, mientras no se apueste por una mejor calidad de vida para las familias en pobreza y miseria, muchas de ellas mayas, Guatemala permanecerá crucificada por el poder, por la economía y por la discriminación racista inconfesa. El diálogo necesario, cuando venga, no puede evadir estas cuestiones estructurales, cruciales para que la reconciliación tenga bases firmes.

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