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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 232 | Julio 2001
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Centroamérica

El turno de los medios en la agenda de la democratización

Si la década de los 90 puso en la agenda de Centroamérica temas cruciales para la gobernabilidad: descentralización, ciudadanía, desarrollo sostenible, transparencia, en la década que comienza es el turno de los medios.

Carlos F. Chamorro

Los procesos de paz y desmilitarización ocurridos en los últimos doce años en Nicaragua, El Salvador y Guatemala, han transformado el rostro político de Centroamérica. La democracia electoral y la alternancia en el poder son ahora la norma, en una región en la que por mucho tiempo sólo Costa Rica fue la excepción ante el patrón de violencia política y conculcación de las libertades democráticas. La libertad de expresión y el vigoroso desarrollo de los medios de comunicación, como contrapeso de los poderes públicos, son uno de los rasgos característicos de las llamadas "democracias incompletas" de Centroamérica.

Paralelamente a las transiciones políticas, los medios de comunicación han experimentado su propia transición. Nuevos medios innovadores y viejos medios renovados, una nueva generación de periodistas y empresarios visionarios, son algunos de los principales protagonistas de un proceso tan vertiginoso como contradictorio.

En una encrucijada

En el balance de la década que recién terminó, los medios se han posicionado como una de las instituciones democráticas de mayor confianza para los ciudadanos, frente al desprestigio acumulado por los partidos y las instituciones del Estado. En algunos casos, se han transformado ya en actores políticos democráticos de primer orden. También se han revelado sus propias limitaciones. El creciente poder y la presión de los grupos económicos privados, por un lado, y la demanda de mayor participación en el debate público de nuevos actores sociales y una embrionaria sociedad civil, por el otro, están colocando a los medios en una encrucijada. En un momento en que la democracia corre el peligro de estancarse o retroceder, los medios se perfilan como una de las reservas de la construcción democrática, si logran convertirse ellos mismos en instituciones democráticas.

A pesar de la riqueza de la experiencia práctica, en Centroamérica existe un vacío de información y análisis sistemático disponible sobre la evolución de la prensa en cada país. Tampoco contamos con una visión regional del problema. De hecho, aunque la temática de los medios ha sido moneda común en los intercambios informales entre periodistas, no ocupa un lugar prioritario en la agenda de la transformación democrática de Centroamérica. Para citar un ejemplo reciente, el excelente estudio titulado Informe del Estado de la Región en el Desarrollo Sostenible (1999), que presenta una exhaustiva agenda sobre la región, ni siquiera menciona el aporte o los desafíos de los medios en la consolidación democrática.

Más autónomos, más críticos, más pluralistas

Durante la década de los 90, los medios de comunicación en Centroamérica experimentaron un extraordinario proceso de transformaciones. Tanto para los viejos medios que se relanzaron como para los nuevos medios que surgieron, la matriz del cambio se asocia a los procesos de apertura y liberalización política que crearon un clima favorable para el desarrollo de medios con una vocación más plural e independiente. La resultante general es un rol más autónomo y crítico de los medios en sus relaciones de mediación con el Estado y la sociedad. Esto se refleja en una mejoría en el rol de la prensa en torno a tres funciones básicas: su función informativa, su capacidad de fiscalización del poder, y la promoción del pluralismo y el debate público. Los alcances de este proceso varían de acuerdo a la experiencia de cada país.

- En el ámbito de la información y la investigación periodística, se produjo una gradual ampliación de los espacios informativos hacia temas anteriormente vedados. La prensa empezó a ejercer un rol más crítico sobre distintos temas de la vida nacional, como la corrupción, el mal funcionamiento de las instituciones democráticas, la impunidad, el poder de los militares, la tenencia de la tierra, la participación indígena, etc.

Sin embargo, la ampliación de la agenda temática no resolvió el problema de la calidad de la información requerida para ofrecer a los ciudadanos la posibilidad de participar en el proceso de formulación de las políticas públicas. En épocas de elecciones, los medios se convierten en el gran escenario del debate político y la lucha por el poder y, en teoría, deberían representar a los ciudadanos para ampliar sus oportunidades de escogencia política. Pero en la práctica, continúan predominando, aunque en forma más sutil, las viejas tradiciones de los alineamientos partidarios.

- En el contexto de un desempeño deficitario de otras instituciones democráticas, los medios de comunicación han jugado un papel crucial como fiscalizadores del poder público. En particular, en la lucha contra la corrupción, los abusos de poder, y la exigencia de un apropiado funcionamiento del sistema democrático. Sin embargo, al ser portadores de una dicotomía entre su carácter empresarial-comercial y su función como instituciones de servicio público, los medios reflejan una compleja contradicción. Al formar parte de una estructura interdependiente del poder económico-político, han mostrado impedimentos para avanzar en su función de servicio público.

- Un área en que la apertura política permitió uno de los avances más visibles en el rol democrático de la prensa es en el pluralismo de opiniones. El establecimiento gradual de un régimen plural de opiniones en los medios se ha ido transformando en una característica permanente de la prensa centroamericana. Sectores políticos y posiciones ideológicas que durante los años 70 o principios de los 80 no tenían cabida en los medios, por el clima de represión política, empezaron a opinar y a ser entrevistados. Así, los medios inauguraron una nueva función como espacios de debate, crítica y disensión, ofreciendo un aporte invalorable para el establecimiento de un clima básico de tolerancia, en desafío al autoritarismo. Sin embargo, existen evidencias de que no todas las voces críticas de la sociedad se expresan en los medios y, en la medida en que las transiciones se institucionalizan, los medios empiezan a ser copados por los líderes de opinión tradicionales.

Honduras a la zaga

Separando el caso de Costa Rica, que tiene una larga experiencia en materia de libertad e independencia en los medios, los cambios más notorios se observan en Nicaragua y El Salvador. En estos países, los medios líderes han logrado un considerable avance en cuanto a su distanciamiento y capacidad crítica frente al poder. En Guatemala, los avances en la independencia y capacidad crítica de la prensa se concentran en la prensa escrita, mientras la televisión se mantiene plegada al interés gubernamental, por los compromisos que se derivan de un sistema cuasi monopólico.

En contraste con el resto de la región, en Honduras el sistema de medios continúa manteniendo una estrecha interrelación con los partidos políticos y los grupos económicos, siendo más vulnerable a la presión gubernamental y al halago de la corrupción. Mientras en El Salvador o Nicaragua las limitaciones de los medios tienden a reflejarse en tiempos de campaña electoral o ante situaciones límite de sus relaciones con el Estado o los grandes grupos económicos privados, en Honduras la mayoría de los medios actúan de forma permanente como un instrumento de grupos de presión, con notables pero escasas excepciones. Como resultado de este sistema, el grado de autonomía en las redacciones hondureñas es mucho más reducido, así como es más pronunciada la influencia gubernamental y la tendencia a la corrupción de la prensa.

Una tentación y una responsabilidad

Según el Barómetro Centroamericano del PNUD, basado en una encuesta realizada por Borge y Asociados en 1997, en Centroamérica los medios son la institución que goza de mayor credibilidad después de la Iglesia Católica. En el caso de Nicaragua, una encuesta de CINCO (2001) reveló que los medios ocupan el primer lugar de confianza (67%), por encima incluso de la Iglesia Católica (63%). Más que un indicador de la calidad de la prensa -que arrastra visibles deficiencias éticas y estructurales-, esta percepción indica que los medios son vistos por la ciudadanía como una "válvula de escape" para expresar su descontento ante la falta de funcionalidad de otras instituciones.

Esta situación plantea a los medios y a los periodistas el imperativo de renunciar a la tentación de sustituir a los partidos e instituciones democráticas, o de intentar convertirse en plataformas o trampolines para saltar a la política partidaria. En Honduras y Nicaragua continúa siendo común la presencia de periodistas en las listas de candidatos a diputados de los partidos, o la existencia de una prensa con un sesgo partidista.

Pero la misión de los medios no es sustituir las instituciones sino contribuir a transformarlas. Porque sin el funcionamiento apropiado de otras instituciones -justicia, contralorías, congresos-, las posibilidades de los medios de cumplir su rol como fiscalizadores de los poderes públicos y privados, queda limitada al ámbito del debate de opiniones. Es del interés de los medios, por lo tanto, trabajar por una modernización de las instituciones democráticas, y en ningún caso pretender sustituirlas. Complementariamente, la relación entre medios y poder político debería replantearse como un proceso de doble vía, terminando con la visión utilitaria que sobre los medios y los periodistas predomina entre los gobiernos, partidos políticos y empresarios privados.

El desarrollo de una prensa independiente y democrática requiere reconocer que los medios son un espacio abierto para la lucha política y, a la vez, un actor democrático por derecho propio.


¿Modernización tecnológica o democrática?

En la base del proceso de modernización de los medios han confluido al menos cuatro procesos simultáneos: la apertura política; la competencia empresarial y una tendencia hacia una mayor concentración de la propiedad; el acceso a nuevas tecnologías y la modernización tecnológica; la profesionalización en el ámbito periodístico y gerencial. Este proceso ha sido desigual, incompleto y contradictorio.

Desigual, en cuanto a su expresión diferenciada en la radio, la prensa escrita y la televisión. Incompleto, porque revela avances, retrocesos y límites en el proceso de la institucionalización democrática de los medios. Contradictorio, porque en su fuero interno los medios son foros públicos y a la vez empresas comerciales con fines de lucro. Son espacios de debate público y al mismo tiempo actores con intereses políticos y económicos propios que tienden a predominar sobre su función pública. En el trasfondo de este proceso contradictorio se percibe una tensión entre el ritmo más rápido en que avanza la modernización tecnológica y empresarial de los medios de comunicación, en contraste con el de su más lenta modernización como instituciones democráticas.

Los periódicos en vanguardia

La modernización tecnológica ha significado una mayor capacidad tecnológica de difusión, apoyada en recursos humanos más calificados y una mejor organización empresarial. Esto se expresa en varios procesos:

- Los diarios han automatizado sus sistemas de impresión y diseño gráfico, y han adoptado modernos conceptos de organización periodística y empresarial, suplementos, mercadeo, etc., expandiendo el negocio al área de impresión comercial. Aunque la circulación de los periódicos no alcanza en todos los países niveles masivos y tiende a concentrarse en las capitales, su influencia sobrepasa con creces la cobertura de su circulación. Los diarios representan la principal fuente de información general para los líderes de opinión y tomadores de decisiones. Algunos diarios cuentan con unidades de investigación periodística o están en el proceso de formarlas, lo que les permite mayores insumos para enriquecer la agenda informativa nacional, influyendo de forma determinante en la conformación de la agenda periodística de los medios electrónicos. En ese sentido, los diarios están claramente a la vanguardia periodística y brindan la pauta a los otros medios.

- La TV está entrando aceleradamente en la era digital calificando la señal y ampliando la cobertura técnica. Su vocación fundamental apunta al entretenimiento, con gran dependencia de la producción extranjera. En parte debido a la falta de competencia y excesiva concentración de la propiedad, en algunos países predomina una tendencia a la subutilización del medio televisivo como foro de debate público y medio de investigación periodística. Por el contrario, donde hay competencia televisiva, los noticieros y programas de opinión y debate han logrado un amplio reconocimiento social por su contribución al desarrollo democrático.

- Las radioemisoras se han modernizado tecnológicamente y tienden a reagruparse en redes y cadenas empresariales. La radio sigue siendo el medio de información predominante en el interior de los países, sobre todo en los ámbitos locales. El impacto de la radio varía en cada país, pero en general continúa siendo el medio principal de servicio, información y entretenimiento en las zonas rurales. En el ámbito local, es importante la experiencia acumulada por las radios locales o comunitarias, que promueven una programación participativa y en pro de la identidad cultural.

- Hay un incipiente desarrollo de medios vía Internet enfocado en las clases medias urbanas. En la mayoría de los casos, Internet funciona como un vehículo complementario de difusión para los medios escritos, teniendo como principales usuarios a los centroamericanos en el exterior, que recurren a este medio para informarse sobre sus países. Pero todavía hay pocas experiencias de medios verdaderamente interactivos en torno a sus comunidades. Como instrumento de comunicación, las nuevas tecnologías han ensanchado las posibilidades de las redes creadas desde la sociedad civil para intercambiar información -dentro y fuera de los países-, agregar sus demandas e incidir en el debate público.

Modernización limitada

La modernización de los medios como instituciones democráticas se expresa en una mejoría general en la oferta informativa y en el pluralismo de opiniones. La etapa de medios férreamente controlados por los gobiernos y por el poder militar ha dado paso a un nuevo proceso en que los medios comparten un compromiso general con la democracia y el pluralismo. Sin embargo, los alcances de esta modernización institucional siguen siendo limitados por diversos factores.

- En los máximos niveles de decisión de los medios predomina el énfasis de su naturaleza empresarial-comercial sobre su misión como foros públicos. La autonomía profesional para editores, redactores y columnistas en las redacciones es limitada.

- El compromiso democrático de los medios se ve limitado al abordar temas que afectan a determinados intereses de los poderes económicos dominantes. En consecuencia, la calidad del debate público, y su capacidad de fiscalización de los poderes públicos y sobre todo de los poderes privados, es limitada.

-A pesar de los avances generales en la "despartidización" de los medios, durante las campañas electorales predomina la tendencia hacia los alineamientos partidarios, en detrimento de los derechos del público.

- El fortalecimiento de los medios no ha estado acompañado por una auténtica cultura y práctica de rendición de cuentas hacia la sociedad. Hay una ausencia de mecanismos efectivos de autorregulación -códigos de ética, defensor del lector, etc.- y algunos sectores comparten la percepción de que frente a los abusos de los medios existe una cultura de impunidad.

Mientras los medios no terminen de convertirse en instituciones democráticas, que garanticen un espacio de autonomía para el ejercicio del periodismo profesional, con reglas del juego éticas claramente establecidas al interior de las empresas, y compartidas como un contrato-compromiso con el público, su aporte a la democracia será incompleto. Algunos medios en Centroamérica ya han dado algunos pasos importantes en esa dirección, pero para la mayoría aún hay mucho camino por recorrer.

El poder de la competencia y los medios innovadores

El proceso de cambio de los medios ha sido encabezado por las élites empresariales, apoyándose en una nueva generación de periodistas profesionales. La naturaleza de las empresas periodísticas en la región oscila entre la empresa familiar y las grandes y medianas corporaciones, predominando en ambas una marcada tendencia hacia la concentración de la propiedad.

La modernización de las élites empresariales en los medios se ha visto favorecida por los nuevos espacios que abrió la liberalización política, pero su acicate permanente ha sido la competencia económica intra-medios. Existe una relación directa entre competencia económica y mayor oferta comunicacional. Esta interacción ha sido la tónica general en el caso de los diarios y las radioemisoras: competencia entre dos, tres y a veces más actores, induce un esfuerzo permanente de innovación periodística. Un caso emblemático es el de El Diario de Hoy y La Prensa Gráfica en El Salvador, hace diez años considerados entre los diarios más atrasados de América Latina. La dinámica resultante de la competencia entre estos medios ha producido una notable transformación y modernización en sus redacciones. En el caso de Nicaragua, la competencia entre La Prensa y El Nuevo Diario, por un lado, y el liderazgo en audiencia e influencia de Canal 2, en competencia con otros seis canales, ratifican esta tendencia.

Una variante de este proceso es la existencia de diarios, canales de televisión, radioemisoras, radios comunitarias, o programas de radio y televisión, que cumplen una función de liderazgo profesional e innovación periodística, sin que ésta se corresponda con una posición de liderazgo comercial. Tal es el caso del papel que en su época jugó la revista Crónica, luego Siglo XXI y ahora El Periódico en Guatemala, la brecha que abrió Canal 12 en el periodismo televisivo de El Salvador, o bien el frustrado experimento de despartidización del diario Barricada en Nicaragua (1991-94). Estos medios innovadores han cumplido una labor importante promoviendo el periodismo investigativo, la diversidad de fuentes informativas, el pluralismo de opiniones, y la participación ciudadana, en algunos casos acicateando la renovación profesional de los medios tradicionales. La existencia de medios innovadores en cada país, ya sea en condición de liderazgo de mercado, o simplemente como referencia de excelencia profesional, ha sido crucial para empujar el proceso de modernización periodística en la región, los valores y una nueva cultura entre los periodistas.

El círculo vicioso de los monopolios

La naturaleza oligopólica de la industria de medios en Centroamérica representa una barrera económica que dificulta la entrada de nuevos actores en el mercado. Los altos costos de inversión para instalar un nuevo periódico o estación de televisión impiden la posibilidad de que sectores económicos pequeños y medianos puedan realizar inversiones en este campo sin el apoyo de otros actores económicos o fuentes externas de recursos.

Un problema particular es la tendencia a la concentración de la propiedad en los medios televisivos. En Guatemala esta situación se presenta como un caso extremo: un consorcio privado asociado a un empresario mexicano controla los cuatro canales de TV en banda abierta alcanzando un nivel cuasi-monopólico. El caso guatemalteco ha sido ampliamente documentado y referido en diversos informes sobre libertad de expresión en ese país. Menos estudiado ha sido el caso de Honduras, donde una corporación domina los tres principales canales de televisión del país, aunque a diferencia de Guatemala, existen otras opciones y un grado limitado de competencia. En El Salvador se repite la pauta de una fuerte corporación que dirige los tres canales de mayor cobertura y audiencia del país, pero existen más opciones y mayor diversidad y competencia que en Honduras. En Nicaragua y Costa Rica los niveles de competencia entre las opciones televisivas son mayores que en el resto de países.
Las tendencias oligopólicas en la televisión centroamericana redundan en una subutilización del medio televisivo en cuanto a sus posibilidades como un foro democrático de información, debate y discusión pública. Una consecuencia directa de la falta o reducida competencia es el bajo nivel de desarrollo de un periodismo televisivo crítico, fiscalizador, que facilite el acceso de la sociedad civil al debate público a través de la televisión. Esto se refleja en la pésima calidad del periodismo televisivo en Guatemala y su baja calidad en Honduras, en tanto en Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, donde existe mayor competencia, la calidad, capacidad crítica y pluralidad del periodismo televisivo es considerablemente mayor.

Un segundo problema asociado a los monopolios u oligopolios de televisión es que tienden a convertirse en aliados complacientes de los gobiernos de turno, con el interés de preservar las concesiones de frecuencias que les permiten mantener sus posiciones económicas privilegiadas. El poder de los oligopolios televisivos se revela especialmente en las campañas electorales y representa uno de los mayores desafíos para la democratización de la comunicación en la región. Para cerrar el candado del monopolio televisivo, existe una tendencia a la colusión de intereses entre estos monopolios y las agencias de publicidad que hace aún más difícil romper con este círculo vicioso.

Una nueva generación de periodistas

Durante la última década, ha surgido en la región una nueva generación de periodistas, mucho más calificada que la anterior y más comprometida con el ejercicio del periodismo profesional. A diferencia de sus antecesores, que oscilaron entre los alineamientos partidarios y el sometimiento al dominio de los poderes tradicionales, la nueva generación -ubicada entre 20 y 35 años- ha crecido en un clima democrático de mayor tolerancia e incentivos para desarrollar el periodismo profesional.

Se trata de una generación que ha sido formada en las aulas universitarias, principalmente de las escuelas de periodismo y comunicación de las universidades locales. Estas facultades universitarias han experimentado algunas mejoras básicas en su calidad, aunque todavía siguen dominadas por una orientación teoricista y están a la zaga de las demandas de formación práctica y de cultura general planteadas por los medios. Tienen algunos problemas comunes. Sus currículos académicos no han sido adecuados a las nuevas demandas de los medios. Carecen de una relación sistemática con los medios para institucionalizar las prácticas periodísticas de sus estudiantes. Una buena parte de sus docentes carecen de suficiente experiencia práctica en la profesión. Y sus equipos y laboratorios resultan insuficientes para la capacitación práctica en los medios electrónicos y de nuevas tecnologías.

La región ha sido objeto de un bombardeo de programas de capacitación periodística, en el que han intervenido distintas instancias de cooperación internacional. Entre los esfuerzos impulsados destacan dos programas de carácter regional, por su envergadura, sistematicidad, y por el monto de los recursos invertidos: el Programa Centroamericano de Periodismo (PROCEPER), financiado por la USAID y el Programa de Radio Nederland de la cooperación holandesa. La evaluación disponible del programa PROCEPER en Guatemala, Honduras y El Salvador, revela que a pesar del impacto general positivo de esta modalidad de capacitación, y de su amplia cobertura -más de dos mil periodistas participaron en los seminarios del programa-, sus resultados se ven limitados por la dispersión, falta de seguimiento y especialización y, sobre todo, por la falta de condiciones para fortalecer la autonomía de los periodistas debido a factores adversos en el entorno empresarial y político de los medios. Esta apreciación es particularmente válida para el caso hondureño, donde la amalgama de intereses poder político-empresarios-prensa, limitan los alcances positivos de la capacitación periodística.

Por su parte, las asociaciones de periodistas en la región suelen ser un híbrido entre gremios-sindicatos y colegios de periodistas, que dividen sus energías entre la gestión por derechos gremiales de los periodistas e iniciativas de capacitación, con limitada influencia entre los núcleos jóvenes de periodistas profesionales. Los Colegios y Asociaciones no son precisamente polos de innovación periodística y en algunos casos -Honduras, por ejemplo- son percibidos como parte del problema de la prensa y no de la solución.

Periodismo investigativo: una vocación

La nueva generación de periodistas de la región es mucho más sensible a aprender de la experiencia internacional, y sobre todo a aprovechar el intercambio informal de experiencias con sus colegas de la región. En la actualidad, predomina entre los periodistas más calificados de la región una demanda por lograr mayor autonomía profesional en las redacciones y mayores oportunidades y condiciones de trabajo -tiempo, recursos económicos y voluntad política de los propietarios- para desarrollar el periodismo investigativo. Al igual que en otras partes de América Latina, las iniciativas de periodismo investigativo se han centrado en Centroamérica en la lucha contra la corrupción pública, la denuncia y corrección de los abusos de poder, la reconstrucción histórica de violaciones de derechos humanos, la demanda por un apropiado funcionamiento del sistema democrático, y la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado.

Un estímulo favorable a este proceso es la nueva corriente internacional promovida por los organismos multilaterales Banco Mundial-FMI-BID en apoyo a la transparencia informativa y a la lucha contra la corrupción. Sin embargo, estos mismos organismos que promueven iniciativas de capacitación y especialización de la prensa suelen practicar en su relación con los países de la región los mismos vicios de secretismo informativo y ocultamiento de información que pretenden corregir.

Paralelamente a la fiscalización de los poderes públicos, está planteado el desafío de fiscalizar a los poderes privados con el mismo celo y rigor. Este campo minado de intereses comerciales es una de las zonas grises del periodismo de investigación de la prensa centroamericana. Sin embargo, en los últimos años, la información financiera está dejando de ser una zona árida de los diarios, para convertirse cada vez más en fuente de investigaciones político-financieras. La relación entre dinero y poder empieza a ser incorporada como parte de la agenda del periodismo investigativo en nuestra región. El problema de fondo continúa siendo el alto grado de dependencia de la prensa de los grupos económicos empresariales, que aparte de ser poderosos anunciantes, en ocasiones tienen intereses accionarios en la propiedad de los medios. Existen ejemplos de medios líderes de la región que han desafiado el poder de los anunciantes al publicar investigaciones que podrían afectar sus propios intereses comerciales, pero también abundan casos de investigaciones que fueron engavetadas o mutiladas por órdenes superiores, imponiendo la censura y la autocensura en las salas de redacción.

Nuevas modalidades de "censura"

A lo largo de la última década, la represión física contra los medios y los periodistas ha dejado de ser la forma predominante de relación del Estado con la prensa y de violación al derecho de información en la región. Varios factores han contribuido a esta positiva modificación: los procesos de paz, la desmilitarización de la política, la disminución del poder de los militares, la implantación de relaciones de mayor tolerancia política, y los espacios ganados por el fortalecimiento de la prensa.

En consecuencia, los actos de violencia e intimidación contra los periodistas y medios son menos frecuentes y ocurren cada vez en zonas más alejadas de los centros de decisión. No obstante, persisten amenazas de grupos que se encuentran fuera del control del poder político: narcotraficantes, lavadores de dólares, traficantes de armas, y ciertos grupos de poder dentro del Estado. En el plano jurídico, ya no existen leyes de censura, pero todavía persisten instrumentos en la legislación vigente que se utilizan para penalizar a los periodistas. Más recurrente que la represión física son las formas de intervención informales no reguladas por el Estado: el control de la información estatal -que sigue siendo férreo y arbitrario-, las presiones económicas, y los instrumentos legales utilizados como represalias en contra de la prensa.

Las nuevas modalidades de represión son mucho más sofisticadas. Utilización de la publicidad estatal para aplicar premios y castigos a los medios. Mecanismos de represión tributaria, para castigar o inducir cambios en las políticas editoriales de las empresas periodísticas. Presiones a anunciantes privados para que retiren publicidad a medios independientes. Presiones económicas a los negocios colaterales de los dueños de los medios. Condicionamientos para la otorgación y/o renovación de licencias y concesiones a medios electrónicos. Control de la información estatal, en detrimento de los medios independientes. Utilización de las leyes de colegiación para cooptar al periodismo independiente Utilización del Código Penal para penalizar a periodistas y restringir alcances del periodismo investigativo.

El Informe anual del Relator Especial para la Libertad de Prensa de la OEA, Santiago Cantón (abril 2001) señala en particular a Guatemala, Honduras y Nicaragua como países en los que existen problemas de libertad de prensa derivados de actos de intimidación, presiones económicas, colegiación obligatoria y aplicación de leyes de desacato. Como resultado de este abanico de presiones, el poder de los gobiernos y de las corporaciones privadas continúa imponiendo límites al acceso a la información pública y privada. El acceso a la información pública y el derecho de petición no están reglamentados y la información pública sigue siendo administrada de forma discrecional, en detrimento de la transparencia y la investigación periodística. El poder de las corporaciones privadas, las grandes empresas de servicios recién privatizadas, y el dominio de los anunciantes impone límites adicionales a la democratización de la información, en mercados altamente concentrados.

Nuevos autoritarismos, nuevas batallas

La prensa centroamericana de principios del siglo XXI goza de mayor libertad que en cualquier otro período de su historia, pero el ejercicio de la fiscalización del poder público está provocando reacciones hostiles de parte de gobernantes libremente electos que, por diversas, vías revelan inclinaciones autoritarias en su empeño por someter a la prensa. Ejemplos de enfrentamiento obsesivo con los medios han sido las relaciones conflictivas que sostuvo con ellos en Guatemala el gobierno del Presidente Alvaro Arzú y en Nicaragua el Presidente Arnoldo Alemán. Ambos casos son representativos de la tendencia en boga de culpar a los medios por todos los males nacionales y, en consecuencia, desarrollar desde el poder una relación sumamente hostil con ellos, lo que conduce a nuevas formas de presión y coacción para limitar el contrapeso que representan. En particular, las denuncias sobre la existencia en Honduras de una prensa "tarifada", el tráfico de influencias con el gobierno, y la colusión de intereses entre los propietarios de medios y sus empresas conexas, el gobierno y los partidos políticos, derivando en prácticas corruptas en la prensa, merece una investigación y tratamiento especial como un caso extremo en el contexto centroamericano.

La batalla por la libertad de expresión es cada vez menos en Centroamérica una acción solitaria del periodista. Ahora, tiende a ser una convergencia de intereses entre periodistas, empresarios de medios y representantes de la sociedad civil. No obstante, hace falta una actitud más autocrítica de parte de los medios para acortar distancias con los ciudadanos y concitar su solidaridad para que asuman como propias las causas de la prensa.

Un mayor pluralismo donde aún faltan voces

La modernización de los medios también se expresa en un mayor pluralismo en cuanto a la apertura de opiniones, y en una ampliación de la agenda informativa, en comparación con lo que sucedía en décadas anteriores. Sin embargo, la capacidad de sectores de la sociedad civil, y especialmente de los grupos emergentes, para incidir en la agenda de los medios sigue siendo limitada.

Varios factores explican ese desfase. En primer lugar, la competencia que existe entre el gobierno, los medios -que también son actores con intereses propios- y la sociedad civil para fijar la agenda de los medios. En este proceso los medios y el gobierno tienen ventajas considerables en el campo de la comunicación. En segundo lugar, la poca capacidad que tienen los sectores emergentes -movimientos indígenas, mujeres, campesinos, activistas de derechos humanos- de incidir en los medios, en parte por falta de conocimiento, de relaciones políticas, de estrategias y de voceros autorizados. En tercer lugar, el pluralismo en los medios es limitado, especialmente una vez cumplida la fase de la apertura básica y cuando surgen temas que cuestionan su propia agenda editorial. Ejemplo: el debate sobre el aborto.
En el balance, hay una tendencia a que los medios sean copados por actores tradicionales, en detrimento de los grupos emergentes. Visto desde la sociedad civil, hay casos de bloqueo sistemático de parte de algunos medios, sobre todo ante situaciones de protesta social. Pero en el ámbito cotidiano, muchas oportunidades existentes se desaprovechan por un problema básico en las capacidades de los grupos emergentes para articular estrategias de incidencia en los medios. Por lo general, la forma de vinculación de estos grupos se concentra en el aspecto divulgativo: eventos, comunicados, conferencias de prensa, existiendo un desconocimiento de la dinámica noticiosa de los medios.
A la falta de estrategia comunicacional de estos grupos se agrega la carencia de mensajes atractivos y propuestas. También carecen de voceros o interlocutores creíbles y prestigiosos. En el mejor de los casos, algunas voces de la sociedad civil son incorporadas en la dinámica informativa a manera de fuentes de contraste, pero con poca incidencia en la definición de las temáticas. Uno de los grupos de la sociedad civil que mayores capacidades ha demostrado para incidir en los medios, la Fundación Myrna Mack de Guatemala, reúne tres características mínimas: una estrategia de medios, propuestas de interés para la prensa y un vocero de prestigio.

Las mujeres, los indígenas y el mundo rural

En comparación con otros grupos emergentes, el movimiento de mujeres de los distintos países de Centroamérica ha mostrado mayor capacidad de incidencia en el discurso público y en la agenda de los medios. Por una parte, el discurso de la equidad de género ya forma parte de la agenda pública, en la que influyen los compromisos adquiridos por los gobiernos con los donantes y organismos internacionales. Por otra parte, en cada país hay un número importante de comunicadoras y periodistas mujeres que tienen una especial sensibilidad para promover esta agenda. Aun así, predomina todavía en las redacciones la fórmula comercial dirigida a las mujeres y centrada en moda-salud-belleza, por encima de un enfoque que las incorpore en los desafíos del desarrollo.

En el caso de las comunidades indígenas, especialmente en Guatemala, la situación es mucho más compleja. En primer lugar porque los medios escritos tienen un alcance limitado y las emisoras que transmiten en lenguas indígenas adolecen de problemas técnicos, escasez de recursos y carencias en su programación. En términos generales, en las comunidades indígenas existen pocos periodistas y comunicadores entrenados profesionalmente para funcionar en ambos circuitos: los de las lenguas indígenas y los del castellano. Y los periodistas profesionales que tienen conciencia de la marginación que sufre el mundo indígena reconocen que no tienen capacidad de incidir sobre tan enorme vacío cultural.

El proceso de modernización de los medios tiene como telón de fondo el alto grado de analfabetismo que impera en las zonas rurales y la concentración excesivamente urbana y capitalina de los medios. Las agendas nacionales suelen estar sobresaturadas de una visión capitalina, subrepresentando los desafíos del desarrollo en el interior del país. Esta brecha o falta de comunicación se agrava por la cuestión étnica y las condiciones de pobreza rural, que limitan el acceso a los medios de gran parte de los sectores más vulnerables. En el caso de Guatemala la brecha comunicacional es aún mayor. En un país en que más de la mitad de la población habla lenguas indígenas, los medios se difunden casi exclusivamente en idioma español, de espaldas a la realidad multiétnica del país.


Sin políticas de comunicación

En Centroamérica no existen políticas de comunicación por parte de los Estados ni planes de desarrollarlas. Guatemala es el único país en que se han dictado algunas políticas explícitas de comunicación, como resultado de los Acuerdos de Paz firmados en 1996. Por los acuerdos, el Estado se comprometió a facilitar el acceso de los pueblos indígenas a los medios de comunicación, facilitando reformas a la Ley de Radiodifusión, y derogando las disposiciones legales discriminatorias con los pueblos indígenas. Asimismo, se comprometió a poner a disposición de la sociedad civil un canal de televisión que estaba controlado por el ejército. Sin embargo, cinco años después de la suscripción de los acuerdos, estos compromisos no se han cumplido. Por el contrario, la reforma a la Ley de Radiodifusión en 1997 estableció un sistema de licitación comercial para las frecuencias radiales, que prácticamente dejó sin oportunidades a los pueblos indígenas y a otros sectores emergentes. Tampoco se produjo una transferencia real de la frecuencia televisiva, que fue asignada al Ministerio de Educación. Como resultado de la visita a Guatemala del Relator de Libertad de Prensa de la OEA, Santiago Cantón, el Presidente Alfonso Portillo se comprometió a suspender las subastas, hasta encontrar una fórmula satisfactoria. Sin embargo, no se vislumbra una fácil solución legal al problema, que además enfrenta la abierta oposición del poderoso lobby de las empresas de radiodifusión comercial.

Guatemala representa el único caso en que se intentó una política de comunicación, la cual no sólo no se aplicó, sino que en la práctica se promovió otra de signo contrario, como fue la de acelerada privatización de las frecuencias por la vía de las subastas comerciales. En El Salvador, Honduras y Nicaragua tampoco existe interés de parte de los Estados de promover políticas de comunicación.

El potencial de las radios comunitarias

En lo que respecta a los medios alternativos, en las últimas décadas se crearon diversas publicaciones, revistas, suplementos, radios locales, programas de radio y algunos programas de televisión asociados a sectores emergentes. Todos ellos jugaron un papel importante para fortalecer las identidades de los sectores que representan y para darlas a conocer cuando existía un bloqueo estructural en la opinión pública. Pero en la medida en que el entorno de la prensa ha cambiado y se ha producido una apertura, los medios alternativos han tenido dificultad para adaptarse. Algunos de ellos han logrado sobrevivir con el subsidio de la cooperación externa, pero no representan una alternativa real ante el patrón de comunicación general. Esta clase de medios se ha quedado a la zaga de la modernización tecnológica y periodística que han vivido los medios comerciales, y sus audiencias y auditorios son bastante reducidos. No son económicamente sostenibles y dependen casi exclusivamente de la ayuda internacional.

En este campo, la excepción es la experiencia regional de radios comunitarias o radios locales. La radio comunitaria es un medio de bajo costo económico -oscila entre 20 vatios, uno, hasta dos kilos-, aunque no se define necesariamente por operar en una escala menor, sino por su compromiso con el desarrollo de prácticas participativas y la preservación de las identidades culturales locales. El desarrollo de las radios comunitarias ha sido apoyado de forma sistemática por el programa de capacitación regional promovido por Radio Nederland. Entre 1987 y 1993, el Centro de Entrenamiento de Radio Nederland, con base en Costa Rica, dedicó importantes esfuerzos al desarrollo de la radio comunitaria en Centroamérica.

El desarrollo de las radios comunitarias en Centroamérica ha sido desigual. En el Salvador las radios comunitarias han logrado superar su etapa de sobrevivencia y se encuentran en una compleja etapa de transición e inserción en el mercado. En Guatemala, todavía están batallando por su reconocimiento legal, mientras que en Honduras y Nicaragua aún se encuentran en la etapa de constituirse en una red nacional. En ninguno de los países ha sido reconocido en la legislación el concepto de "radio comunitaria", pero en la medida en que estas radios logran agruparse como redes nacionales fortalecen su legitimidad y vocería propia como un actor clave en la comunicación. Aunque las agencias publicitarias todavía no las reconocen como un actor económico importante, algunos gobiernos admiten la importancia que estas pequeñas emisoras tienen para la comunicación gubernamental, porque fuera de los horarios pico, dominados por las radios nacionales de mayor audiencia, las radios comunitarias tienden a convertirse en la principal opción comunicativa de las comunidades.

La radio comunitaria se debate hoy en la encrucijada de cómo preservar su identidad y a la vez integrarse al mercado para lograr su autosostenibilidad. En la solución de este dilema residen las claves para desarrollar su enorme potencial comunicacional y democrático. Su principal fortaleza reside en su programación, orientada a programas participativos que involucran a la comunidad, tanto en el debate y solución de sus problemas locales como en la preservación de la identidad cultural.

Rendirle cuentas a la sociedad

A pesar de tantos avances, la prensa centroamericana no escapa a las tendencias de los principales vicios de la prensa mundial. Por la propia naturaleza de la dinámica de la competencia por la primicia, los medios regionales comparten la tendencia a simplificar el debate, a personalizar los problemas y a evitar los temas complejos. Esto puede conducir en situaciones extremas a un empobrecimiento del discurso público, en el que los gestos y las poses sustituyen los planteamientos y argumentos, mientras que el concepto de la política como espectáculo o como mera lucha por el poder suplanta el concepto de la participación ciudadana en los asuntos públicos. Adicionalmente, el público continúa percibiendo a los medios como actores políticos que en algunos casos operan abiertamente como instrumentos de partidos, grupos económicos, o grupos de presión. Estos intereses suelen ponerse en evidencia durante las campañas electorales. Tampoco puede ocultarse que, al amparo de la libertad de expresión, ciertos medios incurren con frecuencia en faltas éticas en perjuicio de personas e instituciones.

Es comprensible, por lo tanto, la existencia de una demanda ciudadana en torno a la rendición de cuentas de los medios hacia la sociedad, como parte de sus obligaciones democráticas. El tema de la rendición de cuentas de la prensa suele ser evadido por los periodistas en todas partes y Centroamérica no es la excepción. Al invocarse el tema, se alega con frecuencia que se pretende establecer cortapisas a la libertad de prensa. La respuesta tradicional ante esta exigencia es que los medios están sometidos a una elección diaria en que los ciudadanos deciden si compran o no un periódico, o si optan por sintonizar un programa de televisión o radio o deciden apagar el aparato. Pero este argumento sólo funciona en condiciones de competencia perfecta, cuando hay muchísimas ofertas de medios de comunicación. Sin embargo, cuando se carece de un marco competitivo, el mercado no es el mejor asignador de "eficiencia" comunicacional. Y por otra parte, las ofertas existentes suelen carecer de diversidad y de un marco real de diferenciación.

Los mecanismos que se derivan de la experiencia internacional que ya existe sobre la rendición de cuentas de los medios a la sociedad son muy diversos.

- La autorregulación y los códigos de ética. A través de este mecanismo, los medios establecen sus reglas y las hacen públicas ante sus audiencias o auditorios. La autorregulación va en beneficio de los propios medios, aunque hasta ahora son sólo unos pocos los medios que han descubierto que la ética profesional y el periodismo de calidad pueden convertirse en un negocio altamente rentable.

- La creación del Ombudsman o Defensor del Lector o de la Audiencia en las redacciones de los periódicos o medios electrónicos. El Ombudsman es un periodista destacado que es contratado por el medio para representar al lector ante la institución periodística. Se trata de una institución ausente en los medios centroamericanos, con la excepción de Radio Reloj de Costa Rica.

- El debate público sobre el rol de los medios. Implica la apertura de espacios permanentes para debatir sobre el rol de los medios, no únicamente entre los especialistas sino abiertos a la ciudadanía en general. Se trata de un mecanismo permanente de fiscalización de la industria en los propios medios. Éste es quizás uno de los mecanismos más importantes que podría contribuir a mantener una conexión vigorosa entre los medios y el proceso democrático. El nivel de debate en los medios sobre los medios, como un indicador de su nivel de apertura, podría convertirse en una referencia adicional sobre la calidad de los procesos democráticos.

- La elaboración de estudios sobre medios que trasciendan las mediciones de audiencia cuantitativa para fines comerciales. Es decir, estudios sobre aspectos cualitativos de los medios y sus audiencias: credibilidad, influencia, incidencia en diversos sectores sociales, que permitan poner en debate el rol de los medios en la construcción democrática. Esto implica conformar foros de discusión para debatir propuestas sobre los medios desde la sociedad civil.

A pesar de la reacción defensiva que entre los periodistas genera la demanda de rendición de cuentas de los medios, consideramos que este tema debería convertirse en uno de los grandes desafíos democráticos de la presente década.

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