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Universidad Centroamericana - UCA  
  Número 231 | Junio 2001
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Guatemala

Caso Gerardi: justicia para un hombre justo

El 8 de junio fueron sentenciados a 30 años de prisión tres militares, juzgados culpables del asesinato del Obispo Juan Gerardi. Un sacerdote recibió sentencia de 20 años como cómplice. La cocinera fue absuelta por falta de pruebas. He aquí las piezas básicas de este histórico juicio.

Juan Hernández Pico

Justicia para un hombre justo fue el lema que presidió la conmemoración del tercer aniversario del asesinato de Monseñor Juan Gerardi del 26 al 28 de abril. Este año, el aniversario coincidía con la celebración del juicio por el crimen.

En el banquillo de los acusados se encuentran tres militares. Acusación: "ejecución extrajudicial". Son el Coronel retirado Byron Disraeli Lima Estrada; su hijo, el Capitán del Estado Mayor Presidencial (EMP) Byron Miguel Lima Oliva; y el especialista -también del EMP-, Obdulio Villanueva. También está acusado de asesinato un sacerdote, Mario Orantes Nájera, quien vivía en la misma casa con Gerardi. Y está acusada de encubrimiento del crimen Margarita López, cocinera de la casa parroquial donde ocurrió el crimen. Tras más de dos meses de audiencias en el juicio, la impresión general que prevalece es que el asesinato tuvo un móvil político y que en el banquillo no están ni el autor o los autores materiales del crimen ni tampoco todos sus autores intelectuales.

El juicio tiene lugar en una Guatemala en estado de indignación -sobre todo en la capital- por la incompetencia del gobierno, la corrupción en varias dependencias cruciales del Estado, el deterioro de la economía y de las condiciones de vida y trabajo de la población y la creciente inseguridad ciudadana.

En el escenario destacan también agudas controversias alrededor de las modificaciones al Código del Trabajo, del proyecto de ley de nuevos impuestos, y de la destitución del director de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos (COPREDEH) con ocasión del voto de Guatemala contra Cuba en Ginebra. Todas estas polémicas han opacado la resolución del antejuicio contra los diputados del FRG por alterar la Ley de Impuestos a las Bebidas Alcohólicas, y han promovido movilizaciones cuyo alcance, consolidante o desestabilizador, del estado democrático de derecho está por verse. Tanta es la inestabilidad que se empieza a hablar de que "la salida" es la transformación del sistema presidencialista en un sistema parlamentario. En este marco de gran agitación transcurre el juicio por el asesinato de Gerardi.


Chanax: testigo estrella


El caso del Ministerio Público (MP) en el juicio se apoya principalmente en la declaración como testigo de Rubén Chanax Sontay, uno de los indigentes que solía dormir en el parque San Sebastián, junto a la casa parroquial donde ocurrió el crimen. Chanax prestó declaración ya al día siguiente del asesinato. Después del 27 de abril de 1998 lo hizo otras dos veces hasta que el 17 de marzo de 1999, durante la reconstrucción de los hechos, declaró por cuarta vez, ya como "prueba anticipada" que debe ser analizada por el Tribunal.

La quinta vez que declaró, el 17 de enero del 2000, también como "prueba anticipada", enriqueció su declaración con datos nuevos que llevaron a la detención de los tres militares mencionados y a la recaptura del Padre Orantes y de Margarita López. Desde entonces, Chanax salió al exilio apoyado por la Ley de protección de testigos.


"Operación Pájaro"


Chanax Sontay declaró por última vez el lunes 30 de abril del 2001 en el Tribunal Tercero de Sentencia y aportó de nuevo más detalles. A juicio del siquiatra Juan Jacobo Muñoz Lemus, con 21 años de experiencia y 5 de trabajo para el MP, Chanax es una persona "estable, coherente y creíble". Según su criterio, el testigo omitió algunos pormenores importantes en sus primeros testimonios, probablemente temiendo por su integridad física. "Sustrae (estos bloques), pero al colocarlos dentro de su testimonio, la declaración es coherente, ordenada y lógica", opina Muñoz. La defensa enfatizó que el siquiatra es empleado del MP y en su evaluación del testigo le hace el juego al fiscal para minimizar las diferencias en sus diversas declaraciones. El abogado de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) afirmó que Chanax había pasado satisfactoriamente la prueba del polígrafo en la Policía Nacional Civil (PNC), mientras que uno de sus compañeros en el Parque San Sebastián la noche del crimen, Iván Aguilar Higueros, no la había pasado.

Chanax Sontay declaró que había ingresado en el cuerpo de ingenieros del Ejército, donde se le ofreció un puesto en inteligencia militar, pero que no pasó las pruebas. Terminado su tiempo de servicio se dedicó a cuidar carros en los parqueos que circundan el Parque San Sebastián. En ese oficio asegura que lo reclutó el Coronel Lima Estrada: "Quiero que trabajés como informante de lo que pasa aquí... Sin nómina, sin nada, simplemente dinero". La cantidad eran 300 quetzales semanales (44 dólares en 1998). Lima Estrada le dio un número telefónico para le llamara cada sábado. Después de tres meses lo fue a ver y le encargó vigilar especialmente a Gerardi: "Con quién sale, con quién entra, en qué carro anda, la hora que entra, la hora que sale y quiénes lo visitan". El Coronel le dijo que la vigilancia del prelado "se llamaba Operación Pájaro".

Chanax dice que el día del crimen, por la mañana, "se acercaron dos personas: una era Villanueva, y otra un muchacho que le dicen Quezén", de quien casi no se volverá a hablar. Le dijeron: "No vengás aquí a las 10 de la noche porque va a morir alguien, no vengás porque me das lástima y no te quiero matar". Dice Chanax: "Yo no le tomé mucho interés." En la noche fue a la abarrotería en la esquina de la 6ª Avenida con la 3ª Calle a tomar un jugo. Allí llegó Lima Estrada con otras personas y tomaron cerveza.

Dice Chanax que el Coronel se mantenía entrando y saliendo de la tienda. Ya cerca de las 10 de la noche, se dispuso Chanax a "tender su chamarra" junto a la casa parroquial para dormir, "cuando de repente se abre la puerta de la casa y aparece una persona que yo sabía que trabajaba para el Estado Mayor Presidencial." Iba sin camisa. Era muy robusto y medía entre 1.75 y 1.80. Pasó al lado de Chanax y éste fingió no conocerlo. Dio la vuelta a la esquina de la casa por la 2ª Calle y desapareció para regresar luego ya con camisa limpia. Según la declaración de un compañero de Chanax que durmió a su lado aquella noche, "el Chino" Iván Aguilar Higueros -el hombre descamisado ya con camisa- le pidió un cigarrillo cuando "el Chino" venía de la abarrotería, a donde había vuelto a traer una bolsa que había olvidado. "El Chino" le vendió dos cigarrillos por un quetzal. Dice que no le vio la cara. Pero el billete tenía huellas dactilares que la PNC ha investigado sin que se haya podido aún descifrar a quién pertenecen.


La noche del crimen


"Al momentito -continúa la declaración de Chanax- apareció una Cherokee negra. Se bajan dos personas... Se para uno a cada lado y me dicen: ‘Vos, cerote (pedazo de mierda), hijo de la gran puta, vení a ayudarnos’. Me agarran del brazo y me meten a empujones. Me dan un par de guantes blancos. Eran Lima (el capitán) y Villanueva. Me dicen ‘Allí hay periódicos, traelos y empezá a regarlos’. Villanueva entró con un pedazo de concreto... y lo pone donde había sangre. Luego me dice Lima Oliva: ‘Ayudame, halalo’. Lo halamos y me dijo: ‘Si hablás te vas a quedar igual que él’. Yo estaba asustado. Luego se grabó todo. El que más utilizó la cámara fue Villanueva. Les entregué los guantes. Yo sé que ellos son capaces de cumplir lo que prometen, por lo que no hablé ese día."

El testimonio de Chanax sigue así: "Al momento que ellos se fueron toqué el timbre y no salió nadie. Por el portón salió el Padre Orantes. Le dije: ‘Padre, dejaron abierta la puerta’. Me dijo: ‘Gracias, Colocho’. Luego cerró la puerta de una patada... A eso de las 12 de la noche, se abre la puerta y sale el Padre Orantes y dijo: ‘¿No vieron quién salió?’ Le dije: ‘Padre, el único que salió fue un muchacho, pero hace ratos’. No me dijo nada ni me respondió. Al rato volvió a salir y dijo: ‘Muchá, mataron a Monseñor’. Acto seguido solicitó que llamaran a una radiopatrulla. Jorge, a quien le dicen El Monstruo fue por los policías."


Con chaleco antibalas y al exilio


Chanax Sontay declaró con traje de vestir y chaleco antibalas y volvió a salir al exilio tras su testimonio, sujeto a cualquier convocatoria del Tribunal. Según su testimonio clave, el Coronel retirado Byron Lima Estrada lo reclutó como informante. Chanax afirma que su compañero Aguilar Higueros también era informante. La noche del crimen vio al Coronel en la abarrotería muy cerca del lugar del crimen, como supervisándolo todo.

Hacia las 10 de la noche vio salir de la casa parroquial al presunto autor del crimen, el hombre fuerte y alto sin camisa aún no identificado. Muy poco después llegó la Cherokee negra con el Capitán Byron Lima Oliva y el especialista Obdulio Villanueva, quienes obligaron a Chanax a modificar la escena del crimen, cubriendo el piso con periódicos para no dejar huellas, usando guantes, arrastrando el cadáver de Monseñor y colocando como arma criminal en la escena un trozo de concreto. Enseguida, Chanax vio por primera vez al Padre Orantes salir de la casa y platicó con él. Finalmente, como más de hora y media después, vio al Padre Orantes salir otras dos veces de la casa y platicó también con él.


Una pista: la placa de un auto


Hay otros testimonios que completan el de Rubén Chanax Sontay. El de "El Chino" Aguilar, que declara haber visto por segunda vez al presunto autor del crimen cuando le pidió un cigarrillo en el parque San Sebastián. Caminaba ya con camisa hacia la abarrotería donde se supone estaba el Coronel Lima Estrada, pues de allí volvía "El Chino" cuando se cruzó con él. Está también un taxista, Jorge Diego Méndez Perussina, que en "prueba anticipada" de febrero de 1999, cuyas actas abrió y leyó el Tribunal, declaró que la noche del crimen transitó por los alrededores de la casa parroquial y vio un carro Toyota Corolla blanco, de cuatro puertas, estacionado en una de las esquinas del lugar. "Tenía las puertas abiertas y un hombre sin camisa estaba recostado en él, platicando con una persona". Según el taxista, la placa del vehículo era P-3201. Se verificó que estaba asignada en 1988 a la Zona militar de Chiquimula, donde era Comandante Lima Estrada.
Aunque el Ejército ha defendido siempre que el auto con dicha placa fue vendido hace tiempo, aparentemente el Ejército vende los carros, pero no las placas, que son usadas en otros carros para operaciones de inteligencia. El Ministerio Público comprobó que la placa 3201 estaba en 1998 aún en poder del Ejército. Méndez Perussina declaró haber recibido intentos de soborno y amenazas de parte de un tío suyo, el General retirado Jorge Perussina, ex-Ministro de Defensa en tiempos en que era Presidente Ramiro de León. Además, declaró que fue secuestrado y pudo escapar saltando del vehículo donde lo llevaban. El sacerdote Gabriel Vargas Quiróz y el señor René Ajvij Vargas han testimoniado que Méndez Perussina les confió su versión enseguida del crimen. Méndez Perussina también salió al exilio como testigo protegido.


Primer acusado: Capitán Lima Oliva


La versión sobre la placa del Toyota Corolla estacionado sobre la segunda calle a la vuelta de la esquina de la casa parroquial podría haber sido corroborada por el Libro de entradas y salidas del Estado Mayor Presidencial. Sin embargo, el libro pareció primeramente extraviado, comprobándose después que había sido alterado. Todo esto tiene importancia, porque el Capitán Byron Lima Oliva afirma que la noche del crimen llegó al EMP para dormir allí después de las 11.30. Sin embargo, el Mayor Andrés Villagrán, en declaración anterior al debate oral, afirmó que vio entrar a Lima entre las 8 y las 8.30 de esa noche, si bien en el debate oral afirmó que había confundido las fechas y que su declaración no se refería a abril sino a agosto.

El tribunal abrió también las actas de la "prueba anticipada" del especialista del Estado Mayor Presidencial Jorge Aguilar Martínez, quien jura que fue agente de turno en el EMP la noche del crimen y declara que alrededor de las 10.20 vio entrar un vehículo Isuzu Trooper negro, conducido por el capitán Byron Lima Oliva, acompañado de otras tres personas, entre ellas una identificada como "Hugo", cuyas características físicas corresponden a las del descamisado fuerte y alto que Chanax Sontay y "El Chino" Aguilar vieron salir de la casa parroquial veinte minutos antes. De este especialista la defensa dice que no está probado que fuera más que un simple cocinero fuera de la nómina de personal del EMP. Sus declaraciones podrían haber sido comprobadas por el Libro de entradas y salidas que fue alterado. Carmelo Estrada Pérez, el oficial del EMP que hizo guardia nocturna la noche del crimen dijo que el capitán Lima Oliva llegó entre diez y once de la noche, se sentó con él, comió un trozo de pastel y leyó un periódico, yéndose después a su pabellón a dormir. Estrada Pérez afirmó también que esa noche no entraron llamadas telefónicas, lo cual contradice declaraciones de algunos de los entonces jefes del EMP, quienes dicen que se enteraron del crimen por teléfono.



Segundo acusado: Coronel Lima Estrada


El Coronel retirado Edgar Carrillo Grajeda, amigo personal y compañero de misión del Coronel Byron Disraeli Lima Estrada en la Fuerza de Tarea Gumarkaaj, combatiendo al EGP en Chimaltenango y Quiché a finales de 1982, declaró como testigo de descargo de su amigo. Indicó que fue a visitarlo la noche del crimen a las 8 de la noche y estuvo con él dos horas, como hasta las 10. Carrillo, quien es vecino de Lima Estrada, dijo que no usa reloj desde que se retiró del servicio activo y para saber la hora se guía por el sol y el ambiente. Cuando uno de los abogados acusadores le preguntó cómo se guiaba para saber la hora dentro de una casa, contestó que no había entrado y se había quedado en el garage. El fiscal observó que Carrillo dijo una primera vez que se había enterado del crimen por las noticias, y después dijo que se lo había contado Lima Estrada. Fuera del testimonio de Carrillo, solamente un hijo del Coronel Lima declaró que le consta que su padre no abandonó esa noche la casa y que estuvo mirando televisión con su madre.

La defensa pidió que el tribunal se trasladase a la abarrotería desde donde supuestamente el Coronel Lima Estrada habría supervisado el crimen, para comprobar si desde allí se podía tener una vista de la casa parroquial. Aunque se comprobó que desde la abarrotería "sólo se pueden observar la acera, una esquina y algunos árboles de San Sebastián", el juez presidente del Tribunal se movió en otros dos ángulos con las dos juezas y halló que "al caminar unos pasos hacia la esquina de la calle donde está la tienda -como, según Chanax, lo hacía el Coronel repetidas veces aquella noche-, se observan los negocios del parque, los árboles, y también es visible la iglesia y la casa parroquial."


Tercer acusado: Especialista Obdulio Villanueva


La coartada del especialista Obdulio Villanueva se basa en que en la fecha del crimen él se encontraba cumpliendo sentencia por el homicidio de Pedro Sas Rompich, a quien, siendo Villanueva guardaespaldas del Presidente Arzú, mató cuando aquel pareció querer lanzar su pickup contra Arzú en Antigua, muy poco tiempo después de haber iniciado su gobierno.

La esposa y el padre de Villanueva declararon que lo habían visto durante las horas de visita del domingo 26 de abril en la cárcel de Antigua. Sin embargo, y sorpresivamente pues había sido citado como testigo de la defensa, Gilberto Gómez Limón, preso con Villanueva en Antigua, declaró -también vestido con chaleco antibalas- que el día del crimen vio salir a Villanueva de la cárcel. "Se le pagaba de 200 a 300 quetzales al director y al alcalde para salir a dar una vuelta. Así salió él ese día. Villanueva estuvo para el conteo de las 6 de la mañana y regresó antes del conten de las 5 de la tarde. Volvió a salir tiempo después", declaró.

Esta declaración da verosimilitud a la versión de Chanax sobre las dos veces que vio a Villanueva en San Sebastián el día del crimen, a las 9 de la mañana y a las 10 de la noche. El Alcalde del penal de Antigua dice que no estuvo de turno ese domingo. El ex-subdirector del penal afirma que ese día "cuadraron" todos los conteos. Varios guardias declaran que "era imposible" salir del penal. Gómez Limón denunció que el abogado de Lima Oliva le ofreció dinero para callar. El abogado lo niega, pero un hermano de Gómez Limón, corrobora que llegó al penal de máxima seguridad de Escuintla, donde estaba preso, a ofrecerle hasta 100 mil quetzales por el silencio de su hermano. De todos modos, cuando Gómez Limón fue conducido de regreso al penal de Pavón, donde ahora está recluido, encontró que sus pertenencias habían sido robadas. La defensa ha pedido que el tribunal se traslade al penal de Antigua y compruebe si desde "la cuadra" desde la cual Gómez Limón afirma que vio salir a Villanueva es posible tal vista.


Cuarto acusado: Padre Mario Orantes


La administradora de la casa parroquial de San Sebastián, Juana del Carmen Sanabria, declara que solía llamar a Monseñor Gerardi por teléfono para asegurarse de que había llegado a su casa sano y salvo. La noche del crimen estuvo llamando a la línea privada de Gerardi desde las 9.30 hasta las 11.30 cada 15 minutos. Nadie le contestó. El sacristán, Antonio Izaguirre, declara que ese teléfono se oía en toda la casa, pero el Padre Orantes afirma que sonaba sólo en el cuarto y en el estudio de Gerardi y en otra oficina del segundo piso, y que el sacristán se confunde, porque Gerardi mantenía el volumen bajo. Y se pregunta por qué, si la señora Sanabria tenía "tanta hambre de saber qué le pasó a Monseñor, ¿por qué no llamó a otra línea?". Orantes fue quien la llamó a ella para darle la noticia del crimen. Sanabria declara también que la cocinera respondió a sus preguntas al día siguiente diciéndole que "cuando el padre (Orantes) me informó, él estaba recién bañado y cambiado".

El siquiatra Muñoz Lemus trazó en el Tribunal un perfil del Padre Orantes: una persona "infantiloide, muy ansiosa y dependiente". Lo elaboró fundamentalmente a partir de cosas encontradas en su habitación: fotografías de su perro mostrando sus genitales y con el pene en erección, multitud de lociones, ropa y calzado de marca, una pistola y lo que consideró una colección de videos violentos y pornográficos. Todo esto lleva al siquiatra a pensar que Orantes es "clínicamente una persona más interesada en su aspecto físico y en la entretención que en la reflexión".

Orantes asegura que los videos son de filmes de calidad, premiados muchos por la Academia, y usados por él en trabajo pastoral con la juventud, que las posturas caninas son propias de los pastores alemanes en exhibiciones, que la pistola es "un arma de colección que me regalaron e iba a vender para ayudarme", y que él es un sacerdote diocesano sin voto de pobreza. "Más vale un sacerdote oloroso que uno harapiento y hediondo", dice. Los 200 libros de teología hallados en su habitación, y pasados por alto por el siquiatra, no concuerdan con falta de reflexión, a menos que los tuviera sólo por apariencia. Quienes conocen a Orantes hablan de su aguda inteligencia y su hábito de lectura.


"Esto va dirigido contra el gobierno de Arzú"


En descargo de Orantes declararon dos amigos suyos, desde su época de estudiante en el Liceo Javier. Afirman que su vocación sacerdotal fue muy temprana y que hablaba de ella frecuentemente. Explican que en el colegio se los educó a gustar y analizar el cine. La madre de Orantes declara que su hijo fue inquieto y estudioso, pero enfermo desde su más tierna edad -Orantes ha pasado la mayor parte de su detención en un hospital y no en la cárcel y hasta bien avanzado el juicio llegaba en pijama y bata y en silla de ruedas, y asistido por una enfermera-. Añade que no viene "a pedir clemencia sino justicia", porque su hijo es inocente.

Tal vez una de las cosas que más ponen a pensar sobre si se está acusando falsamente a Orantes es el testimonio del Obispo Mario Ríos Montt, sucesor de Gerardi en la ODHAG. En una de las mayores sorpresas del debate oral, declaró que el hermano del ex-Presidente Arzú, Antonio Arzú, le pidió que llegara a su oficina estando ya preso Orantes. Allí le ofreció que si las autoridades eclesiásticas se pronunciaban exonerando de responsabilidad al Gobierno y al Ejército en el crimen de Monseñor Gerardi, se arreglaría lo del Padre Orantes. Afirma el obispo que Antonio Arzú le indicó: "Mi hermano sabe de esta reunión". Esto -declara Mario Ríos Montt- "es un hecho que puedo defender en cualquier terreno". Ríos Montt declara que sopesaron la propuesta con el Arzobispo Penados y la descartaron. Ronalth Ochaeta, actual embajador de Guatemala en la OEA y al momento del crimen el asistente más cercano de Gerardi en la ODHAG, confirma el testimonio de Ríos Montt. Antonio Arzú ha afirmado en una entrevista de prensa que nada fue como Monseñor Ríos Montt lo ha declarado y que cree que todo "va dirigido contra el gobierno pasado".


Orantes sabe más de lo que dice


El Padre Orantes declara no haber oído nada del crimen desde su habitación, embebido como estaba primero en la computadora y luego en la televisión y con el aire acondicionado encendido. Dice que se durmió hacia las 10.20 y que despertó a media noche por una luz del garage que le daba en la cara y que le obligó a bajar a apagarla. Dice que olvidó sus anteojos y por eso no reconoció a Monseñor Gerardi en el cadáver que se encontró allí. Después ya lo reconoció y empezó a dar los avisos pertinentes. No poca gente opina que el sacerdote sabe más de lo que declara y se encuentra tal vez bajo algún tipo de chantaje o extorsión. En su testimonio, Ochaeta explica, entre otras cosas, que llamó "Judas" a Orantes porque piensa que el sacerdote no ha colaborado a esclarecer el crimen con todo lo que sabe. Orantes le respondió que él está ahora preso y acusado mientras Ochaeta, que gana miles de dólares al mes en una embajada, es el verdadero Judas. No se puede descartar que el Ministerio Público haya acusado a Orantes de asesinato para amedrentarlo y lograr que cooperara con lo que sabe. En ese caso, el tiro le habría salido por la culata. Puesto que la escena del crimen fue tan contaminada, es difícil que las huellas de sangre que desde el garage iban, sin regreso, a la habitación de Orantes puedan resultar prueba convincente en su contra.


Quinta acusada: cocinera Margarita López


Margarita López, la cocinera, está acusada de encubrimiento. Llevaba muchos años empleada en la casa parroquial. Su cuarto no queda lejos del garage donde se cometió el crimen. El sacristán Antonio Izaguirre afirma que, antes de irse a su casa, se acercó a acompañarla mientras cenaba, alrededor de las 8 de la noche. En la reconstrucción de los hechos afirma que "se veía bien". En el juicio declara que se veía "decaída". Margarita declara que se encontraba resfriada y que se retiró pronto después de tomar un medicamento contra la gripe que, como sucede en este tipo de medicamentos, tenía una dosis de somnífero.

Declara que fue después de la media noche cuando Orantes la despertó y le informó sobre el asesinato. Dice que a las 6 de la mañana, habiendo sido llevado ya el cuerpo de Monseñor Gerardi a la morgue, Orantes le pidió que limpiara la sangre del garage. Orantes afirma que para ello consultó con un miembro del MP, quien se lo autorizó. Un dato curioso y no exento de sombra de sospecha es que en la agenda de Margarita se ha encontrado anotado el número de teléfono del Coronel Juan Oliva Carrera, uno de los tres altos jefes militares que están acusados por la autoría intelectual del asesinato de la antropóloga Myrna Mack en 1990.


Un crimen de la institución militar


Claudia Méndez Arriaza, periodista hábil y valiente, ha realizado excelentes entrevistas para "El Periódico" a casi todos los acusados. En la que le hizo al Capitán Byron Lima Oliva, éste prácticamente acusó a la cúpula del Ejército de estar involucrada en el asesinato de Gerardi. Incluso se atrevió a decir que no se trató sólo de personas tomando decisiones individuales, sino de planes de la institución armada: "Lo que quiero decir es que éste es un problema que empieza en una punta y va a estallar debajo de un despacho... Puede ser en el Ministerio de la Defensa o en el Estado Mayor Presidencial. Éste es un problema INS-TI-TU-CIO-NAL. No es un problema personal. Esto se llama EMP. Esto se llama Ejército Nacional".
Lima Oliva insinúa prácticamente que si él está donde está es porque tenía mucha información sobre lo que pasó y demasiado peligrosa: "Entre más se sabe, más se peligra y yo sabía mucho". Por eso "la cuerda se reventó por lo más delgado". Naturalmente, la lógica es que lo hubieran matado o hecho desaparecer.

La entrevista con el Coronel Byron Disraeli Lima Estrada es tal vez aún más reveladora. El Coronel intenta desvirtuar el testimonio de Rubén Chanax Sontay. No atina con el apellido y unas veces se refiere al testigo como "Chonay" y otras como "Chonax o Chantay". Como si los apellidos indígenas fueran demasiado para él. Al referirse al testimonio de Chanax Sontay salta varias veces su dignidad herida: "Dicen que el Coronel Lima estuvo tomando cerveza para controlar la operación. ¿El Coronel Lima? El Coronel Lima estudió inteligencia militar, no fue policía para estar investigando o haciendo estupideces." Y este sentimiento lo extiende a su hijo: "Y mi hijo fue seleccionado para cuidar y andar con presidentes, no para estar matando obispos". También dice después que "el Coronel Lima es el Coronel Lima y el Capitán Lima es el Capitán Lima. Somos individuales".
Sobre Chanax Sontay afirma también: "El Coronel Lima no va a buscar estúpidos de esa clase. Y si los busca, los prepara bien. ¿Cómo se le antoja decir que llamaba por teléfono? El no sabe lo que dice. No sabe qué es un informante. Decir que le pagan 200 o 300 quetzales semanales, ganar 1,200 por mes, eso no es para un informante."

La defensa de su dignidad de militar lo obceca y traiciona a veces. Por ejemplo la periodista le dice que "dentro de su institución" se comentó que un día antes del crimen, en una reunión con altos oficiales uno de ellos le dijo: "No te rajés, Lima, ¡no te rajés!". El Coronel Lima no se preocupa por negar el involucramiento en el crimen que esos comentarios suponían y contesta así: "¿Quién le iba a decir al Coronel Lima que no se raje? ¡Yo no he sido trabajador de nadie! ¡Yo soy un líder! A mí nadie me va a decir a mi casa (curioso lapsus; en la pregunta de la periodista no se ha dicho que la reunión fuera en su casa): ‘No se raje’. ¡Nadie me maneja! Tengo mi propio criterio... No soy ningún ton-to...¿Quién me lo iba a decir? ¿Oficiales de alta?... Ellos eran nenes cuando yo era comandante."


"Esa corrientita de patojos"


Cualquiera que lea entre líneas puede deducir que tal vez la conspiración para asesinar a Gerardi no partió de oficiales de alta del Ejército sino de oficiales en retiro, de ese tipo de organización tenebrosa a la que quienes la conocen llaman "La Cofradía", o de otro "poder oculto" por el estilo. Viendo la cuestión del móvil, esto aparecerá como razonablemente probable.

El Coronel Lima deja muy claro que no simpatiza con el nuevo Ejército que tendría que surgir de los Acuerdos de Paz. Acusa a Edgar Gutiérrez y a Ronalth Ochaeta de que, junto con determinados oficiales, han sido el cerebro para involucrarlo: "No me pregunte nombres porque me referiré a coroneles que están de alta (luego dirá que son "los oficiales cobaneros" -originarios de Cobán-, para ellos va "este mensaje")... Esa nueva corriente, constitucionalista, obediente al poder civil, respetuosa de derechos humanos, esa corrientita de patojos, hoy coroneles, se pegaron con el grupito de legalistas de la ODHAG y me involucraron en este problema".


"¡La guerra sigue!"


El Coronel Lima habla también de lo que pasó en la guerra y del informe REMHI, presentado por Gerardi el día antes de su muerte. "¡¿Cuáles son los crímenes de lesa humanidad?! Aquí hubo una guerra. Y la guerra se hace con balas, no con dulces." Cuando le preguntan sobre si el REMHI podría perjudicarlo -en el informe aparece su nombre vinculado a atrocidades-, contesta: "¿Cómo? Si son testimonios mentirosos. ¡Jamás el Ejército hizo las mentiras que dice el REMHI! Ellos arreglaron los testimonios. La Iglesia Católica es la única que señala. ¿Por qué la Iglesia Protestante no señala? Porque quiere unidad y reconciliación. Ese grupito de personas que siguen la teoría de la liberación es el grupo que no quiere la reconciliación ni el olvido... El REMHI está muy inflado."

Para el Coronel Lima todavía "¡sigue la guerra!... La guerra continúa siempre mientras no exista convivencia verdadera entre los hombres. Mientras no exista respeto por sus ideas. Mientras existan Miguel Angel Albizúrez (periodista), Mario Polancos (del Grupo de Apoyo Mutuo, para luchar contra las desapariciones forzadas) y otros hombres y mujeres que quieran continuar con esa arma que se llama pluma, quebrando la mente de los lectores, la guerra continuará".
El Coronel se siente libre "¿cree que por estar por detrás de esta malla no tengo libertad? Mi pensamiento jamás estará preso. ¡Nunca!". Con esta vehemencia no es raro que el comienzo del juicio se tuviera que posponer porque al Coronel Lima le dio "una crisis nerviosa" y, según el médico del Tribunal, debía descansar por encontrarse "alterado de los nervios".

No es extraño que los papeles desclasificados por el gobierno de los Estados Unidos, entregados en el año 2000 por el Departamento de Estado al Tribunal que sigue el caso Gerardi, y que fueron leídos como prueba documental, califican al Coronel de "peligroso en una democracia floreciente". Los papeles también lo sindican como uno de los cabecillas del intento de golpe de Estado de mayo de 1988 contra el Presidente Cerezo, y de haber estafado al Ejército, junto con otros dos militares, un millón y medio de quetzales mediante asignación de salarios a soldados inexistentes entre 1983-88, cuando dirigía la Base de El Quiché. Los tiempos cambian: el Departamento de Estado consideró muy valiosos a este tipo de militares en la época de la guerra fría...


El móvil político del asesinato


En el juicio, una de las preocupaciones mayores del MP y de la ODHAG como querellante adhesivo ha sido dejar claro el carácter del móvil del asesinato de Gerardi. El fiscal Zeissig ha defendido que el móvil fue político. Cree, sin embargo, que no se trató tanto de una reacción de cólera por la publicación del REHMI cuanto del temor a que, fundamentados en los testimonios recogidos en el REMHI, no pocas personas ofendidas por los delitos de lesa humanidad, de alguna manera víctimas o familiares sobrevivientes de ellas, comenzaran a atreverse a entablar procesos contra jefes militares y contra el mismo Estado. Y que recibieran de la ODHAG, dirigida por Monseñor Gerardi, toda la asesoría jurídica que de ella solicitaran.

En su testimonio, Edgar Gutiérrez, quien fue principal colaborador de Gerardi para la elaboración del REMHI, añadió un matiz a la construcción del móvil político. Con el asesinato, lo que se pretendió es opacar el mismo informe REMHI: "Nadie habla del REMHI ahora, sólo se habla de la muerte de Gerardi". Evidentemente esta opinión no hace justicia a la influencia que el REMHI tuvo en el Informe de la CEH y al trabajo pastoral de la Iglesia Católica para devolver el REMHI a quienes lo hicieron posible con sus testimonios.


Crónica de un asesinato anunciado


Los sacerdotes Misioneros del Sagrado Corazón, Joaquín Herrera y Jesús Lada, que trabajaron en la diócesis de El Quiché cuando Gerardi fue su obispo, se refieren a su muerte como "la crónica de un asesinato anunciado". Recuerdan que ya el 19 de julio de 1980 hubo un intento de asesinarlo en el camino que conducía de Santa Cruz del Quiché, sede del obispado, a San Antonio Ilotenango, parroquia de la que se encargaba el obispo. En aquella ocasión, fue el aviso de un joven de que francotiradores esperaban su paso lo que lo salvó. El atentado frustrado, que habría seguido al asesinato de tres párrocos de la misma congregación, movió al obispo y a su clero a cerrar temporalmente la diócesis.

Los dos sacerdotes testigos se refieren a cuatro aspectos que, a su juicio, construyen la motivación política que empujó a planear aquel atentado contra Gerardi. La tendencia a considerar "comunista" a la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II, la Encíclica Populorum Progressio, la Conferencia de Medellín, culminando este proceso con la doctrina de la Seguridad Nacional que contenía el Documento de Santa Fe, elaborado precisamente en 1980 durante la campaña electoral de Ronald Reagan. La persecución contra miembros de la Iglesia por su autoridad sociopolítica y por ser voz de los que no tenían voz en el país. La denuncia religiosa del obispo como pastor, molesta para quienes no tienen capacidad de autocriticarse. Y la capacidad de la Iglesia de ser canal hacia el mundo exterior de "las salvajadas" que ocurrían en Guatemala.

Según el testimonio de Oscar Chex López, ex-especialista de inteligencia militar del Ejército de 1992 a 1996, con la función de analizar información obtenida por la grabación de llamadas telefónicas intervenidas, esta información y su análisis se incorporaban a un "perfil" de la gente sospechosa, que constaba de datos particulares, actividades diarias y contactos nacionales e internacionales. Además de los datos de Monseñor Gerardi, pasaron por las manos de Chex datos de otros obispos: Quezada Toruño de Zacapa; Penados del Barrio, de Guatemala; Cabrera de El Quiché;
y Ramazzini de San Marcos.

Quien era Ministro de la Defensa al ocurrir el asesinato, el General Héctor Barrios Celada declara que la noche del 26 de abril no hubo personal del Ejército en la escena del crimen. Confrontado con otras declaraciones que atestiguan la presencia de personal del EMP, contesta que él sólo transmite la información que llegó a su despacho. Y tanto él como el entonces Jefe de Estado Mayor del Ejército, General Marco Tulio Espinosa, declaran que se enteraron del crimen hasta el día siguiente.

Esta declaración es increíble, pues el mismo Canciller de la República se estaba enterando ya a las 4 de la mañana por llamadas de embajadores. Y el Gerente de la Presidencia, Mariano Rayo, afirma que se comunicó con el General Rudy Pozuelos, jefe del EMP, a las 4 de la mañana, le confirmó los hallazgos de miembros del mismo EMP en San Sebastián y le alertó de que avisaría al presidente Arzú. Estas declaraciones de los más altos jefes militares revelan claramente el malestar que se sentía a ese nivel porque el crimen, como crimen político, fuera atribuido a militares.


Móvil pasional y móvil delincuencial excluidos


Naturalmente, la razonable probabilidad del móvil político y la razonable exclusión del móvil pasional -en la sangre y en la orina de Monseñor no se encontraron rastros de alcohol ni tampoco rastros de semen en su recto- o la razonable exclusión del móvil de la delincuencia organizada -ninguna de las huellas de los miembros de la Banda del Valle del Sol, dedicada a robar imágenes entre otros delitos, coincidió con las encontradas en la escena del crimen-, construyen un argumento coherente en relación con los militares acusados.

Pero no suplen la fuerza o debilidad -lo dirá el Tribunal- de las pruebas de su presencia en la escena del crimen. El abogado defensor dijo, por ejemplo: "Pareciera que estamos en una clase de historia y no investigando las causas de su muerte". Y los Lima, padre e hijo, consideraron que el testimonio de los dos sacerdotes es sólo un ataque al Ejército: "Quieren más militares presos" y "¿Por qué no acusan a Cuba o a Rusia y sólo sindican al Ejército?"


Justicia: ojos no vendados y pies lisiados


Tras casi dos meses y medio, la conclusión del juicio y la sentencia llegaron en junio. Es probable que la sentencia no quede sin apelación, lo que prolongaría el juicio por largo tiempo. Al mismo Tribunal Tercero de Sentencia que está conociendo el caso Gerardi le tocará después conocer el caso Myrna Mack, en el que los acusados son un general y dos coroneles. Desde marzo de 1999, cuando se abrió el proceso a juicio, los defensores han presentado un recurso tras otro. A finales de abril, dos años después, la Corte de Constitucionalidad falló en contra del recurso interpuesto por los acusados, quienes pretendían ser juzgados en tribunales militares. Parece improbable que puedan presentarse más recursos dilatorios. Sin embargo, se anunció que parte de las principales pruebas se han extraviado en los mismos tribunales. Se trata de cintas de audio y videos en los que el autor material del crimen, ya sentenciado hace años, declara que recibió la orden de ejecutar a Myrna Mack de los altos jefes militares ahora acusados.

En Guatemala, la justicia no sólo no tiene a veces los ojos vendados para ser imparcial sino que sus pies están casi siempre lisiados de tanto caminar entre obstáculos. Helen Mack ha presentado el caso de su hermana, por los delitos de asesinato y de justicia denegada, a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Precisamente Helen Mack, Carmen Aida Ibarra, de la Fundación Myrna Mack, y el obispo Alvaro Ramazzini defendieron en abril en Ginebra que la ONU enviara de nuevo a Guatemala al Relator sobre Independencia de Jueces y Abogados. El Relator, Dato Param Cumaraswamy, llegó en mayo y anticipó que las recomendaciones hechas en su anterior visita apenas han sido cumplidas. Deploró también el incremento de hechos de violencia perpetrados contra autoridades judiciales y sujetos procesales, pues esto contribuye a la impunidad y vulnera el principio de independencia judicial. Con ocasión de su visita al Tribunal donde se conoce el caso Gerardi, se le informó que los miembros del Tribunal no sienten ninguna seguridad con los policías que los custodian.


El reino de la inseguridad


Las encuestas hablan de la gravedad de la situación que vive el país y se respira un aire enrarecido. Siete de cada diez guatemaltecos creen que aún es tiempo para que Portillo corrija el rumbo y haga un buen gobierno.
Pero los hechos diarios son muy graves. El presupuesto nacional está siendo aumentado casi clandestinamente en cerca de 2 mil millones de quetzales, de los cuales 282 han ido al Ministerio de Defensa, en contra de los Acuerdos de Paz. Y el Ministro de Defensa, llamado al Congreso, no da explicaciones sobre estos fondos. Y el Ministerio de Gobernación y la Policía Nacional Civil, que muestran eficacia para rescatar con vida a un solo secuestrado -miembro de las más prominentes familias empresariales de Guatemala, Andrés Torrebiarte Novella-, no responden ante la inseguridad que ronda a los pequeños comerciantes en el campo y en la ciudad, asaltados semana tras semana, y a las pequeñas agencias bancarias donde la población deposita sus ahorros.


Más campo libre para los "poderes ocultos"


Hasta el jefe de la Misión de MINUGUA, Misión de Naciones Unidas en Guatemala, se atreve a decir públicamente que al gobierno le hace falta un plan de trabajo derivado de los Acuerdos de Paz. Portillo había asegurado que los Acuerdos serían "política de Estado". Pero ahora están en cuarentena. Lo más peligroso en Guatemala es hoy que cuanto más débiles y, peor aún, cuanto menos transparentes, se van mostrando el Presidente Portillo y su Gobierno más campo libre dejan para las fuerzas armadas, siempre disciplinadas, y para "los poderes ocultos", aún muy presentes.

Guatemala está viviendo una hora crítica mientras se intenta esclarecer el asesinato del obispo Juan Gerardi. Sólo la imaginación propositiva de la sociedad civil en diálogo lúcido y firme con el Estado puede ir abriendo caminos de justicia y puede ir generando hombres y mujeres justos.

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